NOTAS ciada, palabra que llegaba al fondo de la confesión

al fondo del ser, un ser que espera revelarse.7
Podemos considerar este sueño como un testi-
monio de la ambición de Freud en el origen, una
lucha por el reconocimiento, una pasión que se
antepone a todo y tal vez el desamor; pero puestos
sobre el tapete pueden ser leídos yeso hace una
radical diferencia. Es volver a abrir el inconsciente
que tiende a cerrarse tras su mensaje. Un deseo
busca ser reconocido, este es el sentido de un sue-
ño. Darle lugar: He ahí la valentía.
1 FREUD, Slgmund. Prólogo a la segunda edición de "La 1n-
terpretaclÓn de los sueños". Obras completas. Buenos AIres.
Amorrortu Editores, 1979. Tomo IV, pág. 20.
2 Ibtd.. pág. 188
3 La cita es extraída por el mismo Freud del Fausto de
Goethe. Parte I. escena IV.
4 FREUD, op. cü.
5 Ibtd., pág. 190.
6 LACAN, Jacques. Los cuatro conceptosjundamentales del
PsIcoanálisis. Paldós. 1993. pág. 32.
7 LACAN, Jacques. Seminario 1. Los escritos técnicos de ¡¡)-eud.
Paldós. 1953.
***
La violencia
¿ QuÉ PUEDE DECIRSE DESDE EL PSICOANALISIS?
se haya dicho? ¿Se trata acaso de decir algo nunca
dicho?
Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, y
Jacques Lacan, su discípulo más importante -aun-
que no directo-, vivieron las dos cruentas guerras
mundiales. Freud mur1ó en 1939, pero ya había
vivido en carne propia los prolegómenos de la se-
gunda guerra mundial, que concluyen con su exi-
lio y muerte en Inglaterra a la edad de 83 años.
Hay que partir del hecho de que remitir cualquier
manifestación violenta a la existencia de una
pulsión de muerte no es lo único que el psicoanálisis
puede decir. El psicoanalista colombiano Pío
Sanmiguel dice: " ...Si el psicoanálisis no tuviera
más que eso para decir (en el caso de quefuera eso
lo que realmente dijera) no avanzaría mucho más
que quien, no conociendo la explicaci6n de un
fen6meno, convoca las fuerzas de la naturaleza. "I
Es decir, estaríamos en la misma posición del que
dice: -Eso es gen ético -queriendo decir inamovible,
y cierra cualquier discusión.
El Interés de Freud por la agresividad y violen-
cia humanas es anterior a las guerras. si bien en
ellas tuvo ocasión de comprobar lo que por otras
vías descubría acerca del hombre. y presenciar cómo
caían ante sí mismo las ilusiones respecto a la fuerza
integradora de la civilización. Su correspondencia
con Einstein da cuenta de esto.
Lacan, aún psiquiatra, se anexa al psicoanálisis
a partir del enigma de la psicosis y la
locura, pero con relación al crimen
paranoico, a los intentos de crímenes
ya crímenes escandalosos en la Fran- ¡
cia de los años 30's, que tanto habían
interesado también a los surrealistas.
Su aporte primordial es que no se tra-
ta de "constitución biológica"; tanto la
psicosis como el acto criminal están
en el lenguaje, en el universo simbóli-
co común a todos los hombres.
Nuestra inscripción en lo simbólico. en la cultu-
Ubicándonos en el horror de lo que
nos ocurre en Colombia, es inevitable
preguntarse qué efectos puede tener
decir algo desde el psicoanálisis sobre
todo esto. ¿Acaso no se ha dicho sufi-
ciente? ¿Podríamos decir algo que no
La cosecha de los violentos de Alfonso Quljano.
54
"narcisismo de las pequeñas diferencias.
Freud:
ra. es violenta. en cuanto nos es impuesta. En ese
sentido, la violencia es estructural y. por tanto, tal
como lo dice Pío Sanmiguel, no es erradicable. So-
mos introducidos a la vida. Nos pusieron nombres.
nacimos en una familia que no elegimos pero que
debemos adoptar. nos bautizan en religiones. nos
otorgan nacionalidades, etc. Quiere decir que nues-
tro origen está marcado por la violencia.
sea la violencia de la palabra. y de lo que
el Otro hace en nombre de "tu propio bien. "
" Dice
En una ocasión me ocupé del fenómeno [en
'Psicología de las masas y análisis del yo'] de que
justamente comunidades vecinas, y aun muy
próximas en todos los aspectos, se hostilizan y
escarnecen: así, españoles y portugueses,
alemanes del norte y del sur; ingleses y
escoceses, etc. Le di el nombre de «narci-
sismo de las pequeñas diferencias», que
no aclara mucho las cosas. Pues bien: ahí
se discierne una satisfacción relativa-
mente cómoda e inofensiva de la incli-
nación agresiva, por cuyo intermedio se
facUita la cohesión de los miembros de la
comunidad. "3
Esta inofensiva inclinación agresiva,
necesaria para la formación de grupos,
sabemos que puede derivar en el odio
aniquilador más intenso.
Freud
El múltiple e intenso interés por la vio-
lencia, expresado en el arte, la literatura,
la filosofía, no siempre es movido por el
amor al prójimo, que generalmente es lo
que más se odia, sino porque a cada uno
nos concierne, y no precisamente por ha-
ber sido "víctimas": torturados, violados;
es decir, sometidos a lo que generalmente
consideramos violento, sino porque nues-
tra constitución ha sido posible a partir
de la palabra y el deseo del Otro, cuya imposición
original es un acto violento, de donde nuestro ad-
venimiento como sujetos, en el sentido de dejar de
ser objeto para el Otro, no es sin dolor:
En psicoanálisis no nos sirve la teoría de un
instinto criminal y menos aún animal. La violencia
es muy humana, es difícil encontrar actos de
carácter tan horroroso en un animal como los que
un hombre puede llegar a hacer. Tampoco satisface
la explicación de una lucha por la vida o de una
respuesta a la frustración.
Ahora bien. si decimos que la violencia es estruc-
tural. al mismo tiempo afirmamos que no es erra-
dicable. Pero, ¿por qué la imposibilidad de erradi-
carIa? , ¿es que acaso la teoría psicoanalítica es una
apología a la violencia o un culto al pesimismo?
Ciertamente, no es una posición cómoda ir en
contraposición con las teorías en boga del «opti-
mismo» y del «todo se puede».
La familia es una de nuestras instituciones.
donde hemos centrado el recurso de una posible
salvación. Esta estructura soporta una transmisión
primordial de la cultura. Sería un error reducirla a
una dimensión de lazo natural. biológico. La familia
de hoy se ha reducido pero muestra una estructura
sumamente compleja. marcada por los lazos ima-
ginarios que la organizan. Es el lugar de donde
adviene un sujeto. y es el lugar donde germina la
violencia. El complejo de "intrusión "4 del que nos
habla Lacan permite entender que desde el origen
del yo hay en la relación con el otro una tensión
agresiva inherente.
Sobre todo tratándose de estos temas, es inevi-
table que nos cueste poner los pies en la tierra. El
recurso a la idealización, tan propiamente humano,
puede convertirse en obstáculo, nos aleja de actos
consistentes. Recordemos las palabras de Freud
cuando dice:
Las Uusiones nos son gratas porque nos ahorran
sentimientos displacientes y nos dejan, en
cambio, gozar de satisfacciones. Pero entonces
habremos de aceptar sin lamentarnos que alguna
vez choquen con un trozo de realidad y se hagan
pedazos. »2
Específicamente en Lafamilia, Lacan le otorga
un lugar fundamental en la estructuración psíquica
a los celos fraternos. En Las confesiones, san
Agustín lo dice de una manera conmovedora:
La violencia atraviesa los actos y decires huma-
nos, y hasta puede ser pactada como en las guerras.
Incluye las luchas fratricidas, bajo el pretexto de
unas diferencias que a ojos ajenos no son tales,
como pasa en las guerras étnicas y religiosas. Freud
habló en varias ocasiones, precisamente, del
Vi con mis propios ojos y conocí bien a un
pequeñuelo presa de los celos. No hablaba todavía
y ya contemplaba todo pálido y con una mirada
envenenada a su hermano de leche."5
55
Luis Caballero:
Sin título
(1976, técnica mixta
sobre papel, 55 x 75 cm,
colección particular.
Tomada de Luis Caballero,
Bogotá,
El Sello Editorial,
1995.)
Es en el otro en donde capto mi deseo, y es a
partir del Otro que puedo captar mi propia imagen,
al punto del transitivismo, donde no sé si es él o yo,
ya veces es así: -o él o yo.
indaga profundamente sobre el mecanismo sobre
el cual se forman "masas", la función del líder, del
Ideal del Yo, la identificación al rasgo.
Aunque sobre esos fenómenos de masas el psi-
coanálisis arroja luz para su tratamiento, el método
psicoanalítico, en sí mismo, no sirve. "También sería
excesivo afirmar que todos los hechos sociales
requieren la hipótesis del inconsciente para ser
explicados "8 , pero no debe suceder que, porque no
dé respuestas masivas, sea dejado de lado el psi-
coanálisis, puesto que éste toma como objeto lo que
teorías sociológicas han desechado como un resto,
y este resto es lo que "retorna para alimentar nuestra
oscura pasión. 9 " Este es un punto importante. El
psicoanálisis intenta restituir lo que en el hombre
es un desecho, basura, nada, porque cuando esto
es negado o rechazado las consecuencias se hacen
sentir muchas v~ces de manera nefasta.
Pero esta noción de agresividad como intención
y como tendencia inherente a la relación con el otro,
no nos basta para entender todo acto violento, pero
no se puede dejar de lado. pues nos remite a la
identificación como función psíquica fundamental,
que determina el carácter pasional del yo humano
que "no viene ni de la i~agen ni del individuo sino
de la tensión instalada: entre los dos por la iden-
tificación. "6
El hombre quedará marcado por una profunda
pasión: la pasión narcisista de ser un hombre, a la
que Lacan llamó la locura general del ser humano. 7
Es decir, engañado por las imágenes con las que se
identificó, y que lo dejan en una relación de igno-
rancia con su propio inconsciente: él cree que es lo
que dice ser. Será necesaria la "apaciguante" ins-
cripción simbólica (Edipo y castración), para que su
"motor" no sea sólo la competencia y la rivalidad,
sino algo de la realización de un deseo propio. Aún
así, un cierto grado de agresividad, odio y narci-
sismo nos acompañará toda la vida; el acto altruista
(cuando decimos que lo hacemos por el otro) es una
muestra paradógica de esto.
Cuando nos enfrentamos a actos de horror, a la
barbarie, a las masacres ¿No nos parece insuficiente
lo que teorías sociales, económicas podrían expli-
car? ¿No quedamos con la certeza de que hay algo
que se escapa a ese ya todo razonamiento? Se pre-
guntaba lo mismo Jacques Lacan, en su seminario
de 1964: " ¿Qué teoría de la historia puede explicar
el desencadenamiento de una barbarie por la pro-
moción del odio racista tal como se present6 en el
nazismo?"10 ¿Cómo explicar el horror de lo que nos
ocurre? "Se trata de algo profundamente enmas-
carado en la críttca de la historia que hemos vivido.
Se trata, presentificando las formas más mons-
truosas y pretendidamente superadas del holo-
causto, del drama del nazismo... Sostengo que
ningún sentido de la historia, basado en las premisas
hegeliano-marxtstas, es capaz de dar cuenta de ese
El sujeto siempre está en relación con una alte-
ridad, pero cuando hablamos de "masa" o muche-
dumbre, son otras coordenadas las que entran en
juego. No estamos hablando de una simple suma
de sujetos. Freud dedica su texto de 1921 Psicología
de las masas y análisis del yo, a abordar las raíces
inconscientes de los lazos sociales. En este artículo
56
"II
resurgimiento . explicar ciertos fenómenos como, por ejemplo, el
racismo. La psicoanalista francesa Colette Soler,
refiriéndose al problema del racismo, una de las
violencias ejercidas sobre el otro, lo dice así: "me
parece que definir el raciSmo simplemente como el
rechQZo de la d-iferencta no basta, el ráCiSmo de lbS
diScursos en acción no se reduce a un puro problema
de identificación, sino que conciertle a la que en el
diScurso no es lenguaje: es decil; al goce..."13 ,
M. Zafiropoulos y P.L. Assoun (1995) retornan
los efectos de lo que podríamos llamar, siguiendo a
Lacan: oscura pasión del odio. ofrecimiento de un
sacrificio a un dios oscuro. a través de interesantes
trabajos de investigación acerca de lo social sin de-
jar de lado la hipótesis del inconsciente.
Uno de los grandes mitos de la historia del odio
es el mito bíblico, por el cual nacimos de un asesi-
nato: el de Caín sobre su hermano Abel, provocado
por la mirada preferente de Dios. Es casi siempre
ante la mirada de un tercero,(por ejemplo, lafigura
paterna de un colonizador} 'que esta separación
entre dos fratrías encuentra el momento del desen-
cadenamientoasesino. [Una muestra son los Tutsi
y los Hutu en Rwanda, donde una ínfima diferen-
cia se constituyó en la "novela nacional" que justi-
ficÓ el desencadenamiento del odio asesino]. La otra
historia del odio es el de los hijos a un padre tiráni-
co [el mito freudiano de Tótem y tabú, del parricidio
primordial]. Esto demuestra que "el horror no esca-
pa enteramente a la producción discursiva, al regis-
tro de la producción imaginario-simbólica que rige la
formación de un grupo humano en comunidad na-
cional. "12 En donde Freud hablaba de "novela fami-
liar del neurótico", podríamos hablar de "novela na-
cional".
El goce tiene que ver con el odio, esa pasión in-
destructible en el inconsciente. Odio productor de
una satisfacción, pero de una satisfacción nociva,
que puede llevar a la aniquilaciói1 del propio sujeto
en esa pasión. Esta pasión del odio está estre-
chamente relacionada con formaciones yoicas y
narcisistas, que son las que determinan 10 que es
"propio y ajeno".
En el hombre hay pulsiones, y estas pulsiones
muchas veces encuentran satisfacción propinando
daño al otro. Ya Freud. en su libro Malestar en la
cultura. lo comenta del siguiente modo: "La verdad
oculta tras de tOdo esto. que negaríamos de buen
grado. es la de que el hombre no es una criatura
tierna y necesitada de amor; que s6lo osaría dejen -
derse si se le atacara. sino por el contrario. un ser
entre cuyas disposiciones instintivas también debe
incluirse una buena porci6n de
agresividad. Por consiguiente, el
pr6jimo no le representa
únicamente un posible
colaborador y objeto sexual. sino
también un motivo de tentaci6n
para satisfacer en él su
agresividad. para explotar su
capacidad de trabajo sin
retribuirla. para aprovecharlo
sexualmente sin su consen-
timiento, para apoderarse de
sus bienes. para humillarlo,
para ocasionarle sufrimientos,
martirizarlo y matarlo.» El odio
encuentra su objeto precisa-
mente en lo más próximo. en el
prójimo. en lo más semejante.
Aquí tendríamos que decir que
gran parte del odio al Otro es
odio a uno mismo.
Es decir que además de los
conceptos centrales para una
investigación psicoanalítica que
serían: la teoría del narcisismo
(el narcisismo de las pequeñas
diferencias), la teoría de las for-
maciones grupales: rasgo identi-
ficatorio en torno al que se agru-
pan las comunidades, rasgo di-
ferencial con el que se marca al
otro como extranjero que se debe
excluir, estaría uno de los pun-
tos esenciales para una investi-
gación psicoanalítica sobre vio-
lencia: el complejo paterno, in-
cluido su declinamiento, el des-
fallecimiento de la función pa-
terna en la Modernidad, pero
también los estragos de un pa-
dre idealizado (tema muy inte-
resante, que escapa a la inten-
ciÓn de este artículo. )
Por supuesto. también está
el amor. esa otra pasión hu -
mana. la otra cara de la misma
moneda con su tendencia unifi-
cadora. en donde el prójimo se
Luis Caballero: SIn título ( 1977 ,litografia 44
X 30 cm, colección particular. Tomada de Luis
CabaUero, Bogotá, El Sello Editorial, 1995.)
El "narcisismo de las peque-
ñas diferencias" no basta para
57
presenta como una de las puntadas con las que
anudamos nuestra estructura. con la que sopor-
tamos la vida. pero a veces. tal vez muchas veces.
es insuficiente para contraponerse al odio.
"De nuestra posición de sl{jetos somos stem¡.;1 i:
responsables. "16 y en esto el psic'..'~nálisis puede
aportar mucho para una investigación sobre la vio-
lencia: "allí donde es llamado para poder decir algo
sobre el sujeto, aquel que casi todos excluyen en
defensa de los derechos individuales. en la protección
del menor; en los de la mujer; en lo de los pobres.
etc.17
Nuestra modernidad es portadora de paradojas:
la expansión del discurso de la ciencia aparejada
con un resurgimiento fuerte de las religiones: "La
religión restaura el sentimiento de dignidad del hom-
bre, estropeado por la conciencia de su impotencia
frente a la naturaleza yjrente a su destino. "14 Pero
su potencia también es insuficiente. La cultura con
sus ideales y exigencias también empuja al desen-
cadenamiento típico de las patologías de hoy: pato-
logías depresivas. todo tipo de estrategias narci-
sistas para suplir las fallas que se soportan menos
cada vez sin recurrir, por ejemplo. a los tóxicos.
El discurso analítico opera sobre las cons-
trucciones fantasmáticas, imaginarias, lo que llamó
Freud "novela familiar del neurótico": apunta a su
atravesamtento, podríamos decir, a su caída. Esto
es, está en condiciones de proponer alternativas
(por sus efectos, más que por sus objetivos) a los
aparentes callejones sin salida de los sujetos. Eso
sí, uno por uno: ésa es su eficacia. No actúa sobre
lo colectivo, no ofrece una alternativa política. Pero
con su acción puede dar cabida a nuevas inven-
ciones, contribuir para sacar a la luz el no querer
saber de las estructuras colectivas estructuradas
en las fantasmagorías neuróticas (a veces perversas
y paranoicas),lB verdaderas "novelas nacionales."
Lo anterior podría abrirnos una vía para cons-
truir palabras sobre la violencia, sin caer en faci-
lismos engañosos, lo que es muy difícil en un país
donde tanto se dice, sin que se pueda salir de ciertas
expresiones estereotipadas [ de las que escapan
como siempre una minoría) entre ellas las de la con-
miseración, en donde se establece un culto por las
víctimas, "víctimizando" a todos los «actores del con-
flicto», lo que puede traer como consecuencia la no-
responsabilización de los sujetos. Aquí cabe recor-
dar el pedido de Althusser de no ser declarado inim-
putable (en este caso por enfermedad psiquiátrica)
por el asesinato de su mujer, sino de ser juzgado
como cualquiera. Es decir, es un alivio para el sujeto
reponsabilizarse de sus actos.
Aunque no tenemos respuesta para todo, como
no las tuvo Freud, ni Lacan, estamos abocados a
"bordear" ese real silencioso de la violencia, que no
se puede sImbolizar ni imaginarizar completamente.
"Bordear", también es un concepto pilar en el psico-
análisis. Es tomado de la topología. Alude a un ro-
deo necesario para lo que se presenta como incom-
prensible, inasible, inabordable; rodeo que es insu-
ftciente pero deseamos que no sea impotente. Nue-
vamente, Sanmiguello dice de esta manera: «La vio-
lencia no nos interesa hoy en el vacío, sino en la
medida en que nos acompaña aquí mismo, en todo
momento, sentada a la mesa o en la menor correría.
Es un amigo fiel, una sombra, es lo que intentamos
bordear; abordar sin lograrlo hoy. A eso le llamaré lo
real de la violencia, lo inabordable, lo que se nos
queda en el tintero a pesar de tanta palabrería..19
En todas las manifestaciones de la violencia. lo
que es innegable es que hay un goce que tiende a
perpetuarlas. Goce que no es sólo del que agrede
sino del agredido. pero esto sólo puede ser escla-
recido en el caso por caso. No todo lo relacionado
con la violencia puede ser puesto en el mismo saco.
Hay diferencias en la posición subjetiva. por
ejemplo entre un torturado y un maltratado. El psi-
coanalista antioqueño Héctor Gallo. en su libro Usos
y abusos del maltrato (1999). plantea estas dife-
rencias. En la tortura. el torturado no tiene opción.
en cambio en el maltrato sí; en el maltrato no existe
esa obligación de confesar una «verdad». y en su
misma condición podría oponerse al maltratante:
«Si el maltratado no es un niño completamente de-
samparado o un anciano completamente indefenso.
tiene oportunidad de oponerse a su condición de
víctima. poniendo en cuestión su vínculo y haciendo
valer sus derechos. "15
NOTAS
1 SANMIGUEL, Pío. "Consideraciones previas al estudio de la
violencia", en Revtsta Colombtanade Psicología, N°2, 1993. Uni-
versidad Nacional de Colombia, p. 83.
2 FREUD, Stgmund. "De guerra y muerte. Temas de actuali-
dad." Obras Completas. Amorrortu Editores. Tomo XIV.
s FREUD, Sigmund. El malestar en la cultura. Amorrortu Edi-
tores. Tomo XXI.
4LACAN, Jacques. LajamUta. Horno Sapiens. 1964.
5 Cita traducida por José Diego Salazar, que difiere de las
versiones castellana y francesa de LajamUta.
6 SALAZAR, José Diego. Para una lectura de Jacques Lacan
(documento interno), 1999, p. 83-84.
58
7 LACAN .Jacques. .Acerca de la causalidad psíquica. " Escri -
tos 1. México. Siglo XXI. 1989. p. 177 -178.
8 CEVASCO, Rithée; ZAFIROPOULOS, M. Odio y segregaci6n en
«Freudlanw. Paidós. 1996. Escuela Europea de Psicoanálisis. po
63. Investigadores del CNRS/Unlversldad de Picar die.
9 Ibíd.. p. 70.
1°ldem.
11 LACAN. Jacques. Cuatro conceptos fundamentales del pst-
coanáltsts. Buenos Aires. Paidós. 1993. p. 282.
12 CEVASCO y ZAFIROPOULOS, op. cit.. p. 66.
13 SOLER, Colette. en Freudlana.
14 MILLOT .Cathertne. Freud anttpedagogo. Paidós. 1982. p.
130-31.
15 GALLO. Héctor. Usos y abusos del maltrato: Una perspecti-
va psicoanalítica. Universidad de Antloquia. Departamento de
Psicoanálisis. 1999.
16 LACAN .Jacques. "La Ciencia y la Verdad". Escritos II. Siglo
XXI Editores.
17 GALLO. Héctor. op. ctt.
18 CEVASCO y ZAFIROPOULOS. op. cit.
IgSANMIGUEL. Pío. Ibíd. p. 84.
Psicoanálisis y educación
¿QuÉ HAY DE(L) PSICOANÁLISIS EN LA EDUCACIÓN?
nación ni a su dominio ),
propone dejarlas derivar
hacia salidas socialmente
aceptables, que es a lo
que él llamó sublimación,
pero sobre la que, sin em-
bargo, no se puede poner
demasiado optimismo,
porque en ella no se
puede mandar, ya que no
es una cuestión de volun-
tad.
En esta época ( 1907)
ubica entre los factores
que favorecen las neuro-
sis una "severidad ino-
portuna e indiscrimina -
da" sobre todo en lo con-
Jean-Baptlste-Siméon Chardin ( 1699-1779): Lajoven cerniente a la sexualidad
maestra de escuela. Natlonal Gallery, Londres. , .
que trata como conse-
cuencia una pérdida de
eficacia en el proceso de educación y en la capa-
cidad de placer. Con ocasión del suicidio de un ado-
lescente en la Viena de 1912, emprende una crítica
severa a la escuela media: "La escuela media tiene
que conseguir algo más que no empujar a sus
alumnos al suicidio; debe instüarles el goce de vivir
y proporcionarles apoyo, en una edad en que por
las condiciones de su desarrollo se ven precisados a
aflojar sus lazos con la casa paterna y lafamUia.
Me parece indiscutible que no lo hace y que en mu -
chos puntos no está a la altura de su misión de
brindar un sustituto de lafamUia y despertar interés
por la vida de afuera del mundo. No es este el lugar
para emprender una critica de la escuela media en
su conformación presente. Pero acaso estoy au-
Es explicable que se qui-
siera "hacer algo" en el
sentido de la educación,
con todo lo que el psico-
análisis descubría y po-
nía sobre el tapete en los
comienzos del siglo XX.
El planteamiento de
Freud sobre la sexuali-
dad infantil y su relación
con el inconsciente, la
importancia del esclare-
cimiento sexual del niño,
lo traumático de 10 real
del sexo, conllevaba a la
siguiente pregunta: ¿có-
mo serían los adultos en
los que de niños, en su
educación, se hubiese te-
nido en cuenta su sexua-
lidad, su curiosidad se-
xual? En últimas, ¿cómo
sería un sujeto con menor represión? ¿Implicaría
menor sufrimiento psíquico?
Hubo intentos de muchos analistas, por ejemplo
los del pastor protestante Pfister, hombre pro-
fundamente convencido de la importancia del psi-
coanálisis en la educación, y los de la propia hija
de Freud, Ana, quien intentó un acercamiento del
psicoanálisis a la pedagogía. El mismo Freud,
experimentó al comienzo un entusiasmo por estas
ideas. Reconoció en un comienzo "el mal" del niño,
contrariamente a las teorías que proponían su ..bon-
dad" natural, pero lejos de proponer una extirpación
de las malas inclinaciones (indestructibles, de todas
formas, puesto que "forzar" no conduce ni a su elimi-
59