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'Homo digitalis, nueva etapa de la especie

'
Román Cendoya


Entrevista con el español autor del libro 'rEvolución. Del homo sapiens al homo digitalis'.
Es difícil precisar cuándo empezó todo. Tal vez puede ser a mitad de los años ochenta,
cuando las primeras computadoras comenzaron a hacerse populares y, sin darnos mucha
cuenta, asistíamos a la prehistoria de una nueva forma de vida, de una nueva realidad.
Desde entonces, todo ha pasado muy rápido. En menos de treinta años, la tecnología ha
atravesado todas las esferas de la sociedad y ha marcado desde nuestra forma de
producir hasta nuestra manera de pensar, de crear, de sentir, de hacer amigos.
Para poner un ejemplo, hoy nuestra reputación social parece depender de cuántos amigos
tenemos en Facebook o de cuántas menciones conseguimos en Google.
Puestas así las cosas, el español Román Cendoya ha escrito un libro que describe muy
bien esta nueva realidad. Mediante una especie de relato personal, analiza los efectos de
la tecnología en el mundo actual, tanto la fascinación como la crisis que genera este salto
de lo analógico hacia lo digital. Y, sobre todo, nos plantea una nueva división de seres
humanos: los prebotónicos, los botónicos y los táctiles.
Explíquenos esta clasificación de prebotónicos, botónicos y táctiles. ¿Estamos frente a tres
tipos de seres humanos?
Los prebotónicos (la palabra viene de botón) vendrían a ser nuestros padres. Es aquella
generación que, cuando irrumpió la tecnología, era ya mayor. Ellos, con mucho esfuerzo,
han conseguido manejar el correo electrónico para escribir a sus nietos, pero no tienen ni
idea del cambio que está ocurriendo. Luego, venimos los botónicos. Somos aquellos que
éramos jóvenes o niños cuando llegó la tecnología y fuimos los pioneros de la
digitalización de la sociedad. Sin embargo, somos mentalmente analógicos y la tecnología
ha corrido muy rápido y vamos arrastrándonos detrás de ella. Y luego están nuestros hijos
y nietos, menores de 20 años, que son táctiles. Ellos interactúan con la red y, a diferencia
de nosotros, en sus relaciones comerciales, sociales, etc., prefieren las máquinas al trato
directo con las personas. La tesis del libro es que nosotros, como seres analógicos, no nos
adaptamos a este nuevo mundo y somos los últimos homo sapiens sobre la Tierra.
Para llegar a ser homo sapiens, el hombre pasó por miles de años de evolución. ¿En qué
etapa se encuentra este homo digitalis que describe en el libro?
Se está gestando en estos momentos. Es una nueva especie, que no será físicamente
distinta a nosotros pero sí antropológicamente. Se está cambiando el paradigma del
conocimiento y del pensamiento. Nuestros hijos y nietos son los hombres prehistóricos de
esta nueva especie que yo he llamado homo digitalis.
¿Cómo prever el futuro si la propia tecnología tiende a evolucionar tan rápidamente que
deja atrás cosas y aparatos que hasta hace muy poco parecían innovadores?
Lo que más me ha llamado la atención mientras escribía el libro es la capacidad de
introducción y destrucción que tiene la revolución tecnológica. Si miramos nuestras
propias casas, nos daremos cuenta de que están llenas de cadáveres. En treinta años
murió el disquete, el fax, el video, el VHS, el beta. Murieron miles de aparatos y miles de
soportes que para nosotros fueron en un momento cosas que nos parecían de brujería. La
tecnología nos ha ido creando necesidades y, al final, va castrando, porque eso hace,
nuestras habilidades humanas.
Por lo visto, no es muy optimista frente a esta nueva humanidad, por llamarlo de alguna
manera.
Vamos a ver. Esto que viene es imparable e inaplazable. Es una realidad que está muy por
encima de todos nosotros y que afecta la política, la educación, la sanidad, la religión, la
economía, toda la sociedad de manera integral. Esta es una revolución tan grande que
nuestros dirigentes, políticos, pensadores han utilizado la palabra crisis para contarnos
esta nueva situación. Hablan de crisis económica, de crisis de modelo, de crisis política, de
crisis de valores, pero si todo está en crisis hay que preguntarnos por qué pasa esto. Y
esto ocurre por el fenómeno de transformación que ha supuesto la llegada de la
tecnología a nuestras vidas. Yo no creo que el futuro vaya a ser mejor… La sustitución de
habilidades tradicionales humanas que está haciendo la tecnología es un hecho y pronto
nuestros niños no van a saber escribir. Y mucha gente me considera un exagerado, pero
acaso podemos ahora sumar, multiplicar y restar mentalmente como lo hacíamos hace
quince o veinte años atrás. Hemos perdido esa capacidad porque se lo preguntamos todo
a ese aparato que llamamos teléfono.
¿La tecnología no tiene ventajas que compensan esta pérdida de habilidades?
Todas estas ventajas de accesibilidad, velocidad, capacidad, suponen castración de
habilidades. El más grave problema es el modelo educativo. Mientras a nosotros se nos
educó en el saber, a nuestros hijos se los está educando en el acceder.
¿A qué se refiere?
A nosotros se nos hacía memorizar tablas, ríos, cifras; no era para que lo supiéramos, sino
para formar a nuestro cerebro en la captación de esos datos y para acostumbrarlo a usar
información. Pero cuando llegaron Internet y los buscadores, decidimos que a nuestros
hijos les íbamos ahorrar el tiempo de buscar en enciclopedias y les dimos ordenadores y
tabletas. Ahora ellos sí saben dónde encontrar la información, el problema es que
información rima con manipulación y estamos creando la generación Wikipedia del párrafo
uno. Cuando tú le preguntas a un niño cualquier cosa va y lo busca en Google y lee el
primer párrafo. No sabe si es cierto y tampoco le importa. Estamos haciendo que el
pensamiento sea acrítico y uno de los grandes culpables es Twitter, porque no puede ser
que las grandes ideas del mundo tengan como máximo 140 caracteres.
Le pueden decir conservador por ello...
No, es que lo más divertido del cambio de modelo es que los conservadores de antaño se
han vuelto progresistas y estos se han vuelto profundamente conservadores. Los
progresistas, gente de izquierda, quieren que nada cambie, que nos quedemos como
estamos; y los conservadores, en su defensa del libre mercado, quieren que las cosas
evolucionen y se han vuelto muy progresistas.
En el libro critica el nuevo anonimato de las redes sociales…
Es un enorme peligro. Se dice que Internet es la libertad, pero para que esta exista es
imprescindible que haya responsabilidad. No puede ser que desde el anonimato se
calumnie y se difame. Estamos creando personalidades ficticias en las que nos
proyectamos de una manera totalmente falsa. Dos: el individuo está cada vez más solo.
Facebook llama amigo a quien es un perfecto desconocido. Yo tengo decenas de perfectos
desconocidos que se llaman mis amigos y curiosamente mis verdaderos amigos me tienen
que pedir que los acepte. Hemos usado una palabra bonita para meter una ficción.
JORGE PAREDES LAOS
‘EL COMERCIO’ DE LIMA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
2 de octubre de 2013
Autor
JORGE PAREDES LAOS