1

2014/08/18
EKONOMIA | ANÁLISIS | Devenir económico mundial
EKAI GROUP
TRES SALIDAS PARA OCCIDENTE
Los autores del análisis consideran que la única salida de futuro para Occidente pasa
por adoptar una estrategia constructiva con los países emergentes, partiendo de una
profunda autocrítica que lleve a la reestructuración de los sistemas financiero y
monetario.

El mundo se encuentra en una situación crítica como consecuencia de la ruptura del
tradicional equilibrio geopolítico. Las razones de ello son, básicamente, conocidas.
Por un lado, el creciente empuje de los países emergentes y, por el otro, el
estancamiento económico, político y social de Occidente.
Europa y Estados Unidos ven cada vez más cerca la pérdida de su hegemonía
mundial. A efectos económicos en primer lugar y, como consecuencia de ello,
también a efectos políticos y militares.
Ante esta situación, podemos diferenciar tres tipos de estrategias que Occidente
puede plantearse abordar.
La primera es, evidentemente, no hacer nada sustancial para modificar la situación
actual. Esto significaría aceptar el creciente declive europeo y norteamericano y,
simplemente, irse adaptando al nuevo contexto internacional en el que los países
emergentes, y los países BRICS en particular, asumirán con rapidez el liderazgo
económico y político. No parece una opción muy realista. Ni las élites económicas
occidentales ni la población europea en su conjunto van a aceptar con pasividad esa
evolución. La inestabilidad política será probablemente creciente. Los ciudadanos
europeos dejarán de creer en sistemas que no son capaces de aportarles niveles de
desarrollo económico y social que han sido hasta ahora la base de su legitimidad. Y
las élites occidentales no van a aceptar con facilidad una pérdida de hegemonía
mundial que rápidamente pondría también en peligro su hegemonía tanto en Europa
como en Estados Unidos.





2

La segunda estrategia posible es la que cada vez de forma más clara parece ser la
opción por la que apuesta la oligarquía financiera occidental. Se trata de detener el
avance de los países emergentes sin reparar en medios, políticos o militares,
aceptando de forma creciente la posible necesidad de un conflicto bélico
intercontinental, incluso nuclear. Es la estrategia puesta en marcha a fines de los
años 90 por un sector significativo de la élite occidental cuyo primer objetivo se
centró en la desestabilización y destrucción sucesiva de los países musulmanes
independientes o avanzados. Todo ello como un primer paso en la estrategia de
neutralizar a Rusia y China.
El calendario previsto en esta estrategia no se ha desarrollado al ritmo previsto.
Como consecuencia de ello, y del estallido y evolución de la crisis financiera
occidental, el tiempo disponible para su puesta en marcha es cada vez menor.
El criterio básico definido al respecto es claro. El creciente desarrollo económico de
los países emergentes les está proporcionando un creciente peso político y una cada
vez mayor capacidad militar. Según los defensores de esta estrategia "beligerante",
Occidente debe hacer uso de su actual superioridad militar para neutralizar a los
países emergentes antes de perder esta ventaja estratégica. Y cada vez queda menos
tiempo para ello. El salto cualitativo que Europa y Estados Unidos han dado a través
del golpe de estado en Ucrania es una clara muestra de la aceleración de esta
estrategia.
De forma directa o indirecta, cualquiera de las dos estrategias indicadas nos lleva
probablemente al desastre.
La tercera opción es la única que podemos realmente considerar como una opción
"de futuro". Se basa en que Occidente se posicione activamente frente al reto de los
países emergentes, pero no desde una estrategia destructiva como la que en este
momento está resultando dominante, sino, al contrario, desde una estrategia
constructiva, basada en la disposición de nuestros países a una autocrítica de fondo.
Una autocrítica que adopte como punto de partida la necesidad de un análisis en
profundidad sobre qué ha sucedido en Occidente, cuáles son las razones de que
estemos perdiendo posiciones frente a los países emergentes de forma acelerada y
de que hayamos dejado a nuestra economía real sucumbir frente a los intereses de la
economía financiera. Debemos clarificar qué estamos haciendo mal para que, tras
siete años de crisis, hayamos sido incapaces de hacer frente a los retos de fondo de





3

nuestra economía y los desequilibrios básicos de sobreendeudamiento y de
acumulación de riesgo en el sector financiero continúen en niveles similares o
superiores a los de 2007.
Esta autocrítica nos abre un camino complicado, pero imprescindible para Occidente
y para la seguridad mundial en su conjunto. Un camino que nos conduce a una
reestructuración del sistema bancario y del sistema monetario occidentales, que
aseguren que el sistema bancario en su conjunto se pone al servicio de la economía
productiva y no al contrario, como está sucediendo en Europa y Estados Unidos
durante las últimas décadas. Un camino que nos lleve a reactivar nuestra economía
productiva y recuperar la pasión científica y tecnológica y los valores de libertad y
solidaridad que son las claves del progreso. Un camino que exige una verdadera
revolución democrática que haga frente a la sumisión de los medios de comunicación
y de la clase política occidental frente al poder fáctico financiero. Un camino que
permita a Occidente recuperar el control de su futuro a través de sistemas de
democracia avanzada que sólo un amplio frente antioligárquico puede hacer posible
en este momento.
Distintos sectores en Europa y Estados Unidos están apostando por esta vía, pero las
posibilidades de éxito de la misma frente al empuje cada vez más agresivo de la
oligarquía financiera son dudosas. Los países avanzados europeos y los sectores -
incluso en fuerzas de defensa o servicios de inteligencia- que han intentado mantener
una estrategia autónoma frente al poder financiero central y se han opuesto a la
confrontación con los países emergentes están siendo sometidos a un cierre de filas
que no presagia nada bueno. Esta estrategia "constructiva" necesita tiempo. Y el
poder financiero central es consciente de los riesgos que corre si deja pasar el
tiempo. Riesgos de pérdida de la hegemonía mundial y riesgos de cuestionamiento
interno de su hegemonía tanto en Europa como en Estados Unidos. El reloj avanza
cada vez más rápido.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful