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CP - ci enci a pol í ti ca
EDUBP | ABO | p r i me r c u a t r i me s t r e
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 2
í ndi ce
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presentación 3
programa 4
contenido módulos | 4
mapa conceptual 6
macroobjetivos 7
agenda 7
material 8
material básico
material complementario
glosario 9
módulos *
m1 | 16
m2 | 88
m3 | 196

* cada módulo contiene:
microobjetivos
contenidos
material
actividades
glosario
evaluación 277
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3 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Bienvenido a Ciencia Política
presentación
¡Hola!, ¿cómo le va? Durante este cuatrimestre compartiremos con usted el
desarrollo de esta asignatura, Ciencia Política. Seguramente se preguntará el
porqué de una materia como la presente en una carrera de Abogacía, ¿no?. La
respuesta podrá tenerla acabadamente una vez que hayamos podido desarrollar
el programa, pero déjeme decirle como una primera aproximación que nuestra
disciplina se ocupa de estudiar y analizar la problemática del poder y del Estado,
y si tenemos en cuenta que los abogados monopolizan uno de los “poderes
del Estado” –me estoy refiriendo al llamado Poder Judicial– obviamente va de
suyo la incumbencia que esta disciplina tiene para un futuro profesional de la
abogacía, sea que la salida laboral suya sea el ejercicio liberal de la profesión
o que se dedique a la carrera judicial. ¡Ni qué hablar si en un futuro se dedica
a la política, actividad que mayormente se despliega en los llamados poderes
ejecutivo o legislativo!.
Con lo dicho en el párrafo precedente, creo justificar el porqué de una materia
como la nuestra en la carrera que usted ha elegido, pero permítame ahora
hacerle una síntesis de lo que veremos a lo largo del cuatrimestre:
1. El primer módulo, que contiene dos unidades, persigue como finalidad
desentrañar el objeto de nuestra disciplina y además indagar sobre
cómo se ocupa la ciencia política en el abordaje del mismo. Veremos
las distintas posturas respecto a cuándo se originó la disciplina y las
distintas formas de hacer ciencia política. Se debe tener en cuenta que
el objeto de estudio, la política, también puede ser estudiado por otras
disciplinas pero con otra visión, tales como la economía, la sociología,
etc. En la segunda unidad veremos como ha evolucionado el fenómeno
político en el contexto histórico.
2. En el segundo módulo nos ocuparemos del Estado como modelo de
dominación político paradigmático de la modernidad (desde el siglo XV
a nuestros días), pero la segunda unidad de este módulo nos presentará
las distintas versiones por las que ha pasado. Yo siempre suelo decir
a mis alumnos del presencial que, así como el sistema operativo de
computación que todos conocemos como Windows ha pasado por
distintas versiones (ejs: 95, 98 y 2000 o Milllenium), también el Estado
moderno ha tenido distintas versiones: el absolutista, el liberal, el de
bienestar... hasta llegar al proceso actual de globalización.
3. En el módulo 3 nos ocupamos de la democracia y de los actores
políticos que no son el Estado. La primera unidad del módulo se ocupa
de la democracia, un tema tan caro a la cultura política posterior a
la Revolución Francesa (1789), aunque reconoce antecedentes muy
antiguos. Si bien la democracia es una forma de gobierno, y desde una
perspectiva más actual es uno de los regímenes políticos imperantes en
el globo, ha recorrido un largo camino y su pretendido triunfo –por lo
menos en el discurso luego de la caída del muro de Berlín y el fin de la
llamada “guerra fría”– no es tan así, ya que existen grandes porciones
del planeta en donde aún todavía no está vigente... ¡¡¡y ni qué decir de
otros en donde si bien formalmente impera, en lo sustancial dista mucho
de hacerlo!!! En la otra unidad ahondaremos en otros actores políticos
que juegan en la “arena política” y que no son el sistema político mayor
–el Estado– sino subsistemas dentro de él; nos referimos a los partidos
políticos, los grupos de presión, etc.
Hemos realizado así un “paneo” del programa de la asignatura y una presentación
de nuestra disciplina. La selección de los contenidos que en ella se incluyen
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ha sido realizada teniendo en cuenta los objetivos que la UBP se planteó al
desarrollar la curricula de la carrera de Abogacía y, muy especialmente, la
consideración de la ciencia política como instrumento útil para comprender la
realidad política –y especialmente estatal– en la que el abogado desarrolla su
profesión. De esta forma, su estudio le aportará las herramientas para manejarse
en los nuevos procesos de integración y con los nuevos actores que, desde
lo político, sirven de marco referencial para comprender mejor las nuevas
realidades y relaciones jurídicas que se le presentarán, a la par que tener una
visión más completa y acabada desde lo social –y lo político– a los fines de
poder abordar y llegar a mejores soluciones en el ámbito de lo jurídico.
Cada uno de los módulos de la asignatura, como así también la presentación
del programa, está acompañado por un mapa conceptual de los contenidos en
él incluido. Su lectura e interpretación le servirán para tener una visión general
de los conceptos globales que conforman la asignatura y sus módulos, las
relaciones que se establecen entre ellos, como así también constituye una forma
de sistematizar los conocimientos de las temáticas que se abordan. Luego de
que usted haya efectuado su proceso de estudio, le aconsejo vuelva a los
mapas para articular el proceso de comprensión realizado, llenar de contenidos
el esquema e incluso modificarlo de acuerdo a su propio acercamiento a la
interpretación de los temas y sus relaciones.
¡¡Bienvenido y éxitos en el aprendizaje de estos contenidos!!
programa
Ciencia Política – Programa  
Módulo 1:  
Unidad I: LA POLITICA Y SU CONOCIMIENTO  
I. La Política: Delimitación conceptual y caracteres. Distintos enfoques sobre su especificidad. 
Autonomía de lo político. II. La Ciencia Política: Su función. Descripción, interpretación y crítica 
de los fenómenos políticos. Distintas posturas respecto a su origen. Teoría del Estado, Historia 
de las Ideas, Dinámica Política, Relaciones Internacionales.  
Módulo 2 
Unidad II: TEORIA DEL ESTADO  
I. Los modelos históricos de organización política pre‐estatales. II. Proceso histórico de 
surgimiento del Estado moderno. lo público y lo privado. III. Sociedad Civil: concepto. Diversos 
enfoques respecto a su relación con el Estado. IV. Distintas perspectivas teóricas sobre el 
Estado.  
Unidad III: TEORIA DEL ESTADO (CONT.)  
I. Elementos del Estado: Territorio, población, poder. El Derecho. Concepto de Soberanía. 
Distinción entre Estado y Gobierno. II. Estado, Sociedad y Derecho. Distintas posiciones 
teóricas. III. El Estado de Derecho: origen y evolución. Estado de Derecho liberal. Origen, 
evolución y crisis. Análisis a partir de la relación Estado‐Economía y Sociedad. Estado Social de 
Derecho o Estado de bienestar. Origen, desarrollo y crisis. Nuevas perspectivas. Estado y 
Mercado: nuevas relaciones. El retiro estatal del ámbito del mercado: el neoliberalismo. V. El 
Estado‐Nación y la globalización: El final de un modelo?  
Unidad IV: IDEOLOGIA CONTEMPORANEA  
Liberalismo; marxismo; socialismo‐ democrático; social‐cristianismo; totalitarismos. Crisis de 
las ideologías. La postmodernidad.  
Módulo 3:  
Unidad V: LA DEMOCRACIA  
I. Discusión en torno a sus significados. II. liberalismo y democracia. III. Diferentes modelos de 
Democracia. Distintos enfoques teóricos sobre la democracia. IV. Gobernabilidad y 
Democracia. V. Representación y participación política.  
Unidad VI: DINAMICA POLITICA  
I. Partidos Políticos. Sistemas de Partidos. II. Los Grupos de Interés y los Grupos de Presión. Los 
movimientos sociales. III. Crisis de representación, recomposición y nuevos actores. IV. 
Opinión pública. Medios de Comunicación social y Política.  
Unidad VII: ESTADO Y POLITICA INTERNACIONAL  
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Ciencia Política – Programa  
Módulo 1:  
Unidad I: LA POLITICA Y SU CONOCIMIENTO  
I. La Política: Delimitación conceptual y caracteres. Distintos enfoques sobre su especificidad. 
Autonomía de lo político. II. La Ciencia Política: Su función. Descripción, interpretación y crítica 
de los fenómenos políticos. Distintas posturas respecto a su origen. Teoría del Estado, Historia 
de las Ideas, Dinámica Política, Relaciones Internacionales.  
Módulo 2 
Unidad II: TEORIA DEL ESTADO  
I. Los modelos históricos de organización política pre‐estatales. II. Proceso histórico de 
surgimiento del Estado moderno. lo público y lo privado. III. Sociedad Civil: concepto. Diversos 
enfoques respecto a su relación con el Estado. IV. Distintas perspectivas teóricas sobre el 
Estado.  
Unidad III: TEORIA DEL ESTADO (CONT.)  
I. Elementos del Estado: Territorio, población, poder. El Derecho. Concepto de Soberanía. 
Distinción entre Estado y Gobierno. II. Estado, Sociedad y Derecho. Distintas posiciones 
teóricas. III. El Estado de Derecho: origen y evolución. Estado de Derecho liberal. Origen, 
evolución y crisis. Análisis a partir de la relación Estado‐Economía y Sociedad. Estado Social de 
Derecho o Estado de bienestar. Origen, desarrollo y crisis. Nuevas perspectivas. Estado y 
Mercado: nuevas relaciones. El retiro estatal del ámbito del mercado: el neoliberalismo. V. El 
Estado‐Nación y la globalización: El final de un modelo?  
Unidad IV: IDEOLOGIA CONTEMPORANEA  
Liberalismo; marxismo; socialismo‐ democrático; social‐cristianismo; totalitarismos. Crisis de 
las ideologías. La postmodernidad.  
Módulo 3:  
Unidad V: LA DEMOCRACIA  
I. Discusión en torno a sus significados. II. liberalismo y democracia. III. Diferentes modelos de 
Democracia. Distintos enfoques teóricos sobre la democracia. IV. Gobernabilidad y 
Democracia. V. Representación y participación política.  
Unidad VI: DINAMICA POLITICA  
I. Partidos Políticos. Sistemas de Partidos. II. Los Grupos de Interés y los Grupos de Presión. Los 
movimientos sociales. III. Crisis de representación, recomposición y nuevos actores. IV. 
Opinión pública. Medios de Comunicación social y Política.  
Unidad VII: ESTADO Y POLITICA INTERNACIONAL  
I. Nuevas formas de interrelación e interdependencia. Hacia el fin del Estado Nación?. II. 
Mundialización, Globalización, Regionalización. Procesos de integración y desintegración. III. 
Nuevos actores políticos transnacionales. La empresa trasnacional y las O.N.G. IV. Política y 
problemática mundial: Seguridad; Derechos Humanos; Medio Ambiente; Narcotráfico; 
Corrupción, etc. 
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mapa conceptual
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macroobj eti vos
- Identificar la especificidad de lo político dentro del ámbito de lo social,
comprendiendo los problemas medulares de la ciencia política.
- Desarrollar habilidades en el manejo del instrumental analítico para la
descripción, interpretación y crítica de los fenómenos políticos en el
marco de los procesos histórico-sociales.
- Profundizar el estudio –iniciado con la asignatura Constitucional I–
del Estado y sus diferentes manifestaciones históricas, a los fines de
contextualizar institucionalmente el estudio del derecho.
- Distinguir las notas características de los distintos actores políticos en el
marco de los procesos histórico-sociales.
- Distinguir las distintas corrientes ideológico-políticas que surgieron con
la modernidad, necesarias para interpretar los fenómenos políticos
actuales.
- Desarrollar una metodología de estudio que permita comprender la
realidad política regional y argentina, a través de procesos reflexivos que
promuevan su análisis crítico.
- Conocer los problemas de la globalización y sus consecuencias en lo
político-institucional.
- Desarrollar los valores democráticos, los derechos humanos y la
solidaridad, como actitud permanente ante los acontecimientos cotidianos
de la vida personal y profesional.
agenda
Pocentaje estimativo por módulo según la cantidad y complejidad de
contenidos y actividades

Representación de porcentajes en semanas
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materi al
Material Básico:
- Material de apoyo elaborado por el Dr. Carlos A. JUÁREZ CENTENO. UBP.
Educación a Distancia. 2002. (El alumno encontrará estos materiales en
el CD en forma de enlaces).
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana y PIÑERO, Ma. Teresa: El
conocimiento de la Política. Ed. Advocatus, Córdoba, 2001. (El alumno
encontrará los temas que la cátedra considera obligatorios en el CD en
forma de enlaces).
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana (y otros): Notas sobre
Teoría del Estado. Ed. Advocatus, Córdoba, 2000.
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana y JUÁREZ CENTENO,
Carlos A.: Temas de Historia de las Ideas Políticas. Ed. Advocatus,
Córdoba, 2001. (Hay ediciones anteriores).
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María S. y PIÑERO, María Teresa: Las
Transformaciones del Estado. Ed. Advocatus. Córdoba, 2001.
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana: “La Democracia”, pp. 185
a 207. En: Cuadernos de Política. Ed. Advocatus, Córdoba, 1998. (El
alumno encontrará este material en el CD en forma de enlace).
- “El horror de un error Argentino”, En: SERÁ JUSTICIA, año V nº VIII,
junio 1996. Revista del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho
y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. (El alumno
encontrará este material en el CD en forma de enlace).
Videos: (los temas que la cátedra considera pertinentes se encuentran en el
CD en forma de enlaces)
- TOMASINI, L., TUSSIE, D. y ESCUDÉ, C.: Video 2do. Congreso Nacional
de Ciencia Política, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1995.
- Diamint, Ruth. “Democracia: Civiles y Militares”. Video.
- “La democracia argentina 1983-2001”. Video sobre “18 años de
Democracia”, extractado del programa especial de Canal 7 – Buenos
Aires.
Materiales Complementarios:
- CERRONI, Humberto: Política, teorías, procesos, sujetos, instituciones y
categorías. Ed. Siglo XXI, México, 1992.
- LÓPEZ, Mario Justo: Introducción a los Estudios Políticos. Tomo 1. Ed.
Depalma, Buenos Aires, 1987. (Hay otras ediciones).
9 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
- LÓPEZ, Mario Justo: Manual de Derecho Político. Ed. Kapelusz, Buenos
Aires, 1981.
- PINTO, Julio (comp.): Introducción a la Ciencia Política. Eudeba, Buenos
Aires, 2001. (Hay ediciones anteriores).
- VALLÉS, Joseph M.: Ciencia Política. Una introducción. Ed. Ariel,
Barcelona, 2000.
- JUÁREZ CENTENO, Carlos et al.: La Ideología Contemporánea. Ed. Avo- Ed. Avo-
catus, Córdoba, 1991.
Sitios Web
http://sapiens.ya.com/elforouned/
El foro de la ciencia política (UNED)
http://sapiens.ya.com/elforouned/enlaces.htm
El foro de la ciencia política (UNED). Enlaces.
http://fcs1.fcs.edu.uy/icp/
Instituto de Ciencia Política
http://www.nuevasoc.org.ve/
Nueva Sociedad
http://www.anacitec.org/proar/politologia/
Primer directorio en Internet de profesionales argentinos en el exterior.
Politología.
http://www.unam.mx/iisunam/Principal.htm
Instituto de investigaciones sociales (UNAM)
http://www3.usal.es/dpublico/areacp/index1.htm
1er Congreso Latinoamericano de Ciencia Política (USAL)
gl osari o
Actores políticos: Denominación que se puede utilizar como sinónimo de
“sujetos políticos”, “fuerzas políticas”, etc.
Administración pública: El conjunto de personas que no están involucradas
de manera directa en la toma de decisiones políticas importantes, pero que
construyen y ponen en práctica las políticas que cumplen estas decisiones. Ejs.:
policías, enfermeras de la salud pública, agentes de hacienda, etc.
Agonal (lucha): Es una de las fases de la política. La misma hace a la dinámica
de la política (ver Dinámica política).
Autonomía: También respecto a la política, en el sentido de que tiene “leyes”
propias, explicaciones, causalidades que le son inherentes y que difieren de las
de otros ámbitos como la economía, por ejemplo.
Burocracia: Una manera de organizar la administración pública que enfatiza
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el profesionalismo, la contratación y los ascensos en base al mérito y la
profesionalización. Se suele usar en forma “peyorativa” de la noción de
administración pública.
Causalidad: Una interpretación de las relaciones entre eventos, en la que un
evento “provoca” o produce otro evento.
Ciencia política: Disciplina científica. Un ejemplo de las llamadas ciencias
sociales, culturales o “blandas”. Entre ellas podemos señalar, también, la ciencia
jurídica, la historia, la sociología, etc. Tiene por objeto el estudio de la política.
Podemos sostener que es el campo académico que toma como su tarea única y
general el análisis de la política, en especial la del Estado.
Ciencia política “conductista”: Es la que enfatiza el análisis estadístico y las
teorías abstractas en busca de regularidades básicas y esenciales a lo largo de
un conjunto de eventos.
Ciencia política “interpretativa”: Es la que enfatiza los métodos históricos,
antropológicos, legales y el todo complejo que se está estudiando. Heller,
cuando sostiene que su teoría del Estado será ciencia política cuando logre
describir, interpretar y criticar los fenómenos políticos, se enrola en esta postura
de una manera mucho más acabada, o podemos decir “científica”, que los que
sólo apelan a uno de los métodos señalados.
Compleja e indivisa: Compleja e indivisa: Como una suma de todas las otras
características de la política, y como parte de la realidad humana y social, la
realidad política es compleja y de imposible división. La efectividad humana
implica un todo inseparable en los hechos, aunque en las reflexiones o “in
abstracto” cada ámbito de ese acontecer sí pueda ser “partido”, separado o
desagregado a los fines de su análisis.
Comunismo: Es una versión del socialismo marxista, la más radical. Los
comunistas, en general, sostienen que la única forma de construir un Estado
socialista es mediante la revolución, por lo que en ocasiones están menos
interesados por las elecciones que los socialistas democráticos. Después de
1920, los comunistas reconocieron mayoritariamente el liderazgo de la ex Unión
Soviética (URSS) en la formulación de sus objetivos y estrategias. Se suele
expresar que el sistema comunista cayó con la desaparición de la ex URSS,
en la década de los ´90. Aunque también podemos señalar que todavía existen
modelos que se acercan a lo que era ese tipo de Estado socialista: China, Corea
del Norte, ¿Cuba?.
Conservadurismo: Ideología que postula como el objetivo más importante de la
política la de crear sociedades estables basadas en una jerarquía de poder. Éste
debe estar en manos de una clase tradicional de gobernantes. Aparece como
una reacción al liberalismo por parte de quienes se sienten amenazados en su
condición social privilegiada: nobleza terrateniente, jerarquías eclesiásticas.
Democracia: Reafirmando el conocimiento vulgar, podríamos decir que es el
gobierno del, por y para el pueblo. Su terminología proviene del griego, y está
integrada por las voces “demos” y “cracia”, esto quiere decir, el gobierno de
los demos. Éstos era pequeñas divisiones territoriales de las polís griegas, por
los cuales se accedía a la vida ciudadana. Como el origen de la democracia
lo encontramos en Grecia, de allí su nombre. Es una forma de gobierno, un
régimen político, y hasta se habla de una forma o estilo de vida. Existen distintos
tipos de democracia, pero las denominaciones más conocidas y que implican
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mayores devaneos de los teóricos y los políticos son: democracia formal y
democracia sustancial (social); directa o indirecta, etc. Obviamente, cuando nos
adentremos en su estudio veremos que el término tiene más acepciones según
vaya acompañado de algún adjetivo calificativo: “delegativa”, “participativa”,
“representativa”, “liberal”, “procedimental”, etc.
Dictadura: Toda forma de gobierno en la que el o los titulares del poder no
lo han obtenido constitucionalmente, o cuando lo ejercen sistemáticamente en
contra de esos principios y reglas, de tal suerte que no tienen responsabilidad
alguna en el ejercicio del poder. Lo que legitima su accionar es el temor de los
ciudadanos o súbditos.
Dinámica política: Como la política es polifacética, una de esas faces que
la integran hace referencia a su dinamismo. Cuando se habla de dinámica
política, en el campo de la ciencia política, estamos refiriéndonos a los distintos
actores políticos que protagonizan el hecho político: partidos políticos, grupos de
presión, opinión pública, etc. Son los que ponen en movimiento la estructura de
la relación política para que ésta no esté siempre inmóvil e igual, lo que impediría
la evolución, el cambio, etc. Algunos autores, como Prelot, la denominan vida
política.
Especificidad: Nos estamos refiriendo al ámbito de lo político. Queremos decir
que tiene características propias.
Estado de derecho: Hace referencia a una versión del Estado moderno que
implica el ejercicio del poder estatal según los parámetros del derecho, o si
se quiere, el ejercicio del poder estatal con las limitaciones que el derecho le
impone.
Estado liberal de derecho: Es un tipo de Estado de derecho. Luego de la
primera versión del Estado moderno, la absolutista, a partir de fines del siglo XVII
en Inglaterra, pero con la consolidación en las democracias constitucionales del
XIX se evidenció el ejercicio de este tipo de Estado que hizo crisis a finales del
primer tercio del XX. También se lo llamó Estado liberal o Estado de derecho
formal o clásico. El rol del Estado en esta versión es la de ser un Estado
gendarme o abstencionista. Los neo-liberales hablan de un Estado mínimo.
Estado moderno: Modelo de dominación política que surge a partir del siglo XV
en el círculo cultural de occidente. Se ha convertido en el modelo paradigmático
de la modernidad. Ha tenido distintas versiones o estilos y perdura hasta el día
de la fecha, aunque algunas teorías o autores preanuncian en la actualidad la
hora de su fin o extinción.
Estado social de derecho: Es la versión que adopta o hacia la que evoluciona
el Estado liberal de derecho luego de su crisis en la década del ´30. Su época
de vigencia es hasta 1970, aproximadamente. También se lo conoce como
Estado de bienestar, Estado democrático. Estado de justicia, Estado keynesiano,
etc. El rol del Estado en esta versión es el de un Estado intervencionista o
asistencialista.
Fascismo: Movimiento político que apareció en las décadas de los ´20 y ´30.
Enfatizaba el boato militarista, el nacionalismo, la representación corporativa
bajo el mando de un dictador único. El ejemplo arquetípico lo constituye Benito
Mussolini. Pero también se suele señalar a Franco en España, Salazar en
Portugal, etc. En un sentido estricto, se reduce a la Italia fascista de Mussolini,
pero en una acepción más amplia, en la Argentina se utiliza el vocablo fascista
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para calificar las actitudes anti-democráticas.
Fenómeno político: Nos referimos a la actividad y a la relación (humana) que
constituyen la realidad política.
Fin del Estado: Se relaciona con la cuestión del para qué existe el Estado.
Siguiendo el pensamiento de Heller, hace a la existencia misma del Estado, a su
“ser”. Es sinónimo de su función social.
Globalización: Es un fenómeno que supone el acortamiento del tiempo y
el espacio fruto de la revolución tecnológica operada en el siglo XX. Para
algunos es una nueva etapa del capitalismo. Suele ser catalogada como un
fenómeno económico, tal vez por sus implicancias, pero es un proceso complejo
y más amplio que no puede agotarse con una explicación “economicista” o
monocausal.
Grupo de interés: Es una asociación o grupo de personas que se ven unidas
por un interés en común. Puede ser deportivo, cultural, económico, social, etc.
Grupo de presión: Todo grupo de interés que, además, intenta presionar al
gobierno para que éste tome medidas de gobierno que recepte sus voliciones.
Todo grupo de presión es grupo de interés, pero no viceversa. Es una fuerza
política o actor político.
Historia de las ideas: Otra parte de la ciencia política que hace un estudio de la
evolución del pensamiento político, cómo se ha ido generando la teoría política
a través de la perspectiva de los distintos autores a lo largo de la historia. (ver
lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para Unidad 1)
Ideología: Conjunto de ideas que están relacionadas y que se modifican entre
sí; conjunto de ideas organizadas sobre algo.
Justificación del Estado: ¿Por qué existe el Estado? Es un problema del “deber
ser” que se relaciona con la función jurídica del Estado y el derecho. Es más bien
un problema de la filosofía jurídica que de la ciencia política.
Liberalismo: Ideología que postula que el objetivo más importante de la política
es ayudar a los individuos a desarrollar el máximo de sus capacidades, con la
menor intervención posible por parte del gobierno. Resalta el papel protagonista
del individuo: su libertad es el valor supremo que sólo tiene como límite la
libertad de los demás.
Medios de Comunicación Social: Son lo que se conoce como “medios”;
también se los denomina medios masivos de comunicación: la prensa, la radio,
la televisión, etc. En los últimos tiempos han adquirido una relevancia inusitada
en el escenario político. Hoy es más importante para un político asistir a un
programa de televisión que ir a un mitín político en algún barrio debido a la
masividad del público que posibilitan estos nuevos medios. Además pueden
erigirse en un instrumento para la contienda electoral. Ejemplo de ello lo
constituyó Berlusconi, monopólico empresario de la televisión privada de Italia,
que a través de ella llegó al poder en ese país.
Mercado: Para los liberales es sinónimo de sociedad civil. En contraposición
con lo estatal, que es el ámbito de lo público, el mercado es el ámbito de lo
privado.
13 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Modelos de dominación política: Formas de organización política. A lo largo de
la historia humana han existido distintos ejemplos.
Modelos históricos de organización política: Véase Modelos de dominación
política. Ejs.: la polis griega, el feudalismo, el Estado, etc.
Nación: Grupo grande de personas que están unidas y reconocen una semejanza
entre ellas debido a una cultura común. En particular, un idioma común parece
importante en la creación de la nacionalidad, pero también puede ser una
religión, una forma de vida, etc.
Las naciones suelen coincidir con los límites políticos de los Estados, pero no
siempre. Así, el idioma y la cultura kurdos se extienden a lo largo de partes del
territorio de Turquía, Irak e Irán; nacionalismo irlandés y británico se encuentran
mezclados en el territorio de Irlanda del Norte. Existen sobrados ejemplos de la
falta de concordancia entre los “límites” nacionales y los límites de los Estados.
Tal situación es una fuente poderosa de conflictos y agitación política.
Nacionalismo: Ideología que se identifica apasionadamente con un Estado de
parte de sus ciudadanos. Es importante tener en cuenta que el nacionalismo
es un concepto proteico, esto es, que puede ser de diferente tipo. En realidad,
todas las ideologías tienen distintas versiones, sub-tipos, etc.
O.N.G.: Organización no gubernamental. En el ámbito de las relaciones
internacionales, y en lo que podemos llamar la “arena política internacional”
(o si prefiere, el escenario internacional en el que se desenvuelve la política),
se denomina de esta forma a ciertas organizaciones que cumplen una función
similar a la de los grupos de interés y que en reiteradas oportunidades
se transforman en grupos de presión. Ejemplos de ONGs son: Amnesty
International, Greenpeace, por sólo citar las más conocidas.
Opinión pública: El proceso político tiene en la opinión pública un elemento
integrador de su legitimidad. Si bien la mayor libertad de opinión se encuentra
en las democracias, en todo régimen político las decisiones tienen un gran
soporte en la opinión pública. Es otro de los actores o fuerzas políticas. Es
volátil, cambiante.
Partido político: Es otro ejemplo de fuerza política o actor político. Si bien hay
distintos tipos y clases de partidos políticos, desde una perspectiva tradicional,
podríamos decir que es un grupo de personas que unidos por una misma
ideología intentan llegar al poder (o al menos desplegar una función de control
si no logran acceder al gobierno). Sin embargo, también podemos señalar
como uno de sus rasgos característicos la de ser un mediador entre la sociedad
y el gobierno. Es un actor político fundamental toda vez que “monopoliza” la
oferta política. Con esto queremos expresar que para ser presidente, legislador,
concejal, etc., hay que alcanzar el cargo, casi en todos los países, a través de
un partido político.
Poder: Capacidad de una persona para causar que otra haga lo que desea
aquella, por cualquier medio. // Uno de los elementos que constituyen la
organización estatal. En tal sentido no debe confundirse poder con gobierno. El
poder hace referencia al poder del Estado, en cambio el gobierno es sólo una
“parte” del poder estatal.
Polifacética: Es una de las características de la política. Significa tener muchas
fases.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 14
Política: Objeto de nuestra disciplina, la ciencia política. Implica una actividad
humana que supone una relación. Esta relación es una relación de mando,
subordinación, por la cual un individuo logra doblegar la voluntad de otro/s.
Es un término complejo, multívoco, que en general es usado por las personas
de manera irreflexiva. Nosotros debemos utilizarlo en su acepción estricta, y en
tal sentido esa relación de mando y obediencia de la que venimos hablando
exige no solo la formalidad de tal relación sino un contenido, esto es, la
construcción, consolidación y conservación del agregado humano. Se utiliza así
como sinónimo de sistema político, y debemos aclarar que el sistema político
paradigmático de los últimos siglos es el Estado.
Política internacional: Política conducida entre Estados, en lugar de aplicarse
dentro de un solo Estado.
Privado: El ámbito de lo individual, lo opuesto a lo estatal. Ámbito donde impera
la autonomía de la voluntad de la persona, donde el Estado no puede ni debe
interferir. Para los liberales es sinónimo de mercado.
Público: El ámbito de lo estatal, lo político (a partir de la modernidad). Lo
opuesto a privado.
Relaciones internacionales: Otro ámbito de la ciencia política que en los
últimos tiempos ha adquirido una relevancia mayor debido a los fenómenos de
internacionalización, trasnacionalización y globalización de las sociedades y la
política. (ver lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para Unidad 1)
Simbólico: Otro de los caracteres de lo político: que se expresa simbólicamente,
a través del signo. No es como la realidad de la naturaleza, totalmente objetiva.
Sindicato: Una de las formas asociativas más importantes de los últimos
tiempos. También fue una de las más precoces. Sus orígenes se remontan al
proceso de formación del Estado moderno, allá por el Renacimiento. El peso
de los sindicatos en la vida social y política de los países ha adquirido tal
presencia y relevancia que se ha llegado a hablar de “política de los intereses”
y a configurar el mismo proceso político como una contratación triangular
entre sindicatos obreros, sindicatos patronales y gobierno. Si bien la palabra,
técnicamente, engloba tanto a los sindicatos obreros como a los patronales,
usualmente prepondera su uso en referencias a los primeros. Adquieren gran
relevancia por su defensa de intereses económicos comunes en su rol de
fuerza contractual (que se ejercita en los enfrentamientos con la contraparte
económica, esto es, los sindicatos patronales), pero que también se manifiesta
en su lucha con las otras articulaciones del poder político (gobierno, parlamento,
entidades locales) y con los partidos políticos. Son un ejemplo de fuerza política,
sujeto político, actor político, como se lo quiera llamar. Depende el rol que
“jueguen” son un tipo de grupo de interés y se pueden tornar en el ejemplo más
claro de grupo de presión.
Soberanía: Es un atributo del poder del Estado. Es lo que lo hace diferente al
poder de las otras organizaciones que existen dentro de su territorio, y que se
traduce en el monopolio de la fuerza física, en el hecho de decidir en última
instancia, etc.
Socialismo: Ideología que plantea que la sociedad está integrada por clases
que se hallan en constante conflicto y que a los fines de establecer una sociedad
justa, con personas iguales, el proletariado o clase obrera deberá hacerse del
15 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
poder y así llegar a esa etapa final donde las clases, y por lo tanto el Estado, no
sean necesarios.
Socialismo democrático o socialdemocracia: Rama del socialismo que apoya
la democracia electoral. Por lo tanto, promueve el acceso al poder del
proletariado por vía de las elecciones. Postulan una evolución mucho más
gradual, un progreso paulatino y no un cambio radical.
Sociedad civil: Concepto y realidad que surge contemporáneamente al
surgimiento del Estado. Para los liberales es sinónimo de mercado.
Sufragio: Voto. El sufragio universal (un hombre, un voto) representa la mayor
fuerza política de los tiempos modernos y uno de los signos principales –sino el
principal– de la democracia moderna.
Sujetos políticos: En sentido estrictamente técnico se utiliza como sinónimo
de actores de la política (“actores políticos”). Podemos señalar a los partidos
políticos, grupos de presión, etc.
Teoría del Estado: Es una forma de hacer ciencia política. Se ocupa del estudio
del Estado. La primera obra científica sobre el tema fue Teoría del Estado, de
Hermann Heller. (ver lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para
Unidad 1)
Tercera Vía: Es una posición del gobierno laborista inglés del actual primer
ministro, Tony Blair. Fue esbozada por Anthony Giddens, un cientista social
y político inglés de gran renombre y de origen marxista, que actualmente es
profesor de Sociología en la London School of Economics. Intenta ser una
suerte de simbiosis entre la antigua social-democracia y el actual liberalismo
económico o capitalismo. Fue presentada como programa político e ideológico
a fines del siglo pasado, circa 1999.
Territorio: Es uno de los elementos del Estado. Constituye su “base” física, pero
entendida en un sentido más amplio, ya que lo integran su espacio aéreo, el
subsuelo, el mar adyacente, etc., e incluso la sede de sus embajadas en el
extranjero.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 16
módul os
m1
microobjetivos
m1
¿Qué tengo que lograr?
- Identificar la especificidad de lo político dentro del ámbito de lo social.
- Distinguir lo político como fenómeno social de la ciencia política, y a ésta
como la disciplina que lo estudia.
- Discernir las distintas posibilidades de hacer ciencia política, identificando
las distintas posturas científicas respecto al origen de la disciplina.
- Distinguir los distintos modelos de dominación política, profundizando
en el modelo paradigmático de la modernidad, el Estado, a los fines de
comprender los procesos histórico-sociales.
- Comprender el proceso de formación del Estado moderno, diferenciando
el Estado de la sociedad civil, a los fines de distinguir el ámbito de lo
público y lo privado.
- Conocer qué es el Estado y cuál su funcionamiento, como herramienta
indispensable para comprender la realidad política y estatal en la que el
abogado desarrollará su profesión.
contenidos m1
¿De qué se trata?
Estimado alumno, obviamente tenemos que empezar por el primer módulo de la
materia. El mismo lleva por título “Introducción al conocimiento de la política y el
Estado” y abarca dos unidades.
La unidad primera consta de dos partes. Una primera o introductoria, en la que
estudiamos el objeto que hace a nuestra disciplina, esto es, la “política”
IC
1. En
tal sentido debemos conceptuar el fenómeno político y creemos que una buena
manera es a partir de comprender sus caracteres. Ello debido a que la palabra
“política” encierra cierta dificultad, a causa de sus diversas acepciones y usos,
especialmente en el vocabulario vulgar.
Una segunda parte de la unidad comprende el estudio de lo que debemos
entender por “ciencia política”
IC
2. Además, veremos las distintas posturas
respecto al origen de la disciplina así como distintos enfoques que pueden
encontrarse respecto al modo en que se aborde el estudio científico de lo
político.
También consideramos importante hacerle comprender que hay diferentes
ámbitos que pueden constituir un estudio científico del fenómeno político: así
el estudio y comprensión del modelo de organización política que conocemos
con el nombre de Estado, o el abordaje de la historia de las ideas políticas a
través de los diferentes autores que han contribuido a la formación de la teoría
política; o bien ocuparnos del estudio de otros actores políticos que no sean el
introducción al conocimiento de la política y el estado
17 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Estado; o, en fin, visualizar que en cierta forma la problemática de las relaciones
internacionales también son parte de nuestra disciplina.
La segunda unidad del módulo lleva por título “Modelos de Dominación Política
y el surgimiento del Estado”. ¿A qué nos referimos con este título?; en primer
lugar entendemos que a lo largo de la historia han existido diversos modelos
de dominación política, aunque desde hace unos cinco siglos el modelo
“paradigmático” es el Estado. En tal sentido comenzamos por presentar los
diferentes modelos políticos pre-estatales
IC
3 que existieron, para luego
adentrarnos a profundizar el estudio sobre lo que es el Estado.
Para que podamos tener una idea acabada de lo que es el Estado, debemos
comenzar por comprender bien cómo nace, es decir, como fue su proceso de
formación histórica. Y cómo de ese proceso surge una distinción inexistente
hasta el advenimiento de la edad moderna: lo público de lo privado.
Como ya lo señalara, hacer historia de las ideas es una forma de hacer ciencia
política, siendo por ello que al estudiar los distintos modelos de organización
política que el hombre ha diseñado a lo largo de la historia nos ocuparemos de
algunos autores de la teoría política que son importantes para comprender ese
momento, pero sobre todo los que son considerados “clásicos” en el sentido
de que sus conceptualizaciones han perdurado hasta nuestros días. Así por
ejemplo: Aristóteles, Maquiavelo, Bodin, Hobbes, etc.
Hemos expresado que con el surgimiento del Estado se perfila el ámbito
de lo público y lo privado, lo que conlleva una diferenciación –aunque de
manera relacionada– de ambas esferas, es por ello que es de suma importancia
comprender lo que es la “sociedad civil”, concepto e institución coetánea con
el surgimiento del Estado y que, al decir de Hermann Heller, es una pareja
dialéctica del Estado dentro de la realidad social, toda vez que ambas se
articulan, son como las dos caras de una misma moneda.
Aunque esta relación sea tratada o “visualizada” de diferentes maneras según
los autores y sus posturas ideológicas, desde una postura científica debemos
analizar como interactúan sus términos en la realidad y contextualizarla en el
proceso histórico-social.
Estimado alumno, espero que haya entendido y comprendido la presentación de
este primer módulo, para que de esta forma podamos dar inicio a la tarea que
comenzamos a emprender. Asimismo, lo aliento a que ponga toda su energía y
esfuerzo en la tarea que se inicia y me pongo a su disposición para aclararle
cualquier duda. ¡¡¡Éxito y mis mejores augurios!!!
m1 |contenidos | IC
i n f ot ma c i ón c ompl e me n t a r i a 1
Política
Concepto y caracteres
IC
1.1
La política
IC
1.2
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 18
Conceptos y carácteres
a) Origen del vocablo Política.
En primer lugar veremos la extensión de su significado y, por ende, la dificultad
de una definición.
Este vocablo deriva de la voz “Polis”, usado en el griego clásico. En sus orígenes
estaba circunscrito al tipo de sistema político a que se refería, esto es la polis. Es
decir que históricamente estaba condicionado.
Con el tiempo el significado etimológico originario fue extendiéndose. Por
una parte, comenzó a referirse a otros sistemas políticos, como por ejemplo:
Imperio, Estado, etc. Pero por otro lado, comenzó a aludir a las más diversas
clases de subsistemas –obviamente políticos- que, para su funcionamiento,
requerían la existencia de un sistema político mayor: así, “la bulé” ateniense; “la
geruxia” espartana, etc. A esta extensión ya apuntada se fueron agregando otros
significados atendiendo a la función gramatical de la palabra. Por ejemplo, no es
lo mismo decir política (para designar una realidad sustantivada) que decir forma
política (para cualificar esa realidad); o la política (para designar la estructura de
esa relación); o una política (para designar una actividad específica tendiente a
ocupar el puesto de mando en la adopción y ejecución de una decisión) Ello,
sin contar otras acepciones, significaciones cargada de valoraciones, como por
ejemplo, cuando se utiliza en sentido peyorativo “... es pura política! ...”.
Con este breve introito queremos poner de relieve lo difícil, peligroso y hasta casi
imposible de esbozar una definición mono-conceptual. Lo que sí intentaremos
será delimitar, precisar el fenómeno real –o los distintos fenómenos reales- que
se designan con el vocablo “política”.
b) La política como realidad
A través de sus numerosos significados, la palabra política designa siempre un
sector de la realidad humana. Si bien desde Aristóteles se ha venido utilizando,
también, para designar el conocimiento de esa realidad, nosotros utilizaremos
el término para referirnos a ese sector de la realidad humana, y nos valdremos
de otras expresiones, como por ejemplo Filosofía política, Ciencia Política, etc.
para designar el ámbito, la o las disciplinas que se dedican o se ocupan de su
conocimiento.
La política, como realidad humana, supone ante todo la existencia de seres
humanos, hombres, que conviven: esto es, convivencia humana, vida social,
seres humanos relacionados, interactuantes. Sin seres humanos que conviven,
no hay política. Pero cuidado, no toda convivencia humana es convivencia
política, aunque sin sistema político –con sus ingredientes de actividad política y
relación política- no hay convivencia humana organizada y persistente. Este es
el supuesto básico para que pueda haber lazos no políticos de convivencia. Es
por esto que Aristóteles nos decía que el hombre era un son politikon.
Concluyendo, la realidad política –no distinta del sistema político o convivencia
política- es la relación de mando-obediencia entre los hombres.
De lo expuesto y esta noción que damos como conclusión se desprende que
Sistema, relación y actividad política se suponen recíprocamente.
La realidad política (comprensiva, por consiguiente, del sistema, la relación y
m1 |contenidos | IC
i n f ot ma c i ón c ompl e me n t a r i a 1 . 1
19 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
la actividad política), ofrece como sus más salientes manifestaciones la de ser:
múltiple, polifacética, variable, simbólica y multirrelacionada (y por lo tanto,
compleja e indivisa)
c) La Política: realidad múltiple
Según el grado de generalidad que se tenga en cuenta, la realidad política
puede ser considerada en sentido lato, en sentido intermedio y en un sentido
estricto. O lo que, siguiendo a Bertrand de Jouvenel, denominaríamos “sentido
formal”, “sentido material” y “sentido material limitado”.
En un sentido formal, para que haya política en este sentido, basta que la
actividad de un hombre o de unos hombres en relación con otro u otros tienda
a que el comportamiento de éste o éstos sea el que aquél o aquellos se
proponen. En este sentido, la actividad es formalmente política si obedece a una
técnica para inclinar voluntades ajenas y regir sus comportamientos hacia metas
propuestas. No importa el modo de acción de los promotores, ni la naturaleza
de la empresa por realizar, ni la transitoriedad o permanencia del concurso.
Ejemplos en este sentido lo serían: una reunión de vecinos que se juntan para
apagar un incendio; una banda de delincuentes; una reunión del Consejo de
Seguridad de la ONU para decidir la intervención humanitaria en alguna región
del planeta, etc. En todos estos casos, formal y técnicamente, la actividad es
igual. No importa que varíen los “modos” de la actividad –los fines- ni el grado
de su integración: transitoriedad o permanencia.
En un sentido material, es necesario que la actividad humana se torne persistente.
Ésta actividad debe estar dirigida como medio a construir, consolidar y conservar
el agregado humano –grupo- de que se trate. Pueden servirnos de ejemplos
para comprender esta acepción la creación y mantenimiento de una Sociedad
Anónima, Iglesia, Asociación, etc. Es importante, en este caso, advertir que
sigue sin interesar los fines u objetivos pero que sí requerimos ahora, de la
permanencia.
La política en este sentido, se utiliza como sinónimo de sistema político en
sentido amplio.
Ahora bien, pero si el agregado humano persistente de que se trata no es uno de
los muchos y diversos que existen con fines específicos: religiosos, culturales,
etc. sino aquel, único, con el fin más abarcador, del cual dependen los demás sin
que él dependa de ellos, es que estamos en presencia de la política en sentido
material restringido, o del sistema político estricto sensu.
Con este significado, la actividad y la relación que constituyen la realidad política
se refieren al Estado, el sistema político paradigmático de nuestro tiempo, y a
los sistemas políticos mayores que él, actualmente en gestación (Unión Europea,
bloques regionales, etc.) En este sentido, son ejemplos: actividades y relaciones
estatales; actividades de órganos estatales; o de un partido político –sistema
político menor- que procure el acceso a ese órgano; o la de un grupo de presión
que busque influir sobre su actividad.
d) Política: Realidad polifacética (fases)
La realidad política se nos presenta como una actividad y una relación
que configura un sistema. Estos distintos aspectos de la realidad política,
existencialmente unidos, ponen de relieve dos faces conceptualmente
diferenciables: La faz estructural y la faz dinámica. Además, la faz dinámica,
en su inseparable vinculación con la estructural, se manifiesta como dos fases
también diferenciables conceptualmente: la faz agonal y la faz arquitectónica.
La actividad política se da dentro de una relación y ésta implica una estructura
en la que se articulan las partes de un todo. Así, encontramos diferentes
“jerarquías”: mando y obediencia. Esta estructura tiende a traducirse en
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 20
Instituciones Políticas. Dentro de esta estructura y alrededor de ella apreciamos
“actividad” que se traduce en la otra faz, la faz dinámica de la política. En esta
última, a su vez, encontramos las dos restantes: agonal y arquitectónica.
En todo sistema político nos encontramos con cargos, roles, en torno a los
cuales se desenvuelve “actividad”, ya sea para acceder a ellos, ya sea para
conservarlos. Desde esta perspectiva la política es “lucha” y “conflicto”, lo que
supone la “agonalidad” de la política, o en otros términos su faz agonal.
Pero quedaría incompleto este panorama si redujéramos la política a la lucha
por el poder. Una vez poseído, o una vez en él, es también un medio para
construir, consolidar, consensuar la vida política, la convivencia política. Todo
ello con el fin de alcanzar y lograr objetivos, metas comunes. Este sentido
constructor, integrador, realizador de objetivos comunes del poder hace a su
faz arquitectónica. En otros términos, el politólogo alemán Carl Schmitt nos
habla de la “relación amigo-enemigo” que siempre se encuentra en la relación
política, en las relaciones de poder. En nuestra opinión, y en otros términos,
se refiere a estas dos fases de las que estamos hablando y que siempre están
presentes en la política. Aunque alguna de ellas pueda preponderar más en un
caso o ejemplo dado, analizado.
e) Política: Realidad variable
Esta realidad a la que llamamos política no fue siempre la misma, igual, ni en el
espacio, ni en el tiempo. Es por eso que aún cuando la realidad política tenga
siempre las faces ya señaladas (lo permanente), diferirá –en cuanto realidad-
de un lugar a otro o de una época a otra (lo contingente) Ejemplos: no es lo
mismo la realidad de la polis en la antigüedad que la de los Estados modernos;
en igual época no es igual la realidad política de un régimen totalitario que la de
21 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
uno democrático. En otro tipo de ejemplos, podemos apreciar esa “variabilidad”
comparando la realidad política de Usuahia con la de Dusseldorf (Alemania), aún
cuando esa realidad política esté integrada por las mismas partes constitutivas.
También varía la realidad política de la Córdoba de fines del siglo XIX con la de
fines del XX.
g) Política: Realidad simbólica
Todos los actos, los hechos, situaciones, etc. en que se manifiesta materialmente
la política son traspuestos a un registro compuestos de símbolos. La política es
una realidad simbólica. Así, los fenómenos políticos no son tales sino a través
de los símbolos que le dan sentido.
En la realidad política lo esencial no es el fenómeno en sí mismo, sino lo que
se ve de él, o como se cree verlo, como se lo siente. Lo esencial es la imagen,
que en el universo político es creada por un conjunto de símbolos. La “imagen”
la dan los oropeles, que consisten a veces en tradiciones, normas, creencias,
etc. Ejemplos: Rey, Juez, líder. Alguien es juez aunque intrínsecamente no le
interese la justicia. Rey aunque sea “lelo”. Lo que importa para ser líder, es que
por ejemplo, alguien parezca ser valiente aunque en realidad sea un cobarde;
o que parezca ser un genio aunque en realidad sea un mediocre. También
pueda que sea valiente y genial, pero lo que importa es que lo parezca, que lo
represente. De ahí la importancia de la imagen.
También ocurre que un mismo hecho tiene connotaciones distintas en función
de la imagen. Así por ejemplo, la elección de Reagan como presidente de USA
–un mismo hecho- puede ser tenida como una desgracia o como una buena
estrella, un augurio –distintas imágenes-. El pacto que Petain hizo con Hitler para
que este no invada el sur de Francia –un mismo hecho- para algunos fue una
demostración de Petain como traidor mientras que para otros logró la salvación
–distintas imágenes-.
Dada esta característica simbólica de la realidad política, se convierte en un
factor determinante de ella, por un lado, los distintos resortes sicológicos, con
alta dosis de irracionalidad: ambición, vanidad, temor, el deseo, la fe. Y por otro,
las distintas doctrinas operantes: ideologías, mitos, utopías, etc. Además, en
la actualidad, y desde hace ya unas décadas, juegan un papel preponderante
en esto los medios de comunicación con fines de propaganda. Un sector
importante de la realidad política consiste en crear la imagen y “venderla”.
Duverger, en este sentido expresa: “El siglo XX no es sólo el siglo del átomo:
también es el siglo de las ciencias sociales. Los nuevos métodos de propaganda
y encuadramiento de los hombres pueden ya cambiar al mundo tanto como la
utilización de la energía nuclear(...) El desarrollo de la ciencia política permite
entrever la posibilidad de una política consciente, en la que los hombres dejarán
de ser objetos, cosas en manos de sus dirigentes. Es de esperar que al fin un día
será falsa la fórmula de Marquiavelo, por desgracia aún verdadera: `gobernar es
hacer creer’”.
h) Política: Realidad multirrelacionada
La política, como realidad existencial, se encuentra relacionada con otras
realidades. Pero algunas de esas realidades con las que se relaciona no son,
en rigor, sino manifestaciones o modalidades, elementos de ella misma. Así
corresponde señalar que, a más de multirrelacionada es una realidad compleja
e indivisa.
Compleja por estar constituida por diversos elementos: ideas, instituciones y vida
política, siguiendo a Prèlot. Pero es también indivisa, porque existencialmente
–ontológicamente- es una, sin desmedro de la diversidad de sus elementos
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 22
constitutivos y dejando en claro que ellos se interrelacionan, se interinfluyen.
La multirrelación que se opera “dentro” de esa realidad se traduce en el influjo
recíproco existente entre la vida política, las instituciones políticas y las ideas
políticas. Así por ejemplo: de las ideas del racionalismo filosófico del siglo XVIII,
de esas ideas de la ilustración, de los “contractualistas”, etc. hubo una influencia
hacia hechos que ocurrieron como por ejemplo la Revolución Francesa, y ésta
generó –a su vez-nuevas instituciones que gestaron nuevas prácticas, nuevas
ideas y así sucesivamente. O podríamos comenzar el ejemplo a partir de alguno
de los otros ingredientes de esta multirrelación hacia “adentro” de la política y
el resultado sería apreciar de cualquier forma la relación recíproca entre ellos
–vida, instituciones e ideas políticas-
Pero, como ya lo señaláramos, se relaciona con otras realidades extrañas a
ella: con normas jurídicas y morales (derecho y moral) que la estructuran como
relación y la regulan como actividad. También, obviamente, con todo el contorno
ambiental que la rodea, condiciona: factores o condiciones –mejor esta
última acepción- sociales, sicológicas, históricas, económicas, geográficas,
etc. Hemos visto, aunque muy al pasar que la política es variable y está
históricamente condicionada. Por ende, su vinculación con la historia aparece
manifiesta.
La “multirrelación” es doble: “dentro” de la realidad política y “con” la realidad
extrapolítica.
Múltiple, polifacética, variable, simbólica y multirrelacionada, la realidad
política es una realidad compleja que no puede dividirse en compartimientos
estancos. Aunque susceptible de diversos enfoques conceptuales, - es
existencialmente una, sin desmedro de la diversidad de sus elementos
constitutivos, de los factores que la condicionan y de las consecuencias
que origina. Como ya lo señaláramos, y siempre que esto no se olvide,
científica y didácticamente resulta de utilidad la división ternaria que de ella
hace Marcel Prélot en ideas, instituciones y vida políticas. En este sentido la
estructura de la curricula de la asignatura sigue este diseño ya que analizamos
ideas-marxismo, liberalismo- y teorías –normativas, institucionalistas, críticas-,
estudiamos instituciones –por ejemplo el Estado- y en lo referente a la dinámica
política nos ocupamos de lo que es la vida política, el rol que juegan los actores
políticos –partidos, grupos de presión, opinión pública, etc.-

La Política
María Susana Bonetto
María Teresa Piñero
En: El conocimiento de la política. Ed. Advocatus. 2000.
1. CARACTERIZACIÓN DE LA POLÍTICA
Desde un punto de vista amplio podríamos decir que la política se traduce en el
conjunto de actividades destinadas a organizar la vida de un grupo a través de
la discusión e implementación de un proyecto común de orden. Esto supone las
acciones realizadas con la intención de influir, conservar o modificar el poder
y la organización necesaria para llevar adelante ese proyecto de orden. Desde
este punto de vista, la política es una actividad generalizada que tiene lugar en
todos aquellos ámbitos en los que los seres humanos se ocupan de producir y
m1 |contenidos | IC
i n f ot ma c i ón c ompl e me n t a r i a 1 . 2
23 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
reproducir sus vidas en el marco de un fin común determinado.
Esta actividad puede suponer tanto enfrentamientos como cooperación,
ya que pueden existir disputas tanto sobre el proyecto en sí como sobre sus
formas de implementación.
Así en la vida de los grupos, de la más diversa índole, por ejemplo
religiosos, académicos, deportivos etcétera, las reglas y normas que se discuten
y dictan como las actividades que tienen que ver con el proyecto que el
cuerpo estructura para su conformación y reproducción (ese proyecto de orden)
entrarían dentro de lo que llamamos política en sentido amplio.
Desde un punto de vista más específico la política se liga a cuestiones
relacionadas con lo público. En eso pensaba Cicerón cuando habló de res
pública, la cosa pública, la que es común a todo el grupo social.
Anteriormente en Grecia, ya se había considerado el orden político,
como un orden común, creado para resolver las cuestiones en que todos los
integrantes de la comunidad tenían algún interés. Así el concepto de un orden,
que era político y común al mismo tiempo, fue expuesto por Platón.
Se puede decir que las palabras «pública», «común» y «general» tienen una
prolongada tradición de uso que las ha hecho sinónimo de lo político.
El carácter común del orden político se ha reflejado en la historia
política, en la idea básica de que la política se ocupa de los intereses generales,
compartidos por todos los integrantes de la comunidad; la autoridad política
habla en nombre de una sociedad considerada en sus cuestiones comunes,
en las “cuestiones públicas”. Lo público se diferencia de lo privado - la familia
y el ámbito de intercambio de mercancías- y de lo estatal - monopolio del
poder soberano -. Lo público se refiere a aquel espacio de discusión de temas
comunes, abierto a todos.
Teniendo en cuenta lo expresado sostenemos que desde un punto de
vista específico y en el sentido utilizado desde nuestra perspectiva por la ciencia
política, contemporáneamente, la política se refiere más concretamente a las
actividades realizadas en el marco del Estado, pero que no se agota en lo estatal,
orientadas al ámbito de lo colectivo y que tienen el carácter de vinculantes para
la comunidad.
La política así se refiere a lo relativo a la “cosa pública”, y al poder
político ya que es allí el espacio organizativo de las cuestiones comunes, donde
se discute e implementa el proyecto común de orden, el que adquiere las
características de ser vinculante y colectivo.
Pero también debe destacarse que en la historia política han existido
y existen (sucesiva y simultáneamente) opiniones diversas referentes a lo que
debía ser incluido dentro del concepto de «buen orden». Así se podría enunciar
desde las ideas de la «polis griega», pasando por las concepciones cristianas, el
enfoque liberal moderno, el marxista y muchos otros más.
Atento a que existen alternativas y a menudo contrarias propuestas de
orden, la política incluye también el conflicto, la lucha por distintos proyectos de
convivencia.
Desde otro punto de vista, estas actividades provocan conflicto, porque
representan líneas de acción que se cruzan, mediante las cuales, individuos y
grupos, tratan de estabilizar una situación de modo afín a sus aspiraciones o
necesidades, según sus valores o intereses.
Por ello, la política es tanto una fuente de conflicto como un modo
de actividad que busca resolverlos y promover ajustes en aquellas cuestiones
comunes, compartidas por todos los miembros del grupo social.
Mario Justo López (1969) destaca dos faces conceptualmente
diferenciales de la política: la faz estructural y la faz dinámica.
1) Faz estructural: Como relación interhumana, la política implica una
estructura. Esa estructura, aunque puede presentarse circunstancialmente débil o
muy fluida, muestra siempre una tendencia a traducirse en instituciones políticas,
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 24
órganos y normas, con vocación de orden y estabilidad. Los órganos y normas
comprenden cargos y roles diferenciados y establecen una jerarquización de
ocupantes de ellos.
2) Faz dinámica: En torno y dentro de esa estructura se desarrolla
la actividad que constituye la faz dinámica de la política, la cual dinamiza
constantemente la estructura, y en la cual se advierten también dos faces:
a. faz arquitectónica: Esta actividad tiene fines mediatos y concretos
de construcción, conducción e integración de un grupo de acuerdo a metas
propuestas.
b. faz agonal: Tiende en forma inmediata a la conquista y conservación
de cargos o a resistir la actividad desplegada desde ellos. En este marco la faz
dinámica de la política evidencia su tendencia al movimiento y al cambio.
En definitiva las distintas faces que forman parte de lo que en conjunto
constituye la política plenaria están entrelazadas. Si tuviera únicamente la faz
agonal, la competencia por el acceso a los cargos y su conservación y la
resistencia de los oponentes, lo político aparecería sólo como pura lucha, como
fuerza destructora del sistema político.
Si tuviera únicamente la faz arquitectónica, la política correría el riesgo
de estancamiento y fosilización.
Asimismo sin la faz estructural, la faz dinámica tendería al caos, pero sin
la faz dinámica la mera faz estructural carecería de vida y movimiento.
La política se presenta así como proceso de lucha y de movimiento de
acomodamiento y ajuste. Se evidencia la estabilidad y el cambio, el conflicto y
el consenso. Sin este dinamismo sostiene Mario Justo López la «entropía», el
desgaste natural del orden, concluirá con los grupos humanos.
Contemporáneamente, entonces, la política se analiza como la forma
«natural» de conflicto social, acerca del desarrollo de las organizaciones políticas,
y tiene ámbitos institucionales definidos: los partidos políticos, el gobierno, y
otros similares; en términos generales: el Estado.
2. LA ESPECIFICIDAD DE LA POLíTICA
Atento a ello pasaremos a desarrollar el proceso histórico de definición
del ámbito de lo político en el marco del análisis propuesto.
En el círculo cultural de Occidente se atribuye el origen del estudio de
la política a la cultura griega, más específicamente se ubica el comienzo de la
política y de la reflexión sobre ella, en Atenas. Así se sostiene que el análisis
sistemático y riguroso de los hechos políticos, surge en el momento histórico,
en que en el siglo IV a.C., la crisis terminal de la polis suscita la reflexión de
Aristóteles (Pinto, Julio, comp. 1995).
Este autor, mencionado por algunos enfoques como el «iniciador» de la ciencia
política
1
en su clasificación de las ciencias, diferencia ésta de la ética y la coloca
en la cúspide de las ciencias prácticas, en tanto se ocupa del estudio de la vida
en común de la polis, la cual era lo más relevante en la cosmovisión ateniense
de la época. Esto explica el destacado lugar de 1a ciencia política en ese
momento.
Una vez pasada la polis, nuestra disciplina se hace más jurídica,
desarrollándose en la dirección indicada por el aporte romano.
Posteriormente, en la Edad Media, la política se teologiza, primero adaptándose
a la visión cristiana del mundo, luego en el marco de la disputa entre el papado
y el imperio; y finalmente en función de la ruptura entre el catolicismo y el
protestantismo. Pero en la Antigüedad y en la Edad Media, en todos los casos,
y a pesar de la distinción inicial aristotélica, el discurso sobre la política se
configuró como un discurso limitado e incluso subordinado a los otros dos
25 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
discursos ya mencionados.
Así, se puede sostener que hasta la Modernidad, y con Maquiavelo, la
política no se configura con cierta especificidad y autonomía.
Con el autor florentino se produce una autonomatización de la materia
objeto de estudio, lo político escindido ahora de las acostumbradas sujeciones
a lo ético y lo religioso, ya no es algo determinable en función de ellos.
En términos generales queremos señalar que la política es «distinta», lo
que implica una condición necesaria y no suficiente de autonomía, y además que
no es solamente distinta, sino que también tiene cierta independencia en cuanto
a sus leyes de funcionamiento. La política es tal, por medio de un imperativo
que es propio y tiene sus leyes que el político debe aplicar. En el sentido antes
precisado, es Maquiavelo y no Aristóteles, quien «descubre» la politica(Sartori,
1992).
Se debe precisar también, que cuando hablamos de autonomía de la
política, ese concepto no ha de entenderse en sentido absoluto, sino relativo.
Luego de esta primera distinción, debemos destacar que el ámbito de
la política inicia un proceso de diferenciación que lo distinguirá de lo que es
materia económica, social o de derecho público, porque en el transcurso de los
siglos XVIII y XIX, estas materias cortaron el cordón umbilical, para constituir
otras disciplinas (Strasser,1991).
¿Cómo se desarrollan estos procesos de diferenciación que nos permiten
perfilar contemporáneamente el espacio y la autonomía de la política?
Como hemos señalado, la diferenciación de la política de otros ámbitos--o
esferas, se da también a través de un proceso histórico. En este sentido, es en el
seno de la modernidad en que se produce una distinción fundamental en nuestra
temática: la diferencia entre Estado y sociedad, o en otros términos, lo público y
lo privado, correspondiendo a la política, la esfera de lo público.
La afirmación de la sociedad como una realidad independiente y
autosuficiente tiene, sin embargo, un lento desarrollo.
Sostiene Sartori (1992), que es sintomática la ausencia de la idea de
sociedad en la literatura del siglo XVI, que teorizaba el derecho de resistir a la
tiranía.
Se le atribuye a Locke, una primera formulación de la idea de sociedad.
En realidad, la idea de sociedad no es tampoco una idea que se formula y aplica
en los acontecimientos revolucionarios. Es una idea de paz que pertenece a la
fase tardía de la escuela de derecho natural.
Es el espacio de libertad e igualdad en el que se desarrollan las libres
relaciones entre hombres libres e iguales, sólo reguladas y no reformuladas
jurídicamente.
Si bien Locke y Montesquieu fueron los precursores del descubrimiento
de la sociedad, el liberalismo político no tenía la fuerza del liberalismo económico
(capitalismo) porque desde su óptica política la sociedad debía ser regulada por
el derecho, en cambio las leyes de la economía no son leyes jurídicas (políticas),
sino leyes «naturales» del mercado.
Así, son los economistas clásicos Smith y Ricardo, y en general los
librecambistas, quienes se esfuerzan por demostrar cómo la vida asociada
encuentra en la división del trabajo, su propio principio de organización y que es
una esfera ajena al Estado, no regulada por sus leyes, ni su derecho.
Son los economistas de los siglos XVIII y XIX los que construyen la
hegemonía de las ideas que postulan la imagen positiva de una realidad social
capaz de autorregularse, de una sociedad que vive y se desarrolla según sus
principios.
Entonces el modelo y el ejemplo de la «sociedad espontánea» de los
economistas, se extiende a la sociedad en general y sienta las bases de la
definitiva diferenciación entre sociedad y Estado. Las premisas que no aparecían
claras en Locke ni Montesquieu para descubrir a la sociedad como «realidad
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 26
autónoma» estaban maduras ya en el siglo XIX por obra de los economistas del
capitalismo.
Por ello, por una parte, la política ya no comprende el estudio de los
procesos económicos de la sociedad civil, sino que son objeto de una nueva y
prestigiosa disciplina, la economía.
Por otra parte la obra El sistema industrial, de Saint Simon (17701825),
prefigura con profética genialidad la sociedad ya transformada en sociedad
industrial. La sociedad se configura entonces como una realidad tan autónoma
que se convierte en objeto de una ciencia por sí misma, que es distinta también
no sólo a la política sino a la economía y que Comte (l 7981857) bautizó como
«sociología».
Luego de esta descripción del devenir histórico de la política, advertimos que se
ha diferenciado de lo ético-religioso, luego de la economía y tampoco incluye
ya al sistema social. Finalmente se rompen los nexos identificantes entre política
y derecho, al menos en el sentido en que un sistema político no se comprende
como un sistema jurídico, y éste puede ser objeto de estudio de la ciencia
jurídica.
El ámbito de la política queda así referido a la organización y gobierno
de las comunidades humanas.
La política comprende las actividades humanas efectuadas en un
“espacio público” destinadas a organizar la vida de un grupo. De allí deriva el
ordenamiento de las conductas humanas.
Consiste en actividades realizadas con intención de influir, obtener,
conservar, modificar o extinguir el poder, la organización o el ordenamiento de la
comunidad.
Podrían invocarse esas acciones como lucha o disyunción, o bien
como paz, equilibrio o armonía. Podrá considerárselas mero reflejo de los
móviles económicos o visualizárselas exentas de esas motivaciones. Tales
consideraciones no alteran la distinción de la actividad política frente a otras
formas de actividades, sólo muestran los motivos que pueden encontrarse
insertos en la acción política.
La referencia de la política con el espacio público y el poder de decisión,
permite diferenciar los actos políticos de los actos sociales y económicos.
Y por referirse al poder político de decisión sobre un espacio territorial,
la política se enmarca en el Estado.
En torno a los conceptos de poder y Estado se ha dado una disputa
por su postulación como «objeto» de la ciencia política. A nuestro juicio, esto
constituye un debate irrelevante, en cuanto nos interesa el poder estructurado
en el marco de la organización estatal, que incluye el poder institucionalizado y
el poder socialmente construido que busca participar en las decisiones.
El Estado es una organización que dispone de niveles y estructuras que
le permiten monopolizar el uso legal de la fuerza. Es la organización en la que,
a partir de la modernidad, se encarna el poder político institucional izado y los
distintos grupos de poder que buscan disputarlo o influir sobre él.
3. HACIA UNA DEFINICIÓN DE CIENCIA POLÍTICA
a. La importancia del saber científico político
El campo de la política parece ser de por sí el más fructífero para
la discusión y el debate, tanto es así entre los preocupados por razones
profesionales como incluso con respecto al hombre de la calle. Se trata de un
terreno impreciso en el que los aspectos valorativos generan una complicación
añadida y cuyo interés depende de los momentos históricos que se atraviesen.
La política parece haberse constituido en tierra de todos y de nadie, en
27 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
dominio de aquellos que operan con la política, los que hablan sobre la realidad
política y los que profetizan sobre ella. Lo que es comprensible en tanto la
política nos envuelve, sobre todo en las democracias, ya que es en ellas cuando
estamos autorizados a evaluar, a participar y a soñar con decisiones políticas
compartidas.
Pero detrás de las especulaciones que todos nos consideramos
autorizados a realizar, existe la pretensión de constituir un tipo de conocimiento
de la política que sea distinto al vulgar. Es decir un conocimiento científico.
Este tipo de ambiciones generalmente resulta difícil de entender para
el observador corriente, ya que si bien es frecuente oír que la palabra ciencia
es algo importante, es frecuente también que no se puedan dar fundamentos
de tal apreciación. Inmediatamente el observador asocia la importancia con los
progresos visibles en las ciencias naturales, sobre todo en la ciencia aplicada;
por ejemplo, cuando se estudian problemas prácticos, como el desarrollo de
una vacuna contra el Sida.
Pero ¿qué sucede con las investigaciones en el campo de las ciencias
sociales?
Aun cuando reconozcamos la importancia de estudios en estas áreas, lo
que sería ya un gran logro, es poco común que se reconozca el soporte sobre
el que se asientan las investigaciones. Estas están fundadas sobre un tipo de
conocimiento sobre la política al que se le reconoce el carácter de científico.
Pero ¿por qué le asignamos tanta importancia a esta cuestión de dotar
de cientificidad al estudio de la política?
Diremos que los parámetros de la ciencia establecen reglas para poder
generar un tipo de conocimiento de lo político distinto al vulgar, un tipo de
conocimiento cierto y bastante seguro que admita la refutación racional o
empírica de sus presupuestos. Por lo tanto, si hay posibilidades de hablar de
algún tipo de conocimiento racional, cierto, seguro y bastante cierto podemos
decir que habría algún tipo de progreso en el conocimiento.
Pero, además, la ciencia constituye, en el mundo contemporáneo, una
muy importante fuente de validación y legitimación del conocimiento y de las
decisiones basadas en él, es decir es una fuente de poder, como lo fue la
religión cristiana en la Edad Media europea cuando constituía el paradigma
dominante para describir, explicar y predecir la realidad. La ciencia como criterio
de verdad tiene prestigio y constituye una manera de entender al mundo, la que
como tal no es meramente descriptiva, sino además potencialmente ideológica.
Por lo tanto afirmar que un conocimiento es científico no constituye un juicio
meramente neutro (Lista, C, 1992: 3).
La ciencia, tal cual se la entiende en el mundo contemporáneo, incluso
es cuestionada por autores dedicados a ella, tal el caso de Paul Feyerabend.
El autor dice que la ciencia ya demostró su poder cuando en la historia venció
al mito, a la religión y a la brujería; pero esto no hace que sea la mejor forma
de conocimiento, por ello no puede excluir otras formas cognoscitivas para la
resolución de los problemas humanos.
Como se advierte, la justificación de la importancia del conocimiento
científico de lo político ha sido excesivamente escueta. Pero ustedes verán que
la elección de los argumentos para justificar dicha importancia implica elegirlos
pertenecientes a alguno de los enfoques que veremos, y adoptar su modelo de
«ciencia». O muchos de los otros existentes, que no abordaremos.
b. El nacimiento de la ciencia política
Sucede lo mismo en cuanto tratamos de ubicar el nacimiento de la
ciencia política o de establecer qué es la ciencia política.
La aproximación a los distintos enfoques sobre lo político nos dará la
pauta que no es para nada unánime el concepto de ciencia política, porque no
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 28
es para nada unánime el concepto de ciencia en general, ni los requisitos que
debe cumplir el conocimiento para poder ser calificado de científico.
De allí que entrar dentro del campo de la ciencia política, como ciencia
social, equivale a penetrar en la polémica.
Como ejemplo palmario del grado de conflictualidad que implica hablar
de ciencia, podemos preguntamos por el nacimiento de la ciencia política.
Tendremos que decir que para ubicar el nacimiento de la ciencia política
debemos partir del supuesto que no hay una línea de demarcación objetiva, no
hay univocidad de criterios sobre el tema, ya que fijar sus comienzos depende
de diferentes visiones sobre temas conflictivos que hacen a las ciencias sociales
en general.
Uno de estos planteos es lo referente, por ejemplo, a la cuestión del objeto
y del método de las ciencias sociales. Estos son sólo dos de los tópicos que
aún son cuestionados, y que de una u otra manera irradian sus efectos sobre
la conceptualización de la ciencia política y por ende sobre los datos de su
nacimiento.
Ahora bien, si nos enrolamos en un concepto positivista de ciencia
(cuyos orígenes veremos) podemos decir que ésta aparece en la década del
cincuenta, a partir de la llamada revolución conductista.
Y esto porque hasta entonces, entenderíamos que la protociencia política
había sido una laxa conjunción de áreas de investigación sobre diferentes
temas políticos en las que convivían pacíficamente historiadores de la política,
juristas y teóricos políticos. Pero la llamada revolución conductista (que luego
desarrollaremos) impuso una rigurosidad positivista para la ciencia política que
conllevaba la obligatoriedad de diferenciarla claramente de las ideologías y de
las especulaciones filosóficas. Se aspiraba a llevar el ámbito de la política, como
el de todas las disciplinas humanas y sociales, a cánones exactos como el
modelo que daban las ciencias físicas.
Otra posición como por ejernplo la de Marcel Prelot (1961:17), es la
que considera que los griegos son los creadores de la política y de la ciencia
política, en tanto históricamente la ciencia corresponde al conocimiento sin
otra especificación. Así se opone a quienes sólo llaman ciencia a la ciencia
positivista.
Autores como Stoker y Marsh (1989) definen la ciencia política de
manera amplia, refiriéndose a la existencia de una tradición académica de
estudio de la política, que presenta un conocimiento estructurado y exige que
quienes la practican respeten ciertas normas intelectuales a la hora de debatir.
En este marco se incluirían los tres enfoques que desarrollaremos;
normativos, empíricos-analíticos y críticos dialécticos.
Los primeros en su producción intelectual ponen más el acento en
la coherencia lógica de sus argumentos, estableciendo con precisión sus
conceptualizaciones principales y sus correctas derivaciones.
Los segundos se orientan al cuidado y rigor metodológico para la
presentación de teorías y análisis causales y falsables.
Los terceros ponen el acento en la posibilidad de marcos de análisis que
no solo den cuenta de los procesos políticos, sino que sean críticos y con un
compromiso práctico de transformación.
Pero, en definitiva, todos exigen, que quienes practican la ciencia política
aporten argumentos y datos fundados y sistemáticamente presentados, aunque
las conceptualizaciones teóricas sean diferentes y también los distintos tipos de
datos. Pero ninguna perspectiva afirma que ambos no sean necesarios.
4. APROXIMACIÓN A LAS TEORÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
29 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Entonces, tratando de abarcar una gran amplitud de definición, podemos
decir que la ciencia política pertenece al nivel de la reflexión de la política como
actividad que hemos caracterizado antes, y que toma la forma de una disciplina
académica que pretende describir y/o analizar, y/o interpretar, y/o criticar de
forma sistemática lo relativo a la política como actividad, así como sus valores,
puntos de vista e ideologías subyacentes.
La ciencia política no es un único ámbito de conocimientos sobre lo
político, ni está constituida por un conjunto de verdades sobre temas políticos,
más bien nos inclinamos a pensar que la ciencia política es un campo donde
convergen numerosas visiones sobre lo político.
Estas diferentes miradas que tienen los teóricos políticos sobre todo lo
relacionado con la disciplina, constituyen sus perspectivas teóricas; que como
tal significan maneras de describir e interpretar lo político, y por consiguiente
implican la elección de herramientas metodológicas para abordar el objeto
de estudio y la construcción de distintos conceptos básicos para describirlo,
explicarlo o interpretarlo.
Lo que nos interesa destacar en este tema es que la historia de la
reflexión política, es la historia de hombres que miran lo político, pero esta
mirada no es una visión ascética, sino cargada de ideología, entendida ésta
como posición frente al mundo.
Von Beyme (1977) llama a esto enfoques metateóricos, que serían como
perspectivas teóricas que condensarían lo que numerosos autores tienen en
común sobre ciertos aspectos fundamentales de la disciplina.
Esta comunión de autores ni es completa ni absoluta, sino que responde
a una decisión clasificatoria, que si bien se articula con afinidades en aspectos
centrales, se alejan en algunos puntos, por lo tanto su inclusión en uno u otro
enfoque puede generar discusión.
Además esta clasificación no significa que haya abismos infranqueables
entre todos los teóricos pertenecientes a los distintos enfoques; incluso muchos
de ellos comparten conceptos o métodos que pertenecen más específicamente
a otro enfoque.
Todo teórico político tiene ideas sobre lo político, y estas ideas son
el reflejo de su posición frente al mundo, frente a la realidad social, tiente al
hombre, frente al Estado, etcétera. Esta posición le da forma a un discurso del
teórico, debajo del cual subyacen supuestos básicos.
Estos supuestos pueden ser de los más variados: pueden ser
presupuestos ontológicos como los referidos a la naturaleza del hombre, la
naturaleza sobre la realidad social. Pueden ser presupuestos epistemológicos-
metodológicos como los referidos alas formas de conocer, la relación básica
entre teoría y hechos, y otros. Entre éstos hay una infinita gama de supuestos
básicos, que incluso son irreductibles para algunos pensadores.
Así los distintos enfoques se clasifican teniendo en cuenta estos
supuestos nucleares, explícitos o implícitos, presentes en las teorías políticas.
De allí que cada teoría o enfoque contiene diferentes conceptos básicos
y distintas definiciones de lo político como concepto central de la ciencia política.
Por lo tanto tienen discursos políticos y sociales diferenciables, los que pueden
seguirse, no en todos los casos, a través de una mirada sobre los argumentos
que estructuran su discurso.
De esto surgiría que un discurso determinado perteneciente al mundo de
lo político, no podrá entenderse y aun menos criticarse, a menos que se tomen
en cuenta dichas presuposiciones.
Como estamos en el nivel de la reflexión sobre lo político, en el nivel
de la teoría, debemos aclarar que no resulta fácil mantenerse en el término
ideal entre la exposición de las teorías, la referencia a la realidad política que
contienen y la valoración y crítica de ellas. Para ello se tratará de describir el
pensamiento general y aconsejar al estudiante la lectura directa de autores de
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 30
cada enfoque.
Los enfoques que plantearemos, con la intención de exponer los
supuestos que las conforman y guían, son:
- Enfoques normativos u ontológico-normativos.
- Enfoques empírico-analíticos, o empírico-racionalistas o
neopositivistas.
- Enfoques crítico-dialécticos.
Cabe decir que a estos enfoques se los suele identificar, aunque esto
no es absoluto ni implica un criterio definitivo, con alguna posición política,
entendida como la adopción de una ideología. Así a los normativistas se los
puede articular con ciertas concepciones conservadoras, aunque hay gran
variedad de normativistas contemporáneos con concepciones reformistas, a
los empírico-analíticos liberales (aunque desde los críticos son estimados
conservadores) y a los crítico-dialécticos, neomarxistas o más genéricamente
de izquierda. Dicha relación permite explicar el surgimiento histórico de ciertos
enfoques; pero no hay una relación causal entre un enfoque y la inclinación
política de los teóricos.
5- TEORIA Y PRAXIS POLÍTICA. LA INFLUENCIA DEL SABER EN LA
PRÁCTICA POLÍTICA
En primer lugar debemos realizar algunas consideraciones previas. Hemos
hablado de actividad política, realidad política, cuestiones políticas, etcétera, y
aunque pueda resultar obvio, debemos acordar que haremos un abordaje de
esta problemática, a partir de la teoría política
2
La actitud del teórico político sobre estos procesos, es distinta a la del político
práctico, el cual se caracteriza por participar, o intentar hacerlo, en la adopción
de las decisiones políticas. Esto no quiere decir que el político práctico no
pueda estar, en mayor o menor medida, influido por los aportes de las teorías
políticas, sino que el aspecto más relevante de su accionar está vinculado a su
participación en la formación de los procesos políticos, y no al estudio de ellos.
En cambio, el teórico político, se orienta específicamente al estudio
de esos procesos. Aunque, debemos destacar, que los teóricos políticos se
encuentran inmersos en los procesos políticos reales y que gran parte de
las teorías políticas causantes de verdaderas transformaciones, constituyen
propuestas que no sólo buscan cambiar el modo de observarlo político, sino
también las propias instituciones políticas reales. Tal es el caso de Aristóteles,
Hobbes, Locke, Marx y tantos otros.
Ahora bien, recordemos lo que dijimos con relación a que las ciencias
constituyen en la actualidad el tipo de saber más legitimado en Occidente y por
lo tanto una fuente de poder, por ello se convierten en un “saber especializado”
que dota de autoridad a quienes se sirven de este saber. Esto ocurre por el lugar
de privilegio que ha alcanzado en Occidente el conocimiento científico, como
límite demarcatorio de la mera opinión, de lo subjetivo, y hasta de lo “irracional”,
lo que comenzó en la Modernidad.
En nuestro caso, la ciencia política ha estructurado un “saber científico
político” que permite revestir de autoridad a quien se apoya en él, sirve como
justificación a las decisiones que se tomen, ya que por su poder “racionalizador”
son su sustento legitimador. Por ello, todo político práctico cuando debe justificar
las decisiones que adopta, remite de una manera directa o indirecta a este tipo
de saber especializado, por ello hay una implicancia entre los aspectos teóricos
y prácticos de la política.
Hoy en Occidente no consideraríamos justificada una decisión tomada
por un gobernante cuando la fundamentara en una especie de “intuición” o
en su fe en Dios. Esto porque desde la modernidad el tipo de conocimiento
31 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
considerado válido para explicar el mundo y servir de criterio diferenciados de
lo irracional, subjetivo y metafísico, es el conocimiento científico. Esto le ha
permitido a las ciencias constituirse corno un discurso validador o justificador
de las decisiones que lo tengan como base. De allí que es poco probable que,
en nuestro caso la política, no tenga como fuente directa o indirecta ese saber
especializado político, que no es sino lo que llamamos ciencia política o teoría
política.
Entonces, debemos aclarar que de acuerdo a nuestra posición existe
una ineludible relación entre la teoría y la práctica, entre el desarrollo científico
de la disciplina y los valores políticos que la estimulan.
Es por eso que las teorías políticas se instituyen, a la vez que en
paradigmas científicos que orientan a la disciplina, en perspectivas ideológicas
que legitiman la práctica política; las teorías replantean, a la vez que el
discurso científico vigente, el orden político existente. El horizonte histórico de
comprensión es el que hace inteligible las grandes teorías que dan sentido al
análisis científico de la política (Pinto, Julio, comp. 1995).
(Footnotes)
1
Utilizamos aquí la denominación «ciencia política» en su sentido
histórico, como conocimiento sistemático y fundado sobre la política, sin atender
por ahora a otras distinciones que se formularán posteriormente.
2
A los fines del desarrollo de este tema introductorio usaremos como
sinónimos las palabras ciencia política y teoría política.
Ciencia política
Ciencia política, por Marcel Prelot
IC
2.1
El origen de la Ciencia política
IC
2.2
Ciencia política. Su origen
IC
2.3
Ciencia Política, por Mercedes Prelot
Introducción
I.La política:
La palabra política se origina en las palabras griegas polis, politeia, politica,
politiké.
- é polis: la Ciudad, estado, el recinto urbano.
- É politeia: el Estado, la Constitución, el régimen político.
- Tá política: cosas políticas, cosas cívicas.
- É politiké: el arte de la política.
Para los antiguos, la política pragmateia es el estudio o el conocimiento de la
vida en común de los hombres según la estructura esencial de esta vida que es
la constitución de la ciudad.
El hombre antiguo, tal como lo definió Aristóteles, aparece así como un ser o
m1 |contenidos | IC
i n f ot ma c i ón c ompl e me n t a r i a 2
m1 |contenidos | IC
i n f ot ma c i ón c ompl e me n t a r i a 2 . 1
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 32
animal cívico. Se disminuye enormemente el alcance de la definición al traducir
zoon politikon por animal social. El animal es también social, pero solo el
hombre es político. Su carácter específico es vivir insertado en el organismo
social que constituye la Polis, y ésta es para él tanto una necesidad natural
como ideal.
La Polis no es solo la ciudad como planta urbana, sino también un territorio
agrícola, la campaña circundante.
Hay pues correspondencia, en cuanto al concepto mismo, entre la Ciudad
antigua y el Estado moderno.
La correspondencia verbal entre la Ciudad y el Estado se halla asegurada, en
latín, mediante la palabra respublica; lo que concierne a la ciudad, corresponde
res publica: la cosa pública. Como adjetivo, repúblico es equivalente a cívico.
Más tarde la palabra Estado se une a la expresión res pública. La conjunción
estado de la cosa pública. En sí mismo, por otro lado, el término status solo
significa una posición.
Con el correr del tiempo la palabra status y la expresión res publica fueron
adquiriendo poco a poco, y separadamente el mismo sentido. La latinidad
media y baja desconoce la palabra política.
Las otras políticas del Siglo XVI se denominan Il Príncipe, Maquiavelo incorpora
al uso corriente la expresión Estado.
Hoy en día el lenguaje corriente ha enriquecido con otras acepciones la
definición de política, pero deja al sentido principal su acepción tradicional.
La Academia Francesa dice que política es el conocimiento de todo lo que
se relaciona con el arte de gobernar un Estado y de dirigir sus relaciones
exteriores. Hatzfeld y Darmesteter dicen: “politique: relativo al gobierno de
un Estado; Droit politique: derecho por el cual un ciudadano participa en el
gobierno de un Estado; homme politique: el que se ocupa del gobierno de
las cosas públicas; politique, como sustantivo: el arte de gobernar, todo lo
concerniente a los asuntos públicos”.
Littré, “la ciencia del gobierno de los Estados, el arte de gobernar un Estado y
de dirigir sus relaciones con los otros Estados”.
La grande Encyclopédie, “la política es estrictamente el arte de gobernar un
Estado. La ciencia política puede, pues, definirse como la ciencia del gobierno
de los Estados, o el estudio de los principios que constituyen el gobierno y
deben dirigirlo en sus relaciones con los ciudadanos y los otros Estados”.
La política alude tanto a los hombres y a los hechos como al conocimiento que
se tiene de ellos. Actualmente se hace la distinción mediante el uso del término
ciencia política.
Estadística y estadístico: la palabra estadística, en un sentido diferente del que
aún en el Siglo XIX expresa Carnot, es la recopilación de los hechos originados
en la aglomeración de los hombres en sociedades políticas.
En lugar de estadística, un profesor de la Escuela francesa de Derecho de El
Cairo propuso la palabra statologie (estadología). El término estadología no
tuvo aceptación. Bigne, distingue la sociología política de la estadología. La
primera sería el estudio del comportamiento de las sociedades humanas y de
sus relaciones recíprocas. La segunda se limitaría al aspecto de esta disciplina
que se refiere a la ciencia y al arte de gobernar las comunidades.
La palabra politología parece perfectamente aceptable. Su primera ventaja con
respecto a estadología, es que sus dos componentes han sido tomados del
mismo idioma. Constituido por dos palabras griegas: polis-ciudad, Estado;
logos-razón, exposición razonada de un tema, el término está bien elegido para
designar el conocimiento sistemático de la cosa pública o del Estado.
La objeción más seria que podría hacerse a politólogo es que no se forma
directamente a partir de polis (la ciudad Estado), sino de su derivado polites
(el ciudadano). En consecuencia, la politología sería más bien la ciencia del
ciudadano que la de la ciudad.
33 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Una tendencia disidente propone politicólogo, que se acerca más a la palabra
griega politicos. Pero politicología no presenta, desde el punto de vista de su
formación, ninguna superioridad sobre politología.
Hablaremos aquí de politología, cada vez que consideremos el conocimiento
sistemático y ordenado de los fenómenos relativos al Estado.
La politología clásica
El nacimiento de la politología:
Los griegos son los creadores de la política y de la ciencia política. Grecia le
imprimió su carácter dominante: la ciencia. Aristóteles fue el principal promotor
del conocimiento científico. La clasificación aristotélica se apoya en la distinción
de tres operaciones del espíritu: saber, hacer y crear. Existen tres grandes
categorías de ciencias: las ciencias teóricas, las ciencias prácticas y las ciencias
poéticas. Las teóricas, matemáticas, la física y la metafísica. Las poéticas, la
lógica, la retórica y la poética. Las ciencias prácticas son la ética, la económica
y la política.
La ética es la ciencia del comportamiento personal, el conocimiento de la
conducta del individuo, la moral. La económica es la ciencia de la familia. La
política es al ciencia de la constitución y de la conducta de la Ciudad Estado;
ocupa prácticamente la cúspide de la jerarquía, porque su objeto, la Ciudad-
estado, engloba toda la organización estatal.
La política domina teóricamente a las otras ciencias, porque regula todas las
actividades humanas.
En la Etica a Nicómano, Aristóteles subraya que “hay algo de más noble y
elevado en ocuparse del bien y del contenido del Estado en su totalidad que
en el de un solo hombre”. La frontera entre la ética y la polïtica no es siempre
trazada claramente. El objeto de la ética es una especie de política. Incluye
la política, elementos que, formarían parte de la ética y de la económica: la
procreación, la educación, y hasta la música.
Distingue con claridad entre la política, que es el conocimiento de las cosas
cívicas y la económica, que es la ciencia de las cosas domésticas. Aristóteles
considera tres tipos de relaciones sociales: entre esposos, entre padres e hijos,
y entre amo y esclavo.
Rechaza desde el principio la idea de que el Estado sería una familia ampliada,
ya que no hay entre la familia y la ciudad una diferencia de grado, sino de
naturaleza.
II.La tradición antigua y Medieval:
Cicerón (romano helenizado), de inspiración aristotélica, acepta como básica la
noción de Ciudad, pero amplía el marco y la define de un modo mucho más
jurídico. Escipión el Africano, en el diálogo de la República figura como el héroe
cívico al que se dirige la admiración del gran orador: “La República es la cosa del
pueblo, y el pueblo mismo no es no importa qué conjunto de hombres, sino una
colectividad unida por un acuerdo de derecho y por una comunidad de interés”.
Cicerón pone en primer plano el aspecto jurídico de la Ciudad: el derecho
común a todos, aceptado por todos, efectivamente obedecido por todos.
La revolución cristiana (sociológicamente) o la revelación cristiana
(filosóficamente), trajo cambios morales y psicológicos con San Agustín, quien
modifica la definición ciceroniana de Estado: “Como el pueblo de Cicerón, el
pueblo de la ‘Ciudad de Dios’ es también un agregado humano, una multitud
razonable, pero unida poor la pacífica y común posesión de lo que ama y no por
el derecho y la utilidad. Paso de una concepción jurídica a una afectiva; de una
noción societaria a una comunitaria. San Agustín prepara así ese sometimiento
del Estado respecto de la Iglesia. Hay en el obispo de Hipona una transposición
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 34
y ampliación del ideal terrestre. La noción de Estado puede aplicarse a otra
comunidad que trasciende la ciudad carnal, a la ciudad espiritual, Civitas Dei.
El agustinismo político domina el pensamiento medieval; Santo Tomás de
Aquino vuelve a la concepción de los autores paganos, tomando una definición
de Ciudad que es en realidad la de Cicerón. (la definición ciceroniana es
perfectamente válida para la naturaleza, mientras que San Agustín se ha ocupado
de lo sobrenatural).
La concepción tomista es simplemente una formulación detallada de las doctrinas
aristotélicas. La ciudad forma una unidad indivisa, constituida bajo una autoridad
suprema, donde cada uno conserva su propia autonomía mientras contribuye al
ordenamiento general.
Con Santo Tomás la política pierde la primacía que le había asegurado Aristóteles.
Conserva el primer lugar entre las artes prácticas, ya todas las ciencias y las
artes no convergen más hacia la política, sino hacia la teología. La política, como
las demás ciencias, es su sirvienta.
La noción de Estado pasa de la colectividad popular al gobierno, del gobierno a
la persona de quien gobierna, del Estado al reino y del reino al príncipe.
III.Las concepciones modernas:
El Príncipe, es el título del libro que inicia la politología moderna. La política se
inclina hacia la psicología y la pedagogía. Maquiavelo distingue entre repúblicas
y principados. Da a la palabra “república” un sentido preciso: el de gobierno
temporario.
Mientras el Estagirita dirige sus investigaciones hacia el buen gobierno que
asegura una vida buena a sus buenos ciudadanos, Maquiavelo tiende hacia un
gobierno eficaz para una Italia unida y descentralizada. La política es el arte del
Estado, dirigido menos a la felicidad de los miembros de la Ciudad que a la
obtención de su obediencia.
Ya se trate del bien de los hombres o de su obediencia, el objeto del conocimiento
político sigue siendo el Estado, concebido así como un cuerpo político.
Bodin abarca toda la ciencia política, con los diversos órdenes de hechos
que comprende y las leyes fundamentales que la integran. “Geschichte des
allgemeinen Staatsrechts und der Politik seit der 16. Jahrhundert bis zu
Gegenwart” (Historia del Derecho general del Estado y de la política desde el
siglo XVI hasta la actualidad), “Die Staatslehre Bodins” (La teoría del Estado de
Bodin). Bodin enriquece el esquema aristotélico, con el aporte de puntos de
vista que son tanto el resultado de su reflexión personal como del paso de la
Ciudad-estado al Estado monárquico, a principios del siglo XVI.
Bodin ve en el Estado el producto de una evolución secular que engendra un
equilibrio de derechos y obligaciones en el seno de un grupo más complejo que
el estudiado por el Estagirita. No solo hace del Estado “el recto gobierno de
varias familias”, sino que interpreta las desigualdades comprobadas por él como
causa de una división del trabajo.
Althusius, “Política Sistemática”, define la política como el arte de constituir,
cultiva y conservar la vida social. Le da, en consecuencia, el nombre de
simbiótica, que toma del griego. El Estado es una comunidad política superpuesta
a las comunidades más simples, a las familias, a las corporaciones, después
a las sociedades más complejas, las comunas y las ciudades. Llega a una
concepción contractual y orgánica de la soberanía. Se pasa por gradaciones de
las sociedades más simples a la sociedad estatal. Por ello se puede considerar
a Althusius como el precursor de las doctrinas políticas que más tarde serán
calificadas de federalistas o aun de corporativas.
Mientras que Althusius considera al Estado como una federación de grupos
ligados poor un contrato del que surge la soberanía, Bodin afirma el carácter
unitario e indivisible de esta soberanía. Althusius es un organicista popular para
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quien la autoridad reside en el pacto concluido por los elementos orgánicos
que constituyen el Estado, Bodin es un monarquista unitario, partidario de
la soberanía, que reposa en la persona del príncipe. El Príncipe prevalece
definitivamente sobre el Estado y domina la politología de los siglos XVI y XVII.
De manera opuesta, la Escuela de Derecho natural y de gentes redescubre la
concepción social. Puffendorf y Barbeyrac vuelven al término Civitas.
JJ. Rousseau, y su Contrato Social, “la persona pública que se constituye
así mediante la unión de todos los otros tomaba en la Antigüedad el nombre
de Ciudad y se la denomina actualmente república o cuerpo político, al cual
sus miembros llaman Estado cuando es pasivo, soberano cuando es activo, y
potencia al compararla con sus semejantes”. “Se confunde el recinto urbano con
una Ciudad y a su habitante con el ciudadano”.
De Aristóteles al siglo XVIII, la tradición es una y segura. Hay, como lo expresa
bien Paul Janet, quien escribió la historia de este período, “una ciencia del
Estado, no de tal o cual Estado en particular, sino del Estado en general
considerado en su naturaleza, en sus leyes y en sus formas principales. Es la
ciencia política, y nadie derivó entonces de ella otra rama del conocimiento de
la vida social.
LA SUSTITUCIÓN DE LA POLITOLOGÍA
I. La politología sustituida por la ciencia económica:
El uso cada vez más generalizado de un término que se origina a principios del
siglo XVII, el de economía política, provoca una incertidumbre creciente. Con
Aristóteles se vio florecer la rama fértil de la política, mientras que la económica
se marchitó rápidamente. Con el cristianismo las relaciones de familia tomaron
cada vez más el aspecto de relaciones personales atinentes no a la económica,
sino a la ética; sólo quedó a la económica la administración del patrimonio y el
cuidado de la casa.
El siglo XVII produce cambios que modifican completamente el sentido del
término “económica”. Montchrestien sostiene que el Estado debe comportarse,
con respecto a sí mismo, como si se tratara de una casa cuyos limitados
recursos deben administrarse juiciosamente (idea de una gestión económica, o
sea “familiar”). El Príncipe debe aplicar al Estado las leyes de administración de
un hogar. Llama Economía Política a las reglas de una buena administración de
los bienes del reino.
Sully, “transportada del hogar al Estado, la economía se convierte en el arte de la
administración de las cosas materiales. Unido a economía, que es el sustantivo,
el adjetivo política es equivalente a estatal”.
Piettre dice: “el carácter nacional de la economía sobrepasa en mucho su
carácter crematístico”. Más adelante da a esta economía el calificativo de
“monarquizada”, invocando a Hauser, para quien el rey es “el legislador y el
regulador de la vida política”.
Adam Smith, “la economía política conserva su dependencia tradicional respecto
de la política, rama de los conocimientos del legislador y del hombre de Estado,
que se propone enriquecer a la vez al pueblo y al soberano, particularmente con
el objeto de proporcionar al Estado renta suficiente para el servicio público”.
Desde la segunda mitad del siglo XVIII la economía se aleja de la política.
Se convierte en un sistema lógico de asuntos económicos que deben ser
considerados en sí mismos, por ellos mismos y para ellos mismos.
Piettre decía que la económica, no solo se ha separado de la política, sino que
pretende una autonomía total. La economía es una fisiocracia, un gobierno de la
naturaleza; la política sea cual fuere el régimen considerado, es un gobierno del
hombre, una antropocracia.
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La economía reivindica su autonomía tanto en el orden práctico como en el
orden intelectual. En el práctico, rechaza la dominación política de los regímenes
en vigor. En el intelectual desea ser una ciencia independiente con respecto a las
otras ciencias, y sobre todo con respecto a la ciencia del gobierno del Estado.
La economía no solo quiere separarse de la política, sino desvalorizarla
colocándola en un segundo plano. En esto concuerdan las dos escuelas rivales
del liberalismo y del socialismo.
La idea fundamental del individualismo liberal está constituida, más que por
nociones de libertad y de individuo, por el concepto de espontaneidad.
Los fenómenos económicos son una manifestación de la naturaleza: surgen
inevitablemente y se organizan por sí mismos.
La economía se halla sometida a leyes naturales. En consecuencia, la política
nada tiene que hacer en este terreno. Si interviene, será para ponerle obstáculos
a esta rueda maravillosa, que de otro modo giraría por sí misma. El liberalismo
concluye en una concepción minimalista del Estado en la que se le deja el menor
sitio posible. “El hombre de la era liberal es el hombre menos politizado que ha
existido”.
En lo que se refiere al antipoliticismo, en el fondo el socialismo se halla de
acuerdo con su adversario. Todos desean la desaparición del poder político en
su esencia. La primacía de lo económico, la desvalorización y la exclusión de
lo político se expresan en la famosa parábola de Saint Simon, y fue Proudhon
quien le dio un extraordinario relieve: “La única y verdadera revolución es la
revolución social, que opone a las seudorrevoluciones políticas; ella reemplazará
el Gobierno por el Taller; ponemos la organización industrial en lugar del
Gobierno, y las fuerzas económicas en lugar de los poderes políticos”.
La idea de la disolución del gobierno en la sociedad no es menos fundamental
en Marx: los regímenes y el Estado mismo son superestructuras que deben
ser completamente eliminadas por la evolución económica, que conduce a la
revolución social. La única realidad es la economía”. Cuando el proletariado sea
dueño del poder, no habrá más poder ni habrá más Estado, porque la autoridad
política es la consecuencia de la lucha de clases.
La economía política de los siglos XIX y XX ya nada tiene que ver con la política.
Las nuevas definiciones la califican como “ciencia de la riqueza” o “ciencia
del cambio”. Algunos proponen el de “crematística”, que se encuentra ya en
Aristóteles, otros, “plutología” o “cataláctica”.
II. La politología sustituída por la sociología:
Ahora se separan lo político de lo social. Cierta distinción entre lo político y
lo social aparece desde el renacimiento del Estado. Ya en Bodin y Althusius
había la idea de que existiría lo social fuera de lo político, o un elemento social
distinguible, si no diferente de lo político.
En el siglo XIX, autores alemanes como Robert von Mohl, separan la ciencia
social de la ciencia política. El término social designa las instituciones, las
costumbres, o los comportamientos no organizados directamente por el poder:
la familia, la propiedad y las clases sociales. Se opone el Estado social al Estado
político. Hauser distinguirá la historia llamada política, que se preocupa sobre
todo de las formas de gobierno de las sociedades, y la historia calificada de
social, que se interesa principalmente en la vida material, económica y moral en
las mismas sociedades. Lo social comprende así toda la vida privada, no solo en
su aspecto individual e interindividual, sino colectivo.
El orden de la sociedad es considerado más rico que el orden jurídico del
Estado; en forma paralela a la corriente económica, el flujo social desvaloriza
también a la politología.
Es mucho más grave para la integridad de la política la pretensión de lo social
de convertirse en ciencia autónoma y global, bajo el nombre de sociología. La
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iniciativa de Augusto Comte priva a la política de su primacía tradicional, porque
la sociología la reemplaza como ciencia arquitectónica.
Cuando la sociología sustituye a la politología, el interés pasa de las Ciudades
o los Estados a la Humanidad: conjunto de seres humanos pasados, futuros y
presentes. Los más numerosos, y siempre en aumento, son los muertos, que
subsisten por la inmortalidad subjetiva, sea porque se guarda su recuerdo, o
porque el resultado de sus actos permanece gracias al progreso.
Sólo será sociológico, en sentido preciso, el conocimiento de los fenómenos
humanos en tanto que sociales, o sea no como productos de la voluntad de los
individuos, sino como resultados de la influencia ejercida por el grupo social.
Éste origina actitudes que los miembros que lo componen no habrían tenido
nunca si no estuviesen agrupados. La sociología no estudia todo lo que ocurre
en las sociedades existentes; solo se pregunta de qué modo y en qué medida
los hechos sociales se originan en la vida social, y cómo, a su vez, actúan sobre
ella.
Los actos políticos interesan realmente al sociólogo, pero no se ocupa de ellos
del mismo modo que el politólogo. El sociólogo no estudia la política más que
como una manifestación específica de vida colectiva. El politólogo considera
todos los aspectos de las instituciones y de la vida del Estado. Desde el punto
de vista estricta y esencialmente político, mientras que el sociólogo solo toma en
cuenta los fenómenos políticos en tanto que son sociales, y exclusivamente en
ese aspecto.
Cabe mencionar que Durkheim logró que la sociología fuera reconocida como
ciencia y se le concedieran cátedras.
III. La politología reemplazada por la ciencia jurídica:
La Economía se desarrolló bajo la influencia inglesa, la sociología nació en
Francia; Alemania, a mediados del siglo XIX logró reintegrar la economía en la
política, y volvió a colocar lo social en lo político.
Muller consideró al Estado como un conjunto que domina a los individuos
y aun a las generaciones. Sintetiza una triple corriente jurídica, lingüística y
filosófica, que a las tres tendencias de la economía clásica: el individualismo, el
cosmopolitismo y el perpetualismo, opone, en orden, el espíritu comunitario, el
ideal nacional y la relatividad histórica. Autores como Dahl, Waitz y Treitschke.
La escuela alemana redescubre Aristóteles, superando el divorcio entre lo
económico y lo sociológico, engendrando ella misma la separación de lo
jurídico.
El derecho procede de la política, y la política presupone el derecho como
condición fundamental de la libertad. Bluntschli sostiene que la política no es
más que una parte del dominio de los conocimientos sobre el estado. Jellinek
observa que la política significa en griego “doctrina de la Polis”, y que se debe
traducir por “doctrina del Estado”. Se divide, por una parte, en una doctrina
social del Estado, y por otra, en una doctrina jurídica, o derecho público en
general.
Gerber, padre del derecho público, se esfuerza por clarificar los principios del
derecho sobre los cuales debe edificarse el derecho público, y se propone
eliminar las tendencias políticas, históricas o doctrinarias. Para él, el derecho
público es exclusivamente el derecho del Estado concebido como sujeto de
derechos. Lo dogmático termina sustituyendo a lo sociológico, para llegar a
la creación de un derecho público que nada debe a ninguna disciplina, salvo
al derecho mismo. Laband exige que el análisis del sistema constitucional de
un país determinado sea puramente jurídico. Se considera a la ciencia política,
“literatura de periódico”.
LA POLITOLOGÍA DESMEMBRADA Y ABANDONADA
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I. Una ciencia sin contenido:
El contenido de la política disminuye hasta desaparecer por completo, debido
a la creciente especialización de las ciencias políticas. Existen ahora sociología
política, que estudia los fenómenos políticos en su aspecto social; economía
política, que examina al Estado como agente o como marco económico; derecho
político, o público, que considera el aspecto jurídico de las instituciones y
relaciones públicas; historia política, filosofía política, geografía política, etc...
Cada vez que aparece, la política es absorbida por otra ciencia. A fines del
siglo XIX la política desapareció como sustantivo que designa una disciplina
autónoma, y solo quedó como calificación de otras disciplinas. No existe más
la ciencia política, solo subsisten las ciencias políticas. Ya nada queda para la
politología como tal. Algunos, sin embargo, consideran que esta reabsorción
total es excesiva: la politología conservará lo que las disciplinas particulares no
hayan podido asimilar. Esta teoría residual no puede servir de base para una
supervivencia honorable de la ciencia política. Paradójicamente, la multiplicidad
y el progreso de las ciencias políticas engendran la desaparición de la
politología.
II. Una ciencia sin adeptos:
Durante el siglo XIX y comienzos del XX se produjo un debilitamiento de la
literatura politológica. Hay pocas “Políticas” escritas durante tal período. Ivan
Golovine sostuvo en 1844: “La política es la ciencia del gobierno tanto en sus
relaciones interiores como exteriores, la ciencia del Estado por excelencia”.
Por otro lado, sostiene Buchez: “La terminología y las definiciones de Platón y
Aristóteles constituyen todavía hoy la base de la ciencia política, la cual debe ser
completada por una idea de progreso”.
LA POLITOLOGÍA RENACIENTE
I. El nuevo Clima:
La primera guerra mundial no contribuye en absoluto a sacar del marasmo
a la ciencia política. La segunda guerra mundial da el impulso decisivo al
renacimiento politológico.
En el renacimiento de la politología tiene gran importancia, ante todo, el ejemplo
norteamericano. Las universidades de los Estados Unidos desde fines del siglo
XIX crearon y extendieron su departamento de ciencias políticas.
La brusca ascención de la ciencia política solo pudo producirse porque durante
todo el siglo XIX y comienzos del XX las Facultades de Derecho has sido, a
pesar de las reticencias y las hostilidades, la verdadera Escuela de Ciencia
Política. Hombres como Hauriou, Esmein, Soulier, Barthélémy, Chevallier, etc.
En estas obras la ciencia política presente en todas partes, no se afirma a cara
descubierta, sino que toma la apariencia del “punto de vista”. El estudio del
Estado, de los fenómenos constitucionales y relacionales, contiene algo más
que lo que capta y explica el Derecho.
Le tocó a Burdeau efectuar la revolución ya latente pero todavía insegura de
sí misma, de hacer pasar el Derecho Constitucional de la situación de ciencia
principal a la de ciencia complementaria.
II. Redescubrimiento de la política:
El politólogo se considera un investigador a través de todo lo social; lo que el
descubre es la realidad social. La teoría del “interés selectivo”, subyace en los
trabajos de la Unesco en 1948, en relación con el establecimiento de la lista-tipo.
La primera y fatal consecuencia del renacimiento de la ciencia política debía ser
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necesariamente un debate sobre su objeto.
Dabin sostuvo que la ciencia política no es ni puede ser otra cosa que la ciencia
del Estado. Si partimos de la palabra política, la ciencia política tiene un objeto
específico, perfectamente distinguible, o sea, la cosa política, res política.
Los esfuerzos se dirigieron a enumerar aquello en lo que se interesaban, las
instituciones y los hombres dedicados a su investigación y a su enseñanza:
LISTA TIPO DE LA UNESCO
1- La teoría política:
a) La teoría política;
b) La historia de las ideas;
2- Las instituciones políticas:
a) La Constitución;
b) El gobierno central;
c) El gobierno regional y local;
d) La administración pública;
e) Las funciones económicas y sociales del gobierno;
f) Las instituciones políticas comparadas;
3- Partidos, grupos y opinión pública:
a) Los partidos políticos;
b) Los grupos y las asociaciones;
c) La participación del ciudadano en el gobierno y en la
administración;
d) La opinión pública;
4- Las relaciones internacionales:
a) La política internacional;
b) La política y la organización internacional;
c) El Derecho internacional.
La lista-tipo ofrece triple serie de ventajas:
1)Registrar los temas objeto de escritos o de investigaciones diversas; 2)La
vida política, en sus diversos aspectos, necesita de las variadas investigaciones
del sociólogo, del geógrafo, del historiador, del psicólogo, etc.; 3)La lista-tipo
evita caer en los peligros que la politología no supo evitar anteriormente,
disolviéndose en una serie de ciencias especializadas que solo dejaban a la
ciencia política un residuo carente de interés.
El origen de la Ciencia Política
I- La revolución conductista
Si hablamos de la ciencia política como actividad científica dentro de un
paradigma teórico establecido, en un concepto positivista de ciencia, ésta
aparece en la década del cincuenta, a partir de la llamada revolución
conductista.
Hasta entonces, la protociencia política había sido una laxa conjunción de
áreas de investigación sobre diferentes temas políticos. La llamada revolución
conductista, impuso una rigurosidad positivista para la ciencia política que
conllevaba la obligatoriedad de diferenciarla claramente de las ideologías y de
las especulaciones filosóficas. Se aspiraba a llevar el ámbito de la política a
cánones exactos como las ciencias físicas.
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Para hablar de ciencia política, hay que referirse al contexto de aparición de las
ciencias sociales (siglo XX).
El auge de esta cientifización de la política tuvo su epicentro en la tierra del
pragmatismo: Estados Unidos, a partir de la llamada revolución conductista.
Fue un movimiento intelectual que se desarrolló en importantes universidades
norteamericanas (Chicago y Stanford) y que produjo una comunidad científica
especializada.
El conductismo o behaviorismo implica la posibilidad de estudiar la conducta
humana sin una interpretación síquica, sino partiendo de entender a la conducta
humana como respuesta a los estímulos del entorno.
El hilo conductor de la experiencia conductista será la adopción por parte de la
ciencia política, de los métodos de investigación de la sociología que toma como
propios, en tanto son precisos como los de las ciencias naturales.
Su desarrollo se divide en tres fases; en la primera, alrededor de 1908, se
destacan los nombres de Bentley, Alan Ryan. La segunda, de 1950 en adelante,
donde afirmaba David Easton “el centro de atención de la ciencia política se
ha desplazado del análisis de las instituciones al de los individuos, cuyas
motivaciones, personalidades o sentimientos observa, para poder de este modo
investigar adecuadamente cómo están relacionados y qué influencias tienen
en un proceso político; Almond, Deutsch, Simon, etc. En la tercera fase, de
gran auge en la década de los 80, destacándose las figuras de Olson, Downs,
Schumpeter, etc.
En SINTESIS:
1- La ciencia política puede dar explicaciones y hacer predicciones según el
modelo de las ciencias naturales, y ofrecer en lugar de estudios descriptivos,
análisis sistemáticos, con la guía de teorías que habrán de corroborarse
empíricamente.
2- Los fenómenos que pueden observarse habrán de ser el límite de la ciencia
política. Se rechazará el planteamiento institucional porque entiende las
instituciones como conductas sociales estancadas.
3- En vez de dedicarse a la investigación pura, investigación aplicada.
4- La ciencia política debe prescindir de los grandes issues, pues no
puede demostrar científicamente la exactitud y la falsedad de los
valores (democracia, igualdad, libertad, etc.); debe abstenerse de hacer
valoraciones.
5- La ciencia política debe ser interdisciplinaria.
6- Debe utilizar un lenguaje técnico.
7- Se generaliza el método hipotético – deductivo, superando el empirismo
ingenuo.
Posturas acerca del origen de la ciencia política
II- Postura de Prelot
Aristóteles (Siglo V a.C.) es el fundador de la ciencia política, ya que es él quien
da el gran salto en Grecia de la especulación metafísica al campo de lo empírico,
realizando un estudio exhaustivo de más de cien constituciones políticas. Es
Aristóteles quien comienza a detallar la organización de las instituciones y de la
comunidad política en la polis griega.
III- Postura que considera a Nicolás Maquiavelo como su iniciador.
La auténtica separación racional entre política y ética no se produce sino hasta
la Edad Moderna, siendo Maquiavelo un gran exponente de la construcción de
una técnica del poder destinada a eliminar cualquier clase de límites normativos
– morales que pudieran trabar la autoridad del príncipe.
Atribuir la iniciación de la ciencia política a Maquiavelo, es tradición, sobre todo
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por la autonomatización de su objeto de estudio: lo político, escindido de las
acostumbradas sujeciones a lo ético (Grecia) o lo religioso (Edad Media).
IV- Postura de Brecht
Coincide con Duverger; la ciencia política surge en 1900; pero no sólo es
necesaria la creación de universidades, cátedras, Centros de Investigaciones,
sino que son necesarios los resultados que permitan elevar a carácter de
científico a la política.
V- Postura de Duverger
Del siglo XX, considera que la política posee una gran prehistoria y una corta
historia. La ciencia política comienza en nuestro siglo, con el auge de las
universidades. Duverger ha encontrado en la entrada de la ciencia política en
la Universidad el hecho decisivo para marcar y precisar su nacimiento como
verdadera ciencia (historia). El origen de la ciencia política no ha sido simultáneo
en todas partes. En Estados Unidos la entrada oficial en gran escala de la ciencia
política en las universidades se produjo entre 1890 y 1914. En la mayor parte de
los países europeos y con algunas excepciones (Oxford, Londres, Cambridge),
el hecho se ha operado con posterioridad a la segunda Guerra Mundial.
Realiza la siguiente esquematización:
- Prehistoria:
- Prehistoria propiamente dicha (período anterior al siglo XIX),
PRECURSORES, dieron o crearon un método para elevar la política
a la categoría de ciencia.:
1) Aristóteles, “Método de observación”.
2) Maquiavelo, “Método objetivo” (separa consideraciones
metapolíticas de las realidades políticas).
3) Bodin, “Desarrollo del método de la observación”.
4) Montesquieu, “Método de observación sistemática”
(sistematiza el método aristotélico).
- Intermedio, siglo XIX, FUNDADORES:
1) Tocqueville, que aporta el método de la “Observación
profunda” (no creía en la democracia, pero anticipa la
revolución democrática a la que denomina la “revolución
irresistible”; su obra, “La democracia en América”).
2) Comte, con su “Método positivo”. Es el padre de la
sociología.
3) Marx, “Una nueva cosmogonía” con método: materialismo
histórico. En las ciencias sociales hay un antes y un
después.
Debemos aclarar que el criterio que sigue Maurice Duverger para señalar a los
autores arriba citados como precursores o fundadores de la Ciencia Política, en
su larga etapa prehistórica –de más de 20 siglos: V a.c. hasta el XIX de nuestra
era- es el aporte respecto al método que utilizaron para esbozar sus teorías,
ideas respecto a la política, ya que para que nuestra disciplina sea científica, al
igual que otras, necesita de un método.
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Ciencia Política. Su origen.
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Modelos políticos pre-estatales
Las formas preestatales de dominación política
Reflexiones previas
En esta obra se ha seguido el criterio e Heller de considerar que el Estado
propiamente dicho, a los efectos de la teoría moderna del Estado, comienza
con el Renacimiento. Ahora bien, una determinación tan exacta requiere algún
tipo de legitimación teórica; y ésta no vendrá dada por el hecho de que
acumulemos factores que alimenten una casuística de parecidos. No será
suficiente que señalaremos cómo llamamos “Estado” a las formaciones políticas
renacentistas y postrenacentistas debido a la que forman unidades territoriales.
Con anterioridad ha habido formas preestatales dotadas de tal unidad territorial
y, con posterioridad, muchos “Estados” nacionales han tenido muy cambiantes
formas territoriales: desde la Paz de Westfalia, en 1648, que pretendía delimitar
con carácter definitivo las fronteras interestatales en Europa, hasta los acuerdos
de Moscú, Yalta y Postdam, que han vuelto a cambiarlas por enésima vez,
en el continente han nacido y muerto varios Estados nacionales (Polonia, en
el caso más patético, Servia, Croacia, Montenegro, etc.) y una gran parte de
ellos ha sufrido cambios importantes en su composición territorial. Si, por el
contrario, se explica su aparición por otros factores, como la existencia de
ejércitos permanentes –cual a veces s hace-, conviene recordar que Romo los
tuvo, por lo menos desde la época de las reformas de Mario (y nadie la clasifica
entre los Estados nacionales), mientras que Inglaterra ha solido no tenerlos y
es el prototipo de ese Estado nacional; si el factor explicativo es la Hacienda
Pública, de nuevo debe reseñarse que ésta llegó a estar muy bien organizada en
Roma, por lo menos desde los tiempos de Diocleciano y no tan bien, en cambio,
en los Estados nacionales sino hasta la aparición del cameralismo prusiano. Y
lo mismo cabría decir del resto de los factores que se aducen para explicar la
aparición del Estado nacional.
Ciertamente – y ello parece más acertado- puede aducirse que lo que diferencia
al Estado en nuestro sentido moderno, de las formas anteriores de dominación
política, no es ninguno de aquellos factores en aislamiento, sino su conjunto,
la feliz coincidencia de todos para la formación histórica de aquella figura
política que Maquiavello llama lo Stato. Se trata, simplemente, de no presentar
explicaciones nonocuasales de los acontecimientos históricos, sino de atender
a la multiplicidad de factores causales que intervienen en la configuración
de tales acontecimientos (especialmente si éstos son institucionales) Ahora
bien, pretender extraer una categoría teórica por el procedimiento pedestre de
acumular rasgos empíricos que la definan es algo insatisfactorio. Lo razonable
parece ser ubicar la categoría (a la que se llega por un proceso de razonamiento
deductivo) en un contexto teórico explicativo más amplio que le dé su dimensión
auténtica. En esto reside la diferencia capital entre la historia como ciencia de lo
singular y la Teoría del Estado que, en cuanto ciencia social, trata de encontrar
las regularidades.
Si se entiende que el Estado es un instrumento de dominación política dentro de
un proceso de evolución de los modos de producción en la historia, cada uno
de los cuales tienen formas distintas de cristalizar políticamente (y aquí conviene
advertir que se alegan todas las reservas posibles respecto a los dislates en
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que puede incurrir un evolucionismo lineal ingenuo), sí podremos ver qué es
lo que singulariza al Estado en cuanto forma de dominación política del modo
de producción capitalista, porque, como señala Pérez Royo, es el único caso
de el que las relaciones políticas de dominación no formas, por sí solas, una
relación de producción; esto es, la explotación económica no tiene por qué
recurrir directamente a la dominación política para realizarse, ya que la segunda,
al ser de clase, garantiza a la primera como marco general de organización
jurídico-coactiva. Es el comienzo de la organización del Estado (que, en esencia,
es liberal y liberalismo son términos sinónimos), el cual mantiene la ficción del
distanciamiento absoluto entre lo económico y lo político.
Este será, por lo tanto, el criterio que se ha de emplear para acometer la tarea de
explicar esquemáticamente las distintas formas políticas preestatales.
Modos de producción y formas económico-sociales.
Si se admite el marco teórico general marxista de los modos de producción en
su clasificación quíntiple (sin que la enumeración convencional obligue el orden
de periodificación) de modo de producción de la comunidad primitiva, modo de
producción asiático, modo de producción esclavista, modo de producción feudal
y modo de producción capitalista, resolveremos no solamente el problema de
las diferencias entre el Estado moderno y las formaciones políticas preestatales,
sin también, la cuestión importante de las llamadas “sociedades sin Estado”
o sociedades anteriores a la organización política. Desde un punto de vista
muy general, veremos a continuación la sucesión de los modos de producción,
entendidos como categorías más amplias en las que se subsumen las
formaciones políticas.
El modo de producción primitiva, también llamado arcaico o de comunismo
primitivo, se refiere a organizaciones tribales de contornos indefinidos, que
van desde las tribus de cazadores y recolectores del paleolítico, pasando por
las tribus de pastores nómadas y los primeros asentamientos en la llamada
“revolución del neolítico”, hasta los comienzos de la Edad del Bronce. Su
organización social de carácter gentilicio, probablemente articulaba regímenes
de propiedad comunal, no privada, y su evolución pasó por la institucionalización
de formas familiares patriarcales en las que ya apuntan los síntomas de la
dominación política; como todavía puede verse en las epopeyas homéricas,
en las que Ulises, por ejemplo, y otros héroes, son fundadores de dinastías
precisamente en cuanto que jefes de familias; igual que Agammenon ejerce ya
el poder “más político” de la monarquía micénica en cuanto que arraigado en las
relaciones de parentesco. Es la figura del antiguo derecho germánico, de que el
jefe de la estirpe era, también, jefe de linaje.
El modo de producción asiático reviste también otros nombres, como “despotismo
hidráulico” (Wittfogel), “depotismo oriental” (Crick), “despotismo de aldea”
(Chesnaux), etc. Su misma existencia histórica es cuestionada dentro del
campo de los estudios marxistas, un sector de los cuales prefiere subsumirlo
bien en una forma peculiar de transición desde el modo de producción de
la comunidad primitiva al modo de producción esclavista, bien en una forma
especial de feudalismo. No obstante, aun admitiendo con Klaus Eder que el
modo de producción asiático es un “callejón evolutivo sin salida”, esto es, algo
equivalente a lo que Toynbee consideraría como una fracaso de una civilización
para adaptarse y responder al estímulo, que tiene tanta importancia en el
desarrollo de las culturas, no hay dudad de que es un concepto válido para
entender una forma específica de dominación política de la que hablaremos
más en extenso en las consideraciones siguientes, estos es, de los imperios
primitivos considerados como unidades políticas.
77 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
El modo de producción esclavista (que, en el proceso evolutivo enlaza, de hecho,
con el modo de producción de la comunidad primitiva) tiene una determinación
económica sencilla, por cuanto la esclavitud constituye la relación de producción
dominante, si bien cubre tal multiplicidad de formas políticas que resulta difícil
englobarlas bajo un solo epígrafe. De aquí que, en el desarrollo posterior que
se haga en este capítulo del modo de producción esclavista, se obligado a
referirse, en realidad, a cuatro formas políticas preestatales: la polis griega, la
República romana (esto es, en ambos casos, aunque con evoluciones distintas,
la infancia del modo de producción esclavista), las monarquías helenísticas y
el Imperio Romano (en ambos casos, también, evoluciones distintas del mismo
modo de producción; uno, la formación prematura de un sistema de “Estados
nacionales”; dos, la formación de un Imperio universa, que lleva a su máximo
desarrollo y decadencia el modo de producción esclavista.
El modo de producción feudal es el más complejo de todos; se discute hasta
su misma existencia y, a veces, da la impresión de que su único objetivo en
la historia haya sido servir de puente entre el modo de producción esclavista
y el modo de producción capitalista o, si se quiere, haber entrado en una
crisis prolongada en cuyos sobresaltos acabaría originándose el capitalismo.
En realidad, el modo de producción feudal cubre organizaciones políticas muy
dispares, desde la monarquía merovingia, pasando por el Imperio Romano-
Germánico, las ciudades estado italianas y, según ciertos autores, el propio
Estado absoluto. Y ello si nos ceñimos al ámbito geográfico europeo-occidental,
pues el asunto se complica insospechadamente si se pretende incluir a las
formas políticas de Europa oriental o formaciones tan controvertidas como el
feudalismo chino o japonés.
El concepto de feudalismo, tan impreciso como sugestivo, pretende cubrir tres
vertientes explicativas: a) la económica, refiriéndose a una forma especial de
propiedad, cesión y arrendamiento de la tierra que origina el concepto básico de
renta feudal de la tierra, forma que toma la explotación señorial del trabajo servil;
b) la social, refiriéndose al vínculo vasallático, con las relaciones contractuales
biunívocas de beneficio y homenaje; c) la política, refiriéndose a la jerarquía de
dominación que iba desde los servi adscripti en la base hasta el Emperador, con
todas las instancias intermedias de la nobleza secular y espiritual.
Más adelante se harán algunas consideraciones en relación con las formación
políticas medievales, procurando entenderlas en su diversidad, como una
poliarquía en el sentido en que Hegel empleaba este término para referirse al
tema.
En nuestro esquema, por lo tanto, seguimos en lo fundamental el ofrecido
por Bernad Crick en un libro espléndido por todos lo conceptos y al que
hemos de recurrir con cierta asiduidad a lo largo de la exposición. Nosotros
entendemos la evolución (de nuevo en un sentido lógico y no cronológico)
de las formas políticas préstales de dominación como a) Imperios antiguos,
b) Polis, c) República romana, d) Monarquías helenísticas, e) Imperio romano,
f) Feudalismo. Crick, en cambio, las clasifica del modo siguiente: a) Gobierno
primitivo, b) Imperios antiguos, c) Ciudades griegas, d) República romana, e)
Roma imperial, f) Despotismo oriental, g) Gobierno feudal, h) el primitivo Estado
moderno.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 78
mapa conceptual
material m1
¿Qué materiales voy a utilizar?
Material Básico:
- Apuntes de Cátedra para Unidad 1. (El alumno encontrará estos materiales
en el CD en forma de enlaces).
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana y PIÑERO, Ma. Teresa: El
conocimiento de la Política. Ed. Advocatus, Córdoba, 2001. (El alumno
encontrará los temas que la cátedra considera obligatorios en el CD en
forma de enlaces).
- Apuntes de la Cátedra para la unidad 2, punto 1. (El alumno encontrará
estos materiales en el CD en forma de enlaces).
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana (y otros): Notas sobre
Teoría del Estado. Ed. Advocatus, Córdoba, 2000.
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana y JUÁREZ CENTENO,
Carlos A.: Temas de Historia de las Ideas Políticas. Ed. Advocatus,
Córdoba, 2001. (Hay ediciones anteriores).
Materiales Complementarios:
79 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
- CERRONI, Humberto: Política, teorías, procesos, sujetos, instituciones y
categorías. Ed. Siglo XXI, México, 1992.
- LÓPEZ, Mario Justo: Introducción a los Estudios Políticos. Tomo 1. Ed.
Depalma, Buenos Aires, 1987. (Hay otras ediciones).
- LÓPEZ, Mario Justo: Manual de Derecho Político. Ed. Kapelusz, Buenos
Aires, 1981.
- PINTO, Julio (comp.): Introducción a la Ciencia Política. Eudeba, Buenos
Aires, 2001. (Hay ediciones anteriores).
- VALLÉS, Joseph M.: Ciencia Política. Una introducción. Ed. Ariel,
Barcelona, 2000.
Sitios Web:
http://sapiens.ya.com/elforouned/
El foro de la ciencia política (UNED)
http://sapiens.ya.com/elforouned/enlaces.htm
El foro de la ciencia política (UNED). Enlaces.
http://fcs1.fcs.edu.uy/icp/
Instituto de Ciencia Política
http://www.nuevasoc.org.ve/
Nueva Sociedad
http://www.anacitec.org/proar/politologia/
Primer directorio en Internet de profesionales argentinos en el exterior.
Politología.
http://www.unam.mx/iisunam/Principal.htm
Instituto de investigaciones sociales (UNAM)
http://www3.usal.es/dpublico/areacp/index1.htm
1er Congreso Latinoamericano de Ciencia Política (USAL)
actividades m1
m1 | actividad 1
La Política
Estimado alumno, como usted ya sabe, el módulo 1 consta de dos unidades. Por
lo tanto se han diseñado CUATRO actividades para la primera unidad y TRES
para la segunda. Comencemos por la primera.
La política es el objeto que hace a la disciplina de la ciencia política. A
continuación detallaremos una serie de situaciones que usted deberá relacionar
con lo estudiado en el material obligatorio de estudio, esto es, el apunte de la
cátedra.
¿Qué es política? ¿Qué es lo que constituye un acto político? Consignaré un
listado de distintos hechos y usted deberá señalar cuáles implican una actividad,
relación o comportamiento político.
A
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 80
m1 |actividad 1 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o
- Una vez que Adolf Hitler llegó al poder del Estado alemán, por una serie
de elecciones supuestamente democráticas, diseñó y puso en práctica
una política exterior expansionista.
- En Chernobyl, luego de la explosión nuclear, se produjeron deformaciones
genéticas en la población que generaron una situación de descontento
generalizado en la sociedad.
- El Congreso de Estados Unidos, durante la presidencia de Clinton, tuvo
continuos desacuerdos con su intención de lograr una vía rápida o de
“fast track” para concertar acuerdos bilaterales con otros países en
materia comercial o de integración.
- Los obreros del Correo Argentino han recibido la orden de distribuir y
clasificar la correspondencia de la manera en que los instruye su patrón,
aunque conozcan un modo más eficiente.
- Un estudio realizado en España ha arrojado un alto porcentaje de
culpabilidad en los ciudadanos de ese país por no hacer lo que sus
padres desean.
- Otro estudio realizado en Gran Bretaña ha demostrado que los
comportamientos gerenciales femeninos en el mercado laboral son
menos eficaces en la relación jefe-empleado, cuando esa relación es
mujer-hombre.
- Un tercer estudio señala que María Estela Martínez de Perón fue la
primera mujer en llegar a la Presidencia en la República Argentina,
en 1975. Tal ejemplo corrobora que la participación de la mujer en
funciones ejecutivas es minoritario.
Recuerde que la palabra política encierra una actividad, una relación humana
que, cuando queremos conceptualizarla, presenta la característica de ser un
concepto “equívoco” y de encerrar una realidad que puede ser entendida de
múltiples maneras. Repase en el material obligatorio (en especial el apunte de la
cátedra para el tema) las distintas acepciones del vocablo “política” y deténgase
en la acepción estricta, que en el caso de nuestra disciplina sería su acepción
más técnica o, si prefiere, más científica ya que hace al objeto de la disciplina.
Por lo tanto, lo que se le pide es que señale en estas afirmaciones, cuáles son
“políticas” en un sentido estricto y que, al serlo, hacen a la problemática de la
política en cuanto objeto de nuestra disciplina científica (la ciencia política).
m1 | actividad 2
Conflicto y Cooperación ¿Dos caras de una misma moneda?
De ejemplos cotidianos de cooperación y conflicto.
A
1 ¿Qué características
definen a las relaciones cooperativas? ¿Y a las conflictivas? ¿Qué relación guarda
esta actividad con la relación política? Distinga en los ejemplos señalados cuáles
son políticos y cuáles no.
A
2
81 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
m1 |actividad 2 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
Los ejemplos puede crearlos usted mismo o puede sacarlos de la realidad
política nacional o internacional. En este caso puede dirigirse a los sitios en
Internet de diarios o revistas. A modo de ejemplo le señalo algunos:
www.clarin.com.ar;
www.elpais.es;
www.pagina12.com.ar;
www.lanacion.com.ar;
www.lavozdelinterior.com.ar.
m1 | actividad 3
La Ciencia Política
Estimado alumno, siguiendo con la unidad 1 del módulo 1, en ella presentamos
distintas posiciones respecto al origen de la ciencia política como disciplina
científica. También hacemos referencia a distintos enfoques existentes en nuestra
disciplina.
Teniendo en cuenta la lectura del material obligatorio y relacionándolo con una
postura “protocientífica” (a) o atendiendo a una postura más “aggiornada”
con los parámetros actuales de lo que debemos considerar como “ciencia” (b),
deberá reflexionar y justificar, por tanto, cuándo sitúa usted el origen de nuestra
disciplina en uno u otro caso y por qué.
Elabore una respuesta de no más de una carilla y diríjala a su tutor por mail.
m1 | actividad 4
Los ámbitos de la Politología
En la última parte de la unidad 1 usted ha visto que tanto la teoría del Estado,
la historia de las ideas, la dinámica política y las relaciones internacionales
constituyen distintas partes de nuestra disciplina. No se olvide usted que en
la carrera de Abogacía esta sólo es una materia, pero para quien estudia
m1 |actividad 2 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Recuerde que la actividad política es “polifacética”. Dentro de la “dinámica” de la
relación política encontramos la faz agonal y la faz arquitectónica. Una significa
cooperación, consenso, y la otra conflicto, lucha, etc. Deberá detectar cada una
y visualizarla en los ejemplos tomados.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 82
la Licenciatura en Ciencia Política, al ser toda una carrera, existen distintas
asignaturas que hacen a tal disciplina, así como en derecho hay distintas ramas
del mismo: civil, comercial, laboral, etc.
Teniendo en cuenta estas diferentes “ramas” o ámbitos de la ciencia política, a
continuación transcribiré una serie de hechos que usted deberá relacionar como
objeto de cada una de ellas. Fundamente su decisión.
-Las relaciones entre EE.UU. y Afganistán empeoraron luego del ataque a las
Torres Gemelas en Nueva York, el 11/9/2001.
-El régimen político de China es autocrático.
-Tradicionalmente, en el Reino Unido de Gran Bretaña sólo dos partidos políticos
tienen posibilidades de llegar al poder.
-La opinión pública internacional está en contra de un ataque de la alianza
liderada por los EE.UU. contra Afganistán.
-El Papa Juan Pablo II, como jefe del Estado Vaticano, pidió a los líderes del
mundo que dirijan todos sus esfuerzos hacia la paz mundial.
-El domingo 14/10/2001 hubo elecciones legislativas en la República Argentina.
En ellas hubo un total del 30% entre votos en blanco, abstenciones y votos
nulos. Esto demuestra índices alarmantes en el comportamiento del electorado.
-El domingo 14/10/2001, el presidente De la Rúa dirigió un mensaje por los
medios de comunicación masivos a la ciudadanía.
-El fascismo es un movimiento político e ideológico que imperó en la Italia de la
década de los 30 y 40 del siglo XX.
-El Papa, en su calidad de líder de la comunidad religiosa más numerosa de
España, abogó por la abolición del aborto en la legislación de ese país.
-Jean Bodin fue quien forjó el concepto de soberanía.
m1 | actividad 5
La “Polis” y el Estado
Estimado alumno, dentro de la unidad 2 se han planificado otras 3 actividades.
¡Manos a la obra y suerte!
En esta unidad se han visto distintos ejemplos de modelos de dominación
política pre-estatales, así como el proceso histórico de surgimiento del Estado
moderno.
A
1
Dentro de los modelos pre-estatales, la polis constituye un modelo que a escala
reducida se parece en cierta forma al modelo estatal. Tan es así que para
referirse a ella se suele hablar de ciudad-Estado.
A
2
83 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
m1 |actividad 5 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Debe tener en cuenta que como el Estado es el modelo paradigmático de
organización política, y que desde el inicio de la modernidad sigue vigente
–aunque, como veremos en el módulo siguiente, con diferentes “versiones” o
“estilos”–, a todas las otras formas que le precedieron y le aportaron alguna
característica se las engloba en la denominación de “modelos pre-estatales” de
dominación u organización política. Lea atentamente el apunte de la cátedra.
m1 |actividad 5 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
El término “polis” suele ser utilizado, y por tanto usted lo encontrará en los
libros, como sinónimo de ciudad-Estado, sí, escrito de esta forma. Con ello se
quiere dar la idea de que ese modelo de dominación política de la antigüedad
griega, se parecía mucho –institucionalmente hablando– a lo que es el Estado,
pero en sus dimensiones territoriales sería más parecido a lo que hoy son las
ciudades, excluyendo las grandes metrópolis. En tal sentido, en la polis ya
se pueden perfilar estructuras institucionales que se parecen a las del Estado
actual.
m1 | actividad 6
ESTADO, un término equívoco
Al igual que otros términos, la palabra “Estado” es utilizada con varios sentidos.
Las imprecisiones –admisibles en el lenguaje vulgar, como por ejemplo en la
información de los diarios– dificultan una reflexión sistemática sobre la política.
A continuación transcribiré distintas frases en las que el término “Estado” posee
diversos sentidos:
- El Estado aparece en Europa occidental a principios del siglo XVI.
- El Estado no debe interferir en la conciencia religiosa de sus
ciudadanos.
- El Estado ha cedido competencias y recursos a los municipios.
- Los Estados han de cooperar más estrechamente para proteger el medio
ambiente.
Usted debe ser capaz de interpretar en qué sentido se utiliza el término en
cada frase
A
Teniendo en cuenta lo estudiado en cada una de esas formas históricas de
organización política y analizando sus instituciones, compare las de la polis
con las del actual Estado argentino; además, observe si las funciones que
despliegan son similares.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 84
m1 |actividad 6 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o
Para ayudarlo en la tarea se ofrece el siguiente cuadro:
¿Cuántos significados para un mismo término?
m1 | actividad 7
Sociedad Civil
Le propongo una lectura del diario del día de la fecha
A
1 en la parte de política
o sociedad, para que busque en las noticias donde encuentre apelaciones al
concepto de “sociedad civil”
A
2. Seleccione ejemplificaciones de los dos tipos
de concepciones dominantes en la materia y señale sus características.
A
3
m1 |actividad 7 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Usted podrá acceder a la búsqueda solicitada consultando los medios de
comunicación masiva de su localidad, o accediendo a los siguientes medios de
información on line:
www.clarin.com.ar;
www.elpais.es;
www.pagina12.com.ar;
www.lanacion.com.ar;
www.lavozdelinterior.com.ar.
85 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
m1 |actividad 7 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
Recuerde que el concepto de sociedad civil es coetáneo al surgimiento del
Estado y que ambos conceptos y realidades se interrelacionan, de tal suerte que
a tal concepción de Estado corresponde tal concepción de sociedad civil.
m1 |actividad 7 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 3
Recuerde la clasificación dada por Heller: la sociedad civil liberal-abstracta y
la socialista, como dos concepciones ideales, antagónicas y dominantes en la
historia de las ideas y de la lucha política.
glosario m1
Agonal (lucha): Es una de las fases de la política. La misma hace a la dinámica
de la política (ver Dinámica política).
Autonomía: También respecto a la política, en el sentido de que tiene “leyes”
propias, explicaciones, causalidades que le son inherentes y que difieren de las
de otros ámbitos como la economía, por ejemplo.
Causalidad: Una interpretación de las relaciones entre eventos, en la que un
evento “provoca” o produce otro evento.
Ciencia política: Disciplina científica. Un ejemplo de las llamadas ciencias
sociales, culturales o “blandas”. Entre ellas podemos señalar, también, la ciencia
jurídica, la historia, la sociología, etc. Tiene por objeto el estudio de la política.
Podemos sostener que es el campo académico que toma como su tarea única y
general el análisis de la política, en especial la del Estado.
Ciencia política “conductista”: Es la que enfatiza el análisis estadístico y las
teorías abstractas en busca de regularidades básicas y esenciales a lo largo de
un conjunto de eventos.
Ciencia política “interpretativa”: Es la que enfatiza los métodos históricos,
antropológicos, legales y el todo complejo que se está estudiando. Heller,
cuando sostiene que su teoría del Estado será ciencia política cuando logre
describir, interpretar y criticar los fenómenos políticos, se enrola en esta postura
de una manera mucho más acabada, o podemos decir “científica”, que los que
sólo apelan a uno de los métodos señalados.
Compleja e indivisa: Compleja e indivisa: Como una suma de todas las otras
características de la política, y como parte de la realidad humana y social, la
realidad política es compleja y de imposible división. La efectividad humana
implica un todo inseparable en los hechos, aunque en las reflexiones o “in
abstracto” cada ámbito de ese acontecer sí pueda ser “partido”, separado o
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 86
desagregado a los fines de su análisis.
Dinámica política: Como la política es polifacética, una de esas faces que
la integran hace referencia a su dinamismo. Cuando se habla de dinámica
política, en el campo de la ciencia política, estamos refiriéndonos a los distintos
actores políticos que protagonizan el hecho político: partidos políticos, grupos de
presión, opinión pública, etc. Son los que ponen en movimiento la estructura de
la relación política para que ésta no esté siempre inmóvil e igual, lo que impediría
la evolución, el cambio, etc. Algunos autores, como Prelot, la denominan vida
política.
Especificidad: Nos estamos refiriendo al ámbito de lo político. Queremos decir
que tiene características propias.
Estado moderno: Modelo de dominación política que surge a partir del siglo XV
en el círculo cultural de occidente. Se ha convertido en el modelo paradigmático
de la modernidad. Ha tenido distintas versiones o estilos y perdura hasta el día
de la fecha, aunque algunas teorías o autores preanuncian en la actualidad la
hora de su fin o extinción.
Fenómeno político: Nos referimos a la actividad y a la relación (humana) que
constituyen la realidad política.
Historia de las ideas: Otra parte de la ciencia política que hace un estudio de la
evolución del pensamiento político, cómo se ha ido generando la teoría política
a través de la perspectiva de los distintos autores a lo largo de la historia. (ver
lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para Unidad 1)
Ideología: Conjunto de ideas que están relacionadas y que se modifican entre
sí; conjunto de ideas organizadas sobre algo.
Modelos de dominación política: Formas de organización política. A lo largo de
la historia humana han existido distintos ejemplos.
Modelos históricos de organización política: Véase Modelos de dominación
política. Ejs.: la polis griega, el feudalismo, el Estado, etc.
Nación: Grupo grande de personas que están unidas y reconocen una semejanza
entre ellas debido a una cultura común. En particular, un idioma común parece
importante en la creación de la nacionalidad, pero también puede ser una
religión, una forma de vida, etc.
Las naciones suelen coincidir con los límites políticos de los Estados, pero no
siempre. Así, el idioma y la cultura kurdos se extienden a lo largo de partes del
territorio de Turquía, Irak e Irán; nacionalismo irlandés y británico se encuentran
mezclados en el territorio de Irlanda del Norte. Existen sobrados ejemplos de la
falta de concordancia entre los “límites” nacionales y los límites de los Estados.
Tal situación es una fuente poderosa de conflictos y agitación política.
Partido político: Es otro ejemplo de fuerza política o actor político. Si bien hay
distintos tipos y clases de partidos políticos, desde una perspectiva tradicional,
podríamos decir que es un grupo de personas que unidos por una misma
ideología intentan llegar al poder (o al menos desplegar una función de control
si no logran acceder al gobierno). Sin embargo, también podemos señalar
como uno de sus rasgos característicos la de ser un mediador entre la sociedad
y el gobierno. Es un actor político fundamental toda vez que “monopoliza” la
oferta política. Con esto queremos expresar que para ser presidente, legislador,
87 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
concejal, etc., hay que alcanzar el cargo, casi en todos los países, a través de
un partido político.
Poder: Capacidad de una persona para causar que otra haga lo que desea
aquella, por cualquier medio. // Uno de los elementos que constituyen la
organización estatal. En tal sentido no debe confundirse poder con gobierno. El
poder hace referencia al poder del Estado, en cambio el gobierno es sólo una
“parte” del poder estatal.
Polifacética: Es una de las características de la política. Significa tener muchas
fases.
Política: Objeto de nuestra disciplina, la ciencia política. Implica una actividad
humana que supone una relación. Esta relación es una relación de mando,
subordinación, por la cual un individuo logra doblegar la voluntad de otro/s.
Es un término complejo, multívoco, que en general es usado por las personas
de manera irreflexiva. Nosotros debemos utilizarlo en su acepción estricta, y en
tal sentido esa relación de mando y obediencia de la que venimos hablando
exige no solo la formalidad de tal relación sino un contenido, esto es, la
construcción, consolidación y conservación del agregado humano. Se utiliza así
como sinónimo de sistema político, y debemos aclarar que el sistema político
paradigmático de los últimos siglos es el Estado.
Política internacional: Política conducida entre Estados, en lugar de aplicarse
dentro de un solo Estado.
Privado: El ámbito de lo individual, lo opuesto a lo estatal. Ámbito donde impera
la autonomía de la voluntad de la persona, donde el Estado no puede ni debe
interferir. Para los liberales es sinónimo de mercado.
Público: El ámbito de lo estatal, lo político (a partir de la modernidad). Lo
opuesto a privado.
Relaciones internacionales: Otro ámbito de la ciencia política que en los
últimos tiempos ha adquirido una relevancia mayor debido a los fenómenos de
internacionalización, trasnacionalización y globalización de las sociedades y la
política. (ver lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para Unidad 1)
Simbólico: Otro de los caracteres de lo político: que se expresa simbólicamente,
a través del signo. No es como la realidad de la naturaleza, totalmente objetiva.
Sociedad civil: Concepto y realidad que surge contemporáneamente al
surgimiento del Estado. Para los liberales es sinónimo de mercado.
Teoría del Estado: Es una forma de hacer ciencia política. Se ocupa del estudio
del Estado. La primera obra científica sobre el tema fue Teoría del Estado, de
Hermann Heller. (ver lista tipo de la UNESCO en el Apunte de Cátedra para
Unidad 1)
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 88
m2
microobjetivos
m2
¿Qué tengo que lograr?
- Conocer los distintos elementos que componen el Estado para comprender
como funciona la maquinaria estatal, a los fines de contextualizar
institucionalmente el funcionamiento de la actividad jurisdiccional y el
estudio del derecho.
- Identificar el porqué y el para qué de la existencia del Estado, a los
fines de saber comprender su finalidad ontológica y la justificación de su
accionar.
- Conocer la evolución histórico-social de la organización política estatal,
a los fines de poder identificar su rol en la relación ESTADO-ECONOMÍA-
SOCIEDAD y la vertiente ideológica que subyace en ello.
- Comprender en qué consiste el fenómeno de la globalización y cuáles
son sus efectos sobre la realidad estatal, a los fines de poder detectar
sus consecuencias en lo político-institucional.
- Profundizar el estudio del Estado de derecho, a los fines de poder
identificar los modelos y ejemplos de Estados “autoritarios” y con ello
promover la formación y el desarrollo de los valores democráticos ante
los acontecimientos cotidianos de la vida personal y profesional.
contenidos m2
¿De qué se trata?
Habiendo terminado el módulo 1 –con el que nos hemos introducido al
conocimiento de lo que es la política y la disciplina que la estudia– y habiendo
realizado un paneo sobre los diferentes modelos de dominación política, incluido
el estatal, debemos continuar, obviamente, por el segundo módulo.
El módulo segundo está integrado por dos unidades (la 3 y la 4). En la primera
de ellas se estudia lo que es el Estado: sus elementos, la relación entre el
Estado y el derecho, la característica del poder estatal que lo hace diferente
al resto de las organizaciones existentes en ese territorio, y que radica en
el hecho de ser un poder soberano. Sin embargo, veremos más adelante
que este carácter de soberano debe ser contextualizado en los momentos
históricos en que se ha plasmado; concretamente en la actualidad, frente al
fenómeno de la globalización (punto V de la unidad 4) la evolución que ha
experimentado el atributo de la soberanía estatal hace que se corresponda con
cierto “debilitamiento” que erosiona su característica clásica de ser “absoluta”.
teoría del estado
89 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
De todos modos, esta discusión, esta evolución, en definitiva, estas diferentes
apreciaciones en torno a la noción o concepto de soberanía serán materia de
abordaje cuando usted realice el estudio del tema y lo aplique en alguna de las
actividades del módulo.
Esta unidad también le será de utilidad para diferenciar –algo que un abogado
debe tener siempre claro– entre Estado y gobierno. Por último, hay dos temas
que son cruciales. Uno es el del fin del Estado, tema bien propio de la ciencia
política, que hace al para qué existe el Estado y que debe ser contestado desde
el “ser”, ya que constituye la existencia misma del Estado, esto es, desentrañar
cuál es su fin objetivo, si es que se quiere hacerlo desde una posición científica y
no caer en posiciones subjetivistas. Así, desde el marco mismo de la teoría, nos
posibilitará distinguirlo de la problemática de la justificación del Estado, cuestión
que pertenece al campo del “deber ser” y que responde al por qué existe el
Estado. Planteado en otros términos, lo que nos preguntaremos en este tema
es lo siguiente: ¿Es legítima la pretensión del Estado de seguir manteniéndose
como institución gracias a los sacrificios personales y patrimoniales que hace
a la sociedad?; pregunta que nos introduce de lleno en reflexiones de tipo
filosófico-morales o éticas. Las mismas pueden ser respondidas de diferentes
formas, pero nosotros nos enrolaremos en la postura de Hermann Heller, un
teórico alemán del primer tercio del siglo XX y cuya teoría del Estado, en muchos
sentidos, no ha sido superada. En tal sentido, y adelantándonos a lo que deberá
usted estudiar, podemos concluir sosteniendo que el Estado sólo se puede
justificar en tanto asegure un derecho justo (en el sentido de que obligue a
los individuos a partir de un derecho que la comunidad social acepta, en gran
medida, acorde a los juicios de su conciencia moral). La justificación del Estado
a partir del derecho es coherente con la relación que establece el autor entre
Estado y derecho. Didácticamente nos es útil para adentrarnos en la unidad
siguiente, o sea la unidad 4, en la que analizaremos la segunda versión del
modelo estatal: el Estado de derecho.
Como ya lo señaláramos al presentar la materia, el Estado como modelo de
dominación arquetípico paradigmático de la modernidad y que perdura hasta
nuestros días, ha tenido distintas versiones, estilos, o si se quiere “modelos”
(vea la página 1, punto 2 de nuestra presentación de la asignatura). En un
primer momento, cuando surge, allá por el Renacimiento, adopta una versión
“absolutista”, pero a fines del XVII en Inglaterra y durante los siglos XVIII y XIX se
consolida como Estado de derecho de tipo liberal
IC
1 (o clásico, dirán otros).
Luego, avanzada la década del cuarenta en el siglo XX, esta forma evolucionará
a lo que se conoció como Estado social de derecho
IC
2, o Estado de bienestar
para otros (Welfare State). En la década del 70 del siglo pasado esta versión
entró en crisis, contemporáneamente con el inicio de un proceso que aún
perdura: el de “la globalización”
IC
3, el cual está erosionando la clásica
conceptualización estatal. Algunos teóricos, incluso, hablan del fin o de la
desaparición del modelo estatal. Todo esto será materia de estudio en la unidad
cuatro, donde además veremos cómo cada una de estas versiones históricas
o modelos de Estado se correspondió con un rol que le cupo al Estado en su
inextricable relación con la “sociedad civil”, así como con una ideología
IC
4 que
lo sustentó: el liberalismo, la socialdemocracia, etc. También veremos cómo, a
principios del siglo XX, hubo corrientes ideológicas que quisieron poner fin al
Estado de derecho con modelos que llamamos de “rupturas”: el comunismo,
los fascismos, etc.
Con lo dicho he terminado de presentar el módulo segundo, y es mi deseo que
esta presentación sea de utilidad para usted. Continúe en la tarea emprendida y
nuevamente vayan mis mejores augurios. ¡Suerte!
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 90
m2 |contenidos | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 1
Estado Liberal de Derecho
Delimitación Teórico-histórica
Nace con las primeras constituciones del siglo XIX.
Procesos:
El racionalismo de la ilustración.
El liberalismo político.
El liberalismo económico.
El triunfo de la burguesía.
Etapas: Siglos XIX-XX (según Sartori)
Estado liberal: Estado constitucional que aprisiona el poder absoluto.
Estado liberal-democrático: que es primero liberal y luego democrático.
Estado democrático liberal: el poder popular prevalece sobre el poder limitado.
Supuestos políticos
Derechos del Hombre
Iusnaturalismo racionalista.
Contractualismo social.
Sociedad
Cuerpo artificial creado por los sujetos para la satisfacción de sus intereses, y
esto en el marco de una ley natural, que establece derechos fundamentales, de
los cuales el individuo sólo puede desprenderse respetando los límites de una
renuncia acordada con todos, con los que se asegura una convivencia ordenada
y libre.
En un comienzo la sociedad civil es la burguesía y sólo ella.
Medios institucionales
La separación de poderes debe entenderse como la garantía adecuada para
instrumentar el imperio de la ley y la libertad.
Ley
Concepción: normativa general y abstracta, válida para un grupo indeterminado
de casos y por tiempo indefinido.
Significado: manifestación de la voluntad popular expresada por los
representantes del pueblo.
Valores
Seguridad jurídica.
Igualdad de los hombres frente a la ley.
Libertad.
Propiedad privada.
Participación de los ciudadanos en la formación de la voluntad estatal.
Economía
Era vista como parte integrante del todo social, las relaciones económicas
estaban ligadas al orden político y los valores políticos.
Incentivo fundamental de la actividad económica es el interés individual.
Estado
No interventor.
91 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Gendarme.
Mínimo.
Poderes limitados.
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i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 2
Estado social de derecho o estado de bienestar
Delimitación histórica
Comienza a gestarse en la década de 1920-30 y se expande después de la
segunda guerra mundial.
Procesos que llevan a la la caída del E. Liberal y al surgimiento del E. Social:
-Sufragio Universal.
-Primera Guerra Mundial (1914 – 1918).
-Crisis económica de 1929.
-Presión del movimiento obrero.
-Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945).
Comienza a generalizarse la convicción de que aquel Estado no intervensionista
era el culpable de los males que se producían en la sociedad.
El Estado Social de derecho tuvo una vigencia de casi 30 años.
Logros (Según Pico):
-Crecimiento económico.
-Aseguró el nivel de vida.
-Aseguró el empleo.
-Garantizó los servicios sociales básicos.
-Incentivó el mercado y la producción.
-Fomentó la paz y la estabilidad social.
-Impulsó el acuerdo y el consenso entre las distintas fuerzas políticas.
Supuestos político-ideológicos.
Según Cotarelo el origen de la idea del Estado Social se remonta a la revolución
de 1848 en la cual se enfrentan el socialismo radical y un socialismo democrático
o reformista.
La formulación de la concepción del Estado Social de derecho corresponde a
Heller.
Influyeron en su construcción:
-Los postulados sociales, políticos y económicos de los programas
socialdemócratas y laboristas.
-Los postulados provenientes del reformismo social cristiano y de algunas elites
conservadoras ilustradas y progresistas.
Economía:
Teóricos más importantes:
-Report Beridge
-Keynes.
El Estado social de derecho no niega los valores del Estado Liberal, sino que
pretende hacerlos más efectivos dándoles una base y un contenido material.
Estructura del Estado social de derecho.
1) Reformulación de la interacción Estado-Sociedad.
Surge la concepción del Estado como regulador decisivo de la sociedad.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 92
Estado y sociedad no son ya dos sistemas autónomos, sino fuertemente
interrelacionados.
La sociedad que coexiste con este Estado se caracteriza por tener un elevado
nivel de articulación organizacional (asociaciones, agrupaciones, grupos de
presión, gremios, etc..).
2) Aspectos sociales y políticos.
El rasgo más característico del Estado social fue la producción de la integración
social, dentro de las estructuras de una sociedad industrial, conformada por
una pluralidad de grupos e intereses antagónicos, así como la reducción de los
conflictos sociales en acuerdos sociales.
La sociedad no sólo participa pasivamente como receptora de bienes y servicios,
sino que a través de sus organizaciones toma parte activa en la formación de la
voluntad general del Estado.
La reformulación del Estado.
Estado como distribuidor: se produce una más justa distribución de lo producido,
llevada a cabo por una adecuada utilización de la potestad fiscal.
Estado manager: se vincula a la necesidad del poder de disposición que debe
tener el Estado para la dirección general del proceso económico a fin de cumplir
acabadamente con su responsabilidad de la distribución del producto social.
Esto lo debe realizar dentro del marco de una economía de mercado que el
mismo Estado contribuye a regular estructural y coyunturalmente.
El escenario de las decisiones relevantes se traslada del parlamento a las las
instancias gubernamentales y administrativas. Esto es así porque el parlamento
no puede responder con celeridad a los cambios de situación. La mayoría de los
proyectos de planificación de políticas son presentados por el gobierno.
El parlamento asume funciones de control, más que de decisión.
Presupuestos Jurídicos.
A los derechos individuales clásicos el Estado social agrega los derechos
económicos y sociales. Estos constituyen la base legitimadora del Estado de
bienestar.
La ley pasa a ser un instrumento para la ejecución de decisiones de distinta espe-
cie, por lo que la legislación aumenta tanto en cantidad como en diversificación.
Formalmente el parlamento sigue siendo supremo, pero en la practica no lo es.
Se presenta un Ejecutivo predominante en todos los aspectos.
Los supuestos económicos.
El nuevo auge que tomó el Estado después de la segunda Guerra Mundial, dió
lugar a una expansión estatal sin precedentes en dos ordenes:
-El de la gestión pública de la economía.
-El de la redistribución de la renta a través de un plan general y complejo de
transferencias del capital.
Se genera un poderoso sector público, que empieza con el auge de las naciona-
lizaciones de posguerra.
El Estado pasa a controlar un gran sector de la economía y se genera una gran
93 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
masa de población activa en condición de empleo público.
Aparece como una necesidad la tendencia a la planificación económica estatal.
Se instrumenta un complejo sistema de seguridad social y de subsidios.
Se da un crecimiento constante de la producción vinculado a un crecimiento del
consumo.
Crisis del Estado de Bienestar.
A partir de mediados de los setenta comienza a desmoronarse y a ser objeto de
duras críticas.
El alza del precio del petróleo generó una fuerte transferencia de los importa-
dores a los exportadores y produjo un efecto considerable sobre el sistema
económico.
Los problemas fiscales se centraron en la existencia de un déficit creciente,
unido a una reacción contra la presión fiscal. Se evidenció la incapacidad del
Estado para hacer frente a los gastos sociales.
Los problemas económicos se centraron en la inflación creciente y en la ausen-
cia de crecimiento.
Aspectos más relevantes
Gasto público: se optó por mantener el nivel de gasto a costa del endeudamiento,
pero cuando el déficit del sector público pasó a ser permanente, el recurso del
sector financiero al endeudamiento se tornó destructivo.
Internacionalización del sistema financiero: los Estados dejan de controlar los
intereses de la deuda.
Sector trabajo: se comienza a emplear a extranjeros por menos sueldo y se
trasladan las grandes fábricas a países donde la mano de obra es más barata.
Mercado de apertura de capitales: los Estados dejan de tener control sobre el
mercado interno.
La globalización
La globalización: situación y proceso
IC
3.1
Nautonomía y globalización
IC
3.2
La globalización como ideología
IC
3.3
Globalización
IC
3.4 (video del congreso Nacional de Ciencia Política)
m2 |contenidos | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 3
Ciclos, Año VIII, Vol. VIII, número especial 14-15, ler. semestre de 1998
La globalización: situación y proceso
Roberto Russell *
m2 |contenidos | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 3 . 1
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 94
I.Introducción
Globalización, al igual que otros conceptos de uso habitual en épocas anteriores,
es una palabra del tipo “atrapa todo”. En consecuencia, se presta a aplicaciones
múltiples y da amplio lugar para confusiones generalizadas.
Políticos, economistas, comunicadores sociales y gurues de distinta especie
se refieren a ella en forma cotidiana. Algunos le cantan loas mientras que
otros advierten sobre sus efectos perniciosos para las sociedades y estados
nacionales. Para muchos no es más que un mito o una moda; para otros el
nombre actual de un proceso en desarrollo desde hace varias centurias.
En los ámbitos académicos las cosas no son demasiado diferentes. La
literatura especializada muestra vacilaciones, aunque hay un aspecto en el
que todos los especialistas coinciden: que el concepto globalización puede
entenderse o interpretarse en varios sentidos, o dar ocasión a juicios diversos.
En breve, que es un término equívoco. Desde este punto de partida
común, se han ofrecido definiciones y lecturas para todos los gustos. Más
aún, muchos autores han procurado (no siempre con buenos resultados)
diferenciar “globalización” de “internationalización”, “transnacionalización”,
“interdependencia”, “globalismo”, “universalismo” e “occidentalización”.
1
Ciertamente, las ambiguedades y confusiones no obedecen a la falta de
luces de los analistas. Ellas revelan que nos encontramos ante circunstancias
y procesos muy complejos. Y, además, frente a un tema en el que hay muchos
intereses en juego. Por ello, tampoco sorprende que las opinión sobre la
globalización sean tan diferentes y hasta opuestas: en un extremo quienes
niegan su existencia y en el otro quienes consideran a la globalización como
un cambio de época, como una “transformación fundamental de la geografía
humana”.
2
De un punto al otro, los matices son innumerables. Este estado de
cosas, ampliamente conocido por quienes se han acercado intelectualmente
al fenmeno de la globalización, y mis propias confusiones al respecto me
han llevado a escribir este breve ensayo en el que intento lograr dos objetivos
principales: a) ordenar y aclarar algunas ideas sobre los aspectos centrales
incluidos en el debate sobre la globalizacirón,esto es, su identidad, origen,
causas, alcance e implicancias para el estado-nación; y b) proponer un enfoque
que procure desprenderse de toda carga valorativa. La globalización no es aquí
un valor promovido ni una meta deseada o un proceso temible. Mi interés,
simplemente, es comprender la naturaleza dcl fenómeno sobre su evolución
probable.
II. Entidad de la globalización
Para abordar la entidad de la globalización es preciso introducir una primera
diferenciacion analítica que separe la globalización como situación de la
globalización como proceso.
En el primer caso, el concepto describe un estaddo real o posible de
condición humana. Sería un estadio culitativamente nuevo en el desarrollo
de la situación humana caracterizado por el predominio de comportamientos,
relaciones sociales y formas de organización que se definen por contextos
especfficamente globales.
3
Según se aprecia, se destaco en esta definición
aspectos que tienen que ver con la extension del espacio geográfico y el aumento
de la densidad de las relaciones sociales. Nótese aismismo un predominio de
comportamientos, de relciones sociales y de fomas de organización globales,
to que obviamente implica que perduran, aunque en un lugar secundario, otras
relaciones sociales de natunraleza local, nacional y regional.
Admito que el uso del término globalización corno situación es poco
apropiado y algo confuso.
4
A1 igual que otros conceptos, tales como
modernizacioón o democratización, nos trae a la mente la imagen de movimiento,
95 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
de cambio de un estado a otro. Sin embargo, creo conveniente diferenciar
analíticamente situación de proceso por dos motivos. Primero, porque su empleo
vulgar y académico en el primer sentido es may frecuente, por ejemplo, cuando
se habla de “mundo globalizado” o “mundo sin fronteras”. Segundo, y más
importante, porque la idea de globalización como situación es útil para captar y
comprender el alcance actual del fenómeno.
En cuanto a esto último, contamos con mucha evidencia empírica para
mostrar que la globalización no es (ni fue) una situation prevaleciente. Dicho
de otro modo, los comportamientos, las relaciones sociales y las formas de
organización globales no son (ni fueron) las predominantes. En el campo
económico, por ejemplo, “la mayor parte de ]as transacciones económicas no
se realizan en los mercados globales sino en los nacionales. Mas del 80%, de
la produccion mundial se destina a los mercados internos de los países. Las
exportaciones representan menos del 20% del producto mundial. Alrededor de
9 de tada 10 de los trabajadores del mundo producen para los mertados de sus
respectivos países.
5
En el orden de lo político, el estado-nación sigue siendo
una fuente fundamental de identidad y lealtades. Además, expresiones polítitcas
que sustentan intereses locales han cobrado renovado vigor y se extienden
desde Escocia y Cataluña al Norte de Italic y Quebec. Asimismo, fuerzas de
fragmentación abanderadas en causas religiosas, nacionales y étnicas, sacuden
casi a la mitad de África y a países como la India, Indonesia y Turquía.
En suma, la globalización tiene un alcance limitado.
6
Sin embargo, esta
constatación elemental no debe llevarnos a negar o minimizar su importancia,
tal como lo hacen muchos analistas.
7
Corresponde aquí hacerse al menos
dos preguntas relacionadas: ¿Cuánto ha aumentado el alcance de los
comportamientos, reaciones sociales y formas de organización globales en
relación con otros períodos históricos?, y ¿cuál es la dirección más probable del
proceso?
Las dos preguntas nos remiten directamente a la cuestión de la globalización
entendida como proceso. En este sentido, ella puede definirse com el conjunto
de fuerzas que contribuyen a la unificación del mundo. Dicho de otro modo, a la
formación tanto de un sistema como una sociedad global.
Apelo a la clásica difereciación entre sistema y sociedad porque ambos
conceptos denotan aspectos distintos y a la vez cruciales para interpretar el
proceso de globalización.
8
Cuando hablamos de sistema hacmos referencia al
alcance y densidad (en este caso global) de los comportamientos, relaciones
sociales y formas de organización humanas. Nuestra descripción se lim
to meramente fáctico (por ejemplo, la internacionalización creciente de la
producción, las finanzas y los intercambios). Por su parte, el concepto sociedad
global incluye pero trasciende esta dimensión; ella presupone la existencia
de expectativas, valores a ideas comunes acerca de la vida en sociedad y
el establecimiento de reglas a instituciones que posibiliten coexistencia y la
cooperación entre los diversos actores que forman parte del sistema global.
Apretadamente, podría hablarse aquí de una integración social normativa.
9

Así, una sociedad global requiere un sistema global, aunque último puede
existir sin que se de la primera. Por otra parte, puede haber sistema global
a incluso una sociedad global sin que haya globalización entendida como
situación prevaleciente. Sin embargo, es claro al m ismo tiempo que la formación
del sistema y la sociedad globales son una consecuencia del proceso de
globalización.
Es de interes notar que numerosos textos referidos directa o indirectamente
a la globalización destacan tanto la emergencia de un incipiente sistema
global como la inexistencia de una sociedad global o, al menos, las enormes
dificultades para constituirla. De nuevo, se emplea el concepto situación (casi
siempre erróneamente) y proceso a la vez.
El surgimiento de un sistema global es evidente y para nada novedoso.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 96
La historia del mundo durante un tiempo muy largo puede concebirse como
conjunto de subsistemas sociales con nulas o muy limitadas interacciones
e influencias recíprocas. El estudio del paso de esta situación a la actual,
caracterizada por la existencia de un sistema de alcance mundial, cuenta con
una profusa literatura. Por lo general, tiende a coincidirse en que apenas a partir
de fines del siglo XIX se conforma un sistema genuinamente global, dado que en
etapas previas el “mundo” de las interacciones era mucho más limitado.
10
Resulta mas dificil y complejo rastrear empíricamente los aspectos muestren
la emergencia de una incipiente “sociedad mundial”. Mas aún, muchos autores
el incremento de las relaciones sociales globales (esto es, la integración social
fáctica) no haría más que profundizar las diferencias culturales y enfatizar la
propia identidad y los sentimientos “tribuales”. En su conocido ensayo sobre el
choque de civilizaciones, Samuel Huntington opina que “las interacciones entre
personas de diferentes civilizaciones acentúan la conciencia de pertenencia a
una civilización, lo cual, a su vez, vigoriza las diferencias y animosidades que se
remontan, o se supone que se remontan, a lejanos antecedentes históricos”.
11
El impacto de las fuerzas de globalizacion sobre las distintas civilizaciones
en el sentido de una mayor integración fáctica y normativa, o por el contrario,
de una mayor fragmentación, es una cuestión abierta. El aspecto importante a
señalar aquí es que la formación de una sociedad global no implica arrasar con
la diversidad mediante el triunfo universal de una idea. Muchos de los que así
piensan conciben a la globalización (desde luego, equivocadamente) como la
extensión a (y absorción por) otras civilizaciones de ciertos valores occidentales
o, como lo puso Huntington en otro artículo, de manera crítica e irónica a la vez,
en “coca-colonización”.
11
Por el contrario, la globalización en su faz normativa se
liga, para decirlo simplemente, con ideas que conciben al mundo como un solo
lugar (esto se refleja hoy en expresiones tales como “aldea global” y “planeta
Tierra”) y que valoran positivamente la diversidad. Cabe apuntar que hay un
proceso paralelo en el plano de las ideas a la gestación del sistema global que
se extiende a partir del siglo XV con el desarrollo de reflexiones sobre lo
que podríamos denominar “la circunstancia humana global”. Estas ideas,
ligadas a diversas concepciones religiosas y humanistas relativas a la sociedad
civil y la ciudadanía mundial, han recorrido un largo camino y ocupan
un lugar de gran importancia en el debate intelectual y la praxis política
contemporánea. Se manifiestan, por ejemplo, en las actividades transnacionales
de las organizaciones de derechos humanos y de protección del medio ambiente
que dan prioridad a los derechos individuales y de la humanidad en su conjunto
vis a vis los derechos tradicionales de los estados nacionales, tal el caso de la
soberanía estatal. En términos más sencillos, hablan en nombre de la sociedad
global. Por otra parte, no debe llevarse la distinción sistema global-sociedad
global a los extremos. Como bien apunta Martin Shaw: “Aun las relaciones
globales de mercado y la mucho más limitada coordinación de la producción
involucran el crecimiento de expectativas a ideas comunes acerca de la vida
social”.
13
Esto es, incluyen aspectos que hacen a una sociedad mundial.

III. Origen y causas de la globalización
Desde una perspectiva sociológica, puede admitirse que fuerzas de globalización
(al igual que de fragmentación) han existido a lo largo de toda la historia de
la humanidad debido a que expresan necesidades humanas básicas. Según
Rosenau, “la dinámica de la globalización derivaría de la necesidad de la gente
de extender el alcance de sus propios órdenes sociales para incrementar los
bienes, servicios a ideas obtenibles para su bienestar”.
14
No tengo nada contra esta forma de abordar el tema. Aun más, creo ayuda
bastante a encuadrar parte del debate sobre la globalizació. Sin embargo,
la pregunta sobre el origen de lo que hoy llamamos globalización requiere
97 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
respuestas más precisas. Puede caerse en una situación algo absurda y sostener
que la globalización empezó con el origen del hombre. O, para no ir tan lejos y
dar tan solo un ejemplo, con los griegos o los romanos. Es de interés recordar
que en su Historia universal Polibio reflexiona sobre estos mismos temas cuando
escribe: “Antes, las cosas que pasaban en el mundo tenían conexión entre si ...
Pero desde el ascenso del Imperio Romano, los acontecimientos estan unidos
por un haz común”.
15
Aunque puede aceptarse que los imperios antiguos contribuyeron a
la unificación de partes del mundo (podríamos hablar aquí de proces
“miniglobalización”), es claro, nuevamente, que el fenómeno que procuramos
comprender tiene una relación lejana con estas fuerzas de integración pasado
que no produjeron importantes vinculaciones de naturaleza globlal.
Estas últimas no comienzan a desarrollarse efectivamente hasta la expansión
inicial de la economía mundial y el ascenso del estado moderno a del siglo
XVI. Aquí se encuentra el origen del proceso que hoy llamamos globalización.
El mismo, naturalmente, ha atravesado distintas fases que no pretendo ni
puedo sumariar en este trabajo.
16
Sí me importa señalar que cada fase puede
distinguirse utilizando tres variables principales: a) cantidad de territorios
y sociedades comprendidas (alcance); b) niveles de interconexión global
(densidad); y c) impacto sobre la naturaleza y funciones del estado.
Hasta el presente, cada fase de la glbbalización muestra un incremento
notorio en el alcance y la densidad del proceso y un impacto cada vez más
fuerte sobre el estado. Esto cabe, especialmente, para la actual fase dela
globalización que se inicia en a mediados del diglo XX bajo el impulso de los
avances producidos en la tecnología del transporte y las comunicaciones y que
presentanumerosos rasgos distintivos ne el campo de la política, el comercio, la
producción, las finanzas, las organizaciones, la ecología, las comunicaciones y
la cultura. En este ultimo aspecto, se aprecia un aumento significativo que podría
llamarse “conciencia global”.
17
No hay duda de que los factores que promueven la globalizacion son varios.
Nos encontramos frente a un proceso multicausal que se expresa en forma
simultánea en todos los campos de actividad.
18
Sin embargo, en su nivel más
básico, la globalización podría verse como un proceso económico-tecnológico
que tiene grandes consecuencias políticas. A este último tema, dedico el
apartado final del ensayo.
IV. Implicancias de la globalización para el Estado
El proceso de globalización ha puesto en tela de juicio los pilares de la teoría
clásica de las relaciones internacionales y ha sido un factor fundamental en el
desarrollo de un debate particularmente vigoroso a partir de los años setenta
sobre las categorías y enfoques teóricos más adecuados para describir y analizar
tanto el sistema internacional como el complejo haz de temas ligados a la
problemática del orden mundial.
Para realistas y neo-realistas nada ha cambiado esencialmente. Sigue
atrincherados en la primacía del estado-nación y en la creencia de que la
política y la economía internacionales estan regidas por la interacción de los
estados. Sus posiciones se sustentan en argumentos de este tipo: que los
estados son los que fijan el marco y definen las políticas que favorecen o no la
globalización; que solo los estados pueden defender los intereses corporativos
en las negociaciones internacionales sobre comercio, inversiones y acceso de
a los mercados, y así.
19
Incluso hay autores que afirman que en estas últimas
décadas “la soberanía del estado se ha incrementado más que debilitado”.
20
En el extremo opuesto, algunos analistas llegan a decir que la lógica del
proceso de globalización hace al estado “redundante” y que la gobernabilidad en
el ámbito nacional es poco (o nada) efectiva frente a la globalización económica.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 98
Autores como Reich y Ohmae perciben a los estados como “autoridades
locales” del sistema global. Algo asi como las “municipalidades” del siglo XXI,
encargadas de proveer servicios mundanos.
21
La implicacion lógica de este tipo
de análisis es la creciente pérdida de significación del estado-nación.
En otra linea de análisis, los así llamados “neo-medievalistas” opinan que
los estados pierden cada vez más poder debido a la acción de fuerzas que
operan en tres direcciones: desde arriba (nivel supra-estatal), desde abajo (nivel
sub-nacional) y desde los costados (nivel de los actores no estatales, al que
consideran como el más importante).
22
El resultado de esta situación es un
patchwork caracterizado por la superposición de autoridades y lealtades.
Desde esta perspectiva, Susan Strange considera,
“que la Europa del siglo XXI -y esto vale no sólo para Europa- va a ser
más parecida a la de los siglos XII o XIII que a la de estos últimos años.
En aquellos días distantes, las oportunidades de vida de un hombre o
de una mujer, el rango de opciones abiertas respecto de todo, desde
como conseguir lo suliciente para comer hasta sus relaciones sociales,
derechos y obligaciones, eran establecidos por una multiplicidad de
autoridades - la Iglesia, las órdenes religiosas, el señor o barón local,
los gremios, el jefe de familia o de la aldea-. Entre todas estas multiples
autoridades, el rey o gobernante era tan sólo una de muchas; de
acuerdo al derecho ocupaba la cima de la pirámide social, pero en
términos prácticos era a menudo sólo un “soberano” distante e indirecto.
Si en el futuro la vida va a ser más parecida al medioevo, entonces
debemos dilucidar lo que esta situación significa tanto para nosotros
como individuos como para el gobierno y los negocios.
23
Desde otra vereda, otros analistas afirman que los “neo-medievalistas” se
equivocan al percibir el cambio de poder del estado como un juego de suma
cero, dado que la ganancia de poder por parte actores supra, sub y no
estatales no implica necesariainente una pérdida de poder para el estado-
nación. Según estos autores, “el estado no está desapareciendo, por el
contrario está desagregándose en partes separadas, funcionalmente distintas”.
24

Estas partes (por ejemplo, agencias del Ejecutivo, tribunales de Justicia,
etcpétera), establecen vínculos crecientes con sus contrapartes extranjeras y
crean una densa red de relaciones políticas que constituye al nuevo orden
“transgubernamental”. Así el estado, cambia de carácter y adquiere nuevas
funciones pos de una nueva y necesaria “gobernabilidad internacional”.
25
Como puede apreciarse, tenemos opiniones para todos los gust( ciertamente,
mucha tela para cortar. En honor a la brevedad, propongo tres lineas de reflexi6n
en torno de la cuesti6n globalizaci6n y estado.
La primera y mas elemental, tiene que ver con la vida futura del es y se inscribe
en el marco de la discusi6n que acabo de resenar. Por un lado, me parece que
los realistas pecan por defecto y los liberales ortodoxos por exceso; que los
“neo-medievalistas” ayudan a comprender en parte el proceso de dispersión de
estructuras de autoridad, aunque tienen un punto débil al considerarlo un juego
de suma cero; y, finalmente, que los “transgubesnamentalistas” hacen un aporte
de gran importancia para descifrar las nuevas funciones del estado.
Por otro lado, creo que el debate sobre globalización y estado carece en
general de perspectiva histórica y, por eso mismo, tiende a desconocer o
soslayar tres cosas importantes: a) que el cambio de las unidades políticas
se da en todas las épocas y que, por consiguiente, no es un producto de la
modernidad; b) que en cada época coexisten distintas entidades políticas que
mantienen relaciones de cooperación y conflicto y que, por lo general, siempre
hay una que prevalece, a la que se denomina “unidad constitutiva”; y c) que
desde la formación del así llamado orden westfaliano, el estado, esto es la
99 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
política constitutiva de ese orden, se ha ido transformando a lo largo de los
siglos debido a varios factores.
26
La literatura neo-marxista ha mostrado, por ejemplo, la relación que existe
entre el desarrollo del capitalismo y los cambios en las formas de estado, tal el
caso del reemplazo progresivo del estado liberal por el de bienestar producido
en Europa a partir del último cuarto del siglo XIX como resultado de la extensión
de la industrialización y la movilización de los obreros industriales.
27
Esta dinámica de cambio de las formas de estado parece hoy tener más
fuerza que nunca. La globalización, en su faz actual, desempeña un papel
fundamental en la transformación no solo de la naturaleza del estado (en este
caso del estado de bienestar en los centros y del estado así llamado desarrollista
en las periferias) sino también en la configuración internacional del poder estatal.
El estado se “internacionaliza”, tiene menos control sobre los procesos políticos,
económicos y sociales que se producen dentro de su territorio y depende en
mayor medida que en el pasado de “constituencies” no territoriales en razón de
que debe responder cada vez más a demandas y presiones de actores externos,
geográficamente dispersos y más fluidos.
A primera vista, esta enumeración de capacidades cercenadas puede llevar a
suponer (como sucede habitualmente) que el estado se desvanece. Sin embargo,
y en un sentido contrario, es posible hacer otra lista - tan convincente como la
anterior - de capacidades ampliadas; participación en regímenes internacionales
y procesos de integración, aumento de las funciones transgubernamentales,
desarrollo de agencias e instituciones internacionales que requieren mayor
acción estatal; y así. Además, hay numerosas pruebas que dan testimonio del
poder y la durabilidad del estado, como lo muestran las persistentes pujas por
la soberanía y el territorio o la resistencia generalizada a someter los conflictos
interestatales a un “árbitro supremo”. Por otra parte, el propio orden interestatal
ha creado barreras dificiles de franquear por formas de organización no estatales
que aspiran a ser reconocidas como participantes legítimos en las relaciones
internacionales y mundiales. En este marco, me parece que discutir sobre la
declinación o muerte del estado no lleva demasiado lejos. El estado será el actor
político principal por mucho tiempo. Es de mayor interés -y esta es la segunda
línea de reflexión que propongo- debatir sobre el impacto de la globalización
en distintos estados. A diferencia del anterior, éste es un aspecto apenas
mencionado en la literatura especializada, y poco trabajado. Con palabras de
David Held:
“El grado de “autonomía” de que disfruta el estado bajo diferentes
condiones no ha sido aún explorado y, por lo tanto, se deja de lado
apresuradamente un elemento clave para elaborar una explicación
sistemática rigurosa de la forma y los límites de los sistemas políticos
modernos. Altamente probable que el impacto del proceso global varíe
bajo diferentes condiciones internacionales y nacionales -por ejemplo,
la ubicación estado-nación en la división internacional del trabajo, su
lugar en distintos bloques de poder, su posición con respecto al sistema
jurídico internacional, su relación con las organizaciones internacionales
más importantes-. No todos los estados, por ejemplo, están igualmente
integrados en la economía mundial; por lo tanto, si bien los resultados
políticos nacionales estarán fuertemente influidos por los procesos
globales en ciertos países, en otros, las fuerzas regionales o nacionales,
pueden perfectamente mantener la supremacía”.
28
Estas observaciones son particularmente interesantes para países como la
Argentina dado que a priori uno se inclina a pensar -en razón de su inserción en
la economía mundial y de su posición de poder relativo- que debería recibir el
impacto de la globalización de manera mucho más fuerte y directa que un país
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más poderoso o menos integrado a la economia mundial.
Finalmente, es preciso desarrollar una tercera línea de análisis -más compleja
que las dos anteriores y de más largo plazo- sobre formas posmodernas de
configuración del espacio político. El debate sobre la declinación del estado
frecuentemente ignora esta cuestión profunda o, lo que es peor, la trivializa.
Se dice que el mercado reemplaza al estado o, desde otro extremo, que las
corporaciones y los mercados globales no tienen ningún potencial para producir
cambios internacionales fundamentales en el plano político.
29
El estudio de esta cuestión exige mirar hacia atras hasta fines de la Edad
Media cuando el estado desplazó a los otros dos modos de organización en
competencia con él: la ciudad-estado y la liga de ciudades. Y lo hizo, no porque
hubiera un curso necesario, sino porque su lógica institucional le dio ventajas
para movilizar recursos y responder a las demandas y presiones de nuevas
fuerzas sociales y políticas.
En un brillante libro, Hendrik Spruyt, sostiene que los cambios institucionales
se producen en dos etapas. Primero, un cambio dramático del marco general
lleva a la formación de nuevas coaliciones políticas que favorecen esquemas
institucionales funcionales a sus preferencias ideológicas e intereses materiales.
Segundo, diferentes tipos de instituciones ejercen presiones competitivas entre
sí, hasta que emerge la más eficiente y eficaz, esto es, la que mejor responde a
los desafios y oportunidades de ese marco general modificado.
30
La apelación al análisis de Spruyt es pertinente porque el proceso de
globalización nos, coloca poco a poco en el umbral de una situación de
cambio dramático del marco general. Corresponde aclarar en este punto
que no considero al proceso de globalización como lineal o necesario. Sin
einbarao, comparto con Rosenau, la idea de que las fuerzas de globalización
probablemente prevalezcan sobre las de fragmentación, a pesar de que la
pugna entre ambas estará marcada por fluctuaciones en las dos direcciones.
“Eventualmente, la dinámica de la globalización, será la base sobre la cual se
organice el curso de los acontecimientos”.
31
Si así se dan las cosas, es altamente probable que se incrementen
las fuerzas sociales y las coaliciones políticas que, tras banderas políticas,
económicas, ecológicas, sociales y culturales, promuevan formas posmodernas
de organización del espacio político. Poner los ojos en el origen y desarrollo
estas fuerzas puede proporcionarnos algunas de las claves para entrever, los
cambios políticos institucionales del próximo siglo.
RESUMEN
¿Qué debemos entender por globalización? El concepto tiene aplicaicones
míultiples y por lo tanto se presta a confusiones generalizadas. ¿Desribe una
nueva realidad del mundo o se refiere a un proceso de desarrollo de varios siglos
de antigüedad?¿Será sólo una moda o un mito?
Las definiciones y lecturas que se hacen del concepto de globalización en el
ámbito académico presentasn las mismas multiplicidades interpretativas que se
encuentran en forma cotidiana.
Aun cuando, muchos autores trataron de establecer matices de diferencia con
otros términos que comunmente se utilizan como sinónimos, no parece posible
salir airadamente de aquellas confusiones.
El autor propone analizar la enridad de la globalización asumiendo que se está
ante circunstancias y procesos complejos, y plantea en el artículo dos objetivos
principales: a) ordenas y aclarar alfunas ideas sobre los aspectos centrales que
forman parte del debat sobre la globalización: entidad, origen, causas, alcance
e implicancia para el estado-nación; y b) propone un enfoque que evite toda
carga valorativa para comprender la naturaleza del fenómeno y concluir sovre su
probable evolución.
101 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Footnes
[*] CONICET. Instituto del Servicio Exterior de la Nation.
[1] Acerca de las diferencias entre “gobalización”, “interdependencia” y
“transnacionalización”, véase Tomassini, Luciano, “El proceso de globalización y
sus impactos socio-políticos” en Estudios Internacionales, julio-septiembre 1996,
n°111, pp.317-319. Sobre las diferencias entre “globalización”, “globalismo” y
“universalismo” Véase Rosenau, James N., “The complexities and Contradictions
of Globalization” en Current History, noviembre de 1997, vol.96, n°613, p.361.
[2] Scholte, Jan Aart, “Global capitalism and the State, en International Affairs,
vol.73, n°3, julio 1997, p. 432. En una vena simlar, Luciano Tomassini opina que
la globalización “no es un proceso que se limita a integrar unidades locales
anteriormente dispersas. Lo que difunde tiene un común denominador, una
direccinón y un sentido, y detrás de él hay una nueva perspectiva epistemológica,
una nueva sensibilidad cultural, una visión nueva del mundo”, en Tomassini, ob.
cit, p. 320.
[3] Véase Shaw, Martin, Global Society and International Relations, Polity Press,
Cambridge, 1994, p. 18 y Held, David, “Democracy and Globalization”, en Global
Governance, n°3, 1997, p. 253.
[4] Con más propiedad, convendría en este caso reemplazar globalización por
globalismo.
[5] Ferrer, Aldo, Hechos y ficciones de la globalización, Academia Nacional de
Ciencias Económicas, Buenos Aires, 1997, p.19.
[6] Para evitar confusiones, aclaro que globalización en este párrafo quiere decir
comportamientos, relaciones sociales y formas de organización globales.
[7] Véase, Strange, Susan, “The Erosion of the State”, en Current History,
noviembre 1997, vol.96, n°613. En este artículo la autora presenta interesantes
argumentos contra los “negadores” de la globalización.
[8] Sobre las diferencias entre sistema y sociedad, véase Bull, Hedley, The
Anarchical Society. A study of Order in World Politics, Columbia University Press,
Nueva York, 1977.
[9] Para más detalles sobre este aspecto, véase Shaw, ob. cit.
[10] Véase Aron, Raymond, Paz y guerra entre las naciones, Alianza, Madrid,
1985, tomo I; y Bull,
Hedley, ob. cit.
[11] Huntington, Samuel, ¿El enfrentamiento de las civilizaciones?, en Agora,
noviembre de 1993,número presentación, p. 10.
[12] Huntington, Samuel, “The West: Unique, not Universal”, en Foreign. Affairs,
vol. 75, n°. 6,noviembre-diciembre 1996.
[13] Shaw, op. cit., p. 11.
[14] Rosenau, ob. cit., p. 362. En este artículo, el autor también se refiere a la
dinámica opuesta de “localización” que deriva de la necesidad de la gente de
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 102
contar con un espacio propio que les proporcione confort psicológico y material,
con una familia y un barrio, con prácticas culturales locales, con un sentido del
“nosotros” que la distingue de “ellos”.
[15] Citado por Robertson, Ronald, “Mapping the global condition”, en Robertson,
R., Globalization: Social Theory and Global Culture, Sage, Londres, 1992, p. 26.
[16] Acerca de las distintas fases de la globalizacion, v6ase el libro de Ferrer,
Aldo, Historia de la globalización. Orígenes del orden económico mundial, Fondo
de Cultura Económica, Buenos Aires, 1996; Robertson, ob. cit.; y Rapoport,
Mario, “La globalización económica: ideologías, realidad, historia”, en Ciclos,
año VII, vol. VII, n° 12, septiembre de 1997.
[17] Acerca de las diferencias entre la fase actual de la globalización y las
precedentes, véase Held,David y Mc Grew, Anthony, “Globalization and the
Liberal Democratic State”, en Government and Opposition, 1993. Véase asimismo
Scholte, ob. cit., pp. 431-432.
[18] Véase Giddens, A., Modernity and Self Identify, Polity Press, Cambridge,
1991, p.187.
[19] Véase por ejemplo, Kapstein, Ethan B., “We are US: The Myth of
Multinational”, en The National Interest, nº26, invierno de 1991/2, pp. 55-62.
[20] Krasner, Stephen, “Economic Interdependence and Independent Statehood”,
en Jackson, R. H. y James A., (eds.), States in a changing world: a contemporary
analysis, Clarendon, Oxford, 1993, p. 318.
[21] Véase Hirst, Paul y Thompson, Graham, Globalization in Question, Polity
Press, Cambridge, 1996, p. 176.
[22] Véase Mathews, Jesica T., “Power Shift”, en Foreign Affairs, vol. 76, nº 1,
enero/febrero de 1997.
[23] Strange, Susan, “La economía política de Europa”, en América Latina
Internacional, vol. 1, nº 2, 1993, p. 43.
[24] Slaughter, Anne-Marie, “The Real New World Order”, en Foreign Affairs, vol.
76, nº 5, 1997, p. 184.
[25] Ibídem, p. 185.
[26] Véase a Ferguson,Yale y Mansbach, Richard, “Political Space and Westfalian
States in a World of Polities Beyond Inside/Outside”, en Global Governance,1996,
p. 272.
[27] Véase Cox, Robert, “Social Forces, State and World Orders: Beyond
International Relations Theory”, en Keohane, Robert, Neorrealism and its Critics,
Columbia University, Nueva York, 1986, p. 226.
[28] Held, David, La democracia y el orden global. Del estado modemo al
gobierrro cosmopolita, Ediciones Paidós Ibérica, Buenos Aires, 1997, pp. 124 y
125.
[29] Un intento interesante en este sentido es Ruggie, John Gerard, “Territoriality
103 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Nautonomía y globalización
Diego García Montaño
Sumario: NAUTONOMÍA Y GLOBALIZACIÓN – INTRODUCCIÓN: NAUTONOMÍA
– CONCEPTO -I) PROBLEMAS EN LA SALUD FÍSICA Y EMOCIONAL 1-a)
Población 1-b) Trabajo de las mujeres 1-c) Salud 1-d) La encuesta ciudadana -II)
CARENCIAS RELACIONADAS CON EL BIENESTAR 2-a) El buen gobierno 2-b)
el Estado como actor central 2-c) la educación es la clave -III) PROBLEMAS
DE LA ECONOMÍA 3-a) Situación de los pobres- Disparidad en los ingresos
3-b) Situación del empleo -IV) ORGANIZACIÓN DE LA VIOLENCIA Y DE
LA COERCIÓN LEGÍTIMA 4-a) Las Armas 4-b) Un nuevo concepto de
seguridad 4-c) Protección de los sectores más vulnerables 4-d) El dilema de
la Intervención – Críticas 4-e) ¿Son efectivas las sanciones internacionales?
V) GLOBALIZADORES VS. ANTIGLOBALIZADORES 5-a) Hiperglobalizadores vs.
Escépticos 5-b) Globalización vs. Ideología (Globalización y capital son aliados)
-VI) CONCLUSIONES FINALES
Introducción: nautonomía - concepto
Según David Held, la nautonomía puede ser descripta como aquellas
condiciones en donde las relaciones de poder generan asimetrías sistemáticas
en las perspectivas de vida de la gente. Esto provoca limitaciones y erosiones en
las posibilidades de participación política de los ciudadanos.
La autonomía, por contrapartida, intenta descubrir a cuales derechos y
obligaciones las personas reconocerían como necesarios y justos para lograr un
verdadero status de miembros libres en la comunidad política.
Es conocido por todos, que existe una incompatibilidad “natural” entre la forma
democrática de gobierno y las desigualdades humanas más graves. Tomemos
por ejemplo el apartheid o la esclavitud. No tenemos dudas que son rechazados
por cualquier Estado democrático y aún en el supuesto de que desapareciera su
capacidad de coerción , seguirían siendo considerados como un disvalor.
m2 |contenidos | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 3 . 2
and beyond: problematizing modernity in international relations”, en International
Organization, vol.47, n°1, invierno de 1993.
[30] Spruyt, Hendrik, The Sovereign State and Its Competitors, Princeton
University Press, Princeton, 1994, pp. 192-194.
[31] Rosenau, ob. cit., p. 362.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 104
¿Pero no existen acaso, otras formas menos evidentes que generen
desigualdades? ¿Puede un orden político democrático, ser considerado legítimo,
cuando en su seno tolera distorsiones de poder y situaciones de desigualdad
ciudadana?
Formalmente, muchos ciudadanos gozan de relativa autonomía en sus relaciones
con el Estado.
Pero el poder crea y condiciona todas las dimensiones de nuestras vidas.
Dicho de otra manera; algunas personas toman decisiones y otras se limitan
a tolerarlas y obedecerlas, aún contra su voluntad, ya que el riesgo de
incumplirlas, les generaría un mal mayor.
Son varias las maneras en que la nautonomía se puede manifestar. Pero siempre
tendrá una característica central: las oportunidades de participación ciudadana
se encuentran disminuidas para algunos.

Para Held, las Esferas de Poder, se verifican en aquellas relaciones sujeto-
Estado, a través de la cuales las personas pueden desarrollar sus capacidades,
mediante una participación efectiva en la elaboración de las decisiones públicas,
que los afectan directamente.
Es posible detectar situaciones nautonómicas en cualquiera de las esferas de
poder, por medio de ciertos indicadores.
Seguidamente, analizaremos algunas de los casos más frecuentes en los que se
manifiesta la nautonomía y sus principales causas.
Intentaremos brindar una respuesta posible, mediante el Informe que redactara
el Secretario General de las Naciones Unidas.
Desde ya anticipamos que el Informe no es un remedio para las situaciones
nautonómicas, sino que más bien, es un enfoque descriptivo de los casos más
frecuentes en el mundo actual. Son propuestas; no soluciones.
Hechas estas aclaraciones, vayamos al estudio de la primera situación
nautonómica.
I) Problemas en la salud física y emocional
Las perspectivas de vida o supervivencia, no son las mismas para todos los
ciudadanos de la Tierra, por diversos factores.
La situaciones nautonómicas en estos casos, pueden encontrar directa
vinculación con cuestiones geográficas, de clase, género y raza.
1-a) Población
La población mundial alcanzó recientemente los 6.000 millones de habitantes.
Aumentó en 1000 millones (1/6 del total), en sólo 12 años. Se calcula que
para el 2025 seremos 8.000 millones y dos de cada tres habitantes del mundo,
carecerán de agua potable.
Se estima que en el mundo subdesarrollado, las malas condiciones del agua,
son las causantes del 80% de las enfermedades.
1-b) Trabajo de las mujeres
En los países en desarrollo, la fuerza laboral dedicada a la producción mundial,
suele estar en gran parte integrada por mujeres, las que trabajan en condiciones
espantosas, por un salario mínimo. Pero el hecho de que tengan empleo ofrece
beneficios importantes; por ejemplo, pueden retrasar el matrimonio, lo que
frecuentemente reduce la tasa de fecundidad, factor tan importante en los
países del Tercer Mundo.
105 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
1-c) Salud
El fomento de la salud resulta paradójico y estremecedor: aunque a nivel mundial
se gastan por año más de 56.000. millones de dólares para investigación, menos
del 10% se destina a los problemas que afectan al 90% de la población mundial.
La neumonía, la diarrea la tuberculosis y el paludismo reciben menos del 1% del
presupuesto mundial.
Los mayores éxitos del desarrollo humano desde los años 60, han sido el
aumento de la esperanza de vida en los países en desarrollo (de 46 a 64
años), la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad , con un 80% más de
niños matriculados en la enseñanza primaria y la duplicación del acceso al agua
potable y servicios sanitarios.
1-d) La encuesta ciudadana
Una encuesta de opinión pública, la más grande de la historia realizada jamás, en
la que participaron 57.000. adultos de 60 países de todos los continentes, intentó
conocer cuales eran las necesidades básicas y prioritarias de los ciudadanos.
Ante la pregunta ¿Qué es lo que le importa más en la vida?, la gente de todos los
países valoraba más que ninguna otra cosa la buena salud y una vida familiar
feliz.
Un gran número, dijo que los DD.HH. no se respetaban y en los países en
desarrollo, los jóvenes creían que sus Estados hacían poco por los problemas
ecológicos.
Menos de la mitad de los entrevistados consideraba que la actuación de las
Naciones Unidas era satisfactoria, aunque la mayoría de los jóvenes, tendía a
tener una opinión favorable de la Organización.
En cuanto a la Democracia, la mayoría dijo que sus elecciones eran libres e
imparciales, pero a pesar de ello, las 2/3 partes de los encuestados, consideraron
que en sus países (aún los de democracias más antiguas), no regía la voluntad
popular.

II) Carencias relacionadas con el bienestar
Bienestar aquí, equivale a que las personas sean plenos actores tanto de la vida
económica, como de la política. Formación del ciudadano como tal. Educación.
Nautonomía: Seguridad Social deficiente, Educación nula o incompleta, falta de
materialización del derecho a elegir y ser elegido.
2-a) El buen gobierno
Debemos aprender a gobernar juntos y debemos aprender la mejor manera de
gobernar juntos.
¿Qué entendemos por gobierno, cuando aplicamos este término al ámbito
internacional? ¿Qué atributos debe tener para que se pueda gestionar
satisfactoriamente la transición de un mundo internacional a un mundo
globalizado?
Los Estado débiles constituyen hoy uno de los principales obstáculos para un
gobierno eficaz. Debemos ayudar a fortalecer la capacidad de esos Estados
para gobernar, en lugar de debilitarlos aun más.
Los Estados no sólo tienen responsabilidades con su propia sociedad, sino
que, colectivamente, son también guardianes de nuestra vida en el planeta.
2-b) El Estado como actor central
Un buen gobierno , según el Informe, debe tener al menos estas cinco
características:
1) imperio de la ley
2) instituciones estatales eficaces
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 106
3) transparencia y responsabilidad en la gestión de los asuntos públicos
4) respeto de los DD.HH.
5) participación ciudadana efectiva
Pese a la confusión institucional que frecuentemente supone la mundialización,
no existe otra entidad que pueda competir con el Estado o pueda reemplazarlo.
Por consiguiente, la gestión de la globalización requiere, antes que nada, que
los Estados se comporten de una manera acorde con su doble función.
La composición actual del Consejo de Seguridad, basada en criterios de
poder y alineamientos de 1945, no responde plenamente al carácter ni a las
necesidades de nuestro mundo globalizado.
2-c) La educación es clave
La educación es la clave de la nueva economía mundial. Para que las familias
pobres puedan sobrevivir, los niños menores de 14 años tienen que salir a
trabajar, obstaculizando su aprendizaje. Alrededor del 60% de los menores que
no asisten a la escuela, son mujeres. Los padres no confían en que la educación
de una hija sea tan beneficiosa para la familia, como la de un hijo.
III) Problemas de la Economía
La economía comprende la organización colectiva de la producción, distribución,
el intercambio y el consumo de bienes y servicios.
La economía es la esfera de una de las principales fuentes de estratificación y
nautonomía: la clase social. Una vez que los ciudadanos transponen la entrada
de las fábricas, sus vidas son principalmente determinadas por los imperativos
del capital
Nautonomías: diferencias en cuanto a la riqueza, ingreso, status, habilidades,
control sobre la información y propaganda, acceso a los líderes políticos.
3-a) Situación de los pobres – Disparidad en los ingresos
Casi la mitad de la población del planeta, tiene que subsistir con menos de dos
dólares por día. En Asia meridional y en Africa la situación se agrava, ya que
1200 millones de personas, disponen de menos de un dólar por día.
Los países desarrollados perciben el 60% de la renta mundial, mientras
que 3500 millones de habitantes de países de bajos ingresos, obtienen sólo
un 20%. En el mundo en desarrollo, las mayores disparidades de ingresos se
concentran en América Latina, seguida por el África subsahariana.
La pobreza extrema agrava muchos otras situaciones; los países pobres,
tienen más probabilidades de verse envueltos en conflictos armados, debido a
cuestiones étnicas o religiosas; lo que provoca problemas a los países vecinos,
haciendo necesaria la asistencia humanitaria.
3-b) Situación del empleo
Según estimaciones de la O.I.T., 60 millones de jóvenes buscan empleo. De
ellos, el 80% vive en países en desarrollo. Los trabajadores jóvenes tienen más
probabilidades de ser los últimos contratados y los primeros en ser despedidos;
además, es menos probable que se encuentren protegidos por la legislación.
Los gobiernos han intentado combatir el desempleo de diversas maneras, pero
las políticas dirigidas a los jóvenes, incluida la contratación preferencial han
fracasado, por la sencilla razón de que son económicamente insostenibles.

IV) Organización de la violencia y la coerción legítima
Relacionadas directamente con las perspectiva de vida y muerte dentro de
una comunidad. La fuerza física concentrada (y organizada), puede funcionar al
servicio de las personas, o por el contrario, estar en su contra.
107 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
El Estado actual, con frecuencia, debe hacer frente a desórdenes internos
provocados por grupos “políticos” nacionales, dispuestos a recurrir a la fuerza
y atentar contra la seguridad ciudadana, con el propósito de incorporar ciertas
cuestiones de su interés, en la Agenda política del gobierno.
Nautonomía: Inseguridad, terrorismo, secuestros, drogas, armamentos.
4-a) Las armas
El mundo se encuentra hoy en el quincuagésimo quinto año sin guerra entre
las grandes potencias, el período mas prolongado de ese tipo, en la historia de
los Estados modernos.
La globalización de la economía ha eliminado en gran medida los “beneficios”
de las adquisiciones territoriales. El costo económico de destruir a un enemigo
estatal, ha aumentado notablemente.
Cuando se redactó en 1945 la Carta de las Naciones Unidas, se intentó atacar el
principal problema de esos años: reducir las probabilidades de ataque armado
de un Estado a otro Estado.
Pero en los últimos decenios, han habido muchas más víctimas de guerras
civiles, campañas de depuración étnica y actos de genocidio, que en cualquier
otra época. Se utilizan pequeñas armas que se pueden adquirir fácilmente en el
bazar mundial de los armamentos, según expresiones del Secretario General.
4-b) Un nuevo concepto de seguridad
En una época, seguridad era sinónimo de defensa del territorio ante la amenaza
de ataques externos. Hoy día abarca la protección de las comunidades y de las
minorías, contra diversos actos de violencia.
Existe una necesidad de aplicar criterios de seguridad más centrados en el ser
humano y no tanto en el Estado.
La mayoría de las guerras en la actualidad, son guerras entre pobres
Los países pobres tienen menos recursos económicos y políticos para hacer
frente a los conflictos armados. Carecen de la capacidad necesaria para hacer
grandes transferencias financieras a grupos o regiones minoritarias por ejemplo,
y pueden temer que el aparato estatal no resista la imposición de medidas de
autonomía. Ambos procesos, sin embargo, son de uso habitual en los países
más ricos.
4-c) Protección de los sectores más vulnerables
La guerra es costosa para toda la sociedad, pero sigue siendo rentable para
algunos. Las mujeres y los niños son vulnerables a la violencia, explotación
sexual y los trabajos forzados; por ello es tan importante la creación de una
Corte Penal Internacional.
En estos casos, la tecnología debe estar al servicio de la humanidad, tal como
se ha hecho en Kosovo recientemente, a través del Programa de Reunificación
de Niños Separados de sus Padres, con motivo de la guerra.
Debería considerarse además, la posibilidad de adoptar un convenio internacional
que regulase la conducta de las empresas de seguridad privadas, que participan
cada vez en mayor medida de las guerras internas estatales.

4-d) El dilema de la intervención – Críticas
Algunos críticos consideran que detrás de la ayuda humanitaria en casos de
crisis, se encubren otras cuestiones para intervenir en los asuntos internos de
los Estados.
Otra de las objeciones, realista por cierto, es que los Estados débiles tienen
mayores posibilidades de ser objeto de una intervención que los fuertes.
Nos enfrentamos ante un auténtico dilema. Pocos estarán en desacuerdo en
que tanto la defensa de la humanidad, como la defensa de la soberanía, son
principios que merecen apoyo. Desgraciadamente esto no nos aclara cuál de
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 108
esos principios debe prevalecer cuando se hallan en conflicto.
La intervención humanitaria es una cuestión delicada, plagada de dificultades
políticas y sin soluciones fáciles. Pero sin duda, no hay ningún principio
jurídico, ni siquiera la soberanía, que pueda invocarse para proteger a los
autores de crímenes de lesa humanidad. El Consejo de Seguridad tiene el
deber moral de actuar en nombre de la comunidad internacional. El hecho de
que no podamos proteger a los seres humanos en todas partes, no justifica que
no hagamos nada cuando podemos hacerlo.
4-e) ¿Son efectivas las sanciones internacionales?
Cuando se imponen sanciones económicas enérgicas y generales a regímenes
autoritarios, se tropieza con otro problema: suele ocurrir que los que
verdaderamente sufren dichas sanciones, sea la población inocente y casi nunca
las élites gobernantes, cuya conducta origina el castigo internacional.
V) Globalizadores vs. Anti-globalizadores
Luego de estas reflexiones acerca de las situaciones en donde la nautonomía
se muestra con mayor frecuencia, pensamos que si todos los ciudadanos de
la Tierra, incluidos los del Primer Mundo, sufren algunos de los fenómenos
descriptos, es porque debemos buscar en las mismas fuentes y orígenes de la
globalización, una posible respuesta.
¿Por qué está comenzando a haber una reacción contraria a la globalización?
¿Por qué se produjeron las protestas de Seattle del año pasado, o las de Praga
de este año?
¿Los individuos que protestan contra la globalización, se oponen a ella en sí,
o tan sólo contra las disparidades que provoca? ¿No existen al lado de las
protestas, cuestiones ideológicas?

5-a) Hiperglobalizadores vs. escépticos
Según Anthony Giddens, existen por lo menos dos escuelas de pensamiento
que estudian el fenómeno de la globalización:
I) Hiperglobalizadores: Para esta corriente, globalización es sinónimo de
expansión de los mercados a escala mundial. Es un hito positivo para
la humanidad. El fenómeno ha avanzado tanto, que los Estados-nación
han perdido la mayor parte del poder que solían tener. Según esta teoría,
los problemas de los políticos de todo el mundo, están relacionados con
esa falta de poder.
II) Escépticos: Este núcleo de pensamiento, por el contrario sostiene que la
globalización es nada más que un mito ya que según datos estadísticos,
la mundialización tuvo más auge en el siglo XIX que en el actual. Según
Giddens, esta tesis tiende a agradarle a la gente de izquierda, porque si
se considera que la globalización no es un fenómeno nuevo, entonces
todo puede seguir igual que antes.
Concluye Giddens que si bien la globalización es el fenómeno más importante
de nuestro tiempo, no debe entenderse tan sólo desde su aspecto económico,
ni como un simple desarrollo del sistema mundial: Yo la llamaría acción a
distancia... yo tomaría la globalización como un fenómeno que sucede “aquí en
la cercanía lo nuestro” igual que “allá en la lejanía de lo exterior”.
En cuanto a los centros de poder y globalización, remata afirmando: Si se
puede decir que Occidente controló las primeras fases de la mundialización, la
fase actual se distingue porque nadie la maneja.
5-b) Globalización vs. Ideología (Globalización y capital son aliados)
Para el pensamiento “ideologizado”, la globalización actual resulta inimaginable,
109 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
si dejamos a un lado el papel del capital (del capitalismo).
El capitalismo, a través de la globalización, ha mostrado de manera consistente y
coherente sus finalidades: acumulación y multiplicación del capital, siendo parte
integral de un sistema intrínsecamente desigualador, basado en la explotación de
los seres humanos y la depredación de la naturaleza; un modo de organización
social que asocia el progreso de algunos, con la desventura de muchos.
La humanidad de esta forma se ve reducida, una vez más, a la condición de
esclava, que debe ofrecer sacrificios sin protestar , para acallar la furia, no ya de
un dios enseñoreado en un volcán o en cualquier otro fenómeno de la naturaleza,
sino de un fenómeno más abstracto y más temible, que tiene los tentáculos
como paladines reproductores de su discurso.
Finalmente, destacan que los “globalizadores” paralizan y quitan la capacidad
de reacción de la gente, ya que recurren a la argucia de echarle todas las culpas
de las desgracias humanas al “sistema”, cuando en realidad la explotación,
queda en manos de unos pocos seres humanos con nombre y apellido.
VI) Conclusiones finales
Hemos visto cómo, las situaciones de nautonomía juegan en contra para que
la globalización sea más eficiente. También observamos cómo, al lado de
planteamientos desinteresados para que la globalización mejore y llegue a
todos, se encubren, so pretexto de “luchas por el hombre”, ideologías que
cayeron hace un decenio, por el propio peso de su anacronismo. Como dice
Mikhail Gorbachov, que de esto algo sabe: “La globalización ha dramatizado los
problemas que ya existían.”
Incluso en este trabajo, por cuestiones de espacio, no hemos podido ni siquiera
esbozar otros grandes temas de análisis global, tales los casos del Sida , el
Medio Ambiente o la corrupción.
Es que lo que no se puede negar , es que la globalización tiene realidad y que
si bien es beneficiosa sólo para algunos, potencialmente lo es para todos.
¿Pero debemos buscar en la globalización, la causa de todos los males?¿ Cómo
podríamos asegurar que antes de la década del 90, el mundo estaba “mejor”?
¿Por qué no decir de una buena vez, que los problemas de los países en
desarrollo, se deben más a las políticas de sus propios gobiernos, que a la
mundialización, aunque por supuesto, resulte más fácil a los gobernantes culpar
a la globalización?
Como dice el Secretario General, Hay mucho que agradecer. Hoy día los seres
humanos pueden confiar en vivir más que sus padres, están mejor alimentados,
gozan de mejor salud y educación y en general tienen más posibilidades
económicas.
También hay mucho que lamentar y corregir. Persisten la pobreza extrema y las
desigualdades enormes dentro de los países y entre ellos, en medio de una
riqueza sin precedentes
La solución para los problemas con los que tropezamos hoy, no está al alcance
de ningún Estado por sí sólo, el resolverlos. En el plano nacional, debemos
gobernar mejor y en el plano internacional, debemos aprender a gobernar mejor
juntos.
Finalmente y a modo de epílogo de su Informe, hace una autocrítica del papel
desempeñado por la ONU hasta el momento, llegando a la conclusión de que el
Organismo Internacional, por sí sólo, es poco lo que puede hacer.
Pero hoy como ayer, los Estados miembros constituyen los cimientos de
las Naciones Unidas, aunque los asuntos mundiales ya no sean jurisdicción
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 110
exclusiva de los ministerios de Relaciones Exteriores de los países miembros.
Destaca sin embargo, que la influencia de Naciones Unidas es mayor de lo que
muchos creen y que esta influencia no deriva de un ejercicio del poder, sino de
la fuerza de los valores que la Organización representa.
Como corolario de todo lo antedicho y a modo de conclusión final, podemos
asegurar que al menos en algunas áreas, el mundo globalizado está “mejor” que
el anterior, por las siguientes razones, al menos:
1) Supresión de las guerras estatales
2) Fortalecimiento de las democracias
3) Expansión del estado de derecho
4) Promoción de redes mundiales de promoción de políticas
5) Expansión de las comunicaciones y la tecnología
Nosotros, al contrario que sus detractores, creemos que en el balance general,
la globalización es y ha sido beneficiosa para los hombres.
No hemos querido quedamos con la mera denuncia de las exclusiones que
causa (y que tampoco desconocemos), sino que intentamos avanzar, aportando
nuestro granito de arena para la construcción de esta pirámide de Egipto,
llamada globalización.
Preferimos construir desde las ideas, no destruir desde el discurso.
Los ideales de la Política y el Derecho, a pesar de su incumplimiento, no
deben ser vistos tampoco como una inutilidad congénita de ellos, sino como la
posibilidad concreta de mejorarlos permanentemente, para que los beneficios
de la globalización lleguen en un futuro a todos los seres humanos.
Domingo 29 de septiembre de 1996
La globalización como ideología
ALAIN TOURAINE
Gran parte de nuestras dificultades y de la crisis en la que están sumidos
muchos países, sobre todo en Europa y en América Latina, se debe a que
confundimos dos procesos o dos etapas de nuestra vida económica y social
que debemos separar a incluso oponer: la adaptación a una economía mundial
abierta y el desarrollo o, más sencillamente, el crecimiento.
Desde hace 25 años estamos pasando de economías nacionales de producción,
que eran proyectos globales de modernización, a la vez nacional, social y
económica, a la necesaria adaptación de cada país y cada empresa a unos
mercados mundiales cada vez más abiertos en los que los competidores son
cada vez más numerosos y las innovaciones técnicas hacen que sectores
enteros económicos nazcan y mueran de forma acelerada.
Es una transformación difícil, ya que a ella se oponen multitud de intereses
adquiridos, pero es indispensable. Y cuanto más difícil y lenta es, más se debilita
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la competitividad del país en cuestión, y con ella su nivel de vida y de empleo.
Eliminar la inflación, reducir el déficit fiscal, incrementar las exportaciones,
dominar las nuevas tecnologías y contribuir a su desarrollo, y, por consiguiente,
elevar el nivel de la educación y de la investigación, son imperativos de los
que ningún país se puede librar sin correr grandes riesgos. Esta mundialización
del mercado y de la producción se traduce mas directamente en tensiones
financieras. Los europeos lo sabemos mejor que nadie ya que desde hace cinco
años nuestra vida económica y política esta regida por el Tratado de Maastricht,
que impone rigurosos sacrificios financieros y presupuestarios a los Estados y
que debe dotar a Europa de una fuerza geoeconómica indispensable frente a EE
UU y Jap6n. Si el Tratado de Maastricht, a pesar de las fuertes reticencias que
provoca, sigue siendo la directriz de nuestra política común es porque simboliza
la aceptación plena y definitiva, tras el Acta Unica, de esta nueva situación de la
economía, de este paso de unos sistemas político-económicos nacionales a una
economía mundial.
Pero del mismo modo que seria insensato rechazar esta mutaci6n, es peligroso
creer que garantiza por sí sola el crecimiento y, mas a6n, el desarrollo. La
economía de mercado es un medio, él más eficaz, para desembarazarse de
los controles políticos o administrativos de la economía, que se han vuelto
paralizadores, pero no asegura por sí misma el espíritu empresarial, la inversión
a largo plazo, el aumento del nivel de vida, la integración y la justicia social,
la satisfacción de los individuos. El desarrollo económico y social requiere
inversiones, una distribución equitativa del producto, la movilización de recursos
cada vez más diversos (educación, gestión publica y privada, movilidad de los
factores y de los sistemas de comunicación) a incluso la salvaguardia de los
grandes equilibrios sociales amenazados por divisiones cada vez mas profundas
allí donde se permite crecer las desigualdades o los conflictos entre grupos
sociales, étnicos y culturales.
Sin embargo, hoy estamos dominados por una ideología neoliberal cuyo
principio central es afirmar que la liberación de la economía y la supresión
de las formas caducas y degradadas de intervención estatal son suficientes
para garantizar nuestro desarrollo. Es decir, que la economía solo debe ser
regulada por ella misma, por los bancos, por los bufetes de abogados, por las
agencias de rating y en las reuniones de los jefes de los Estados más ricos y
de los gobernadores de sus bancos centrales. Esta ideología ha inventado un
concepto: el de la globalizaci6n. Se trata de una construcción ideológica y no
de la descripción de un nuevo entorno económico. Constatar el aumento de los
intercambios mundiales, el papel de las nuevas tecnologías y la multipolarizaci6n
del sistema de producci6n es una cosa; decir que constituye un sistema mundial
autorregulado y, por tanto, que la economía escapa y debe escapar a los
controles políticos es otra muy distinta. Se sustituye una descripci6n exacta por
una interpretaci6n errónea.
No sólo las economías siguen siendo ante todo nacionales -lo que es cierto
sobre todo en los dos extremos del horizonte económico, EE UU y China -;
no solo el mundo parece encaminarse hacia una trilateralización -Norteamérica,
Japón y la UE- mas que hacia una globalización; no solo en el terreno de las
comunicaciones de masas asistimos a una hegemonía norteamericana mas que
a la internacionalización, sino que, lo que es aún mas importante, asistimos a
la creación de redes financieras mundiales en lugar de a la creación de una
economía mundial. Todo ello se refleja en una cifra citada muy a menudo, y desde
luego impresionante: s61o el 2% de los movimientos de capital corresponde a
intercambios de bienes y servicios.
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Estamos reviviendo a mayor escala lo que a principios de siglo se llamó
imperialismo, es decir, el predominio del capital financiero internacional sobre el
capital industrial nacional, de acuerdo con el análisis de Hilferding (1910). Michel
Albert ha contrapuesto inteligentemente el capitalismo anglosajón, ante todo
financiero, a lo que el denomina capitalismo renano (al que se puede vincular en
gran medida el capitalismo japonés, al menos antes de la aparición de la burbuja
financiera que ha estallado recientemente), cuya fórmula nos ofrece Alemania: la
asociación estrecha entre la banca, las grandes empresas y el Estado.
Esta hegemonía del capital financiero no solo no es la condición para el
desarrollo económico, sino que supone para el un obstáculo que un gran número
de países no logra superar. Esto puede comprenderse fácilmente mediante
una referencia hist6rica: desde hace un cuarto de siglo, el petr6leo no ha sido
un instrumento de desarrollo, sino de desgracia. La abundancia de recursos
financieros que ha proporcionado a Argelia, Irak, México o Venezuela no les ha
traído el desarrollo, sino la corrupción y la descomposición política y social.
En vez de oponer la command economy -la economía dirigida- a la economía
liberal, como el pasado al futuro, hoy, cuando abandonamos la economía
dirigida, debemos preguntarnos cómo evitar caer en la economía salvaje y cómo
construir un nuevo modo de gestión política y social de la actividad económica.
Lo importante es realizar este cambio de conceptos y abandonar la ilusión de
una sociedad liberal, es decir, reducida a un conjunto de mercados; abandonar,
pues, el peligroso sumo de un Estado reducido a la función de vigilante nocturno,
como decían los liberales del siglo XIX, precisamente cuando más necesitamos
al Estado para garantizar las transformaciones necesarias para preparar las
inversiones a largo plazo y para cerrar las divisiones sociales.
Ello será más fácil si definimos claramente los objetivos y los medios de la
reconstrucción económica, una tarea que sobrepasa con creces las posibilidades
de este articulo, pero que se puede definir brevemente: hay que crear o reforzar
los actores sociales. En primer lugar, los innovadores y los empresarios, lo que
supone una transformación de la función de los bancos, de la Administración
publica y del sistema educativo. En segundo lugar, e igual de importante, la
renovación de las reivindicaciones populares, que deben dirigirse ante todo
contra la desigualdad, la exclusión y la segregación, y que siguen siendo
demasiado débiles. Y en tercer y ultimo lugar, reforzar la conciencia nacional,
se trate de Europa, de España o de Cataluña, es decir, la voluntad de poner la
economía al servicio de la sociedad y, mas concretamente, de la justicia social.
En muchos países de Europa, y probablemente en Francia mas que en otros,
la crisis se debe a que no conseguimos salir de la economía dirigida ni
construir un nuevo modo de control social de una economía mundializada.
Combinamos liberalismo económico incontrolado y defensa de los intereses
adquiridos, generalmente por las clases medias. Perdemos el dinamismo
económico mientras se agravan las desigualdades, la precariedad y la exclusión.
Hay que acelerar la salida del antiguo sistema económico para acortar lo más
posible la transición liberal y resocializar la economía.
Alain Touraine es sociólogo y director del Instituto de Estudios Superiores de
París.
©Copyright Diario el País, S.A. – Madrid.
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Recurra al Cd para ver este video.
Ideología
Importante: El presente archivo contiene una apretada síntesis de las dis-
tintas ideologías contemporáneas. El alumno deberá profundizar el estudio
de las siguientes: liberalismo
IC
1, marxismo
IC
2, fascismos
IC
3 y social-
democracia
IC
4.
Las grandes ideologías contemporáneas: los principales “ismos”
En las sociedades occidentales, la orientación política de la gran mayoría
de sus ciudadanos se apoya en una serie de corrientes ideológicas cuyo origen
se sitúa a finales del siglo XVIII o en la primer mitad del siglo XIX. Cada una de
dichas corrientes presenta diversas variantes que han seguido vigentes hasta el
momento presente. Es recomendable acudir a los textos de historia de las ideas
políticas para hacerse con una visión más completa de las mismas. Como simple
introducción desarrollamos a continuación algunas referencias esquemáticas a
las ideologías más importantes.
• Los liberalismos. Nacen de la primera ideología que se propone
expresamente la fundación de un orden político diferente al que
representaban las monarquías absolutas de corte tradicional. Se originan
en la Ilustración europea e inspiran las revoluciones americana y francesa
de finales del siglo XVIII. Resaltan el papel protagonista del individuo:
su libertad es el valor supremo, que no tiene otro límite que la libertad
de los demás. Del acuerdo entre los individuos libres nace la comunidad
política. El progreso de esta comunidad no puede ser programado: hay
que dejarlo al resultado espontáneo de la competencia entre individuos
libres y racionales, porque de esta tensión de intereses nace el equilibrio
beneficioso para todos. La autoridad política debe limitarse a garantizar
las reglas básicas de aquella competencia. Su legitimidad deriva de
la adhesión libre que obtiene entres los miembros de la comunidad.
Sin embargo, a finales del siglo XIX, algunos sectores liberales
–especialmente, en Gran Bretaña- se percataron de que la evolución del
capitalismo industrial y financiero había generado grandes desigualdades
sociales, que dejaban sin sentido la defensa de la libre iniciativa individual
propuesta por el propio liberalismo. Desde entonces, determinadas
variantes del liberalismo político han aceptado la intervención del Estado
para corregir los efectos más negativos de la competencia económica.
En Estados Unidos, por ejemplo, se conoce como liberales a los
sectores del Partido Demócrata que –desde la presidencia de F. D.
Roosevelt- se inclinan por un sector público más activo y demuestran
una mayor preocupación por disminuir las desigualdades sociales.
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• Los conservadurismos. Aparecen como la reacción al liberalismo por
parte de quienes se sienten amenazados en su condición social
privilegiada: la nobleza terrateniente, jerarquías eclesiásticas. Su punto
de partida es la primacía de la comunidad social, entendida como un
organismo vivo cuya existencia es “natural” y no fruto de un acuerdo libre
entre sus miembros. Los elementos constitutivos de esta comunidad no
son los individuos, sino colectivos del mismo tipo: familias, aldeas,
ciudades, comunidades religiosas, estamentos, gremios. El orden social
se basa en el respeto a las tradiciones por parte de todos los actores.
La autoridad política, que se funda en un principio de jerarquía,
debe garantizar este respeto a las tradiciones, de donde obtiene su
legitimidad. El conservadurismo manifiesta poca o nula confianza en el
progreso. Por esta razón, la preocupación principal de la autoridad ha
de consistir en evitar males que - según su pesimismo antropológico-
acompañan a toda innovación política o social. Gradualmente, la
corriente dominante del pensamiento conservador acepta el liberalismo
económico, aunque combinado con el autoritarismo político y social:
no desea la intervención del Estado en el ámbito de económico, pero
propugna un Estado “fuerte” en lucha contra la delincuencia, en la
protección de la familia tradicional, en la alianza con los sectores
confesionales más intolerantes, etc.
• Los socialismos. La reacción también contra los resultados del
liberalismo: explotación, desigualdad, marginación. Pero –en lugar
de proponer un improbable regreso al pasado como hacen los
conservadurismos- entienden que hay que actuar deliberadamente para
conducir a las sociedades a nuevos estadios de desarrollo que aseguren
su bienestar colectivo. El ser humano es eminentemente social: sólo se
define con relación a los demás, con quienes debe mantener relaciones
de igualdad y no de subordinación. El orden social no se basa ni en la
competencia libre, ni en la tradición: se basa en la solidaridad humana
y en una comunidad igualitaria de bienes y recursos. Para alcanzar este
orden solidario, la intervención de la autoridad política es decisiva. El
debate sobre esta intervención dividió desde un principio al movimiento
socialista entre los partidarios de la vía revolucionaria y de la imposición
drástica y por la fuerza de sus propuestas y los partidarios de introducirlas
gradualmente mediante la participación en el sistema político liberal-
democrático. Igualmente, la discrepancia sobre la intervención pública en
la economía separó a las corrientes favorables a su completa estatización
de las que hacían compatible una mayor acción estatal con la continuidad
de la actividad privada. Comunismo y socialdemocracia han encarnado
en la arena política estas dos versiones de la ideología socialista,
que, frente al pesimismo de los conservadores y al escepticismo de
los liberales- tiene confianza en la capacidad de la humanidad para
construirse un futuro a la medida de sus aspiraciones.
• Los anarquismos. En sus diferentes variantes, entienden que una
sociedad libre y armónica ha de ser resultado del acuerdo voluntario
entre sujetos. Cualquier forma de autoridad o coacción perturba el orden
social, al introducir formas –a veces duras, a veces sutiles- de coacción
de unos individuos o de unos grupos sobre otros. La cohesión social
sólo puede derivarse del pacto voluntario y de la libre asociación entre
individuos, municipios, cooperativas productivas, comunas agrarias,
etc., rechazando vínculos legales u obligaciones de otro tipo. Cada
una de las entidades debe autogestionarse mediante la participación
directa de sus componentes en la toma de decisiones, sin someterse
a instrucciones o consignas ajenas: la igualdad entre los miembros de
cada colectivo debe reflejarse en la eliminación de todo principio de
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jerarquía y de todo liderazgo personal.
• Los fascismos. Se presentan como solución que supera el enfrentamiento
entre liberales y socialistas. Construyen una visión del mundo político
en la que el individuo se debe a la comunidad nacional y al líder
indiscutible que la encarna. El orden político y social se basa en ciertas
jerarquías “naturales” –entre elite y masa, entre razas superiores y
razas inferiores, entre hombres y mujeres, etc. – y tienen su pieza
esencial en la obediencia inquebrantable a la voluntad del dirigente
supremo, capaza de interpretar el destino histórico que corresponde a
la comunidad nacional. Esta comunidad debe imponerse –mediante la
violencia y la guerra, si conviene- a todas las resistencias que brotan de
los “demás”: de allí la hostilidad a los diferentes y, con ello, al rechazo a
las minorías étnicas o religiosas, a extranjeros e inmigrantes.
• Los nacionalismos. La nación –como comunidad con pasado histórico
propio y como proyecto colectivo común- se convierte en expresión
simbólica central y en protagonista de la acción política. Según el
nacionalismo, los individuos se sitúan políticamente en relación con la
nación a la que pertenecen: sus oportunidades de desarrollo personal
están íntimamente vinculadas a la evolución histórica de la comunidad.
La unidad nacional se convierte en el fundamento del orden social:
por consiguiente, todo lo que se percibe como amenaza- el interior o
exterior- a la unidad nacional ha de ser combatido por todos los medios.
Entre estas amenazas se cuentan tanto otras naciones como minorías
internas que no se identifican con la misma visión nacional. La mejor
garantía de consolidación nacional es contar con un Estado propio: la
nación sin Estado es, en cierta manera, un proyecto inacabado que
debe completarse a toda costa.
• Los fundamentalismos religiosos. Se ha denominado de esta forma a
las ideologías en las que el sujeto político principal está constituido
por la comunidad de los creyentes de una determinada confesión
religiosa. Las creencias que unen a los miembros de esta comunidad
determinan sus formas de organización familiar, económica y política.
Leyes e instituciones derivan de forma directa de sus ideas y normas
religiosas, contenidas en los textos sagrados –Biblia, Topar, Corán-
y en las interpretaciones que de ellos hacen las correspondientes
jerarquías religiosas. Dado que el orden social depende de la conciencia
confesional, los disidentes religiosos significan para estas ideologías un
riesgo social y, por tanto, son difícilmente tolerados y viven limitadas
–a veces hasta la eliminación- sus libertades como individuos y como
colectivos.
Ya hemos señalado la diversidad de matices que presenta cada una de las
grandes familias ideológicas, adaptándose a momentos y lugares diferentes:
el liberalismo de los revolucionarios franceses no coincide exactamente con
el que proclaman los liberales norteamericanos de hoy, el socialismo de
Marx no se identifica del todo con el que proclamó el régimen soviético
o con el que ha elaborado una tradición socialdemócrata que ha llegado
hasta hoy, los fascismos se ajustaron a condiciones culturales y políticas
singulares de cada sociedad, etc. Un conocimiento más preciso de estas
variantes exige asomarse a las obras de sus autores intelectuales y a los
textos programáticos de partidos o grupos que las han convertido en su
doctrina política.
¿Feminismo y ecologismo como ideologías?
Algunos autores han señalado la sustitución de las ideologías anteriores –en
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buena parte originadas en las ideas de la Ilustración o de sus detractores- por
nuevas ideologías basadas en los principios propugnados, por ejemplo, por le
movimiento de emancipación de la mujer o por las tendencias preocupadas por la
preservación de los recursos naturales de todo tipo. Difundidas progresivamente
a partir de los años sesenta del siglo XX, las ideas conductoras de estos
movimientos han ido penetrando en sectores cada vez más amplios del escenario
político y social. Pero algunas formulaciones de dichas ideas no están muy lejos
de la categoría de ideología, en cuanto proponen una interpretación global de la
sociedad y de la política.
¿El fin de las ideologías?
Con este título, el sociólogo norteamericano Daniel Bell publicó en 1960
una obra de gran impacto en la que denunciaba el agotamiento de las grandes
ideas políticas que habían marcado la historia del mundo occidental hasta
aquel momento. Para Bell, se estaba revelando que la política se planteaba en
términos mucho más pragmáticos, tanto por parte de los ciudadanos, como por
parte de los dirigentes políticos. Importaban los resultados más que las ideas y,
en especial, los resultados económicos en términos de crecimiento y bienestar
material. Otros autores apuntaron en la misma dirección, subrayando la creciente
pérdida de capacidad de movilización de doctrinas como el socialismo, el
comunismo y el fascismo.
Bastaron unos pocos años –en la misma década de los sesenta- para
poner en tela de juicio esta visión crepuscular de las ideologías. La lucha por
los derechos civiles de la minoría negra, la oposición a la guerra de Vietnam o
la revuelta estudiante de mayo de 1968 en Francia y en otros países europeos
significaron una reaparición de las polémicas ideológicas entre los partidarios del
cambio político radical y los defensores de statu quo. En este contexto, no
sólo se recuperaron y actualizaron viejas doctrinas –neomarxismo de diferentes
escuelas, neoanarquismos en variadas versiones, neoliberalismos militantes
favorables al desmantelamiento delo público y del Estado del Bienestar,
neofascismos etc.-, sino que se opusieron en circulación nuevas interpretaciones
delas relaciones sociales, centradas en torno a la igualdad de géneros o en torno
a la conservación de los recursos naturales: feminismo y ecologismo aparecían
ahora como nuevas propuestas ideológicas sumándose a las ya existentes.
En 1989, otro autor norteamericano –Francis Fukuyama- analizó las
consecuencias de la caída del imperio soviético en un artículo titulado “¿El fin
de la historia?”. Para este analista, la derrota política de la Unión Soviética y del
marxismo-leninismo que la inspiraba significaba que el liberalismo democrático
se había convertido en el único sistema doctrinal capaz de legitimar las
estructuras políticas y económicas: no había lugar para las soñadas alternativas
de otros tiempos y la humanidad entraba en un período de apacible estabilidad
ideológica.
Es innegable la pérdida de peso de algunas ideologías “globalizantes” que
pretendían interpretar y dar respuesta a todos los problemas de una sociedad:
este carácter simplificador es cada vez menos efectivo allí donde la complejidad
de conflictos y la diversidad de actores ponen en juego intereses y alternativas
muy dispares. También es cierto que son –y siempre han sido- minoría los
ciudadanos que asumen de manera integral el conjunto de creencias y valores
que se combinan en una ideología: sólo los acérrimos militantes de adhiere a
ella de manera total y sin reservas, frente a una mayoría que participa de ellas de
manera parcial y fragmentaria.
Pero el vaticinio de un segundo final de las ideologías fue de nuevo
desmentido por la realidad. No sólo se afianzaron alternativas ideológicas al
liberalismo, como las que representa el fundamentalismo islámico en varios
países asiáticos y africanos. También en Europa despertaron de nuevo los
117 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
nacionalismos como ideologías capaces de alimentar las expectativas y los
proyectos políticos de muchos ciudadanos. Desde la devolution a Escocia y
Gales en Gran Bretaña hasta la desintegración de Checoslovaquia, la URSS o
Yugoslavia, los nacionalismos han justificado episodios de separación amistosa
o ha alimentado sangrientas guerras civiles.
Parece, pues, que el hecho de que algunas ideologías muden su apariencia,
desaparezcan del primer plano de la escena o sean acogidas sólo parcialmente
no autoriza para decretar los funerales de todas ellas. Estos funerales anticipados
han sido denunciados como empeños políticos para justificar la resistencia al
cambio: la “ideología del fin de la ideología” sería, desde este punto de vista, la
más conveniente para los intereses de quienes cuentan ya en sus manos con
los principales resortes del poder económico, político y mediático y no desean
grandes transformaciones en el statu quo.
En todo caso, anunciar la muerte de las ideologías es ignorar que los
conflictos que son objeto de la política no dejarán de estar siempre acompañados
por creencias y juicios de valor: de ellos obtienen los ciudadanos –y todos
los actores políticos- las razones y los pretextos necesarios para motivar su
intervención en la gestión de los asuntos colectivos.
El Liberalismo
Sofanor Novillo Corvalán
I. Evolución del pensamiento liberal (III siglos de liberalismo)
II. El liberalismo hoy (Respuesta a F. Fukuyama)
III. Acerca de la relación entre liberalismo y conservadurismo
IV. El liberalismo ante la socialdemocracia
V. La doctrina social de la Iglesia y el liberalismo
VI. El liberalismo y el Nuevo Orden Mundial.
VII. Causas de la inexistencia de una opción liberal en la política argentina.
VIII. Presente y futuro del liberalismo en la Argentina
IX. Bibliografía
I. EVOLUCION DEL PENSAMIENTO LIBERAL
1689, el nacimiento
Es difícil precisar el orden de la doctrina liberal. Quizás, en rigor, no haya una
fecha exacta que nos marque el origen. Pero los hombres pareciera como que
siempre necesitáramos de criterios de ubicación en el tiempo y en el espacio.
De otra manera nos desorientaríamos. De ahí la necesidad de buscar una
partida bautismal. Personalmente considero que fue producto de un proceso
muy complejo que encontró en las guerras de religión de los siglos XVI y XVII
su precipitante, siendo la tolerancia y la libertad de conciencia sus principales
efectos no buscados. Sin embargo, hay quienes exigen más precisión en la
búsqueda, alguna fecha, algún hecho, algún libro, que sirva para delimitar
con mayor claridad la etapa pre y post liberal. En esa exploración difícil,
llegamos siempre al año 1689. Para los que piensan, y con razón, que el
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liberalismo es fundamentalmente un sistema coherente de principios y valores
que fundamentan la libertad indivisible del hombre y de todos los derechos que
le son inherentes, entonces ese sistema nace con un libro: Ensayos sobre el
gobierno civil, cuya licencia de impresión se otorgó el 23 de agosto de 1689. Su
autor, John Locke, fijó en esta obra los cimientos duraderos sobre los que hasta
hoy se afianza todo el pensamiento liberal. Allí está preanunciado el estado
mínimo, la división de poderes, la libertad integral de los hombres. Allí está en
fin, el liberalismo.
No obstante, quienes piensan que esta doctrina, más que un producto del
intelecto, es una forma de vida que implica la eterna lucha del hombre para
ampliar el campo de sus libertades y disminuir las atribuciones que se arrogan
los gobiernos ven en la Declaración de Derechos y Libertades (Bill of Rights)
inglesa ocurrida también en 1689, el punto de partida de esta ideología.
Ahora bien, como se sabe, el espíritu inglés siempre despertó recelos en el
continente, especialmente en las naciones de raíz cultural latina. De ahí que haya
sido relativizada o aún negada la influencia liberal sajona en el surgimiento del
liberalismo. Quienes así piensan; ven más bien en el autor de El espíritu de las
leyes (1748) el genuino inicio de la moderna idea liberal. Reconocida o no, la
gravitación que el pensamiento de Locke tuvo sobre su autor, interpretan que
la influencia universal de la obra del pensador inglés fue incuestionablemente
menor que la del francés. Pero es el caso que éste, Carlos Luis de Secondant,
Marqués de la Brede y de Montesquieu, nació cerca de Burdeos, curiosamente,
en el año 1689. Por lo demás, si bien la doctrina nació en el siglo XVII, el término
liberal como adjetivo, es posterior. Se empezó a usar en Francia a fines del siglo
XVIII. Como sustantivo se utiliza por primera vez en España en 1812.
Más allá de las controversias sobre los orígenes, resulta claro que el ideario de
la libertad del hombre se desarrolló fundamentalmente durante el siglo XVIII de
una manera sólida y vertiginosa. Después de Locke vendrá la escuela escocesa,
representada entre otros por David Hume, que en 1739 publicó un tratado sobre
La naturaleza humana; Adam Ferguson, quien en 1767 publicó Un ensayo sobre
la historia de la sociedad civil; y en especial Adam Smith, que en 1759 escribe su
Teoría de los sentimientos morales. De estos pensadores el liberalismo tomará su
concepción sobre los móviles del comportamiento humano, explicando a través
de agudas reflexiones psicológicas sobre los límites de la conducta egoísta e
interesada del hombre, y sus efectos benéficos para la sociedad.
Estas ideas encontrarían su coronamiento grandioso en una obra del propio
A. Smith, publicada en 1776, Investigación acerca de la naturaleza y causa
de la riqueza de las naciones. Para muchos, esta obra erudita y sistemática
representa tanto el comienzo de la ciencia económica como el del liberalismo
económico. En verdad, hay mucho de eso, pues es cierto que fue el primero
en tratar de averiguar cuáles son las condiciones institucionales que posibilitan
el crecimiento económico de las naciones. A través de la pluma de este autor
se descubre toda la importancia de la libertad económica; el principio de la no
ingerencia estatal, la competencia, la división del trabajo, las leyes naturales que
regulan el orden económico, etcétera
En rigor, las ventajas de la libertad económica habían sido también puestas
de manifiesto por los fisiócratas. Estos, menos liberales en lo político que en
lo económico, creían que la naturaleza es la verdadera reguladora de la vida
económica de los países y que la tierra era el único factor capaz de generar
un producto neto. Los principales artífices y expositores fueron A. Quesnay La
tabla económica, 1775; Du Pont de Nemours La fisiocracia, 1767; Paul Mercier
de la Riviere, El orden natural y esencial de las sociedades políticas, 1767; Jean
Vincent de Gournay, a quien se le atribuye la expresión laissez faire, laissez
passer, que por otra parte era el lema de la escuela; Víctor Riquetti, Marqués de
Mirabeau, El amigo de los hombres, 1756; y, finalmente, su principal hombre de
estado, A. R. J. Turgot Reflexión sobre la fundamentación y distribución de las
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riquezas, 1766.
Por otra parte, del otro lado del Atlántico, en los nacientes Estados Unidos, las
ideas de Locke y del mismo Montesquieu, de cuyo Espíritu de las leyes, se había
publicado en 1772 una versión abreviada, habían madurado rápidamente.
Entre octubre de 1787 y mayo de 1788, bajo el seudónimo de Polibio, Alexander
Hamilton, James Madison y John Jay, escribieron 85 ensayos en apoyo a la
Constitución recientemente aprobada, la cual necesitaba, para entrar en vigencia,
la ratificación de los estados que comprendían la Unión. Los mencionados
ensayos fueron publicados después como El federalista, y bajo ese nombre han
pasado a la historia constituyendo uno de los principales alegatos en favor del
gobierno representativo y federal, como así también el necesario equilibrio y
armonía entre las instituciones políticas y económicas fundamentales. Desde
cierto punto de vista, pueden bien ser considerados como un epítome de las
doctrinas del Marqués de la Brede y John Locke. En Los papeles federalistas
están los verdaderos cimientos institucionales de la primera República liberal
que tuvo el mundo.
Volviendo al continente europeo, las ideas de Adam Smith encontraron rápido
eco en España, país durante centurias agobiado por las ideas reglamentarias del
mercantilismo. José Alonso Ortiz es el traductor, en 1794, de La riqueza de las
naciones. A caballo entre el siglo XVIII y XIX lo continúa en la tarea de difundir el
pensamiento smithiano, Alvaro Flores de Estrada.
En Alemania y con Emanuel Kant (1724-1804) el liberalismo encontró sus
fundamentaciones filosóficas más puras sobre todo en sus Fundamentos de la
metafísica de la moral, 1785. Las categorías y conceptos por él construidos
sirvieron en general para darle más coherencia al desarrollo posterior de la
filosofía de la libertad, aunque no se puede dejar de recordar que algunas de sus
tesis, por ejemplo aquella de que la moralidad tiene primacía sobre la felicidad,
entraban en conflicto con ideas desarrolladas por otras interpretaciones del
liberalismo.
No obstante todo lo dicho, es necesario volver nuevamente nuestra mirada a
Francia, pues es allí donde estas ideas han entrado en ebullición, y no sólo
en los círculos intelectuales o cortesanos. Han penetrado en los más hondo
del mismo estado llano. Y es Sieyes, quizás poco abate, como se dirá con
razón, pero portentoso pensador, el que le legará a Francia y a la humanidad
el concepto moderno de Constitución y quien redactará parcialmente nada
menos que la famosa Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Los principios por él sustentados se manifiestan aún hoy en la Constitución
francesa.
El movimiento de la Enciclopedia contribuyó al liberalismo en una medida
jamás imaginada por Diderot, principal inspirador de ese proyecto editorial.
Después de los dos primeros tomos, y con posterioridad a la crisis que tuvo
la empresa en 1752, se incorporaron a la obra Montesquieu, Voltaire, D’Olbach,
Helvetius y también los fisiócratas. Este conjunto de pensadores nucleados en
dicha empresa intelectual colectiva, legaron a la cultura liberal y occidental la
convicción de que la razón crítica es indispensable para una mejor explicación y
solución de los problemas del hombre. Los enciclopedistas iluminaron al mundo,
al definir y establecer con firmeza la libertad de opinión y de conciencia, dejando
atrás prejuicios y falsas concepciones, y permitiendo de este modo el rápido
desarrollo de las ciencias y de las disciplinas humanistas.
A esta altura se me podrá observar que me estoy olvidando nada menos que
de J. J. Rousseau. En rigor, no es así. Se trata de una exclusión deliberada y
escasamente arbitraria por lo demás. En realidad, Rousseau no representa las
genuinas bases del liberalismo moderno. Este tiende a preservar antes que nada
las libertades individuales, mientras que el ginebrino, en contraste, propone
“la alineación total de cada asociado con todos sus derechos en favor de la
comunidad y quienquiera que rehúse obedecer la voluntad general será obligado
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a ello por todo el cuerpo social”. Como se advierte Rousseau evoca no al
liberalismo, sino más bien a las democracias populares, que se instalaron en
Europa Oriental después de la II Guerra Mundial y que hoy parecieran querer
mostrar signos de establecer el pluralismo y la tolerancia política vigente en
los países libres de Occidente. En lo inmediato, el pensamiento de este autor
puede ser encontrado en las efímeras constituciones de la época del terror de la
Revolución Francesa, que en aquellas más duraderas que a partir de Napoleón
se sancionaron en Francia y en la mayoría de las naciones del mundo libre.
1789, la difusión universal de las ideas
Mil años de feudalismo y de privilegios se derrumbaron en pocos años. Otros
dirán, exageradamente, que en pocos meses. Como quiera que fuese, lo cierto
es que el 14 de julio de 1789 comienza uno de los procesos de transformación
de las ideas y de las instituciones más vertiginosas de que tenga recuerdo la
humanidad. Y ello ocurrió al calor de las ideas anteriormente expuestas. De
esa experiencia terrible y sorprendente por momentos, surgirán consolidados
el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, además del concepto
trascendental de que todos los hombres tienen iguales derechos y son por ello
iguales ante la ley.
Asimismo, en esos cuatro años que derrumbaron un milenio, se comenzaron a
manifestar tendencias e ideologías que aún hoy dividen al mundo.
Detrás de Robespierre, Saint Just o Marat, estaban sin lugar a dudas las ideas
igualitarias mas no liberales, como se ha dicho, de J. J. Rousseau. Habrá que
esperar al 9 Termidor, y sobre todo el 18 Brumario (más allá del autoritarismo
de Napoleón) para que la verdadera esencia del pensamiento liberal pueda
comenzar a irradiarse en el mundo.
Como era de esperar, tanto crimen y horror habían conmovido el espíritu y la
sensibilidad de los más lúcidos pensadores europeos. Entre ellos, ninguno fue
más afectado por los sucesos de Francia que el político de origen irlandés
Edmund Burke. Hombre de ideas liberales, fue uno de los primeros en condenar
los excesos y las desviaciones de los episodios que siguieron a la toma de
la Bastilla. Su opinión sobre ese proceso se refleja en Reflexiones sobre la
revolución en Francia (1790). En esta obra Burke, no obstante su origen liberal,
estableció los fundamentos del conservadurismo moderno, concepción política
ésta con la que el liberalismo mantendría durante un siglo y medio, ásperas y
profundas controversias. Sin embargo, el impulso que posteriormente tomaron
las ideologías de extrema izquierda y derecha ocasionó que ambos cuerpos
de pensamiento se fueran acercando, llegando incluso como ocurre hoy, a
fusionarse. Pero esa es otra historia acerca de la cual ensayamos una explicación,
en el apartado 3 de este trabajo.
En Francia el liberalismo doctrinario se continuó a través de agudos escritores,
la mayoría filósofos políticos, economistas los menos. Juan Bautista Say
(1767-1832) tuvo vital importancia en la difusión de las teorías económicas de
A. Smith y no sólo en las regiones francoparlantes. A través de la traducción de
sus libros al castellano fue conocido este autor en España y América del Sur. Así
nuestro conocido Alberdi llegó a Smith de la mano de Say. Conste que no es
sólo la difusión del pensamiento de Smith lo que justifica la inclusión de Say en
la historia del liberalismo. También cuenta por sus aportes teóricos, en especial,
su célebre Ley de las salidas o mercados contra la cual, mucho tiempo después,
Keynes arremetería en su pretensión de demostrar que dentro de una economía
libre puede haber desequilibrios permanentes. Y debo acotar aquí que, si Say
fue un economista sistemático, Federico Bastiat (1801-1850) fue un panfletario
genial. Su único libro Las armonías económicas (1850) no llegaron ni con
mucho a alcanzar el vuelo de sus irónicas y mordaces sátiras en contra del
proteccionismo. La brillantez de los pequeños panfletos, en especial La petición
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de los vendedores de vela contra la competencia del sol, y Los sofismas
económicos, no han sido superados en su estilo. Muchas carencias de los
economistas liberales franceses fueron compensadas por el vuelo de su genio e
imaginación.
El primero de los grandes políticos liberales doctrinarios post-revolucionarios fue
Benjamín Constant (1767-1830). A través de su vida política, y más allá de sus
inconstancias como político de acción, su reflexión fue siempre la de un liberal
impenitente. “Se vendía pero nunca se entregaba”, decían sus amigos tratando
de elogiarlo. Sus ideas fuerza eran rectilíneas y transparentemente liberales.
Esto se evidencia en todas sus obras, en especial su monumental “Curso de
política constitucional” (1839). De dicha obra se ha afirmado que es la que mayor
número de barreras colocó entre el hombre y el Estado. Llega a criticar no sólo
(y desde luego) a Rousseau sino al mismísimo Montesquieu, a quien le reprochó
nada menos que su concepto de libertad, pues “puede llegar a justificar el
establecimiento de los peores despotismos”.
Después de Constant encontramos a Francisco Gizot (1787-1874). Historiador,
constitucionalista y político, es el teórico de lo que hoy podríamos denominar el
liberalismo de centro o del término medio. Conciliador por convicción mas no por
temperamento, Emile Faguet llegó a decir de él que fue un verdadero dictador
de la moderación. Esto se refleja en sus innumerables obras, especialmente
su Historia del Gobierno representativo (1822). Apologista de la clase media
como sostén de la tolerancia en política y religión, no obstante no pudo evitar
ser pesimista sobre el futuro de la democracia. Revertir, con reservas, ese
pensamiento fue entre otros, el papel que le tocó desempeñar al último de los
grandes pensadores políticos franceses del siglo XIX: Alexis Clerel de Tocqueville
(1805-1859).
Si desde Montesquieu a Gizot fue proverbial del liberalismo francés buscar en
Inglaterra el modelo del que aprender, Tocqueville, rompiendo una tradición
secular, miró hacia los EE.UU., y en ese país encontró que la democracia y la
libertad eran posibles, no obstante el riesgo que para ambas implica, como se
verá, el principio de igualdad.
En La democracia en América, cuya primera parte se publicó en 1835 y la
segunda en 1840, independientemente de su valor inigualable como obra de
sociología política (en rigor, la primera jamás escrita en su género), fue en último
análisis un esfuerzo por saber cómo funcionaba y cuál sería el futuro de la única
democracia imperante de la época. A Tocqueville le gustaba bucear en el futuro
y formular predicciones.
Algunas de ellas fueron realmente sorprendentes (así, en 1840 anticipó que en
el siglo XX dos naciones protagonizarían la escena política mundial: EE.UU.
y Rusia. La primera siguiendo el camino de la libertad y la segunda el de la
servidumbre).
Pero por sobre todas las cosas, fue un analista agudo de su época, y a través
de su escalpelo intelectual puso de relieve los peligros de la centralización e
intervencionismo.
Propició también la solidaridad porque pensaba “que tanto el deber como
el interés de los hombres está en hacerse útiles a sus semejantes”. Enfatizó
además la crucial función de las comunas y las asociaciones voluntarias en las
democracias.
Atribuyó al Poder Judicial más importancia aun que la que le asignaba el
propio Montesquieu. Pero fundamentalmente, Tocqueville formuló la siguiente
advertencia: si no se tomaban los recaudos necesarios, la democracia puede
devenir en un despotismo en donde reine la igualdad, pero de ninguna manera
la libertad y el orden.
Mientras tanto del otro lado del Canal de la Mancha, el liberalismo siguió
afianzando y consolidando su edificio intelectual durante el siglo XIX. David
Ricardo (1772-1823), principal continuador de Smith, perfeccionó muchas de
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las ideas y teorías de su maestro, pero también importante es reconocerlo,
agravó muchos de sus errores. Así la errónea teoría del valor trabajo tal como
la formulara Ricardo fue herramienta intelectual para elaborar su tristemente
célebre y falsa teoría de la explotación de las clases proletarias.
Ahora bien, esa y otras consecuencias de sus errores no empalidecen los
grandes logros de Ricardo. Con él, el ideario económico liberal y la ciencia
económica por añadidura, alcanzaron niveles de desarrollo notables. En su más
importante libro, Principios de Economía Política y Tributación (1817), amén de
formular las denominadas Tres grandes leyes de la economía, (ninguna de las
cuales es aceptada por la teoría económica actual), desarrolló el principio de
la libertad económica y su aplicación al campo del comercio internacional en
términos tan convincentes, que desde entonces muy poco de sustancial es lo
que se ha agregado al tema. El libre cambio fue sin duda su gran bandera y el
progreso que el mismo trajo al mundo constituye su obra más imperecedera.
No obstante, no debe olvidarse a los dos grandes apóstoles de esta cruzada:
Richard Cobden (1804-1865) y John Bright (1811-1889), fundadores de la tan
famosa y mal interpretada Escuela de Manchester. Igualmente inteligentes y
sagaces divulgadores de la ideología del laissez-faire durante el siglo pasado
fueron en Inglaterra Harriet Martinau y Jane Marvet. Además, en la tarea de
difusión del nuevo ideario durante este crucial período colaboraron diarios y
revistas que cumplieron una función trascendente, en especial The economist,
entre los años 1843-1845, bajo la dirección de James Wilson y Leeds Mercury,
a cargo de Edward Blain. Unos y otros no sólo defendieron el liberalismo, sino
que se mostraron enérgicos críticos de la doctrina socialista ya en ascenso para
esa época.
Esta doctrina no sólo estaba apareciendo en forma clara y tajante a través
de las ideas de socialistas al estilo de Fourrier o Proudhon o, como se sabe,
en la mucho más influyente modalidad de Karl Marx, sino que además, al
mismo tiempo la idea estatista comenzaba a subyacer escondida propuestas por
algunos que en muchos casos aun hoy son presentados como arquetipos de
liberales. Es el caso de J. Bentham y J. Stuart Mill, cuyas doctrinas y teorías,
excepto en alguna que otra de sus obras (por ejemplo, Sobre la libertad, de Mill
publicado en 1859), envolvían elementos conceptuales a partir de los cuales fue
desarrollándose la idea colectivista.
Dentro de esa corriente de autores, dudamos en incluir a Herbert Spencer
(1820-1903). Pese a incurrir en heterodoxias inaceptables, (su idea de la
nacionalización de la tierra constituyó una excepción dentro de un macizo y
sólido planteo individualista), sin lugar a dudas fue uno de los más eruditos y
prolíficos de los liberales en todos los tiempos.
Psicólogo, sociólogo, economista y filósofo social y político aportes al desarrollo
de las actuales ciencias sociales, se erigió en uno de los más inclaudicables
defensores de la libertad individual frente a lo que él consideraba y con razón, un
avance ilegítimo del estado. El más nítido reflejo de su sistema de pensamiento
está en El hombre contra el Estado (1834).
Como se ha dicho, la corriente liberal inglesa, pese a sus indudables méritos,
estaba basada en algunos principios y presupuestos doctrinarios y teóricos
que muchas veces la llevaron por carriles equivocados. Correspondió a los
economistas de la escuela austríaca o de Viena corregir gran parte de los errores
de la corriente clásica inglesa. A sus economistas les corresponde el mérito
de haber reducido a polvo la falacia de que el valor de las mercancías está
en directa relación a su costo de producción, y en especial a la cantidad
de trabajo humano incorporado a ella. Ellos descubrieron que los bienes no
valen porque cuestan sino que cuestan porque valen, y que en último análisis
los determinantes del valor son la utilidad y escasez. De este descubrimiento
fundamental al desmoronamiento de todo un sistema de análisis no hubo más
que unos pocos pasos, que fueron dando progresivamente los pensadores de
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la primera generación de la escuela liberal con sede en Viena. Sólo Marx y sus
epígonos han quedado anclados en el error, y de ahí que no solamente la teoría
colectivista no se haya desarrollado sino que los mismos órdenes económico
sociales fundados en sus supuestos están hoy en la absoluta crisis.
Para decirlo brevemente, la revolución que a partir de 1870 se produjo en
el campo de las ideas económicas estuvo a cargo en primer lugar de Karl
Menger (1840-1920). Su concepción la fue plasmando sucesivamente en Los
fundamentos de teoría económica (1871), Investigación sobre el método de las
ciencias sociales y especialmente de la economía política (1883) y en Los errores
del historicismo (1884). Su portentosa tarea fue continuada por Eugen Von
Boehm-Bawerk (1851-1914), quien además de importantes trabajos con los que
revolucionó la teoría del interés, publicó en 1898 El cierre del sistema marxista,
que constituye por sí mismo una de las más demoledoras críticas que jamás se
hayan formulado contra la teoría económica de Karl Marx.
Mientras tanto en Inglaterra, el liberalismo político, no obstante el embate que
sufría por parte de las diferentes corrientes estatistas, llegó a alcanzar niveles de
gran profundidad aunque no con la sistematicidad y el alcance que le dieron sus
fundadores. Un ejemplo de ello fue el filósofo político, John A. E. Dalberg-Acton
(1834-1902). Curiosamente no dejó ningún libro. Su proyectada obra, que de
haberse escrito hubiera sido al decir de un contemporáneo, “la más importante
jamás escrita en la historia del pensamiento humano”, y cuyo título iba a ser
Historia de la libertad del hombre, no pasó de ser más que una colección
de agudos y penetrantes ensayos reunidos y publicados en 1977. Liberal y
moralista, quizás su ideario se condense en su célebre apotegma “el poder
corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Todo el conjunto de ideas que en forma progresiva fueron elaborando
estos pensadores alcanzaron realizaciones prácticas no sólo en los países
mencionados, sino también en los EE.UU., en donde los valores de la libertad
e igualdad, aunque siempre en tensión, comenzaron a alcanzar una vigencia
sin precedentes en la historia del mundo. Sin embargo, existía en ese país una
cuestión que le impedía realmente insertarse en una plena democracia liberal: la
esclavitud. La acción decidida en A. Lincoln hizo más en favor de los derechos
del hombre que muchos tratados, mientras que en su discurso de Gettysburgh,
en el que definió y resaltó la democracia como el mejor de los gobiernos,
tuvo difusión universal. Desde el fin de la guerra de secesión en adelante,
el progreso de las libertades individuales, con sus altibajos, ha corrido casi
parejo con el portentoso crecimiento económico y social de EE.UU., aunque es
importante advertir que ese proceso fue menos obra de filósofos e ideólogos
que de estadistas y hombres de gobierno. Durante el siglo XIX no existieron
en la tradición liberal de los EE.UU. figuras realmente descollantes, pero en
su conjunto los sectores pensantes y las clases gobernantes, usando de una
extraordinaria sensatez y sentido práctico de la vida, consiguieron forjar una
verdadera avanzada de civilización y libertad. Creo que una de las claves de este
logro fue considerar que la verdadera riqueza de las naciones no la constituyen
los gobiernos, sino sus pueblos.
El concepto antes expresado, sencillo en su contenido pero formidable en sus
consecuencias, fue el que de un modo contínuo y a lo largo de toda su vida
sostuvo el único liberal sistemático y doctrinario de relieve que produjo nuestro
país durante el siglo pasado: Juan Bautista Alberdi. Nacido con la patria en
1810, un año antes de que se sancionara la Constitución de 1853 publicó sus
famosas Bases y muy poco tiempo después su Sistema económico y rentístico.
Con estas obras integraba un verdadero modelo de organización nacional. Sin
lugar a dudas, Alberdi fue el gran arquitecto de la Argentina moderna. A sus
ideas, fuertemente influidas por los autores que hemos citado, tal cual el mismo
lo reconocía, les agregó la impronta de las peculiaridades y características
propias de nuestra sociedad. Pero preciso es reconocer que si Alberdi fue el
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arquitecto de la Argentina liberal y progresista, sus ejecutores fueron los hombres
de la generación del 80, quienes, al igual que los de EE.UU., evidenciaron
más capacidad que acción, organización y administración que de reflexión
intelectual. En el mejor de los casos, fueron, como diría Paul Groussac, prosistas
fragmentarios. No dejaron libros, pero entre 1880 y 1916 forjaron los cimientos
sociales, educativos, económicos y políticos de la Argentina moderna.
1929, El eclipse
El cúmulo de ideas elaboradas durante los siglos XVIII y XIX conformaron, como
se ha explicado, el sistema de pensamiento denominado hoy liberalismo. Sus
efectos se comenzaron a observar, ni bien fueron proclamados los principios de
la tolerancia y la libertad, no sólo en el plano de las instituciones sino también
en la calidad material de vida. El liberalismo hizo que el mundo saliera de un
milenario letargo. Como lo reconocieron hasta sus más enconados críticos,
Karl Marx y F. Engels, en el Manifiesto comunista de 1848, “El capitalismo
durante su dominación de colosales que las que han producido jamás todas las
generaciones pasadas”.
En realidad, desde sus orígenes la humanidad evolucionó muy lentamente,
siendo los cambios casi imperceptibles. Sólo a partir del siglo XV se comenzó
a observar un crecimiento comparativamente significativo. Pero es recién desde
mediados del siglo XVIII que el mundo, y sobre todo Europa Occidental,
comienza a transformarse a ritmo de vértigo. Entre 1776 y 1914 se produjeron
cambios verdaderamente espectaculares.
Durante esa etapa fueron declarados los derechos del hombre y del ciudadano.
Surgieron las Constituciones y el Estado de Derecho. Se afianzó el concepto
de una justicia independiente. Se difundieron los gobiernos representativos y
democráticos. Se institucionalizó el sufragio universal. Aparecieron los partidos
políticos, los sindicatos y otras organizaciones sociales. Las universidades
y colegios se multiplicaron. La ciencia y la investigación se desarrollaron
condiciones de vida material mejoraron notablemente. Desaparecieron las
grandes hambrunas y las pestes arrasadoras. El hombre comenzó a controlar las
enfermedades, medias de vida, al tiempo que descendió la mortalidad infantil.
La producción de bienes y servicios aumentó geométricamente. Se produjo una
revolución en el agro, la industria, la minería, los transportes, el comercio y la
banca.
Es una época de grandes innovaciones tecnológicas: la máquina de vapor, el
ferrocarril, los barcos de hierro, los canales, los grandes caminos y el telégrafo.
Después el automóvil y el aeroplano, la electricidad, la turbina de vapor, el motor
de gasolina, el motor de combustión interna y las grandes usinas. Se desarrolla
y difunde el crédito, lo cual permite el acceso de los distintos sectores sociales al
consumo masivo de toda clase de mercancías. El comercio internacional crece
en forma extraordinaria. El nivel de vida, en fin, aumenta espectacularmente.
Este proceso sólo pudo desenvolverse gracias a una doctrina y a un marco
institucional que lo posibilitaron. El capitalismo liberal es el verdadero creador
del mundo moderno.
No obstante sus éxitos inobjetables, el sistema que lo produjo comenzó a perder
credibilidad. La confianza que la opinión pública de occidente le tenía al régimen
liberal en vigencia, se debilitó rápidamente. Esto comenzó a insinuarse en la
segunda década del presente siglo, pero se acentuó a partir de 1930. Hay
distintas razones que explican este proceso, pero creo que son dos las causas
fundamentales. En primer lugar, el crack de la Bolsa de Nueva York en 1929
y la subsiguiente depresión de los años treinta, que se caracterizó por una
desocupación en escala no conocida hasta entonces y que afectó a millones de
personas. En segundo término, el surgimiento en la Rusia soviética, a partir de
1928, de una nueva manera de organizar la producción de bienes y servicios:
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la economía centralmente planificada, anunciada y puesta en ejecución por el
dictador totalitario J. Stalin.
Estas dos razones explican la creación de un nuevo clima ideológico en
Occidente que perduraría por cinco décadas. Sus características más salientes
serían el recelo la libre empresa, una fe supersticiosa en las posibilidades
del Estado y la confianza desmedida en la planificación social. Se comienza
a suponer que el Estado puede sustituir al mercado. Nace así el Estado de
bienestar, que tenía por fin tutelar al individuo desde la cuna hasta la tumba.
Con él se inician también la inflación sistemática, los déficits presupuestarios
y el crecimiento del sector público. En realidad, los orígenes inmediatos del
Estado protector hay que buscarlos en la Alemania autoritaria de Bismark a fines
del siglo pasado, que se continuó en Austria (1888) y Hungría (1891). En estos
experimentos de nacionalismo estatizante hay que buscar también las causas
del expansionismo germano, que produjo la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, durante todo el período en el que el liberalismo estuvo a la
defensiva, hubo un puñado de filósofos, sociólogos y economistas que trataron
de preservar la doctrina de los ataques de que era objeto. Con ese objetivo
fue creada en 1947 la Mont Pelerin Society, que hasta hoy nuclea a los más
granado del liberalismo mundial. Alguno de sus fundadores sobresalieron por
la energía y claridad con que defendieron y difundieron sus principios. De entre
ellos, Ludwig Von Mises (1883-1973) aparece como el principal portaestandarte.
Su vasta producción no le impidió mantener centrada su penetrante inteligencia
y formación en lo que él consideró que eran los más graves peligros para la
humanidad: la planificación económica, el estatismo y la inflación. Fue el primero
en plantear la imposibilidad del cálculo económico en una economía totalmente
socializada. Su explicación acerca de las causas de las crisis económicas tienen
hasta hoy irrefutable vigencia. Sus demostraciones de las falacias keynesianas
iniciaron el debilitamiento progresivo de ese pernicioso cuerpo de teorías y
políticas que se encuentran hoy en repliegue en occidente. Toda su obra, en fin,
se encuentra compendiada en La acción humana (1949), monumental tratado
de economía política que bien puede ser considerado como el más formidable
alegato en favor de la libre empresa del siglo XX.
En el campo de las ideas políticas y sociales, dos franceses brillaron con luces
propias durante este período. Raymond Aron (1905-1982), sociólogo y periodista
lúcido y sagaz, de cuya producción, si tuviera que elegir un libro como el más
expresivo del liberalismo a la defensiva y pesimista respecto al futuro de la
libertad, no dudaría en señalar a El observador comprometido (1981). Por otra
parte y también en la tradición de Montesquieu y de A. de Tocqueville, el tratadista
político Bertrand de Jouvenel (1903-1987), se especializó en desentrañar en El
poder (1974), las complejas relaciones entre la libertad y la autoridad.
En Francia, la reconstitución del orden en libertad se debió también a la
perseverante lucha del economista J. Rueff, quien en El orden social (1964)
precisaba que las ilusiones de los falsos derechos sólo podían llevar a la inflación
y al socialismo o a la anarquía social. Se distinguió también por sus críticas al
sistema de patrón de cambio oro y al FMI, pues consideraba que ese organismo
alentaba a la inflación mundial. Para evitar este flagelo propuso específicamente
el restablecimiento del patrón oro que implica una relación entre el dinero en
circulación y las reservas de oro disponibles.
Por su parte a las bases ideológicas de la reconstrucción italiana hay que
buscarlas en Los principios de hacienda pública (1940), la obra fundamental del
político y economista Luigi Einaudi.
El mal llamado milagro alemán fue una tarea de cuya arquitectura doctrinaria
es responsable W. Ropke (1899-1965), autor entre otros libros de la Crisis
social de nuestro tiempo (1942) y Civitas humana (1944). Sobre los principios
liberales humanistas que éste sostuvo; Alfred Muller-Armack, que acuñó la
célebre expresión economía social de mercado, pudo construir los diferentes
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 126
instrumentos de política económica que luego pondría en ejecución con éxito
asombroso L. Erhardt. Este brillante economista relató después su magnífica
experiencia en el célebre libro Bienestar para todos (1951), en donde no obstante
su orientación claramente liberal se ponen de relieve algunas secuelas de la
mentalidad estatizante prevalente en la época.
La Escuela de Chicago, relacionada con prestigiosos propulsores del liberalismo,
pero vulgarmente identificada con Milton Friedman (1912- ) quien se constituyó
por muchos años en su principal portavoz. Si bien este adoptó una posición
fuertemente crítica de las políticas propiciadas por J. M. Keynes aplicadas
durante la pre y post II Guerra Mundial, desde posiciones liberales más ortodoxas
se le objetaron, no obstante, a sus propuestas algunas tonalidades keynesianas.
Su más importante obra de este período es Capitalismo y libertad (1962).
Pero en los últimos años, y desde la conservadora Hoover Institute, propone
una organización del mercado libre, más próximo a la que postulan las líneas
más ortodoxas: Libertad de elegir (1981). Pero de todas maneras estará distante
siempre de la corriente libertaria o anarco-liberal en que se encuentra revistando
su hijo, David, y que orienta Murray Rothbard, que desde tesis inicialmente
austríacas se ha deslizado a propuestas que incluyen la privatización del propio
Estado, incluida la administración de justicia, seguridad interior y defensa
exterior. Estas polémicas ideas y en Individualismo y filosofía de la ciencia social
(1979).
Por su parte, la denominada escuela económica de la oferta encabezada por A.
Laffer, G. Gilder y P. Craig-Roberts, inspiró a las políticas económicas aplicadas
durante la gestión gubernamental de Ronald Reagan.
Como quiera que sea, hoy el liberalismo ha vuelto por sus fueros. La batalla
tanto en el plano de las ideas como en el de las realizaciones, la ha ganado de
un modo concluyente. El estatismo y todas las formas de intervencionismo se
baten en retirada. El liberalismo moderno no solamente está a la ofensiva, sino
que, además está también autotransformándose de una manera muy dinámica.
Cansados de tanta regulación y uniformidad producida por el Estado, los
hombres y mujeres de Occidente comienzan a buscar el realce de su propia
personalidad y a afirmar sus derechos individuales. Ya no se desconfía de los
efectos sociales de la tecnología. Al contrario, ven en las computadoras sus más
firmes aliadas. Estas les permiten una participación más activa en la toma de
decisiones públicas. Los referéndums y plesbiscitos están en auge. Se abomina
de la sociedad de masas. La descentralización y el federalismo despiertan
después de un secular letargo. Se redescubre el rol crucial de la familia. Se
propicia la privatización de la educación, la salud y la previsión social.
Aquí en Latinoamérica se comprueba la consolidación de la democracia como
forma de vida, mientras que en Asia y Africa sólo los países que persisten en las
fracasadas fórmulas socialistas pasan hambre y miseria.
Por su parte en los países de Europa del este y en la U.R.S.S. se observa un
acelerado proceso de democratización y liberalización.
1979, El resurgimiento
Todo este vertiginoso cambio se comenzó a manifestar en el plano electoral con
el impactante triunfo en Inglaterra de M. Thatcher en 1979 y el de R. Reagan
en Estados Unidos en 1980. Tanto aquélla como éste se declararon acérrimos
partidarios de las nuevas ideas liberales que en esos momentos se estaban
elaborando en los think tanks de los EE.UU. y distintos centros universitarios de
Europa.
La doctrina liberal de nuestros días es rica en matices y contenidos. Sus escuelas
son diversas y la heterogeneidad de enfoques esconde por momentos el común
denominador de todos ellos: la defensa irrestricta de la libertad del hombre. En
una rápida y apretada reseña podemos señalar sólo a las más importantes e
influyentes doctrinas escritas.
127 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Antes que nada la corriente del liberalismo moral y ético. Esta surge a partir de la
observación de que, no obstante los éxitos incontestables del liberalismo, éste
no lograba imponerse en amplios círculos sociales, religiosos e intelectuales. Se
creyó advertir, y con razón, que quizás el problema consistía en el escaso interés
que los filósofos y pensadores liberales habían puesto en los fundamentos
morales y éticos del sistema y especialmente en demostrar que era el más justo
de los sistemas conocidos. Después de algunos trabajos pioneros tales como
La ética de la sociedad competitiva, (1935) de F. H. Knight; Los fundamentos de
la moral, (1961) y La economía del mercado ante el pensamiento católico (1954)
de Daniel Villey, es sobre todo la prolífera e inteligente obra de Daniel Villey,
es sobre todo la prolífera e inteligente obra de Michael Novak la que terminó
de mostrar en forma concluyente la inmensa superioridad moral del liberalismo
frente a cualquiera de los sistemas hasta ahora conocidos. A esto lo pone de
relieve fundamentalmente en su libro más notorio: El espíritu del capitalismo
democrático, (1982). Además, en libros posteriores como Será libertadora (1986)
formuló una apabullante demostración de la falsedad de la denominada teología
de la liberación. También la filosofía política liberal recibió un vigoroso impulso
de un pensador que, curiosa y paradojalmente, pretendió al comenzar su más
importante obra, Anarquía, Estado y utopía (1974) darle al estado moderno una
fundamentación socialista. En vez de ello, elaboró una de las más luminosas
utopías del liberalismo político de las últimas décadas. En efecto, Roberto Nozick
probablemente el más profundo filósofo político liberal contemporáneo, quien fue
profesor de la Universidad de Columbia y actualmente enseña en Harvard, tanto
en la mencionada obra como en su última publicada Explicaciones filosóficas
(1981), se revela como el verdadero sepulturero de la sociedad de masas y
profeta de una sociedad en la que los individuos no buscarán ser iguales entre
sí, sino por el contrario, al disponer cada uno de ellos de una franja de libertad
mucho mayor de la que se posee actualmente, realizarse vitalmente en tanto
se distinguen y diferencian de los demás. El marco institucional que permitirá
esto es el del estado mínimo, el cual sólo tendrá la función primaria de asegurar
justicia y seguridad para sus habitantes. A partir de ahí Nozick considera a
toda otra función que asuma el Estado como fundamentalmente ilegítima. De
más está decir que, la consecución de las metas drásticas de las relaciones
establecidas entre el Estado y los individuos para asegurar así un lugar donde
las personas están en libertad de unirse voluntariamente para seguir e intentar su
propia versión de la vida buena en la comunidad ideal.
A diferencia de Nozick, filósofo solitario y de inspiración lockeana, James
Buchanan de raíz hobbesiana, es el principal portavoz de una escuela, la de
Virginia o de la elección pública (Public choice) cuyos integrantes Gordon
Tullock, Los motivos del voto (1976), N.A. Niskanen, La burocracia (1976) y otros,
no sólo son responsables de las más importantes renovaciones operadas en
el pensamiento liberal, sino que, con sus trabajos han permitido una mejor y
más racional comprensión de los problemas y funcionamiento de las sociedades
modernas. Sus aportes, basados en la aplicación sistemática de los instrumentos
analíticos económicos, no reconocen barrera disciplinaria alguna. Van desde
la ciencia económica (Buchanam mismo es Premio Nobel en esa especialidad)
hasta la ciencia política y el derecho constitucional. Lo fundamental del
pensamiento político de esta corriente está condensado en el libro de Buchanan
Los límites de la libertad -entre la anarquía y el leviatan (1974). En dicha obra,
el autor distingue entre el Estado protector (equivalente al estado mínimo de
Nozick), cuya función sería preservar los derechos declarados en el contrato
constitucional, y el Estado productor, que tendrá la función de elaborar bienes
públicos indispensables para el desarrollo armónico de las sociedades, cuales
son en primer lugar la ley y luego todo otro servicio valorado socialmente y que
no sería ofrecido en ausencia de la institución estatal. Para lograr un sistema
institucional como el que se sugiere, serán imprescindibles entre otras cosas,
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 128
cambios estructurales básicos o una revolución constitucional, de modo que se
permita una redefinición clara y un fortalecimiento de los derechos individuales
y se reduzca el campo de la actividad coactiva determinada estatalmente. Es
necesario, pues, establecer con precisión los límites entre el Estado y la libertad
integral de los individuos. En fin, Buchanan coincide con Nozick en que es
necesario un nuevo contrato social si es que se pretende seguir ampliando la
esfera de la libertad y detener el avance del Estado.
Importante en la escuela objetivista de Ayn Rand (1905-1982), pensadora rusa
radicada en los EE.UU., cuyas ideas agudas y provocativas han influido mucho
en amplios círculos intelectuales de países de cultura predominantemente
sajona. En algunos de ellos, como Dinamarca y Noruega, sus partidos liberales
declaran su cercanía doctrinaria con esta línea de pensamiento. Sin llegar a caer
en posiciones anarquistas, esta doctrina propicia la elaboración de un código
moral que les diferencia a los hombres los valores e intereses correctos de los
que no lo son, para que aquellos le sirvan de suprema guía, pues el fin esencial
en la vida es la preocupación por el propio interés que se equipara con una
digna existencia moral. Pareciera que sus propuestas muchas veces entran en
colisión con criterios y principios aceptados convenientemente por la cultura
tradicional de occidente. De entre las principales obras traducidas al castellano
podemos citar El manantial (1943) y La virtud del egoísmo (1964).
Con Gary Becker, La inversión en capital humano (1964), y especialmente T.
Schultz Invirtiendo en la gente (1981), la escuela del capital humano logra
éxito en refutar la hipótesis de los economistas clásicos de que el progreso
económico está determinado por la dotación de recursos naturales de un país,
o para decirlo en términos inversos, que la limitación o insuficiencia de los
mismos es una barrera para el desarrollo. La tesis central de esta corriente,
radica por el contrario, en que la verdadera clave del crecimiento de un país
está relacionada con la cuantía y calidad de la inversión en la educación y
salud de sus habitantes. Al respecto, considero que hay actualmente en el
mundo moderno suficientes ejemplos de países que actúan como ilustración y
demostración de estas tesis.
En el campo de la historia social y económica el liberalismo se vio rejuvenecido y
fortalecido con la contribución que han hecho los especialistas que se inscriben
en la escuela de los derechos de la propiedad. Constituyen una legión los que
usan este enfoque en las disciplinas sociales, pero es pertinente resaltar aquí
las investigaciones de Douglas North, sobre todo la que surge de su Nacimiento
del mundo occidental (1973). En ella refuta de un modo definitivo y aplastante
las teorías de K. Marx acerca del surgimiento y fortalecimiento del sistema
capitalista. Las influyentes teorías de Douglas North, en síntesis, explican lo
siguiente: el capitalismo nació en los Países Bajos durante el siglo XVII porque
fueron los primeros en dotarse de un marco de instituciones y de derecho de
propiedad que sirvieron para crear suficientes motivaciones en las gentes de
la época, para canalizar sus dineros hacia las actividades que suponían más
útiles. Con posterioridad, sólo las naciones que supieron dotarse de derechos
de propiedad precisos y claros se inscribieron en el camino del progreso. Para
North, a diferencia de Marx, que privilegiaba el modo de producción, es el
derecho, definido como una tecnología de la organización de las relaciones
humanas, económicas y sociales, la clave del éxito de los países.
Las falsas tesis elaboradas por R. Prebisch que paralizaron el progreso de
los países subdesarrollados por dos décadas, fueron refutadas por J. Viner,
G. Haberler y más modernamente por Peter T. Bauer en La crítica de la teoría
del desarrollo. Por su parte, desde la filosofía de la ciencia, Karl Popper,
acertadamente llamado el Kant del siglo XX, tanto en La sociedad abierta y
sus enemigos (1945), como en su producción posterior, que llega hasta hoy,
fue marcando la falsía que hay detrás de todas las ideologías historicistas
y proféticas, especialmente el marxismo. Para terminar, corresponde hacer
129 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
referencia a lo que yo denomino la Vanguardia liberal representada hoy por el
más viejo y lozano de los liberales modernos, Friedrich Von Hayek, nacido en
Austria en 1899, quien vivió el auge, la declinación y el renacer del liberalismo.
En 1944 escribió un libro que lo haría famoso: El camino de servidumbre,
donde advertía que la planificación llevaría irremediablemente al comunismo.
Después, al observar la crisis del socialismo, se dedicó a reformular y renovar al
liberalismo. En Los fundamentos de la libertad (1959) fue más allá de la economía
para buscar una mejor redefinición del orden jurídico y social de la libertad.
Una de sus tesis es que los liberales deben permanentemente ir ampliando el
campo de las libertades. Para ello tienen que ensanchar el horizonte de las
utopías que proponen, a decir verdad, en esto fue consecuente. Premio Nobel
de Economía en 1974, produjo muy recientemente una verdadera revolución en
la teoría económica liberal al desarrollar propuestas que implican la rectificación
de anteriores opiniones. Comenzó declarando la inutilidad de la sacrosanta
teoría cuantitativa de la moneda. Explicó después la irracionalidad que supone
el prejuicio de que el Estado debe mantener el monopolio de la emisión de
moneda.
Sugiere con entusiasmo llevar la libertad y la competencia al campo de la
moneda para que se pueda formar un verdadero mercado de monedas en
concurrencia. Otro aspecto muy original de su concepción es que no solamente
descarta por completo la existencia de un Banco Central, sino que se aleja de su
anterior actitud en favor del patrón oro. Esta impactante propuesta desarrollada
en La desnacionalización de la moneda (1976), quizás no se quede atrás en
audacia respecto a su última utopía: la demarquia como sistema político que
perfecciona y deberá sustituir en el futuro a la democracia.
A esta teoría nos la explica Guy Sorman, el más notable difusor de la revolución
liberal contemporánea, en su anteúltimo libro Los verdaderos pensadores del
siglo XX, (1989). Con todo, y por lejos, Von Hayek ha sido quien más ha hecho
durante el presente siglo, no solamente por fortalecer el edificio intelectual del
liberalismo, sino también por debilitar los cimientos del socialismo.
Y es nuevamente a Guy Sorman a quien debemos acudir para explicar la
verdadera situación de crisis que vive el mundo socialista. A todo esto el
economista francés nos lo explica magistralmente en su más reciente obra Salir
del socialismo (1991).
En síntesis, durante la década de los ochenta, el mundo restableció el liberalismo
y tras el muro de Berlín, derrumbó toda alternativa de instaurar con éxito
cualquier forma socialista de organización social.
II. EL LIBERALISMO HOY.
Reflexiones críticas acerca de las tesis de F. Fukuyama
En julio de 1989, Francis Fukuyama, analista de la RAND Corporation y
funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos de América, publica
en la revista Public Interest un artículo provocativo por su título y contenido:
El fin de la historia. Sorprendentemente, el escrito de sólo dieciséis páginas
generó una de las polémicas intelectuales más interesantes de los últimos años.
Muy pocos de los más notorios intelectuales políticos quedaron al margen de
la misma. Desde la derecha: A. Bloom e I. Kristol, pasando por posiciones
más moderadas al estilo de las de S. Huntington para llegar a la izquierda:
N. Chomsky, R. Debray y L. Paramio; es decir, todo el espectro ideológico
participó de la controversia. En noviembre de 1989, Francis Fukuyama contestó
a sus críticos. Y después de comenzada la crisis del Golfo Pérsico, Fukuyama
volvió a la carga. Pero en lo esencial su posición no varió. Por el contrario,
se vio robustecida por los hechos relacionados con el colapso de los estados
comunistas de Europa del Este y la disgregaciómn de la URSS y el acuerdo Bush-
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 130
Gorbachov. Los mismos episodios del medio oriente le fortalecieron algunas de
sus tesis básicas.
Pero hay en su planteo contenidos que no pueden ser pasados por alto. El
trasfondo filosófico en que se asienta su pensamiento evidencia peligrosos
equívocos. Es nuestro propósito, pues, formular una muy sumaria crítica del
mismo en tanto y en cuanto considero, que más allá de sus aciertos y agudezas,
contiene una concepción que en último análisis contradice fundamentales
principios liberales.
Además adolece de errores de interpretación del pensamiento de notorios
pensadores sociales y denota una sorprendente falta de información sobre
el avance del pensamiento social moderno de signo liberal, mostrando por
añadidura curiosos y significativos silencios sobre autores que mucho han dicho
sobre el tema.
A nuestros fines se impone distinguir en el trabajo de Fukuyama dos partes: por
un lado lo que describe, que es incuestionablemente verdadero; por el otro, la
dimensión profética, que no es verdadera ni falsa, sino más bien incomprobable
y por consecuencia no científica, pero que en cualquier caso puede producir
la grave impresión de que el liberalismo adscribe a antagónicas posiciones
filosóficas de las que se diferencia con nitidez.
Empecemos entonces con lo que hay de verdadero, esto con su descripción de
la realidad ideológica de los años o más bien dicho de los días que corren.
“El liberalismo se quedó sin rivales”
El subtítulo anterior, no obstante señalar una realidad obvia, va entrecomillado
pues no es de mi autoría, sino que pertenece a Regis Debray, el teórico
trotskista francés, que fuera nada menos que el ideólogo de la frustrada aventura
guerrillera del Che Guevara en Bolivia. “¡Qué ironía y qué símbolo!”.
En su trabajo, Fukuyama nos introduce a la realidad ideológica de fines del
siglo XX sólo para llegar a la misma conclusión que el intelectual francés recién
mencionado, o sea que hoy ni el marxismo discute el nuevo panorama de las
ideas políticas del mundo.
Después de largas y traumáticas experiencias, el liberalismo vuelve a estar al
fin del siglo XX en la misma situación en que se encontraba al principio. Pero
con el importante agregado de que ahora, a diferencia de antes, no hay en el
horizonte fantasmas ideológicos que puedan preocupar a la concepción que hoy
prevalece en todo el orbe. Y en el comunismo, incluso en sus principales plazas
fuertes -URSS y China- los vientos de cambio aparecen como irrefrenables. En
síntesis, las ideologías extremas, que durante su vigencia de algunas décadas
convirtieron al presente siglo en el más trágico de toda la historia de la
humanidad, se han agotado intelectualmente y todo indicaría que en el futuro
próximo no van a quedar de las mismas nada más que algunas expresiones
irrelevantes en puntos geográficos periféricos del mundo. Después de años de
lucha, el liberalismo emerge como la idea triunfante y con él las ideas y los
valores que son características de la concepción occidental sobre el hombre, la
sociedad y el Estado.
Hasta aquí coincidimos con la descripción del autor norteamericano de origen
japonés. Pero en adelante mucho me temo que vamos a tener que señalar
errores, omisiones, o insalvables diferencias con Francis Fukuyama.
La falsa opción del idealismo-materialismo
A diferencia de lo que sostiene el autor de El fin de la historia, Max Weber no
fue un autor al que se lo pueda inscribir sin más en la corriente idealista de
pensamiento. Lo que el autor de la Etica protestante y el espíritu del capitalismo
se propuso demostrar a lo largo de gran parte de su obra, es que K. Marx se
131 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
equivocaba al pretender explicar el cambio social a partir de la ponderación de
una sola variable, a saber la propiedad de los medios de producción. Weber
trató de refutar a Marx en tanto éste sostenía una explicación monocausal de los
problemas sociales. Pero al hacerlo no cayó en el otro extremo, como sugiere
Fukuyama, de sostener que sólo las ideas tienen idoneidad para producir
cambios sociales. Este es un aspecto de una polémica, diría, ya concluida, y es
curioso que el autor estadounidense la exhume en términos tan inadecuados.
Por otro lado, afirma Fukuyama que después de Weber no han habido teorías
respetables que pongan énfasis en los factores ideológicos y culturales para
explicar el desarrollo económico. No obstante, revisando el panorama de las
teorías no-marxistas modernas, encontramos en el campo de la sociología el
convincente esfuerzo de Talcott Parsons desarrollado en Economía y sociedad
(1956), en el ámbito de la economía a T. Schultz con El valor de la educación
en la economía (1963) y en el de la historia, los trabajos de D. North, como
algunos de los tantos ejemplos que podemos citar para refutar la afirmación de
Fukuyama.
De más está decir que a ninguno de los autores citados se los podrá incluir
dentro de lo que convencionalmente en filosofía se conoce como idealistas en
sentido estricto. Para encontrarlos hay que atravesar las fronteras del liberalismo
y adentrarse en la línea de pensamiento que, arrancando de Platón, encontró su
culminación en Guillermo Federico Hegel. Del sistema de pensamiento de este
influyente filósofo alemán, y a través de la interpretación que del filósofo alemán,
y a través de la interpretación que del mismo hiciera el filósofo ruso A. Kojeve,
extrajo centralmente Fukuyama el marco filosófico dentro del cual desarrolla la
parte más perniciosa de su planteo, plagada de profetismo social.
Este último consiste esencialmente en la creencia filosófica de que la historia
está regida por leyes y principios cuyo descubrimiento puede permitir adivinar
el futuro, esto es, hacia dónde marcha aquélla. En una palabra, se trata de la
creencia, apoyada en pretenciosos y herméticos sistemas de ideas y términos
a través de los cuales se intenta sin éxito conferir la imagen científica, en que
se puede conocer por anticipado el destino del hombre y de la humanidad. El
destino estaría escrito o adivinado y de nada valen los esfuerzos del hombre
para escapar del mismo.
De todos los filósofos que han sostenido ese tipo de ideas, ninguno más
pernicioso que Hegel, quien fuera el padre intelectual de las ideologías extremas,
responsables de todos los horrores del siglo XX y cuyo agotamiento está a
la vista. La disección de su falsa concepción ha sido realizado por agudos
pensadores liberales, sobre los que no abundaré.
¿Fin de la historia o de las filosofías de la historia?
Pero una de las omisiones más notables del artículo de Fukuyama es la
relacionada con las teorías del filósofo liberal Karl Popper. Como se sabe,
en su libro La sociedad abierta y sus amigos Popper realiza una de las más
demoledoras críticas, no sólo de las ideas de Hegel y Marx, sino de todas
pretensiones de validez que quisieran asumir las ya mencionadas filosofías de
la historia. En el libro citado, el brillante pensador austríaco, se encarga de
demostrar cómo las filosofías de la historia, de izquierda o derecha, devinieron
en trágicas ideologías basadas en imaginarias o mesiánicas misiones históricas
que inevitablemente debían cumplir la raza aria (en el nazismo) o la clase
proletaria (en el comunismo) y que una vez cumplidas el curso de la historia
se detendría, por haber llegado a su plenitud, lo que ocurriría cuando una raza
alcanzare la supremacía total en el mundo o, en el caso del marxismo, cuando
no quedasen vestigios del capitalismo burgués. Como todos saben, el milenio
profetizado por Hitler o la irreversibilidad del advenimiento del comunismo, no
pasaron de ser ensueños que costaron a la humanidad millones de vidas.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 132
Después del derrumbe de ambas concepciones, que no son otra cosa que
herederas de formas de pensamiento irracionales, poco espacio intelectual les
quedará en el futuro a los sucedáneos de las mismas que se intentaren construir.
Estas formas de pensamiento, es necesario reiterarlo, suponen falsamente
que es posible descubrir el significado de la historia, como si ésta fuera una
dimensión que responde a leyes propias, ajenas a los hombres que en verdad la
realizaron.
No estamos en vísperas del fin de la historia. Lo que sí es dable presumir
es que lo que está finalizando en el mundo es la era de las filosofías de la
historia. Es decir, el fin de todos aquellos intentos de ajustar y regimentar los
comportamientos humanos en función de un destino que se considera inevitable,
en base a pensamientos que hunden sus raíces en la magia o cualquier otra
superchería. No es desde luego seguro, pero sí altamente probable que estemos
asistiendo al entierro de todas las especies de profetismos sociales. Todo lo
anterior nos permite presumir que hay razones para inferir que en el futuro se
tenderá a confiar más en la voluntad y la razón humana que en las fuerzas ciegas
de la historia.
Pero es absolutamente aventurado afirmar que por el hecho de que el liberalismo
ganó las batallas ideológicas del siglo que finaliza, la historia ha terminado.
Es incluso una afirmación peligrosa, pues puede producir un debilitamiento
en la responsabilidad de los hombres ante la convicción que la humanidad
estará definitivamente regida por los principales liberales. Enhorabuena si ello
ocurriera. Pero si así fuere, ello se deberá no a un destino inevitable, sino a
la constante y celosa defensa y ampliación de la esfera de las libertades del
hombre. Pero nadie puede percibir y menos profetizar que el rumbo de la historia
ya no se alterará. Si desde el propio marxismo y antes de su derrumbe, un
célebre teórico italiano, A. Gramsci, planteó en última instancia que la posibilidad
de la instauración de una sociedad comunista dependería mucho menos de las
irreprimibles leyes históricas preconizadas por Marx, que de la voluntad y la
razón operando sobre la conciencia de los hombres. ¿Quién nos puede asegurar
entonces que los ensueños colectivistas que tienen sus raíces en las ideas
de Platón, no volverán a resurgir no basadas ya en la filosofía de la historia
propiciada por Marx sino en la voluntarista de Gramsci? ¿Y quién nos puede
asegurar que en el futuro la libertad no se encontrará en peligro, ante nuevos
desafíos que provenientes del campo de la ciencia o de la tecnología? ¿Los
vertiginosos avances de la genética no le podrán plantear a la conciencia libre
del hombre problos casi a un paso de que las fantasías científico-literarias de
A. Huxley puedan convertirse en realidad, si es que el hombre, a través de su
constante y responsable ejercicio de su libertad, no lo impide? O, atento a la
progresión exponencial con que avanza la tecnología de las computadoras, ¿es
arriesgado suponer que lo leído y visto en 2001, Odisea en el espacio, seguirá
siendo sólo una ficción relatada y filmada?
La alegría de defender la libertad
Fukuyama nos anticipa que cuando llegue el fin de la historia, ésta será triste. Ya
no habrá lugar para la imaginación ni el coraje. Tampoco habrá tiempo para el
arte ni la reflexión profunda de los problemas del hombre.
No creo en absoluto que ello vaya a ocurrir. Mas bien, creo que el disfrute a
escala planetaria de los valores occidentales y liberales harán más agradable
la vida. Pero también considero que el ejercicio de las libertades deberá ser
asumido con responsabilidad para poder conservarlas y acrecentarlas. Si eso
no fuere así, muy probablemente la anarquía y el desorden serán sus correlatos
inexorables.
La historia, en fin, no ha llegado a su fin.
Por el contrario, estoy persuadido que está recién comenzando. Lo que sí creo
133 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
ha terminado es el período de las supercherías ideológicas. Esto es, lo que
estaría concluyendo es la era en que la fuerza y la magia sustituyeron a la
razón y al derecho. Desgraciadamente, para poder llegar a este estadio en la
historia de la humanidad, el hombre tuvo que pagar el alto precio de guerras y
genocidios que parecían no tener fin.
Pero no por ello los verdaderos valores de la civilización occidental, la paz,
la libertad, la justicia y la tolerancia estarán a salvo. La razón, la ciencia y
la tecnología si no son puestas al servicio de esos valores pueden llegar a
constituirse en sus serios enemigos. Es pues imprescindible que la esperanza
en un mundo mejor y más libre no decaiga. Pero al mismo tiempo, que no
se confíe en su inevitabilidad. Los hombres deben convencerse que, muy
probablemente, para alcanzar las metas anheladas por toda la humanidad y
para decirlo con palabras de Karl Popper -”en lugar de actuar como profetas,
debemos convertirnos en forjadores de nuestro propio destino”.
III. ACERCA DE LA RELACION ENTRE CONSERVADORISMO Y
LIBERALISMO
Las relaciones entre el conservadorismo y el liberalismo siempre fueron
complejas. Nunca fue fácil encontrar la frontera que delimita ambas esferas
de pensamiento. Una de sus causas es la dificultad que presenta la tarea de
precisar sus respectivos contenidos doctrinarios. Aclarar esta cuestión es lo que
nos proponemos en este trabajo. La otra razón que es fuente de ambigüedades
y confusiones, es la semántica y la significación que tienen ambos términos en
diferentes latitudes. Pero sobre esto no nos detendremos. Sólo nos basta al
respecto recordar -con relación al vocablo conservador- la aclaración formulada
por W. Harbour: “Pretender que el conservadorismo se basa simplemente en la
preservación de un status quo dado, llevaría al absurdo, planteando la perpleja
instituciones comunistas, liberales, conservadoras o fascistas en sus respectivos
países, deberían quedar rotulados de conservadores”. Esto es el conservador no
es sólo el mero defensor del orden establecido. En la literatura política occidental
se le da al término una significación más amplia.
El vocablo conservador adquirió status político cuando fue utilizado en Inglaterra
para designar no tanto a los proverbiales defensores de la monarquía y la iglesia,
o sea los tories, sino más bien a los que se opusieron a la revolución francesa,
por considerar que toda conmoción violenta de las instituciones era perniciosa
para el progreso de los pueblos y las naciones.
Edmund Burke, el célebre político irlandés, quien en 1790 escribiera las
Reflexiones sobre la Revolución de Francia y sobre la actitud de ciertas
sociedades de Londres respecto a ese acontecimiento”, obra más conocida
en la historia de las ideas políticas como Reflexiones sobre la Revolución
Francesa, fue quien por primera vez presentó en forma orgánica los principios
de un conservadorismo definido y consciente. burke tenía en realidad un origen
whig, pero fue adoptado por los tories cuando advirtieron que defendía el
principio de la transformación evolutiva de las sociedades, contrario al cambio
revolucionario.
Burke, quien desconfiaba de las filosofías políticas (se refería a lo que hoy se
denomina ideologías, pero este último vocablo recién fue acuñado por Destut de
Tracy una década después), se consideraba hombre de principios y pensaba que
el gobernante sabio y capaz era sólo aquél que sabía combinar la disposición
para conservar con la habilidad para reformar.
Fue por ello, y esto no debiera resultarnos extraño, que con la misma intensidad
con que se opuso a la revolución de 1789, defendió antes, en 1776, la
independencia de los Estados Unidos.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 134
Diferencias de ayer
En realidad, es muy difícil poder sintetizar las características básicas del
conservadorismo, dada la multiplicidad de tendencias que se han manifestado
en el tiempo y en el espacio, pero creemos que las fundamentales son las
siguientes: a) resistencia al cambio o en su caso, preferencia por el cambio
evolutivo; b) preferencia por la tradición, el orden y las jerarquías; c) desconfianza
en la capacidad del Estado para mejorar la condición y la naturaleza del hombre;
d) protección de la libertad individual, pero a la vez, impulsó a reforzar el
principio de autoridad; e) visión realista de la sociedad y del individuo. El
conservador parte del principio que los hombres no son iguales por naturaleza;
f) acentuada defensa de la función que cumplen la familia, la religión y las
fuerzas armadas.
Siempre habrá una gran dificultad para definir lo que defiende el conservadurismo,
porque como realistas que dicen ser, cambian cuando el mundo cambia y por
ello tienden a cambiar de opinión las instituciones que hay que conservar. Pero
en este aspecto no puede haber equívocos: no pretenden conservar todo lo
pasado, sino solamente lo que ha demostrado ser con el paso del tiempo lo
mejor y lo más útil.
El conservadurismo alude, en fin, a una forma de ser; a una mentalidad que se
guía por muy pocos principios. Por el contrario, el liberalismo es una ideología,
esto es, un conjunto de valores o creencias aceptados por un grupo determinado
como válidos y verdaderos. Le permite al creyente obtener una visión (a la que
supone completa) del hombre, de las instituciones y del mundo. Por eso tienen
siempre pronta una propuesta de solución a cada problema de la sociedad. A
la compleja realidad social, la pueden organizar y simplificar así, a través del
prisma de la ideología. Y es por ello que se puede afirmar que mientras el liberal
es lógico y abstracto, el conservador es concreto y pragmático.
No obstante -como se ha visto- lo matizada que se presenta modernamente
esta doctrina, creemos posible caracterizarla también a través de sus principales
notas distintivas: 1) creencia absoluta en la razón humana (a diferencia de
ellos, los conservadores piensan con Pascal “que el corazón tiene razones que
la razón no conoce”; 2) tendencia a favorecer el cambio; 3) confianza en las
instituciones para mejorar la condición humana; 4) defensa de las libertades del
hombre poniendo particular énfasis en las ligadas a la actividad económica; 5)
acentuada proclividad a limitar la acción del Estado.
Por extraño que pudiera parecer, en la Argentina, a diferencia de otros países
del mundo occidental, el liberalismo y el conservadurismo no han tenido
manifestaciones partidarias propias y contrapuestas. Por ejemplo, en Chile,
durante largo tiempo o en Colombia hasta hoy, los conflictivos procesos políticos
internos tuvieron como protagonistas principales a los partidos conservadores y
liberales. En Uruguay esta distinción guardaba correspondencia con la oposición
blancos vs. colorados. En nuestro país, sólo en la Provincia de Corrientes
creemos encontrar en los liberales y autonomistas esta diferencia política tan
característica en otras latitudes entre la segunda década del siglo XIX y principios
del actual. Se equivocan quienes quieren ver en la lucha entre unitarios y
federales una expresión de esta dicotomía.
Curiosamente fueron muy pocos los partidos provinciales que usaron el término
conservador para denominarse. El primero en hacerlo fue el Partido Conservador
de la Provincia de Buenos Aires, a principios de este siglo. Ello no obstante, la
expresión se utilizó asimismo para designar a aquellas agrupaciones políticas
que, aunque nunca se llamaron de esa forma tuvieron un programa conservador.
Con el término liberal, ocurrió aproximadamente el mismo fenómeno. No
solamente no tuvieron entonces una expresión partidaria diferenciada, sino que
por el contrario tendieron a sufrir un complejo proceso de simbiosis. La visión
conservadora de la política se confundió inexplicablemente con la ideología
135 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
liberal.
Ya en uno de los primeros partidos políticos argentinos con atisbos de
organización moderna, como lo fue el Partido Autonomista Nacional de Roca
y Juárez Celman, podemos advertir una clara tendencia a combinar una
percepción conservadora del Estado y de la sociedad con principios liberales.
De una u otra manera este fenómeno ha sido una constante en la historia política
nacional. La aparición del vocablo centro y su derivación centrismo comenzó a
usarse en nuestro país a raíz seguramente de la injusta erosión que sufrieron en
su prestigio los términos liberal y conservador.
No es ésta desde luego la oportunidad para explicar los motivos de ello, pero
como quiera que sea fueron los términos mencionados los que comenzaron a
utilizarse para designar a esa fuerza de la política argentina. Por el contrario, la
expresión derecha nunca encontró terreno fértil en nuestro país para reconocer
a estas líneas de pensamiento. Su uso quedó reservado sólo para designar
aquellas posiciones que evocan el haz lictor del fascismo y todas las posiciones
autoritarias-corporativistas. No obstante, en los últimos años, el término liberal
readquirió su prestigio de otras épocas y progresivamente fue sustituyendo
en el lenguaje político argentino al otro término que se usó para designar
esta franja del pensamiento. Pese a ello, la mayoría de los partidos, excepto
el caso de Corrientes y San Luis, no usaron todavía el término liberal para
autodenominarse.
Coincidencias de hoy
Además, y por extraña paradoja, en momentos en que en todo el mundo el
pensamiento conservador y liberal comenzaba un proceso de fusión ideológica,
en la Argentina, la diferencia empieza a manifestarse, aunque en un plano más
terminológico y de etiquetas políticas que de reales contenidos doctrinarios.
En el mundo, el proceso de acercamiento de ambas visiones políticas, se
inició cuando quedó clara la prevalencia de las ideas estatistas, período que
como se ha visto, transcurrió entre 1930 a 1980. Durante esta etapa las ideas
conservadoras y liberales a través de una serie de intercambios y concesiones se
acercaron notablemente. Así el conservadurismo, de tradición antidemocrática
acepta hoy sin reparos a ese sistema como el único legítimo. Asimismo, ven en
el Estado, con su inclinación a sobredimensionarse y limitar distintos ámbitos
de la libertad individual, una institución a la que hay que reducir sus poderes y
funciones. Por su parte, el liberalismo ha abandonado su creencia en la igualdad
social entendido como un resultado, para rescatar el concepto conservador de la
igualdad jurídica. Inclusive los liberales modernos, como ya vimos, adhieren a la
visión de una sociedad en que sus miembros buscan realizarse individualmente,
determinando una sociedad de desiguales, que se contrapone a la sociedad
de masas, característica del período de predominio de las ideas socializantes.
A este proceso ha contribuido la actual revolución tecnológica (la informática,
la robótica, etcétera) que está posibilitando formas de organización social,
económica y política, en donde el individuo adquiere un protagonismo en los
diferentes procesos sociales en que participa, que toda aquella problemática
de la enajenación y alienación que algunos sociólogos y reformadores sociales
denominaron como propios de las sociedades industriales, está desapareciendo.
El principal aliado en el avance del pensamiento individualista son las
computadoras.
Como explicó con agudeza A. Toffler, la tecnología de la sociedad industrial
trataba de multiplicar la fuerza física del hombre, la computadora en cambio
potencia sus posibilidades mentales. Por eso el conservador recela menos del
cambio y recobra su confianza en la tecnología. Por su parte, el liberal advierte
que la dimensión que la propia legitimación social de una ideología depende de
que sus principios básicos tengan clara congruencia con los postulados morales
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 136
propiciados por la cultura occidental.
También se observa que al igual que el conservador, el liberal ahora desconfía
de los proyectos de ingeniería social que se proponen cambiar la naturaleza
del hombre y de la sociedad. En fin, ambas visiones coinciden en la
necesidad de conservar y ampliar la esfera de las libertades individuales y en
fortalecer el derecho de propiedad privada. Ambas adhieren a todo intento de
descentralización social y rechazan toda forma de planeamiento estatal. Las
coincidencias de hoy han sobrepasado a las diferencias de ayer. Es como si
se hubiera vuelto a las fuentes, cuando a fines del siglo XVIII Burke y A. Smith
se jactaban de coincidir en todos los aspectos relativos a la organización del
gobierno y de la sociedad.
Como se ha dicho, este proceso en la Argentina tiene características más
terminológicas que ideológicas. Sin dejar de tener en cuenta algunos matices,
se puede afirmar que los partidos argentinos de esta filiación poseen una base
electoral nutrida por individuos que indistintamente pueden identificarse como
conservadores o liberales. Muy excepcionalmente estos matices pueden generar
situaciones de tensión ideológica interna. La actitud ante problemas como la
relación iglesia y estado, o fuerzas armadas y sociedad. O más puntualmente
el aborto, divorcio, eutanasia, son temas en que se podrá observar con más
nitidez la mentalidad conservadora o liberal. Pero la tendencia mundial es a una
creciente indiferenciación de contenidos doctrinarios.
La cuestión del centro
En realidad, el término centro tiene una rica historia en el lenguaje político
occidental. Las raíces las podemos buscar con precisión en Francia en tiempos
de la Revolución. En la Asamblea Constituyente se sentaban a la derecha de
la presidencia los defensores de las instituciones tradicionales, a la izquierda
los partidarios de la reforma y de la igualdad, y en centro -como se encargó de
recordárnoslo Manuel Fraga Iribarne “una serie de grupos partidarios de hacer
algo, pero con prudencia”. Como se observa, a fines del siglo XVIII en Francia, el
centro se diferenciaba de conservadores y liberales, que estaban a su derecha
e izquierda, respectivamente. Hoy en nuestro país sirve para englobar ambas
tendencias. De cualquier manera, es muy controvertida la función política que
cumple y la ideología que caracteriza la tendencia centrista.
El sociólogo Maurice Duverger, por ejemplo, sostiene que centro es el lugar
geométrico donde se reúnen los moderados de tendencias opuestas, moderados
de derecha y moderados de izquierda. “Todo centro está dividido contra sí mismo
al permanecer separado en dos mitades: centro izquierda y centro derecha. Ya
que el centro no es otra cosa que la agrupación artificial de la fracción derecha
de la izquierda con la fracción izquierda de la derecha. El destino del centro es
ser separado, sacudido, aniquilado: separado, cuando una de sus mitades vota
por la derecha y la otra por la izquierda; sacudido, cuando vota en bloque, bien
por la derecha, bien por la izquierda; aniquilado, cuando se abstiene. El sueño
del centro es realizar la síntesis de aspiraciones contradictorias, pero la síntesis
no es más que un poder del espíritu”. Fraga Iribarne, por el contrario, sostiene
en su obra Teoría del centro político que el centrismo tiene entidad doctrinaria
propia que no es conservadora ni revolucionaria, sino reformista.
Podríamos, desde luego, continuar extensamente citando autores sostenedores
de distintas opiniones respecto a esta cuestión, pero lo que verdaderamente nos
interesa aquí, más allá de las disputas o querellas académicas o doctrinarias,
es poner de relieve que en nuestro país, el centrismo es una denominación
más con la que se conoce a esa fragmentada corriente política que hoy, como
ideología más que como partido, gravita en la política nacional en una medida
casi desconocida en las últimas décadas.
Se ha dicho antes que la expresión liberal ha sido incorporada nuevamente
al lenguaje político argentino, sin las connotaciones negativas que tenía hasta
137 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
hace una década. No obstante, el vocablo centro y sus derivaciones siguen
utilizándose para denominar los partidos de esa filiación. Recuérdese que en
las últimas elecciones presidenciales la conjunción de las fuerzas liberales-
conservadoras del país fueron a elecciones bajo la denominación de Alianza de
Centro la Unión de Centro Democrático.
IV. EL LIBERALISMO ANTE LA SOCIALDEMOCRACIA
Como se ha dicho con razón, el liberalismo es hoy la ideología predominante en
el mundo. El fascismo murió hace tiempo y el comunismo está atravesando una
crisis terminal.
La ideología de la libertad se ha quedado pues, sin enemigos. Pero le
quedan adversarios. Algunos con gravitación focalizada en regiones periféricas
del mundo, según la descripción de Fukuyama. Otros con influencia en
naciones rectoras. De entre ellos, el principal es sin lugar a la menor
duda, la socialdemocracia, también conocida en el mundo como socialismo
democrático.
Por razones de espacio nos resulta difícil hacer, aunque más no sea en forma
sintética, la genealogía intelectual de esta concepción. Su aceptación de la
democracia parlamentaria, sus diferencias tácticas y estratégicas con una
posición que hasta su muerte encabezó el mismísimo Karl Marx. Sus luchas,
en fin, con el marxismo ortodoxo. Pero precisamente eso ha permitido que,
a diferencia de antes, la confrontación entre liberalismo y la socialdemocracia
se desenvuelve en un espacio institucional: el democrático y que el pluralismo
y la tolerancia sean los valores que, a modo de reglas de juego, regulan
pacíficamente el conflicto entre los actores políticos en pugna. Sería ocioso
aclarar que este sector del socialismo adoptó tan esenciales valores del
liberalismo político. Son importantes entonces los comunes denominadores de
ambas concepciones. Pero eso no excluye fundamentales diferencias, y muy
probablemente sean éstas las que signen la controversia ideológica de la década
de los noventa.
El partido guía
Los contenidos doctrinarios, la estrategia global, las técnicas de acción y
movilización política de la socialdemocracia en el mundo son generalmente las
que propone el partido socialdemócrata alemán.
Esto ocurre así desde 1875, año en que virtualmente se funda esa agrupación
política. En esa oportunidad fue dado a conocer el famoso programa de Ghota.
Famoso entre otros motivos porque fue criticado por Karl Marx en uno de sus
últimos trabajos.
Desde entonces y hasta hoy la agrupación alemana es la encargada de adelantar
a sus congéneres del mundo el rumbo ideológico a seguir. Así, después de ser
disuelta en 1933 por el nazismo, y refundada después de la segunda guerra
mundial, fue la primera agrupación socialista gravitante, que comenzó a podar
de su plataforma consignas, técnicas, metas y objetivos característicos hasta
esa época de la izquierda neomarxista. Fue, como antes dijimos la primera en
aceptar el pluralismo democrático y después, aunque más en la letra que en el
espíritu la economía de mercado, aunque esto último con múltiples limitaciones
y reservas. Esto se refleja con nitidez en el programa elaborado y aprobado
por el Congreso de Berlín en diciembre de 1989. Fue el programa que sostuvo
en las elecciones recientes en las que sufrió una aplastante derrota a manos
demócrata cristianas y liberales.
Un análisis somero de ese programa nos muestra que no obstante haber
incorporado principios, valores y formas de organización política y económica
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 138
propiciadas desde hace décadas por los partidos liberales, el alcance y sentido
que tienen esas propuestas y la función que se les asigna difieren esencialmente
de la que tienen en la concepción liberal.
La libertad individual postergada y la propiedad privada ausente
El programa se propone en su primer punto sintetizar lo que quieren los
socialdemócratas alemanes. Dentro de ese capítulo la libertad del hombre
pareciera que no es valor prioritario para los socialistas alemanes. Taxativamente
se pone de relieve la importancia de la paz, la justicia, la igualdad, la solidaridad
y la democracia. Pero la libertad recién la podemos encontrar si nos internamos
en las salas interiores del programa socialista alemán. Curiosamente y en un
lugar destacado de ese primer capítulo se propicia conservar lo que merece ser
conservado.
La definición pareciera haber sido extraída del libro de Edmund Burke Reflexiones
sobre la Revolución Francesa en el que se establecen los fundamentos del
liberalismo conservador moderno y del que además, en estos días se cumplen
dos siglos de su publicación. Pero cualquier semejanza es pura ilusión. Pues el
autor irlandés presenta entre otros valores como dignos de conservar la libertad
y la propiedad privada. Y es precisamente esta última institución de la cual no
se habla ni se la menciona en toda la extensión de las veintisiete páginas del
programa ya mencionado.
¿Qué es entonces lo que quieren conservar los socialistas alemanes? ¿Será
quizás el Estado benefactor cuya descomposición se está operando en todo
el mundo? La respuesta a este interrogante queda librada a la perspicacia del
lector, pues el programa nada explica al respecto, y aunque después reitera la
expresión no aclara que es lo que desea preservar.
Distintas igualdades
Las plataformas liberales como socialdemócratas hablan de igualdad. Pero a
esta altura ya se sabe que hablan de cosas diferentes. La igualdad para los
liberales es igualdad jurídica de oportunidades, pero de ninguna manera se
propicia una igualdad de resultados. Es decir, una sociedad de iguales como
soñaba Rousseau y Marx. Y es más bien este concepto de igualdad que late
a lo largo de todo el programa de Berlin. Hace tiempo que los conservadores
y liberales modernos coinciden con la frase del ya citado E. Burke “Todos los
hombres tienen iguales derechos, pero no a cosas iguales”.
¿Arqueología o ideología política?
El programa aprobado en diciembre de 1989 se presenta solemnemente como
una propuesta para el siglo XXI. En realidad, dudo que pueda aguantar la
década que resta para llegar a él. Y esto es así por los esfuerzos que realiza por
mantener vigentes objetivos sociales que en otras latitudes y en Alemania misma
se están dejando presurosamente de lado.
Veamos algunos ejemplos: “La socialización ha de ser al mismo tiempo un
instrumento de la democracia y de la política económica”. “Tanta planificación
como sea necesaria...” “Las empresas públicas al no estar guiadas por el
afán de lucro frecuentemente pueden satisfacer al máximo (sic) una necesidad
reconocida como tal por la sociedad...” El mercado por sí sólo no puede lograr el
pleno empleo ni la justicia distributiva (lo que hay que aclarar aquí es que ningún
programa genuinamente liberal se propone tales objetivos pues sus efectos
sobre la economía y la sociedad serían contrarios a los buscados). Cincuenta
años de experiencia en el mundo lo demuestran.
La lectura del programa le sigue deparando al lector la sorpresa de encontrar
139 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
contenidos más arqueológicos que ideológicos. A saber: “La propiedad obliga
(no se aclara si la privada o la estatal) su uso debe contribuir al mismo tiempo al
bien general”. Más adelante sin embargo el programa nos habla de la propiedad
comunitaria la que aparentemente deberá ser creada cuando no se garantice
por otros medios que las relaciones del poder económico forme un sistema
socialmente responsable.
En fin hay mucho en el programa analizado que las sociedades modernas a su
turno han experimentado y que su estruendoso fracaso las ha llevado a buscar
en los modelos liberales formas de organización social que concilie de un modo
exitoso la democracia con el programa económico y la calidad de vida. Pese a
ello, los socialistas alemanes persisten en la defensa de postulados perimidos.
Libertad versus igualdad
Después de realizar descubrimientos asombrosos como por ejemplo que el
progreso económico tiene poco que ver con la productividad y el nivel de vida
más alto, sino con la solidaridad y la coparticipación, el programa plantea (y
nos parece bien) lo que es ya una constante en las plataformas de los partidos
políticos europeos, esto es la problemática ecológica. Y después, los tópicos
comunes; trabajo y tiempo libre, coparticipación de los trabajadores en los
beneficios, etcétera, etcétera
En síntesis, nada de lo que proponen los socialdemócratas de novedoso es
válido, y nada de lo que presentan como válido es original.
Todo esto revela que las izquierdas democráticas están atravesando una
profunda crisis intelectual. Pareciera por momentos que no tienen ideas aptas
para un mundo que cambia vertiginosamente.
Finalmente, creo que el liberalismo puede encarar con tranquilidad la década
que se inicia, porque su principal rival pareciera que no ha comprendido que es
lo que está ocurriendo en el mundo.
Sin embargo, el liberalismo deberá mantenerse alerta y atento, porque tenemos
la impresión que el ensueño y la ilusión de una sociedad igualitaria no ha muerto
y que la tensión entre libertad e igualdad está siempre en el fondo de ambas
visiones en conflicto. Aunque los pensadores liberales hace tiempo que han
resuelto ese dilema. La síntesis moderna la formuló M. Friedman una sociedad
que antepone la igualdad a la libertad termina sin igualdad y sin libertad.
V. DOCTRINA DE LA IGLESIA Y EL LIBERALISMO
La iglesia católica, a través de su credo, sus evangelios y su doctrina social
no aconsejó nunca en forma explícita y permanente ningún sistema terreno de
pensamiento social, político y económico. Ello no obstante, creo que se puede
demostrar en forma concluyente que el liberalismo democrático es, de todas las
ideologías conocidas, la que más se concilia con sus postulados básicos. No
sólo ello, sino que es la que más ha contribuido y está contribuyendo y está
contribuyendo a resolver los grandes problemas de la humanidad.
Por supuesto que dista de ser perfecta. Pero a través de las centurias ha
demostrado una inmensa capacidad de autocorrección que le permite hoy
sobresalir, en los países donde se la aplica, como la única ideología que ha
podido conciliar la democracia con el progreso material. Por esta razón es que
no titubeamos en considerarla como la más justa de las ideologías hasta ahora
conocidas.
Si analizamos la doctrina social de la iglesia desarrollada a través de las distintas
encíclicas desde la Rerum Novarum hasta Laborem exercens se podrá observar
que en ningún caso formula una condena sistemática e integral de la mencionada
ideología liberal. En el peor de los casos ha rechazado sus eventuales excesos.
Durante algunos períodos, sobre todo el de Paulo VI, manifestó respecto al
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 140
capitalismo liberal una acentuada desconfianza. Pero en ningún caso los sumos
pontífices llegaron a execrarla, como lo hicieron respecto al socialismo y a los
totalitarismos de extrema derecha e izquierda.
Para una mejor ilustración y demostración de lo afirmado sólo cabe dejar
hablar a los sumos pontífices a través de distintos documentos pontificios.
Comenzaremos recordando lo dicho por Leon XIII en su ya inolvidable Rerum
novarum (de la que precisamente este año se celebra el propio siglo de su
publicación) que condenaba al socialismo por ser esta doctrina “inepta porque
es perjudicial al mismo obrero, injusta y subversiva... pues aquel dictamen de los
socialistas, a saber que toda propiedad ha de ser común, debe absolutamente
rechazarse, porque daña a los mismos a quien se trata de socorrer, pugna con
los derechos naturales de los individuos y perturba los deberes del Estado y
la tranquilidad común”. Aquí León XIII sólo se limitó a continuar la obra de Pío
IX quien a través de la encíclica Syllabus calificara al socialismo de pestilencia
doctrinal. Pero es recién en la quod apostolici muneris, donde Leon XIII
analiza y anatemiza al socialismo integralmente considerado, tanto en sus
aspectos políticos sociales como filosóficos. Respecto de esa doctrina dice:
“Porque si bien los socialistas abusando del mismo evangelio, a fin de engañar
más fácilmente a los incautos, tienen la costumbre de desnaturalizarlo para
conformarlo a sus doctrinas, sin embargo existe una diferencia tan grande
entre su perversa dogmática y la purísima doctrina de Jesucristo, que no la
hay ni la puede haber mayor (el destacado es nuestro). Luego de poner
a descubierto algunas falacias filosóficas del socialismo dice con relación al
derecho de propiedad “por ser un derecho nacido de la misma naturaleza debe
ser mantenido intacto e inviolado en manos de quien lo posee”. Finaliza Leon XIII
la encíclica exhortando a “los hijos de la iglesia a que no se inscriban en esta
secta tan detestable ni la favorezcan en modo alguno”.
Posteriormente, en 1914, Pío X en il Grave Dolore, al oponerse a algunos
principios del socialismo, señala “que el justo y loable intento de mejorar la
suerte del obrero y del ciudadano debe ir siempre unido al amor a la justicia y
al uso de los medios legítimos para mantener entre las varias clases sociales la
armonía y la paz”.
Tiempo después Benedicto XV da a luz su primer encíclica Ad Beattissimi en
la que luego de aclarar “no nos parece necesario repetir los argumentos que
prueban hasta la evidencia lo absurdo del socialismo y otros semejantes errores”
hace un llamamiento a la paz social, por las perniciosas consecuencias que
trae aparejado la lucha de clases: “todos estamos viendo y deplorando las
frecuentes huelgas, en las cuales suele quedar repentinamente paralizado el
curso de la vida pública y social hasta en los oficios de más imprescindible
necesidad; igualmente esas amenazadoras revueltas y tumultos en los que con
frecuencia se llega al empleo de las armas y al derramamiento de sangre”. En
Divini Redemtoris, Pío XI profundiza el examen condenatorio del comunismo
que ya iniciara Pío IX en la encíclica Qui Pluribus, en la que se acusa a esa
doctrina e ser totalmente contraria al derecho natural. Pío XI por su parte, luego
de anatemizar todas las corrientes comunistas afirmando que son doctrinas “que
niegan todos los derechos, la dignidad y la libertad del hombre”, advierte que el
comunismo “no ha podido ni podrá lograr sus objetivos ni siquiera en el campo
puramente económico”. En Mit brenneder sorge, Pío XI se define con no menor
claridad y contundencia, pero en este caso condenando los extremismos de
derecha. En dicho documento pontificio, dado a conocer dos años antes de la
segunda guerra mundial, se advierte acerca de las funestas implicancias de las
ideologías racistas, a la par que se las condena en su totalidad. Continuidad del
pensamiento anterior, pero expresado una vez finalizada la contienda mundial,
es el sostenido por Pío XII en la Iglesia católica y el nacional socialismo, en el
que hace un balance atroz del III Reich.
Por su parte, Juan XXIII en su Mater et Magistra, expresaba con no menor
141 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
claridad que sus predecesores: “la historia y la experiencia atestiguan que, en
los regímenes políticos que no reconocen el derecho de la propiedad privada
de los bienes incluso productivos, son oprimidas y sofocadas las expresiones
fundamentales de la libertad, por eso es legítimo deducir que esto se encuentra
en garantía y estímulo en aquel derecho”.
Durante la etapa de Paulo VI, si bien se advierte un tono crítico al capitalismo
liberal desconocido hasta entonces, en ningún caso se llega a negar el
derecho natural a la propiedad privada como fundamento de un orden social
y económico justo. Las amonestaciones de Paulo VI al liberalismo en realidad
fueron tergiversadas e incluso falseadas por católicos que en ese entonces
planteaban un acercamiento doctrinario con el marxismo. A ellos y también
a quienes hoy, desde partidos con denominaciones que sugieren equívocas
relaciones con la Iglesia católica, les comprende la condena de Pío XII quien,
en el radio-mensaje de 1951 La decimaterza, advierte “a los hombres políticos
y a veces incluso hombres de iglesia que intentasen hacer de la esposa de
Cristo su aliada o instrumento de sus combinaciones políticas nacionales o
internacionales, lesionarían la esencia misma de la iglesia, dañarían a la propia
vida de este; en una palabra, la rebajarían al mismo plano en que se debaten los
conflictos de intereses temporales, esto es y continúa siendo verdad aunque se
haga por razones e intereses en sí mismos legítimos”.
Actualmente el Papa Juan Pablo II al cuestionar públicamente las desviaciones
de la llamada Teología de la liberación, y al reafirmar los derechos de propiedad
de los medios de producción como surge de su encíclica Laborem Exencerns
no ha hecho más que continuar con una ya milenaria posición de la Iglesia, que
tiene respecto a este tema por sólidos puntos de partida el séptimo y décimo
mandamiento inscriptos en la Ley de Dios: No robar y no codiciar los bienes
ajenos.
Pero como si esto no bastara, en la reciente encíclica Centesimus annus, no sólo
se reafirma el “fracaso de la solución marxista”, sino que trascendentalmente
le concede a la economía libre o economía de mercado, en tanto y en cuanto
esté encuadrada en un marco jurídico que la ponga al servicio de la libertad, un
camino adecuado de solución a los problemas de las sociedades modernas.
VI. EL LIBERALISMO Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
No a terminado de nacer y ya tiene acerbos críticos. Incluso estos últimos, como
sus propios defensores, le impusieron una denominación incorrecta: el nuevo
orden mundial. Como si el que está emergiendo sustituyera a otro que sería el
viejo orden. En realidad, nunca hubo tal cosa
Un conflicto terminado
Lo que sí existió a escala planetaria fue un conflicto, que comenzó a gestarse al
concluir la primera guerra mundial y a declinar al iniciarse la década de los 80.
Fue una batalla entre concepciones del mundo contrapuestas. Entre ideologías
irreconciliables.
Una colosal lucha de la que resultaron vencedores quienes piensan que
nada puede estar por sobre el hombre, su libertad indivisible y sus derechos
inalienables.
En el bando de los vencidos, estuvieron quienes creyeron en el mito de la
misión histórica de una clase social, según la trágica utopía de Marx; o en la
superioridad de una raza, propuesta por el patológico pensamiento de Hitler; o
la prevalencia absoluta del Estado como lo postulaba la personalidad violenta y
totalitaria de Mussolini; o de una religión para encubrir actos de violencia como
lo pretendió finalmente Saddam Hussein.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 142
Fueron derrotados, en fin, los que quisieron sustituir la libertad por la opresión,
la democracia por la dictadura, el derecho por la fuerza y la justicia por
la arbitrariedad. Como se sabe, ese conflicto ha terminado. Ha finalizado lo
que muy probablemente sea el más dramático período en la historia de la
humanidad. La guerra del Golfo fue en cierto modo un episodio bisagra en la
historia contemporánea. Con él se cierra una etapa y comienzan a darse las
condiciones para el establecimiento de un orden internacional que no conoce de
precedentes.
Los comunes denominadores que algunos señalan que tiene con el período que
va desde las guerras napoleónicas hasta la primera contienda mundial, son tan
débiles, que no bastan para tornar convincente la comparación. Menos aun,
la evocación de la pax romana como sugieren absurdamente algunos de los
apresurados críticos del nuevo escenario internacional.
Nostalgia por un orden que nunca existió
El lúgubre ciclo que termina, se caracterizó por las dos horrorosas guerras
mundiales y sus terribles secuelas en vidas humanas y bienes materiales.
Además, las permanentes contiendas regionales, que fueron en muchos
casos epifenómenos de la pugna entre las dos superpotencias. Pero lo que
verdaderamente signó esta época fue la probabilidad cierta de una conflagración
nuclear, que destruiría toda manifestación de vida.
Durante las últimas décadas fue patente el avance de los países alineados en
los denominados 2
do.
y 3
er.
mundo. Tanto en uno como en otro, oligarquías
sostenedoras de equivocadas ideologías, practicaron irracionales experiencias
de ingeniería social que sólo produjeron miseria, subdesarrollo y opresión.
Las ideas socialistas y estatistas y los mesianismos religiosos parecieron por
momentos que prevalecerían en el mundo. El desplome de los regímenes
comunistas de Europa oriental sepultó los ensueños igualitarios.
Aunque parezca curioso y sorprendente, muchos de los críticos del orden que
comienza a establecerse en el mundo evidencian una fuerte nostalgia por la
etapa superada. Es que, en último análisis, siguen pensando con K. Marx que los
conflictos y las grandes revoluciones son las verdaderas parteras de la historia.
Otros, simplemente, manifiestan su resentimiento por el triunfo del modelo
liberal de organización social. Tanto estos como aquéllos, en sus ataques al
ordenamiento en libertad que se está gestando, pareciera como que prefieren
los sombríos años pasados a la paz que podría alcanzarse.
Los requisitos de un orden en libertad.
Un orden social -tanto nacional como internacional- para que sea genuino debe
cimentarse en una escala de valores compartidos por la mayoría. En este sentido
tengo la certeza de que sus beneficios de la democracia pluralista y la economía
de mercado son reclamados por los pueblos de la mayor parte de los países del
orbe. Como un corolario de lo anterior se difunde rápidamente el concepto de un
estado mínimo que cumpla con eficiencia las indispensables funciones sociales
de seguridad y defensa. Si proyectamos al plano internacional los principios y
valores inherentes a esa concepción, surgirá con claridad la necesidad de contar
con instituciones que mantengan la paz y la seguridad en el mundo.
Desde su creación la ONU fue un adorno que todos cuestionaban por su
inutilidad. Hoy puede ser la base institucional sobre la cual se pueda constituir
un principio de autoridad que sirva no sólo para impedir la reinstauración de
regímenes políticos que pongan en peligro la paz, sino que además podrá
evitar cualquier exceso de concentración de poder. La conformación de diversos
bloques en Europa y Asia equilibrarán una eventual hegemonía perniciosa
por parte de EE.UU.. Un presupuesto de la libertad es que el poder -político,
143 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
económico o tecnológico- esté adecuadamente distribuido.
Se deberá propender a la eliminación de todos los artificios aduaneros o
arancelarios que dificultan y traban el comercio. El proteccionismo fue en todos
los tiempos una barrera para el progreso de los pueblos y causa de la guerra
entre las naciones. Asimismo será conveniente desmantelar todas las estructuras
económicas intervencionistas surgidas después de la 2ª guerra mundial,
inspiradas en las ideas estatistas de Lord Keynes. Me refiero especialmente
al FMI que al decir del célebre economista liberal francés J. Rueff fue la
institución monetaria que más contribuyó para institucionalizar la inflación en el
mundo. Siguiendo los consejos del mencionado economista como el de los más
caracterizados exponentes de la moderna escuela liberal austríaca, se debiera
restablecer el mecanismo del patrón oro si realmente se desea la estabilidad
monetaria y de los tipos de cambio en el mundo.
En fin, mucho más es lo que se podría sugerir desde la óptica liberal pues
el orden mundial es una de las metas más trascendentes del liberalismo de
ayer, hoy y de siempre. Por eso quizás sea oportuno sintetizar nuestra idea
con palabras de L. Von Mises “La doctrina liberal, invariablemente ecuménica,
lo contempla todo bajo el prisma universal. Es internacionalista; su campo de
acción abarca la humanidad toda. Por eso el liberalismo es humanista; y el liberal,
cosmopolita ciudadano del mundo. Por eso fue esta doctrina quien enseñó a los
pueblos las ventajas de la paz interna, esa paz que el liberalismo quisiera lograr
establecer en el ámbito internacional”.
VII. CAUSAS DE LA INEXISTENCIA DE UNA OPCION LIBERAL EN
LA POLITICA ARGENTINA
En nuestro país, a diferencia de la mayoría de las naciones avanzadas de
Occidente, el resurgir de las ideas liberales encontró sus dificultades. De entre
ellas y fundamentalmente, la falta de un gran partido liberal con suficiente
potencialidad para canalizar esas nuevas y vigorosas ideas. Los efectos de
esta ausencia se vienen advirtiendo en la Argentina de las últimas décadas.
Creemos que en alguna medida, la crisis de la Argentina moderna tiene por
causas no solamente al estatismo -que el actual gobierno trata de revertir- y
al centralismo; sino también a este fenómeno. Esta carencia a su vez podría
explicar el fortalecimiento de las corrientes privatistas en los dos partidos
mayoritarios que hasta hace poco mantenían una neta tendencia estatista.
Prácticamente desde la sanción de la ley de Sáenz Peña (1912) las vertientes
conservadores y liberales del país están tratando de protagonizar el proceso
político nacional a través de una fuerza orgánica que las represente. No obstante,
las tentativas por constituir exitosamente una opción permanente e influyente
ante fuerzas adversarias, se han visto siempre condenadas al fracaso.
Ensayistas, historiadores y sociólogos, en forma fragmentaria algunas veces, de
un modo sistemático en otras, han intentado explorar ese fenómeno.
No obstante la pluralidad de hipótesis que existe sobre el tema, ninguna de ellas
ha conseguido explicar satisfactoriamente las causas del problema.
Al conjunto de esas argumentaciones, lo podemos reunir esquemáticamente
en tres intentos de explicación: el primero sostiene que el aumento brusco del
padrón electoral, por imperio de la ley Sáenz Peña, desbordó a los partidos
liberales acostumbrados a movilizar cantidades pequeñas de votantes. A partir de
1916, estos partidos habrían padecido una suerte de inhibición estructural para
constituir organizaciones capaces de canalizar nuevas capas de población.
El error de este argumento se basa en el desconocimiento de la forma en que
verdaderamente evolucionó el padrón electoral argentino. Por limitaciones de
espacio no podemos mostrar cuadros estadísticos, pero baste decir que en la
provincia de Buenos Aires el padrón de 1901 aumentó con respecto al de 1890
en un 120%, y que a su vez aquél representó un 65% respecto del padrón de
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 144
1912, ampliado ya por la ley del sufragio universal, secreto y obligatorio.
En rigor, en nuestro país, como en algunos países de Europa, la extensión del
voto y la ampliación del padrón pasó por un proceso gradual y oscilante, y en
tanto en esas naciones del viejo continente no se produjo un hecho como el
que se menciona, nada autoriza a pensar que en nuestro país ha sido el origen
del problema. Recordamos, de paso, que muchos de los partidos liberales
provinciales triunfaron democráticamente en numerosas elecciones provinciales
después de la reforma electoral de 1912. Por consiguiente, no es ésta la razón
que explica la ausencia a nivel nacional de un fuerte partido liberal.
Una segunda argumentación explica esta carencia, debido al desinterés de la
alta burguesía argentina (agropecuaria, comercial, etcétera) en formarlo, por
considerar que hasta el momento no han surgido amenazas ciertas sobre sus
privilegios económicos, que justifiquen su creación.
De más está decir que la evidente raíz marxista de esta pretensión explicativa,
permitiría distintos niveles de refutación. Pero a los efectos de nuestros análisis
nos basta con señalar lo siguiente: 1) el argumento se basa en el supuesto
de que las clases sociales (en este caso de burguesía) son actores colectivos
con voluntad y conciencia propia. Al respecto cabe decir: a) que ni Marx ni
los marxistas se pusieron de acuerdo nunca acerca de lo que era una clase
social; b) que la sociología moderna no ha podido hasta el momento verificar la
existencia de una conciencia de clase, por lo que mal se le puede adjudicar a una
clase que el marxismo no puede definir y cuya conciencia la investigación social
no ha podido probar, ser responsable de tan complejos razonamientos políticos.
2) Que en el hipotético caso de que fuera realmente así, sería sorprendente que
las altas no hayan advertido en las últimas décadas, no solamente avance de
la fuerza socializante, sino también -sobre todo en la década del 70- el peligro
mismo de disolución de nuestra sociedad por obra de fuerzas extremistas de
distinto signo.
Otra argumentación muy utilizada, aunque superficial, es la que las Fuerzas
Armadas desplazan periódicamente del poder a los partidos populistas, para
producir una suerte de restauración liberal de facto. Quienes así piensan olvidan
que excepto en 1930 -cuando luego de fracasar las intentonas corporativistas de
Uriburu, se convocó a elecciones dentro de un marco eleccionario con fuertes
limitaciones, triunfando en ese caso las fuerzas de la llamada Concordancia-
los demás procesos de facto tuvieron una dinámica y un desenlace harto
diferentes. A propósito de la fuerza gobernante durante la década del 30, no
la consideramos naturalmente una opción liberal, pues durante ese período de
abstención del Partido Radical o las limitaciones que se le impusieron, impidió
que el electorado pudiera elegir u optar entre las dos fuerzas hasta entonces
gravitantes: radicales y demócratas - conservadores.
La revolución de 1943, no solamente depuso a un gobierno liberal-conservador,
sino que la revuelta se produjo el mismo día en que era proclamado candidato
a presidente para las próximas e inmediatas elecciones el Dr. Robustiano Patrón
Costa, verdadero símbolo del conservadurismo del interior.
Los revolucionarios crearon en esa circunstancia las condiciones adecuadas
para la instauración del régimen peronista. Los restantes procesos militares,
que culminaron en las elecciones de 1958, 1963 y 1973 en ningún caso, como
es sabido, pretendieron ni directa ni indirectamente beneficiar a las corrientes
liberales.
En el de 1976, hay que distinguir dos niveles: el de las municipalidades donde
hubo un neto predominio de dirigentes radical-peronistas y el de algunas
provincias y ministerios nacionales donde hubo una influencia de figuras de
filiación conservadora. Pero lo incontestable es que la junta militar que entregó
el gobierno a Alfonsín en ningún momento intentó arreglar el proceso electoral
para favorecer a partidos centristas o liberales.
145 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
La autonomía de los partidos provinciales: un modelo equivocado
Hay una razón fundamental que explica la falta de una opción liberal en la
política argentina: es simplemente la celosa preservación de la autonomía de
cada agrupación provincial que sus dirigentes procuran defender. Es solamente
esa la causa que ha determinado hasta el presente, la imposibilidad de integrar
una robusta fuerza moderada con proyección nacional.
Para entender el fenómeno hay que remontarse a los orígenes de los partidos
provinciales actuales y llegar así a la liga del interior que organizara Juárez
Celman para darle al General Roca el soporte político necesario para llegar a la
presidencia.
Dicha liga fue la base del Partido Autonomista Nacional, que no era nada más,
pero nada menos, que un entramado de alianzas provinciales y regionales
inteligentemente conducidas por Roca. Durante toda esa etapa (los “tiempos
de la República” como diría Pinedo), los conflictos de poder, claro está, eran
protagonizados por los núcleos internos de la agrupación gobernante. No
había a escala nacional, competencia por el control del gobierno entre partidos
contrapuestos. Sólo cuando ello ocurrió por primera vez en 1916 comenzó a
exteriorizarse el problema.
Los dirigentes provinciales formados en las largas luchas contra los esfuerzos
hegemónicos metropolitanos, estaban acostumbrados a actuar en sus distritos
con independencia de otros centros superiores de poder. Eran acentuadamente
federalistas. Por eso hicieron de la preservación de las autonomías provinciales
la principal de sus banderas. Por eso quisieron adaptar la forma de organización
partidaria al esquema federal de organización nacional, prescripto por la
Constitución. Los partidos provinciales cumplieron una inestimable función,
manteniendo latente un espíritu federal que el resto de las instituciones del país
fue perdiendo a resultas de una arrolladora fuerza centralista.
Pero paradójicamente, el mismo elemento que posibilitó su continuidad en el
tiempo (el Partido Liberal en Corrientes, por ejemplo, cumplió recientemente
135 años de existencia) determinó su debilidad política. Con el surgimiento del
Partido Radical comenzaron a modificarse las condiciones de la lucha política.
Con este partido hacen su aparición las organizaciones políticas centralmente
conducidas desde la metrópoli. Esta situación se agudiza en la década del 30,
en que el proceso de sustitución de importaciones que se produce en nuestro
país, a raíz de la depresión económica que padecieron los países desarrollados,
tuvo como consecuencia que se iniciara una acelerada industrialización para
sustituir importaciones que, a su vez, dieron lugar al surgimiento o, en
su caso, al fortalecimiento de las estructuras sindicales. Estos sistemas de
encuadramiento colectivo mantuvieron desde entonces, como nota distintiva, una
férrea conducción unitaria. La aparición en la arena política del Partido Peronista,
terminó de sellar la suerte de los partidos provinciales. Hoy prácticamente todas
las grandes instituciones que regulan la marcha del país estaban dirigidas
desde Buenos Aires. Los principales actores de la lucha política argentina
son organizaciones unitarias mostrando todas ellas, en general, una gran
capacidad de acción, decisión y movilización. Mientras tanto, y por contraste, las
agrupaciones provinciales persistieron en mantener sus autonomías partidarias
y, en el mejor de los casos, se avinieron a integrar precarias coaliciones o
federaciones, todas ellas de efímera vida. Este distanciamiento de las reales
reglas de juego político, no solamente debilitó a esas agrupaciones, sino que
por el momento les hizo perder su impronta federal. Quizás ello explique la
irrupción durante la década del 60 de los partidos federalistas. Estos aparecen
precisamente en el interior del país, es decir, donde el problema del centralismo
metropolitano produce mayores perjuicios. (En las provincias históricas donde
había partidos demócratas o conservadores al debilitarse estos pasan a competir
con los federales por una misma clientela electoral). Por la misma época pero en
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el área metropolitana con un sector privado más fuerte y dinámico, el problema
mayor ya no es el centralismo sino el estatismo, de ahí que aparezcan en
Capital Federal y provincia de Buenos Aires agrupaciones políticas con un
fuerte impulso liberal. Sucesivamente el Partido Cívico Independiente, Nueva
Fuerza y la Ucedé son productos de ese mismo proceso. Por su parte en
las provincias patagónicas surgen vigorosas expresiones políticas provinciales
que plantean como principales banderas el control provincial de los valiosos
recursos naturales.
De esta manera, a las fragmentadas huestes de los partidos conservadores se
agregaron como savia nueva las agrupaciones federalistas y liberales. Amplió el
espectro moderado pero también se acentuó su dispersión.
Dijimos antes que la causa fundamental del mantenimiento de la división
constante del centro político, ha sido el formato excesivamente descentralizado
de esta corriente. Pero además de este factor principal aparecen como una
constante, aunque las más de las veces operando como una variable de efecto
secundario, los conflictos personales entre los dirigentes principales de estas
agrupaciones originadas en las luchas por las candidaturas.
Sintéticamente, la historia de la frustración del centro-liberal argentino, a través
de sus principales etapas, es la siguiente:
Las elecciones de 1916. La primera frustración
Luego de la muerte del Presidente Quintana en 1906, lo sucedió Figueroa
Alcorta, quien comenzó rápidamente a desmontar la muy debilitada maquinaria
política del Gral. Roca. Con el advenimiento al poder de Roque Sáenz Peña
este proceso se acentuó. En 1914, año en que fallece Julio A. Roca, nada
quedaba ya del Partido Autonomista Nacional. La desorientada constelación
de fuerzas provinciales que quedó en su reemplazo comenzó febrilmente a
proyectar alguna forma de organización que permitiera enfrentar con éxito a
un radicalismo en ascenso. Este partido había ganado en 1912 en Santa Fe y
en Córdoba misma, en 1913, el Partido Demócrata de Córdoba triunfó por una
apretada diferencia. El gobernador electo, J. R. Cárcano, justificó ese hecho en
términos que exteriorizaban una visión autonomista de la política contrapuesta
a la conducción centralizadora del partido radical. Decía Cárcano entonces: “La
invasión a un distrito, por personas sin inscripción, sin voto ni domicilio en el
mismo distrito, con el objeto exclusivo de operar en el mismo comicio, cambia la
opinión local y desnaturaliza la autenticidad del voto. Mi candidatura ha triunfado
por 3.000 votos en lugar de 12.000 que le asignaban cálculos prolijos, porque
Yrigoyen se trasladó a Córdoba y dirigió personalmente la lucha con abundancia
de recursos y elementos adventicios importados”. Todo el drama de las fuerzas
liberales provinciales se condensan en esta frase de Cárcano. Era el estéril
intento de contraponer a los partidos nacionales la precaria influencia de las
distintas vertientes provinciales.
Con la intención de enfrentar al radicalismo en las elecciones del 16 se forma el
Partido Demócrata Progresista. El núcleo básico de partidos provinciales que lo
componían era: la Liga del Sur de Santa Fé, Demócratas de Córdoba, la Unión
Provincial de Salta, Demócratas de San Luis y el Partido Liberal de Corrientes.
Se pretendía constituir un partido conservador moderno y renovado. Este hecho
quizás quede simbolizado en el nombre de los que redactaron su manifiesto
fundacional: Joaquín V. González, Lisandro de la Torre, José M. Roca, Carlos
Ibarguren y otros. A la debilidad inherente a toda coalición de fuerza se le agregó
como agravante, en este caso, la de las disensiones entre sus dirigentes. El jefe
del Partido Conservador de Buenos Aires, Marcelino Ugarte, no adhirió al nuevo
partido porque pretendía para sí la candidatura a presidente, pero el Lisandro de
la Torre. Inútiles fueron todos los intentos de soldar las partes fracturadas. Las
huestes de Ugarte apoyaron a Yrigoyen en las elecciones. Además, el Presidente
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de la República, Victorino de la Plaza, se mostraba hostil a la candidatura de de
la Torre. En definitiva, ganó Yrigoyen por un solo voto en el colegio electoral y
el Partido Demócrata Progresista se disgregó rápidamente quedando reducido a
una fuerte expresión electoral en Santa Fe y Buenos Aires.
La historia se repite: 1958, 1963, 1973 y 1983.
Si por razones de economía de espacio nos vemos obligados a dar algunos
saltos en la historia y pasar revista solamente del resultado de las últimas
elecciones generales, es sólo para ilustrar y demostrar con más nitidez cómo los
esfuerzos de las corrientes provinciales moderadas por constituir una alternativa
permanente y gravitante, resultaron estériles.
En las elecciones de 1958 las fuerzas de extracción centrista ofrecieron un
sorprendente grado de atomización: hubo seis fórmulas de esa filiación. El grueso
de los demócratas conservadores y liberales apoyaron la fórmula González
Iramay - Aguinaga; las expresiones de igual orientación de las provincias
de San Luis y Entre Ríos la fórmula Reinaldo Pastor- Martín Aberg Cobo; el
Partido Liberal de Corrientes sufragó en el Colegio Electoral por Ernesto Meabe
y José Broushou. El recientemente constituido partido liderado por Vicente
Solano Lima, de orientación conservadora populista (aunque progresivamente,
fue perdiendo su signo conservador para agotarse en un mero populismo
demagógico) proclamó el binomio Lima-Maldonado. El flamante partido Cívico
Independiente de férrea filiación liberal, fundado y conducido por Alvaro
Alsogaray, apoyó la candidatura de Juan B. Peña y Ana S. de Goyeneche. El
Partido Demócrata Progresista que hoy representa el matiz laico y reformista del
liberalismo argentino, proclamó la fórmula Molinas-Teddy. Poco antes de ello,
este partido había propuesto la formación de un gran frente partidario había
propuesto la formación de un gran frente partidario del que estuvieron excluido
los radicales intransigentes y del pueblo (el peronismo estaba proscripto), para
imponer el régimen de representación proporcional. La iniciativa fracasó. Como
se sabe, a través del pacto Perón-Frondizi-Frigerio, la UCR obtuvo una aplastante
victoria.
En 1963 se realizaron con vistas a las elecciones de junio de ese año febriles
gestiones para cohesionar las distintas vertientes centristas alrededor de la
prestigiosa figura de Pedro Eugenio Aramburu. No obstante los esfuerzos no
hubo acuerdo. La Federación de Partidos de Centro proclamó la fórmula Emilio
Olmos-Emilio Jofré, mientras que, por su parte, distintos sectores independientes
conformaron UDELPA como sostén de la candidatura del Gral. Aramburu, quien
fue acompañado en la fórmula por Arturo Etchevehere. Por su parte, el Partido
Demócrata Progresista adhirió a la nominación de Aramburu pero la fórmula fue
completada con Horacio Thedy.
De haber concurrido unidas dichas fracciones hubiera tenido un porcentaje
de votos ligeramente inferior al que logró la primera minoría (el peronismo no
participó, sus candidatos fueron vetados).
En las elecciones de marzo de 1973, el electorado centrista y moderado
distribuyó sus preferencias entre Manrique-Martínez Raymonda de la Alianza
Popular Federalista; Martínez-Bravo por la Alianza Republicana Federal; Orgaz-
Balestra por el Partido Socialista Democrático y finalmente, Chamizo-Ondarts
por el Partido Nueva Fuerza.
Sumados hubieran obtenido un porcentaje casi equivalente al de la UCR, que
logró el 21,9%, aunque la sabiduría política popular afirma que cuando los
partidos se unen los votos se multiplican...
Finalmente, las elecciones de 1983. A las mismas el centro concurrió una vez
más dividido. Más allá de las interpretaciones que se hagan, en relación a la
acentuada polarización que se produjo, lo incontestable es que el centro sufrió
el más grande revés de su historia.
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1989: Unificación y dispersión
En las elecciones presidenciales de 1989, las agrupaciones centro-liberales
acordaron una sola fórmula presidencial Alsogaray-Natale que pareció representar
la antesala de un rápido proceso de reunificación. Pero no fue así. La Alianza
de Centro, denominación con la que se inscribió electoralmente esta nueva
conjunción de fuerzas liberales, si bien tuvo el componente positivo antes
mencionado, de llevar por primera vez un binomio representativo de la mayoría
de ese sector, tuvo por otro lado, el destino de las anteriores coaliciones
electorales. Una efímera vida política que se clausuró una vez finalizados
los comicios. Cada una de las agrupaciones recuperó su autonomía y las
agrupaciones liberales argentinas volvieron a constituir el proverbial archipiélago
que los caracteriza.
Mientras tanto, las dos fuerzas mayoritarias realizaron esfuerzos para transformar
sus contenidos programáticos y métodos de acción política. La mayor adaptación
a las circunstancias y a los requerimientos de una sociedad en crisis fueron
evidentes. Tanto en el justicialismo como en el radicalismo surgieron y se
afianzaron vigorosas corrientes internas que sostenían posiciones próximas a
las sostenidas tradicionalmente por los partidos liberales.
El liberalismo por su lado ni siquiera cumplía el objetivo largamente anhelado
por sus seguidores: la unificación.
Esta situación se agravó por el hecho de ver que en la principal agrupación
nacional de ese sector, la Ucedé, las querellas intestinas y la búsqueda por
espacios personales de poder, se priorizó en desmedro de cualquier intento por
conseguir una mayor penetración social del discurso liberal. Pareciera como si
ese rol lo hubiere asumido el partido gobernante e importantes sectores de la
UCR.
Por paradojal que pudiera parecer, en momentos en que la ciudadanía del país
va asumiendo los fundamentos de la doctrina prevaleciente en el mundo, el
liberalismo, en la Argentina y los partidos que oficialmente representan esas
ideas, parecieran estar en crisis.
Curiosamente, de esta situación han logrado salir indemnes agrupaciones
provinciales de signo liberal-conservador; históricas algunas (como los partidos
Liberal y Autonomista de Corrientes y Demócrata de Mendoza) o de reciente
creación (como el Partido Renovador de Salta). Como quiera que sea, el futuro
de las fuerzas liberales del país es incierto. Por ahora lo único que se puede
señalar es que siguen sin dar muestras de presentarse como una opción
electoral gravitante ante la ciudadanía del país.
VIII. PRESENTE Y FUTURO DEL LIBERALISMO EN LA
ARGENTINA
En épocas en que el liberalismo se encontraba en franca declinación, fueron
en nuestro país los economistas Federico Pinedo, Manuel Tagle y Alberto
Benegas Lynch sus defensores más perseverantes. Este último, desde el Centro
de estudios de la libertad, que orienta y nuclea a un importante grupo de
estudiosos, pudo mantener viva la creencia en postulados que por momentos
se los consideraba en extinción. En el ámbito de la filosofía sobresalió J. García
Venturini y en el campo político partidario, Alvaro Alsogaray se distingue hasta
hoy por su celosa defensa de la economía de mercado.
En los últimos años y acompañando a un movimiento que se observa en toda
Latinoamérica, que es el de la conversión de los intelectuales al nuevo credo
y cuyos más prominentes símbolos son Mario Vargas Llosa y Octavio Paz,
lo más caracterizado de los estudiosos de los problemas sociales argentinos
han adoptado esta posición. El principal foco de expansión es, sin lugar a
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dudas, la Facultad Privada de Ciencias Económicas y Sociales (ESEADE) que
dirige A. Benegas Lynch (h.). Este economista y J. C. Cachanosky son los
principales expositores en nuestro país de la nueva escuela austríaca. En
sociología sobresale Manuel Mora y Araujo. En antropología social Francis Korn,
mientras que en historia económica se destacan Roberto Cortes Conde y Severo
Cáceres Cano. Asimismo, en historia de las ideas sociales, se distingue con
caracteres nítidos Ezequiel Gallo. Por su parte, en filosofía política y moral
son notables las contribuciones de Mariano Grondona. Además del ESEADE,
como principal centro de elaboración del pensamiento liberal, hay un conjunto
de think tank o usinas de difusión de la doctrina liberal que cumplen una
función inestimable. De entre ellas, cabe mencionar a la Fundación Libertad
y Democracia cuyos directivos son elegidos por la UCeDe. El Instituto de
Economía Social de Mercado, relacionado también a la estructura de la UCeDe.
La Fundación Carlos Pellegrini, orientada por Ricardo Zinn. A decir verdad, la
lista debería ser muy extensa y obvias razones de espacio no nos permiten
avanzar más.
En la esfera política el panorama es más complejo. La razón hay que buscarla
en las posiciones privatistas que han adoptado los dos principales partidos
políticos del país.
El radicalismo lo expresó en un discurso que a la postre no aplicó. Por su parte,
el justicialismo estaría aparentemente decidido hoy a llevarlo a la práctica. Pero
es necesario distinguir con claridad privatismo de liberalismo. Lo primero puede
ser sólo un programa de gobierno que imponen los tiempos y las circunstancias,
pero lo otro en cambio es un estilo de vida y una filosofía permanente. Los
liberales argentinos con prescindencia de eventuales apoyos que puedan prestar
al actual gobierno, deberán en todas las circunstancias preservar su identidad
ideológica. La misma es la que les va a permitir cumplir al menos con la
misión que según Von Hayek es propia e indelegable de los intelectuales de la
libertad “preparar utopías de recambio pues en caso de que las demás fracasen,
estas aparecerán como las únicas soluciones realistas y razonables”. De seguir
el consejo del más autorizado del liberalismo moderno. Esta ideología podrá
continuar siendo la verdadera avanzada en defensa de la libertad integral del
hombre, la democracia y el progreso de los pueblos.
IX. BIBLIOGRAFIA GENERAL
(1)
(1) La bibliografía citada es en castellano. La disponible en idioma inglés acerca
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EL DISCURSO DEL NEOLIBERALISMO Y DEL SOCIALISMO DEMOCRATICO
María S. Bonetto de Scandogliero
María T. Piñero
INTRODUCCION
Este trabajo tiene como marco referencial el planteo de los espacios discursivos
que hoy son la expresión de las dos grandes líneas políticas capaces de
marcar las tendencias de evolución de los procesos estatales e internacionales.
El discurso neoliberal, del cual analizaremos algunos de sus presupuestos
generales y puntuales, y el programa de 1989 de la Social Democracia Alemana
como manifestación de esa corriente de pensamiento.
La década de los ochenta abrió nuevos escenarios de discusión a partir de la
producción de hechos históricos precisos como la guerra del Golfo, los procesos
del Este, la agudización de la crisis del Estado de bienestar, etc., que sacudieron
el sistema mundial irradiando sus efectos, de una u otra manera, sobre todas las
estructuras políticas.
Estos acontecimientos implican un momento de inflexión, de bisagra en la
historia del mundo. ¿Existirá un nuevo orden mundial? ¿Nos encontramos en un
período fundacional?
Los interrogantes son grandes y no hay respuestas definitivas; sólo podemos
marcar tendencias de evolución, ideas guías, en las que, sin duda, la valoración
y el deseo se encuentran fundidos con las condiciones objetivas.
En franca relación con estas cuestiones se hallan los discursos sociales, los que
tratan de acentuar su tónica particular. Se transforman a fin de poder adecuar su
mensaje a la realidad existente.
El espacio entre esa realidad y el discurso es beligerante y de virtual importancia
en cuanto existen tantas lecturas de la realidad, tantos lenguajes, de acuerdo a
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 156
qué ideología se posea para su interpretación. A su vez cada ideología da cuenta
de una ética y una política que instrumentaliza la “praxis”, es decir una práctica
puesta en movimiento
(1)
.
Todo discurso ideológico apunta a ser un discurso sobre lo social y así combina
la formulación de su proyecto de movilización, en nombre de una explicación
racional de la realidad, con un informe sobre lo bueno y lo posible, cuya
estructura argumentativa relaciona en grados variables las prescripciones de
índole moral con el análisis y la interpretación de situaciones; las consideraciones
técnicas y sus reglas de implementación.
Por lo pronto observando la realidad, pareciera que, en relación con los
discursos, las grandes narrativas sellaron su destino, como nos explica Lyotard
(2)
. Los discursos modernizadores, aquellos de la revolución y de la razón
progresista ya no pueden abarcar esta complejidad histórica en la que los
actores todavía están buscando su papel y su escenario. Ningún sentido común
universal, ningún principio unificador puede dar cuenta hoy de las realidades
estatales y mundiales que se gestan con mayor rapidez que la razón que
pretende contenerlas.
Sin embargo, observando la realidad y escuchando los discursos, pareciera que
lo antedicho es una ilusión. El discurso neoliberal ya se adjudica el triunfo de
una supuesta hegemonía mundial. En sus letras todavía existe la ficción de que
lo posible se debe a un principio racional y liberador cuya formulación sólo el
liberalismo es capaz de develar.
Como si desde una perspectiva teórica con pretensiones de univocidad se
pudiera dar una explicación exhaustiva de todas las realidades!
EL ORDEN DEL MERCADO COMO PROYECTO POLITICO
Si comenzamos con el discurso neoliberal es porque hoy es el que goza
de mayor presencia e influencia. Sus preceptos fundamentales: imperio del
mercado, Estado mínimo, desregulación, libertad absoluta en el ámbito de lo
privado, aparecen como los criterios racionalizadores capaces de describir las
realidades existentes y de articular las relaciones sociales.
El discurso neoliberal se adjudica el mérito de ser el único que describe lo
que efectivamente está sucediendo en el mundo. Los países desarrollados han
advertido, al fin, que allí donde menos interviene el Estado se dan niveles
saludables de eficiencia económica y por lo tanto mayores posibilidades de
armonía social. Allí donde se deja que el mercado ordene espontáneamente las
relaciones sociales se asegura la libertad. Aquellos hechos como la crisis del
Estado de bienestar, la caída de los países comunistas, la derechización de las
políticas eurocéntricas otrora más de izquierda, son tomados como argumentos
a favor de su descripción.
La tentación del discurso neoliberal de explicar los complejos procesos sociales
a través de un reduccionismo económico es recurrente. Alimentando así ficciones
como las siguientes: allí donde no interviene el Estado y se deja al mercado
como eje ordenador se estimula la creación de centros competitivos de poder
económico impidiendo su concentración en grandes unidades que posean más
poder que las demás.
El libre mercado soluciona otro gran problema político como es el control de
las inversiones. Al fin de cuentas el mercado suma las decisiones privadas
de manera que esa suma corresponda a las preferencias de los individuos
como consumidores. Las decisiones tomadas por inversores optimizadores de
beneficios responderán a las preferencias de los consumidores en lo tocante a
la colocación ascética de los recursos.
En ningún pasaje de su discurso el neoliberalismo nos advierte que en las
sociedades capitalistas avanzadas las señales que transmite el mercado a través
de los precios reflejan el control que de éstos nacen las grandes corporaciones.
157 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Nos referimos a los oligopolios que manejan una influencia decisiva sobre los
términos de la producción de una rama industrial
(3)
.
Tampoco se explicita que, en relación al segundo ejemplo, las preferencias
a que responde el mercado están gravadas por la cantidad de recursos que
controla cada individuo.
“La primera lección de la economía de bienestar es que el mercado perfecto
idealizado haga casar la suma de las preferencias de bienes de consumo
del consumidor. Su corolario, muchas veces olvidado, es que la suma de las
preferencias del consumidor refleja la distribución de la renta y la riqueza”
(4)
.
Cuando el discurso neoliberal se refiere a la libertad de mercado nos proporciona
una auténtica explicación de mano invisible.
“Una explicación de mano invisible explica lo que parece ser el producto del
designio intencional de alguien como no causado por la intención de alguien”
(5)
.
Hagamos, entonces, una explicación de mano visible en relación a la libertad de
mercado y esto implica asumir que el mercado es una creación política en tanto
no existen sistemas económicos autosostenidos ni autorregulados. La acción
del Estado siempre planifica, aun sobre nuestra propiedad privada. Organiza los
mercados, las estructuras monetarias, crediticias y fiscales, las relaciones entre
capital y trabajo, los esquemas de crecimiento urbano, etc.
El discurso neoliberal omite transmitirnos una realidad, esta es, que los sistemas
económicos son el fruto de lo que Nun
(6)
llama “régimen social de acumulación”,
el que puede explicarse como la síntesis del campo de batalla ideológico, político
y social en el que se articula el proceso de acumulación de capital, entendido
este como una actividad microeconómica de generación de ganancias y de toma
de decisiones de inversión.
El régimen social de acumulación focaliza su atención sobre el contexto
particular que enmarca las decisiones microeconómicas de inversión que toma
el capitalista en su fábrica o en su empresa; ese contexto incluye a la moneda,
al crédito, al estado de tensión social, a la intervención del gobierno en la
economía, etc.
Pero además dicho régimen comprende el conjunto complejo de instituciones,
prácticas e imágenes que inciden en ese proceso de acumulación de capital y
que son articuladas por decisiones políticas. Esas decisiones políticas centrifugan
las conflictividades que pueda surgir en el proceso de acumulación de capital,
a través de un modo de regulación determinado que implique asegurar a los
agentes económicos niveles mínimos de coherencia.
A través de años de consolidación, un particular régimen social de acumulación ve
aumentada la fuerza productiva de sus imágenes y modos de institucionalización,
de forma tal, que esas representaciones tienden a naturalizarse y una “particular
forma de organización del mercado o de las relaciones entre capital y trabajo,
ingresan, entonces, al sentido común de los agentes económicos”
(7)
.
Ya construido un imaginario social en ese sentido, cualquier conflicto agudo
que pueda desestabilizar el régimen, es descripto por sus defensores como una
ingerencia política y no como “... lo que realmente es; una movida de piezas en
el juego político del cual todos son parte”
(8)
.
No obstante lo explicado, el discurso neoliberal opta por transmitirnos una
imagen de autonomía del mercado en relación con la política que pareciera
ser que en la medida en que el mercado se constituye en el foro en el cual
los individuos deciden sobre sus asuntos, menos será la posibilidad de que
el gobierno intervenga imponiendo opciones excluyentes y parciales. Así el
mercado representaría la armonía social, el consenso y la libertad; el Estado y la
política la esfera de la imposición y del conflicto.
Esta separación tajante que promulgan entre lo político y lo económico conlleva
a una escisión entre Estado y sociedad civil que resuelven al articular dicha
relación a través de mecanismos democráticos de carácter puramente formal y
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 158
por ende, también ficticios.
La participación de los individuos, en la versión neoliberal, se limita a
ser analizada según una lógica de mercado, en cuanto adecuación de las
instituciones políticas al funcionamiento económico. Así, las demandas por
participación política son tratadas como demandas por participación individual
en el consumo de bienes, servicios, valores, etc.
No se ve en la participación la voluntad de disponer colectivamente sobre todas
las condiciones de la vida, aun sobre las materiales, ya que esto implicaría
someter las estructuras económicas a decisiones democráticas.
Esta versión específica de democracia
(9)
que contiene el neoliberalismo le
asegura, tanto un asentimiento difuso y generalizado de la población, como la
necesaria independencia de la toma de decisiones administrativas respecto a los
intereses específicos de los ciudadanos.
Las consecuencias aparentemente no previstas por el neoliberalismo es que
en la actualidad se hace muy difícil seguir compatibilizando la intervención del
Estado, obligado a hacerlo para reproducir las relaciones capitalistas de una
manera más aceptable para todos, con esa versión de democracia altamente
restrictiva de participación social.
El Estado se ve enfrentado a una multitud de demandas y requerimientos
imposibles de satisfacer dentro de los parámetros que limitan ese mismo
orden con sus arreglos libera-democráticos. Y es muy poco probable que
estas demandas sociales sean desmanteladas directamente en tanto son un
logro irreversible del Estado de bienestar, pero además, los propios ideólogos
neoliberales perciben correctamente que el desmantelamiento del Estado de
bienestar desembocaría en un conflicto generalizado que, a la larga, sería muy
difícil de controlar y en su conjunto sería más destructivo que las enormes
cargas del propio Estado de bienestar.
Es decir, el Estado de bienestar puede asumirse como un mecanismo
relativamente eficaz para reducir conflictos y legitimar las consecuencias de
las políticas neoliberales. Es por ello que hasta ahora hay muy pocas pruebas
de que, por ejemplo, los programas de desempleo o los seguros médicos y
pensiones vayan a desaparecer.
Sin embargo, la pauta neoliberal va demostrando que se orienta a que el
horizonte, el volumen y la seriación de beneficios y servicios se vaya reduciendo
y limitando, de manera tal, que se vayan volviendo cada vez más rudimentarios
demostrando a los individuos que el Estado no puede hacerse cargo de éstos.
Sin embargo, esta quita de beneficios con su acorde programa de inversiones se
va haciendo a través de decisiones estatales inapelables que hablan de políticas
decididas, de Estados fuertes y no de Estados guardianes.
Para poder operar los términos del discurso neoliberal: éxito, eficacia, eficiencia
y productividad, se requiere destruir las fuerzas parasitarias, hedonistas y
antiproductivas que no se adaptan a la supuesta racionalidad del mercado.
Para legalizar estas políticas, el neoliberalismo apunta a la constitución de
Estados fuertes con programas decididos a crear decisiones inapelablemente
vinculantes, frente a las cuales no quepa disentir.
Pero ya la fórmula nos la había dado uno de los mentores del neoliberalismo:
Milton Friedman
(10)
“... que el Estado disponga de la fuerza política para imponer
las amargas medicinas que es preciso tomar”.
LA DEMOCRACIA COMO PROYECTO POLITICO
Frente a la propuesta economicista del discurso neoliberal, consideramos que
es el socialismo democrático el que presenta la respuesta más innovadora y
progresista a los cambios producidos en las últimas décadas.
En su descripción de la situación subyace una percepción de la realidad
que incluye presupuestos virtualmente más adecuados para explicar la actual
159 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
complejidad de las estructuras sociales -esto es- la constatación de las relaciones
de implicancia recíproca entre estructuras políticas y económicas. Su concepción
se aparta así, del estudio sesgado de economicismo de los análisis neoliberales
y marxistas ortodoxos.
Estos dos grandes discursos de la modernidad evidencian las limitaciones que
supone considerar a la política como algo externo y posterior al dato económico.
Tal concepción (compartida por ambas propuestas pero revitalizada por el
neoliberalismo en virtud de la crisis de la ortodoxia marxista) afirma una escisión
entre sociedad y Estado cual si existiera una relación de exterioridad entre
ambos. Y no reconoce en la participación política la “forma en que la sociedad
decide y dispone sobre su desarrollo”
(11)
ni admite en el Estado una forma
relevante de práctica social.
Sin embargo, no existen realidades puras en tanto no contaminadas por las
luchas políticas y las pugnas ideológicas. Toda praxis social (aún la económica)
supone un proceso de producción y reproducción de significados.
Por ello, para comprender los procesos sociales, estos deben abordarse
como una totalidad en donde los distintos sectores tienen una implicancia de
dependencia. En este sentido, sociedad y Estado, relaciones económicas y
prácticas políticas, se implican recíprocamente. Así aun en contra de ciertas
posiciones positivistas, tan en boga, se puede rescatar el hacer política como
una comunicación constituyente de identidades colectivas y una ordenación de
las relaciones sociales que conforma sus significaciones de sentido y asegura
sus principios organizativos.
Desde este punto de vista se reconoce el carácter mediador del Estado, el cual
sería “la fundamentación exteriorizada de la validez de las estructuras normativas
de la sociedad”
(12)
.
Los socialistas democráticos se enmarcan en esta concepción, pues sin dejar
de lado la consideración de las estructuras económicas y el actual peso de
la tecnología como condicionantes de las decisiones políticas, reivindican y
asumen el espacio de las invocaciones políticas; de las interpelaciones de
sentido a través de las cuales se reconocen y aglutinan los actores políticos
democráticos. Así se sostiene “la cuestión fundamental que ahora se planeta
no es si va a haber o no un cambio en el planeta en los años venideros sino
quién lo va a dirigir y cómo. La respuesta socialista es terminante: corresponde
al pueblo...”
(13)
.
Las propuestas socialdemocráticas a la crisis presente han asumido diversas
estrategias de articulación en el discurso y en la praxis. Pero teniendo en
cuenta la tradición histórica de la socialdemocracia alemana en cuanto a marcar
el rumbo a seguir por los partidos similares europeos, tomaremos el último
programa de 1989 formulado por esta agrupación, como base de interpretación
del discurso socialista democrático del presente y sus tendencias de evolución.
La relevancia de su discurso en cuanto orientador de la fundamentación, sentido
y delineamiento de los procesos de cambio, se explica por el significado de su
praxis. No en vano sus 128 años de vigencia la constituyen en el partido obrero
y socialista más antiguo. Ello puede interpretarse porque en las buenas y malas
épocas se ha considerado “con la típica escrupulosidad alemana, un partido
de programa”
(14)
. Y esto explica que no se constituyera en una agrupación de
recurrente éxito electoral, pero sí en el partido guía, por la notable influencia
y expansión que sus postulados programáticos han tenido en el socialismo
occidental. Ha abierto camino y ha marcado rumbos. Así los lineamientos
del programa de Bad Godesberg (1959) referido a las bases pluralistas del
socialismo superaron los peligros de la ideologización unilateral y el dogmatismo,
y marcaron definitivamente el triunfo del socialismo democrático sobre la
propuesta del Este.
En la actualidad su discurso busca iniciar y atraer voluntades orientadas hacia
una profundización de la democracia, y hacia la más amplia democratización
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 160
de la política, la sociedad y la economía. Y plantea estas cuestiones nacionales
en el marco de la actual interdependencia internacional, porque no se podrían
lograr si no se relacionan con las demandas emergentes del escenario mundial
cuales son: la superación del conflicto Norte-Sur; el desarme y la paz y la
protección ecológica.
¿No constituye esto una respuesta anticipada y progresista al nuevo orden
fundacional que pudiera estar en proceso de conformarse?
El programa de la socialdemocracia revaloriza la política como instrumento
democrático de conformación de la sociedad, sostiene que “la política es una
dimensión necesaria de la convivencia humana”, “debe ser algo distinto y
algo más que la administración”, “debe asegurarse un espacio de acción y
debe ponerse nuevos objetivos”. Así, entendiendo a las nuevas configuraciones
técnicoeconómicas del presente sostiene que la política no puede delegar las
decisiones sobre la técnica y el crecimiento a los intereses económicos. Por el
contrario, debe crear conciencia de estos problemas y sentar las bases para una
cultura de debate democrático.
En cuanto a la economía: “Una economía responsable desde el punto de vista
ecológico y social sólo se puede conseguir cuando se logre que las decisiones
democráticas tengan prioridad sobre el poder económico y el afán de lucro”
(15)
.
Su enfoque de la relación entre mercado y planificación estatal atiende a una
instancia de complementariedad. Se advierte que el desarrollo del mercado puro
fuera del marco de la planificación lleva a grandes desequilibrios tales como la
pauperización, desempleo y la destrucción del medio ambiente. Por otra parte,
el desarrollo de la planificación en contra del mercado lleva a la burocratización
y a la sobreplanificación que ahogan la dinámica económica. Se propone
una concepción de equilibrio entre ambos. Así se sostiene “El Estado pone
las condiciones marco para el desarrollo económico”. “Dentro del marco
global establecido democráticamente, el mercado y la libre competencia son
imprescindibles”. “Pero el mercado por sí solo no puede lograr el pleno empleo,
ni la justicia distributiva, ni puede proteger el medio ambiente”
(16)
. En síntesis
“tanta libertad de competencia como sea posible y tanta planificación como sea
necesaria”.
“El Estado tiene que asumir funciones cuando los individuos o los grupos no
puedan por sí mismos cumplir las obligaciones que la sociedad requiere o
cuando determinadas prestaciones necesarias para el bien común no pueden
ser realizadas de otra manera”. “Son los ciudadanos los que han de controlar al
Estado y no el Estado a los ciudadanos”
(17)
.
Las argumentaciones presentes en el discurso de la social democracia implican
una reformulación en la racionalidad implícita en los dos grandes discursos
de la modernidad en dos cuestiones relevantes que marcan sus límites y
sus consecuencias destructivas: en primer lugar, la metafísica del progreso
acumulativo, infinito, que se puede encargar de la solución de los problemas
humanos por su propia inercia, por el contrario, el análisis del socialismo
democrático advierte que hay desarrollo técnico y crecimiento económico
acumulativo, pero el significado que tendrá depende enteramente del uso que
se haga de él.
Por lo tanto, desde el punto de vista cualitativo, el progreso es inexistente, lo
que existe en cada estadio del progreso es la tarea de hacer la sociedad y las
relaciones humanas lo más humanas posible. Así se sostiene en el programa
mencionado una idea de progreso diferente: “No todo crecimiento es progreso.
Debe crecer todo aquello que asegure los recursos naturales, que mejore
la calidad de vida y del trabajo, que reduzca la dependencia y fomente las
posibilidades de decidir por sí mismo, que proteja la vida y la salud, que asegure
la paz, que eleve las oportunidades de vida y de futuro para todos y que apoye
la creatividad y las iniciativas de cada uno”. “Las innovaciones tecnológicas
deben servir a la racionalización y renovación ecológicas, a humanizar el trabajo,
161 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
a proteger los derechos fundamentales y a realizar los valores básicos”. En
segundo lugar, la superación de la metafísica del progreso implica la necesaria
superación del espejismo de la solución final y la utopía realizada, la sociedad
perfecta
(18)
.
Desde una perspectiva opuesta el discurso del socialismo democrático asume
la conflictividad y la complejidad de las estructuras sociales, renuncia a la
factibilidad de la utopía y reenfoca a ésta como lo absolutamente imposible, que
por su imposibilidad puede inspirar todas las posibilidades.
Así se refleja en el programa la conflictividad de lo político y la búsqueda de
un orden a través de reformas que no prometen instalar la utopía sino como
referencia paradigmática de lo deseable en la esforzada construcción de una
sociedad justa, libre y solidaria. “No cabe política sin controversia”.
“En nuestras formas de lucha deberán ser identificables los objetivos por los
que luchamos; tampoco en la lucha por el poder el fin justifica los medios”.
“El trabajo de reforma se realiza con frecuencia en pequeños pasos. Más aún
que el tamaño de los pasos, nosotros nos fijamos en que se pueda conocer su
dirección. Nosotros no prometemos el paraíso en la tierra. Pero juntos, podemos
evitar los peligros, reducir los riesgos y alcanzar un orden nuevo y mejor”
(19)
.
Y finalmente las ideas sobre democracia y libertad: “La democracia es norma
de vida y libertad”. “Nadie puede ser excluido de la participación democrática
en el Estado y en la sociedad ni ser apartado de esa participación mediante
barreras sociales”. “El Estado debe realizar la democracia y la justicia social
en la sociedad y en la economía”. “La democracia económica... garantiza y
perfecciona la democracia política”.
Advertimos que para la socialdemocracia la cuestión democrática se plantea
definitivamente en el contexto socio-histórico en el cual se produce la
generalización del sufragio universal. Según su perspectiva, esta instauración
implicó la superación del ciudadano-propietario, vinculando así al poder político
con la ciudadanía más que con la propiedad. Se conciben, por lo tanto, los
derechos democráticos de la ciudadanía como la facultad de ejercer influencia
sobre todos los aspectos de la vida social, comprendiéndose también el poder
de decidir sobre la producción y la distribución, superando la antigua estructura
de poder económico. La transferencia de ese poder de decisión -lo cual no
implica necesariamente la titularidad de la propiedad- significa una continuación
de la política de reforma, que comenzó con la democracia política, continuó
en la lucha por la justicia social, y en la actualidad está orientada al control
democrático de la economía.
En cambio, el neoliberalismo parece asimilar la democracia a una formalidad
jurídico-política que no puede transformar las condiciones de vida a través
de la participación de todos. Se la relega a un sistema formal-procedimental,
tematizando la cuestión sólo a nivel jurídico institucional. Postulando, es claro,
que esa legalidad debe respetar el orden económico establecido.
En cuanto a la libertad “El hombre como individuo está llamado y capacitado
para la libertad. Pero la posibilidad de desarrollar su libertad es siempre un logro
de la sociedad”. “La libertad para unos pocos sería privilegio”
(20)
.
Se advierte así, que según la perspectiva socialdemócrata la promesa de la
factibilidad de la libertad absoluta (la utopía realizada) destruye todas las
posibilidades de la libertad, que llegan a ser efectivas por la inspiración utópica,
pero cuya vigencia, no sin limitaciones, es el resultado de la experiencia, no de
una reflexión a priori.
La libertad posible es el resultado de la interrelación entre las espontaneidades
subjetivas y la autoridad, que intermedia entre tales espontaneidades en función
de la creación de un orden, aunque este sea siempre provisorio, sin acabar
nunca su búsqueda.
En contraposición a esta versión de libertad, para el neoliberalismo, la propiedad
privada y las relaciones de mercado son los portadores de la gran utopía donde
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 162
una mano invisible ordena espontáneamente las relaciones entre los individuos
y promete como resultado la realización de la libertad.
CONCLUSION
La profundidad de la crisis de paradigmas o modelos vigentes hasta hace unos
años, requiere imperativamente la búsqueda de respuestas adecuadas a los
nuevos desafíos que impone la compleja y cambiante realidad. Estos procesos
obligan a una reflexión y un replanteo global sobre todos los problemas que
aquejan al orden mundial y a las distintas regiones y pueblos.
Por una parte, la amplia restructuración productiva y tecnológica a nivel
internacional y las nuevas y duras condiciones del comercio mundial obligan,
con efectos más negativos en algunas regiones que en otras, a impostergables
procesos de modernización económica, en muchos casos con fuertes efectos en
el plano social y político.
Pero a pesar del férreo constreñimiento material de tales procesos, es claro
que las soluciones provendrán de decisiones políticas y económicas. En este
sentido debe destacarse la extendida concientización sobre la necesidad de un
impulso decisivo hacia los procesos de integración regional como respuesta a la
conformación de grandes espacios económicos.
También en esa dirección se admite el requerimiento -para dar respuestas a la
situación con estabilidad y justicia- de una política fundacional que sintetice las
aspiraciones de democracia y bienestar con la necesaria eficiencia y eficacia
exigidas por la coyuntura. Porque para alcanzar la resolución de los problemas
imperantes de una manera estable y pacífica y no sólo en atención a imperativos
éticos, sino en consideración de intereses vitales comunes, se requiere tomar
conciencia de la interrelación de los distintos grupos de problemas. Así, a
modo de ejemplo, la relación entre endeudamiento y explotación abusiva de
la naturaleza, ya que la necesidad de obtener superávit comercial para poder
atender el servicio de la deuda lleva a la explotación irracional de los recursos
naturales.
De esta manera, la actual realidad de la interdependencia no puede someterse
a intereses individuales, la interdependencia es indivisible y debe ser asumida
con sus riesgos y oportunidades. Frente a ello urge una mayor cooperación
en la comunidad internacional que conlleve políticas y acciones en una acción
conjunta más equitativa. Pues sin ello, los próximos conflictos surgirán de las
tensiones ocasionadas por insatisfacciones sociales y económicas derivadas de
la crisis y de un sistema injusto de asignación de recursos.
Frente a esta nueva realidad la propuesta neoliberal del orden de mercado
como proyecto político, en cuanto coordina las decisiones privadas y nuclea las
preferencias, tiende a sustituir a la democracia. La Nueva Derecha ha asumido
su propio proyecto histórico: liberar la acumulación de todas las trabas que le
impuso la democracia. No se trata simplemente de una cuestión de impuestos,
gasto público y ni siquiera de redistribución de la renta. Constituye un proyecto
de nueva sociedad, aquélla en que la acumulación se vea liberada del control
político. Según sostiene Przeworski
(21)
, en esta perspectiva la tensión entre
acumulación y legitimación habría terminado, la acumulación autolegitimaría a
aquéllos que se beneficien de ella. Se despolitizarían las relaciones económicas,
se abandonaría la intervención económica del gobierno, la legitimación quedaría
a merced del mercado y volvería a instalarse el látigo de la economía como
principal mecanismo de control político.
La factibilidad de una sociedad semejante es posible. El caso chileno, para
algunos tan digno de ser considerado como ejemplo, muestra que su realización
puede ser exitosa siempre y cuando -lo cual también debe tenerse en cuenta-
vaya acompañado de una brutal represión, de la destrucción de todas las
instituciones democráticas y de la liquidación de todas las formas de la política.
163 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Pero no debemos atemorizarnos, la propuesta de la nueva derecha también
posee estrategias alternativas para la conformación de la nueva sociedad:
la penetración de su ideología transformadora impregnando el sentido
común de los actores políticos a través de la utilización masiva de los
medios de comunicación, acompañado de la destrucción y descalificación de
las organizaciones representativas de las demandas sociales democráticas.
Completando el escenario con una despolitización general de la sociedad que
descreerá del hacer política y confiará la solución de sus problemas al saber de
tecnócratas y economicistas.
Y esto, claro, reenvía a la categoría de falaz espejismo las luchas llevadas a cabo
por la profundización de la democracia en los dos últimos siglos, ya que la única
auténtica solución consiste en instalar, esta vez definitivamente, el modelo liberal
decimonónico.
Se olvidan los conflictos y convulsiones que provocó por su resistencia a la
democracia y sus controles, ya que por salvaguardar la autorregulación del
mercado y sus leyes, se vio preso de crisis económicas y sociales, preparó el
surgimiento del totalitarismo y llevó a dos hecatombes bélicas mundiales.
Marxismo
Introducción a la teoría de KARL MARX (1818-1883)
Graciela Ahumada*
Córdoba, abril de 1998.
1- Orígenes y Método
El pensamiento de este autor reconoce sus orígenes en las influencias filosóficas
de Hegel (1770-1831) y de Feuerbach (1804-1872), y de los economistas
clásicos, W. Petty A. Smith (1723-1790) y D. Ricardo (1772-1823). Estudió
y criticó cada uno de estos pensamientos, apropiándose de algunos de sus
planteos y proponiendo nuevas alternativas a los mismos. Esta forma de
conocimiento es lo que se entiende por “crítica”. De esta manera, de Hegel
toma la dialéctica, pero la invierte; de Feuerbach, que es un “hegeliano de
izquierda”, incorpora el materialismo, que es la concepción de la realidad como
material y concreta, pero critica el ahistoricismo y mecanicismo del autor y, como
superación, Marx incorpora el análisis materialista histórico y dialéctico. Y desde
los representantes de la teoría económica clásica, se retomarán los conceptos
de trabajo, plusvalía, valor, renta y ganancia, pero se supera su explicación a
partir de la formulación de la ley del valor, donde estas categorías se analizan
bajo las condiciones históricas de la sociedad burguesa, como una modalidad
histórica específica.
Materialismo dialéctico y materialismo histórico
La influencia del pensamiento hegeliano a partir de la dialéctica significó, una
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i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 4 . 2
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 164
visión del mundo y del desarrollo crítico y revolucionario. Si para Hegel, tesis,
antítesis y síntesis, son los momentos de cada uno de los aspectos de la Idea y la
Idea misma son sucesivamente afirmados, negados y superados. La superación
es al mismo tiempo abolición y conservación de lo afirmado, porque contiene
la negación de la negación. La dialéctica es la forma en que se manifiesta la
realidad y alcanza su verdad en su completo autodesenvolvimiento.
Pero para Marx la realidad no es el desenvolvimiento de la Idea, sino de la
materia, entonces, si bien incorpora la dialéctica como método, la aplica a una
diferente concepción de realidad. En palabras de Marx “Mi método dialéctico no
solo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es, en todo
y por todo, la antítesis de él. Para Hegel, el proceso de pensamiento, al que
él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el
demiurgo de lo real, y esto la simple forma externa en que toma cuerpo. Para
mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto
a la cabeza del hombre” (Prólogos a la Segunda Edición, El Capital, Tomo 1).
Y en otro lugar : “.... mi método de investigación no es el mismo que el de
Hegel, porque yo soy materialista y Hegel idealista. La dialéctica hegeliana es la
forma básica de toda dialéctica, pero solamente después de liberarla de su forma
mística, y es eso precisamente lo que diferencia mi método de ella”
__________________
* Lic. en Sociología. Investigadora.
La concepción materialista en Marx, significa que considera como primer hecho
histórico de la humanidad, la existencia de hombres concretos, materiales, y la
actividad productiva para la satisfacción de las necesidades para la manutención
de la vida material misma, es decir, comer, beber, vestirse, alojarse bajo un techo
y algunas otras. La existencia de estas necesidades y los modos en que se
satisfacen, definen la vida del hombre como vida social, en relación social con
otros, tanto para la reproducción de la propia vida, como para la procreación
de otras. La cooperación entre los hombres surge como mecanismo o forma
para la satisfacción de sus necesidades. Ahora bien, con el desarrollo histórico,
cambiarán las formas de producir los medios indispensables para vivir y también
se modificarán las formas de cooperación entre los hombres. Un ejemplo de ello,
lo encontramos en la historia misma, las formas de organización social de los
indios americanos en el siglo XV no es la misma que observamos hoy en nuestra
sociedad. Los hombres para seguir viviendo, necesitan cubrir sus necesidades
materiales, pero según el momento histórico, lo harán de diferente manera.
En palabras del autor: “Las premisas de que partimos no tienen nada de
arbitrario,... son premisas reales. Son los individuos reales, su acción y sus
condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado
como las engendradas por la propia acción. ... la existencia de seres humanos
vivientes. ...El hombre se distingue de los animales a partir del momento en que
comienza a producir sus medios de vida..”
El materialismo histórico como método de análisis, supone una observación
sobre la existencia concreta y material de los hombres y los mecanismos
que utiliza para su supervivencia. De esta manera se identifican modos de
producción en la historia, que suponen estados de desarrollos distintos en
relación a las formas de producción, los instrumentos utilizados para tal fin, la
división del trabajo que éstos requieren y relaciones sociales de producción
también distintas.
Es decir que, podemos entender desde el materialismo histórico, que existen
165 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
distintos modos de producción: tribal, feudal y capitalista. Cada uno de ellos,
presenta una división del trabajo distinta, diferentes instrumentos de producción,
distintos grupos o clases sociales, diferentes forma de propiedad y formas
de Estado particulares. De esta manera, no sólo nos estamos refiriendo a lo
económico, sino que lo económico es político y es social. La economía política
es el análisis de las relaciones sociales en la materialidad de su existencia y cada
momento histórico tiene sus propias leyes de funcionamiento, por lo tanto, el
objetivo de conocimiento para Marx, es descubrir las leyes del funcionamiento
de la economía capitalista.
La crítica que desde el materialismo histórico se hace al idealismo, parte de
sostener que las ideas, creencias, religiones y la moral, no tienen sustantividad
propia, sino que existen y se desarrollan sobre las condiciones materiales en
las cuales se asientan. El conocimiento científico de la realidad, por lo tanto,
no debe partir de las ideas sino de los hechos: “No se parte de lo que los
hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado,
pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de allí al hombre de
carne y hueso; se parte del hombre que actúa y, arrancando de su proceso de
vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los
ecos de este proceso de vida” (C. Marx, La Ideología Alemana, pag. 26).
La teoría de Marx es dialéctica, crítica, histórica y totalizante. Esto es y, según lo
estamos estudiando, la dialéctica materialista es la concepción que de realidad
presenta, que en el análisis necesariamente histórico, es totalizante, en el sentido
de dar cuenta de la organización social en su conjunto, en donde el análisis
parte de las condiciones en que los hombres se organizan para producir y ligado
a ésto, se extienden y definen las relaciones sociales que establecen los mismos
en un marco también definido por lo jurídico y lo político.
“En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas
relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción
que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas
productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forman
la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la
superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas
de la conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el
proceso de la vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia
del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, es su ser social el
que determina su conciencia”. (K. Marx “Introducción a la crítica de la economía
política” pag. 7).
2. La Ley general de la acumulación capitalista
2.1 La Mercancía
El punto de partida que Marx establece para el estudio del sistema capitalista,
es la mercancía. De modo muy simple, podemos definir que la mercancía es
cualquier objeto que sea útil y por lo tanto tenga valor de uso , pero deben
ser objetos producidos para otros, que sean valores de uso sociales, donde los
otros lo adquirirán por medio de un acto de cambio (o compra en el mercado).
Esta situación que es social e histórica, típica del sistema de producción y
comercialización de mercancías como forma dominante, es posible porque las
mismas pueden intercambiarse, tienen un valor. Esto es posible, dice Marx
-retomando conceptos de la economía clásica y superándolos- porque lo que
tienen de común todas las mercancías en el sistema capitalista de producción
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 166
es trabajo humano o gasto de fuerza de trabajo en ellas. Esto significa que,
aunque dos mercancías sean distintas por su forma, tienen una sustancia igual
que las hace intercambiables, que es fuerza de trabajo humano. Y el tiempo
del empleo de la misma es el medidor de su cantidad de uso, lo que también
me permite intercambiar mercancías que suponen tiempos de trabajo distintos,
en horas hombres y en calidad. Entonces, el valor de una mercancía está
determinado por el tiempo socialmente necesario para la producción de la
misma, el “tiempo social medio” que está en relación al desarrollo de las fuerzas
productivas del trabajo, esto es, al empleo de tecnología y de fuerza de trabajo.
Se distinguen entonces tres componentes de las mercancías: valor de uso, valor
y valor de cambio, que expresado en dinero es el precio. La utilidad social de un
producto (que puede ser una mesa, un tractor y un auto, por ejemplo), el valor
(tiempo de trabajo humano que se utilizó para su producción) y el precio que se
establece en el mercado, cuestión que retomaremos más adelante.
Producción y circulación de mercancías
Las mercancías en el mercado se compran y luego se consumen. El consumo
puede ser improductivo o productivo. Esto depende del tipo de mercancía de
que se trate y del uso que el comprador le dé. Por ejemplo, si un individuo
compra las mercancías carne, auto y mesa, el uso o consumo será improductivo,
porque en el mismo la mercancía realiza totalmente en su valor de uso, su
utilidad. Sucede lo contrario si un señor dueño de una empresa va al mercado y
compra maquinaria y materia prima, que pueden ser mercancías tales como un
torno y hierro. El uso que hace de los mismos, si los pone en funcionamiento,
será productivo. Pero obsérvese que necesita de otra mercancía para hacer el
trabajo, siempre y cuando no lo haga él mismo. Necesita la fuerza de trabajo que
ponga en funcionamiento las mercancías antes compradas. Vuelve al mercado
y, en este caso será el llamado “mercado de trabajo” y compra la mercancía
que le falta: la fuerza de trabajo. La misma aparece como las demás pero tiene
la particularidad que en el proceso de trabajo, en su consumo productivo por
parte del comprador, otorga nuevo valor en la creación de una nueva mercancía.
Volveremos más adelante sobre este punto que es fundamental en la teoría
marxista, porque hace a la creación de la plusvalía. Por ahora nos interesa
mostrar la relación que se establece entre las dos esferas.
Hemos descripto, según la teoría marxista, dos esferas: la esfera de la producción
y la de la circulación. Ambas son centrales para entender el modo de operar del
sistema capitalista. En la esfera de la producción las mercancías (maquinaria,
materias primas y fuerza de trabajo), se consumen productivamente y el
resultado es un nuevo producto, que para ser vendido -porque para ello fue
producido- se lo lleva al mercado. En el mismo mercado, antes se compró la
mercancía para la producción y después se llevó la nueva mercancía para la
venta. Si la venta no sucede, la producción de la misma no tuvo sentido.
Es importante entonces, entender las relaciones, las condiciones que hacen
posible y que determinan las formas en que estos ámbitos funcionan
interrelacionados.
En la esfera de la producción se combinan en un determinado proceso de
trabajo las mercancías. La condición de la existencia de las mismas es que
existan, es decir, que hayan sido producidas y que sean útiles. En el caso de
la fuerza de trabajo, también. Es necesaria la existencia de oferta de fuerza de
trabajo, con determinadas características, siendo la principal, que esté dispuesta
167 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
a trabajar para otro, realizando un producto para otro a cambio de un salario
o precio de su utilización. Falta el otro componente, que es la existencia de
alguien que tenga el dinero suficiente para comprar las mercancías y ponerlas
en funcionamiento. En este régimen de producción, es el capitalista, el dueño de
los medios para la producción, es decir, del dinero necesario para comprarlos.
En este caso particular, el dinero funciona como capital.
Capital es entonces una relación social determinada por la existencia de
propietarios de medios de producción y por los no propietarios, sólo poseedores
de su propia fuerza de trabajo. El dinero funciona como capital cuando mediatiza
y hace efectiva este tipo de relación. El dinero equivalente a un salario, no es
capital, sólo sirve para el consumo no productivo, generalmente se agota en un
lapso no mayor al tiempo en que fue vendida la fuerza de trabajo, de tal manera
de que la oferta de fuerza de trabajo sea permanente.
Es en este sentido que se sostiene que el sistema capitalista de producción crea
y recrea las condiciones de su reproducción o permanencia. Crea y recrea las
relaciones sociales de producción.
En la esfera de la circulación suceden varias cosas, varios movimientos entre
distintos tipos de personas: las que son hombres libres y no propietarios de
medios de producción, ofertan fuerza de trabajo. Los capitalistas -los que tienen
capital- compran para reanudar el proceso de producción, las mercancías. Pero
también en este ámbito se encuentran estos mismos capitalistas ofreciendo sus
nuevas mercancías ya producidas y concurren al mercado para la venta de las
mismas. Aquí aparece la competencia entre los capitalistas para establecer el
precio de venta de las mercancías, y el resultado de dicha competencia está
en relación directa a la ganancia que los mismos obtengan una vez realizada la
venta. En este punto se relacionan la plusvalía -ámbito de la producción y en
relación al desarrollo de la fuerza productiva del trabajo- y el establecimiento de
la tasa de ganancia -que se realiza en el ámbito de la circulación-.

Entonces, una vez descripto en su forma más simple el proceso de producción
y circulación, es necesario completarlos con el proceso de producción de
plusvalía, su origen y sus modalidades: absoluta y relativa. Y el proceso mediante
el cual se establece la cuota de ganancia y sus efectos: la concentración y
centralización de capitales. En estos procesos se observa más nítidamente las
condiciones objetivas de las clases sociales y las fracciones de clase que van
apareciendo históricamente por el resultado de las luchas entre las mismas.
2.2 La plusvalía
Ya conocemos cuáles son las condiciones sociales que determinan la existencia
de las relaciones de producción en el sistema capitalista, siendo la relación
fundamental la establecida entre el capital y el trabajo, y sus personificaciones,
entre el capitalista y el obrero asalariado. Por qué es fundamental esta relación?
Porque en ella se asienta la producción de las mercancías, que no es otra cosa
que extracción de plusvalía. Qué es la plusvalía, es la apropiación de valor por
parte del capitalista, valor que sólo produce la fuerza de trabajo.
Para entender correctamente este proceso, debemos retomar el concepto de
valor de uso, valor y valor de cambio que comentáramos anteriormente, al
tiempo que debemos situarnos en la esfera donde el obrero despliega su fuerza
de trabajo, donde la misma es consumida productivamente. Si tenemos en
cuenta estos dos factores, nos protegemos de una conceptualización errónea,
que sería considerar que la plusvalía es producto de la “maldad” o “falta de
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 168
ética” del capitalista que le “roba al obrero”, o bien considerar que la plusvalía
tiene su origen en un sobreprecio de las mercancías en el mercado, como
picardía del comerciante.
Entonces, la plusvalía es el resultado objetivo de las condiciones en que se
desenvuelven las relaciones sociales bajo el régimen de producción capitalista y,
el ámbito en donde se produce su apropiación es en la producción. La plusvalía
expresa un tiempo de trabajo no retribuido por el capitalista, pero cómo ocurre?
La fuerza de trabajo tiene un valor de uso (su capacidad de hacer algo para
otro: pintar, soldar, programar una máquina, o cualquier otro) y un valor de
cambio que se expresa en un salario (porque recordemos que es el tiempo
socialmente necesario para la producción de la mercancía, en este caso es
un obrero y quizá su familia y, por lo tanto, es el valor-precio de una canasta
de alimentos). El precio de este valor se establece antes de que la fuerza de
trabajo sea desplegada, sea usada y se ha pactado un salario por un tiempo
determinado, por ejemplo, jornadas de 8 horas de trabajo durante un mes. El
trabajador trabaja el tiempo pactado y recibe al finalizar el mes (es la única
mercancía que se paga después de ser consumida), el salario. Pero resulta que
durante el proceso de trabajo, creó valor, mercancías por encima del valor de
su fuerza de trabajo (salario), pero como el uso de la fuerza de trabajo no le
pertenece a él, sino al capitalista que lo compró, todo lo que ella ha creado
no le pertenece. Este es el proceso de apropiación de trabajo, de valor, que
las leyes del funcionamiento de la sociedad capitalista genera, no tiene que ver
con bondades o maldades de los hombres (en este caso de los capitalistas).
Y por otro lado, este proceso es de enajenación, de alienación por parte del
trabajador directo, porque el producto de su propio trabajo no le pertenece.
Tampoco podemos decir que es un tonto, sino que son las condiciones objetivas
de funcionamiento de la sociedad la que establece esta dinámica, que aparecen
como naturales y eternas, cuando son históricas y transitorias.
Sintetizando, la tasa de plusvalía o tasa de explotación es el tiempo de trabajo
excedente al valor de cambio de la fuerza de trabajo. Marx distingue trabajo
necesario y trabajo excedente, el primero es el tiempo de trabajo necesario para
cubrir el precio de la fuerza de trabajo y el segundo, el tiempo que sobrepasa
ese valor. Es lógico que el sistema haga todos los esfuerzos por extraer una
mayor cantidad de plusvalía, éste es su objetivo. En este sentido, podemos decir
que la historia del capitalismo es la historia del perfeccionamiento de las formas
de extracción de plusvalía. Y es aquí donde los progresos tecnológicos juegan
un papel importante, es más, la ciencia aplicada a la producción es tecnología y
el objetivo es aumentar la producción y la productividad del trabajo, que no es
otra cosa que aumentar la extracción de plusvalía.
Entonces, la parte de la jornada de trabajo destinada a producir un equivalente
del valor de la fuerza de trabajo abonada por el capital, es el trabajo necesario.
La parte que resta de la jornada de trabajo, se denomina trabajo excedente.
El capitalista puede aumentar la plusvalía aumentando la jornada de trabajo
o reduciendo el tiempo de trabajo necesario. El primer modo se define como
plusvalía absoluta, en tanto que el segundo se la denomina plusvalía relativa.
“Así pues, mientras que hasta aquí, al estudiar la producción de plusvalía,
partimos siempre de un régimen de producción dado, ahora que se trata de
obtener plusvalía convirtiendo el trabajo necesario en trabajo excedente, no
basta, ni mucho menos, que el capital se adueñe del proceso de trabajo en su
forma histórica y tradicional, tal y como la encuentra, limitándose a prolongar
su duración. Para conseguir esto debe transformar las condiciones técnicas y
sociales del proceso de trabajo, y, por lo tanto, el mismo régimen de producción
169 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
hasta aumentar la capacidad productiva del trabajo, haciendo bajar de este modo
el valor de la fuerza de trabajo y disminuyendo así la parte de la jornada de trabajo
necesaria para la reproducción de ese valor.” (K.Marx, El Capital, Tomo 1, pag,
252).
2.3 El desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo
En el ámbito de la producción tenemos maquinaria, materias primas y fuerza
de trabajo. Es lo que en la teoría marxista lleva el nombre de Composición
técnica del capital y hace referencia a las mercancías como valores de uso. Si
nos referimos a los mismos desde el valor, nos referimos a la proporción en
que se divide el capital dinero invertido, entre capital constante (maquinaria y
materia prima) y capital variable (valor de la fuerza de trabajo o suma global
de los salarios), esta composición lleva el nombre de Composición de valor
del capital. Pero como entre una y otra hay una relación de interdependencia,
Marx se referirá a la composición de valor -en cuanto está determinada por la
técnica y refleja los cambios de ésta- con el nombre de Composición orgánica
del capital.
Entonces, los cambios en la composición orgánica del capital, que ocurren
permanentemente con el desarrollo del sistema capitalista, expresan cambios de
desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo y de las formas de extracción
de plusvalía. En el plano de lo social, estos cambios se observan por la cantidad
y calidad de trabajadores que el sistema económico demanda: siempre en una
proporción relativa menor al capital constante. Pero, cuáles son los cambios
en la composición orgánica del capital? Los cambios en la proporción que
representan el capital constante y el variable en el total.
El desarrollo del sistema capitalista de producción significa, entonces, que
se incorporan en el proceso de trabajo nuevas tecnologías, tanto en lo que
hace a las máquinas como a la organización científica del trabajo. Esto es, la
organización del proceso de trabajo en términos de hacer más productivo al
mismo, mediante una coordinación pautada de los distintos trabajos parciales,
la distribución de los trabajadores en el medio físico y el disciplinamiento para
evitar tiempos muertos (tiempos de trabajo no productivos).
Las distintas fases que recorre el desarrollo del capital, de la manufactura a
la gran industria, se identifican por el tipo de composición orgánica que el
mismo presenta. En este sentido, aún cuando las distintas ramas y sectores de
producción no sean todas homogéneas, sino que presenten escalas distintas,
podemos referirnos a un “capital social medio”. Y cada una de estas fases,
en términos de la organización social que significan, también se observan a
lo largo de la historia distinciones: con el inicio de la actividad manufacturera,
la atracción de mano de obra provoca la inmigración campo-ciudad porque el
proceso productivo absorbe en cantidad mayor trabajo asalariado. Al mismo
tiempo, una mínima tecnificación en la actividad agrícola significa un reemplazo
considerable de fuerza de trabajo en el sector. Es por ello que el movimiento
poblacional, de fuerza de trabajo del campo a la ciudad, es un proceso que
encuentra sus causas en la industrialización en sus dos polos.

La reconversión tecnológica es el reemplazo del “viejo” capital constante por
uno “más moderno”, y lo es en tanto incremente la productividad del trabajo y
abarate la mercancía que se produce. Cuál es la relación entre productividad y
abaratamiento de las mercancías? Recordemos que el valor de las mercancías
deviene del tiempo socialmente necesario para producirlas, la tecnología ahorra
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 170
o reduce el tiempo, y por lo tanto, reduce su valor. Por otro lado y, como
consecuencia de ésto, el valor de la fuerza de trabajo también se reduce, porque
se reduce el valor de los medios de su subsistencia. El resultado del proceso
en su conjunto es el aumento de la productividad del trabajo y el aumento de la
plusvalía -como consecuencia de la reducción del tiempo de trabajo necesario-.
Cuando Marx en el capítulo 23 de El Capital (Tomo 1), se refiere al proceso de
acumulación capitalista: “La reversión constante de plusvalía a capital adopta
la forma de un aumento de volumen del capital invertido en el proceso de
producción. A su vez, este aumento funciona como base para ampliar la escala
de la producción y los métodos a ésta inherentes de reforzamiento de la fuerza
productiva del trabajo y de producción acelerada de plusvalía. (...) Por tanto, con
la acumulación de capital se desarrolla el régimen específicamente capitalista
de producción, y el régimen específicamente capitalista de producción impulsa
la acumulación de capital. Estos dos factores económicos determinan, por la
relación compleja del impulso que mutuamente se imprimen, ese cambio que se
opera en la composición técnica del capital y que hace que el capital variable
vaya reduciéndose continuamente a medida que aumenta el capital constante”.
(pag. 528). Y sus efectos sobre la estructura social: “(...) la acumulación,
reproduce el régimen del capital en una escala superior, crea en uno de los
polos más capitalistas o capitalistas más poderosos y en el otro más obreros
asalariados”. (pag. 518).
El proceso descripto: acumulación (reinversión de la plusvalía como capital),
producción (extracción de plusvalía), venta (realización de la plusvalía) y el
reinicio constante del mismo ciclo, supone reacomodamientos en la composición
orgánica del capital, según el ritmo y necesidades que impone la competencia
entre los capitalistas. Estos cambios en los ciclos industriales que implican
reconversiones tecnológicas y/o ritmos de producción distintos, desplazan fuerza
de trabajo, creando permanentemente una “superpoblación relativa que existe
bajo las más diversas modalidades. Todo obrero forma parte de ella durante el
tiempo que está desocupado o trabaja solamente a medias” (K. Marx, El Capital
T 1, Cap. 23, pag.543). Esta población recibe el nombre de Ejército industrial
de reserva, por cuanto es la reserva del obrero en activo, y su función, o una
de ellas, la principal, es presionar hacia la baja del salario del obrero en activo.
Cuando la oferta de fuerza de trabajo excede la demanda de la misma, las
condiciones objetivas por lograr salarios más altos, son desfavorables para los
trabajadores.
2.4 La competencia entre capitales
La competencia entre capitales se constituye en el motor para el desarrollo de
las fuerzas productivas, si la competencia no existiera, no existiría la necesidad
de hacer más productivo el trabajo. Por qué? Porque la realización de la plusvalía
se da con la venta del producto-mercancía, y en la venta, en el mercado,
se establece el precio final de la mercancía. Aquél capitalista que tenga las
condiciones objetivas (determinada composición orgánica del capital) cuyo
resultado sea el aumento de la productividad, tendrá la capacidad de producir
un producto x en un tiempo menor, o una mayor cantidad de producto en
igual tiempo. Aquél capitalista que haya aumentado la capacidad productiva del
trabajo, estará en mejores condiciones para establecer el precio final de venta
del producto.
El valor (tiempo de trabajo) de un frasco de mermelada será distinto si se lo
produce en condiciones tecnológicas distintas: un trabajo artesanal o un trabajo
171 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
mecanizado. Artesanalmente en día la producción es de 10 frascos, trabajando
5 trabajadores. Tecnificadamente en un día la producción puede ser 100 veces
mayor con igual o menor cantidad de trabajadores. Ambos capitalistas van al
mercado, quién tendrá la capacidad de instalar el precio de venta del producto?
Aquél cuyo producto tenga menor valor, aquél que se produjo en un tiempo de
trabajo menor.
Es por esto que Marx sostiene que la competencia entre capitales es el motor del
desarrollo de las fuerzas productivas, y como resultado de ella también ocurre
la centralización de capitales, es decir, la absorción de unos por otros. Aquellos
capitalistas que no pudieron sobrevivir a los precios de venta de sus propios
productos, no pudieron realizar la plusvalía, siendo transferida a otro capitalista
de la misma rama, pero que produjo en condiciones técnicas mejores. Entonces,
existen siempre, a lo largo del desarrollo capitalista, dos procesos: concentración
de capitales (concentración creciente de los medios de producción y del poder
de mando sobre el trabajo, por parte de los capitalistas), y centralización
de capitales (concentración de capitales ya existentes, expropiación de unos
capitalistas por otros o aglutinación de muchos capitales pequeños para formar
unos cuantos capitales grandes). Estos procesos ocurren en todas las ramas de
la actividad económica: en la industria, en el comercio y los servicios.
Es fundamental entender esta cuestión porque permite el análisis de proceso de
producción del capital en su conjunto, considerando las esferas de la producción
y de la circulación y la dinámica establecida entre las mismas. También es
importante porque cuando se habla de la lucha de clases en la teoría marxista,
ha de tenerse en cuenta la guerra comercial que siempre existe entre fracciones
de la clase capitalista. Guerra entre capitales.
En este sentido, y retomando la cita número 8, es la distribución de la plusvalía
entre los capitales de las distintas esferas: producción y circulación. La plusvalía
no es sinónimo de ganancia, la ganancia depende del precio que los valores
obtuvieron al enfrentarse, competir con los otros valores producidos por otras
empresas. Se llama precio al valor de cambio que los valores obtienen como
resultante del enfrentamiento en el ámbito de la circulación.
Entonces, la plusvalía extraída en la producción, luego la ganancia a partir del
establecimiento del precio, toma distintas formas: ganancia industrial, ganancia
comercial, ganancia financiera (bancos) y rentas (del suelo, propiedades). A
propósito, podemos observar el estado del desarrollo del capital en el presente
y nos encontramos con los llamados Grupos económicos, es la forma más
avanzada, más concentrada y centralizada del capital, que ha reunido bajo un
mismo mando, bajo una misma propiedad, la producción, venta y financiación
de los productos, es decir, todo el proceso. Con lo cual, la plusvalía extraída no
se reparte entre propietarios distintos y por otro lado, se cuenta con una masa
mayor de capital dinero (acceso a créditos bancarios) para la reconversión y
avance tecnológico y su consecuente control del tiempo de trabajo, del valor y
finalmente de los precios de las mercancías.
En este sentido ha de entenderse la globalización como el establecimiento del
tiempo socialmente necesario de producción a nivel mundial: las mercancías
producidas en Europa compiten con las de Japón y con las de América. La
transnacionalización de los capitales significa que los grandes capitales instalan
tiempos de producción -en procesos productivos totales o parciales- en cualquier
estado nacional, dependiendo de condiciones beneficiosas para la obtención
de la ganancia: excensión o reducción impositiva, condiciones de calificación,
disciplinamiento y precio de la fuerza de trabajo, disponibilidad de materias
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 172
primas, contextos sociopolíticos adecuados, etc.
Las clases sociales
Mucho se ha escrito sobre lo que Marx dijo o quiso decir acerca de las clases
sociales, más cuando comenzó el último capítulo de su obra El Capital y
allí se interrumpió. Evidentemente en sus análisis del sistema capitalista de
producción, se identifican dos clases fundamentales: la capitalista y la obrera.
Sin embargo, a lo largo de toda su obra aparecen relatos y conceptualizaciones
sobre la existencia de otras clases sociales o fracciones de clase o capas del
pueblo, terratenientes, grandes y pequeños comerciantes, campesinos, pequeña
burguesía, clases medias, trabajadores en general, funcionarios, etc.. etc.. Las
preguntas son: cuántas clases sociales existen para Marx? Qué es una clase
social? Qué la define?
Si es la propiedad como apropiación lo que le otorga al sistema capitalista de
producción el fundamento y base de su construcción, son las personas que
ocupan los “lugares” materiales y sociales de apropiación-enajenación, las que
constituyen los grupos sociales principales. Ahora bien, sabemos que el proceso
de desarrollo -expuesto y explicado a partir de la ley general de la acumulación-
es continuo y dialéctico, lo cual quiere decir que estos grupos principales no
están representados por las mismas personas a lo largo del proceso, sino
que van cambiando conforme va desarrollándose la acumulación. A modo
de ejemplo, los primeros obreros asalariados -la clase obrera-, en un primer
momento fueron los campesinos expropiados de su tierra, luego lo fueron sus
hijos, con la tecnología, grupos profesionales son asalariados, etc.. Por otra
parte, el pequeño industrial absorbido por un gran industrial a partir de la
competencia y centralización, dejó de pertenecer a la clase capitalista en
sentido estricto. Con lo cual, el eje que no ha de perderse de vista es qué
grupos sociales pertenecen al campo de los apropiadores de plusvalía y
quienes son los expropiados. Distintas fracciones sociales con orígenes diversos
van conformando una dinámica que debe ser analizada en cada formación
económica particular. Si bien la ley de la acumulación capitalista rige en
todas las sociedades con condiciones capitalistas, el proceso presenta las
particularidades que las situaciones singulares tienen. El desarrollo capitalista
y su conformación de las clases sociales, no fue el mismo en Brasil, Perú,
Argentina o Inglaterra. Cada una de estas formaciones económicas y sociales
partieron de situaciones económicas y sociales diferentes. Qué tienen de común?
El régimen de producción de mercancías.
En cuanto al papel de las clases sociales en el proceso de desarrollo, a partir
de la identificación por parte de Marx, de la contradicción del sistema capitalista,
todas las fracciones de clase se enfrentan a la burguesía, aunque no todas con
igual objetivo, porque están en condiciones objetivas-materiales diferentes; le
cabe entonces, por igual razón al proletariado -clase obrera en sentido estricto-
ser el sujeto de la revolución.
Es importante distinguir dos cuestiones: por un lado, la contradicción objetiva
del sistema y por otro lado, sin salirnos del método, identificar la clase social
sujeto del cambio. Podemos citar tres párrafos del autor que dan claridad sobre
estas cuestiones:
“El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida
social, política e intelectual en general. No es la conciencia del hombre la
que determina su ser, sino, por el contrario, es su ser social el que determina
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su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas
productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones
de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto,
con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta
allí.” (K. Marx: Introducción a la Crítica de la Economía Política, pag. 7).
“El sistema de apropiación capitalista que brota del régimen capitalista de
producción, y por lo tanto, la propiedad privada capitalista, es la primera
negación de la propiedad privada individual, basada en el propio trabajo. Pero la
producción capitalista engendra, con la fuerza inexorable de un proceso natural,
su primera negación. Es la negación de la negación.” (K. Marx: El Capital, Cap.
23, pag. 649).
“ (...) De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, no hay más clase
revolucionaria que una: el proletariado. Las demás clases agonizan y perecen
con la gran industria, el proletariado es el producto más genuino de ésta. Las
clases medias, el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el
campesino: todos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia
como clases medias...; son reaccionarias, pues se empeñan en volver atrás la
rueda de la historia”. (K. Marx y F. Engels: El Manifiesto del Partido Comunista”
pag.9 y 11).-
Fascismo
Para estudiar este tema le recomendamos leer el material básico.
Social democracia
María Susana Bonetto de Scandogliero
Carlos Alfredo Juárez Centeno (h).
Compiladores
La Ideología Contemporánea
Prólogo de Francisco Delich
Ansaldi / Bonetto / Buchrucker / Castro de Cabanillas Chereski / García Delgado
/ Fernández / Juárez Centeno Maqueda / Novillo Corvalán / Ortíz Pellegrini
Parmigiani de Barbará / Peter / Piñero / Sazbón / Servato Tagle Achával
Viqueira
m2 |contenidos | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 4 . 3
m2 |contenidos | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 4 . 4
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 174
Córdoba 1992
La Ideología Contemporánea – Prólogo de Francisco Delich
EL DISCRETO ENCANTO DE LA SOCIAL DEMOCRACIA
Susana Bonetto de Scandogliero
“Para superar el paradigma del príncipe, para aprender a
hacer política secular, necesitamos superar la utopía y describir
nuevas ideas reguladoras, ideas que sean normas y valores de
conducta social paro que nunca más justifiquen la eliminación. del
antagonista ni permitan, confundir el futuro con el milenio”.
Ludolfo Paramio
1. SU PRAXIS HISTORICA
Para interpretar el sentido y la relevancia actuales del Socialismo
democrático es necesario enmarcar su estudio en el análisis histórico político
de su trayectoria. Conocer así, sus éxitos y sus fracasos que fueron el
resultado de las controversias y debates, las opciones y decisiones que debió
afrontar, los cuales terminaron diferenciándolo substancialmente del socialismo
revolucionario, como se distinguieron también sus efectivas realizaciones
políticas de las estructuradas según el modelo del socialismo real.
En el contexto del liberalismo decimonónico, la democracia comienza a
instaurarse en la realidad política a partir de las luchas por el sufragio universal,
en las cuales tuvieron una relevante participación los partidos socialdemócratas.
En este marco, su percepción de la democracia comprendía una potencialidad
transformadora ya que los derechos políticos se visualizaban como puramente
formales frente a la desigualdad imperante en lo social. Así a partir de su
nacimiento, el socialismo se plantea ampliar el principio democrático de lo
político a lo social, especialmente en su taz económica.
Para ello era necesaria la conquista del poder político. En este contexto
según sostiene Przeworshi el movimiento socialista que se desarrolla dentro
de las sociedades capitalistas occidentales debió enfrentarse a tres elecciones
provenientes de la situación imperante: 1) perseguir el avance del socialismo
dentro o fuera de las instituciones existentes en la sociedad capitalista; 2) buscar
el mente de la transformación socialista exclusivamente en la clase trabajadora
o cocear en el apoyo de diversas clases; 3) buscar reformas, mejoras parciales
o dedicar todos los esfuerzos y energías a la total abolición del capitalismo. A
partir de las estrategias de resolución de estas opciones, creemos que puede
sistematizarse la praxis histórica de la socialdemocracia.
A pesar de su participación en las luchas por los derechos políticos, la
democracia y el sufragio eran un arma de doble filo según la percepción de la
clase trabajadora. De allí que la actitud de los partidos socialistas y laboristas
hacia la participación política institucionalizada fue, en principio ambivalente. En
primer lugar, no estaban seguros que la burguesía respetarla la legalidad en caso
de un triunfo socialista, que necesariamente implicaría cambios en la estructura
socioeconómica. Por eso adoptaron estrategias tales como el programa Linz de
1926 del socialismo austríaco que prometía gobernar en estricta consonancia
con las reglas del Estado democrático, pero frente al boicot de la burguesía y si
esta no respetara la voluntad mayoritaria de cambio social la socialdemocracia
175 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
se vería obligada a emplear sistemas dictatoriales para vencer esa resistencia.
Frente a este temor, la actitud hacia la participación electoral, que implicaba
aceptar la legalidad institucional, era sumamente cauta y su aceptación generó
intensos debates. A pesar de esto la corriente abstencionista perdió apoyo
en la Primera Internacional después de 1873, en contraposición a la postura
anarquista que en el Congreso de Chaud de Foids en 1870 había sostenido
que cualquier participación de los trabajadores en la política gubernamental
burguesa iba a consolidar el poder de la misma a la vez que paralizar la acción
revolucionaria del proletariado.
También en el propio campo socialdemócrata muchas voces se alzaron en
contra de la participación. Alex Danielsson,uno de los fundadores de ese partido
en Suecia, sostuvo en 1888 que la inserción electoral podía transformar al
socialismo “de una nueva concepción de la sociedad y del mundo a un programa
insignificante de un partido puramente parlamentario”. Rosa Luxemburgo
manifestaba asimismo que la confianza en las batallas parlamentarias era una
manifestación de lo que Marx había denominado cretinismo parlamentario.
Sin embargo, una vez aceptada la participación institucional por la mayoría de
los partidos socialdemócratas europeos, la cuestión consistió en utilizarlo no
sólo con fines propagandísticos, sino para luchar por sus intereses, oportunidad
que no se podía perder, pues se consideraba reforzaría y contribuiría a la
movilización de los trabajadores.
Esto es así porque la democracia política daba a los obreros la oportunidad real
de luchar por sus intereses en la obtención de transformaciones sociales. Ya que
como ciudadanos a través de los mecanismos electorales, podían (de acuerdo
a respaldo de los sufragios obtenidos) intervenir a través de las decisiones
políticas adoptadas en la organización de la producción y la distribución de los
beneficios, en tanto que como productores inmediatos dentro de la estructura
capitalista no tenían ningún derecho institucionalizado a dirigir las actividades
productivas en las que participaban.
Haciendo un análisis de las condiciones existentes en la Europa Occidental,
que conformaban la estructura de la decisión, Przeworski sostiene que en una
situación en que la lucha armada aparentemente era inviable, el único recurso
racional que quedaba a los trabajadores y a los partidos socialistas era la
participación parlamentaria. A pesar de las limitaciones de esa oportunidad,
era la única posible a fin de responder alas demandas de sus bases. Los
partidos socialistas, en ese marco, trataron de elaborar estrategias que les
permitieran superar exitosamente la cuestión enunciada brillantemente por Rosa
Luxemburgo: “abandono del carácter de partidos de masas o abandono de los
objetivos finales”. Ya que la participación electoral, dadas las circunstancies
era necesaria para lograr el apoyo masivo de los trabajadores, pero podía
hacer peligrar los objetivos finales. Aquí llegamos a un punto crucial para
interpretar la opción socialdemócrata y sus consecuencias. Ludolfo Paramio
siguiendo la hipótesis de James O’Connor sostiene que el abandono de las
formas revolucionarias de lucha fue una consecuencia de la maduración de la
clase obrera, que superó las formas de lucha reactivas orientadas a reafirmar
los valores tradicionales violados por el capitalismo (propias del proletariado
naciente) y habla pasado en los países capitalistas centrales a posiciones
proactivas en pos de reivindicaciones no establecidas previamente. Por el
contrario, tal opción según el marxismo clásico- fundarnentalmente la ortodoxia
leninista- fue calificada peyorativamente de reformismo y visualizada como un
gigantesco paso atrás en la historia de las luchas proletarias.
Sin embargo otros sostienen al igual que Paramio, que este abandono por
parte de un proletariado industrial urbano maduro constituye una muestra de
lucidez, ante el proceso paralelo de fortalecimiento del aparato estatal y su
racionalización en el contexto europeo occidental , tanto en sus aspectos
asistenciales como puramente represivos, lo cual elevaba extraordinariamente
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los costos de las estrategias revolucionarias y reducía casi absolutamente sus
esperanzas de éxito.
Podría afirmarse entonces, que por las condiciones existentes se interpretó que
las transformaciones solo se podrían pretender en el marco de la legalidad
institucional. Por otra parte esta opción no dejaba de tener sustento teórico, así
se citaba una carta de Engels de 1891, que mucho había molestado a Lenin
donde se afirmaba “si una cosa es cierta, esta es que nuestro partido y la clase
obrera solo pueden llegar al poder bajo la forma de república democrática”.
Lo cierto es que más allá de las disputas teórico-doctrinarias la democracia
parlamentaria y su marco institucional se transformó finalmente en el socialismo
europeo de mera táctica en el credo básico de la futura sociedad socialista. Para
los socialdemócratas, la democracia parlamentaria pasó a ser, a la vez, medio
y fin el vehículo hacia el socialismo y la forma de la futura sociedad. Bernstein
llegó a decir que veía en el socialismo simplemente la democracia llevada a su
conclusión lógica.
La participación impuso ciertas limitaciones y de alguna manera reestructuró
los partidos socialdemócratas y la clase trabajadora: produjo la desmovilización
de las masas por la delegación de sus reivindicaciones en los representantes
parlamentarios, burocratizó los partidos, produjo el aburguesamiento de líderes
y militantes, impuso la lógica de las tácticas electoralistas, etcétera
Por otra parte y a pesar de estos problemas, los socialistas estaban convencidos
de su triunfo electoral. Su fuerza estaba en el número y las elecciones constituían
la expresión de este. Ya lo había sostenido Marx en el Manifiesto Comunista, “el
socialismo es el movimiento de la inmensa mayoría”. Tales aspiraciones se vieron
confirmadas por los resultados electorales: en Alemania de 125.000 votantes en
1871, la socialdemocracia alcanzó en 1912 el 34,8 %, más del doble del partido
ubicado en segundo lugar. Los austríacos alcanzaron el 40,8% en 1919, el sueco
39,1% en 1917, etcétera.
La mayoría con que los socialistas esperaban alcanzar el poder, debía estar
formada por obreros. Pero el proletariado no llegó a ser la mayoría electoral
en ninguna sociedad, pese a las predicciones de Marx. Por ello los partidos
socialistas buscaron 1° apoyo de otros sectores además de la clase trabajadora
y oscilaron, con resultados casi siempre negativos, entre 1a búsqueda de aliados
y el énfasis en la clase. Nos encontramos así frente a la segunda opción que
según Przeworski tuvo que afrontar la socialdemocracia: o constituirse en un
partido de todo el pueblo o seguir siendo un partido de clase.
Ningún partido socialdemócrata pudo definir la cuestión antes de la II Guerra
Mundial, sus historias están cubiertas de sucesivos cambios de estrategias. No
podían seguir siendo un partido exclusivamente obrero, pero les era imposible
también dejar de ser un partido obrero, lo que se constituyó en un verdadero
dilema solo dilucidado doctrinariamente a partir de la nueva Declaración de
Principios de 1a internacional Socialistas en Frankfurt en 1951. Y aún en el
presente cuando se ha producido el derrumbamiento del. mito del proletariado
como único sujeto revolucionario, muchos socialdemócratas sostienen que
incluso en una nueva propuesta de solidaridad colectiva, los trabajadores poseen
de hecho, una evidente centralidad dentro del proyecto socialista.
La tercera opción enunciada inicialmente a fin de comprender el sentido de la
praxis socialdemócrata nos lleva al análisis del reformismo.
Según Przeworski los socialistas comenzaron a tomar parte en las elecciones
con unos objetivos últimos, estos eran en líneas generales: la abolición de
la explotación, la desaparición de la división de la sociedad en clases y de
todas las desigualdades económicas y sociales, el fin de la dilapidación y la
anarquía de la producción capitalista y la erradicación de todas las causas de
injusticia. Es claro que estos fines últimos no podían alcanzarse inmediatamente
por razones tanto políticas como económicas. También se tenía conciencia de
que la socialdemocracia debía representar los intereses de los obreros y otros
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grupos, no solo en virtud del logro de las metas de una sociedad futura, sino
también dando una respuesta a las acuciantes demandas de ese momento. Así
el parido socialista francés, liderado per Jaurés, proclamó en su Congreso de
Tours en 1902 “el partido socialista rechazando la política de todo o nada, tiene
un programa de reformas que a partir de ahora quiere realizar”.
Qué aspectos podrían destacarse en este primer período reformista, que quizás
arbitrariamente, pero a fin de circunscribir etapas, ubicaríamos desde fines del
silo XIX hasta alrededor de 1930?.
En primer lugar la propuesta de mejoras inmediatas nunca fue vista por
sus propulsores como un abandono de los objetivos finales. Así Kautsky
consideraba un error imaginar que las reformas pudieran retrasarla revolución
social. Incluso cuando los movimientos socialistas abandonaron la protección
de la interpretación materialista de la historia para redescubrir la justificación del
socialismo en los valores éticos, no se pierde la confianza en la inevitabilidad
del socialismo. Así la famosa renuncia de Bernstein a los objetivos finales no
implicaba que no fueran a cumplirse nunca, sino que el camino para alcanzarlos
era concentrarse en los objetivos inmediatos.
En el imaginario político socialdemócrata de ese período, en definitiva, a pesar
de la adopción de la legalidad institucional, la reforma y la revolución, entendida
esta última como transformación de las relaciones sociales y económicas, no
necesariamente por insurrección, no se consideraban opciones excluyentes.
En este contexto, no resultaba contradictorio lo propuesto por Jaurés, quien
sostenía que precisamente por ser un partido revolucionario, el partido socialista
era el más activamente reformista. Se creía que en algún punto la mitigación de
los efectos del capitalismo se convertiría en transformación y la atenuación en
abolición.
En los hechos si hasta la I Guerra Mundial, los partidos socialistas europeos
concentraron sus esfuerzos en organizar a los obreros y ganar votos, casi
nada se había elaborado en concreto para la realización de la socialización.
Su única propuesta programática era la nacionalización de los medios de
producción, planteada por la mayoría de los partidos socialistas, pero sin una
real concreción, en parte por la ambivalencia de los planes y en parte también
porque los socialdemócratas no obtuvieron en ningún país, en esta etapa, el
suficiente número de votos para obtener la mayoría parlamentaria y gobernar
sin compromisos. Finalmente su estrategia consistió en entrar en el gobierno,
introducir las reformas para las que se consiguiera mayoría parlamentaria y luego
esperar. Se ocuparon de mejorar así, la situación de la clase trabajadora, esto
es: el dictado de legislación laboral y social, medidas que aunque favorecían
a los obreros, eran aceptadas por el nivel acotado de sus efectos en el plano
político- económico.
Podría sostenerse que hasta la década de los 30 los socialdemócratas no
concretaren ninguna propuesta económica propia. Su estrategia consistió en
la mas dura critica al capitalismo, declarando la superioridad del socialismo
y proponiendo programas de nacionalización de los medios de producción,
aunque imposibilitados de realizarse por no contar con el número suficiente
para obtener la mayoría parlamentaria. No se efectivizó así en esta etapa la
elaboración de una propuesta alternativa factible.
Acerca de este período, se ha hecho además un análisis crítico desde la
ortodoxia marxista, al desempeño de la II Internacional y principalmente a la
socialdemocracia Alemana, por el papel dirigente que en ella tuvo, en dos
cuestiones fundamentales: 1) la incapacidad socialista para impedir el estallido
de la I Guerra Mundial; 2) la incapacidad de la Socialdemocracia Alemana como
partido guía de la Internacional para ofrecer una alternativa a la crisis de Weimar,
y su consiguiente destrucción por el fascismo.
Respecto a la primera cuestión, entendemos que debe ser revisada en un
análisis más objetivo. La critica lanzada por los bolcheviques con posterioridad
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 178
a la revolución rusa , se centró en que los partidos de la II Internacional estaban
en condiciones de evitarla guerra, y si no lo hicieron, fue por
la traición de sus dirigentes, lo cual se evidenció con toda claridad en el
significativo hecho de la votación de los créditos de guerra por el partido líder: la
socialdemocracia alemana. Sin embargo autores como Paramio entienden que
más allá de los calificativos morales que el hecho pueda merecer era casi nula
la viabilidad práctica de una política distinta. Esto es así porque la efectivización
de la estrategia esgrimida frente a la amenaza bélica: la huelga general, no era
creíble realmente para nadie. Ello a consecuencia de que en este estadio, en
realidad, la socialdemocracia había dejado de ser un partido revolucionario y
se había transformado en un movimiento reformista defensor de los intereses
obreros y un excelente instrumento de organización y educación de esa clase,
para la elevación de su nivel de vida y la extensión de sus derechos políticos,
aunque su discurso se encontrara atado a la vieja retórica revolucionaria.
Por otra parte si se analiza la situación de la clase trabajadora alemana y de su
partido en ese período, se puede afirmar que se encontraba en una posición que
ha sido calificada como de integración negativa, que la condujo a paradojas tales
como mantener un internacionalismo ideológico de los sin patria, heredado de
1848, mientras que se encontraba en los umbrales de su completa integración
en la nación, y a la par que se sostenía la inevitabilidad de la revolución,
había renunciado completamente en los hechos a la tradición revolucionaria.
Estas contradicciones entre el discurso y la práctica le ocasionaban graves
problemas; y en definitiva le impidieron formular una alternativa concreta y
viable de gobierno, concluyendo en su desmoronamiento frente al nazismo. Tal
situación se presentaba de manera más o menos semejante en los otros partidos
similares europeos.
Recién comienza a gestarse una propuesta alternativa clara y a adquirir la
socialdemocracia un perfil particular cuando se construye una estrategia de
respuesta a la crisis del 30 en Suecia, Noruega y en menor grado Francia, con
medidas económicas anticíclicas que transgredían la ortodoxia existente.
Es importante destacar el surgimiento de una alternativa positiva socialista
democrática en este contexto, por cuanto una de las más extendidas críticas
a la socialdemocracia se refiere a la identificación del exitoso desempeño de
esta como maquinaria redistributiva de la opulencia capitalista. Sin embargo y a
modo de refutación, el modelo sueco generalmente reconocido como paradigma
del socialismo democrático, se constituyó a partir de un contexto de notable
crisis económica.
Más allá de las controversias acerca de si la política económica de la
socialdemocracia sueca se desarrolló autónomamente o si fue aplicación de
las ideas de Keynes que ya habían comenzado a circular, el salto cualitativo
de su hegemonía se produce en 1932 con la alianza entre el proletariado
industrial socialista y el partido agrario. El acuerdo entre ambos para salir de
la crisis de subconsumo fue, desde el punto de vista económico un pacto
implícitamente keynesiano. Este fue presentado por Hansson, primer ministro
del nuevo gobierno de coalición, como una política popular de unidad nacional,
por la cual obreros mejor pagados pudieran abonar mayores precios por su
alimentación, permitiendo así, la recuperación económica de los campesinos
medios y pobres.Esto crea a partir de 1936, una vez obtenido el más amplio éxito
de esta política, un sistema paradigmático con el nivel y la calidad de vida más
altos de Europa, igualitario y preocupado por el bienestar general, internamente
armónico y homogéneo, con una política exterior defensora de la paz y la
distención. Este ha llegado a identificarse con el modelo Socialdemócrata de
sociedad, basado en un consenso colectivo sobre los valores de libertad,
igualdad y solidaridad con una estructura política democrática inmersos en una
próspera realidad, no en el reparto de la miseria. Es sumamente relevante que la
fuerza política que impulsó el reparto, la igualdad y la solidaridad fue la misma
179 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
que creó la riqueza a partir de una situación de crisis.
Este ejemplo refuta cierto discurso que sostiene que la derecha crea riqueza
y la izquierda la reparte. Se podría afirmar que los socialdemócratas europeos
asumieron totalmente las propuestas Keynesianas por cuanto significaba una
política diferente para la administración de las economías capitalistas que a
su vez justificaba la participación de la socialdemocracia en el gobierno. Pero
además, el Keynesianismo daba una categoría universal a los intereses de
los trabajadores. En la lógica de la teoría de Keynes el aumento de salarios,
(cuyo requerimiento anteriormente se veía como contrario al interés nacional)
significaba un aumento de la demanda lo que implicaba una mejora de las
expectativas de beneficios, un aumento de la inversión y finalmente un estímulo
para la economía. Así los intereses de los obreros coincidían con los intereses a
largo plazo de la sociedad en su conjunto.
En síntesis, en el marco de esta teoría que luego de la Segunda Guerra
Mundial sirve de base para la reconstrucción europea, la sociedad no estaba
indefensa ante los caprichos del mercado, la economía podía controlarse y el
bienestar de los ciudadanos, podía aumentarse continuamente por medio de la
intermediación del Estado.
Así la defensa de los intereses de los trabajadores, las críticas a la economía
clásica capitalista, las reformas sociales propuestas, tanto en el discurso como
en la práctica Socialdemócrata seguida en todos los años anteriores, encontraba
su justificación ideológica en una teoría económica técnica. En este marco el
socialismo democrático, encontró una política clara y factible, que postulaba una
serie de reformas realizables con éxito dentro del contexto capitalista, gracias
a la que se lograron créditos electorales y en definitiva les permitía una nueva
estrategia de reforma abandonando el proyecto de nacionalizaciones. Esta nueva
ruta, incluía por cierto un compromiso fundamental con el capitalismo, pero
era factible en lo económico, socialmente beneficioso y - fundamentalmente-
políticamente realizable en condiciones de democracia.
El giro keynesiano llevó a los socialdemócratas a desarrollar una completa
ideología del Estado Benefactor que se extendió como una realidad en la mayoría
de los países europeos en la segunda pos-guerra.
Se puede afirmar que el paradigma de sociedad socialdemócrata en el período
iniciado en 1945 y que perduró durante treinta años fue una combinación de
Estado de Bienestar con sus prestaciones sociales públicas en salud, educación
v vivienda, sustentadas mediante impuestos progresivos y economía mixta
con coexistencia de empresas públicas y privadas, aunque su efectivización
adquiriera diversas modalidades. Todo ello es claro enmarcado políticamente en
un Estado de derecho democrático.
La asunción de la economía mixta generó la crítica de la ortodoxia marxista, pues
se consideraba un reflejo de la excesiva prudencia y timidez de las direcciones
socialdemócratas que no se aventuraban, ante las presiones del capital, a llevar
hasta el fin un programa consecuentemente socialista. Esta crítica surgió de la
idealización imperante en ese período en vastos sectores de izquierda sobre el
modelo soviético, el cual ocultaba todavía la manifestación de su ineficiencia y
autoritarismo.
Desde una perspectiva actual, y atento a la experiencia histórica, ya no resultan
tan sólidas y han perdido sustento tales críticas. La caída del modelo soviético
en su paradigma político, permite revalorizar la opción socialdemócrata de
adopción de las reglas de juego democráticas como parte esencial de su
proyecto. Y la evidencia de que las economías estatalizadas no han logrado
superar en eficiencia a las economías de mercado refuerza la perspectiva del
socialismo democrático en cuanto a que el futuro del socialismo no pasa por
la abolición de la propiedad privada y el mercado, sino per el avance hacia el
control democrático de la economía.
Por otra parte también está claro que la propuesta del socialismo democrático
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 180
no se agota en los límites de lo realizado en ese período. En ese marco, un
modelo fiscal y salarial que aumentaba el crecimiento del consumo y mercado
internos, era compatible con las ideas de igualdad y redistribución, vinculado
también con la presencia del fordismo que garantizaba tanto la rentabilidad del
capital como los ingresos de tos trabajadores y transformó a los sindicatos en
fuertes maquinarias representativas. Todos estos rasgos eran funcionalmente
compatibles y políticamente aceptables, lo cual explica su éxito, pero no
constituyen el máximo logro y límite de cualquier propuesta socialdemócrata. En
los países capitalistas desarollados la historia del movimiento obrero y de los
partidos socialistas es la historia de la creciente construcción de un poder social,
que aún hoy, a pesar de la crisis no ha sido destruido, y que puede adoptar y de
hecho lo está haciendo, otras estrategias democráticas y reformistas.
Fue criticado también en ese período la posición adoptada por los partidos
socialistas democráticos congregados en la Internacional Socialista frente a la
guerra fría, por su posición de abierto enfrentamiento al bloque comunista .
Pero esto se explica por la discrepancia real, doctrinaria e histórica que ya en
esa etapa de su desarrollo mantenía la socialdemocracia con los sistemas de
partido único imperantes en dicho bloque. Sin embargo fueron los impulsores,
sobre todo el S.P.D. de una política de coexistencia pacífica y de distensión
con el bloque soviético, ya a partir de la década del 60, aunque no implicara
una conciliación política o ideológica dei socialismo democrático con el
comunismo.
A partir de 1951, ya los partidos socialistas propiciaron la integración europea y la
necesidad del fortalecimiento de Europa para poder actuar como tercer participe
en la negociación este - oeste. También apoyaron la idea de una “Europa para los
trabajadores” sobre la base de la legitimación democrática de las instituciones,
la seguridad social, la cogestión y otras propuestas consecuentes con una línea
social-reformista.
LA SOCIALDEMOCRACIA. UNA CONSTRUCCIÓN EUROCÉNTRICA?
Hasta la década de los sesenta la internacional socialista fue una organización
que agrupaba casi exclusivamente a los partidos socialdemócratas europeos,
salvo los apoyos que provenían de Australia y Nueva Zelanda no convocaba a
ningún partido fuera del continente. Se ha sostenido así, que es un producto
político surgido de una situación y un escenario europeo e incapaz de
comprender otras realidades.
Entre 1945 y 1965 la socialdemocracia no arriesgó apoyos decisivos a los
movimientos de liberación del tercer mundo, brindando sólo un respaldo tibio
a algunos movimientos reformistas en las ex colonias europeas. Se atribuye a
su eurocentrismo la incomprensión de tales procesos; pues si bien reconocía
formalmente el derecho a la autodeterminación de los pueblos, en el fondo creía
que una Europa socialista y democrática era el principal requisito, para civilizar
a los países del tercer mundo.
Sin embargo cuando el contexto de la guerra fría se va superando, entre otros
factores gracias a su intervención y Europa Occidental alcanza su despegue
económico, la Internacional Socialista como expresión del movimiento obrero
mayoritario europeo y partidario por ello del progreso político-social y económico
de los pueblos adopta una postura pacifista y de apertura hacia movimientos
progresistas del mundo subdesarrollado.
Así en el Congreso celebrado en Milán en 1952, se aprobó una declaración
titulada “Una política socialista para los países subdesarrollados” en la que se
postulaba el apoyo para la superación de la dependencia económica, política y
moral, comprometiéndose también a impulsar la realización de un plan mundial
de desarrollo, que no era entendido como caridad sino como estricta justicia,
proponiendo además que estos fondos de ayuda debían provenir de la reducción
181 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
armamentista en Europa Occidental.
Respecto a nuestra región se creó en 1955 un Secretariado para América Latina
y en 1960 se constituyó el “Comité Permanente para las Regiones en Desarrollo”,
en el que se incluía a Latinoamérica.
Esta orientación hacia los países subdesarrollados se fortaleció, variando
fundamentalmente la perspectiva eurocéntrica debido a la acción de Willy
Brandt, que impulsaba decididamente un socialismo que integrara la utopía con
el pragmatismo, y proponía el reconocimiento de la diversidad cultural como el
lugar desde donde se podía ampliar el espectro de la definición ideológica de
la socialdemocracia. Así a partir de la flexibilización del concepto del socialismo
democrático se incluyó a movimientos nacional democráticos policlasistas y con
contenido social, incorporándose los llamarlos populismos del tercer mundo.
Dicha iniciativa promovida fundamentalmente a través del apoyo de Bruno
Kreinsky y Olaf Palme obtuvo éxito y finalmente en 1976 en la reunión de
Caracas se establecieron ejes programáticos comunes a los partidos europeos
y del tercer mundo consistentes fundamentalmente en la proclamación de la
democracia social, política y económica.
Esta reformulación de las relaciones de los partidos socialistas democráticos
de Europa y los movimientos afines en países subdesarrollados, tuvo su punto
culminante con la realización del XVII Congreso de la Internacional Socialista,
por primera vez en su historia en América Latina, en Lima Perú del 20 al 23 de
Junio de 1956, teniendo como anfitrión al Partido Aprista Peruano.
En el discurso inaugural dado por el presidente Alan García éste reivindicó el
aporte latinoamericano, primero descalificado y luego aceptado por el socialismo
europeo. Así sostuvo que: “Mariátegui fue acusado después de su muerte como
populista, como soreliano voluntarista por el pecado de haber comprendido que
el socialismo no es un hecho inevitable y fatalista del futuro, sino una acción
colectiva y creadora”.
También Haya de la Torre había sostenido como peruano que la lucha
antiimperialista y la construcción nacional no corresponden a una clase definida
en el sentido europeo sino al conjunto de grupos sociales, campesinos,
obreros, intelectuales v clases medias amenazadas por el imperialismo. Esas
ideas formuladas en el primer cuarto de siglo, en principio diferentes de las
concepciones europeas, sin embargo son enunciadas a su vez por el socialismo
europeo a partir de los Congresos de Frankfurt y de Bad Goderberg.
Por eso en el presente, sostuvo García, se han juntado los caminos de la
democracia social de América Latina y el socialismo democrático de Europa a
través de los mismos objetivos: libertad, igualdad y solidaridad; y esto último
implica que los socialistas europeos están moralmente obligados a hacer suya
la causa de los pueblos pobres de la tierra.
LA DOCTRINA
La elaboración doctrinaria de la socialdemocracia está estrechamente ligada a
su inserción en una determinada tradición cultural, lo que en términos actuales
se puede definir como una cultura política. Esta pertenencia a toda una historia
de construcciones político-culturales de la Europa Occidental influyó al igual que
las estructuras históricos sociales en definir su perfil. Y en dialéctica interacción
con ellas construyeron una alternativa socialista mayoritaria que no se ajustaba
a los marcos de la ortodoxia. Se diferencia principalmente en cuestiones
fundamentales tales como el rechazo a una interpretación sesgadamente
economicista de los procesos sociales, la aceptación del Estado de Derecho y
de la democracia, el pluralismo político, el reformismo y hasta la idea misma de
nación como ámbito para la construcción del socialismo.
Así con respecto al primer aspecto se advierte una reivindicación de los valores
éticos y del peso de las construcciones culturales frente al determinismo
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 182
economicista. Tal es la posición de Bernstein, fundamentalmente en su obra
Postulados del socialismo (1899) en la cual limitaba el alcance del materialismo
histórico y ponía en duda la tesis marxista de las ideas reflejo. Según Bernstein,
los imperativos éticos tienen una realidad monumental y actúan en la historia.
Por eso el socialismo no debe expulsarlos sino integrarlos en su teoría y no
hacer de la lucha de clases y de las transformaciones económicas el único motor
de la historia.
También Enri de Man en su obra Más allá del materialismo (1972) sostiene
que la hipótesis materialista de Marx es un presupuesto radicalmente superado
y la lucha de clases sólo tiene sentido “transferida del plano económico al
plano ético.” Afirma entonces que el materialismo marxista descansa en la
“subestimación de la producción de ideas como resorte de la evolución histórica,
conduce al callejón sin salida y al aburguesamiento de la cultura proletaria
mientras se desvanece la idea socialista”. Por el contrario, según este autor “el
socialismo es una tendencia de la voluntad hacia un orden social equitativo”.
El mismo sentido moral del socialismo se advierte en las dos grandes figuras
del socialismo francés Jean Jaurés y León Blum. El primero intenta conciliar
idealismo y materialismo: “El movimiento de la historia constituye a la vez una
protesta idealista de !a conciencia contra los regímenes que rebajan al hombre y
una reacción automática de las fuerzas humanas. (...) y hay en la historia humana
no sólo una evolución necesaria, sino una dirección inteligible y un sentido
ideal”.
Está presente en este autor una concepción de los derechos del hombre: “Es el
socialismo el único que daría a la declaración de los derechos del hombre todo
su sentido y que realizaría el derecho humano”.
Sostuvo un humanismo pacifista que le valió ser denunciado como agente de
Alemania y traidor, siendo asesinado el 31 de julio de 1914.
Por otra parte León Blum en su libro A escala humana (1941) presenta un
verdadero programa de socialismo humanista para la liberación de la persona
humana de todas las servidumbres que la oprimen, manifestando que el
socialismo es una moral y casi una religión tanto como una doctrina;, ya que
es la aplicación exacta en el estado actual de la sociedad de esos sentimientos
generosos y universales sobre los que se han basado las religiones.
En cuanto al Estado, en oposición a la tesis de Marx-Engels, el pensamiento
socialista no ortodoxo advirtió que este no era un simple epifenómeno de la
lucha de clases que desaparecería al finalizar ésta, sino una institución necesaria
para la coexistencia y la realización de las potencialidades humanas. Respecto a
esto, Kautsky sostuvo que la tesis de la extinción del Estado debe entenderse en
el sentido de la superación de la estructura capitalista del mismo, pero que no
puede prescindirse del Estado si se pretende organizar la producción socialista.
Por otra parte, la prestigiosa y respetada socialdemocracia alemana, en ninguno
de sus programas alude a la extinción del Estado sino a futuras formas de
reformulación del mismo adecuadas a la sociedad socialista tales como estado
popular y estado libre del pueblo, estado democrático y social, etcétera.
En realidad, en el contexto europeo occidental el hecho de la obtención por
parte del trabajador de la satisfacción de buena parte de sus reivindicaciones por
intermediación del Estado, a partir de la ampliación de sus funciones sociales y
económicas y, las posibilidades ofrecidas a los partidos obreros y socialistas por
la instauración de la democracia política condujeron a actitudes hacia el Estado,
que según García Pelayo se pueden esquematizar en los siguientes puntos:
a) El estado es más que un mero instrumento de dominación de clase, es una
institución destinada a satisfacer necesidades sociales.
b) Es sólo un enemigo circunstancial de la clase trabajadora en cuanto burgués,
pero puede, reformulado, mediar para la satisfacción de los intereses obreros y
ser un escenario de construcción del socialismo.
c) Para ello es necesario un Estado fuerte, capaz de asumir y llevar a cabo
183 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
funciones sociales y económicas. Entonces se debe luchar en y por el Estado y
no contra el Estado.
Se llegó también a la conclusión de que la actitud de total ruptura cultural,
política y económica, propia de la ortodoxia leninista, que consideraba a la
democracia política como una forma más de dominación de clase debía ser
sustituida por la valoración que tal forma política merece, como algo valioso
adquirido en el curso de la civilización (en tanto su primera versión liberal
incluía el Estado de Derecho y cierto sistema de libertades). Y, que puede ser
perfeccionado a fin de que la declaración formal y abstracta de la democracia
adquiera un contenido real. La idea de democracia del socialismo occidental
no se refiere sólo a la forma política sino que se orienta a una mayor igualdad
social y a un mayor bienestar económico pues son supuestos inexcusables para
la realización de las proclamadas libertad e igualdad políticas.
La aceptación de la lógica democrática a partir del establecimiento lento
del sufragio universal perfila la distinción de la socialdemocracia respecto
a la ortodoxia marxista-leninista, aceptada no como fórmula de transición
circunstancial sino como dato fundamental y permanente dei sistema
político. Sin embarro, la socialdemocracia realizó a su vez una crítica
contundente de la vieja democracia burguesa y siendo el actor más poderoso
del reconocimiento y ampliación del sufragio universal, pretendió llevar a la
democracia a su total realización en el ámbito socioeconómico.
Su propuesta democrática comprendió la aceptación de la democracia
representativa. En eso acordaban a pesar de sus otras diferencias Bernstein,Blum,
Mac Donald, Brantiná y Millerand. Ásí para Bernstein “la democracia es un medio
y un fin. Es medio para la lucha por el socialismo y es la
forma de realización del socialismo”. La democracia es para Bernstein una
síntesis de la democracia propiamente dicha y del lieralismo, no en el sentido de
los partidos liberales- capitalistas, sino como un movimiento histórico universal
del que el socialismo no es sólo su sucesor en el tiempo sino también el legítimo
heredero de su contenido espiritual y destinado a sustentar sobre un fundamento
económico los valores de la seguridad y libertad personales. La democracia
social así postulada no constituye una brusca ruptura con los sistemas culturales
y políticos precedentes sino la culminación y perfeccionamiento de lo que estos
poseían de valioso.
También el socialista belga Enri de Man en la obra ya citada defiende una
democracia política que consiste en organizar un control eficaz del Estado por la
voluntad popular.
A partir de estas consideraciones y en cuanto a su ejercicio real la democracia ha
consistido para la socialdemocracia mucho más que una estrategia de acceso
al poder, es un proyecto político de fondo sobre la naturaleza misma de la
sociedad a construir, que se distingue de los partidos liberales de derecha
en cuanto acepta el conflicto de clase, de él saca incluso su fuerza en tanto
partido de la clase obrera pero no pretende superar este conflicto por medio
de la aniquilación del adversario, sino que como la tradición liberal, acepta el
pluralismo político y en los hechos, su hacer se efectiviza por el compromiso para
la transformación económica y la competencia pacífica por el poder político.
A modo de conclusión acerca de la construcción doctrinaria del socialismo
democrático debemos destacar que en la última Declaración de Principios de
la Internacional Socialista, dado en Estocolmo en junio de 1989 se resumen
los presupuestos básicos de este en la actualidad . Se considera en ella que
permanecen como universales los valores del socialismo democrático en cuanto
a la democracia, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la paz y los derechos
humanos. Los acontecimientos de los últimos años han demostrado lo valioso de
estos principios, y según se sostiene: “los socialistas democráticos han llegado
a la definición de estos valores de muy diversas maneras. Estos se originan en el
movimiento obrero, los movimientos de liberación nacional, tradiciones culturales
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 184
de asistencia mutua y solidaridad comunal en muchas partes del mundo. Estos
valores se han nutrido de las variadas tradiciones humanistas del mundo”.
Una de las cuestiones fundamentales a resolver en el futuro se refiera a
las iniciativas por la paz pero esto requiere: “que los diferentes sistemas
socioeconómicos y naciones cooperen entre sí, en proyectos para la construcción
de la confianza y el desarme por la justicia en el sur y la protección de la biósfera
del planeta”
Se destaca en esta Declaración el tratamiento de las relaciones Norte-Sur como
un problema relevante a considerar al cual se agrega también en importancia
la protección ecológica del planeta. Todo ello unido a los requerimientos de
democracia política y económica y pluralismo cultural configuran una propuesta
política realmente progresista en el presente de lo cual hablaremos en otro
artículo.
En síntesis la socialdemocracia, más allá de su presencia como conjunto de
partidos y movimientos agrupados en una internacional, supone una alternativa
no clausurada sino abierta a un desafío.
Esto es así por que en su actual perspectiva, si por una parte son aceptadas como
necesarias tanto los mecanismos e instituciones democráticas cuanto la economía
de mercado, por otra parte, también la intervención del Estado democrático es
visualizada como indispensable para elevar el nivel socioeconómico orientado al
logro de la justicia.
Su expresión puede ser distinta en Europa, América latina u otras regiones, pero
el principio es el mismo: una sociedad democrática con economía dé mercado,
pero vinculada esta última con los demás aspectos de la vida social lo cual
supone un cierto grado de intervención estatal, por cuanto los intereses de la
mayoría deben ser representados democráticamente en la toma de decisión.
Cuestión que se evidencia ya como un requerimiento al cual se debe dar
respuesta. Por cuanto si bien las hoy extendidas políticas neoliberales han
resuelto algunos problemas técnico-económicos (así lo presentan en estadísticas
numerosos análisis profusamente divulgados) no han resuelto los problemas de
la sociedad ni tampoco del sistema político, por el contrarío se advierte que los
han agravado.
En relación a esto no se debe olvidar que no existe desvinculación entre
lo económico y lo socio-político, sino una relación de implicancia mutua,
cuestión que parece no contemplar la perspectiva neoliberal. Esta conexión si
es asumida por la propuesta socialdemócrata, su desafío consiste en lograr
la reconstrucción del sistema social superando la recepción pasiva de lo
pretendidamente inevitable que conduce a un individualismo de supervivencia.
Para esto debe orientar la acción hacia la reconstitución de significados e
interacciones entre los actores sociales, evitando así la pérdida de relevancia de
la política y la crisis de representación. Cuestión esta de necesaria resolución
para una redefinición satisfactoria de la democracia.
Por otra parte también debe encaminar su acción hacia un modelo eficiente de
crecimiento estable en un mercado mundial competitivo, creándose mecanismos
de redistribución adecuados a la actual situación, en la cual ni en el norte ni en
el sur la redistribución origina crecimiento como en la posguerra, por el contrario
la competencia internacional exige crecer para poder redistribuir.
Este es el desafío que debe superar la socialdemocracia para dar una solución
que tema aceptación en un contexto en el cual ya se evidencia que los problemas
sociales y políticos se están convirtiendo en exigencias imprescindibles de
considerar y frente a las cuales son cada vez notorias las debilidades del modelo
neoliberal.
En esto reside el aludido discreto encanto de la socialdemocracia; pero también
en las actuales circunstancias su profunda fuerza transformadora.
185 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
del pensamiento socialista: libertad, justicia, solidaridad y la mutua obligación
derivada de la común solidaridad. Sin embargo, este nuevo orden no se
condensaba en la fórmula tradicional de la socialización de los medios de
producción, sino que se consideraba compatible con le economía de mercado y
con la propiedad privada controladas.
En contraposición con una formulación como la señalada, especialmente a partir
de la década de los ’60, se produce una difusa pero insistente teorización de una
más bien tajante distinción entre socialdemocracia y socialismo democrático,
identificada aquélla con el mero reformismo que acepta la organización
capitalista y éste como una doctrina que pretende superarla radicalmente,
siempre mediante el respeto a las reglas del juego democrático. Esta posición,
tributaria de fenómenos tan distintos como la primavera de Praga de 1968 o el
Chile de Allende entre 1970 y 1973, puede detectarse teóricamente en autores
tan dispares como R. Bahro, Lichtheim, Macpherson, Sotelo, Touraine, entre
otros.
En el plano de la práctica política, esta propuesta tendió a presentarse sobre
todo como doctrina propia de los partidos del sur de Europa, que nunca se
habían incorporado al gobierno, como el caso del español o griego, o que
no lo habían hecho hegemónicamente, como el francés o italiano, y hasta el
momento que lo hicieron. Por su parte, aun con matices distintivos, a la misma
idea de socialismo democrático llegaron también los partidos comunistas de
igual localización europea, que propiciaron el movimiento del eurocomunismo
como alternativa al modo dictatorial seguido en los países de “socialismo real”.
En definitiva, corrientes muy distintas en origen convergen en la propuesta de un
socialismo democrático que se propone como “tercera vía” entre el comunismo
y la socialdemocracia.
Norberto Bobbio, uno de los más relevantes socialistas liberales contemporáneos,
sentenció hace no mucho tiempo que “la tercera vía no existe”, pretendiendo
poner de manifiesto que entre el método democrático y el dictatorial no puede
haber ningún híbrido para ir acercándose al socialismo. Creemos, sin embargo,
y en relación con los fines, que la distinción entre socialdemocracia y socialismo
democrático, o si se quiere entre socialdemocracia moderada y radical, puede
aludir a la diferencia entre propuestas predominantemente institucionales e
insistentes en el democracia política representativa y propuestas más permeables
a la intervención social no organizada mediante partidos y a la extensión de los
mecanismos democráticos, a ser posible, directos, a todos los ámbitos, como
el económico, el escolar, el sanitario, por sólo citar algunos. Tal ideal de “ una
democracia más avanzada en todas las esferas de la vida: la política, la social
y la económica”, es el marco y a la vez el fin del socialismo proclamado en
la Declaración de Principios de la Internacional Socialista de 1989. Y a
pesar de las limitaciones reales de la socialdemocracia como fórmula política
propia sólo de algunos países occidentales especialmente desarrollados, el viejo
ideal internacionalista no deja de aparecer ahora como referente utópico en la
propuesta de una “sociedad democrática mundial”, cuya estructura política no
se configure como un subproducto de los egoísmos de los bloques, las naciones
o las empresas, según reza la citada Declaración.
Sin embargo, con independencia de la lejanía entre las realidades y los deseos
y de la reconocida dificulta de ir avanzando hacia la consecución de los ideales
como los anteriores en el marco de una severa estructura económica del
capitalismo globalizado y multinacional, la socialdemocracia es hoy objeto de
un debate más radical. Así, se trata de dilucidar si el modelo que propone la
socialdemocracia es susceptible de una profunda renovación que le permita
encabezar o, cuando menos, acompañar ulteriores transformaciones sociales
o si más bien se encuentra ya enclaustrado en una posición esencialmente
conservadora y quizá condenado a ser superado por un nuevo paradigma que
recoja su agotado impulso crítico y progresista, así lo entienden entre otros: Gorz,
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 186
Touraine. Tres factores básicos se han aducido como relevantes para describir
este nuevo gozne histórico: la extensión en influencia de movimientos sociales
alternativos a los tradicionales como los ecologistas, pacifistas, feministas, etc.,
la consecuencia de las graves contradicciones e insuficiencias de un modelo
económico-social basado en el magaindustrialismo y en el atizamiento de
un espiral inagotable de productivismo y consumismo y, en fin, la creciente
insostenibilidad de unas relaciones entre países pobres y ricos que apenas
contemplan los menores progresos en la búsqueda de la eliminación del hambre
y la miseria que asolan a la mayor parte del mundo. Sin duda que el futuro
papel del pensamiento y los movimientos socialdemócratas dependerá de sus
respuestas a estos problemas fundamentales.
mapa conceptual
187 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
material m2
¿Qué materiales voy a utilizar?
Material Básico:
- Apuntes de Cátedra. Unidad 4 punto V. (El alumno encontrará estos
materiales en el CD en forma de enlaces).
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana (y otros): Notas sobre
Teoría del Estado. Ed. Advocatus, Córdoba, 2000.
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María S. y PIÑERO, María Teresa: Las
Transformaciones del Estado. Ed. Advocatus. Córdoba, 2001.
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana y JUÁREZ CENTENO,
Carlos A.: Temas de Historia de las Ideas Políticas. Ed. Advocatus,
Córdoba, 2001. (Hay ediciones anteriores).
- TOMASINI, L., TUSSIE, D. y ESCUDÉ, C.: Video 2do. Congreso Nacional
de Ciencia Política, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1995. (los
temas que la cátedra considera pertinentes se encuentran en el CD en
forma de enlaces)
Materiales Complementarios:
- CERRONI, Humberto: Política, teorías, procesos, sujetos, instituciones y
categorías. Ed. Siglo XXI, México, 1992.
- JUÁREZ CENTENO, Carlos et al.: La Ideología Contemporánea. Ed. Avo- Ed. Avo-
catus, Córdoba, 1991.
- LÓPEZ, Mario Justo: Introducción a los Estudios Políticos. Tomo 1. Ed.
Depalma, Buenos Aires, 1987. (Hay otras ediciones).
- LÓPEZ, Mario Justo: Manual de Derecho Político. Ed. Kapelusz, Buenos
Aires, 1981.
- PINTO, Julio (comp.): Introducción a la Ciencia Política. Eudeba, Buenos
Aires, 2001. (Hay ediciones anteriores).
- VALLÉS, Joseph M.: Ciencia Política. Una introducción. Ed. Ariel,
Barcelona, 2000.
Sitios Web:
http://sapiens.ya.com/elforouned/
El foro de la ciencia política (UNED)
http://sapiens.ya.com/elforouned/enlaces.htm
El foro de la ciencia política (UNED). Enlaces.
http://fcs1.fcs.edu.uy/icp/
Instituto de Ciencia Política
http://www.nuevasoc.org.ve/
Nueva Sociedad
http://www.anacitec.org/proar/politologia/
Primer directorio en Internet de profesionales argentinos en el exterior.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 188
Politología.
http://www.unam.mx/iisunam/Principal.htm
Instituto de investigaciones sociales (UNAM)
http://www3.usal.es/dpublico/areacp/index1.htm
1er Congreso Latinoamericano de Ciencia Política (USAL)
actividades m2
m2 | actividad 1
El Estado y sus elementos.
“... Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado
territorio..., reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física
legítima”.
Weber, Max: “La política como vocación”. Texto de la conferencia a los
estudiantes de la Universidad de Munich en 1919, editada bajo el título “El
político y el científico”.
En base a este concepto de Max Weber, sociólogo alemán del siglo XX, premio
Nobel de Economía, desagregue del mismo los distintos elementos que hacen
al Estado.
A
m2 |actividad 1 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o
Recuerde lo estudiado en la unidad 3, en el tema “Elementos del Estado”. Los
autores suelen discrepar respecto de la denominación: elementos, condiciones,
etc. En general, la mayoría sostiene que son 3 (tres), ya que la relación ESTADO
– DERECHO es más bien de tipo relacional, y siguiendo a Heller –el paradigma
teórico seguido por la cátedra– la problemática del derecho hace más a la
justificación del Estado.
m2 | actividad 2
El Territorio
El Estado, desbordado por Internet: “La información desconoce las fronteras.
La noción de soberanía está en cuestión cuando en Internet se compra y se
vende sin control de los Estados. Hasta la idea de ciudadanía nacional parece
derrumbarse”. (Guy Sorman, extracto del título y copete de la nota publicada en
“La Nación”, 28 de julio de 2000. Para mayores datos: www.lanacion.com.ar).
189 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
El avance de la tecnología tiende a superar las fronteras nacionales. La expansión
de Internet pone en cuestión la soberanía de los Estados, tal como se expresa
en el resumen de la nota editorial reproducida para esta actividad. Relacione lo
estudiado respecto de la condición o elemento territorio con lo expresado en el
artículo, y compare la función del territorio en el Estado moderno de los siglos
XVII, XVIII y XIX con los cambios que aporta la problemática de Internet u otras,
en tanto partes de un fenómeno mayor que es la globalización y su incidencia en
la estructura clásica de lo que es el Estado.
A
m2 |actividad 2 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o
Tenga presente que el fenómeno de la globalización tiene una relación estrecha
con la revolución tecnológica. En el ejemplo dado se señala la Internet, pero
baste señalar las implicancias y enormes discusiones que plantearon en la
década del ´70, las transmisiones satelitales por medio de antenas parabólicas.
Esto implicaba un quiebre a la soberanía del Estado, quien hasta ese entonces
era el que monopolizaba dentro de su territorio el control y la regulación de las
transmisiones televisivas.
m2 | actividad 3
La Soberanía cuestionada
El tratado de Westfalia (1648) creó la idea y la práctica de una comunidad
internacional integrada por Estados jurídicamente iguales entre sí y todos
igualmente soberanos.
A
1 ¿Considera que esa condición de igualdad entre los
Estados se sigue manteniendo? ¿Cómo definiría la soberanía de los Estados a
principios del siglo XXI?
A
2
m2 |actividad 3 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Recuerde el concepto de soberanía dado por Hermann Heller, y el origen del
concepto que fue presentado por vez primera por Jean Bodin. Recuerde lo
explicitado en el material obligatorio para el estudio de este tema. En tal sentido,
la soberanía es un atributo esencial o sustancial de uno de los elementos del
Estado, el poder. Es decir, es lo que diferencia el poder de la organización estatal
del poder del resto de las organizaciones que existen en ese territorio.
m2 |actividad 3 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
Tenga en cuenta que el concepto de soberanía, desde su planteamiento en
Bodin hasta la actualidad, con un escenario internacional globalizado –y con una
globalización en donde hay Estados más poderosos que otros–, ha evolucionado
desde un concepto absoluto a una contextualización histórico-social como la del
presente orden internacional.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 190
m2 | actividad 4
Fin del Estado y justificación
Usted es un analista político que trabaja para un periódico especializado en
temas político-constitucionales. Dada su especialidad y sus conocimientos en
materia constitucional y organización jurídico-política fundamental, el medio de
prensa para el que usted trabaja –y que tiene un ámbito de difusión dentro de
su propia ciudad– le pide que confeccione un artículo
A
1 en el que analice las
medidas tomadas por el gobierno nacional del Dr. De la Rúa que se relacionan
con la inmovilización de los fondos bancarios. Partiendo de los hechos y el
decreto de necesidad y urgencia adoptado el domingo 2/12/2001 y publicado
en el Boletín Oficial el día 3/12/2001, usted considera conveniente iniciar una
búsqueda en distintos medios de comunicación masiva para poder así investigar
todo lo concerniente acerca del tema. A 2 La nota que le solicitan debe tener
una extensión de no más de dos páginas, y en ella se debe tener en cuenta:
a) si este problema crucial de la realidad argentina compromete la
problemática del fin del Estado
A
3; y
b) si en algún sentido, también se relaciona con la justificación del Estado.
A
4
.
m2 |actividad 4 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Cuando se le pide un informe propio de un analista político, me refiero a un texto
similar a los que realiza el Dr. Mariano Grondona en el diario “La Nación” los
días domingo (ver sección Opinión), o los del periodista Joaquín Morales Solá
en el mismo medio y sección. En forma escrita, son similares a las conclusiones
que realiza el propio Dr. Grondona en su programa de TV “Hora Clave”, o a los
comentarios que realiza el Dr. Nelson Castro en su programa televisivo “Juego
Limpio”, al inicio y al final del mismo.
m2 |actividad 4 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
Para la búsqueda de información sobre el tema se le sugiere consultar en
www.lanacion.com.ar; www.clarin.com.ar; www.lavoz.com.ar, etc. También puede
dirigirse a alguna hemeroteca que haya en su ciudad donde se archiven diarios
de tirada nacional o provincial o, en su caso, hacer un relevamiento en revistas
de tirada nacional donde se haya tratado el tema.
Recuerde lo aprendido en Derecho Constitucional II respecto a los decretos de
necesidad y urgencia; a tal fin repase sobre el tema en el Manual de Derecho
Constitucional o recurriendo a la normativa vigente en nuestra Constitución
Nacional.
191 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
m2 |actividad 4 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 3
Recuerde que el problema del fin del Estado hace a su ser, al para qué existe
el Estado; que es un problema propio de la ciencia política y que por lo tanto
debemos comprender que el Estado, como organización política, tiene un fin
objetivo, distinto al fin de cada uno de sus miembros.
m2 |actividad 4 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 4
Por su parte, la cuestión de la justificación del Estado hace a su deber ser.
En este sentido hay distintas posturas y, en general, los autores confunden el
fin con la justificación, al darle a la cuestión del fin una carga valorativa, ética,
moral. En la posición de la cátedra –siguiendo a Heller– ambos ámbitos son
diferentes y el problema de la justificación pertenece al mundo del deber ser, del
derecho, de la función jurídica. El Estado se justifica por medio del derecho, y
éste debe ser un derecho justo que se apoye en valores o principios jurídicos.
Recuerde también la diferencia entre precepto y principio jurídico, así como la
diferenciación entre legalidad y legitimidad.
m2 | actividad 5
El Estado de Derecho
Usted ya sabe que el Estado de derecho
A
1 surge en Inglaterra a fines del
siglo XVII y que es obra del constitucionalismo.
A
2 Posteriormente, en los
siglos XVIII y XIX, su práctica estatal se difundirá en los países de Europa
occidental y en el continente americano para comenzar con su escalada global.
Usted deberá contestar lo siguiente:
a) ¿Cuál es la ideología promotora de esta versión del Estado de derecho en
su primera época?
b) ¿Cuáles son las características principales de su funcionamiento?
c) ¿Cuál era el rol que le cabía al aparato estatal en su relación con la
economía y la sociedad?
d) ¿Cuándo o en qué épocas lo situaría en la experiencia institucional
argentina?
m2 |actividad 5 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Recuerde lo aprendido en Derecho Constitucional I en relación a lo que
es el Estado de derecho desde una perspectiva jurídico-constitucional y su
correspondiente clasificación. Relacione con lo leído en el material obligatorio
para esta unidad, especialmente lo vinculado al funcionamiento del Estado de
derecho clásico o formal.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 192
m2 | actividad 6
El Estado social de Derecho
Entre 1940 y 1970, las sociedades humanas más desarrolladas conocieron una
nueva versión del Estado y un subtipo de lo que llamamos el Estado de derecho,
el denominado Estado social de derecho, Estado de bienestar (Welfare State en
su denominación inglesa), Estado keynesiano, etc.
A lo largo de esas tres décadas, se sostiene, la humanidad conoció una época
dorada donde la combinación de los valores de libertad e igualdad tuvieron
una dosificación en la organización estatal jamás parecida con otra época de
la evolución de las sociedades humanas, en el sentido de paliar las diferencias
sociales y evitar lo más posible las exclusiones sociales.
A partir de la lectura del material obligatorio y como un repaso a lo que usted
ya aprendió en Derecho Constitucional I, deberá situarse en el rol de un asesor
de gabinete de un funcionario nacional quien le solicita un “paper” (o un
informe) de no más cinco (5) carillas en el que deberá contemplar los siguientes
interrogantes:
1) ¿Cuáles fueron las ideologías que propiciaron esta transformación?
2) ¿Qué tipos de gobiernos pudieron institucionalizar esta nueva versión de
Estado en las democracias europeas?
3) ¿Cómo fue la versión latinoamericana del Estado social de derecho?
4) ¿En qué época recaló en la Argentina? Fundamente.
m2 | actividad 7
La seguridad social como un ejemplo de derecho humano económico-
social
Las jubilaciones son un ejemplo de seguro social. En Argentina existen desde
mediados de la década de 1940 y están en crisis desde, por lo menos, mediados
de la década de 1970. Busque información sobre la historia de las jubilaciones
en la Argentina.
A
1 ¿Qué características tenía el Estado que las instauró?
¿Qué papel desempeñaron los sindicatos? ¿Por qué está en crisis el sistema
jubilatorio? ¿Cuáles fueron los cambios más recientes en el sistema? ¿Qué fines
tuvieron?
A
2
m2 |actividad 5 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
Recuerde que el constitucionalismo es un movimiento jurídico-político de raíz
liberal que surge con las llamadas revoluciones burguesas (Inglaterra, 1689;
USA, 1776 y Francia, 1789), y que persigue el sometimiento del ejercicio del
poder del Estado al Derecho, produciendo una Constitución que garantice los
derechos fundamentales y la separación de poderes.
193 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
A los fines de cumplimentar esta actividad, usted debe colocarse en la posición
de un asesor del Ministro de Trabajo y Seguridad Social de la Nación, a quién el
señor Presidente le ha solicitado que vaya al Congreso de la Nación a defender,
en representación del Poder Ejecutivo, un proyecto de ley que modifica el actual
sistema de jubilaciones y pensiones, el cual se encuentra en la Comisión de
Seguridad Social del Senado de la Nación. El ministro, para defender el proyecto
propiciado por el P.E., le solicitará a usted argumentos para volver al viejo
sistema.
m2 |actividad 7 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Se recomienda la lectura en libros de Derecho del Trabajo y de la Seguridad
Social. Además le será de utilidad repasar lo estudiado en Derecho Constitucional
II, especialmente lo relacionado con la Constitución de 1949 y la reforma que
introdujo el actual artículo 14 bis de la Constitución Nacional.
m2 |actividad 7 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
El cambio más reciente se refiere al paso del sistema estatal de jubilaciones al
de las AFJP, que significó la privatización del sistema de seguridad social en el
ámbito de las pensiones y retiros.
glosario m2
Administración pública: El conjunto de personas que no están involucradas
de manera directa en la toma de decisiones políticas importantes, pero que
construyen y ponen en práctica las políticas que cumplen estas decisiones. Ejs.:
policías, enfermeras de la salud pública, agentes de hacienda, etc.
Burocracia: Una manera de organizar la administración pública que enfatiza
el profesionalismo, la contratación y los ascensos en base al mérito y la
profesionalización. Se suele usar en forma “peyorativa” de la noción de
administración pública.
Comunismo: Es una versión del socialismo marxista, la más radical. Los
comunistas, en general, sostienen que la única forma de construir un Estado
socialista es mediante la revolución, por lo que en ocasiones están menos
interesados por las elecciones que los socialistas democráticos. Después de
1920, los comunistas reconocieron mayoritariamente el liderazgo de la ex Unión
Soviética (URSS) en la formulación de sus objetivos y estrategias. Se suele
expresar que el sistema comunista cayó con la desaparición de la ex URSS,
en la década de los ´90. Aunque también podemos señalar que todavía existen
modelos que se acercan a lo que era ese tipo de Estado socialista: China, Corea
del Norte, ¿Cuba?.
Conservadurismo: Ideología que postula como el objetivo más importante de la
política la de crear sociedades estables basadas en una jerarquía de poder. Éste
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 194
debe estar en manos de una clase tradicional de gobernantes. Aparece como
una reacción al liberalismo por parte de quienes se sienten amenazados en su
condición social privilegiada: nobleza terrateniente, jerarquías eclesiásticas.
Dictadura: Toda forma de gobierno en la que el o los titulares del poder no
lo han obtenido constitucionalmente, o cuando lo ejercen sistemáticamente en
contra de esos principios y reglas, de tal suerte que no tienen responsabilidad
alguna en el ejercicio del poder. Lo que legitima su accionar es el temor de los
ciudadanos o súbditos.
Estado de derecho: Hace referencia a una versión del Estado moderno que
implica el ejercicio del poder estatal según los parámetros del derecho, o si
se quiere, el ejercicio del poder estatal con las limitaciones que el derecho le
impone.
Estado liberal de derecho: Es un tipo de Estado de derecho. Luego de la
primera versión del Estado moderno, la absolutista, a partir de fines del siglo XVII
en Inglaterra, pero con la consolidación en las democracias constitucionales del
XIX se evidenció el ejercicio de este tipo de Estado que hizo crisis a finales del
primer tercio del XX. También se lo llamó Estado liberal o Estado de derecho
formal o clásico. El rol del Estado en esta versión es la de ser un Estado
gendarme o abstencionista. Los neo-liberales hablan de un Estado mínimo.
Estado social de derecho: Es la versión que adopta o hacia la que evoluciona
el Estado liberal de derecho luego de su crisis en la década del ´30. Su época
de vigencia es hasta 1970, aproximadamente. También se lo conoce como
Estado de bienestar, Estado democrático. Estado de justicia, Estado keynesiano,
etc. El rol del Estado en esta versión es el de un Estado intervencionista o
asistencialista.
Fascismo: Movimiento político que apareció en las décadas de los ´20 y ´30.
Enfatizaba el boato militarista, el nacionalismo, la representación corporativa
bajo el mando de un dictador único. El ejemplo arquetípico lo constituye Benito
Mussolini. Pero también se suele señalar a Franco en España, Salazar en
Portugal, etc. En un sentido estricto, se reduce a la Italia fascista de Mussolini,
pero en una acepción más amplia, en la Argentina se utiliza el vocablo fascista
para calificar las actitudes anti-democráticas.
Fin del Estado: Se relaciona con la cuestión del para qué existe el Estado.
Siguiendo el pensamiento de Heller, hace a la existencia misma del Estado, a su
“ser”. Es sinónimo de su función social.
Globalización: Es un fenómeno que supone el acortamiento del tiempo y
el espacio fruto de la revolución tecnológica operada en el siglo XX. Para
algunos es una nueva etapa del capitalismo. Suele ser catalogada como un
fenómeno económico, tal vez por sus implicancias, pero es un proceso complejo
y más amplio que no puede agotarse con una explicación “economicista” o
monocausal.
Justificación del Estado: ¿Por qué existe el Estado? Es un problema del “deber
ser” que se relaciona con la función jurídica del Estado y el derecho. Es más bien
un problema de la filosofía jurídica que de la ciencia política.
Liberalismo: Ideología que postula que el objetivo más importante de la política
es ayudar a los individuos a desarrollar el máximo de sus capacidades, con la
menor intervención posible por parte del gobierno. Resalta el papel protagonista
195 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
del individuo: su libertad es el valor supremo que sólo tiene como límite la
libertad de los demás.
Mercado: Para los liberales es sinónimo de sociedad civil. En contraposición
con lo estatal, que es el ámbito de lo público, el mercado es el ámbito de lo
privado.
Nacionalismo: Ideología que se identifica apasionadamente con un Estado de
parte de sus ciudadanos. Es importante tener en cuenta que el nacionalismo
es un concepto proteico, esto es, que puede ser de diferente tipo. En realidad,
todas las ideologías tienen distintas versiones, sub-tipos, etc.
Poder: Capacidad de una persona para causar que otra haga lo que desea
aquella, por cualquier medio. // Uno de los elementos que constituyen la
organización estatal. En tal sentido no debe confundirse poder con gobierno. El
poder hace referencia al poder del Estado, en cambio el gobierno es sólo una
“parte” del poder estatal.
Soberanía: Es un atributo del poder del Estado. Es lo que lo hace diferente al
poder de las otras organizaciones que existen dentro de su territorio, y que se
traduce en el monopolio de la fuerza física, en el hecho de decidir en última
instancia, etc.
Socialismo: Ideología que plantea que la sociedad está integrada por clases
que se hallan en constante conflicto y que a los fines de establecer una sociedad
justa, con personas iguales, el proletariado o clase obrera deberá hacerse del
poder y así llegar a esa etapa final donde las clases, y por lo tanto el Estado, no
sean necesarios.
Socialismo democrático o socialdemocracia: Rama del socialismo que apoya
la democracia electoral. Por lo tanto, promueve el acceso al poder del
proletariado por vía de las elecciones. Postulan una evolución mucho más
gradual, un progreso paulatino y no un cambio radical.
Tercera Vía: Es una posición del gobierno laborista inglés del actual primer
ministro, Tony Blair. Fue esbozada por Anthony Giddens, un cientista social
y político inglés de gran renombre y de origen marxista, que actualmente es
profesor de Sociología en la London School of Economics. Intenta ser una
suerte de simbiosis entre la antigua social-democracia y el actual liberalismo
económico o capitalismo. Fue presentada como programa político e ideológico
a fines del siglo pasado, circa 1999.
Territorio: Es uno de los elementos del Estado. Constituye su “base” física, pero
entendida en un sentido más amplio, ya que lo integran su espacio aéreo, el
subsuelo, el mar adyacente, etc., e incluso la sede de sus embajadas en el
extranjero.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 196
m3
microobjetivos
m3
¿Qué tengo que lograr?
- Analizar y comprender las distintas posturas teóricas respecto al concepto
de democracia, a los fines de promover el desarrollo de los valores
democráticos y el respeto de los derechos humanos en el ejercicio de la
profesión de abogado.
- Distinguir las notas características de los distintos actores políticos, a los
fines de poder diferenciarlos y comprender la dinámica de la política en un
contexto histórico-social.
- Conocer los actores de la arena política para poder analizar la realidad política
argentina y promover una cultura ciudadana basada en la participación y el
compromiso por los valores democráticos.
democracia y actores políticos
contenidos m3
¿De qué se trata?
Este es el último módulo de la curricula de la asignatura, por lo que le
recomiendo poner manos a la obra y, de esta forma, finalizar con éxito la tarea
emprendida en el primer módulo.
El título de este módulo es “Democracia”
IC
1 y actores políticos” y comprende
dos unidades. La primera –la unidad 5– está dedicada al tema de la democracia,
que consideramos de fundamental importancia en el ámbito de la política y muy
especialmente a partir de las últimas décadas del siglo pasado, por lo que el
estudio teórico-científico de la política debe abordar este tema central. Pero debo
advertirle que el vocablo “democracia” hace referencia a un concepto complejo,
esquivo y hasta multívoco. Ciertamente, es de aquellos temas a los que los
cientistas sociales suelen llamar “temas calientes”, en donde la subjetividad
propia de las disciplinas científico-sociales tiene un condimento mayor. Se aplica
esta terminología para referirnos a esos conceptos en los que la neutralidad
científica, de por sí difícil, se torna aún más complicada de obtener. Realizada
la advertencia, debemos adentrarnos en un estudio del origen y evolución del
concepto y de la forma de gobierno democrática, desde sus orígenes antiguos
hasta su realidad actual. Entenderemos la democracia como una forma de
gobierno, un régimen político –denominaciones que se refieren a conceptos que
usted ya estudió en Derecho Constitucional I (ver unidad 1 in fine)–, pero por
sobre todas las cosas, en los últimos dos siglos se ha convertido, no sin algunos
paréntesis, en un estilo de vida, al decir de un viejo profesor de la materia.
Veremos también la relación entre democracia y liberalismo. En este sentido,
197 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
usted ya sabe por lo estudiado en esta materia y en otras que términos como
“democracia”, “liberalismo”, “derechos humanos”
IC
2, “constitucionalismo”,
“Estado de derecho”, son conceptos e instituciones que se relacionan, se
suponen y están inextricablemente unidas. Abocarse al estudio de una de ellas
significa adentrarse en el terreno de alguna/s de la/s otras. Ya le expresé que
el término “democracia” es un término multívoco, esto es, que muchas cosas
pueden significar democracia; por ello veremos, siguiendo distintas posturas
teóricas, que hay distintos modelos de democracia y distintos enfoques teóricos
sobre la misma. Esta unidad finaliza con el análisis de la democracia en el nuevo
orden global.
La última unidad (la 6) desarrolla algo que suele ser denominado de diferentes
formas por los estudiosos: “vida política”, “dinámica política”, “fuerzas políticas”.
Cualquiera sea la denominación que utilicemos, debe quedarle claro que a lo
que nos referiremos en esta unidad es al estudio de los distintos actores políticos
que actúan en la “arena política”, además del Estado que hemos estudiado
en los módulos anteriores. De tal suerte que en esta unidad veremos qué
son los partidos políticos, los grupos de presión, la opinión pública, los
medios de comunicación social o masiva
IC
3 –TV, radio, la prensa, etc.–, y
cómo ellos actúan y dinamizan el fenómeno político. También veremos cómo
la globalización ha impactado en los canales de representación y participación
del ciudadano en la política, por lo tanto nos ocuparemos de la problemática
de lo que suele llamarse “crisis de representación” y el surgimiento de nuevos
actores tanto a nivel nacional –esto es, dentro de los Estados– como en el
escenario internacional y en el marco de la mundialización –léase globalización–
imperante. (La nuevas realidades internacionales
IC
4).
Esta es la presentación del último módulo de la asignatura, y al igual que en los
otros dos anteriores, es mi deseo que esta introducción le sea útil para el estudio
y la comprensión de los contenidos. Ya estamos en la recta final, ¡adelante y
suerte!
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 198
La Democracia
María Susana Bonetto de Scandogliero
María Teresa Piñero de Ruiz
En: Cuadernos de Política. Ed. Advocatus. 1998.
Sumario:
1.La democracia clásica y la moderna. 2 La democracia liberal. 3. Modelos de
democracia. 3.1. El modelo de la democracia como protección. 3.2. EL modelo
de la democracia como desarrollo. 3.3. El modelo elitista de la democracia.
3.4. El modelo pluralista de la democracia 4. Una perspectiva teórica sobre la
complejidad de la democracia. 5 Conclusión. Bibliografía.
INTRODUCCION
El termino democracia fue acunado alrededor de 2400 anos atrás, y a pesar
de intervalos mas o menos prolongados de eclipsamiento, tiene una larga
trayectoria de incorporación al vocabulario político. Sin embargo, su sentido ha
sido reformulado y resignificado con relación a contextos históricos a imaginarios
políticos diferentes.
Según Held (1992), la historia del concepto de democracia es curiosa; la historia
de la democracia es enigmática.
Como no pretendemos en este texto introducirnos a una revisión integral del
estado de situación contemporáneo en el debate sobre la democracia (no
alcanzarían varios tomos para agotarlo), hemos seleccionado una serie de
cuestiones puntuales, que nos permitirán precisar conceptualmente a que nos
referimos en la actualidad cuando hablamos de democracia.
1. LA DEMOCRACIA CLASICA Y LA MODERNA
Gran parte de los teóricos contemporáneos (Sartori, 1987; Bobbio, 1986;
MacPherson, 1982; Strasser, 1986; Held, 1992 y otros) están de acuerdo en
sostener que la democracia antigua o clásica difiere fundamentalmente de la
democracia moderna.
Mayoritariamente se sostiene en la teoría política que el surtimiento de la
democracia, así como del origen del termino, se remontan a Grecia, en la
primera mitad del siglo V a. C., y más específicamente como representación
paradigmática se alude a Atenas; aunque existían contemporáneamente otras
ciudades-Estado que se aproximaban a un sistema similar.
El surgimiento de estas primeras democracias, según sostiene Held (1992),
no fue el resultado de un único conjunto de acontecimientos, sino que su
desarrollo estuvo marcado por un proceso de continuo cambio a través de varias
generaciones. Entre los factores que suelen mencionarse, que permitieron el
surgimiento de este modo de vida democrático se citan:
La emergencia de un vasto sector ciudadano a la vez económica y
militarmente independiente, enmarcado este en comunidades relativamente
m3 |contenidos | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 1
199 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
pequeñas y compactas. En este contexto los cambios políticos tuvieron lugar en
comunidades social y geográficamente acotadas, que convivían en un contacto
muy estrecho. Por ello, en estas agrupaciones, el impacto de cualquier decisi6n
política, social o económica era casi inmediato. No existían, por otra parte,
obstáculos serios a la participación, en tanto no se trataba de una sociedad
numéricamente extensa, ni compleja; todo ello favorecía la construcción de un
imaginario político de participación y responsabilidad política.
Los ideales políticos atenienses: igualdad entre las ciudades, libertad y
respeto a la ley han tenido una extraordinaria proyección de futuro, fundantes de
toda una simbología democrática, aunque su significado haya sido reformulado
en la modernidad.
Sin embargo, la praxis democrática de la época fue duramente criticada
por los grandes pensadores: Tucidides (460-399 a.C.), Platón (427-347 a.C.) y
Aristóteles (384-322 a.C.).
Aunque no ha llegado a nuestros días una teoría de la democracia que
la justifique, para compararla con la de sus críticos, sí han quedado para la
posteridad algunos fragmentos que presentan los ideales y objetivos de la
democracia ateniense. Tal es el caso de la famosa oración fúnebre atribuida a
Pericles, estratega y destacado gobernante democrático, la cual probablemente
fue reconstruida por Tucídides 30 años después de ser pronunciada. Vale la
pena, por su relevancia, citar algunos pasajes: “Tenemos un régimen de gobierno
que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para
otros que imitadores de los demos. Su nombre es democracia, por no depender
el gobierno de pocos sino de un número mayor; de acuerdo con nuestras leyes,
cada cual está en situación de igualdad de derechos en las disensiones privadas,
mientras que según el renombre de cada uno, a juicio de la estimación pública...
es honrado en la cosa publica...”-
“... Y non regimos liberalmente no solo en lo relativo a los negocios públicos,
sino también en lo que se refiere a las sospechas reciprocas sobre la vida diaria,
no tomando a mal al prójimo que obre según su gusto ....”
“... Por otra parte, non preocupamos a la vez de los asuntos privados y de los
públicos, y gentes de diferentes oficios conocen suficientemente la cosa pública,
pues somos los únicos que consideramos, no hombre pacífico, sino inútil, al que
nada participa en ella...” - A Tucídides (1952, 140).
Se advierte en estos fragmentos, una fuerte idea de participaci6n en una vida
común, en la que todos los ciudadanos gozan de igualdad de posibilidades para
hacerlo, sin distinci6n de rango o de riqueza.
Así el concepto de ciudadanía, implicaba la participación directa en los
asuntos de la ciudad. Se postulaba un compromiso absoluto con el principio
de la virtud cívica y la subordinación de la vida privada a los asuntos públicos.
Aunque se advierte también la tolerancia en los asuntos privados.
En definitiva, se trata de una cultura política que no imaginaba otra forma de
realización humana, que no fuera a través de la ciudadanía. Según sostiene Held
(1992) los hombres solamente podían realizarse a sí mismos adecuadamente y
vivir honorablemente, en y a través de la polis. El ciudadano tenía derechos y
obligaciones, pero estos no eran atributos de un individuo privado, sino que se
derivaban de su existencia como ciudadano.
El proceso de decisión estaba fundado en la participación directa. La elección
del procedimiento para la producción de las decisiones y las leyes descansaban
en la convicción de que la fuerza de las mejores argumentaciones, en un
contexto de igualdad de expresión pero todos en la asamblea soberana, les daba
un fundamento más adecuado, racional y consistente, que la mera costumbre o
la imposición por la fuerza.
La igualdad ante la ley y el imperio de la ley como resultado de la soberanía
popular garantiza la libertad.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 200
Para el demócrata (Held, 1992), la libertad a igualdad están unidas de
forma inextricable. Este autor tomando expresiones de La político de Aristóteles,
sostiene que pueden darse don criterios de libertad: a) ser gobernado y gobernar
por turno; b) vivir como se quiere. Los atenienses priorizaban el primero. Pero
para que sea un criterio efectivo de gobierno, es esencial las igualdad; sin
ella, el conjunto de ciudadanos no puede ser soberano. Y el reparto equitativo
de la practica de gobierno era posible, porque: 1) los votos tenían el mismo
peso; 2) en principio, todos tenían las mismas posibilidades de acceder a los
cargos; 3) la participación era remunerada, por ello los ciudadanos no se veían
perjudicados por su participación política.
Así entendida la igualdad es el fundamento practico de la libertad, así como
su fundamento moral. Mientras que este fuerte compromiso con la igualdad
puede entrar en conflicto con la segunda acepción de libertad (vivir como se
quiere), los demócratas atenienses pensaban que estaban justificados ciertos
límites en esa elección; si no se quiere que la libertad de un ciudadano interfiera
injustamente en la de otro. Si todos tienen la misma oportunidad de participar en
el gobierno, los riesgos asociados a la igualdad pueden minimizarse, lográndose
así el cumplimiento de ambos criterios de libertad.
Posteriormente, un largo período de eclipse del ideal de ciudadanía y
democracia, caracterizara al pensamiento político occidental.
Gran parte de los autores que tratan de explicar estas circunstancias (Held,
1992; Respuela, 1995; Arblaster, 1992) sostienen que esto está vinculado al
cambio de enfoque sobre el buen orden social, proveniente del predominio de la
visión teológica y religiosa del mundo.
La preocupación ya no es la construcción de la ciudad justa, a partir de la
participación directa de los ciudadanos, considerada la política como un espacio
de libre determinación, sino la construcción de un orden de convivencia que
respetaran los principios cristianos. La ciudad buena y justa es ahora aquella en
que los hombres pueden vivir en comunidad con Dios y llevar una vida cristiana
(Respuela, 1995).
El ideal cristiano conserva el ideal de igualdad aunque lo contextualizó de
manera distinta como igualdad en la dignidad de la persona. En ese sentido,
la Edad Media no aporta sustanciales reflexiones en cantidad y calidad para la
filosofía política y tampoco nuevos aportes sobre la teoría democrática.
Sin embargo, Norberto Bobbio (1982) reconoce una “tradición de pensamiento
romano - medieval” que sirvió de antecedente al surgimiento del concepto de
“soberanía popular que posteriormente se incorporó a la teoría democrática
moderna.
Además de esto, se mencionan otros antecedentes, tal como la reedición
del “republicanismo clásico”, reeditado por Nicolas Magnaselo, quien al mismo
tiempo es el responsable de la creación de un campo político autónomo,
separado de la religión y con características propias, así también se menciona el
aporte realizado por la ética protestante.
Sin embargo, a partir del liberalismo, que surge en el siglo XVII, con la
doctrina de los derechos individuales, es que aparecerá una nueva forma de
pensar lo político, emergiendo de estas transformaciones la idea y la realidad de
la democracia liberal.
2. LA DEMOCRACIA LIBERAL
El liberalismo, como ya lo hemos estudiado, implica una determinada
concepción del Estado, según la cual este último tiene poderes y funciones
limitados, por ello se contrapone abiertamente al absolutismo.
En este contexto es necesario destacar que existe una considerable distancia
entre la concepción antigua y moderna de la democracia y la libertad. La primera
201 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
formulación clara y acabada de la cuestión la realizó Benjamin Constant en su
célebre discurso del Ateneo Real de París en 1818:
“El fin de los antiguos era la distribución del poder político entre todos los
ciudadanos de una misma patria; ellos llamaban a esto libertad. El fin de los
modernos es la seguridad en los goces privados; ellos llaman libertad a las
garantías acordadas por las instituciones para esos goces”.
En la polis la distinción entre esfera privada y esfera pública era desconocida.
La libertad era puramente un concepto político, estaba garantizada por la
participación activa y constante en el poder colectivo. Para los griegos hombre
y ciudadano significaban lo mismo. Por eso idiotes era un término peyorativo
que designaba al que no era polites, un hombre sin valor, por cuanto sólo se
interesaba por sí mismo.
Los antiguos, según Sartori (1990), no reconocían al individuo como persona,
con un “yo privado” merecedor de respeto; no podían hacerlo, porque esa
concepción es producto del cristianismo, fue posteriormente desarrollada por el
Renacimiento, por el protestantismo y el iusnaturalismo.
La concepción griega de la libertad política no implicaba libertad individual,
basada en derechos personales. La única garantía para el ciudadano era su
porción de soberanía.
Por el contrario, el Estado de derecho moderno tiene por finalidad proteger la
libertad del individuo en cuanto persona.
La sociedad ha dejado de ser considerada un orden natural, al cual los
hombres pertenecen también naturalmente y de lo cual dependen para ser
tales. El contractualismo ha modificado fundamentalmente este concepto, ya
que a partir de él se la visualiza como el producto de la voluntad de los
hombres, creación humana, con un origen artificial. La concepción organicista
de la sociedad es reemplazada por una individualista. A esto contribuye
también la configuracó6n del homo aeconomicus maximizador de sus ganancias
individuales y la filosofía utilitarista de Benthan y James Mill.
En el contexto de esta nueva concepción de lo social, de la centralidad del
individuo y del concepto de “libertad negativa” aparece junto con el liberalismo
el gobierno representativo, que constituye un elemento tradicionalmente no
democrático.
Por ello esta necesaria conjunción le hace decir al autor que esta democracia
moderna no es un mero agregado del ideal griego con algunos aditamentos
posteriores, la democracia moderna es sustancialmente distinta a la antigua, es
una democracia liberal.
Otros autores (Bobbio, 1992) sostienen que el liberalismo como teoría del
Estado de derecho es moderno, mientras que la democracia, como forma de
gobierno, es antigua. Esto es así porque afirma que el sentido descriptivo de
democracia no ha cambiado, si bien cambia según los tiempos y las doctrinas su
significado evaluativo. Entonces lo que cambia, no es el titular del poder político
que siempre es “el pueblo” sino la manera amplia o restricta de ejercer ese
derecho. Así tanto la democracia directa como indirecta derivan para este autor
de la soberanía popular, aunque se distinguen por la modalidad y las formas en
que es ejercida esa soberanía.
La democracia moderna no sólo no sería incompatible con el liberalismo sino
que puede ser considerada, en algunos aspectos y hasta cierto punto, como su
consecuencia natural.
Pero, sostiene también Bobbio (1992) sólo bajo la condición que se tome el
término “democracia” en un sentido jurídico institucional y no en un sentido más
sustancial. Es decir en el primer caso se pondría más el acento en el conjunto de
reglas procedimentales (las reglas de juego), en el segundo caso en el ideal en
el cual un gobierno democrático debe inspirarse, o sea en la igualdad.
De los dos significados el que se relaciona históricamente con la formación
del Estado liberal es el primero. Si se considera el segundo, el problema de
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 202
las relaciones entre liberalismo y democracia se complejiza y ha dado y seguirá
dando lugar a considerables debates. En este caso el problema implica la
resolución de la relación entre libertad a igualdad.
Así aparecen concepciones tan opuestas como liberalismo e igualitarismo,
ya que ambas tienen sus raíces en concepciones del hombre y de la sociedad
profundamente diferentes. La primera, individualista, conflictiva y pluralista. La
segunda, totalizante, armónica y monista.
Para el liberal, el fin principal, es el desarrollo de la personalidad individual.
Para el igualitario, el fin principal es el desarrollo de la comunidad en su
conjunto, aun a costa de disminuir la esfera de libertad de los individuos.
En el contexto de este análisis. Sartori (1990) en la búsqueda de la conjunción
de la libertad y la igualdad sostiene que es posible armonizar ambos conceptos,
pero como poseen una lógica distinta, el predominio de uno de ellos desequilibra
en uno y otro sentido esa convivencia.
Si se prioriza el componente liberal, éste, que sólo acepta la igualdad jurídica
política, puede convivir con circunstancias y situaciones sociales fuertemente
inigualitarias. El predominio democrático puede llegar a multiplicar los esfuerzos
y los beneficios de la libertad.
En síntesis, en la igualdad late una pulsión horizontal y en la libertad un
ímpetu vertical. A la democracia le preocupa la cohesión social y la igualdad
distributiva, mientras que el liberalismo valora la eminencia y la espontaneidad.
Y finalmente la diferencia fundamental es que el liberalismo gira en torno al
individuo y la democracia en torno a la sociedad (Sartori, 1990).
El liberal se preocupa mas por la cuestión jurídico-política de limitar el poder
dei Estado y el demócrata más por la cuestión social. Por ello el primero se
preocupa por las formas y los procedimientos y el segundo, principalmente, por
los contenidos y los resultados de la acción estatal.
En el sentido político, Estado liberal y Estado democrático no se diferencian.
Pero en el aspecto socioeconómico, tal problemática solo es asumida como
obligación por el Estado democrático.
En el Estado de derecho liberal el elemento liberal prevaleció fuertemente
sobre el democrático, en el modelo de bienestar el democrático predomino sobre
el liberal. En la actualidad las tendencias parecen mostrar una oscilación en la
dirección contraria. Por ello es que si aceptamos la existencia de tensiones, que
pueden llegar a verdaderas contradicciones entre los elementos constitutivos de
la democracia liberal, podría sostenerse que según el mayor o menor énfasis que
se ponga en alguno de ellos y sus estrategias de combinación, se construyen
distintos modelos de democracia.
Dentro de la teoría de la democracia, se advierte la plausibilidad de una
sistematización de su estudio a partir de la selección de modelos (MacPherson,
1981; Held, 1991).
3. MODELOS DE DEMOCRACIA
El término modelo en sentido amplio se refiere a una construcción teórica
diseñada para revelar y explicar los elementos, claves de una forma democrática
y la estructura o relaciones que le subyacen. Los modelos son así “redes”
complejas de conceptos generalizaciones, acerca de aspectos políticos,
económicos y sociales, constituyendo una representación simplificada de la
realidad esquemática, parcial y selectiva.
Es una estructura quo nos permite organizar el conocimiento, cumpliendo una
función explicativa a interpretativa mediadora entre la realidad y la teorización.
Todo modelo implica determinados supuestos, tanta sobre la naturaleza de la
203 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
sociedad, como sobre el hombre, sus capacidades políticas, así como sobre la
forma en quo justifica sus opiniones y preferencias.
Tanto Held como MacPherson sostienen quo las ideas de la democracia que
cada modelo contiene, impacta en la percepción sobre lo que la gente cree que
ésta es y también sobre lo que podría o debería ser. Esto es importante, ya quo
las creencias, acerca de lo que es el sistema político, no son ajenas a este, sino
parte de él. Determinan efectivamente sus límites y posibilidades de evolución,
lo que puede aceptarse o exigir. Participan en la constitución de la definición de
los procesos políticos, dotan de sentido y legitiman acciones.
La clasificación más abarcadora de modelos de democracia (Cortina, 1993) seria
la quo distingue entre democracia participativa, de raíz clásica, y democracia
liberal representativa.
La primera implica que el pueblo es el titular del poder, siendo también quien
lo ejerce. De modo que la participación del pueblo en el gobierno, consiste en
un ejercicio directo del poder (según las distintas interpretaciones varían las
estrategias, los modos de ejercicio). En este caso es posible hablar claramente
de un gobierno del pueblo.
Desde otra perspectiva, la democracia liberal y representativa, consiste en un
sistema de gobierno que funciona con representantes, que se supone procuran
los intereses y opiniones de los ciudadanos, en el marco del imperio de la ley:
en este caso se trataría de un sistema de limitaciones y control del poder, que
implicaría, mas que un gobierno del pueblo, un gobierno querido por el pueblo.
Pero, siguiendo los análisis de MacPherson (1987) y Held (1992), es posible
analizar más minuciosamente distintos modelos de democracia, que han
presupuesto o suponen determinadas ideas sobre estos modelos, se deben tener
en cuenta la naturaleza y coherencia de sus pretensiones teóricas, la pertinencia
de sus afirmaciones empíricas, y el carácter práctico de sus prescripciones.
En nuestro análisis de los modelos de democracia planteamos un momento inicial
para empezar su estudio: aquella instancia donde comienza la consideración
de la ampliación del sufragio, que culminara con la conquista del sufragio
universal.
O sea, el proceso por el cual el modelo liberal se transforma en democracia
liberal, por la ampliación del derecho de voto.
3.1. El modelo de la democracia como protección
Esta versión de la democracia cuenta como antecedente al pensamiento de
Madison en El federalista. Su propuesta expresa el deseo de conjugar los
principios liberales con los democráticos.
Trata de reconciliar los intereses particulares con “la república”. En ese marco
sostiene al Estado federal representativo como la mejor alternativa para garantizar
los intereses de los individuos y proteger sus derechos. Por otra parte, este autor
estaba a favor de un gobierno popular, siempre y cuando no existiera el riesgo
de que la mayoría pudiera volver los instrumentos de la política del Estado,
contra los privilegios de la minoría. Según sostiene Held 11992) a pesar de la
considerable novedad de sus argumentos, Madison era sin dudas, un demócrata
con muchas reservas.
Los grandes expositores de la democracia como protección son Jeremy Benthan
y James Mill. Para estos autores la democracia liberal estaba asociada con
un aparato político que asegurara la responsabilidad de los gobernantes ante
los gobernados. Se plantea la exigencia de un gobierno quo proteja a sus
ciudadanos del uso del poder despótico.
La justificación del modelo liberal democrático, está dado por Bentha y Mill
en tanto éste garantizada las condiciones necesarias para que los individuos
persigan sus intereses, sin el riesgo de interferencias políticas arbitrarias, para
que puedan participar libremente de las transacciones económicas, intercambien
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trabajo y bienes en el mercado y se apropien de los recursos en forma privada
(Held, 1992).
Estas ideas eran centrales en el liberalismo inglés del siglo XIX, pero aquí no sólo
constituyen una defensa del Estado “mínimo” sino que se propone con fuerza
cierto tipo de intervención estatal para reprimir la desobediencia y reorganizar
las relaciones o instituciones sociales (el sistema de presiones es el símbolo de
esta época).
Benthan y Mill, seculares y utilitaristas sostenían que la motivación predominante
de los seres humanos es satisfacer sus deseos y evitar el dolor. Por ello, el
ámbito de acción del Estado, debe ser fuertemente restringido a la creación
de una estructura que permita a los ciudadanos desarrollar sus vidas privadas,
libres de interferencias políticas indeseadas, pero protegidas de la violencia, a
fin de cumplir con la maximización de la satisfacción individual y la minimización
del sufrimiento.
La democracia se convierte en un medico para realizar estos fines, no un medio
en sí misma, para permitir el desarrollo de todas las personas.
Así los autores encuentran algunos fundamentos para excluir del sufragio a las
mujeres y a grandes sectores de la clase trabajadora, aunque la lógica de sus
argumentos parecía apuntar hacia el sufragio universal.
Pero, una idea que surge de esta propuesta –la igualdad formal de los
ciudadanos para proteger sus propios intereses–, puede extenderse a un ideal
igualitario de consecuencias perturbadoras para el orden liberal. Así se puede
exigir que para la real protección de sus intereses, todos los individuos sin
distinción, deben exigir el voto a igualdad de derechos ciudadanos. Y por otra
parte, ¿una protección igualitaria de los intereses individuales no exigiría una
distribución equitativa del poder?
3.2. El modelo de la democracia como desarrollo
Este modelo presenta algunas características que permiten incluir como un
antecedente de sus formulaciones al pensamiento de Rousseau.
Según sostiene el actor, en una democracia los ciudadanos deben disfrutar de
igualdad política y económica, para que nadie pueda ser amo de nadie y para
que todos puedan disfrutar de igual libertad a independencia en el proceso de
desarrollo colectivo.
Pero de acuerdo al corte histórico propuesto para los modelos de democracia
(el debate sobre el sufragio) el verdadero representante de esta propuesta es
John Stuart Mill, quien trata de defender una concepción de la vida política
que garantice la libertad individual, a través de un gobierno responsable,
y una burocracia eficiente, libre de prácticas corruptas y de regulaciones
excesivamente complejas. Los peligros para estas aspiraciones provienen, según
el autor, de las clases dirigentes que se resisten al cambio, así como de los
sectores populares que tratan de forzar el cambio más allá de su formación y
preparación. También provienen del propio gobierno, que en el contexto de las
transformaciones de la sociedad industrial, corría el riesgo de expandir su poder
más allá de los límites deseables.
John Stuart Mill tiene una fuerte adhesión a la democracia liberal, la cual,
consideraba, no sólo debía establecer los marcos para el logro del interés
individual, sino que era un mecanismo fundamental de desarrollo social.
La participación en la vida política resulta fundamental para crear un interés
directo en el gobierno y consecuentemente las bases de una ciudadanía –
masculina y femenina –, informada y en desarrollo.
En una de sus obras Sobre la libertad (1859), Mill se preocupa por establecer
la naturaleza y límites de los frenos a la intervención arbitraria del poder sobre
los ciudadanos. Reivindica la libertad de pensamiento, discusión y publicación,
asociación y combinación siempre que no cause perjuicios a otros.
205 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Advertía sobre los peligros de un poder despótico y de un Estado
sobredimensionado.
La dignidad humana se ve amenazada por el poder absoluto, y la mejor manera
de salvaguardar los derechos de los individuos es la participación en forma
rutinaria en su articulación. Cuando los individuos están comprometidos en la
resolución de los problemas que los afectan o que inciden en la comunidad en
su conjunto, se acrecientan las posibilidades de crear soluciones imaginativas y
estrategias exitosas.
Para el actor, la mejor estrategia para lograr esos objetivos, era el gobierno
representativo, cuyo poder está restringido por el principio de la libertad.
Destacaba el peligro de un crecimiento exagerado del poder gubernamental
y de una burocracia sobredimensionada, sostenía que la democracia podía
contrarrestar a la burocracia. Pero también destacó la imposibilidad de reeditar
la democracia de la polis en una sociedad moderna, ya que los problemas
que plantea la coordinación y regulación de un Estado densamente poblado,
son demasiados complejos para implementar cualquier sistema de democracia
clásica o directa.
El establecimiento de un sistema representativo, junto con la libertad de
expresión, de prensa y de reunión, constituye la estrategia mejor para el control
de los poderes gubernamentales.
Mill valoraba tanto la democracia como el gobierno especializado, por lo tanto
proponía el control del segundo, pero sin interferir en su eficiencia. Lograr el
equilibrio entre ambos polos era una de las cuestiones más difíciles, complicadas
y relevantes del arte de gobierno.
Por otra parte, el autor se de los supuestos de la tradición liberal al considerar
a las mujeres como “adultos maduros” con derecho a ser individuos “libres e
iguales”.
Mill combina argumentos formales de la democracia con elementos “protectores”,
del individualismo liberal. Además, si bien es muy crítico con respecto a las
desigualdades en riqueza y poder, en tanto impedían el desarrollo de las
personas (sobre todo de los trabajadores) no llegó a asumir un compromiso
fuerte con la igualdad política y social.
Su pensamiento es controvertido y da lugar a diversas lecturas. Se advierte
un marcado “elitismo intelectual” que se manifiesta en la mayor proporción de
peso electoral que le atribuye a las personas educadas, fundado en el potencial
liberador y emancipador que le otorgó al conocimiento.
Por otra parte, si bien creía en la completa protección de la propiedad
privada, proponía experimentar con otras formas de propiedad que podían ser
beneficiosas para el progreso de la humanidad. También proponía dentro de
la esfera legítima de actuación del Estado la formación de la protección de la
salud, la seguridad laboral, la educación y, en definitiva, la protección contra la
pobreza, argumentos que luego asumiría el Estado de bienestar.
Estos dos modelos corresponden a las primeras reflexiones sobre la democracia
liberal en el siglo pasado. En la primera mitad de este, se destacan otras dos
propuestas, que se disputan también, el sentido de la democracia.
En este marco tenemos, en primer lugar, el modelo elitista competitivo de la
democracia.
3.3. El modelo elitista de la democracia
Coincidiendo con Max Weler, Schumpeter consideraba que el capitalismo había
dado un impulso enorme al “proceso de racionalización”. Esto último, por otra
parte, es un aspecto necesario de un mundo complejo, que precisa de una
organización imparcial y funcional, en que únicamente “gobiernos de expertos”
puedan dirigir el aparato administrativo del Estado en su tarea de regulación y
control; por ello es que contemporáneamente sólo puede sostenerse un modelo
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muy limitado de democracia.
El capitalismo industrial, orientado hacia el mercado, es consecuentemente
suplantado por los procesos económicos organizados o complicados.
Debemos destacar que este análisis de los procesos políticos y económicos,
corresponde al momento de establecimiento del Estado de bienestar.
Para Schumpeter, ni el socialismo, ni la democracia, están amenazados por la
burocracia, por el contrario esto último es un complemento inevitable de ambos
(Held, 1991).
La burocratización es, así, la base de la gestión moderna y del gobierno
democrático, independientemente que lo económico sea socialista o capitalista.
La propuesta del “elitismo competitivo” de Schumpeter se fundamenta en un
rechazo abierto a la teoría clásica de la democracia, que implicaba para el autor,
un arreglo institucional para Ilegar a decisiones políticas que realicen el bien
común fundadas en la soberanía popular.
Schumpeter critica esta concepción, sosteniendo que la idea de bien común
es peligrosa y engañosa, en tanto las personas tienen distintas preferencias y
valores que en las sociedades modernas diferenciadas no pueden resolverse
apelando a una voluntad general universal. Subestimar las diferencias postulando
un acuerdo racional sobre el bien común es además peligroso, por cuanto
justifica el rechazo de toda disidencia como irracional.
Por otra parte, sostiene que en el mundo contemporáneo, las decisiones de
organismos no democráticos, pueden resultar, en ciertas circunstancias, más
aceptables para las personas en general, que las decisiones democráticas, ya
que tales organismos pueden producir políticas más beneficiosas a largo plazo,
que los distintos partidos no habrían aceptado.
Finalmente, Schumpeter ataca directamente la naturaleza misma de la “voluntad
general” afirmando que esta o sea la voluntad de la mayoría de los votantes
tiene poco, prácticamente nada, de fundamento racional. El ejemplo de la
publicidad es una prueba del carácter manipulable de los deseos y elecciones
“individuales”. Por otra parte, en política la distancia entre la vida cotidiana de la
mayoría de las personas y las complejas cuestiones nacionales a internacionales,
la posicionan en una situación muy débil y poco informada sobre políticas o
ideologías alternativas.
Así Schumpeter sostiene que a fin de evitar los peligros y riesgos de la política
contemporánea se deben superar “imaginarios” típicos de la doctrina clásica de
la democracia. En primer lugar, no se debe aceptar la idea de que el “pueblo”
tiene opiniones concluyentes y racionales sobre las cuestiones políticas. El
pueblo sólo debe ser el instrumento para seleccionar a los hombres capaces de
tomar decisiones. El rol del elector se reduce a aceptar o rechazar un candidato,
quien tiene la capacidad de gobernar la complejidad de la política y que ha
sido legitimado por el voto en sus acciones posteriores. Para este autor, la
democracia tiene mucho más posibilidades de ser efectiva cuando los dirigentes
pueden establecer las políticas sin el estorbo de los electores.
Lo cierto es que la concepción de Schumpeter refleja con exactitud ciertos
aspectos de los procesos políticos contemporáneos: la lucha por el poder entre
las elites partidarias, el importante papel de las burocracias públicas, la forma en
que la política maneja las técnicas publicitarias, etcétera.
Pero, sostener en función de estos elementos una visión tecnocracia de la
democracia, es tanto antiliberal como antidemocrática, por cuanto determina la
individualidad por las fuerzas sociales, restándole discernimiento propio.
Según sostiene Held (1991), la problemática descripción de Schurnpeter de
la naturaleza de la acción y su poca estimación de las capacidades de las
personas, plantearon una serie de dificultades: en primer lugar si el electorado
es incapaz de juicios razonables en cuestiones políticas, ¿por qué sí se lo
puede considerar capaz de discriminar los mejores candidatos? ¿por qué se
lo considera incapaz de evaluar políticas que no son tan alejadas de su vida
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cotidiana y sobre las cuales suele tener opiniones firmes? ¿Acaso existen
fundadas evidencias acerca del poder de ciertos condicionamientos (Como la
publicidad) sobre las actitudes políticas de las personas? Todo ello por lo menos
plantea ciertas dudas sobre la versión schumpeteriana del funcionamiento del
mercado político identificándolo con el mercado económico. No resulta del todo
claro la solidez de un enfoque que reduce la democracia a la competencia por el
liderazgo, en el cual los representados no cuentan con otra instancia que el voto
peri6dico. Esto no solamente plantea dudas en función de lo que la democracia
debería ser, sino que cuestiona si esta es tal como Schumpeter dice que es.
3.4. El modelo pluralista de la democracia
Su más conspicuo representante es Robert Dahl. Este autor entiende a la
democracia como posibilidad de la igualdad de participación y control de los
ciudadanos. Este enfoque que también pretende ser descriptivo (al igual que el
elitista) del funcionamiento de la democracia, sostiene que la política democrática
moderna, es en la realidad, mucho mas competitiva y las políticas resultantes,
mucho mas satisfactorias que lo que sugiere el modelo de Schumpeter. Los
pluralistas alcanzaron notoriedad en la década 50-60 en EE.UU. y han sido
criticados, sobre todo por los marxistas, como una formulación ideológica
ingenua de las democracias occidentales_
Los pluralistas aceptan en líneas generales, el planteamiento de Schumpeter,
acerca de que la distinción entre democracia y no democracia está dada por
los métodos de elección de los líderes políticos, también aceptaban la apatía
y desinformación del electorado, pero no aceptaban la inevitabilidad de la
concentración de poder en las elites.
La base teórica del pluralismo se vincula a dos corrientes de pensamiento: la
herencia de Madison y las concepciones utilitaristas. En relación a la influencia
del primero, los pluralistas han centrado su preocupación, al igual que Madison,
en las facciones. Destacan las interacciones individuales o de grupos en la
competencia por el poder. Pero a diferencia del actor mencionado, los pluralistas
sostienen que las facciones no suponen un peligro para las democracias, por el
contrario, constituyen una fuente estructural de estabilidad y la expresión central
de la democracia, ya que la existencia de intereses competitivos diferentes, es la
base del equilibrio democrático.
A partir de su enfoque, al que consideran puramente descriptivo, pretenden
analizar el funcionamiento de la democracia real, que esta muy alejada de los
ideales de la democracia ateniense o del modelo de Rousseau.
Para los pluralistas la construcción del poder surge de un proceso interminable
de intercambios entre numerosos grupos que representan distintos intereses
(sindicatos, partidos, grupos étnicos, estudiantes, etcétera).
Por ello no existe, en este modelo, un poderoso centro de toma de decisiones.
Atento a esto surge una sociedad de centros de toma de decisiones. La
explicación acerca de cómo frente a esta dispersión es posible una relativa
estabilidad de la democracia, esta dada por la pertenencia de toda persona
a múltiples grupos con intereses diversos, y a que ningún grupo puede
monopolizar el poder. En definitiva, de la lucha entre intereses, surge lo político
hasta cierto punto independiente, dentro de los marcos democráticos.
Por otra parte, sostiene que los ciudadanos comunes, ejercen un grado
de control relativamente alto sobre los dirigentes, fundamentalmente por el
funcionamiento de dos mecanismos: las elecciones periódicas y la competencia
entre partidos.
Asimismo, sostenía que el temor de ciertos liberales democráticos (Madison,
Tocqueville y S. Mill) acerca de “la tiranía de la mayoría” era infundado, ya que la
realidad muestra una poliarquía, es decir una situación de lucha y competencia
entre los distintos grupos.
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Por ello, el carácter democrático de un régimen, esta garantizado por la
existencia de múltiples grupos o múltiples minorías.
Existen ciertos prerrequisitos para el funcionamiento de una poliarquía: consenso
sobre las reglas de procedimiento, consenso sobre el margen de opciones
políticas, consenso sobre el ámbito legítimo de la actividad política, etcétera.
Estos son los resguardos más profundos de cualquier forma de gobierno
opresivo.
A pesar de no negar la importancia de las normas constitucionales, para
Dahl, la protección contra la tiranía provenía de las normas y prácticas no
constitucionales.
Se puede objetar a los pluralistas que su “realismo” tendía a deslizarse hacia una
nueva teoría normativa, que postulaba como modelo los sistemas democráticos
occidentales y renunciaba al estudio de la justificación de los distintos modelos
democráticos y a un análisis crítico de los ideales y métodos de la democracia.
Por el contrario, el criterio para valorar las distintas teorías de la democracia, se
asienta en su adecuación o no al modelo pluralista.
Finalmente, en cuanto a los modelos que en la actualidad se disputan la definición
y sentido de las democracias, podemos analizar el modelo legal neoliberal y
el modelo de la democracia participativa. Asimismo, presentaremos una tercera
propuesta contemporánea que cuestiona los presupuestos epistemológicos y
ontológicos de estas alternativas y descree de su plausibilidad explicativa para
dar cuenta de los actuales sistemas democráticos.
El modelo neoconservador también denominado neoliberal, cuyos expositores
más destacados son Hayeck y Nozick, en última instancia evidencia la
preocupación por avanzar la causa del liberalismo contra la democracia, tratando
de limitar el uso democrático del poder del Estado. Parte del presupuesto de
que la vida política, al igual que la economía como con la provisión social de
oportunidades. Sostiene la restricción de ciertos grupos, fundamentalmente de
los sindicatos, en su poder para hacer valer sus objetivos, postulando también
la formación de un gobierno fuerte para aplicar la ley y el orden.
Sus presupuestos respecto al hombre y la sociedad se podrían resumir en lo
siguiente:
– No existe ninguna entidad social o política a excepción de los individuos.
Supone la convicción de que los individuos pueden juzgar acabadamente
qué es lo que quieren y que además poseen aspiraciones radicalmente
diferentes. En consecuencia se los considera poseedores de libertad para
intentar llevar a cabo su propia visión de la vida buena en una comunidad
ideal donde nadie puede imponer su propia visión de la utopía a los demás
(Nozick, 1990). Naturalmente no se puede justificar un Estado extenso, sino
un Estado mínimo ya que de lo contrario violaría la libertad de los individuos
y el derecho a no ser forzado a hacer ciertas cosas.
– Por ello es imposible establecer patrones de distribución social, ya que
la única organización legítima de los recursos humanos y materiales, es
negociada a través de la actividad libre de los individuos en intercambios
competitivos con otros.
– Las únicas instituciones políticas justificadas y legitimadas son las que
apoyan un espacio de libertad, que preservan la autonomía y los derechos
individuales.
Se asienta sobre una concepción del hombre definida por derechos subjetivos
que se poseen frente al estado y los demás ciudadanos, al igual que los
derechos políticos, que tienen la misma estructura. Permiten a los ciudadanos
hacer valer sus intereses privados hasta formar una voluntad política capaz de
influir en la administración. Así los ciudadanos pueden controlar si el poder del
estado se ejerce en interés de los ciudadanos como personas privadas. Desde
esta concepción de hombre, la participación en la política no es en sí valiosa,
sino un instrumento para satisfacer fines privados. El valor de la participación
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política es bajo y no tiene nada de condenable al apoliticismo de los ciudadanos
ni la apatía.
Este modelo supone el imperio de la ley, la vigencia del estado constitucional,
una intervención mínima del estado en la sociedad civil y una sociedad de
mercado lo más extensa posible. Supone un gobierno fuerte y efectivo fundado
en los principios liberales, la regulación al máximo de la regulación burocrática
y la restricción de los grupos de interés.
El otro modelo, no es tan específico ni homogéneo en cuanto reconoce
distintas vertientes. Las definiciones del participacionismo proceden de formas
poco sistemáticas, lo que dificulta una visión clara de sus propuestas. Se
comprende esta falencia si se acepta en definitiva que el participacionismo
constituye fundamentalmente una reacción de insatisfacción ante la democracia
representativa, una crítica ante sus consecuencias negativas y la aspiración de
realizar un ideal de hombre político, más que una alternativa detallada, acabada
e incluso viable (cortina, 1993).
En la definición de este modelo, el hombre es un animal político en un triple
sentido. En primer lugar, se sostiene que el hombre para realizarse plenamente
necesita desarrollar entre otras cosas, capacidades, principalmente la capacidad
de participar de modo significativo en las deliberaciones y decisiones que
afectan a la comunidad en la que vive. Además, esta participación tiene su
sentido educativo y positivas consecuencias psico-sociales, en cuanto permite
el desarrollo de otras facultades, tal como la capacidad de deliberar y decidir
de acuerdo a intereses comunes y no solo individuales y grupales. Finalmente,
reforzaría el sentido de pertenencia a la propia comunidad por las estrechas
relaciones a que da lugar el trato continuo. En este sentido el status de individuo
no viene definido por un patrón de libertades negativas, cuyo uso se ejerce
como personas privadas. Por el contrario los derechos ciudadanos son mas
bien libertades positivas, que permiten a los ciudadanos constituirse en sujetos
políticamente responsables en una comunidad de libres a iguales (Habermas,
1994). La democracia se constituye como una forma de vida valiosa por si
misma, en tanto respeta y fomenta el carácter autolegislador de los individuos,
potencia el sentido de justicia al considerarla capaz de orientarse por intereses
generalizables.
En cuanto a las condiciones generales que harían posible el funcionamiento del
modelo se requiere:
- Mejora directa de los grupos sociales que no cuentan con iguales oportunidades
a través de la redistribución de recursos materiales.
- Reducción al mínimo posible del poder burocrático no responsable ante los
ciudadanos.
- Un sistema abierto de información que garantice decisiones informadas. -
Igualdad de oportunidades para hombres y mujeres.
Los principales teóricos de este modelo, corno MacPherson, Pateman y
Poulantzas han combinado y reformulado las ideas provenientes de la tradición
liberal y marxista. En este sentido su contribución ha sido importante en cuanto
a superar el interminable a infructuoso debate entre ambas tradiciones sobre la
democracia.
Sin embargo, las carencias se advierten en cuanto a la especificación de
propuestas tales como: como organizar en la realidad la economía y como
relacionarla con el aparato político? Cómo combinar las instituciones de la
democracia directa con las de la democracia representativa a fin de lograr una
ampliación de la participación? Cómo tratar los problemas que plantea el nuevo
orden internacional? Y, entre otras, cómo podría implementarse la participación
en sociedades complejas y diferenciadas?
Este último interrogante es fundamental, ya que el modelo de democracia
participativa supone que las personas quieren en general, expandir el margen
de control sobre sus vidas. Aunque ellos mismos advierten, postular que las
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personas ejercitan sus capacidades y gozan con el ejercicio y desarrollo de
éstas, no deja de ser por el momento una aspiración a la transformación.
4. UNA PERSPECTIVA TEÓRICA SOBRE LA COMPLEJIDAD DE LA
DEMOCRACIA
Desde una perspectiva diferente, Danilo Zolo (1994) considera cuestionables
los análisis teóricos de los autores que representan los distintos modelos
de democracia desarrollados, y en especial, su crítica podría aplicarse con
mayor énfasis a los dos últimos, pues constituyen una rehabilitación de la
tradición ético-política, que adolece del error de la indiferenciación entre la
dimensión axiológica de las valoraciones y la dimensión deontológica de las
prescripciones. La ausencia de tal distinción implicaría elevar arbitrariamente
al status de una regla general del comportamiento lo que es en realidad
el resultado de valoraciones, convenciones y decisiones particulares que no
podrían pretender ningún fundamento ontológico.
Según sostiene el autor, los sistemas éticos, al igual que los legales o políticos,
carecen de toda regla básica que los haga intrínsecamente obligatorios. Por
otra parte, estas teorías, según este autor, son objetables en tanto presentan
limitadas posibilidades explicativas de los procesos reales, ya que no dan
cuenta de la complejidad social.
Así postulan modelos de sociedades informadas por principios claros,
simples universales y universalmente compartidos que pretenden pueden tener
factibilidad en sociedades post-industriales, caracterizadas por la contingencia
y la pluralidad de valores y afiliaciones sociales, como así también por la
decadencia de las normas de racionalidad en la acción política.
En las sociedades diferenciadas, las justificaciones políticas tienen poco
en común con las categorías de la ética universal, siendo particularistas,
contingentes y ampliamente variables.
Por otra parte, en los sistemas políticos democráticos contemporáneos, según
la crítica de Zolo a los enfoques mencionados, la asignación de recursos
sigue la lógica de la atribución oportunista y las demandas de los grupos
son satisfechas o desalentadas como parte del funcionamiento de equilibrios
políticos que tienen en cuenta las capacidades organizacionales, el potencial
de conflicto y la significación de los distintos actores sociales. Así también el
conflicto social, aun en los regímenes más democráticos, es regulado a través
de la imposición autoritaria de criterios distributivos, que tienen poco que ver
con un fundamento ético de las leyes y los deberes políticos.
Los presupuestos a su vez de este análisis crítico de los llamados «modelos
ético-políticos» implican una visión opuesta, en tanto sostienen que no es el
consenso moral lo que mantiene unidos a los hombres en una comunidad
política, sino el miedo, la exigencia de seguridad y la necesidad.
En cuanto a la función específica del sistema político es la de regular
selectivamente la distribución de los riesgos sociales, reduciendo el miedo, de
esta manera, a través de la asignación competitiva de «valores de seguridad».
Esto produce confianza al permitir a los agentes sociales funcionar conforme
a expectativas estables de comportamiento de acuerdo a reglas colectivas.
Sustrae de las expectativas colectivas la porción de riesgo y frustraciones que
no podrían asumir sus miembros sin un grave trastorno social, y deja a la
«libertad» de los individuos la neutralización de los riesgos que son menos
importantes.
Las funciones protectoras del sistema, si se acepta la propuesta, son cumplidas
de manera más lineal por un sistema monocrático u oligárquico que por uno
democrático. La paradoja de la democracia en ese sentido, consiste en que
el aumento de la diferenciación y la complejidad social es responsable de las
exigencias modernas de democracia. La cual continuaría como necesaria, pero
211 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
ese mismo aumento la constituyen en la forma de gobierno más frágil y casi
irrealista, con una fuerte tendencia a revelar que esas exigencias no podrían
tener éxito. Esto constituye la antinomia funcional central, la que según Zolo, no
perciben las otras teorías y por ello no pueden ni siquiera comenzar a resolver.
En este sentido las cuestiones centrales, en cuanto a la problemática a abordar
en el estudio de la democracia serían:
- La complejidad social provocada por la velocidad del desarrollo científico
y tecnológico, constituye a hacer imposible la democracia, a causa de los
riesgos evolutivos que la amenazan. Estos son, entre otros: la dificultad técnica
de los problemas administrativos, la diversidad y movilidad de los intereses
sociales, la sensación creciente de discontinuidad social e incertidumbre
personal, problemas que son cada vez menos susceptibles de manejo político,
requiriendo a su vez las soluciones un consenso cada vez más difícil de obtener
mediante procedimientos formales. Esto en contextos donde la «voluntad
general» se fragmenta en una confusa multiplicidad de particularismos e
intereses localizados.
Así sostiene Zolo que no son las tradicionales alternativas institucionales de la
izquierda y la derecha las que parecen amenazar el futuro de la democracia,
en tanto en realidad éstas parecen menos creíbles y practicables que en
otros momentos. Son los riesgos evolutivos de los sistemas democráticos que
parecen imponer en nombre de la eficiencia de la decisión política, la seguridad
de la sociedad, el desarrollo tecnológico o la expansión de los esquemas
de consumo para la reducción de la complejidad social, un sistema político
concentrado y especializado. La diferenciación y la complejidad social produce
en las sociedades posindustriales modernas, una radical reformulación de
la esfera pública, la cual se puede analizar a partir de tres fenómenos: la
autorreferencia del sistema de partidos, la inflación de poder y la neutralización
del consenso.
Respecto de los primeros, en los actuales procesos, las burocracias partidarias
no contribuyen a la legitimación del sistema político, en cuanto canalizadoras de
demandas. Más bien desarrolla su acción sobre la ficción de la representación,
ayudando a mantener viva una imagen pública de la arena política como sistema,
general y abierto. Por otra parte, en relación a la competencia partidaria, las
propuestas casi no se diferencian por la tendencia casi indiscutible de converger
hacia el centro, donde pueden reunir el mayor número de votos volátiles. Esto
se evidencia en los discursos que sostienen, lo más ambiguos posibles, para
así favorecer una pluralidad de expectativas a veces discordantes.
Respecto del segundo punto, algunos autores sostienen que cuanto más se
expanden y aumentan en complejidad las actividades del gobierno político,
menos controlables y seguros son los efectos de las decisiones. Cuanto más
crece la complejidad del medio ambiente, más difícil se vuelve el control de sus
variables, dado que la cognición, la producción y la programación tienen lugar
en condiciones de desorden y turbulencia en aumento. Esto requiere de una
disponibilidad social de mayor cantidad de poder a los gobiernos, a fin de dar
lugar a la ejecución y legitimación de los cursos de acción seleccionados. Lo
paradójico resulta que esta demanda coexiste con una mayor heterogeneidad
y fragmentación de las expectativas sociales que brotan de una sociedad
fuertemente diferenciada.
Por ello la gobernabilidad democrática de las sociedades reside en la capacidad
del sistema de responder con rapidez a las exigencias de seguridad contra
los riesgos de la complejidad; de lo contrario corre el riesgo de entrar en
colapso en conjunto con todo el espectro de instituciones y procedimientos
«representativos». Por ello se convierte en una necesidad funcional, más que en
una demanda política conservadora, el aseguramiento de la gobernabilidad, a
través de la drástica selección de las expectativas sociales a fin de evitar una
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 212
insuficiencia decisional crónica. Así la neutralización de excesivas demandas
de democracia, puede ser presentada como la condición estructural para la
supervivencia de la misma democracia.
Finalmente, con respecto a las actuales posibilidades de neutralización del
consenso, esto es posible porque la vasta mayoría de los ciudadanos, en
tanto no están directamente involucrados en una transacción política son
espectadores distraídos que se abstienen de la política, y por otro lado, dada
la heterogeneidad y particularidad de las expectativas políticas que surgen de
una sociedad diferenciada, el sistema político puede satisfacer oportunamente
las demandas de agentes y grupos, realizando una constante reestructuración
de expectativas mediante estrategias de diferenciación excluyendo del proceso
político todas las formas de conflictividad radical.
5. CONCLUSIÓN
Hemos expuesto sintéticamente distintos modelos que se han disputado y
disputan, el significado o sentido del régimen democrático. Todos ellos, lo
asuman o lo eludan, contienen valoraciones, y como dice Zolo (1994) formulan
prescripciones que pretenden ser obligatorias, aunque se asientan sobre la
propia valoración de la democracia. A su vez, Zolo prescribe la inevitable
impracticabilidad de la democracia en los complejos sistemas contemporáneos,
aunque también esto se asienta en su propia valoración.
Entonces, debemos admitir que por una parte, la adhesión a la democracia
como la forma más adecuada de organizar la vida política tiene menos de cien
años. Por otra parte, la propia idea de democracia liberal es compleja, quizás
contradictoria y está marcada por interpretaciones contrapuestas.
Podemos concluir con Bobbio (1986) en una definición mínima, procedimental
de democracia como aquel sistema que debe cumplir con las siguientes
reglas:
I) Todos los ciudadanos, sin distinción, deben gozar de derechos
políticos.
II) El voto de todos los ciudadanos debe tener el mismo valor.
III) Todos los ciudadanos deben ser libres de votar según su opinión,
formada libremente.
IV) Deben tener alternativas reales, plurales.
V) Debe valer el principio de la mayoría, pudiendo establecerse distintas
formas de mayoría previamente indicadas.
VI) Ninguna decisión de la mayoría puede limitar los derechos de la
minoría.
Se debe admitir, sostiene el autor, que basta la inobservancia de una de estas
reglas para que el régimen no sea democrático.
En cuanto a su significado, a sus contenidos, dependerá inevitablemente del
que en un determinado momento histórico--social, sea el prevaleciente.
Así su sentido puede ser más individualista o comunitario, priorizará la libertad o
la igualdad, la limitación del poder o la plena expansión de la soberanía popular,
la representación o la participación, como algunas de las cuestiones centrales.
BIBLIOGRAFIA
ARBLASTER, Anthony, Democracia, Alianza, Madrid, 1992.
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...............................................................................................................................................................
LA DEMOCRACIA
LA DEMOCRACIA CLÁSICA Y LA MODERNA
El surgimiento de la democracia se remonta a Grecia al igual que el surgimiento
del término, en la primera mitad del siglo V a.C. y más específicamente se alude
a Atenas.
Factores que permitieron el surgimiento:
-Emergencia de un vasto sector ciudadano económica y militarmente
independiente.
-Comunidades pequeñas y compactas.
No existían obstáculos serios a la participación ya que no se trataba de una
sociedad muy extensa ni compleja.
Los ideales políticos atenienses eran:
-Igualdad entre las ciudades.
-Libertad.
-Respeto a la ley.
El concepto de ciudadanía implicaba la participación directa en los asuntos de la
ciudad. Se postulaba un compromiso absoluto con el principio de la virtud cívica
y la subordinación de la vida privada a los asuntos públicos.
El proceso de decisión estaba fundado en la participación directa. El
procedimiento para la producción de las decisiones y las leyes descansaban
en la convicción de que la fuerza de las mejores argumentaciones, en un
contexto de igualdad de expresión pero todos en asamblea soberana, les daba
un fundamento más adecuado, racional y consistente, que la costumbre o la
imposición por la fuerza.
La igualdad ante la ley y el imperio de la ley como resultado de la soberanía
popular aseguraban la libertad.
Posteriormente un largo eclipse del ideal de ciudadanía y democracia,
caracterizará al pensamiento político occidental.
Entre el ocaso de la cultura y la política griega, y el surgimiento del liberalismo
en S XVII la preocupación no será la de la construcción de una ciudad justa, a
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 214
partir de la participación directa de los ciudadanos, sino la construcción de un
orden de convivencia que respetaran los principios cristianos. La ciudad buena y
justa es ahora aquella en que los hombres pueden vivir en comunidad con Dios
y llevar una vida cristiana.
LA DEMOCRACIA LIBERAL
Existe una considerable diferencia entre la concepción moderna y la antigua de
libertad y de democracia.
En la polis la distinción entre la esfera publica y privada era desconocida.
La libertad era puramente un concepto político, estaba garantizada por la
participación activa y constante en el poder colectivo. Para los griegos hombre
y ciudadano era lo mismo.
La concepción griega de libertad política no implicaba la libertad individual,
basada en los derechos personales.
Por el contrario el Estado de derecho moderno tiene por finalidad proteger la
libertad del individuo en cuanto persona.
Aparece el gobierno representativo el cual constituye un elemento
tradicionalmente no democrático.
La democracia moderna no es incompatible con el liberalismo, pero existe una
tensión entre ellos. Según el mayor o menor énfasis que se ponga sobre alguno
de ellos se construyen distintos modelos de democracia.
El liberal se preocupa mas por la cuestión jurídico política de limitar el poder del
estado, gira en torno al individuo.
A la democracia le preocupa la cohesión social y la igualdad distributiva.
MODELOS DE DEMOCRACIA
Modelo de democracia como protección (Jeremy Benthan y James Mill)
Se exige que el gobierno proteja a sus ciudadanos del uso del poder despótico.
El ámbito de acción del Estado debe ser fuertemente restringido a la creación
de una estructura que permita a los ciudadanos desarrollar sus vidas privadas,
libres de interferencias políticas indeseadas, pero protegidas de la violencia, a
fin de lograr la satisfacción individual y minimizar el sufrimiento.
La democracia se convierte en un medio para alcanzar esos fines.
Modelo de democracia como desarrollo (John Stuart Mill)
En una democracia los ciudadanos deben disfrutar de igualdad política y
económica para que todos puedan disfrutar de igual libertad e independencia.
Se debe garantizar la libertad individual a través de un gobierno responsable y
una burocracia eficiente.
El establecimiento de un sistema representativo junto con la libertad de expresión
de prensa y de reunión constituye la mejor estrategia para el control de los
poderes gubernamentales.
215 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Este modelo combina elementos formales de la democracia con elementos
protectores del individualismo liberal.
Modelo elitista de la democracia (Schumpeter)
Contemporáneamente solo puede sostenerse un modelo muy limitado de
democracia ya que únicamente “gobiernos de expertos” pueden dirigir el aparato
administrativo del Estado.
La burocracia es la base de la gestión moderna del gobierno democrático.
La idea de bien común, que es que es a lo que apuntan las decisiones
políticas en un modelo clásico de democracia, es peligrosa y engañosa, en tanto
las personas tienen distintas preferencias y valores y que en las sociedades
modernas no pueden resolverse apelando a la “voluntad general” universal.
La “voluntad general” tiene poco o nada de racional.
No debe aceptarse la idea de que el pueblo tiene opiniones concluyentes y
racionales sobre las cuestiones políticas. El pueblo solo debe ser el instrumento
para seleccionar a los hombres capaces de tomar decisiones.
Modelo pluralista de democracia (Robert Dahl)
Para los pluralistas la construcción del poder surge de un proceso indeterminable
de intercambios entre numerosos grupos que representan distintos intereses.
La explicación a cerca de cómo frente a esta dispersión es posible un a
relativa estabilidad de la democracia, esta dada por la pertenencia de toda
persona a múltiples grupos con intereses diversos, y a que ningún grupo puede
monopolizar el poder.
Los ciudadanos ejercen un fuerte control mediante las elecciones periódicas y
las luchas entre los partidos.
El carácter democrático esta garantizado por múltiples grupos o minorías.
Modelo neoliberal o neoconservador (Hayeck y Nozic)
Este modelo supone el imperio de la ley, la vigencia del Estado constitucional,
una intervención mínima del Estado en la sociedad civil y una sociedad de
mercado lo más extensa posible. Supone un gobierno fuerte y efectivo fundado
en los principios liberales, la reducción al máximo de la regulación democrática
y la restricción de los grupos de interés.
Modelo de democracia participativa
La democracia se constituye como una forma de vida valiosa por sí misma,
en cuanto respeta y fomenta el carácter autolegislador de los individuos,
potencia el sentido de justicia al considerarla capaz de orientarse por intereses
generalizables.
Condiciones generales para su funcionamiento:
-Mejora directa de los grupos sociales que no cuentan con las misma s
posibilidades a través de la redistribución de recursos materiales.
-Reducción al mínimo posible del poder burocrático no responsable ante los
ciudadanos.
-Un sistema abierto de información que garantice decisiones informadas.
-Igualdad de oportunidades para hombres y mujeres.

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i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 2
-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 299
RESUMEN
Para desarrollar un análisis de la relación entre derechos humanos, política y
democracia es necesario situar esta relación en la realidad; es decir, en la historia. Los
derechos humanos surgieron en Occidente como resultado de su peculiar origen histórico
a la caída del Imperio Romano y de sus luchas ideológicas y políticas. Es esencial
devolverlos a su contexto político originario si es que no se quiere hacer de ellos una
cuestión que sólo puede interesar a la ciencia jurídica.
Lo propio de la trayectoria política de Occidente ha sido su lucha por la libertad,
lo que no ha ocurrido así en las demás civilizaciones. Pocas veces el hombre en su
trayectoria política ha luchado con mayor claridad y energía que cuando lo hizo por los
derechos humanos en la época en torno a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Desde el punto de vista político, el proceso revolucionario abierto en el siglo XVIII aún no
ha concluido. Para América Latina, es urgente lograr el consenso en torno al imperativo
de implementar los derechos humanos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.
Debe decidirse a hacer de la política una lucha por los derechos humanos integrales para
incorporarse definitivamente a la trayectoria central de Occidente.
Política, democracia y
derechos humanos
HERNAN MONTEALEGRE, Catedral 1009, oficina 801, Santiago, Chile
Fax: (56-2) 698 8545 – 441 0784 – 441 0785
Hernán Montealegre es profesor de
derecho en varias universidades de
Chile. Fue abogado de la Vicaría de la
Solidaridad, fundador y primer director
del Instituto Interamericano de
Derechos Humanos con sede en San
José de Costa Rica, ex director del
Colegio de Abogados de Chile y ex
cónsul de Chile en Londres, Inglaterra.
Es autor de la obra “La Seguridad del
Estado y los Derechos Humanos”,
editorial Academia de Humanismo
Cristiano, Santiago, 1979.
Hernán Montealegre
217 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 300
a ciencia política contemporánea define su objeto como el estudio del poder.
Identifica, pues, política y poder; y, acorde con la tendencia positivista de las
ciencias sociales en general, fundamenta esta posición extrema en un pretendido
neutralismo valórico que le daría justamente su carácter científico. En concordancia
con esta actitud, el estudio de la democracia se reduce en gran parte hoy día a una
investigación de su carácter puramente procedimental, dejando a un lado cuestiones
que cabe denominar sustantivas de la democracia. Se mantiene, así, el estudio de los
hechos políticos en general y de la democracia en particular, como una investigación
descriptiva que se separa estrictamente de toda cuestión normativa. Abordaré, en
su momento, el debate contemporáneo sobre esta cuestión; pero estimo que para
desarrollar un análisis acertado de la relación entre derechos humanos y política es
necesario situar esta relación en la realidad; quiero decir, en la historia. Porque los
derechos humanos no son otra cosa que los objetivos buscados y alcanzados por el
desarrollo de las luchas políticas en Occidente.
Lejos, pues, de tratarse de entidades abstractas que haya que vincular
forzadamente con las realidades políticas, ellos han sido el contenido mismo de la
evolución política occidental. Es, pues, la ciencia política contemporánea la que tiene
que explicar por qué ha definido su objeto de estudio al margen de toda cuestión
valórica, rompiendo con ello la trayectoria histórica de la política real. Un proceso
que puede llamarse de separación creciente de las ciencias sociales ha terminado por
adjuntar el estudio de los derechos humanos a la ciencia jurídica, en circunstancia
que ellos surgieron en Occidente como resultado de sus luchas ideológicas y políticas.
Ahora bien, es esencial devolver los derechos humanos a su contexto político originario
si es que no se quiere hacer de ellos una cuestión secundaria y adjetiva que sólo
puede interesar a los tribunales de justicia. Con esto, como lo expreso, se ha roto
la propia trayectoria política occidental, y reponsable en parte de ello es la ciencia
política surgida después de la Segunda Guerra Mundial.
Los derechos humanos expresan no menos que la conciencia madura de
Occidente sobre su identidad en el mundo. Su forma plena se da justamente en el
área política más que en la jurídica, y es por ello que resulta alarmante que la ciencia
política contemporánea los mantenga olvidados. Me refiero a la conquista de la
libertad política como un logro supremo de la civilización moderna. Hablar de la
libertad es hablar de una realidad, no de una quimera; por lo tanto, el auténtico
realismo de la ciencia política debe llevarla a refundirse en el estudio de las condiciones
de la libertad más que en el estudio de las condiciones del poder. Es Occidente quien
ha dado al mundo el ideal y la realidad de la libertad política y es por lo mismo que no
INTRODUCCIÓN
L
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-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 301
debe cesar en profundizar en este logro único. En la libertad política, ideal y realidad
se compenetran, de modo que resulta artificial cualquier intento de despojarla de su
carácter valórico o de su condición histórica. Se trata del derecho humano que
mejor define la situación política contemporánea, porque es a la vez una aspiración
y una realidad, esto es, es un ideal alcanzado que, no obstante, siempre hay que
profundizar. Si la historia política de Occidente, pues, es en su aspecto capital una
lucha por la libertad, no se entiende que una disciplina que hace de la política su
objeto de estudio no haga de la libertad, sino del poder, su tema dominante. El intento
de separar política y derechos humanos no obedece, por lo tanto, a ningún antecedente
tomado de la realidad sino que es artificioso y, con ello, es un enfoque científico
defectuoso. Lo primero que hay que hacer sobre este particular es, entonces, recuperar
la relación histórica que ha existido entre política y derechos humanos.
1. La relación histórica entre política y derechos humanos
Lo propio de la trayectoria política de Occidente ha sido su lucha por la libertad,
lo que no ha ocurrido así en las demás civilizaciones. Un hecho de esta magnitud, que
diferencia a toda una civilización, debe responder a causas muy profundas. Y, en
efecto, para explicarlo, no basta con tener en cuenta acontecimientos que involucren
a personas particulares como si la libertad fuese sólo un ansia individual; se trata más
bien, de condiciones estructurales que configuran a una sociedad en su conjunto.
Estas condiciones estructurales emanan de la situación especial que se dio en Europa
a la caída del Imperio Romano y cuya característica principal consiste en que no fue
posible que en sus territorios se instaurara un poder absoluto que dominara al
conjunto de la sociedad. Europa desarrolla su historia a partir de cuatro centros de
poder: el feudalismo, la realeza, la Iglesia y las ciudades. Ninguno de estos centros
reconoce en los otros un poder absoluto, mientras exige de los demás el reconoci-
miento de sus propios derechos. A esto es lo que llamo una estructura de libertad.
Esta estructura cobra diversas formas en la historia de Europa, creando condiciones
objetivas para el desarrollo de la libertad no sólo dentro de los países sino que se
proyecta también a las relaciones exteriores cuya expresión es el célebre equilibrio de
poder europeo.
Un hecho tan definitorio de toda una civilización, tenía que hacerse consciente
entre sus miembros. Aunque es una circunstancia poco conocida, las primeras
reivindicaciones de libertad en Europa se dieron en las clases campesinas, ya en
la temprana Edad Media. Más conocidas son, desde luego, las libertades urbanas,
cuya expresión se da ya en los siglos XI y XII. Ciudades libres encontramos a partir
de entonces en Italia –Venecia, Génova, Florencia, Milán– y en los Países Bajos
–Gante, Brujas– y numerosos otros casos de ciudades menores. Todas estas ciudades
se otorgan y les son reconocidas cartas de derechos autónomos.
219 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 302
El surgimiento de los Estados territoriales en los siglos XV y XVI pone en
cuestión la autonomía de las ciudades. Pero es justamente dentro de estos nuevos
Estados donde cobra un nuevo vigor la lucha por la libertad política de sus habitantes,
lo cual se expresa en primer lugar en la maduración de un pensamiento político que
rematará directamente en las Declaraciones de derechos humanos del siglo XVIII.
Estas Declaraciones sustentarán las revoluciones políticas de Occidente, incluyendo
ahora, junto a Europa, a América del Norte y muy pronto también a la América del Sur.
El Renacimiento fue en Europa una época de excepcional desarrollo del espíritu
individual. En un sentido, también lo fue la Reforma, en cuanto se opuso al poder
central de una única autoridad religiosa; pero tanto ella como la Contrarreforma
fueron además expresiones de intolerancia que sumieron a Europa en las crueles
guerras de religión de los siglos XVI y XVII. Pero justamente el horror de estas guerras
terminó por imponer un clima y una doctrina de la tolerancia como condición para
la sobrevivencia de todas las creencias. Este espíritu de tolerancia, no obstante sus
indudables retrocesos en ciertas épocas y lugares, se convertirá en un elemento
distintivo de la civilización occidental y está en el centro de la doctrina sobre los
derechos fundamentales que deben respetarse a todos.
Europa y América del Norte, con la Reforma, incorporaron, pues, un nuevo factor
en la estructura plural de la civilización occidental: el pluralismo religioso. Esto reforzó
la estructura de la libertad en Occidente y no es extraño entonces que en tales
circunstancias se desarrollaran doctrinas políticas nuevas que dieron un impulso decisivo
a la lucha por la libertad. Estas nuevas doctrinas están ya elaboradas entre fines del
siglo XVII e inicios del siglo XVIII, como lo prueban los nombres de Grocio, Spinoza,
Locke, Pufendorf, Leibniz, Wolff, Vattel y Vico. Montesquieu y Rousseau culminarán,
en el siglo XVIII, esta evolución, de un pensamiento político nuevo en Occidente. A
estos nombres hay que agregar los de Jefferson, Hamilton, Franklin y Madison. Todo
este pensamiento se traducirá en una acción política capital que divide en dos la historia
de Occidente y que no es más que la más radical reivindicación de la libertad política.
2. El carácter revolucionario de los derechos humanos
El orden impuesto por el absolutismo monárquico en los siglos XVI y XVII, y
que derivaba de un pacto entre la aristocracia, la realeza y la Iglesia, no era, en último
análisis, un auténtico orden occidental, ya que sofocaba el desarrollo de la libertad.
Es por ello que, amenazado en su esencia, surgió la más profunda defensa de Occidente
frente a sí mismo, y es lo que explica el radicalismo con que en la época que señalé
surgieron las doctrinas de libertad. Pero estas doctrinas no hubiesen tenido el éxito
que tuvieron –hasta nuestra época– si no hubieran estado arraigadas y no hubiesen
expresado, mucho mejor que el absolutismo, la esencia de Occidente. El choque entre
tal absolutismo antioccidental y la libertad propia de Occidente era inevitable y se
produjo en forma revolucionaria.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 220
-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 303
El pensamiento político de los hombres que he señalado es una de las elabora-
ciones intelectuales más excepcionales de la historia. No se sabe si admirar más la
claridad de sus conceptos o la capacidad de éstos para hacerse realidad política. Creo
que un planteamiento tan profundo de un nuevo orden político basado en la libertad
sólo fue posible porque Occidente se había entonces abierto a la humanidad entera y
había adquirido con ello una experiencia única de la relatividad de las civilizaciones
frente al carácter absoluto de la igualdad entre los hombres. Ello llevó a la formulación
de un orden humano que fuese definitivo y universal. El racionalismo propio de la
historia occidental en la época creaba una confianza invencible sobre su posibilidad.
El aspecto esencial de este nuevo orden era la libertad política y su enemigo principal
era, por lo tanto, el despotismo imperante. Frente a los deberes que en todos los
órdenes imponía el Antiguo Régimen, se opusieron los derechos de los hombres,
anteriores y superiores al Estado. Se entiende que en una tal conyuntura histórica se
haya proclamado como el derecho político básico la resistencia a la opresión. Este
derecho básico daba toda su fuerza a la lucha por los otros derechos: la libertad, la
igualdad, la felicidad en la tierra. El poder político de estas ideas se refleja en que
fueron capaces de animar revoluciones y de fundar el mundo moderno. Tal poder
político culminó en las diversas Declaraciones de derechos, las que fueron no menos
que gritos de guerra contra el orden antiguo. Pocas veces el hombre en su historia
política ha luchado con mayor claridad y energía que cuando lo hizo por los derechos
humanos en la época en torno a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Nunca,
por otra parte, ha logrado hacer realidad ideales como lo hizo con el ideal de la libertad
política. Esto muestra la potencialidad de toda lucha política cuando se traduce en
una lucha por los derechos. Las luchas revolucionarias por los derechos humanos,
que terminaron por dar origen al mundo moderno que aún hoy habitamos, abarcan
un período histórico que va desde la revolución inglesa de 1688, la norteamericana
de 1776, la francesa de 1789, las latinoamericanas de alrededor de 1815, hasta el
período revolucionario europeo de 1848. Este último período da origen a la lucha
política por nuevos derechos, a saber, los económicos y sociales. En realidad,
también la lucha contra el fascismo iniciada en 1939 y terminada en 1945, que
concluyó con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, tiene el
carácter propio de una lucha por derechos humanos aún más radicales, como lo son
el derecho a la vida, a la no discriminación racial y a la integridad física. Lo mismo,
ciertamente, cabe decir, en particular, sobre las luchas contra las dictaduras militares
recientes de América Latina, que se plantearon en todo el continente en términos
explícitos de lucha por los derechos humanos. Esto implica claramente lo siguiente:
desde el punto de vista político, el proceso revolucionario abierto en el siglo XVIII
no ha concluído sino que, todo lo contrario, nos encontramos en medio de él. Esto
da toda su proyección a la tesis de este trabajo, a saber, que la situación
política contemporánea en Occidente es apreciada de la manera más exacta
cuando se le sitúa dentro de una trayectoria histórica de larga duración que se
radicaliza revolucionariamente en torno a fines del siglo XVIII y que aún no se
ha completado.
221 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 304
3. Democracia y derechos humanos
Escuchemos a Luis XV de Francia, quien, en diciembre de 1770, declaraba:
“No recibimos nuestra corona más que de Dios, y el derecho a hacer leyes nos pertenece
sin división ni dependencia”. En cambio, oigamos ahora la Declaración de los
derechos del hombre y del ciudadano, votada en agosto de 1789: “Los hombres
nacen libres e iguales en derechos. El fin de toda asociación política es la conservación
de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre; estos derechos son la libertad,
la propiedad y la resistencia a la opresión. La ley es la expresión de la voluntad
general. Ningún hombre puede ser acusado, arrestado ni retenido más que en los
casos determinados por la ley y en las formas que ésta ha prescrito. La libre
comunicación de los pensamientos y las opiniones es uno de los derechos más preciados
del hombre; todo ciudadano puede, pues, hablar, escribir, imprimir libremente.
Toda sociedad en la que no está asegurada la garantía de los derechos, ni está
determinada la separación de los poderes, no tiene constitución”. En el contraste de
las dos declaraciones citadas se contraponen dos mundos: El del Antiguo Régimen
y nuestro mundo moderno.
La Declaración francesa de los derechos del hombre tiene un doble significado.
Por una parte, es la culminación de las doctrinas políticas elaboradas desde el siglo
XVII que demuestran su capacidad impresionante de convertirse en realidad política.
Por otra parte, marca el inicio y pone el fundamento a una nueva era. En ella se
formulan a la vez una realidad y un programa en torno a los cuales se fundan y
desarrollan las democracias modernas.
En los Estados Unidos, por otra parte, las ideas de Locke y Montesquieu
también habían influido en políticos como Jefferson, Franklin, Madison, Hamilton,
Paine. En 1776 estas ideas también se convierten en realidades y programas políticos
expresados en declaraciones de derechos. Por su parte, en Inglaterra, el ideal de la
libertad se había incluso adelantado fundando una sociedad a la que los demás países
miraban como ejemplo.
Según las teorías de la ciencia política contemporánea, las democracias que se
desarrollaron desde fines del siglo XVIII pertenecen a dos tipos diferentes: las de
carácter empírico o anglosajonas, y las de carácter racional o continentales. Las
primeras evolucionan de forma inductiva, a partir de los hechos reales y su
preocupación central responde a la pregunta: ¿cómo funcionan de hecho las
democracias? Las segundas se preocupan más de valores que, deductivamente
elaborados, responden a la pregunta: ¿cómo deben ser las democracias? Las primeras
conducen a la teoría descriptiva de la democracia, mientras las segundas lo hacen a
su teoría prescriptiva. Lo que me interesa señalar aquí es que ambos tipos de
democracia se han desarrollado en torno a la preocupación de proteger un núcleo de
derechos humanos que proclamaron desde sus orígenes. Desde esta perspectiva, pues,
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 222
-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 305
no hay dos democracias sino una sola: la democracia basada en los derechos
humanos. El mayor o menor éxito de ambos tipos de democracia se juzga por el
mismo patrón: su capacidad para proteger y promover los derechos humanos.
4. La evolución de la democracia: liberalismo, revolución industrial y socialismo
Desde la perspectiva histórica asumida en este ensayo, no resulta, pues,
sorprendente que la primera conquista política del mundo moderno haya sido la de
la libertad y que ésta se haya plasmado en una doctrina y un programa político
concreto y real: es el liberalismo. En efecto, según vimos, la inquietud principal de
los teóricos de los siglos XVII y XVIII fue la de la libertad política. Se había llegado
a un acuerdo fundamental: la libertad política se lograría cuando los hombres no
estuviesen sometidos al poder arbitrario de un gobernante particular, sino cuando
todos estuviesen sometidos por igual a una ley impersonal que pusiera límites a los
gobiernos. Esta tesis central fue puesta en práctica por los liberales, tanto
anglosajones como continentales, y demostró su eficacia en las distintas formas
del liberalismo constitucional.
Pero la implementación amplia de los derechos definidos en las Declaraciones,
así como la evolución particular de la conquista del derecho a la libertad política y su
expresión en el liberalismo constitucional, se encontró con un hecho nuevo e imprevisto:
la revolución industrial iniciada en Inglaterra a mediados del siglo XVIII. Este cambio
radical en las condiciones de la economía, al contrario que el cambio político, nadie lo
había previsto. La revolución política de fines del siglo XVIII es una consecuencia directa
de ideas que se habían elaborado y madurado desde más de un siglo antes. Al contrario,
la revolución económica no había sido concebida por ningún pensador, de modo que su
dinámica no fue anticipada por nadie. De esta dinámica de la revolución económica se
apropió directamente la burguesía de modo que sirviera a sus solos intereses. Adam
Smith, en 1776, piensa la revolución industrial después que ésta ya se ha desencadenado
y lo hace precisamente como representante de la burguesía elaborando su teoría de la
mano invisible del mercado que, por supuesto, era la mano visible de la burguesía. En
cambio, los teóricos políticos de los siglos XVII y XVIII no expresaban un pensamiento
burgués sino universal, lo que cobró expresión justamente en el universalismo
característico de las declaraciones de derechos. De allí que quien no sepa distinguir
entre el liberalismo político y el llamado liberalismo económico del mundo moderno,
no es capaz de comprenderlo. La conjunción de ambas tendencias tuvo como resultado
el que la dinámica del mundo fuese contradictoria: mientras los objetivos políticos
servían a todas las clases sociales, los objetivos económicos eran sólo para la clase
burguesa. En estas circunstancias, había que resolver cuál de las dos dinámicas iba a
predominar sobre la otra. La respuesta fue que la clase burguesa, por medio del control
de la economía, alteró el rumbo político del derecho a la libertad conquistada y lo
limitó a su solo beneficio. Esto es, la clase burguesa vio con precisión que la democracia
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-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 306
política amenazaba su posición dominante. Entonces surgieron nuevos pensadores
políticos, ahora sí que representantes de la burguesía, con clara noción del problema y
con el objeto de limitar la democracia. Alexis de Tocqueville es el más célebre, pero hay
muchos otros, como Mill, Constant, etc.
Tocqueville es el más interesante por su penetrante análisis de la democracia
en Estados Unidos. Percibió con claridad que el verdadero enemigo de la burguesía
no era ya la aristocracia ni la nobleza, sino las grandes mayorías del pueblo que exigirían
sus derechos políticos democráticos. La revolución industrial, en efecto, tal como la
controló y la dirigió la burguesía, había dado origen a una enorme masa de trabajadores
no propietarios que exigirían el cumplimiento de la promesa de libertad e igualdad
para todos proclamadas tan solemnemente al fundarse el mundo moderno. Este
desajuste básico de la modernidad tuvo su explosión en las revoluciones de 1848. El
liberalismo político de entonces no tuvo más remedio que conceder el sufragio
universal; pero había ya surgido un nuevo protagonista político: es el socialismo.
1848 es también el año del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.
En su expresión radical, ante la realidad de las profundas desigualdades
económicas, el socialismo rechazó las Declaraciones de derechos como una ideología
burguesa. Erró profundamente en esto, ya que, según vimos, las Declaraciones de
derechos fueron fruto de un pensamiento político universalista que se venía gestando
desde el siglo XVII. Otra cosa es que la burguesía económica del siglo XIX se había
apropiado de la conquista de la libertad política limitándola a su expresión de democracia
liberal. Al perder este hilo conductor fundamental de la política que se desarrollaba
desde dos siglos, el socialismo marxista se quedó sin raíces e improvisó una política
antidemocrática que negaba la principal conquista de Occidente: la libertad. En tales
circunstancias, era imposible que triunfara. El camino correcto para el socialismo debió
haber sido la profundización de la lucha por los derechos humanos y no su negación.
Pero para Marx la cuestión dominante ya no era la política sino que la economía, y ésta,
pensó, llevaba en sí ciertas leyes fatales que sustituirían el capitalismo por el comunismo.
Con todo, los movimientos socialistas resultaron acertados y eficaces
precisamente en su percepción de que la lucha política debía también abarcar aspectos
que a posteriori fueron correctamente calificados de derechos humanos económicos
y sociales. Esto cambió radicalmente el carácter de las sociedades occidentales. Yo
diría que si el socialismo no logró enterrar al capitalismo, sí logró transformarlo. Al
final, las conquistas socialistas se han incorporado a la gran tradición occidental de
los derechos humanos en forma de garantías constitucionales y han adquirido
reconocimiento internacional de tales en la Declaración Universal de Derechos
Humanos de 1948 y en el Pacto de las Naciones Unidas de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales de 1966. Esto es, el socialismo ha sido incorporado en la tradición
política de Occidente en forma definitiva y universal en tanto cuanto ha sido capaz de
reformularse en términos de derechos humanos. Desde el punto de vista de las
Declaraciones de Derechos del siglo XVIII, el socialismo ha resultado vital para
acercarse a la igualdad que entonces también se prometió.
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-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 307
5. Realismo e idealismo: regreso a la ciencia política
La ciencia política fundada después de la Segunda Guerra Mundial ha considerado
que el realismo debía llevarla a definir su objeto como el estudio del poder. Las
condiciones existentes durante la guerra fría, reforzaron esta convicción sobre todo en
los cientistas políticos norteamericanos. Con ello, hizo no menos que retroceder el
pensamiento y la política misma a la época de Maquiavelo. Pero no advirtió un hecho
mayúsculo: que el ilustre florentino había sido cuestionado por los dos siglos de
pensamiento político que le siguieron y que hicieron posible todo lo contrario de lo que
él promovía –la razón de Estado–, a saber, la conquista de la libertad política y el rechazo
de todo despotismo. Pero El Príncipe ha sido resucitado y alabado por los que hoy se
autodesignan como realistas y, en consecuencia, llaman a todo lo que no se refiere al
poder y a su funcionamiento idealismo, al que, por cierto, descalifican. Yo diría que si se
tiene en cuenta la evidencia de la trayectoria política de Occidente que he reseñado,
estos realistas no son verdaderos realistas. Realista es quien actúa sabiendo lo que se
puede lograr. Quien desconoce la capacidad humana para alcanzar determinados ideales
no es un realista sino un derrotista, además de un ignorante. El mundo real lo hacen
quienes son capaces de descubrir ideales y de luchar por alcanzarlos, y esto vale también
para la política, desde luego para la de Occidente. Mientras el hombre siga siendo tal,
percibirá valores que lo interpelan. Esto forma parte de cualquiera consideración realista
del ser humano. La mayor herencia que la trayectoria política de Occidente entrega hoy
a la humanidad es la conquista de la libertad política. Esto sólo ha sido posible porque
la libertad fue primero un ideal que después el hombre fue capaz de convertir en realidad.
Si Occidente se hubiese quedado en Maquiavelo, hoy no existiría la democracia. A Dios
gracias, después del florentino vinieron Grocio, Locke, Montesquieu, Rousseau y otros,
que son a quienes debemos nuestra libertad democrática que es la más grande de nuestras
realidades políticas. Quienes pretenden distraernos hacia una preocupación dominante
por el poder político, ignoran y arriesgan lo más profundo y eficaz de la política moderna
que no ha sido ni es otra cosa que su raigambre en la lucha por los derechos humanos.
6. La urgenci a de i ncorporar l os derechos humanos a l as teorí as
contemporáneas sobre la democracia
La desviación actual del estudio de la política hacia un análisis del poder ha
tenido una repercusión importante en los estudios sobre la democracia. Estos,
mayormente, se han concentrado en el análisis de los gobiernos y de sus formas de
funcionamiento. No parece dudoso que en esto ha influido el nuevo papel del Estado
en las sociedades occidentales, ya anunciado en el período entreguerras y desplegado
plenamente a partir de 1945. Si a esto añadimos la situación internacional de la guerra
fría, tenemos una explicación del surgimiento de la razón de Estado como preocupación
225 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 308
central de la ciencia política. Esta orientación, aplicada al estudio de las democracias
contemporáneas, ha llevado a una visión unilateral de éstas como sistemas
procedimentales de adopción de decisiones olvidando las cuestiones sustantivas que
definen una democracia.
En particular, las democracias contemporáneas son concebidas como sistemas
competitivos de acceso al poder. En este concepto ha tenido una influencia
determinante el desarrollo de los partidos políticos como actores principales de la
política. El tema concreto que más interesa a estas teorías es el de las elecciones
como mecanismo de acceso al poder. La cuestión es cómo llegar al poder y cómo
mantenerlo. Qué sea lo que deba hacerse una vez en el poder es una cuestión
subordinada al imperativo de mantenerse en él. Un interés central del sistema es la
perpetuación de la clase política dedicada profesionalmente al manejo del poder. La
democracia termina por concebirse como un sistema que se controla desde arriba
más que como un sistema cuya clave está en acoger e implementar las demandas de
la sociedad. A esto lo llamo una concepción descendente de la democracia a diferencia
de su verdadera concepción que es ascendente. Desde luego que en autores tan
destacados como Schumpeter, Dahl, Sartori, Lijphart, y otros, se encuentran aportes
fundamentales para un concepto moderno de la democracia, pero el tono general que
se ha impuesto en la ciencia política actual es el que he señalado. Véase, por ej., la
definición, hoy tenida por clásica, del propio Schumpeter sobre la democracia: “El
método democrático es aquella ordenación institucional establecida para llegar a la
adopción de decisiones políticas en la que los individuos adquieren el poder de decidir
por medio de una lucha competitiva por el voto del pueblo” (1950).
A la luz de lo expuesto en este trabajo, sostengo que la ciencia política y la
política misma deben reformular sus prioridades. La forma más eficaz para lograr
esto es su reinserción en la corriente central de la trayectoria política occidental
consistente en la lucha por los derechos humanos. En particular, ésta es una tarea de
los partidos políticos. Estos pueden hacerlo, en especial en el caso de los partidos
políticos latinoamericanos, ya que hoy se han reinstaurado después de una experiencia
traumática de violaciones a los derechos humanos en toda la regióhn. Si los partidos
políticos no asimilan en profundidad esta experiencia están condenados a un fracaso
tras otro en su función de ser canales de las demandas de la sociedad. Hoy las señales
no son particularmente auspiciosas, ya que los movimientos de derechos humanos
surgidos en América Latina durante las dictaduras militares no se sienten interpretados
por el pragmatismo reinante en los partidos, pragmatismo, por cierto, que encuentra
un favorable apoyo en las orientaciones teóricas de la ciencia política actual.
El pragmatismo a que he aludido no es capaz de responder a la necesidad más
urgente hoy día de la política en América Latina. Esta necesidad no es otra que la de
lograr el que sí debe ser el auténtico consenso en nuestras sociedades pluralistas: el
consenso en torno al imperativo de implementar los derechos humanos civiles,
políticos, económicos, sociales y culturales. Es aquí donde fluye la corriente principal
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Partidos políticos, grupos de presión, opinión pública, medios de
comunicación social o masiva
Partidos políticos, grupos de interés y grupos de presión
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1
Opinión pública
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Política y medios de comunicación
IC
3
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-Montealegre: Política, democracia y derechos humanos
Perspectivas 309
y profunda de las aspiraciones políticas de nuestro continente. Servir a estas fuerzas
y necesidades es el imperativo de la política actual. Para América Latina, la oportunidad
es única: decidirse a hacer de la política una lucha por los derechos humanos integrales
es incorporarse definitivamente a la trayectoria central de la política en Occidente tal
como la hemos mostrado en este estudio.
Pero hay otro aspecto importante de la actual situación política internacional
que es propicio para una reincorporación del estudio de los derechos humanos en la
ciencia política. Es el colapso del comunismo soviético. Desde luego, esto disolverá la
absorción de los cientistas políticos de la guerra fría en la razón de Estado. Pero,
además, ciertamente que ello implica una extensión de la conquista occidental de la
libertad política hacia los países del Este, proceso en el cual ha sido determinante –y
aquí hay un dato capital para la ciencia política–, la organización en estos países de
grupos de defensa de los derechos humanos. No sabemos si el colapso del comunismo
equivaldrá a una conquista definitiva de la libertad en todos esos países. Pero hoy se
respira en general un aire único de libertad en el mundo.
En este sentido, la política vuelve a verse en su aspecto esencial de lucha por
la libertad y no de lucha por el poder. Y en tercer lugar, la actual coyuntura
internacional deja ver con la mayor claridad la relación que debe existir entre las dos
corrientes históricas que se han dado en la lucha por los derechos humanos: la de la
libertad y la de la igualdad. Mientras el liberalismo luchó por una libertad que olvidaba
la igualdad más allá de su sola consagración jurídica, el socialismo lo hizo por una
igualdad a la que no le importaba la libertad. Hoy está claro que la libertad política es
una conquista definitiva de la humanidad y que la igualdad debe buscarse sin su
menoscabo. Luego de este logro admirable, la gran tarea del futuro es progresar hacia
la igualdad. Pero se tratará de una igualdad que no debilitará la libertad sino que la
fortalecerá porque no sólo hará más iguales a los hombres sino que también más
libres. Ello será posible sólo si la política profundiza en su corriente central de ser
una lucha por los derechos humanos. Este es el único nivel en que será posible
desencadenar las fuerzas sociales que se requieren para progresar desde un mundo
libre pero desigual hacia un mundo más igualitario sin perder su libertad.
227 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Partidos políticos, grupos de interés y grupos de presión.
PARTIDOS POLÍTICOS
La existencia de los partidos, como hecho social constante, obedece a la propia
naturaleza de la realidad política. La realidad política, en tanto actividad, en tanto
dinámica, ofrece a al vez una faz agonal –de lucha- y una faz arquitectónica –de
integración-. En el régimen democrático representativo sólo los partidos políticos
sirven de cauces adecuados para la inevitable faz agonal por su intermedio y las
normas jurídicas que se dicten para regular su competencia racionalizar la lucha
y evitar la violencia. En ello radica su justificación fáctica. Si además se erigen
en instrumentos de la acción arquitectónica alcanzan también la justificación
ética.
Origen de los Partidos Políticos
Si indagamos acerca del surgimiento y desarrollo de los partidos políticos, estos
se vinculan al problema de la participación, es decir al progresivo aumento de
la demanda de participar en el proceso de formación de las decisiones políticas
por parte de clases y estratos diversos de la sociedad.
El contexto de surgimiento de los partidos se caracteriza por:
-La afirmación del poder de la clase burguesa
-La difusión de las instituciones parlamentarias y la lucha por su constitución
-La consolidación del sufragio universal.
Concepto de Partidos Políticos
Duverger: los partidos representan un doble rol en la representación política
En premier lugar encuadran a los electores
En segundo lugar encuadran a los elegidos
Son así una especie de mediadores entre representados y elegidos.
Cpto: Instituciones históricas de mediación, entre representados y representantes,
que posibilitan a sus miembros articular su voluntas y esforzarse en conjunto
por hacer la realidad, tanto con fines objetivos como con fines personales, y que
tienen por objeto concurrir a la formación de la expresión de la voluntad popular,
fomentar la participación cívica y consolidar la democracia con incumbencia
exclusiva en la nominación de candidatos a cargos públicos electivos.
Partidos Políticos y Constitución
La vinculación entre partidos políticos y Constitución o, más bien, el
reconocimiento constitucional se los partidos, es un fenómeno que se caracteriza
principalmente a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial y tiene
su primera expresión en la constitución de La República de Italia de 1947.
Los partidos políticos en la Constitución de 1994
Las provincias argentinas dieron el primer paso, a partir de la década del ’50
en el reconocimiento constitucional de los partidos políticos en la República
Argentina.
El Art. 38 expresa: “La Nación Argentina reconoce el derecho de los ciudadanos
a asociarse en Partidos Políticos que tienen por objeto concurrir a al formación
y expresión de la voluntad popular, fomentar la participación cívica y consolidar
la democracia.
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La creación y el ejercicio de sus actividades serán libres dentro del respeto a la
constitución Nacional a las leyes, y no podrán ser abolidos ni suspendidos bajo
pretexto de situaciones de excepción.
El Congreso dictará una ley especial de partidos políticos que asegure su
organización interna autónoma y democrática, la publicidad de su patrimonio y
el origen de sus fondos, y su incumbencia exclusiva en la nominación de los
candidatos a cargos públicos electivos”
Partidos y Democracia
Los partidos se conciben en plenitud en el sistema de la democracia
representativa.
La máxima expresión de igualdad política es el sufragio universal, que junto a la
ciudadanía, estuvieron profundamente vinculados con la libertad de asociación,
el desarrollo de los partidos políticos y el respeto por las minorías y sus diversas
formas de expresión.
La democracia atravesó un proceso histórico en tres etapas:
- La democracia griega
- La que descansa en dos grandes invenciones la representación política y los
partidos políticos
- La última, la actual, es la denominada etapa de mutación, arrastrada por el
cambio tecnológico, la emergencia del poder comunicacional y el reinado de la
imagen.
Los partidos se originan y desarrollan en la segunda etapa, pero es la tercera
etapa la que nos trae las mayores complejidades y pone en cuestionamiento
esas grandes invenciones de la etapa anterior.
Hoy nos encontramos con un fenómeno mundial “la crisis de la representación
política que se vincula al menos con tres factores:
- La participación política
- Las ideologías y el lugar que ocupan en las sociedades actuales
- La cuestión social a resolver en gran parte del planeta: el desempleo y la
pobreza
- La corrupción.
Roles y funciones de los partidos
A modo de ejemplo citaremos las funciones más relevantes que cumplieron los
partidos en la década del ’80 con la recuperación de la democracia:
- Han servido para cambiar el orden existente
- Han servido para incorporar grupos e individuos a partir de la acción de
integración
- Han orientado la voluntad popular intentando establecer las preferencias
políticas de la gente
- Han nominado los candidatos a cargos públicos electivos, articulando
decisiones y acciones en función electoral
- Han tomado el carácter de mediadores entre representantes y representados
Financiamiento
Sistemas de Partidos
El termino sistema de partidos posee amplias connotaciones y en un sentido lato
se refiere a la forma y las modalidades de la competencia por el poder político.
Según Linares Quintana, sistema de partidos es el conjunto de principios,
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reglas, formas y características que distinguen y definen la existencia y la
actuación de los partidos políticos en un Estado determinado.

Partido Único
Sólo se permite la existencia de un partido.
Partido Hegemónico
-No permite una competencia oficial por el poder ni una competencia de facto.
-Se permite que existan otros partidos, pero en un segundo plano, pues no
se les permite competir con el partido hegemónico en términos de igualdad ni
como antagónico.
-No se permite la alternancia en el poder ni la rotación.
-No hay ninguna autentica sanción que comprometa al partido hegemónico a
actuar con responsabilidad.
Partido Predominante
-Es un sistema de más de un partido donde la rotación no ocurre en la práctica.
-La “casualidad” lleva a un partido a ganar la mayoría absoluta de los escaños
en el Parlamento durante un largo tiempo (al menos 4 elecciones seguidas).
-Se presenta como cuestión clave la autenticidad de esas victorias.
Bipartidismo
Existe en la medida que terceros partidos no impidan que los principales
gobiernen solos, esto es que las coaliciones sean innecesarias.
-Dos partidos se hallan en condiciones de competir por la mayoría absoluta de
los escaños.
-Un partido gobierna solo pero no indefinidamente.
-Hay alternancia en el poder.
Pluralismo Limitado y Moderado
Esta clase de sistemas abarca de tres a cinco partidos importantes.
Un sistema de pluralismo moderado se caracteriza por:
-Una distancia ideológica relativamente pequeña entre los partidos importantes
-Una configuración de coalición bipolar
-Una competencia centrípeta
Pluralismo Extremo y Polarizado
Haciendo una demarcación operacional el punto crítico se encuentra entre cinco
y seis partidos, que deben ser importantes, es decir, resultado del descarte
de los partidos que carecen de utilidad de coalición salvo su capacidad de
intimación afecte a la táctica de competencia entre partidos.
Caracteres:
-Se presentan partidos antisistema importantes. Un partido es antisistema
siempre que socava la legitimidad del régimen al que se opone.
-Existencia de oposiciones bilaterales. Nos encontramos con oposiciones que
son mutuamente excluyentes y no pueden sumar sus fuerzas.
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Sistema Atomizado
Es una categoría residual que alude al número de partidos del cual no puede
apartarse, sean diez, veinte o más, y que no requiere un cómputo preciso.
GRUPOS DE INTERES Y GRUPOS DE PRESIÓN
Grupos de Interés
Se los considera una asociación de individuos que no es un partido político, y
cuyo objeto es conseguir unos intereses determinados para el grupo, entonces
su objeto es limitado, ya que se refiere sólo a un sector de la realidad.
Estos grupos generalmente son abiertos y el ámbito de sus intereses puede
abarcar a toda la sociedad. Por lo general son de fácil localización espacial y
buscan promover una causa común a todos sus miembros.
Concepto: “Es cualquier grupo que, basándose en una o varias actitudes
compartidas, lleva adelante ciertas reivindicaciones ante los demás grupos de la
sociedad, para el establecimiento, el mantenimiento o la ampliación de formas
de conducta que son inherentes a las actitudes compartidas.” (David Truman)
Grupos de Presión
Los grupos de interés se transforman en grupos de presión sólo partir del
momento en que los responsables influyen sobre el mecanismo gubernamental,
partidos políticos o la opinión pública.
Concepto: “Grupo de presión es cualquier formación social permanente y
organizada, que intenta, con éxito o sin él, obtener de los poderes públicos la
adopción, derogación o simplemente no adopción de medidas que favorezcan,
o al menos no perjudiquen, sus ideas e intereses, sin que su intento suponga en
principio una responsabilización política del grupo presionante en caso de lograr
su pretensión” (Pablo Lucas Verdú)
Caracteres:
-Tienen, por lo común, organización permanente, con órganos propios que los
dirigen y representan.
-El factor que une y reúne a sus integrantes en la defensa de un interés común
entre ellos y que es particular con referencia a la sociedad global.
-Sus integrantes, en principio, no son ocupantes de cargos del gobierno.
-Se politizan, pero no se proponen obtener para sus integrantes los cargos del
gobierno ni participan en las competencias electorales.
Opinión pública
(Heller)
Para Heller, la opinión pública es una de las más importantes condiciones para
la formación de la unidad estatal. Esta importancia nace cuando la sociedad civil
reemplaza las fundamentaciones religiosas de la autoridad, por el reclamo de
una legitimación racional de su obediencia política. Pero también Heller critica
a aquellas corrientes que sobredimensionan a la fuerza autónoma de la opinión
pública.
En la visión de Heller, la opinión pública no pervive al margen del Estado,
al contrario, le asigna a este un papel fundamental, en su formación y
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mantenimiento; incluso sostiene que los conductores del Estado deben trabajar
por darle una forma a la opinión pública en pos de la unidad del Estado.
“La opinión pública en lo concerniente a la unidad estatal, cumple ante todo
una función de legitimación de la autoridad política y del orden por ella
garantizado.”
Heller tampoco cae en la ingenuidad de afirmar que sólo el Estado puede
organizar la opinión pública, sino que reconoce los condicionamientos de esta
por parte de sectores dirigentes, tanto políticos, como otros, vinculados al poder
económico.
Reconoce a al prensa como el más influyente portavoz y formador de opinión
pública, no desconociendo los poderes económicos que se mueven sosteniendo
a la prensa, pero tampoco considera válido exagerar este influjo.
MOVIMIENTOS SOCIALES
Diversas definiciones:
-Herbert Blumer: “empresas colectivas para implantar un nuevo modo de vida.”
-Turner Killian: “es la acción continuada de una colectividad para promover u
oponerse a un cambio en la sociedad o grupo del que forman parte.”
-Gianfranco Pasquino: “constituyen intentos fundados en su conjunto de valores
compartidos para redefinir las formas de la acción social e influir en sus
consecuencias.”
Los movimientos sociales no son instituciones, ni tampoco asociaciones.
En ciertas ocasiones los movimientos sociales actúan como grupos de presión.
Pero los movimientos sociales están interesados principalmente en la promoción
de cambios de normas y valores sociales, o en la resistencia a los mismos. Es
por eso que, describiendo su naturaleza decimos que, los movimientos sociales
son intentos colectivos de promover o resistir al cambio, bien en las sociedades
o en sus miembros.
Ciclo vital:


ORIGEN TEÓRICO
Los autores contemporáneos comparten que los movimientos sociales deben
situarse en el interior de una teoría haciendo referencia al de la acción social.
Siguiendo a Touraine, Melucci ha propuesto una distinción entre:
-Movimiento reivindicativo: trata de imponer cambios en las normas y en las
funciones y procedimientos de asignación de los recursos.
-Movimientos políticos: se busca incidir en la modalidad de acceso a los canales
de participación política y de trastocar las relaciones de fuerza.
-Movimientos de clase: se busca poner de cabeza el orden social, transformar el
modo de producción y las relaciones de clase.
LOS NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES
Ante la crisis de los anteriores, nacieron los nuevos comportamientos para
la acción colectiva, cabe mencionar entonces la génesis de nuevos actores
sociales como la reactivación de aquellos actores tradicionales. Estos nuevos
movimientos sociales critican al Estado como al sistema político por sus grandes
carencias como sistema de representación y de participación social, por ende
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llevando sus demandas para la urgente necesidad de incorporarse al sistema,
realmente cumpliendo el papel de sujetos políticos.
“...Los llamados nuevos movimientos sociales operarían con una lógica unos
ejes articuladores diferentes a aquellos de los movimientos sociales clásicos
de la década de los setenta, definiéndose no ya en términos clasistas o
económicos, sino más bien por coincidencias de objetivos más sectoriales”
(Minujín y Consentino).
Los movimientos sociales cambiaron de forma y rol con respecto a otra época. Lo
que antes era sin de integración social y poder político de los sectores populares
ahora lo es de demandas parcializadas y debilidad, con una gran gama de
demandas, desapareciendo lo que antes se podía cambiar globalmente, hasta el
rumbo de cualquier economía. Todo esto sucede y más por el fraccionamiento
que el Estado realiza con los amplios sectores de la sociedad. Por todo esto
si bien los movimientos sociales tienen esa capacidad para cambiar políticas
puntuales, muestran debilidad para influir en las decisiones políticas globales.
CRISIS DE LA REPRESENTATIVIDAD
Para que un sistema político sea representativo, es preciso que exista una fuerte
agregación de las demandas provenientes de individuos y sectores de la vida
social. Se puede decir, entonces, que una democracia se erigirá sobre cimientos
más fuertes cuanto mayor correspondencia se logre entre las demandas sociales
y las ofertas públicas.
Para Touraine, la primera condición de un sistema representativo es la existencia
de un conflicto general entre sectores sociales en combinación con el consenso
sobre la libertad política es la base más sólida de una democracia.
La segunda condición se deriva de la primera, es indispensable que las categorías
sociales sean capaces de organización autónoma en el nivel propiamente social
por encima de la vida política.
Debido a que las bases sociales de la política se debilitaron, como consecuencia
de la salida de la sociedad industrial dominada por la oposición de empleados y
asalariados, se produjo una crisis de la representación. Ahora, la mayor parte de
la población activa no pertenece al mundo obrero ni al empresario, la sociedad
se define más bien por el consumo y la comunicación de masas, por la movilidad
social y las migraciones, por la diversidad de las costumbres, la defensa del
medio ambiente y la producción industrializada.
No puede haber democracia representativa si los actores sociales no son
capaces de dar sentido a su acción en lugar de recibirlo de los partidos
políticos.
Este virtual “estado de masas” protagoniza la crisis de representatividad por su
alejamiento de los supuestos políticos de la democracia deliberativa.
Una parte importante de la crisis en la actualidad la lleva el descrédito
generalizado en la actividad parlamentaria.
El Poder legislativo, en el régimen político demoliberal era el reflejo exacto de
la soberanía del pueblo hecha voluntad, ya que en el se alojaban las clases y
fracciones dominantes. Esto tiene efectos ideológicos legitimadores.
El enfoque clásico establece que el parlamento es el lugar en el que se expresa
la opinión pública como una caja de resonancia.
La necesidad de cambios en la relación de poderes favoreció el auge del
ejecutivo, íntimamente vinculado a los roles y funciones del Estado en la nueva
versión del capitalismo S XX.
En consecuencia, el Estado social, en el ámbito de lo político, supuso el
reconocimiento de la necesidad de la hegemonía del Ejecutivo y de la alta
burocracia y, la mismo tiempo, el declive del parlamentarismo clásico, la
redefinición de las funciones de los partidos políticos y el predominio de criterios
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técnicos en los procesos de decisiones de carácter público.
EL “ESTADO DE PARTIDOS”
Sólo los partidos pueden proporcionar al sistema estatal orientaciones
políticas y las demandas sociales en forma sistematizada, configurándolas
democráticamente.
La cooperación entre Estado y partidos proporcionan al sistema político la
legitimidad y funcionalidad democráticas.
El partido redujo el sentido de la representación a un instrumento para
alcanzar el poder y no un mecanismo de acercamiento entre representantes y
representados.
La representación se ha convertido en un proceso de competencia entre
organizaciones partidarias por la conservación del poder parlamentario o
gubernamental, y no en el medio ideal de representación de los intereses y
satisfacción de las demandas populares.
La relación representante-representado se desvirtúa, porque por un lado las
obligaciones resultantes de la lealtad partidaria fuerzan a los mandatarios del
pueblo a constituirse en las Cámaras como bloque o grupo parlamentario. Este
grupo político se convierte en órgano interno de la Cámara y en instrumento
de representación partidaria, que representará los intereses de sus propios
partidos.
A lo antes expuesto se le suma el agravante de que los electores eligen a
sus representantes, en su mayoría, sin conocerlos y mediante un proceso
de preselección realizado por los partidos, en el cual los votantes no tienen
participación.
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Las nuevas realidades internacionales.
Como consecuencia de todas las transformaciones y cambios que ha
experimentado la sociedad internacional se han desarrollado toda una serie de
nuevas realidades internacionales, que marcan con claridad las diferencias entre
la sociedad internacional del pasado y la actual sociedad internacional y que es
imprescindible tomar en consideración a la hora de entender e interpretar las
relaciones internacionales en el momento presente.
Entre los nuevos fenómenos característicos de la actual sociedad
internacional, se pueden señalar, todos ellos íntimamente relacionados y no
siempre fácilmente separables, los siguientes:
1) Debilitamiento de la centralidad del Estado en las relaciones internacionales.
Aunque el Estado continua siendo un elemento esencial del sistema
internacional y su condición de máxima autoridad a nivel internacional continua
formalmente vigente, su autonomía, su protagonismo y exclusivismo anterior,
tanto a nivel internacional como interno, se ha visto debilitado e incluso puesto en
entredicho, como consecuencia de la interdependencia, la transnacionalización y
la globalización y del desarrollo de nuevas fuerzas y actores, que han erosionado
su soberanía, sus fronteras, sus funciones y su relación con los ciudadanos. En
principio, sólo el monopolio legítimo de la violencia, al menos a jurídico-formal
y con escasísimas excepciones, y la territorialidad permanecen como atributos
intocables del Estado.
El Estado se ha visto obligado a compartir el protagonismo internacional con
otros actores internacionales y ya no es siempre, en consecuencia, el único
o el principal actor a la hora de conformar las estructuras y dinámicas de la
sociedad internacional. Hoy, como hemos reiterado anteriormente, la sociedad
internacional no es sólo o principalmente una sociedad de Estados, sino también
una sociedad transnacional y humana, con todo lo que ello supone frente al
pasado.
Lo anterior no supone, sin embargo, que los Estados, y muy especialmente
las Grandes Potencias, hayan dejado de ser el principal referente a la hora
de considerar la sociedad internacional y sus problemas, dado que son los
únicos actores a los que formalmente está sometido el control del territorio y la
población de todo el planeta.
2) Desaparición de la separación y distinción entre el mundo interno del Estado
y el mundo internacional, entre la política interior y la política exterior.
La distinción y separación entre lo interno y lo internacional tomando siempre
como referencia a las fronteras del Estado, ha sido expresión del principio de
soberanía y uno de los elementos más característicos del sistema tradicional
de Estados y de sus competencias a nivel interno y de su actuación a
nivel internacional. Ha sido también la base sobre la que ha descansado la
interpretación de la naturaleza de las relaciones internacionales, como un mundo
distinto, en el que reinaba el estado de naturaleza y la ley del más fuerte, del
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mundo interno del Estado, en el que se presuponía que reinaba el orden y la
paz.
Su corolario era el principio de no injerencia en los asuntos internos de los
Estados, consagrado en el artículo 2.7 de la Carta de las Naciones Unidas.
Hoy, sin embargo, la realidad de la evolución de la sociedad internacional,
no sólo ha hecho totalmente artificial esa separación, como consecuencia de
la interdependencia, la globalización y la transnacionalización, poniendo de
manifiesto la existencia de una sola e indisoluble realidad social, sino que
además ha puesto en cuarentena en cada vez más numerosos supuestos el
principio de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, al irrumpir
con cada vez más fuerza la defensa de los derechos humanos en la esfera
internacional.
Todo ello ha traido consigo un fenómeno de transnacionalización e
interdependencia de las relaciones sociales a todos los niveles y ámbitos,
de internacionalización de los problemas internos y de internalización de
los problemas internacionales, que ha trastocado las estrategias y políticas
tradicionales, obligando a importantes innovaciones en el trabajo de los actores
internacionales, tanto estatales como no estatales.
3) Desarrollo de nuevos actores no estatales.
Los actores no estatales han conocido un espectacular desarrollo a partir
especialmente de la Segunda Guerra Mundial, pasando a desempeñar papeles y
funciones cada vez más significativas e importantes en la sociedad internacional.
Su espectacular crecimiento y protagonismo es consecuencia directa de las
dinámicas de interdependencia, globalización y transnacionalización, que han
erosionado las fronteras del Estado y debilitado su cohesión interna, alentando
en sus ciudadanos lealtades nuevas, y su protagonismo internacional.
Hoy, la sociedad internacional, sus estructuras, dinámicas e interacciones,
no son comprensibles sin tornar en consideración el protagonismo de los
grupos empresariales y empresas transnacionales, de las Organizaciones No
Gubernamentales y de los grupos sociales de muy distinto alcance y naturaleza
que actúan a nivel internacional, de los cárteles del narcotráfico y las mafias y
de los individuos, por poner algunos ejemplos de actores transnacionales no
estatales.
En concreto, los grupos empresariales y las empresas transnacionales, en
consonancia con las revoluciones científico-técnicas y de la información y
de la comunicación y con el proceso de globalización y transnacionalízación
económica, han pasado ha desempeñar papeles decisivos en la estructuración e
incluso ordenación de las relaciones internacionales, imponiendo sus intereses
muchas veces a los Estados.
Dentro del fenómeno de multiplicación de los actores no estatales destaca
también el desarrollo de las llamadas Organizaciones No Gubernamentales, que
han empezado a cumplir significativas funciones de todo tipo en la sociedad
internacional, desde humanitarias hasta ecológicas, pasando por las deportivas,
abriendo nuevas dinámicas internacionales y obligando a los Estados a actuar o
coactuar con ellas en cada vez más numerosos problemas internacionales. Las
Organizaciones No Gubernamentales han irrumpido con cada vez más fuerza en
campos que hasta ahora eran exclusivos de los Estados o en terrenos nuevos
que los Estados no quieren o no pueden asumir.
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Destaca, igualmente, el protagonismo internacional, en muchos casos como
actores del conflicto, amenazas a la seguridad o violaciones de los derechos
humanos, de toda una serie de actores no estatales, expresión de numerosos
problemas como, por ejemplo, los nacionalismos, los enfrentamientos étnicos,
religiosos o culturales y la injusticia, que la Guerra Fría había sumido en estado
de hibernación.
4) Proceso de difusión del poder, que implica cambios tanto en la naturaleza del
poder como en la distribución del poder a nivel de actores.
Frente a la concepción realista clásica que identificaba el poder con el Estado
y con el poder militar y lo conceptualizaba como un fenómeno relacional,
consistente en la capacidad del Estado A para obligar al Estado B a hacer
algo que de otra forma no haría, la realidad de nuestros días es que el poder
es un fenómeno multidimensional y de naturaleza cambiante en función de los
distintos escenarios, que se expresa, por un lado, cada vez más en términos
económicos, científico-técnicos, culturales y de información y menos en términos
militares, y, por otro lado, se ejerce bajo formas nuevas y de manera distinta
(Arenal 1983 b).
El poder ya no es solo un fenómeno relacional sino también y cada vez más,
como consecuencia de las dinámicas de interdependencia y globalización, que
en cuanto importantes fuentes del poder han traído consigo un cambio en la
naturaleza del poder y en la forma de ejercerlo, un fenómeno estructural, mucho
más sutil, consistente en el control o la capacidad para influir o determinar las
estructuras y dinámicas del sistema o conseguir que los demás quieran lo que
uno quiere. Nuevos conceptos como “poder estructural” o “poder blando” tratan
de conceptualizar estas nuevas realidades del poder.
Consecuentemente con lo anterior, los métodos tradicionales de poder
han perdido parte su eficacia, como consecuencia de la multiplicación
y heterogeneidad de los actores, de la complejidad, globalidad y
transnacionalización de la sociedad internacional y de los nuevos condicionantes
del uso de la fuerza y del problema de la seguridad, que hacen mucho más
costoso el uso de la fuerza militar para las Grandes Potencias y obligan a acudir
a nuevas formas de ejercer el poder. Hoy, la naturaleza del poder ha cambiado y
el poder en general, y muy especialmente el militar, no siempre se puede traducir
en la práctica en poder real.
Finalmente, el poder se distribuye, se reparte cada vez más, y se hace más difícil
de identificar, no solo como consecuencia de la naturaleza cambiante del poder
y de la multiplicación de los Estados, sino sobre todo como consecuencia de
la proliferación de actores transnacionales que participan en el reparto y en el
ejercicio del poder, entendido especialmente en términos de poder blando o
poder estructural.
5) Lo socio-económico y lo científico-técnico como problemática.
A partir de la Segunda Guerra Mundial y muy especialmente con el fin de la
guerra fría y el enfrentamiento entre los bloques, las cuestiones y problemas
socioeconómicos y científico-técnicos, en consonancia con su decisiva incidencia
en la configuración del poder y en la seguridad del Estado, han pasado
a constituir el centro neurálgico y la problemática central de la sociedad
internacional., quedando los problemas político-diplomáticos y estratégicos
supeditados las más de las veces a los primeros. Esto no significa que lo militar
pierda siempre su caracter definitorio en caso de conflicto, sino simplemente
255 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
que lo militar pasa a un segundo plano respecto de lo socio-económico y lo
científico-técnico, invirtiéndose los términos de lo que hasta ahora se conocía
como la high politics y low politics.
La consecuencia más directa ha sido la sustitución de los escenarios de
enfrentamiento estratégico-militar, característicos de la bipolaridad, por el
desarrollo de escenarios de enfrentamiento y competición económica y científico-
técnica, lo que ha revalorizado el poder estructural, provocado un cambio en la
realidad del poder y la seguridad y debilitado al Estado como actor.
En este contexto, la sociedad internacional avanza hacia la configuración
de grandes bloques o centros de poder político y económico, capaces de
competir en el mercado mundial, lo que supone un reacomodo de los Estados
y demás actores internacionales- Esta centralidad de la problemática económica
y científico-técnica no sólo afecta decisivamente a los países desarrollados, sino
también, aunque con dinámicas y efectos muy distintos, a los países en vías de
desarrollo.
En definitiva, se ha planteado en el primer plano de las relaciones internacionales,
con su consiguiente reflejo en el interior de los Estados, la grave problemática
económica y social que caracteriza la sociedad internacional.
No es que estos problemas sean nuevos, lo que sucede es que, por un lado,
han alcanzado dimensiones cada vez más dramáticas, como consecuencia de la
acentuación de las diferencias entre los Estados ricos y los Estados pobres, y,
por otro, anteriormente estaban difuminados por el enfrentamiento entre los dos
bloques.
En este nuevo contexto, los problemas del desarrollo y del subdesarrollo en sus
diversas manifestaciones económicas, sociales y científico-técnicas han pasado
a transformarse en una de las claves para entender el mundo de nuestros días
y sus más acuciantes problemas. La problemática del presente y del futuro se
materializa, de esta forma, a lo largo de un abanico que, va desde la pobreza
hasta el medio ambiente, pasando por la xenofobia y el racismo, poniendo de
manifiesto la íntima relación existente entre los mismos.
6) El regionalismo como factor determinante de la sociedad internacional.
La sociedad internacional se ha ido heterogeneizando ha medida que se
producía su universalización y globalización, afirmándose cada vez con más
fuerza una dinámica de fragmentación, que ha reforzado los particularismos
políticos, económicos, sociales, culturales, religiosos, étnicos, etc., existentes
en el mundo de los Estados, y consolidándose la existencia de sociedades
internacionales particulares o regionales en el seno de esa sociedad mundial. De
esta forma, al mismo tiempo que se produce la universalización y globalización
de las relaciones internacionales, como reacción frente al protagonismo y
hegemonía europea y occidental, pero sobre todo como reacción frente al
proceso de homogeneización que traen esa universalización y globalización,
se acentúa la tendencia hacia la regionalización, en base a la afirmación de
determinadas afinidades y homogeneidades particulares entre ciertos grupos de
Estados.
Por otro lado, el desarrollo de las organizaciones internacionales, que han
conocido un crecimiento espectacular a partir de la Segunda Guerra Mundial,
como consecuencia de la creciente interdependencia y de la toma de conciencia
por los Estados de la existencia de intereses colectivos que sólo a través de
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 256
la concertación, cooperación e integración se pueden satisfacer, coadyuvará al
desarrollo del regionalismo, proporcionando un marco juridico-institucional, que
facilita su afirmación.
Se explica, en consecuencia, el auge que han conocido las organizaciones
internacionales regionales, en cuanto expresión de afinidades u homogeneidades
políticas, económicas, culturales, geográficas, linguísticas o religiosas.
7) Nuevos tipos de conflicto.
Si tradicionalmente los conflictos tenían una naturaleza predominantemente
interestatal, política y estratégica, expresándose generalmente a través del
enfrentamiento y de la guerra entre los Estados, en la actual sociedad mundial, el
nuevo tipo de conflicto dominante proviene fundamentalmente de los problemas
económicos y sociales, es decir, de antagonismos y problemas nacionales,
étnicos, religiosos, económicos y culturales, se concreta en las llamadas guerras
de baja y media intensidad y se expresa en conflictos y guerras en los que en
la mayoría de los casos los actores no son Estados, es decir, tiene naturaleza
intraestatal o transnacional.
Toda una serie de nuevos o renovados tipos de conflictos, derivados de
problemas como, entre otros, la pobreza, la marginación, la inmigración, el
nacionalismo, el narcotráfico, el blanqueo de dinero, la xenofobia y el racismo,
han pasado a marcar profundamente el escenario mundial, demandando una
atención creciente de los actores gubernamentales y no gubernamentales. Con
ello, al mismo tiempo que cambia la naturaleza dominante del conflicto, cambian
también los medios y formas de intervención y los procedimientos de solución
que hasta ahora eran característicos de las relaciones internacionales.
8) Cambio del problema de la seguridad.
El problema de la seguridad nacional, clave en la política de los Estados y en la
configuración de todo sistema internacional, se plantea en términos diferentes
a como ha venido expresándose en el pasado, como consecuencia en general
de la transnacionalización y la globalización y, en concreto, del cambio en la
naturaleza del poder, del cambio en el tipo de retos y amenazas, de las nuevas
vulnerabilidades del Estado, del cambio del propio tipo de conflicto y del cambio
en la percepción de esas amenazas. La seguridad nacional es un concepto mas
amplio que el de la tradicional seguridad militar, que ha dominado durante siglos
el comportamiento de los Estados.
Hoy, la seguridad está compuesta no sólo de dimensiones militares, sino
también de dimensiones políticas, económicas, científico-técnicas, informativas,
sociales, humanitarias, ecológicas y de derechos humanos, que las dinámicas
de transnacionalización y globalización han hecho globales. La proliferación de
armas de destrucción masiva, el subdesarrollo con todas sus manifestaciones,
los problemas demográficos, los problemas étnicos y culturales, la degradación
del medio ambiente y el agotamiento de los recursos naturales, el narcotráfico,
el terrorismo informático, las violaciones de derechos humanos son nuevos
retos a la seguridad, que requieren cambios importantes en el concepto y
el planteamiento de la seguridad, en cuanto suponen en muchos casos la
superación del estrecho concepto de la seguridad nacional.
En la búsqueda de soluciones al problema de la inseguridad, los Estados deben
afrontar cada vez con mayor frecuencia circunstancias fuera de su control,
como crisis económicas estructurales y tendencias o medidas económicas
257 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
adoptadas por otros actores, problemas étnicos, demográficos, ambientales
y humanitarios de carácter global y transnacional, sabotajes y piratería en
las redes y nudos informáticos, redes de blanqueo de dinero procedente del
narcotráfico y las mafias internacionales, frente a los cuales las respuestas y
políticas exclusivamente nacionales no bastan, siendo necesarias respuestas
comunes y solidarias, que el tradicional sistema de Estados no es capaz de
articular adecuadamente. Nuevos conceptos e ideas en torno al problema de
la seguridad, como seguridad común, seguridad global, seguridad compartida,
vienen a expresar claramente esta nueva realidad.
9) Cambio en el uso de la fuerza y de la coacción.
Es una consecuencia del proceso de difusión y cambio de la naturaleza del
poder, de los nuevos tipos de conflicto y en definitiva, del cambio en el problema
de la seguridad. El uso de la fuerza militar, característica y dinámica fundamental
en el funcionamiento del sistema internacional clásico, ya no siempre es posible
ni conveniente, dados, en unos casos, sus costos y, en otros, su incapacidad,
para dar respuesta a los problemas de seguridad del Estado y a las amenazas a
la paz. Cada vez con mayor frecuencia, los Estados tienen que acudir a nuevas
formas y mecanismos de uso de la fuerza y de la coacción, no militares, para
defender su seguridad y la paz.
10) Cambio en el concepto y la realidad de Gran Potencia.
Es una consecuencia de todos los cambios señalados anteriormente. El concepto
tradicional de Gran Potencia, producto característico y elemento esencial en el
funcionamiento del sistema europeo de Estados, es decir, del sistema multipolar
de equilibrio de poder, que llega hasta la Segunda Guerra Mundial, y el
concepto de superpotencia o potencia mundial, su homólogo a partir de 1945,
cuando el sistema de Estados pasa de multipolar a bipolar, que descansaban
principalmente en la consideración del poder en términos militares, han entrado
en crisis en paralelo a las profundas transformaciones experimentadas por la
sociedad mundial y muy especialmente como consecuencia del proceso de
difusión y cambio de la naturaleza del poder y del cambio en el problema de la
seguridad.
Hoy, es ya una realidad un nuevo concepto y una nueva realidad de Gran
Potencia, en el que lo económico, lo científico-tecnico y lo cultural, y no sólo lo
militar, han pasado a erigirse en factores determinantes de ese status. Con ello,
se transforman algunas de las estructuras y dinámicas más significativas de la
sociedad internacional.
11) Aparición de un nuevo consenso internacional.
El fin de la Guerra Fría, del enfrentamiento ideológico, y el derrumbamiento
del bloque comunista han traido la configuración de un nuevo consenso
internacional, de naturaleza imperfecta y limitada, dado que tiene como
protagonista a Occidente, en torno a la democracia, los derechos humanos y la
economía de mercado, que, aunque con valores muy diferentes, nos retrotrae
a épocas ya lejanas del sistema de Estados. Con ello se han introducido en la
dinámica internacional unos valores y un orden en cuyo defensa se justifican
numerosas formas de intervención o de injerencia humanitaria, que pueden
llegar al uso de la fuerza militar, por parte de los Estados occidentales.
Sin embargo, estos valores y este orden no es aceptado sin más por el conjunto
del sistema, en el que existen Estados y pueblos que los identifican con
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 258
Occidente y los consideran una manifestación de su hegemonía y dominio y
un instrumento para su aculturación, introduciendo un relativismo en torno a
dichos valores, que en ocasiones hace difícil y contradictorio el funcionamiento
del sistema y erosiona el respeto de los derechos humanos y la democracia a
nivel internacional.
Por otro lado, y como contradicción inherente del sistema, ese consenso
imperfecto en torno a la democracia y los derechos humanos, como formas
universales de organización política a nivel estatal interno, choca frontalmente
con el funcionamiento no democrático del propio sistema mundial y con el papel
de directorio que ejercen en el mismo las Grandes Potencias, del que el Consejo
de Seguridad de la Organización de las Ilaciones Unidas y el G-8 son buena
prueba.
La contradicción adquiere aún mayor relevancia si se tiene además en cuenta
que esa democratización creciente del mundo interno de los Estados, que
van perdiendo la centralidad que tuvieron en el pasado, se acompaña del
reforzamiento y protagonismo creciente de unos actores transnacionales y de
una sociedad transnacional, que no son objeto de democratización y que
escapan a todo control democrático, con todo lo que ello supone para el
funcionamiento de la futura sociedad internacional.
12) Revalorización de lo humano y de lo humanitario como dimensión de las
relaciones internacionales.
En ese contexto de configuración de un nuevo consenso internacional, se ha
acentuado de forma muy significativa un cambio en la sociedad internacional en
el sentido de reforzarse la dimensión humana de las relaciones internacionales.
La tradicional sociedad internacional, que hacia del Estado y de su seguridad
el referente exclusivo del mismo, se caracterizaba por su estatocentrismo y su
consiguiente deshumanización. El ser humano no era considerado como sujeto
y actor de las relaciones internacionales y sólo era tomado en consideración
como ciudadano de un Estado, siendo éste el único punto de referencia para sus
derechos y aspiraciones.
Hoy, por el contrario, como consecuencia de un proceso iniciado después
de 1945 en torno a la protección internacional de los derechos humanos y
acentuado a partir del fin del sistema bipolar, el ser humano, tanto individual
como colectivamente, empieza realmente a ser tomado en consideración a nivel
internacional, llegándose incluso a intervenciones humanitarias que implican el
uso de la fuerza.
Expresión igualmente de este hecho es la progresiva emergencia, aunque
todavía esta en estado embrionario, de una opinión pública mundial, que los
Estados no pueden ignorar.
Este fenómeno es decisivo en el cambio progresivo de naturaleza de la sociedad
internacional.
13) Revalorización de la solidaridad a nivel internacional.
Finalmente, corno último hecho que nos interesa resaltar, que se deriva
directamente de lo anterior, se encuentra la revalorización que ha experimentado
el objetivo de la solidaridad a nivel internacional e interno. La mundialización
y globalización que ha experimentado la sociedad internacional, la toma de
259 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
conciencia sobre la trascendencia de la dimensión humanitaria de nuestro
mundo, desde los problemas más locales hasta los más generales, de que los
problemas más importantes de
nuestro mundo son problemas globales y comunes, que nos afectan a todos, y
de que la solidaridad activa es el valor y la actitud con la que hay que hacer frente
a los mismos, aunque sólo fuese por razones egoístas, dada la interdependencia
y globalidad existente en nuestro mundo, constituye un fenómeno creciente y
esperanzador en el mundo actual.
En la afirmación de este hecho han jugado un papel decisivo los medios de
comunicación, al hacer del mundo una aldea global y al situar a los seres
humanos como protagonistas directos de la misma ante los ojos de todos.
En definitiva, de las nuevas realidades internacionales, que acabamos de
estudiar, se deriva un escenario complejo y contradictorio desde el punto de
vista de la paz, la libertad, la justicia y los derechos humanos, del que no es fácil
extraer conclusiones claras y precisas.
Por un lado, la mayor parte de esas nuevas realidades han contribuido a
complejizar las relaciones internacionales y a atribuir protagonismo a actores
no estatales que en muchos casos escapan a todo control, provocando
dinámicas que incrementan el conflicto y erosionan la democracia y los derechos
humanos.
Por otro, actúan también en favor de una mayor atención a los derechos e
intereses de los seres humanos, contribuyendo decisivamente a humanizar la
vida internacional y a hacer de los seres humanos actores y sujetos jurídico-
internacionales de las relaciones internacionales.
Y esto último en un doble sentido, que se refuerza mutuamente. De una parte,
actúan en el sentido de erosionar el papel y protagonismo hasta hace poco
casi exclusivo del Estado, con todo lo que ello supone de debilitamiento del
control que los Estados sobre la acción internacional de sus ciudadanos y
sobre la propia vida de los ciudadanos en el interior del Estado. De otra,
actúan en el sentido de revalorizar el protagonismo y papel de los seres
humanos en las relaciones internacionales, reconociéndoles la categoría de
actores internacionales y de sujetos del derecho internacional.
El creciente papel que están jugando los derechos humanos en las relaciones
internacionales, más allá de su simple y retórico reconocimiento jurídico-formal,
como ejes justificadores de cada vez más frecuentes acciones e intervenciones
internacionales, no sólo es la prueba más palpable de su creciente vigencia,
sino también de la progresiva toma de conciencia por los Estados de que la
sociedad internacional no es sólo una sociedad interestatal, como se afirmó
durante muchos siglos, ni siquiera es sólo también una sociedad transnacional,
sino que es sobre todo una sociedad humana.
En todo caso, no debemos pecar de optimistas respecto de la sociedad
internacional, pues su futuro se presenta lleno de interrogantes y dudas
sobre si avanzamos hacia una sociedad mundial más humana o hacia una
comunidad internacional, como consecuencia del debilitamiento del Estado como
protagonista internacional y de la humanización de las relaciones internacionales.
A fin de cuentas, el Estado, ese viejo y denostado actor, en cuanto forma
de organización política, económica y social y en cuanto entidad política
manifiesta y formal en su papel de actor internacional, está experimentando un
proceso de democratización creciente y es mucho más fácilmente controlable
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 260
a nivel democrático en sus políticas y funcionamiento, que los nuevos actores
transnacionales, que tienen un creciente peso y protagonismo internacional y que
no están sometidos a normas internacionales que regulan su comportamiento,
ni a control democrático de ningún tipo.
mapa conceptual
material m3
¿Qué materiales voy a utilizar?
Material Básico:
- BONETTO de SCANDOGLIERO, María Susana: “La Democracia”, pp. 185
a 207. En: Cuadernos de Política. Ed. Advocatus, Córdoba, 1998. (El
alumno encontrará este material en el CD en forma de enlace).
- JUÁREZ CENTENO, Carlos A.: “Apuntes de Cátedra”. (El alumno
encontrará este material en el CD en forma de enlaces).
- “El horror de un error Argentino”, En: SERÁ JUSTICIA, año V nº VIII,
junio 1996. Revista del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho
y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. (El alumno
encontrará este material en el CD en forma de enlace).
Videos: (los temas que la cátedra considera pertinentes se encuentran en el CD
261 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
en forma de enlaces)
- Diamint, Ruth. “Democracia: Civiles y Militares”. Video.
- “La democracia argentina 1983-2001”. Video sobre “18 años de
Democracia”, extractado del programa especial de Canal 7 – Buenos
Aires.
Materiales Complementarios:
- CERRONI, Humberto: Política, teorías, procesos, sujetos, instituciones y
categorías. Ed. Siglo XXI, México, 1992.
- LÓPEZ, Mario Justo: Introducción a los Estudios Políticos. Tomo 1. Ed.
Depalma, Buenos Aires, 1987. (Hay otras ediciones).
- LÓPEZ, Mario Justo: Manual de Derecho Político. Ed. Kapelusz, Buenos
Aires, 1981.
- PINTO, Julio (comp.): Introducción a la Ciencia Política. Eudeba, Buenos
Aires, 2001. (Hay ediciones anteriores).
- VALLÉS, Joseph M.: Ciencia Política. Una introducción. Ed. Ariel,
Barcelona, 2000.
Sitios Web:
http://sapiens.ya.com/elforouned/
El foro de la ciencia política (UNED)
http://sapiens.ya.com/elforouned/enlaces.htm
El foro de la ciencia política (UNED). Enlaces.
http://fcs1.fcs.edu.uy/icp/
Instituto de Ciencia Política
http://www.nuevasoc.org.ve/
Nueva Sociedad
http://www.anacitec.org/proar/politologia/
Primer directorio en Internet de profesionales argentinos en el exterior.
Politología.
http://www.unam.mx/iisunam/Principal.htm
Instituto de investigaciones sociales (UNAM)
http://www3.usal.es/dpublico/areacp/index1.htm
1er Congreso Latinoamericano de Ciencia Política (USAL)
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 262
A
actividades m3
m3 | actividad 1
Fuerzas Políticas
También podemos ensayar otras clasificaciones más simples:
263 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
Teniendo en cuenta el esquema que se le ha presentado con los distintos
tipos de fuerzas políticas (a)
A
1, adecue el mismo a nuestra realidad política
argentina y ejemplifique con casos referidos a nuestro país. Recuerde que las
fuerzas políticas son las que dinamizan la relación política.
A
2
En los apartados b, c, d y e presentamos otras clasificaciones más simples, las
que también deberá ejemplificar.
m3 |actividad 1 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Recuerde que fuerza política es sinónimo de actores políticos, sujetos políticos.
Repase lo estudiado en el material obligatorio y/o complementario. Vea el
glosario.
m3 |actividad 1 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
Recuerde lo estudiado en el módulo 1 en el sentido que la política, en cuanto
fenómeno y como realidad que implica una relación humana con ciertos
caracteres, es multifacética, y precisamente una de esas facetas comprende la
“dinámica” de esa relación, en la que tienen un rol predominante las fuerzas
políticas que la operativizan.
m3 | actividad 2
El sistema de partidos en la realidad política argentina
IC
1
Teniendo en cuenta lo aprendido en el punto 1 de la unidad 5, en el tema
“Sistema de partidos”, y partiendo de la clasificación que aporta Sartori
A
1,
deberá decirnos en cuáles de los tipos de sistemas de partidos colocaría el
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 264
sistema argentino de la década de los ’90.
A
2
Además, como el Estado argentino es de tipo federal, también tendrá que
calificar de igual modo el sistema político-partidario de la provincia a la que
usted pertenece en igual período.
A
3
Realidad política argentina
DOS CONCEPTOS DE CIENCIA POLÍTICA
APLICADOS A LA REALIDAD ARGENTINA:
PREDOMINIO Y HEGEMONÍA
por el Académico Dr. Natalio R. Botana
El propósito de esta comunicación es conocido en sus grandes líneas
por los señores académicos. Los años que transcurren entre 1989 y nuestra
circunstancia presente abarcan un panorama institucional sujeto a bruscos
cambios y, a la vez, firmemente anclado en el pasado. Las reflexiones que siguen
se ocuparán pues del componente decisivo que la dimensión institucional ofrece
a la teoría de la democracia.
Como he dicho en otra oportunidad, no negaré que el hilo conductor
de lo que aquí habrá de exponerse puede arrojar una sensación de déjà vu,
debido a la marcada insistencia con que me he referido en los últimos años a
una cuestión institucional no resuelta por la política argentina. Estoy aludiendo,
claro está, a dos aspectos ligados en un mismo nudo de interrogantes como
son la hegemonía del poder presidencial y la sucesión en la cumbre de esa
magistratura.
De inmediato me preguntarán ustedes por qué he elegido la palabra
hegemonía como vía de acceso para entender nuestros problemas institucionales.
¿No sería más conveniente -me preguntaba en el mismo trabajo citado- como
resulta de la lectura de algunos trabajos recientes, calificar, por ejemplo, la
supremacía del partido actualmente en el gobierno con el mote de partido
predominante? ¿No encajaría con mayor justeza nuestra experiencia democrática
en el escenario delineado por un sistema que, pese a sus imperfecciones, no
bloquea el acceso de la oposición al ejercicio de poder? Si este último punto
traza la frontera que divide al sistema de partido predominante del sistema de
partido hegemónico -me interrogaba por tercera vez - ¿no sería más acertado
abandonar la palabra hegemonía y reemplazarla por otras más acordes con las
características propias de un régimen político de competencia abierta?
Así planteadas estas preguntas a modo de hipótesis, se imponen
naturalmente algunas precisiones conceptuales.
Es sabido que la distinción entre régimen de partido predominante y
régimen de partido hegemónico fue expuesta por Giovanni Sartori en 1976 en
el primer volumen de su Partidos y sistemas de partidos, traducido al español
cuatro años después. Sartori establecía en aquella obra pionera, cuyo segundo
volumen lamentablemente nunca vio la luz, un criterio numérico para distinguir
siete clases de sistemas de partidos: sistemas de partido único, de partido
hegemónico, de partido predominante, bipartidista, de pluralismo limitado, de
pluralismo extremo y de atomización.
Estos sistemas de partidos, a su vez, se distinguían por la frontera
que separaba a los sistemas competitivos de los sistemas no competitivos.
m3 | actividad 2 | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 1
265 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
“En general -precisaba Sartori- una comunidad política sigue las normas de la
competencia cuando en el momento de las elecciones casi todos, sino todos,
los escaños (o los cargos ejecutivos) se disputan entre dos o más candidatos al
puesto”.
Sartori ubicaba el concepto de partido predominante en “la zona del
pluralismo de partidos, porque -añadía- no sólo se permite la existencia de
partidos distintos del principal, sino que éstos existen como legales y legítimos
competidores -aunque no forzosamente eficaces- del partido predominante”.
Concluía señalando que “el sistema de partido predominante es de hecho un
sistema de más de un partido en el que la rotación no ocurre en la práctica”.
En un escenario opuesto, de carácter no competitivo, el sistema de
partido hegemónico tendría las siguientes características: “el partido hegemónico
no permite una competencia oficial por el poder, ni una competencia de facto.
Se permite que existan otros partidos, pero como partidos de segunda,
autorizados; pues no se les permite competir con el partido hegemónico en
términos antagónicos y en pie de igualdad. No sólo no se produce de hecho la
alternancia; no puede ocurrir, dado que ni siquiera se contempla la posibilidad
de una rotación en el poder. Esto implica que el partido hegemónico seguirá
en el poder tanto si gusta como si no. Mientras que el partido predominante
sigue estando sometido a las condiciones que llevan á un gobierno responsable,
no existe ninguna auténtica sanción que comprometa al partido hegemónico a
actuar con responsabilidad. Cualquiera que sea su política, no se puede poner
en tela de juicio su dominación”.
Este juego de conceptos, aunque consagrado por su uso, no tuvo una
recepción homogénea en la ciencia política que se desenvolvió en los últimos
treinta años. Me basta con recordar, al respecto, que el popular ensayo sobre
el origen y desarrollo de los partidos políticos, publicado por La Palombara y
Weiner en 1966, acoplaba la noción de hegemonía a la de predominio esgrimida
por Sartori.
De todos modos, los ejemplos de que se valía Sartori ilustran aún con
un alto grado de verosimilitud el caso de los partidos predominantes y no así la
circunstancia de los partidos hegemónicos. Desde los veinte años de predominio
del partido Demócrata en los Estados Unidos, durante la era de Franklin Delano
Roosevelt, hasta los dieciocho años de predominio tory en Gran Bretaña entre
1978 y la actualidad, el análisis empírico ha confirmado estas tendencias a la
configuración de largas etapas de gobierno en manos de un partido que lo hace
solo o en coalición con otros, como ocurrió en la Alemania de Konrad Adenauer
o, en los días que corren, de Helmut Kohl.
Con los partidos hegemónicos, en cambio, los referentes han
desaparecido o están en vías de hacerlo. Sartori recordaba, al respecto, los casos
de Polonia durante la época comunista posterior a la segunda guerra mundial
y del partido Revolucionario Institucionalizado en México, cuyos orígenes se
remontan al tiempo del presidente Calles, en la década del veinte. La experiencia
polaca se derrumbó junto con la caída del comunismo y hoy el PRI está sufriendo
los espasmos de una acelerada transición hacia un régimen competitivo.
¿Conviene, entonces, repito la pregunta, mantener vigente en el caso
argentino la categoría de partido hegemónico? Voy a enunciar, a continuación,
una hipótesis de alcance medio, referente a nuestro país, que me permitirá
elaborar un concepto intermedio entre el predominio y la hegemonía que
denominaré cuasi hegemonía.
Sostendré que hay cuasi hegemonía cuando en un sistema político
competitivo se manifiesta la intención de montar un régimen de partido
hegemónico, intención que choca con el clima pluralista, de libertad de prensa
y comunicación, en que está inmersa la opinión pública. Estamos pues en
presencia de una cultura política en cuyo seno pugnan, por un lado, una apertura
hacia el pluralismo y la alternancia y, por otro, una propensión contraria al
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 266
ejercicio del régimen representativo y, por ende, al precepto de la Declaración
de los Derechos del Hombre y del Ciudadano según el cual una sociedad en
donde la separación de poderes no está garantizada carece de constitución.
Este contraste nos puede servir de preámbulo para entender la debilidad que
aqueja en nuestro país a lo que en términos weberianos puede definirse como la
atribución de legitimidad a un orden político.
En el argumento de la legitimidad política, tal como lo he expuesto
en repetidas ocasiones, hay dos postulados principales. Primero, que lo que
importa en la legitimidad es la valoración de un principio de gobierno, en nuestro
caso la democracia, y su traducción institucional. Quiero decir con esto que el
objeto hacia el cual se proyectan nuestros acuerdos acerca de lo bien fundado
de una forma de gobierno son, ante todo y antes que nada, instituciones.
Instituciones capaces de convertir las libertades en derechos, instituciones
capaces de fijar límites precisos entre el poder político y la sociedad civil,
instituciones, en fin, capaces de operar el tránsito necesario e ineludible entre
participación y representación.
He aquí un trípode que, sin excluir otras dimensiones, conforma un
objeto sobre el cual actúa, porque lo crea y transforma constantemente, un
sentido subjetivo de la legitimidad política mediante el cual los individuos, las
asociaciones y, al cabo, la sociedad global, atribuyen significado por distintos
motivos a una forma de gobierno. No creo que haya que abundar en más detalles
para percatarse que, dentro del esquema de separación de poderes que rige en
nuestro país, la atribución de legitimidad más fuerte sigue radicada en el Poder
Ejecutivo. Es allí, en esa expectativa depositada en una suerte de principado
republicano, donde suelen estallar deseos imaginarios y frustraciones, arranques
de adhesión y rebeliones, que manifiestan, todos ellos, una cultura centralista
proclive a consagrar hegemonías.
Los años recientes, lejos de aplacar estas tendencias, las han radicalizado
hasta llegar al extremo de montar un ambicioso sistema reeleccionista. Veamos
por qué. El artículo 90 de la constitución reformada establece que “el presidente
y vicepresidente duran en sus funciones el término de cuatro años y podrán ser
reelegidos o sucederse recíprocamente por un sólo período consecutivo. Si han
sido reelegidos o se han sucedido recíprocamente no pueden ser electos para
ninguno de ambos cargos, sólo con el intervalo de un período”.
Según advertimos en oportunidad de ser sancionada, con esta nueva
norma el régimen presidencialista a la norteamericana con una sola reelección
(“Ninguna persona -dice la enmienda N° XXII de la Constitución de los Estados
Unidos- será elegida para el cargo de presidente más de dos veces”) se ha
deslizado hacia una suerte de reelección perpetua, aliviada, se entiende, por un
intervalo de cuatro años entre dos períodos posibles de ocho.
Estamos frente a una curiosa alquimia que incorpora en su fórmula
los rasgos más negativos de dos modelos presidencialistas. Se aparta de la
Constitución de 1853-1860 habilitando la reeleción inmediata y se aleja también
del esquema norteamericano al permitir reelecciones indefinidas mediando un
intervalo de cuatro años. En contra, pues, de nuestra Constitución histórica, la
reforma acrecienta el reeleccionismo inmediato, y en contra de lo que impuso
la enmienda N° XXII a la Constitución de Filadelfia, la reforma acrecienta el
reeleccionismo a mediano y largo plazo.
Desde luego, este montaje de principios contradictorios estuvo orientado
hacia el objetivo de satisfacer una ambición reeleccionista; y al obrar de este
modo la convención reformadora echó en saco roto dos lecciones probadas por
las experiencias históricas norteamericana y argentina.
No parece desacertado apuntar el gesto de George Washington cuando
descendió de la presidencia y regresó a su hogar de Mount Vernon una vez
cumplido, en 1797, un segundo período de cuatro años. Con ello el viejo
autor de la independencia norteamericana limitó moralmente a un régimen
267 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
presidencial delineado por la convención de Filadelfia sobre la base de la
reelección indefinida (obviamente la autoridad que los convencionales tenían en
mira para consumar este propósito era la del propio Washington).
Durante un siglo y medio esta regla tácita fue cumplida a rajatabla en los
Estados Unidos, y cuando Franklin Delano Roosevelt en plena guerra mundial
la quebró en 1940 y 1944, bregando exitosamente por un tercer y cuarto
mandato, el Congreso puso en marcha, poco después de su muerte en 1945,
el proceso legislativo que culminó con la sanción de la enmienda N° XXII. Esta
valla al reeleccionismo indefinido no hizo otra cosa que adecuar la estructura
normativa a una costumbre de larga duración interrumpida solamente una
vez. La enmienda sirvió entonces para consagrar la costumbre en términos
normativos en lugar de hacerlo con la excepción.
Por otra parte, la práctica de la Constitución de 1853-60 amojonó en
nuestro paisaje histórico algunos signos de precaución acerca de la utilidad
(en tanto mecanismo legitimador de su propia estructura) de la reelección
del presidente mediando un período de seis años. Como sabemos, el único
presidente que alcanzó a cumplir dos períodos presidenciales, de acuerdo
con esta prescripción fue Julio A. Roca. Pero lo que importa destacar aquí no
es tanto la rigurosa (y admirable) aquiescencia que los liderazgos del siglo
pasado y principios de éste prestaron a esa ley fundamental, sino las dificultades
inherentes al propio sistema de reelección mediata del presidente.
Fue el propio Alberdi, años después de sancionada la constitución que lo
reconocía como a uno de sus padres fundadores, quien percibió estos riesgos.
En rigor, la reelección mediata, en lugar de segar de cuajo las ambiciones del
hombre político, las demoraba en el tiempo, de suerte tal que el presidente,
al término de su mandato, solía volcar su influencia para designar sucesores
dóciles que le allanaran el camino para ocupar de nuevo el cargo.
Esta rotación limitada del poder, verdadera piedra de toque del orden
conservador, configuró un sistema de control de la sucesión. La vieja república
tuvo que atravesar serias crisis para percatarse de las malformaciones que
generaba este juego en el cual el sucesor elegido emprendía un camino opuesto
a los designios del presidente que cesaba. Pasó con Urquiza y Derqui, con
Sarmiento y Avellaneda, con Roca y Juárez Celman, y también, durante la
primera y lamentablemente frustrada transición a la democracia, con Yrigoyen y
Alvear.
Viene a cuento esta introducción teórica e histórica, tan breve como
esquemática, porque nuestra política, en este ajetreado año 1996, sufre el
impacto de dos movimientos envolventes, precisamente alentados por el régimen
reeleccionista del artículo 90. Destruida la restricción jurídica de la reelección
inmediata, los impulsos hegemónicos inscriptos en una tradición personalista y
caciquil, no tienen otro límite que aquel impuesto por los resultados -sobre todo
económicos- de la acción gubernamental.
Lo dicho basta por ahora para calificar una intención hegemónica que
realimenta el decisionismo presidencial en detrimento de la autoridad que, en
términos normativos, debería ser compartida por el Poder Legislativo y el Poder
Judicial. Esta supremacía, reforzada por el recurso a los decretos de necesidad
y urgencia y la práctica recurrente del veto parcial a las leyes votadas por el
Congreso, está relacionada con la propia estructura de la división de poderes y
con el carácter heterónomo del Estado con respecto al gobierno.
La ostensible debilidad de la Justicia y del Congreso en tanto poderes
autónomos se agrava por un hecho inquietante. En la Argentina de este fin de
siglo (fenómeno poco novedoso a escala planetaria), la opinión pública está
encapsulada por la radio y la televisión y por una pequeña minoría de individuos
(se los llama “muestras de opinión”) que son convocados por los expertos para
emitir su parecer a través de diversos tipos de encuestas. Es un imaginario que
se superpone a los instrumentos de control -el Congreso, la Justicia, la prensa
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 268
escrita- que forjó la invención moderna de la democracia representativa.
Cuando el desarrollo de este imaginario se instala sobre el suelo firme
de un régimen representativo, las denuncias de corrupción que, por ejemplo,
nos invaden cotidianamente, dan lugar a procesos ante la justicia que aplica
las correspondientes sanciones. Cuando, en cambio, hay asincronía entre el
desarrollo de la videopolítica (el concepto es también de Sartori) y el pobre
rendimiento del Poder Judicial, la corrupción desempeña el papel de un perverso
instrumento político. La denuncia transforma al debate público en un combate
de sospechosos que recurren preferentemente al tribunal de la opinión pública
y no al de la justicia. Se trata de un movimiento incompleto, porque la opinión
pública no tiene capacidad legal para condenar.
Lamentablemente este es el clima que parece envolver estos años: el de
una corrupción difusa que corroe el tejido social con pérdida de confianza hacia
la clase política y hacia las instituciones que deben mediar entre el ciudadano y
el Estado. No hay suficiente respuesta institucional frente a las carencias éticas
que la opinión pública conoce y discute, por lo que nuestra democracia en
lugar de sufrir por exceso de coacción, como enseñan las teorías acerca
de la corrupción de los regímenes políticos, puede debilitarse por déficit de
sanción legítima. Y ya sabemos que ocurre cuando los derechos y los tribunales
se transforman, como decía Madison, en meras “barreras de papel”: tarde o
temprano aguardan en la sombra para hacer su faena los justicieros de diversa
laya.
Esta mezcla de impotencia y resignación revela la debilidad de los
controles externos frente a la hegemonía del Poder Ejecutivo, a la cual se
suma otro fenómeno no menos relevante. La cuasi hegemonía no sólo califica
a la capacidad de que hace gala un gobernante o un partido para ejercer
prolongadamente el poder con supremacía sobre los otros (atributo compartido
con los sistemas de partido predominante), sino que también alude a la confusión
del gobierno con el Estado. Del mismo modo como la hegemonía del Ejecutivo
tiende a subordinar al Congreso y a la Justicia, así también esta manera de
concebir y practicar la política tiende a eliminar los controles internos que
asignan una autonomía funcional a la burocracia del Estado frente al personal
político que conforma el gobierno.
La cuestión de reconstruir el núcleo duro del Estado constitucional
de derecho se impone pues por propia gravitación. Análogo al concepto de
derechos humanos, en tanto categoría universal que nos engloba a todos,
existe otro concepto más circunscripto. Es la idea de que el Estado moderno,
concebido como un campo autónomo de funcionarios estrictamente limitado
por las leyes, representa él también, un valor universal frente al interés de los
grupos que actúan enquistados en su seno. Esta suerte de colonización interna,
opaca y poco permeable al escrutinio de la soberanía del pueblo radicada en el
Legislativo, abre el camino por donde se introduce la corrupción en los nervios
más sensibles del aparato estatal.
La tendencia a confundir la estructura del Estado con el papel provisorio
y limitado que les corresponde desempeñar a quienes ocupan los cargos
gubernamentales no sólo se advierte en el orden nacional. Es, más bien, un
comportamiento que ha invadido el régimen federal y que, por cierto, comparten
varios partidos políticos. Quiere decir entonces, señores académicos, que
nuestra hipótesis destaca un rasgo difundido en una cultura política susceptible
de ser estudiada en el plano de la intencionalidad y en el plano de las
consecuencias o efectos que dicha intencionalidad genera.
Como bien se ha dicho -vuelvo a Max Weber que en esto coincidió
con la tradición ilustrada del pensamiento político del siglo XVIII- la acción
política tiene un sentido, pero este sentido está circundado por la paradoja
de las consecuencias. No siempre hay en la acción política efectos queridos.
En realidad, los efectos no queridos o imprevisibles de la acción humana
269 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
representan en la vida política un papel tan significativo como el primero.
Hemos visto que la cuasi hegemonía representa una intención dominante
en un régimen competitivo. Restará ver, a medida que los acontecimientos se
desenvuelvan, que efectos y tensiones arrojará sobre el sistema político esta
intencionalidad que se ha visto reforzada, en el plano institucional, por un
sistema reeleccionista que alienta el control de la sucesión.
m3 |actividad 2 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
El primer autor que se ocupó del tema fue Maurice Duverger, haciendo una
clasificación tradicional (“uni”, “bi” y “pluripartidismo”). El criterio, como usted
recordará, es la cantidad de partidos políticos con posibilidades reales de
acceder al poder (o al gobierno). Como esa clasificación no comprendía ciertas
realidades a nivel global, mundial, etc., Giovanni Sartori efectúa una más
completa, subdividiendo la categoría de partido único o unipartidismo en tres, al
igual que los casos de pluripartidismo. Vea la bibliografía básica.
m3 |actividad 2 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
Recuerde que en 1989 accede al poder el justicialismo a través de la fórmula
Menem-Duhalde. Entre 1989 y 1999 hay tres elecciones presidenciales y una de
constituyentes para reformar la Constitución Nacional en 1994, lo que hace un
total de 4 elecciones generales. Pero no nos olvidemos de que cada 2 años se
renueva en nuestro país la mitad de la Cámara de Diputados, por lo que hubo en
igual período unas cinco (5) elecciones más para renovar autoridades.
m3 |actividad 2 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 3
Revise cuál es la cantidad de elecciones necesarias, según el autor, para poder
calificar un sistema en una de esas tipologías.
m3 | actividad 3
Grupos de presión
Efectúe la búsqueda de tres noticias (preferentemente de actualidad) en tres
diferentes diarios de tirada provincial, nacional o internacional, en las que se
pueda observar la actividad política que despliega un grupo de presión
A
1 en
la realidad local y nacional, para los ejemplos argentinos. En el caso del ejemplo
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 270
extranjero, podrá ser una noticia que aluda a un grupo de presión perteneciente
a ese Estado, o en el contexto de la globalización algún grupo de presión que
opera a nivel macro o, si usted prefiere, en el ámbito global o internacional.
A
2
m3 |actividad 3 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Los grupos de presión son un tipo de actores políticos. También se puede utilizar
la denominación fuerza política. Son grupos de interés que despliegan poder
político o inciden en él. Repase la bibliografía obligatoria. Vea el glosario.
m3 |actividad 3 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
En el contexto de la globalización (repase lo estudiado en el módulo 2) los
diferentes actores han operado también transformaciones; así, se puede hablar
de nuevos actores trasnacionales o globales. Ello también puede pasar con este
caso de los grupos de presión. A veces, las ONGs se erigen en un tipo de grupos
de presión.
m3 | actividad 4
“Democracia: Civiles y Militares”
IC
1 (video de aprox. 8 minutos de duración)
La actividad lleva por título la del video que deberá analizar. El mismo dura
aproximadamente unos ocho minutos y ha sido realizado por la Lic. Ruth
Diamint, especialista en temas de seguridad, el rol de las fuerzas armadas en
gobiernos democráticos y las relaciones cívico-militares.
Le sugiero que vea el video varias veces a fin de poder tener una acabada
comprensión del problema que el mismo plantea. A tal fin, también le recomiendo
que lea el artículo de mi autoría sobre el golpe de Estado del 24 de marzo
de 1976, titulado “El horror de un error argentino”
IC
2, que encontrará en
la carpeta “Material”. Por último, le aconsejo leer en cualquier libro de historia
argentina (el que usted tenga más a mano) lo que a partir de 1930 –y durante
más de cincuenta años– caracterizó a nuestra historia político-institucional: la
irrupción de los militares en el poder. Ciertamente, entre 1930 y 1983 el rol que
jugaron las Fuerzas Armadas fue más que preponderante, dejando de cumplir
con su labor de coadyuvadora de la función política estatal y sustituyendo a los
partidos políticos y a los políticos. Esta característica de la vida política del siglo
XX también se observó en casi toda América Latina.
A
1
Una vez cumplimentado lo señalado en el párrafo precedente, deberá expresar
en no más de dos páginas las reflexiones que le han surgido luego de visto el
video e investigado sobre el tema en los materiales sugeridos. En tal sentido, y
a los fines de ayudarlo en su tarea, le aconsejo abordar en sus reflexiones los
271 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
siguientes interrogantes:
- ¿Por qué cree usted que los protagonistas del video eligen el título “Debate sin
Combate” para su trabajo?
- En su opinión, ¿cuál es la finalidad de destacar como palabras claves “fuerza
civilizada”, “pensamiento”, “control democrático”, “participación”?
- ¿Qué se quiere simbolizar con las palabras claves “robots” e “indiferencia”
tachadas?
- ¿Quién fue Cortázar y por qué se lo eligió para este video?
- La música del final (y su letra) ¿cumplen alguna función en relación con el
mensaje del video o el tema tratado?
- ¿Por qué cree usted que los protagonistas pertenecen a diferentes naciones de
América Latina?
- Por último, profundice respecto al interrogante final del video, esto es: Fuerzas
Armadas: ¿Armadas para qué? ¿Armadas contra quién?
Recurra al CD para ver el contenido de este video.
m3 |actividad 4 | IC
Horror de un error argentino
Por Carlos Juarez Centeno (h)
E1 pasado 24 de marzo se cumplieron veinte años de uno de los hechos más
graves, sino el más desgraciado, de la historia política argentina.
A partir de ese dato de nuestra realidad reciente, realizamos la siguiente
apreciación:
1- Entre 1930 y 1983, las Fuerzas Armadas desplazaron a seis presidentes
constitucionales: El 6/9/1930 a Hipólito Yrigoyen; el 4/5/43 a Ramón Castillo; el
20 de septiembre de 1955 a Juan Domingo Perón; el 29/3/ 62 a Arturo Frondizi;
el 28/6/66 a su “tocayo” Illia; por último debemos citar al caso que nos ocupa, el
24/3/76 a María Estela Martínez de Perón.
2- En este período que comprende cincuenta y tres años de nuestra historia
política, podemos señalar que se sucedieron 23 presidentes, de los cuales 15
fueron militares. Los presidentes civiles sólo gobernaron durante 15 años, los
militares 38, y aproximadamente la mitad de este lapso de tiempo gobernaron
presidentes militares electos.
Pero ¿qué es lo que queremos señalar con esta sintética referencia estadística
que nos depara nuestra historia reciente? Nos muestra que en la mayor parte del
presente siglo, el rol político de los militares argentinos ha sido decisivo.
3- Ahora bien, ese decisivo rol político evidenciado durante gran parte del
siglo ¿a qué se debió?. Podemos adelantar algunas causas: a) Como ya lo
señaláramos en un trabajo nuestro, hace alguno años, “ ... la tendencia que
advertimos en la tradición política argentina hasta casi nuestros días muestra
m3 | actividad 4 | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 1
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 2
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 272
que el conflicto y la exclusión han sido la nota dominante de los distintos
momentos políticos, de tal suerte que los sectores o grupos que controlaron el
poder político adoptaron como estrategia excluir de la arena política a todo otro
actor o grupo opositor. Esto supone la constitución de sujetos hegemónicos:
surgió con la formación del Estado –al igual que en toda Latinoamérica- a partir
de su originaria versión oligárquica, la que anuló a los sectores populares ya
que no los tuvo en cuenta a los fines del reparto del poder y la participación
política. Posteriormente, cuando las circunstancias permitieron que estos últimos
accedieran al poder, constituyeron modelos igualmente hegemónicos a partir
de la descalificación de los anteriores titulares del poder... Se identificó una
ideología con lo “nacional” queriéndose adscribir a la misma a la totalidad de
los sectores, generándose una dialéctica polarizada en la arena política: “con
ella o contra ella”. b) El segundo aspecto, y que se deriva del anterior o se
interrelaciona con el mismo a modo de pareja dialéctica es que, producido el
“triunfo” de aquel sector que accedía al poder, cuando el mismo pretendía erigirse
como hegemónico, se sentaban las bases para que los que se consideraban
desplazados “golpearan las puertas de los cuarteles” o consintieran tácitamente
la irrupción de los militares en el poder. Avalando nuestra opinión, y como bien
lo expresa Francisco Delich “... a partir de las investigaciones de Alain Rouquié
y Roben Potash, todos los golpes de Estado en la Argentina, entre 1930 y
1976 fueron siempre pactados entre los partidos políticos de la oposición y las
Fuerzas Armadas... hablar de golpes militares es una exageración. Los golpes
de Estado fueron siempre político/militares...”.
4- Y qué papel le cupo a la sociedad civil en toda esta historia? La mayor
de las veces no la contó como protagonista sino como simple espectadora.
Coincidimos con quienes nos señalan que los golpes de Estado, fueron golpes
de Elites con base sociales expectantes, las que, al poco tiempo se volverían
contra los usurpadores del poder.
5. El golpe del 24 de marzo de 1976, si bien es uno de los seis ejemplos
citados - al inicio del presente artículo- de irrupción de los militares en el poder,
y el consiguiente desplazamiento del mismo del presidente constitucionalmente
elegido por el voto popular, representó un hecho que tuvo algunas características
que lo diferencian de los cinco anteriores.
En primer lugar, quizás este caso represente la excepción al característico
acuerdo político/militar ya destacado. Y también cabría señalar que, la sociedad
civil tampoco se comportó como lo había venido haciendo. Dejó de ser
mera espectadora para convertirse en protagonista, toda vez que importantes
porciones de la sociedad argentina clamaron el golpe, otras lo consintieron, y un
reducido grupo opinó en contrario, arriesgando su vida, su libertad o su derecho
a vivir en la tierra donde había nacido. Ciertamente, el clima de inseguridad que
se vivió en el país a partir del fallecimiento del entonces presidente Juan D.
Perón; la posterior ineptitud; demostrada por su viuda –quien en su calidad de
Vicepresidenta había accedido a la primera magistratura de la República- para
combatir el flagelo del terrorismo que imperó en la década del ’70, así como
la incapacidad de hallar una solución viable a la problemática económica; la
influencia que su ministro López Rega -mentor de los grupos paramilitares de
ultraderecha- imprimía a su gestión; la atmósfera creada por los medios de
comunicación social, por sólo citar algunos datos de la realidad de esos años,
obviamente coadyuvaron a la configuración de cierto “humor” social propicio
para este cambio de actitud de la sociedad argentina -agobiada por la violencia,
la crisis y la inseguridad- frente a los golpes de Estados. Esta explicación
no implica justificación. Como gráficamente lo describe Julio César Moreno
y reafirmando nuestro análisis “... la fruta cae del árbol cuando está madura
o podrida. El gobierno de Isabel Perón cayó sin pena ni gloria, sin la menor
resistencia popular y en medio de la indiferencia de la ciudadanía, cuando no,
con algunas ‘expectativas esperanzadas’ por parte de un sector considerable de
273 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
ella”.
A partir de allí se inicia el segundo acto de esta tragedia, y como lo expresara
en las primeras líneas de este artículo, comienza a redactarse una de las páginas
más negras de la historia argentina, sino la más oscura. Con sólo señalar los
miles de desaparecidos, sumados a los que tuvieron la suerte de volver de
las sombras y el exilio y agregando a todos los que tuvimos que soportar
la falta de libertad, sumas éstas que no pueden cuantificarse, justifican
nuestro calificativo.
Pero también creemos que este período amargo de nuestra reciente historia
nos enseñó algunas lecciones. En efecto, en 1976, “... sin saberlo, la sociedad
argentina de este siglo perdió la inocencia”. Esta desgraciada experiencia
autoritaria replanteó en la sociedad civil su actitud frente a la concepción
hegemónica, comenzando apercibirse como posibilidad, la de una existencia
en un orden democrático basado en el consenso y en el respeto por las reglas
de juego que ese orden establece. En este sentido, Hunneus opina que “... la
colaboración entre las elites en sociedades con cultura política dividida y que han
experimentado traumas de conflictos pasados aparece como un prerrequisito
decisivo y hasta suficiente para la estabilidad de la Democracia”.
Quizá, 13 años de vida democrática en la Argentina avalen la cita. Pero
sí tengo algo muy claro y con ello quiero concluir: mientras perdure en la
memoria colectiva de la sociedad argentina la tragedia vivida a partir del
24/3/76, todos podremos hacer nuestra la expresión de Ernesto Sábato
“NUNCA MÁS”.
m3 |actividad 4 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Recuerde que las Fuerzas Armadas pueden constituir, según algunos autores, un
tipo de fuerza política o actor político. Vea la actividad 1 de este módulo. También
repase lo aprendido en el módulo 2 respecto a las funciones del Estado. En tal
sentido, recuerde que la función política se apoya en la actividad administrativa y
en las actividades militares, y que a veces éstas tratan de sustituirla y desvirtúan
así su rol; esto es lo que pasó en el período 1930-1983 en nuestro país y, en
general, en toda América Latina.
m3 | actividad 5
La Democracia Argentina 1983-2001
IC
1. (video “18 años de Democracia”.
Duración aprox.: 45 min.)
Usted es un corresponsal argentino del diario español “El País”, el que le solicita
que realice una nota en conmemoración del decimoctavo aniversario de la
restauración democrática en la Argentina
A
1. La nota es para el suplemento de
los días domingos, y en ella, dada su formación jurídico-política, el citado medio
le pide que haga un análisis de la democracia argentina en estos dieciocho
años, poniendo de relieve un análisis desde lo político-institucional
A
2. La
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 274
nota no puede exceder las cuatro (4) páginas, dada la extensión de un artículo
de análisis político para un suplemento dominical
A
3. El director del diario le
indica –a modo de sugerencia– que en dicho artículo usted haga un racconto de
los distintos gobiernos que se sucedieron y de los hechos más relevantes que
condicionan la democracia argentina
A
4.
Recurra al CD para ver el contenido de este video.
m3 |actividad 5 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 1
Recuerde que el período comprende desde el 10/12/1983, día en que asume la
presidencia el Dr. Raúl Alfonsín, hasta el 10/12/2001, fecha en que la democracia
argentina cumple sus primeros dieciocho años de vida y que coincide con las
postrimerías del mandato, interrumpido por el pueblo, del Dr. Fernando de la
Rúa.
m3 |actividad 5 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 2
Usted ya ha aprobado, o al menos regularizado, Derecho Constitucional I y II.
En dichas asignaturas usted aprendió el sistema político-fundamental argentino.
Estudió la evolución histórico-político-constitucional argentina y profundizó en lo
relacionado con la Reforma de 1994. Esto le puede ser de suma utilidad para
confeccionar lo que le solicita el medio donde usted trabaja.
m3 |actividad 5 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 3
A los fines de poder resumir en cuatro páginas un análisis concienzudo y a la
vez concreto, usted debe realizar una investigación sobre el pasado reciente
de la Argentina, ahondando en las conclusiones que dejan los 18 años de
democracia. Para ello podrá recurrir a distintos sitios webs, relevar material
periodístico, leer libros de historia política argentina, repasar lo aprendido en
Derecho Constitucional, etc., además de ver el video, que le puede ayudar
mucho en su tarea de investigación para la redacción de su nota de análisis
político.
m3 | actividad 5 | IC
i n f or ma c i ón c ompl e me n t a r i a 1
275 EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag.
m3 |actividad 5 | AA
a s i s t e n t e a c a dé mi c o 4
En su búsqueda investigativa usted se apoya en el video, que utilizará como
material básico de su nota. El mismo contiene dos bloques. En el primero se
hace un racconto fílmico de estos últimos dieciocho años, donde aparecen
los grandes problemas de la democracia, no sólo de la Argentina sino a nivel
de política comparada: democracia y economía, terrorismo, independencia del
Poder Judicial, corrupción, el rol de las Fuerzas Armadas, etc. Para ello se
podrá ayudar de la perspectiva de Daniel Zolo respecto a la democracia y su
complejidad (ver material básico en cap. del libro de la Dra. Bonetto).
La segunda parte del video nos presenta un panel integrado por un experto
en Relaciones Internacionales y ex vice-canciller durante el gobierno del Dr.
Menem; una politóloga, la Dra. Liliana de Riz, profesora en la UBA; y un político
radical, ex senador nacional y embajador ante los organismos internacionales de
Derechos Humanos con sede en Ginebra. En ese segundo bloque se recomienda
profundizar sobre los siguiente tópicos: a) ¿qué le sugiere la famosa frase del
ex presidente Alfonsín “...con la democracia se come, se vive, se cura...”?; b)
la tensa relación entre democracia y crecimiento; c) la relación democracia-
Estado de derecho, sobre todo teniendo en cuenta lo que expresa Liliana de
Riz sobre que en nuestro país el Estado de derecho corre ciertos peligros de
verse aún más limitado; e) el condicionamiento internacional para la estabilidad
democrática en la Argentina (alocución de Cisneros), y f) respecto a que si
los problemas de la democracia argentina son sólo de ella o encontramos
situaciones similares en otros casos (ver la intervención del Dr. Solari Irigoyen,
en donde hace una comparación con análisis de las realidades de EE.UU. tras
el ataque del 11 de septiembre, y más al final cuando analiza lo que sucede en
Francia).
glosario m3
Actores políticos: Denominación que se puede utilizar como sinónimo de
“sujetos políticos”, “fuerzas políticas”, etc.
Democracia: Reafirmando el conocimiento vulgar, podríamos decir que es el
gobierno del, por y para el pueblo. Su terminología proviene del griego, y está
integrada por las voces “demos” y “cracia”, esto quiere decir, el gobierno de
los demos. Éstos era pequeñas divisiones territoriales de las polís griegas, por
los cuales se accedía a la vida ciudadana. Como el origen de la democracia
lo encontramos en Grecia, de allí su nombre. Es una forma de gobierno, un
régimen político, y hasta se habla de una forma o estilo de vida. Existen distintos
tipos de democracia, pero las denominaciones más conocidas y que implican
mayores devaneos de los teóricos y los políticos son: democracia formal y
democracia sustancial (social); directa o indirecta, etc. Obviamente, cuando nos
adentremos en su estudio veremos que el término tiene más acepciones según
vaya acompañado de algún adjetivo calificativo: “delegativa”, “participativa”,
“representativa”, “liberal”, “procedimental”, etc.
Grupo de interés: Es una asociación o grupo de personas que se ven unidas
por un interés en común. Puede ser deportivo, cultural, económico, social, etc.
Grupo de presión: Todo grupo de interés que, además, intenta presionar al
gobierno para que éste tome medidas de gobierno que recepte sus voliciones.
EDUBP | ABOGACÍA | ciencia política - pag. 276
Todo grupo de presión es grupo de interés, pero no viceversa. Es una fuerza
política o actor político.
Medios de Comunicación Social: Son lo que se conoce como “medios”;
también se los denomina medios masivos de comunicación: la prensa, la radio,
la televisión, etc. En los últimos tiempos han adquirido una relevancia inusitada
en el escenario político. Hoy es más importante para un político asistir a un
programa de televisión que ir a un mitín político en algún barrio debido a la
masividad del público que posibilitan estos nuevos medios. Además pueden
erigirse en un instrumento para la contienda electoral. Ejemplo de ello lo
constituyó Berlusconi, monopólico empresario de la televisión privada de Italia,
que a través de ella llegó al poder en ese país.
O.N.G.: Organización no gubernamental. En el ámbito de las relaciones
internacionales, y en lo que podemos llamar la “arena política internacional”
(o si prefiere, el escenario internacional en el que se desenvuelve la política),
se denomina de esta forma a ciertas organizaciones que cumplen una función
similar a la de los grupos de interés y que en reiteradas oportunidades
se transforman en grupos de presión. Ejemplos de ONGs son: Amnesty
International, Greenpeace, por sólo citar las más conocidas.
Opinión pública: El proceso político tiene en la opinión pública un elemento
integrador de su legitimidad. Si bien la mayor libertad de opinión se encuentra
en las democracias, en todo régimen político las decisiones tienen un gran
soporte en la opinión pública. Es otro de los actores o fuerzas políticas. Es
volátil, cambiante.
Partido político: Es otro ejemplo de fuerza política o actor político. Si bien hay
distintos tipos y clases de partidos políticos, desde una perspectiva tradicional,
podríamos decir que es un grupo de personas que unidos por una misma
ideología intentan llegar al poder (o al menos desplegar una función de control
si no logran acceder al gobierno). Sin embargo, también podemos señalar
como uno de sus rasgos característicos la de ser un mediador entre la sociedad
y el gobierno. Es un actor político fundamental toda vez que “monopoliza” la
oferta política. Con esto queremos expresar que para ser presidente, legislador,
concejal, etc., hay que alcanzar el cargo, casi en todos los países, a través de
un partido político.
Sindicato: Una de las formas asociativas más importantes de los últimos
tiempos. También fue una de las más precoces. Sus orígenes se remontan al
proceso de formación del Estado moderno, allá por el Renacimiento. El peso
de los sindicatos en la vida social y política de los países ha adquirido tal
presencia y relevancia que se ha llegado a hablar de “política de los intereses”
y a configurar el mismo proceso político como una contratación triangular
entre sindicatos obreros, sindicatos patronales y gobierno. Si bien la palabra,
técnicamente, engloba tanto a los sindicatos obreros como a los patronales,
usualmente prepondera su uso en referencias a los primeros. Adquieren gran
relevancia por su defensa de intereses económicos comunes en su rol de
fuerza contractual (que se ejercita en los enfrentamientos con la contraparte
económica, esto es, los sindicatos patronales), pero que también se manifiesta
en su lucha con las otras articulaciones del poder político (gobierno, parlamento,
entidades locales) y con los partidos políticos. Son un ejemplo de fuerza política,
sujeto político, actor político, como se lo quiera llamar. Depende el rol que
“jueguen” son un tipo de grupo de interés y se pueden tornar en el ejemplo más
claro de grupo de presión.
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Sistema electoral: Un conjunto de reglas por el que los resultados de una
elección (donde se elige a los funcionarios que nos representan políticamente,
o que formarán parte del gobierno o del congreso, etc.) se determinan por
la distribución de los votos emitidos por el electorado. Depende cómo éstos
se distribuyan, habrá distintos tipos o sistemas. Por ejemplo: mayoritario,
proporcional, etc. Recuerde lo aprendido en Derecho Constitucional II, en la
unidad 5.
Sistema político: La postura teórica que introdujo este concepto en la ciencia
política fue la “teoría sistémica”. En tal sentido, la noción de sistema político
como sustitutiva de la de Estado ha ampliado el horizonte del estudio de
los fenómenos políticos aclarando, más que el producto normativo final, los
procesos de formación de la voluntad política y el conjunto de las relaciones
que ellos establecen en la construcción de un equilibrio de poder. El ejemplo de
sistema político paradigmático de la modernidad lo ha constituido el Estado, pero
puede señalarse que existen sistemas “menores” –partidos políticos, grupos de
presión que operan en él– e incluso ejemplos de sistemas “mayores”, como por
ejemplo la ONU, la Unión Europea, etc.
Sistema de partidos: Como los partidos políticos operan o actúan dentro del
sistema estatal, según como esté organizado y funcione el sistema político-
partidario dentro de un Estado, estamos haciendo referencia a los distintos
sistemas de partidos políticos. El criterio clasificatorio casi unánimemente
utilizado es el de considerar la cantidad de partidos políticos con posibilidades
reales de acceder al poder, teniéndose en cuenta un período mínimo de 3 ó 4
elecciones.
Sufragio: Voto. El sufragio universal (un hombre, un voto) representa la mayor
fuerza política de los tiempos modernos y uno de los signos principales –sino el
principal– de la democracia moderna.
Sujetos políticos: En sentido estrictamente técnico se utiliza como sinónimo
de actores de la política (“actores políticos”). Podemos señalar a los partidos
políticos, grupos de presión, etc.
eval uaci ón
La versión impresa no incluye las auto-evaluaciones parciales. Las mismas se
encuentran disponibles desde su CD-ROM de materias.