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Juan Carlos Escobar Rivera

Maestría en Ciencias Sociales
Universidad Nacional de la Plata
Profesora, Mariana Chaves
Seminario La cuestión juvenil desde las ciencias sociales
Jóvenes y prácticas alimentarias en Argentina ¿Vivimos
tiempos Gastroanómicos?

“Tanto o más que en la palabra del intelectual
o en las obras de arte, es en la desazón de los
sentidos de la juventud donde se expresa hoy el
estremecimiento de nuestro cambio de época.”
Jesús Martín Barbero (Martín-Barbero, 1998)

Juventud
La juventud es una metáfora de la vida. La tensión de vivir, el desasosiego, el arrojo,
las locuras, las alegrías y tristezas, las estupideces; todo se vive con mayor intensidad,
más a los extremos. Si bien, son los niños quienes primeros descubren el mundo en el
que han de vivir, es en la juventud donde, de alguna forma, se toman decisiones y se
decide una gran parte del curso de nuestras vidas. Nos identificamos, nos
personalizamos a la vez que nos diferenciamos.
Han existido muchas teorías sobre la juventud, desde la vertiente psicologista que veía
a la juventud como un tiempo turbulento, pasando por la funcionalista donde la
juventud asumía los roles que la sociedad les asignaba preparándose así para la
adultez, la teoría marxista donde los jóvenes asumen una identidad de clase de
acuerdo a sus condiciones socioeconómicas de existencia, y la clasista generacional
donde los jóvenes actúan de acuerdo a la generación a la que pertenecen, entre
muchas otras teorías más. Para este trabajo será fundamental el aporte de Carleos
Feixa y José Machado para analizar las prácticas alimentarias de los jóvenes desde las
culturas juveniles a las que pertenecen.
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Como afirma la doctora Mariana Chaves (Chaves y Fidalgo, 2012), para estudiar a los
jóvenes hay que separar su dato biológico (edad) de la forma en que cada sociedad
procesa socioculturalmente esa edad ya que las juventudes son diferentes en cada
parte del mundo y es la cultura la que la define. El significado de juventud en cada
lugar dependerá de la concepción jurídica y social que tenga esa sociedad del ser
humano (Ibídem).
Para que haya juventud, siguiendo a Feixa, es necesario dos cosas: “por una parte, una
serie de condiciones sociales (es decir, normas, comportamientos e instituciones que
distingan a los jóvenes de otros grupos de edad) y, por otra parte, una serie de
imágenes culturales (es decir, valores, atributos y ritos asociados específicamente a
los jóvenes) Tanto unas como otras dependen de la estructura social en su conjunto,
es decir, de las formas de subsistencia, las instituciones políticas y las cosmovisiones
ideológicas que predominan en cada tipo de sociedad”. (1998:18).
Ahora bien, las imágenes culturales de lo juvenil son muchas veces construidas en
nuestros días por el mercado, la publicidad, la televisión. Ser joven es consumir
determinados productos, realizar ciertas prácticas, tener determinada estética
corporal y ciertas costumbres. Estas imágenes culturales de lo juvenil no son hechas
por jóvenes sino por adultos que creen que porque fueron jóvenes conocen los que
ellos piensan y sienten dejando a un lado que la sensibilidad y la forma como
enfrentan su existencia varía de acuerdo a la generación a la que pertenecen. Cae así
en lo que Machado (2003), citando a Bourdieu, llama una categoría socialmente
manipulada y manipulable, “el hecho de hablar de los jóvenes como una “unidad
social”, un grupo dotado de “intereses comunes” y de referir esos intereses a una
franja de edades constituye, ya de por sí, una evidente manipulación”
Este estudio se propone no solo analizar cómo la sociedad procesa socioculturalmente
la juventud sino sobre todo, la construcción juvenil de la cultura (Margulis y Urresti,
1998); cómo ésta es procesada por ellos y como es recreada, filtrada, deconstruida y
vuelta a armar a partir de técnicas como el bricolaje o la homología, pero también del
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sentimiento de vida y de mundo que atraviesan estos tiempos, porque como afirma
Martín-barbero (Margulis et al 1998), “si la juventud simboliza no es por la tramposa
operación del mercado sino porque ella condensa, en sus desasosiegos y desdichas
tanto en sus sueños de libertad, o en sus complicidades cognitivas y expresivas con la
lengua de las tecnologías, claves de mutación cultural que atraviesa nuestro mundo.”
Para volver a nuestro tema fundamental que son las prácticas alimentarias de los
jóvenes, necesitamos definir un concepto fundamental para este trabajo, el de culturas
juveniles que Feixa (1998) define como “la manera en que las experiencias sociales de
los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de
vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en espacios
intersticiales de la vida institucional.”
A continuación, hablaremos un poco sobre el cuerpo y las prácticas alimentarias.
Cuerpo y prácticas alimentarias
El significado cultural de la alimentación
Comer es más que ingerir alimentos, comer es aceptar en nuestro cuerpo algo que
significa para nosotros. Tal vez, por ser un acto tan rutinario y esencial para la vida,
las prácticas alimentarias son transparentes para el ser humano, pocas veces se
cuestiona sobre por qué comemos lo que comemos, por qué nos gusta hacerlo solo o
acompañado, qué significado tienen determinados platos en fechas especiales, por qué
razón preparamos los alimentos de cierta forma y no de otra.
Fernández-Armesto (2004) afirma que el primer hecho cultural del hombre fue
aprender a utilizar el fuego para cocinar sus alimentos. Desde entonces, convertimos
la naturaleza en comida y nos alimentamos de ella. Este fue uno de los temas que más
trabajó Levi-Strauss (1986), el antropólogo francés, al querer diferenciar la naturaleza
de la cultura buscando en la comida “las estructuras profundas” de las tribus
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primitivas e incluso erigiendo la comida como “un sistema de comunicación en la
medida que se constituye en una forma de intercambio.”
El principio de incorporación alimentaria del que habla Fischler (1995) constituye el
acto de introducir en nuestro cuerpo sustancias o alimentos que tienen un significado
cultural para nosotros. Si un alimento no significa comida para el que va a comer se
abstiene de ingerirlo, así éste pueda ser comestible; es por esto que este antropólogo
francés sostiene que las prácticas alimentarias constituyen un sistema cultural en el
cual estamos inmersos y nos permiten identificar qué es comida y qué no lo es.
También, legitima unos alimentos sobre otros, y elimina la incertidumbre al que se ve
abocado el comensal moderno a la hora de elegir entre productos que le son
desconocidos, y aquellos que le son familiares, llamada por él la paradoja del
omnívoro.
Bourdieau (2010) afirma que el gusto es esa capacidad “de probar y enunciar
preferencias” pero a la vez, el gusto hace parte de la historia de cada agente y actúa
como “una especie de sentido de la orientación social, (que) orienta a los ocupantes de una
determinada plaza en el espacio social hacia las posiciones sociales ajustadas a sus
propiedades, hacia las prácticas o los bienes que convienen –que les van – a los ocupantes de
esa posición” (BourdeauBourdieu, 1988). Es así como diferencia al gusto de necesidad, el
de las personas pertenecientes a las clases populares y carentes de una educación de
los sentidos y del paladar que prefieren el contenido a la forma; del gusto de libertad o
lujo, el de aquellos que cuentan con un capital cultural para apreciar una diversa
variedad de sabores y por su contexto socioeconómico pueden probar comidas ajenas
a su entorno cultural más inmediato y buscan comidas refinadas. BourdeauBourdieu
será importante a la hora de analizar las prácticas alimentarias de los jóvenes de una
forma historizada y socioeconómicamente referenciada.
Para aclarar mejor los términos es necesario definir a las prácticas alimentarias como
“el conjunto de acciones y relaciones sociales que se estructuran en torno al acto
central de ingesta de sustancias alimentarias que puede o no estar relacionado a la
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perpetuación del organismo vivo.” (Marschoff, 2011) Esto indica, como lo ha
sostenido Gracia Arnaiz (2009) y otros estudiosos de la alimentación, que comemos
no solo para sobrevivir sino para definir y afirmar nuestra identidad cultural,
diferenciarnos culturalmente de otros y hacer parte de una comunidad, entre otros
sentidos.
Comemos para vivir y al hacerlo “nos nutrimos no solo de alimento sino también del
imaginario” (Fischler 1995). Así mismo, al escoger nuestros alimentos, y más aún al
prepararlos, se perpetúa una memoria, se define un estilo corporal, se evidencia un
capital cultural en el sentido de BourdeauBourdieu y es a la vez espacio de creación o
reproducción de ciertas prácticas juveniles.
Ahora bien, más allá de todo el referente simbólico de la alimentación hay un hecho
concreto y palpable y es que los alimentos hacen parte y dan forma a nuestro cuerpo,
para ser más exactos, la comida es la principal y más básica forma de intervenir en él.
El cuerpo del comensal
Somos lo que comemos, dice un viejo proverbio alemán pero pocos saben lo que esto
significa. El acto de alimentarse constituye un acto tan común para el comensal
moderno que pocas veces se lo analiza críticamente.
Desde la antigüedad, comer y beber han sido una de las formas de controlar los
placeres y de educar moralmente a los seres humanos. Como más adelante se verá, la
alimentación constituía, en la antigua grecia, una estrategia para hacer del hombre
una mejor persona, todo un arte de la existencia (Foucault, 2008).
A través de las prácticas alimentarias damos forma a nuestro cuerpo, dominamos
nuestras pasiones o les damos rienda suelta, afirmamos nuestros gustos y con ello
nuestra identidad. Al comer nos volvemos parte del mundo y es el cuerpo la materia
concreta, y a la vez metafórica, que evidencia esa relación entre el nosotros y la
realidad.
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Es el cuerpo también, como afirmaba Bourdieu (Galak, 2010), límite y potencia de lo
humano e historia encarnada. La idea de totalidad incorporada se expresa mejor en
las palabras de Foucault para quien “el cuerpo —y todo lo que se relaciona con el
cuerpo, la alimentación, el clima, el sol— es el lugar de la Herkunft: sobre el cuerpo, se
encuentra el estigma de los sucesos pasados, de él nacen los deseos, los
desfallecimientos y los errores; en él se entrelazan y de pronto se expresan, pero
también en él se desatan, entran en lucha, se borran unos a otros y continúan su
inagotable conflicto.” (Foucault, 1980)
Si la alimentación es la manera más básica de intervenir en nuestro cuerpo, y si, como
afirma Foucault (Ibídem), todo poder es corporal; podríamos analizar cuánto de
sometimiento a un poder hay en el acto de comer, o mejor, a las prácticas alimentarias
como dispositivos de disciplinamiento, objetivo que escapa a nuestra intención
aunque nos puede dar pistas sobre lo que Fischler (2010) llama el nuevo des-orden de
la alimentación moderna, la gastroanomia.
Tiempos gastroanómicos
Retomando los conceptos de Fischler (1995, 2010) sobre las prácticas alimentarias,
existe una estructura interna que organiza y da sentido al acto de comer. Esta
“gramática alimentaria”, determina lo que come el comensal, la forma de consumirlo,
de prepararlo, los rituales de la comensalidad, las horas de las comidas, toda la
práctica alimentaria en sí.
Para que el comensal incorpore un alimento a su cuerpo es menester que conozca lo
que consume (y cómo fue preparado), le sea familiar, conocido. Es necesario también
un tempo dado por el mismo orden cultural de las prácticas alimentarias que regule el
tiempo de la comida y el ritual de la comensalidad.
Para el antropólogo francés, la estructura sobre la que se asentaba nuestro orden
gastronómico se ha roto por diversas razones (incremento del ritmo de vida del
capitalismo, industrialización alimentaria, fin de mercados populares y auge de
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grandes superficies, globalización de las cocinas étnicas, abundancia de información
culinaria en los mass medias, etc.) y es por esto que vivimos una época gastroanómica.
En esta época, el comensal moderno no tiene ya un marco de sentido que guíe su
práctica alimentaria, se ve obligado a elegir entre una gran variedad de platos
accesibles a su bolsillo (comidas rápidas) y la tecnología ha hecho que el horno
microondas sea la herramienta mágica para convertir los alimentos de la industria
alimentaria en comida fácil de hacer y a bajo costo. El comensal moderno no se
sentiría entonces identificado con lo que come, los alimentos ya no tendrían esa carga
histórica y cultural que lo conecta con su pasado y sus matrices culturales impidiendo
así que pueda escuchar lo que su cuerpo quiere cayendo muchas veces en trastornos
alimenticios.
Quienes más sufrirían los problemas de la gastroanomia serían los jóvenes, siguiendo
la idea de Margaret Mead (1971) de ver a los jóvenes como el ejército de avanzada de
la sociedad. Las culturas juveniles vivirían tiempos gastroanómicos, desprovistos de
una lógica interna que ordene sus comidas siendo la dieta y la búsqueda del ideal
corporal, en el sentido a la vez de dispositivo de disciplinamiento corporal, el único
orden que guía las prácticas alimentarias. A continuación, con los testimonios de vida
de varios jóvenes argentinos analizaremos si el comer se ha vuelto un “desorden”, un
campo de batalla, y quién la puede estar ganando.
Metodología
Para llevar a cabo el trabajo exploratorio se realizó un acercamiento etnográfico a la
realidad investigada. Se aprovechó que el investigador convive en una pensión con
jóvenes universitarios de la Universidad Nacional de la Plata para entrevistarlos y
observar sus prácticas alimentarias. No se tomó una muestra representativa según las
diferentes condiciones sociales de los jóvenes pues todos los que conviven en la
pensión de 42 (la pensión queda en calle 42 e/7 y 8, La Plata) afirmaron situarse en un
estrato socioeconómico medio (medio bajo algunos, medio bajo otros).
Comment [L1]: ? los dos son medio bajos
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Se tuvo en cuenta, gracias a la observación participante previa, qué alimentos comía
cada participante y que costumbres alimentarias tenían para así sacar una pequeña
muestra, lo más heterogénea posible. Al final, los seleccionados fueron 3 jóvenes
estudiantes universitarios, con edades comprendidas entre los 19 y los 25 años,
provenientes de varias ciudades y pueblos del interior de la Aargentina o de la
provincia de Buenos Aires. Todos dejaron sus casas para vivir solos en la pensión
viéndose obligados a iniciar un aprendizaje práctico de la cocina.
Esta investigación es un primer acercamiento a las prácticas alimentarias de los
jóvenes argentinos de clase media y busca, en palabras de Machado Pais (2003),
“descubrir los métodos a través de los cuales los jóvenes interiorizan, rechazan,
resisten las normas que pautan su vida cotidiana…”
Apoyándose en la metodología del investigador portugués (2003:85), este trabajo
recurrirá a:
“Estudiar el significado o sentido de las prácticas cotidianas de los jóvenes.
Explorar in situ las especialidades y temporalidades de esas prácticas.
Siempre que sea posible, interactuar de forma directa y natural con los jóvenes.”
(2003:85)
Los testimonios logrados se presentan a modo de relato y pretenden ser una
fotografía de vida de sus protagonistas.

Relato 1: “Las comidas rápidas me generan un cargo de consciencia”
Mauro, como le llaman en la pensión, prepara una ensalada. Ralla la zanahoria, corta
tomate en cuadraditos, hierve y luego corta los huevos duros; corta también la lechuga
sin saber que la cuchilla oxida el vegetal. Hoy, va a almorzar con su novia que vino de
capital el día anterior, “cuando cocinas para alguien más le das un toque especial a la
preparación porque tiene que salir rica, se vuelve un poco más interesante”. De igual
Comment [L2]: sería interesante incluir algunas
frases del tema de migrar para estudiar
Comment [L3]: por el tipo de redaccion este
párrafo parece más indicado para ir antes, o sobra,
xq esto ya está dicho
Comment [L4]: qué sería esto?
Comment [L5]: ciudad de Buenos Aires?
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forma, Mauricio Rastelli cocina para él solo entre semana, “no tengo problema con
eso”.
Hoy también es sábado. Tal vez por eso está cocinando algo “más elaborado” como
llama él a las comidas que tradicionalmente no prepara entre semana, como
milanesas, pastas, y milanesas de nuevo. “Cuando tengo tiempo y ganas, cocino
comidas más elaboradas”, se disculpa Mauro.
Hace 2 años que vive en la pensión de 42, como le llaman a este lugar que alberga a 20
estudiantes y jóvenes de la Universidad de La Plata. Es de Bahía Blanca y vino a
estudiar odontología. Está en segundo año. Vive con sus padres y su hermano.
En su casa su mamá le preparaba la comida y a veces le daba por ver cómo la hacía.
Cuando llegó a la pensión, sabía poco y nada más que milanesas con papas fritas, las
mismas que sigue preparando con religiosa regularidad por las noches “por un tema
de rapidez y sencillez”. Y es que la falta de tiempo es un dolor de cabeza para los
jóvenes de la pensión.
Con el tiempo, fue aprendiendo a cocinar más cosas, “fui preguntando y sobre todo,
viendo lo que preparaban los otros, si me gustaba trataba de imitarlo”.
Lo más “complejo” que se ha preparado en su vida es un puré alemán (también
llamado milhojas de papa), se demoró ¡una hora y media! en la cocina. Eso fue el año
pasado cuando cocinaba mucho más, este año va al comedor de la universidad
“porque es más barato”. Si no fuera por el comedor sus comidas serían un monólogo
de milanesas, puré, ensalada de lechuga y tomate, pastas, carne, y algo más. “El
comedor te facilita que todos los días coma fruta, además que nos dan un menú
variado; si no fuera por el comedor, comería mucho menos (frutas)”.
Reconoce que la comida que prepara es “rápida, sencilla y económica”, incluso ha
buscado en internet recetas de comida “rápida y sencilla”, pero las que ha encontrado
no le han parecido ni fáciles ni rápidas. Afirma también Mauricio que no tiene tiempo
Comment [L6]: ? es Mauro? por qué lo
identificás acá así?
Comment [L7]: en Bahía
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entre semana para cocinar (a pesar que se la pasa largo tiempo conectado a internet
por las noches y duerme hasta las 10 cuando no tiene que ir a cursar por las
mañanas). Por eso, los fines de semana, a veces, se anima a cocinar, “solo cuando
tengo ganas”.
Se abstiene de comer muchas cosas “como patés, embutidos y todas esas cosas”
porque le causan desconfianza, no sabe cómo las preparan. Sin embargo, es fácilmente
seducido por la publicidad de las comidas rápidas. “Veo la publicidad y dan ganas de
comerla. Como están por todos lados y es comida al paso, vos decís bueno, ya está. Soy
consciente de que no es lo mejor, ni muy nutritivo, pero sí, consumo”.
Cuando se deja tentar, solo dos veces al mes dice, por las hamburguesas de
MacDonalds, o los churrasquitos de Burguer King o los sándwich de Subway, a Mauro
le da un gran remordimiento de conciencia, “son comidas que no te nutren, y a lo
mejor por esa plata te podés cocinar algo en casa mucho mejor. Cuando no tengo
ganas de cocinar, la compro”. No obstante, se libera pronto de la culpa, “igual lo
disfruto y luego lo olvido. Si fuera más seguido tendría más remordimiento”.
Le gusta comer comida internacional, “siempre y cuando sean algo parecido a lo que
como”. Prefiere un plato abundante y rico que bien presentado. Cuando come en la
calle, no pide milanesas “porque para eso me la preparo en casa”, prefiere comer otras
cosas, “la última vez pedí sorrentinos”.
Extraña mucho la comida de su casa, la comida “casera” como la llama él a “amasar los
fideos, hacer vos las salsas, tener la huerta y el gallinero y ya eso se va perdiendo
porque en la ciudad no producís vos mismo”.
Dice Mauro que no se preocupa mucho por el peso ni por su cuerpo, solo de vez en
cuando se pesa, pero eso sí, trata de tener buenos hábitos alimenticios y por ello no le
echa mucho aceite a las comidas “desde pequeño sé que mucho aceite y mucha sal es
mala para la salud”. No obstante, cuando le pregunto por quée entonces no deja de
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comer tanto chocolate, dulce de leche, tanta azúcar, me dice que “es diferente, no tiene
tanta importancia”.
En diciembre, cuando acabe la cursada, se vuelve a Bahía Blanca a pasar fiestas con su
familia. Volverá feliz a probar los platos que su mamá le prepara, la sazón que no se
olvida. Y disfrutará de lo que más le gusta de esta comida, “lo que más extraño es el
hecho de comer algo que no sabés cómo está preparado y esta rerrico. En cambio acá,
al cocinar yo, ya sé el gusto que va a tener. El factor sorpresa es importante”.

Relato 2: “La cuestión es sentirte bien contigo mismo”
A primera vista, uno podría pensar que Juan Fernández, quien cursa su último año de
abogacía, es un poco dejado con la comida. Su sobrepeso evidente, aunque tampoco
exagerado, haría que más de uno pensara que se la pasa comiendo golosinas, comida
“chatarra” y acostado todo el día en su cama o jugando videojuegos. Pero se
equivocan, no en todo, pero sí respecto a su alimentación.
- “Qué preferirías entre hacer deporte o ponerte a dieta para intervenir tu
cuerpo?” – le pregunto.
- “Entre una y otra no preferiría ninguna. La cuestión es sentirte bien contigo
mismo y listo”, responde con una cara que delata el serio abogado que será dentro de
poco.
La verdad es que Juan, quien vive en la pensión de 7 y 42 de La Plata desde hace más
de 7 años (es de un pueblo de la provincia de Buenos Aires llamado Azul), planifica
concienzudamente sus comidas y se preocupa bastante por sus hábitos alimenticios.
“Un día como pastas, otro día pollo, otro pescado. Trato de variar porque pienso en
tener una alimentación nutritiva, más que balanceada”.
***
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Ahora es de noche en la pensión y Juan entra acompañado de su novia. Le gusta
cocinar y ha aprendido un montón desde que llegó a la pensión. En casa su mamá
trabaja, por eso de pequeño lo despachaba a su hermano y a él con “una milanesa y
algo más”. Sin embargo, “fui haciéndome maña, cocinando verduras, me gusta mucho
la comida al horno. Y me gustan mucho los salteados pero me da un poco de fiaca
hacerlo porque hay que picar las verduras más chiquititas y demás”.
Cuando está con su novia no le da pereza cocinar. Es más, le gusta buscar en internet
recetas aunque también “he experimentado muchas veces”.
A Juan le gustan las comidas rápidas ya que “me sacan del apuro”, sin embargo las
come poco porque las considera un “exceso”. Como dije antes, se preocupa por las
calorías y sus hábitos alimenticios, así su aspecto diga lo contrario. “Consumo comidas
rápidas pero trato de cocinarlas yo. Las hamburguesas las compro congeladas y las
preparo en mi casa. Aunque sé que la carne con que la hacen no es la mejor, es un
riesgo que siempre asumes”.
Eso de preocuparse por comer nutritiva y balanceadamente lo fue adquiriendo con los
años. De pequeño no le gustaban muchas cosas: la lechuga y la cebolla la dejaba a un
lado del plato cuando le servían ensalada, solo se comía el tomate. Ahora eso ha
cambiado, “creo que me gustan todas o casi todas las verduras, pero en la que más
recaigo es la papa”.
Juan también sufre por la falta de tiempo, y de espacio cómodo para cocinar, y más
teniendo que compartir el mismo lugar con 20 personas. “Cuando tengo tiempo me
gusta cocinar medio distinto, un poco más elaborado, una comida rica”. Esa noche ha
preparado para él y su novia bife a la parrilla, y es que para él, la carne es uno de los
alimentos más completos de todos, por eso cree que no la dejaría nunca.
Constantemente, está buscando un equilibrio entre salud y placer, placer y salud. Pero
aclara que “actúo por impulsos, si se me antoja comer algo lo como, no me preocupo
por eso”.
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El futuro abogado se considera inmune a la publicidad de las comidas rápidas que ve
en todas partes, es más, la considera una gran estafa. “No me seducen porque vos
sabés que es mentira lo que te muestran, las fotos están maquilladas… te venden algo
falso”. También, cuando ha ido a Burguer King o a Macdonalds a comprar algo, se ha
quedado sorprendido por la cantidad de calorías que tiene una hamburguesa o
cualquier cosa, por eso prefiere prepararse la suya en casa.
Al azúcar lo considera necesario ya que “te despierta un poco”. Sin embargo, cree que
sabe controlar esos impulsos. “A veces me compro un alfajor cuando voy a la “facu”
para tener una inyección de energía en el cerebro, no más”.
Esa noche, el bife a la parrilla que preparó para él y su novia lo acompañó con puré de
papas.

Relato 3: “Trato de no llenar los bolsillos de esas multinacionales”
Ricardo es el militante de la pensión. A cada rato, mientras los demás ven fútbol o
estudian, él se para de la mesa y comienza con sus cánticos, no los de un hincha
alentando su equipo de fútbol (aunque es fiel seguidor de Boca), sino los de su querido
Movimiento Evita; que en el fondo, no se diferencian mucho uno del otro.
Ricardo también es todo un personaje. Se ha rapado la mitad de la cabeza, la mitad de
la barba, se ha teñido también una mitad de un color y otra mitad de otro. Tiene
tatuajes en todo el cuerpo, viste de negro, a excepción de cuando tiene que ir a rendir
sus exámenes de abogacía de primer año. Y aunque no lo creas, me dijo un compañero
de la pensión, nació en Venezuela. “Lo que más extraño de Venezuela son las arepas, y
las empanadas de cazón”, afirma.
Llegó hace un año “y moneda” a la pensión. Tiene 25 casi 26 años, “la otra semana los
cumplo, el mismo día que Maradona”. Vive con su mamá y su hermana con sus hijos,
pero aclara que vive en casas apartes, todos en el mismo terreno.
Comment [L8]: en Venezuela vivía con..
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Por su delgada figura, parece que no comiera mucho, o que es flaco de nacimiento,
pues bien, la primera es la correcta. “No tengo el presupuesto ni los recursos hoy por
hoy para ponerme a cocinar”.
Ricardo se alimenta mal, come menudos de pollo y los acompaña con arroz blanco o
fideos con mantequilla. Su madre le envía una caja cada cierto tiempo con la remesa; y
plata para comer no le deja mucho porque se la gasta en otras cosas, le dijo su mamá
un día, aunque quizás, es por gastarse la plata en otras cosas que no le queda plata
para comer.
Cuando cocina lo hace tardísimo, casi a la medianoche, “todo depende de a qué hora
llegué, de si tengo plata en el bolsillo, de un montón de cosas”. También, no cocina
porque no le gusta cocinar para él solo, “prefiero no comer, o me preparo cualquier
cosa”.
Cuando está acompañado de 1, 2 o más personas, Ricardo se transforma en todo un
chef. Tiene un hermano chef que le enseñó, “lo que aprendí de él es lo que considero
fundamental, lo básico y es la capacidad de improvisación y la creatividad”. Disfruta la
cocina, puede quedarse una, dos o más horas cocinando sin problema, lo goza, para él
la cocina es un espacio de creación, “me gusta la cocina, porque me gusta improvisar,
inventar en el momento de lo que haya… me gusta ver qué sale”.
Su activa militancia política en el partido peronista lo ha llevado a “concientizarse” de
varias cosas, como de los transgénicos, sin perder tampoco el pragmatismo, “ante la
evidencia clara, lo evito, pero tampoco voy a armarme mi granjita con mis animalitos”.
También, su compromiso político lo ha llevado a distanciarse de las comidas rápidas,
porque son malas y no nutren, y más aún porque “trato de no llenar los bolsillos de
esas multinacionales”. No obstante, come de vez en cuando comida rápida nacional, o
criolla, tal vez para volver consecuente su nacionalismo con su alimentación, “a veces
como panchos, choripán, sangduche de milanesas”.
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Almuerza en el comedor de estudiantes “por lo barato que es”. Le gusta la comida
internacional, la picante sobre todo pero reconoce que, aunque es abierto a todo tipo
de comidas, cuando va a comer una que desconoce “juega mucho el cómo se ve y el
saber o no qué estás comiendo, sí no sé de qué está hecho y sabe rico, lo sigo
comiendo, si me dicen y es algo que no me gusta seguramente lo dejaría”.
En su casa, cocinaba para su mamá, para su hermana, incluso para su hermano chef a
quien llegó a sorprender con una o dos preparaciones. El no tener la disponibilidad de
ingredientes, de utensilios y demás lo limitan para cocinar. Por el tiempo no se queja,
pero comer solo sí que lo desmotiva.
Reconoce que sus hábitos alimenticios no son muy saludables. No hace deporte, fuma
como una chimenea y se alimenta mal, sin embargo no se preocupa; “tendría que
mejorar mis hábitos, igual no creo que me vaya a morir por comer lo que como”. El día
en que hablamos comenzó a mejorarlos, llamó a una línea de atención telefónica para
personas que quieren dejar de fumar.
Otra cosa que considera como su perdición es su adicción al dulce, al chocolate en
especial, y al dulce de leche. “Si fuese por mi viviría a base de eso, o de Nnutella, pero
como sé que no puedo, no lo hago”.
La última vez que hablamos Ricardo me dijo que ya estaba tratando de controlar el
cigarrillo. Lo dijo mientras raspaba con su cuchara un frasco casi vacío de Nutella. “Me
la trajeron ayer”, me dice y se echa a reír.

A modo de conclusión
Entre el tiempo subjetivo y el objetivo hay diferencias. Durante la observación
etnográfica realizada para esta investigación se pudo detectar que el uso del tiempo
libre de los jóvenes universitarios se concentra sobre todo en las nuevas tecnologías
(televisión, internet, videojuegos). La labor de cocinar no es visto por ellos como un
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juego, un tiempo de disfrute, de creatividad o de curiosidad sino como un trabajo
físico, que cansa y desgasta porque exige al cuerpo atención y espera. Igual hay que
hacerse por ser una necesidad vital. En algunos casos, es algo que tienen que hacer
porque su bolsillo no les alcanza para comprar comida preparada todos los días. De
allí la reiteración a “no tener tiempo” para cocinar o a buscar recetas de comidas
“rápidas y sencillas”.
Otro punto para analizar de la información recolectada en las entrevistas es que las
comidas rápidas parecen ir en sintonía con los tiempos que ellos viven, un ritmo de
vida rápido, ágil, sin demoras y donde hay mucho movimiento. Por eso su simpatía
hacia la comida rápida, que aún muchos relacionan solo con las multinaciones
Macdonalds o Burguer King sin tener en cuenta que el choripán, el pancho, y el
“sánduche” de milanesa son igualmente comidas rápidas.
No obstante su gusto por éstas comidas (las únicas que son rápidas, sencillas, ricas y
portables), los jóvenes universitarios se preocupan enormemente por los hábitos
saludables. Están bien informados sobre la nutrición, la comida balanceada, la
cantidad recomendada de ingesta calórica diaria, los males que causan las grasas, el
azúcar y la sal en la salud, (el azúcar es un gusto “pecaminoso” que no se prohíben).
Muchos desarrollaron sanos hábitos alimenticios desde su hogar pero otros lo
hicieron con el tiempo, y para ello, la universidad juega un papel importante a la hora
formarse una idea de vida sana. Sin embargo, los consumos habituales de minutas
(milanesas con puré, fideos, arroz) preparados por ellos mismos en sus casas (y que
no asemejan con comida rápida) y la poca variedad de verduras y frutas en su
alimentación da para pensar que el discurso de “hábitos alimenticios” es vacío o está
mal entendido.
A pesar de que casi todos los entrevistados afirman interesarse por la comida
internacional y nueva, neofilia según Fischler (1995), su curiosidad y atrevimiento a
probar cosas desconocidas es muy restringida. Podemos así concordar con Fischler al
decir que nuestras prácticas alimentarias están estructuradas socioculturalmente y es
Juan Carlos Escobar Rivera
Maestría en Ciencias Sociales
Universidad Nacional de la Plata
Profesora, Mariana Chaves
Seminario La cuestión juvenil desde las ciencias sociales
esta estructura la que dota de sentido y significatividad nuestra comida. El aspecto, el
olor, los ingredientes de una comida deben ser medianamente familiares para ser
aceptados ya que, como nos recuerda Bourdieu (1999), el gusto es una construcción
sociocultural que marca diferencias entre las personas y tiene hondas raíces en la
historia social de cada sujeto.
Este acercamiento a las prácticas alimentarias de los jóvenes de clase media en la
argentina abre ciertos interrogantes respecto a las representaciones sociales que
tienen de la sana alimentación, de los oficios y de algunas prácticas corporales que le
demandan atención, constancia, esfuerzo.
Si la práctica culinaria sigue siendo una pérdida de tiempo para muchos de ellos, no
les será posible conocer la “sabiduría del cuerpo” que estaría embotada en estos
tiempos gastroanómicos, “si saborear es saber, resulta urgente entonces aumentar
nuestras competencias en ese dominio. Así descubriremos a la vez lo que comemos y
lo que somos” (Fischler, 1985).

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Comment [L9]: lo circunscribiría a jovenes
universitarios en pensión o fuera de sus casas de
origen, para q no parezca generalizador.
seria interesante ver la comensalidad en el comedor
Comment [L10]: desde la primera vez que
usaste el término vengo esperando alguna
definicion, descripción de por qué gastro-anómico,
por qué la idea de anomia?
Juan Carlos Escobar Rivera
Maestría en Ciencias Sociales
Universidad Nacional de la Plata
Profesora, Mariana Chaves
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