“Venid luego, dice Jehová

,
y estemos a cuenta”
Isaías 1:18
¿Qué nos enseña este texto?
Por: Juan Ramón Chávez

Introducción
n la película jurassic Park el paleontólogo de talla mundial Allen Granr, quien ha
dedicado su vida al estudio de los dinosaurios, de repente se enfrenta con criaturas
prehistóricas vivas. Cae a tierra pasmado. Y el porqué es obvio. Una cosa era unir
pedazos de una imagen bien fundada pero imperfecta de dinosaurios al recolectar fósiles y
huesos. Pero otra cosa era ver un dinosaurio de verdad” (Ilustraciones Perfectas sobre todo tema y para toda ocasión. Ed. UNILIT).
Creo que así también en el día del juicio muchos que creen estar bien con Dios, sufrirán un
tremendo impacto al darse cuenta, que se han quedado cortos en la entrega de su vida a Dios.
Pero antes que eso suceda Dios esta diciendo: “Venid luego, y estemos a cuenta”

I). Nos enseña una deuda sin pagar.
El hecho que Dios diga: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta” indica que hay una
deuda que no ha sido pagada aun. Dios les está hablando a los deudores a estar a cuentas.
A. Lo que nos hace deudores.
El hecho que diga: “si vuestros pecados fueran…” indica que lo que nos endeuda con Dios
son nuestros propios pecados. Cada que pecamos nos endeudamos con la santidad de Dios.
Porque Dios es Santo y demanda de nosotros esa misma santidad. Por eso Pedro dice: “sino,
como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de
vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15-16). Cuando
pecamos le estamos debiendo a Dios porque no estamos ajustándonos a su voluntad de ser
santos.

Por ejemplo: Quizás algunos de ustedes han sacado cosas a crédito, como una televisión, una
estufa, una lavadora, una sala, etc. y traerlas a casa y disfrutarlas se siente muy bien. Pero lo
“E
que no se siente bien es tener que pagarlas luego. Cuando las cuentas llegan a tu casa eso no
se siente bien. Lo mismo sucede con el pecado. Pecar se siente muy bien. El fruto prohibido le
debió haber sabido muy bien a Eva, pues le dio también a su marido (Génesis 3:6). Pero
luego hay cuentas que pagar con Dios. Porque Dios se siente ofendido cuando pecados.
Nuestro pecado atenta contra Dios. De allí que Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué pusiste
esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:4). Dios se siente
ofendido aunque usted cometa un solo pecado. Aunque usted diga que es un pequeño pecado.
Usted queda en deuda con Dios.

B. Quienes son los deudores.
Puesto lo que endeuda con Dios es el pecado. La Biblia enseña que, “por cuanto todos
pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Todos somos deudores.
Lo aceptemos o no todos pecamos y todos le debemos a Dios. En cada crimen se en deuda con
Dios. En cada violencia intrafamiliar se en deuda con Dios. En cada mala palabra se en deuda
con Dios. En cada vicio practicado se en deuda con Dios. En cada mal pensamiento se
endeuda con Dios. Sin embargo, la táctica común de nuestro enemigo, es tratar de
convencernos de que no estamos mal, que no hemos hecho nada malo y de que no tenemos
que cambiar nada. Satanás no quiere que tengamos cuentas claras con Dios. Satanás quiere
que cada vez más nos vayamos hundiendo en deudas y que nunca salgamos de ellas.

Sin embargo, no podemos negar nuestra deuda. No podemos ignorarla. No podemos olvidarla
aunque lo intentemos. La tenemos y estamos obligados hacer algo al respecto. Tener deudas
estresa, preocupa y a veces causa insomnio. Pues así es como satanás quiere que vivamos
espiritualmente. Satanás no quiere nuestra libertad, sino nuestra condena. Pero Dios quiere
que arreglemos. Por eso nos está llamando a arreglar las cosas.

II). Nos enseña una disposición a perdonar.
A. Porque a Dios le interesa lo que le afecta al hombre.
A Dios le preocupa el bienestar del hombre, por eso le interesa las cosas que afectan al
hombre. Porque es un asunto que involucra el alma, el cielo y el infierno. Dios sabe de la
deuda que el hombre tiene con él y le está invitando a la solución del problema. Nuestros
pecados están descritos bajo el símbolo de la “grana” y el “carmesí”. Ambas metáforas
aluden al color rojo del pecado. Lo cual enseña lo grave de nuestros pecados. Declaran el
tamaño de la culpabilidad nuestra. Dios sabe quiénes somos y lo que hemos hecho. Sin
embargo, nos está ofreciendo una oportunidad que no debemos rechazar.

Dios es muy considerado al tomar la iniciativa de invitar al hombre a conversar íntimamente
con el, respecto a su lamentable situación. Dios es muy misericordioso y razonable y sabe que
no le conviene al hombre seguir endeudándose con él. Dios quiere que el hombre entienda
para su propio bien que debe dejar el pecado y caminar por sendas de justicia (Salmos 23:3).

Dios sabe que no le conviene al hombre ser llevado al juicio como un hombre culpable. Dios
quiere arreglar ahora. Jesús enseño eso: “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre
tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al
alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que
pagues el último cuadrante” (Mateo 5:25-26). Dios quiere que arreglemos con el antes de
llevarnos ante el juez. Eso se llama misericordia, amor y consideración.

B. Porque Dios es el único que puede quitar lo que le afecta al hombre.
No importa lo grande de nuestra deuda, Dios está dispuesto a cancelarla. No importa lo
intensos que puedan ser nuestros pecados, Dios está dispuesto a perdonarlos. Generalmente
los colores rojos como la sangre son casi imposibles de quitar de una prenda blanca. La gente
usa cloro, pinol, agua oxigenada, carbonato etc. Pero es casi imposible quitarla. Pero Dios está
prometiendo quitar la mancha del pecado de nuestra alma. No tenemos que vivir manchados
para siempre. Dios dice: “si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán
emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. Dios está
diciendo que nuestros pecados pueden ser erradicados, eliminados por completo de nuestras
almas que un día fueron blancas.

Dios esta dispuesto hacer lo que nadie más puede hacer. Aunque la grana y el carmesí sean
colores llamativos e indelebles. Solo Dios puede cambiar lo incambiable. Solo Dios puede
borrar lo imborrable. Por eso los escribas razonaron correctamente cuando dijeron: “¿Quién
puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Marcos 2:7) Pues solo Dios puede quitar la culpa
de mis pecados. Solo Dios puede quitar el castigo de mis pecados. ¡Porque Dios es más
poderoso que mis pecados!.

Dios tiene una fórmula secreta, una receta potente, una poción poderosa que remueve el
pecado. No se encuentra en ningún otro lado. Es la sangre de Cristo. La sangre de Cristo es la
única que puede pagar nuestra deuda que nosotros no podemos pagar. Por eso Pablo dice: “el
cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14
en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1:13-14). Y
para los que somos cristianos la sangre de Cristo sigue siendo el antídoto contra el pecado.
“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre
de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado... 9 Si confesamos nuestros pecados, él es
fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:7,9).

III). Nos enseña una condición fundamental
A. Las personas tienen que venir. “Venir luego, dice Jehová”
Para poder perdonar la deuda, Dios exige que la persona venga. El perdón no es automático o
incondicional. El perdón vendrá si la persona viene a Dios de manera arrepentida. Dios nos
asegura que si estamos dispuestos a venir y a obedecer, nosotros seremos beneficiados. “Si
quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Isaías 1:19). No importa que culpables
hayamos sido. La promesa es que si volvemos a Dios como vino el hijo prodigo arrepentidos,
nos recibirá y nos volverá a nuestro estado original. Esta es la condición, pero nosotros
tenemos que decidir. La decisión está en las manos de la gente.

Mucha gente quiere encontrar paz para su alma y para su conciencia culpable en la economía
pensando que eso le dará tranquilidad. Otros buscan experiencias religiosas no importando
que no estén basadas en la palabra de Dios. Otros en la botella. Otros en las drogas. Pues
quieren es algo que les haga sentir bien. Otros autoengañándose con ideas humanas como, “yo
estoy más allá del bien y del mal”. Lo cierto es que solo Dios ofrece la salida y la solución al
problema del hombre. Pero tiene que venir.

Dios invita a los hombres a venir a él a pesar de que sabe cómo son, ¡Pecadores!. Un rey
humano no invita a un criminal a su casa para conversar con ellos. Sin embargo la bondad de
Dios es infinita que a pesar que nosotros le ofendimos, nos está llamando a encontrarnos con
él, con la intención de perdonarnos. El principal problema del ser humano es el pecado. Por
eso Dios quiere quitárselo. Pero no puede si no viene.

B. Las personas tienen que venir ahora.
El ser humano tiene que pensar en su futuro cuando tengan que entregar cuentas al Creador.
El llamado de Dios es urgente “venid luego”. Y la razón es porque no somos eternos. En 1
Samuel 20:3 enseña que la muerte está a un paso de nosotros. La muerte nos sigue como si
fuera nuestra sombra. Por tanto, no podemos asumir que viviremos mucho tiempo. Porque nos
pueden decir lo que le dijeron al rico insensato: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu
alma…” (Lucas 12:20). De allí la urgencia de poner las cuentas claras con Dios. El hombre no
debe vivir despreocupado rechazando el llamado de Dios. Porque puede ser que sea lo último
que haga en su vida.

Urge el perdón de nuestros pecados. Urge una genuina transformación. Urge una
reconciliación Dios. Urge una nueva esperanza para nuestra alma. Pero el hombre tiene que
venir. Las puertas están abiertas. El perdón es abundante. Dios esta diciendo: “A todos los
sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid,
comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. 2 ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es
pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se
deleitará vuestra alma con grosura. 3 Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá
vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David” (Isaías
55:1-3).

Conclusión
Hemos visto que tenemos una deuda que pagar, que Dios una disposición para perdona, pero
que hay condición para acatar. ¿Se ha puesto usted en paz con Dios? ¿Tiene usted la seguridad
que si Dios le llama hoy a cuentas, sus cuentas estarán saldadas con la sangre de Cristo? Si la
respuesta es no, Dios lo está llamando a través del evangelio para hacer las paces. Usted tiene
que venir arrepentirse de la deuda de su pecado. Bautizarse para que la sangre de Cristo se
efectiva en su alma y viva de aquí en adelante sirviendo a Dios de todo corazón. La decisión
es de usted. Dios lo espera y nosotros también.

Juan Ramón Chávez Torres
E-mails: monche91@hotmail.com
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