LA LARGA NOCHE NEOLIBERAL SIGUE SU MARCHA

La aplicación de las directrices económicas del neoliberalismo en el Ecuador, que se
pusieron en marcha con el retorno a la Democracia, tropezó desde su inicio con un proceso
sostenido de resistencia popular. La fuerza de la oposición al denominado ajuste estructural
se consolidó en el año 2000 con el primer levantamiento indígena, fecha desde la cual la
lucha popular tuvo como principal sujeto de dirección política al movimiento indígena y a
sus organizaciones.
La confrontación llegó a su punto más alto con la primera gran movilización popular que
derrocó al gobierno de Bucaram, punto de inflexión política que se sostuvo durante el
derrocamiento de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. Cabe anotar que las tres
defenestraciones gubernamentales se deben fundamentalmente a la lucha de resistencia
popular en contra del neoliberalismo.
Durante la década del 1990 hasta mediados de la del 2000, las organizaciones populares
habían configurado un claro programa político, cuyas demandas fundamentales fueron: No
a la Privatización, No al TLC, No a la Base de Manta, No al Plan Colombia. Programa que
articuló a las organizaciones populares y que se constituyó en la razón de ser de sus luchas,
cuyas mayores expresiones fueron los tres grandes levantamientos que derrocaron los tres
gobiernos.
Con estos antecedentes se puede entender que Alianza País llegue al gobierno en el 2006,
solo y en razón de que acoge en su discurso de campaña la demandas del programa político
de los sectores populares organizados desde la izquierda. Su ofrecimiento de acabar con la
larga noche neoliberal, es quizás lo que mejor explica el triunfo de Alianza País, tomando
en cuenta que el deseo de cambio del pueblo tenía como núcleo articulador poner fin a los
intentos de aplicación del neoliberalismo.
Acabar con la larga noche neoliberal exigía recuperar y fortalecer el Estado que había sido
reducido por los gobiernos anteriores. Se necesitaba, decían, y aún sostienen, un Estado
fuerte para que asuma el control y vigilancia de la economía.
Propuesta que ha sido vista como un signo claro del fin del neoliberalismo.
El Estado neoliberal tiene que saber-intervenir en todos los aspectos de la vida, en función
de los intereses de la reproducción de la economía mercantil capitalista. Desde este
enfoque, el saber intervenir es un asunto de gobierno, un tipo de dirección política de la
sociedad que busca su total mercantilización. Un asunto de gobierno que Alianza País lo ha
llevado bastante bien en estos años que está al frente del Estado Ecuatoriano.
Como se conoce, la compleja y heterogénea estructuración de las sociedades andinas, como
la nuestra, ha permitido que formas de vida alternas al mundo capitalista sobrevivan y se
conserven en los márgenes del sistema. Son estas formas justamente la riqueza que se
expresa en el carácter Plurinacional e Intercultural del Estado; y son estas formas de
existencia las que nos han permitido pensar en un proyecto de vida distinto, llamado Sumak
Kawsay.
Sin embargo, más allá de la retórica de izquierda del Gobierno y de la letra muerta en la
que está convirtiendo a la Constitución de Montecristi, sobre todo en sus partes más
avanzadas, los mundos de la vida andino-agrarios son disfuncionales en la nueva
articulación internacional del capital. En razón de esto deben ser negados e integrados de
forma plena a la economía mercantil capitalista; sin lugar a dudas, este parece ser el
objetivo central del gobierno.
En función de este objetivo se requiere consolidar la colonización de los mundos de la vida
andinos, e integrarlos a la demanda del mercado mundial, ya sea como proveedores de
mano de obra barata para la explotación petrolera y minera y/o para los encadenamientos
productivos agro-empresariales que se están consolidando en esta época. Para esto es
necesario un gobierno que pueda intervenir en el seno de la población para desarticular sus
relaciones de vida no mercantiles, como son: la reciprocidad, la solidaridad y la
cooperación. Desmontadas estas lógicas productivas alternativas, los campesinos se ven
obligados a migrar y entrar en la dinámica competitiva del mercado.

Si se revisa críticamente los programas económicos y la política social del Gobierno, se
puede observar con bastante claridad que se está poniendo en marcha un proyecto de
racionalización de la vida funcional a la reproducción mercantil, y a la competencia como
su principio articulador.
De hecho, este proyecto no es nuevo, se lo viene aplicando desde el regreso a la
Democracia, por todos los gobiernos que se han sucedido. Sin embargo, parece ser que el
Gobierno que mejor ha aplicado esta política es el de Alianza País, sin lugar a dudas es un
gobierno que cuenta con la tecnocracia necesaria para llevar adelante su objetivo.
El fin último de esta colonización es: “construir una trama social en la que las unidades
básicas tengan precisamente la forma de la empresa.” (Foucault, 2007:186) ¿Qué son sino
todos los programas sociales del MIES y los económicos del Ministerio Coordinador de la
Producción el Empleo y la Competitividad, así como los programas del MAGAP, del
MIDUVI? y sobre todo ¿qué busca el Plan Nacional de Desarrollo, mal llamado del Buen
Vivir, presentado por la SENPLADES, con su proyecto de nodos de producción? “Se trata
de hacer del mercado, de la competencia, y por consiguiente de la empresa lo que
podríamos llamar el poder informante de la sociedad.” (Foucault, 2007:186).
La leyes que se redactan e imponen desde la aprobación de la Constitución del 2008, están
destinadas ha garantizar un marco jurídico de control del mundo de la vida (Ley de: tierras,
soberanía alimentaria, ley minera, ley de aguas, ley de educación media y superior, etc.)
con lo cual se asegura la aplicación del modelo económico articulado a las demandas del
capital internacional. “Sociedad de empresa y sociedad judicial, sociedad ajustada a la
empresa y sociedad enmarcada por una multiplicidad de instituciones judiciales, son las
dos caras de un mismo fenómeno.” (Foucault, 2007:187)
Quito de a poco va despertando luego de la larga noche neoliberal
Los ecuatorianos tenemos más de un año de escuchar sobre “la larga noche neoliberal”. Es
importante analizar los datos antes de aceptar lo que los funcionarios del Gobierno vienen
repitiendo sin descanso.
En este caso, solo con mirar las cifras uno no puede evitar pensar que los que hablan de “la
larga noche neoliberal” o desconocen la realidad económica del país o intentan engañar a
los ecuatorianos.

Si hubiésemos experimentado una “larga noche neoliberal” (léase liberalización) es de
suponer que el tamaño del Estado ecuatoriano (el cual incluye a los gobiernos seccionales y
a las empresas estatales) se debería haber reducido desde 1990.
Las cifras siempre son frías y a veces distantes de la realidad, pero en Ecuador es posible
palpar en sus calles el crecimiento que exhibe la nación y las transformaciones en marcha.
Y aunque Quito no es todo el país, esta urbe resulta un botón de muestra del desarrollo
paulatino con el cual se despierta aquí de lo que se ha llamado la larga noche neoliberal. El
ajetreo constructivo es constante, las carreteras hablan de la solidez de los proyectos y los
pobres no pululan como en otras ciudades latinoamericanas y del mundo, las políticas
públicas en marcha en Ecuador han hecho retroceder el desempleo y la pobreza por ingreso,
incluso a cifras récords en los canales de la historia nacional, la experiencia de este país
está siendo exitosa pues se reduce el desempleo al tiempo que aumenta la ocupación plena
y disminuye el subempleo, con destaque en los sectores de la pesca y el comercio.
Esta información corresponde con el resumen del primer semestre de 2012 hecho por la
Comisión Económica para América Latina (Cepal), la cual ubicó el crecimiento del
Producto Interno Bruto ecuatoriano en 5,2 por ciento.

El titular de Senplades señaló que el segundo elemento que influye en el crecimiento son
los llamados pisos de inclusión social.Aquí están comprendidos los bonos de Desarrollo
Humano y créditos otorgados por el Estado a la ciudadanía y la construcción de
capacidades humanas, así como la cobertura de educación y salud. Uno de los datos más
relevantes es que la afiliación al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social se elevó al
máximo histórico de 60,6 por ciento en septiembre 2012.

100 LOGROS DE UN PAÍS
Senplades publicó un texto titulado 100 logros de la Revolución Ciudadana en Ecuador, en
el cual se asegura que ahora hay menos pobres que en 2006, índice reducido en 12 puntos
desde ese año hasta el 2012.
La pobreza extrema también bajó en ese período a un dígito, de 16.9 por ciento a 9.4, lo
cual se refleja en varios aspectos, uno de los cuales es el hecho de que cerca de 450 mil
niños dejaran de trabajar en el último lustro.
Por otra parte, se asegura que bajó siete puntos la desigualdad de ingresos de los
ecuatorianos, al igual que la brecha entre ricos y pobres en más de 10 puntos.
Entre 2007 y 2011, el país logró subir seis puestos en el ranking del Índice de Desarrollo
Humano (IDH) elaborado por las Naciones Unidas, mientras se incrementó el gasto en la
inversión para la salud y la educación de los ciudadanos.

Ecuador se autoproclama líder en la atención a personas con discapacidades, al reportar 130
mil personas diagnosticadas, rehabilitadas y respaldadas con varios programas.
Las estadísticas de Senplades señalan que elevar la calidad de la salud y la educación se
presentan como imperativos, por lo cual se construyen nuevas unidades para brindar estos
servicios y se adoptan medidas a fin de completar las plantillas de profesores y médicos.
Igualmente se incrementó en más de ocho veces el monto de inversión destinado a la
educación en la etapa, considerando que este es el camino al desarrollo.
Desde 2006, se asegura, existen más oportunidades de estudio para los niños y adolescentes
y la asistencia al bachillerato también creció en 22 puntos porcentuales entre los indígenas
y en 14 puntos para los afro ecuatorianos.
En el campo educativo se logró, no sin obstáculos y críticas, el cierre de 14 universidades
por baja calidad académica y se diseñó un plan de contingencia para acoger a esa masa de
estudiantes y profesores en otros centros de altos estudios.
Entre otros cambios, la realización por primera vez del examen de ingreso a la universidad
marcó un punto de giro en lo que se ha llamado aquí el Año de la Revolución en la
educación, al democratizar el acceso a la enseñanza superior por la demostración de
conocimientos.
La realización de los concursos de méritos ha permitido el nombramiento de nuevos
diplomáticos que representan el abanico multicultural y plurinacional de Ecuador, y del
mismo son nombrados los juristas encargados de aplicar la justicia.
Todavía falta mucho por hacer en otras esferas, según coinciden las autoridades locales,
ante el impedimento natural de resolver en apenas cinco años problemas socioeconómicos
acumulados durante siglos.
La lucha contra la violencia y la inseguridad son todavía retos pendientes, aún cuando se
advierte que los índices responden a la tendencia mundial del incremento, pero no alcanza
términos alarmantes.
Quizás el mayor desafío pendiente es el asunto agrario, pese a que se entregan tierras y se
conceden créditos a sectores anteriormente excluidos.
Lo cierto es que los pobres disminuyen cada día en las calles -lo cual se refleja en los
informes-, un compromiso ineludible y prioritario en la agenda de la dirección del país.

Sin embargo, según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el sector público no
financiero pasó de constituir 17% del PIB en 1983 a 22% en el 2004. Es decir, aumentó su
consumo de la riqueza nacional.
Dentro del sector público no financiero, los ingresos tributarios han pasado de constituir 6%
del PIB a 11,6%. En otras palabras, la porción del ingreso que los ecuatorianos dedican al
pago de impuestos se ha casi duplicado. ¡Vaya, qué noche tan neoliberal!

Tan neoliberal que Ecuador descendió en el ranking de libertad económica del Cato y
Fraser Institute del puesto 52 en 1990 al puesto 112 en el 2005.

El MEF también documenta el crecimiento de algunas entidades estatales entre 1994 y
2005. Por ejemplo:

Los municipios y consejos provinciales pasaron de recibir 1,9% del PIB a 3,68%.

Las universidades y escuelas técnicas estatales pasaron de recibir 0,6% a 1,20% del PIB.

El IESS pasó de constituir 2,7% a 4,34% del PIB.

Petroecuador pasó de constituir 3,81% a 6,84% del PIB.

Además está el crecimiento de los subsidios (al sector eléctrico, bono de la pobreza,
pensiones, al combustible y al gas) que según Cedatos pasaron de $ 1.206,7 millones de
dólares en el 2004 a $ 3.229,7 millones en el 2007. El subsidio a los combustibles y al gas
consume la gran mayoría del monto total de subsidios (71%) a pesar de que este en gran
parte no beneficia a los pobres.

Si se considera el ingreso del gobierno central, el del sector público no financiero, el de las
empresas estatales, el de los gobiernos seccionales y consejos provinciales, vemos que el
Estado ecuatoriano es la fuerza predominante en la economía, constituyendo el 48% del
PIB.

Estas cifras probablemente son conocidas por los principales difusores del gran mito de que
aquí en Ecuador hubo una “larga noche neoliberal” –nuestro Presidente; Ricardo Patiño,
quien hace poco fue Ministro de Economía; y el futuro presidente de la Asamblea
Constituyente, Alberto Acosta; por nombrar unos pocos.