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MOVIMIENTOS SOCIALES EN LOS AÑOS SESENTA EN EL MUNDO OCCIDENTAL.

Estudiantes
1960-1970
Ya fuera contra el conservador de Gaulle o contra el totalitarismo de Breznev, los universitarios
de medio mundo protagonizaron las revueltas del siglo pasado, cuya herencia todavía pervive.

Es una de las imágenes más repetidas del siglo XX: jóvenes armados con piedras combaten a la
policía o al ejército entre la bruma lacrimógena, los eslóganes y las barricadas callejeras.
La escena se repitió en lugares tan alejados del planeta como México DF y Pekín, como Praga y
París, como Madrid y San Francisco. ¿Las razones? Pablo Lizcano, estudioso de las revueltas
estudiantiles contra Franco, cree que "en todas estas revoluciones hay unos puntos en común:
el idealismo y el inconformismo de una universidad en la que han calado las ideas del marxismo
o del liberalismo, que se opone a las mordazas del sistema y que exige la revolución sexual".
El decenio fue inmensamente creador, seminal en muchas aspectos de la cultura, un revulsivo
en las costumbres. En esos años, en Estados Unidos, son muchos los movimientos, los ensayos ,
los intentos de cambiar las cosas tales como el feminismo, el pacifismo y la lucha contra la
segregación racial, Los tres resultarían de una especialización del difuso movimiento estudiantil.
Se presentó de golpe como el lugar donde se alojaba un nuevo sujeto colectivo , el
estudiantado, el movimiento estudiantil, al tiempo que se producía en esos centros un impulso
de la investigación científica hasta entonces desconocido.
No se entiende el fracaso de la protesta estudiantil sin registrar que durante todos estos años
se estaba alimentando la cultura de los hippies, los jóvenes desengañados que proclaman que
es mejor hacer el amor que la guerra, que hay que desaprender lo que le enseñaron a uno en la
escuela, que hay que cultivar la espontaneidad, que hay que vivir comunalmente, que hay que
escuchar a Bob Dylan y leer a Hermann Hesse o, mejor todavía, a Snoopy. El principio supremo
es el placer inmediato, lo que inhibe todo esfuerzo sostenido para cambiar las cosas y exige el
alimento de drogas alucinógenas. La cultura hippie está en el transfondo de la nueva izquierda y
hace a esta estéril.
Las manifestaciones estudiantiles de Columbia son inmediatamente anteriores a las del mayo
francés. Columbia era un polvorín, un enclave blanco en medio del Harlem hispano y un centro
que financiaba investigaciones de interés bélico. Los sucesos de Columbia no fueron nada
espontáneos, la toma de la Universidad es predeterminada. Esta universidad era considerada
como un símbolo de la universidad privada, sede de muchos intelectuales establecidos. Era el
palacio de invierno de la inminente revolución estudiantil. La revolución fracasó ante la
consabida carga de la policía, pero las imágenes de la embestida −estamos en la era de la
televisión− ilustraron a todo el mundo de que los estudiantes eran una fuerza política que
recitan textos de Marcuse o Paul Goodman.
A primera vista parecería que las manifestaciones contraculturales de los años sesenta fueron
efímeras, pero no es así. Cierto es que sus manifestaciones externas pasaron pronto. Ya no hay
hippies ni nueva izquierda ni poder estudiantil. Y , sin embargo, lo más característico de
nuestros días −desde los movimientos de liberación de todas las minorías hasta el pacifismo y el
ecologismo− tuvo su semilla en las tierras de California y en las antenas de tv. de Nueva York.
En mayo, en París, estalló la rebelión de los estudiantes universitarios. El caso francés destacó
por su resonancia , fue sobre todo un éxito de comunicación. En este caso no es una clase ni un
partido ni un grupo revolucionario quienes intentan, de verdad, tomar el poder. En su lugar , es
la imaginación, la que desea sustituir a un poder represor. El conflicto visible en París es entre
estudiantes y policías, pero es una revolución muy intelectual que critica al reformismo. No
desean tomar el poder, sino ocupar simbólicamente la calle que ellos considera territorio
liberado. Las barricadas no son tanto defensivas como líneas de demarcación simbólicas de un
territorio no sujeto a la autoridad represiva.
Por supuesto que también hay factores que las diferencian las manifestaciones alrededor del
mundo, como el contexto: "No era lo mismo manifestarse contra Franco o Charles De Gaulle,
que podía llevarte unos días al calabozo, que hacerlo contra los tanques en Tiananmen, donde
tu vida corría serio peligro".
Pero al menos cuatro de estos movimientos estuvieron estrechamente relacionados y tuvieron
un mismo origen: la Guerra de Vietnam (1958-1975).
Fue el primer conflicto televisado. Toda una generación nacida después de la Segunda Guerra
Mundial -durante uno de los periodos de mayor expansión económica- se pegó de bruces con la
crudeza de Vietnam. Sobre todo cuando en 1965 Lyndon B. Johnson decretó reclutamientos
masivos obligatorios. Casi 40.000 jóvenes serían movilizados cada mes. Los motivos de la
contienda generaban confusión y rechazo. No existía una personalización del 'malvado'
comunismo -no había un Hitler-. Tampoco la población entendía demasiado bien porqué había
que ir a luchar a un país que pocos sabían localizar en el mapa. En ese mismo año se produjo la
primera gran concentración de estudiantes en la Universidad de Berkeley (California) donde se
quemaron cientos de actas de reclutamiento.
Poco a poco la yesca estudiantil prendió en todo el país y comenzaron las protestas masivas.
Primero en la Universidad de Míchigan y posteriormente en Nueva York y Washington. La
repulsa frente a la movilización obligatoria caló hondamente en todos los sectores de la
sociedad, por lo que muchos destacan la mescolanza ideológica de los manifestantes, que iban
desde grupos cristianos a 'hippies' y pacifistas.
Sin embargo, David Horowitz, ex ayudante de Bertrand Russell -uno de los ideólogos del
antibelicismo-, resalta el carácter ideológico de las protestas: "Éramos un marxista y otro de
izquierdas".
En 1966, Russell invitó a Jean Paul '' Sartre a presidir el simbólico 'Tribunal Internacional para
los crímenes de guerra cometidos contra el Vietnam'. En ese mismo año, el escritor francés
organizó una concentración contra la contienda. En marzo del 68, ocho estudiantes que
protestaban por la detención de unos pacifistas se encerraron en la Universidad de Nanterre
(París) y fueron encarcelados. Así empezó el mayo francés. SIGUE EN PÁGINAS 4 Y 5
ntre ellos se encontraba Daniel Cohn Bendit. Cuando en mayo, él y sus compañeros
comparecieron en la Sorbona, se produjo el primer enfrentamiento entre los estudiantes y la
policía. Enseguida se desató una ola de violencia que duró todo el mes de mayo.
A las concentraciones de estudiantes le siguieron las barricadas. Después, una huelga general
que paralizó al país durante varios días y a la que se unirían los obreros. Entonces harían su
aparición estelar Sartre y Simone de Bouvoir; y Mao -el tirano sangriento que se ocultaba bajo
las palabras 'libertad' y 'cultura' -, amanecería colgado del Arco del Triunfo.
Ésta también fue una revolución de 'comunistas de champán' contra la URSS estalinista y sus
símbolos. Así clamaban: "No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre
supone morir de aburrimiento"; y al mismo tiempo ensalzaban al líder chino, desempolvaban a
Trosky y nacía un nuevo icono chic: el Che Guevara.
De Gaulle convocaría elecciones y las derechas volverían a gobernar dos legislaturas más. Victor
Chapot, que después sería ministro del gabinete de Gircard D'Estaing, opina que "en el 68
triunfó psicológicamente la Francia de las 35 horas y del déficit público. En realidad aquello sólo
fue un lupanar atávico". La efervescencia del movimiento se entremezclaba con la de la propia
juventud. Muchos dicen que, más que Vietnam, lo que realmente motivó a Cohn Bendit fue
"reclamar el libre acceso a los dormitorios de mujeres".
Hoy, la mayoría defiende la negatividad de esta revolución. Nicolas Sarkozy, flanqueado por
André Glucksmann, otro de los ideólogos de la revuelta arrepentidos, declaró el pasado
septiembre que "el 68 destruyó la diferencia entre el bien y el mal. E impuso el relativismo
moral e intelectual".

El 68 mexicano
Los estudiantes parecían invencibles. Quizás por este motivo los universitarios mexicanos
pensaron que merecía la pena intentarlo. Pero chocaron con la rigidez de un sistema
infrademocrático que había mantenido al PRI en el poder desde 1929. El Gobierno, temeroso
de que las concentraciones ensombreciesen el halo democrático que pretendía destilar con la
organización de los Juegos Olímpicos que se celebrarían en la capital azteca, ordenó ocupar las
universidades. Los estudiantes respondieron organizando un mitin en la Plaza de Tlatelolco.
El ejército les rodeo y, en medio de la confusión, se abrió fuego. La concentración se saldó con
300 muertos, aunque entonces el PRI sólo admitiese cuatro.
Tanques en Praga
¿El año? También 1968. ¿El sueño? El llamado 'socialismo de rostro humano'. ¿El contexto? La
antigua Checoslovaquia, 'pedanía' revoltosa del Kremlin con permiso de la Hungría del 56. ¿El
resultado? Tanques en la calle, barricadas, estudiantes 'despachando' cócteles molotov y
políticos 'dimitidos' a golpe de doctrina Breznev.
A grandes rasgos, la Primavera de Praga tuvo dos trincheras: la política, en la que algunos
miembros del Partido Comunista Checo -como Alexander Dubcek- abanderaron reformas
aperturistas, y la social, en la que universitarios, obreros e intelectuales se metieron para
defender lo que la URSS les negaba: mayor libertad. Dubcek accedió al poder en enero de 1968
para sustituir al prorruso Novotny. Pronto inició una serie de reformas que tenía en la supresión
de la censura su punto culminante. Con su aprobación el 5 de marzo comenzó la Primavera de
Praga. Después vinieron los intentos de liberalización económica, la libre creación de partidos
de corte socialista, excarcelación de presos políticos...
Entonces surgieron asociaciones, periódicos, grupos de discusión. La Universidad pasó a
convertirse en un foro artístico y efervescente. El escritor Milan Kundera lo describió así: "Era
una fiesta ebria. Las ciudades estaban adornadas con caricaturas de Breznev y sus soldados, de
los que todos se reían como de una banda de analfabetos". Desde Moscú, Breznev ordenó a sus
tanques que tomasen las calles de la ciudad de Kafka, aunque no doblegaron a obreros y
estudiantes. En abril de 1969, Dubcek dejó la dirección del partido y tuvo que ganarse la vida
como guardabosques. El pueblo, por su parte, nunca volvió a confiar en un sistema que
aborrecía.
Franco y sus 'grises'
La Universidad española fue la única institución que no dejó de inquietar a Franco. Su carácter
joven, contestatario e idealista cristalizó, pricipalmente, en dos revueltas clave: la primera, en
1956, no pasó de una pequeña escaramuza en Madrid y Barcelona. "Si el Gobierno se asustó,
fue porque entre los implicados había comunistas de apellidos ilustres", recuerda Pablo Lizcano,
protagonista de aquellos días y autor del libro 'La generación del 56' (Editorial Leer). Los gases
lacrimógenos, las porras de los 'grises' a caballo y los muros de las prisiones no pudieron acallar
este descontento.
Para Lizcano, la segunda gran algarada se produjo por contagio. Las noticias del mayo francés
encendieron los ánimos de una Universidad amordazada: "Sólo participaron unos cientos de
estudiantes, pero Franco tenía miedo de que le ocurriera como a De Gaulle. La verdad es que el
resto del pueblo nos rechazaba. En algunos barrios de Madrid la gente cerraba las ventanas a
nuestro paso. Y eso que cabíamos en un autobús".
Sangre en Tiananmen
El 4 de junio de 1989, el tableteo de las ametralladoras acalló la que, hasta el momento, ha sido
la protesta más contundente contra los dirigentes comunistas de la República Popular China.
Miles de estudiantes, hartos del inmovilismo de un Gobierno corrupto, se echaron a la calle a
exigir reformas y libertad.
La muerte del aperturista Hu Yaobang encendió los ánimos, pero fue la ausencia de diálogo lo
que provocó las mayores manifestaciones. A pesar de la Ley Marcial, miles de jóvenes se
declararon en huelga de hambre en la emblemática Plaza de Tiananmen. Den Xiaoping ordenó
terminar con las protestas sacando los tanques a la calle. La mañana del 4 de junio, sus cadenas
aplastaron a un número aún desconocido de estudiantes desarmados -entre 400 según el
Gobierno y 4.000 según la Cruz Roja-.
Para Xulio Ríos, experto el país asiático, la importancia del papel de los universitarios fue
superlativa: "A la tradicional y elevada consideración social de la educación en China (la relación
maestro alumno sólo es superada por la paterno filial) hay que sumar la trascendencia política
de estas movilizaciones", afirma Ríos. "Significó un antes y un después". ¿Qué ha quedado casi
dos décadas después? "El gobierno intentó cerrar la herida mediante exilios y compensaciones.
Pero también se especializó en la represión silenciosa sin recurrir a los tanques"
BIBLIOGRAFIA:
http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2008/507/1201647603.html