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Friedrich Nietzsche

Filósofo, poeta y filólogo alemán, cuyo pensamiento es considerado como uno de los más
radicales del siglo XX. Nació en 1844 y murió en 1900.Fue profesor en la Universidad pero pronto
se alejara de la docencia, por desacuerdos con la institución académica. Estuvo influenciado por la
cultura helénica Sócrates, Platón y Aristóteles y por el filósofo alemán Schopenhauer, por la teoría
de la evolución y por Richard Wagner.
Escribió muchas obras importantes como Así hablo Zarathustra, El Anticristo, La Gaya ciencia, El
crepúsculo de los dioses, La genealogía de la moral, entre muchas más. Realizo una crítica
exhaustiva de la cultura, la religión y la filosofía occidental. Sus trabajos afectaron a generaciones s
posteriores de intelectuales. Es considerado uno de los maestros de la sospecha, junto con Freud y
Marx.
Propone una ética basada en la autorrealización, destacando dos momentos, el nihilismo y la
crítica a la moral.
Uno de los argumentos fundamentales de Nietzsche era que los valores tradicionales
(representados por el cristianismo) habían perdido su poder en la vida de la gente, lo que llama
nihilismo, expresándolo en su famosa frase Dios ha muerto.
Estaba convencido de que esos valores esclavizaban al hombre, los hacia débiles, los hacia
sumisos. Nietzsche afirmo la necesidad de crear valores nuevos que reemplazaran los tradicionales
y su discusión sobre esta posibilidad evoluciono hasta configurar al hombre por venir, al
superhombre.
Según Nietzsche las masas se adaptan a la tradición mientras que el superhombre es seguro,
independiente. Mide sus pasiones con la razón. Centrándose en el mundo real, más que en las
recompensas del otro mundo, como prometía la religión. El superhombre afirma la vida, incluso el
sufrimiento y dolor que esta conlleva. Este superhombre es creador de valores. Tiene la voluntad
de poder, no solo sobre otros, sino sobre sí mismo, necesario para la creatividad. Criticaba a las
religiones porque encadenaban a sus seguidores a normas universales de ética, el superhombre
tendría el poder de trascender estas normas comunes a la sociedad. La voluntad de poder es
también la voluntad de vivir, de arriesgarse porque la vida aumenta al someterse al medio que la
rodea. La voluntad de poder tiene como base los principios de conservación de la vida y su
aumento. Hay vida porque se conserva y porque aumenta. Lo que el hombre conquista lo tiene
que conservar pero seguir arrojándose a la vida, a las conquistas, sino se muere, se estanca, la
conquista del hombre es un ir más allá constante. Es el deseo constante.
Mientras vivió no reconoció que el superhombre ya existiera, pero puso ejemplos de personas que
servirían como modelos futuros, Sócrates, Jesús, Leonardo da Vinci, Napoleón.
En Así hablo Zarathustra nos cuenta tres transformaciones del espíritu para llegar a ser un
superhombre, un espíritu libre, la transformación del camello en león y del león en niño.
El camello representa el momento de la humanidad que sobreviene con el platonismo hasta la
modernidad, su característica básica es la sumisión y la humildad, el sometimiento, el saber
soportar con paciencia las pesadas cargas, la carga moral del resentimiento hacia la vida. Hay una
metáfora que define el espíritu del camello con la vida regida bajo la religión cristiana, pues esta
vida lleva una carga consigo moral y conceptual, viviendo en un mundo decadente, de pecado, con
la promesa de alcanzar la felicidad como premio de su sumisión a estas normas, en el otro mundo.
El sufrimiento es una de los sacrificios requeridos para alcanzar el paraíso prometido.
En lo más solitario del desierto, lejos de todo lo que lo aliena, de los juicios ajenos, el camello se
transforma buscando la liberación, siguiendo su propio criterio.
El león representa al hombre como crítico, como nihilista activo que destruye los valores absolutos
o establecidos, toda la cultura y estilo vital occidental. Ya no es un animal pasivo que se repliega a
los deseos de otros, ahora se rige bajo su autonomía. Ya no importa el ¨yo debo¨ de la religión.
Sino el Yo quiero. Se independiza moralmente, pero no crea valores nuevos.
El niño: al león le falta más allá de la fuerza descomunal revolucionaria, la inocencia y el poder
olvidar, para iniciar el nuevo comienzo. El niño está aislado de la institucionalidad, se rige por sí
mismo, le da espacio a sus pulsiones. No se preocupa por el ayer ni el mañana, vive el presente.
Representa al hombre que sabe de la inocencia del devenir, vivir sin lo absoluto que imponía la
religión o el estado. Toma la vida como un juego. Es la metáfora del hombre del futuro, el
superhombre.
El superhombre representa esta nueva tabla de valores, pero para hacerlo debe expulsar de su
interior a Dios, se sustituye a este por el hombre. Para esto se requiere la voluntad de poder, de
dominio. Para construir valores propios desde el sujeto, que no estén mediados por las religiones.
El hombre será libre sin las coacciones universales creadas a través de la historia y solo cuando
destruya los marcos que han consolidado la vieja historia el ser humano podrá caminar por sí solo.
Aunque Nietzsche se defina así mismo como antimoralista, propone una ética, una moral distinta,
valores diferentes a los de la cultura occidental para este nuevo hombre que no se identifica con
ninguna clase social, ni con ningún grupo definido biológicamente (hoy demodé), sino que lo
identificamos por su conducta moral:
-Rechaza la moral de los esclavos: la sumisión, la cobardía, la humildad, la mansedumbre, la
paciencia ante el sometimiento, el servilismo, el rencor
-Rechaza la conducta gregaria: detesta la moral del rebaño, de los que siguen a la mayoría, de los
que siguen normas morales establecidas que crean valores
-Crea valores que expresan su peculiaridad, su originalidad y su riqueza
-Vive en la finitud: no cree en realidades trascendentes, ni en Dios ni en destinos privilegiados, no
cree que la vida tenga sentido más allá de la vida misma
-Le gusta el riesgo, las nuevas y difíciles experiencias, para desarrollar su fuerza y espíritu
-Es contrario al igualitarismo, no teme a la diferencia, desarrolla lo propio
-Ama la intensidad de la vida, sus sentimientos y la belleza corporal
El superhombre es el espíritu libre.
En cuanto a la crítica de la cultura que Nietzsche hizo, provenía de un afán pedagógico, un anhelo
de enseñanza y al mismo tiempo de aprendizaje: quien aprende, se dota a si mismo de talento,
pero no es fácil aprender, y quien puede enseñar? Como se llega a ser un buen maestro? Eran
preguntas que le inquietaban en su periodo de iniciación de la docencia. Según el autor, la imagen
que tenemos de esta profesión es la que tenemos de los maestros que tuvimos. En conferencias
de Sobre el porvenir de nuestras escuelas, hablo de la inconciencia del pedagogo en su profesión
por la explotación sistemática del Estado y la formación apresurada de empleados, como
productos de una misma fabrica, inútiles que trabajaran a cambio de un dinero. El objetivo último
de la cultura parecía ser la utilidad o la ganancia, más concretamente. Se podría entender que
para Nietzsche el Estado y la nación son sólo artificios creados con la única intención de enajenar y
someter al individuo y a las masas, al igual que las religiones.
Entiende el hecho de que el Estado cuente con profesores que enseñen sólo aquello que no lo
perturbe y que forme únicamente a seres serviles y sometidos, incapaces de ejercer la menor
crítica hacia lo establecido. En este momento es importante señalar las semejanzas que Nietzsche
ve entre Estado y cristianismo, en cuanto que uno y otro tienden a aniquilar el espíritu y la vida
misma. Sobre este particular, la historia se ha encargado de mostrar la relación simbiótica que ha
existido entre ambos poderes a través de largos siglos.
Nietzsche apelaba por un verdadero modelo pedagógico el cual correspondía únicamente con un
hombre sabio y justo, independiente de las instituciones y consciente de sí mismo, de tal
independencia, decisivo en su lucha por la búsqueda de la verdad y apasionado en su
desenmascaramiento, sin importar los problemas que le ocasionen con sus colegas, porque de un
hombre semejante, con ideales inquebrantables, podría llegarse a aprender algo provechoso.
Para Nietzsche educación es liberación.
Los educadores no pueden ser otra cosa que los liberadores. Y este es el secreto de toda
formación.
Porque quien desea dejar de ser parte del rebaño, debe abandonar la pereza, la comodidad y
tomar conciencia de sí mismo, ser uno mismo, y dejar de ser alienado.
El individuo debe decirse a sí mismo quiero hacer el intento de liberarme y construir mi camino.
Nietzsche intenta decirnos que primero debemos tener una ayuda externa, una educación
académica pero no debe ser cualquier educador, debe ser un educador el cual nos debe liberar de
todo aquello que nos constriña y libere el genio oculto en el interior de cada uno. El educador
debe ser también un personaje libre del Estado y los mandatos políticos inmersos en la educación
dirigida. El educador debe saber descubrir, ver, los dones más sobresalientes de sus discípulos,
para llevar así esa virtud a una madurez y fecundidad.
Nietzsche pretende una transformación del individuo, un cambio de concepción del ser humano a
través de un nuevo concepto de cultura, de la formación de este en las instituciones educativas, la
cual es posible mediante una filosofía critica de la cultura y su concepto de formación.
Nietzsche habla de la evolución hacia el ideal del genio, la creación del genio.
Del pensamiento sobre la educación de Nietzsche, entendemos la crítica al docente en su función
de transmisores de conocimientos validados por un Estado, que los crea como salidos todos de un
mismo molde, con la misma funcionalidad, la de crear alumnos o futuros ciudadanos formateados
para que cumplan las expectativas y sirvan a los intereses de este Estado regulador y controlador.
Sobre los educadores señala que no cualquiera puede cumplir bien ese rol, no todos se atreven a
desafiar al sistema, a no seguir al rebaño, a desestimar el juicio de los propios colegas y lograr
formar un criterio propio, desde donde aliente a los alumnos a no ser parte del rebaño, que los
ayude a poner las cosas en cuestión y sea de ayuda en la exaltación de las virtudes de estos. Lo
que él llama la búsqueda de la evolución de los genios.
Seria, según Sócrates, ponerse en el lugar del anti maestro, de guiar a los alumnos en la búsqueda
de las respuestas por su cuenta, fugarse del modelo de ser el docente tradicional que esperan , no
darles las respuestas, sino que a través de la mayéutica, dar a luz a nuevos conocimientos. Ser un
verdadero maestro emancipador, que abra el dialogo, teniendo la suficiente sabiduría como para
poder hacerlo. Y alejarse de la figura de maestro atontador que pretende muchas veces la
institución.
Para que un docente logre llegar a ser un maestro emancipador debió primero no solo formarse
sino generar un criterio propio de todo, lograr un ensimismamiento, alejarse de la institución, las
normas, las reglas, el currículo para poder pensarse y encontrar nuevos caminos que generen un
cambio en la educación y en la relación maestro -alumno. Y luego llegar a tener una relación con
éllos, ofreciéndose, abriéndose al dialogo, para que el alumno se dé a conocer, generando puentes
(proceso de nostridad). Revisar los discursos establecidos, que como arma de poder, pueden
excluir, los de las instituciones, los de la sociedad y los suyos propios.
Si bien el Estado es la institución que regula nuestra labor y los contenidos, nosotros podemos
buscar otros caminos para relacionarnos con los alumnos, y tener mejores resultados, a pesar de
las normas impuestas.
Trabajar desde la interculturalidad, pero integrando de verdad a la diversidad, no conteniéndola
dentro de la educación pero marginada. Tomar la interculturalidad como algo valioso, como una
herramienta más de trabajo y de saberes. Debemos educar en la interculturalidad, a partir de los
saberes y realidades de los alumnos. Educar en la cultura es educar a vivir entre culturas distintas,
es educar a reconocer la diferencia, para lograr el dialogo. La interculturalidad se refiere a todas
las distintas costumbres, tradiciones, creencias, ideologías, no solo las distintas nacionalidades.
Debemos buscar la forma de educar para una mejor relación entre todas las culturas, y para poder
aprender en este dialogo de diferencias. Rechazar a la variedad equivale a rechazar la identidad
de las personas, a discriminarlas. La interculturalidad no solo se vincula con los contenidos a
enseñar sino en la forma en la cual se enseña. Es importante abandonar el discurso arbitrario que
muchas veces se tiene naturalizado.
Esto desde una revisión de los contenidos, de las fuentes a usar, desde talleres interdisciplinarios,
desde un conocimiento de verdad de los alumnos y su contexto. Valorando las minorías, evitando
formatos arbitrarios, estar preparados para imprevistos, tener posturas ideológicas para poder
defender posiciones, para analizar y recomendar textos, producir gobernabilidad, y seguir
formándose continuamente. Con estas herramientas podríamos salir de ese molde que plantea
Nietzsche, salir de la imagen del educador tradicional que transmite conocimientos, que llena las
cabecitas de los chicos y nada más, sin generar conflictos cognitivos ni pensamientos críticos.
Debemos revisitar nuestro quehacer constantemente, nuestras decisiones, salir del
acostumbramiento, para detectar lo que no vemos cotidianamente para buscar más puentes, una
mejor comunicación y un mejor quehacer pedagógico (la etnografía es la herramienta).También se
debe releer la escuela para reescribirla, salir de la mirada centrada del pasado, de los mitos
fundacionales acerca del maestro, del alumno, del acto de enseñar, para crecer hacia nuevas
interpretaciones que nos arrojen nuevos saberes y nuevas opciones. Buscar indicios que nos
ayuden a elaborar mejores estrategias y nos acerquen a los alumnos.