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HISTORIA DEL DERECHO ESPAÑOL
Ester Lejárraga Ordóñez.

Comentarios de texto
Nº 1:
…”De los pueblos vecinos, el más culto es el de los vacceos. Estos, en efecto,
dividiéndose entre sí cada año la tierra, la cultivan y haciendo comunes sus frutos para todos;
asignan a cada uno su parte y para los agricultores que sustraen algún producto en provecho
propio, tienen establecida la muerte como pena”. Diodoro de Sicilia. Biblioteca Histórica.

El Historiador griego, Diodoro de Sicilia, compuso su obra Biblioteca Histórica, de
varios volúmenes, en base a sus investigaciones históricas. El texto, de naturaleza descriptiva y
recopilatoria, nos describe cierta actividad agraria de los pueblos vacceos. Estos pueblos
albergaron parte de la meseta central occidental de la Península Ibérica; si bien a veces se
designa con el nombre de celtíberos- que en el año 1000 a.C ya hicieron su incursión en tierras
peninsulares - a los pueblos de toda la meseta, cabe ubicar aquellos entre ese período
cronológico hasta el 600 a. C con la aparición de otro pueblo, los beribraces, añadido a los
pueblos ya existentes, entre ellos los vacceos.
El extracto de la obra de Diodoro de Sicilia que nos ocupa nos acerca cierta notoriedad
que obtuvo este pueblo al crear una especie de colectivismo agrario que consistía en dividir los
campos, trabajarlos y posteriormente poner en común la cosecha asignando a cada uno lo
necesario para su manutención. Independientemente de las críticas que algunos autores realizan
de la descripción del Historiador griego, se desprende del relato la aparición de un, llamémosle,
primitivo Derecho consuetudinario dada la actividad de los pueblos vacceos, su organización y
normas así como la pertenencia de una conciencia de obligatoriedad atendiendo a la descripción
del texto sobre la muerte como pena para los que no cumplen lo establecido.
En cuanto a la fiabilidad del texto conviene tener presente que la Biblioteca Histórica
resulta de un compendio de fuentes necesarias a la hora de componer la obra. Teniendo en
cuenta esta consideración es necesario mencionar las divergencias que mantienen algunos
autores al afirmar que las clases y estratos sociales diferenciados así como la existencia de una
casta dominante ya eran presentes en la época de los vacceos, con lo cual no era muy oportuno
argumentar que hubiera una práctica agraria, que, de cumplirse estrictamente, desembocara en
una supuesta inexistencia de ricos y pobres.
Las posibles figuras jurídicas presentes en el texto tienen relación con la ocupación del
pueblo (agricultor), la finalidad de la actividad agrícola (repartición equitativa) y el
incumplimiento de lo establecido (muerte como pena). Por tanto, se ven representados por un
lado, el estrato social de los habitantes y el uso y costumbre aplicados, por el otro. Estas
costumbres se vislumbran en el objetivo de la labranza y la cosecha futura que consiste en la
repartición de la misma a cada vacceo en función de sus necesidades, al igual que la ejecución
de la muerte como pena en los casos de incumplimiento de lo anterior. Esta última apreciación
indicaría, desde mi punto de vista, otro grupo o estrato social, no mencionado en este extracto
del Historiador, que sería el correspondiente a los que llevan a cabo la pena o al menos, la hacen
cumplir. Conclusión que saco al no quedar muy claro si se deben dar muerte ellos mismos o el
pueblo interioriza esa convicción y los obliga a ello.
En resumen, los pueblos vacceos se organizaban de forma que existiera un trabajo, en
principio para todos, del cual sacar un provecho en beneficio de la comunidad. El cumplimiento
de estas normas tenía asegurado el sustento y el alimento para el tiempo oportuno. Por el
contrario su incumplimiento tenía castigo. Los pueblos vacceos característicamente agricultores,
con excedentes de trigo incluso, ocuparon también su actividad en labores pastoriles. Se deduce,
pues, que para llegar a realizar estas funciones se necesitaba de una fuerte organización social y
normativa que guiara las labores productivas de manera satisfactoria para conseguir el fin
estipulado. Al igual que en nuestras sociedades actuales, aquellos comportamientos atípicos o
desviados, son reconducidos o eliminados. Y en el caso de los vacceos la muerte era una
respuesta al que infringía lo concertado.
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Nº 2:
…”Cosas extrañas han sido vistas, y descritas otras muchas, en todos los pueblos de
Iberia en general, pero sobre todo, en los septentrionales.
… Las mujeres cultivan la tierra; apenas han dado a luz, ceden el lecho a sus maridos y
los cuidan. Con frecuencia paren en plena labor y lavan al recién nacido inclinándose sobre la
corriente de un arroyo, envolviéndole luego”. Estrabón. Geografía. III, 4, 17.

“Entre los cántabros, es el hombre quien dota a la mujer y son las mujeres quienes
heredan y se preocupan de casar a sus hermanos. Esto constituye una especie de ginecocracia,
régimen que no es ciertamente civilizado”. Estrabón. Geografía. III, 4, 18.

Los textos presentes proceden de la obra de Estragón titulada Geografía compuesta por
varios volúmenes que describen el mundo desde sus observaciones como viajero. El autor,
nacido en Grecia por el año 64 a. C, es considerado como un gran viajero y historiador que
plasmó en su obra más conocida detalles importantes de la antigüedad. No obstante, en lo que
respecta a la elaboración del tercer volumen cabe señalar que nuestro autor no fue testigo
directo de las costumbres y los pueblos de Iberia sino que basó sus escritos en fuentes externas
que visitaron la Península.
Las reseñas de la obra, comprendidas en el volumen III de la misma, explican el papel
de la mujer en los pueblos de Iberia, concretamente los cántabros. Es posible afirmar que
existiera por aquél entonces una sociedad matriarcal en el pueblo cántabro gracias a la fuerza
física de las mujeres, como se aprecia en el relato referente al parto. Ya en los tiempos
primitivos habían regimenes matriarcales pudiéndose desarrollar posteriormente por los pueblos
del norte, como describe Estrabón. Estas sociedades matriarcales se caracterizaban por ser
matrilineales, es decir, un sistema de descendencia definido por la línea materna. La autoridad,
en estos casos, era ejercida por el tío, al estar por aquel entonces en vigor la institución del
avunculado. El marido al casarse abandonaba su casa y a su familia y no se consideraba varón
principal. Otra institución, al parecer también en vigor por la época, fue la covada a la cual hace
referencia el autor de Geografía en el primer texto. El significado de la covada era reafirmar el
papel o legitimidad del padre para con su vástago recién nacido.
Durante los textos aparecen instituciones y personas jurídicas relativas al matrimonio –
marido y mujer - , casamiento y herencia. Se hace alusión a una posible ginecocracia que
estipularía el tipo de autoridad vigente en los pueblos cántabros.
En otros pueblos y tribus era necesario una organización propia y la creación de un
orden que repartiera funciones en cuanto a la tarea colectiva. En las actividades más primitivas,
como la cazadora, se otorgaba al hombre el papel principal por la fortaleza física que debía
poseer para la mencionada labor. Esta característica también propia de las mujeres en los
pueblos cántabros pudo desvincular del poder al hombre para ocupar su figura primordial en
determinadas regiones. Este régimen femenino ya presente en pueblos primitivos, en algunos
actuales por época de los cántabros e incluso posteriores a ellos, es catalogado por Estrabón (o
en todo caso, por las fuentes de las que se sirvió para redactarlo) por un régimen no ciertamente
civilizado. Esta apreciación se supone de las escasas sociedades matriarcales que continuaron
en vigor a pesar del tiempo y de la superioridad masculina y patriarcal más acorde con los
pueblos de entonces dada su generalidad. Resulta ahora extraño acuñar la expresión del autor,
“no civilizado”, para distinguir ése régimen de otros, ya que la organización social e incluso
jurídica no parece tener motivos para verse cuestionada en una sociedad cuya figura principal
sea una mujer.
Teniendo en consideración las antiguas sociedades matriarcales, ya desde las culturas
agrícolas del Neolítico hasta – me atrevo a decir – sociedades tribales de nuestro siglo, resulta
constatable la efectividad en las funciones de desarrollo y ejecución de las normas pudiendo ser
objeto de crítica pero no por ello mayor con respecto a las patriarcales.




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Nº 3:
…”Hoy día, no se aprecia ninguna diferencia entre ambos pueblos (turdetanos y
túrdulos). Tienen fama de ser los más cultos de los iberos: poseen gramatiké y tienen escritos
de antigua memoria, poemas y leyes en verso, que ellos dicen de seis mil años. Los iberos
tienen también su gramatiké, más esta no es uniforme, porque tampoco hablan la misma
lengua”. Estrabón. Geografía, III, I, 6.

El texto presente procede de la obra de Estragón titulada Geografía compuesta por
varios volúmenes que describen el mundo desde sus observaciones como viajero. El autor,
nacido en Grecia por el año 64 a. C, es considerado como un gran viajero y historiador que
plasmó en su obra más conocida detalles importantes de la antigüedad. No obstante, en lo que
respecta a la elaboración del tercer volumen cabe señalar que nuestro autor no fue testigo
directo de las costumbres y los pueblos de Iberia sino que basó sus escritos en fuentes externas
que visitaron la Península.
En estas líneas Estrabón nos describe parte de la cultura escrita y oral de los pueblos
turdetanos y túrdulos. La civilización de estos pueblos, también identificados por algunos
autores con los tartessos (nombre que suelen aplicar los autores antiguos que no visitaron la
Península), resulta posterior a la de los tartesios que ya destacaban por su desarrollo en las áreas
económicas, culturales y políticas. Al igual que ellos los turdetanos y túrdulos, unidos por sus
características y organización similar, mantuvieron igualmente esa actividad acompañada de
una intensa labor pesquera, agrícola y minera, entre otras, que sería precedente para que la
región se poblara intensamente. Por otro lado, el autor compara a los túrdulos con los íberos en
cuanto a la gramatiké de ambas culturas. Este dato resulta importante ya que resalta la escritura
presente en los pueblos meridionales y orientales aspecto éste que pone en común las
influencias que los dos tuvieron tanto por parte de griegos como de fenicios. No obstante, esa
posible acepción del texto en cuanto a la no uniformidad de la gramatiké íbera deba referirse a
la variedad de pueblos que componían el área ibérica, extensión que abarcaba desde el norte de
los Pirineos, a lo largo de la costa Mediterránea hasta Murcia. Estos pueblos, cosetanos,
indigetes, iacetanos, contestanos y más, mantenían una cultura ibérica en común lo que supone
que también se mantendría un lenguaje similar pero con variantes, de ahí la poca uniformidad de
la que habla Estrabón.
En los textos aparece nombrada la norma o normas jurídicas “leyes en verso”, que
indica la existencia en los turdetanos y túrdulos la aparición de la ley que además afirmaban
tener de hace miles de años. Esta perdurabilidad en el tiempo, independientemente de los años,
quizá se deba a la influencia anteriormente comentada que mantuvieron estas culturas y sobre
todo de las relaciones mantenidas con los pueblos del Mediterráneo oriental que ya poseían
leyes. Sin embargo, las leyes turdetanas reflejaban aspectos mitológicos entremezclados con los
reales que indicarían, una vez más, las huellas de otros pueblos.
Como en otras culturas, pueblos, tribus o etnias, la organización de cualquier grupo y
comunidad es esencial a la hora de mantener un orden, asignar trabajos, realizar labores y
conseguir la cohesión social, en definitiva. La rica variedad cultural supone un cúmulo de
herencias que van desarrollándose y evolucionando a lo largo de los siglos, sirviendo como base
a una estructura jurídica de gran valor, hasta nuestros días.
La cultura turdetana y túrdula así como la relativa a los pueblos de Iberia significaron
un apoyo más a la creación de legislación, siendo en las primeras escrita en verso, procedente de
otros pueblos. Debido a la actividad turdetana o túrdula el derecho “en verso” constituía un pilar
fundamental en la creación de estas sociedades meridionales, con fuerte proyección futura en
cuanto a su economía. Al considerarse como una región de las más prósperas parece incompleta
su concepción sin un derecho legislado que la mantuviera.





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Nº 4:
“El día cuatro de las nonas de marzo, siendo el cesar emperador (Augusto) cónsul por
decimotercera vez, Acces, hijo de Licirnio, de la ciudad de Intercatia, hizo pacto de
hospitalidad con la ciudad de Palencia, para él sus hijos y su posterioridad. Por medio de
Annenio Amedio, interviniendo el magistrado de los Flaisico, y en casa de Annio, hijo de
Caenecaeno”.

Las líneas arriba escritas carecen de fuente aparente que determinen si se trata de una
fuente directa o indirecta, por ello me detendré a comentar el texto obviando ese aspecto.
El Hospitium es una antigua práctica indo-europea bien conocida en Iberia en la que se
establece una relación muy estrecha entre patrono y cliente estando muy ligada al mundo de la
guerra. La hospitalidad en teoría consistía en un acto por el cual se daba asilo o alguna forma de
adopción a los extranjeros, como individuos, miembros de ciudades o grupos familiares en
igualdad con los nativos. Estas prácticas primitivas de la Península continuarán en época
romana, como apreciamos en el texto.
Los pueblos indígenas no asignaron, al menos no se tiene constancia, ningún nombre a
las comunidades políticas propias. Debido a ello los romanos les atribuyeron el nombre de tribu
o gens. Por otro lado, también se encuentra el nombre de gentilidades o parentelas una especie
de clan o grupo suprafamiliar con importancia en la vida pública. Los individuos pertenecientes
a cada comunidad eran portadores del derecho correspondiente por pertenecer a determinado
grupo. La existencia de estos grupos de gentilidades, incluidos en una gens más amplia, afectaba
a la cohesión de la comunidad política organizada por cierta tendencia de estos clanes a
mantenerse herméticos e insolidarios. Para evitar, en cierto modo, esta situación se creó –
aunque ya existente en otra práctica – la institución jurídica llamada hospitalidad (u hospicio)
que ampliaba la protección social y jurídica de una gentilidad ajena a otra. Estos pactos podían
efectuarse con un solo individuo, que pasaría a formar parte del grupo con todos los derechos
pertenecientes al clan en cuestión, o bien se llevaban a cabo entre grupos gentilicios en los que
todos sus miembros quedaban equiparados jurídicamente.
Estos pactos quedaban reflejados por escrito, como el texto que nos ocupa, en el que se
indicaba el acuerdo entre los grupos o parientes y los beneficios que se les atribuían tanto para
el que suscribía como para sus descendientes. En nuestro caso un pacto entre un particular y una
comunidad, en concreto con la ciudad de Palencia. Normalmente estos acuerdos eran
autorizados por la figura jurídica del magistrado de la gens dado que era un acto que afectaba al
conjunto de la comunidad política.
No obstante, estas prácticas al margen de su relación con nuestro texto, fueron usadas
por los romanos de similar forma pero en el ámbito militar. Lo que se conoce con el calificativo
de clientela militar y devotio. La clientela militar significó un pacto entre los pueblos y el estado
romano con fines bélicos, ya que se acordaba la fidelidad de los primeros para ayudar y
combatir en las guerras. A cambio estos recibían apoyo y sustento del patrono.
En ambos casos la hospitalidad adquirió un papel relevante en la expansión y proceso
romanizador.














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Nº 5:
“Los Derechos del pueblo romano constan de leyes, plebiscitos, senadoconsultos,
constituciones de los príncipes, edictos de los que tiene derecho a dar edictos y respuestas de
los prudentes”. Gaio, “Instituciones” (S.II).

La obra de Gaio, que abarca cuatro libros, pertenece a la Época Clásica de Occidente.
Gaio era un jurista romano perteneciente a esa época (algunos autores lo consideran como
simple escritor de manuales de derecho) cuya obra principalmente se usó con fines docentes. No
obstante, el interés sobre el derecho romano era patente en sus obras por ello consisten en una
referencia valiosa para historiadores posteriores.
La enumeración de derechos en las líneas del texto de Gaio pertenecen al Derecho que a
lo largo del tiempo en Roma fue evolucionando. El Derecho hace referencia a la concordancia
que con la ley o la moral corresponden determinados actos. Ya entonces los romanos
distinguieron el ius naturale (derivado de lo que la naturaleza enseña), el ius Pentium (el usado
por los pueblos), el ius civile (lo que se estima lícito por decisiones judiciales) e ius honorarium
(fijado por los magistrados). El precepto establecido por la autoridad recibía el nombre de ley
(lex). Las leyes eran dictadas por el pueblo reunido en los comicios a instancias de un
magistrado recibiendo el nombre de lex rogata mientras que si los comicios delegaban en el
magistrado la facultad legislativa la ley se denominaba lex data. El magistrado por sí sólo no
podía legislar así que el edicto significaba su forma de pronunciamiento que definía el marco
jurídico de su actuación.
Por un lado, los senadoconsultos gozaban de autoridad semejante a la ley y eran
establecidos por el Senado. En cuanto a las constituciones de los príncipes que menciona el
autor romano correspondían a las disposiciones por las que los emperadores romanos hacían
reglas referidas a la legislación o sobre la condición jurídica de alguna persona en particular. De
otro lado, se encontraban las respuestas de los prudentes, que se fundamentaba en la resolución
– mediante un pretor – de los conflictos entre particulares. Por último, los plebiscitos en el
antiguo Derecho romano abarcaban las disposiciones que eran ordenadas y establecidas por la
plebe (grupo social de inferior jerarquía en Roma).
Las normas jurídicas del texto corresponden a la ley, las constituciones de los príncipes
los plebiscitos, los senadoconsultos, los edictos y las respuestas de los prudentes. Como
institución jurídica se puede apreciar al Senado- indirectamente – por el establecimiento de los
senadoconsultos. Como figura jurídica puede distinguirse al magistrado, con capacidad de
establecer edictos e incluso lex data.
Todos los derechos romanos que bien enumera Gaio correspondían a los ciudadanos
romanos a diferencia de los latinos, de categoría inferior y los peregrinos, considerados
extranjeros o no ciudadanos. No sería hasta la concesión de ciudadanía romana a todos los
habitantes del Imperio romano por Caracalla, en el siglo III, en los que estos derechos
incluyeran a más población que a la que en principio beneficiaba.
Olvidando estas cuestiones, cabe la pena detener la vista en el desarrollo de dichos
derechos en la antigua Roma. Si bien los senadoconsultos o las constituciones de los príncipes y
hasta la misma ley se deducen como necesarios y propios del sistema imperante, merece
especial atención, que además sirve como ejemplo de evolución, los plebiscitos. Como se ha
indicado anteriormente, los plebiscitos eran dictados por la plebe reunida en los comicios que en
principio se limitaban a resolver problemas de su clase pero que más adelante comenzaron a
tratar temas más generales. Parte de la participación popular dio pie para que muchos plebiscitos
originarios pasaran a considerarse leyes.
La evolución y desarrollo del Derecho en Roma y a lo largo del Imperio no sólo sentó
las bases de las futuras normas e instituciones jurídicas sino que dio respuesta a una sociedad,
aumentada por los años, que cada vez tuvo un papel más presente y decisivo en la aplicación del
Derecho y en la creación del mismo.




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Nº 6:
“Cneo Pompeius (imperator) hizo ciudadanos romanos, a causa de su valor, de
acuerdo con la Lex Iulia, a los siguientes soldados de caballería hispanos, en el campamento
cercano a Áscoli”. Bronce de Áscoli (a. 89 a. d. C.)

El Bronce de Áscoli es una placa inscrita de bronce que data del año 89 a. C, encontrada
en Roma en tiempos más remotos. La fuente indirecta hace referencia a las recompensas dadas
por Cneo Pompeyo Estrabón a la Turna Sallvitana en la toma de Áscoli durante la llamada
Guerra de los Aliados ó Guerra Social derivada de la sublevación de los Itálicos y que él mismo
reflejó en la placa de bronce. Con el nombre de Turna Sallvitana se denominó a un grupo de
caballería hispánica de la zona del Ebro que colaboraron con dicha toma y de la cual algunos
jinetes fueron recompensados, como indica la tablilla. Por la conservación del bronce y las
inscripciones vale concebir la fuente como fidedigna gracias a que el autor fue el que otorgó los
beneficios a los jinetes y quien comandó las tropas en la toma de Áscoli.
La norma jurídica que aparece en el escrito, Lex Iulia, regulaba muchas acciones, entre
ellas ofrecía la ciudadanía romana a aquellos ciudadanos de los municipios italianos que no se
habían levantado contra Roma durante las guerras comentadas.
Por otro lado, el imperator Cneo Pompeius también portador de título de cónsul
significaría figura jurídica más por este título que por el primero ya que poseía facultades
judiciales civiles, entre otras.
En lo que atañe al ejército, éste significó una institución capital de la España romana.
Por un lado, fueron fruto del proceso colonizador que durante largas épocas sucedió en Hispania
y por otro, el papel trascendental que ocuparon durante el proceso romanizador.
El acceso al derecho romano era propio de aquellos que eran recompensados de manera
específica con la concesión de ciudadanos. No sería hasta la concesión de Caracalla en el siglo
III de la ciudadanía a todos los habitantes del Imperio la entrada a esos derechos.
Sin embargo, es importante destacar este progreso en la adquisición de la ciudadanía por
la población española (anterior a Caracalla) ya que esa concesión abría las puertas a la hora de
desempeñar magistraturas municipales ampliándose a lo largo de los años. Previa a la obtención
de ciudadanía era también la estipulación del derecho latino tanto a individuos aislados como a
grupos enteros. Estos derechos a su vez daban paso a otros una vez ostentados los cargos como
el de magistrado municipal.
Volviendo al ejército romano, éste se organizó en tiempos primitivos como una milicia
ciudadana compuesta por personas civiles de pleno derecho pero reclutadas forzosamente. Eran
alejados de este reclutamiento gente sin fortuna y sin propiedades. Más adelante esto cambió y
se incluyó a parte de esta población, en un principio descartada, al igual que se incorporaron
aliados itálicos y soldados indígenas de las provincias bajo la influencia romana.
Los hispanos también fueron reclutados en ocasiones forzosamente e incluso
colaboraron como mercenarios para Roma. Parte de estas incorporaciones y actuaciones
hispanas en el ejército son reflejadas en la tabla de bronce.
Las colonias de soldados asentadas con posterioridad y por largos periodos de tiempo
en territorio hispano simbolizaron en los militares y descendientes un papel determinante en el
proceso romanizador.
Pertenecer a las unidades militares (conocidas como tropas auxiliares), concretamente
de infantería y de caballería, reclutadas en España significaba en muchos casos, al término del
servicio auxiliar, una recompensa con privilegios varios y la concesión de ciudadanía, como el
ejemplo de la Lex Iulia aplicada por Pompeius.
El papel militar hispano resultó, pues, determinante en futuras modificaciones
estructurales del ejército que siguieron manteniendo en el territorio pero con mucha más
distinción y relevancia ante ataques futuros.