¿Obamaníaticos?

Mi amigo Alexander Rodríguez (1) y el
pastor Ricardo Gondim (2) han escrito
sendos posts en sus blogs sobre la elección
de Barack Obama a la presidencia de los
Estados Unidos, cada uno con enfoques
muy diferentes. La emoción es bastante
grande, mundialmente reflejada y
extraordinaria dado los antecedentes
electorales norteamericanos, y escribir algo
sobre eso es totalmente justificable. El
acontecimiento es histórico, aunque a
algunos no le parezca.


En el Perú hubo ciertas expectativas
cuando salió elegido Alejandro Toledo
Manrique como presidente el 2002, en su
tercer intento por conseguir la presidencia,
tras 1995 y el tremendo fraude fujimorista
del 2000. Racialmente andino, Toledo
nació en Cabana, pequeña provincia
arrinconada en los andes del departamento
de Ancash, en una familia numerosa y
pobre. Él supo explotar este detalle en su
campaña, identificándose con las grandes
masas de origen andino que son la mayoría
en mi país. En cierto momento era extraño,
porque se trató de demostrar que se
iniciaba un proceso reivindicatorio hacia lo
indígena ya que nunca habíamos tenido un
presidente cholo, nacido en un pueblito y
que había vivido la pobreza. Siempre
gobernaron al Perú las elites adineradas de
origen racial blanco, o mestizos vinculados
a ellos. Toledo, además, era un símbolo de
éxito porque estudió su carrera profesional
en Stanford, culminando sus estudios con
un doctorado en educación. Estaba casado
con una extranjera (como Belaúnde y Alan
García, ex-presidentes peruanos): Eliane
Karp, una temperamental mujer belga que
no asumió el estereotipo clásico de las
primeras damas latinoamericanas.

Pero al final no pasó nada. Toledo era más
feliz embriagándose con tragos caros y
yendo una vez cada quince días a Punta
Sal, balneario al norte del Perú. Su
identificación con el hombre del Perú
profundo era superficial, porque para
gobernar se alió con los mismos
tecnócratas y los grupos de poder de
siempre. Resultó que el cholo ya no era
cholo: incluso, tenía un español con tantas
faltas que en ocasiones se especulaba que
pensaba en inglés y que hacía mentalmente
la traducción.

Diferente fue el caso boliviano. Evo no
estudió en Estados Unidos ni estaba
acostumbrado a la vida cómoda. Él, al
contrario, sí era un indígena por
nacimiento, formación y cosmovisión. La
elección también fue histórica en Bolivia,
donde era la primera vez que un indígena
se hizo presidente de la nación. A pesar de
sus defectos, el simple hecho de que Evo es
presidente arroja una especie de proceso
reivindicatorio de los excluidos
tradicionales que se sintió fuertemente en
el Perú con la candidatura de Ollanta
Humala, casi elegido presidente en el Perú
el 2006. Por supuesto que todo no es color
de rosa, todo no es lo racial sino que hay
muchos otros componentes, pero hay algo
de eso, sí, definitivamente.

Pensando en todo lo anterior me encuentro
con la victoria de Obama. Yo realmente
pensé que no ganaría la elección interna
demócrata porque consideraba a Hilary
Clinton como inexpugnable. Me equivoqué.
Pensé que perdería con McCain, esperando
la manifestación del poder del Bible Belt y
los antecedentes de los conflictos raciales,
relativamente recientes. Volví a
equivocarme. Sin embargo, debo decir a mi
favor que la crisis financiera le hizo un
| POLÍTICA | Por Abel García García

integralidad
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poderoso favor a Obama. Sin ella, creo que
McCain hubiera tenido muchas más
posibilidades. Sin crisis sub-prime no
habría obamaníaticos.


¿Motivos de emoción? Creo que existen. La
minoría negra ha sido marginada
históricamente a través de los años en los
Estados Unidos. Aún viven muchas
personas que tienen el recuerdo de los
baños para negros y baños para blancos,
los asientos obligatorios para los blancos,
iglesias para negros y para blancos o el Ku
Klux Klan. Aunque ya no hay más
segregación en Estados Unidos, la
separación entre razas sigue siendo
marcada, creando pequeñas sub-culturas,
diferenciadas las unas de las otras. La
lucha por la igualdad ha sido larga y lenta,
llena de pequeños logros que han costado
sudor, lágrimas y muertos como Martin
Luther King. Si me centro sólo en estos
aspectos, en el hecho racial, en lo que
significa un presidente negro en los
Estados Unidos, si vale el júbilo. Sí se
justifica, sí se valida la celebración.

Por lo tanto: ¿Emocional? Pues bastante.
Sólo espero que no pase lo de Toledo en el
Perú.

Pero, ¿júbilo porque sea demócrata? No lo
creo (bien nos ilustra Alexander Rodríguez
en su artículo al respecto). ¿Jubilo porque
arreglará la porquería que dejó Bush? No
creo, porque Obama no es un superdotado
ni más inteligente que los Clinton o John
McCain. ¿Jubilo porque acabará la guerra?
Pues lo dudo, ya que los demócratas
también han estado en guerras. El júbilo es
por lo que representa para el país un
presidente de raza negra, una señal de que
realmente se quiere una igualdad real para
todos, no de mentira, no superficial, no de
papel. Si se ve desde ese lado, entonces
comparto la alegría de Ricardo Gondim.

¿Será el mundo mejor con Obama? Pues
me gustaría creer que sí. Amén, espero que
así sea.


Referencias

(1) El artículo se encuentra en la presente
edición de Integralidad.

(2)
http://gondimenespanol.blogspot.com/20
08/11/los-mansos-heredarn-la-tierra.html
- 27-12-2008




Sobre el autor
Estudió Ingeniería Económica en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) en Lima-Perú y,
por un par de años, Teología en el Seminario Bíblico Alianza del Perú (SEBAP). En estos
momentos es candidato a Maestría en Misiología en el Centro de Misiología Andino-Amazónica
(CEMAA) y labora como analista de Riesgos de Mercado del BBVA Banco Continental. Desde su
blog Teonomía escribe sobre —esencial aunque no exclusivamente— asuntos teológicos.




“El júbilo es por lo que
representa para el país un
presidente de raza negra,
una señal de que
realmente se quiere una
igualdad real para todos,
no de mentira, no
superficial, no de papel”
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