You are on page 1of 20

MANDATO

El mandato será civil cuando tenga por objeto actos de esa naturaleza. En tal caso se lo presume gratuito, cuando no se haya
convenido el pago de una remuneración y oneroso, cuando consista en atribuciones o funciones conferidas por las ley
(tutores, curadores, etc.), o en caso de trabajos propios de la profesión lucrativa o del modo de vivir del mandatario.
Será comercial cuando tenga por objeto actos de comercio, en cuyo caso no se lo presume gratuito y si la retribución no ha
sido fijado de antemano, debe ser determinada por árbitros.
- En el mandato civil el mandatario puede obrar en nombre propio o en nombre de su mandante.
- El mandato es comercial cuando el mandatario obra en nombre del mandante o cuando obrando en nombre propio, no se
trata de uno o varios negocios determinados (artículos 222 del Código de Comercio).
- Será comisión o consignación cuando una persona (comisionista) actuando por cuenta de su comitente, realiza a nombre
propio negocios individualmente determinados.
De ello se sigue que en materia comercial es necesario distinguir las relaciones internas entre mandante y mandatario de las
relaciones externas, respecto de los terceros.
En las relaciones internas el mandato comercial y la comisión o consignación constituyen un contrato idéntico, debiendo
aplicarse a su respecto, en los puntos omitidos al legislar el mandato comercial, las disposiciones de la comisión y en segundo
término las del Código Civil sobre mandato.
En las relaciones externas en el mandato comercial hay representación (la operación se realiza en nombre del mandante) y
por tanto la relación jurídica se establece entre éste y el tercero contratante, permaneciendo el mandatario ajeno a ello; en la
comisión o consignación no hay representación: el negocio se realiza entre el comisionista y el tercero por lo que no existe
relación jurídica entre éste y el comitente.
El mandato con representación se denomina en derecho comercial, positivo mandato; y el mandato sin representación,
comisión o consignación, aún cuando se trata de un mandato y la diferencia externa no es de la esencia del contrato.

Forma y prueba: Otorgamiento
El mandato puede ser otorgado expresa o tácitamente, en el primer caso por instrumento público, privado, carta, telegrama y
hasta verbalmente.
Ello es consecuencia del carácter consensual del contrato, caracterizándolo como no formal.
Se entiende como mandato expreso el otorgado en blanco, es decir, bajo la forma de un instrumento privado, firmado en
blanco que quien lo recibe en su condición de mandatario, debe llenarlo conforme al pacto de integración por el cual el
firmante mandante ha dado las instrucciones del caso para su complementación



Es válido el mandato otorgado a un incapaz porque lo que en definitiva hace el mandatario es representar al
mandante que sí debe ser capaz. En tal caso el mandante (del mandatario incapaz) resultará obligado por los actos
jurídicos realizados con motivo de la ejecución del mandato.
El mandante queda obligado, no sólo frente a los terceros, sino frente al mandatario incapaz, pero éste puede oponer
la nulidad del mandato si es demandado por inejecución de sus obligaciones, mal desempeño de sus obligaciones o
rendición de cuentas, quedando sólo obligado por lo que hubiera invertido en su provecho, porque en esos límites
habría enriquecido sin causa.
Obligaciones y responsabilidades del mandatario
a) Observancia de las órdenes e instrucciones recibidas: Si el mandante no hubiera dado instrucciones al mandatario
o éste estuviera en la imposibilidad de recibirlas o se lo hubiera autorizado a obrar a su arbitrio, o si ocurriera un
suceso imprevisto, podrá ejecutar el mandato obrando como lo haría en negocio propio, según los usos y costumbres
del comercio en casos semejantes (art. 238 C. Com.).
No será responsable el mandatario si media ratificación del mandante expresa o tácita (porque convalida lo actuado)
o si de su proceder, al margen de las instrucciones recibidas resultare ventajas para el Mandante (porque no hay
responsabilidad sin perjuicio, ha desaparecido el fundamento de la responsabilidad).
b) Abstención de realizar actos dañosos al mandante: El mandatario debe abstenerse de ejecutar el mandato cuyas
consecuencias fueran manifiestamente dañosas para el mandante. Tiene su fundamento en la confianza que implica
el otorgamiento del mandato.
c) Deber de información: Este deber debe ser realizado puntualmente, con diligencia
y versar sobre cualquier hecho que pudiera tener trascendencia. De igual modo, se determina que en oportunidad de
concluir la negociación, deberá dar aviso dentro de las
24 hs. o por el correo inmediato al día en que cerró el convenio (es para que tenga noticia de los datos del tercero
contratante y lo entera de la concreción del negocio a fin de que -eventualmente- modifique su capacidad
económica, su necesidad de adquirir bienes o de abstenerse de hacerlo).
d) Rendición de cuentas: (artículo 277 del Código de Comercio en concordancia con el 1.909 del Código Civil)
debiendo devolver el sobrante que resulte a favor del mandante, en caso de mora ese importe devengará intereses
moratorios desde la fecha de la interpelación (artículos 508, 509 y 522 del Código Civil). La rendición de cuentas es
regla en todo aquel que actúe en interés ajeno.
e) Entrega de todo lo recibido con motivo del mandante y devolución de fondos desviados: El mandatario debe
devolver al mandante todo lo recibido por terceros con motivo del mandante encomendado, aunque hubiera recibido
sin derecho, las ganancias resultantes de los negocios que han sido objeto del mandato, los títulos, documentos y
papeles del mandante que le hubiera confiado, con excepción de las instrucciones que le hubiera remitido. Si hubiera
distraído fondos del mandante entregados para la ejecución del mandato, deberá reintegrarlos respondiendo por los
intereses desde la fecha de recepción y por los daños y perjuicios resultantes del incumplimiento del mandato, sin
perjuicio de las acciones criminales de las que fuera pasible (artículo 269 del Código de Comercio).
f) Garantía de solvencia: puede pactarse que el mandatario responderá por el riesgo de la operación ante el
mandante, pacto que debe ser expreso, en cuyo caso le da derecho al mandatario a una retribución suplementaria a la
que normalmente le corresponde.
g) Medidas conservatorias: cuando la encomienda propuesta es propia de la actividad del mandatario y no la acepta,
debe tomar las medidas conservatorias necesarias
y urgentes para preservar los bienes que reciba, con motivo de la ejecución de lo encomendado, evitando todo daño
a ellos. De igual modo, si habiendo aceptado, se hallare imposibilitado de cumplir las instrucciones recibidas sin
culpa de su parte.
h) Caso de oposición de intereses entre mandatario y mandante: en caso de que hubiera colisión entre sus intereses y
los del mandante, tiene obligación de preferir los de éste. Debido a ello, -en principio- no puede comprar ni por si ni
por interpósita persona, las cosas que el mandante le ha ordenado vender, ni vender de lo suyo al mandante cuando
éste le ha ordenado comprar. Ello tiene como fundamento el deber de lealtad, esencial en el ejercicio del mandato,
que impide que se beneficie en perjuicio de aquél.
Las excepciones están dadas cuando las cosas que hubiere de comprar tienen un precio corriente en plaza, cuando el
mandante hubiera fijado en el apoderamiento, márgenes precisos en el precio y el negocio se ubica entre tales
márgenes.
i) Responsabilidad del mandatario: No existen normas generales expresas que regulen las responsabilidades de los
mandatarios, por ello resultan de aplicación, los principios sobre la actuación culpable o negligente, si de ello
resultare algún perjuicio.
Responde el mandatario por los daños y perjuicios que por culpa o negligencia causare al mandante, por la
inejecución total o parcial del mandato (artículo 239 del Código de
Comercio). Corresponde equiparar la inejecución al retardo, salvo que la ejecución fuera manifiestamente dolosa al
mandante o cuando la inejecución total o parcial se debiera a caso fortuito o fuerza mayor.
En caso de pérdida de valores de dinero que el mandatario tenía en su poder con motivo del ejercicio del mandato,
es responsabilidad suya aunque la pérdida suceda por caso fortuito o fuerza mayor.
Si hay pluralidad de mandatarios para actuar conjuntamente, no existe solidaridad entre ellos, a menos que se haya
pactado expresamente. Si se ha acordado la solidaridad cada mandatario es responsable por todas las consecuencias
de la inejecución del mandato, así como de las faltas cometidas por su comandatario, pero es responsable lo que éste
hiciera en caso de haberse excedido del mandato, puesto en que ese caso ya no obraría como mandatario.
Si el mandatario no acepta la encomienda del mandante debe comunicar en tiempo oportuno que rehúsa el mandato,
caso contrario, responde por los daños y perjuicios (artículos 235 del Código de Comercio).
El mandatario debe responder por daños y perjuicios resultantes si teniendo fondos, el mandante rehusare el
cumplimiento de las órdenes impartidas relativas al empleo o disposición de tales fondos (artículo 228 del Código de
Comercio).
El mandatario es responsable ante el fisco del cumplimiento de los reglamentos y obligaciones fiscales que gravan
los negocios encomendados, sin que pueda aducir que cumple órdenes del mandante (artículo 245 del Código de
Comercio).

Obligaciones y responsabilidades del mandante
A) Anticipo de gastos: El mandante debe anticipar al mandatario, si éste lo pidiera, las cantidades necesarias para la
ejecución del mandato.
Como excepción, el mandatario debe afrontar momentáneamente con fondos propios y con derecho a su oportuno
reintegro:
a) Los gastos urgentes, necesarios y útiles cuando irroguen una cantidad módica.
b) Los gastos concernientes al deber de conservación que tiene a su cargo.
c) Los anticipos necesarios para realizar su función representativa cuando hubiera pactado hacerse cargo de ellos.
B) Reembolso de gastos y anticipos de fondos: El mandante debe reintegrar al mandatario todos los gastos y
sumas anticipadas con motivo del desempeño de su gestión. Si hay pacto expreso, habrá que estar a los términos del
mismo; si no lo hay, se entiende que debe ser de contado y sin necesidad de esperar la finalidad de la gestión (corren
los intereses desde el momento del reembolso y hasta el reintegro operando la mora ex lege).
No hay tal obligación de reembolso cuando:
* El negocio le hubiera resultado desfavorable por falta de diligencia del mandatario.
* Acredite, en oportunidad que el mandatario le rinda cuentas, que los gastos son realmente excesivos (arg. del
artículo 178 del Código de Comercio).
* Fueron hechos en contra de su expresa prohibición, a no ser que quiera aprovecharse de las ventajas que de ellos
resulten.
* Fueran resultantes del actuar culposo o negligente del mandatario.
* Si se hubieran puesto los gastos a cargo del mandatario o se hubiera fijado una cantidad tope de los gastos a cargo
del mandatario, en cuyo caso el mandante sólo está obligado a reembolsar lo que exceda de esa cantidad.
C) Liberación de las obligaciones: Cuando el mandatario, actuando dentro de los límites del poder que le fue
conferido, se obliga ante terceros, el mandante tiene la obligación de liberarlo de esos compromisos.
D) Indemnización de perjuicios: El mandante está obligado de indemnizar al mandatario todos los perjuicios que
éste sufriera con motivo del ejercicio del mandato que le fue conferido, salvo que ellos se originarán por la culpa
exclusiva del mandatario.
E) Pago de la retribución: El mandante que otorga mandato para que el mandatario efectúe acto de comercio,
queda obligado al pago de una retribución aún cuando nada se haya pactado respecto de ella.
El mandante, en principio, debe la retribución acordada. Si no hay pacto al respecto, rigen las que correspondan a
los usos y costumbres locales de la plaza donde se ejecute el mandato (artículo 274 del Código de Comercio). Si no
hubiere uso o costumbre, corresponde su determinación por árbitros (artículo 256 in fine del Código de Comercio).

Es regla general que el mandante debe pagar la totalidad una vez concluido el negocio o negocios objeto del
mandato, aún cuando el mandante no hubiera obtenido los resultados esperados y sin necesidad de esperar que el
tercero contratante cumpla con la prestación debida.
Puede darse los siguientes supuestos:
* Si el mandato concluye sin culpa del mandante, antes de la finalización, habiendo realizado el mandatario alguno
de los actos jurídicos encomendados y otros no, sin que medie culpa o dolo de su parte, (por ejemplo incapacidad de
las partes, fallecimiento, etc.) el mandante debe pagar la retribución solamente por los actos efectivamente
realizados.
* Cuando hubiere revocación injustificada del mandato que impida su conclusión, el mandante deberá pagar, por lo
menos, la mitad de la comisión que corresponda (ya sea la pactada o la fijada por árbitros o por el uso del lugar); si
el mandatario hubiera recibido en tal caso la totalidad de lo acordado anticipadamente, no está obligado a devolver
lo recibido de más.
* Cuando la operación encomendada queda inconclusa por culpa o dolo del mandatario éste pierde el derecho al
cobro de la retribución pues no ha cumplido en debida forma la obligación de hacer que le impone el contrato.
* Si la ejecución fuere en parte bien y en parte mal, sólo tiene derecho al cobro de la retribución por la parte bien
ejecutada, en caso de que fuere susceptible de cumplimientos parciales. En caso de que la obligación fuera
indivisible no tiene derecho a cobro pues debe considerarse que no ha sido ejecutada en la forma debida.
* Si se encomendó la venta de cosas y a pesar del tiempo transcurrido no se ha logrado venderlas, se debe el pago de
un importe por la custodia y conservación de los bienes.
En caso que se trate de servicios, no se debe suma alguna.
Caso de sustitución:
1) En caso de sustitución en el mandato comercial, el mandante sólo debe pagar una comisión por el mandato
conferido.
2) Si el mandatario original sustituyó en su propio nombre, el mandante debe pagar la comisión al mandatario
original, quien una vez percibida, retribuirá los servicios del sustituto.
3) Cuando la sustitución ha sido hecha en nombre del mandante, éste debe pagar al sustituto, y si el mandatario
sustituido hubiera ejecutado parcialmente la encomienda, deberá reclamar la retribución de sus servicios al sustituto.
La retribución sólo podrá fraccionarse cuando se trate de varios negocios que deban concretarse en distintas plazas
con personas distintas.

Cesación del mandato
Igual que el civil cesa por:
* Incumplimiento del negocio.
* Expiración del tiempo determinado o indeterminado por el cual fue dado.
* Revocación del mandante.
* Renuncia del mandatario.
* Fallecimiento del mandante o del mandatario.
* Quiebra del mandante o del mandatario.
* Cesación del mandatario sustituido.
* Imposibilidad de cumplimiento del objeto.
* Acuerdo de las partes.
* Resolución del contrato.



Naturaleza jurídica
Comparando la comisión con el corretaje, diremos que el corredor se encarga de acercar a las partes contratantes
para que ellas lleven a cabo el negocio de que se trate; mientras que el comisionista tiene la facultad de concluir el
negocio encargado por el comitente, en su actuación a nombre propio.
También hemos dado la diferencia con el mandato puesto que en la comisión no existe representación.
En relación a la locación de servicios debe apuntarse que la comisión tiene la finalidad esencial de conclusión de los
actos, contratos u operaciones encomendadas, no tiene relación de dependencia con el comitente, y su actividad se
limita a uno o varios negocios determinados, matices éstos que no se encuentran en la locación de servicios.
Forma y prueba
Tratándose de un mandato le son aplicables las normas del mismo, respecto a la forma, pudiéndosele otorgar
expresa o tácitamente, y en el primer caso, por instrumento público o privado, por carta o telegrama y hasta
verbalmente.
En lo que hace a la prueba, rigen los principios generales en materia probatoria de los contratos y obligaciones
comerciales.
Relación interna y externa
Entre el comitente y el comisionista (relación interna) existe la misma relación jurídica que entre mandante y
mandatario.
En cuanto a la relación externa, el comisionista queda obligado expresa, directa y personalmente hacia los terceros
con quienes contrata, sin que éstos tengan acciones contra el comitente, quien queda al margen de la relación
jurídica establecida, con motivo de la ejecución de la comisión. Tampoco el comitente tiene acciones contra los
terceros contratantes (art. 233 C. Com.). Ello es una lógica consecuencia de que el mandatario no ha cumplido
ninguna función representativa en ejercicio de la comisión desempeñada, pues no actuó en nombre del comitente
sino en nombre propio. Esta situación no cambia aún cuando el tercero supiera que actúa por cuenta de otra persona
y aún cuando le sea revelado el nombre de ella.
El tercero no podrá pedir la anulación del negocio en razón de error o ignorancia sobre la persona dueña del negocio
(el comitente), ni pedir compensación contra el comisionista de los créditos que tuviera contra el comitente; así
como tampoco éste podrá compensar lo que le deba el tercero, con lo que ese tercero deba al comisionista en razón
del contrato concluido por cuenta del comitente.

Obligaciones del comisionista
a) Cumplimiento de la comisión: el comisionista que acepta la encomienda debe cumplirla conforme las
instrucciones y órdenes del comitente (art. 238 1er. párrafo. C. C.).
Si no tuviere instrucciones (por estar facultado a obrar según su criterio, por imposibilidad de recibirlas, por ocurrir
suceso imprevisto, etc.) estará obligado a ejecutar la comisión como lo haría en negocio propio. No puede actuar con
total discrecionalidad sino que deberá ajustarse en la ejecución de los actos, negocios, y operaciones encargadas, a
los usos y costumbres de plaza.
No es responsable el comisionista de apartarse de las instrucciones expresas del comitente cuando existe ratificación
expresa o tácita de éste, o cuando por proceder contra las órdenes recibidas, resultaren ventajas para el comitente. En
los restantes casos rige el principio de que las consecuencias perjudiciales de un contrato hecho por éste, en contra
de las instrucciones de su comitente, o con abuso de sus facultades, serán de cuenta del mismo comisionista sin
perjuicio de la validez del contrato.
El comisionista que haga una venta por cuenta ajena a un precio inferior al que estaba marcado, pagará a su
comitente el perjuicio que se le haya originado por la diferencia de precio, subsistiendo -no obstante- la venta. Igual
solución cabe cuando el comisionista se aparta de las instrucciones, por ejemplo, en cuanto a la cantidad o calidad.
El comisionista, en relación al comitente, siendo mandatario sin representación, debe cumplir la gestión
encomendada atendiendo siempre los intereses del comitente, y si el cumplimiento de la encomienda según lo
ordenado generare daño al comitente, debe abstenerse de cumplirla.
Según el art. 240 C. C., se establece la regla disponiendo que sean cual fueren las palabras que el comitente utilice
en su correspondencia, desde que pida u ordene a su corresponsal que haga determinada cosa, se entiende que le da
facultades suficientes para todo lo que tiene relación con la operación encomendada. Debe tenerse en cuenta que los
poderes de un comisionista son siempre más amplios que los de un mandatario.
Siendo la comisión indivisible, tanto para el comitente cuanto para el comisionista, una vez aceptada debe ser
cumplida en su totalidad, por lo que si solo se cumple parcialmente, el comitente la aceptará y dará por cumplida la
parte bien hecha, en caso que admita ejecución parcial, teniendo obligación por esa parte nada más, en cuanto a la
retribución.
Si el comitente guarda silencio sobre la facultad del comisionista de conceder crédito, se considera que éste se
encuentra autorizado para ello, siempre que se ajuste a los usos y costumbres de la plaza.
Pacto sobre anticipo de gastos: El principio general en materia de mandato, es que al comisionista se le deben
adelantar las cantidades necesarias para su ejecución. Pero si el comisionista se comprometiere a anticipar los fondos
necesarios para la comisión encomendada, bajo una forma determinada de reembolso, queda obligado a cumplirla
sin poder alegar la falta de provisión de fondos, salvo si sobreviniere el descrédito notorio del comitente (art. 241 C.
Com.) Si el descrédito es anterior o concomitante a la aceptación de la comisión, no puede alegarlo pues siendo
notorio a esa fecha no podría aducir que desconocía los riesgos a que se exponía.
Deber de información: el comisionista -como principio general, debe comunicar al comitente todas las noticias
convenientes sobre las negociaciones que puso a su cuidado para que éste pueda confirmar, reformar o modificar sus
órdenes y, en caso de haber concluido las negociaciones, deberá darle aviso dentro de las 24 hs. o por el correr más
inmediato al día en que cerró el convenio (art. 245 1er. párr. C. Com.).
No sólo debe informar sobre los actos, hechos o circunstancias que pudieran redundar en la revocación del mandato,
sino que tiene un deber de información como consecuencia del deber esencial de lealtad y fidelidad que tiene quien
actúa por cuenta de otro.
La inobservancia del deber de información responsabiliza al comisionista por los daños
y perjuicios que resulten.
Este deber de información impone a cargo del comitente la necesidad de respuesta oportuna a la carta de aviso
enviada, si así no lo hiciera, dentro de las 24 hs., o por el segundo correo, se presume «iure et de jure» que acepta la
conducta del comisionista aprobándola, aún cuando se hubiera excedido en sus funciones.
El comisionista está obligado en iguales plazos a hacer conocer al comitente los daños que sufrieren los efectos que
obran en su poder con motivo de la ejecución de la comisión, haciendo constar fehacientemente (por peritos,
testigos, etc.) el origen del daño; estos plazos se computarán desde que el comisionista tuvo noticia o conocimiento
de haber sobrevenido el daño. El incumplimiento lo hará responsable de los daños y perjuicios que se originen al
comitente.
Cuando el comisionista, al recibir los efectos consignados observare que éstos están averiados, dañados o que no son
acordes con lo detallado en el instrumento de remisión de ellos, deberá hacer conocer en los términos señalados
precedentemente, tal circunstancia al comitente; caso contrario, deberá responder como si nada les hubiera ocurrido
a los efectos y tal como consten en el instrumento.
El comisionista, si realiza las operaciones a plazos, deberá comunicar al comitente haciéndole saber nombres y
domicilios de los compradores y los plazos estipulados, caso contrario se presume que fue al contado.
Medidas conservatorias: el comisionista responde de la buena conservación de los efectos que le hayan sido
consignados, salvo caso fortuito o fuerza mayor o si el daño proviniera del vicio inherente a la cosa. Sólo responde
del daño o deterioro de las cosas a fortiori de la pérdida total, ya sea por pérdida, extravío o robo en cuyo caso no
sólo debe poner en conocimiento la existencia del delito, sino que deberá acreditar el cuidado puesto en la guarda las
seguridades que ofrecía el local y las diligencias realizadas para el esclarecimiento del delito.
Marca e identificación de los efectos: El comisionista no puede alterar las marcas de los efectos que hubiere
comprado o vendido por cuenta de otro sino cuando tuviere expresa autorización del comitente (art. 254 C. Com.).
Podrá contramarcarlas cuando sea necesario para evitar confusión con otros de la misma especie.
Es obligación del comisionista identificar perfectamente los efectos que obran en su poder con motivo de las
comisiones encomendadas (para distinguirlos de los efectos del comisionista y para diferenciar entre sí los efectos de
propiedad de los distintos comitentes).
Cuando negocie efectos de distintos comitentes deberá dejar identificación precisa en las facturas, con indicación de
las marcas, anotando en sus libros las correspondientes a cada propietario (art. 266 1er. párr. C. Com.).
Imputaciones de las operaciones: Cuando el comisionista tenga distintos créditos por diferentes comitentes contra
una misma persona o bien, y suyos propios, deberá consignar expresamente cuando reciba las entregas que haga el
deudor por quién las recibe, lo mismo en los documentos de descarga que otorgue al deudor. Cuando omita en
recibos y libros la imputación se hará a prorrata de lo que importe cada crédito igualmente exigible, con excepción
del crédito del comisionista (si lo tuviere).
Rendición de cuentas: como todo sujeto que actúe por cuenta está obligado a rendirla al concluir el negocio, en
forma detallada e instruida de todos los negocios y operaciones realizadas, cantidades entregadas y percibidas,
reintegrando al comitente lo sobrante que resulte a su favor. En caso de retardo en rendir cuentas, el comisionista
responde por intereses desde la interpelación.

Obligaciones del comitente
- Anticipo de gastos y reembolso de los mismos.
- Pago de retribución.
Conclusión del contrato de comisión
El Código de Comercio, no ha contemplado ninguna causal específica de conclusión de la comisión por lo que son
aplicables a este contrato, las causas genéricas relativas a la extinción de los contratos en general y las específicas
correspondientes al mandato en particular.

MUTUO COMERCIAL
El contrato de mutuo o préstamo comercial puede tener por objeto, la entrega de cosas consumibles o fungibles pero
en la práctica es siempre - o en la mayoría de los casos- un préstamo de dinero.
El contrato de mutuo comercial sigue siendo el sustrato económico de gran parte de los contratos de crédito que se
han ido desgajando de él, bajo diversas formas jurídicas, por el desarrollo adquirido en la actividad comercial y
bancaria.
Siendo que se trata de un contrato en el que debe entregar el mutuario, en devolución igual cantidad de igual calidad
de cosas fungibles, debería regir el principio nominalista respecto al mutuo, pero, debido a la inflación ello ha sido
dejado de lado.
Razones históricas llevaron a presumir el contrato de mutuo como gratuito, pero las reglas legales, en la práctica,
son indefectiblemente dejadas de lado o modificadas por las estipulaciones contractuales, que adecúen la
instrumentación de sus negocios a la realidad de la vida cotidiana. Debe tenerse presente el art. 1.197 DCC, que
acoge la autonomía de la voluntad y lo previsto por el art. 218, inc. 5º del C. Com., sobre interpretación de los
contratos, que determina que los actos y contratos comerciales se presumen onerosos.
Hay mutuo comercial cuando una de las partes (el mutuante) que puede ser o no ser comerciante, entrega en
propiedad a la otra parte (el mutuario), que necesariamente debe ser mutuante, una cantidad de cosas consumibles o
fungibles, destinadas a uso comercial del mutuario, quien se obliga a entregar, en el lugar y plazo pactados, igual
cantidad de cosas de la misma especie y calidad, con más los intereses compensatorios estipulados y los moratorios
correspondientes en caso de retardo.

I) El mutuante puede o no ser comerciante.
II) El mutuario debe, necesariamente, ser comerciante (condición subjetiva).
III) Si cualquiera de las partes es comerciante, se presume hasta que se pruebe lo contrario, que el mutuo es
comercial (art. 5 C. Com.).
IV) Las cosas recibidas por el mutuario deben ser destinadas a su uso comercial (condición objetiva).
V) Siendo contrato real, se perfecciona con la entrega de la cosa.
VI) Es esencial que el mutuario reciba las cosas en propiedad.
VII) El Código trae normas sobre lugar y oportunidad de cumplimiento del contrato, pero son sólo supletorias de la
voluntad de las partes derogables, por pacto expreso en contrario.
VIII) Más que hablar de «restitución», al concluir el contrato, en realidad hay que hablar de «entrega» porque el
término «restitución hace al contrato de comodato, donde
el sentido del vocablo jurídico implica conservación y devolución de la cosa en su identidad, lo que no es propio del
mutuo comercial.
IX) Aún cuando la Reforma de 1889 suprimió el art. 711 del C. Com., quedó subsistente el 707, que es el actual 560,
que no es coincidente con los principios de la calidad de comerciante y los actos de comercio. Pero, en tanto esté la
norma, debe ser analizada, es así que subsiste la posibilidad de mutuo oneroso y mutuo gratuito y tendrá éste último
carácter si la ley no hace correr expresamente los intereses (compensatorios) o cuando éstos no estén estipulados.
X) La presunción de gratuidad del Código (severamente criticada) queda atemperada con lo dispuesto por el art.
568, que establece que en el supuesto –improbable según lo dicho- que no se hubieran estipulado intereses
compensatorios, y el deudor espontáneamente los pagara, no puede repetirlos ni imputarlos al capital (art. 568 C.
Com.).
Así como si hubiera estipulación de intereses compensatorios y el mutuario, vencido el término, no cumpliera con la
obligación a su cargo frente al mutuante, se considera que tales intereses continúan devengándose, sin necesidad de
una nueva estipulación a esos efectos (art. 568 C. Com.).
Comparación con otras figuras:
Comercialidad: Según el art. 558 C. Com. el mutuo o préstamo de consumo queda sujeto a las leyes y jurisdicción
mercantil, cuando la cosa prestada puede ser considerada género comercial, o destinada al uso comercial, y tiene
lugar entre comerciantes o tiene -por lo menos- el deudor esa calidad.
Exigiéndose la condición subjetiva referida a que por lo menos el mutuario debe ser comerciante, quedan excluidos
los siguientes contratos de mutuo:
I) El celebrado ante personas no comerciantes o entre un prestamista comerciante y un prestatario no comerciante.
Faltaría la condición subjetiva.
II) El celebrado entre comerciantes o entre un prestamista civil y un prestatario comerciante, si se lo destina al uso
civil. Faltaría la condición objetiva.
a) Real: requiere para su perfeccionamiento la tradición de la cosa que forma su objeto.
La tradición puede hacerse por cualquiera de las formas que autoriza la legislación vigente (real, simbólica, traditio
brevi manu).
La tradición de las cosas que son objeto del mutuo debe ser hecha en propiedad, por lo que en rigor, conviene hablar
es de transmisión o transferencia de la propiedad de las cosas mutuadas más que de entrega de ellas.
Promesa de mutuo: La promesa de mutuo futuro es en sí misma un contrato del cual surge, para el futuro mutuante,
la obligación de entregar siempre que el mutuo sea oneroso, las cosas prometidas en préstamo. Se trata de un
contrato preliminar, de primer grado, de carácter consensual. Pero, para el caso de incumplimiento, no puede
reclamarse la entrega de la cosa, sino sólo daños y perjuicios.
b) Unilateralidad o bilateralidad del mutuo:
Dentro de ese cuadro normativo la doctrina mayoritaria sostiene que el mutuo o préstamo de consumo tiene carácter
unilateral porque con la entrega de la cosa se perfecciona el contrato y sólo restan obligaciones a cargo del mutuario:
devolver la cosa, pagar los intereses.
c) No Formal: Puede perfeccionarse hasta verbalmente. No rige respecto al mutuo comercial la restricción
contenida en el Cód. Civil, en su art. 2246, que determina que el mutuo no podrá ser probado sino por instrumento
público o privado con fecha cierta, si el empréstito supera el valor de diez mil pesos y que tal disposición, se aplica a
las relaciones jurídicas frente a terceros, pues entre las partes, rigen los arts. 1191 y 1193 C.C.. En materia comercial
tal regla es inaplicable puesto que en relación a la prueba de las obligaciones y contratos comerciales rigen los
principios propios contenidos en el propio C. Com..
d) Conmutativo: La prestación que constituye el objeto de la obligación del mutuario es «cierta» pues consiste en la
entrega de igual cantidad de cosas de la misma especie y calidad que las recibidas y consumidas.
e) De ejecución diferida. De duración: El deber inherente al prestatario queda diferido en el tiempo. Siendo
esencial para el mutuario la facultad de consumir la cosa recibida, sólo estará en condiciones de procurarse las cosas
que debe devolver sería económicamente inconcebible. Atento la duración diferida del mutuo éste adquiere -
consecuentemente - el carácter de un contrato de duración en virtud de contar con tales caracteres, lo más importante
es que puede aplicársele la teoría de la imprevisión.
f) Gratuito u Oneroso: Para que exista mutuo oneroso las partes deben haber pactado expresamente que el contrato
devengará intereses, caso contrario rige la presunción de gratuidad (art. 560 C. Com.).

Objeto de la obligación
Cuando no sea posible restituir otro tanto de la misma especie y calidad de lo recibido, el mutuario deberá pagar el
precio de la cosa o cantidad recibida, regulada por el que tenía la cosa prestada, en el lugar y tiempo en que deba
hacerse la restitución. La imposibilidada que se refiere este artículo (2551 C.C.) no tiene que tener necesariamente
carácter absoluto, puesto que basta que se presente dificultades notables o fuera de lo común.
I ntereses
La regulación legal de los intereses o réditos que pueden devengarse en el mutuo o préstamo de consumo de carácter
comercial, es anacrónica y en rigor, debió haber seguido el principio general enunciado como pauta general de
interpretación de los contratos comerciales (se los presume onerosos). En la realidad, los usos y costumbres
comerciales y bancarios, en virtud de estipulaciones y pactos expresos de las partes contratantes, han llegado a
modificar la operatividad del régimen jurídico de este tipo de contrato, lo que no se entiende como ilegal, pues la
normativa vigente en esta materia se refiere -en general-, a derechos privados disponibles que las partes pueden dejar
de lado, utilizando su potencialidad jurigena de la autonomía de la voluntad, modificando o dejando sin efecto
mediante el respectivo convenio en contrario.


Pacto de intereses:
Nuestro legislador ha consagrado la legitimidad del pacto de intereses. Tanto el art.
560, como el 561, del C. Com. Implícitamente, reconocen la posibilidad del pacto de intereses que consagra en
nuestro derecho la legalidad del mutuo feneraticio. Este criterio ha sido justificado en la doctrina porque en la
actualidad, quien acude a un crédito no lo hace -como en otros tiempos- para consumir lo recibido en sus
necesidades vitales, sino, al contrario, lo realiza con propósito de empresa y no sería equitativo prohibir la
estipulación de intereses, porque a los contratos y actos comerciales se los presume gratuitos.
En el derecho comprado se han seguido dos sistemas básicos sobre la estipulación de la tasa de interés:
a) Fijación legal de una tasa máxima que las partes pueden convenir.
b) La libertad en la adopción de la tasa de interés que las partes convengan.
Nuestro Cód. de Com., al igual que el Civil, no contiene ninguna limitación respecto de la tasa de interés por lo que
las partes pueden convenirla -en principio-, libremente.
Dando una mirada a la jurisprudencia en esta materia vemos que en un comienzo la jurisprudencia comenzó
aceptando la tasa aplicada por las partes, sin limitaciones de ninguna especie, por usurario que fuera el pacto. Luego
de ello, se produjo una reacción declarándose nulo el contrato que incluyera una tasa de interés, que se pudiera
considerar usuraria y por lo tanto, contraria a la moral y buenas costumbres. En la actualidad ha prevalecido la
posición en virtud de la cual, lo violatorio de la moral y buenas costumbres no es que se estipule un interés en un
contrato, sino que tal interés conforme se ha pacto sea usurario; en consecuencia, cuando el interés compensatorio o
moratorio o sumados ambos, excede de determinado límite, los tribunales pueden reducir la tasa estipulada (el
monto a que se reduce varía según las consecuencias económicas del momento), las localidades y la naturaleza del
préstamo civil o comercial pagadero en cuotas o no, ya que se tiene en cuenta lo que es de uso y práctica en el lugar
y en la actividad de que se trata.
Pacto de intereses sin fijación de tasa: El art. 565, 1º y 3º párrafo C. Com., con una técnica criticable, dispone que
mediando estipulación de intereses sin declaración de la cantidad a que éstos han de ascender, o del tiempo en que
deben empezar a correr, se presume que las partes se han sujetado a los intereses que cobren los bancos públicos y
sólo por el tiempo que transcurra después de la mora (siempre que en la ley o en la convención se habla de los
intereses de plaza o corrientes, se entiende los que cobra el Banco Nacional).
La norma ha sido criticada en forma unánime por la doctrina, pues en ella, el legislador ha intentado interpretar la
voluntad de las partes, pero con evidente error, pues si pactaron intereses, lógicamente fueron compensatorios, y por
consiguiente, deben correr desde que la cosa se entrega al prestatario y no desde que éste incurre en mora en la
devolución de ella.
En caso de duda sobre el tipo de interés a aplicar, debe estarse a la más favorable para el deudor.
Inexistencia de convenio de intereses: Si las partes omitieron pactar intereses en el mutuo comercial, supuesto
posible pero improbable, hay que distinguir según los intereses compensatorios o moratorios.
Intereses compensatorios: Se presume gratuito el contrato a falta de convención de intereses compensatorios. Pero
no resulta imprescindible una cláusula expresa en tal sentido, si del contrato surge con claridad, sin dudas. Tal
circunstancia (por ej. cuando se ha dado en préstamo una suma de dinero diciéndose que durante el primer año no
devengará intereses), se supone que durante el segundo año correrán los intereses; tratándose de un mutuo por el
plazo determinado de dos años.
Intereses moratorios: estos intereses corren aún en los préstamos convenidos sin interés, siempre que las partes no
hayan estipulado lo contrario.
La mora del deudor, salvo que otra cosa se haya convenido se produce con la interposición de la demanda y desde la
fecha de ella; y aún cuando se presente ante juez incompetente y sea nula por defecto de forma, o porque el
demandante no haya tenido capacidad legal para presentarse en juicio (aplicación analógica del art. 3986 C.C.).
Si no hubiera interés fijado, corresponde al juez interviniente determinar el interés que corresponde pagar al deudor
que entró en retardo.
Existencia de convenio sólo sobre intereses compensatorios: El art. 568 C. Com. dispone que el pacto hecho sobre el
pago de réditos durante el plazo prefijado, para que el deudor goce de la cosa prestada, se entiende prorrogado
después de transcurrido aquel, por el tiempo que se demore la devolución del capital, no mediando estipulación en
contrario.
Anatocismo: En derecho se llama «anatocismo» al interés compuesto, es decir, capitalización de los intereses
haciéndole, a su vez, devengar nuevos intereses. Ello se ha entendido que es uno de los medios más refinados de la
usura.
Se conocen en doctrina dos clases:
a) Anatocismo conjunto: que implica acumular intereses vencidos al capital para que devenguen nuevos intereses.
b) Anatocismo separado, en el cual se conviene que los intereses vencidos produzcan nuevos intereses. Ambos
pueden ser objeto de calificación de ilicitud.
El código mercantil dispone que los intereses vencidos pueden producir intereses, por demanda judicial o por una
convención especial. En caso de demanda es necesario que los intereses se adeuden a lo menos por un año. Producen
igualmente intereses los saldos líquidos de las negociaciones concluidas a fin de cada año (art. 569 C. Com.).
La regla legal, concordante con el art. 623 C. C. prohíbe pactar por anticipado la capitalización automática de los
intereses y sólo permite capitalizar los intereses vencidos por convención posterior. Pero es de señalar que con el
dictado de la Ley de Convertibilidad, se derogaron los arts. del Código Civil, que prohíben el anatocismo
estableciendo que resulta admisible cuando se pactó expresamente.
El Cód. de Comercio, excepcionalmente, admite la capitalización de intereses en la cuenta corriente mercantil (a.
788) y la establece en la cuenta corriente bancaria (a. 795).
Forma de pagar los intereses: El art. 563 dispone que los réditos entre comerciantes por los préstamos se
estipularán siempre en dinero, aún cuando el préstamo consista en efectos o géneros de comercio. Los réditos se
pagarán en la misma moneda que el capital o suma principal.
En los préstamos en especie los intereses deben pagarse en la moneda corriente en el lugar donde debía hacerse la
devolución (a. 562).
Recibo de pago de intereses: El recibo de intereses, posteriormente vencidos, dado sin condición ni reserva, hace
presumir el pago de los anteriores (art. 567).
Cuando el acreedor otorga recibo por intereses sin determinar a qué período corresponde, se debe entender que se
refieren al período de la fecha del recibo, conforme al contrato de préstamo salvo que se pruebe lo contrario.
El recibo de capital por el mutuante, extendido sin reserva alguna sobre los intereses, extingue la obligación del
mutuario respecto de ellos, en razón al carácter accesorio que tienen los intereses o réditos.


Depósito
Según la normativa vigente la palabra «depósito» es utilizada con un doble significado, algunas veces de designa
con ella a contrato de depósito (arts. 572, 574, 576, 577 C. Com. 2182, 2183, 2185, 2188 C. C.) y otras veces se la
utiliza para referirse a la cosa depositada (arts. 579 C. Com. y 2184, 2215, 2217, 2219, 2221 C. C.) y existe
comercialmente una tercera acepción, designándose con la palabra «depósito» el lugar donde se dejan almacenados
los efectos depositados, es decir, como sinónimo de edificio, galpón, barraca.
Concepto: el contrato de depósito tiene lugar cuando una de las partes (depositante) confía a la otra (depositario) una
cosa cierta y determinada o una cantidad de cosas consumibles que ésta se obliga a guardar, conservar, custodiar y
restituir en el primer caso, (depósito regular) y que puede usar con la obligación de restituir una cantidad igual de
cosas de la misma especie y calidad en el segundo (depósito irregular); restitución que debe realizarse en el plazo
convenido o cuando el depositante lo requiera.
Comercialidad: Según el art. 572 Com. sólo se considera comercial el depósito que se hace con un comerciante, o
por cuenta de un comerciante, y que tiene por objeto o que nace de una acto de comercio. Esta regla legal debe
interpretarse del siguiente modo:
* "depósito que se hace con un comerciante de una cosa en depósito".
* El contrato en el cual el "depositario es comerciante".
* "O por cuenta de un comerciante", es decir, cuando el depósito lo efectúa una persona con la calidad de
comerciante.
* "Tener por objeto o nacer de un acto de comercio" exige que el depósito persiga como finalidad u objetivo la
realización de un acto de comercio o que tenga por origen o causa un acto de la misma naturaleza.
No rige el art. 7 del C.C., una vez establecido su carácter comercial se rige por el C.C. (art. 8 inc. 1º); es decir, en
nuestro derecho positivo no puede haber depósito comercial para una de las partes y civil para la otra.
Cuando una u otra de las partes es comerciante, se presume la comercialidad del depósito, hasta la prueba en
contrario, de conformidad con lo dispuesto por el art. 5 del
C.C. Quien sostenga el carácter civil deberá probar que no se cumple con el requisito objetivo de tener por causa un
acto de comercio.
El depositario puede exigir por la guarda de la cosa depositada una comisión estipulada en el contrato, o
determinada por el uso de la plaza. Si ninguna comisión se hubiera estipulado, ni se hallase establecido por el uso de
plazo, será determinada por arbitradores.
El depósito gratuito no se lo considera acto de comercio.
Si las partes convienen que el depositario no obrará comisión el depósito tendrá carácter civil.
Si una persona realiza el contrato de depósito, habitualmente con profesionalidad, tratándose de un acto de comercio
por su naturaleza, adquiere en virtud de tal actividad la calidad de comerciante, con todas las consecuencias que ello
impone, prescindiendo que tenga organizado su establecimiento en forma de empresa en cuyo supuesto la
comercialidad emanaría de la aplicación del inc. 5º del art. 8.

Real. Promesa de depósito: Tratándose de un contrato real sus efectos se producen a partir de la entrega de la cosa.
Es decir, la entrega de la cosa objeto del contrato de depósito comercial es esencial para su perfeccionamiento, sea
ella real o ficta.
No formal: La concertación del contrato de depósito no está sujeta a ninguna formalidad particular, por lo tanto, se
puede constituir por instrumento público, privado y hasta verbalmente.
De ejecución continuada: siendo que el deber esencial del depositario de custodia y conservación de la cosa
recibida en depósito es permanente, las obligaciones que derivan de ello son de ejecución continuada. Al ser
esencial, en el depósito comercial, su onerosidad, resultan aplicables las normas que permiten su resolución por
excesiva onerosidad y a pesar de que el plazo en este contrato es siempre establecido en favor del depositante y, por
tanto, éste puede exigir la restitución de la cosa depositada antes de que se cumpla el término pactado, si tal
conducta produce un daño el depositario, éste tendrá derecho a la indemnización del interés negativo que le
produzca la actitud intempestiva del depositante.
Bilateral: engendra obligaciones para ambas partes.
Oneroso: el depósito comercial es esencialmente oneroso (art. 573 C. Com.).

Objeto
Sólo las cosas muebles pueden ser objeto del depósito comercial, dado que tiene que tener por origen o por finalidad
un acto de comercio. Por contrario, el depósito civil puede tener por objeto una cosa inmueble.
A) En el depósito regular:
I) Custodia: la obligación principal para el depositario es la custodia, guarda y conservación de la cosa
depositada, debiendo abstenerse de su uso sin permiso expreso o presunto del depositante. Este deber de
abstenerse de su uso existe en el depósito mercantil, aún cuando se trate de cantidad de dinero la cosa depositada y si
usa la cosa depositada sin autorización o consentimiento del depositante, debe pagar un alquiler o intereses desde el
día del contrato.
En la guarda de la cosa el depositario debe poner la misma diligencia que en las suyas propias.
La obligación es personal del depositario, dado la relación de confianza que supone el contrato de depósito y no
puede ser reemplazado por un tercero, salvo expresa autorización del depositante. Pero, el depositario podrá delegar
la custodia en su factor o dependiente, pero será responsable por el hecho culposo de su auxiliar subordinado, salvo,
también en este caso, que el depositario hubiera prestado su conformidad a la delegación en la persona del factor o
dependiente.
La prueba de la existencia de eximentes de culpabilidad corresponde al depositario.
El depositario a quien se le ha arrebatado la cosa por la fuerza dándole en su lugar dinero o algo equivalente, está
obligado a entregar al depositante lo que ha recibido a cambio (art. 578 C. Com.).
Las empresas de depósito deben contratar seguro sobre los efectos depositados y su omisión entra dentro de la
negligencia culpable de su parte en caso de incendio.
II) Guardar el secreto: como consecuencia lógica del deber de conservar la caja o bulto cerrado que recibe en
depósito, el depositario queda obligado a no abrirlo salvo si para ello está autorizado por el depositante. Si por
cualquier motivo llega a conocer el contenido del depósito, está obligado a guardar el secreto, so pena de responder
por el daño que causare al depositante, a menos que el depósito, por la calidad de la cosa depositada, lo expusiera a
penas o multas.
III) Información: El depositario debe: A) Dar aviso al depositante dentro de las 24 hs., si reside en la misma plaza,
o por el segundo correo, si en plaza distinta, de cualquier daño que sufriesen las cosas depositadas y hacer constar en
forma legal, el verdadero origen del daño (art. arts. 248 y 574 C. Com.); lo mismo cuando al recibir la cosa notare
que se halla averiado, disminuida o en estado distinto del que indica el depositante.
B) Debe informar al depositante de las medidas que requiera la conservación de la cosa depositada, respondiendo
por los daños e intereses que su omisión causare, y -en su caso hacer los gastos urgentes que requiera la
conservación de la cosa, respondiendo también por los daños y perjuicios que ocasione su omisión.
IV) Venta: cuando la cosa depositada sufra alguna alteración que haga urgente su venta para salvar la parte posible
de su valor, el depositario debe proceder a la venta en remate público a beneficio y por cuenta del depositante; sin
perjuicio de dar inmediatamente aviso a éste.
V) Conservación de documentos: Tratándose de documentos de créditos debe realizar todas las diligencias
necesarias para la conservación de su valor y efectos legales so pena de daños y perjuicios, y si devengan intereses,
es a su cargo la cobranza.
VI) Exhibición: Mostrar al depositante las cosas depositadas a fin de que pueda ejercer su derecho indiscutible de
control, sobre la forma en que el depositario cumple su obligación de custodia y conservación. Asimismo, debe
exhibir los efectos a terceros que se interesen por ellos para cualquier operación y que presentan autorización del
depositante.
VII) Abstención de uso de la cosa: No se puede servir de la cosa sin el permiso expreso o presunto del depositante.
La autorización para el uso no transforma el depósito en mutuo, puesto que la obligación de la guarda de la cosa
sigue siendo lo principal. Cuando se aduce la existencia de una autorización tácita o presunta, tratándose de una
cuestión de hecho, su prueba queda a cargo de quien la invoca, pudiendo utilizar amplitud de medios probatorios.
VIII) Restitución: La restitución debe hacerse al depositante o a la persona indicada para recibir el depósito, o al
tercero en cuyo nombre se hizo y, si ha fallecido, a sus herederos; si todos los herederos no estuviesen conformes en
recibirlo, debe ponerlo a la orden del juez o de la sucesión. También debe consignarlo judicialmente cuando los
depositantes fuesen varios y no estuviesen de acuerdo en recibir el depósito; cuando el depósito ha sido hecho por un
representante (tutor, curador, administrador) y éste ha cesado en la representación, debe restituir el depósito a la
persona que el depositante representaba.
B) En el depósito irregular
En esta clase de depósito el deber de custodia no existe ya que la cosa depositada pasa al dominio del depositario,
quien, por consiguiente, puede usarla.
Respecto de la restitución, las obligaciones del depositario irregular son las mismas que las del regular, con la
diferencia de que en vez de devolver la misma cosa recibida en depósito, debe entregar al depositante la misma
cantidad de cosas de la misma especie y calidad.

Derechos del depositante
a) Restitución: Tiene el depositante derecho a que el depositario le restituya, en el depósito regular: la
cosa depositada con sus accesiones y frutos y como ella se encuentre.
Si la cosa principal hubiere desaparecido, el depositario debe devolver sus accesiones y frutos
respondiendo por la pérdida de éstos proveniente de su culpa. En el depósito irregular: una cantidad igual
de cosas de la misma especie. Si la cosa perece, en aplicación de la regla «res perit domino», parece para
el depositario, pero su obligación de restitución persiste, pues se aplica el principio de las obligaciones de
dar cantidad de cosas.
b) Percepción de intereses: En los casos de uso indebido de la cosa depositada contemplados en los arts.
575 C.C. y 2222 C.C. el depositario tiene derecho a percibir intereses desde la fecha del depósito sobre el
capital efectivamente utilizado. Los intereses, una vez probado el uso indebido del depósito, corren del
pleno derecho sin necesidad de requerimiento judicial o extrajudicial.
c) Indemnización. El depositante tiene derecho a reclamar del depositario indemnización por daños y
perjuicios en los supuestos contemplados en los art. 248, 249 y 250
C.C. referidos a la comisión, en función de la remisión del art. 574 C.C. y específicamente en el caso de
los arts. 575, y 577 C.C..
Tal derecho a indemnización del depositante es contra-partida del deber de guarda y conservación del
depositario.
Cesación del depósito
El Cód. de Comercio no incluye normas específicas sobre la conclusión del contrato de depósito, razón
por la cual deben atenderse las normas contenidas al respecto en el
Código Civil.
El depósito termina:
a) Si fue contratado por tiempo determinado, acabado ese tiempo; si lo fue por tiempo indeterminado,
cuando cualquiera de las partes así lo requiera. Aún cuando el art. 2217 C. C. dispone que el depositante
puede exigir la restitución del depósito antes de tiempo, ello no es de aplicación absoluta al depósito
comercial, que es, al contrario, esencialmente oneroso; la norma citada se explica para el depósito,
esencialmente oneroso; la norma citada se explica para el depósito civil –esencialmente gratuito- pero en
el caso del comercial, si el depositante lo hace cesar antes de tiempo debe indemnizar al depositario por
los perjuicios que la intempestiva decisión le ocasione.
b) Por la pérdida de la cosa depositada. La extinción se produce por falta de objeto.
Siendo imposible ya la restitución de la cosa hay que distinguir según que ella se haya producido por caso
fortuito o de fuerza mayor, en el cual el depositario no tiene responsabilidad (salvo que se trate alguno de
los tres casos que dispone el art. 2203
C. C.), en cambio si hubiera perecido la cosa por culpa del depositario, debe la indemnización del
perjuicio ocasionado.
Este precepto no rige para el caso del depósito irregular porque las cosas fungibles no perecen.
c) Por la enajenación que hiciere el depositante de la cosa depositada (Según Rivarola y Gómez Leo, dado
el carácter oneroso del depósito comercial no le es aplicable este precepto en cuyo caso el depósito
comercial sigue con el comprador, salvo que el contrato se hubiera celebrado teniendo en cuenta la
persona del depositante).
d) Termina el depósito cuando el depositario descubre que la cosa depositada ha sido hurtada, robada o
perdida, y la consigna a nombre del juez que entiende en el pleito que se origina; y también cuando llega a
la conclusión que la cosa le pertenece a él y el depositante no tiene derecho alguno a su posesión.
El depósito voluntario no se resuelve ni por fallecimiento del depositante ni del depositario, ello porque
las obligaciones que derivan del contrato de depósito no son inherentes a las personas de los contratantes,
razón por la cual pasan a sus herederos.


Fianza onerosa
El art. 483 C. Com. prevé el supuesto en que el fiador cobrara retribución del deudor por otorgamiento de
la fianza: «Si el fiador cobra retribución por haber prestado la fianza no puede pedir la locación de
lo dispuesto en el inc. 4º del artículo precedente» es decir que la fianza en este supuesto se prolonga
tanto como se prolongue la obligación (u obligaciones) principal.
La retribución que el fiador puede exigir del deudor consiste en una relación de derecho ajena a la fianza
propiamente dicha.
Sustitución del fiador: Dispone al respecto el art. 479 C. Com. «Cuando el fiador aceptado por el
acreedor, espontánea o judicialmente llegare a estado de insolvencia, no habrá derecho a exigir otro
si el fiador no ha sido dado, sino en virtud de convención en que ha exigido el acreedor tal persona
determinada para la fianza».
Es decir que se traba el cambio de fiador por insolvencia cuando el acreedor ha exigido «tal persona
determinada».
El Cód. Civil en cambio, con criterio más amplio, no establece excepciones (art. 2001
C.C.). Se ha entendido que este temperamento es preferible, puesto que la finalidad de la fianza es acordar
una mayor seguridad al acreedor, y tal derecho de éste no puede verse afectado por el hecho de haber
exigido determinada persona que, en ese momento ofrecía garantías de solvencia.
Debemos entender el término «insolvencia» como específico de las normas concursales, sinónimo de
«cesación de pagos» y concretar su concepto como imposibilidad de afrontar las obligaciones dinerarias a
su vencimiento.

11. Contrato de Prenda Comercial
El contrato de prenda (genérica y civil) es de muy antigua data (ya los hebreos usaban esta institución), la
conoció el derecho romano como garantía encaminada a asegurar el pago de un crédito.
La prenda clásica o el derecho de prenda es un derecho real, de realización del valor de una cosa mueble
que sirve para garantizar un crédito.
Se define a la prenda civil como contrato accesorio que tiene por objeto asegurar el cumplimiento de una
obligación. Se perfecciona en el ámbito civil únicamente con la entrega de la cosa objeto de la garantía. El
deudor no puede reclamar en este contrato civil la devolución de la cosa mientras no pague la deuda, los
intereses y los gastos hechos.
La ley 9644 creó la llamada «prenda agraria», en cuyo caso no se produce el desplazamiento de la cosa
prendada que queda en poder el prestatario. La garantía consiste en que si el prestatario dispone de la
prenda, incurre en una responsabilidad de tipo penal.
De ahí en adelante decreto-ley 15.348/46, ratificado por ley 12.962 y modificaciones introducidas por los
dec-leyes 6810/63 y 6817/63, rigen actualmente la prenda sin desplazamiento o prenda con registro.
La prenda comercial con desplazamiento la define el art. 580 C. Com.:
«El contrato de prenda comercial es aquel por el cual el deudor o un tercero a su nombre, entrega al
acreedor una cosa mueble en seguridad y garantía de una operación comercial».
La prenda con desplazamiento, como la hipoteca y la anticresis, son derechos reales de garantía. Mientras
en la prenda el objeto del derecho real de garantía (que pasa al acreedor de la obligación principal) es una
cosa mueble, en la anticresis es un inmueble y el acreedor queda autorizado a percibir sus frutos.

Prenda común:
En un principio fue la única prenda, es más accesible, más simple y -en consecuencia resultó la más
frecuente. Se la designa también con el nombre de «empeño» o «pignoración».
La caracterización de esta prenda «entrega de la cosa» la hace en cierto modo incompatible con la
actividad comercial, ya que debía acuciar al comerciante una situación muy grave para acudir al
«empeño».
Entrega de la cosa: es la garantía más efectiva que tiene el acreedor para cobrarse y tiene además efecto
de publicidad (los terceros entran a conocer la indisponibilidad del deudor).
La entrega puede ser real o simbólica, ésta última se rige por las normas de la compraventa mercantil. Y
puede hacerse al acreedor o a un tercero.
Caracteres: La prenda es un contrato de garantía, pero a diferencia de la fianza, es una garantía real en
que se entrega la cosa prendada en seguridad del cumplimiento de la obligación.
La prenda es indivisible.
El objeto de la prenda puede ser una cosa mueble o un crédito (art. 583 C. Com.) los bienes muebles
deben ser enajenables (art. 585) también puede prendarse una universalidad de cosas muebles. El dec-ley
15348 autoriza la prenda de un fondo de comercio.
La principal obligación consiste para el acreedor en la devolución de la cosa y, como consecuencia de
esta obligación, la conservación de la cosa respondiendo de la pérdida o deterioro producido por su culpa.
No puede el acreedor usar la cosa.
En cuanto a la forma, según el art. 581 C. Com. lo esencial es la entrega de la cosa, pero respecto a
terceros es necesario un documento, que puede ser público o privado (por ello se ha entendido que su
existencia no es mayor garantía para los acreedores contra la mala fe del deudor y la del acreedor). El
Cód. Civil -en cambio- exige documento público o privado con fecha cierta.

Prenda con registro: en garantía del pago de cierta suma de dinero o del cumplimiento de cualquier clase
de obligaciones a las que se fije un valor, o del precio o saldo de mercaderías vendidas, el deudor o un
tercero, afecta bienes muebles o semovientes y frutos o productos aunque estén pendientes o inmuebles
«por su destino» que quedan en su poder y que deben inscribirse en un registro. El deudor o terceros
pueden industrializar o usar los bienes muebles afectados. Esa garantía otorga al acreedor un privilegio y
garantías legales y procesales de gran eficacia, como el secuestro inmediato, la ejecución rápida y la
subasta pública, liquidación simplificada y sanciones penales.

Créditos garantizables: Se puede otorgar la prenda para asegurar el pago de una suma de dinero o el
cumplimiento de cualquier clase de obligaciones a las que los contrayentes les atribuyen un valor
consistente en una suma de dinero.
Se acepta (2da. parte art. 1) la deuda en moneda extranjera cuando se trata de saldo de precio de bienes
importados o bien préstamos de instituciones internacionales.
El art. 11 en su amplitud comprende obligaciones preexistente simultáneas, futuras, estén o no sujetas
a plazo o condición, inclusive las llamadas obligaciones eventuales.
Una excepción al art. 1 lo constituye el art. 5 inc. «c» con relación a los acopiadores, a los que sólo
permite la prenda «para asegurar créditos en dinero destinados a la explotación rural».

Bienes susceptibles de gravarse: Varían según se trate de prenda fija o flotante.
Los bienes sobre los cuales recaiga la prenda con registro quedarán en poder del deudor o del tercero que
los haya prendado en seguridad de una deuda ajena. Los bienes afectados a la prenda garantizan al
acreedor, con privilegio especial sobre ellos e incluye capital (obligación asegu-rada), intereses y gastos
según lo que determina el contrato.
El efecto del contrato de prenda se produce entre las partes desde su celebración y respecto a terceros
desde su inscripción.
Vigente una prenda no se puede agregar otra a los mismos bienes, bajo pena de nulidad, salvo
autorización del acreedor.
Los bienes prendados pueden ser industrializados por el propietario o continuar utilizándolos
económicamente.
El art. 9 dispone que el dueño de los bienes prendados no los puede enajenar, pudiéndolo hacer solamente
en el caso que el adquirente se haga cargo de la deuda garantizada, continuando la prenda bajo las mismas
condiciones. La transferencia se anota en el Registro y se notificará al acreedor mediante telegrama
colacionado.
Prenda fija: cuando se constituye sobre determinados bienes individualizados en el
contrato.
Pueden prendarse los bienes muebles o semovientes y los frutos o productos aunque
estén pendientes o se encuentren en pie. También las cosas inmuebles por su destino,
las incorporadas a un inmueble hipotecado, con la conformidad del acreedor hipotecario.
Al hablar de inmuebles por su destino se refiere a los inmuebles por accesión moral.
También se autoriza la prenda de fondo de comercio (art. 11 inc. d).
Prenda flotante: (arts. 14 a 16 del dec-ley 15348) Llamada también hipoteca móvil, fue creada por los
ingleses para obviar las trabas de la prenda fija. Es una garantía que flota sobre todos los bienes del
deudor (normalmente una empresa) sin tocarlos. Es una garantía latente, un hecho circunstancial puede
provocar que dicha garantía, en un momento determinado, tome el bien objeto de ella en la situación y
forma que se encuentran.
Las cosas que sirven de garantía flotante son las mercaderías y materias primas en general que las
empresas comparan para transformarlas en otras cosas.
Debe tenerse presente que el art. 14 regula: «Sobre mercaderías y materias primas en general,
pertenecientes a un establecimiento comercial o industrial, puede constituirse prenda flotante, cuando
tenga por objeto asegurar el pago de obligaciones cuyo plazo no exceda de 180 días. Ese tipo de prenda
afecta las cosas originariamente prendadas y las que resulten de su transformación, tanto como las
que se adquieren a para reemplazarlas, y no restringe la disponibilidad de todas ellas, a los efectos de
la garantía».
De donde surge que: la prenda flotante no puede garantizar una deuda anterior; que debe tratarse de una
industrialización o transformación normal de mercaderías y materias primas, y que el plazo de 180 días es
renovable.
Cláusulas esenciales del contrato de prenda fija: Las determina el art. 11:
- Nombre, apellido, nacionalidad, estado civil, edad, domicilio y profesión del acreedor.
- Iguales datos del deudor.
- Cuantía del crédito, tasa de interés, lugar y manera de pagarlos.
- Particularidades tendientes a individualizar los bienes prendados.
- Especificación de los privilegios a los que estén sujetos los bienes en el momento de celebrarse el
contrato de prenda.
- Especificación de los seguros que existan.
Cláusulas prohibidas: (art. 36) «Es nula toda convención establecida en el contrato prendario que
permita al acreedor apropiarse de la cosa prendada fuera del remate judicial o que importe una
renuncia del deudor a los trámites de la ejecución en caso de falta de pago, salvo lo dispuesto por el
art. 39». El art. 39 se refiere a las ejecuciones administrativas.
La jurisprudencia ha aceptado que se establezcan bases de remate distintas a las previstas por el art. 31.
Registro: Los contratos de prenda deben inscribirse en el Registro Prendario, en el caso de prenda fija en
el del lugar de ubicación de los bienes prendados; en la prenda flotante en el Registro del domicilio del
deudor.
Hecha la inscripción el Encargado deja constancia de la misma en el contrato original y lo devuelve al
acreedor en el plazo de 48 hs.
Al dorso del documento figuran el endoso y la constancia de la cancelación de la deuda, la certificación
de la inscripción de estos dos actos en el registro y también la constancia relativa al traslado de las cosas
prendadas.
Caducidad. Reinscripción
El privilegio del acreedor se conserva hasta la extinción de la obligación principal, pero caduca pasados
cinco años desde el día de la inscripción de la prenda, salvo el caso que se reinscriba el contrato a
solicitud de su legítimo tenedor, dirigida al encargado del
Registro antes de caducar la inscripción (art. 23 dec-ley 15.348).
Cancelación del contrato de prenda
Según el art. 25 la inscripción puede ser cancelada:
- Por resolución judicial.
- Cuando el acreedor o dueño de la cosa prendada lo solicite adjuntando certificado de prenda endosada
por su legítimo tenedor.
- A pedido del dueño de la cosa prendada, adjuntando el comprobante de haber depositado el importe de
la deuda en el Banco oficial más próximo al lugar donde está situada la cosa, a la orden del acreedor (el
Registro notificará la consignación al acreedor por carta certificada dirigida al domicilio que figura en el
contrato para que se oponga a la consignación. Si éste aceptare o no manifestare observación dentro de los
10 días, se lo tendrá por conforme y el Encargado ordenará la cancelación. En el caso de que objetara el
depósito, el Encargado lo hará saber al depositante y al banco para que ponga a disposición de éste la
suma depositada, a fin de promover juicio por consignación).




5.1. El Seguro



5.1.8. Prueba del contrato - póliza
El contrato se instrumenta en una póliza que normalmente se extiende en un solo ejemplar. La ley de
seguros establece que este contrato sólo puede probarse por escrito, pero se admite los demás medios de
prueba si existe principio de prueba por escrito.
Requisitos de la póliza: La ley admite la instrumentación por la póliza que el asegurador entrega al
asegurado y dispone que debe estar debidamente firmada por el asegurador, con redacción clara y
fácilmente legible. Esta exigencia atiende a uno de los aspectos más delicados del seguro: la redacción de
la póliza. El asegurado se encuentra en este aspecto en una situación de desventaja, ya que se le impone
una póliza referida a un contrato de técnica económico-jurídica, sumamente compleja, y en cuya
redacción no ha intervenido. Por ello se resuelve uniformemente en la jurisprudencia que toda cláusula
ambigua u oscura del contrato es interpretada en contra del asegurador.
Se suma a las ambigüedades otro problema propio de los contratos de seguros donde, para reducir espacio
se reduce tanto la letra de las pólizas que se hace prácticamente ilegible. Por ello la ley exige que los
contratos sean emitidos en formularios adecuadamente redactados e impresos (es decir, con letra legible),
aún cuando tal requisito no es cumplido normalmente, conforme consta en la realidad.
Las pólizas deben contener:
- Los nombres y apellidos de las partes,
- El interés o la persona asegurada,
- Los riesgos asumidos,
- La indicación del momento en que los riesgos son efectivamente cubiertos,
- El plazo de vigencia del contrato, la prima o cotización la suma o sumas aseguradas y
- Las condiciones generales del contrato.
La ley expresa que pueden incluirse en la póliza «condiciones particulares». Cabe distinguir entre
condiciones generales, particulares y especiales.
Condiciones generales: son aquellas uniformes, impresas, iguales en todas las pólizas de un mismo
riesgo.
Condiciones particulares: son las que se refieren a los aspectos singulares de cada contrato, diferentes
en cada caso: datos de las partes, determinación del interés asegurado, importe cubierto, prima, duración
del contrato, etc., son habitualmente mecanografiadas aunque pueden estar manuscritas.
Condiciones especiales: son las que se refieren a una determinada especie de cobertura por ej.
condiciones especiales del seguro de robo en casas de comercio, etc.
Estas condiciones también van impresas separadas de las condiciones generales, señalándoselas con
números o letras y aclarándose expresamente que forman parte de las mismas.
Finalmente cabe aclarar que la ley de seguro admite que la emisión póliza sea a la orden o al portador.
Modalidades de celebración: Muchas veces se concreta el contrato a través de un intermediario que se
llama «productor de seguros», que tiene como tarea estimular la oferta, convenciendo de la necesidad de
buscar al amparo del seguro a quienes están amenazados por algún riesgo. Aceptada la sugerencia, se
firma una solicitud o propuesta de seguros; que el productor mismo se encargará de entregar a la empresa
de seguro. El asegurador recibe la propuesta y la estudiará a fin de establecer si la cobertura requerida es
técnica y comercialmente aceptable y dispondrá que se efectúen las averiguaciones o verificaciones del
estado del riesgo (estado del depósito, revisación médica, etc.) luego realizará los cálculos de la prima y
posteriormente la emisión de la póliza. El asegurador podrá revocar la propuesta ya que el contrato de
seguro recién estará concluido con la aceptación de su propuesta por parte del asegurador; esta aceptación
normalmente se realiza mediante la emisión de la póliza (por ello decíamos que el contrato es consensual)
pero en la práctica al asegurado le será muy difícil demostrar esa aceptación mientras no cuente con la
póliza.