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La Iglesia es diálogo. Es fruto del diálogo trinitario.

Sabemos por Jesús (Juan 3,16) que
en diálogo del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, resuelven que el Hijo se haga Hombre
porque aman a la gente de este mundo. Es Jesús, el hijo de María Virgen que, muriendo y
resucitando, infunde al Espíritu Santo que forma la Iglesia con el grupo de creyentes en el
Enviado por el Padre.
El grupo de discípulas y discípulos de Jesús, a su vez, son enviados por el mismo Jesús, con
la animación del Espíritu Santo, a anunciar la salvación liberadora “de todos los hombres y
de todo el hombre” La Iglesia viene de lo Alto con la efusión del Espíritu Santo pero va
surgiendo con hombres y mujeres de toda raza, cultura y lugar, en la dinámica de
discípulas/os de Jesús. De esta diversidad humana, con la presencia del Espíritu, se crea
una nueva realidad, una porción de humanidad, el nuevo pueblo de Dios. A tal punto que
sin hombres y mujeres de este mundo histórico, no habría Iglesia como tampoco habría
Iglesia, sin la presencia de la intervención divina trinitaria.
El Concilio Vaticano II con la Constitución Lumen Gentium y Gozo y Esperanza dejó
maravillosamente clarificado el origen divino de la Iglesia y su realización histórica humana.
El ser dialogal de la Iglesia es fruto del Diálogo Divino que se proyecta en la historia
humana mediante el seguimiento a Jesús y su Evangelio.
Por eso, el Concilio Vaticano II pide, a través de diversas Constituciones y Decretos, que el
cambio de una Iglesia piramidal a una Iglesia comunional, se exprese y se dinamice
mediante estructuras pastorales representativas de todos los sectores del Pueblo de Dios.
Asi promueve el Consejo Presbiterial, el Consejo Pastoral diocesano y parroquial y
Asambleas diocesanas y parroquiales. Estructuras de diálogo, lugar de encuentro y escucha
entre todos los miembros de la Iglesia-comunidad de creyentes en Jesús muerto y
resucitado; canales de intercambio de valores temporales con valores religiosos. De esta
suerte, se evita caer en la esquizofrenia del espiritualismo o el temporalismo como en forma
explícita y desarrollada lo advierte la Constitución Gozo y Esperanza; todo un tratado de
pastoral para transformar la Iglesia en servidora de la Humanidad. ( G.E. 41-42-43-44-45)
De ahí la importancia de que la Iglesia pronuncie su voz profética. La voz con el
contenido permanente del Mensaje Divino revelado; pero, abriendo la página del Libro
Revelado que le concierne a tal y tal situación económica –cultural-política-cultural que está
viviendo la sociedad. Es decir, debe evangelizar el aquí y ahora de la historia humana. La
Iglesia ha de proclamar el contenido de las verdades eternas con un lenguaje histórico
actualizado.- De lo contrario la Iglesia se convertiría en museo histórico en lugar de ser una
voz liberadora de “todos los hombres y todo el hombre” (G.E.)
Una Iglesia actualizada, porque una Iglesia que no sirva al hombre actual, no funciona.
La Iglesia simplemente repetidora no es la Iglesia de Jesús, no es la Iglesia atenta e
iluminadora de los signos de los tiempos para dar la Palabra oportuna que salva...
Con lo dicho queda claro que una Iglesia “muda” es una Iglesia que traicionaría su
misión. La Iglesia de Jesús es la Iglesia del Verbo Encarnado. La Iglesia de la Palabra de
Dios. Existe para anunciar a Jesús y su Evangelio. Por cierto no en forma abstracta. Sino en
forma concreta para ser luz, sal, levadura (Mateo 5,13) en la historia humana que va
aconteciendo.
La Iglesia es la comunidad testigo fiel de la Pascua del Señor. Un testigo vive el
acontecimiento y habla de lo que vive. La Iglesia no vive al margen de acontecer histórico.
Es el Pueblo de Dios que peregrina en la historia humana. Como Comunidad organizada en
diversos sectores con miembros que cumplen diversos roles, iguales en dignidad de hijas e
hijos de Dios por el bautismo, viviendo un mismo Espíritu (Cor, 12.) conforman un solo
Pueblo, con una misma misión evangelizadora. Así en el compromiso temporal se
compromete la Iglesia entera tomando diversos roles según sea el Episcopado o el Laicado.
Por caso, misión de la Iglesia es evangelizar la política. Los Pastores evangelizan la política
a nivel doctrinal y el laicado actuando hasta con la posibilidad de la participación en la vida
política en acción partidaria. “Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación
particular propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están
obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común” ( G.E.
73 al 75 ).