You are on page 1of 15

¿QUÉ ES LA HISTORIA PARA UNA “CABEZA FILOSOFICA”?

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
DEPARTAMENTO DE FILOSOFIA
Luis Castillo

Las diversas reflexiones de Kant sobre el pasado humano son recogidas bajo el título
Filosofía de la Historia. A pesar de todo, nuestro autor no dedica la misma sistematicidad y
profundidad en el campo histórico, como en efecto sucede en otros campos de su estudio,
por ejemplo, en los problemas epistemológicos y éticos. Aunque no es el propósito de este
escrito, digamos de antemano que, en sus ensayos sobre el pasado humano, ambos
problemas parecen estar inmersos bajo el interés por determinar los límites de nuestro
conocimiento sobre la historia humana, y la utilidad práctica que nos pueda ofrecer dicho
conocimiento.
Sin embargo, el propósito de este escrito es reflexionar e interpretar la manera cómo
método y objeto se aproximan en dicha relación Filosofía- Historia. Es decir, a partir de sus
escritos sobre la temática histórica, intentamos responder ¿En qué consiste filosofar sobre
la historia? O, dicho de otro modo, qué propone Kant que debiera hacer una cabeza
filosófica
1
cuando se aproxima a la historia humana.
Convengamos, pues, que toda filosofía se plantea, en principio, un problema. En ese
sentido, podríamos decir que a lo largo de sus escritos es presentado -de una u otra forma-,
el problema de cómo pensar la historia. Así bien, creemos que no podemos capturar del
todo su reflexión, si nos atenemos sólo a uno de sus ensayos y lo consideramos de manera
aislada. Por su puesto, si bien esto sólo es posible atendiendo al conjunto de toda su obra,
no obstante, creemos que aunque no sea suficiente, intentar abordar sus ensayos sobre la
historia de manera holística y no aislada, representa una condición necesaria para entender
su reflexión sobre la historia. Lo anterior, constituye el espíritu de este ensayo. Pero, si bien

1
“cabeza filosófica” en (E. Kant, Idea 1964, 52)
hablamos en singular cuando nos referimos a lo que sería su propuesta sobre la
investigación histórica, su singularidad es apenas una hipótesis, pues será hasta el final del
trabajo donde se pueda determinar, si aquella manera de pensar tanto la historia como su
investigación tiene continuidad en su producción teórica, o si, por el contrario, presenta
rupturas, variaciones o matices.
El núcleo central de esta propuesta reside, pues, en explicar cómo a los ojos de Kant, si
hacemos de la historia un objeto de la reflexión filosófica, podría ofrecerse una solución al
problema de la historia elaborada –en el sentido de concebida y reconstruida-
empíricamente. En ese sentido, la tesis que defiendo es que en lo fundamental, la propuesta
de Kant para la investigación histórica, consiste en establecer un punto de vista que concibe
la historia en atención a un supuesto hilo conductor, es decir, que desde dicha perspectiva
se investiga dando por sentado un sentido al curso del devenir humano en el tiempo.
Ahora bien, la estructura del ensayo se compone de tres momentos: mientras en la
primera parte trato de explicar por qué la historia concebida empíricamente representa un
problema para Kant, en la segunda, intento caracterizar lo que sería la perspectiva
filosófica de la historia. Para finalizar, explico por qué la perspectiva filosófica solucionaría
el problema de la historia empírica y cuál es en últimas, la relación establecida entre
ambas. Además, sugiero examinar las continuidades, variaciones, o rupturas en el
desarrollo de dicha perspectiva, tomando como base el último de sus ensayos “Reiteración
de la pregunta de si el género humano se halla en constante progreso hacia lo mejor”.
Historia empírica.
En varios de sus ensayos, Kant manifiesta una preocupación con la imagen que la
historia empírica parece presentar de la historia humana. Pero, ¿Qué es la historia
empírica?
Con historia empírica Kant parece denotar una tradición historiográfica que
reconstruye la historia humana, organizando los hechos o acontecimientos, únicamente, en
atención a su orden temporal. Este tipo de historia tiene un carácter crónico y narrativo, en
tanto que se limita a describirnos el devenir humano ‘tal y como pasó’. Desde esta tradición,
son los hechos empíricamente demostrables, aquellos que constituyen y se insertan en la
línea temporal de la Historia humana. Con base en lo anterior entendemos, pues, la historia
empírica.
La preocupación de Kant al respecto, tiene que ver con la imagen inmediata que parece
proyectarse si se concibe la historia así; a continuación, intento caracterizar dicha
preocupación como una actitud, en principio, de alerta, de sospecha, del autor frente a
dicha imagen. Actitud que, por lo demás, considero puede rastrearse en 2 de sus ensayos:
“Idea de una historia universal desde el punto de vista cosmopolita”
2
y “Reiteración de la
pregunta de si el género humano se halla en constante progreso hacia lo mejor”
3
.
Por un lado, en “Idea” advierte Kant que la primer representación de la Historia
es la de estar delineada por una absurda marcha de las cosas humanas, ya que “visto
en grandes líneas, todo está entretejido por la torpeza, la vanidad pueril y, con
frecuencia, por la maldad y el afán de destrucción igualmente pueriles” (E. Kant,
Idea 1964, 40).
Por otro lado, en “Reiteración”, va más allá al cuestionarse si acaso la razón por la que
nos parece absurdo el curso de las cosas humanas, no sean las cosas humanas mismas, sino
quizás nuestro punto de vista.
Este desplazamiento de la cuestión, pasando de la cosa misma al punto de vista desde el
que se percibe la cosa, cabe decir, es consistente con su filosofía crítica. Sin embargo,
digamos además que nuestro autor sospecha con razón, pues tiene siempre en mente
algunos referentes históricos. Kant nos recuerda que, mientras Kepler sometió las órbitas
excéntricas de los planetas, de un modo inesperado, a leyes determinadas, y Newton
explicó dichas leyes mediante una causa universal de la naturaleza. Copérnico, por su parte,
ante la dificultad de explicar ciertos movimientos de los astros, supuso si tal vez no era
nuestro punto de vista lo que nos hacía confundirnos hasta el cansancio; postulando así,

2
En adelante, me refiero a este ensayo como “Idea”
3
En adelante, me refiero a este ensayo como “Reiteración”
una hipótesis que permitiera explicar aquellos fenómenos que en la perspectiva inicial
resultaban absurdos
4
.
Más adelante en el ensayo, la sospecha se hace más fuerte: si aceptamos la
inconsistencia como el único carácter de la acción humana en el tiempo, aceptamos a su
vez, que las relaciones de los seres humanos tendrían que concebirse como una mera
representación de marionetas. De manera que, se cuestiona Kant, cómo atribuirle a los
hombre un valor superior al de los animales, cuando éstos últimos son “capaces de
practicar el mismo juego con menos gastos y sin el lujo del entendimiento” (E. Kant,
Reiteración, III, 183)
En resumen, Kant se rehúsa a aceptar tan fácilmente, la impresión de un devenir
humano absurdo, sin-sentido. Su sospecha se trasluce en un primer escepticismo:
“no sabemos que concepto formarnos de nuestro género, tan infautado de su
preeminencia” (Idea, 40). Y es que, podría decirse, el problema tiene una forma
irónica: La historia de los seres racionales se conduce de la manera más irracional.
Esta preocupación de Kant, que nosotros caracterizamos como una sospecha,
también puede ser vista como una “inconformidad con aquella historia humana
aparentemente caótica” (cf. Ureña, 27), o “como un sentimiento de que hay algo de
moralmente afrentoso en la idea de que la historia no tiene en sí ni armonía, ni
dibuja pautas, ni contiene razón alguna” (cf. Hernandez del Alba 1978, 76).
En últimas, el problema con la historia empírica consiste en que ésta no ofrece
ninguna explicación del devenir humano, no hace de su objeto un objeto de
reflexión, y por ello, la interpretación parece no poder trascender la inmediatez de
la aparente inconstancia. Es decir, si bien la historia empírica permite percibir los
acontecimientos humanos, no permite entenderlos.



4
Para los ejemplo, ver: Idea, 40; Reiteración, III, 183.
Punto de vista filosófico.
Hasta aquí, apenas hemos caracterizado el problema. A continuación, expongo en dos
momentos la perspectiva propuesta por el autor, con miras a superar dicho problema.

a) El que hacer de una cabeza filosófica
Hasta el momento hemos hablado de un punto de vista filosófico, como la propuesta
kantiana al problema de la investigación histórica; con ello, entendemos que Kant alude, en
principio, a una actitud reflexiva; esto es, a la posibilidad de hacer una pausa mental,
distanciarse, y elevarse sobre el asunto, de manera que pueda analizarlo al poder
representárselo una y otra vez; es decir, hacer de ello un objeto de reflexión. En ese sentido,
esta perspectiva filosófica se opondría a la inmediatez de la imagen producida por la
historia empírica. Sin embargo, es necesario advertir, dicha inmediatez no es lo mismo que
la historia empírica (más adelante veremos que la relación entre ésta y la perspectiva
filosófica no es contraria). Ureña capta bien la posición del filósofo: “si no quiere renunciar
a la razón y renegar así de su Ciencia, no puede cruzarse de brazos y quedarse tan tranquilo
ante esta primera constatación: no puede admitir una falta absoluta de finalidad” (Ureña
1979, 27).
De esta manera, el filósofo debería elevarse de la fotografía caótica del pasado humano,
e investigar si acaso es posible descubrir una intención de la naturaleza en la absurda
marcha de las cosas humanas. Si lo consigue, haría posible una historia, conforme con
determinado plano de la naturaleza, en criaturas que, sin embargo, se conducen sin propio
plan. Dicha intención constituye, pues, un hilo conductor para la investigación histórica.
b) Plan de la Naturaleza
Habida cuenta de lo anterior, en adelante expongo la manera como Kant descubre y
justifica susodicha intención de la naturaleza, para terminar de darle forma al plan de la
Naturaleza conforme al cual debería pensarse la historia humana.
Pues bien, dado que en la filosofía de Kant, la naturaleza es una temática con diversos
desarrollos, para efectos de este argumento nos limitamos a su aproximación desde la
doctrina teleológica de la naturaleza, cuyo fundamento es la idea que la naturaleza no
determina ninguna disposición en vano, por lo cual, toda disposición natural está destinada
a desarrollarse en plenitud. En ese sentido, siendo el hombre la única criatura racional en la
tierra, sus disposiciones originarias (referidas al uso de la razón) deben a su vez
desarrollarse en algún momento. No obstante, siendo el conjunto de los hombres mortales,
pero la especie inmortal, dicho desarrollo no se realiza en los individuos, sino en la especie.
Así pues, ¿Es razonable admitir la finalidad en lo parcial de las configuraciones naturales y
rechazarla en la totalidad de las mismas? Kant considera que no (Idea, I, III, VII).
En este argumento, hay dos ideas que merecen ser miradas con mayor cuidado, a saber,
que la realización se da en la especie y, a su vez, en tanto ser racional.
Se afirma que la realización se da en la especie en virtud de la propia naturaleza del
género humano. El asunto es que Kant distingue dos acepciones de especie o género
humano: una acepción lógica y una histórico-biológica (cf. Estiú 1964, 15). Pues bien,
mediante la acepción lógica entendemos el género como la abstracción de las
características comunes, esenciales o permanentes de un grupo determinado de individuos.
En este sentido, podría objetársele a Kant que afirme la realización en los seres humanos y
a la vez, plantee dicha realización como un destino para la especie (en perspectiva lejana).
Sin embargo, Kant advierte que la Naturaleza determina al hombre de tal manera que su
devenir se desarrolla en generaciones distintas. Podemos verlo de la siguiente manera: si
bien tanto los animales como los seres humanos sobreviven como especie, a partir de la
muerte de algunos individuos del conjunto, mientras en los animales la sucesión
generacional no es determinante, en el género humano sí; pues en estos últimos no sólo se
legan conductas ambientales y adaptativas, sino también culturales; de manera que,
podríamos decir, la diferencia entre los perros de hace 200 años y los de hoy, es mucho
menor que la diferencia entre los seres humanos de aquella época y la de hoy. En estos, las
generaciones se trasmiten la ilustración alcanzada. Un ejemplo de esto, diría Kant, son las
constituciones civiles y las relaciones estatales, “pues en virtud del bien que aquellas
contenían, sirvieron durante cierto tiempo a la elevación y dignificación de los pueblos;
pero, al no carecer de defectos, esas constituciones se volvieron a derribar. No obstante,
siempre quedo algún germen de ilustración…” (Idea, IX, 55).
De otro modo, “cada hombre tendría que vivir un tiempo desmedido, para llegar así a
aprender cómo debe hacer un uso completo de todas sus disposiciones originarias” (Idea,
II). Luego, no podemos mirar únicamente a los hombres en tanto hombres, sino
universalmente, es decir al conjunto total de los hombres a lo largo del tiempo.
Respecto a la realización en tanto ser racional, digamos brevemente que uno podría
pensar que el hombre se realice como ser vivo, es decir, en sus facultades biológicas; que su
realización atienda a sus disposiciones fisiológicas. No obstante, no podemos pensarlo así
pues ello implica desconocer la manera como la Naturaleza ha constituido al ser humano.
No simplemente le dio razón, sino que lo hizo, en total desequilibrio con las disposiciones
físicas de otros animales. La constitución humana es tal, que su existencia vital debe
trascender, necesariamente, el instinto mecánico, es decir, debe ser el hombre quien se
procura su propia vida a partir de su propia razón, de manera que no participe de otra
felicidad o perfección distinta a la que él mismo se procura a sí mismo:
“[La naturaleza] lo creó más lleno de necesidades y desamparado que a oros seres,
precisamente para que aquella plétora de necesidades fuese el acicate que le
moviese a salir de su natural limitación y de su natural aislamiento” (Cassirer 1948,
265)
La consecución de sus medios de existencia, su comida, su seguridad, así como toda
diversión debe procurársela por sus propios medios; en efecto, no le dio toros, ni garras,
sino manos y una razón. Sólo puede conseguir ello, pensando por sí mismo. Pareciera,
sugiere Kant, que la naturaleza “hubiera atendido, más que al bienestar del hombre, a la
propia estimación racional de él mismo(…) que no ocupara de que viva bien, sino de que se
eleve hasta el grado de hacerse digno, por su conducta, de la vida y del bienestar” (Idea, III,
43).
En resumen, la hipótesis de Kant consiste, esencialmente, en suponer una intención de la
Naturaleza como hilo conductor de los acontecimientos humanos. Así pues, ella tendría un
plan cuyo fin sería el desarrollo de todas las disposiciones humanas de un modo acabado.
Razón por la cual, debemos suponer también, que dicho plan apunta a la perfecta
unificación civil de la especie humana, pues ello constituye la posibilidad de dicho
desarrollo (Idea, VIII). Sin embargo, lo dicho hasta ahora no es aún suficiente, pues si se
desea que la hipótesis conserve alguna validez, ésta debe explicar un elemento más, a
saber, el aparente caos de la experiencia pasada.
Al respecto, nos dice Kant, la naturaleza no sólo dispone de los fines para cada ser,
también dispone los medios. En los seres humanos, si bien en últimas su desarrollo es su
propio producto, creación, el medio que dispone la naturaleza para que ello sea posible es
el carácter antagónico de nuestras disposiciones, en concreto, la insociable sociabilidad de
los hombres. Con lo cual, se refiere a la inclinación por entrar en sociedad, ligada a la vez
con una constante resistencia que amenaza de continuo con romperla (cf. Idea, IV).
Esta tensión en las relaciones sociales es lo que hace posible que el hombre salga de su
animalidad, pues así como la sociabilidad le permite aprender del otro, la insociabilidad le
lleva a elevarse por encima de los demás y por tanto, despierta todas sus facultades y lo
aleja de la inclinación a la pereza. Así pues, a partir de esta tensión, nos dice, se dan los
primeros pasos verdaderos que llevan de la grosería a la cultura (cf. Ibid).
Concluimos así, la caracterización del punto de vista filosófico; aunque, antes de exponer
su valor en la investigación histórica concreta, vale la pena recordar las sensaciones
encontradas, pues, si bien esta perspectiva es en algún sentido esperanzadora, supone
aceptar como una dura verdad la ceguera humana, esto es, que mientras el hombre quiere
concordia, la naturaleza, que sabe mejor lo que es bueno para la especie, quiere discordia:
“los pueblos enteros, no reparan que al seguir cada uno sus propias intenciones,
según el particular modo de pensar, y con frecuencia en mutuos conflictos,
persiguen, sin advertirlo, como si fuese un hilo conductor, la intención de la
naturaleza y que trabajan por su fomento” (Idea, 40)




Conclusiones
a) Perspectiva filosófica como solución al problema de la historiografía tradicional.
Al inicio de “Idea” Kant plantea los dos presupuestos para superar la apariencia caótica
y azarosa del devenir humano: Una historia que narre los hechos y una perspectiva que los
considere en conjunto. Con base en ellos, podremos ver que la lógica que subyace al “juego
de la libertad humana” es una marcha regular de la voluntad humana y no un “agregado sin
plan de las acciones humanas” (Idea, IX, 54). Hablar del <juego de>, podríamos decir, es una
buena metáfora, pues los juegos no parecieran ser lineales, su dinámica es la de ir y venir,
avanzar y retroceder, presentan ambas dimensiones, una azarosa y otra ordenada, lógica.
Ese es el objetivo, en últimas, de pensar un plan oculto de la Naturaleza: Explicar, hacer
aprehensible para el pensamiento aquello que en principio no lo es, convertir el sin-sentido
histórico, en un todo racional.
Estoy de acuerdo en interpretar dicho plan de la Naturaleza como una hipótesis de
trabajo o como marco hipotético, para el trabajo investigativo; una consideración que el
historiador no debiera perder de vista cuando se acerca a los acontecimientos humanos (cf.
Ureña, 25; Hernandez del Alba, 86). En efecto, constituye una hipótesis para el trabajo
investigativo, una hipótesis que el historiador debiera considerar a la hora de acercarse a
los acontecimientos pasados. Pero nuestro filosofo no se reconoce aún como tal
investigador, apenas intenta descubrir el hilo conductor: “dejamos a la naturaleza la tarea
de producir al hombre capaz de concebirla de acuerdo con dicho hilo conductor”.
Recordemos que ya produjo un Kepler y un Copérnico.

b) Relación entre Perspectiva filosófica e Historia empírica.
No obstante, aún queda pendiente por aclarar un punto: ¿Cuál es la relación entre la
perspectiva filosófica y la historia empírica? ¿Sustituye la primera a la segunda? No: “se
interpretaría mal mi propósito si se creyera que pretendo rechazar la elaboración de la
ciencia histórica, empíricamente concebida” (Idea, 55). De hecho, el desarrollo de la
historia empírica es la condición de posibilidad del desarrollo de la historia Universal, en
conjunto, que la perspectiva filosófica puede concebir. En ese sentido, la propuesta de Kant
no tiene la intención de producir una novela, es decir, no se trata de fantasear un orden
racional en la historia humana, de establecerla a partir de cómo debiera ser, sino de
encontrarlo en ella misma (cf. Ureña, 25):
“ahora se trata de saber si la experiencia descubre algo de la marca de semejante
intención de la Naturaleza. Digo que muy poco; pues, antes de cerrarse, esta orbita
parece exigir tanto tiempo que sólo podremos, basándonos sobre la pequeña parte
que la humanidad ha recorrido en ese sentido, determinar la forma de la trayectoria
y la relación de las partes con el todo, aunque con tan poca seguridad como si
quisiéramos establecer el curso que el sol y todo el cortejo de sus satélites siguen en
el gran sistema de las estrellas fijas, a partir de las observaciones hasta ahora
realizadas” (Idea, VIII, 51).
Así pues, en tanto en cuanto se desarrolle la historia empíricamente concebida, podría
decirse, se desarrolla la idea de una historia Universal, conforme al plan de la Naturaleza.
Mejor aún, el filósofo no puede abandonarse, pues, a su recinto a continuar pensando en
dicha idea, todo lo contrario, sólo puede desarrollar dicha idea a partir de la investigación
histórica concreta, no obstante, como se dijo al comienzo, abandonando su inmediatez
interpretativa.
c) Perspectiva en “Reiteración”: continuidades, matices, rupturas.
Para finalizar, en adelante intento examinar el ensayo “Reiteración” a la luz de la
perspectiva filosófica caracterizada anteriormente; a partir de ello, sugiero que es posible
entender las consideraciones metodológicas planteadas allí, como una continuidad de dicha
perspectiva.
Sin embargo, a manera de contexto, iniciemos diciendo que si bien en este ensayo, Kant
retoma la cuestión del progreso moral, ya en textos anteriores, había dado una respuesta a
ello:
“Puesto que, desde el punto de vista de la cultura, el género humano está en
constante avance, porque ese progreso constituye su fin natural, también desde el
punto de vista de la meta moral de su existencia, deberá hallarse avanzando hacia lo
mejor. Como es natural, dicho progreso puede, ocasionalmente, interrumpirse, pero
jamás suspenderse (…) Y por incierto que esté y siga estando con respecto a la
cuestión de si se puede esperar que el género humano progrese, esa incertidumbre
no podrá quebrar la máxima ni el supuesto de tal hipótesis, a saber, que esa
convicción es factible” (E. Kant, Teoría y práctica en el derecho internacional 1964,
172-173).
El anterior fragmento, podría decirse, se pone de plano la debilidad de la hipótesis, esto
es, una comprobación empírica; de este modo, podemos pensar, se pone de plano la
necesidad de su aplicación en la investigación histórica concreta. Ahora bien, a
continuación reconstruyo brevemente la primera parte del ensayo “Reiteración”, donde el
autor delimita las condiciones de su investigación.
Pues bien, si se habla del progreso moral del género humano, se habla entonces de
realizar una historia profética, en tanto que ésta se refiere al futuro de la historia humana.
No obstante -nos dice el autor- para los seres humanos, dicha historia profética no puede
ser un conocimiento exacto, en el sentido de que éste sólo es posible, bien como observada
por el Ojo divino, bien como una revelación de la divinidad al profeta. De manera que, por
lo menos para los hombres, no puede ser conocimiento exacto y por lo tanto, habrá de
tener un carácter adivinatorio (cf. Reiteración, I). Ya en esta consideración inicial, es clara la
preocupación por determinar cuáles son los alcances –epistemológicamente-, de nuestro
conocimiento sobre la historia. En efecto, cualquiera puede decir cualquier cosa sobre el
futuro, cualquiera. Y, sin embargo, Kant está indagando cuáles son realmente las
condiciones en las que podemos decir algo sobre el futuro, de modo que tengamos razones
para hacerlo. Dicho de otro modo, ya que no podemos referirlas a ninguna intuición en
sentido propio (sólo en la revelación divina como Juan en el apocalipsis), el problema es
precisar cuáles condiciones debe cumplir, no cualquiera, sino una buena profecía.
La candidata inmediata al problema de una buena profecía, es la experiencia: suponer
que las cosas pasarán como han venido pasando. Sin embargo, dice Kant, no es posible
encontrar una continuidad en la acción humana pasada, y aún si se encontrara, no sería
posible afirmar con base en ello lo que seguirá sucediendo pues nos referimos a seres cuya
acción es libre (cf. Reiteración, IV, 3). En ese sentido, la posibilidad de una historia profética
debe ubicarse en esa tensión: Una buena profecía sobre futuras acciones de seres libres.
Al respecto, Kant distingue una posibilidad para realizar la historia profética. Ella
misma sólo es posible si “el profeta mismo hace y dispone los acontecimientos que anuncia
de antemano” (Reiteración, II, 180). Acudiendo a 3 ejemplos pretende demostrar que lo
anterior no sólo es válido, sino comprobable: Los profetas judíos, los políticos y los
eclesiásticos, hacen buenas profecías o realizan predicciones afortunadas. Por supuesto, no
predicen acontecimientos exactos y referidos a tiempos concretos, sino acontecimientos
más generales, del tipo de rumbos, tendencias o destinos. De este modo, uno podría decir,
pues, que los profetas judíos no son tan buenos para profetizar sobre el futuro del pueblo
ruso o chino, como lo son respecto al futuro de su propio pueblo. Es decir, la razón por la
cual sus profecías son afortunadas es simple: los profetas judíos son conductores de su
propio pueblo, los políticos tienen influencia y coaccionan a los hombres, y los eclesiásticos
convierten las creencias de los hombres dado que, se supone, tienen influencia en ellos.
Sin embargo, este ejemplo no permite justificar con claridad, cómo puede Kant predecir
si el género humano se encuentra en constante progreso. Al respecto, creo que puede
interpretarse de dos maneras:
Por un lado, podríamos atenernos con rigurosidad a los términos “hacer”, “disponer”, y
“ser el autor”, que están presentes en el ejemplo y su carácter es el de ser las condiciones
para. Si lo leemos así, es posible afirmar que la investigación de Kant no presenta las
mismas condiciones que presenta en su argumento. Es decir, que no podría afirmarse que
Kant, así como los profetas judíos, políticos y eclesiásticos, puede realizar una buena
profecía sobre la cuestión del progreso moral en el género humano. Ya que, sencillamente,
Kant no es el autor ni dispone de los acontecimientos correspondientes al conjunto de
seres humanos. En ese sentido, parecieran cerrarse las puertas para poder hacer una buena
profecía.
Por otro lado, sin embargo, creo que podríamos hacer otra lectura, mucho más amable
con el argumento.
En la traducción al inglés vemos: “But how is a history a priori possible? Answer: if the
diviner himself creates and contrives the events which he announces in advance” (I. Kant
1979, 143). Acá hacemos énfasis en el verbo “contrive”
5
, que en español quiere decir:
ideárselas, ingeniárselas para. En la traducción al español, hacemos énfasis en el verbo
disponer, que significa “colocar, poner algo en orden y situación conveniente”. Bajo estas
consideraciones, otra lectura se hace posible:
Podríamos decir que aún si los profetas judíos no hicieran esas profecías, un
observador que conociera sus influencias, la manera como conducen su pueblo, podría
predecir lo mismo que ellos, a saber, el hundimiento de su Estado; y dicho profeta tendría
buenas posibilidades de acertar. Con ello quiero decir, que en un sentido, el ejemplo lo que
nos dice es que, quien conoce la causa, puede conocer el efecto. Y, tal vez, éste sea el sentido
de disponer los acontecimientos: disponerlos en un orden lógico, causal.
Pero, acá aún se encierra algo más. Si pensamos en el caso de los profetas judíos,
podríamos decir que, la profecía sobre el declive de su Estado supone conocer dos cosas:
(1) las acciones de los sacerdotes los van a llevar allá, en tanto que (2) ellos tienen un rango
de determinación. Si no lo tuviesen, no sería posible conectar sus malas orientaciones, con
el futuro del pueblo judío.
Así pues, de nuevo, a primera vista el argumento vuelve a oscurecerse, pues los seres
humanos no tienen conductores universales, grupos de personas que puedan influenciarlos
a todos. Pero, sólo falta recordar que el objeto de la reflexión es el género humano. De este
modo, entonces, fácilmente se puede advertir: “en el género humano tiene que acaecer
alguna experiencia que, como acontecimiento, se refiere a cierta aptitud y facultad de ser
causa de su progreso a lo mejor” (Reiteración, V, 184). Ya que, las únicas determinaciones
que puede tener el género humano en conjunto y universalmente, son sus determinaciones
naturales. Esto es, sus disposiciones originarias.
Así pues, desde esta lectura, sugiero que podemos encontrar una continuidad en los
planteamientos, al interpretar esta búsqueda en el pasado humano de una tendencia moral,
como una comprobación de la hipótesis. Kant supone que dicha tendencia sería causa del

5
Ver: http://dictionary.cambridge.org/dictionary/english-spanish/contrive?q=contrive
progreso moral, y allí puede advertirse ya, la presencia del principio teleológico de la
naturaleza.
Recordemos: en el marco de la hipótesis, se estableció que en el plan de la Naturaleza
está la realización del ser humano. Pero, ¿dicha realización implica un progreso moral?
Bajo el rigor de la hipótesis, podría decirse que sí. Pero, así, no superaríamos ese saber
hipotético. Por consiguiente, lo que se requiere es, no solamente afirmar dicha realización,
sino comprobar empíricamente a la misma. Aunque, esto no es posible siempre, pues la
tendencia moral sólo se manifiesta en determinadas circunstancias, de manera que nuestra
comprobación está sujeta al momento en que se realiza.
Quizás, podemos verlo, como que, mientras en 1785 nuestro autor advirtió “ahora se
trata de saber si la experiencia descubre algo de la marcha de semejante intención de la
naturaleza. Digo que muy poco”, ante los acontecimientos Europeos, en 1798, al afrontar
de nuevo la cuestión del progreso moral, pensó que la situación había cambiado. En efecto,
el entusiasmo de la revolución francesa (1789) constituye para nuestro filósofo, el síntoma,
la manifestación de la tendencia moral en el género humano.
Habida cuenta de lo anterior, creo que existen razones para pensar que la perspectiva
filosófica constituye un todo a lo largo de la filosofía kantiana de la historia, cuyas dos
dimensiones fundamentales serían la actitud reflexiva y la investigación empírica concreta.
Finalicemos, diciendo que el propósito de toda la propuesta kantiana, se inclina más al
campo práctico que al teórico. Tenemos la impresión de que su prioridad parece ser el de la
utilidad de dicho conocimiento, y por ello conserva la esperanza de que, habida cuenta de
este conocimiento, podamos acelerar el tortuoso camino del progreso:
“En la naturaleza humana está implícito lo siguiente: no sentir indiferencia frente a
las épocas, inclusive las más lejanas, a que ha de llegar nuestra especie, con tal de
que se las pueda esperar con seguridad” (Idea, VIII, 52).


Bibliografía
Cassirer, Ernst. Kant, vida y doctrina. Fondo de cultura económica, 1948.
Estiú, Emilio. "La filosofia Kantiana de la historia." In FILOSOFIA DE LA HISTORIA, by Kant
Emmanuel, translated by Emilio Estiú . Buenos Aires: Nova, 1964.
Hernandez del Alba, Gonzalo. "La historia en la filosofia de Kant." Ideas y Valores, no. 51-52
(1978): 75-92.
Kant, Emmanuel. "Idea de una historia universal desde el punto de vista cosmopolita." In
FILOSOFIA DE LA HISTORIA, translated by Emilio Estiú. Buenos Aires: Nova, 1964.
Kant, Emmanuel. "Reiteración de la pregunta de si el género humano se halla en constante
progreso hacia lo mejor." In FILOSOFIA DE LA HISTORIA, translated by Emilio Estiú.
Buenos Aires: Nova, 1964.
Kant, Emmanuel. "Sobre las relaciones entre la teoría y la práctica en el derecho
internacinoal, consideradas desde un punto de vista filantrópico-universal, es decir
cosmopolita." In FILOSOFIA DE LA HISTORIA, translated by Emilio Estiú. Buenos
Aires: Nova, 1964.
Kant, Immanuel. The conflict of the faculties. Translated by Mary J Gregor. Abaris Books,
1979.
Ureña, Enrique. La critica kantiana de la sociedad y de la religion : Kant, predecesor de Marx
y Freud. Madrid: Tecnos, 1979.