ESTUDIO DE CASO

¿ES EL JUICIO ESTÉTICO SUBJETIVO U OBJETIVO?

La problemática “polémica clásica de la teoría estética es la que se plantea si los juicios
u objetos estéticos tienen ese valor estético subjetivamente u objetivamente; o, en otras
palabras, si el juicio estético es fruto de la mente de cada individuo como si de un juicio
de, por ejemplo, mero gusto culinario se tratase o si ese juicio estético depende de
algún criterio objetivo de decisión”
1
. De hecho, esta es una de las principales
problemáticas que se plantea la disciplina filosófica de la Estética. Pretendo plantear la
experiencia del gusto hacia los objetos u obras de arte, que según el sujeto podrían
considerarse bellos o no. O los que tal vez, por sí mismos, ya son bellos o no.

Así pues, según el objetivismo, de la misma manera en que el cielo es azul, existen
objetos del arte o de la naturaleza que poseen características propias objetivas que los
convierten en objetos bellos, con leyes estéticas bien determinadas y cuya belleza no
depende de la opinión parcializada del sujeto que los contempla.

En contra del objetivismo se encuentra el subjetivismo, que considera que el juicio
estético depende del sujeto y su entorno cultural, social y demás ámbitos que
condicionarían la experiencia de belleza que percibe éste. “Desde un subjetivismo
estético radical podríamos decir que una novela rosa puede tener el mismo valor
artístico que el Quijote ya que, efectivamente, si alguien considera la novela rosa
estéticamente lograda y el libro de Cervantes algo sin valor estético ¿cómo podemos
contradecirle?”
2
.

Así las cosas, trataré a continuación sobre esta problemática en la que versó mucho
Immanuel Kant. La meta no es llegar a una total conclusión pero sí poder hacer un
acercamiento correcto y con buenos argumentos. Partiendo de este mismo análisis del
objetivismo y el subjetivismo, realizaré el análisis estético de la obra “El Grito” (1983) de
Edvard Munch.

Entrando en materia, tenemos que el lema que resume la posición subjetivista es. "De
gustibus non est disputando", que traduce: "Sobre gustos no hay nada escrito". Se
deduce que el subjetivismo contempla en primera instancia la reacción del sujeto ante
el objeto y para lograr hacernos una idea de ello, presento, a manera de breve marco

1
Recuperado de http://www.lasangredelleonverde.com/problemas-fundamentales-de-la-estetica-occidental/
2
Ibidem
teórico, lo que algunos grandes pensadores han aseverado al respecto. “La teoría
psicoanalítica (S. Freud, Baudouin, O. Rank) reduce el secreto del arte a una función
liberadora de ciertos deseos reprimidos. Para la teoría del placer (H. R. Marshall, M.
Porena, G. Santayana, J. M. Guyau), la belleza es lo que agrada a la mente en calidad
de valor objetivo. La tendencia expresionista (Croce, F. Carrit, R. G. Collingwood) ve en
la expresión el hecho estético fundamental, y, dado que el lenguaje es la forma
expresiva originaria y radical, la Estética se convierte en filosofía del lenguaje”
3
.

De esta manera, podemos observar cómo diversas corrientes de pensamiento han
intentado dilucidar una respuesta en torno al tema del valor del juicio estético al
momento de analizar la belleza en una obra de arte. De aquí se concluye que, según el
subjetivismo, la sublimidad, expresión, belleza y/o demás categorías pertenecientes al
juicio estético no dependen del objeto de juicio sino del sujeto que las contempla y
juzga.

Existe una importante vertiente de esta concepción subjetivista o también llamada
“expresionista”: la vertiente sociológica de la estética. Cito al Diccionario Filosófico que
al respecto dice lo siguiente: “El arte refleja la sociedad en la que el artista o los artistas
se moldearon. Las pirámides egipcias o mayas reflejarán una sociedad fuertemente
jerarquizada, desde la base hasta el vértice; la novela francesa del siglo XIX reflejará la
sociedad burguesa de la Restauración o del Segundo Imperio; la arquitectura
monumental del III Reich, o la de la Unión Soviética reflejarán las respectivas
sociedades políticas totalitarias, a la manera como la catedral gótica reflejaría a la
Iglesia católica medieval. No se trata de poner en duda el sentido de apreciaciones de
esta índole; se trata de fijar su alcance en cada caso, dada la equivocidad del término
«expresión o reflejo de la sociedad». En efecto: expresión o reflejo pueden tener un
alcance gnoseológico: la obra de arte refleja o expresa un tipo de sociedad no porque
en sí misma «esté destinada a expresar o reflejar», sino porque es una parte «fractal»
de un todo: la catedral gótica, por sí misma, no refleja o expresa más la sociedad
cristiana medieval de lo que el panal refleja al enjambre. Otras veces, si la obra de arte
refleja un estrato social frente a otros, es porque este estrato social ha elegido, en
función apelativa, frente a otros estratos o grupos sociales, la obra de arte (o el género
de obras) como discriminantes de su distinción frente a otros grupos o estratos
sociales; a veces, por motivos extrínsecos o convencionales, otras veces en virtud de
ciertos rasgos ocasionales (la ópera italiana es un arte distinguido en cuanto, a través
de él, la clase social que acude al teatro, con indumentaria especial, dice al resto de la
ciudad su condición de élite y expresa su ubicuidad planetaria a través del contacto en
presencia directa con los cantantes internacionales que actúan en el escenario de la
ciudad). Pero, en general, cuanto mayor sea la dependencia de una obra de arte, o de

3
Tomado de http://arvo.net/estetica/3-estetica-filosofia/gmx-niv593-con17551.htm
un género de obras, del grupo social al que expresa o refleja, menor será su valor
estético intrínseco” (GARCÍA SIERRA, Pelayo).
4


Vemos entonces que el carácter sociológico, que por antonomasia le pertenece a cada
obra de arte existente, supera cualquier juicio objetivo que se pueda hacer de ella; por
supuesto, se está hablando aquí desde la línea subjetivista como si fuésemos leales
adeptos a esta línea de pensamiento estético.

Por otro lado, el objetivismo asevera que todo el arte moderno no es en realidad arte
alguno y que esto es consecuencia de la corrupción de la filosofía occidental iniciada
por Kant. También, “las concepciones objetivistas de la obra de arte subrayarán sus
componentes re-presentativos y objetivos capaces mejor de producir (intencionalmente
o de hecho) sentimientos subjetivos (impresiones, apelaciones) que expresarlos. El
objetivismo no niega los componentes subjetivos, expresivos o apelativos, implicados
por la obra de arte; sencillamente los subordina a sus componentes representativos y
pone como criterio de valor de la obra de arte esta su capacidad de volverse hacia las
formas representativas aun cuando lo representado (o la materia de la representación)
sean estilizaciones o analogías de sentimientos subjetivos. Al ser éstos representados,
la obra nos distanciará de ellos, los estilizará y los presentará en una publicidad
virtualmente universal y no privada. El grado de participación subjetiva, privada, en la
realización o ejecución de la obra de arte puede servir de criterio de su valor o calidad
artística: el cantaor o el poeta que pone el corazón en su obra (en lugar de poner su
boca o su pluma) deja de ser artista y se convierte en vidente o sufriente, haciendo
acaso de grandes dolores pequeños poemas; la marcha de trompetas que incita a un
batallón a entrar en combate no funciona como obra de arte, sino como instrumento
militar apelativo, sin perjuicio de su calidad estética. El carácter objetivo representativo
que atribuimos a las obras de arte –y después, en general, a los valores estéticos,
incluso naturales– está en relación con la naturaleza apotética de tales objetos: tal es
tesis central del materialismo filosófico. Lo objetivo se constituye ante los sujetos, lo
que no excluye que el propio sujeto (por ejemplo, un danzante) pueda convertirse en
«objeto» artístico ante terceros sujetos que lo contemplan o teorizan desde el
anfiteatro.”
5


A favor de la concepción objetivista al realizar un juicio estético también está el
argumento que dice que todos somos capaces de admirar las diversas categorías
estéticas encontradas en una obra sin importar que ésta haga parte de una sociedad o
cultura diferentes. Así por ejemplo:

4
Diccionario Filosófico. Pelayo García Sierra.
5
Ibidem

“Podemos admirar el arte griego; o el hindú; o el africano; la Venus de Milo o el
Monasterio del Escorial, las Meninas de Velázquez o las pinturas de Goya; no han
perdido su valor estético aunque el gusto de la época haya variado; por el contrario,
hoy las contemplamos con mayor admiración, si cabe, que en el tiempo en que fueron
creadas. He aquí una de las pruebas de lo espiritual e inmortal en el arte, y a través de
ellas podemos comunicarnos además y dialogar con otras épocas y otras inquietudes
del alma humana”.
6


“Las teorías objetivistas se plasman en una escuela artística denominada realismo
romántico, que tiende a mostrar seres humanos en situaciones de alegría y triunfo”
(BERLINER, Michael S., 1999). Vemos entonces, que el objetivismo plantea una
posición universal y absolutista con respecto a los juicios estéticos.

Ahora bien, ¿cómo llegar a un acuerdo entre estas posiciones extremistas (objetivismo
y subjetivismo), tan alejadas filosóficamente una de la otra? ¿A quién creerle?

Sería muy temerario emitir un juicio definitorio pero en mi opinión, creo que hay que
tomar de ambas posiciones, beber de las dos fuentes y tomar lo mejor de cada una de
ellas. Ciertamente, el contexto socio- cultural en el que obligatoriamente están
inmersas las obras de arte nos deben hacer darnos cuenta de que el subjetivismo tiene
algo de razón al presentar sus argumentos. Por otra parte, no es menos cierto que hay
categorías estables en el mundo y así como existen las verdades absolutas, existen
también características estéticas que al ser expresadas en la obra de arte que son
inmutables, las contemple quien las contemple; desde el más ávido y sabio analista
hasta el más ignorante de los espectadores.

Partiendo de estas posiciones que he presentado, procedo a analizar estéticamente la
obra de arte de Edvar Munch llamada “El Grito”, obra famosísima y renombrada en el
mundo entero de una enorme expresión subjetiva, pero de la que no escapan, sin
embargo, categorías fijas que todo sujeto puede captar.




6
Extraído de
http://www.wikillerato.org/Los_valores_est%C3%A9ticos_en_la_Historia_de_la_Filosof%C3%ADa:_subjetivismo,_r
elativismo_y_Objetivismo..html
EL GRITO (1983)
EDVARD MUNCH (Artista expresionista noruego)












ANÁLISIS FORMAL


- Descripción de la obra:


- Género:
Aunque hay posiciones que aseguran que esta obra es una crítica al modelo socio-
económico imperante, considero que en realidad es un retrato que representa el
sufrimiento, la angustia, dolor y desasosiego del mismo autor, es decir, es un
autorretrato.


- Asunto o tema:
El Grito.


- Aspecto del asunto que capta el pintor:
En la pintura “se aprecia una figura, que puede ser un hombre o una mujer, presa del
pánico mira hacia el espectador chillando su miedo mientras se apoya en la barandilla
de un puente que no tiene fin. Su rostro, que recuerda a una calavera, y su cuerpo,
están completamente deformados, como también lo está el espacio que lo rodea. Pero
esta figura no está sola: un poco más atrás hay dos personas de negro, anónimas, que
intensifican la inquietud de la escena. Al dar la espalda y gritar hacia el espectador, nos
está hablando de su dramática soledad, porque en esa postura no puede ver la silueta
de una iglesia en la lejanía, los barcos; aumentando así la sensación de total
aislamiento. Completamente alejada de la realidad, sucumbe ante el horror que viene
de dentro. Todo tiembla ante ese grito, todo se desfigura porque forma parte de una
realidad interior. El artista ha reproducido su vivencia de una forma completamente
subjetiva, haciendo que nosotros oigamos también ese grito. Así expresa hasta qué
punto las emociones determinan por completo nuestra percepción del mundo. El
Puente es símbolo del paso del tiempo, representa al Munch obsesionado con la
muerte por sus experiencias vitales (su madre murió de tuberculosis cuando él tenía
cuatro años, su hermana también). Las aguas agitadas de forma violenta asemejan el
sentimiento de angustia del personaje y del propio artista y el paisaje es de colores
contrastados, violencia en pinceladas”.
7


Pero creo que es mejor dejar que el mismo autor sea quien nos dé su apreciación
¿Quién más que él para decirnos que fue lo que quiso plasmar en su obra? Munch
mismo dijo: “Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol; de
repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla,
inexplicablemente cansado. Lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo
negro azulado. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás
temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza”.


- Posturas y actitudes de los personajes:
No hay muchas cosas que decir más que tormento y dolor representados en esta obra.
Un sufrimiento existencial en el que se confunden las líneas y los colores hasta llegar al
tope de la locura, cuyo clímax es el grito sordo del personaje.




7
Extraído de http://html.rincondelvago.com/el-grito_edvard-munch_1.html
- Valor del tema dentro de la obra:
El personaje principal y central de esta obra es una figura humana que puede
representar a cualquier hombre o mujer, pero teniendo en cuenta el contexto histórico y
situaciones conocidas del autor, se puede decir que es el mismo Munch el personaje
principal, él mismo: artista y obra de arte. Esta es una obra sublime.


- Descripción formal:


- Espacio plástico: plano o tridimensional; perspectiva; fondos.
“En “El Grito” podemos ver cómo los colores son puros y arbitrarios: el cielo y el mar
contrastan en una composición que no se corresponde con la percepción real de las
cosas. El cielo se transforma en fuego y el mar queda indefinido por sus espirales
violentas. Pero las formas ondulantes de la naturaleza y del hombre chocan con la
perspectiva forzada del puente, que se alarga en diagonal hasta un lugar que no
vemos. Estas líneas, y el espesor y pureza de los colores, son los que dan fuerza a la
composición; todas las líneas convergen hacia el centro del cuadro: la cabeza que
grita. La distorsión de todos los elementos se convierte en una técnica básica para
conseguir el efecto deseado en el espectador. La sensación de temor y de angustia se
nos contagia inevitablemente.”
8



- Composición:
Asumo que es una composición cerrada o centrípeta en la que todos los elementos de
la obra confluyen hacia el personaje central. La cara informe del personaje que resalta
se encuentra localizada según el plano tridimensional en la parte más cercana al
espectador.


- Colores:
Se caracteriza, sobre todo, por colores fuertes, salvajes y contrastados. Colores fríos
que chocan con cálidos sin previo aviso o matización alguna.

8
Tomado de http://portaleureka.com/accesible/arte/84-el-grito-1893-de-edvard-munch
- Iluminación:
El origen de la fuente lumínica no lo percibo claramente, pero debido a la temática de la
obra, se siente la impresión de que es una obra un bastante oscura.


- Dibujo:
Observo gran cantidad de trazos largos y curvilíneos que dan la impresión de infinito,
por lo que deduzco que es un dibujo continuo. No se sabe con certeza dónde comienza
y/o dónde termina cada trazo.


- Estilo y movimiento artístico al que pertenece:


- Localización en el tiempo y en el espacio de la obra:
“La influencia de la vida de Munch en su obra fue decisiva, y es que este pintor
noruego, de formación autodidacta y familia humilde, vivió momentos difíciles en su
infancia: vio morir de tuberculosis a su madre cuando él tenía cinco años y a su
hermana cuando tenía catorce. Éstos fueron los agravantes de una vida llena de
insatisfacciones: el fracaso ante las mujeres, el desagrado de una sociedad parisina
aburguesada y excesivamente mercantil, sus problemas con el alcohol, etc. Todo esto,
junto a su carácter depresivo e introvertido, le llevó a refugiarse en sus cuadros, en los
que reflejaba sus traumas interiores. El Grito sería la culminación de este sentimiento
trágico de la vida. A partir de ahí exploraría la mente humana, sus preocupaciones y
emociones. Por ello, sus temas, de una intensidad subjetiva enorme, intentan reflejar
no sólo sus ansiedades, sino las de todas aquellas personas que “respiran, sienten,
sufren y aman”, como él.”
9



- Identificación de las características generales del estilo en la obra:
Esta obra se encuadra perfectamente en el estilo expresionista subjetivo que reina en
el arte de Munch.


9
Ibidem
“Esta obra fue precedente e influencia directa del movimiento Expresionista que surgió
en Alemania en 1905. Con las mismas inquietudes vitales y actitud ante la sociedad
que tenía Munch, este grupo adoptó su estilo y lo convirtió en uno de los primeros
movimientos vanguardistas del siglo XX. El artista expresionista veía la pintura como un
medio de desahogo, de expresión del sufrimiento humano y de las injusticias sociales.
Del mismo modo que Munch, estos temas debían ser tratados a partir de
composiciones agresivas, con colores fuertes y contrastados, y así llamar la atención
del espectador.”
10



Autor:

“(Loten, Noruega, 1873 - Ekely, cerca de Oslo, id., 1944) Pintor y grabador noruego. La
estilización de la figura, la prolongación de las líneas y, en ocasiones, el intenso
dramatismo y la intensidad cromática, hicieron del estilo pictórico del noruego Edvard
Munch uno de los modelos estéticos del expresionismo de las primeras décadas del
siglo XX.

Sufrió muy joven la pérdida de sus seres queridos, y el espectro de la muerte, que llenó
su niñez, lo acompañaría durante toda su vida, convirtiéndose en uno de los temas
recurrentes en sus obras. En 1885 llevó a cabo el primero de sus numerosos viajes a
París, donde conoció los movimientos pictóricos más avanzados y se sintió
especialmente atraído por el arte de Paul Gauguin y Henri de Toulouse-Lautrec. No
tardó en crear un estilo sumamente personal, basado en acentuar la fuerza expresiva
de la línea, reducir las formas a su expresión más esquemática y hacer un uso
simbólico, no naturalista, del color, y de ahí su clasificación como pintor simbolista.

De 1892 a 1908 vivió en Alemania, sobre todo en Berlín, aunque hizo frecuentes viajes
a Noruega y París. En Berlín presentó en 1892 una exposición que tuvo que ser
retirada por el escándalo que suscitó y que dio pie a la creación de la Secesión
Berlinesa. En Noruega contó pronto entre sus amistades con importantes
personalidades políticas y literarias y tuvo particular afinidad con el realismo social de la
creación de Henrik Ibsen, para quien realizó los escenarios y el vestuario de la obra
Peer Gynt en 1896.


10
Ibid.
En 1908, Munch, después de una tormentosa relación sentimental y víctima del alcohol,
sufrió una grave enfermedad nerviosa, por lo que tuvo que ser recluido en el
psiquiátrico del doctor Jacobsen, en Copenhague, del que salió completamente
restablecido. En 1908 volvió definitivamente a Noruega, donde recibió algunos
encargos oficiales (pinturas del paraninfo de la Universidad de Oslo) y pasó sus últimos
años en soledad. Munch legó a la ciudad de Oslo todas las obras que conservó hasta
su muerte, acaecida en 1944.

La obra de Edvard Munch se caracteriza por un sentido trágico de la vida y de la
muerte, propio de toda la literatura escandinava de Ibsen a Strindberg. A pesar de que
sus primeras pinturas recibieron la influencia de los impresionistas, pues conoció bien
la obra de Gauguin y Van Gogh, en seguida se inclinó por la idea de plasmar los
sentimientos, por exteriorizar las sensaciones de angustia y soledad del ser humano.
Su etapa de madurez está impregnada de ese "sentimiento trágico" que tanto
caracterizó a los románticos, pero extraído del contexto propio del Romanticismo y
llevado a sus últimas consecuencias, otorgándole un valor "absoluto", como algo de lo
que el hombre no se puede liberar. En la pintura de Munch aparece el rostro del mundo
alimentado por esas fuerzas desconocidas que forman parte también de la condición
humana. Su ambicioso proyecto titulado El friso de la vida (1893-1918), al que
pertenecen sin duda sus cuadros más representativos, refleja los sentimientos y las
obsesiones humanas. Veintidós de esas pinturas fueron expuestas, en 1902, en la
muestra del grupo berlinés Sezession. La mayoría de ellas refleja la desilusión del fin
de siglo y la imagen del hombre como víctima. Su obra anterior a 1908 está muy
vinculada a este ciclo que, de algún modo, concibió como si se tratara de un poema de
amor, de vida y de muerte. Así El beso (1892) o La cámara de muerte (1894), ambas
en la Nasjonalgalleriet de Oslo, donde alude al drama acontecido durante su infancia: la
muerte de su madre y su hermana. Los personajes reflejan su sufrimiento, pero
formalmente están unidos por una línea serpenteante que recorre toda la superficie del
cuadro. No hay sombras, sólo colores planos y pronunciados contornos que marcan el
ritmo visual, un medio idóneo para expresar la angustia del espíritu.

Sin embargo, su obra más emblemática es esta que estamos aquí analizando, El grito
(1893, Nasjonalgalleriet, Oslo), una de las pinturas que más intensamente han reflejado
el horror y la angustia del ser humano. La figura que se halla en primer término expresa
un terror inconmensurable. La angustia por la soledad, la desesperación por no
encontrar un sentido a la vida y su relación con los abismos quedan intensamente
reflejados en la obra del pintor noruego.”
11



11
Extraído de http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/munch.htm
Contexto histórico:

“En el año 1994 el cuadro fue robado por dos hombres y fue recuperado y diez años
después, en el año 2004 dos hombres armados entraron al Museo Munch de Oslo y
robaron sus obras más famosas: “El Grito” y “Madonna”. En diciembre de 2005 fueron
recuperadas. Esta desacralización sólo se puede entender a partir de la fama que logró
el lienzo, cuya angustia vital está presente en cada uno de los colores y trazos que lo
componen y que le han hecho célebre porque es, sobre todo, una pintura que transmite
una emoción a la que pocas personas pueden permanecer ajenas. Para entender la
angustia, tanto la del propio autor como la que quiere plasmar en el lienzo. Toda esta
forma subjetiva y profundamente pesimista de entender el mundo la podemos poner en
relación con autores contemporáneos (como el propio Van Gogh, con características
formales y temáticas semejantes), y será la base donde posteriormente se desarrolle la
obra de otros autores (El Puente, Ensor, Kokoschka) hasta llegar a sus
manifestaciones más radicales en el expresionismo abstracto posterior a la II Guerra
Mundial. Esta obra fue precedente e influencia directa del movimiento Expresionista
que surgió en Alemania en 1905. Con las mismas inquietudes vitales y actitud ante la
sociedad que tenía Munch, este grupo adoptó su estilo y lo convirtió en uno de los
primeros movimientos vanguardistas del siglo XX. El artista expresionista veía la
pintura como un medio de desahogo, de expresión del sufrimiento humano y de las
injusticias sociales. Del mismo modo que Munch, estos temas debían ser tratados a
partir de composiciones agresivas, con colores fuertes y contrastados, y así llamar la
atención del espectador.

El gesto de “El Grito”, considerado el más expresivo del arte contemporáneo,
representa el desánimo y temor del hombre moderno ante un mundo que cambia
inevitablemente pero que ni convence ni se comprende. El grito se desarrolla en las
afueras de Oslo, en uno de sus lugares de paseo más idílicos que el autor convierte en
una pesadilla. A lo lejos se ve la silueta de la ciudad, en la que destaca una iglesia. Los
rasgos deformados del personaje principal de este cuadro fueron inspirados,
probablemente, por los de una momia peruana conservada en el Musèe de L`Homme
en París, que Munch habría visitado mientras vivió en Francia.”
12



RODRIGO S. MÁRQUEZ RANGEL
CAU Valledupar
II-2013

12
Tomado de http://html.rincondelvago.com/el-grito_edvard-munch_1.html