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PAUL TILLICH

SIGNIFICADO DE LA IGLESIA CATÓLICA PARA
EL PROTESTANTISMO
El autor es uno de los mayores teólogos protestantes del momento. Su visión del
catolicismo es un indicio de las perspectivas que se abren al diálogo ecuménico.
Die bleibende Bedeutung der Katholischen Kirche für den Protestantismus,
Theologische Literaturzeitung, 87 (1962), 641-48.
1

Caracterización general
El hombre puede experimentar lo Santo de dos maneras: como don y como exigencia:
Santidad del ser y santidad del deber-ser son elementos de toda religión; y según
domine uno u otro tendremos uno u otro tipo de religión.
Si lo Santo es considerado como don, como santidad del ser, tenemos la religión
sacramental. Y si es considerado como exigencia, como santidad del deber-ser, tenemos
la religión escatológica. El primer tipo está representado por el sacerdote, el segundo
por el profeta.
La tesis de nuestro articulo es la siguiente: el Catolicismo es el tipo de cristianismo
sacramental (aunque no le falte el elemento escatológico). Y el Protestantismo es el tipo
de cristianismo profético (aunque no le falten elementos sacramentales): El significado
de la Iglesia Católica para el Protestantismo radica en el vigor con que está representado
en ella el elemento sacramental, que queda débilmente expresado en el Protestantismo,
(esta debilidad constituye su peligro específico).
El Catolicismo ha eliminado desde sus primeros días la tensión de los tiempos
apostólicos, es decir, el sentimiento de que vivimos en el tiempo, breve pero decisivo,
que media entre la primera y segunda venida de Cristo. La Iglesia se establece como
corporificación de la santidad que se hizo presente en Cristo y que es dada al individuo
en los Sacramentos por medio de la Jerarquía. La Jerarquía viene a ser la corporización -
visible e infalible- de lo Santo como don. La crítica profética a la institución es
imposible. La Iglesia no puede ser trascendida por una esperanza escatológica: tiene una
autoridad definitiva en todos los campos, aun profanos, pues lo Santo es el criterio y el
juez de lo profano. El Catolicismo viene a ser así un sistema totalitario que reclama el
dominio sobre la opinión pública. Y en efecto, cuando lo Santo se ha encarnado
visiblemente en un grupo, este grupo tiene una pretensión incondicionada de autoridad.
Sólo el contacto sacramental con él posibilita una relación directa Con Dios.
El Protestantismo representa una protesta profética frente a esta interpretación
sacramental del Evangelio. Lucha contra la clerificación de la primitiva comunidad de
Dios. Y por ello ha de negar la presencia de lo Santo en algún grupo social. La Iglesia
sólo es manifestación de la divinidad para los ojos de la fe. Pero en cuanto organización
visible no tiene autoridad ni poder para procurar la gracia. No puede hacer más que
predicar la gracia -también a sí misma-; y no se arroga la autoridad más que en la
medida en que dirige contra sí misma la crítica profética. No hay autoridad sobre la
cultura privada, ni hay sacerdocio ni jerarquía, ni poder sacramental. Todos son laicos
llamados al sacerdocio. El individuo entra en relación inmediata con Dios, pero no hay
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santos ni monjes porque todos están a igual distancia de Dios,, Majestad, Autoridad y
Santidad únicas.
Estas diferencias se extienden a todos los elementos particulares de ambas religiones.
Pero ninguna de las dos agota todo el significado del cristianismo. La
sobrenaturalización de la estructura sacramental motivó antaño el avance del
Protestantismo; y el vaciamiento y secularización de la estructura escatológica
protestante ha contribuido al vigor actual del Catolicismo.
Para permanecer vivo, el Protestantismo necesita la corriente vivificadora de un
elemento sacramental. El Catolicismo, con sólo existir, despierta en el Protestantismo el
recuerdo de su base sacramental, sin la cual carecería de fundamento toda la actitud
profética. Así el Catolicismo representa la verdad de hecho: que la santidad del ser
antecede a la santidad del deber. Sin la Iglesia sacramental no tendría raíces el
movimiento profético: se convertiría en un activismo cultural o en un utopismo moral.
Dejaría de ser profético y derivarla hacia lo profano. El Catolicismo representa para el
Protestantismo una amenaza constante, que lo libera de caer en un secularismo
superficial aderezado con fraseología religiosa. Esto tiene más aplicación a las formas
antiguas del Catolicismo y al Catolicismo griego, que al Catolicismo romano actual
nacido de la Contrarreforma.

Sacramentalidad de la Iglesia
Como consecuencia de lo dicho le falta al Protestantismo cierta comprensión de la
esencia y el significado de la Iglesia. Y para adquirirla puede servirse de la noción de
Iglesia como Sacramento, acentuada por el Catolicismo. La Iglesia no es la
consecuencia sino la causa de la piedad. No es obra de los piadosos, sino que éstos son
producto suyo. La santidad de la Iglesia no está causada por la perfección moral de la
comunidad, sino que es causa de ella. Ni es la experiencia religiosa del cristiano la que
crea la enseñanza de la Iglesia, sino que la Verdad sobre la que está fundada la Iglesia es
el fundamento de mil experiencias religiosas que no consiguen agotarla.
Es de importancia fundamental para las iglesias Protestantes la idea católica de que la
Iglesia representa la presencia de lo Divino dada con anterioridad a todas las
experiencias de los individuos. Con eso no decimos que el Protestantismo deba aceptar
la deformación mágica de la sacramentalidad de la Iglesia en que ha caído el
Catolicismo (es decir, la identificación entre la organización y la presencia de lo divino,
con la consiguiente pretensión de absolutez). Tal aceptación suprimiría el carácter
escatológico y la actitud profética protestante. Pero sí debemos buscar una nueva
comprensión de la sacramentalidad de la Iglesia, tal como se daba en toda la tradición
católica y en los primeros reformadores que no olvidaron del todo este punto. Lo
principal es reconocer la cualidad de la Iglesia como revelación decisiva de Dios en
Cristo.

El problema de la autoridad
Sólo la Iglesia Católica representa frente a los sistemas políticos autoritarios, un sistema
autoritario religioso. De esto puede aceptar el Protestantismo lo qué hay de
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sacramentalidad en la jerarquía católica, pero no la estructura legalista del sistema
jerárquico. El Derecho Canónico como competidor del Derecho Civil equipara las
autoridades política y eclesiástica, y ha tenido consecuencias catastróficas en algunas
actuaciones políticas del Vaticano. El Protestantismo no puede aceptar lo legal, pero
debe aceptar y reinterpretar lo sacramental de la Iglesia Católica. Debe dar con un
nuevo tipo de autoridad: incluso el mensaje profético debe tener una autoridad como
portadora de él. En Israel los Profetas eran oídos porque absorbían la autoridad de la
Alianza entre Dios y el pueblo. Pero fuera de Israel nadie los entendía. Jesús interpretó
la Ley a partir de la Ley misma, a pesar de que venía a superarla. Las mismas sectas
fueron dependientes de la sustancia cristiana conservada por la Iglesia total de la que se
separaron. Y la interpretación luterana de la jus tificación por la fe sólo tiene sentido
para gentes alimentadas bajo la ley eclesiástica, como eran los pueblos latinos y
germanos. Siempre: el presupuesto de los movimientos proféticos fue la autoridad
sacramental y sacerdotal.
En estos tiempos inseguros se hace sentir el deseo de una autoridad. Y aunque el
Protestantismo no puede reconocer la autoridad infalible de una jerarquía, debe poner de
relieve sus posibilidades estructuradoras y unificadoras, ha de ser capaz de representar
el fundamento inmutable del Protestantismo (el nuevo ser paulino) en símbolos y en
personas, de tal forma que éstos se conviertan para las masas y para los individuos, en
una nueva autoridad.

El valor del símbolo
La desintegración de las masas se manifiesta hoy en la pérdida de vigor de los símbolos
cristianos. Ambas iglesias son responsables de ello: la Católica por haberlos
interpretado mágicamente; y la Protestante por haberlos menospreciado convirtiendo a
veces a la Iglesia en una especie de escuela o en una empresa humanitaria. Es muy
significativo que el culto y el simbolismo de la Iglesia Católica (a pesar de su
degradación en lo mágico y supersticioso) impresione tan vigorosamente el ánimo de
muchos hombres. Y creo que no es exagerado decir que en las iglesias Protestantes ha
nacido ya un movimiento que intenta reentender los grandes símbolos de la primitiva
Iglesia, con ayuda precisamente de la tradición católica.

La Mística
Junto al símbolo católico se da una mística católica. El principio de la mística es una
experiencia de la divinidad por encima de los símbolos religiosos específicos. El
Protestantismo, al entrar en contacto con el racionalismo y el empirismo, desterró el
elemento místico.
Pero, en sí, el Protestantismo no es antimístico, pues la mística es una categoría esencial
de la religión. Y, de hecho, ha habido mística en las formas más puras del
Protestantismo. Frente a la constante negación de la presencia de la divinidad, ninguna
religión puede permanecer viva sin el elemento místico. Es cierto que la protesta
profética predica la distancia entre Dios y el hombre: Pero en el profetismo esta
predicación se hace bajo el presupuesto de la presencia divina: nadie puede hablar de la
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majestad de Dios si no ha sido captado por esta majestad y no ha experimentado su
ineludible presencia.
En cuanto la mística es una obra, un método especial para unirse con Dios, contradice
al principio protestante de justificación por la fe. Pero no toda mística es eso. Y un
Protestantismo en el que no haya sitio para la meditación y contemplación, para el
éxtasis y la unión mística, deja de ser religión y se convierte en un sistema moral e
intelectual, hecho con conceptos religiosos tradicionales.

Razón y Revelación
De todo lo dicho parece deducirse que el significado del Catolicismo para las iglesias
Protestantes radica en los elementos no-racionales. Esta impresión es falsa, pues,
aunque el Protestantismo ha tenido relaciones más fundamentales que el Catolicismo
con las direcciones humanistas y autónomas de la moderna civilización, hay en el
Catolicismo teórico y práctico una racionalidad que a veces falta en la dogmática y ética
protestantes. En primer lugar, podemos aprender mucho de la claridad formal, rigor
lógico y exactitud filosófica de la teología católica. Y en segundo lugar, -y sobre todo-
el Protestantismo debe tomar en serio el intento católico de relacionar Revelación y
razón, aunque sin aceptar la solución heteránoma que da a la Iglesia la última instancia
en metafísica y ética
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, y que es una consecuencia del absolutismo sacramental del
Catolicismo. No se pueden, separar Revelación y razón para. descansar en la falsa
seguridad de una ortodoxia, o en la falsa seguridad de una civilización autónoma. Ni se
puede tampoco disolver la Revelación en, la razón, yendo a. parar a una especie de
humanismo religioso. El Catolicismo aparece como más fuerte, no en la recta solución
del problema, sino en la comprensión de su importancia.
En resumen: no puede haber un cristianismo profético perdurable, sin cristianismo
sacerdotal. No puede vivir el cristianismo escatológico sin el sacramental. Este es el
perenne significado del Catolicismo para las iglesias Protestantes.

Notas:
1
El artículo original está tomado de la edición de las obras completas del autor: PAUL
TILLICH, Gesammette Werke, Evangelisches Verlagswerk, Stuttgart.
2
Ningún católico aceptaría sin más la afirmación de que la Iglesia tiene la última
instancia en metafísica o ética. Pero si una verdad pertenece a la vez a la metafísica y a
la Revelación (como materia o como presupuesto indispensable de ella) la Iglesia podrá
pronunciarse sobre dicha verdad en cuanto teológica, no en cuanto metafísica. Lo que
ocurre es que resulta imposible que una cosa sea, a la vez, verdadera en teología y falsa
en metafísica. (N. del T.)

Tradujo y condensó: JOSÉ I. GONZÁLEZ FAUS