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PROCESOS DE SUBURBANIZACIÓN EN EL ÁREA DE INFLUENCIA
METROPOLITANA DE LA CIUDAD DE MEDELLÍN
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Ángela Milena Alzate Navarro
Escuela de Planeación Urbano-Regional
Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín
angela.alzate@yahoo.com

Mesa: Metropolización, ciudad y región
Introducción
En el contexto nacional, la Ley 388 de 1997 de Desarrollo Territorial en la
clasificación del suelo municipal asigna, dentro de la categoría del suelo rural, la
subcategoría del suelo suburbano para delimitar las áreas en donde se mezclan
los usos urbanos y rurales; el artículo 34 que define el suelo suburbano dice:
“Constituyen esta categoría las áreas ubicadas dentro del suelo rural, en las que
se mezclan los usos del suelo y las formas de vida del campo y la ciudad,
diferentes a las clasificadas como áreas de expansión urbana, que pueden ser
objeto de desarrollo con restricciones de uso, de intensidad y de densidad,
garantizando el autoabastecimiento en servicios públicos domiciliarios, de
conformidad con lo establecido en la Ley 99 de 1993 y en la Ley 142 de 1994.
Podrán formar parte de esta categoría los suelos correspondientes a los
corredores urbanos interregionales”.
“Los municipios y distritos deberán establecer las regulaciones complementarias
tendientes a impedir el desarrollo de actividades y usos urbanos en estas áreas,
sin que previamente se surta el proceso de incorporación al suelo urbano, para
lo cual deberán contar con la infraestructura de espacio público, de
infraestructura vial y redes de energía, acueducto y alcantarillado requerida para
este tipo de suelo”.
Sin embargo, esta definición de ley es muy general para comprender la
problemática asociada a la suburbanización que trasciende los límites definidos en

*
Investigación presentada como tesis de maestría para optar al título de Magíster en Estudios Urbano-
Regionales de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín.
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el Plan de Ordenamiento Territorial, incluso trasciende en muchos casos las
fronteras político-administrativas que delimitan los entes territoriales.
La suburbanización no debe ser entendida como un proceso homogéneo e igual
en todo el territorio nacional pues nuestra realidad se inscribe en un país diverso;
la ruralidad es una manifestación de dicha diversidad. Cuando se estudia el
fenómeno de la expansión urbana en entornos metropolitanos en su complejidad
se pueden identificar procesos de suburbanización; por ejemplo, las parcelaciones
campestres, los asentamientos de origen campesino que no dependen
exclusivamente de las actividades rurales tradicionales, equipamientos y grandes
infraestructuras, servicios y comercio, y el turismo metropolitano, entre otros usos
característicos de este tipo de desarrollos territoriales que son considerados una
transición entre el mundo urbano y el mundo rural.
Por el contrario a la situación anteriormente descrita, la ruralidad de municipios
pequeños con poblaciones inferiores a los 15 mil habitantes y apartados de las
grandes aglomeraciones urbanas, se inscriben bajo dinámicas de características
más rurales que urbanas y en estos contextos lo que podría ser considerado como
procesos de suburbanización, probablemente corresponde a fenómenos de
ocupación del territorio muy distintos a los presentados en los entornos
metropolitanos y denominados por ley de la misma manera; por ejemplo, un
municipio como Sipí en el departamento del Chocó que cuenta con 3.481
habitantes (Censo DANE, 2005) y sólo 293 de ellos están en el área urbana,
delimitada en el Esquema de Ordenamiento Territorial, en donde la ocupación de
sus habitantes está asociada a las actividades productivas primarias o a la
minería; son territorios rurales en donde la definición de urbano es forzada por
lineamientos legislativos, pero que no corresponde a los modos de vida y de
apropiación del territorio. Estas diferencias se pueden encontrar en otros lugares
dentro del territorio nacional y en diversas magnitudes.
Actualmente en nuestro país, los instrumentos de planificación y gestión territorial
se conciben principalmente para los suelos urbanizados (suelo urbano) y
urbanizables (suelo de expansión urbana), dejando grandes vacíos y
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desequilibrios ambientales en la ordenación y planificación de las áreas
suburbanas.
Los planes de ordenamiento territorial que definen las acciones sobre el territorio
municipal, reglamentan el suelo suburbano en términos de densidades
habitacionales, tamaño de predios, alturas y normas constructivas; no obstante, no
se reconocen mecanismos de gestión territorial adecuados a su naturaleza
ambigua urbano/rural. Sólo hasta hace poco, el Gobierno adoptó el Decreto 3600
de 2007 y el Decreto 4066 de 2008 para regular el ordenamiento del territorio rural
con énfasis en procesos suburbanos; pese a esto, falta la aplicación de la norma y
su evaluación en el tiempo para analizar su congruencia con las dinámicas de
ocupación del suelo.
Ante la escasez de instrumentos de planificación y de gestión para el
ordenamiento territorial y el desarrollo adecuado de las áreas suburbanas, existen
dos retos; el primero, plantea la regularización e intervención de los asentamientos
suburbanos existentes; y el segundo, la proyección de las áreas suburbanas
futuras y las condiciones urbanísticas, ambientales y normativas bajo las cuales
deben desarrollarse para prevenir nuevos desarrollos no planificados y orientar de
manera adecuada y sostenible la ocupación del territorio. En este último reto se
ubica la preocupación de esta investigación, pues está directamente relacionado
con el fenómeno de la metropolización que conlleva, entre otros procesos, a la
expansión urbana descontrolada que hasta el momento se ha materializado bajo
incipientes procesos de planificación; en este sentido, los instrumentos de
planificación y gestión son insuficientes, inoperantes o inexistentes en algunos
casos.
En esta investigación interesa entender el fenómeno de la expansión suburbana,
tomando como caso de estudio la formación de las áreas suburbanas próximas a
centros metropolitanos, y como caso puntual, el valle de Aburrá donde se localiza
Medellín como ciudad principal.
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El surgimiento del fenómeno suburbanizador en el proceso de expansión de
la urbanización
Históricamente la ciudad es resultado de las múltiples prácticas sociales,
económicas y políticas, intensivas de ocupación sobre un territorio determinado,
que tiene una consecuencia físico-espacial: La urbanización. Los espacios
naturales son ocupados, apropiados, cualificados y artificializados hasta lograr una
transformación físico-espacial a través de las dinámicas antrópicas; el espacio
“nuevo” se convierte en soporte de dichas prácticas, estableciendo territorios
urbanizados.
Inicialmente, la ciudad se concibió dentro de unos límites precisos con una clara
diferencia físico-espacial, desde la geografía, y de modos de vida, desde la
sociología, el nombre de esta diferencia fue campo/ciudad (Agudelo, 2002). Esta
dicotomía permaneció durante mucho tiempo. Aún hoy, esta diferencia es evidente
en las dinámicas de ocupación territorial pese a su origen en los planteamientos
urbanísticos del siglo XIX, cuando en España, Ildefonso Cerdá introduce los
términos urbanizar y rurizar (1861; citado por Soria y Puig, 1996) para denominar
los fenómenos de ocupación territorial asociados a la ciudad y al campo
respectivamente.
Sin embargo, a partir del siglo XIX, las fronteras entre el campo y la ciudad
empiezan a volverse difusas, como consecuencia del crecimiento acelerado de las
ciudades hasta alcanzar umbrales inesperados en la urbanización de suelos que
antes eran rurales; este crecimiento desbordado ha generado preocupaciones
sobre diferentes temas y ha permitido la apertura de nuevos campos de reflexión y
exploración dentro del urbanismo y la planificación para abordar las nuevas
manifestaciones del fenómeno urbanizador.
Entre los siglos XIX y XX, el crecimiento acelerado de las ciudades, iniciado en el
siglo XVIII después de la Revolución Industrial, y sus consecuencias socio-
económicas, político-administrativas y físico-espaciales, conlleva a una búsqueda
teórica intensiva para analizar y proponer soluciones al fenómeno urbano
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expansivo. Como aporte a estas preocupaciones Ildefonso Cerdá, en Barcelona,
introduce el término “urbanización” entre 1860 y 1861*. En este período se abre un
un espacio de reflexión sobre el fenómeno de expansión urbana, con una
multiplicidad de enfoques, para entender y planificar los procesos de ocupación
del territorio.
A partir del siglo XVIII, en los procesos de ocupación del suelo se ha presentado
un aumento histórico de las aglomeraciones urbanas, la concentración y la
expansión de la urbanización formalizan la ocupación del territorio. No obstante,
este fenómeno perdería valor si hablamos de él en términos generales, y si
desconocemos las particularidades de cada continente y dentro de estos las
subdivisiones en tendencias e intensidades. Los países llamados desarrollados
localizados en Europa, Norteamérica y parte de Asia, tienen características físico-
espaciales de ocupación territorial diferentes a los países de América Latina; parte
de esta diferencia puede estar en las condiciones socio-económicas, culturales,
políticas y tecnológicas, entre otras, de ambos grupos. Por lo tanto, el fenómeno
de aumento de las aglomeraciones urbanas en América Latina debe ser analizado
desde la esencia de sus propias dinámicas y no bajo los mismos conceptos que
sustentan este fenómeno en los países desarrollados. Sin embargo, las
reflexiones sobre el proceso expansivo de los países denominados “desarrollados”
sirven como base para iniciar la discusión sobre el fenómeno de concentración y
expansión urbana en América Latina.
Las ciudades europeas y posteriormente las ciudades norteamericanas son las
primeras en afrontar el fenómeno de crecimiento urbano acelerado; por lo tanto, se
convierten en los primeros laboratorios urbanos para comprender y analizar los
procesos de expansión de la urbanización. Este fenómeno de crecimiento
acelerado en las ciudades latinoamericanas tarda más tiempo en empezar, pero
durante el siglo XX, experimenta una explosión del crecimiento urbano no

*
El término “urbanización”, luego es traducido a otras lenguas. Cerdá dedicó su vida a los estudios urbanos y “bautizó la
obra de su vida como Teoría General de la Urbanización” (Cerdá, 1861; citado por Soria y Puig, 1996: 23).
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equiparable con ningún caso anterior: Sao Paulo, Ciudad de México, Buenos Aires
y Río de Janeiro son los principales ejemplos latinoamericanos (Arango, 2007).
El proceso de expansión de las ciudades no es estático; está en continua
transformación, y dentro de estas dinámicas de cambio, se pueden identificar
etapas o momentos de evolución. Sin embargo, existen posturas como la de
González (entrevista personal, marzo de 2008) que cuestionan la caracterización
del crecimiento urbano por etapas de las ciudades latinoamericanas, porque
toman como punto de referencia los modelos europeos y norteamericanos bajo un
enfoque positivista, generalizador y lineal que no coincide con la realidad y la
particularidad de cada ciudad o fenómeno urbano; pues, los casos
latinoamericanos son analizados desde el enfoque de los países desarrollados,
distantes de nuestra realidad, la cual está inscrita en un contexto histórico
particular. No obstante, el crecimiento de la ciudad como fenómeno urbano
mundial atraviesa por unos momentos históricos generales, no necesariamente
lineales, pero que permiten construir un esquema general para aproximarnos al
análisis del fenómeno. Los estudios sobre el crecimiento urbano de grandes
conglomerados en cualquier contexto, necesariamente se ven avocados a
analizar, de manera implícita o explícita, varios momentos del desarrollo urbano,
entre ellos: la creación del asentamiento y el poblamiento inicial que constituye el
proceso de consolidación urbana, el fenómeno de metropolización (conurbación) y
las interrelaciones regionales; luego, dentro de cada uno de estos momentos, las
condiciones históricas específicas, las tendencias, las causas y las consecuencias
conllevan a la especificidad del desarrollo de cada fenómeno urbano.
En este sentido y para aproximarnos al fenómeno del crecimiento y la expansión
urbana se toma como punto de referencia el planteamiento sobre los momentos
del proceso de expansión urbana que presenta Jan Bazant en su estudio
“Periferias Urbanas: Expansión urbana incontrolada de bajos ingresos y su
impacto en el medio ambiente” (2001) realizada en la Zona Metropolitana de
Ciudad de México; este caso es pertinente por estar dentro del contexto
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latinoamericano que permite hacer una comparación más cercana con el área de
influencia metropolitana de la ciudad de Medellín.
A continuación se presenta una tabla con el resumen de los tres momentos del
crecimiento urbano para el contexto latinoamericano y para los países de Europa
Occidental y Norteamérica.
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EVOLUCIÓN DE SUBURBANIZACIÓN COMO FENÓMENO Y COMO CONCEPTO
EN EL PROCESO DE EXPANSIÓN URBANA
FENOMENOLOGÍA CONTEXTO HISTÓRICO Y TEORÍA
SEPARACIÓN URBANO
RURAL Existen dos opciones de
modos de vida: urbana y rural.
Baja densidad habitacional en las
áreas próximas a la ciudad.
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Aparición de las primeras
PERIFERIAS URBANAS
como extensión de la ciudad.
Problemática urbana en las periferias
de insalubridad y desorden con
respecto al orden precedente.
Ruptura entre el sueño y la realidad.
Surgimiento de los primeros suburbios
de clase media en Europa Occidental.

URBANIZAR – RURIZAR
Términos introducidos por Ildefonso Cerdá para identificar los dos
fenómenos de ocupación territorial relativos a la ciudad y al campo
(Barcelona).
Critica a la ciudad producto de la industrialización enmarcado
en corrientes filosóficas como el positivismo, el romanticismo, el
marxismo y el socialismo. Industrialización
Anhelo, sueño y aspiración de la tranquilidad de la vida
rural (desde una perspectiva utópica e imaginaria que no
correspondía con la realidad del campo y del campesinado). Aunque,
se reconocen ciertos beneficios de la vida urbana.
MODELOS ALTERNATIVOS: Una fusión entre los dos
modos de vida operantes, negación de la ciudad y del campo. Se
busca la construcción de un modo de vida sano y equitativo. La
CIUDAD-JARDÍN de Howard aparece como uno de los modelos de
organización socio-económico y físico-espacial ideal a estas
aspiraciones; naturalismo norteamericano. Utopistas (comunismo
primitivo): Owen (comunidad de bienes, cabet: colonias comunitarias),
Fourier (Falasterio, centros de cooperación y armonía), y Howard
(Aymonino, 1972).
El proceso de conurbación hace evidente el rol de la
SUBURBANIZACIÓN en la expansión urbana, y ambos
fenómenos surgen como términos.
El fenómeno suburbano en un inicio fue visto como la etapa anterior a
la urbanización en la evolución de las ciudades (Geddes, 1915). El
concepto de suburbanización fue elaborado para describir la
problemática específica del crecimiento de las periferias de las
antiguas ciudades afectadas por este proceso (Barreto, 2003). En un
inicio el término tiene una connotación negativa
(periurbanización).
Denuncia de la problemática ambiental de los asentamientos
suburbanos (Geddes, 1915).
Resignificación de la suburbanización en las ciudades
norteamericanas (suburbios). Rescate del sueño naturalista del siglo
XIX, pero en la aplicación se cambian principios.

Norteamérica: Surgen los
suburbios de clase media y media-
alta. La creación más reciente de las
ciudades norteamericanas facilita la
conformación de los suburbios como
laboratorios de los utopistas, aunque
en la aplicación responde más a las
lógicas socio-económicas del
capitalismo.
Latinoamérica: Surgimiento de la
ciudad informal, marginamiento,
segregación socio-económica y físico-
espacial (periurbanización).
’Estallamiento’ o ‘dispersión’ de la
ciudad latinoamericana, conurbación,
sistemas de conectividad regional.
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Norteamérica: Crisis de los suburbios
a partir de los años 80’s
aproximadamente.
Latinoamérica: Empobrecimiento del
campo y aumento de la ciudad
informal. Surgimiento de los suburbios
de clase alta, a partir de los 90’s, y
conflicto con los asentamientos
suburbanos preexistentes que
continúan creciendo. Aparecen
nuevos usos en el suelo rural
diferentes a la vivienda y a los usos
tradicionales complementarios a esta
como los malls comerciales, los
parques industriales, las grandes
infraestructuras, etc.
Suburbio norteamericano: connotación de prestigio / suburbio
latinoamericano: connotación negativa.
Al complejizarse las dinámicas de ocupación y de uso del suelo rural,
se amplia el estudio de estas en el marco de: LA NUEVA
RURALIDAD, surgen múltiples enfoques y términos para analizar
el fenómeno.
De la teoría se pasa a la reglamentación jurídica del ordenamiento y
ocupación del suelo rural, En los últimos años en Colombia se
intensificado esta reglamentación como respuesta a los conflictos
socio-ambientales generador por las prácticas inadecuadas de
ocupación de los territorios rurales cercanos a los conglomerados
urbanos o metropolitanos.
Debate entre los modelos de ocupación territorial: CIUDAD
COMPACTA Y CIUDAD DISPERSA.
Mapa conceptual síntesis: OCUPACIÓN TERRITORIAL
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MOMENTOS CRECIMIENTO
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Ilustración 1. Mapa conceptual síntesis: Ocupación Territorial
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Caracterización actual de la suburbanización
La suburbanización se desarrolla inscrita en la relación sistémica de tres variables:
económicas, sociales y urbanas (Delgado, 2003). En América Latina, la
suburbanización se ha desarrollado bajo esta lógica, pero con particularidades de
cada contexto.
En el marco de la globalización, los países latinoamericanos no han sido ajenos a
las políticas de búsqueda de ciudades competitivas con el propósito de afrontar las
exigencias del mercado globalizado y para no quedarse relegados frente a los
demás países. Dentro de este contexto, se ha generalizado y acelerado el proceso
de suburbanización en las áreas metropolitanas de América Latina, en muchas
ocasiones, a través de procesos espontáneos no planificados, conllevando a
desarrollos territoriales sin una estructura planificada y coherente con el medio
natural, y generando grandes desequilibrios ambientales entre los subsistemas,
natural y antrópico. Aunado a lo anterior, la tendencia a la regionalización, ante la
necesidad de crear sistemas de intercambio, y las posibilidades de interacción que
ofrece los avances tecnológicos, agudiza el fenómeno de suburbanización.
Asociado a los procesos de suburbanización, las tendencias actuales del
ordenamiento territorial, localizan en los suelos rurales parte de los usos
industriales, comerciales y de servicios, esto conlleva a una difusión económica
(Delgado, 2003), reduciendo y reconfigurando el sector primario que abastece de
alimentos y materias primas al centro urbano.
Uno de los efectos territoriales más visibles en los procesos de difusión económica
es el cambio masivo de usos del suelo; aparecen nuevos usos, que hasta el
momento habían sido exclusivos del suelo urbano, y se reduce el espacio para los
usos rurales tradicionales cambiando las condiciones de su desarrollo. La
industria, el comercio, los servicios, los grandes equipamientos y la masificación
de la vivienda campestre o vivienda de recreo que atiende parte de la demanda
del turismo metropolitano, son los nuevos usos que mayor impacto generan en las
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áreas que antes fueron rurales, y que se transforman en áreas suburbanas ante la
coexistencia de lo rural y lo urbano.
En los últimos años, la fuerte intervención del mercado inmobiliario, favorecido por
el poco control de las Administraciones Locales, ha intensificado el proceso de
suburbanización en los entornos metropolitanos por una especie de burbuja
inmobiliaria global: las parcelaciones campestres, los centros empresariales y de
negocios, los equipamientos recreativos y educativos, y los malls o centros
comerciales, han transformado gran parte del paisaje rural metropolitano. Esta
mercantilización acelerada del suelo rural, sumada a las grandes obras de
infraestructura urbanística, principalmente de movilidad y servicios públicos, ha
incrementado considerablemente el valor de la tierra. No obstante, las
Administraciones Locales no han obtenido mayores beneficios de este mayor
valor, y por el contrario, han tenido que financiar el desarrollo de las
infraestructuras urbanísticas para espacios suburbanos que constituyen enclaves
muy costosos de mantener (seguridad, vías, servicios públicos, etc.).
La situación mencionada es consecuencia de la falta de una reglamentación
integral, que considere unos procesos de planificación y programación de los
nuevos desarrollos territoriales, una regularización de lo existente, unos
instrumentos eficientes para captar recursos que financien el desarrollo territorial,
y unos mecanismos de control que garanticen el cumplimiento de los objetivos.
En ocasiones, las nuevas actividades ejercen mayor presión sobre los usos
tradicionales, ocupando las mejores tierras cultivables con otros usos y
desplazando la actividad agrícola hacia lugares inadecuados, poco productivos y
con precarias condiciones de infraestructuras colectivas, entre ellas de movilidad y
abastecimiento de servicios públicos. Las consecuencias más visibles son la
fragmentación de los usos, y los conflictos que se generan, ante la pérdida de
valores del medio natural por la demanda y abastecimiento de los nuevos usos,
sin un proceso previo de planificación integral ni bajo parámetros de sostenibilidad
ambiental.
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Estas dinámicas están asociadas a una reconfiguración demográfica que conlleva
a una difusión social (Delgado, 2003). Los habitantes tradicionales, generalmente
campesinos, se ven sometidos a una transformación de su hábitat alterando sus
modos de vida, como consecuencia, parte de estos emigran hacia otros lugares,
otros continúan en las actividades tradicionales, y otros se ocupan en los nuevos
usos, frecuentemente con bajas remuneraciones económicas; por lo general,
estos nuevos usos no mejoran la calidad de vida de los habitantes tradicionales.
En cuanto a la nueva población asociada a los usos no tradicionales del suelo
rural, generan unas dinámicas temporales distintas, una parte importante de ésta
corresponde a una población transitoria que hace uso, principalmente, de los
servicios, el comercio y de las viviendas de recreo; otros habitan las viviendas
campestres, pero no establecen mayores relaciones con las actividades rurales
tradicionales; y otros se emplean en las nuevas actividades, pero viven en la zona
urbana o en otro sector y diariamente se desplazan hasta el lugar de trabajo.
La nueva población genera altas demandas de servicios públicos y de
infraestructuras de movilidad para el desplazamiento con un elevado costo
económico y ambiental para los entes territoriales que, en muchos casos, carecen
de políticas tributarias equitativas y terminan los habitantes permanentes
asumiendo los altos costos de la población transitoria o flotante.
Bajo las dinámicas socio-económicas y políticas que se han estado gestando los
procesos de suburbanización, se está construyendo un modelo que fragmenta el
suelo rural y está en detrimento de sus valores ambientales. Los nuevos usos no
se programan integrados a los usos tradicionales, prevalece el criterio de mutua
exclusión, pese a la ya conocida revolución de la dicotomía rural-urbano.
El desarrollo de las dinámicas socio-económicas exige unas infraestructuras
colectivas eficientes que faciliten su evolución, por ejemplo, las grandes
autopistas, el mejoramiento del sistema de movilidad y trasporte, los aeropuertos,
las infraestructuras de servicios públicos y los equipamientos recreativos; todos
estos se convierten en detonantes de desarrollo territorial. No obstante, dentro de
los efectos espaciales de la difusión urbana está la reconfiguración del paisaje
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rural agroproductivo, la dispersión de la ocupación, la tendencia a la conexión
regional, la fragmentación territorial; los centros poblados son pequeños y la
ocupación suburbana tiene una marcada tendencia lineal a lo largo de los vías
principales y secundarias, finalmente, un cambio de usos del suelo a gran escala.
(Delgado, 2003)
En cuanto a la reglamentación referente al ordenamiento territorial es importante
contextualizar el desarrollo normativo de los últimos veinte años. A partir de la
década de los 80’s, en Colombia, se inicia el proceso de descentralización
administrativa, y luego como una de las consecuencias normativas de esta
política, se inicia un proceso legislativo de reglamentación de la planeación
territorial; en este panorama legislativo, los Municipios como entes territoriales,
adquieren mayor autonomía en materia de desarrollo territorial; esto conlleva a la
intencionalidad de menor dependencia de las transferencias nacionales y a la
generación de sus recursos propios.
La Ley 9ª de 1989 de Reforma Urbana, que modifica el Decreto-ley 1333 de 1986
(Código de Régimen Municipal), fue formulada, principalmente, para el
ordenamiento de los centros urbanos. En el artículo 1° de la Ley de Reforma
Urbana, se establece la obligación a los municipios de formular los Planes de
Desarrollo y los Planes de Desarrollo Simplificado para los municipios con
población superior e inferior a los 100.000 habitantes respectivamente, "con el
objeto de lograr condiciones óptimas para el desarrollo de las ciudades y de sus
áreas de influencia en los aspectos físico, económico, social y administrativo” y “de
conformidad con la política nacional y departamental, las técnicas modernas de
planeación urbana y con base en la coordinación del desarrollo urbano-regional”.
En este sentido, esta ley fue concebida para el desarrollo urbano.
Luego, con adopción de la Ley 152 de 1994, Ley Orgánica del Plan de Desarrollo,
se desagrega el Plan de Desarrollo propuesto por la Ley 9ª de 1989, pues los
planes de desarrollo propuestos por la Ley 152 de 1994, se conciben como
mecanismos para la planificación de los aspectos económicos, sociales y
administrativos, excluyendo el aspecto físico y dejando la necesidad de formular
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otro instrumento de planificación para el desarrollo territorial. Este proceso se
complementa con los planes de ordenamiento territorial propuestos por la Ley 388
de 1997 de Desarrollo Territorial que modifica la Ley 9ª de 1989.
Los planes de ordenamiento territorial son concebidos para el ordenamiento físico-
espacial del territorio municipal en coherencia con los planes de desarrollo
municipales; sin embargo, los contenidos mínimos y la orientación de este
instrumento de planificación territorial, en un principio tiene un fuerte acento en la
planificación urbana que, luego, a través de decretos nacionales complementarios
como el Decreto 3600 de 2007, el Decreto 4066 de 2008 y el Decreto 097 de
2006, se ha intentado reglamentar el ordenamiento rural de una manera más
detallada. El énfasis urbano en la planeación del territorio proviene del enfoque
clásico de la planeación territorial que separa el campo y la ciudad, dos ejemplos
de ello es la Ley 99 de 1993, Ley de medio ambiente (Agudelo, 2002), y la Ley 9ª
de 1989 de Reforma Urbana.
El territorio deber ser entendido como un sistema complejo de múltiples
interacciones que trasciende las fronteras político-administrativas.
En respuesta a la deficiente reglamentación para el ordenamiento del suelo rural,
se formula y adopta el Decreto 3600 de 2007 como un instrumento normativo de
planificación para el suelo rural municipal que complementa a la Ley 388 de 1997
y a los planes de ordenamiento territorial Municipales, en las disposiciones
normativas referentes al ordenamiento de la ruralidad municipal con mecanismos
de planificación más detallados y desde un enfoque más amplio que las normas
anteriores como es el caso del Decreto 097 de 2006.
El decreto 3600 de 2007, crea los determinantes de ordenamiento del suelo rural y
reglamenta, de manera específica, el desarrollo de actuaciones urbanísticas de
parcelación y edificación de diferentes usos en suelo suburbano, con el “fin de
garantizar el desarrollo sostenible del suelo rural” (Capítulo II, Artículo 2).
Dentro de los aportes del Decreto 3600 de 2007 al ordenamiento territorial rural,
se destacan los siguientes:
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Antes del decreto 3600 de 2007, no existe una categorización detallada de los
suelos rurales. La Ley 388 de 1997, en el capítulo IV (Artículos 30 – 35), sobre la
clasificación del suelo municipal, define tres categorías principales de suelo que
son excluyentes entre sí, urbano, de expansión urbana y rural; y establece dos
subcategorías, protección que puede estar en cualquiera de las categorías
principales, y suburbano que sólo puede estar dentro de la categoría del suelo
rural. Por lo tanto, la clasificación del suelo rural es general y deja al ordenamiento
NORMAS
ESTRUCTURALES
GENERALES
APORTES
Creación de categorías del suelo rural.
Planeamiento intermedio del suelo rural: Unidad de planificación
rural.
Ordenamiento básico para el desarrollo sostenible del suelo
rural suburbano.
Determinación del umbral máximo de suburbanización.
Creación de la unidad mínima de actuación.
Criterios para la definición de usos de los suelos suburbanos.
Reglamentación de los corredores viales suburbanos.
Normas aplicables para el desarrollo de usos comerciales y de
servicios en suelo rural y rural suburbano.
Normas para los usos industriales en suelo rural y rural
suburbano.
Reglamentación de los centros poblados rurales.
Ilustración 2. Síntesis de los aportes del decreto 3600 de 2007 al ordenamiento territorial
rural
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pocas posibilidades de clasificar la diversidad de dinámicas territoriales de
ocupación rural.
Como uno de los mayores aportes del decreto 3600 de 2007, a las normas
urbanísticas de carácter estructural contenidas en el ordenamiento territorial rural,
está la definición de dos categorías de suelo rural, el suelo de protección y el suelo
de desarrollo restringido, y la definición de los lineamientos de ordenamiento y la
asignación de usos principales, compatibles, condicionados y prohibidos
correspondientes a cada categoría (Artículo 3). Al interior de cada una de estas
dos categorías de suelo rural, se despliegan otras categorías. Con estos nuevos
instrumentos de ordenamiento se posibilita la reglamentación específica de las
diversas dinámicas de uso y ocupación del suelo rural.
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La dispersión de la urbanización en el contexto metropolitano de la ciudad
de Medellín
El proceso de poblamiento inicial de los municipios que conforman el valle de
Aburrá, estuvo motivado por el crecimiento demográfico natural que mantuvo la
separación de los centros urbanos. Luego, los movimientos migratorios
empezaron a dirigirse hacia el centro del valle donde se localiza la ciudad
principal: Medellín, y hacia algunos centros urbanos intermedios a lo largo del
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LEY 388 DE 1997
DESARROLLO TERRIRORIAL
URBANO
EXPANSIÓN
URBANA
RURAL
PROTECCIÓN
SUBURBANO
1. Suelos suburbanos
2. Centros poblados rurales
3. Áreas destinadas a vivienda
campestre
4. Áreas para ubicación de
equipamientos de salud, educación,
bienestar social, cultural y deporte
DESARROLLO
RETRINGIDO
1. Áreas de conservación y protección
ambiental
2. Áreas para la producción agrícola y
ganadera y de explotación de recursos
naturales
3. Áreas e inmuebles considerados
como patrimonio cultural
4. Áreas del sistema de servicios
públicos domiciliarios
5. Áreas de amenaza y riesgo

CATEGORÍAS DEL SUELO RURAL Categorías Subcategorías
DECRETO 3600 DE 2007
DETERMINANTES ORDENAMIENTO RURAL
Haciendo una interpretación
de las categorías del suelo
rural del decreto 3600 de
2007, la subcategoría
suburbana, definida por la Ley
388 de 1997, continúa dentro
del suelo rural, pero contenida
dentro de la nueva categoría
rural de desarrollo restringido.
Ilustración 3. Clasificación del suelo municipal de la Ley 388 de 1997 y del Decreto 3600 de
2007
17

valle; estas dinámicas de crecimiento, tanto de Medellín como de los centros
urbanos más cercanos a la ciudad principal, en la segunda mitad del siglo XX,
conlleva al proceso de conurbación entre ancones (entre los municipios de Bello y
La Estrella, al norte y al sur respectivamente); de esta manera, Medellín, Bello,
Envigado, Itagüí, Sabaneta y La Estrella son los municipios conurbados. Los otros
municipios del valle: Copacabana, Girardota y Barbosa, al norte, y Caldas al sur,
se conectan a través de corredores suburbanos a la gran mancha urbana que
conforman los municipios centrales conurbados. Esta estructuración urbanística
que compromete un proceso de conurbación entre Medellín como ciudad principal
y los centros urbanos de los otros municipios, constituye una región metropolitana.
Los movimientos migratorios continúan con su proyección hacia adentro del área
conurbada y hacia los otros municipios mencionados que se ubican dentro de la
subregión del valle de Aburrá. Sumado a estas dinámicas, se generan tensiones
entre la subregión del valle y las circundantes, principalmente, con las subregiones
de Oriente y Occidente, a través de los corredores suburbanos, que tienden a
constituir sistemas territoriales interactivos enmarcados en los tres grupos de
procesos económicos, sociales y urbanos (Delgado, 2003).
Los corredores suburbanos actúan como filtros de urbanización entre centros
urbanos, que bien pueden corresponder a fenómenos en curso de metropolización
o de interacciones regionales. En el caso del valle de Aburrá, se presentan los dos
fenómenos; los corredores suburbanos constituidos entre los municipios de
Copacabana, Girardota y Barbosa, al norte del valle, y entre los municipios de La
Estrella y Caldas, al sur, están inmersos en un proceso de metropolización con
una tendencia hacia la conurbación y hacia una consecuente consolidación del
área metropolitana; y los corredores suburbanos que conectan el valle con las
subregiones próximas, tienden a la consolidación de redes regionales dentro de un
fenómeno de ciudad región o región construida (Arango, 2007).
El siguiente gráfico propone un esquema del proceso de crecimiento y expansión
del valle de Aburrá, a partir de los planteamientos de Geyer y Kontuly (1993;
citados por Delgado, 2003: 19) sobre el crecimiento urbano a través de una
18

secuencia de fases que va “de la ciudad primada a la ciudad intermedia y a la
ciudad pequeña”:
Gráfico 1. Formación de la urbanización difusa

Medellín como ciudad principal o ciudad primada ya se ha conurbado con las
ciudades intermedias de Bello, Envigado, Itagüí, Sabaneta y La Estrella, y está en
curso la extensión del fenómeno de metropolización hacia las ciudades pequeñas
de Copacabana, Girardota, Barbosa y Caldas. Estás dinámicas de conurbación
traen consigo profundos cambios intro e intermunicipales producto de las nuevas y
complejas sinergias entre municipios y, luego en una escala más amplia, entre
regiones. Estos cambios, alteran las dinámicas cotidianas de los habitantes y
exponen grandes retos a las administraciones desde la planeación de estrategias
conjuntas para asumir el hecho urbano que se ha unificado desde la práctica en la
vivencia cotidiana de ocupación territorial.
Esta necesidad de cohesión en la planeación del desarrollo territorial de los
municipios del valle de Aburrá, que para la década de los 80’s funciona como una
misma ciudad, conlleva a la creación del Área Metropolitana del Valle de Aburrá
con el compromiso de:
“Consolidar el progreso y el desarrollo armónico de la gran Región
Metropolitana, desempeñando funciones de planeación como su razón de ser,
es autoridad ambiental y de transporte masivo de mediana capacidad. Es una
ENTORNO METROPOLITANO
Primer momento:
Crecimiento de los
centros urbanos.
Segundo momento:
Conurbación de los
centros urbanos.
Tercer momento:
Metropolización
administrativa.
REGIÓN PRÓXIMA REGIÓN PRÓXIMA
Cuarto momento:
Dispersión de la
urbanización.
CIUDAD PRINCIPAL
CIUDAD INTERMEDIA
CIUDAD PEQUEÑA

Subregión Occidente Subregión Valle de Aburrá Subregión Oriente
19

Entidad gestora del desarrollo de la Región del valle de Aburrá”. (Área
Metropolitana del Valle de Aburrá, 2008)
El Área Metropolitana del Valle de Aburrá se rige principalmente por las Ley 128
de 1994 que reglamenta las áreas metropolitanas y la Ley 99 de 1993 Ley del
medio ambiente.
Con el objeto de coordinar el desarrollo territorial del valle, en el año 2006,
mediante Acuerdo Metropolitano No. 15 se adoptan las Directrices Metropolitanas
de Ordenamiento Territorial como determinantes de superior jerarquía, que según
la Ley 388 de 1997, deberán orientar y coordinar los procesos de ordenamiento
territorial de los municipios de su jurisdicción en los llamados hechos
metropolitanos.
El propósito de integración y coherencia del ordenamiento territorial metropolitano
es fundamental en el contexto del valle de Aburrá, donde el fenómeno de
dispersión de la urbanización no es estático, por el contrario, va en aumento, cada
día se expande más la urbanización por fuera de los límites del suelo urbano
definido en los planes de ordenamiento territorial de los municipios que conforman
el valle; incluso por fuera de los límites administrativos del Área Metropolitana del
Valle de Aburrá, lo que hace pensar en la necesidad de una coordinación del
ordenamiento territorial a escala regional que asimile las sinergias establecidas
con las regiones próximas de Oriente y Occidente buscando un desarrollo
ambiental y socio-económicamente sostenible.
En la escala regional, las coronas de crecimiento urbano de Medellín con su área
de influencia metropolitana y las interrelaciones con las subregiones próximas,
tomadas de la base de datos del Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca del
Río Aburrá (POMCA, 2007), cartografían las dinámicas generales de los procesos
de ocupación territorial y la incidencia de estos en la configuración morfológica del
territorio; así, el valle de Aburrá como principal centro urbano regional se expande
hacia las subregiones próximas disminuyendo la densidad habitacional, y se
conecta con los principales centros urbanos de éstas a través de corredores con
características suburbanas que cumplen una función de filtros de urbanización.
20

Las subregiones de Oriente y Occidente del departamento de Antioquia que
limitan con el valle de Aburrá, están sometidos a unos intensos procesos de
ocupación territorial asociados a los nuevos usos que emergen en los suelos
rurales tradicionales. Las parcelaciones campestres, los condominios, los malls
comerciales se constituyen en los principales nuevos usos recurrentes.
Estos procesos de ocupación territorial de características suburbanas que
atienden las necesidades de recreación y esparcimiento, principalmente de los
habitantes de las clases media y alta de Medellín y los demás municipios del área
metropolitana del valle de Aburrá, empezó en la subregión de Oriente del
departamento de Antioquia que limita con el valle de Aburrá. La vía Las Palmas
entre los municipios de Medellín y Envigado que conecta a estos con los
municipios de Rionegro, La Ceja y El Retiro ubicados en la subregión de Oriente;
empieza en la década de los ochenta a constituirse en un sector exclusivo para la
localización de la residencia de la clase alta, la demanda y oferta para este grupo
poblacional se orienta hacia la tipología de vivienda “campestre”. Así, del
inicialmente exclusivo sector de El Poblado en Medellín se pasa al sector de Las
Palmas y luego al sector de Llano-grande en el municipio de Rionegro;
posteriormente, estos procesos de suburbanización alcanzan otros municipios de
la subregión de Oriente como La Ceja, El Retiro, La Unión y El Carmen de Viboral,
estos son los municipios que han tenido un mayor impacto en este proceso.
En la década siguiente empieza el proceso de suburbanización en la subregión de
Occidente, principalmente en los municipios de Santafé de Antioquia y San
Jerónimo, y con menor incidencia en los municipios de Sucre y Olaya. El sistema
físico de esta subregión está caracterizado por un clima cálido que posibilita las
actividades lúdicas de los balnearios en los equipamientos recreativos que son
abundantes en esta subregión. Así, el sol y agua se convierten en factores de
atracción utilizados en los proyectos inmobiliarios para fomentar el turismo de los
habitantes metropolitanos.
En ambas subregiones (Oriente y Occidente) la tipología campestre es objeto de
una variación en la densidad habitacional. En un principio, el mercado ofrece
21

fincas de recreo aisladas, luego se ofertan parcelaciones campestres que bien
pueden corresponder a venta de lotes o lotes edificados con acceso individual o
con una portería común. Pero, actualmente, con las restricciones normativas
establecidas por la autoridad ambiental (Corantioquia, Resolución 9328 de 2007)
en lo referente en la densidad de ocupación del suelo rural y las categorías
contenidas en éste, entre ellas el suelo suburbano y las parcelaciones campestres;
con el agotamiento del suelo urbanizable y su consecuente aumento considerable
de valor comercial, se ha derivado una nueva oferta: los condominios, que
corresponden a urbanizaciones cerradas con viviendas seriadas y zonas comunes
con equipamientos recreativos privados como piscinas, club house, canchas, etc.,
similares a las urbanizaciones construidas en suelo urbano, pero con la diferencia
de estar localizadas en un entorno “rural” o “campestre”.
Esta nueva oferta está dirigida al segmento poblacional de las clases media y
media-alta, que puede adquirir una segunda residencia para el descanso, entre
cien y doscientos millones de pesos ($100’000.000 y $200’000.000) con una
administración mensual que oscila entre los ciento veinte mil y doscientos mil
pesos ($120.000 y $200.000), similar a las urbanizaciones, pues en el caso de la
vivienda campestre asilada es mucho más costoso el sostenimiento de esta
última; en este sentido, el mercado inmobiliario busca abarcar un segmento de la
población que, aunque no tiene la capacidad económica suficiente para mantener
una vivienda campestre aislada, si tiene la capacidad de acceder a esta nueva
oferta que está destinada para el mismo propósito de la vivienda campestre
aislada: el esparcimiento o la búsqueda de la vida tranquila y sosegada en el
campo con las comodidades de la ciudad, estos postulados fueron planteados por
algunas corrientes de urbanismo desde el siglo XIX y aún hoy, en el siglo XXI,
siguen incidiendo en la ocupación territorial.
Algunos de estos postulados, aunque sin un carácter reflexivo y propositivo
inspirado desde el urbanismo como sucedió en el siglo XIX, y por el contrario, bajo
un enfoque mercantilista y rentista, son utilizados como estrategias inmobiliarias
22

para promocionar proyectos inmobiliarios inspirados en un estilo de vida ideal
“campestre”.
Procesos de suburbanización de Medellín y el área de influencia
metropolitana
En el contexto nacional el suelo rural es predominante en cuanto a su extensión;
no obstante, en los contextos metropolitanos, las dinámicas rurales están
alteradas por procesos intensivos de suburbanización, donde se mezclan usos
urbanos y rurales constituyendo un porcentaje importante en la ocupación del
suelo. Este peso porcentual y su importancia, como se dijo, se incrementan
notablemente en los entornos metropolitanos, como es el caso del valle de Aburrá,
en donde los procesos de concentración y expansión urbana afectan y configuran
el territorio metropolitano, y por lo tanto, la ocupación de los municipios que lo
conforman.
Como ya dijo anteriormente, la suburbanización se inscribe en tres grupos de
procesos: económicos, sociales y urbanos. Al analizar este fenómeno en el valle
de Aburrá, se identifica una sinergia en las dinámicas de ocupación territorial que
contribuyen a la sustentación de este planteamiento.
Las dinámicas socio-económicas generan sinergias y cambios constantes en la
configuración del territorio que, a partir de la Ley 388 de 1997 o Ley de Desarrollo
Territorial, se deben regular y planificar las incidencias e impactos sobre el medio
físico a través de los planes de ordenamiento territorial. Este escenario conlleva a
la necesidad de redistribuir las actividades socio-económicas mediante una sana
mezcla de usos en equilibrio con el sistema ambiental; en este contexto, el uso
industrial ha estado sometido a múltiples cuestionamientos en cuanto a los
conflictos que puede generar, especialmente, con el uso residencial, el cual se
constituye en el uso urbano más extenso.
Esta situación no es exclusiva de Medellín y su área metropolitana (valle de
Aburrá, sino que ha generado interrogantes y propuestas en otros contextos;
dentro de las propuestas que mayor impacto han causado en la configuración
23

territorial está la relocalización de la industria; en el caso del valle, esta
relocalización se ha producido, principalmente, hacia los corredores suburbanos
de las autopistas norte y sur. Sumado a lo anterior, de manera planificada o
espontánea, han surgido usos de servicio y comercio, equipamientos y espacio
público asociados al uso industrial.
La vivienda campestre y los equipamientos recreativos, que han aparecido con
mayor intensidad en las dos últimas décadas en el valle y en las subregiones
próximas, son otros de los nuevos usos que configuran dinámicas suburbanas en
suelos que antes fueron rurales; esto conlleva a un cambio intensivo de usos del
suelo rural, y a una disminución y desplazamiento de las actividades campesinas
tradicionales hacia las partes altas del valle que son poco aptas para los usos
agrícolas y pecuarios por sus características agrológicas.
Los planes de ordenamiento territorial son relativamente recientes, la primera
versión de planes en los municipios del valle de Aburrá se formularon entre los
años1999 y 2000. En general, estos primeros intentos por regular el ordenamiento
territorial estuvieron condicionados por dificultades conceptuales e instrumentales
para elaborar un diagnóstico sobre el estado real del territorio, y luego, construir
una imagen prospectiva del desarrollo territorial del municipio, que fuera capaz de
orientarlo de manera sostenible y en armonía con el desarrollo socio-económico.
Esta primera generación tuvo un marcado énfasis urbano y dejó vacíos en la
planificación del suelo rural; como consecuencia de esto, y ante la subestimación
que han recibido los procesos de suburbanización desde la legislación nacional
sobre ordenamiento y desarrollo territorial, se constituyeron grandes áreas
suburbanas en el valle de Aburrá y en las subregiones cercanas.
Estos procesos, difícilmente podrán ser reversibles, por el contrario, van en
aumento y se han hecho visibles a la planeación territorial, por esta razón, a partir
de enero de 2006 con la aprobación del Decreto 097 se inicia un proceso
legislativo nacional con incidencia municipal para reglamentar los procesos
suburbanos; la normativa resultante tiene una fuerte valoración del medio
24

ambiente que prevalece, por lo menos desde la norma, sobre los procesos de
urbanización del suelo rural.
A partir del año 2005, se empezó un proceso de revisión y ajuste de los planes de
ordenamiento territorial en los municipios del valle de Aburrá, en cumplimiento de
las vigencias establecidas por ley; Medellín fue el primer municipio en aprobar la
revisión en el año 2006, y entre el 2007 y el 2008 aprobaron los municipios de
Itagüí, Girardota y La Estrella, los demás municipios aún continúan en el proceso.
Esta segunda versión de planes de ordenamiento territorial que han sido revisados
y ajustados, y los que continúan en el proceso, están obligados a incorporar las
reglamentaciones sobre ordenamiento rural.
El Acuerdo 046 de 2006 que aprueba la revisión y ajuste del Acuerdo 062 de 1999
que adoptó el Plan de Ordenamiento Territorial del municipio de Medellín, es
anterior a los Decretos nacionales 3600 de 2007 y 4066 que reglamentan el
ordenamiento del territorio rural; sin embargo, el municipio de Medellín como
ciudad principal dentro de la región metropolitana y por estar atravesada por un
momento álgido en el proceso de suburbanización, asume una postura normativa
restrictiva frente a este fenómeno con una reglamentación del suelo rural que
incorpora lo planes especiales rurales como instrumentos de planificación rural
complementarios al plan de ordenamiento territorial y destinados a la planeación
de polígonos específicos dentro del suelo rural, con una característica particular en
cuanto contienen procesos de suburbanización.
Posterior al Plan de Ordenamiento Territorial (Acuerdo Municipal 46 de 2006) y
como complemento al mismo, Medellín adopta el Decreto 342 de 2007 que
establece las normas urbanísticas para el desarrollo de la vivienda campestre.
Pese a este nuevo escenario normativo, el mercado inmobiliario ya ha
desempeñado un papel muy importante en la difusión económica del valle de
Aburrá, especialmente en las dos últimas décadas, bajo una reglamentación poco
equitativa, que en muchas ocasiones, está en contra del presupuesto público,
pues éste ha asumido las obligaciones urbanísticas de los nuevos desarrollos, y
25

los particulares se han beneficiado de los aprovechamientos derivados del
ordenamiento territorial.
La principal incidencia de la dinámica inmobiliaria en Medellín y su entorno
metropolitano, está en la disminución de la oferta de suelos para usos
tradicionales del campo y el aumento de la oferta de suelos para nuevos usos en
el suelo rural con características más cercanas a las actividades urbanas.
Los nuevos usos y su intensidad, la rentabilidad de estos, su inserción en el
sistema socio-económico, el mejoramiento o la generación de infraestructuras de
soporte (movilidad, servicios públicos, equipamientos, espacio público, etc.), entre
otros aspectos, incrementan el valor del suelo; y por ende, contribuyen al
desplazamiento de las actividades primarias (agrícolas y pecuarias) que no
alcanzan a cubrir los altos costos. Los nuevos usos se localizan en lugares
privilegiados por ubicación e inserción al sistema de movilidad territorial, y
desplazan las actividades tradicionales hacia suelos poco productivos y con
precarias condiciones de infraestructuras colectivas, entre ellas de movilidad y
abastecimiento de servicios públicos.
Como consecuencia de estos procesos, se percibe una fragmentación de los usos,
y se generan conflictos, ante la pérdida de valores del medio natural por la
demanda y abastecimiento de los nuevos usos, sin un proceso previo de
planificación integral ni bajo parámetros de sostenibilidad ambiental y socio-
económica.
El mercado inmobiliario, en los últimos años, ha generado una gran oferta de
viviendas campestres o viviendas de recreo, de comercio industrial (bodegas),
locales comerciales y de servicios, estos dos últimos, asociados principalmente, al
uso residencial y a los equipamientos recreativos que atienden la demanda del
turismo metropolitano.
La intervención del mercado inmobiliario, ha estado favorecida por el poco control
de las Administraciones Locales de los municipios de valle de Aburrá y de las
26

subregiones próximas; esta situación ha llevado a la intensificación del proceso de
suburbanización en el valle y en las subregiones de Oriente y Occidente.
Las parcelaciones campestres, los nuevos centros empresariales y de negocios,
los malls comerciales, los asentamientos industriales, y los equipamientos
recreativos asociados al turismo metropolitano, han transformado gran parte del
paisaje rural.
Las parcelaciones campestres tienen un alto impacto en cuanto a la extensión que
ocupan y a las nuevas tipologías arquitectónicas y de agrupación que contrastan
con las viviendas rurales tradicionales. Las primeras viviendas campestres surgen
por la subdivisión de predios rurales y, generalmente, son aisladas, el mercado
ofrece sólo las parcelas y el nuevo propietario es el encargado de construirlas y
dotarlas de servicios. Luego, aparecen las viviendas seriadas, se venden las
parcelas y las viviendas construidas con una misma tipología y cada una con sus
propias zonas de esparcimiento dentro de la parcela. Sin embargo, actualmente, la
tendencia es hacia la concentración, la escases de suelo y el costo de los suelos
mejor localizados o el costo de los que se deben urbanizar conlleva a este
fenómeno de concentración, con viviendas tipo urbanización cerrada que
comparten zonas comunes y de esparcimiento, pero están localizadas en el suelo
suburbano.
Los centros empresariales o de negocios y los asentamientos industriales, no sólo
generan nuevas dinámicas socio-económicas alrededor sino que modifican
drásticamente el paisaje rural, las nuevas edificaciones constituyen artefactos
culturales que tradicionalmente habían sido asociados a la ciudad y no al campo.
Igualmente, los usos comerciales y de servicios asociados a los nuevos usos, y los
equipamientos recreativos que atienden la demanda del turismo metropolitano,
contribuyen a la transformación del paisaje rural tradicional.
Los corredores suburbanos que comunican los centros no conurbados del valle
con el centro de éste, y este conglomerado con las subregiones de Oriente y
27

Occidente; y los centros suburbanos que se encuentran, generalmente, asociados
a estos corredores, son un ejemplo de la transformación del paisaje rural.
Como ya se dijo antes, esta mercantilización acelerada del suelo rural, sumada a
las grandes obras de infraestructuras urbanísticas, principalmente de movilidad y
servicios públicos, ha incrementado considerablemente el valor de la tierra. No
obstante, las Administraciones Locales no han obtenido mayores beneficios de
este mayor valor, y por el contrario, han tenido que financiar el desarrollo de las
infraestructuras urbanísticas.
La situación mencionada es consecuencia de la falta de una reglamentación
integral, que considere unos procesos de planificación y programación de los
nuevos desarrollos territoriales, una regularización de lo existente, unos
instrumentos eficiente para captar recursos que financien el desarrollo territorial, y
unos mecanismos de control que garanticen el cumplimiento de los objetivos.
Tendencias de suburbanización de Medellín y su área de influencia
metropolitana
Al observar las manchas suburbanas más extensas en el valle de Aburrá, se
encuentran algunas tendencias en cuanto a la función que desempeñan en la
estructuración territorial, y algunas tendencias en los usos del suelo y sus
diferentes intensidades.
El fenómeno de suburbanización dentro de los procesos de configuración y
estructuración territorial cumple dos funciones principales como nodos o centros
suburbanos y como articuladores o conectores entre centros urbanos de diferentes
escalas o niveles; de acuerdo a esto, los procesos de suburbanización, se pueden
clasificar en tres tipos:
1. Centros suburbanos.
2. Corredores suburbanos con tendencia a la conurbación metropolitana.
3. Corredores suburbanos con tendencia a la articulación regional.
28

Por otro lado, dentro del fenómeno de suburbanización, en cuanto a las
tendencias en los usos del suelo y sus diferentes intensidades, se pueden
identificar cinco tipos:
1. Asentamientos campesinos.
2. Parcelaciones campestres.
3. Centros de servicios, comercio y equipamientos colectivos.
4. Zonas de industria, comercio y servicios.
5. Equipamientos recreativos.

29




Conclusiones
Desde el siglo pasado existen posturas teóricas y críticas que rompen la dicotomía
campo-ciudad; sin embargo, en la práctica planificadora nuestra, aún persiste esta
T
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A
B
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Á



Tendencias en
cuanto a la
función que
desempeñan en
la estructuración
territorial





Tendencias en
los usos del
suelo y sus
diferentes
intensidades

Centros suburbanos.
Corredores suburbanos con
tendencia a la conurbación
metropolitana.
Corredores suburbanos con
tendencia a la articulación
regional.
Centros suburbanos de Santa Elena,
San Cristóbal y Palmitas en Medellín,
El Hatillo en Barbosa, entre otros.

Corredores suburbanos localizados
entre Copacabana, Girardota y
Barbosa, y La Estrella y Caldas.

Autopista Medellín-Bogotá, entre Bello
y Oriente; vía a Santa Elena y vía Las
Palmas, que conectan a los municipios
de Medellín y Envigado con la
subregión de Oriente; las vías antigua y
nueva a la subregión de Occidente,
principalmente hacia los municipios de
San Jerónimo y Santafé de Antioquia.
Asentamientos
campesinos.

Corregimiento de San Cristóbal,
Palmitas y San Elena en Medellín;
algunas veredas de los municipios de
Caldas y Barbosa.

Principalmente en Las Palmas entre los
municipios de Medellín y Envigado, y
en los municipios de Copacabana y
Girardota.
Centros poblados de los corregimientos
de Santa Elena, San Cristóbal y
Palmitas, localizados en el municipio de
Medellín. El Hatillo en Barbosa, entre
otros.

Corredores suburbanos entre
Copacabana y Barbosa, y La Estrella y
Caldas, principalmente.
Se localizan en áreas con tendencia
suburbana con diferentes intensidades
en el valle de Aburrá.
Parcelaciones campestres.

Centros de servicios,
comercio y equipamientos
colectivos.

Zonas de industria,
comercio y servicios.
Equipamientos recreativos.
TENDENCIAS


ALGUNOS EJEMPLOS
(LOCALIZACIÓN)
CATEGORÍAS

Ilustración 4. Tendencias de suburbanización en Medellín y su área de influencia
metropolitana
30

separación. Es necesario que el ordenamiento y la planificación territorial aborden
el entendimiento del territorio como un mismo fenómeno complejo que supere la
antigua dicotomía.
Dentro de las dinámicas de ocupación territorial, la ciudad es el extremo
urbanizado y denso donde predominan las incidencias territoriales del subsistema
antrópico, y el campo es el extremo menos urbanizado y menos denso con
predominio del subsistema natural. Sin embargo, en la realidad el paso de la
ciudad al campo no está marcado por una línea o por un límite como sucede en
las delimitaciones que de ellos hacen los planes de ordenamiento territorial; sino
que existen otros fenómenos dentro de las dinámicas de ocupación territorial, que
no son urbanos ni rurales, pero que ejercen fuertes impactos en la configuración
del territorio; un ejemplo claro de esto son las áreas suburbanas que, que en
muchos casos, son más grandes y más extensas que la misma ciudad.
Pese a la importancia funcional que recae sobre las áreas suburbanas en la
configuración de los territorios, existen dos inconsistencias estructurales, desde la
reglamentación del ordenamiento territorial, en la comprensión de éstas. La
primera se refiere a la dificultad interpretativa como concepto: su identidad propia
se mueve en vaivén entre el campo y la ciudad, esto dificulta la definición concreta
de sus dinámicas internas y de las interrelaciones que se establece con los otros
fenómenos inscritos en el proceso de ocupación territorial. Estos conlleva a la
segunda inconsistencia estructural, pues al no estar claro el verdadero sentido de
su accionar sobre el territorio, se subvalora como categoría secundaria del suelo
rural, pero se instrumentaliza desde la normatividad como suelo urbano.
En razón a lo anterior, es necesario reconocer la verdadera función estructurante y
articuladora de las áreas suburbanas en la configuración territorial; y más
importante aún, es reconocer la escala supramunicipal de su accionar. Pues la
suburbanización, inscrita en contextos metropolitanos y regionales, corresponde a
un mismo fenómeno que se extiende entre los municipios de la metrópolis que aún
no se han conurbado, y hacia las regiones próximas.
31

En el valle de Aburrá el fenómeno de suburbanización se extiende hacia los
municipios que no se han conurbado: Copacabana, Girardota y Barbosa del norte,
y Caldas al sur del valle; además, se extiende hacia las subregiones cercanas,
principalmente, hacia las subregiones de Oriente y Occidente.
En los municipios alejados de los centros metropolitanos, las dinámicas de
suburbanización tienen comportamientos distintos, probablemente, desplazan los
procesos urbanos por los procesos suburbanos.
En este sentido, la suburbanización es creciente y expansiva en entornos
metropolitanos y regionales, esta situación no se puede desconocer, sino que se
debe programar y se debe orientar su desarrollo con un enfoque sostenible.
Los dificultades mencionadas en la comprensión de las áreas suburbanas, ha
motivado una incipiente reglamentación en el ordenamiento territorial inicial, que
sólo hasta el Decreto 097 de 2006, el Decreto 3600 de 2007 y el Decreto 4066 de
2008, se han intentado suplir los vacíos reglamentarios dejados por la Ley 388 de
1997 para estos áreas. Con estas nuevas reglamentaciones se ha empezado a
analizar las implicaciones territoriales de la suburbanización y se ha intentado
reglamentar.
Actualmente, el mercado inmobiliario ejerce una fuerte presión en los procesos de
suburbanización, bajo parámetros poco equitativos de distribución de las cargas y
los beneficios generados por estos desarrollos territoriales. Como una de las
consecuencias más visibles, está la plusvalía dejada de percibir por los municipios
para financiar las obras públicas necesarias en estas áreas suburbanas para
garantizar desarrollos territoriales integrales. Esta situación, requiere una solución
urgente, pues no se puede seguir perdiendo esas oportunidades de financiamiento
territorial, porque las ganancias están quedando al privado y las cargas las está
asumiendo muchas veces el Municipio con recursos propios que podrían
destinarse para la inversión social.
32

Mientras en la legislación colombiana existen aún vacíos en la planificación del
suelo rural, la urbanización de éste en entornos metropolitanos cada día se
incrementa, en la mayoría de los casos, de manera espontánea y sin procesos de
planificación que los acompañe o en otros casos con directrices de planificación
insuficientes para atender a las dinámicas operantes, que aprovechen de manera
sostenible este suelo y lo incorporen como suelo productivamente activo al
municipio al cual pertenece; pero entendiendo la productividad como la capacidad
de asimilar y responder a la vocación y usos potenciales dentro del ámbito de la
ruralidad, manteniendo los valores ambientales adecuados a su naturaleza sin
generar costos adicionales al Municipio.
Además, la suburbanización no puede ser entendida como un proceso
homogéneo e igual en todo el territorio nacional pues nuestra realidad se inscribe
en un país diverso; la ruralidad es una manifestación de dicha diversidad. Cuando
se estudia el fenómeno de la expansión urbana en entornos metropolitanos en su
complejidad se pueden identificar procesos de suburbanización; por ejemplo, las
parcelaciones campestres, los asentamientos de origen campesino que no
dependen exclusivamente de las actividades rurales tradicionales, equipamientos
y grandes infraestructuras, entre otros usos característicos de este tipo de
desarrollos territoriales que son considerados una transición entre el mundo
urbano y el mundo rural.
El ámbito de la ruralidad cada vez se ve más disminuido por el crecimiento urbano
del valle de Aburrá, la urbanización del mundo rural es una realidad en aumento
en entornos metropolitanos; sin embargo, es un proceso que no se debe entender
bajo una perspectiva hostil como un hecho netamente urbano sin encontrar un
punto de conciliación en la ordenación del territorio que abra espacios a estos
nuevos desarrollos, de manera sostenible en el mundo rural sin perder la esencia
ni los valores ambientes de éste. Actualmente, la ocupación de las fronteras
urbano-rurales tiene un alto porcentaje de informalidad y la reglamentación
propuesta desde los planes de ordenamiento territorial se ajusta poco a las
dinámicas operantes. En este sentido, la regulación adecuada de las fronteras
33

urbano-rurales, por parte del Municipio, es una necesidad urgente para controlar la
informalidad en su ocupación y participar de los desarrollos que allí se generen.
Es necesario, que desde el ordenamiento territorial; primero, se asimile el
verdadero significado de las áreas suburbanas y su función en la configuración de
territorios que traspasan las fronteras político-administrativas; y luego, se
reglamente la ordenación y el desarrollo del territorio desde un contexto político-
administrativo integral y coordinado, que considere la necesidad de programar
nuevas áreas suburbanas regionales que sean desarrolladas a través de un
instrumento de planificación y gestión integral, enmarcados en un proceso de
gestión asociada y en un sistema equitativo de cargas y beneficios; con
prevalencia de los valores ambientales y socio-culturales; siempre en la búsqueda
obligada de territorios sostenibles.
Es importante precisar que, el valle de Aburrá está inmerso en un proceso de
metropolización en donde son evidentes las interrelaciones paulatinas con las
regiones cercanas surgidas en las dos últimas décadas y que avizoran un proceso
cercano de regionalización, ciudad región o región construida. Esto debe ser
sometido con urgencia no sólo a reflexiones sino a proyecciones acertadas para
programar este fenómeno de ocupación territorial emergente en nuestro contexto.
Finalmente, se puede decir que la conurbación hace evidente los asentamientos
suburbanos y su importancia en el proceso expansivo, estos asentamientos
están sujetos a lo urbano, se analizan en su relación directa. El fenómeno
suburbano empieza a emerger dentro del análisis de la expansión urbana y la
conurbación, en donde las áreas próximas a los centros urbanos con
comportamientos que fusionan los usos urbanos y rurales, empiezan un proceso
de redensificación y conectan los centros urbanos entre sí. Desde este enfoque
funcional, los asentamientos suburbanos desempeñan un papel articulador en
la estructuración territorial dentro de los contextos metropolitano y regional; son
canales a través de los cuales se extiende la urbanización y se establecen
interconexiones entre centros urbanos, o entre estos y centros suburbanos.
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__________________________________________________________________
Aporte al campo temático:
Las áreas suburbanas adquieren una función protagónica en la expansión urbana
y en la articulación entre distintos centros urbanos que posteriormente se
convierten en sistemas más extensos y complejos; generalmente, la fuerza
urbanizadora que atraviesa las fronteras urbano-rurales es percibida cuando ha
alcanzado umbrales irreversibles de urbanización. Las áreas suburbanas son
claves en la reestructuración de sistemas urbano-regionales. No obstante, los
mecanismos de planificación y gestión dispuestos en la legislación colombiana
para las áreas suburbanas no facilitan, en los entornos metropolitanos, una
ocupación territorial adecuada y sostenible con las dinámicas reales tanto de su
lógica interna como de su función articuladora en el contexto regional.
En la mayoría de los municipios en Colombia, los intentos por planificar las áreas
suburbanas son posteriores a la ocupación y urbanización de éstas, no se prevé;
faltan instrumentos para la planificación y gestión de estas áreas. Actualmente en
nuestro país, los instrumentos de planificación y gestión territorial se conciben
principalmente para el suelo urbano, dejando grandes vacíos y desequilibrios
ambientales en la ordenación y planificación de las áreas suburbanas.


Ángela Milena Alzate Navarro (Breve CV)
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Magíster en Estudios Urbano-Regionales de la Universidad Nacional de Colombia
sede Medellín (2009). Especialista en Gestión Inmobiliaria de la Universidad
Nacional de Colombia sede Medellín (2005). Arquitecta de la Universidad Nacional
de Colombia (2003). Docente ocasional en la asignatura Énfasis IV: Planeación
Municipal II de la Escuela de Planeación Urbano-Regional de la Universidad
Nacional de Colombia sede Medellín.