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Esbozo de un análisis de las prácticas alimentarias como
dispositivo de disciplinamiento
Por: Juan Carlos Escobar Rivera
Maestría en Ciencias Sociales UNLP

Seminario Historia Social del Cuerpo
Magíster Marina Tampini
2013

El significado cultural de la alimentación
Comer es más que ingerir alimentos, comer es aceptar en nuestro cuerpo algo que
significa algo para nosotros.
Fernández-Armesto (2004) afirma que el primer hecho cultural del hombre fue
aprender a utilizar el fuego para cocinar sus alimentos. Desde entonces,
convertimos la naturaleza en comida y nos alimentamos de ella.
El principio de incorporación alimentaria del que habla Fischler (1990) constituye el
acto de introducir en nuestro cuerpo sustancias o alimentos que culturalmente
tienen un sentido de alimentación para nosotros. Si un alimento no significa
comida para el que va a comer se abstiene de ingerirlo, así éste pueda ser
comestible. Es por eso que este antropólogo francés sostiene que las prácticas
alimentarias constituyen un sistema cultural en el cual estamos inmersos y nos
permiten identificar qué es comida y qué no lo es. También, legitima unos
alimentos sobre otros y elimina la incertidumbre al que se ve abocado el comensal
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moderno a la hora de elegir entre productos que le son desconocidos y aquellos
que le son familiares, llamada por él la paradoja del omnívoro.
Antes de continuar este discurso defino a las prácticas alimentarias como “el
conjunto de acciones y relaciones sociales que se estructuran en torno al acto
central de ingesta de sustancias alimentarias que puede o no estar relacionado a
la perpetuación del organismo vivo.” (Rios, 2012) Esto indica, como lo ha
sostenido Gracia Arnaiz (2005) y otros estudiosos de la alimentación, que
comemos no solo para sobrevivir sino para definir y afirmar nuestra identidad
cultural, diferenciarnos culturalmente de otros y hacer parte de una comunidad,
entre otros sentidos.
Comemos para vivir y al hacerlo “nos nutrimos no solo de alimento sino también
del imaginario” (Fischler 1990).
Ahora bien, más allá de todo el referente simbólico de la alimentación hay un
hecho concreto y palpable y es que los alimentos hacen parte y dan forma a
nuestro cuerpo.
El cuerpo y las prácticas alimentarias
Somos lo que comemos, dice un viejo proverbio alemán pero pocos saben lo que
esto significa. El acto de alimentarse constituye un acto tan común para el
comensal moderno que pocas veces lo analiza críticamente. Comer es la principal
forma de intervenir en nuestro cuerpo.
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Desde la antigüedad, comer y beber han sido una de las formas de controlar los
placeres y de educar moralmente a los seres humanos. Como más adelante se
verá, la alimentación constituía, en la antigua grecia, una estrategia para hacer del
hombre una mejor persona, todo un arte de la existencia.
A través de las prácticas alimentarias damos forma a nuestro cuerpo, dominamos
nuestras pasiones o les damos rienda suelta, afirmamos nuestros gustos y con
ello nuestra identidad. Al comer nos volvemos parte del mundo y es el cuerpo la
materia concreta, y a la vez metafórica, que evidencia esa relación entre el
nosotros y la realidad.
Es el cuerpo también, como afirmaba Bourdieu (Galak 2010), límite y potencia de
lo humano e historia encarnada.
“El cuerpo —y todo lo que se relaciona con el cuerpo, la alimentación, el
clima, el sol— es el lugar de la Herkunft: sobre el cuerpo, se encuentra el
estigma de los sucesos pasados, de él nacen los deseos, los
desfallecimientos y los errores; en él se entrelazan y de pronto se expresan,
pero también en él se desatan, entran en lucha, se borran unos a otros y
continúan su inagotable conflicto.” (Foucault, 1980)
Volviendo a lo anterior, si la alimentación es la manera más básica de intervenir en
nuestro cuerpo, y si, como afirma Foucault (ibídem), todo poder es corporal;
podríamos analizar cuánto de sometimiento a un poder hay en el acto de comer, o
mejor, a las prácticas alimentarias como dispositivos de disciplinamiento.
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El poder capilar sobre los cuerpos
El poder para Foucault no es visto simplemente como una fuerza superior al sujeto
ejercida por otros que reprime la diferencia y a todo lo que se le resista. Esta
visión jurídica y violenta del poder no permite muchas veces ver cómo opera el
control social en la época contemporánea.
Si bien, la represión es la forma más común de quienes detentan el monopolio de
la violencia, el mercado, la publicidad y la misma sociedad ejercen un control
sobre la población con mecanismos más positivos que negativos.
Foucault (1984) define a las disciplinas como aquellos “métodos que permiten el
control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción
constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad”. El
poder se convierte en disciplina al momento de entrar operar sobre los cuerpos de
los sujetos.
El poder disciplinario “fabrica individuos” (ibídem), nombra, diferencia y objetiviza
las relaciones entre unos y otros. El sujeto “sujetado” es objeto y efecto de la
disciplina, es afectado por ella y pasa a afectar a los demás con ella.
Hay que aclarar que el poder no es un bien o propiedad que responde al mandato
de alguien, es más bien una red de puntos que se conectan entre ellos y le dan un
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sentido a algo, “es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja
en una sociedad dada.” (Foucault 1980)
Ahora bien, para entender la forma cómo una disciplina opera en los cuerpos a
través de las prácticas alimentarias, hay que tener presente que el poder no
reprime el gusto de las personas sino que al contrario lo potencia, uno y otro “se
persiguen, se encabalgan y reactivan. Se encadenan según mecanismos
complejos y positivos de excitación y de incitación.” (Ibídem)
La disciplina de la alimentación
Para ver de cerca los dispositivos de disciplinamiento que funcionan en las
prácticas alimentarias y dar cuenta de la positividad del poder que hay en ellos,
hay que explicar cómo la alimentación pasa a ser una marca de identidad para los
sujetos y se transforma en saber-conocimiento.
El régimen y la identidad del comensal
Desde la antigüedad, la preocupación por el cuerpo ha ido más allá de la estética.
A través del régimen el hombre no solo da forma a su cuerpo sino que moldea su
temperamento, su carácter y sus virtudes.
El régimen es una categoría fundamental a través de la cual puede pensarse
la conducta humana; caracteriza la forma en que se maneja la existencia y
permite fijar un conjunto de reglas para la conducta: un modo de
problematización del comportamiento, que se hace en función de una
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naturaleza que hay que preservar y a la que conviene conformarse. El
régimen es todo un arte de vivir. (Foucault 2008)
En la antigua grecia, el régimen alimenticio hacía parte de la dietética, una ciencia
de la alimentación y a la vez una tecnología del cuerpo. La dietética modera los
placeres, enseña a alimentarse y es la fuente de una vida sana y apropiada.
En la actualidad, la dietética está investida de un saber científico-médico que
legitima ciertos modos de vida sobre otros y les otorga el rótulo de “vida sana”. La
dietética también se preocupa por la buena alimentación y su relación con una
imagen corporal armoniosa y estética. La preocupación por la “buena estética” del
cuerpo se convierte así en una necesidad imperiosa del hombre moderno
promovida por los medios de comunicación y la publicidad. Los modelos
corporales a seguir son investidos de éxito, deseo y admiración por el mercado
creando de esta forma la necesidad de seguirlos e imitarlos.
Si recordamos que las prácticas alimentarias nos constituyen como seres
humanos al diferenciarnos de unos gustos e identificarnos con otros, podemos
establecer relaciones entre el régimen alimenticio, promovido por la publicidad y el
consumo, y la identidad del comensal y analizar cómo las disciplinas de la
alimentación pueden llegar no solo a moldear nuestro cuerpo sino a establecer no
un arte sino una ciencia de la existencia.
Saberes corporales versus saberes médico-científicos
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“El ejercicio del poder crea perpetuamente saber e inversamente el saber conlleva
efectos de poder.” (1980) Si el poder se materializa en saber, como dice Foucault,
es fácil entender por qué algunos pensadores contemporáneos llaman a ésta la
sociedad de conocimiento lo que indicaría que, detrás de un conocimiento, estaría
todo un andamiaje de control y sujeción de los cuerpos.
El saber hegemónico y legítimo en la actualidad es el de la ciencia, y en relación
con el cuerpo y los humanos, la medicina. El discurso médico-científico sobre la
alimentación es aceptado mundialmente y promovido como “norma” de vida tanto
por el poder económico como el político.
Los discursos sobre la alimentación toman forma de disciplina cuando ya no es la
persona la que puede decidir, y ni siquiera saber realmente, qué es bueno o malo
comer sino que tiene que recurrir a los saberes expertos para que le indiquen
cómo comportarse en cuestión alimentaria. Esta es una de las causas por las que
Fischler (2010) llama gastro-anomia a las prácticas alimentarias de hoy en día ya
que “para efectuar estas elecciones (alimentarias) no hay criterios unívocos ni
coherentes. Hay más bien un mosaico, una cacofonía de criterios propuestos, a
menudo contradictorios o disonantes. La autonomía progresa, pero con ella
progresa la anomia.”
El discurso de la ciencia no es inocente ni neutral, esconde un sustrato ideológico
y debe ser visto como construcción histórica envestida de poder a las que se la
nombra como “verdad”. El discurso médico, de hecho, no solo nombra, clasifica u
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objetiviza al cuerpo enfermo o desviado (como lo hace cualquier disciplina) sino
que es también “un proceso de construcción de la enfermedad en tanto situación
social marcada por el signo de la desviación” (Fischler 1990).
Al saber médico-científico se le oponen los saberes del cuerpo, unos saberes
dominados, ocultos, tachados de ignorancia y superstición y descalificados por la
sociedad al considerarlos premodernos y falsos. De hecho, son estos saberes del
cuerpo, relacionados al placer libre de los sentidos, a los que le declara la guerra
las disciplinas de la alimentación pues pueden ser un foco de resistencia y de
liberación.
La libertad del placer
La norma del buen comer, de la buena salud, de la clase (Bourdieu 2010)
disciplina al comensal moderno. Si se piensa con Foucault en que a través de la
alimentación el poder enseña y educa los sentidos del cuerpo antes que
reprimirlos, se entiende porqué ante la profusión de alternativas alimenticias, los
comensales siguen muchas veces la disciplina de la dietética, de lo light y de lo
moderno. Estos disciplinamientos alimenticios toman muchas veces la forma de
distinción al modo de Bourdieu ya que “una de las formas primordiales de la
conciencia de clase es la afirmación del cuerpo.” (Foucault 2005)
Para combatir la anomia a la que se ve inducido el comensal moderno por la
profusión de alimentos, y ante la dificultad del individuo de elegir una comida en la
que se vea identificado, Fischler (1990) propone creer que existe un saber propio
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del cuerpo al que hay que escuchar y que permite “redescubrir a la vez nuestros
alimentos y nuestro cuerpo.” Este conocimiento del cuerpo no tendría la forma de
una verdad interna no revelada que habita en nosotros sino que, a la manera de
los griegos, sería una educación de los sentidos y los placeres fruto de la reflexión
y la experiencia alimentaria. El autoconocimiento y la preocupación de sí son
estrategias para tener una práctica alimenticia libre de disciplinas y ataduras
normativas (Foucault 2008) que permitan disfrutar todo lo que la comida puede
ofrecer en su relación con el cuerpo.

Bibliografía
 Fernández-Armesto Felipe 2004, Historia de la comida “Alimentos, cocina y
civilización”, Tusquets editores colección cinco sentidos, Madrid España.
 Fischler Claude 1990, El Homnívoro “El gusto, la cocina, el cuerpo”,
Anagrama editores colección argumentos, Barcelona España.
 Rios Claudia 2012. La construcción de una nación pintoresca, Relatos de
viajes y cuadros de costumbres en Bogotá 1823-1852. Tesis de maestría
sin editar, Universidad de la Plata, Argentina.
 Gracia Arnaiz Mabel 2005, Alimentación y cultura: ¿Hacia un nuevo orden
alimentario?, artículo on line, consultado el 20 de octubre de 2012 en:
http://www.altavianaonline.com/web/pdf/AlimentacionCultura_MabelGracia.
pdf
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 Galak Eduardo 2010, El concepto de cuerpo en Pierre Bourdieu. Un análisis
de sus usos, sus límites y sus potencialidades, Tesis de Maestría sin editar,
Universidad de la Plata, Argentina.
 Foucault Michel 1980, Microfísica del poder, Ediciones de la Piqueta,
Madrid, España.
 Foucault Michel 1984, Vigilar y castigar, Siglo XXI editores, Madrid, España.
 Foucault Michel 2005, Historia de la sexualidad I “La voluntad del saber”,
Ediciones Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina.
 Foucault Michel 2008, Historia de la sexualidad II “El uso de los placeres”,
Ediciones Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina.
 Fischler Claude 2010, Gastro-nomía y gastro-anomia, sabiduría del cuerpo
y crisis biocultural de la alimentación moderna. Artículo web de la Gazeta
de Antropología, 2010, 26 (1), artículo 09, Consultado el 1 de diciembre de
2012 en: http://www.ugr.es/~pwlac/G26_09Claude_Fischler.html
 Bourdieu Pierre 2010, El sentido social del gusto, elementos para una
sociología de la cultura, Siglo XXI editores, Buenos Aires, Argentina.