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50/2011
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TRABAJO Y
FELICIDAD
Claves para lograr
un clima laboral positivo
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PSICOLOGÍA
EL MOSAICO DE LA PERSONALIDAD
MEDICINA
¿
COMPRENDEMOS LAS ESTADÍSTICAS?
TERAPIA
PUNTO FINAL AL TRAUMA
NEUROBIOLOGÍA
HORMONAS Y CEREBRO
DISLEXIA
PERCEPCIÓN SENSORIAL
Y APRENDIZAJE
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SUMARIO
PSICOLOGÍA
8 UNA MIRADA AL INTERIOR
Uwe Herwig
Todo individuo posee una imagen de sí
mismo estable y difícil de modificar.
¿De qué sirve tener un yo? Entre otras
cosas, nos posibilita el control de los
sentimientos y las acciones.
NEUROPSICOLOGÍA
14 EL ROMPECABEZAS
DE LA PERSONALIDAD
Christian Fiebach
Los secretos del carácter se considera-
ban hasta ahora terreno natural de los
psicólogos. Sin embargo, cada vez más
los neurofisiólogos localizan las parti-
cularidades individuales impresas en el
encéfalo. ¿Qué relación existe entre la
personalidad y el cerebro?
TERAPIA
20 PUNTO FINAL AL TRAUMA
Nikolas Westerhoff y Ulrich Frommberger
Un accidente de tráfico, un atraco a mano
armada o una catástrofe natural... Las
situaciones de vida o muerte pueden per-
manecer en el recuerdo de los afectados
durante largo tiempo. Medicamentos y
psicoterapias ayudan a paliar el trastorno
emocional; no obstante, falta refinarlos.
ENSEÑANZA
28 PERCEPCIÓN SENSORIAL
Y APRENDIZAJE
Burkhart Fischer
El problema de los niños que leen, es-
criben o calculan mal se encuentra, con
frecuencia, en el procesamiento básico
de las percepciones sensoriales. Un en-
trenamiento apropiado puede ayudar a
superar la legastenia y la discalculia.
PSICOLOGÍA LABORAL
42 LA FELICIDAD EN EL TRABAJO
Alfredo Rodríguez Muñoz y Ana Isabel Sanz Vergel
¿Existe la felicidad en el trabajo? ¿Qué
nos lleva a alcanzarla? ¿Por qué algunas
personas son incapaces de conseguirla?
Un área de investigación psicológica
incipiente ayuda a reconocer los factores
clave para lograr ser felices en el ámbito
laboral.
PSICOLOGÍA LABORAL
50 OFICINA, DULCE OFICINA
Alexander Haslam y Craig Knight
¿Por qué ciertos entornos alienan a los
trabajadores mientras que otros les
hacen sentirse más felices y mejoran su
rendimiento?
Septiembre / Octubre de 2011 Nº 50
62
ESTADÍSTICAS MÉDICAS
28
DISLEXIA
PERSONALIDAD
8
HORMONAS
70
ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
20
PSICOBIOLOGÍA
56 RELOJ DESACOMPASADO
Thomas Kantermann
El trabajo nocturno y a turnos es el pan
de cada día en numerosas profesiones,
con los riesgos que ello supone para
la salud. El cambio constante del reloj
interno altera los hábitos de sueño y
alimentación de los empleados.
MEDICINA
62 EL SIGNIFICADO
DE LAS ESTADÍSTICAS
G. Gigerenzer, W. Gaissmaier, E. Kurz-Milcke,
L. M. Schwartz y S. Woloshin
¿Cuántas veces induce una mamografía
a resultados erróneos? ¿Existe mayor
probabilidad de sobrevivir a un cáncer
en EE.UU. que en Inglaterra? Aprenda
a desdeñar temores poco fundados y a
sopesar el auténtico riesgo de enfermar...
o de recuperarse.
LATERALIZACIÓN CEREBRAL
70 ARMONÍA HORMONAL
Markus Hausmann y Ulrike Bayer
Nuestro cráneo alberga dos hemisferios
cerebrales. Si empleamos ambos lados
por igual o, por el contrario, si utili-
zamos más uno que otro depende, en
parte, de nuestras hormonas.
SECCIONES
5 Encefaloscopio
Percepción... Comunicación... Gestación...
Neurociencia... Imitación... Aprendizaje
infantil.
33 Entrevista
Uta Frith:
Aprender es un acto comunicativo
36 Mente, cerebro y sociedad
Una visión errónea de la memoria
El cerebro ético ante el dilema
Ritmos biológicos y personalidad
76 Syllabus
La sinapsis al detalle
82 Retrospectiva
El arte de la autopsia
90 Ilusiones
Leer entre líneas
93 Libros
Memoria... Psiquiatría.
TRABAJO EN POSITIVO
42 FELICIDAD LABORAL
50 A GUSTO EN LA OFICINA
56 TRABAJAR MIENTRAS LOS DEMÁS DUERMEN
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Portada: © iStockphoto / Mac99
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es el mismo que el de los actuales.
ÁNGEL GONZÁLEZ DE PABLO: Mirada hacia el interior, El rompecabezas de la
personalidad; F. ASENSI: Poner punto final al trauma, Percepción sensorial
y aprendizaje, Entrevista; PILAR GARCÍA-VILLALBA: Una visión errónea de la
memoria; NOELIA DE LA TORRE: Reloj desacompasado; LUIS BOU: El significado
de las estadísticas, Encefaloscopio, Ilusiones, Retrospectiva; IGNACIO NAVASCUÉS:
Armonía hormonal, Syllabus
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 5
PERCEPCIÓN
Perspectiva gráfica
El realismo de las imágenes depende de supuestos culturales y destrezas técnicas
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as sondas espaciales Pio-
neer 10 y Pioneer 11, que
acabarán escapando del siste-
ma solar, portan una placa a
beneficio de posibles extrate-
rrestres que puedan topárse-
las. En esa placa se han graba-
do las imágenes de un hombre
y de una mujer. ¿Tendrán estos
dibujos significación para sus
hipotéticos destinatarios? In-
cluso aunque los extraterres-
tres llegasen a fijarse en las
marcas y se percatasen de que
se trata de un dibujo, ¿podrán
comprender la perspectiva?
Muchos de los convenios
artísticos establecidos se in-
ventaron y son reflejo de un
contexto cultural concreto.
La perspectiva utilizada en la
placa de los Pioneer produce
una ilusión de profundidad al
presentar con menor tamaño
los objetos distantes que los
cercanos y haciendo que las lí-
neas paralelas converjan hacia
un punto de fuga. Numerosos
programas de grafismo infor-
mático aplican tales técnicas
de forma automática, con lo
que ayudan a los artistas a
crear con relativa facilidad
imágenes de realismo foto-
gráfico.
Mas el realismo no siempre
ha sido una ambición de los
pintores. Aunque los rudi-
mentos de la perspectiva se
remontan por lo menos has-
ta el pintor griego Agatarco,
en el siglo V a.C., no alcanzó
popularidad hasta el Renaci-
miento italiano. A principios
del siglo XV, un arquitecto flo-
rentino, Filippo Brunelleschi,
realizó una exhibición pública
con espejos (una técnica no-
vedosa en aquel tiempo) para
demostrar la fidelidad con que
sus cuadros representaban las
fachadas de los edificios. Bru-
nelleschi sirvió de inspiración
a pintores como Donatello,
Masaccio y Domenico di Bar-
tolo (imagen), a quien Leon
Battista Alberti estudió desde
las matemáticas. Las rigurosas
construcciones geométricas
garantizaron que las indicacio-
nes naturales de profundidad
(el tamaño, la verticalidad y los
motivos del pavimento) man-
tuviesen la coherencia mutua
necesaria para un máximo de
verosimilitud.
Para aprender a ver un di-
bujo en perspectiva caballera
deben aceptarse sus limita-
ciones y obviarlas, entre ellas,
la hipótesis de que existe un
solo punto de fuga. En los
gráficos computarizados, la
perspectiva resulta adecuada
para videojuegos en los que
se dispara en primera perso-
na; otros (SimCity), en cambio,
ofrecen una vista desde lo alto,
por lo que se valen de una téc-
nica diferente: la proyección
axonométrica. Algunos de los
elementos de dicha técnica se
remontan a pintores chinos
del siglo II a.C.
Debemos preguntarnos si los
extraterrestres podrán descifrar
nuestros dibujos, pero también
si nosotros, en caso de verlas, se-
ríamos capaces de comprender
sus obras gráficas.
—George Musser
ENCEFALOSCOPIO
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os ojos situados sobre un par de ventanas
nasales, suspendidas a su vez sobre una
boca. Tal es el pergeño facial de los vertebrados,
desde los tiburones hasta los humanos. Por ópti-
ma que resulte tal disposición para el hallazgo e
ingesta de alimentos, en los mamíferos el rostro
ha asumido otro rol fundamental: la comunica-
ción. En ninguna otra especie resulta más obvia
tal función que en la faz humana.
Los primates, en general, llevan una comple-
ja vida social. Se sirven de expresiones faciales
en sus interacciones mutuas. Los humanos
contamos con rostros expresivos con los que
manifestamos emociones (temor, felicidad,
tristeza o ira). En otros tiempos, el rico reper-
torio de expresiones humanas fue atribuido a
la posesión de músculos faciales especializados.
No obstante, Anne Burrows, antropóloga de la
Universidad Duquesne, ha observado que, de
hecho, la musculatura facial del chimpancé
apenas difiere de la del ser humano.
Sin embargo, existen dos rasgos que separan
claramente nuestras expresiones faciales de las
del resto de los primates. Primero, en los ojos: el
iris se halla rodeado por una esclerótica blanca.
En segundo lugar, los labios sobresalen del ros-
tro y su color resulta más oscuro e intenso que
el de la piel que los rodea. Tales rasgos propor-
cionan a nuestro semblante intensos contrastes
visuales que pueden servir para comunicar me-
jor nuestros sentimientos.
Se ignora cuándo y cómo evolucionó en los
humanos la animación del rostro, aunque pudie-
ran encontrarse indicios en los cráneos fosiliza-
dos de nuestros antepasados. Los endovaciados
(moldes de las improntas que deja el cerebro en
el interior de la caja craneana) ayudan a com-
prender las cambiantes facultades de las regio-
nes cerebrales a lo largo del tiempo. En el año
2000, el paleoneurólogo Dean Falk, ahora en la
Universidad estatal de Florida, dirigió un análisis
de los moldes correspondientes al antiguo homí-
nido Australopithecus africanus, que vivió hace
entre tres y dos millones de años. Los resultados
indicaron que ciertas partes de la región tempo-
ral anterior de aquel ser eran mayores que las de
los simios. Tal ampliación pudo causar que este
predecesor humano procesara con mayor efica-
cia la información facial. En tal caso es posible
que nuestra propensión a poner e interpretar
caras tenga raíces muy profundas.
—Kate Wong
COMUNICACIÓN
Expresiones faciales
Nuestra singular expresividad se remonta a tres millones de años
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odas las madres saben que los neona-
tos son seres sociales a las pocas horas
de nacer. Los recién nacidos prefieren di-
rigir su mirada hacia rostros de personas
antes que a objetos; incluso algunos imitan
expresiones faciales. Un estudio sugiere
que la tendencia a las interacciones so-
ciales existe ya en el útero materno. Los
gemelos empiezan a interactuar a las 14
semanas de gestación.
Investigadores de las universidades de
Turín y Parma han observado, mediante
ecografía ultrasónica (permite el examen
de estructuras del interior del organismo),
los movimientos intrauterinos de cinco
pares de fetos gemelos en sesiones diarias
de 20 minutos. En sus observaciones, pu-
blicadas en PLoS ONE en octubre de 2010,
los investigadores indican que los fetos co-
mienzan una aproximación a sus vecinos
en la decimocuarta semana de gestación.
En las semanas siguientes, los fetos fueron
reduciendo el número de movimientos di-
rigidos hacia sí mismos y trataron, en cam-
bio, de alcanzar con mayor frecuencia a sus
compañeros. Hacia la semana 18 dedicaban
más tiempo a entrar en contacto con sus
acompañantes que consigo mismos o con
las paredes del útero. De hecho, dirigían
casi el 30 por ciento de los movimientos
hacia su pareja prenatal. Dichos movimien-
tos, consistentes en rozar la cabeza o el dor-
so del otro, resultaban cada vez más pro-
longados y precisos que los movimientos
que desarrollaban hacia sí mismos, como
tocarse los ojos o la boca.
Las observaciones llevan a pensar que los
fetos gemelos son conscientes de que tienen
una pareja intrauterina, con la que prefieren
GESTACIÓN
Sociales antes de nacer
Los fetos gemelos interactúan en el útero de la madre
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NEUROCIENCIA
Timidez y cerebro hiperactivo
El encéfalo de las personas tímidas presenta una intensa actividad
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e esconden en las fiestas, tartamudean en confe-
rencias y, a la menor ocasión, enrojecen. La vida
de las personas tímidas no siempre resulta cómoda;
la culpa puede residir en su cerebro. Un estudio de
la Universidad de Sacramento publicado en la revis-
ta Personality and Individual Differences en 2010 de-
muestra que un encéfalo tímido es, ante todo, muy
reactivo: se desboca con facilidad en situaciones
inhabituales.
Elliott Beaton y sus colaboradores sometieron a
pruebas de timidez a unos cien estudiantes. De estos,
escogieron a los 12 más y a los 12 menos tímidos.
Los probandos elegidos debían observar una serie
de fotografías y decidir con la mayor rapidez posible
si se trataba de hombres o de mujeres. Los rostros
expresaban una gama de emociones que iban del
miedo a la alegría, pasando por la cólera, el disgusto
y la tristeza.
Beaton comprobó que se activaban las mismas
áreas cerebrales en todos los sujetos, sin embargo,
algunas de las regiones (la corteza prefrontal media,
que se relaciona con la tristeza, y el giro frontal in-
ferior y la ínsula, con la alegría) manifestaban una
mayor respuesta en los tímidos que en el resto de los
sujetos. De hecho, el cerebro tímido pre-
senta una actividad global superior a la
media, sin manifestar en ninguna zona
una actividad menor. De esta manera,
la persona tímida sufre un exceso de
reactividad a las emociones que reflejan
los rostros.
¿Se trata de una tendencia heredita-
ria? En el caso de la timidez relacionada
con la fobia social, existe una compo-
nente genética, como puede comprobar-
se en los hermanos gemelos afectados
por dicho trastorno. Mas el entorno fa-
miliar también interviene: los hijos de
padres tímidos manifiestan una mayor
propensión a la timidez, ya que están
habituados a adoptar comportamien-
tos prudentes, pusilánimes incluso. No
obstante, cabe recordar que la timidez
no siempre es un defecto. Un sujeto tí-
mido puede ser más apreciado que un
extravertido sin inhibiciones.
—Sébastien Bohler
¿Es tímido?
Puntúe de 1 a 5 cada una de
sus respuestas a las cuestiones
siguientes (1 para desacuerdo
absoluto, 5 para aceptación
total, debiendo invertir el
orden para las cuestiones 3,
6, 9 y 12):
1 Me siento cohibido ante
personas que no conozco
bien.
2 No tengo grandes dotes
sociales.
3 No tengo demasiadas
dificultades para pedir
informaciones a la gente.
4 A menudo me siento
incómodo en fiestas y
reuniones mundanas.
5 Me cuesta encontrar te-
mas para hablar cuando
estoy en un grupo.
6 No tardo mucho tiempo
en superar mi timidez
ante situaciones nuevas.
7 Me cuesta trabajo ser
natural cuando encuen-
tro caras nuevas.
8 Me pongo nervioso al
dirigirme a un cargo de
autoridad.
9 Dudo sobre mis compe-
tencias sociales.
10 Me resulta difícil mirar a
los ojos.
11 Me siento inhibido en el
contexto social.
12 Dirijo fácilmente la pala-
bra a los extranjeros.
13 Soy más tímido con las
personas del sexo con-
trario.
Si la suma de puntuaciones es:
de 13 a 26: muy poco tímido.
de 26 a 39: poco tímido.
de 39 a 52: bastante tímido.
de 52 a 65: muy tímido.
interactuar y a la que responden de formas peculiares.
El contacto entre ambos parece ser intencionado, no fru-
to casual de la cercanía espacial, según explica Cristina
Becchio, de la Universidad de Turín, coautora del estudio.
«Tales hallazgos nos obligan a predatar la aparición de
comportamientos sociales», añade.
No sorprende que los fetos puedan controlar sus mo-
vimientos intrauterinos. Vittorio Gallese, neurocientí-
fico de Universidad de Parma y coautor del estudio, ya
había demostrado con otros colaboradores que los fetos
muestran habilidad en sus movimientos hacia el quinto
mes de gestación. Becchio conjetura que la presencia de
un gemelo puede acelerar el desarrollo motriz.
El equipo se propone desarrollar en el futuro ensayos
diagnósticos basados en la observación de los movi-
mientos de un gran número de fetos. Las pautas de
actividad intrauterina podrían contribuir a la progno-
sis de limitaciones motrices o trastornos de cognición
social, como el autismo, explica Gallese. «Es probable
que en el útero se empiece a desarrollar la noción de
uno mismo y la de los otros.»
—Janelle Weaver
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Una mirada
al interior
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UNO PARA TODOS...
Y TODOS PARA UNO
Las facetas del yo son tan nu-
merosas como las influencias
que conforman al ser humano.
Sin embargo, consideramos
el yo como nuestra referencia
psíquica por antonomasia.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 9
L
a señora K. se pregunta quién es en realidad.
Desde hace meses, esta mujer de 37 años se
siente extraña. A menudo le parece encontrarse
al lado de sí misma. Su familia, su profesión y
su vida entera carecen de sentido. La señora K.
discurre mucho y padece angustia. En ocasiones
le sobrevienen ataques de cólera, sin motivo al-
guno, hacia sus hijos; acto seguido se recrimina
haber perdido el control. Piensa en suicidarse.
El señor M. se cree la persona escogida para
salvar al mundo. Se considera alguien extraor-
dinariamente dotado. Durante las noches se
jacta de su capacidad para establecer un nuevo
y grandioso orden mundial; presenta sus elucu-
braciones por escrito a varias editoriales para
que las publiquen. A pesar de que tiene deudas
contraídas, se compra un coche deportivo caro.
El señor M. se siente tan bien y tan seguro de
sí mismo como nunca antes se había sentido.
Ambos casos son solo dos ejemplos de lo que
puede suceder cuando se altera la percepción
del «sí mismo». Los trastornos psíquicos como
los que padecen la señora K. y el señor M. (de-
presión y manía, respectivamente) distorsionan
la noción que tienen de sí mismos, cuando la
percepción realista del sí mismo resulta esen-
cial para una psique sana. A pesar de que a
menudo puede resultar difícil comprender el
propio yo, todos tenemos una idea intuitiva de
quiénes somos.
Los neurocientíficos tratan de encontrar las
raíces cerebrales del sí mismo por dos razones
principales. En primer lugar, porque pueden
ser de gran utilidad para entender y tratar los
trastornos psíquicos; segundo, porque pueden
proporcionar una enorme ayuda para encon-
trar la respuesta a un viejo dilema del ser hu-
mano: ¿para qué poseemos en realidad un yo?
¿Por qué no somos simplemente autómatas bio-
lógicos carentes de conciencia sobre nosotros
mismos y su relación con el entorno, seres que
algunos neurofilósofos —con cierto desdén—
denominan «zombis»?
En la experiencia subjetiva existe, por lo ge-
neral, una clara frontera entre lo interno y lo
externo. Los pensamientos y los sentimientos,
los motivos y los recuerdos los percibimos como
pertenecientes a nuestra mismidad. Cuando nos
ponemos en el lugar de otra persona e inferimos
sus deseos y sentimientos, tampoco confundi-
mos estos con los propios. La separación entre el
yo y el resto del mundo parece ser, por tanto,
el primer rasgo importante del sí mismo.
Estabilidad a pesar de los cambios
La segunda razón corresponde a la estabilidad. El
sí mismo constituye un armazón consistente en
el que se disponen todos nuestros pensamien-
tos, sentimientos y experiencias. Lo curioso al
respecto es que, a la vez que experimentamos
el propio yo como algo constante, este yo se
encuentra sujeto a continuos cambios: cada
nueva experiencia nos forma, tanto biográfica
como biológicamente. De igual forma que el
cuerpo se modifica continuamente mediante
su metabolismo, el sí mismo también experi-
menta cambios. Numerosos factores internos
y externos lo moldean: desde la educación y la
socialización, hasta las experiencias cotidianas
en la edad adulta. Tales factores determinan la
lectura de la información genética y, con ello, el
establecimiento de conexiones sinápticas o la
aparición de nuevas neuronas en el cerebro. Ello
conduce a pensar que la constancia del sí mismo
no surge de forma automática, sino que consti-
tuye un proceso activo de nuestro encéfalo. Mas
¿cómo se produce? ¿Para qué sirve?
Una ojeada al desarrollo de concepto del yo
en los niños pequeños proporciona las prime-
ras pistas. Entre los tres y los cinco meses, los
bebés controlan sus movimientos corporales
más o menos de forma segura; alrededor del
Todo individuo posee una imagen de sí mismo estable y difícil
de modificar. ¿De qué sirve tener un yo? Entre otras cosas,
nos posibilita el control de los sentimientos y las acciones
UWE HERWIG
RESUMEN
El sí mismo es...
el cerebro
1
Todas las personas
poseen una concien-
cia para procesos inter-
nos, como los pensamien-
tos, los sentimientos o los
recuerdos. Estos se perci-
ben estables y propios de
la persona, excepto cuan-
do se padecen ciertos
trastornos psíquicos.
2
Numerosas áreas ce-
rebrales que presen-
tan alguna relación con
la conciencia del yo se
encuentran en la «línea
media cortical» de ambos
hemisferios.
3
La percepción de sí
mismo posibilita el
control de las emociones
y de los actos impulsivos.
También se puede en-
trenar.
10 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
año y medio de edad, los pequeños empiezan
a reconocerse en el espejo; a partir de los dos
años utilizan ya conceptos como «yo» y «mi»,
y a los tres años nombran algunas sensacio-
nes emotivas («Estoy triste»). En la enseñanza
primaria aumentan las comparaciones con los
demás. Comienza la edad en la que se miden
las fuerzas; cada vez va surgiendo con mayor
intensidad el sentimiento de la autovaloración.
Los jóvenes y los adultos jóvenes adquieren fi-
nalmente una identidad personal madura a
partir de la adquisición de roles sociales más
específicos y diferenciados.
Un crecimiento de tipo explosivo
En paralelo a las etapas de desarrollo se estable-
cen las conexiones neuronales. En el momento
del nacimiento existen solo unas pocas conexio-
nes sinápticas entre unos 100.000 millones de
neuronas. Hasta el sexto año de vida se produce
un crecimiento explosivo del cableado sinápti-
co, el cual se torna más estable. En el proceso
también desaparecen las conexiones no utili-
zadas; en cambio, se consolidan las estableci-
das mediante las experiencias significativas o
repetidas.
El neurólogo Antonio R. Damasio, de la Uni-
versidad de Iowa, estableció a mediados de la
década de los noventa del pasado siglo un mo-
delo jerárquico del sí mismo con tres niveles. El
nivel inferior, el «proto sí mismo», constituye la
representación neuronal del organismo. A este
primer e inconsciente nivel le corresponde, so-
bre todo, el mantenimiento de las funciones
corporales generales y el balance bioquímico
interno (la homeostasis). El tronco cerebral, el
mesencéfalo y el hipotálamo son los encargados
de ello. Solo cuando aparecen problemas en el
escalón inferior se da aviso a los centros cere-
brales superiores.
El nivel medio, el «sí mismo nuclear», presen-
ta en un primer término la interacción con el
medio. Aparece una inmediata conciencia del
sí mismo en el aquí y el ahora. Desde el punto
de vista neuronal participan, entre otras zonas,
partes del diencéfalo (sobre todo el tálamo y
la amígdala), la corteza singular, la ínsula y la
corteza medial prefrontal. Las señales corpora-
les generan en el sí mismo nuclear contenidos
conscientes sencillos (por ejemplo, la sensación
de hambre).
En la cúspide del modelo de Damasio se en-
cuentra el «sí mismo autobiográfico». Su misión
consiste en garantizar que podamos reflexionar
sobre nuestro comportamiento e influir en él
de manera sistemática. Para ello, según el neu-
rólogo, se necesita una conciencia lingüística,
capacidad que solo poseen los humanos. En con-
secuencia, los centros neuronales del lenguaje
(la región de Broca y el hipocampo, que actúa
como instancia intermediaria) se encuentran
involucrados en la recuperación de la memoria.
Es en este plano consciente donde podemos, a
través de la inclusión de las experiencias previas
y los objetivos actuales, sopesar los impulsos
de actuación de forma racional y analítica. La
corteza prefrontal en el cerebro frontal ejerce
aquí de controlador interno.
El modelo de Damasio describe múltiples as-
pectos del sí mismo. Para investigarlos, los cien-
tíficos recurren a menudo a diferenciaciones
sencillas. Una muy extendida es la establecida
entre los componentes corporales y los menta-
les (cognitivos). Las personas sentimos nuestro
propio cuerpo mediante respuestas somatosen-
soras procedentes de la piel, las articulaciones y
también del abdomen (viscerales). De especial
importancia para la autopercepción resulta un
área de la corteza cerebral situada en la zona de
transición entre el lóbulo frontal y el parietal: la
ínsula anterior, tal y como comprobaron Hugo
D. Critchley y sus colaboradores, del Centro
Well come Trust de Neuroimágenes de Londres,
en 2004.
Desde el punto de vista de la historia de las ciencias humanas, la preocupa-
ción por el sí mismo viene de tiempos remotos. En la antigua filosofía griega
surgió el pensamiento de que nuestra conducta se hallaba determinada por
una psique situada tras ella. De Heráclito (540/535-483/475 a.C.) procede
la máxima «Conócete a ti mismo». René Descartes (1596-1650) diferenció
en su dualismo entre espíritu y cuerpo, la res cogitans de la res extensa.
Ambas esferas se reunían en la hipófisis cerebral. El lema de Descartes
«Pienso, luego existo» define al sí mismo como algo situado por encima
de cualquier duda filosófica.
Immanuel Kant (1724-1804) sostenía que la razón humana construye su
propio mundo. Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), por su parte, vio
en la idea del sí mismo la expresión de un estado evolutivo elevado de la
conciencia. El psicólogo William James (1842-1910) consideró las emociones y
el sí mismo a la manera reduccionista del científico natural: como funciones
del cerebro. Sigmund Freud (1856-1939) concibió el inconsciente como una
instancia participante en los procesos psíquicos a la que debía tenerse en
cuenta en las modificaciones terapéuticas del sí mismo.
El sí mismo desde la filosofía
¿Para qué
poseemos un
yo? ¿Por qué
no somos
simplemente
autómatas
biológicos
carentes de
conciencia sobre
nosotros mismos?
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 11
Los investigadores propusieron a una serie de
voluntarios que estimaran su propia frecuencia
cardiaca. Se realizó a cada uno de los proban-
dos una tomografía por resonancia magnética
mientras oían a través de unos auriculares sus
propias pulsaciones, bien en tiempo real o bien
con 500 milisegundos de retraso. La tarea consis-
tía en indicar si el propio pulso sonaba en tiem-
po real o a deshora. Cuanto mejor diferenciaba
el voluntario entre ambas posibilidades, tanto
más intensa aparecía la actividad de su región
insular. Mediciones posteriores demostraron
que aquellos probandos que manifestaban una
especial sensibilidad corporal (se quejaban, por
ejemplo, de sequedad en los ojos o de sensación
de opresión en el estómago) presentaban una
corteza insular mayor que el resto.
Los aspectos cognitivos del sí mismo, por su
parte, se reflejan en la corteza prefrontal medial.
En un experimento llevado a cabo en 2006 por
Joseph Moran y su equipo, en la Universidad
Dartmouth de Hanover, en Estados Unidos, los
participantes debían juzgar si una serie de adje-
tivos se correspondían con ellos mismos o bien
con algún conocido suyo. Cuando las palabras
coincidían con su propia persona, la actividad
en las regiones frontales cerebrales aumentaba
de forma intensa, con independencia del valor
emocional de los adjetivos, esto es, sin importar
si describían rasgos positivos o negativos.
Excitación por contemplarse
Resultados similares obtuvieron Thilo Kircher, de
la Clínica Psiquiatra Universitaria de Marburgo,
y Stephen M. Platek y otros colaboradores, de la
Universidad de Pensilvania en Philadelphia. Los
voluntarios observaron fotografías de su propio
rostro, así como de otras personas conocidas y
desconocidas, mientras se les realizaba un escá-
ner cerebral. Las neuroimágenes demostraron
que al ver la propia imagen se activaban con
mayor intensidad la corteza prefrontal medial, la
ínsula y las áreas corticales parietales de los pro-
bandos. Dichas regiones se estimulaban incluso
ante la mera expectativa de contemplar su rostro
de inmediato, es decir, antes de ver la fotografía,
según informó Anette Brühl, de la Universidad de
Zúrich, con motivo del Congreso de la Sociedad
Alemana de Psiquiatría, Psicoterapia y Neurología
celebrado en Berlín en 2008.
La diferenciación entre «yo» y «otros» ofrece
a los investigadores un buen punto de partida
para seguir la pista a la representación neuronal
del sí mismo. Al parecer, el cerebro diferencia de
manera precisa los estímulos propios de los ex-
ternos. Ello causa, por ejemplo, que una persona
no pueda hacerse cosquillas a sí misma, a pesar
de que los estímulos aplicados a la piel sean los
mismos que cuando se las provocan otros. De
igual forma, no somos conscientes, en general,
del sonido de nuestra voz, a pesar de que, como
cualquier otro ruido, nos llega al oído desde el
exterior.
Knut Schnell, de la Clínica Psiquiátrica Univer-
sitaria de Bonn, ha investigado este punto con
más detalle. Según los resultados de su grupo
de trabajo, percibimos los estímulos fruto de
nuestra propia actuación de una forma más dé-
bil que los producidos de forma externa. En un
estudio con neuroimágenes, Schnell demostró
que al observar los probandos un vídeo en el que
aparecían actos protagonizados por ellos mis-
mos entraba en funcionamiento toda una red de
áreas corticales prefrontales, así como del lóbulo
parietal inferior, reacción que no ocurría cuando
veían acciones efectuadas por otras personas.
¿Cómo puede explicarse tal proceso? Se cono-
ce la función que desempeña la corteza prefron-
tal como instancia de planificación y control de
nuestros actos. Para ello, envía una copia de su
programa de movimientos a regiones concretas
del lóbulo parietal, las cuales se ocupan de la
percepción de los movimientos ajenos. Median-
te esta autorregulación casi puede eliminarse la
Corteza
parietal
medial
Corteza
cingular
posterior
Corteza
orbitofrontal
Corteza
prefrontal
ventromedial
Corteza
prefrontal
dorsomedial
Corte medial del cerebro
Corteza
cingular
anterior
Amígdala
Hipocampo
Cerebelo
Mi cerebro y yo
La representación neuronal
del sí mismo requiere áreas
de diversas zonas del cerebro.
Tales áreas resultan sobre todo
numerosas en la parte media
de los hemisferios o «línea media
cortical». Entre las estructuras
destaca, junto a la corteza
orbitofrontal y la cingular,
la corteza prefrontal medial.
Dicha región se divide en
una parte ventral (orientada
hacia el vientre) y otra dorsal
(orientada hacia la columna
vertebral). También algunos
campos del lóbulo parietal
(corteza parietal medial) y la
amígdala se activan con estímu-
los en relación al yo, como han
demostrado los experimentos.
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12 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
información autogenerada, lo que se traduce en
que la intensidad de la percepción de la activi-
dad propia se debilita de forma considerable. En
los pacientes con psicosis agudas, la diferencia-
ción entre lo propio y lo ajeno puede hallarse
alterada, con el curioso efecto secundario de que
los tocamientos que el sujeto realiza sobre su
propia piel los percibe igual de intensos que si
se los produjera un extraño, por lo que puede
provocarse cosquillas a sí mismo.
Todo ello conduce a la pregunta de por qué
se ha desarrollado el sí mismo. ¿Qué ventajas
tiene un organismo «autorreflexivo» frente a
uno alternativo que no es consciente de su mis-
midad y, en consecuencia, no posee ningún yo?
La regulación de los sentimientos podría tener
aquí un gran papel, pues en este punto la auto-
percepción desempeña una importante función:
nos permite ser conscientes de nuestros senti-
mientos, ponderarlos y, dado el caso, modular-
los. El propio yo sirve con ello de una suerte de
superficie de proyección.
Control de los sentimientos
Continuamente recibimos estímulos con conte-
nido emocional: desde el taimado perro de los
vecinos, pasando por los enervantes compañe-
ros de trabajo, hasta la añorada tarde de cine con
los amigos. Regular nuestras reacciones emocio-
nales, así como los impulsos conductuales que
de ellas se derivan, constituye una capacidad
importante; sin ella resultaría imposible una
cohabitación social compatible. Las áreas de la
corteza prefrontal también desempeñan aquí
una función decisiva, ya que modulan la activi-
dad que parte de la amígdala, de tal manera que
pueden inhibir la excitación emocional.
Pero ¿cómo nos las arreglamos en el día a
día con nuestros sentimientos? Una estrategia
sencilla consiste en apechar con ellos. No obs-
tante, en la práctica, muchas veces este método
no resulta viable. Otra posibilidad consiste en
reprimir las expresiones emocionales (técnica
de supresión expresiva) poniendo «buena cara»
ante situaciones onerosas o que provocan an-
gustia. Según han demostrado algunos estudios,
las señales mímicas o motoras de cualquier otro
tipo modifican por completo la situación aními-
ca. Sin embargo, la represión continuada de las
emociones puede incrementar el estrés psicoló-
gico subjetivo, así como la agitación a la que va
inevitablemente unido.
Una tercera variante, más favorable, es la «ree-
valuación cognitiva». Su finalidad estriba en una
relajación de la vida emocional y la reducción de
las reacciones fisiológicas (enlentecimiento de la
frecuencia cardiaca, por ejemplo). A partir de los
procedimientos de neuroimagen, Kevin Ochs-
ner y James Gross, de la Universidad Stanford
en California, mostraron en 2005 los correlatos
neuroanatómicos de la reevaluación cognitiva.
Los investigadores presentaron a una serie de
voluntarios sanos imágenes desagradables o
neutrales. Una parte de los probandos tan solo
debía dejarse impresionar por las imágenes. Los
otros participantes tenían la tarea de, median-
te la reevaluación intelectual, interpretarlas de
tal forma que perdieran su significado negativo.
(Un perro de aspecto y dientes amenazantes po-
día permutarse, por ejemplo, en un fiel guardián
protector de la esposa.) El resultado confirmó
que la reevaluación permitía reducir los senti-
mientos desagradables. En este caso, las áreas
prefrontales laterales se mostraron sobre todo
activas, mientras que se inhibía la actividad de
la amígdala y de la corteza orbitofrontal.
En una investigación que desarrollamos en
2007 solicitamos a voluntarios sanos que em-
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«MIRA, ESE SOY YO»
En unos experimentos llevados
a cabo por el autor, los volun-
tarios miraban fotografías en
las que aparecían ellos u otras
personas. Cuando se observa-
ban a sí mismos se estimulaba
la corteza cingular (amarillo) de
forma más intensa.
La sutil diferencia
El yo y el sí mismo:
El psicólogo William James
(1842-1910) diferenció
entre «yo» y «sí mismo». El
primero sería el «conoce-
dor». El contenido de sus
conocimientos (pensamien-
tos, deseos, preferencias,
etcétera) constituiría por su
parte el sí mismo. Según
otra definición, el yo sería la
parte consciente del sí mis-
mo, algo así como la punta
del iceberg.
Emoción y sentimiento:
Algunos autores describen la
emoción como un estado de
excitación corporal básico.
De la valoración mental
de ese estado surge el
sentimiento. En el lenguaje
cotidiano solemos utilizar
ambos conceptos como
sinónimos.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 13
plearan dicha estrategia en la expectativa de
imágenes desagradables. Para ello se situó a los
probandos ante una fila de imágenes desagra-
dables y se les solicitó que imaginasen hallarse
en un escáner como si fuera parte de un ex-
perimento inocuo para ellos. Los sujetos que,
según sus propias declaraciones, conseguían
cumplir las instrucciones de forma satisfacto-
ria, mostraban una actividad aumentada en la
corteza prefrontal medial y dorsolateral, pero
disminuida en la amígdala. Ello se producía
también cuando los voluntarios desconocían si
iban a ver un estímulo agradable o desagradable.
Por tanto, la estrategia también resulta útil en
situaciones en las que se desconoce lo que va a
pasar a continuación.
Depende de la valoración
El control de las emociones es posible hasta
cierto punto. No en vano constituye un com-
ponente en numerosas técnicas psicoterapéu-
ticas. El principio básico se remonta a tiempos
antiguos. Ya Marco Aurelio escribió en sus
Meditaciones que el gravamen anímico (lo que
nosotros llamaríamos el «estrés psíquico») no
se debía tanto a los acontecimientos externos
en sí, sino a la valoración que hacemos de ellos.
El ser humano posee en todo momento el poder
de modificarla.
Al parecer, esta habilidad no resulta tan sen-
cilla. Con frecuencia fracasamos en el intento de
mantenernos bajo control. Los sentimientos nos
abruman, por más que nos llamemos a la razón.
En el caso de miedos profundamente arraigados
(como la aracnofobia), no resulta de gran ayuda
el simple hecho de decirnos: «Pero ¡si no se trata
más que de un animalillo inofensivo!». Con todo,
somos capaces de entrenar las regiones cerebra-
les responsables del control cognitivo.
Técnicas de meditación, como la atención
plena, promueven la percepción consciente de
las propias emociones y de las sensaciones cor-
porales, al tiempo que ayudan a desprenderse
interiormente de ellas. La atención plena implica
una conciencia deliberada, atenta y no valorati-
va del momento. La psicoterapia basada en esta
práctica ha experimentado en los últimos años
un auge notable.
En la actualidad pueden investigarse los pro-
cesos neurobiológicos asociados. Al parecer, se
activan las mismas regiones cerebrales que en
la regulación emocional. J. David Creswell, psi-
cólogo de la Universidad de California en Los
Ángeles, determinó en 2007, mediante encues-
tas, la inclinación natural de los voluntarios de
mantenerse atentos en su vida cotidiana. (Tal
capacidad puede constatarse a partir de la sensi-
bilidad ante las propias sensaciones corporales.)
A continuación, los probandos debían ejecutar
una tarea mientras se hallaban en el escáner.
La actividad consistía en asignar a una serie de
imágenes de expresiones faciales emocionales
su correspondiente palabra afectiva (alegría,
tristeza, asco...). Como tarea de control debían
señalar asimismo el sexo de la persona que apa-
recía en la fotografía.
Los participantes especialmente atentos mos-
traban una actividad prefrontal aumentada. A
su vez, su amígdala se estimulaba con menor
intensidad que en el resto de probandos. Al pare-
cer, el área prefrontal enviaba señales de control
inhibidoras a la amígdala.
Con ayuda de las técnicas de neuroimagen
podrían conseguirse avances considerables en
este ámbito. Supongamos que pudiera enviarse
a los voluntarios que llevan a cabo estas técnicas
mentales de meditación una retroalimentación
en tiempo real de la actividad de su propio cere-
bro, mostrándoles, por ejemplo en una pantalla,
el patrón de excitación cerebral registrado. Los
voluntarios revisarían entonces los «resultados
de sus entrenamientos» mediante la actividad
cerebral modificada, de manera que aprenderían
a controlarse con mayor facilidad.
Christian Plewnia, de la Clínica de Psiquiatría
y Psicología de Universidad de Tubinga, presen-
tó un intento de este tipo en el Congreso de la
Sociedad Alemana de Psiquiatría, Psicoterapia
y Neurología celebrado en Berlín en 2008. Junto
con otros institutos, su grupo de trabajo inves-
tigó si esa especie de neurorretroalimentación
favorecía la autorregulación emocional. Los nue-
vos estudios permiten sospechar una respuesta
positiva, aunque por el momento la técnica re-
sulta costosa para su empleo en el tratamiento
cotidiano.
Pese a que todavía puede faltar tiempo para
que tales métodos proporcionen ayuda a perso-
nas como la señora K. o el señor M., la investi-
gación de las bases neuronales del sí mismo ha
proporcionado ya algunos resultados sorpren-
dentes. Entre otras cosas, ha mostrado que la
imagen que nos hacemos de nosotros mismos
es resultado de nuestro cerebro, al que podemos
influir de forma positiva.
Uwe Herwig es director del grupo de trabajo de regula-
ción de las emociones en la Clínica Psiquiátrica Universi-
taria de Zúrich. También es profesor extracurricular de la
Universidad de Ulm.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
NEUROANATOMICAL EVIDENCE
FOR DISTINCT COGNITIVE AND
AFFECTIVE COMPONENTS OF
SELF. J. M. Moran et al. en
Journal of Cognitive Neuro-
science, vol. 18, págs. 1586-
1594, 2006.
MODULATION OF ANTICIPATO-
RY EMOTION AND PERCEPTION
PROCESSING BY COGNITIVE
CONTROL. U. Herwig et al.
en Neuroimage, vol. 37,
págs. 652-662, 2007.
TRAIT ANXIETY AND IMPOVE-
RISHED PREFRONTAL CONTROL
OF ATTENTION. S. J. Bishop
en Nature Neuroscience,
vol. 12, págs. 92-98, 2009.
NEURAL CONRRELATES OF
ALTERED GENERAL EMOTION
PROCESSING IN SOCIAL AN-
XIETY DISORDER. A. B. Brühl,
M. Rufer, A. Delsignore,
T. Kaffenberger, L. Jäncke,
U. Herwig en Brain research,
vol. 378, págs. 72-83, 2011.
NEURAL CORRELATES OF PER-
SONALITY DIMENSIONS AND
AFFECTIVE MEASURES DURING
THE ANTICIPATION OF EMO-
TIONAL STIMULI. A. B. Brühl,
M. C. Viebke, T. Baum-
gartner, T. Kafeenberger,
U. Herwig en Brain Imaging
Behaviour, vol. 5, págs. 86-
96, 2011.
14 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
E
n las últimas décadas se han ampliado de
forma notable los conocimientos acerca
de la forma de trabajar del cerebro, tanto en lo
que compete a la función de las neuronas como
a un nivel superior, es decir, en lo referente a
tareas psíquicas concretas de las áreas cerebra-
les: desde el lenguaje, pasando por la memoria,
hasta las emociones.
Entrados en materia, los neurocientíficos in-
tentan entender, en primer lugar, cómo el cere-
bro lleva a cabo de una forma genérica las capaci-
dades mentales; investigan procesos universales
que, en principio, son similares para todos y cada
uno los seres humanos. Por otro lado, la expe-
riencia cotidiana nos demuestra que las personas
se diferencian de manera considerable entre sí:
una destaca por su habilidad en el lenguaje, otra
por sus capacidades en cálculo o lógica; una se
asusta con facilidad, mientras que otra sorpren-
de por su fuerte carácter impulsivo.
Las preferencias y los rasgos de personali-
dad más o menos estables constituyen el fun-
damento de la individualidad. En los límites
extremos de su expresión se encuentran a me-
nudo desordenes psíquicos, como es el caso de
Los secretos del carácter se consideraban hasta ahora
terreno natural de los psicólogos. Sin embargo, cada vez más
los neurofisiólogos localizan las particularidades individuales
impresas en el encéfalo. ¿Qué relación existe entre
la personalidad y el cerebro?
CHRISTIAN FIEBACH
RESUMEN
Un cerebro
con carácter
1
Los rasgos de la per-
sonalidad (ansiedad,
impulsividad e inteligen-
cia, entre otros) pueden
atribuirse, en parte, a pe-
culiaridades del cerebro.
2
Los rasgos individua-
les se hallan en la
anatomía y la actividad
cerebral, así como en la
carga genética.
3
Las características
de la personalidad
surgen de la interacción
entre los genes, el cere-
bro y el ambiente.
El rompecabezas
de la
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 15 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 15
CÉLULAS GRISES,
«YO» DE COLOR
Creativo, expresivo, racional,
impulsivo... El cerebro de cada
persona establece las diferencias.
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los trastornos de ansiedad. Los psicólogos de la
personalidad han desarrollado múltiples instru-
mentos para clasificar y describir las diferencias
individuales en relación a la experiencia y la
conducta. Entre ellos destacan los cuestionarios
estandarizados. Estos permiten determinar de
forma empírica las facetas de la personalidad,
como las cinco dimensiones derivadas del cues-
tionario Big five (véase el recuadro «El modelo
de los cinco factores de la personalidad»). Sin
embargo, el conocimiento de las bases biológicas
de la personalidad todavía es escaso.
El psicólogo Hans Jürgen Eysenck (1916-1997)
desarrolló en la segunda mitad del siglo XX la
«teoría de la activación de la personalidad». Di-
cha teoría se basaba en la idea de que existen
tres dimensiones esenciales del carácter: neu-
roticismo (destaca la labilidad emocional y la
ansiedad, así como una propensión a los senti-
mientos negativos), extraversión (definida por la
sociabilidad y el optimismo) y psicoticismo. Este
último concepto queda algo difuso, ya que aúna
características tan dispares como la curiosidad,
la agresividad, la dominancia y la escrupulosi-
dad, entre otras.
El punto de partida del modelo de Eysenck es
el siguiente: las conformaciones respectivas de
las tres dimensiones básicas se hallan en gran
medida determinadas genéticamente y su ori-
gen se establece a partir de la excitabilidad de
16 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
sistemas corporales determinados. Así, en per-
sonas con un fuerte neuroticismo, el sistema
límbico (región cerebral que participa en las
emociones) reacciona de forma rápida e inten-
sa ante estímulos que dejan, en cambio, a otras
personas más bien indiferentes.
Precursor histórico
De forma distinta a Eysenk, su colaborador Jef-
frey Gray (1934-2004) atribuyó las diferencias en
lo concerniente a la ansiedad y a la impulsividad
de las personas a la sensibilidad neurobiológi-
ca ante los estímulos de recompensa y castigo.
Gray postuló la existencia de un Sistema de Ac-
tivación o Aproximación Conductual (CAS por
sus siglas en inglés), anclado profundamente en
el cerebro y que controla el abordamiento de los
estímulos positivos (los alimentos o la pareja
sexual, por ejemplo), pero también las recom-
pensas, el dinero y las drogas. Si este sistema
se excita con facilidad, entonces se manifiesta
una conducta impulsiva. El Sistema de Inhibi-
ción Conductual (CIS) gobierna, por el contrario,
la evitación de consecuencias negativas, según
Gray. Una elevada reactividad del CIS conlleva
una ansiedad acrecentada.
El neurofisiólogo Richard Davidson, de la
Universidad de Winsconsin-Madison, también
defiende ideas semejantes en su teoría de la la-
teralización de la personalidad. Sostiene que la
corteza frontal izquierda gobierna, sobre todo,
la inclinación hacia los estímulos agradables o
deseados, mientras que su equivalente de la mi-
tad cerebral derecha se ocupa de evitar el peligro
o retirarse de él.
Davidson llegó a dicha conclusión a partir de
sus observaciones sobre las diferencias entre los
hemisferios cerebrales en el procesamiento de
los estímulos emocionales. Registró señales elec-
troencefalográficas más intensas en el cerebro
frontal izquierdo cuando los probandos contem-
plaban caras alegres; cuando observaban rostros
tristes, en cambio, las oscilaciones del potencial
eléctrico aparecían más marcadas en el cerebro
frontal derecho.
Las diferencias en la vida emocional de los
individuos se deben, explica Davidson, a asime-
trías de la actividad básica neuronal, las cuales
constituyen la base del «estilo afectivo» de la
persona. De la dominancia de una de las dos
mitades del cerebro frontal depende que una
persona tienda a responder a los estímulos po-
sitivos (recompensas) o que, por el contrario, se
incline por evitar los negativos.
Davidson parte de un continuo biológico en-
tre la inclinación a lo agradable y la evitación
de lo desagradable, mientras que para Gray ta-
les dimensiones son independientes entre sí.
Según su teoría, una persona podría presentar
una elevada expresión de ambos campos (im-
pulsiva a la par que tendente a la ansiedad),
rasgos que se corresponderían con el neuroti-
cismo clásico.
La investigación en psicología diferencial ha
engendrado, por tanto, una serie de teorías y
modelos sobre las bases biológicas de la perso-
nalidad. Sin embargo, por el momento, no queda
claro qué teoría explicativa resulta la más acer-
tada. A ello cabe añadir que, durante largo tiem-
po, las corrientes principales de la psicología de
la personalidad apenas investigaron los meca-
nismos neuronales básicos; los neurocientífi-
cos, por su parte, mostraron poco interés por las
diferencias interindividuales. Sin embargo, los
métodos refinados de la neurociencia cognitiva
actual posibilitan superar esa cisura y explorar
en los correlatos biológicos de las peculiaridades
individuales.
Hoy por hoy, el modelo de la personalidad con mayor aceptación abarca cinco factores: el
neuroticismo describe una labilidad emocional que se expresa en un aumento de la ansie-
dad o la irritabilidad, en preocupaciones o inquietudes continuas, así como en la tendencia
a experimentar emociones negativas. La extraversión, por su parte, engloba aspectos como
sociabilidad, actividad, hambre de experiencias y tendencia a experimentar emociones posi-
tivas. La disposición a experiencias denota interés intelectual; también fantasía y ganas de
experimentar. La agradabilidad describe la competencia social, la disposición a la cooperación
y el altruismo, mientras que el factor escrupulosidad indica responsabilidad, capacidad orga-
nizativa y querencia por el orden.
El modelo de los cinco factores de la personalidad
Las neurociencias
cognitivas
permiten la
comprensión de
los correlatos
biológicos de la
singularidad del
individuo
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 17
Un aspecto de la personali-
dad que aparece en la mayo-
ría de los modelos teóricos
es el factor neuroticismo.
Este describe, en primera
instancia, las diferencias en las reacciones emo-
cionales humanas: cuando existe una expre-
sión escasa de dicho rasgo, el sujeto se inclina
poco hacia la ansiedad y presenta una tenden-
cia vital positiva. Como ya supuso Eysenck, el
grado de neuroticismo podría reflejarse de esta
manera en la red cerebral de procesamiento de
las emociones.
Básicamente existen dos posibilidades: la
primera consistiría en diferenciar tipos de per-
sonalidades en función de la anatomía cerebral
(teniendo en cuenta, por ejemplo, la densidad
o la estructura de la sustancia gris en ciertas
áreas). La segunda se basaría en que el cerebro
de las personas más propensas a la ansiedad
reaccionaría también de forma más sensible
ante los estímulos (supuestamente) amenaza-
dores en comparación con el de los sujetos de
naturaleza más arrojada. Para ambos supuestos
existen pruebas.
El grupo de trabajo en torno a Turhan Canli,
de la Universidad Stony Brook, en Nueva York,
describió que el volumen de la amígdala (impor-
tante centro emocional del cerebro) se relaciona-
ba con dos dimensiones de la personalidad. La
amígdala izquierda de los probandos aparecía
tanto más gruesa cuanto más extravertidos
se mostraban los sujetos según los test. Por el
contrario, cuanto más pequeña era la amígda-
la derecha más ascendían los voluntarios en la
escala del neuroticismo.
Ese hallazgo concuerda con conocimientos
anteriores que indican que los pacientes depre-
sivos presentan con frecuencia una amígdala de
tamaño reducido. Todavía no se ha confirmado
con certeza si un fuerte neuroticismo representa
una suerte de predisposición para el trastorno
depresivo, como sostienen algunos investigado-
res. Sin embargo, lo que sí parece fuera de duda
es que la amígdala desempeña una importante
función en las disposiciones de la personalidad
relacionadas con la experiencia emocional.
También existen diferencias en relación con
la función cerebral: la actividad de la amígdala
de personas distintas puede, por un lado, variar
en su actividad básica. Así, aquellos sujetos con
ansiedad podrían mostrar una actividad aumen-
tada y duradera de la amígdala. Por otro lado,
sería posible que dicha región cerebral reaccio-
nara de manera intensificada y transitoria solo
cuando, por ejemplo, el sujeto se confrontara a
situaciones generadoras de angustia o poten-
cialmente peligrosas.
Estudios con tomografía por emisión de po-
sitrones (PET), en los que la actividad neuronal
basal se determina mediante mediciones de la
tasa de glucosa en el cerebro en condiciones
de reposo, demostraron un elevado consumo de
energía sostenido de la amígdala en pacientes
depresivos. Ello sugiere que una personalidad
ansiosa (como supuso Eysenck) se acompaña de
un incremento de la actividad basal de la amíg-
dala, a pesar de que todavía no se ha comproba-
do en voluntarios sanos. Quizás el incremento
de la actividad básica en los pacientes psíquicos
represente solo una sobrecompensación ante el
volumen reducido de la amígdala.
Asimismo, las respuestas a corto plazo (fá-
sicas) ante estímulos que denotan angustia
(rostros temerosos) resultan más llamativas en
pacientes con ansiedad que en personas menos
ansiosas, circunstancia que apoya la hipótesis de
Gray acerca de la elevada sensibilidad del proce-
samiento neuronal de las emociones.
De los genes a los neurotransmisores
Por más fascinantes que resulten estos hallaz-
gos, todavía no logran explicar por qué los cere-
bros de personas distintas reaccionan de forma
0,87
0,86
0,85
0,84
0,83
0,82
0,81
0,80
0,79
0,78
0,77
20 40
Extraversión
60 80
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Neuroticismo
0,74
0,73
0,72
0,71
0,70
0,69
0,68
0,67
0,66
0,65
0,64
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20 40 60 80
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MASA CON CLASE
Un estudio de 2005 sugiere que
a mayor tamaño de la amígdala
izquierda, más extravertida
resulta una persona (izquierda).
Por el contrario, a medida que
crece el volumen de la amígdala
derecha se reduce el neuroticis-
mo (derecha).
(de «Amygdala gray matter concen-
tration is associated with extraver-
sion and neuroticism», por K. R.
Omura et al. en Neuroreport, vol.
16, n.
o
17, págs 1905-1908, 2005.)
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18 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
diferente. Mediante la combinación de encues-
tas de psicología de la personalidad con métodos
genético-moleculares, el psiquiatra Klaus-Peter
Lesch, de la Universidad Julius-Maximilians de
Würzburg, consiguió hace unos años dar un
paso importante en la respuesta a tal enigma
[véase «¿Sólo cuestión de genes?», por Katja Gas-
chler; MENTE Y CEREBRO, n.
o
10].
Lesch y sus colaboradores investigaron un
gen que determina la elaboración del transpor-
tador de serotonina. Dicho transportador es
una proteína cuya misión consiste en llevarse
al neurotransmisor serotonina, una vez termi-
nado su trabajo, de la cisura sináptica (el espacio
interneuronal). Dicho espacio se puentea me-
diante un mensajero químico (neurotransmi-
sor). El transportador de serotonina hace que
el neurotransmisor vuelva de nuevo a la célula
presináptica. Si tal recuperación no resulta sufi-
cientemente efectiva, la concentración aumen-
tada del neurotransmisor ocasiona una mayor
excitabilidad de, en este caso, la amígdala.
Ahora bien, el gen que determina la forma-
ción del transportador de serotonina presenta
dos variantes: alrededor de una de cada cinco
personas posee una variante más corta (alelo S),
a diferencia de lo que sucede con la forma más
larga (alelo L), que ocasiona una depleción de
la serotonina en las sinapsis menos eficientes.
Como mostraron Lesch y sus colaboradores, los
portadores del alelo S presentan, por término
medio, una tendencia mayor a padecer ansie-
dad. Parece, pues, que las variaciones en los
mecanismos celulares y moleculares originan
diferencias de disposición en relación con las
experiencias emocionales.
Un equipo dirigido por Ahmad Hariri y Da-
niel Weinberger, del Instituto Nacional de Salud
Mental de EE.UU., profundizó en 2002 sobre di-
cha tesis. Los autores pusieron de relieve que, al
observar imágenes de rostros con expresiones
de angustia, los portadores de alelo S mostraban
una actividad más intensa de la amígdala que
los portadores del, más largo, alelo L.
Sin embargo, los resultados deben inter-
pretarse con sumo cuidado. Por lo común, las
variaciones de un único gen (polimorfismos)
explican estadísticamente tan solo una propor-
ción escasa de las diferencias interpersonales:
en la mayoría de las ocasiones, menos del diez
por ciento del rango de dispersión total. Ello
no sorprende, ya que las influencias neuro-
biológicas (la actividad de neurotransmisores)
presentan un origen multigenético, es decir,
son controladas por una variedad de factores
genéticos.
Junto a los factores genéticos destaca la in-
fluencia del medio. El mero conocimiento del
genotipo particular aporta poco. Otros genes,
las experiencias y la forma de vida del individuo
participan de forma decisiva en su conducta.
Si bien las reacciones emo-
cionales constituyen un as-
pecto importante de la per-
sonalidad, no son el único
factor. Otras características
personales se localizan en estructuras cerebrales
definidas.
Volvamos a la aspiración de recompensa, des-
crita por Gray en su modelo CAS como funda-
mento de la impulsividad de la persona. Desde
el punto de vista neurocientífico, es probable
que dicho rasgo tenga sus raíces en el sistema
de recompensa cerebral.
Los investigadores consideran las áreas cen-
trales de este sistema (el estriado ventral en los
ganglios basales) el motor de la conducta diri-
gida a una meta. En nuestro estudio, realizado
en colaboración con Joe Simón y Stefan Kaiser,
de la Clínica Psiquiátrica de Heidelberg, en las
personas con una acusada tendencia de aproxi-
mación (de naturaleza impulsiva), el estriado
ventral reaccionaba, ante la ganancia de dinero,
de una forma más marcada que en el resto de
sujetos. G
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Anatomía
Conducta
Transmisor
Reactividad/Función cerebral
AMBIENTE
Cognición/ Emociones
Anatomía
GENES, CEREBRO, MENTE
La investigación actual determi-
na que los genes influyen sobre
los factores anatómicos y bio-
químicos de la función cerebral,
que gobierna desde el trasfon-
do del ambiente, la psique y la
conducta.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 19
También aquí pueden constatarse diferen-
cias anatómicas y genéticas. En 2009, el grupo
encabezado por Bernd Weber, del centro Life &
Brain de la Universidad de Bonn, desarrolló un
descubrimiento fascinante. Investigaron la neu-
roanatomía de sujetos que se caracterizaban por
una constante búsqueda de experiencias nuevas
y excitantes [véase «Atracción por lo desconoci-
do», por Nikolas Westerhoff; MENTE Y CEREBRO,
n.
o
36]. Mediante imágenes con tensor de difu-
sión en resonancia magnética, determinaron
con qué intensidad se hallaban conectadas ana-
tómicamente determinadas regiones cerebrales
de los voluntarios. El grado de intercomunica-
ción entre el estriado y la amígdala aumentaba
de forma directa con el grado de tendencia a la
búsqueda de nuevas emociones. El incremento
de dicha conectividad podría conducir a la lle-
gada de más información relevante a una región
concreta, lo que posibilitaría que dicha área (el
estriado, en este caso) se excitara de forma más
intensa.
Los deseos hechos materia
En el sistema de recompensa cerebral, la dopa-
mina es el principal neurotransmisor. Hoy en
día conocemos bastantes variaciones genéticas
de dicho neurotransmisor. El psicólogo Martin
Reuter, de la Universidad de Bonn, investigó en
2006 cómo la inclinación individual a los senti-
mientos positivos y a la conducta de aproxima-
ción (impulsiva) se relacionaba con dos varian-
tes genéticas que controlaban la efectividad de
la dopamina. Una de ellas gobierna la depleción
del neurotransmisor mediante la enzima COMT
(catecol-oxi-metil-transferasa); la otra regula la
densidad de los receptores D
2
de dopamina en
el cerebro.
Reuter mostró que la combinación de am-
bos genotipos incrementaba la tendencia de
aproximación (impulsiva), la cual conllevaba
asimismo un aumento en la concentración de
dopamina. Al considerar la posible influencia
conjunta de los dos polimorfismos genéticos, el
equipo de Reuter cayó en la cuenta que existía
una causa multigénica.
Junto a los sentimientos y
la motivación, las capacida-
des intelectuales constitu-
yen un componente signifi-
cativo en la individualidad
de una persona. Para determinarlas, la psicolo-
gía diferencial ha desarrollado diversos test de
inteligencia.
Los neurocientíficos buscaron también corre-
latos biológicos en este ámbito. Richard Haier,
de la Universidad de California en Irvine, fue
uno de los primeros en explorar regiones ce-
rebrales cuyo volumen se relacionaba por es-
tadística con la inteligencia. Según su estudio,
los correlatos anatómicos de la inteligencia se
encuentran repartidos por todo el encéfalo,
aunque de manera más marcada en la corteza
prefrontal.
En 2008, Sonia Bishop y John Duncan, de la
Universidad de Cambridge, informaron además
de que la activación de esa región durante la
elaboración de tareas de los test de inteligencia
dependía de la dotación genética. Los volunta-
rios con un genotipo COMT, el cual origina una
mayor concentración de dopamina en el lóbulo
frontal, mostraban una menor activación cere-
bral pero con el mismo rendimiento en las prue-
bas, lo que indicaba que su cerebro trabajaba de
manera más eficiente.
Dado que la inteligencia representa una me-
dida altamente compleja, en la que confluyen
capacidades parciales (la atención, la memoria
o el tiempo de procesamiento), pueden actuar
sobre ella múltiples y variadas influencias. De-
sentrañar la forma en que los aspectos concre-
tos de la capacidad intelectual son controlados
neuronal y genéticamente constituye un cam-
po de investigación apasionante para el futuro
inmediato.
Los hallazgos de Christine Stelzel, de mi
grupo de trabajo, indican que los genes do-
pamínicos arriba descritos también influyen
en la memoria de trabajo, es decir, en la ca-
pacidad mental de manipular la información
(capacidad de suma importancia en el cálculo
mental).
Las peculiaridades individuales (ansiedad,
impulsividad e inteligencia) presentan, por tan-
to, correlatos en la estructura y en la función
cerebral, así como en la dotación genética. La
forma en que estas redundan en la experiencia
y la conducta depende también de los condi-
cionantes del medio. La investigación de esta
compleja interacción se halla todavía en sus
albores, mas se perfila ya un claro horizonte:
la individualidad de una persona se arraiga
en su cerebro, aunque no en una única región
cerebral.
Christian Fiebach es el director del grupo de trabajo
«Neurocognición de las diferencias individuales» y profe-
sor de neurociencia cognitiva en la Universidad Ruprecht-
Karl de Heidelberg.
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págs. 1868-1874, 2010.
20 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
A
unque la mayoría de las veces los supe-
remos en nuestros quehaceres diarios, la
vida se encuentra llena de riesgos: en cualquier
lugar y en cualquier momento puede ocurrir
un hecho inesperado. Según Ronald Kessler, psi-
quiatra de la Escuela de Medicina de Harvard,
una de cada dos personas experimenta un suce-
so traumático: desde la muerte inesperada de un
familiar, pasando por un atraco con violencia,
hasta la vivencia de una catástrofe natural.
Quien sufre en sus propias carnes una situa-
ción de peligro vital suele desarrollar un trastor-
no por estrés postraumático (TEPT). Los efectos
del suceso continúan actuando al cabo de varios
años, de manera que significan una pesada carga
en la rutina del afectado.
Algunos de estos acontecimientos suceden
de una vez (un grave accidente de tráfico); otros
se repiten a lo largo de meses o años (torturas o
abusos sexuales). Estos últimos «traumas comple-
jos» suelen originar diversos trastornos psíqui-
cos, lo que comporta una especial dificultad a la
hora del tratamiento. Con frecuencia, el psico-
terapeuta no especializado en tratar tales casos
solo consigue, al cabo de varios años de trabajo,
reconocer la presencia del síndrome. Síntomas
como la angustia, las depresiones o los delirios
pueden «enmascarar» el trastorno.
Desde tiempo atrás, los psiquiatras intentan
paliar con medicamentos las consecuencias agu-
das de un trastorno por estrés postraumático
(TEPT). Con el fin de disminuir la excitación
interior del paciente prescriben antidepresivos.
Algunos médicos de cabecera recetan también
benzodiazepinas. Dichos tranquilizantes se han
acreditado en casos de trastornos del sueño, ata-
ques de ansiedad y tendencia al suicidio, pero
no son apropiados para tratar un TEPT. Así, las
benzodiazepinas ayudan a mitigar las conse-
cuencias psíquicas agudas; no obstante, como
demostró ya en 1996 un equipo dirigido por el
psiquiatra Arieh Shalev, del Hospital de la Uni-
versidad Hadaza en Jerusalén, a largo plazo pue-
den incluso agravar el TEPT y las depresiones.
Un trabajo publicado en 2007 por la Colabo-
ración Cochrane, red internacional de expertos
que lleva a cabo revisiones sobre el efecto de
los tratamientos médicos, llegó a la conclusión
de que, según los conocimientos científicos dis-
ponibles, no existe ningún medicamento que
pueda contrarrestar el desarrollo de un TEPT.
En todo el mundo, los investigadores continúan
ensayando medios nuevos. Para un caso agu-
do del trastorno de marras podrían utilizarse
beta bloqueantes (los médicos los recetan para
la hipertensión y las taquicardias). El psiquia-
tra Roger Pitman, de la Universidad de Harvard,
comprobó que algunas personas experimentan
una mejoría en sus reacciones de ansiedad a lar-
go plazo si se les administra el beta bloqueante
propanolol entre seis y doce horas después de
que haya ocurrido el episodio traumático y se
Punto final
al trauma
Un accidente de tráfico, un atraco a mano armada o una
catástrofe natural... Las situaciones de vida o muerte pueden
permanecer en el recuerdo de los afectados durante largo
tiempo. Medicamentos y psicoterapias ayudan a paliar el
trastorno emocional; no obstante, falta refinarlos
NIKOLAS WESTERHOFF Y ULRICH FROMMBERGER
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LA LARGA SOMBRA
A quien de niño ha sufrido
abusos o maltratos, suelen
perseguirle terribles recuerdos
durante toda la vida. Según los
investigadores, para superar el
trauma es preciso enfrentarse al
pasado.
22 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
sigue con la medicación durante una semana,
más o menos.
Píldoras contra el miedo
En uno de sus experimentos, Pitman confron-
tó a 41 de sus pacientes con grabaciones mag-
netofónicas en las que describían sus propios
traumas. Comprobó que las personas que habían
sido tratadas con propanolol presentaban una
menor reacción emocional que las que solo re-
cibieron un placebo.
Un experimento publicado en 2009 por la
psicóloga Merel Kindt y sus colaboradores, de
la Universidad de Ámsterdam, apunta en esa
misma dirección. Mediante electrochoques,
condicionaron a un grupo de personas a que
sintiesen angustia al ver imágenes de arañas.
Los probandos que al día siguiente tomaron una
dosis de propanolol manifestaron a las 24 horas
siguientes menos pánico que las que recibieron
solo un placebo.
Ahora bien, según Pitman, antes de recomen-
dar beta bloqueantes a individuos con riesgo de
sufrir traumas (soldados, sanitarios que atienden
accidentes, bomberos...) deben estudiarse con de-
tenimiento sus efectos. Hasta ahora no dispone-
mos de resultados concluyentes que demuestren
que los beta bloqueantes, como el propanolol,
resulten eficaces en situaciones agudas.
La opinión de los expertos es unánime en
un punto: resulta difícil detener un trastorno
por estrés postraumático que ya ha comenzado.
Hasta ahora, las medidas propuestas para la fase
aguda no han dado los resultados que prome-
tían los psiquiatras. Según múltiples estudios,
una intervención inmediata tras un trauma no
evita con seguridad un TEPT. Asimismo, exis-
ten trabajos en los que los psicólogos llegan
RESUMEN
Domeñar
el pánico
1
Situaciones que po-
nen en peligro la vida
originan en numerosas
víctimas un trastorno por
estrés postraumático.
2
Los antidepresivos
o una terapia conduc-
tista pueden mejorar los
síntomas; sin embargo,
no curan el trastorno.
3
En la actualidad se
estudian nuevos plan-
teamientos terapéuticos:
entre ellos, la administra-
ción de corticoides o de
beta bloqueantes. Mu-
chos métodos psicotera-
péuticos propugnan que
el afectado narre, ya sea
por escrito o de voz, su
trauma con todo detalle.
Los métodos psicoterapéuticos se basan en la rememoración del trauma. En algunos de
ellos, los recuerdos deben escribirse. Tal es el caso de la «terapia expositiva». La terapia
por Internet desarrollada en los Países Bajos también utiliza esta técnica. Se trata de una
terapia en línea y por escrito, en la que el paciente explica el trauma a través de mensajes
de correo electrónico.
La psicóloga Christine Knaevelsrud, del Centro Berlinés para las Víctimas de Torturas,
donde se ofrece el tratamiento en línea, indica que «en una primera fase invitamos a los
pacientes a que en cuatro ocasiones escriban sobre el suceso que los traumatizó». El correo
electrónico tiene la ventaja de que se puede ayudar desde cualquier lugar del mundo,
incluso desde estados como el de Irak o Irán. «El paciente debe describir el suceso de for-
ma espontánea, sin fijarse ni en la puntuación ni en la ortografía», continúa Knaevelsrud.
«Cuando alguien se ha decidido a participar en la correspondencia, los planos narrativos
suelen entrelazarse: los afectados hablan del suceso y al mismo tiempo cuentan cómo,
mientras escriben, tiemblan, sudan, lloran». Al final suele quedar solo una imagen en torno
a la cual gira el texto. Según esta psicóloga, «el recuerdo actúa como un filtro en forma
de embudo: primero es amplio, pero va estrechándose cada vez más. «Los primeros textos
del usuario recogen múltiples informaciones, evitando el momento decisivo. Sin embargo,
cuanto más escribe, tanto más se concentra su mirada en una única imagen que reaparece
una y otra vez.»
El psicólogo Alfred Lange, de la Universidad de Ámsterdam, desarrolló y puso en práctica
este método terapéutico. Partió de un esquema estricto: primero el afectado debía describir por
correo electrónico su trauma; a continuación debía escribir una carta por Internet a un amigo
imaginario víctima de una experiencia similar y, finalmente, elaborar un escrito de despedida
a los muertos, a los padres de los muertos, al delincuente o a sí mismo. Por regla general,
este último correo electrónico no se envía. Según indica Knaevelsrud, queda formando parte
del tratamiento y se utiliza para ayudar al paciente a integrar el trauma en su biografía. «En
casi todos los pacientes que han sufrido situaciones traumáticas aparecen ideas irracionales de
culpabilidad o de vergüenza, las cuales queremos eliminar o debilitar. Incluso cuando alguien
no ha tenido culpa de lo sucedido es frecuente que se sienta culpable. Queremos cambiar
estos pensamientos básicos».
Tratamiento del trauma en Internet
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 23
a la conclusión de que las ayudas inmediatas
como una reunión o charla posterior (debriefing,
una especie de «rememoración» de la vivencia
traumática) pueden incluso presentar un efecto
contraproducente. A los pacientes especialmen-
te expuestos al riesgo de sufrir un TEPT les re-
sultan de mayor ayuda unas sesiones de terapia
conductista que una conversación justo después
del trágico suceso.
De hecho, el Instituto Nacional Británcio para
la Salud y la Excelencia Clínica incluye en sus
directrices la siguiente recomendación: «Las
personas que de forma directa o indirecta han
vivido un episodio traumático no deben recibir
un tratamiento inmediato». En principio, unas
medidas de apoyo generales resultan suficien-
tes para la mayoría. Solo en caso de presentarse
síntomas graves súbitos se halla justificada una
intervención específica. En todo caso, la solución
es la espera vigilante.
Según otro informe de Cochrane, si al cabo de
meses, incluso años, las personas afectadas por
un trauma siguen padeciendo recuerdos doloro-
sos, puede conseguirse un efecto paliativo con
inhibidores selectivos de la recaptación de la se-
rotonina (SSRI). Dichos medicamentos, también
conocidos por su efecto antidepresivo, reducen
las pesadillas de quienes sufrieron una situación
traumática, además de disminuir la conmoción
que les producen recuerdos indeseados. Los pa-
cientes así tratados pueden volver a familiari-
zarse con lugares y objetos relacionados con el
trágico suceso, en vez de intentar evitarlos.
El efecto de tales fármacos revela que el neu-
rotransmisor serotonina desempeña una fun-
ción importante en la reacción al trauma. Las
áreas cerebrales donde actúa dicho neurotrans-
misor (como la amígdala, auténtica «central de
la alarma y el temor» de nuestro cerebro) se en-
cargan de procesar las emociones. Entretanto,
los investigadores han relacionado el sistema
serotonínico con numerosos síntomas psíqui-
cos: trastornos del sueño, obsesiones o ataques
de pánico.
Según un hallazgo del psiquiatra Steven
Southwick, de la Universidad de Yale en New
Haven, los sujetos con riesgo de sufrir un TEPT
presentan un déficit de serotonina. Estas perso-
nas tienen dificultades para expresar sus senti-
mientos. Sin embargo, algunos neurobiólogos
responsabilizan a otros neurotransmisores (la
dopamina o el glutamato) del trastorno trau-
mático. Los resultados de los estudios son, pues,
contradictorios.
ESCOMBROS MENTALES
El 6 de abril de 2009 tembló
la tierra cerca de L’Aquila en los
Abruzzos italianos. Murieron
al menos 293 personas, y
10.000 perdieron la vivienda.
Catástrofes naturales como
esta dejan traumas psíquicos
en muchas de las víctimas.
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24 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
¿Cuándo se ins-
taura un tras-
torno por estrés
postraumático?
Por término medio, una
de cada diez per-
sonas que han sufrido
o presenciado una situación
traumática desarrollan un
trastorno por estrés postrau-
mático (TEPT). El peligro
de padecer un trauma es
mayor en caso de sufrir una
agresión. Alrededor de
uno de cada cuatro
soldados que han partici-
pado en acciones bélicas
y más de la mitad
de las víctimas de violacio-
nes sufren un TEPT. El riesgo
también es muy alto para
las personas que han sido
tomadas como rehenes
o han sufrido torturas.
Cuadros clínicos complejos
Un tratamiento con antidepresivos parece de
utilidad cuando a los efectos del trauma se aña-
den otros trastornos psíquicos. En los cuadros
clínicos complejos, los inhibidores selectivos
de la recaptación de la serotonina (sertralina y
paroxitina) atenúan los impulsos agresivos, por
lo que contrarrestan las intenciones suicidas. La
asociación del estrés postraumático y la depre-
sión se halla extendida. En casos de depresión
grave suelen requerirse primero medicamentos
para tratar dicho trastorno antes de empezar a
«batallar» contra los recuerdos del trauma.
El psiquiatra Eric Vermetten, de la Universi-
dad de Utrecht, aportó en 2003 una pista sobre
los antidepresivos como tratamiento de vícti-
mas de traumas psíquicos. Estudios anteriores
demostraron que un estrés intenso provoca una
disminución del tamaño del hipocampo (estruc-
tura cerebral que desempeña una importante
función en los recuerdos). Los pacientes trauma-
tizados manifiestan con frecuencia dificultades
en encontrar las palabras adecuadas para ex-
presarse. Vermetten administró a estos pacien-
tes durante un período de nueve a doce meses
paroxetín, inhibidor selectivo de la recaptación
de la serotonina (muy utilizado en Alemania).
Durante ese tiempo, el tamaño del hipocampo
de los sujetos aumentó en una vigésima parte.
Después del tratamiento, los afectados obtuvie-
ron mejores resultados en las pruebas de memo-
ria. Parece, pues, que el paroxetín contrarresta
los efectos adversos que sufren estas personas
al estimular el crecimiento de nuevas neuronas
en el hipocampo.
Ante ese panorama, ¿deben considerarse
superados los medicamentos utilizados en la
psicoterapia clásica para el tratamiento de los
traumas psíquicos? El grupo para el estudio del
trastorno por estrés postraumático de Freiburg,
del que forman parte Ulrich Frommberger,
Mathias Berger y Jörg Angenendt, publicó en
2004 un estudio piloto llevado a cabo con 21
probandos. Según concluyeron, la terapia con-
ductista y los antidepresivos poseen un efecto
igual de positivo contra el estrés postraumático
típico. En una investigación llevada a cabo seis
meses más tarde se vio que los pacientes some-
tidos a terapia conductista se encontraban in-
cluso mejor que quienes recibieron tratamiento
medicamentoso.
Una combinación de ambos métodos parece
más efectiva que la farmacoterapia sola. En nu-
merosos casos, los psiquiatras pueden aumentar
la eficacia de los inhibidores selectivos de la re-
captación de la serotonina asociándolos a una
terapia conductista. Solo en aquellos pacientes
en los que se ha demostrado una clara mejoría
con antidepresivos, una psicoterapia adicional
no les sirve de gran ayuda.
1. Rememoración
Poco tiempo después del trauma, el suceso puede retornar a la memoria. De repente y de forma
incontrolada, la escena traumática vuelve a tenerse ante los ojos y desencadena reacciones
psíquicas y corporales semejantes a las que se experimentaron cuando ocurrió. Los imperiosos
y no deseados recuerdos («intrusiones») pueden resultar tan fuertes que la realidad y aquello
que se rememora se confunden.
2. Excitación
El trauma persigue a la víctima día y noche. El organismo experimenta los síntomas típicos
de ansiedad: palpitaciones cardíacas, pesadillas, sudoración nocturna, sensación de opresión
pectoral, temblores...
3. Evasión
Se evitan las situaciones que puedan evocar el recuerdo de la situación traumática. Con fre-
cuencia se hacen rodeos para soslayar objetos o personas que se asocian al trauma. A largo
plazo, esta estrategia evasiva lleva al miedo ante cualquier situación que pueda relacionarse
con la experiencia vivida. De esta manera se crea un estrechamiento progresivo del espacio
vital y de actuación del paciente.
Los tres síntomas del TEPT
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 25
Viejo estigma
Con frecuencia, el hecho de
haber vivido una guerra suele
desencadenar un TEPT. Esto
ocurría ya antes de utilizarse
el diagnóstico de este trastor-
no. En la época de la Primera
Guerra Mundial se conocía el
«temblor bélico»: las vivencias
provocaban en las personas que
regresaban a sus hogares un
temblor de manos. Los psiquia-
tras hablaban entonces también
de «neurosis de guerra». Según
criterios actuales, aquellas
personas padecían con toda
probabilidad un TEPT infravalo-
rado entonces por considerarlo
una debilidad de carácter o de
voluntad del afectado.
Riesgos y efectos secundarios
Un grave problema que se presenta con el tra-
tamiento mediante medicamentos es el aban-
dono por parte de los pacientes. Muchos de los
afectados toman las medicinas solo de mane-
ra esporádica, o no las toman en absoluto. Es
probable que les falte información sobre los
fármacos que toman. Tal vez no sepan que en
la mayoría de las ocasiones deben esperarse
varias semanas hasta notar el efecto sobre la
psique. Enfermos impacientes pueden llegar a
la precipitada conclusión de que los fármacos
que les han prescrito «no hacen nada». Por otra
parte, algunos individuos sufren los efectos
secundarios de los medicamentos. Los anti-
depresivos pueden provocar trastornos de la
digestión o del sueño, además de un aumento
de peso. Una detallada conversación sobre el
problema con el usuario resulta imprescindible
para la correcta prescripción de los medica-
mentos.
Expertos de todo el mundo buscan fármacos
nuevos. Algunos estudios investigan la acción
del cortisol. Según indican ciertos resultados, la
considerada hormona del estrés parece desem-
peñar una función relevante en las personas con
un trauma psíquico: los individuos que reaccio-
nan con una escasa secreción de cortisol ante
una situación que sienten como amenazante
parecen más propensos a padecer un trastorno
por estrés postraumático.
El cortisol contribuye al impulso orgánico
ante la primera reacción de «lucha o huída»,
además de participar en la evocación de los
recuerdos. Un nivel elevado de cortisol frena
la memoria; en consecuencia, parece lógico
aumentar en los pacientes con TEPT la secreción
de esta hormona después del suceso. Incluso va-
rios años tras los acontecimientos, las personas
con trastorno traumático presentan niveles de
cortisol inferiores a los de las sanas.
Los individuos que sufren un trauma psí-
quico parecen más fácilmente excitables que
el resto; con frecuencia presentan trastornos
del sueño. Las personas con TEPT muestran
una reacción más marcada cuando les despier-
ta un ruido. Cuarenta años después de sufrir la
tragedia, supervivientes del holocausto siguen
con el sueño alterado: se despiertan con mayor
frecuencia, duermen peor y menos. Además, su
fase REM del sueño es más prolongada, por lo
que manifiestan más pesadillas.
Los medicamentos por sí solos no suelen
curar los trastornos por estrés postraumático.
La terapia conductista aparece aquí como un
tratamiento psicoterápico de comprobada efica-
cia. Estudios de la psiquiatra Barbara Rothbaum,
de la Universidad de Emory en Atlanta, de-
muestran que la terapia de desensibilización
y reprocesamien to por movimientos oculares
(EMDR, de Eye Movement Desensitization and
Reprocessing Therapy) resulta un método eficaz
para tratar los traumas. A primera vista, el mé-
todo parece quizá curioso.
El paciente cuenta su experiencia traumática
al terapeuta. En momentos de su narración de
especial importancia «congela» mentalmente la
imagen. Al mismo tiempo, con la escena dramá-
tica en mente, el paciente sigue con la mirada
los movimientos lentos del dedo del terapeuta.
Estos movimientos de mirada reducen en mu-
chos pacientes el pánico desencadenado por los
recuerdos. Múltiples estudios han demostrado
que el método resulta útil, si bien se desconoce
por ahora el mecanismo por el que actúa. Es
posible que los movimientos oculares y otros
estímulos evasivos condicionen un mejor pro-
cesamiento cognitivo de la vivencia [véase «El
poder de la mirada», por Arne Hofmann; MENTE
Y CEREBRO, n.
o
15.].
Narrar las vivencias
Además de los métodos terapéuticos estable-
cidos van apareciendo nuevas y prometedoras
ideas. Es el caso de la terapia de exposición na-
rrativa desarrollada en la Universidad de Kons-
tanz. El paciente, con ayuda del terapeuta, escri-
be un informe lo más detallado posible sobre lo
que le ocurrió. La idea es que al reconstruir con
palabras los detalles del suceso desaparezca el
pánico que provocó.
Dicho método combina la acreditada terapia
expositiva (reconstrucción mental del trauma)
con elementos de la «terapia testimonial», que
se utilizó por primera vez en víctimas del ré-
gimen de Pinochet. La idea central consiste en
protocolizar con la mayor exactitud posible lo
sucedido. El paciente ya no actúa como afectado,
sino más bien como testigo. Al asumir el papel
de informador neutral, descarga la vivencia
subjetiva. Este tipo de terapia se ha utilizado en
numerosas víctimas de dictaduras; también en
personas que durante largos años han sufrido
abusos sexuales.
Un nuevo tratamiento combina la rememora-
ción del trauma con métodos imaginativos. Es el
caso de la terapia de reescritura y reprocesamien-
to del psicólogo Mervin Smucker, de la Escuela
de Medicina de Wisconsin, en Milwaukee. El
paciente debe dibujar las imágenes de violencia
26 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
E
l 12 de marzo de 2009, Alemania
despertó conmocionada a causa del
asesinato de 15 personas, la mayoría de
ellos escolares de un colegio de enseñan-
za media de la ciudad de Winnenden, en
Baden-Württemberg. Un adolescente de
17 años disparó contra las víctimas y
acabó suicidándose al verse acorralado
por la policía en Wendlingen, tras 40 ki-
lómetros de persecución.
Sr. Glatzer, ¿qué pueden hacer los psi-
cólogos tras un suceso tan traumático
como el de Winnenden?
Los psicólogos prestan «ayuda psicológi-
ca de urgencia». Una vez que la policía ha
garantizado la seguridad y las víctimas
han recibido asistencia médica, han de
afrontar y paliar el choque psicológico de
los afectados. Entre otras cosas, explican
a profesores y alumnos cómo reaccionan
las personas ante vivencias traumáticas.
En principio no se trata de una terapia,
sino de un intento de activar las estra-
tegias de dominio de que disponen to-
das las personas. Es importante poder
remitir rápidamente los afligidos por
las víctimas a la custodia de los servi-
cios sociales, a las familias, a amigos y
a compañeros. Solo al cabo de algunas
semanas los psicólogos escolares podrán
orientar sobre la necesidad de una tera-
pia específica del trauma psíquico.
Los psicólogos responden también a
preguntas prácticas: ¿qué actitud pue-
den tener los escolares en los entierros?;
¿cómo deberán comportarse con los
compañeros que han resultado particu-
larmente afectados o con sus padres? Asi-
mismo es importante el tema de cómo
afrontarán los próximos exámenes. Sin
olvidar mantener alejados a los medios de
comunicación y a los mirones, cometido
que realiza la policía.
¿Están preparados los psicólogos es-
colares para afrontar estas situaciones?
Tres semanas después de los sucesos del
26 de abril de 2002 en Erfurt [un escolar
de 19 años mató a 12 profesores, una se-
cretaria, dos alumnos y un policía, y lue-
go se suicidó] se empezaron a formar en
Baviera los primeros psicólogos escolares
sobre cómo actuar en casos semejantes.
En aquel tiempo, todavía no había exper-
tos de habla alemana en la materia, por
lo que el curso fue dirigido por William
Pfohl, de la Universidad Occidental de
Kentucky. Desde entonces existe la nor-
mativa en Alemania de formar a los psi-
cólogos escolares en este tema.
Asimismo, desde 2006 en Baden Würt-
temberg rige una norma administrativa
sobre la conducta que debe seguirse
ante acontecimientos de este tipo en los
centros escolares. Las escuelas tienen la
obligación de disponer de un plan de
crisis y el equipo correspondiente para
ponerlo en práctica llegado el caso. Des-
de 2004, cada uno de los cuatro equipos
gubernamentales tienen sus grupos de
intervención en casos de crisis de los que
forman parte psicólogos, pedagogos y ju-
ristas que ya han acumulado experiencia.
Claro está que, a pesar de todo, no puede
evitarse el inicio parcialmente caótico de
las actuaciones.
En 2008, la mayoría de los psicólogos
escolares nuevos de Baden-Württem-
berg ya realizaron el curso básico. De
esta forma, cuando ocurrieron los he-
Winnenden:
Ayuda después
del choque emocional
PUNTO DE VISTA
DIETER GLATZER es director psicológico del
Departamento de Educación y Formación
en el consejo regional de Stuttgart. Como
director del equipo de intervención en
situaciones de crisis coordinó un colectivo
de 130 psicólogos escolares tras los trágicos
acontecimientos en Winnenden.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 27
que siempre ocupan su mente. Las víctimas de
violación en su infancia, por ejemplo, pueden
«transcribir» el recuerdo de una escena de mane-
ra que aparezca como un adulto que reprende al
agresor, toma al niño-yo en brazos y lo consuela.
Los primeros estudios controlados demuestran
la eficacia del método.
Todos estos enfoques terapéuticos giran en
torno a una misma idea: el acontecimiento
traumático debe rememorarse, describirse y re-
presentarse de manera intensa repetidas veces.
De esta forma pierde su potencial destructivo.
Los psicólogos y psiquiatras procuran un efecto
de habituación. Cuantas más veces el paciente
informe de su trauma, más «normal» le parece-
rá. Como consecuencia, la respuesta fisiológica
que desencadena el recuerdo va disminuyen-
do, con lo que la sensación de desamparo va
superándose.
En la confrontación con el trauma durante
la terapia conductista deben cumplirse ciertas
reglas. Mientras el paciente evoca sus recuerdos,
debe permanecer con los ojos cerrados o fijarlos
en un punto concreto de la estancia. Una des-
cripción con el presente como tiempo verbal da
lugar a una mayor tensión emocional, de mane-
ra que el efecto es más fuerte. La evocación ideal
es aquella que refleja una descripción detallada
del suceso, que abarca cada uno de los sentidos:
se describe todo lo que se ha visto, oído, sentido,
olido o saboreado.
La mayoría de las veces, una rememoración
intensa del trauma desencadena sensación de
desamparo y temor. No es raro que deba pasar
media hora hasta que se atenué la sensación
de miedo. La descripción se graba. El paciente
debe oír una y otra vez su propia descripción,
en el mejor de los casos, a diario. Esto refuerza
la idea de que el suceso pertenece al pasado;
el pánico y la tensión van disminuyendo en
cada audición.
La aproximación al trauma no siempre resul-
ta fácil. Numerosos pacientes sienten un gran
temor a hablar de sus experiencias; también
intentan evitar los recuerdos y las intensas reac-
ciones que les provocan, por lo que la evocación
del trauma se experimenta como un cambio
progresivo. Con todo, los estudios demuestran
de forma unánime que para eliminar el terror
hay que enfrentarse a él.
Nikolas Westerhoff c: ¤:|:5|¤¸¤ , ¤c·|¤!|:/- :|c¤/|/:¤
Ulrich Frommberger c: ¤^!|:¤ , ||5|¤¸¤ 0|·|¸c
la Clínica de Psiquiatría, Psicoterapia y Psicosomática
c¤ 0//c¤|o·¸
chos de Winnenden se disponía de ochenta
profesionales preparados para actuar; cifra
muy considerable.
¿Cuáles son los conocimientos científicos
por los que se rige la ayuda psicológica?
La ayuda psicológica se basa en los resultados
de la investigación de la capacidad de resis-
tencia. Esta ha sido desarrollada de forma sis-
temática por investigadores israelíes, sobre
todo por el especialista en traumas psíquicos
Mooli Lahad, del Centro para la Prevención
del Estrés Colectivo de Kyriat Shmona. Cola-
boradores de este centro dan cursos en otras
partes de Europa. Su contenido se basa en los
resultados de investigaciones psicológicas, así
como en la experiencia de psicólogos escola-
res de todo el mundo.
Existen estudios que demuestran que un
choque emocional como consecuencia de
un trauma psíquico puede tener una dura-
ción variable en cada víctima. Esta duración
depende, entre otros factores, del grado de
peligro vital que supuso el suceso, de la ex-
periencia previa que se tuviera y de la per-
sonalidad de la víctima. Si a pesar de todos
los esfuerzos para restablecer la normalidad
no se consigue en el plazo de cuatro a seis
semanas, puede ser necesaria una terapia
especializada.
La Asociación Nacional de Psicólogos Es-
colares (NASP, por sus siglas en inglés) de
Estados Unidos ha resumido en forma de
recomendaciones los resultados de investi-
gaciones [www.nasponline.org/prepare]. En
cualquier caso, se necesita todavía investigar
más. Una adecuada preparación ante posi-
bles crisis es la mejor manera de prevenir
sus perniciosos efectos. Se trata de que los
escolares aprendan a estimular y mantener
su salud psíquica y de que los profesores les
ayuden en esta tarea.
Entrevista realizada por Joachim Marschall
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
EMPFEHLUNGEN VON QUA-
LITÄTSSTANDARDS FÜR STA-
TIONÄRE TRAUMATHERAPIE.
Dirigido por U. Frommberger
y R. Kellerl. Dustri, Múnich,
2007.
TRAUMA UND TRAUMABE-
HANDLUNG. VOL. 2: WEGE
DER TRAUMABEHANDLUNG.
M. Huber. Junfermann,
Padeborn, 2006.
LA TRAMPA DEL ESTRÉS POS-
TRAUMÁTICO. D. Dobbs
en Investigación y Ciencia,
n.
o
393, 2009.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
KRISEN HELFEN. A. Englbrecht y R. Storath.
Cornelsen, Berlín, 2005.
28 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
E
n nuestra cultura, la lectura, la escritura
y el cálculo constituyen la base de la for-
mación educativa. Sin embargo, no todos los
alumnos adquieren con facilidad tales capaci-
dades. Según las estadísticas, en cada clase de
educación primaria existe al menos un niño
con dificultades para la lectura y para la escri-
tura (legastenia) o para el cálculo (discalculia).
En los últimos 15 años, los investigadores han
estudiado la causa de estas alteraciones.
El motivo resulta obvio en los casos en los
que existe un problema en uno de los órganos
sensoriales: si existen defectos de audición, la
adquisición del lenguaje resulta más dificultosa;
cuando falla la vista, la capacidad lectora se com-
plica. Por regla general, tales alteraciones médi-
cas suelen diagnosticarse de manera precoz y
reciben solución (un audífono o unas gafas). Por
el contrario, la legastenia y la discalculia forman
parte de los «trastornos parciales del rendimien-
to», los cuales se caracterizan por una ausencia
de alteraciones en los órganos sensoriales invo-
lucrados. De hecho, el desarrollo del niño parece
normal; incluso puede presentar una inteligen-
cia su perior a la media de su edad.
¿A qué se deben estos trastornos parciales?
Los procesos de la visión y de la audición co-
mienzan en el ojo y en el oído, respectivamente,
mas entre dichos órganos sensoriales y el cere-
bro existe un largo y complicado camino du-
rante el cual la información sensorial se procesa
varias veces. Para leer se necesita un adecuado
control de la mirada. La agudeza visual se con-
centra en una pequeña región de la retina, por
lo que nuestros ojos deben efectuar constantes
saltos rápidos (movimientos sacádicos) para
visualizar diversas zonas de una misma esce-
na (el texto de un libro). Sin estas «sacudidas»
solo conseguiríamos ver una pequeña porción
del mundo.
Durante la lectura, la mirada va saltando de
palabra en palabra de unas tres a cinco veces
por segundo. El cerebro debe dirigir de modo
correcto estos saltos para que las palabras y sí-
labas sean «escaneadas» en el orden adecuado y
no se precipiten en el concepto siguiente antes
de reconocer el actual. Ello exige un gran traba-
jo al cerebro. El procesamiento lingüístico que
reconoce una palabra leída debe sincronizarse
a la perfección con los movimientos oculares
dirigidos desde el lóbulo frontal.
En el Laboratorio de la Mirada, un consulto-
rio de la Universidad de Freiburg, atendemos
a niños con problemas en los procesos de per-
cepción básica y les proponemos ejercicios de
entrenamiento con los que pueden mejorar
funciones «superiores» (la lectura y el cálculo).
En un trabajo conjunto con el físico Klaus Hart-
negg y la médica Monica Biscaldi-Schäfer, de la
Clínica Universitaria de Freiburg, demostramos
en el año 2000 que los niños con problemas para
la lectura solían presentar dificultades a la hora
de dominar los movimientos sacádicos. El test
que utilizamos consta de dos ejercicios: en el
primero, los probandos deben dirigir la mirada
desde un punto inicial fijo hasta otro estímulo
que aparece de repente; en el segundo, deben
evitar mirar dicho símbolo espontáneo.
Percepción
sensorial
y aprendizaje
El problema de los niños que leen, escriben o calculan mal se encuentra, con frecuencia,
en el procesamiento básico de las percepciones sensoriales. Un entrenamiento apropiado
puede ayudar a superar la legastenia y la discalculia
BURKHART FISCHER
|
FOTOGRAFÍAS: HANNA FUCHUS
RESUMEN
Entrenar
los sentidos
1
La legastenia y la
discalculia, trastornos
parciales del rendimiento,
se deben, en parte, a
defectos en el procesa-
miento sensorial.
2
En la legastenia suele
encontrarse afectada
la capacidad auditiva bá-
sica: los niños presentan
dificultades para distin-
guir sonidos con tonos de
frecuencias similares.
3
Un entrenamiento
adecuado puede
mejorar el procesamiento
sensorial, lo cual reper-
cute en las capacidades
escolares basadas en la
lectura y el cálculo.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 29
MIRA EL PUNTO
Con estos dispositivos, los investigadores exploran la
capacidad de los niños de controlar los cambios en
la dirección de su mirada (movimientos sacádicos).
Con un fino rayo láser, el aparato situado encima
de la cabeza proyecta un punto en la pared. Las
«gafas», con ayuda de rayos infrarrojos, miden el
movimiento de los ojos: si sigue la dirección del
punto luminoso o si huye de él.
El segundo ejercicio, el «antisacudida», resulta
complicado, ya que exige un fuerte control de la
mirada. De no ser así, no se consigue reprimir
el reflejo natural e involuntario de fijarse en un
estímulo nuevo. En caso de dejarse llevar durante
la prueba por este impulso, se considera que se
ha cometido un error. El resultado fue inequí-
voco: entre los 620 jóvenes probandos de edades
comprendidas entre los 7 y los 17 años, los que
padecían legastenia controlaban mucho peor su
mirada que el grupo sin dislexia.
Las dificultades en controlar la atención de
la mirada aparecen, al menos en parte, como
responsables de los problemas en la lectura.
Después de todo, mirar de forma «correcta» no
es algo congénito: el cerebro debe aprender a
hacerlo. Un estudio que llevamos a cabo con un
total de 3224 niños y adultos jóvenes demues-
tra que, en general, los alumnos en su primera
etapa escolar no controlan bien la mirada. En el
ejercicio «antisacudida», el 80 por ciento de los
pequeños de 7 y 8 años, tanto si presentaban
legastenia como si no, dirigían la mirada hacia
el nuevo estímulo en lugar de mirar en dirección
contraria. Con la edad, los errores disminuían.
Así, a los 20 años, prácticamente ningún pro-
bando fracasaba en la prueba. No obstante, el
resultado de los jóvenes de 20 años con legaste-
nia fue bastante diferente: por término medio
seguían errando en uno de cada siete ejercicios
relacionados con el control de la mirada, fallo
que no corregían.
Los problemas con el dominio de la dirección
de la mirada suelen ir parejos con las dificultades
en la lectura y la escritura. Por fortuna, el cerebro
puede aprender a mejorar el control de los ojos.
30 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
Una investigación publicada en 2005 por las psi-
cólogas Kara Dyckman y Jennifer McDowell, de la
Universidad de Georgia, confirmó que un adies-
tramiento adecuado de los movimientos sacádi-
cos de estudiantes a través de pruebas de control
de la mirada durante dos semanas disminuía en
dos tercios el ya bajo índice de errores.
Domar la mirada
El entrenamiento para el control de la mirada
que desarrolla el Laboratorio de la Mirada inclu-
ye diversos ejercicios que pueden practicarse en
casa con aparatos prestados. Uno de los ejerci-
cios consiste en seguir con los ojos un símbolo
que aparece en la pantalla y que cambia con ra-
pidez de posición. Cuando el signo desaparece, el
usuario debe señalar, pulsando un botón, en qué
dirección se encontraba antes de desaparecer.
La velocidad con la que el signo se desplaza va
en aumento a lo largo de la prueba, lo mismo
que la dificultad de la tarea, adecuándose a la
capacidad del niño.
A través de un estudio comprobamos la efica-
cia de dicho programa. Los ejercicios se desarro-
llaron a diario de tres a seis semanas en casa
de los participantes. Una prueba comparativa
demostró que, una vez finalizado el entrena-
miento, el probando controlaba los movimien-
tos de su mirada bastante mejor que antes. Un
resultado todavía más notorio fue que los niños
así entrenados cometían menos errores al leer:
la mitad de los fallos que realizaban antes del
adiestramiento. Todo apunta, pues, a que un
dominio insuficiente de la mirada ocasiona di-
ficultades en la lectura y en la escritura, y que
el área del encéfalo responsable de la sintonía
entre los movimientos sacádicos y la compren-
sión del lenguaje puede entrenarse, como sucede
también con los músculos.
La dirección correcta de la mirada no es la
única facultad que requiere el niño para apren-
der a leer y escribir. En opinión de numerosos
investigadores, las personas con legastenia pre-
sentan problemas previos en la comprensión del
lenguaje hablado, lo que les dificulta el reconoci-
miento de las letras. La mayoría de los científicos
centran su atención en la «conciencia fonológi-
ca», es decir, la capacidad de diferenciar sonidos
del lenguaje oral (caso de la «be» de la «gue»), o
diversas sílabas (como «ba» de «pa»).
Como ha demostrado en repetidas ocasiones
el psicólogo Wolfgang Schneider, de la Univer-
sidad de Würzburg, ejercitar la conciencia fono-
lógica permite superar problemas de lectura y
escritura. Según un estudio realizado en 2007, a
los hijos de familias inmigrantes, quienes en las
pruebas de lectura suelen obtener notas inferio-
res a la media, este tipo de ejercicios les resultan
provechosos durante la etapa del parvulario.
Entre otras tareas, los niños deben formar
rimas o descomponer las palabras en sílabas,
luego, estas últimas en sonidos. En el juego se
les indica que cada sonido se representa por un
símbolo: una letra. Si bien los niños de proge-
nitores inmigrantes sacaban peores resultados
en los test de conciencia fonológica que los hijos
de familias de lengua materna alemana durante
la etapa del jardín de infancia, varias pruebas
de lectura y escritura realizadas al final de su
primer año escolar demostraron que todos los
alumnos aprovecharon por igual los ejercicios
de entrenamiento llevados a cabo.
Sin embargo, tales ejercicios no ayudan ni
mucho menos a todos los niños con problemas
en el aprendizaje de la lectura y la escritura. En
Habilidades
escolares
Procesamiento
sensorial
Órganos
sensoriales
Cálculo Lectura y escritura …
Captación
simultánea
Diferenciación
auditiva
(tonos, silencios...)
Dirección
de la mirada

Ojo … Oído
FUNDAMENTO DE LA ENSEÑANZA
Para las capacidades de lectura, escritura y cálculo resultan tan importan-
tes los órganos sensoriales como el procesamiento en el cerebro de las
informaciones que captan.
G
E
H
I
R
N

&

G
E
I
S
T
ESTACIÓN DE CONTROL
Un ordenador capta el control
del movimiento sacádico, así
como su mejoría con el entre-
namiento.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 31
la conciencia fonológica se trata de entender el
lenguaje: los sonidos que se practican son autén-
ticas palabras o sílabas. Pero su comprensión se
cimienta sobre procesos aún más básicos. Algu-
nos niños presentan problemas en el procesa-
miento de estímulos auditivos mucho antes de
que alcancen el centro cerebral del habla. Pese
a que no somos conscientes de las múltiples
etapas que recorre una información acústica
en su camino a través del cerebro, cada una de
ellas desempeña una relevante función en la
comprensión del lenguaje oral.
En nuestro laboratorio hemos investigado
algunas capacidades todavía no incluidas en el
proceso del habla, pero de una importancia fun-
damental, como es el caso de la diferenciación
de intensidades sonoras. Cuando hablamos, la
voz, incluso dentro de una misma palabra, suena
unas veces más alta; otras, más baja.
Pausas importantes
Otra capacidad fundamental de la audición
corresponde al reconocimiento de los «huecos».
En las palabras existen algunas sílabas o soni-
dos en los que aparecen interrupciones (cuando
la lengua choca contra los dientes o cuando la
corriente de aire que procede de los pulmones
se interrumpe por unos momentos, por ejem-
plo). Si el oyente no capta estas breves pausas,
entiende una sílaba que no es. También resulta
elemental diferenciar los tonos, ya que las pala-
bras habladas, e incluso las sílabas, se componen
de sonidos con frecuencias distintas.
Para investigar estas cualidades acústicas he-
mos desarrollado, junto a Hartnegg, diversos
test. En el ejercicio destinado a distinguir los
tonos, los niños oyen dos prolongados sonidos
de frecuencias distintas. La diferencia entre tales
frecuencias disminuye de manera progresiva
hasta un umbral en el que los niños ya no pue-
den indicar qué sonido presenta un tono más
alto que el otro.
Una investigación desarrollada en 2004 con
682 niños y jóvenes comprobó que dichas capa-
cidades se encontraban relacionadas con la legas-
tenia. Los niños con problemas de lectura presen-
taban más dificultades en las pruebas auditivas
exploradas: desde la diferencia de tonos hasta el
reconocimiento de pausas sonoras.
El cerebro también debe aprender a reconocer
pequeñas diferencias entre sonidos que se ase-
mejan. Los niños que empiezan la escolarización
presentan mayores problemas para superar los
ejercicios que los alumnos de cursos más avan-
zados. Al parecer, el centro auditivo del encéfalo
entrena su capacidad de procesamiento sensorial
a lo largo de la juventud. La facultad de diferen-
ciar las frecuencias va perfeccionándose incluso
hasta los 20 años de edad.
Con objeto de educar la percepción auditiva
hemos desarrollado una serie de actividades a
partir de los ejercicios que ya utilizamos para
el entrenamiento del control de la mirada. Del
mismo modo también adaptamos a lo largo del
programa la dificultad de las actividades al nivel
de aprendizaje de cada uno de los alumnos. Un
estudio realizado con 509 escolares demostró
una clara mejoría en la capacidad de diferen-
ciar tonos sonoros: niños y jóvenes de todas las
edades aprendieron a apreciar incluso pequeñas
diferencias de frecuencias.
El adiestramiento auditivo repercute asimis-
mo en la escritura. Aquellos probandos que se
ejercitaron durante varias semanas en diferen-
ciar tonos e identificar pausas obtuvieron en los
test de escritura posteriores alrededor de un
40 por ciento menos de errores. Por el contrario,
los niños no entrenados solo redujeron en un 10
por ciento la cuota de fallos. Los resultados reve-
lan que un programa de ejercicios con estímulos
sonoros sencillos, además de beneficiar el reco-
nocimiento auditivo de los niños, favorece los
procesamientos lingüísticos, incluida la escritu-
ra. Estas investigaciones demuestran asimismo
que los procesos perceptivos básicos pueden y
deben practicarse a lo largo del desarrollo infan-
til antes de que el cerebro empiece a dominar
tareas más complejas (la comprensión del habla
o la lectura de textos).
Ya en el año 2001, un equipo dirigido por la
neuropsicóloga Teija Kujala, de la Universidad de
Helsinki, comprobó que con el entrenamiento
auditivo se producen cambios permanentes en
el encéfalo. El grupo investigó cómo actuaba un
adiestramiento auditivo no lingüístico en niños
con dificultades de lectura. Al cabo de siete se-
manas, con un total de 14 unidades de ejercicios
completadas, los jóvenes probandos no solo co-
metían menos errores al leer, sino que presenta-
ban cambios en el trazado electroencefalográfico
de su corteza auditiva. Cuando se producía un
cambio en la secuencia sonora esperada, las neu-
ronas del centro de la audición mostraban una
actividad mayor que antes del entrenamiento.
Hemos visto, pues, que los procesos percep-
tivos básicos desempeñan una función en la
legastenia; pero también en la discalculia. Los
niños con dicha alteración manifiestan dificul-
tades para aprender conceptos matemáticos
elementales y avanzar en el cálculo. Una de las
Próximos pasos
Las pruebas para el estudio
del procesamiento sensorial
disponibles hasta ahora
permiten explorar niños
a partir de los siete años.
¿Sería posible detectar los
problemas antes, en la etapa
del jardín de infancia? Para
responder a la pregunta, la
intención de los investigado-
res es aplicar en un futuro
las pruebas a niños de me-
nor edad. De esta manera,
un entrenamiento adecuado
podría mejorar el procesa-
miento sensorial antes de
iniciar la escuela.
Por otra parte, los primeros
estudios demostraron, no
sin sorprender, que también
los niños superdotados
pueden presentar problemas
de procesamiento sensorial.
En el control de la dirección
de la mirada presentan con
frecuencia hiperreflexia
(movimiento de los ojos más
bien rápido que lento), que
dificulta la lectura. Todavía
debe investigarse hasta qué
punto un entrenamiento
puede resultar beneficioso
para estos niños.
Los alumnos de escuelas
especiales padecen en gran
medida trastornos en el
procesamiento sensorial.
El Proyecto Kirchberg,
finalizado en 2008 en
una escuela de Hesse de
ayuda para el aprendizaje,
demostró que ni uno solo
de los 49 alumnos supera-
ron los test aquí descritos y
adecuados a su edad. Con
todo, con el entrenamiento
correspondiente, los niños
mejoraron el rendimiento
escolar, aunque obtuvieron
notas inferiores a la media
de los alumnos de escuelas
convencionales.
32 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
BEHAVIORAL PLASTICITY
OF ANTISACCADE PERFOR-
MANS FOLLOWING DAILY
PRACTICE . K. A. Dyckman y
J. E. McDowell en Experimen-
tal Brain Research, vol. 162,
n.
o
1, págs. 63-69, 2005.
HÖREN – SEHEN – BLICKEN –
ZÄHLEN: TEILLEISTUNGEN UND
IHRE STÖRUNGEN. B. Fischer.
Huber, Berna, 2007.
EFFECTS OF DAILY PRAC-
TICE ON SUBITIZING, VISUAL
COUNTING AND BASIC ARITH-
METIC SKILLS. B. Fischer et
al. en Optometry & Vision
Development, vol. 39, n.
o
1,
págs. 30-34, 2008.
BERICHT ÜBER DIE UNTERSU-
CHUNG DER BLICKSTEUERUNG
UND DER MENGENERFASSUNG
BEI LERNPROBLEMEN. B. Fis-
cher en Heilpädagogische
Forschung: Zeitschrift für
Pädagogik und Psychologie
bei Behinderungen, vol. 37,
págs. 83-90, 2011.
WAHRNEHMUNGS- UND BLIC-
KENFUNKTIONEN BEI LERN-
PROBLEMEN. B. Fischer. Edito-
rial Centaurus, 2011.
Por otra parte, nuestras investigaciones
demuestran que la captación simultánea de
cantidades todavía no ha alcanzado su plena
madurez en la escuela primaria, de hecho, tal
capacidad sigue mejorando durante toda la in-
fancia y juventud. La audición, la visión, la cap-
tación de cantidades y es probable que otros
procesos perceptivos siguen desarrollándose
hasta la edad adulta. Para los padres, profesores
y médicos resulta difícil reconocer si el niño se
encuentra por detrás de sus compañeros de la
misma edad en relación a estas facultades.
Con el fin de estimar la frecuencia de trastor-
nos en la percepción y la visión en escolares con
déficits parciales hemos establecido a partir de
nuestros test una «cuota de incidencia». A tal
efecto hemos medido la proporción de niños
con legastenia o problemas de cálculo que, al
menos en uno de los ejercicios de las pruebas,
quedaban por debajo de la media de su edad.
Entre los niños de 8 años, el 64 por ciento de
aquellos que presentaban dificultades escola-
res estaban afectados al menos en una función
perceptiva, es decir, obtenían unos resultados
inferiores a los de sus compañeros coetáneos.
Conforme iba subiendo la edad aumentaba la
cuota: entre los jóvenes de 16 años con legaste-
nia y discalculia, un 85 por ciento manifestaba
problemas de procesamiento sensorial.
Sin embargo, los defectos de visión y audición
no determinan por si solos la causa de un escaso
rendimiento escolar —si así fuera, la cuota de-
bería alcanzar el cien por cien—. No obstante,
tales alteraciones suponen una contribución
importante, más cuanto mayor es la edad del
afectado. Otro dato a tener en cuenta es que el
porcentaje de niñas que presentaban déficits
parciales en las pruebas fue inferior; también
mostraban menos trastornos de procesamien-
tos sensoriales básicos. Todavía se desconoce la
razón de tal diferencia.
Si bien el procesamiento sensorial cae en una
suerte de «tierra de nadie», a medio camino en-
tre el sistema sanitario y el sistema educativo,
pueden tomarse medidas. Mientras que hoy por
hoy los médicos detectan trastornos funcionales
de los órganos de los sentidos y los profesores se
centran en los defectos «superiores» de sus alum-
nos, la aplicación en los grupos de riesgo de los
test y entrenamientos aquí descritos resultaría,
en principio, posible y rentable.
Burkhart Fischer es profesor emérito de biofísica neuro-
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capacidades necesarias para calcular es la «cap-
tación simultánea de cantidades», una habilidad
especial del sistema visual humano. En canti-
dades comprendidas entre uno y un máximo
de cuatro elementos, una persona es capaz de
reconocer de inmediato y sin contar cuántos
objetos tiene delante. Dicha facultad permite
a los niños desarrollar y aprender el concepto
de número, es decir, que una determinada cifra
corresponde a una cantidad concreta.
Hemos desarrollado un test para examinar la
captación simultánea. En una pantalla aparecen
pequeños círculos durante un tiempo tan bre-
ve que no pueden contarse, así que su número
debe captarse de un solo vistazo, en el sentido
literal de la expresión. El número de círculos,
entre uno y nueve, cambia por momentos. Los
niños deben pulsar el botón con la cifra corres-
pondiente para indicar cuántos aros han visto.
Con ello nos interesa saber, sobre todo, el tiempo
que necesita el probando para responder. Cuan-
do el número supera la capacidad de captación
simultánea de cantidades, la respuesta tarda
más: los probandos deben retener en la mente
la imagen ya desaparecida y contar los círculos
en su imagen mental.
Primero contar, luego calcular
En 2008 publiqué, junto con Christine Gebhardt
y Klaus Hartneggt, un trabajo que desarrollamos
con un total de 375 niños y jóvenes. Los resulta-
dos indicaron que los probandos con dificulta-
des para el cálculo obtenían peores resultados:
necesitaban más tiempo para decidir el número
correcto de círculos.
Bajo los mismos principios del entrenamiento
de la audición y de la vista, existen ejercicios
ideados para mejorar la captación simultánea
de las cantidades. En 2008 se demostró que, tras
un adiestramiento de tres semanas, los niños
presentaban una mejoría en su apreciación si-
multánea, además de una mayor facilidad para
solucionar ejercicios matemáticos sencillos.
Mientras que entre quienes participaron en el
entrenamiento se redujeron en un 60 por ciento
los errores en un test matemático, en el grupo
de control (sin entrenamiento) no se observó
mejoría alguna.
CONVERTIDOR SENSORIAL
Tales aparatos ayudan a los niños a educar su per-
cepción. Al pulsar un botón expresan cuántos círcu-
los ven en pantalla o en qué dirección se desplazó
por última vez un símbolo.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 33
¿Qué se entiende por «pedagogía na-
tural»?
Los niños vienen al mundo con la espe-
ranza de que se les aporte algo. Desde un
principio reaccionan con gran sensibilidad
a señales que les indican la importancia
de una información y en las que recono-
cen: «¡Atención, ahora llega algo en lo que
debería fijarme!». Esto puede comprobar-
se desde muy temprana edad. En los lac-
tantes de pocos meses, cuando a través
de la mirada y de la elevación de la voz se
les señala la importancia de un objeto, se
quedan mirándolo durante largo tiempo.
Los psicólogos György Gergely y Gergely
Csibra lo han demostrado en experimen-
tos pioneros. Existe toda una serie de
procesos metacognitivos que allanan el
camino al aprendizaje.
¿Qué se entiende por «metacognitivo»
en ese contexto?
Literalmente, el concepto significa algo así
como «pensar sobre el pensamiento». Ahí
radica una gran facultad del ser humano:
refleja su propia capacidad mental y la de
los demás. Los psicólogos también hablan
de la «teoría de la mente». De forma cons-
tante nos formulamos hipótesis sobre qué
están pensando los demás, cómo nos ven y
«Aprender es un acto comunicativo»
¿Cómo captan el mundo los niños? ¿Qué circunstancias favorecen su aprendizaje?
Desde hace décadas, la psicóloga del desarrollo Uta Frith analiza estos temas. Su principio básico:
la adquisición natural de conocimientos es el mejor modelo para aplicar en las escuelas
ENTREVISTA REALIZADA POR STEVE AYAN
ENTREVISTA
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UTA FRITH

Nació en 1941 en Rockenhausen, cerca de
Kaiserslautern.

Estudió psicología experimental y clínica en
Saarbrücken y Londres.

Es doctora y cuenta con una prolongada
actividad investigadora en el Colegio
Universitario y el Consejo de Investigación
Médica de Londres.

Es cofundadora del Instituto de Neurociencia
Cognitiva en Londres, donde dirigió el departa-
mento de psicología cognitiva del desarrollo.

Es miembro de numerosas academias
científicas, entre ellas, la Regia Sociedad de
Londres y la Academia Alemana de Ciencias
Leopoldina.

Desde 2007 es profesora de la Fundación
para la Investigación de la Universidad de
Aarhus (Dinamarca).

Está casada con el psicólogo Chris Frith.
Tienen dos hijos.
34 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
qué conocimientos y capacidades podemos
prever en ellos. Todo ello no tiene por qué
ocurrir de forma consciente. Los mecanis-
mos que gobiernan el aprendizaje de los
niños suelen ser tan sutiles que apenas nos
llaman la atención en la vida cotidiana. Tal
vez por esta razón los investigadores hayan
tardado tanto en reconocerlos.
¿Podría poner un ejemplo?
Cuando voy sentada en el tren y observo
a los demás pasajeros estoy en todo mo-
mento cambiando mentalmente de pers-
pectiva: «Aquel hombre parece cansado,
seguro que ha tenido un día pesado». «La
que lleva un vestido fino habrá pensado
que fuera hará calor». Todo ello pasa de
forma automática; apenas me doy cuenta.
Un hallazgo fundamental de la «pedago-
gía natural» es que la capacidad de llevar
a cabo estos procesos mentales conforma
el comportamiento de aprendizaje de los
niños.
¿El proceso de aprendizaje no cambia
según se trate de aprender fechas histó-
ricas, ir en bicicleta o adquirir unas con-
ductas sociales correctas?
En efecto. Pero aquí me refiero a una
capacidad básica presente en todos los
supuestos. En la búsqueda de una rece-
ta exitosa para el aprendizaje efectivo,
los investigadores suelen fijarse solo en
el contenido, en el tema a aprender. En
este contexto, las circunstancias sociales
y emocionales quizá marcan la diferencia.
Naturalmente, un profesor de matemáti-
cas debe pensar cómo enseñar de forma
didáctica y apropiada las fórmulas y los
cálculos matemáticos. Pero otros factores
resultan igual de importantes, empezan-
do por la atmósfera en el aula de clase,
siguiendo por el consentimiento de co-
meter fallos, hasta la tolerancia a dejar
fluir la imaginación. Con frecuencia, estos
factores deciden que una disciplina sea
rechazada o aceptada.
Es decir, cree que en vez de concentrarse
solo en qué se debe aprender habría que
considerar también el cómo aprender.
Exactamente. De lo que se trata en defi-
nitiva es que quienes enseñan y quienes
aprenden, ya sean padres e hijos o alum-
nos y pedagogos, vayan al unísono. Si el
niño no colabora, puedo fruncir el ceño
o modular la voz a menudo, pero en el
momento adecuado. Ello resulta sobre
todo evidente en el caso de niños con
autismo. Muchos de sus déficits cogniti-
vos se deben a que no pueden valorar el
significado de señales metacognitivas o
quizá ni siquiera las perciban. No pueden
descifrar por sí mismos las intenciones y
pensamientos de los demás, por ello re-
sulta difícil trasmitirles determinados co-
nocimientos. Informaciones irrelevantes
tienen para ellos el mismo valor que las
realmente importantes. Esto demuestra
que el aprendizaje es, en gran medida, un
acto comunicativo.
¿Tiene ello relación con la capacidad
de ponerse en la piel del otro?
Creo que muchas de las cosas que englo-
bamos bajo el concepto de metacognición
arraigan en el concepto que tienen los ni-
ños de sí mismos. En inglés se utiliza para
referirse a ello el self awareness, un con-
cepto algo difícil de traducir. Self aware-
ness se refiere a la capacidad de percibirse
a sí mismo y de deslizarse en diferentes
roles. Como he dicho antes, tal habilidad
puede permanecer por completo implíci-
ta, es decir, sin que tengamos conciencia
real de ello ni podamos controlarlo. Un
niño de seis años no piensa de manera
consciente: «Fíjate, el maestro carraspea,
ahora dirá algo importante», sin embargo,
dicha señal no le pasa inadvertida.
¿Estimula esa habilidad el aprendizaje?
El éxito en la adquisición de conocimientos
va más allá del simple aprendizaje didáctico.
Deben incluirse los procesos mentales que
radican en planos superiores. Los niños no
son discos duros o esponjas pasivas, pero de
forma constante almacenan informaciones
interesantes para ellos. Hoy entendemos in-
cluso cómo los más pequeños diferencian
aquellos conocimientos que les resultan
valiosos. No captan todo de forma indis-
criminada, sino que realizan una selección
activa. En las conversaciones con padres
o profesores oigo siempre la frase: «Ojalá
aprendieran [los niños] solo aquello que
les decimos». A menudo pienso que ¡claro
que aprenden siempre!, aunque quizá no de
manera exacta a la que se les indica.
¿Cree ilusorio que se lleguen a controlar
los procesos de aprendizaje?
En todo caso debería abandonarse la idea
de la «inculcación», ya que no estimula
el éxito del aprendizaje. Se necesita una
interacción entre quien enseña y quien
aprende para alcanzar este objetivo.
¿Cómo se podrían considerar las capa-
cidades metacognitivas en la escuela?
¡Practicándolas! En un original estudio, An-
gela Davis-Unger y Stephanie Carlson, de
la Universidad de Washington en Seattle,
propusieron a unos niños desempeñar el
papel de profesores. Pienso que no deberían
separarse siempre de forma tajante los roles
de profesor y alumno. Muchos niños sacan
provecho si cambian de papel en alguna
ocasión y son ellos los que deben explicar la
lección. De forma inconsciente, les estimula
la capacidad de autorreflexión. Con frecuen-
cia, a los niños les gusta aprender de otros
compañeros de su misma edad; les resulta
natural compararse y copiarse.
Y ello, a su vez, mejora la adquisición
de conocimientos...
Tal vez no de forma inmediata, pero el inte-
rés, la motivación, la capacidad de separar lo
importante de lo que no lo es, todo ello son
premisas para lograr un aprendizaje durade-
ro. La mayor parte de las cosas que los niños
deben aprender no se asocia a ninguna re-
compensa directa. Por esta razón, no pueden
extrapolarse sin más los resultados de ex-
periencias realizadas con animales a la po-
blación infantil. Las ratas aprenden a asociar
estímulos sencillos con transformaciones
en el ambiente; por ejemplo, el suministro
de alimento o una descarga eléctrica. En la
«La mayoría de las veces, los mecanismos que rigen
el aprendizaje infantil son tan sutiles que en la vida
diaria nos pasan desapercibidos. Tal vez por ello los
investigadores hayan tardado tanto en reconocerlos»
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 35
escuela entran en juego otros factores com-
pletamente diferentes, como interpretar de
manera correcta las señales de los demás.
¿Pone en duda que resultados del estu-
dio del aprendizaje en animales puedan
trasladarse a la enseñanza escolar?
Los humanos aprenden más de otros hu-
manos que de su propia experiencia, lo
que presenta unas enormes ventajas: ¡no
todos hemos de cometer los mismos erro-
res! Quizá la transmisión social de conoci-
mientos pueda darse en cierta medida en
algunas especies de mono, pero no puede
compararse con el privilegio exclusivo que
posee la especie humana. La capacidad de
trasmitir tradiciones y conocimientos, au-
mentándolos de manera constante, cons-
tituye la base de nuestra cultura. Para mí,
la cultura equivale a formación.
Suele decirse que el aprendizaje escolar
debe ser lúdico, para lo cual deben supe-
rarse siempre obstáculos y adversidades.
¿No será solo una ilusión el ideal de un
aprendizaje autoestimulante y gozoso?
Seguro. El aprendizaje supone mucho au-
tocontrol, es decir, requiere la capacidad
de reprimir impulsos espontáneos sin es-
perar recompensas inmediatas. Pregunta
a un niño si quiere un juguete ahora mis-
mo o dos dentro de una hora. Si dispo-
ne de un buen autocontrol, se mostrará
dispuesto a esperar. Según muestran las
estadísticas, el autocontrol de un alumno
guarda más relación con el éxito escolar
que el coeficiente intelectual.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
DEVELOPMENT OF TEACHING SKILLS AND
RELATIONS TO THEORY OF MIND IN PRES-
CHOOLERS. A. Davis-Unger, S. M. Carl-
son en Journal of Cognition and Deve-
lopment, vol. 9, págs. 26-4, 2008.
LEARNING FROM OTHERS: INTRODUCTION TO
THE SPECIAL REVIEW SERIES ON SOCIAL NEURO-
SCIENCE. C. Frith, U. Frith, en Neuron vol. 65,
n.
o
6 págs. 739-743, 25 de marzo de 2010.
BASES CEREBRALES DEL APRENDIZAJE.
U. Herrmann, en Mente y Cerebro,
n.º 44, págs. 41-45, 2010.
Psicólogos y pedagogos dirigen cada
vez más su atención a las influencias
metacognitivas que preparan, caracteri-
zan y acompañan el aprendizaje natural
de los niños de menor edad. Entre las
técnicas destacan la modulación de la
voz y la mímica. Ello ha dado pie, en
los últimos años, al surgimiento de una
nueva modalidad de trabajo: la «peda-
gogía natural».
El grupo dirigido por György Gergely
y Gergely Csibra, de la Universidad de
la Europa Central de Budapest, ha com-
probado cómo el contacto visual con
los adultos dirige la atención de los
niños. En un experimento, una mujer
dirigía su mirada primero al lactante;
luego la desviaba a uno de los dos ob-
jetos dispuestos sobre la mesa (foto-
grafía). El contacto previo con el niño
favoreció que el pequeño mantuviera
la mirada puesta en ese objeto por más
tiempo.
Según los investigadores, las señales
mímicas y verbales de los padres estruc-
turan el aprendizaje infantil, ya que
les ayudan a distinguir la información
relevante de la que no lo es. De esta
forma los niños aprenden a aprender
con mayor efectividad.
(Natural Paedagogy. G. Csibra, G. Gergely en
Trends in Cognitive Sciences, vol. 13, n.
o
4,
págs. 148-153, 2009).
Pedagogía natural
G
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G
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B
R
A
,

B
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D
A
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E
S
T
ha publicado sobre el tema, entre
otros, los siguientes artículos:
Anticiparse al alzheimer,
de Gary Stix
Agosto 2010
Control del cerebro
por medio de la luz,
de Karl Deisseroth
Enero 2011
Cien billones de conexiones,
de Carl Zimmer
Marzo 2011
Una mente extracorpórea,
de Miguel A. L. Nicolelis
Abril 2011
Claves de la resiliencia,
de Gary Stix
Mayo 2011
La neurociencia
en el sistema judicial,
de Michael S. Gazzaniga
Junio 2011
Un órgano oculto en los ojos,
de Ignacio Provencio
Julio 2011
Consciencia artificial,
de Christof Koch y Giulio Tonomi
Agosto 2011
Física de la inteligencia,
de Douglas Fox
Septiembre 2011
36 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
MENTE, CEREBRO Y SOCIEDAD
  D
esde el punto de vista científico,
el método Kawashima y otros pro-
gramas de entrenamiento cerebral en
videoconsolas, como Big Brain Academy,
muestran tres errores en el planteamien-
to de cómo funcionan las capacidades de
memorización humanas: la memoria no se
desarrolla en toda su extensión memori-
zando imágenes, ni memorizar letras ayu-
da a retener los textos, ni el uso de tales
artilugios aumenta la inteligencia.
La memorización de imágenes
no desarrolla la memoria
Las consolas que supuestamente mejoran
las capacidades cognitivas plantean un
aprendizaje «todo en uno». Es decir, pro-
ponen un soporte de ejercicios específicos
para aumentar las capacidades de memoria
y de razonamiento, medidas estas bajo el
baremo de «edad cerebral»: cuanto mejo-
res sean la memoria y la capacidad de ra-
zonamiento de un individuo, más joven es
su cerebro. Ahora bien, desde el punto de
vista del funcionamiento mental, tal afir-
mación es errónea [véase «Entrenamiento
cerebral: una farsa intelectual», de Sonia
Lorant-Rover y Alain Lieury, en MENTE Y
CEREBRO, n.
o
42].
En primer lugar, no puede obtenerse
un desarrollo de la memoria, en el senti-
do más amplio del término, con ejercicios
específicos. La memoria se compone de
módulos más o menos interconectados.
Así, los módulos sensorio-motores en-
cierran las memorias sensoriales y mo-
toras (para memorizar un color, un so-
nido); los módulos simbólicos crean las
palabras (memoria léxica) y las imágenes
(memoria gráfica); y por último, el nivel
más abstracto, el conceptual, compuesto
por la memoria de los significados o de
la semántica.
La impermeabilidad relativa de estos
módulos explica los pocos resultados ob-
tenidos con los métodos de entrenamiento
«todo en uno». Si usted se entrena para
aprender formas visuales (memoria vi-
sual de formas), no aprenderá mejor los
poemas o los nombres propios (memoria
léxica).
Estudios más precisos muestran que las
memorias visuales, utilizadas a menudo en
los juegos o programas de estimulación,
son muy diversas. De hecho, David Van
Essen cuenta hasta 34 áreas visuales en
la corteza visual del mono (por tanto, al
menos el mismo número de zonas en el
ser humano). De este modo, se distingue
una memoria icónica, una ortográfica,
una visual, una gráfica, una visuoespacial,
una de caras... y, con toda probabilidad,
se encuentran todavía más (pictogramas,
ideogramas, etcétera). Claro está que exis-
ten procesos de codificación que permiten
transformar el contenido de una memoria
en otra (como el código verbal de imáge-
nes), pero, en general, una cierta cantidad
de información se pierde.
Memorias distintas
El segundo error de este tipo de programas
digitales consiste en considerar que memo-
rizar las letras ayuda a retener los textos.
Se ha constatado al medir la eficacia de las
consolas de entrenamiento cerebral que
los test de memoria propuestos no con-
llevan ninguna mejora en las pruebas de
memorización de textos.
Tal afirmación ya se conocía desde hace
tiempo. En 1917, el psicólogo Homer Reed
llevó a cabo un experimento en el que
pedía a los estudiantes que aprendieran
16 versos de poesía, 10 líneas de prosa,
70 palabras en latín (más las equivalen-
tes en inglés) y, para terminar, 24 figuras
sin significado. Más tarde, se separó a los
probandos en dos grupos. Los del primer
grupo dedicaron entre 30 minutos y una
hora al día durante 15 días para aprender
ENTRENAMIENTO CEREBRAL
UNA VISIÓN ERRÓNEA DE LA MEMORIA
Los programas informáticos de entrenamiento cerebral se basan en un concepto erróneo sobre los mecanismos
de aprendizaje y memoria del cerebro, por lo que resultan ineficaces
ALAIN LIEURY
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¿Que es Ia edad cerebraI?
¡Bien! Ya podemos
comenzar el
entrenamiento.
Atrás Leer
FAMILIARIZACIÓN, NO ENTRENAMIENTO
El videojuego del Dr. Kawashima promete
rejuvenecer la edad del cerebro. Sin embar-
go, la mejora en la ejecución de las pruebas
digitales se debe más a la familiarización con
el uso del aparato que al incremento de la
memoria y, aún menos, de la inteligencia.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 37
listas de 12 sílabas sin significado («reb»,
«lab», «gem», etcétera). Los otros partici-
pantes no desarrollaron ningún ejercicio
en especial. Al final, todos se sometieron a
cuatro pruebas en las que debían recordar
nuevas palabras, textos o figuras.
Los resultados no mostraron ninguna
progresión en la capacidad de los estu-
diantes del primer grupo para memorizar
frases, fuesen en prosa o en verso, pero sí
un efecto negativo en el aprendizaje de
frases en latín. La única repercusión po-
sitiva e inesperada apareció en relación
al aprendizaje de figuras sin significado,
con una progresión neta del 40 por ciento
frente al 20 por ciento de los estudiantes
que no se entrenaron.
Se sabe por otros estudios que el apren-
dizaje de sílabas sin significado requiere
estrategias de organización (unir una sílaba
a una palabra conocida, por ejemplo «lab»
a «laboratorio», «gem» a «gema»). Puede
suponerse que el entrenamiento permitió
a los estudiantes elaborar estrategias para
las formas visuales (relacionar imágenes o
dibujos familiares). No obstante, todavía
queda por explicar la ligera progresión (20
por ciento) de los estudiantes que no se be-
neficiaron de ningún entrenamiento. Ello
hace pensar que no es el entrenamiento
el factor clave, sino la familiarización. En
efecto, el primer test permite familiarizar-
se con el ejercicio. Se trata del efecto del
calentamiento (como bien saben los de-
portistas), ya demostrado en numerosos
estudios sobre la memoria.
Tal fenómeno sucede cuando se sigue el
programa de Kawashima o se juega a cual-
quier videojuego. En general, la primera
vez que se prueba, el resultado roza o es
un desastre, puesto que no se ha entendi-
do todavía bien lo que debe realizarse. Por
el contrario, a partir del segundo o tercer
intento, los progresos son evidentes. ¿Se
trata del efecto del método Kawashima?
No, claro que no, es el de la familiarización
y del calentamiento.
De hecho, el rendimiento todavía va a
peor si no se está familiarizado con los
videojuegos: un principiante adulto rabia
al ver como un niño de ocho años que
juega por primera vez logra un mejor
resultado. Aquí se observa de nuevo una
falta de familiarización, esta vez con todo
el entorno del mundo de las consolas.
Aprender su uso constituye un ejercicio
de memoria en sí mismo. De hecho, tan
solo en ese ejercicio es en el que el indi-
viduo progresa.
La inteligencia
no se educa con juegos
Para terminar, la inteligencia no se edu-
ca con un artilugio. A pesar de que se
supone que los pequeños ejercicios que
propone la consola (calcular multiplica-
ciones o conectar letras con números) de-
sarrollan la agilidad mental y mejoran las
capacidades de razonamiento, tal método
se basa en un postulado rechazado en la
actualidad, a saber, que la inteligencia
puede educarse mediante la realización
de ciertos ejercicios. Dicho supuesto surge
del decenio de los sesenta, tiempo en el
que se consideraba que la memoria de-
sempeñaba un papel secundario en la in-
teligencia (salvo en Estados Unidos, don-
de el conductismo valorizó con fuerza el
aprendizaje). Así, según la expresión del
psicólogo suizo Jean Piaget, la memoria
se hallaba subordinada a las estructuras
de la inteligencia. En tal esfera teórica,
diversos autores han propuesto herra-
mientas dirigidas a desarrollar las capa-
cidades intelectuales bajo el nombre de
«educabilidad cognitiva». Dicho en otros
términos, se suponía que la inteligencia
podía educarse.
Las teorías que consideraban la inteli-
gencia en el sentido estricto de razona-
miento fueron la base de los ejercicios
destinados al desarrollo de este último (por
ejemplo, los «talleres de razonamiento ló-
gico»). Los resultados —si los hay— obte-
nidos con dichos planteamientos fueron
modestos, tal y como resumió el psicólogo
El Programa de Enriquecimiento Instrumental (PEI), del pe-
dagogo israelita Reuven Feuerstein, fue uno de los métodos de
desarrollo mental más populares en los años setenta del pasado
siglo. Even Loarer y sus colaboradores, psicólogos del Conservatorio
Nacional de Artes y Oficios y de la Asociación para la formación
profesional de adultos, realizaron un experimento con el fin de
evaluar su eficacia.
En el estudio, un grupo experimental se formaba con el méto-
do del programa que consiste en entrenarse con diversos ejerci-
cios de razonamiento y de abstracción, mientras que otro grupo
seguía una simple formación en informática. Los estudiantes
del grupo experimental realizaron 100 horas de entrenamiento
con el programa dentro del tiempo total de las prácticas. Se
realizó un test antes y después de la formación para medir su
progresión.
Los test se componían de pruebas de razonamiento, de aptitud
verbal y espacial, así como de una prueba de inteligencia práctica
que consistía en planificar un itinerario de reparto en función de
siete órdenes de pedido.
Al cabo del experimento se comprobó que el método PEI tenía
efectos muy ligeros (un máximo del 15 por ciento), resultado debido,
en su mayor parte, al hecho de tener una actividad: el grupo control
obtuvo unos logros entre un 5 y un 20 por ciento. Para el test de
flexibilidad verbal, la progresión más importante la lograron los pro-
bandos que seguían la formación informática, con una progresión
de hasta un 23 por ciento.
En suma, los resultados fueron modestos, incluso inexistentes, como
lo demuestra un seguimiento realizado durante dos años. De los estu-
diantes que finalizaron su formación, un 75 por ciento del grupo que
continuó con el programa PEI aprobó su examen de fin de prácticas,
mientras que en el grupo de informática fueron un 80 por ciento los
estudiantes que lo lograron. Con todo, el estudio objetivo e indepen-
diente no revela resultados concluyentes sobre la efectividad del célebre
método de «entrenamiento del razonamiento».
Los métodos utópicos frente a la realidad
38 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
Jean-Claude Coulet en su síntesis de nume-
rosas evaluaciones.
Uno de los métodos más conocidos de
esa época fue el Programa de enriqueci-
miento instrumental del pedagogo Reu-
ven Feuerstein. Su método fue el objeto de
una evaluación completa desarrollada por
el psicólogo Even Loarer y sus colaborado-
res, del Conservatorio Nacional de Artes y
Oficios. El estudio llegó a la conclusión de
que el método no ejerce influencia algu-
na en las capacidades de razonamiento en
situaciones concretas.
En resumen, a pesar de las innovaciones,
la realidad demuestra que, para educar el ra-
zonamiento, la mejor solución es estudiar, ya
sean ciencias, matemáticas, metodología...
Alain Lieury
Antiguo director del Laboratorio
de psicología experimental
Universidad de Rennes 2
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
PEUT-ON ÉDUQUER L’INTELLIGENCE?
E. Loarer et al.. Peter Lang, Berna, 1995.
ÉDUQUER L’INTELLIGENCE. J.-Cl. Coulet.
Colección Topos, Dunod, 1999.
MAIS OÙ EST DONC MA MÉMOIRE.
A. Lieury. Dunod, 2005.
  U
n tren avanza ante sus ojos. De conti-
nuar su marcha, arrollará a cinco ope-
rarios que trabajan en la vía. ¿Empujaría a
alguien para que el tren le atropellara y sal-
var así la vida de las cinco personas situadas
algo más allá? Aquellos probandos que res-
ponden con un «no» al dilema, tardan cinco
segundos en tomar dicha decisión, con un
profundo sentimiento de rechazo a dañar.
De hecho, las técnicas de imagen funcional
cerebral detectan una activación intensa en
áreas que procesan las emociones.
La disyuntiva forma parte de un total
de 60 dilemas planteados en diversos es-
tudios publicados en revistas como Scien-
ce o Nature y que resumimos en un vídeo
(imágenes) dentro de la serie divulgativa
Los secretos de tu cerebro. El objetivo de
dichos estudios es investigar los circuitos
neuronales que procesan decisiones límite
con vidas humanas en juego.
Siguiente prueba. Se plantea a los pro-
bandos impedir que el tren arrolle a los
cinco trabajadores si manipulan las agujas
de cambio, con lo que desviarán la locomo-
tora a una vía en la que se halla un solo
individuo. Tal acción causará de modo in-
directo un posible daño, pero evitará de
manera directa uno mayor. La mayoría de
los voluntarios opta por el «sí», es decir,
por mover las agujas. En este caso, los par-
ticipantes tardan dos segundos más en de-
cidir su acción, tanto si es un «sí» como si
contestan un «no». A través de la imagen
funcional se observa una fuerte activación
de las áreas que desempeñan las funciones
NEUROBIOLOGÍA
EL CEREBRO ÉTICO ANTE EL DILEMA
Cómo registra nuestro encéfalo el principio de no hacer a los demás
lo que no queremos que nos hagan a nosotros mismos
NATALIA LÓPEZ MORATALLA Y ENRIQUE SUEIRO VILLAFRANCA
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¿SÍ O NO?
Se tardan cinco segundos en decidir no empujar a la persona a la vía
para detener el tren que atropellaría a los cinco operarios.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 39
de control mental, en concreto, las de la
memoria de trabajo, que detienen la in-
formación emocional durante los dos se-
gundos requeridos para analizar la relación
coste y beneficio.
¿Cómo utilizamos la capacidad universal
y humana de juzgar las acciones como bue-
nas o malas? En los experimentos aparecen
tres tipos de inteligencia mediante los que
el ser humano conoce y que, salvo patolo-
gías, aparecen conectados y armonizados
entre sí.
En primer lugar, el pensamiento cons-
ciente, analítico, sistemático, impersonal y
lento permite una reflexión, incluso breve,
que mueve o no a la persona a ofrecer una
ayuda solidaria a víctimas desconocidas.
En segundo lugar, aparecen las emocio-
nes procesadas de forma global, personal
y rápida: nos sentimos urgidos ipso facto
a socorrer a alguien en grave peligro. Y
por último, la intuición, un conocimiento
inconsciente que genera las emociones.
Guía emocional innata
A nivel neurobiológico, el primer paso con-
siste en la generación de la emoción en
estructuras del sistema límbico, sobre todo,
en la amígdala cerebral: el hipotálamo li-
bera neurotransmisores y participa con la
amígdala en evaluar el significado biológi-
co (positivo o negativo) de la información
recibida. El sistema de recompensa, con el
núcleo accumbens y las áreas tegmentales
ventrales, envía sus señales a través de la
dopamina, anticipando las posibles recom-
pensas. La amígdala comunica con la corte-
za, en concreto con la región orbitofrontal
(capaz de frenar los impulsos automáticos),
a fin de decidir de acuerdo con los valores y
las normas que cada uno asume libremen-
te. Las emociones, más intensas cuanto más
cercanas resultan o se hallan las personas,
actúan como si de pesas de una balanza
que empujan más a un lado que a otro
se tratara, mas no determinan la decisión.
El segundo paso, que analiza y valora
la respuesta respecto a las convicciones
personales, resulta más lento. El área
frontal lateral calcula las ventajas y los
inconvenientes. De alguna manera po-
¿UNO O CINCO?
Se necesitan siete segundos para decidir mover o no el cambio de
agujas a fin de que el tren se desvíe hacia la vía donde solo se halla
una persona o mantenga su trayectoria en dirección a cinco ocupan-
tes de la vía.
Región lateral
Región polar
Corteza
órbitofrontal
Amígdala
Hipotálamo
ateral ateral
Respuesta
ENTRE LA EMOCIÓN Y LA RACIONALIDAD
Diversas áreas del cerebro intervienen en la toma de decisiones: mientras el sistema límbico
(amígdala cerebral e hipotálamo) procesa las emociones (flecha verde), la corteza frontal (re-
gión orbitofrontal) es capaz de frenarlas (rosa). Las neuronas de la región lateral y la polar se
frenan entre sí (rosa), sopesando la información contextual y las expectativas de recompensa,
hasta llegar a una respuesta cognitivo emocional.
40 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
THE NEURAL BASES OF COGNITIVE CON-
FLICT AND CONTROL IN MORAL JUDG-
MENT. J. D. Greene en Neuron, vol. 44,
págs. 389-400, 2004.
DAMAGE TO THE PREFRONTAL CORTEX IN-
CREASES UTILITARIAN MORAL JUDGMENTS.
M. Koenigs et al. en Nature, vol. 446.
págs. 908-911, 2007.
AN FMRI INVESTIGATION OF EMOTIONAL
ENGAGEMENT IN MORAL JUDGMENT.
J. D. Greene en Science, vol. 293,
págs. 2105-2108, 2001.
FUNTIONAL NETWORKS IN EMOTIONAL
MORAL AND NONMORAL SOCIAL JUDG-
MENTS. J. Moll en NeuroImage, vol.16,
págs. 696-703, 2002.
LA BÚSQUEDA EN EL CEREBRO DE LA
DOTACIÓN ÉTICA INNATA Y UNIVERSAL.
N. López Moratalla en Acta Philoso-
phica, vol. 19, págs. 297-310, 2010.
El vídeo completo en: www.lossecre-
tosdetucerebro.com/videos
demos hablar del cerebro ético como un
atajo emocional ante dilemas. Supone un
conocimiento intuitivo que indica aque-
llo que está bien y lo que no; una guía
natural emocional que no determina la
conducta.
En el estudio con personas con daño en
el lóbulo frontal de ambos hemisferios (es-
tructura que conecta lo emotivo y lo ana-
lítico) se ha observado que dichos sujetos
deciden en cinco segundos empujar a la vía
a una persona para salvar a las otras cinco.
La lesión les priva de la guía innata que
supone la alerta emocional en la toma de
las decisiones: la alarma de la repugnancia
a dañar les deja imperturbables. Sin em-
bargo, razonan.
También se ha analizado el comporta-
miento en personas utilitaristas, entrena-
das en el cálculo riesgo/beneficio como
norma de conducta. Resuelven en el mis-
mo tiempo (siete segundos) «sí» empujar
a un individuo a la vía y «sí» accionar las
agujas. En la primera afirmación, nece-
sitan dos segundos más para que el sis-
tema analítico se imponga a la emoción
natural de rechazo a ocasionar un daño
directo. Las jerarquías de valores no se
hallan determinadas de forma biológica y
difieren de unas culturas a otras, aunque
no son equivalentes. En el caso de estas
personas, prima el utilitarismo sobre otros
valores.
Triángulo de neuronas
La clave de por qué podemos analizar y
decidir sin estar sometidos por las emocio-
nes o los sentimientos radica en la capaci-
dad de frenar la información que llega a
la corteza frontal desde el procesador de
las emociones. Un triángulo de neuronas
del lóbulo frontal ejerce dicha labor.
Las neuronas de la corteza orbitofrontal
frenan el flujo de información de la amíg-
dala, procesan las expectativas e imaginan
el futuro. A continuación, las opciones en
las que se detecta expectativa de recom-
pensa se almacenan en el polo anterior.
Las neuronas de la región polar y la lateral
se frenan entre sí. La lateral contextualiza
la situación y obtiene un resultado, que
es la respuesta final cognitiva-emocional.
El «párate y piensa» necesario para deci-
dir en una situación de gran tensión emo-
cional nos aporta el componente analítico
propio de la racionalidad humana.
Natalia López Moratalla
Departamento de bioquímica y biología molecular
Enrique Sueiro Villafranca
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Universidad de Navarra
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lo largo de la evolución, todos los or-
ganismos vivos han desarrollado un
sistema biológico específico para adaptar-
se a las características rítmicas y cíclicas del
planeta Tierra. En mamíferos, este sistema
se encuentra regulado por el núcleo supra-
quiasmático del hipotálamo, el cual recibe
información de la retina y del resto de los ór-
ganos sensoriales marcando ritmos de acti-
vidad fisiológica y de conducta. Este «reloj»
multicelular, que libera en los humanos al
menos nueve hormonas y proyecta señales
a otras áreas de cerebro, se halla genética-
mente programado. Su función consiste en
sincronizar el organismo con los ciclos diarios
de luz y temperatura, a semejanza de un
director de orquesta que dirige y coordina
los cambios de ritmo de los músicos.
Aunque existen multitud de tipos de
ritmos biológicos (anuales, mensuales, et-
cétera), los más estudiados son los ritmos
circadianos, término que proviene del latín
«circa» (cerca) y «dies» (día). Se trata de rit-
mos biológicos que duran un período de un
día aproximadamente y permiten la adap-
tación del organismo al ciclo día y noche
producido por el movimiento de rotación
de la Tierra alrededor del Sol. En el mundo
animal se encuentran especies nocturnas
o activas durante la noche (el búho o el
murciélago, entre otros) y animales diur-
nos o activos durante el día (como el gallo
o las ardillas). También existen animales
crepusculares, es decir, activos durante el
atardecer y el amanecer (caso del ciervo de
cola blanca). Los humanos, aun siendo en
PSICOBIOLOGÍA
RITMOS BIOLÓGICOS Y PERSONALIDAD
Personas matutinas, vespertinas e intermedias. Los humanos presentan diferencias individuales
en los ritmos circadianos, rasgo que influye en su manera de ser
ANNA MURO, MONTSERRAT GOMÀ Y ANA ADAN
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SEGÚN LA PERSONA
Pese a que, por lo general, el ser humano es
diurno, presenta diferencias individuales
y de género en los ritmos circadianos.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
MOOD RHYTHMICITY AND INDIVIDUAL DIF-
FERENCES. A. Adan en Causes, role and
influence of mood states, dirigido por
A. V. Clark, págs. 33-56. Nova Biomedi-
cal Books. Nova Science Publishers, Inc.,
Nueva York, 2005.
CRONOBIOLOGÍA BÁSICA Y CLÍNICA.
J. A. Madrid y M. A. Rol de Lama.
Editec@Red, Madrid, 2007.
MORNINGNESS-EVENINGNESS, GENDER AND
THE ALTERNATIVE FIVE FACTOR MODEL OF
PERSONALITY. A. Muro, M. Gomà i Freixa-
net y A. Adan en Chronobiology Interna-
tional, vol. 26, págs. 1235-1248, 2009.
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Luz y temperatura
Núcleo
supraquiasmático
del hipotálamo
Fisiología
Conducta
su mayoría diurnos, muestran diferencias
individuales en la expresión de los ritmos
circadianos: el abanico incluye desde indi-
viduos matutinos, pasando por intermedios
hasta vespertinos. Los primeros se levantan
y activan muy temprano por la mañana y
se acuestan poco después de anochecer;
los vespertinos, en cambio, se despiertan
y van a dormir tarde (pasada la mediano-
che), y los intermedios no presentan ten-
dencias extremas: acostumbran levantarse
después que los individuos matutinos, pero
se acuestan antes que los vespertinos.
Tales variaciones en el comportamien-
to responden a diferencias rítmicas en la
secreción diurna de cortisol y la secreción
nocturna de melatonina (la hormona de
la oscuridad, liberada solo en ausencia de
señales lumínicas). A pesar de que los rit-
mos circadianos son endógenos, en ausen-
cia diaria de una señal lumínica potente (la
luz solar) pueden alargarse entre 25 y 33
horas, provocando un desequilibrio fisioló-
gico general en el organismo que a su vez
puede originar problemas de adaptación y
de salud, ya sean físicos o psíquicos.
Los matutinos, más activos
Debido a la función central que ejerce el
hipotálamo en el sustrato biológico de
la personalidad, estudios científicos han
investigado su relación con los ritmos cir-
cadianos. En relación a las personas matu-
tinas se sugiere que son más discretas, res-
petuosas, conservadoras y convencionales;
también suelen gozar de lógica y sentido
común, así como de un estilo cognitivo más
analítico. En cambio, las gentes vespertinas
presentan una personalidad más «lunar»:
tienden a ser más soñadoras, creativas, re-
beldes y aventureras; les gusta lo abstracto
y simbólico, asimilan la información por los
sentidos y tienen un estilo cognitivo glo-
bal e intuitivo. Un estudio con un modelo
biológico de la personalidad ha confirma-
do que los sujetos matutinos resultan más
activos que los vespertinos. Al parecer,
los niveles de ansiedad y neuroticismo
variaban también en función del género:
los hombres matutinos tendían a ser más
ansiosos que los intermedios y los vesper-
tinos; en las mujeres, en cambio, sucedía
lo contrario, puesto que las intermedias
obtuvieron puntuaciones más altas que
aquellas matutinas y que las vespertinas.
La importancia del estudio radica en que
es la primera vez que se utiliza un modelo
de personalidad con fundamentos genéti-
cos en una investigación sobre los ritmos
circadianos. Se trata de un modelo teórico
completo, ya que no solo clasifica y predice
la personalidad humana, sino que también
explica su origen y desarrollo en términos
de adaptación biológica a las exigencias
evolutivas del entorno.
La ampliación de datos sobre las bases
biológicas de la personalidad a través de
los mecanismos subyacentes de los ritmos
circadianos resulta necesaria para conocer
mejor sus implicaciones en el desarrollo
psicológico normal y patológico del indi-
viduo, así como para establecer nuevas
hipótesis sobre las consecuencias cíclicas
de los movimientos de la Tierra en la con-
figuración estructural de la personalidad
humana. La exposición a la luz solar o el
diseño de horarios académicos y laborales
acordes con nuestra personalidad y nuestra
activación biológica natural garantizarían
una mejor calidad de vida, además de un
desarrollo psicológico más saludable.
Anna Muro y Montserrat Gomà
Depto. de psicología de la salud
Universidad Autónoma de Barcelona
Ana Adan
Depto. de psicobiología
Universidad de Barcelona
RELOJ MULTICELULAR
El núcleo supraquiasmático del hipotálamo, que recibe información de la retina y
otros órganos sensoriales, regula los ritmos de actividad fisiológica y de conducta.
42 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 42 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
F
elicidad y trabajo, ¿dos conceptos antagóni-
cos? Según se sabe, Cristóbal Colón afirmó
en su día: «Encuentra la felicidad en el trabajo o
nunca serás feliz». Sin entrar a valorar tal aser-
ción, parece claro que los conceptos de felicidad
y trabajo no son antagónicos; incluso pueden
estar relacionados.
El interés por la felicidad no es reciente. Desde
la filosofía, Platón y Aristóteles ya se pregunta-
ban qué es ser feliz. Para dar con la respuesta
analizaron las formas en las que las personas
buscaban la felicidad. En las últimas décadas,
este tema ha recobrado importancia a raíz de los
trabajos de los psicólogos Martin E. P. Seligman,
de la Universidad de Pensilvania, y Mihály Csik-
szentmihalyi, de la Universidad de Claremont,
sobre psicología positiva. El nuevo ámbito de
estudio supone observar al ser humano, no solo
desde la enfermedad, sino también desde la fe-
licidad y el optimismo.
Si aplicamos la psicología positiva al ámbito
de las organizaciones, se necesita considerar
las dificultades del trabajador, pero sobre todo
sus fortalezas, además de analizar qué pueden
realizar empresa y empleado para alcanzar el
bienestar en el trabajo.
No obstante, dentro del ámbito laboral, el tér-
mino de felicidad como tal no ha sido definido.
En general, los investigadores han optado por
seguir una visión hedónica o eudaimónica para
guiar sus estudios. La visión hedonista se centra
en estados emocionales subjetivos (la felicidad, la
satisfacción o el placer), mientras que la tradición
eudaimónica focaliza su estudio en los talentos y
los potenciales de la persona. En este sentido, la
búsqueda del potencial y la actualización de las
habilidades personales pueden dar un sentido a
la vida. Entonces ¿qué es la felicidad? ¿Consiste en
estar alegre más a menudo, o en tener un propósi-
to en la vida y sentir que puedes desarrollarte? En
un artículo publicado en 2008 en Journal of Posi-
tive Psychology, Todd Kashdan, de la Universidad
de George Mason, y sus colaboradores explican
que ambas perspectivas deben complementarse,
evitando tales distinciones artificiales y de du-
dosa utilidad. De hecho, el bienestar hedónico
y el eudaimónico constituyen mecanismos psi-
cológicos que operan de manera conjunta. Esta
afirmación resulta lógica en la vida cotidiana la-
boral: se trata de tener un afecto positivo, sentir
la posibilidad de desarrollarse y de pensar que la
actividad tiene un propósito.
Para estudiar la felicidad en el ámbito de las
organizaciones se han manejado una amplia va-
riedad de conceptos. La distinción que propone
la psicóloga Cynthia D. Fisher, de la Universidad
de Bond, resulta de utilidad para delimitar los
conceptos que se han empleado con mayor fre-
cuencia. En los últimos años van adquiriendo re-
levancia términos como «próspero» (thriving) o
«pasión armoniosa» (harmonious passion), unos
conceptos que con toda probabilidad comenza-
remos a escuchar más a menudo en este campo
de investigación.
Dichos términos presentan un denominador
común: la persona mantiene una visión positiva
hacia su trabajo. Por una razón u otra se siente
bien desarrollando su actividad. ¿Por qué sur-
ge ese sentimiento positivo? ¿Cómo podemos
fomentarlo? ¿Por qué algunos trabajadores no
consiguen la felicidad? A continuación tratare-
mos de dar respuesta a tales cuestiones.
RESUMEN
Felices en el trabajo
1
Las emociones po-
sitivas se contagian
de forma rápida. Los
equipos de trabajo que
experimentan más emo-
ciones positivas, como la
felicidad, colaboran más
y mejoran su rendimiento
laboral.
2
El humor incide de
forma directa en la
comunicación y cohesión
de los empleados, así
como en su satisfacción
personal, la productivi-
dad y la creatividad.
3
Los mecanismos
que conducen a la
insatisfacción en el tra-
bajo no coinciden con los
que aportan felicidad y
bienestar al empleado.
La felicidad en el trabajo
¿Existe la felicidad en el trabajo? ¿Qué nos lleva a alcanzarla? ¿Por qué algunas personas
son incapaces de conseguirla? Un área de investigación psicológica incipiente ayuda
a reconocer los factores clave para lograr ser felices en el ámbito laboral
ALFREDO RODRÍGUEZ MUÑOZ Y ANA ISABEL SANZ VERGEL
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 43 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 43
El contagio de emociones positivas
Las emociones se contagian. Es uno de los ha-
llazgos de la psicología que más han trascendido
la opinión pública [véase «Juntos somos diferen-
tes», por Nikolas Westerhoff; MENTE Y CEREBRO
n.
o
48]. A lo largo de nuestra vida, de una forma u
otra, todos hemos experimentado esa conexión
emocional con otra persona o grupo. De hecho,
en el lenguaje cotidiano acostumbramos usar
términos relacionados con ello («risa contagio-
sa», por ejemplo).
En concreto, el contagio emocional se re-
fiere al proceso mediante el cual sentimos e
interiorizamos emociones similares a las que
observamos en otra persona. El fenómeno se
produce de diversas maneras. Por un lado,
existe la tendencia humana a sincronizarse e
imitar las expresiones faciales, los movimien-
tos y las posturas de aquellos con quienes se
interactúa. Por otro, las personas pueden copiar
aspectos como el lenguaje, el tono de voz e in-
cluso experimentar el mismo estado afectivo
[véase «Camaleones sociales», por Arnd Florack
y Oliver Genschow; MENTE Y CEREBRO n.
o
48]. Se
trata, en general, de un proceso rápido y del que
en ocasiones no somos plenamente conscien-
tes. Tal y como señala Cacioppo, «las emociones
viajan de persona a persona como si se tratase
de un virus».
Existen diversas explicaciones sobre el fenó-
meno aunque, debido al avance de las neuro-
ciencias, una destaca sobre el resto: la transmi-
sión de las emociones de una persona a otra se
encuentra en estrecha relación con las neuronas
espejo (un grupo de células nerviosas capaces
de activarse cuando desarrollamos una acción
o cuando vemos que la realizan otras personas).
Por tanto, las neuronas espejo constituirían el
mecanismo neuronal que explica la propagación
de emociones entre individuos.
© ISTOCKPHOTO / MINIMIL
SILBANDO A TRABAJAR
La felicidad de los empleados
puede mitigar las situaciones
negativas en las organizaciones.
44 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
La mayoría de las investigaciones en torno
al contagio emocional en las organizaciones
casi siempre han ido acompañadas de resulta-
dos que apoyan la utilidad de la expresión de
emociones positivas. La psicóloga Sigal Barsa-
de, de la Universidad de Pensilvania y una de
las expertas más destacadas en este ámbito, se
refiere al proceso del contagio emocional como
«el efecto dominó». Afirma que las emociones
positivas son un potente elicitador de resultados
positivos en los equipos de trabajo. Mediante
varios diseños experimentales puso a prueba
su hipótesis. Más allá de resultados concretos,
interesan dos aspectos principales: en primer lu-
gar, que las emociones positivas se contagiaban
de forma rápida entre los miembros del grupo;
en segundo lugar y más importante si cabe, que
aquellos equipos de trabajo que experimenta-
ban más emociones positivas presentaban un
mayor número de conductas de cooperación y
mejor rendimiento laboral.
De modo similar, otras investigaciones han
puesto de manifiesto que la exposición ante
una persona que muestra emociones positivas
puede producir cambios en el estado emocional
del observador. En 1985 Gregory J. McHugo, de
la Universidad Dartmouth, y sus colaboradores
hallaron que al mostrar imágenes de personas
sonriendo se producían cambios en las ex-
presiones faciales, las emociones y la respuesta
fisiológica de quienes las observaban.
Una de las situaciones emocionales que más
poder de contagio posee es la relacionada con
el sentido del humor. Se ha comprobado que el
uso del humor por parte de los trabajadores
incide de forma directa en la comunicación y
cohesión de los equipos de trabajo, así como en
la satisfacción, la productividad y la creatividad.
Del mismo modo, se ha observado que el humor
es un potente amortiguador de las situaciones
estresantes. En un estudio llevado a cabo por
el equipo de los autores y sus colaboradores en
2010 se encontró que la utilización de estilos de
humor positivos en el trabajo (caso del humor
afiliativo) reducía el impacto que las conductas
de acoso psicológico producían sobre la salud.
Teniendo en cuenta la capacidad de contagio
de las emociones positivas, una de sus aplicacio-
«Ríe y el
mundo reirá
contigo»
Refranero popular
En los últimos años, la psicología positiva focaliza su atención en el bienestar y la felicidad de las personas en el ámbito laboral.
Algunos de los términos más empleados en este campo de investigación son:
Conceptos básicos
Satisfacción Estado emocional positivo que resulta de la evaluación que la persona hace sobre sus experien-
cias en el trabajo. (Locke, 1976)
Compromiso
organizacional
Grado en que la persona se identifica con los objetivos y los valores de su organización, y siente
que desea continuar formando parte de la misma. (Mowday et al., 1979)
Implicación Sentimiento de compromiso con el trabajo; la persona considera este como parte central de su
identidad y su autoestima. (Brown, 1996)
Vinculación
(engagement)
Estado de ánimo positivo caracterizado por vigor (altos niveles de energía y resiliencia mental
en el trabajo), dedicación (estar implicado en la actividad profesional, tomándola con entusias-
mo y como un reto) y absorción (sensación de que el tiempo pasa rápido mientras se trabaja).
(Bakker y Demerouti, 2008)
Flujo (flow) Sensación de estar inmerso el trabajo, divirtiéndose con el mismo. Se caracteriza por un elevado
afecto positivo y la percepción de estar aprendiendo y desarrollándose. (Csikszentmihalyi, 1990)
Afecto Amplia gama de respuestas afectivas ante el trabajo surgidas de la combinación entre el grado
de placer y activación que genera el mismo. (Van Katwyk et al., 2000)
Próspero (thriving) Combinación entre la perspectiva hedónica y eudaimónica: sentimientos de vitalidad y energía,
junto con la creencia de crecer y desarrollarse a través del trabajo. (Spreitzer et al., 2005)
Pasión armoniosa Identificación con la actividad que se desempeña, en armonía con otros aspectos de la vida. La
persona siente que le gusta lo que hace y elige invertir tiempo y energía en ello sin que afecte
a otras áreas. (Varelland et al., 2003)
Fuente: Basado en Fisher (2010)
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 45
nes más directas en el ámbito laboral consiste
en la gestión de las emociones en las organiza-
ciones. De este modo, es importante facilitar la
expresión de emociones positivas en el trabajo
para favorecer procesos de contagio emocional
al resto de los empleados. A este respecto, des-
taca el papel que desempeñan los líderes, cuya
capacidad para contagiar emociones resulta mu-
cho mayor, en especial aquellos que destacan
por su carisma. Se sabe que las personas caris-
máticas son más dadas a propagar emociones
positivas por ser más expresivos emocional-
mente y poseer un vocabulario emocional más
variado. En un estudio de 2001 llevado a cabo
por Paul D. Cherulnik y sus colaboradores de
la Universidad de Oklahoma, se halló que los
seguidores imitaban las expresiones faciales de
su líder (sonreír con frecuencia, por ejemplo)
tan solo cuando este último era carismático.
Es decir, parece que el estado afectivo de un
directivo se transfiere al equipo de trabajo; en
consecuencia resulta lógico proponer la expre-
sión y propagación de emociones positivas como
estrategia hacia la felicidad en el ámbito laboral.
¿Qué nos aleja de la felicidad
en el trabajo?
Jessica Pryce-Jones, autora del libro Happiness
at work («La felicidad en el trabajo»), estima que
los empleados pasan, como media, alrededor
de 90.000 horas en el entorno laboral a lo largo
de su vida. La cifra por sí sola despierta la urgen-
cia de buscar la felicidad en el puesto laboral.
Dentro de la psicología de las organizaciones
existe una teoría que ayuda a entender que los
factores que llevan a la felicidad en el trabajo no
son necesariamente los mismos que nos alejan
de ella. En su ya clásica «teoría bifactorial», el
psicólogo Frederick Irving Herzberg (1923-2000)
diferencia entre los factores de higiene asocia-
dos con la insatisfacción (el salario o las condi-
ciones de trabajo, por ejemplo) y los factores mo-
tivacionales relacionados con la satisfacción y la
felicidad en el ámbito laboral (el reconocimien to
o el grado de autonomía en la empresa, entre
otros). Según Herzberg, resulta necesario que
exista un equilibrio entre ambos tipos de facto-
res. Si una persona trabaja en unas condiciones
laborales inadecuadas (un calor excesivo, pon-
gamos por caso), se sentirá a disgusto con su
trabajo, mas si esas condiciones mejoran, ello no
asegura su bienestar ni que se sienta satisfecho.
Dicho de otra manera, la única forma de que
los empleados alcancen la felicidad es median-
te el desarrollo de elementos motivadores que
aumenten su satisfacción en el puesto laboral,
no a través de la supresión de los factores de
insatisfacción.
Tal enfoque pone en entredicho la extendida
creencia de que el dinero da la felicidad. El he-
cho de que una persona cuente con un salario
muy alto no implica de forma necesaria que sea
feliz, aunque el obtener un sueldo insuficiente
sí es un camino directo hacia la infelicidad. Al
parecer, el ser humano se habitúa con rapidez a
los ingresos elevados, lo que aumenta en conse-
cuencia sus aspiraciones. Por tanto, el salario es
sin duda uno de los factores más importantes a
la hora de alejarnos de la felicidad.
De acuerdo con un estudio llevado a cabo en
2007 por la consultora británica Chiumento, en-
tre los factores que nos apartan de la felicidad
en el trabajo se encuentran la falta de comunica-
ción con la supervisión, un salario poco compe-
titivo, unas condiciones de trabajo inapropiadas,
la ausencia de recompensas y beneficios, y un
liderazgo poco eficaz. Con todo, uno de los fac-
tores más presentes en las organizaciones pero
que más nos aleja de la felicidad es la sobrecarga
de trabajo. Cuando las personas deben emplear
un elevado número de horas para desempeñar
todas las tareas y necesitan alargar la presencia
física en el puesto laboral, el día puede hacerse
interminable, de tal manera que imposibilita
una conciliación adecuada con la vida personal.
Según la última encuesta nacional de condicio-
nes de trabajo realizada por el Instituto Nacional
de Seguridad e Higiene en el Trabajo en 2007
entre más de 11.000 empleados, la media de
horas trabajadas por semana es de 39,89 horas;
además, casi un tercio de los encuestados afir-
HASTA LOS TOPES
Uno de los factores más presen-
tes en las organizaciones pero
que más aleja a los trabajadores
de sentirse felices es la sobre-
carga de trabajo.
«Casi todas
las personas
son tan
felices como
se deciden
a serlo»
Abraham Lincoln
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maba tener una carga temporal elevada. Com-
parada con la jornada media de los países de
la Unión Europea, el horario laboral en España
resulta más extenso. Según datos de la Comisión
Europea de noviembre de 2006 y recogidos en
un estudio realizado por IESE-Adecco, la jornada
de trabajo española superaba a la media comu-
nitaria en casi una hora.
Las condiciones laborales son otro de los fac-
tores que pueden alejarnos de la felicidad. Tal y
como plantea Herzberg en su teoría bifactorial,
el ambiente de trabajo constituye una fuente de
insatisfacción, aparte de los peligros que puede
entrañar para la salud. En España, la encuesta
nacional sobre condiciones de trabajo desarro-
llada en 2007 muestra que a casi el 22 por cien-
to de los encuestados les preocupa perder su
empleo, mientras que el 10,6 por ciento señala
haber sufrido en los dos últimos años algún ac-
cidente laboral que requería asistencia médica,
tratamiento o primeros auxilios. En referencia al
diseño del puesto, más de la mitad de las deman-
das de los encuestados se refieren al desarrollo
de movimientos repetitivos de manos o brazos,
o a mantener una misma postura durante largo
tiempo. Una iluminación y temperatura ade-
cuadas, un buen diseño o un entorno libre de
accidentes laborales son pasos necesarios, pero
no suficientes, para alcanzar la felicidad en el
puesto de trabajo. En resumen, resulta bastante
improbable que los mecanismos que conducen
a la insatisfacción en el trabajo sean los mismos
que aporten la felicidad y el bienestar.
¿Cómo conseguir ser felices
mientras trabajamos?
El foco de interés principal de la psicología or-
ganizacional ha sido el estudio de los estresores
laborales y sus consecuencias. Tal y como se ha
dicho, tener un exceso de tareas o un horario
que dificulta la conciliación entre la vida laboral
y la personal obstaculizan la consecución de la
felicidad. El día a día requiere atender a una gran
variedad de demandas que no siempre pode-
mos satisfacer. Sin embargo, dichas demandas
no tienen por qué ser necesariamente negati-
vas si disponemos de una serie de estrategias
para enfrentarnos a ellas. En los últimos años
han surgido nuevas líneas de investigación cen-
tradas en qué puede acometer la persona para
Las empresas deben cumplir ciertas características con el fin de fomentar la felicidad de sus trabajadores. Tal tarea puede re-
sultar costosa, por lo que debe partirse de una cultura organizacional flexible y de apoyo. Ello significa asumir que la persona
posee una vida personal, y que, por tanto, se la debe ayudar a compaginar ambos ámbitos de la vida.
Organizaciones responsables
Disminución
de demandas
º A|usIar las Iareas al Iiempo dispohible, eviIar la sobrecarga y la presióh Iemporal.
º LsIablecer horarios de Iraba|o que permiIah cohciliar la vida laboral coh la persohal.
º No cohsiderar las horas exIra como parIe del horario a la hora de plahi!car las Iareas.
Promover la implicación
y el autodesarrollo
profesional
º Claridad eh la de!hicióh de las Iareas y variedad de las mismas.
º AuIohomía eh la orgahizacióh del Iraba|o.
º ParIicipacióh eh la Ioma de decisiohes.
º OporIuhidades de desarrollo.
º Proporciohar valoraciohes (feedback) sobre el proceso y los resultados.
Políticas de conciliación
vida laboral y personal
º Flexibilidad Iemporal (horarios !exibles).
º Flexibilidad espacial (Iraba|o semipresehcial o IeleIraba|o).
º Ayudas al cuidado de depehdiehIes (guarderías, cehIro de cuidado de ahciahos).
Fomento
de la recuperación
del estrés
º O!erIar acIividades que ayudeh a combaIir el esIrés (acIividades de ocio, deporIivas,
cursos de idiomas, etcétera).
Formación º Proporciohar ih!ormacióh y !ormacióh sobre diversas áreas que ayudeh a gesIiohar las
demahdas y a poIehciar los recursos persohales. O!erIar cursos sobre gesIióh del Iiempo
de trabajo, manejo y gestión del estrés y competencia emocional.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 47
mejorar su bienestar en el ámbito laboral. Entre
las estrategias más destacadas se encuentran el
rediseño del puesto de trabajo (job crafting) y
las oportunidades para recuperarse del estrés
(recovery).
Autores como Justin Berg, de la Universidad
de Michigan, señalan que desde el estudio clá-
sico de Hackman y Oldham parecía que el redi-
seño del puesto de trabajo dependía de los su-
pervisores. En las últimas décadas, tal visión ha
cambiado y se opta por que el trabajador pueda
efectuar cambios proactivos. A raíz de esa idea,
Wrzesniewski y Dutton comenzaron a trabajar
con el concepto de rediseño del trabajo enten-
dido como la capacidad del individuo de cam-
biar sus tareas y darle un nuevo significado a su
labor (por ejemplo, reduciendo en lo posible el
número de interacciones con clientes o compa-
ñeros, pidiendo retroalimentación al supervisor,
o tratando de obtener conocimientos nuevos).
Dicho tipo de conductas pueden lograr que la
persona se sienta más satisfecha con su trabajo,
que muestre mayor vitalidad e implicación.
Además de actuar sobre las tareas propias del
puesto laboral, el empleado puede desarrollar
estrategias para recuperarse de las situaciones
estresantes. Esta es la base de la teoría que en
1998 desarrollaron Theo F. Meijman y Gijsbertus
Mulder, ambos de la Universidad de Groningen,
bajo el nombre de «modelo de esfuerzo y recu-
peración». Dichos autores proponen entender el
estrés laboral desde otra perspectiva: atendiendo
a la importancia de reestabilizar nuestro sistema
psicofisiológico. Al estar expuesto a un esfuerzo
prolongado, se consumen recursos cognitivos y
se producen cambios fisiológicos (por ejemplo,
aumento de la frecuencia cardíaca). Contar con
la posibilidad de recuperarse resulta fundamen-
tal para volver a una línea base que permita al
trabajador enfrentarse a nuevas demandas. En
2007, Sabine Sonnentag, de la Universidad de
Mannheim, y Charlotte Fritz, de la Universidad
estatal de Portland, desarrollaron el concepto de
«experiencias de recuperación» para referirse
a las estrategias que utilizan las personas para
evitar los efectos negativos de las situaciones
estresantes. En este sentido, importa menos la
actividad concreta que se desarrolla para recu-
perarse que la sensación psicológica de descanso
y renovación que subyace a tal actividad.
Las estrategias de recuperación pueden lle-
varse a cabo dentro o fuera del ámbito laboral.
En un estudio realizado por los autores y otros
colaboradores en 2010 se demostró que las per-
sonas que se sentían aliviadas tras un descanso
en el trabajo mostraban mayor vitalidad y me-
jores relaciones entre su vida laboral y familiar.
La expresión de emociones desempeñaba
también una función fundamental: aprovechar
los descansos para expresar emociones negativas
genera mayor agotamiento. En cambio, utilizar
las pausas para desconectar y hablar de cues-
tiones agradables constituye una mejor estra-
tegia. Fuera del ambiente laboral, llevar a cabo
actividades relajantes, físicas o sociales ayuda a
mejorar el bienestar y a estar de buen humor.
¿Qué puede hacer la empresa?
Al hablar de una gestión positiva de los recursos
humanos, Nicky Page, del Centro de Psicología
Positiva Aplicada en el Reino Unido, y sus cola-
boradores señalan que no es suficiente centrar
la atención en la selección y el reclutamiento
de personal, sino que es necesario atender tam-
bién a la experiencia cotidiana del trabajador.
Las nuevas líneas de actuación se basan en ge-
nerar «organizaciones saludables» que, según
explicaron Mark G. Wilson, de la Universidad
de Georgia, y sus colaboradores en 2004, tienen
1 Establecer relaciones interpersonales positivas.
2 Desarrollar cierto grado de control y autonomía.
3 Contar con el apoyo y la consideración de los supervisores.
4 Tener oportunidades de ocio y recuperación.
5 ObIeher recohocimiehIo de los logros obIehidos.
6 Tener una carga de trabajo manejable y con objetivos definidos.
7 Lograr un equilibrio entre la vida laboral y la personal.
8 Ser proactivo en el ajuste al puesto de trabajo.
9 Encargarse de tareas variadas y contar con oportunidades para el desarrollo.
10 Utilizar el sentido del humor y expresar emociones positivas.
Diez claves para alcanzar la felicidad en el trabajo
«Aprenda
a ayudar a
los demás
en otra cosa
que no sea
solo trabajar;
ayúdelos
a vivir»
Jim Rohn
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como objetivo conseguir el bienestar de los em-
pleados a través de un correcto diseño de los
puestos de trabajo, la igualdad de oportunida-
des y el desarrollo de políticas de conciliación
entre el trabajo y la familia. En los últimos años,
se han propuesto diversas acciones que puede
desarrollar la empresa para mejorar la felicidad
de sus empleados.
La disminución de demandas laborales se
ha señalado como uno de los primeros pasos
que deben adoptarse. El modelo de demandas
y recursos laborales desarrollado por Evangelia
Demerouti, de la Universidad de Eindhoven, y
sus colaboradores en 2001 reconoce la existencia
de dos procesos: un exceso de trabajo lleva a
problemas de salud, mientras que una adecua-
ción de los recursos genera motivación. Por ello,
resulta necesario ofrecer una serie de recursos al
trabajador, así como la oportunidad de formar
parte en los procesos de toma de decisiones, cla-
rificar el rol laboral o proporcionar autonomía
y retroalimentación ( feedback).
Además de las características propias del
puesto, autores como Linda Thiede Thomas, de
la Universidad de Bellevue, y Daniel C. Ganster,
de la Universidad estatal de Colorado, enfati-
zan la importancia de que las organizaciones
adopten políticas que permitan al trabajador
disponer de un mayor control sobre sus respon-
sabilidades familiares. Este tipo de prácticas se
conocen como «políticas de conciliación del tra-
bajo y la familia», las cuales convierten en más
flexibles las barreras del tiempo y las del espacio.
La flexibilidad temporal implica que la per-
sona puede ajustar el horario de trabajo a sus
necesidades personales mediante la selección
de la hora de inicio y fin de la jornada laboral.
En el caso de la flexibilidad espacial, las nuevas
tecnologías posibilitan cada vez más que los
trabajadores desarrollen al menos parte de la
jornada laboral en casa (teletrabajo), o que se
reduzcan los viajes de empresa a través de las
reuniones por videoconferencia. Diversos estu-
dios empíricos han demostrado que la adopción
de este tipo de políticas reduce los niveles de
conflicto entre el trabajo y la familia; asimismo,
aumenta el compromiso con la empresa (com-
promiso organizacional).
Por otra parte, los estudios de Sonnentag y su
equipo ponen de manifiesto la importancia de
promover el desarrollo de actividades de ocio
que ayuden a los trabajadores a desconectar del
estrés diario. En este sentido, la posibilidad de
realizar actividades físicas, de aprender cosas
nuevas o de promover actividades sociales con
los compañeros de trabajo puede tener efectos
positivos.
Otro aspecto clave es la formación de los
trabajadores. Dotar a los empleados de herra-
mientas para manejarse en el día a día puede
reducir de manera notable su percepción de
las demandas como algo negativo. Cursos sobre
técnicas de gestión del tiempo o de manejo del
estrés resultan de utilidad para comprender por
qué surge el estrés y cómo enfrentarse a él.
La puesta en marcha de tales pasos resul-
ta una tarea compleja que debe partir de una
cultura organizacional flexible y de apoyo. Ello
significa asumir que la persona posee una vida
personal y que, por tanto, se la debe ayudar a
compaginar ambos ámbitos vitales. Tal propó-
sito implica unos límites de tiempo y espacio
flexibles, una comunicación más abierta y, en
definitiva, comprender que la felicidad de los
trabajadores no les incumbe solo a ellos, sino
también a la organización en la que trabajan.
¿Ser feliz es ser más productivo?
Una de las creencias más extendidas en nuestra
sociedad es que la gente feliz es más producti-
va y trabaja mejor. Esta idea también se refleja
en las organizaciones. Una encuesta de la Aso-
ciación Española de Dirección y Desarrollo de
Personas (AEDIPE), realizada en 2010 a directi-
vos, encontró que casi el 87 por ciento de los
encuestados consideraba que la felicidad en el
trabajo constituye una estrategia adecuada para
mejorar la competitividad de las empresas.
De hecho, uno de los efectos más estudiados
de la felicidad en el trabajo es la productividad
o el rendimiento del individuo en su tarea. Tal
MÁS FLEXIBILIDAD,
MAYOR FELICIDAD
Las iniciativas de conciliación
permiten la flexibilidad del
tiempo y el espacio dedicados
al trabajo y a la familia. También
aumentan el compromiso del
empleado con la empresa.
«El trabajo
más
productivo
es el que sale
de las manos
de un hombre
contento»
Victor Pauchet
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BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
THE RECOVERY EXPERIENCE
QUESTIONNAIRE: DEVELOP-
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CUPERATION AND UNWINDING
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RECONSIDERING HAPPINESS:
THE COSTS OF DISTINGUISHING
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EUDAIMONIA. T. B. Kash-
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Positive Psychology, vol. 3,
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HAPPINESS AT WORK.
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ADAPTACIÓN DEL CUESTIONA-
RIO DE EXPERIENCIAS DE RE-
CUPERACIÓN A UNA MUESTRA
ESPAÑOLA. A. I. Sanz Vergel,
J. Sebastián, A. Rodríguez
Muñoz, E. Garrosa, B. More-
no Jiménez y S. Sonnentag
en Psicothema, vol. 22,
págs. 990-996, 2010.
es el interés que suscita dicha área, que algunos
autores la han definido como el «santo grial» de
la investigación organizacional. A este respecto,
son numerosos los trabajos que establecen una
clara relación entre la felicidad y la productivi-
dad en el trabajo. Despoina Xanthopoulou, de la
Universidad de Creta, y sus colaboradores, lleva-
ron a cabo en 2009 un estudio en la industria de
la comida rápida. Mostraron que los trabajado-
res con altos niveles de vinculación generaban
mayores ingresos económicos. Sin embargo, no
existe una opinión unánime sobre las relacio-
nes entre felicidad y productividad, puesto que
la relación es más compleja. Diversos estudios
han encontrado relaciones de escasa intensidad
entre ambas variables.
Un hecho que complica todavía más el pano-
rama es que los indicadores de felicidad laboral
utilizados son muy variados. Como hemos visto,
algunos estudios han empleado la satisfacción
laboral como criterio. Las investigaciones que
utilizan esta variable para evaluar felicidad en-
cuentran relaciones moderadas, con una media
de 0,30 (la correlación entre la satisfacción labo-
ral y la felicidad oscila de 0 a 1). Otros autores
emplean el afecto positivo, ya que este captura
el carácter emocional de la felicidad mejor que
las medidas de satisfacción. Los resultados de
tales investigaciones hallan relaciones más in-
tensas con la productividad. En general, pue-
de concluirse que la relación entre felicidad y
rendimien to es importante y significativa, mas
varía en función del indicador utilizado.
Quizá no sea la felicidad la que conduzca a
una mayor productividad, sino que por obtener
un buen rendimiento en el trabajo la gente se
encuentra más feliz. Parece lógico que pueda
existir una relación bidireccional entre ambas
variables. Esta fue la pregunta a la que intentó
responder Daniel Koys, de la Universidad De-
Paul, en 2001, mediante una investigación lon-
gitudinal de dos años. En la misma halló que la
felicidad en el trabajo se relacionaba de forma
positiva con el rendimiento, el número de ven-
tas y la satisfacción del cliente. Parece entonces
que el aspecto clave es ser feliz para así rendir
mejor, no a la inversa.
En línea con lo anterior, la felicidad en el
trabajo se ha asociado con otros indicadores
organizacionales positivos. Sentir un estado de
bienestar o felicidad en el trabajo se relaciona
con una mayor creatividad laboral. Las investi-
gadoras Fritz y Sonnentag hallaron en 2009 que
los estados de ánimo positivos predecían la crea-
tividad al día siguiente. Diez años antes, Alice M.
Isen, de la Universidad de Cornell, constató re-
sultados similares a través de sus experimentos.
Dentro del ámbito interpersonal también
se aprecian beneficios. Se ha comprobado que
la felicidad en el trabajo se asocia con un ma-
yor número de conductas prosociales con los
compañeros y con los clientes. La felicidad de
los empleados, además de fomentar estados
positivos, puede mitigar o reducir situaciones
negativas en las organizaciones. Peter Warr, de
la Universidad de Sheffield, en su libro sobre
trabajo y felicidad, apunta que la felicidad se
relaciona de manera negativa con las tasas de
absentismo. Del mismo modo, se ha encontrado
que la felicidad reduce las conductas contrapro-
ductivas por parte de los empleados, como no
cumplir a propósito con las obligaciones, usar
recursos de la empresa para fines personales o
el robo de material de oficina. Lisa M. Penney,
de la Universidad de Houston, y Paul Spector, de
la Universidad de Florida del Sur, encontraron
relaciones negativas entre la satisfacción laboral
y las conductas contraproductivas de las cuales
informaban los compañeros de trabajo.
Una de las explicaciones a los efectos positi-
vos de la felicidad la expusieron Russell Cropan-
zano, de la Universidad de Arizona, y Thomas A.
Wright, de la Universidad de Nevada, en 2001.
Afirmaron que los empleados menos felices
eran más sensibles a las amenazas y se encon-
traban más predispuestos a adoptar posturas
defensivas y pesimistas. Por el contrario, los
empleados felices se mostraban más sensibles
a las oportunidades, más confiados y con una
actitud más cooperativa con sus compañeros.
De acuerdo con la teoría «Ampliar y construir»
formulada por Barbara Fredrickson, de la Uni-
versidad de Carolina del Norte, las emociones
positivas ayudan a ampliar y desarrollar habi-
lidades y vínculos sociales, además de tener
efectos beneficiosos más duraderos.
En definitiva, las emociones positivas, como
la felicidad, facilitan la adquisición y desarrollo
de nuevas habilidades que preparan a los indi-
viduos para retos futuros.
Alfredo Rodríguez Muñoz es doctor en psicología y más-
ter en Seguridad y Salud en el Trabajo por la Universidad
Autónoma de Madrid. Es profesor del departamento
de psicología social de la Universidad Complutense de
Madrid. Ana Isabel Sanz Vergel es doctora en psicología
y máster en psicología clínica y de la salud por la Uni-
versidad Autónoma de Madrid, además de profesora de
psicología en la facultad de ciencias humanas, sociales y
de la comunicación en la Universidad IE, en Segovia.
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Oficina,
dulce oficina
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ubo un tiempo en que la fábrica, con sus
máquinas sucias y ruidosas, era el lugar
de trabajo habitual en los países industrializa-
dos. Hoy, la oficina o el despacho han tomado
el relevo. Centenares de millones de personas
—al menos el 15 por ciento de la población en
los países desarrollados— trabajan sentadas a
una mesa, parapetadas, o no, por una mampara
que las separa de sus compañeros. Un sinfín de
sillas giratorias ocupan el lugar.
Empero, la oficina es algo más que un simple
espacio físico. En los últimos años, desde la psi-
cología de los grupos y las organizaciones se han
empezado a reunir pruebas de que las caracte-
rísticas del entorno laboral afectan de un modo
profundo e insospechado al rendimiento de los
trabajadores. El tamaño de las mesas, la cercanía
a la luz natural, la calidad del aire inhalado, la
privacidad —o su ausencia— suponen factores
esenciales para la comodidad, satisfacción y
productividad.
Por otro lado, la bienintencionada decisión de
un empresario de decorar con láminas artísticas
y plantas los lugares de trabajo puede resultar
contraproducente: los espacios decorados pue-
den originar tanta desmotivación y descontento
en los trabajadores como aquellos cubículos es-
tériles e impersonales. En cambio, los empleados
desempeñan mejor su labor cuando se les anima
a que decoren el entorno a su gusto: plantas,
adornos varios, calendarios, fotografías de sus
hijos o de sus gatos... todo aquello que les haga
sentirse más a gusto y en su elemento.
El diseño de un lugar de trabajo puede deter-
minar que duela o no la espalda, pero también
el rendimiento, el grado de iniciativa y la satis-
facción profesional. Pese a que resulta inusual
que los empresarios reparen en tales factores
psicológicos, una mayor atención al diseño del
espacio laboral puede elevar el bienestar de los
trabajadores y aumentar la productividad con
un coste mínimo.
¿Por qué ciertos entornos alienan a
los trabajadores mientras que otros
les hacen sentirse más felices y
mejoran su rendimiento?
ALEXANDER HASLAM Y CRAIG KNIGHT
52 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
Breve repaso histórico
Los orígenes de la oficina moderna se remon-
tan a los escribientes medievales, a quienes se
les encomendaban los registros eclesiásticos
y estatales. Esos hábiles artesanos trabajaban
en los palacios de reyes y nobles, escribiendo y
copiando laboriosamente documentos a mano.
La formación de un escribiente no estaba al al-
cance de la mayoría de las gentes, por lo que se
les consideraba una clase privilegiada. A menu-
do se les permitía confinarse en aposentos pe-
queños, donde pudieran trabajar a su gusto. Era
frecuente que un variopinto surtido de sillas,
taburetes, libros y mesas de dibujo ocuparan
la estancia.
En las postrimerías de la Revolución indus-
trial, la escena empezó a cambiar. Engrosaron
las filas de la clase profesional; también de los
supervisores encargados de controlar la tarea.
El desarrollo disparó la demanda de puestos de
trabajo estandarizados, en los que los superiores
disponían de un mayor control sobre el personal
de oficina y podían vigilar en todo momento el
progreso de los subordinados.
A principios del siglo XX, el ingeniero de Pen-
silvania Frederick W. Taylor inició el movimien-
to de administración científica. Para Taylor, la
labor esencial de la administración consistía
en descubrir y llevar a cabo «la mejor manera»
de realizar cualquier trabajo particular. En 1911
escribió Principios de la administración cientí-
fica, con tal repercusión que empezaron a de-
nominarse taylorizadas aquellas empresas que
habían optimizado la producción de acuerdo
con esos principios. Taylor recomendaba que
el espacio de trabajo se despojara de todo lo
que no fuera absolutamente necesario para la
tarea del momento. Gran parte del análisis de
Taylor se aplicaba a los trabajos industriales y
las líneas de montaje, pero los empresarios no
tardaron en extenderlo a las oficinas y a los tra-
bajos creativos.
Los empleados de oficina están acostum-
brados a las salas abiertas; un espacio estéril
destinado a acomodar —o «almacenar»— un
gran número de personas en grupos de mesas
separados por frágiles mamparas que ofrecen
una mínima privacidad. Estos espacios pueden
modificarse con facilidad por motivos de alqui-
ler, despidos o cambios de tareas asignadas. Al-
gunas organizaciones llegan incluso a practicar
la máxima de «el primero que llega, el primero
que se sienta», con lo que nadie tiene asegurado
conservar su mesa de un día para otro. En tales
ambientes se considera que cualquier forma de
agrupación, sobre todo si la crean los propios
empleados, obstaculiza la productividad.
La disposición en planta abierta permite una
discreta vigilancia sobre el trabajo de los subor-
dinados. A todo aquel que haya tenido que pasar
junto a la mesa de su jefe cada vez que entra
o sale, o a aquel que tenga el ordenador situa-
do de forma que el superior pueda aparecer en
cualquier momento y ver desde atrás lo que está
OFICINA ACOGEDORA
Los trabajadores que se rodean
de objetos estimados y con
algún significado personal se
muestran más felices y producti-
vos, incluso más sanos.
RESUMEN
La importancia
del diseño
1
Numerosas oficinas
constan de un gran
número de mesas situa-
das en un espacio abierto
y con pocas divisiones. El
objeto es facilitar la movi-
lidad ante posibles cam-
bios, así como permitir
que los jefes tengan a sus
subordinados a la vista.
2
Los empleados alcan-
zan su mayor satisfac-
ción y mejor rendimiento
cuando controlan el
aspecto y el estilo de su
zona de trabajo.
3
Las salas de descanso
confortables y una
decoración lujosa pueden
alienar a los trabajadores
si el diseño viene impues-
to por la dirección de
la empresa, sin consulta
previa a los empleados.
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realizando, le interesará saber que el diseño en
planta abierta procede de un concepto llamado
«panóptico», ideado por el filósofo práctico Je-
remy Bentham en 1785. Desde la torre central
de una prisión circular, un escaso número de
guardianes podía vigilar a todos los internos
sin que estos lo notaran. El control resultaba,
pues, de gran eficacia.
Legos y espadas láser
El bum de las empresas «punto-com» en la
década de los noventa (proliferación de firmas
de medios digitales bien financiadas, que com-
petían en la búsqueda de expertos) popularizó
una alternativa a la oficina en planta abierta.
Además de máquinas de café, mesas de jue-
go (billar, aerohockey, ping pong...) y sillones
reclinables, se instalaban elementos visuales
audaces y estimulantes (enormes acuarios de
peces tropicales y obras de arte llamativas) que
creaban un ambiente atractivo y suntuoso. Con
ello se pretendía manifestar aprecio a los em-
pleados, ganar su lealtad y animarlos a pasar
horas extraordinarias en su puesto de trabajo.
En el «campus» de Google en Mountain View,
California, así como en empresas de juegos, agen-
cias de publicidad interactivas y otras firmas de
promoción empresarial, los trabajadores dispo-
nen de campo libre para decorar su cubículo con
espadas de luz, envases de comestibles clásicos,
obras de arte construidas con piezas de Lego o
cualquier objeto que les guste, divierta o tenga
un significado personal para ellos. Los emplea-
dos compiten por conseguir el rincón de trabajo
más singular y atractivo.
En otras empresas, sin embargo, los directi-
vos adoptan un enfoque jerárquico para ador-
nar el lugar de trabajo, plantando carteles con
mensajes «estimulantes» y creando «diversión
artificial»: cubículos provistos de sofás mullidos
y neveras llenas de cerveza.
En general se admite que una oficina bien de-
corada eleva el bienestar y la productividad de
los empleados. Pero no siempre es así. En 2009,
los científicos de la Universidad de Ámsterdam
sustituyeron los despachos tradicionales por
una disposición en planta abierta, en la cual se
separaron espacios dedicados a funciones labo-
rales específicas: una «cabina» para tareas que
exigían concentración y un «cuarto de estar»
para la interacción social con los compañeros.
A pesar de las innovaciones, el rendimiento de
los empleados disminuyó ligeramente durante
los seis meses que trabajaron en el nuevo espa-
cio. ¿Por qué?
En dos experimentos analizamos el efecto
del entorno de la oficina en la productividad.
Una de las investigaciones se desarrolló en un
laboratorio de psicología; la otra, en una oficina
comercial de Londres. En ambos casos pedimos
a los participantes que realizaran durante una
hora tareas burocráticas (tales como revisar do-
cumentos y tramitar informes) en cuatro tipos
de cubículo.
La oficina «básica», un espacio escrupulosa-
mente limpio, contenía solo los elementos in-
dispensables para el trabajo: pluma, papel, mesa
desnuda y silla giratoria. La oficina «decorada»,
además de los útiles esenciales, contaba con una
decoración formada por plantas y objetos artísti-
cos (entre ellos, cuadros grandes y luminosos de
los del estilo de la artista Georgia O’Keeffe). En
la oficina «guarnecida» se encontraban las mis-
mas plantas y objetos que en la anterior, mas se
dejaba a los usuarios libertad para colocarlos a
su antojo; incluso podían prescindir de ellos. Por
último, en la oficina «desguarnecida», los expe-
rimentadores redecoraron el acondicionamiento
personal que el trabajador había llevado a cabo
previamente en la estancia, de tal manera que
el cubículo se asemejaba de nuevo a la oficina
«guarnecida».
Esta última modalidad pudiera parecer de
poca relevancia en la vida real, mas el personal
de oficina se encuentra a menudo con situacio-
nes de este tipo. Hace poco entrevistamos a un
gerente de sistemas de un gran banco en Sydney,
cuyos jefes habían cambiado 36 veces la disposi-
DE LA PRISIÓN A LA EMPRESA
La oficina moderna se inspira
en parte en el panóptico, dise-
ño de un centro penitenciario
ideado en el siglo XVIII. Se trata
de un edificio circular en el que
las celdas rodean el patio, de tal
manera que los guardias pue-
den vigilar a los internos, con
plena eficacia, desde una torre
central.
En algunas
compañías, los
trabajadores
tienen el
campo libre
para decorar
sus cubículos,
mientras que
en otras los
directivos
plantan carteles
con frases
estimulantes
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ción y decoración de su despacho en los cuatro
últimos años. A él, así como a sus demás com-
pañeros, tantos cambios le sacaban de quicio,
además de provocarle inseguridad y estrés. «Me
sentía como un peón en un tablero de ajedrez»,
comentaba el gerente.
Nuestros estudios, publicados en junio de
2010 en la revista Journal of Experimental Psy-
chology: Applied, revelaron que, si bien un en-
torno atractivo aumenta la productividad del
empleado, aún más esencial resulta su autono-
mía. Cuando la oficina se hallaba decorada, la
persona trabajaba un 15 por ciento más deprisa
que en una oficina básica, sin por ello cometer
más errores; también se quejaba menos del
impacto del entorno en la salud. Una respuesta
habitual de los probandos en dichas condiciones
laborales fue alabar el buen tono que aporta-
ban las plantas y los cuadros, mientras que la
disposición básica provocaba sentimientos de
artificialidad y rigidez. La productividad y el
bienestar aumentaban todavía más (cerca del
30 por ciento) en una oficina personalizada por
el propio usuario; los comentarios solían ser en-
tusiastas. Sin embargo, cuando se eliminaban
las preferencias personales, el rendimiento y el
bienestar de los participantes descendían a los
niveles registrados en la disposición básica. Las
críticas y la depresión arreciaban ante la inuti-
lidad del esfuerzo invertido en acondicionar el
lugar de trabajo.
Aspectos de control
Además del diseño y la configuración del espa-
cio de trabajo, existen otros factores que pue-
den afectar el rendimiento: uno de ellos es la
acústica. En 2009, un estudio de la Universidad
de Turku analizó el comportamiento de los tra-
bajadores en tareas cognitivas dentro de una
gama de entornos acústicos. Se descubrió que al
percibir sonidos vocales irrelevantes (una radio
filtrada desde una estancia vecina) descendía su
nivel de concentración en la lectura y la memo-
rización de números, así como la sensación de
comodidad. Se concluyó que las voces extrañas
podían alterar la memoria en el trabajo y crear
estados de ansiedad, por lo que se recomendó
cercar el cubículo con mamparas altas y forrar
las paredes con aislantes acústicos.
Por otra parte, conviene instruir a los em-
pleados para que acomoden su entorno laboral
en su propio beneficio. En un estudio realizado
también en 2009 por el Instituto de Investiga-
ción de la Seguridad de la compañía de seguros
Liberty Mutual en Hopkinton, Massachusetts, se
analizaron los efectos de impartir a los emplea-
dos un cursillo sobre ergonomía en el que se
utilizaban sillas de gran adaptabilidad. Quienes
recibieron esa formación y usaron las sillas ajus-
tables para entrenar se vieron menos expuestos
a problemas musculares u óseos. Asimismo, se
sintieron más a gusto con sus condiciones ge-
nerales de trabajo.
No cabe duda de que la cesión o la retención
del control sobre el entorno laboral incide de
manera destacada en la salud y bienestar del
trabajador, como reflejan los estudios en torno
al síndrome del «edificio enfermo», trastorno
que se manifiesta con irritaciones en la piel, los
ojos y las vías respiratorias, además de fatiga,
Para investigar cómo influye el aspecto del lugar de trabajo
en el rendimiento, los autores solicitaron a voluntarios que
desarrollasen tareas en cuatro entornos. La oficina «básica»
contenía solo el equipo esencial. La «decorada» contaba con
plantas y obras de arte como adorno. En la oficina «guarne-
cida» sus ocupantes tenían libertad de disponer esas plantas
y objetos a su albedrío. En la «desguarnecida», en cambio, se
suprimieron los toques personales. Los que trabajaron en la
oficina «guarnecida» quedaron más contentos y obtuvieron
los mejores resultados.
La influencia del entorno
En un gran
banco de
Sydney, los jefes
cambiaron
36 veces en
cuatro años la
decoración del
despacho de
un gerente
de sistemas
Básica Decorada Guarnecida Desguarnecida
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náuseas o somnolencia. Tales síntomas suelen
atribuirse a las propiedades físicas del local:
una mala ventilación o defectos en el sistema
de climatización. Empero, en 1989 una gran
encuesta llevada a cabo por la Universidad de
Copenhague puso en duda dicha conclusión. Se
comprobó que las quejas por el referido síndro-
me casi se duplicaban entre los empleados de
niveles inferiores, quienes tenían poco control
sobre su ambiente de trabajo.
La relación entre la falta de control del entorno
laboral y los síntomas asociados al «edificio en-
fermo» se mantiene incluso en ambientes agra-
dables para el empleado. En una agencia de viajes
del Reino Unido investigada por Chris Baldry,
profesor de administración en la Universidad
de Stirling, el espacio parecía, a primera vista,
atractivo: áreas de trabajo de colores cálidos
festoneadas de palmeras de plástico. Pero, ¡ay!,
desde una zona de control del tipo panóptico, los
jefes podían vigilar en secreto a los empleados en
todo momento. Las quejas por molestias físicas
y ataques de tos seca eran continuos entre los
empleados de dicha agencia.
La sensación de vigilancia también se halla
vinculada a la productividad. En 2010, la Uni-
versidad Chung-Ang de Seúl encuestó a unos
400 trabajadores de empresas de Michigan.
Descubrió una relación entre el control que los
empleados percibían en su entorno laboral y la
capacidad para concentrarse. En la investiga-
ción, el «control» se definía, en parte, como la
posibilidad de cambiar el mobiliario de sitio en
el entorno laboral y de personalizar objetos (la
pantalla de ordenador, los cuadros...), de modo
semejante a lo que sería una oficina «guarneci-
da». Los resultados de la encuesta indicaron que,
cuando los empleados podían opinar sobre el
aspecto físico de su lugar de trabajo, se reducían
los efectos negativos del ruido, así como los de
otras distracciones.
¿Por qué las personas que trabajan en lugares
en los que perciben una relación personal se
muestran más felices y más productivas, incluso
más sanas? Creemos que los trabajadores que se
sienten incómodos en su entorno laboral se invo-
lucran menos, ya sea en el ambiente que les rodea,
ya en el trabajo que desarrollan. Estructurar las
oficinas sin tener en cuenta las preferencias y la
personalidad de los empleados puede arruinar
la producción y perjudicar el nivel de concentra-
ción, pese a la buena intención de los planifica-
dores. Si los trabajadores se rodean ellos mismos
de objetos estimados y con algún significado
personal, los gurús en efectividad, los expertos
en productividad y los vendedores de palmeras
de plástico podrán quedarse en su casa.
Sir Alexander Haslam es profesor de psicología social en
la Universidad de Exeter. Craig Knight es investigador
posdoctoral y dirige el Centro de Investigaciones Psicoló-
gicas sobre Identidad y Gestión Espacial en Exeter.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
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MANAGEMENT. Frederick
W. Taylor. Harper BROS.,
1911. (Edición en español:
MANAGEMENT CIENTIFICO,
Oídos-EAU, 1970).
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Cambridge University Press,
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CIÓN. S. Alexander Hazla.
Sage Publications, 2004.
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TIMIZING WORK SPACE FOR
THE NEXT GENERATION OF
EMPLOYEES. Natalia Orara en
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diciembre, 2009.
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PLACE: PROTECT YOURSELF
AGAINST COWORKERS,
BOSSES, AND WORK ENVIRON-
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Hill, 2010.
THE RELATIVE MERITS OF LEAN,
ENRICHED, AND EMPOWERED
OFFICES: AN EXPERIMENTAL
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Craig Knight y S. Alexander
Haslam en Journal of Experi-
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vol. 16, págs. 158-172, junio
de 2010.
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CON FLEXIBILIDAD PERO SIN PRIVACIDAD
Las salas abiertas permiten acomodar a un gran número de empleados en grupos de mesas que ofrecen
una amplia flexibilidad de movimiento, mas escasa privacidad.
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axistas, pilotos, enfermeras, trabajadores
de la siderurgia, barrenderos, agentes de se-
guridad... numerosas profesiones exigen a sus
empleados trabajar fuera del horario habitual
de oficina. Una situación laboral que, por mo-
tivos económicos y sociales, y por necesidades
de producción, va en aumento a la par que los
problemas de salud que conlleva: peor descan-
so, trastornos digestivos y ardores de estómago
más frecuentes, úlceras, enfermedades cardía-
cas y cardiovasculares y un mayor riesgo de su-
frir cáncer. Dichas alteraciones son el resultado
de la sobrecarga que suponen unas condiciones
laborales que rompen con el ritmo biológico.
En general, al convertir el día en la noche, ya
sea por las obligaciones laborales o por cualquier
otro motivo, se desequilibra un mecanismo cru-
cial para el organismo: el reloj interno. A lo largo
de los últimos años, los científicos han descifra-
do el funcionamiento de dicho reloj biológico,
además de analizar los efectos que el trabajo a
turnos ejerce sobre el cuerpo.
El reloj biológico que poseen los humanos,
así como la mayoría de los seres vivos, marca
un ritmo innato de unas 24 horas, por lo que
también recibe el nombre de «ritmo circadia-
no» (del latín circa, que significa «cerca», y dies,
«día»).
Dicho reloj regula el intercambio químico
global propio del metabolismo, desde las célu-
las somáticas hasta el comportamiento final de
todo el organismo. Así, pues, determina cuándo
dormimos, cuándo comemos e, incluso, cuán-
do rendimos con mayor lucidez cognitiva. Para
que el reloj interno no se adelante ni se atra-
se, debe ponerse en hora con regularidad, de
la misma manera que lo requiere un reloj de
pulsera. Las señales ambientales posibilitan tal
proceso. De hecho, a lo largo de la evolución, el
ciclo diario de luz y oscuridad que propicia el sol
se ha establecido como guía de nuestro ritmo
biológico interno.
Un interruptor oculto en la cabeza
Los ojos permiten percibir la luz, por lo que en
un inicio se supuso que las células de la visión
situadas en la retina (los conos y los bastones)
debían ser las responsables del ajuste del reloj
interno. Se demostró, sin embargo, que dicha
suposición es incorrecta: ratones ciegos trans-
génicos con conos y bastones defectuosos, a
pesar de no ver, conservan su ritmo nocturno
y diurno sin problemas.
En la búsqueda tras el auténtico sensor del
reloj interno, los investigadores del equipo de
Ignacio Provencio, de la Universidad de Servicios
Uniformados de Ciencias de la Salud (USUHS,
por sus siglas en inglés) en Bethesda, hallaron
en el año 2000 un pigmento especial en el ojo
humano, la melanopsina, el cual se diferencia
de los pigmentos visuales más usuales en las
células sensoriales de la retina y que permiten
Reloj
desacompasado
El trabajo nocturno y a turnos es el pan de cada día en numerosas profesiones,
con los riesgos que ello supone para la salud. El cambio constante del reloj interno
altera los hábitos de sueño y alimentación de los empleados
THOMAS KANTERMANN
RESUMEN
Ritmo extenuado
1
Los trabajos noc tur-
nos y a turnos reper-
cuten de manera nega-
tiva en la salud de los
empleados.
2
La desincronización
del reloj interno pue-
de producir alteraciones
del sueño y del metabo-
lismo, así como úlceras,
enfermedades cardio-
vasculares y un mayor
riesgo de padecer cáncer.
3
El regulador del tiem-
po en el cerebro fun-
ciona de forma diferente
en cada persona. Por ello,
los horarios laborales
deberían consensuarse
según el cronotipo indi-
vidual.
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ver el color. Dos años más tarde, David Berson y
sus colaboradores, de la Universidad Brown en
Providence, descubrieron el lugar exacto don-
de se halla el fotopigmento melanopsina: en las
células ganglionares retinianas, unas neuronas
específicas del tejido nervioso que actúan como
centros de conexión (por entonces todavía se
desconocía su sensibilidad a la luz).
Conforme a lo anterior, nuestros ojos poseen
no dos, sino tres tipos de células sensoriales:
conos y bastones para la visión, y células gan-
glionares de la retina que contienen melanop-
sina con el objetivo de regular el reloj interno.
Cada vez que una luz con cierta longitud de onda
incide sobre dichas células ganglionares foto-
receptoras o fotosensibles, estas envían señales
al cerebro a través del nervio óptico hacia un
fascículo neuronal compuesto de unas 10.000
células y que se encuentra en cada uno de los
dos hemisferios cerebrales. En ambos se sitúa
sobre el cruce de los nervios ópticos izquierdo
y derecho (quiasma óptico), por lo que recibe el
nombre de núcleo supraquiasmático (NSQ).
El NSQ informa a cada célula del cuerpo, me-
diante impulsos nerviosos y moléculas mensa-
jeras en el flujo sanguíneo, sobre la hora que es.
De esta manera, dicho núcleo regula la actividad
de todos los tejidos y órganos a modo de reloj
central del organismo [véase «Un órgano oculto
en los ojos», por Ignacio Provencio; Investiga-
ción y Ciencia, julio de 2011].
Todavía se desconoce en detalle cómo se de-
sarrolla el proceso. Pero se sabe que el ritmo de
cada persona funciona de un modo algo distin-
to. La predisposición individual del reloj interno
se caracteriza por el cronotipo (del griego chro-
nos, es decir, «tiempo») de cada persona. Existen
individuos madrugadores que no necesitan el
despertador por la mañana, tampoco suelen
permanecer levantados hasta muy tarde (per-
sonas matutinas), mientras que otros prefieren
dormir hasta bien entrado el día y trasnochar
(personas vespertinas) [véase «Ritmos biológi-
cos y personalidad», por A. Muro, M. Gomà y
A. Adan; en este mismo número].
Para determinar el cronotipo de una persona
sirve su «punto medio de sueño» (punto medio
entre la hora de dormirse y la de levantarse) en
los días no laborables. Si, por ejemplo, se acuesta
a las 23.50 horas, se queda dormido al cabo de
unos diez minutos (alrededor de medianoche) y
se levanta a las ocho de la mañana, pertenecería
al tipo matutino. En este caso, el punto medio
de sueño se sitúa alrededor de las cuatro de
la madrugada. La dispersión estadística de los
cronotipos en la población dibuja, en general,
una curva de campana típica. No obstante, las
personas disponen de un horario interno e in-
dividual que puede variar respecto al externo
establecido en el ámbito social, por ejemplo,
cuando los ritmos circadianos se desplazan a
causa de horarios laborales irregulares.
PRODUCCIÓN SIN PAUSA
En numerosos ámbitos labora-
les, como la industria siderúr-
gica, los turnos son imprescin-
dibles.
Los expertos
recomiendan
planificar
de forma
individual
las franjas
horarias
laborales,
teniendo en
cuenta los
respectivos
cronotipos
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¿Cómo afecta el trabajo nocturno al ajuste
del ritmo biológico? Nuestro reloj interno puede
compararse con un columpio que no dejamos
de balancear. Según el punto de la oscilación
en el que el columpio recibe un empujón, es
posible proporcionarle velocidad, ralentizarlo o
mantenerlo en un vaivén constante. En el caso
de nuestro reloj interno, el empujón corres-
ponde a la luz: según el momento del día, la
iluminación va a provocar que el reloj se ade-
lante, se atrase o que permanezca inmutable.
La luz en un momento equivocado puede
desviar el organismo de su ritmo natural. Si
usted ha cruzado alguna vez varias zonas ho-
rarias en avión, debe conocer el fenómeno del
jet lag. El trabajo a turnos y nocturno desajus-
ta el reloj interno de forma similar, mas con
la diferencia de que el empleado experimenta
una especie de viaje virtual solo a través de
las franjas horarias. Asimismo, mientras que
el viajero se acostumbra con relativa rapidez
al nuevo horario, el trabajador que desempeña
turnos rotativos presenta problemas para adap-
tarse: el amanecer y el anochecer permanecen
invariables para él.
En 2007 constatamos que el cambio de ho-
rario en verano (convención que cumple una
cuarta parte de la población mundial) puede
propiciar algunos problemas. Para ello analiza-
mos los hábitos de sueño de 55.000 europeos,
de los cuales seleccionamos a 50 sujetos cuyas
actividades habíamos analizado cuatro sema-
nas antes y después del cambio de hora. Tal y
como observamos, la mayoría de los probandos
se acostumbraban en otoño —época del año en
que se atrasan los relojes una hora— con mayor
facilidad al nuevo horario que en verano: al cabo
de una semana, sus ritmos de sueño de fin de
semana y de días laborables se ajustaron. Por el
contrario, en primavera (cuando se produce el
cambio de horario de verano), los voluntarios se
regían más por los hábitos de descanso de los
días festivos, incluso a las cuatro semanas pos-
teriores de adoptar el nuevo horario. En el caso
concreto de los trabajadores, debían levantarse
una hora antes en los días laborables, por lo que
Las personas con ceguera conservan un
sistema de células fotosensibles de re-
ciente hallazgo, por lo que también son
vulnerables al trastorno afectivo estacio-
nal o depresión invernal. Los individuos
con dicho trastorno se enfrentan a graves
cambios de humor en otoño e invierno.
Algunos síntomas reveladores son una
excesiva somnolencia, la falta de fuerzas
y la apetencia de dulces y féculas.
En general, nuestro ritmo circadiano se
halla sincronizado con el ciclo de luz y oscu-
ridad: en ausencia de estos indicios, nuestra
fisiología interna empieza a derivar.
El reloj corporal de los pacientes con
trastorno afectivo estacional puede de-
sincronizarse al acortarse los períodos y
bajar la intensidad de la luz en invierno.
Por ello, la exposición a una o dos horas
de luz intensa por la mañana a menudo
mitiga el trastorno y suaviza sus síntomas.
Por otra parte, la relación que se ha de-
tectado entre la aparición de cataratas
(opacidad del cristalino que conduce a
la pérdida de visión) y el desarrollo de
la patología estacional sugiere con ma-
yor fuerza que la detección ocular de la
luz representa una clave en el trastorno
emocional cíclico.
Sin embargo, es curioso que perso-
nas totalmente ciegas (privadas de los
fotorreceptores denominados conos y
bastones) puedan sufrir depresión esta-
cional. Un decenio atrás, científicos de la
Universidad de Cornell sostuvieron que
el ser humano era capaz de detectar luz
a través de la piel. Para verificar la hipó-
tesis, en los Países Bajos se sometió a luz
intensa solo la piel de los pacientes de
depresión invernal, y se comprobó que el
El trastorno afectivo estacional también afecta a invidentes
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TERAPIA LUMÍNICA
Una de las claves del trastorno afectivo
estacional podría hallarse en la fotosensibi-
lidad de las células ganglionares retinianas,
incluso en personas con ceguera.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 59
disponían de menos tiempo de sueño. Los suje-
tos vespertinos mostraban más problemas para
adaptar su ritmo de actividad al horario oficial.
El cambio de hora que experimentamos dos
veces al año altera el ritmo social tan solo una
hora. El trabajo nocturno y a turnos, en cambio,
ejerce efectos más notables sobre las personas.
Los trabajadores se ven obligados a alterar su
orden temporal cotidiano, hecho que debería
preocupar, sobre todo, a los sujetos matutinos,
quienes suelen sentirse más cansados llegada
la noche. Sin embargo, todavía faltan investiga-
ciones longitudinales que aclaren el fenómeno.
A grandes rasgos, el desplazamiento temporal
de la actividad conduce a una sincronización
insuficiente con el medio. El reloj interno altera
su ritmo, con lo que diversos procesos del orga-
nismo se ven perturbados. Esta «desincroniza-
ción interna» repercute sobre cada uno de los
relojes corporales, los cuales alteran su compás,
desviándose del reloj central en el núcleo supra-
quiasmático. Las reacciones son comparables al
tumulto de una estación de tren en la que cada
reloj marca una hora distinta: para alguno de
los pasajeros tomar el tren que le corresponde
resulta una cuestión de suerte.
Modelo de dos procesos del sueño
Pero no solo se altera el ritmo del reloj interno
que se encarga de regular nuestro descanso. El
modelo de dos procesos en la regulación del sue-
ño propuesto a principios de los años ochenta
del siglo XX por el biólogo Serge Daan, de la Uni-
versidad de Groningen, y el farmacólogo Alexan-
der Borbély, de la Universidad de Zúrich, indica
que, además, la profundidad del sueño se halla
controlada por un proceso homeostático: el can-
sancio físico que se desarrolla en el transcurso
del día actúa a modo de fuerza creciente que
nos empuja a dormir.
Las guardias rotativas y el trabajo nocturno
trasladan el descanso a horas diurnas, período
en el que el reloj interno no proporciona las
condiciones de sueño adecuadas. La tentativa
de dormir durante el día se ve frustrada por el
aumento de la temperatura corporal y la activi-
dad dirigida a procesos metabólicos. El descanso
fuera de la franja biológica del sueño es, por ello,
más breve, menos reparador y se ve interrum-
pido con mayor facilidad por los factores am-
bientales. Durante el día, la luz del sol ilumina
la habitación y el ruido de fondo es más alto.
Pero no solo el sueño supone un reto para
los trabajadores de noche. La alimentación tam-
bién resulta un problema. Los turnos cambian-
tes exigen adelantar o atrasar las comidas si un
empleado desea comer junto a su familia. Un
«desayuno» previo al turno de noche coincide
con el momento de la cena en el hogar, mientras
que el almuerzo (la principal comida de la jor-
nada, por lo general) puede desplazarse hacia la
medianoche. Todo ello conduce a experimentar
una alteración del apetito, dependiendo del mo-
mento del día, que puede repercutir de forma
negativa en la conducta alimentaria.
Por experiencia propia sabemos que nos ape-
tece comer platos o alimentos distintos en la
mañana, al mediodía o por la noche. Por ello,
comer en momentos excepcionales conduce con
frecuencia a sentirse desganado o a experimen-
tar malestar. El metabolismo se ve afectado, lo
que puede derivar en estreñimiento, diarrea,
ardores de estómago e, incluso, úlceras estoma-
cales. Los trabajos nocturnos pueden propiciar,
asimismo, un aumento de la presión sanguínea,
el incremento del colesterol o del cortisol, así
como la aparición de enfermedades cardíacas.
Lo más controvertido es averiguar si mantener
Los turnos
de trabajo
El concepto «turno de tra-
bajo» resulta muy amplio.
Ello se debe, sobre todo, a la
diversificación de los planes de
turnos de noche, los cuales se
establecen en relación a siste-
mas diferentes. Las condiciones
económicas globales, además,
han supuesto diversos efectos.
Así, la crisis financiera que
estalló en 2009 ha conducido
a reducir las jornadas de trabajo
en numerosas empresas de
todo el mundo, con la suspen-
sión de las guardias nocturnas
en muchos casos. A partir de
un estudio desarrollado en esa
época en una gran planta side-
rúrgica, los investigadores del
equipo de Thomas Kantermann
averiguaron que dichas influen-
cias pueden repercutir también
en estos empleados.
tratamiento no les producía ningún efecto.
¿Cómo podrían, entonces, percibir luz?
En 1999 observamos que los ratones caren-
tes de conos y bastones podían sincronizar su
ritmo circadiano al ciclo de luz y oscuridad. Es-
tas observaciones guiaron al descubrimiento,
en la retina humana y en la de otros mamífe-
ros, de un sistema fotorreceptor complemen-
tario formado por un pequeño número de
células ganglionares retinianas fotosensibles.
Estas células son sumamente sensibles a la luz
azul. De hecho, resulta muy significativo que
este tipo de luz demuestre máxima eficacia
para aliviar los síntomas del trastorno afectivo
estacional.
Creemos que las personas invidentes pue-
den desarrollar el trastorno estacional porque
su otro sistema fotorreceptor, las células gan-
glionares retinianas fotosensibles, permanece
intacto. Aunque carezcamos de estudios sobre
las terapias lumínicas aplicadas a la discapa-
cidad visual, sospechamos que puedan servir
para tratar síntomas de la depresión invernal
en pacientes con ceguera.
Russell G. Forster
Neurocientífico circadiano y de la visión
Universidad de Oxford
60 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
los horarios laborales irregulares puede desen-
cadenar patologías tumorales, como el cáncer de
mama. A partir de la recopilación de estadísticas
sobre la incidencia de cánceres entre trabajado-
res a turnos, además de los resultados de experi-
mentos con animales, la Organización Mundial
de la Salud incluyó los turnos de trabajo como
factor potencialmente cancerígeno en 2010.
Tampoco debe olvidarse el estrés que sopor-
tan tales empleados. Los factores estresantes
crónicos repercuten sobre el sistema nervioso
simpático y provocan la liberación de noradre-
nalina, adrenalina y cortisol. Dichas sustancias
aumentan a su vez la presión sanguínea y el
pulso.
¿Es posible frenar los riesgos que entrañan
los turnos de trabajo para la salud? Puesto que
la luz representa el principal dador de tiempo
para el reloj interno, parece lógico plantearse
cómo puede usarse dicha señal para solucionar
la cuestión. En un principio, sería necesario dis-
poner de una luz muy clara que se asemejara
más al espectro de la luz diurna que a la ilu-
minación interior artificial. Con frecuencia, la
intensidad luminosa en los puestos de trabajo
se sitúa por debajo los 100 lux (intensidad muy
inferior a la iluminación diurna de 10.000 lux o
más). Por dicha razón, la luz solar que alcanza
a primera hora de la mañana el rostro de un
trabajador nocturno en su camino de vuelta a
casa resulta crítica para su reloj interno; más
que las lámparas que le iluminaban durante la
noche mientras realizaba su actividad laboral.
Por otra parte, a este trabajador le va a resultar
especialmente complicado adaptarse al trabajo
nocturno, puesto que la luz diurna siempre le
va a predisponer a estar activo durante el día.
A lo largo de los últimos años, los equipos de
Charmane Eastman, de la Universidad Rush en
Chicago, Diane Boivin, de la Universidad McGill
en Montreal, y Debra J. Skene, de la Universidad
de Surrey en Guildford, entre otros, han consta-
tado los efectos psicológicos y fisiológicos de la
exposición controlada a la luz. Han demostrado
que las intensidades elevadas de luz de varios
miles de lux durante determinadas fases en el
Existen determinadas células en la retina (las células gan-
glionares retinianas, las cuales contienen melanopsina) que
reaccionan a la luz en el transcurso del día. A continuación
envían señales al núcleo supraquiasmático (NSQ, izquierda),
un fascículo nervioso del tamaño aproximado de un grano
de arroz que se sitúa justo encima del cruce de los nervios
ópticos (quiasma óptico) del cerebro y actúa como principal
regulador del tiempo de nuestro reloj interno. El NSQ dispara
con fuerza durante el día, de manera que inhibe la libera-
ción de melatonina (conocida también como la «hormona
del sueño») en la glándula pineal. Por el contrario, durante
la noche se vierte melatonina a la sangre (derecha), proceso
que regula funciones corporales circadianas, entre ellas, el
ritmo de sueño y vigilia.
Regulación diurna y nocturna
Glándula pineal
Producción
de melatonina
Producción
de melatonina
NSQ
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7
CUESTIÓN DE CRONOTIPO
Cada persona posee necesidades distintas de sueño:
aquellas que se retiran pronto a dormir y se despe-
gan temprano de las sábanas pertenecen al cronoti-
po matutino. Al otro lado del espectro se hallan las
personas vespertinas: permanecen despiertas hasta
más entrada la noche y prefieren dormir hasta más
tarde. El cronotipo en cada caso se establece según
la hora en la que se halla el punto medio de su
descanso. De esta manera, en el caso de descansar
entre la medianoche y las ocho de la mañana, el
punto medio del sueño se registraría a las cuatro
de la madrugada. Entre la población general, tal
promedio se distribuye en una curva de campana,
puesto que existen pocas personas con un cronoti-
po extremo, ya sea matutino o vespertino.
16
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4
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(
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)
≤0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 ≥12
Punto medio del sueño (horas)
matutino vespertino
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
SHIFT-WORK RESEARCH:
WHERE DO WE STAND, WHERE
SHOULD WE GO? T. Kanter-
mann et al. en Sleep and
Biological Rhythms, vol. 8,
págs. 65-105, 2010.
WEBS
www.bioinfo.mpg.de/
mctq/core_work_life/
core/introduction.
jsp?language=esp
El cronobiólogo Till Roenne-
berg, de la Universidad Lud-
wig Maximilian de Múnich
ha desarrollado un sencillo
cuestionario a través del cual
el usuario puede conocer su
cronotipo.
transcurso del turno de guardia aumentan el
grado de vigilancia, además de facilitar el sueño
al día siguiente. Al parecer, la luz desplaza el rit-
mo de producción de melatonina hacia una fase
de sueño diurno. La melatonina es una hormona
que nos hace sentir somnolientos; se libera en la
glándula pineal del cerebro, en general, durante
la noche. Por su parte, el NSQ activado por la luz
inhibe la producción de melatonina.
Turnos rotativos
Volviendo al ejemplo del trabajador que retorna
a casa, unas gafas de sol durante el camino de
vuelta podrían mitigar el efecto de la luz diurna.
No obstante, ello le dificultaría la conducción,
capacidad ya de por sí afectada por el cansancio
acumulado tras horas de trabajo. Una vez en
casa, el trabajador debería dormir en una habi-
tación lo más oscura posible, además de mitigar
las fuentes de ruido, como el teléfono o el timbre
de la puerta. También debería rehuir de tomar
alcohol o medicamentos como remedios para
dormir o permanecer despierto, por los riesgos
que estos entrañan para la salud.
Pese a todo, los esfuerzos para adaptarse a la
situación resultan complicados. De hecho, un
trabajador nocturno o a turnos debería evitar la
luz incluso en sus días no laborables, con el fin
de permanecer fiel a su ritmo alterado. Ello es
prácticamente imposible. Los empleados afecta-
dos se ven inmersos en un vaivén entre el hora-
rio de su vida privada y el de la actividad laboral.
Cabe destacar, sin embargo, que los trabajos
a turnos y nocturnos per se no hacen enfermar.
En mayor medida son las exigencias fisiológicas
y la exposición al estrés por una temporización
interna errónea los factores que desempeñan
una amenaza para la salud. Asimismo, los tur-
nos de trabajo pueden empeorar una enferme-
dad latente y reforzar las influencias negativas
del estilo de vida. Además, los factores de riesgo
como la hipertensión, el sobrepeso y el tabaquis-
mo pueden ver potenciado su efecto. Por dicha
razón resulta indispensable desarrollar una
pormenorizada planificación de las guardias
y turnos rotativos, así como realizar controles
médicos con regularidad a los trabajadores en
esta situación laboral.
Otra medida a tener en cuenta consiste en
compensar a los empleados con tiempo libre y
horarios de trabajo flexible, en lugar de pagar-
les con salarios extras. También se les debería
facilitar el derecho a intervenir en los ajustes
de la empresa. En cuanto a la alimentación, se-
ría recomendable procurarles alimentos sanos
(fruta, ensaladas, agua y zumo) o, al menos, pro-
porcionarles un espacio donde alimentarse de
forma saludable, sin importar el momento del
día o de la noche.
Considerar el cronotipo de cada persona tam-
bién resultaría una buena opción. Según propo-
nen los cronobiólogos desde hace tiempo, debe-
rían establecerse planes de trabajo individuales
a partir de los cronotipos de cada empleado. Por
ahora, la teoría existe; falta aplicarla.
Thomas Kantermann es biólogo y psicólogo doctorado
en el Centro de cronobiología de la Universidad Ludwig
Maximilian de Múnich. En la actualidad investiga en la
Universidad de Surrey en Guildford.
62 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
A
ño 2007. Rudy Giuliani, entonces alcalde
de la ciudad de Nueva York, afirmaba en su
campaña electoral: «Sufrí un cáncer de próstata
hace cinco o seis años. Gracias a Dios, me he
curado. ¿Qué probabilidades tenía de sobrevivir
al cáncer? En Estados Unidos, del 82 por ciento.
¿Y en Inglaterra? Con medicina socializada, un
44 por ciento nada más». Giuliani utilizó estas
estadísticas para defender la suerte que tenía de
vivir en Nueva York y no en York. Esta declara-
ción tuvo gran resonancia. Como explicaremos,
fue también un burdo error.
Ya en 1938, el escritor inglés H. G. Wells pro-
nosticaba en su libro World brain («Cerebro
mundial») que en una democracia moderna, el
pensamiento estadístico le sería a un ciudada-
no culto tan imprescindible como leer y escri-
bir. En los comienzos del siglo XXI, a casi todos
los habitantes de las sociedades industriales se
les ha enseñado a leer y a escribir. Pero no han
aprendido a pensar en términos estadísticos, a
comprender información sobre riesgos e incer-
tidumbres en nuestro mundo, tan tecnificado.
Ignorancia compartida por no pocos médicos,
muchos periodistas y numerosos políticos
—caso de Giuliani— que resulta en la difusión
de graves errores entre el público general.
La incultura estadística no arraiga en limi-
taciones intelectuales innatas, en la carencia,
verbigracia, de un «gen para las matemáticas».
Se debe, por el contrario, a fuerzas de carácter
social o emotivo. Entre ellas se cuentan la natu-
raleza paternalista de la relación entre médico
y paciente, la ilusión de que en medicina existe
la certeza, y la costumbre de presentar de forma
opaca la información sobre la salud; ello puede
hacer creer que las intervenciones proporcionan
grandes beneficios y que los daños son peque-
ños. Unos ciudadanos que no comprenden los
números se prestan a ser manipulados comer-
DE IZQUIERDA A DERECHA: © FOTOLIA / GINA SANDERS; © ISTOCKPHOTO / MARK KOSTICH; © FOTOLIA / ZARATHUSTRA; © FOTOLIA / YURI ARCURS DE IZQUIERDA A DERECHA: © FOTOLIA / G A INA S A ANDERS; © ISTOCKPHOTO / MARK KOSTICH; © FOTOLIA / Z A ARAT AA HUSTRA; © FOTOLIA / Y A URI ARCURS
El significado de las
¿Cuántas veces induce una mamografía a resultados erróneos? ¿Existe mayor probabilidad
de sobrevivir a un cáncer en EE.UU. que en Inglaterra? Aprenda a desdeñar temores poco fundados
y a sopesar el auténtico riesgo de enfermar... o de recuperarse
GERD GIGERENZER, WOLFGANG GAISSMAIER, ELKE KURZ-MILCKE, LISA M. SCHWARTZ Y STEVEN WOLOSHIN
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 63
estadísticas
¿CIENCIA PERFECTA?
Muchos pacientes e incluso mé-
dicos sobrevaloran la fiabilidad
de las pruebas y cribados.
cial o políticamente en sus temores y esperan-
zas; el resultado puede ser lesivo para su salud
física y su bienestar emotivo.
Explicamos cómo detectar tres tipos de ma-
nipulación y confusionismo estadístico en me-
dicina y la forma de convertir cifras opacas en
valores con significado; también cómo utilizar
esa información para adoptar decisiones médi-
cas más acertadas. Sostenemos, ante todo, que
para evitar los malentendidos, las revistas pro-
fesionales de medicina, los medios de comunica-
ción y otras vías informativas deben explicar los
riesgos de manera más sencilla. Recomendamos,
además, que se introduzca a los niños en el pen-
samiento estadístico y que dicha enseñanza se
enfoque a la resolución de los problemas de la
vida real, no como una disciplina puramente
matemática.
¿Confía usted en su médico?
La medicina mantiene desde antiguo un anta-
gonismo con la estadística. Durante siglos, los
tratamientos se basaron más en una ética de
confianza personal que en hechos cuantitati-
vos, desdeñados por su carácter impersonal e
irrelevante para los casos concretos. Incluso en
nuestros días son numerosos los profesionales
de la medicina que se tienen por una especie de
artistas: fían más en su intuición y su juicio que
en los números. Muchos pacientes, por su parte,
prefieren confiar en su médico que solicitar da-
tos para analizarlos. En una encuesta realizada
en 2008 por uno de los autores (Gigerenzer) y
sus colaboradores, dos terceras partes de más
de 100 economistas estadounidenses afirma-
ron no haber ponderado los pros y contras de
someterse a pruebas de detección de cáncer de
próstata; se limitaron, sencillamente, a seguir
las indicaciones de su médico.
No resulta extraño que los individuos eviten
conocer los datos estadísticos por una necesidad
emotiva de certeza, noción que se lleva mal con
la estadística, la cual nos prepara para adoptar
decisiones en situaciones inciertas. Según se
deduce de una encuesta de Gigerenzer en 2006,
gran parte del público alberga una ilusoria cer-
tidumbre sobre la fiabilidad de las pruebas para
la detección de cánceres o de VIH.
Tanto los pacientes con ingenuidad estadís-
tica como sus médicos tienden a sobrevalorar
las ventajas de las pruebas de detección precoz.
Por ejemplo, las mamografías reducen entre un
4 y un 5 por mil el riesgo de que una mujer en
la cincuentena fallezca de cáncer de mama an-
tes de los 65 años, pero el 60 por ciento de una
muestra aleatoria de mujeres estadounidenses
creía que el beneficio sería unas 80 veces mayor.
Los ciudadanos de EE.UU. muestran igual y su-
64 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
perlativo entusiasmo en relación a los exámenes
de cuerpo entero por tomografía computarizada
(TC): en una muestra aleatoria de 500 estadouni-
denses, casi las tres cuartas partes dijeron pre-
ferir una TC gratuita de cuerpo entero a 1000
dólares en efectivo. Ello, a pesar de que ninguna
organización médica profesional apoya tales es-
cáneres; incluso varias desaconsejan este tipo
de chequeos ya que pueden provocar lesiones
importantes causadas por una cascada de dudas
diagnósticas y de tratamientos invasivos debi-
dos a la ambigüedad de los hallazgos.
En una sociedad tecnológica moderna, los
ciudadanos se enfrentan a un cuadro impre-
sionante de decisiones médicas. ¿Debe una ges-
tante de 35 años efectuarse un examen prenatal
de anomalías cromosómicas? ¿Han de enviar
los padres a sus hijas adolescentes a vacunar-
se contra el virus del papiloma humano para
protegerlas contra el cáncer de cérvix, a pesar
de que unos pocos informes advierten de que
la vacuna (Gardasil) podría provocar parálisis?
Para tomar decisiones informadas se necesita
comprender las estadísticas sobre salud, en par-
ticular, la diferencia entre riesgos absolutos y
relativos, además de saber utilizar las frecuen-
cias naturales para inferir las probabilidades
reales de enfermedad cuando una prueba ha
dado un resultado positivo. Las personas de-
berían aprender asimismo a confiar más en
las tasas de mortalidad que en las estadísticas
de supervivencia a cinco años cuando valoren
la utilidad de las pruebas de detección precoz
(cribados) que indagan la patología en personas
sanas. Nos ocuparemos por turno de cada una
de estas cuestiones.
Riesgos absolutos
En octubre de 1995, la Comisión Británica de
Seguridad Farmacéutica advirtió de que los an-
ticonceptivos orales de tercera generación eleva-
ban al doble —es decir, en un 100 por 100— la
probabilidad de formación de coágulos sanguí-
neos en las piernas o los pulmones, que podían
suponer riesgo para la vida. Esta información
fue trasladada por carta a 190.000 médicos ge-
neralistas, farmacéuticos y funcionarios de la
salud pública, así como anunciada en los medios
de comunicación a través de avisos de urgencia.
La noticia provocó una gran ansiedad: numero-
sas mujeres dejaron de tomar la píldora, con la
consecuencia de que en el año siguiente se incre-
mentó en unos 13.000 el número de abortos en
Inglaterra y Gales. Por cada aborto adicional se
produjo un nacimiento extra; entre ellos, unas
800 concepciones más de chicas menores de 16
años. (Irónicamente, los abortos y los embarazos
elevan el riesgo de trombosis más que la píldora
de tercera generación.)
Se hubiera podido evitar semejante pánico
si los datos se hubiesen comunicado de forma
más sencilla y clara. Las pruebas indicaban que
alrededor de una de cada 7000 mujeres que to-
maban la píldora de segunda generación sufrie-
ron trombos; este número aumentó a 2 de cada
7000 en las mujeres que tomaban píldoras de
tercera generación. Es decir, el riesgo absoluto
creció en solo una parte en 7000, a pesar de
que el riesgo relativo se elevase en un 100 por
ciento. Los riesgos absolutos son, en general,
números pequeños, mientras que los corres-
pondientes cambios en valor relativo tienden
a parecer grandes, sobre todo cuando la tasa
basal es reducida.
La información expresada en valores relativos
puede suscitar esperanzas poco realistas, por no
hablar de temores poco fundados. No obstante,
lo mismo entre pacientes como en médicos, son
muchos quienes valoran más favorablemente
un tratamiento o una prueba si sus beneficios
son expresados en términos de reducción re-
lativa del riesgo. En 2007, al revisar una serie
de estudios experimentales, la psicóloga Judith
Covey, de la Universidad de Durham, apreció
que cuando las ventajas de un fármaco se ex-
presaban en forma de reducción de riesgo, el 91
por ciento de los médicos generalistas daneses
se la recomendarían a sus pacientes. En cambio,
cuando se les exponía la disminución de riesgo
de ese fármaco en términos absolutos, el por-
centaje se reducía al 63 por ciento.
Los folletos informativos, los médicos, las re-
vistas de medicina y los medios de comunica-
ción siguen informando al público en términos
de variación relativa, debido, en parte, a que los
números grandes «dan» mejor en titulares y lla-
man más la atención. Una de estas hojas infor-
mativas conjuntaba ambos valores al anunciar
que la terapia de reemplazo hormonal (TRH) «ha
demostrado que protege a las mujeres frente al
cáncer colorrectal (hasta más de un 50 por cien-
to)», mientras que el riesgo de cáncer de mama
«podría tal vez aumentar en un 0,6 por ciento (6
en 1000)». Los datos revelan que el beneficio del
50 por ciento corresponde a un número absoluto
inferior a 6 casos en 1000; lo que significa que
la TRH produce más casos de cáncer de los que
evita. Sin embargo, según un estudio realizado
en 2003, 60 de 80 mujeres extrajeron de este fo-
lleto la conclusión contraria.
RESUMEN
Comprender
los números
1
La incultura esta-
dística no se arraiga
en déficits intelectuales,
sino en la relación entre
médico y paciente, en la
ilusión de certidumbre en
medicina y en la presen-
tación opaca de los datos
sobre salud.
2
Quienes no entien-
den los números
pueden resultar víctimas
de la manipulación po-
lítica o comercial de sus
angustias y esperanzas. El
resultado puede ser lesi-
vo para su salud física y
bienestar emocional.
3
Es necesario com-
prender la diferencia
entre riesgos relativos
y absolutos, así como
aprender a aplicar fre-
cuencias naturales para
inferir las auténticas
probabilidades de que un
resultado positivo en una
prueba médica se deba a
una enfermedad.
4
Para mejorar el co-
nocimiento de la
estadística, las escuelas
deberían impartir la ma-
teria y, sobre todo, habi-
tuar a los niños a pensar
en términos estadísticos
para resolver situaciones
cotidianas.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 65
Los riesgos absolutos resultan más infor-
mativos, porque toman en cuenta la informa-
ción sobre tasas basales. A partir de los datos
absolutos, cualquiera puede deducir los ries-
gos relativos, pero no al contrario. Después de
todo, una reducción relativa del 50 por ciento
tanto podría describir una reducción sustan-
cial de mortalidad de 200 a 100 pacientes en
cada 10.000, como una reducción mucho menos
importante: rebajar de dos a uno los fallecidos
en 10.000 individuos. Los ensayos aleatoriza-
dos proporcionan en medicina información
de gran calidad, pero si los resultados no son
debidamente comunicados, la gente no podrá
valorarlos de forma ccorrecta.
Frecuencias naturales
Supongamos que en un examen mamográfico
se diagnostique un positivo. La mujer en cues-
tión pregunta a su médico: «¿Es seguro que su-
fro un cáncer, si no, cuáles son las probabilida-
des de que lo tenga?». En un curso de reciclaje
de ginecólogos, Gigerenzer pidió a 160 de estos
profesionales que respondieran a dicha cues-
tión en relación a mujeres de su región, habida
cuenta de los datos siguientes:

La probabilidad de que una mujer sufra un cán-
cer de mama (prevalencia) es del 1 por ciento.

Si una mujer sufre cáncer de mama, la proba-
bilidad de que la prueba ofrezca un resultado
positivo (sensibilidad) es del 90 por ciento.

Si una mujer no padece cáncer de mama, la
probabilidad de que aun así una prueba dé un
resultado positivo es del 9 por ciento (tasa de
falsos positivos).
De las siguientes respuestas, ¿cuál sería la más
acertada?
A. La probabilidad de que sufra un cáncer ronda
el 81 por ciento.
B. De cada 10 mujeres con una mamografía po-
sitiva, alrededor de 9 sufren cáncer de mama.
C. De cada 10 mujeres con una mamografía po-
sitiva, alrededor de una sufre cáncer.
D. La probabilidad de que tenga un cáncer ronda
el 1 por ciento.
Los ginecólogos podían deducir la respuesta
de los datos estadísticos anteriores, o tener en
cuenta lo que ya deberían saber. En ambos casos,
la respuesta más acertada es la C: solo una de
cada 10 mujeres con positivo en las mamografías
padece un cáncer de mama; las otras 9 han sido
alarmadas sin motivo. Antes del curso, la mayoría
(60 por ciento) de los ginecólogos respondieron
que el 90 por ciento o que el 81 por ciento pade-
Aunque suele invocarse la necesidad de certeza en los resulta-
dos de las pruebas diagnósticas y de los tratamientos, no existen
ni respuestas inequívocas ni tratamientos infalibles. El riesgo
parece inevitable; acompaña a toda acción o inacción. He aquí
algunas cuestiones que debe responder todo tipo de riesgo:

1 ¿Riesgo de qué? Es necesario comprender el resultado al
que se refiere el riesgo. ¿Es el riesgo de morir de una en-
fermedad, de adquirirla o de manifestar un síntoma?

2 ¿Cuál es la referencia temporal? Los riesgos en «los diez años
próximos» resultan más fáciles de imaginar que los riesgos
«en algún momento de la vida», tan utilizados. También son
más informativos: aunque los riesgos varían con el tiempo,
un intervalo de diez años tiene la duración suficiente para
adoptar alguna decisión.
3 ¿Qué dimensiones tiene? Dado que no existen riesgos nulos,
lo que cuenta es su importancia. Tal dato debería expresarse
en términos absolutos (por ejemplo, 13 de cada 1000 fuma-
doras de 50 años fallecen por enfermedades cardíacas en el
plazo de 10 años) o en términos comparativos (una fumado-
ra de 50 años tiene más o menos las mismas probabilidades
de fallecer por cardiopatología que por cáncer de pulmón
en el plazo de diez años, riesgo siete veces mayor que el de
perecer en un accidente de tráfico).
4 ¿Me concierne? Averigüe si el riesgo se basa en estudios de
personas como usted: individuos de su misma edad y sexo,
o con problemas de salud similares a los suyos.
5 ¿Qué daños puede provocar? Las pruebas de cribado preventi-
vo pueden causar falsas alarmas y suscitar angustia sin necesi-
dad. Cuando las mujeres siguen un programa de mamografías
anuales durante un período de 10 años, una de cada dos pue-
de esperar que en los resultados aparezcan uno o más falsos
positivos; peor todavía: en las pruebas de detección precoz
se detectan a menudo anomalías que nunca tendrían mani-
festación sintomática; sin embargo, ocasionan intervenciones
quirúrgicas innecesarias u otros tratamientos invasivos.
Vivir en la incertidumbre
GLOSARIO
Riesgo absoluto
Indica la frecuencia de la expre-
sión de un valor (por ejemplo,
un resultado positivo o negati-
vo) en un conjunto de datos.
Riesgo relativo
Describe la proporción de
personas de una muestra que
presentan un valor caracterís-
tico (una infección de VIH, por
ejemplo) en comparación con
otro grupo de individuos.
Tasa de falso positivo
Probabilidad de un resultado
positivo cuando no existe enfer-
medad.
Sensibilidad
Probabilidad de un resultado
positivo en una enfermedad.
66 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
cerían la oncopatología, sobrestimando de esta
forma la probabilidad de cáncer. Solo un 21 por
ciento de los médicos seleccionó la respuesta más
acertada, a saber, una de cada 10.
Son numerosos los médicos que ignoran
las probabilidades reales de que una perso-
na sufra una enfermedad tras un positivo en
alguna prueba diagnóstica; ignoran el valor
predictivo de un positivo en la prueba. Tam-
poco saben estimarlo a partir de probabilidades
condicionadas como la sensibilidad del test (la
probabilidad de que señale positivo en caso de
enfermedad) y de la tasa de falsos positivos.
Esta incompetencia en la comprensión de los
números es causa de miedos indebidos. Meses
después de haber sido informadas de que una
mamografía suya dio un falso positivo, una de
cada dos mujeres explicó que sufría angustia en
relación a mamografías y cánceres de mama;
asimismo, una de cada cuatro declaraba que
tal ansiedad afectaba su estado de ánimo y ac-
tividad cotidiana.
Los médicos podrían deducir con mayor faci-
lidad las probabilidades correctas si las estadís-
ticas que rodean a la prueba diagnóstica fuesen
presentadas en forma de frecuencias naturales.
Por ejemplo:

De cada 1000 mujeres, 10 tienen cáncer de
mama.

De estas 10 mujeres, 9 dan positivo en la prue-
ba.

De 990 mujeres sin cáncer, la prueba dará po-
sitivo en unas 89.
Así pues, de cada 1000 mujeres habrá 98 re-
sultados positivos en la prueba, pero solo 9 de
estos corresponderán a una enfermedad real.
En cuanto aprendieron a traducir las probabili-
dades condicionales a frecuencias naturales, el
87 por ciento de los ginecólogos se percató de
que la respuesta más acertada era una de 10. De
forma análoga, el psicólogo Ros Bramwell y sus
colaboradores, de la Universidad de Liverpool,
informaron en 2006 que solo uno de cada 21
obstetras era capaz de estimar correctamente
la probabilidad de que un no nacido tuviera el
síndrome de Down tras haber dado positivo en
la prueba. Cuando se les facilitaron las frecuen-
cias naturales relevantes, 13 de 20 llegaron a la
respuesta correcta.
Los médicos deben informar a sus pacientes
de que ninguna prueba es perfecta, de que los
resultados de cada una deben interpretarse con
cuidado y que es necesario repetirla. A toda mu-
jer sometida a una mamografía debería explicár-
sele que muchos de los resultados sospechosos
corresponden a falsas alarmas. Todas las pruebas
diagnósticas ofrecen una incertidumbre pareci-
da, incluso las de VIH. En un congreso sobre el
sida celebrado en 1987, Lawton Chiles, entonces
senador por Florida, informó de que de 22 do-
nantes de sangre de su estado que habían reci-
bido la notificación de los resultados positivos
en pruebas de VIH, siete acabaron suicidándose.
Aunque la prueba del VIH detecta hasta el 99,9
de las infecciones auténticas y que el 99,99 de sus
resultados negativos son acertados, el hecho de
que el riesgo basal en hombres heterosexuales
sea muy bajo implica que el riesgo de hallarse
infectado puede alcanzar tan solo un 50 por
ciento cuando un hombre da positivo en las
pruebas. Sin embargo, cuando la tasa basal es
más elevada, como en el caso de hombres homo-
sexuales que practican relaciones sexuales sin
protección, o drogadictos que comparten agujas
hipodérmicas, es casi seguro que si el test de VIH
da positivo se encuentren realmente infectados.
Así pues, la tasa basal en una población determi-
na el significado de un resultado positivo en las
pruebas diagnósticas.
La mortalidad es lo que cuenta
Cuando se postulaba para la presidencia, Giu-
liani proclamaba que la atención sanitaria en
EE.UU. era superior a la de Gran Bretaña. Al pa-
recer utilizó datos del año 2000, cuando 49 britá-
nicos de cada 100.000 fueron diagnosticados con
cáncer de próstata, 28 de los cuales (alrededor
de un 44 por ciento) fallecieron en el lapso de
ALARMAS INNECESARIAS
Los positivos en mamografías
pueden provocar una angustia
considerable. Un resultado po-
sitivo sería mucho menos alar-
mante si las mujeres supieran
que la probabilidad de cáncer
supone solo un 10 por ciento. Si
se efectúan diez exámenes, una
mujer de cada dos puede es-
perar que al menos una de sus
mamografías resulte positiva.
C
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R
B
I
S
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 67
cinco años. Con una metodología similar, citó
una tasa de supervivencia a los cinco años del 82
por ciento en EE.UU., dando a entender que los
estadounidenses con cáncer de próstata tenían
casi el doble de probabilidades de sobrevivir en
ese plazo que sus homólogos británicos. Sin em-
bargo, tal presunción es falsa: estas estadísticas
de supervivencia reflejan, principalmente, dife-
rencias de diagnóstico entre esos países pero no
indican que los tratamientos y la prolongación
de la vida sean mejores en EE.UU.
Para comprender por qué, imaginemos un
grupo de pacientes de cáncer de próstata británi-
cos diagnosticados (por síntomas) a los 67 años;
todos fallecen a los 70. Cada uno de ellos, pues, ha
sobrevivido tres años, por lo que, en este grupo,
la supervivencia a cinco años es 0. Imaginemos
ahora que se diagnostica al mismo grupo en
EE.UU., donde los médicos detectan la mayoría
de los casos de cáncer de próstata mediante la
prueba de antígeno prostático específico (prueba
PSA, por sus siglas en inglés). Dicho test no se
aplica de forma sistemática en Gran Bretaña. De
esta manera, los enfermos son diagnosticados
antes (a la edad de 60 años), aun así, todos fa-
llecen a los 70. Estos pacientes han sobrevivido
10 años, por lo que su tasa de supervivencia a
cinco años es del 100 por ciento. Aunque la tasa
de supervivencia ha cambiado drásticamente, la
edad de fallecimiento no ha cambiado en abso-
luto. Este ejemplo muestra que basta establecer
en una fecha anterior el punto diagnóstico para
multiplicar las tasas de supervivencia (sesgo pro-
vocado por el origen temporal), a pesar de que
nadie haya prolongado o salvado su vida.
También pueden obtenerse elevadas tasas es-
purias de supervivencia por sobrediagnóstico,
esto es, por detección de anomalías que técnica-
mente constituyen una enfermedad pero que no
llegan a presentar síntomas durante la vida del
paciente. Supongamos que 1000 hombres con
un cáncer progresivo no se someten a pruebas
de cribado preventivo. Al cabo de cinco años
todavía siguen vivos 440, lo que supone una
tasa de supervivencia del 44 por ciento. Entre
tanto, en otra población masculina, un criba-
do por PSA detecta 1000 individuos con cáncer
progresivo y 2000 con cáncer no progresivo
(por definición, no fallecerán de cáncer en los
cinco años siguientes). Los casos no progresivos
se suman ahora a los 440 que sobrevivieron al
cáncer progresivo, lo que infla la tasa de super-
vivencia hasta el 81 por ciento. Aunque dicha
cifra haya experimentado un cambio impresio-
nante, el número de fallecidos no ha cambiado
en absoluto.
Hace 20 años, el cribado preventivo con la
prueba PSA provocó en EE.UU. una explosión
99,9%,
positivos
Probabilidades condicionadas Frecuencias naturales
0,01%
con VIH
1
hombre
10.000
hombres
99,99%
sin VIH
1
con VIH
9999
sin VIH
0,1%,
negativos
0,01%,
positivos
99,99%,
negativos
0
negativos
1
positivo
9998
negativos
1
positivo
Probabilidad de infección
por VIH con un positivo en la prueba:
Probabilidad de infección
por VIH con resultado
positivo en la prueba:
0,0001 × 0,999
0,0001 × 0,999 + 0,9999 × 0,0001
1
1 + 1
Es usted varón y el resultado de una
prueba de VIH ha sido positivo. Sin
embargo, pertenece a un colectivo
con poco riesgo de infección. ¿Cuál es
la probabilidad de que sea portador
del virus? Con probabilidades condi-
cionales (izquierda), el cálculo parece
un tanto desconcertante. Pero con fre-
cuencias naturales, la respuesta (que
es la misma) se entiende de forma
clara: de cada 10.000 hombres cabe
esperar que uno se encuentre infec-
tado con VIH y produzca un positivo,
ya que el test es de gran seguridad.
De los no infectados, también es pro-
bable que uno dé positivo, ya que el
índice de error de la prueba es 0,999.
Así pues, habrá dos positivos, uno de
ellos falso. La probabilidad de que se
halle infectado no es de un 100 por
ciento, sino del 50.
Pronóstico de infección
GLOSARIO
Probabilidad condicional
Indica las probabilidades de una
circunstancia (infección por VIH)
cuando ya existe un hecho (re-
sultado positivo en las prueba).
Tasa de supervivencia
Probabilidad de vivir un cierto
periodo de tiempo después del
diagnóstico.
Sobrediagnóstico
Diagnóstico de una (variante
inocua de) enfermedad que no
hubiera provocado ni la muerte
ni síntomas.
Tasa de mortalidad
Número de fallecimientos en
una población en un periodo
determinado.
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en el número de nuevos diagnósticos de cáncer
de próstata. En Gran Bretaña, el efecto ha sido
bastante menor, pues el test PSA se utiliza mu-
cho menos. Esta disparidad diagnóstica explica
en gran parte el porqué del índice superior de
supervivencia a cinco años para el cáncer de
próstata en EE.UU. (Valores más recientes indi-
can una supervivencia a cinco años del 98 por
ciento en EE.UU. frente a un 71 por ciento en
Gran Bretaña.)
A pesar de las diferencias en tasas de su-
pervivencia, las tasas de mortalidad en ambos
países son casi idénticas: unos 26 fallecidos por
cáncer de próstata por cada 100.000 en EE.UU.
frente a unos 27 por 100.000 británicos. Este
dato hace pensar que la prueba PSA ha llevado
a diagnosticar dicha oncopatología a muchos
estadounidenses, con el resultado de interven-
ciones quirúrgicas innecesarias y tratamientos
de radiación, los cuales a menudo provocan im-
potencia o incontinencia urinaria.
Debido al sobrediagnóstico y a los sesgos de-
rivados del origen temporal, las tasas de super-
vivencia en el intervalo de cinco años carecen
de una relación fiable con los cambios en mor-
talidad si las pautas diagnósticas son diferentes.
Aun así, numerosos departamentos oficiales si-
guen hablando de tasas de supervivencia a cin-
co años. Un informe del Instituto Británico de
Estadísticas Nacionales señalaba que la tasa de
supervivencia para el cáncer de colon era del 60
por ciento en EE.UU. frente a un 35 por ciento
en Gran Bretaña. Los expertos calificaron de «in-
aceptable» tal hallazgo; urgieron al Gobierno
que duplicase el gasto en tratamiento del cáncer.
En realidad, la tasa de mortalidad por cáncer
de colon en Gran Bretaña es más o menos la
misma que en EE.UU. En un caso más extraordi-
nario todavía, un anuncio del prestigioso centro
oncológico M. D. Anderson, de la Universidad
de Texas, mezclaba tasas de supervivencia con
tasas de mortalidad: «al tiempo que las tasas de
mortalidad nacional para el cáncer de próstata
fluctuaron entre 1960 y 1990, las tasas de super-
vivencia a cinco años entre los pacientes M. D.
Anderson siguieron mejorando» (las cursivas
son de los autores).
Las tasas de mortalidad constituyen indica-
dores más fiables del valor de los programas de
detección precoz (cribado) que las tasas de su-
pervivencia a cinco años, ya que exageran los
índices de supervivencia debido a la anteriori-
dad en los diagnósticos y también por sobre-
diagnóstico. Así pues ¿debe un varón hacerse
una prueba PSA, o una fumadora someterse a
un escáner TC, por si tuviera cáncer de pulmón?
En ambos exámenes se descubre mayor número
de cánceres en fases tempranas; no obstante, no
se ha demostrado ni en uno ni en otro que se
reduzca la mortalidad.
Entre el público general es habitual suponer
que estos programas de detección temprana
constituyen salvaguardias para su salud, incluso
si una enfermedad es rara. Empero las pruebas
médicas pueden resultar lesivas, lo que significa
que nada hay de «inocuo» en esta estrategia. En
el caso de los numerosos pacientes que son sobre-
diagnosticados (falsos positivos), los tratamientos
solo podrán causarles daños. Una epidemia de
diagnósticos puede resultar tan peligrosa para
nuestra salud como la propia enfermedad.
Resolver problemas
No serían tantos los errores de interpretación de
estadísticas si los investigadores, los médicos y
los medios de comunicación utilizasen cifras fá-
ciles de entender que no indujeran a confusión:
riesgos absolutos en vez de riesgos relativos; fre-
cuencias naturales en lugar de probabilidades
condicionadas, y tasas de mortalidad en lugar
de tasas de supervivencia a cinco años. Junto a
la necesidad de cambiar la manera de informar
sobre estadísticas sanitarias, es necesario educar
a nuestros jóvenes en la ciencia del riesgo.
En general, los programas escolares de ma-
temáticas en EE.UU. se centran en las matemá-
ticas de la certeza —desde la aritmética hasta
el cálculo diferencial— y la instrucción en pro-
¿TUMOR CEREBRAL?
Las imágenes obtenidas por
resonancia magnética (como la
mostrada aquí de un cerebro
sano) pueden servir para diag-
nosticar cáncer cerebral. Com-
pañías y organizaciones ofrecen
tales escáneres con fines pre-
ventivos, ya que, según indican,
pueden descubrir si se sufre un
tumor cerebral. No obstante,
el cáncer cerebral es poco fre-
cuente. De hecho, no existen
pruebas de que tales cribados
resulten beneficiosos.
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BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
A META-ANALYSIS OF THE
EFFECTS OF PRESENTING TREAT-
MENT BENEFITS IN DIFFERENT
FORMATS. Judith Covey en
Medical Decision Making,
vol. 27, n.
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5, págs. 638-654,
septiembre/octubre de 2007.
HOW STUDENTS LEARN STA-
TISTICS REVISITED: A CURRENT
REVIEW OF RESEARCH ON TEA-
CHING AND LEARNING STATIS-
TICS. J. Garfield y D. Ben-Zvi
en International Statistical
Review, vol. 75, n.
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3, págs.
372-396, diciembre de 2007.
KNOW YOUR CHANCES: UN-
DERSTANDING HEALTH STATIS-
TICS. Steven Woloshin, Lisa
M. Schwartz y H. Gilbert
Welch. University of Califor-
nia Press, 2008.
BREAST CANCER MORTALITY
IN NEIGHBOURING EUROPEAN
COUNTRIES WITH DIFFERENT
LEVELS OF SCREENING BUT
SIMILAR ACCESS TO TREATMENT:
TREND ANALYSIS OF WHO MOR-
TALITY DATABASE. P. Autier,
M. Boniol, A. Gavin y L. J. Vat-
ten en Bri tish Medical Journal,
vol. 343: d4411, 2011.
babilidad, por lo que la estadística se imparte
demasiado tarde o, incluso, se omite por com-
pleto. Como proponía H. G. Wells, la estadística
debe enseñarse al inicio del aprendizaje, al igual
que la lectura y la escritura. De hecho, la Comi-
sión Nacional de Enseñanza de las Matemáticas
estadounidense lleva años insistiendo en que
los docentes comiencen con la instrucción en
estadística y probabilidad en la escuela prima-
ria. Si desde pequeños los niños aprendieran
de manera lúdica a enfrentarse a un mundo de
incertidumbres, la incultura colectiva en esta-
dística formaría parte del pasado.
Es preciso, además, que los maestros enfo-
quen la estadística de diferente modo. En lugar
de enseñar a los alumnos a aplicar fórmulas
para resolver problemas «de juguete» con da-
dos y naipes, deberían instruirles a valerse de
los números para abordar las dificultades del
mundo real. Es posible que deba «arrancarse»
la estadística del ámbito de los docentes de
matemáticas y crear un entorno de resolu-
ción de problemas sobre higiene y salud, que
tal vez sirviera para que los jóvenes tomasen
decisiones más acertadas en relación a las dro-
gas, el alcohol, la conducción, la biotecnología
y otras cuestiones importantes relacionadas
con la salud.
Un texto de enseñanza secundaria ofrece un
excelente ejemplo de dicha metodología. Se tra-
ta de un caso real. Una mujer de 26 años, madre
soltera, dio positivo en una prueba rutinaria de
VIH. Perdió su empleo, hubo de trasladarse a
un refugio de acogida con otros residentes VIH
positivos, tuvo relaciones sexuales sin protec-
ción con uno de ellos y acabó manifestando
bronquitis. El médico que la atendió esta vez le
pidió que volviera a hacerse la prueba de VIH.
Dio negativo. Lo mismo ocurrió con el examen
de su muestra sanguínea original cuando se
repitió la prueba. Esa mujer había vivido una
pesadilla porque sus médicos no se percataron
de que un resultado positivo en una prueba no
es algo definitivo. En el caso en cuestión, supo-
nía solo una probabilidad de un 50 por ciento
de hallarse infectada, ya que pertenecía a un
grupo de riesgo muy reducido.
La cultura estadística puede cambiar la vida
de las personas, ayudándoles a tomar decisiones
más acertadas, a reconocer la publicidad o los
mensajes de los servicios públicos engañosos
y, en definitiva, a adoptar una actitud menos
tensa sobre su salud. En el sueño de la cultura
estadística se incardina el ideal de la Ilustración:
la elevación del pueblo desde una inmadurez
autoimpuesta. En palabras de Immanuel Kant:
«¡Atrévete a saber!».
Gerd Gigerenzer es director del Instituto Max Planck de
Desarrollo Humano y del Centro Harding de Conocimien-
to del Riesgo en Berlín. Wolfgang Gaissmaier es inves-
tigador jefe en el Centro Harding. Elke Kurz-Milcke es
psicóloga en el mismo centro. Lisa M. Schwartz y Steven
Woloshin son profesores asociados de medicina comunal
y familiar en el Instituto Darthmouth de Política Sanitaria
y Práctica Clínica.
Sin cribado
Cáncer diagnosticado
por síntomas a los 67 años
Muerte
a los 70 años
Comienzo del cáncer
Supervivencia a los 5 años = 0 %
Cáncer diagnosticado
por cribado a los 60 años
Con cribado preventivo
Muerte
a los 70 años
Comienzo del cáncer
Supervivencia a los 5 años = 100 %
¿VIVIR MÁS?
Las estadísticas de supervivencia dependen del momento en que se realice el diagnóstico, por lo que tales
cifras llevan a engaño. Un diagnóstico de cáncer a los 60 años (arriba) puede inflar de forma impresionante
las tasas de supervivencia a cinco años en comparación con diagnósticos efectuados siete años después
(abajo) sin que haya cambiado la edad de fallecimiento.
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Armonía hormonal
Nuestro cráneo alberga dos hemisferios cerebrales. Si empleamos ambos lados por igual o, por el
contrario, si utilizamos más uno que otro depende, en parte, de nuestras hormonas
MARKUS HAUSMANN Y ULRIKE BAYER
DUO DESIGUAL
Los dos hemisferios cerebrales
parecen prácticamente simétri-
cos, como muestra esta recrea-
ción. Sin embargo, cada uno se
especializa en tareas diferentes.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 71
A
primera vista, el cerebro parece formado
por dos imágenes especulares: como si de
una figura simétrica se tratara. No obstante,
esta primera impresión resulta engañosa. Des-
de hace más de cien años, se sabe que los he-
misferios cerebrales, casi simétricos y tan solo
unidos por el cuerpo calloso, cumplen funcio-
nes muy diversas a pesar de su semejanza. Es
verdad que juntos controlan nuestra conducta;
sin embargo, el lado izquierdo sobresale por sus
«facultades» para el lenguaje, mientras que el
derecho destaca por su percepción del espacio.
Esta propiedad del cerebro, la «asimetría fun-
cional», caracteriza no solo al ser humano, sino
también a otras especies animales.
El grado de lateralización (desigualdad fun-
cional entre un hemisferio y otro) varía según
el sexo: si bien los hombres satisfacen las tareas
lingüísticas y espaciales con el hemisferio espe-
cializado correspondiente, las mujeres parecen
aprovechar por igual ambos hemisferios. Así
pues, el cerebro femenino presenta una orga-
nización con más simetría funcional que el
masculino [véase «Varón o mujer: cuestión de
simetría», por Markus Hausmann; MENTE Y CERE-
BRO, n.
o
7]. Métodos modernos de neuroimagen
como la electroencefalografía (EEG) o la reso-
nancia magnética funcional (RMf) corroboran
dicho fenómeno.
¿Cuál es la causa de las diferencias de sime-
tría? Desde el punto de vista biológico, emergen
en seguida unos claros implicados: las hormo-
nas sexuales. Aun cuando los hombres y las
mujeres disponen, en esencia, de los mismos
mensajeros, sus concentraciones resultan muy
distintas. Los varones poseen valores altos de
las hormonas sexuales masculinas (andróge-
nos), entre las que destaca la testosterona. Las
mujeres, por su parte, poseen asimismo estas
sustancias, pero en cantidades mucho menores.
Las principales hormonas femeninas son el es-
tradiol (un estrógeno) y la progesterona.
Las hormonas sexuales regulan ante todo la
reproducción. Sin embargo, surten múltiples
efectos en el cerebro, al que llegan a través
de la sangre. Estos efectos no se relacionan de
inmediato con la sexualidad. Hoy por hoy, se
acumulan las pistas que indican que las cita-
das diferencias sexuales y la simetría cerebral
obedecen, al menos en parte, a las hormonas.
Para esclarecer la relación entre las hormo-
nas y la organización cerebral, los probandos
masculinos no resultan muy adecuados, ya
que sus niveles hormonales se mantienen, en
conjunto, relativamente constantes a pesar de
las oscilaciones diarias y estacionales. Las muje-
res, en cambio, muestran grandes oscilaciones
en el transcurso del ciclo menstrual: durante
los días de la regla producen solo pequeñas
cantidades de hormonas sexuales femeninas.
Antes de la ovulación, el contenido de estradiol
aumenta de forma notable, mientras que los
valores de progesterona se mantienen bajos.
Solo después de la ovulación, la progesterona
alcanza el máximo, junto con el segundo pico
de estradiol. Al término del ciclo mensual,
las dos hormonas vuelven a disminuir. Tales
oscilaciones naturales han ayudado en los úl-
timos años a investigar las influencias de las
hormonas sexuales en la asimetría funcional
del cerebro.
Durante el ciclo
En nuestros estudios partimos de un ciclo
menstrual regular de 28 días. Sin embargo, la
naturaleza rara vez se atiene a un esquema tan
riguroso: por dicha razón tuvimos que medir
cada vez los valores hormonales de nuestras
voluntarias para determinar con exactitud la
fase del ciclo. Luego pedimos a las mujeres que
resolvieran ciertas tareas lingüísticas y espacia-
les durante su menstruación (cuando los valores
hormonales se reducen) y después de la ovula-
ción (cuando se elevan).
RESUMEN
Asimetría flexible
1
Los dos hemisferios
cerebrales se hallan
especializados en tareas
diferentes: mientras que
el izquierdo domina en el
procesamiento del len-
guaje, el derecho contro-
la las tareas espaciales
y geométricas.
2
Las hormonas sexua-
les modifican el gra-
do de división de trabajo:
el cerebro femenino
muestra una organización
asimétrica, parecida a la
de los hombres, cuando
los valores hormonales
se reducen (durante la
menstruación). Tras la
ovulación, momento en
el que se elevan las hor-
monas, los dos hemisfe-
rios colaboran con mayor
fuerza.
3
Tras la menopausia
se realza la asimetría
funcional del encéfalo. La
administración de hormo-
nas por vía extrínseca, en
cambio, la reduce.
72 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
Para comprobar la asimetría funcional del ce-
rebro aplicamos el método de la estimulación
del hemicampo visual. En una pantalla de orde-
nador presentamos diversos estímulos (palabras
o figuras geométricas) que durante un breve pe-
ríodo se situaban en el campo visual derecho
o en el izquierdo y que, en consecuencia, eran
procesados por solo uno de los hemisferios. Las
mujeres debían comparar, con la mayor rapidez
posible, el estímulo correspondiente con una de
las palabras o patrones presentados en el centro
de la pantalla.
Como cabía esperar, durante los días con
niveles hormonales inferiores las mujeres
mostraron una asimetría cerebral típicamente
masculina. Durante el pico hormonal, después
de la ovulación, los dos hemisferios cerebra-
les se mostraron igual de activos. En suma, la
simetría cerebral parece depender sobre todo
de la progesterona: cuanto más elevada es la
concentración de este mensajero, con mayor
simetría trabaja el cerebro o, expresado de otra
manera, más femenino parece.
¿Pueden las hormonas influir de manera di-
recta en la simetría de las funciones cerebrales?
Tal como opera nuestro encéfalo, ello depende-
ría de la comunicación entre ambos hemisferios,
fenómeno que, en esencia, ocurre por medio del
cuerpo calloso. Provisto al menos de 200 millo-
nes de fibras nerviosas, transmite las señales
excitadoras e inhibidoras en ambas direcciones.
Sin duda, la inhibición recíproca determina la
magnitud de la asimetría cerebral. Si se ofrecen
al cerebro estímulos lingüísticos, el hemisferio
izquierdo toma el mando reprimiendo la activi-
dad del derecho. Cuando se muestran estímulos
espaciales (figuras geométricas o, incluso, ros-
tros), ocurre lo contrario: el hemisferio derecho
trabaja más; al mismo tiempo, suprime el lado
izquierdo.
Supresión temporal
Suponemos que las hormonas sexuales feme-
ninas reducen, por su parte, estos procesos
inhibitorios para que los dos hemisferios ac-
túen casi «en pie de igualdad», de manera que
el cerebro trabaje con mayor simetría. Sin em-
bargo, los experimentos con la técnica del he-
micampo visual solo aportan datos indirectos
El primer día de la regla da comienzo al ciclo menstrual de la mujer. Durante
la menstruación (1), que suele durar entre cuatro y cinco días, las concentra-
ciones de las hormonas sexuales son bajas. En la fase folicular siguiente (2)
madura un ovocito junto con el tejido que lo nutre y lo rodea (las células
foliculares), las cuales a su vez liberan la hormona estradiol (E). Con ello, la
mucosa del útero aumenta de espesor; la concentración de estradiol se eleva
al máximo a los 14 días, poco antes de la ovulación. Entonces se desgarra el
folículo y sale el ovocito (3). Durante la ovulación, la hormona luteinizante
(LH) estimula la transformación del tejido folicular residual en el cuerpo
lúteo que, a su vez, segrega progesterona (P) en la fase lútea. Unos siete
u ocho días después de la ovulación, la concentración de estradiol, junto
con la de progesterona, alcanza un segundo pico (4). Si el ovocito no es
fecundado, el cuerpo lúteo degenera en la fase premenstrual y las concen-
traciones hormonales vuelven a disminuir (5). En ese momento también se
desprende la mucosa del útero y, con la hemorragia consiguiente, se inicia
un nuevo ciclo. El ciclo dura unos 28 días por término medio, aunque esta
cifra varía de una mujer a otra.
Oscilaciones hormonales durante el ciclo menstrual
1 5 14
1
2
3
4
5
24 28
Menstruación
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Fase folicular
Ciclo menstrual (Días)
Ovulación Fase lútea Fase premenstrual
CONECTADOS
Los hemisferios cerebrales de-
recho e izquierdo se comunican
a través de haces de fibras
nerviosas o comisuras. El cuerpo
calloso constituye la conexión
más poderosa.
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Cuerpo calloso
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del efecto de las hormonas en la comunicación
neuronal. Para saber qué ocurre en realidad
dentro del encéfalo, llevamos a cabo, junto
con Susanne Weis y sus colaboradores, de la
Escuela Técnica Superior de Renania-Westfa-
lia de Aquisgrán, un análisis de conectividad
funcional mediante RMf: mientras nuestras
voluntarias se enfrentaban otra vez a tareas
lingüísticas y espaciales, el escáner cerebral
representaba las actividades en las regiones
examinadas de cada hemisferio.
Se observó que las regiones del lóbulo frontal
del hemisferio izquierdo dominante (responsa-
ble del lenguaje) inhibían, en efecto, las regio-
nes correspondientes del hemisferio derecho,
aunque solo durante la menstruación, fase en
la que el cerebro de las mujeres trabaja de forma
más bien asimétrica, es decir, «masculina». Unos
días antes de la ovulación, cuando los valores de
estradiol se hallan aumentados, esta inhibición
disminuye con claridad: las voluntarias mani-
festaron en ese momento una organización ce-
rebral típicamente femenina y simétrica. Tales
datos confirman nuestra suposición de que las
hormonas sexuales modifican la comunicación
entre los dos hemisferios y, con ello, el grado de
asimetría del encéfalo.
Buena colaboración
A pesar de esa inhibición recíproca, los lados
derecho e izquierdo de nuestro órgano pen-
sante no se oponen, al contrario, pueden y de-
ben colaborar. Al fin y al cabo, el hemisferio
dominante alcanza en seguida el límite de su
capacidad ante problemas difíciles. Si ambos
hemisferios comparten el trabajo e intercam-
bian la información a través del cuerpo calloso,
el cerebro puede encontrar una solución rápida
y eficiente, incluso en condiciones de máxima
exigencia.
Para determinar la magnitud de integra-
ción interhemisférica, en 2008 mostramos de
La estimulación del hemicampo visual permite analizar la
asimetría funcional del cerebro de personas sanas. Los pro-
bandos fijan el punto medio de la pantalla del ordenador
donde aparece, primero en el centro, una palabra o una fi-
gura geométrica (izquierda). Tras una breve pausa, surge un
nuevo estímulo que se percibe o bien en el hemicampo visual
derecho, o bien en el izquierdo. Como las vías visuales del
cerebro se cruzan, el estímulo es procesado en un inicio solo
por el hemisferio contrario al lado de la presentación (dere-
cha). El probando debe decidir cuanto antes si el objeto que
percibe es igual (I) o distinto (D) del que se le ha presentado
con anterioridad.
De manera característica, las palabras se reconocen con
mayor rapidez si emergen en el hemicampo visual derecho,
de forma que alcanzan directamente el hemisferio izquierdo;
ante patrones espaciales, sucede lo contrario.
Visión unilateral
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Azar
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nuevo a nuestras probandos diversos objetos
que debían comparar con un estímulo central.
Esta vez, la clave era la siguiente: las mujeres solo
veían imágenes parciales en los hemicampos
izquierdo y derecho de su visión. Así pues, los
dos hemisferios debían comunicarse para deci-
dir de inmediato si los objetos coincidían. Una
vez más confirmamos las oscilaciones del ciclo
menstrual: después de la ovulación (cuando
los valores hormonales se encuentran altos),
los dos hemisferios cooperaban de manera
intensiva.
No obstante, estos experimentos no consti-
tuyen una prueba directa de que las hormonas
desencadenen dichas variaciones dinámicas en
la organización funcional del cerebro. En última
instancia, el ciclo menstrual se asocia a multi-
tud de cambios fisiológicos y psíquicos. Por tal
motivo, ampliamos el círculo de participantes:
incluimos mujeres que ya no tenían la regla.
Algunas de ellas tomaban estrógenos y gestáge-
nos con el fin de prevenir síntomas adversos (so-
focos de calor, alteraciones del sueño o pérdidas
óseas), los cuales pueden acompañar al retroceso
paulatino en las concentraciones de estradiol
y progesterona. Dicho tratamiento sustitutivo
hormonal, debatido por sus efectos secunda-
rios, ofrece a los científicos la oportunidad de
explorar el efecto de sustancias administradas
por vía externa.
Nuestros resultados, publicados en 2009, reve-
lan que, después de la menopausia, las mujeres
resuelven las tareas lingüísticas o espaciales
sobre todo con uno de sus dos hemisferios, del
mismo modo que las mujeres durante la mens-
truación o los hombres, siempre y cuando no
reciban ninguna preparación hormonal. Este
patrón no varía si las pruebas de las mujeres
mayores se repiten al cabo de dos a tres sema-
nas, sin duda, por la estabilidad de sus valores
hormonales.
No es mejor, sino distinto
Dicha asimetría desapareció casi por completo
entre las voluntarias a quienes se había prescrito
un tratamiento hormonal sustitutivo: su cere-
bro manifestaba una organización casi simétrica,
como la de las mujeres más jóvenes durante las
fases del ciclo con abundancia hormonal. El efec-
to llamó la atención sobre todo entre las mujeres
INHIBICIÓN MENSUAL
Las regiones del lóbulo frontal
izquierdo se estimulan al proce-
sar el lenguaje (rojo). Al mismo
tiempo, las regiones corres-
pondientes del lado derecho se
inhiben (amarillo). Mientras que
el cerebro masculino presenta
siempre esta simetría cerebral,
en las mujeres aparece solo
durante la menstruación.
Al debatir las diferencias psíquicas entre los sexos y la preferencia por los
hemisferios izquierdo y derecho, surgen numerosos mitos y malentendi-
dos. Los experimentos neuropsicológicos revelan un reparto hemisférico a
menudo desigual de la actividad cerebral (lateralización): el lóbulo frontal
derecho participa con mayor intensidad de las reacciones emocionales que
el izquierdo, y el lóbulo parietal derecho se activa sobre todo al procesar
las cifras y la información espacial. En cambio, en el hemisferio izquierdo
se encuentran los centros neuronales del lenguaje.
Sin embargo, la medición de la actividad cerebral con técnicas de imagen
detecta solo la punta del iceberg: revela aquellas regiones cerebrales con
mayor actividad en una tarea concreta. Ello no significa que el resto del ce-
rebro permanezca en silencio. Los hemisferios derecho e izquierdo trabajan,
en general, mano a mano y se complementan entre sí. Por tanto, hablar de
un hemisferio derecho «unívocamente emocional» en contraposición con un
lado izquierdo «lógico-analítico» sobrepasa la realidad.
Lo mismo cabe decir de las referencias sexuales en el plano psíquico. Desde
el punto de vista estadístico, los hombres resuelven mejor los problemas
espaciales y de construcción que las mujeres, las cuales, por su parte, desta-
can en las pruebas lingüísticas. De todas maneras, dichas diferencias son
mínimas en la práctica, ya que dos personas del mismo sexo, seleccionadas
al azar, se diferencian mucho más entre sí que si se compara una estadística
entre hombres y mujeres. En segundo lugar, tales diferencias no revelan nin-
guna información sobre una persona concreta. La «malicia» de la estadística
reside en que generalizamos con demasiada precipitación los resultados.
Mitos sobre el cerebro
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que tomaban estrógenos. En otros estudios se se-
ñaló que el tratamiento modificaba, en particu-
lar, el rendimiento del hemisferio derecho. No
obstante, las hormonas apenas modificaban la
comunicación entre los hemisferios, a diferencia
de nuestros hallazgos en mujeres más jóvenes,
con el paso de los años.
Durante la década de los noventa del siglo XX,
los neurocientíficos observaron que, con el en-
vejecimiento, algunas áreas de los lóbulos parie-
tal y occipital derecho, que procesan sobre todo
estímulos visuales, perdían facultades. En com-
pensación, el cerebro elabora estrategias para
intercambiar en mayor medida información a
través del cuerpo calloso cuando aparecen los
primeros problemas cognitivos y nivelar así
los hemisferios. De esta manera pueden com-
pensarse bastante bien los déficits cognitivos
causados por el envejecimiento.
¿Qué repercusión presentan los cambios
hormonales del cerebro en la vida cotidiana?
¿Brinda alguna ventaja una organización más
o menos simétrica del cerebro? Tales preguntas
no cuentan con una respuesta única, ya que las
dos formas de disposición ofrecen ventajas: el
cerebro con organización asimétrica permite
una estrecha colaboración entre las regiones
cerebrales vecinas. En tal caso se puede inter-
cambiar información a través de vías cortas, de
modo que el cerebro procesa con mayor rapi-
dez que si el reparto fuera más simétrico. Por
otro lado, un encéfalo simétrico funcionaría, en
principio, sin ningún problema, ya que los dos
hemisferios contribuirían a resolver cualquier
conflicto y compensarían, en parte, las posibles
carencias del otro. En otras palabras, la asimetría
aporta más velocidad; la simetría, menos riesgo
de error. La estrategia más idónea dependerá de
la situación concreta.
Cabe recordar también que las pruebas que
aplicamos no consisten en tareas cotidianas ca-
racterísticas (tales como conducir un vehículo,
comprar o escribir cartas). Por ello, los resultados
no deben generalizarse sin más. Nadie puede
afirmar de manera genérica que el cerebro «fe-
menino» puede solucionar mejor o peor deter-
minados problemas en función de los niveles
hormonales. Empero una cosa es cierta: las hor-
monas modifican la forma en que se acometen
estas tareas.
Markus Hausmann es biopsicólogo docente e investiga
en la Universidad de Durham. Ulrike Bayer es biopsi-
cóloga docente y colaboradora del grupo de trabajo de
Hausmann.
BIBLIOGRAFÍA
COMPLEMENTARIA
HORMONES AND BEHAVIOUR:
A PSYCHOLOGICAL APPROACH.
M. Hausmann en American
Journal of Human Biology,
vol. 21, págs. 228-229,
2009.
SEX HORMONAL EFFECTS ON
HEMISPHERIC ASYMMETRY
AND INTERHEMISPHERIC IN-
TERACTION. M. Hausmman,
U. Bayer en The two halves
of the brain: Information
processing in the cerebral
hemispheres, por K. Hug-
dahl y R. Westerhausen.
Cambridge, MA, MIT Press,
págs. 287-312, 2010.
ciencia
blog
reflexión
opinión
a
diálogo
blo
educación
historia
pp
filosofía
investigación
Ciencia en primera persona
www.investigacionyciencia.es/blogs
universidad
cuestionar
ética
experimento
dd
ti ió
2 0
comunicación
o
conocimiento
SciLogs
LUIS CARDONA PASCUAL
Ciencia marina
JULIO RODRÍGUEZ LÓPEZ
La bitácora del Beagle
YVONNE BUCHHOLZ
Psicología y neurociencia al día
JUAN GARCÍA-BELLIDO CAPDEVILA
Cosmología de precisión
ÁNGEL GARCIMARTÍN MONTERO
Física y sociedad
Y MÁS...
JOSÉ MARÍA VALDERAS
De la sinapsis a la conciencia
CRISTINA MANUEL HIDALGO
Física exótica
CLAUDI MANS TEIXIDÓ
Ciencia de la vida cotidiana
76 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
Este tipo de conexiones son frecuentes en
animales inferiores (como los cangrejos) y
coordinan, por ejemplo, los movimientos
en las reacciones de huida. No obstante,
otro tipo de sinapsis, las químicas, son las
que han ido cobrando mayor importancia
en el transcurso de la evolución. En una
persona adulta, su número supera con
creces el de las eléctricas.
La mayor ventaja de la sinapsis química
reside en que proporciona una gran fle-
xibilidad: casi todos los pasos que con-
tribuyen a transmitir la señal pueden
regularse de forma independiente. De
esa manera, la transmisión por sinapsis
química se ajusta con precisión a la ne-
cesidad del momento. Tal capacidad de
adaptación del sistema nervioso (plastici-
dad sináptica) constituye la base de cada
una de las funciones cerebrales superio-
res, desde la localización de los sonidos
hasta el pensamiento.
Los componentes emisores (presináp-
ticos) y receptores (postsinápticos) de
las sinapsis químicas contribuyen a los
cambios de plasticidad. Los postsinápti-
cos justifican casi todas las adaptaciones
duraderas de la función transmisora, en-
tre las que destaca la modulación de los
receptores de mensajeros determinados.
El estado modificado se mantiene du-
rante varias horas incluso en muestras
de tejido cultivadas en el laboratorio; en
el cerebro intacto persiste a veces durante
toda la vida.
Modulación neuronal depurada
Los mecanismos presinápticos de la plas-
ticidad (la liberación masiva del neuro-
SYLLABUS
L
as células nerviosas transmiten la
información en forma de impulsos
eléctricos: los potenciales de acción. Para
comunicar dichas señales a otras neuro-
nas recurren a las «sinapsis» (del griego
syn, «junto», y haptein, «asir», «agarrar»),
término que el fisiólogo y premio Nobel
británico Charles S. Sherrington (1857-
1952) destinó a la unión intercelular es-
pecializada entre neuronas.
Por lo general, las sinapsis se establecen
entre la terminación del axón (la prolon-
gación más larga) de la célula nerviosa
emisora y el soma celular, una dendrita
o una espina (una pequeña prolongación
de las dendritas) de la neurona receptora.
La transmisión de las señales en la sinap-
sis no suele entablarse por un contacto
eléctrico directo, como ocurre con un en-
chufe. Al contrario, la neurona emisora y
la receptora se hallan separadas por una
pequeña ranura. A causa de ello, el poten-
cial de acción de la neurona debe transfor-
marse, de manera transitoria, en una se-
ñal química: cuando ocurre la activación
eléctrica, la célula emisora libera neuro-
transmisores que alcanzan la receptora a
través de la hendidura sináptica. Los men-
sajeros se unen allí a proteínas receptoras,
fenómeno que desencadena una reacción
en cascada dentro de la célula receptora.
Por último, se genera de nuevo una señal
eléctrica en dicha neurona.
Pero ¿por qué resulta tan complejo el
proceso? En cierto modo, la interacción
entre las señales eléctricas y químicas
consume un tiempo precioso que, en
situaciones críticas (como la huida ante
un peligro), puede significar la vida o la
muerte del individuo. Asimismo, cabría
pensar que la complejidad de los procesos
celulares y bioquímicos que suceden en la
transmisión de señales debería favorecer
posibles errores.
Tales recelos los despeja, en parte, la pro-
pia realidad: existen sinapsis puramente
eléctricas [véase «Sinapsis eléctrica», por
Rolf Dermietzel; MENTE Y CEREBRO, n.
o
21].
Dichas sinapsis pueden transmitir con ex-
trema rapidez la señal; se localizan sobre
todo donde se precisa sincronizar la acti-
vidad de grupos numerosos de neuronas.
LAS SINAPSIS AL DETALLE
Alrededor de 100.000 millones de neuronas en el cerebro humano se comunican entre sí
gracias a unos 100 billones de interconexiones o sinapsis. La biología celular revela cómo
sucede dicha transmisión de señales y qué ocurre si se altera la comunicación
NILS BROSE Y LUDWIG KOLB
RESUMEN
Comunicación química
1
Los contactos sinápticos entre las
neuronas garantizan la transmi-
sión y el procesamiento eficientes de
la información en el sistema nervioso
humano.
2
En una sinapsis, el impulso eléctri-
co permite la liberación de vesí-
culas de mensajeros. Las moléculas al-
canzan, a través del espacio sináptico,
su destino y se unen a los receptores.
En la neurona receptora se desenca-
dena una nueva señal eléctrica.
3
Las alteraciones de las proteínas
involucradas en la liberación de
los transmisores se asocian a diversas
enfermedades, como la esquizofrenia,
la depresión o el trastorno de déficit
de atención con hiperactividad.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 77
transmisor) duran, en cambio, solo unos
cientos de milisegundos; pocas veces
van más allá de un par de minutos. Tales
mecanismos ayudan a las personas a lo-
calizar una fuente sonora o a adaptarse
a estímulos sensoriales muy intensos o
muy débiles. La memoria operativa (que
permite al lector que siga recordando el
principio de esta frase cuando termine de
leerla) contribuye, asimismo, a la plastici-
dad. Localizar de inmediato un automóvil
que bocina, no perder la perspectiva ge-
neral cuando se zapea con el mando del
televisor o esquivar una bola de nieve que
se acerca amenazante resultarían conse-
cuciones imposibles sin la plasticidad pre-
sináptica a corto plazo.
Desde hace tan solo unos pocos años,
los científicos han logrado comprender los
complejísimos procesos celulares y mo-
leculares en las sinapsis. Vayamos a ello: el
elemento emisor de una sinapsis cerebral
típica contiene varios cientos de vesículas,
es decir, pequeñas bolsas rodeadas de una
membrana en cuyo interior se encuentran
moléculas neurotransmisoras. Esas vesí-
culas sinápticas se hallan sometidas a un
complicado ciclo de reacciones de fusión
y disociación, en cuyo transcurso liberan
las moléculas transmisoras al espacio si-
náptico.
Ciertas proteínas transportadoras lle-
nan las vesículas sinápticas de mensajeros.
Tras ello, las vesículas emigran a la «zona
activa» (el espacio sináptico) de la célula
nerviosa, donde experimentan un proceso
de maduración (saturación o priming). En
ese momento, la vesícula es capaz, al lle-
garle la señal eléctrica, de evacuar su con-
tenido a la hendidura sináptica. Para ello
se fusiona con la membrana celular. Los
elementos fusionados de la membrana se
dirigen entonces, mediante «endocitosis»,
al interior de la célula, donde permanecen
disponibles para la creación de nuevas ve-
sículas sinápticas.
El ciclo complejo de fusión de las vesí-
culas y la endocitosis transcurre con rela-
tiva lentitud: pueden pasar varios minu-
tos hasta que una vesícula se recicla, es
decir, se halla disponible para un nuevo
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El cerebro al detalle
Axón
Soma
Sintaxina-1 SNAP-25
Presinapsis
Vesícula
Munc13
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CAPS
Munc13
Munc18-1
CAPS
Complexina
Complexina
Complexina
Ca
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(calcio)

Sinaptobrevina-2
Sinaptotagmina-1
Postsinapsis
Dendrita
Neurona emisora
Vesícula
Complexina
Calcio
Receptor
Hendidura
sináptica
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Neuronas y sinapsis
Las células nerviosas de
esta sección de la corteza
cerebral se han teñido
con un método ideado
por el médico y premio
Nobel italiano Camilo
Golgi (1843-1926).
A lo largo de las dendri-
tas de una neurona exis-
ten numerosas sinapsis
que, en este caso, se han
visualizado con ayuda de
un anticuerpo fluores-
cente. Las dendritas que
parten del cuerpo celular
(iluminado) se tiñen de
forma débil. La sinapsis
en las dendritas se ven
como puntos de gran
luminosidad.
El microscopio electróni-
co muestra las propieda-
des características de la
sinapsis: en el componen-
te presináptico emisor se
ven numerosas vesículas
sinápticas (parte superior
de la imagen). Una hen-
didura separa al emisor
del componente postsi-
náptico.
El cerebro humano se compo-
ne de unos 100.000 millones
de células nerviosas (a) cuyos
somas (cuerpos celulares), con
un tamaño de 30 a 80 micró-
metros, se asocian a través
de las prolongaciones que
reciben y emiten, es decir, las
dendritas y los axones (b). En
las sinapsis, zonas de contacto
con un tamaño de centenares
de nanómetros, se produce
la transmisión de las informa-
ciones de una neurona a otra.
Cuando la señal eléctrica al-
canza la presinapsis, se activa
la liberación de mensajeros o
neurotransmisores, los cuales
alcanzan la postsinapsis a tra-
vés de la hendidura sináptica
y desencadenan allí una nueva
señal eléctrica. Para liberar los
neurotransmisores, las vesícu-
las sinápticas se fusionan con
la membrana celular (c). Di-
chas vesículas, con un tamaño
aproximado de 40 nanóme-
tros, contienen las moléculas
transmisoras y, después de
fusionarse con la membrana
celular, liberan su contenido
al espacio sináptico. A conti-
nuación, la célula recobra las
vesículas a través de la endoci-
tosis. La fusión de las vesículas
sinápticas con la membrana
celular se encuentra regula-
da por las proteínas SNARE:
sinaptobrevina 2, sintaxina 1
y SNAP-25 (d). Numerosas
proteínas reguladoras, como
Munc13, Munc18-1, CAPS y
complexina regulan su función
y permiten, de esta manera,
una liberación eficaz y flexible
de los transmisores.
CORTESÍA DE HIROSHI KAWABE Y MICHIKO TAKEDA, INSTITUTO MAX PLANCK DE MEDICINA
EXPERIMENTAL, GOTINGA
CORTESÍA DE THOMAS DRESBACH, UNIVERSIDAD RUPRECHT-KARLS, HEIDELBERG
CORTESÍA DE FRÉDÉRIQUE VAROQUEAUX, INSTITUTO MAX PLANCK DE MEDICINA EXPERIMENTAL,
GOTINGA
80 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
uso. Sin embargo, como algunas sinapsis
consumen centenares de vesículas sináp-
ticas por segundo, es necesario disponer
en todo momento de multitud de vesí-
culas maduras, llenas de transmisores, y
acelerar el proceso de saturación cuando
se produce una descarga muy potente o
duradera. Con ello, las sinapsis pueden
operar de manera fiable e, incluso, con
una fuerte sobrecarga. Solo cuando la ac-
tividad aumenta hasta el punto de que la
velocidad de fusión de las vesículas supera
la de su saturación, se agota la reserva de
vesículas y falla, finalmente, la sinapsis.
Fusión laboriosa
Un aparato complejo de proteínas, cuya
composición y funcionamiento se han
descifrado en los últimos veinte años,
controla la preparación de las vesículas si-
nápticas y su fusión con la membrana ce-
lular. Existen tres proteínas responsables
de la reacción de fusión, de las cuales una,
la sinaptobrevina-2, se encuentra ancla-
da a la superficie de la vesícula, mientras
que las otras dos, la sintaxina-1 y SNAP-25,
se hallan en la membrana celular. El bio-
químico Reinhard Jahn, del Instituto Max
Planck de Química Biofísica de Gotinga,
demostró en 1998 que esas tres proteínas
se asociaban en una estructura estable,
parecida a una cremallera, durante la pre-
paración de la vesícula; una estructura
que se conoce como complejo SNARE. El
proceso aporta la energía necesaria para la
fusión entre las membranas de la vesícu-
la y de la célula. Sin embargo, las reaccio-
nes de fusión mediadas por los complejos
SNARE resultan demasiado lentas para
una actividad eficiente de la sinapsis, por
lo que otras proteínas aceleran el proceso
en caso de necesidad.
Nuestras investigaciones, así como
las de otros científicos, han revelado
que, al principio, tres proteínas gobier-
nan la formación del complejo SNARE:
Munc18-1, Munc13 y CAPS. En un paso
posterior se une otra proteína, la com-
plexina, al complejo formado parcial-
mente y lo prepara para la fusión. Esta
ocurre a través de la activación eléctrica
de la presinapsis y de la posterior entra-
da de iones de calcio.
El biólogo molecular Thomas Südhof,
de la Universidad de Stanford, descubrió
hace poco que la «proteína sensora» si-
naptotagmina-1 cumple una función
capital para la fusión. Se une al mismo
tiempo a los iones de calcio, a la membra-
na de la vesícula, a la membrana celular
y al complejo SNARE, con lo que facilita,
en última instancia, la fusión entre las
membranas vesicular y celular. De todas
maneras, la capacidad de adaptación y la
efectividad de dicho proceso dependen
de una interacción exacta entre multi-
tud de proteínas diferentes. Si ocurre una
alteración, bien por mutación de un gen
fundamental para la liberación de trans-
misores, bien por otro motivo, las conse-
cuencias suelen resultar catastróficas.
Cada vez más estudios demuestran la
relación que existe entre las alteraciones
genéricas de las proteínas presinápticas
y algunas enfermedades humanas. Las
variaciones del gen SNARE-25 determi-
nan ciertas variantes del trastorno por
déficit de atención con hiperactividad
(TDAH). Es probable que tales variantes
génicas disminuyan la producción de
SNARE-25 en las neuronas. Al ser dicha
proteína necesaria para la fusión de las
vesículas sinápticas, su pérdida impide la
transmisión de las señales en los puntos
de contacto. No obstante, todavía se des-
conoce cuáles son las regiones cerebrales
más afectadas.
El bloqueo parcial de la función de la
complexina parece contribuir a diversas
enfermedades neuropsiquiátricas. Ha-
ce más de diez años, el psiquiatra Paul
Harrison, de la Universidad de Oxford,
descubrió que los pacientes esquizofré-
nicos poseían muy poca complexina en
el cerebro.
Entre tanto, numerosos neurólogos y
psiquiatras piensan que no solo algunas
formas de esquizofrenia, sino también
ciertos síntomas de la enfermedad de
Huntington, depresiones o trastornos bi-
polares se deben a una carencia de com-
plexina. En nuestras investigaciones con
ratones que presentan mutaciones de los
genes de complexina hemos observado
que el descenso en la producción de esta
proteína en las neuronas altera por distin-
tas vías la liberación de transmisores en la
sinapsis. Según la región cerebral afectada
por la pérdida de complexina, aparecen
diferentes trastornos.
Nils Brose es bioquímico y director del departa-
mento de neurología molecular del Instituto Max
Planck de Medicina Experimental de Gotinga.
Ludwig Kolb es colaborador del Instituto y autor
de las infografías.
Atención: veneno
Existen algunas sustancias tóxicas que
llegan hasta las proteínas que intervie-
nen en la fusión de las vesículas, con lo
que bloquean la liberación de neuro-
transmisores. Así, por ejemplo, la toxina
que se genera durante el tétanos o la
toxina botulínica (Botox), presente en la
carne putrefacta, impiden que se forme
el complejo SNARE.
Gran parte de nuestros conocimientos
sobre los mecanismos postsinápticos
moleculares se deben al neurocientífico
Eric Kandel, quien obtuvo el premio
Nobel de Medicina en el año 2000 por
sus descubrimientos.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
SNARES. ENGINES FOR MEMBRANE FU-
SION. R. Jahn y R. H. Scheller en Nature
Reviews Molecular Cell Biology, vol. 7,
págs. 631-643, 2006.
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S. M. Wojcik y N. Brose en Neuron,
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SNARE AND SM PROTEINS. T. C. Südhof
y J. E. Rothman en Science, vol. 323,
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EXOCYTOSIS AT THE HAIR CELL RI B-
BON SYNAPSE APPARENTLY OPERATES
WITHOUT NEURONAL SNARE PROTEI NS.
R. Nouvian et al. en Nature Neuros-
cience, vol. 14, págs. 411-433, 2011.
Más información en www.investigacionyciencia.es
Mente y cerebro 49/2011
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y las nuevas tecnologías
El aburrimiento
La depresión refractaria
Perfiles criminales
Filosofía y psicología
de la realidad
Y más...
Mente y cerebro 38/2009
Neuroeconomía
Psiquiatría de la esquizofrenia
Mutismo selectivo
Empatía animal
Raices de la legastenia
Suicidios hereditarios
Y más...
Muntaner, 339, pral., 1ª - 08021, Barcelona
Tel. 93 414 33 44 - Fax 93 414 54 13
Otros
títulos de MENTE
y
CEREBRO
82 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
U
na mañana gris de noviembre, du-
rante mis prácticas como patólogo,
me encontraba solo en el mortuorio del
hospital universitario, entre el leve zum-
bido de los fluorescentes y el monótono
goteo de un grifo. Una mujer, fallecida
poco antes, yacía sobre la mesa metálica;
de tersa y amarillenta piel, todavía lucía
los pendientes, la alianza y el maquillaje.
De su cuerpo sobresalían tubos de plásti-
co y vías intravenosas, agonías postreras
de la intervención médica.
Con una mezcla de sentimientos de
temor y emoción, me preparé para llevar
a cabo el rito ancestral de la autopsia. De
estudiante había visto enfermos moribun-
dos, pero no me había vuelto a encontrar
a solas ante un fallecido desde que hube
de disecar un cadáver en mi primer curso
en la facultad de medicina. La adrenalina
intensificaba las respuestas fisiológicas de
mi organismo. Adquirí conciencia de mi
respiración, del crujido de mi máscara
quirúrgica al exhalar, del sordo bombeo
del corazón, de la aceleración de su ritmo.
Aunque el cuerpo yacente ante mí era
ahora tan inerte e insensible como cual-
quier otro objeto inanimado de la sala, me
parecía sentir la vida que esa mujer habría
vivido: joven casada, hija, quizás hermana
o madre, ahora llorada tras su larga bata-
lla contra la enfermedad. Me esforcé en
superar la innata aversión a la muerte,
aceptar su carácter definitivo y separar a
la persona de sus restos mortales.
Me concentré en la tarea y efectué el
examen externo habitual, equivalente en
patología del examen físico tradicional
que podría realizar un médico de familia,
un internista o un cirujano. Mientras me
disponía a desarrollar la incisión inicial,
observé un bulto del tamaño de una uva
cerca de la axila. Afirmé la mano y opri-
mí la cuchilla contra la piel, perforando
la epidermis y el tejido blando profundo
hasta que el escalpelo tocó el hueso. La
piel conservaba todavía la elasticidad
suficiente para retraerse tras el bisturí;
rápidamente llevé a cabo la serie de cor-
tes necesarios para crear una incisión en
forma de Y en el pecho y en el abdomen.
Examiné los tejidos de la pared torácica;
estos revelaban una masa carnosa de teji-
do blanco desorganizado que se extendía
desde la mama, penetraba en el músculo
esquelético subyacente y se aferraba a las
costillas como una férula implacable.
Era la naturaleza del cáncer, cuyo nom-
bre aclara a la perfección la etimología,
pues procede de karcinos, «cangrejo». El
término fue acuñado por Hipócrates, el
más famoso de los médicos griegos, en
relación a la tendencia de los tumores
malignos infiltrantes a desarrollar espí-
culas radiales, como las patas y pinzas de
un cangrejo. La palabra autopsia, término
griego que significaba «ver por uno mis-
mo», expresaba lo que yo experimentaba
en ese momento, pues ampliaba mi cono-
cimiento de los tumores malignos al ob-
servar con mis propios ojos una destreza
que habría de cultivar durante el resto de
mi carrera de patólogo. La visión de tan
personal, flagrante y avanzada muestra
de dicho mal en una mujer que tendría mi
edad impartía una lección de humildad.
Sentí el honor de ser el único en poner
ojos y manos en la sustancia de la enfer-
medad que había llevado a la paciente a
la muerte. Me sentí, asimismo, conecta-
do con aquellos médicos que, tantos años
atrás, decidieron dar el paso desde la ob-
servación del exterior para ver lo ocurri-
do en el interior. Tal descubrimiento es
la más pura forma de medicina, ya que
permite vincular una situación clínica con
las manifestaciones físicas que se obser-
van. Aunque las características macro y
microscópicas del cáncer y de otras do-
lencias han presentado aspectos similares
en los humanos a lo largo del tiempo, los
medios que permiten descubrir e inter-
pretar sus causas han cambiado de forma
impresionante.
Una prognosis incierta
La autopsia ha sido y continúa siendo el
«patrón oro» para lograr una evaluación
inequívoca de las enfermedades y trau-
mas que afectan a individuos y poblacio-
nes. A pesar de ello, está perdiendo con
rapidez su papel de procedimiento mé-
dico fundamental. En vista de las ubicuas
presentaciones de autopsias en las series
policíacas de televisión, podría pensarse
RETROSPECTIVA
EL ARTE DE LA AUTOPSIA
Pasado, presente y futuro de una técnica médica fundamental
DARIN L. WOLFE
RESUMEN
Una práctica en declive
1
La autopsia ha sido y continúa
siendo el «patrón oro» para la
evaluación inequívoca de enferme-
dades y traumas. Sin embargo, su
práctica va en receso.
2
André Vesalio, anatomista del
siglo XVI, abrió el camino a la
autopsia, pero también al tráfico
de cadáveres.
3
En la actualidad, la autopsia
virtual, o «virtopsia», se sirve
de técnicas muy avanzadas de for-
mación de imágenes para obtener
datos autópsicos detallados. Los
patólogos, no obstante, siguen utili-
zando las técnicas antiguas.
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 83
que los mortuorios rebosan de casos pen-
dientes. Pero la realidad es otra: mientras
que el número de asesinatos, suicidios y
accidentes mantiene ocupadas las oficinas
de jueces de primera instancia y las con-
sultas de los médicos forenses, la patolo-
gía hospitalaria ha sufrido un tremendo
declive a lo largo del último medio siglo.
La tasa de autopsias en la primera mitad
del siglo XX se mantuvo constante, por
encima del 50 por ciento, empero desde
los años cincuenta, la tasa de autopsias
correspondiente a los fallecimientos en
hospital se ha desplomado hasta una cifra
que ronda en torno al 6 por ciento, a pesar
de que los hallazgos en la autopsia revelan
chocantes tasas de error en los diagnósti-
cos pre mórtem, además de constituir el
medio principal para determinar esa tasa
de error. Datos estadísticos corroboran
tal afirmación: la autopsia revelaría una
patología importante no diagnosticada
previamente en hasta un 40 por ciento
de los casos, valor que ha permanecido
constante durante los sesenta años en los
que se han registrado tales correlaciones
clínico-patológicas.
Dicho dato estadístico, sin embargo,
debe manejarse con precaución, ya que
puede resultar sesgado, puesto que los
casos seleccionados para autopsia corres-
ponden, por lo general, a aquellos que
presentan máxima incertidumbre diag-
nóstica. No obstante, según diversos ar-
tículos publicados por Kaveh Shojania y
sus colaboradores, de la Universidad de
Ottawa, basados en el análisis de regresión
multivariante de datos de varios decenios
y que toman en cuenta el período estu-
diado, el número de autopsias, el país y
la diversidad de casos, indican que la tasa
de error diagnóstico continúa siendo un
problema médico importante. La pro-
babilidad de que se detecte mediante la
autop sia un error de clase I (el diagnóstico
erróneo pudo afectar a la supervivencia
del paciente) alcanza un 10,2 por ciento;
la probabilidad de «errores graves», fallos
u omisiones en el diagnóstico que, aun
siendo importantes, probablemente no
afectaron al resultado, es de un 25,6 por
ciento. Se estima que 35.000 de los falleci-
dos cada año en los hospitales estadouni-
denses podrían haber sobrevivido hasta
el alta médica si esas dolencias ocultas se
hubieran descubierto a tiempo.
La incompetencia diagnóstica no es
necesariamente, ni siquiera a menudo,
la responsable. Ciertas discrepancias de
diagnóstico entre la clínica y la sala de
autopsias deben atribuirse a las limita-
ciones de las técnicas de diagnosis y a las
dificultades inherentes a la evaluación de
enfermos que sufren de forma simultánea
varias dolencias, así como a presentaciones
atípicas de la enfermedad o a patologías
clínicamente no detectables. No obstante,
la escala de las estadísticas de errores re-
vela la trascendencia de la autopsia para
FORMACIÓN MÉDICA
La neuropatóloga Barbara Crane imparte una
lección sobre patologías cerebrales en la sala
de autopsias de la Escuela de Medicina Johns
Hopkins de Baltimore. La disección de huma-
nos ha constituido, durante siglos, una parte
fundamental de la formación médica.
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supervisar y mejorar los resultados. Es tan
solo una de sus ventajas. Además de con-
firmar o corregir los diagnósticos clínicos,
la autopsia sirve como instrumento para
fijar la causa de la muerte, permite descu-
brir o caracterizar enfermedades nuevas o
cambiantes, evaluar nuevas pruebas diag-
nósticas, técnicas quirúrgicas, prótesis y
fármacos, investigar riesgos ambientales
o laborales, obtener estadísticas vitales
precisas, analizar la calidad del ejercicio
profesional de la medicina (tanto a escala
local como nacional), así como tranquili-
zar a los familiares sobre la calidad de la
atención médica y de la causa de la muerte
de su ser querido, además de posibilitar la
protección del facultativo frente a falsas
reclamaciones de responsabilidad por
mala práctica; sin olvidar su tremendo
valor para la formación de médicos y de
estudiantes, ya que facilita la ampliación
de los límites del conocimiento médico.
La autopsia es un arte antiguo. Presenta
un futuro incierto y un pasado emocio-
nante.
Los orígenes
La actividad científica se ha nutrido siem-
pre de la curiosidad humana por los fenó-
menos naturales. La mente inquisitiva ha
logrado iluminar, uno tras otro, grandes
misterios de la vida. A menudo en contra
de dogmas aceptados, como demuestra la
superposición de etapas del pensamiento
en las que se presumía que las causas de
las patologías eran demoníacas o espiri-
tuales, incluso cuando aparecían explica-
ciones más modernas y profanas. La pri-
mera de las teorías sobre la enfermedad
predominantes en la Grecia antigua (así
como en India y Tíbet) estuvo fundada en
la idea de los «cuatro humores», asociados,
por lo general, con los cuatro elementos
de Empédocles: tierra, aire, fuego y agua,
que a su vez configuraban la personalidad
humana. La teoría de los humores postu-
laba que todas las aflicciones se debían a
desequilibrios en esos elementos internos,
manifiestos en flema, sangre, bilis amari-
lla y bilis negra. (A un individuo víctima
de la depresión, por ejemplo, se le diag-
nosticaba un exceso de bilis negra —la
palabra melancolía resulta de los vocablos
griegos cuyos significados son «negro» y
«bilis»—. Análogamente, la personalidad
«flemática» se asociaba a las cualidades
más letárgicas o apáticas). Esta escuela
de pensamiento floreció en los tiempos de
los grandes médicos griegos: Herófilo, el
primero de los anatomistas sistemáticos;
Hipócrates, cuyo canon médico rechaza-
ba las explicaciones sobrenaturales de la
enfermedad; y Erasístrato, seguidor de He-
rófilo y uno de los últimos de aquella era,
y de un par de miles de años posteriores,
en disecar cuerpos humanos.
El papel de los humores fue argumenta-
do con la máxima elocuencia por Galeno
de Pérgamo (129-200 d.C.) Su magna obra
sobre los tratamientos (De methodo me-
dendi), junto con otros de sus textos, fueron
las primeras grandes obras escritas sobre
medicina. Sirvieron de guía universal para
las enfermedades durante más de un mile-
nio. En los tiempos de Galeno y de sus discí-
pulos, la disección de cuerpos humanos era
sumamente reprobada y condenada con
fervor. En consecuencia, el médico griego
hubo de basar la mayor parte de sus cono-
cimientos de anatomía humana en la disec-
ción de animales: entre ellos, los macacos
de Berbería, una especie de monos que re-
side sobre todo en el norte de África. Gale-
no supuso —presunción razonable, aunque
imperfecta— que la estructura interna de
estos animales se aproximaba a la de las
personas lo suficiente para comprender la
anatomía humana.
Las enseñanzas de dicho médico per-
duraron en Grecia y en Europa hasta el
siglo XVI. Incluso hoy, algunas antiguas
escuelas de medicina, como las tradicio-
nales tibetana y ayurvédica, practican la
sanación metafísica y el diagnóstico basa-
do en los humores que beben de las mis-
mas raíces, si bien combinadas con una
farmacopea y una terapéutica muy elabo-
radas. De hecho, cuando los gobernantes
tibetanos mandaron celebrar dos grandes
congresos de medicina, en los siglos VIII
y XI, en los que se reunieron médicos (y
traductores) procedentes de India, Persia,
Nepal, Grecia, China y otros lugares para
que compartieran sus saberes, la medici-
na galénica sirvió de fundamento para su
sistema médico holístico.
Mas la metodología galénica (humoral),
de general aceptación hasta entonces, su-
frió un cambio radical concluido el primer
tercio del siglo XVI. André Vesalio, médico y
anatomista de Padua, entendía que las pre-
Diagnóstico post mórtem
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Porcentaje de autopsias
Tasa de errores graves,
en función de la tasa
de autopsias
Tasa de errores de clase I,
en función de la tasa
de autopsias
1970
1980
1990
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La autopsia constituye un instrumento de supervisión para la
detección de errores de diagnóstico. Sin embargo, los datos deben
manejarse con cautela: los casos seleccionados para un examen
anatómico tras la muerte presentan una elevada incertidumbre
diagnóstica, lo que sesga la muestra. La desviación disminuye
conforme aumenta la tasa de autopsias (porcentaje del total de
muertes seguidas de autopsia). Tras un análisis estadístico, Kaveh
Shojania y sus colaboradores han determinado que los errores de
clase I, en los que el error de diagnóstico pudo afectar al resulta-
do, tenían una probabilidad del 10,2 por ciento. Los errores graves
(omisiones importantes pero que probablemente no afectaron
al resultado) presentaban una probabilidad del 25,6 por ciento.
Los datos se refieren a 1980.
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sunciones de Galeno sobre las semejanzas
entre la anatomía animal y la humana, por
no mencionar sus errores de observación,
impedían un conocimiento más profun-
do del cuerpo humano. Vesalio llegó a la
conclusión de que no podría alcanzarse
un conocimiento auténtico y una carac-
terización real de las enfermedades del
hombre si no era mediante la cuidadosa
disección de cadáveres humanos. En 1539,
un juez de Padua, quien compartía interés
por la obra de Vesalio, concedió a los médi-
cos el derecho a diseccionar los cuerpos de
delincuentes ejecutados. De esta manera
proporcionaba una fuente idónea —aun-
que muy controvertida— para el estudio
de la anatomía. Se dice que el juez aco-
modaba las ejecuciones a conveniencia
de Vesalio. Los trabajos del anatomista,
de crítica relevancia para ampliar los co-
nocimientos médicos, representaron el
amanecer de una nueva era en la ciencia
anatómica: a la par que aumentaba la lista
de criminales ejecutados y autopsiados,
también lo hacían los saberes anatómicos
de Vesalio. Sus investigaciones culminaron
con la publicación, en 1543, de su De Hu-
manis Corporis Fabrica libri septem («De
la estructura del cuerpo humano en siete
libros»). Tan completos y detallados fue-
ron sus descubrimientos, que se considera
a Vesalio el padre de la anatomía humana.
Con la publicación de su obra se abrió
la senda hacia un auténtico conocimiento
de la estructura interna y de la función del
cuerpo humano. La medicina occidental se
transformó de una colección desorganizada
de supersticiones y remedios más o menos
probados en una disciplina fundada en la
observación y la lógica: otra porción de la
naturaleza, hasta entonces envuelta en el
misterio, quedó liberada y asimilada en la
biblioteca colectiva del saber humano.
El negocio de los cadáveres
El emporio de información recopilado a
partir de la disección de cadáveres huma-
nos iba en aumento. Con ello, las escuelas
de medicina incentivaron la utilización de
cadáveres en la enseñanza. No obstante,
surgía un problema. No se disponía de
cuerpos suficientes: el número de ejecu-
tados era muy inferior al necesario para
los cursos de anatomía macroscópica de
las escuelas de medicina. En consecuen-
cia, como suele ocurrir cuando un bien
resulta escaso, el alza de precios originó
turbias actividades «empresariales». Entre
las innovaciones que se atribuyen a Vesa-
lio cabe añadir el tétrico tráfico de cadáve-
res adquiridos de forma infame para un
fin noble. Según narra Charles O’Malley
en su seminal biografía del padre de la
anatomía humana:
«Como todo auténtico estudioso, Vesalio
recomendaba acudir a las fuentes, en este
caso, cadáveres humanos. Si no estaban
fácilmente disponibles, se animaba de pa-
labra al estudiante, e incluso en De Fabrica,
por anecdótico precepto, a buscarlos por sí
mismo. Resulta significativo que en cada
ocasión en que Vesalio viajaba para dar
lecciones extramurales, se producía una
oleada de robos de cadáveres; las diversas
anécdotas que contiene De Fabrica no dan
indicación de arrepentimiento...».
Al generalizarse las prácticas y conoci-
mientos de Vesalio, la demanda de cadá-
veres originó el «negocio de los cuerpos»,
por lo que la profanación de tumbas para
robar a sepultados se tornó un fenómeno
corriente. Los cadáveres más frescos, así
como sus partes mejor conservadas, se
pagaban a precios más altos que aquellas
descompuestas a diferentes niveles. Cier-
tos «emprendedores» se dejaron tentar
por tal macabro comercio. Las familias,
preocupadas por la suerte de sus seres
queridos, se vieron forzadas a adoptar
precauciones extraordinarias para pro-
tegerlos de los «resurrectores», como
se dio en motejarlos, mediante ataúdes
reforzados y sellados, o contratación de
guardias que defendieran las tumbas de
la profanación.
En numerosas escuelas de medicina se
desarrolló una política de «no preguntes,
no cuentes» con respecto a las formas de
adquisición por parte de los estudiantes
PADRE DE LA ANATOMÍA
André Vesalio (1514-1564) contó con la
voluntad científica y el patrocinio político
necesarios para iniciar una nueva era en la
disección humana.
GALENO DE PÉRGAMO
Las obras escritas de Galeno de Pérgamo
(129-200 d.C.) fueron los textos de referencia
de las artes médicas durante más de mil años.
86 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
de material humano para la disección. Si
un estudiante llegaba a clase con un ca-
dáver, este se utilizaba para la disección.
Sin preguntar. Al actuar de esa forma se
incentivó la demanda y la competencia
entre los ladrones de tumbas. Ahora bien,
mientras unos pagaban buenos dineros
por cuerpos, miembros o cerebros ex-
traídos de la tumba, otros procuraban
a terceros una muerte prematura para
luego vender su cuerpo. William Burke y
William Hare, los más infames de estos
«secuestradores de cuerpos», protagoni-
zaron una efímera carrera consistente en
el asesinato de ciudadanos para venderlos,
todavía tibios, ahorrándose de esa mane-
ra el esfuerzo de sacarlos de la tierra al
tiempo que obtenían cadáveres que, por
su frescura, alcanzaban precios máxi-
mos. Burke y Hare se introdujeron en el
negocio cuando un inquilino de la casa
de huéspedes de Hare expiró por causas
naturales. Entre ambos transportaron el
cadáver hasta la Universidad de Edimbur-
go, donde se les recompensó con 7 libras
y 10 chelines (unos 1000 euros actuales,
compensada la inflación).
Habiendo hallado demanda, hubieron
de resolver el problema de la oferta, obs-
táculo que solventaron con una campaña
de asesinatos: 16 víctimas en 12 meses.
Una vez capturados, Hare disfrutó de
inmunidad por testificar contra Burke,
circunstancia que provocó gran furor
entre la población. No obstante, el ahor-
camiento de Burke y la posterior disección
pública de su cuerpo en la Universidad de
Edimburgo aplacó un tanto los ánimos.
El escándalo ocasionado por las prácti-
cas de expolio de tumbas y cadáveres se
tradujo en una ley inglesa de 1832, la Ley
de Anatomía (Anatomy Act), que aborda-
ba, según The Lancet, «el sistema de tráfico
entre resurrectores y anatomistas, cuya
existencia tan largamente ha soportado el
gobierno ejecutivo». La Ley de Anatomía
ampliaba el «fondo» de cadáveres dispo-
nibles de forma legal, ya que contemplaba,
entre otros, los cuerpos no reclamados de
fallecidos sin domicilio, los cuales se reco-
gían con facilidad en prisiones y asilos de
pobres. El advenimiento de dicha Ley, más
una nueva subvención para los ciudada-
nos que donasen su cadáver, puso fin al
mercado de cadáveres robados.
El nacimiento de la autopsia médica
Acababa yo de efectuar la clásica incisión
en Y en mi primera autopsia cuando el
patólogo de plantilla del hospital entró en
la sala, ignorante al parecer, de mi inex-
periencia. «Siga, y rokitansky el cuerpo»,
indicó en tono neutro y profesional. Aun-
que yo no tenía ni idea de qué o quién
era rokitansky, supuse que se trataba de
la remoción y examen de los órganos
internos. El patólogo escrutaba cada uno
de mis cortes; también guiaba mis ma-
nos con mundanas instrucciones. Pasé
más de una hora rebanando tejidos blan-
dos, seccionando costillas y manipulando
vísceras de una u otra forma mediante
cortes concretos y bien dirigidos. Con las
mangas empapadas en sangre y la frente
sudorosa concluí la primera autopsia de
mi carrera. Había «rokitanskizado» mi
primer cadáver.
El médico alemán Karl von Rokitansky
(1804-1878) se cuenta entre los más tem-
pranos proponentes de la anatomía pato-
lógica y del estudio de autopsias para la
enseñanza y la formación en la medicina
clínica. Se dice que Rokitansky, en su car-
go de director del Instituto de Patología
del más importante hospital de Europa,
el Hospital General de Viena, llegó a su-
pervisar más de 70.000 autopsias y a efec-
tuar él mismo más de 30.000, una hazaña
en apariencia implausible, pero que, no
obstante, parece cierta. Fue considerado
en su tiempo el más virtuoso ejecutante
de su arte.
Siendo por entonces esencial completar
la autopsia antes de que el cuerpo comen-
zase a descomponerse, Rokitansky inventó
una técnica para disecar los órganos inter-
nos in situ y retirarlos en bloque, conser-
vando así las relaciones anatómicas entre
las vísceras. Es de señalar, sin embargo,
que numerosos patólogos entienden por
«rokitansky» la técnica de extracción en
masa, procedimiento que apliqué en mi fa-
llecida por cáncer de mama. La técnica en
masa proporciona un método de notoria
eficacia para eviscerar un cadáver median-
te unos cuantos cortes bien dirigidos, lo
que permite retirar los órganos del cuello,
caja torácica, abdomen y pelvis en un gran
bloque, conservando en su totalidad las
relaciones anatómicas. Después, el bloque
de órganos retirados del cuerpo se diseca
por completo en una mesa aparte.
El otro método frecuente de autopsia,
también epónimo, es la técnica de Virchow,
en honor del patólogo alemán Rudolf Vir-
chow (1821-1902), cuyas aportaciones a
la patología son tan vastas que resulta
imposible resumirlas aquí. En breve, son
muchos quienes le tienen por el primer
patólogo. Su fama se debe, sobre todo, a
su teoría del comienzo celular de la enfer-
medad, idea que se adelantaba mucho a
su tiempo. La técnica de autopsia implan-
86
Edimburgo aplacó un tanto los ánimos. mi
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su teoría del comienzo celular de la enfer
medad, idea que se adelantaba mucho a
su tiempo. La técnica de autopsia implan-
TRÁFICO DE CADÁVERES
Los asesinos William Burke (izquierda)
y William Hare (derecha) tomaron
el atajo más rápido para hacerse
con cadáveres que luego vendían para
disección médica. G
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tada por Virchow consiste en la remoción
sistemática y ordenada de las vísceras, las
cuales se diseccionan de manera sucesi-
va conforme avanza la autopsia. Muchos
patólogos forenses prefieren aplicar esta
técnica, pues a menudo abrevia el tiempo
necesario para realizar la autopsia, ventaja
sin duda para un patólogo que tiene varios
cadáveres en el refrigerador en espera de
un post mórtem. Empero en esta técnica
no se conservan, por lo general, las rela-
ciones anatómicas entre las vísceras. Por
ello, muchos patólogos hibridan ambas
técnicas: optan por retirar ciertos órganos
uno a uno y otros en bloque, en especial el
corazón y los pulmones, cuyas conexiones
anatómicas y vasculares pueden ser objeto
de investigación para alteraciones como
bloqueos o rupturas.
Lo más moderno
Uno de los objetivos de la medicina mo-
derna consiste en utilizar las nuevas téc-
nicas para obtener diagnósticos precisos
por métodos lo menos invasivos posible.
La gran máquina de la tecnología ha afec-
tado a la medicina no menos que a cual-
quier otro campo: ha producido adelantos
como los endoscopios de fibra óptica o los
escáneres radiológicos de alta definición,
amén de poner mayor énfasis en solucio-
nes de genética molecular para prevenir
o tratar las enfermedades.
A pesar de casi 200 años de ejecución
rutinaria de autopsias, el procedimiento
apenas ha variado. El proceder ideal sigue
siendo la investigación sistemática, visual
y táctil. No obstante, en tiempos recientes
se han intentado procedimientos menos
invasivos, los cuales descansan menos en
el corte y más en la imaginología radioló-
gica. Estas nuevas técnicas no solo resultan
más rápidas y más limpias, sino que dejan
al cadáver prácticamente intacto antes de
la intervención de la funeraria. Tal ejecu-
ción resulta ventajosa para las familias, las
cuales no suelen ver con agrado que se di-
seque el cadáver, y también para los clíni-
cos, puesto que los informes de la autopsia
pueden generarse con mayor rapidez.
En la «biopsia-autopsia», uno de estos
métodos, se toma una muestra de cada
órgano al insertar una aguja y extraer
un pequeño núcleo de tejido (de forma
similar a la que se procede en las biop-
sias diagnósticas con pacientes vivos).
Aunque dicha técnica apenas causa le-
siones en el cadáver, exige gran destreza
y, en muchos casos, buena suerte. Sin la
ayuda de imaginología radiológica, como
la ecografía o la tomografía computari-
zada (TAC), el muestreo de los órganos
constituye, básicamente, una biopsia «a
ciegas». Las enfermedades que no exigen
gran precisión en el muestreo, como los
tumores de gran tamaño o las patologías
hepáticas crónicas, se prestan bien a tal
técnica. En cambio, en el infarto agudo
de miocardio, una enfermedad focalizada,
se identifica mucho mejor la patología al
sostener el corazón en una mano e ir sec-
cionando las principales arterias corona-
rias en incrementos de un milímetro, así
como desarrollando cortes en el propio
músculo cardíaco para observar coágulos
obstructores, rupturas o necrosis. En este
tipo de situaciones clínicas, el resultado de
una biopsia sería, en el mejor de los casos,
inconsistente y, casi con seguridad, aumen-
taría el número de falsos negativos.
Un método de autopsia todavía menos
invasivo es la imagen por resonancia mag-
nética post mórtem (IRM). Al igual que en
las IRM estándar para examinar tejidos
cerebrales o de articulaciones (como las
rodillas), un radiólogo debe interpretar
las imágenes. Si bien la técnica no crea
lesiones en el cadáver y permite obtener
excelentes imágenes, ya que el paciente
permanece totalmente inmóvil, no pro-
porciona un resultado completo y fide-
digno en las enfermedades con caracte-
rísticas anatómicas sutiles o inexistentes
(infecciones o alteraciones en los electro-
litos, entre otras).
En reciente fecha se han aplicado en
Suiza técnicas de resonancia magnética y
tomografía computarizada para producir
TÉCNICAS CON APELLIDO
El barón Karl von Rokitansky (derecha) ideó
métodos originales y duraderos para efectuar
autopsias. En su técnica, se conservan las
relaciones anatómicas entre órganos. Entre
los innumerables logros científicos de Rudolf
Virchow (izquierda) se cuenta una técnica
para retirar y disecar órganos de uno en uno.
88 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
una autopsia, la tasa actual ronda en tor-
no al 6 por ciento. En realidad, la situación
es más grave todavía. Este valor medio se
halla muy sesgado, pues la gran mayoría
de las autopsias se desarrollan en hospi-
tales universitarios con finalidad docente.
En los hospitales sin docencia, el número
de autopsias a menudo oscila entre unas
pocas y ninguna.
Son numerosas las razones para expli-
car el prolongado declive desde los años
cincuenta del siglo pasado. Desde el pun-
to de vista del médico, se encuentra el
miedo a litigios por mala práctica, la falta
de formación para solicitar el consenti-
miento de familias apenadas, e incluso
el temor de la carga ante la posibilidad
de verse desacreditado por no detectar a
tiempo algún elemento diagnóstico. Al-
gunos motivos relacionados con los pa-
cientes y los familiares son el estrés en
el momento de la muerte, el coste y una
información inadecuada (o errónea) sobre
el procedimiento. Si bien el descenso en la
tasa de autopsias se debe a un abanico de
factores, unos cuantos hitos han marcado
este declive.
El primero tuvo lugar en el nivel más
elemental de iniciación: la enseñanza de
la medicina. En 1944 se suprimió en Esta-
dos Unidos la obligación de que los estu-
diantes de medicina realizasen autopsias
dentro del programa general de formación
médica. En consecuencia, su única exposi-
ción a la anatomía macroscópica interna
antes de formarse como patólogo consis-
tía en un cadáver durante su estancia en
la facultad y en pacientes vivos en los tur-
nos de cirugía. Así, en lugar de observar
por sí mismos, los alumnos en medicina
veían poco, o nada. Pronto emergió toda
una generación de médicos formados sin
el conocimiento de la autopsia.
En los años cincuenta, la Comisión
Conjunta de Acreditación de Hospitales
(CCAH) exigía una tasa mínima de autop-
sias de solo el 25 por ciento en los hos-
pitales universitarios, y del 20 por ciento
para los hospitales comarcales. Aun así, el
porcentaje de autopsias se alzaba en torno
al 50 por ciento. Sin embargo, en 1970, la
CCAH eliminó por completo el requisito
de autopsia, lo que provocó una caída a
plomo, hasta por debajo del 20 por cien-
to, seguida de un declive constante hasta
autopsias virtuales tridimensionales del
cadáver, «virtopsias», sobre todo en aplica-
ciones forenses. Mediante la observación
de tales reconstrucciones gráficas, el pa-
tólogo puede determinar, sin la necesidad
de abrir el cadáver, la trayectoria de balas,
las acumulaciones de fluidos, fracturas o
destrozos óseos, y otras características
válidas como pruebas periciales. Junto a
dicho procedimiento pueden utilizarse
otros descubrimientos como la química
corporal o la toxicología, para llegar a un
diagnóstico final. Esta metodología pre-
senta múltiples ventajas, entre ellas, la
creación de registros permanentes y deta-
llados de las pruebas anatómicas del caso.
No obstante, la aplicación generalizada de
virtopsias (y de otras autopsias de base
imaginológica) presenta un obstáculo
principal: su coste prohibitivo. Sin tener
en cuenta las minutas de los médicos, el
coste del equipo de virtopsia se estima en
unos dos o tres millones de euros (inclui-
dos los escáneres IRM y TAC, los equipos
informáticos y su programación). Resulta-
ría difícil justificar un gasto tan elevado
para un procedimiento mal reembolsa-
do en la actualidad. Por otra parte, los
pacientes que han sufrido un deceso por
envenenamiento o una muerte natural de
anatomía sutil no son buenos candidatos
para practicar dicho método, por lo que
debe mantenerse la capacidad de realizar
autopsias tradicionales, incluidos los cos-
tes del equipo, el espacio de laboratorio y
las igualas para los patólogos de guardia.
El declive de la autopsia
Como ya se ha mencionado, la tasa de
autop sias está llegando a su nadir: mien-
tras que hace 50 años la mayoría de las
muertes hospitalarias iban seguidas de
IMÁGENES REVELADORAS
La «virtopsia» se vale de técnicas muy avanzadas de formación de imágenes para adquirir de
manera no invasiva datos autópsicos detallados. La imagen sobre estas líneas corresponde a un
accidente mortal de esquí. Muestra una reconstrucción en volumen, obtenida mediante de an-
giografía tomográfica computarizada. En el inserto se aprecia la causa de la muerte, el desgarro
de la arteria carótida. Cuando un paciente fallece durante una intervención médica se dejan en
su sitio los dispositivos médicos (de ahí la intubación por boca que aparece en la imagen).
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llegar al 9 por ciento en 1994, último año
en que se recopilaron estadísticas oficiales
sobre porcentajes de autopsias.
Es probable que las consideraciones
económicas hayan sido la causa más im-
portante de la disminución de autopsias:
la compensación que reciben por ello mé-
dicos y hospitales es magra. Medicare, pro-
grama de salud del Gobierno de Estados
Unidos para personas mayores de 65 años,
dejó de abonar directamente las autopsias
en 1986. De esta manera, en muchos casos,
los hospitales han de absorber la totalidad
del coste de una autopsia. Asimismo, el
considerable tiempo que exige su reali-
zación y el volumen de escritos necesario
para documentar un caso pueden explicar
por qué la autopsia vive desde los últimos
25 años en estado crítico.
¿Será posible resucitar la autopsia?
Al tiempo que en Estados Unidos se en-
cara la transformación de la cobertura
sanitaria promovida por nuevas políticas
de aplicación federal, se plantea el proble-
ma de cómo distribuir los fondos entre los
diversos sectores de atención a la salud.
Está claro que la inversión del prolongado
descenso de la tasa de autopsias resulta-
ría beneficiosa para la población. Las esta-
dísticas sanitarias serían más exactas, lo
que reviste importancia para la juiciosa
asignación del gasto sanitario. Numerosos
profesionales especializados en el proce-
dimiento impulsarían avances técnicos.
Además, el cúmulo creciente de pericias
de tales profesionales sería de inmenso
valor cuando se requirieran estudios de
autopsias en cuestiones tan críticas como
la caracterización de enfermedades nue-
vas o anteriormente desconocidas, como
ocurrió en las primeras fases del VIH/sida,
del virus del oeste del Nilo, del síndrome
de muerte infantil súbita y en otras mu-
chas crisis sanitarias. Tanto los pacientes
como los médicos tienen algo que ganar
si se da savia nueva al procedimiento. Las
familias de los enfermos dispondrían de
un conocimiento pleno de las causas de la
muerte de sus seres queridos y su defun-
ción sería caso cerrado; no sería excepcio-
nal que recibieran también información
crucial sobre enfermedades familiares
hasta entonces clínicamente ocultas. Ello
puede llevarles a cambiar su estilo de vida
antes de que la dolencia se manifieste, uno
de los principales objetivos de la medici-
na, sea moderna o antigua.
Es indudable que durante el futuro pre-
visible, una vasta cantidad de información
permanecerá oculta, incluso para la más
perfecta de las técnicas no invasivas. No
hay mejor ilustración que el caso de la
joven que fue víctima de un cáncer de
mama. Poco después de la autopsia, mien-
tras preparaba el informe final, revisé al-
gunas muestras tomadas de sus órganos
durante el procedimiento. La presunta
causa de muerte era el fracaso orgánico
debido a un cáncer de mama metastásico
en fase terminal. Pero un examen minu-
cioso de los tejidos con un microscopio
óptico reveló diminutas estructuras ra-
mificadas que abrumaban la casi totalidad
de sus tejidos: prueba de una infección
fúngica invasiva, debida, probablemente,
a la supresión del sistema inmunitario
por la quimioterapia. De no ser por este
examen interno, el diagnóstico final nun-
ca hubiera llegado a conocimiento de los
clínicos; nunca se hubiera dispuesto de la
información correspondiente para perfec-
cionar futuras prácticas y procedimientos.
En el pasado, el estudio de los muertos
formaba parte inseparable de la formación
de los jóvenes médicos y patólogos. Cons-
tituía, además, el patrón para calibrar la
calidad de la atención médica, tanto a esca-
la individual como nacional. ¿Será verdad
que nuestros conocimientos han avanza-
do tanto que ya no es necesario examinar
nuestro interior? En un futuro cercano
podremos ver si la autopsia recupera un
papel esencial en la medicina moderna, o
si se convierte en una reliquia del pasado
anecdótico de la historia de la medicina.
Darin L. Wolfe, patólogo y escritor, es director mé-
dico de laboratorio y jefe de patología en el Hospi-
tal Morgan de Martinsville y en el Hospital Regional
St. Catherine en Charleston, ambos en Indiana.
© American Scientist Magazine
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
THE AUTOPSY AS AN OUTCOME AND
PERFORMANCE MEASURE. K. G. Shojania
et al. en Evidence Report/Technology
Assessment, n.
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58. AHRQ Publication
n.
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03-E002. Agency for Healthcare
Research and Quality; Rockville, 2002.
AUTOPSY OVERVIEW. Compilación de
K. Collins y G. M. Hutchins en Autopsy
Performance and Reporting, 2ª edición.
College of American Pathologists Press;
Washington, D.C., 2003.
CHANGES IN RATES OF AUTOPSY-DETECTED
DIAGNOSTIC ERRORS OVER TIME: A SYSTE-
MATIC REVIEW. K. G. Shojania, E. C. Bur-
ton, K. M. McDonald y L. Goldman en
Journal of the American Medical Associa-
tion, vol. 289, págs. 2849-2856, 2003.
THE AUTOPSY AS A PERFORMANCE MEA-
SURE AND TEACHING TOOL. R. E. Horow-
itz y W. Y. Naritoku en Human Pathol-
ogy, vol. 38, págs. 688-695, 2007.
THE VANISHING NONFORENSIC AUTOPSY.
K. G. Shojania y E. C. Burton en New
England Journal of Medicine, vol. 358,
págs. 873-875, 2008.
CENTRO PUNTERO
Bruce Levy, experto en medicina legal, en la
estación principal de autopsias del Centro de
Medicina Forense de Tennessee, en Nashville.
Este centro cuenta con luz natural, equipos de
alta tecnología y un diseño de ahorro de ener-
gía, además de otros dispositivos punteros.
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ILUSIONES
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magínese que mira a un perro que se
encuentra tras una valla de barrotes: no
ve una serie de franjas de perro, sino que
percibe un perro en parte oculto por una
serie de barras verticales. La capacidad del
cerebro para unificar las porciones del cá-
nido y construir con ellas un objeto visual
completo demuestra un proceso fascinan-
te: la complementación amodal.
Tal tendencia ha evolucionado por una
razón: los animales necesitan ser capaces
de localizar pareja, depredadores o presas
en medio de un denso follaje. Es posible
que la imagen proyectada en sus retinas
conste solo de fragmentos, mas el sistema
visual del encéfalo los concatena y pone
en relación; es decir, reconstruye el objeto
de modo que el animal que observa puede
reconocer aquello que ve. Este proceso, en
apariencia sencillo, resulta una de esas
capacidades tan difíciles de programar
en un ordenador. Tampoco se conoce el
modo en que las neuronas de las vías vi-
suales del cerebro efectúan tal proeza.
A principios del siglo XX, los psicólogos
de la Gestalt mostraron sumo interés en
el problema. Concibieron una serie de ilu-
siones sagazmente ideadas para investigar
cómo establece el sistema visual la conti-
nuidad de un objeto y define sus contornos
cuando el objeto se encuentra, en parte, ve-
lado. Un ejemplo notable de complemen-
tación amodal es una ilusión de Gaetano
Kanizsa, psicólogo italiano. En una de las
vistas se observa un conjunto de «patas de
gallina» geométricamente dispuestas (a).
Mas basta añadir un conjunto de barras
diagonales opacas para que, de forma in-
mediata, como por arte de magia, brote de
la nada un hexaedro. Las patas de gallina
se convierten en sus vértices (b).
Lo asombroso del caso es, sin embargo,
que ni siquiera resulta necesario superpo-
ner barrotes auténticos: servirán incluso
unas barras ilusorias (c). En esta circuns-
tancia, la que de otro modo parecería una
ausencia inexplicable de contornos que
completen los límites de las patas tridác-
LEER ENTRE LÍNEAS
Cuando un objeto queda en parte oculto, el cerebro, con gran maña,
lo reconstruye y crea un todo visual
VILAYANUR S. RAMACHANDRAN Y DIANE ROGERS-RAMACHANDRAN
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tilas de gallina induce al cerebro a inferir
automáticamente la presencia de barras
opacas. Con ello, ¡vemos un cubo ilusorio
oculto tras barras ilusorias!
El término «complementación amodal»
se acuñó con el fin de diferenciarla de la
complementación modal. Esta última con-
siste en la tendencia del cerebro a ver el
perfil completo de un objeto inexisten-
te, como ocurre en la clásica ilusión del
triángulo de Kanizsa (d). El cerebro estima
como harto improbable que un investiga-
dor haya situado de manera subrepticia
y precisa tres discos negros con sectores
recortados (como si fuesen porciones de
tarta), por lo que opta por ver un triángu-
lo blanco opaco que cubre parcialmente
dichos discos negros.
Señalemos, no obstante, que las percep-
ciones modal y amodal pueden coexistir.
Por ejemplo, en el triángulo de Kanizsa, el
cerebro completa de forma amodal cada
uno de los discos situados tras los vértices
del triángulo ilusorio. De manera análoga,
en la figura c, las barras ilusorias son com-
pletadas de manera modal; la percepción
del cubo, en cambio, es amodal.
Peter U. Tse, experto en psicología cog-
nitiva del Colegio Darmouth, ha ideado
numerosas y elegantes ilusiones con la fi-
nalidad de explorar la percepción modal y
amodal. Una de ellas, en la figura e, resulta
ambigua, como sucede en numerosas de
nuestras ilusiones favoritas. Existe una
fuerte propensión a percibir en esa figura
una serie de aros (completados de forma
amodal) que rodean a un cilindro ilusorio
opaco (modalmente completado). Sin em-
bargo, también es posible ver una colum-
na de arcos de metal abiertos en forma de
C, sin cilindro alguno, con los extremos
apuntando hacia delante. La tendencia a
ver anillos se debe a que refleja mejor si-
tuaciones del mundo real, en el que abun-
dan los objetos tridimensionales que se
ocultan y anteponen entre sí. Otra de las
ilusiones de Tse ( f) —que cariñosamente
describimos como «alienígena apoderán-
dose de la última rosquilla»— posee tam-
bién aspectos modales y amodales. Parece
consistir en una serie de garabatos o púas
de alambre de espino, hasta que el ojo dis-
cierne una serie de dedos tentaculares que
aferran un tubo tórico.
Un túnel transparente
Cabría pensar que la complementación
amodal entraña un razonamiento («Entre
el perro y yo se interpone una valla, por
eso veo franjas de perro»), pero en reali-
dad se trata de un fenómeno perceptual
que no requiere cogitación alguna.
Cuando una persona observa que de de-
bajo del sofá sobresale una cola que se me-
nea en vaivén, considera que más allá del
rabo debe hallarse un perro, efectúa una
inferencia lógica. En cambio, si por encima
del brazo lejano del sofá asoma la cabeza
de un can, entonces, de modo automático,
sin esfuerzo alguno, mediante la comple-
mentación amodal, estaría percibiendo al
perro entero sin ver sus partes ocultas.
De manera similar, cuando vemos a
una persona con los brazos formando
una cruz delante del pecho, caben dos
interpretaciones posibles. Un cirujano
malicioso podría haber amputado uno de
los brazos y adherido una mitad a cada
lado del brazo intacto. Pero también pu-
diera ser que un brazo estuviera en posi-
ción perpendicular por delante del otro.
Nuestro sistema visual decide de manera
instantánea que la segunda opción es la
certera; la primera explicación ni se nos
pasa por la cabeza. Ello no se debe a un
conocimiento de alto nivel sobre la im-
probabilidad de la amputación de brazos:
el cerebro reaccionaría de modo inmedia-
to y de igual manera en el caso de que
la cruz fuese de madera, si bien podría
haber sido serrada a piezas.
Existen, sin embargo, casos fronterizos,
como el oso situado detrás de un árbol
que percibimos como si estuviéramos alu-
cinando (g). El dibujo parece presentar solo
círculos bisecados por rectas, hasta que la
adición que parece simular uñas provoca
que el lunar dibujado arriba a la derecha se
transforme en un hocico y los círculos en
garras. Si, por ejemplo, vemos un tren de ju-
guete entrar con rapidez en un túnel corto y
salir por el otro lado en cosa de un tercio de
segundo, «veremos» incluso el movimiento
del tren, como si el túnel fuese transparen-
te. En este caso, habremos completado mo-
dalmente el movimiento a través del túnel,
d
e f
g
92 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
fenómeno señalado por vez primera por
Albert Michotte (1881-1965), psicólogo de
la escuela de la Gestalt.
Por otra parte, si el tren se mueve len-
tamente, si se toma uno o dos minutos en
atravesar el túnel, seguiremos sabiendo
que en el túnel ha entrado y salido un mis-
mo tren; sin embargo, esta vez se tratará de
una inferencia lógica, no de una percepción
visual. Con ocultaciones del orden de un se-
gundo nos encontramos en una situación
fronteriza entre la percepción y la lógica;
la cuestión de si realmente «se observa» el
movimiento se aproxima de manera peli-
grosa a una cuestión filosófica.
Felinos elongados
Tan vigorosa resulta la tendencia a pre-
sumir contornos que llega a imponerse
sobre lo que sabemos acerca del funciona-
miento real del mundo, como demuestra
el ejemplo de un gato que parece estira-
do de forma inverosímil alrededor de un
tronco (h): el cerebro responde a la conti-
nuidad, tenga sentido o no.
Tales anomalías visuales acontecen
porque estas reglas son evolutivamen-
te antiguas y no fueron diseñadas para
manejar yuxtaposiciones inverosímiles
ideadas por científicos curiosos. La pro-
gramación en el sistema visual de cono-
cimientos refinados sobre objetos hubiera
exigido demasiado y, además, sería inne-
cesaria. Solo en los mitos y en las fanta-
sías se metamorfosean de forma brusca
los animales en figuras insólitas.
Según las teorías que defienden un pro-
cesamiento visual por etapas, jerarquiza-
do, la detección de bordes en un dibujo
bidimensional constituye un proceso re-
lativamente simple, el cual precede nece-
sariamente a la construcción de represen-
taciones tridimensionales de alto nivel.
Empero, otras figuras diseñadas por Tse
arrojan sombras sobre esta conclusión.
La más sencilla sirve de emblema a su
laboratorio (i). Se puede percibir como
un par de siluetas de la cabeza de un ave
(una de ellas vuelta hacia abajo); también
como un gusano tridimensional arrollado
en torno a un cilindro blanco (el gusano
se completa de forma amodal por la pre-
sencia del cilindro). A diferencia del trián-
gulo de Kanizsa, en el que los tres secto-
res recortados se encuentran alineados,
de manera que implican la existencia de
bordes, en la figura de Tse no existe ni
continuidad directa de bordes luminosos
ni de contornos físicos. Sin embargo, el
cerebro percibe el gusano tridimensional.
Tales ilusiones hacen pensar que la per-
cepción amodal no se reduce a una mera
cuestión de relleno de contornos conti-
nuos. El sistema visual es más sagaz. De
hecho, en otra de las creaciones de Tse (j),
los objetos se completan de forma amodal
por detrás de contornos, sin que su forma
exacta pueda ser ni siquiera especificada.
Lecciones objeto
Los neurobiólogos David H. Hubel y Tors-
ten N. Wiesel, de la Universidad de Har-
vard, demostraron en sus trabajos semi-
nales de los años sesenta del siglo XX que
las neuronas de la corteza visual primaria
respondían principalmente a los bordes
oscuro y claro correspondientes a los con-
tornos de un objeto o una criatura. Rudiger
von der Heydt, de la Universidad Johns Ho-
pkins, ha demostrado en fechas posterio-
res que las neuronas de la corteza visual
secundaria responden a contornos iluso-
rios (como los del triángulo de Kanizsa).
Todo lo cual nos recuerda que un obje-
tivo clave de la visión consiste en la detec-
ción de objetos (no de meros contornos) a
partir de cualesquiera informaciones que
las circunstancias ofrezcan. Tanto la per-
cepción modal como la amodal, así como
las ilusiones que ambas inspiran, tienen
su origen en este elemental imperativo
visual.
Vilayanur S. Ramachandran y Diane Rogers-
Ramachandran investigan en el Centro para
el Cerebro y la Cognición en la Universidad de
California en San Diego.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
AMODAL COMPLETION IN THE ABSENCE
OF IMAGE TANGENT DISCONTINUITIES.
P. U. Tse y M. K. Albert en Perception,
vol. 27, n.
o
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FILLING IN THE BLIND SPOT. V. S. Ra-
machandran en Nature, vol. 356,
pág. 115, 12 de marzo de 1992.
FILLING-IN: FROM PERCEPTUAL COMPLETION
TO CORTICAL REORGANIZATION. Dirigido
por Luiz Pessoa y Peter De Weerd. Ox-
ford University Press, 2003.
BRAIN AND VISUAL PERCEPTION: THE STORY
OF A 25-YEAR COLLABORATION. David
H. Hubel y Torsten N. Wiesel. Oxford
University Press, 2004.
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MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 93
LIBROS
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bjeto primero de atención de los filó-
sofos, recuérdense los textos magis-
trales de Platón y Aristóteles, la memoria
se ha convertido en un campo de intensa
investigación neurocientífica. Sin perder
la visión humanista. ¿Por qué no conju-
gar las diferentes aproximaciones? The
Memory Process se propone ese abordaje
interdisciplinar y liga la investigación
neural, experimental, con conceptos to-
mados del pensamiento, la literatura, el
teatro, la música o el cine. Si los capítulos
científicos (del primero al octavo más el
undevigésimo) se ocupan de las nociones
básicas de la memoria, incluidas su ex-
tensión genética y epigenética, técnicas
de neuroimagen funcional, modelización,
análisis de los sueños y aspectos neuro-
cognitivos, los trabajos humanistas (del
capítulo doce en adelante) ofrecen apor-
taciones sobre la memoria procedentes
de extramuros del laboratorio; así, una
taxonomía de la memoria extraída de no-
velas, organización de la misma en el tea-
tro, memoria emocional en respuesta al
arte (visual, musical y cinematográfico).
Los capítulos filosóficos (del nono al un-
décimo) uncen ciencia y humanismo. En
el noveno, John Bickle acota las bases neu-
rocientíficas fundacionales de la ontología
de la memoria y tiende un puente entre
la mente y sus correlatos moleculares.
En el décimo, William Hirstein especula
sobre la medición de las experiencias de
memoria, patológicas o normales. Para
Walter Glannon, en el capítulo undécimo,
la identidad humana se sitúa en el corazón
de la memoria. El cartesiano «Pienso, lue-
go existo» cede paso al «Recuerdo, luego
existo», que reflejaría la conciencia del yo
en el transcurso del tiempo.
En 1896, Henri Bergson distinguía, en
Materia y memoria, entre memoria espon-
tánea y retención aprendida. Consideraba
superior a la primera. Unos años antes,
William James proponía en Principles of
Psychology ponderar la memoria propia,
autobiográfica, con su contexto familiar y
sus estrechas asociaciones. Ambos filóso-
fos distinguían entre memoria episódica
y memoria semántica (u operativa) avant
la lettre. Hubo que esperar al último tercio
del siglo XX para que Endel Tulving acuña-
ra la expresión memoria episódica, que en
su taxonomía designa la memoria fuente,
distinguiéndola de la memoria semántica
genérica de los hechos y la información.
Siendo la episódica la memoria personal
de los acontecimientos conscientemente
recogidos, esta forma distintiva de los hu-
manos implica la especificidad de tiempo
y lugar. Reforzada en el sueño de ondas
lentas, se desvanece en el sueño REM. Es
frágil, se degrada con el tiempo y puede
alterarse por un nuevo contexto de infor-
mación. Vinculada con el aprendizaje se
encuentra la memoria semántica, explí-
cita y declarativa. Constituye la base de
nuestro conocimiento de los hechos y de
información general sin un contexto es-
paciotemporal. Algunos defienden que la
memoria semántica deriva de la memoria
episódica; en esas dos clases solo ven un
continuum de lo general a lo específico.
La memoria operativa es una forma de
memoria a corto plazo. Por las técnicas de
neuroimagen sabemos de su implicación
en la interacción entre regiones neocorti-
cales asociativas y otras áreas cerebrales.
La memoria implícita permite que los
recuerdos inconscientes guíen la percep-
ción, la acción o la conducta. Acontece
cuando «no sabemos que lo sabemos».
Se refleja en la impronta inconsciente en
virtud de la cual las palabras o las formas
estructurales se hacen más accesibles. La
memoria emocional cruza la frontera
entre la memoria explícita y la implícita.
Que la memoria implica cambios físi-
cos duraderos en el organismo se viene
proponiendo desde la antigüedad. En 1904
Richard Semon introdujo el término en-
grama para designar esa modificación. La
neurociencia ha recuperado el concepto.
Si en su origen designaba un trazo físico,
material, en su nueva versión, más gené-
rica, se explica en términos de actividad
electrofisiológica y conexiones cerebra-
les. En los años cincuenta, Karl Lashley
se embarcó en una búsqueda sistemática
de engramas; recurrió a las lesiones para
determinar qué partes del cerebro con-
dicionaban la capacidad de los animales
de formar y mantener recuerdos. Aunque
fracasó, la serie de experimentos rindió
una buena cantidad de información sobre
las huellas de la memoria. Lashley, discí-
pulo de Donald Hebb, descubrió sinapsis
en puntos del hipocampo que podían
modificarse bioquímica y estructural-
mente, mediante la experiencia. Se dio
por cierto que la conectividad sináptica
MEMORIA
Un estudio interdisciplinar
THE MEMORY PROCESS. NEUROSCIENTIFIC AND
HUMANISTIC PERSPECTIVES.
Dirigido por Suzanne Nalbantian, Paul M.
Matthews y James L. McClelland. The MIT
Press, Cambridge, Massachusetts, 2011.
94 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
del hipocampo constituía la base de agru-
paciones neuronales responsables de los
engramas. A Tim Bliss y Terje Lomo de-
bemos la expresión «potenciación a largo
plazo» (PLP), en 1973. La PLP pone de ma-
nifiesto rasgos clave de la plasticidad del
cerebro que Hebb postuló como base de
la memoria: las sinapsis activas sobre una
neurona se intensifican de manera selec-
tiva, reforzando su asociación funcional.
En 1990 Gary Lynch vinculó la potencia-
ción a largo plazo con cambios morfoló-
gicos en la neurona, en particular en las
espinas dendríticas. Otros investigadores
han identificado una cascada de cambios
moleculares que afectan a las sinapsis
que conducen a esa remodelización de las
dendritas para el mantenimiento a largo
plazo de las conexiones intensificadas, de
las que emergería la memoria.
Con esa avalancha de datos parece
obligado revisar el concepto de engrama.
¿Cuán perdurable es el hipotético cambio
físico? ¿Cuál su relevancia para la expresión
de la memoria? Atrás quedó la idea de un
engrama como cambio duradero inducido
por la experiencia del aprendizaje, no muy
distinto de las tablillas de cera de las que
hablaba Platón en el Teeteto. El nuevo con-
cepto de engrama pone a prueba las dos
grandes hipótesis de la neurobiología de
la memoria; a saber, la hipótesis de la traza
dual y la hipótesis de la consolidación.
Derivada en buena medida de las obras
de William James y de Donald Hebb, la
hipótesis de la traza dual establece que
las huellas de la memoria se presentan de
una forma efímera (memoria a corto pla-
zo, STM, de short-term memory) o de forma
estable y a largo plazo (LTM, de long-term
memory). De acuerdo con la hipótesis de
la consolidación, para que la memoria sea
a largo plazo, debe acometer un proceso
de maduración, que torna dicha huella en
resistente a agentes y tratamientos que
pueden erosionar o borrar la memoria a
corto plazo. El término consolidación re-
mite a los procesos de estabilización de la
memoria hipotética en diferentes niveles
de organización cerebral. Los neurobiólogos
moleculares hablan de estabilización del al-
macenamiento de la información sináptica,
que se completa horas o días después de
la codificación. La consolidación celular es
universal y se ha observado en todas las es-
pecies capaces de adquirir memoria a largo
plazo. Pero existe también «consolidación
de sistemas», concepto que remite a la reor-
ganización de la información en circuitos
corticohipocampales distribuidos. Este pro-
ceso requiere semanas, meses posiblemente
e incluso años en completarse.
La hipótesis de la traza dual y la hipó-
tesis de la consolidación guardan estrecha
relación mutua. Para que la traza o hue-
lla sea dual, tiene que darse la transición
de una forma a otra, que no es otra cosa
que su consolidación. Para que se produz-
ca consolidación, hemos de convenir en
que se registra un cambio en la traza de
la memoria. Ambas hipótesis consideran
que el aprendizaje consiste en un proceso
dependiente de la experiencia, en el que
el estímulo docente desencadena un des-
plazamiento del desarrollo local en deter-
minadas áreas del cerebro, con procesos
de desarrollo locales en grupos interco-
nexos de neuronas. La memoria vendría
a ser resultado de procesos de desarrollo
en los circuitos neuronales que codifican
la información recién adquirida.
La hipótesis de la consolidación implica,
pues, dos atributos interrelacionados de la
memoria a largo plazo: la unidireccionali-
dad a lo largo de la flecha del tiempo y la
estabilidad en el tiempo. Se acepta, en par-
ticular, que una vez producida la consolida-
ción, los contenidos de memoria se hacen
resistentes a inhibidores de síntesis de pro-
teínas y otros agentes amnésicos. La reac-
tivación de los contenidos de memoria a
largo plazo abre una ventana de susceptibi-
lidad a los agentes amnésicos, largo tiempo
después de terminada la consolidación. Este
fenómeno, denominado reconsolidación ,
quedó postergado durante decenios. La
reconsolidación interviene en la actualiza-
ción de la memoria a largo plazo.
Los avances neurocientíficos recientes,
incluidos los de la genética molecular,
obligan a poner en cuestión la teoría de
la consolidación y a formular una visión
más dinámica y adaptativa de la memoria.
De acuerdo con su expresión tradicional, la
memoria cementa la información en el ce-
rebro de una manera secuencial, gradual,
con una fase inicial lábil que dura unas
pocas horas, cuando las memorias pueden
alterarse, y fases más tardías, cuando la
memoria es mucho más tenaz frente a
la interferencia. Aun cuando muchos de
nuestros recuerdos son vívidos y algunos
podrían incluso ser precisos, la mayoría de
los que recordamos de nuestra vida dia-
ria ni son exactos, ni abundan en detalles.
Modificamos nuestros recuerdos, aunque
solo sea ligeramente, cada vez que los evo-
camos. De acuerdo con la teoría de la con-
solidación, los lapsus o errores de memoria
que experimentamos no son más que los
fallos obligados de un sistema imperfecto
y obligado a trabajar con los compromisos
difíciles de evolución. La memoria implica
varias etapas o fases de mediadas por un
conjunto de moléculas, células y circuitos
neuronales. Un fracaso en cualquiera de
esos componentes desemboca fácilmente
en imperfecciones de la memoria.
La investigación reciente sobre modifi-
cabilidad de la memoria a largo plazo ha
revitalizado un marco conceptual alterna-
tivo a las hipótesis de la huella dual y de la
consolidación. Ese marco conceptual alter-
nativo perfila los contenidos de memoria en
dos estados alternativos: activo e inactivo.
Activo es el estado de la traza de la memoria
inmediatamente después de su codificación
y recuperación. En caso distinto, la memoria
es inactiva. Con el tiempo, la huella se alter-
na entre activa e inactiva. Siempre que está
activa, la huella entra en un estado especial,
en el que se muestra plástica y susceptible a
los agentes amnésicos. El comienzo del fin
de la teoría de la consolidación se remonta al
año 2000, cuando se publicaron dos artícu-
los sobre la reconsolidación que ejercieron
una profunda influencia: una lúcida revi-
sión de Susan Sara y un trabajo de investiga-
ción del grupo de Karim Nader. Proponían,
en breve, que los recuerdos acometen pro-
cesos similares a la consolidación cada vez
que son reclamados y que la interferencia
con los procesos de consolidación durante
la evocación debilita e incluso borra tales
recuerdos. Los trabajos posteriores de Yadin
Dudai, Karim Nader y Oliver Hardt demos-
traron que buena parte de la maquinaria
molecular que nosotros creemos recuerdos
almacenados en un estado permanente se
requiere también para estabilizar los recuer-
dos cada vez que son reclamados.
En la investigación sobre la codificación,
consolidación y recuperación de lo recorda-
do, se parte de la premisa de una memoria
con muchas dimensiones y fases diversas
MENTE Y CEREBRO 50 / 2011 95
que dependen de una información de ori-
gen muy dispar. A su vez, el rango de estudio
abarca desde un conocimiento intuitivo de
la memoria asociada a reflejos y condiciona-
miento en animales hasta la memoria per-
sonal, maleable y compleja. En 1988 Bernard
Baars demostraba que la corteza era el cen-
tro de comunicación o teatro de la memoria
consciente. A comienzos de los noventa se
inicia la búsqueda de correlatos neurobio-
lógicos de la experiencia subjetiva. Gerald
Edelman y Giulio Tononi, en 2001 propusie-
ron una visión sinóptica de la memoria, en-
tendida como una «propiedad del sistema»
de un campo unificado de conciencia.
El estudio del deterioro de la memoria
episódica con amnesia retrógrada llevó
a la teoría de la consolidación de memo-
ria, propuesta en 1994 por Larry Squire
y Pablo Álvarez. Su modelo reticular co-
nectaba secuencialmente la memoria con
el lóbulo temporal medio para almace-
namiento transitorio de memoria y con
el neocórtex para el almacenamiento a
largo plazo. Junto a ese modelo estándar,
basado en la conservación de la memoria
episódica humana, el equipo de James Mc-
Clelland introdujo un marco de procesa-
miento distribuido, paralelo, que desplazó
el centro de atención hacia la permanen-
cia de la memoria neocortical. Esta teoría
promovió la búsqueda de memoria que
se fijaba gradual y permanentemente en
el transcurso del tiempo. ¿Se hallaban los
distintos tipos de memoria consolidados
en diferentes estructuras?
Para abordar la potenciación en dife-
rentes tipos de memoria, James McGaugh
se concentró al inicio del nuevo milenio
en la hormona adrenalina (epinefrina), un
neuromodulador que respondía al estrés.
El tema de la potenciación química de la
memoria reviste interés persistente. Se-
rotonina, dopamina y norepinefrina se
contaron entre los neurotransmisores mo-
noaminérgicos estudiados como posibles
agentes de estabilización de los recuerdos.
Quedó demostrado que la actividad po-
tenciadora de la acetilcolina, liberada por
neuronas que se proyectan hacia regiones
cerebrales que median la memoria, modu-
laba a esta, la memoria de diversas formas
clínicamente útiles.
Hacia finales de los años noventa, la téc-
nica de formación de imágenes por reso-
nancia magnética funcional (RMf) se apli-
có a la cartografía directa de la actividad
cerebral responsable de la memoria. Los
estudios basados en esa técnica ponían
de manifiesto el alto grado de distribución
de los sistemas cerebrales de memoria. El
advenimiento de los avances en biología
celular y biología molecular posibilitó
centrar el foco de la consolidación de la
memoria en los procesos de los sitios
postsinápticos de las dendritas con la ac-
tivación de los receptores de NMDA y las
quinasas. Se observó que la conmutación
de la proteína CREB era necesaria para la
formación y consolidación de la memo-
ria. Ese funcionamiento se demostró en
la sensibilización de los reflejos motores;
primero en los estudios de Eric Kandel
sobre el molusco gasterópodo Aplysia y,
más tarde, en la mosca del vinagre Dro-
sophila por Tim Tully y Jerry Yin y en ra-
tas y ratones por Alcino Silva y otros. Ese
trabajo permitió que los planteamientos
neurofarmacológicos y neurobiológicos
se integrasen, estableciendo, por ejemplo,
relaciones entre señalización por el neuro-
transmisor serotonina y la transcripción,
dependiente de CREB, de genes para los
efectos a largo plazo de los procesos de
memoria. Los planteamientos genético-
moleculares prepararon el camino para
la teoría de la reconsideración. En 2009
Karim Nader y Oliver Hardt reclamaban
un nuevo modelo de memoria que inte-
grara de forma exitosa la consolidación y
la reconsolidación.
El estudio de los sueños aporta otra
dimensión al análisis de los procesos hu-
manos de memoria, el de la imaginación,
que parece aplicarse también al estado de
vigilia. En la memoria episódica, la imagi-
nación constituye un factor útil que cam-
bia, actualiza y extiende el conocimiento
anterior; demuestra la plasticidad venta-
josa de la memoria.
De la forma de operar la inquisición
neurocientífica —que explora las propie-
dades conductuales, facultades y fisiología
a partir de lesiones cerebrales, evolución
y bioquímica— sirva de ejemplo la poten-
ciación de la memoria. ¿Puede mejorarse?
Se ha comprobado, en experimentos in
vivo, que se apoyan sobre la inhibición far-
macológica de la enzima proteína kinasa
Mz (PKMz) en la corteza insular refuerza
la memoria. La modulación de la proteína
puede alterar los recuerdos, incluso meses
después de una codificación inicial.
LUIS ALONSO
PSIQUIATRÍA
Un arte en busca de identidad
M
ateria y misterio forman un oxí-
moron. Pese a ello, suelen muchos
seguir la definición de mente dada por
Ambrose Bierce en The Devil’s Dictionary,
publicado en 1911: llámase mente a una
forma misteriosa de materia segregada
por el cerebro cuya actividad principal
consiste en descubrir su propia natura-
leza. De las patologías mentales se ocupa
la psiquiatría, pero esta carece de un con-
cepto coherente de mente. A su búsqueda
dedica MacKinnon el libro de referencia.
Como suele ser habitual en este tipo de
obras con propósito general, el resultado
es un braceo voluntarioso, aunque con la
novedad de la óptica que le prestan las
alteraciones. Así como en genética las mu-
taciones permiten llegar al gen natural,
los trastornos mentales podrían revelar la
naturaleza de los estados normales.
Otros campos de la medicina no solo po-
seen una base lógica más firme, sino tam-
bién metáforas idóneas para aprehender la
función del órgano: el corazón se comporta
96 MENTE Y CEREBRO 50 / 2011
como una bomba, como un filtro el riñón,
los pulmones son fuelles, los nervios un
tendido eléctrico, etcétera. Con esas imá-
genes sencillas podemos explicar que la
bomba distribuye sangre oxigenada a los
tejidos, que el filtro mantiene el equilibrio
de fluidos, que los fuelles aportan oxígeno
a la sangre y que el sistema nervioso activa
los músculos y traduce estímulos del me-
dio. En cambio, el cerebro carece de partes
móviles y emite escasa sustancia mensu-
rable para recoger y analizar.
La metáfora más extendida de la fun-
ción cerebral es la del computador, en el
que el órgano sería el hardware y la mente
el software. Pero el computador se mues-
tra indiferente a la información que pro-
cesa; en última instancia, tras todas las re-
cursiones que introduzcamos, ni siquiera
si procesa la información. Solo al hombre
le importa conocer la función adaptativa
de la información, las consecuencias que
entraña su elaboración, retención, uso,
refinamiento, ponderación o interpreta-
ción de la información. Consecuencias y
síntomas, déficits y conductas constituyen
el dominio de la psiquiatría.
A la psiquiatría no le falta casuística. De
cada enfermedad pueden escribirse tomos
enciclopédicos. Pero adolece de falta de un
hilo conductor, de una teoría general que
dé sentido a los ejemplos infinitos y vario-
pintos. Ahí reside el telón de Aquiles de la
disciplina. Debe su eficacia terapéutica no
tanto a una sólida base biológica o una teo-
ría psicológica, cuanto a una concatenación
de descubrimientos fortuitos, la aplicación
de empatía, un conocimiento de las razones
que motivan una conducta y, sin duda, el
progreso de la investigación clínica. Para
definir una enfermedad mental, los psi-
quiatras utilizan el manual oficial de diag-
nóstico psiquiátrico, el Manual Diagnósti-
co y Estadístico de los Trastornos Mentales
(DSM), donde leemos un elenco de criterios
que acotan cada patología. Sin embargo, una
vez más, no integran esos conocimientos en
un modelo sistemático de la mente.
No siempre la psiquiatría anduvo huér-
fana de teoría. Por ceñirnos a la época con-
temporánea, el tercio central del siglo XX
predominó el psicoanálisis. La teoría psi-
coanalítica explicaba la complejidad men-
tal en términos de la interrelación entre el
yo, el ello y el superyó. Cayó por la propia
inconsistencia científica, develada por Karl
Popper, y por su fracaso en la terapia de
psicosis, adicciones y otras alteraciones.
El enfoque psicoanalítico fue sustituido
por el pragmatismo de la psiquiatría bio-
lógica, con su arsenal de psicofármacos
eficaces. Hoy, lo usual en la academia es
dejar de lado la naturaleza de la mente y
del trastorno mental. Fenómeno insólito
en medicina, donde se subraya siempre la
función natural de los órganos en la salud
y en la enfermedad. A veces, se define una
enfermedad por su causa patológica o por
el proceso biológico que altera; no ocurre
así en psiquiatría. La psiquiatría evita las
definiciones teóricas del trastorno. Las de-
finiciones de los trastornos que encontra-
mos en el DSM se atienen a los fenómenos
superficiales de la patología mental (sínto-
mas, conductas y medidas de ejecución)
que, en virtud de un acuerdo, se da por
características de una entidad diagnóstica.
Un acuerdo negociado por comités sobre
las expresiones distintivas de la psicopato-
logía, si bien no se sabe qué hacer con los
casos atípicos o complejos. Estos últimos
suelen atribuirse a comorbilidad.
Dejando aparte las teorías abstractas, la
psiquiatría del último medio siglo ha veni-
do postulando que los métodos de la cien-
cia biológica terminarían por desentrañar
el funcionamiento del cerebro, lo mismo
que ha ocurrido con el corazón, pulmones,
hígado, los riñones o el sistema inmunita-
rio. De momento, la investigación genética
de un trastorno particular, la asociación de
un metabolismo atípico con una patolo-
gía o las concentraciones alteradas de un
neurotransmisor se quedan a las puertas
de una explicación teórica de la naturale-
za de la enfermedad, pero sin traspasar el
umbral. Las ciencias biomédicas no han
logrado para la psiquiatría lo que han con-
seguido en otros campos: un mecanismo
que explique la enfermedad. Cuando los
conceptos de trastorno mental quedan re-
zagados en relación a la técnica empleada
para estudiarlos, el progreso no depende
ya de la adquisición de más datos, sino del
desarrollo de una idea mejor que dé sentido
a la información amontonada.
Las explicaciones relativas a la célula,
el tejido e incluso el organismo se desen-
vuelven en términos mecanicistas. Me-
nos eficaces resultan esos planteamientos
cuando abordamos al individuo en su
entorno social. Se introducen las expli-
caciones narrativas que, respetando las
leyes de la naturaleza, dejan margen para
la libertad especulativa. Son explicaciones
instrumentales, cuya verdad se mide por
las ideas útiles que genera, no por su tena-
cidad en la resistencia a su falsación deta-
llista. La consistencia de una explicación
narrativa se valora por el grado en que cap-
ta los hechos sobresalientes y los organiza
para revelar las conexiones significativas
entre ellas. La memoria, el aprendizaje y
las fuerzas emocionales y motivacionales
de recompensa y defensa presentan fun-
ciones biológicas importantes para la su-
pervivencia y la propagación, cierto. Pero
esos mismos fenómenos mentales constru-
yen modelos de la realidad para acometer
funciones más abstractas y complejas, que
implican elección, creencia, planificación y
relación con otras personas. El problema
está, a la postre, en la reducción de la mente
al cerebro, postulada o negada según los
autores. Siendo las llamadas propiedades
emergentes (libre albedrío, inteligencia
recursiva y en general las características
distintivas del hombre) el nudo de la cues-
tión no desatado aquí.
LUIS ALONSO
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por Dean F. MacKinnon. The Johns Hopkins
University Press, Baltimore, 2011.
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