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Teoría y crítica del

pensamiento latinoamericano
Arturo Andrés Roig
XII
DESDE EL PADRE LAS CASAS HASTA
LA GUERRA DEL PARAGUAY
La consideración del desarrollo de algunos momentos del humanismo
hispanoamericano es de valor para un análisis de las formas ilegítimas de
reconocimiento, tal como se han dado entre nosotros. Parecerá, tal vez, extraño
que hablemos de ilegitimidad a propósito del humanismo, mas, es lo cierto que
ste tuvo sus primeras manifestaciones como fruto de una actitud paternalista,
que es de la que quisiramos, en particular, hacer algunos esbozos históricos.
!ablaremos de tres formas del discurso paternalista" el paternalismo lascasiano,
el paternalismo idílico bolivariano, el paternalismo populista alberdiano #
concluiremos mostrando la crisis de este $ltimo como consecuencia de la %uerra
del Paragua#. &n cada uno de ellos trataremos de mostrar de qu manera el
humanismo que los ha movido se encontró limitado e incluso desvirtuado por
formas de reconocimiento que consideramos ilegítimas.
&l primer su'eto que se enfrenta a la realidad americana con una comprensión
continental # desde la necesidad de su incorporación a la &uropa colonizadora
atlántica es, para nosotros, el conquistador ibero. &ste enunciará su palabra desde
un (ego conquisto( cu#a relación con el ego cogito de la modernidad ha señalado
&nrique )ussel *+,--" +./+-0. &l problema de la legitimidad de ese (#o
conquistador( avanzó 'unto con el hecho mismo de la su'eción de las nuevas
tierras # sus hombres. 1as, no lo hizo siempre, a pesar de mantenerse dentro de
los trminos de la relación dominador/dominado, de igual manera, en cuanto que
generó dos discursos muchas veces abiertamente contrapuestos, el de la violencia
# el de la no/violencia. )e este $ltimo quisiramos ocuparnos particularmente.
&n los primeros tiempos de la conquista, que coincide con aquel momento
acumulativo que mencionamos a propósito del problema de la recepción del
legado, no se puede hablar de una afirmación del su'eto americano, dentro de la
relación de dominación. &l $nico que aparece como valioso para sí mismo es el
conquistador. &n un segundo momento surge, sin embargo, por imperio del
proceso de evangelización, otro tipo discursivo que abrirá la posibilidad del
discurso potencial del dominado, el (discurso paternalista( que se organizará,
precisamente, sobre el problema de la tenencia #, en relación necesaria con ste,
el del ser mismo del hombre americano como agente de su hacerse # de su
gestarse.
La formulación más acabada # significativa de este discurso fue obra de fra#
2artolom de las 3asas. 3on l se inicia la historia del humanismo entre
nosotros, como tambin la historia de un tipo discursivo que tendrá una vigencia
permanente, salvando, claro está, las diferencias epocales que podrían señalarse.
Para dar forma a su propio discurso, Las 3asas se ve obligado a hacer una
caracterización de lo que impropiamente podríamos llamar (discurso opresor
violento(, en cuanto que el conquistador, al fundar toda relación en una fuerza
represiva, renuncia de hecho a la palabra. 4u (discurso( se expresa, seg$n nos
dice el mismo Las 3asas, con (palabras saturadas de afrenta # de in'urias( # que
no son, por eso mismo, más que 5griterío( *Las 3asas, +,-6" 76+ # 7680. La
(in'uria( consiste fundamentalmente en negarle humanidad al otro" (...fin'en
estos hombres mil falsos testimonios algunas veces per'urando, diciendo de los
infieles que son perros, que son idólatras, que están envueltos en muchos
nefandos crímenes, que son est$pidos # fatuos, e inhábiles e incapaces, por tanto,
de la fe, de la religión # de la vida o de las costumbres cristianas9.
&stos hombres que con el pretexto de que el otro es (idólatra( lo su'etan por vía
de violencia, están a su vez poseídos por un (ídolo(" el deseo de dominar. (&stos
hombres más bien hacen libaciones en honor de 2aalim, es decir el ídolo peculiar
de los que tal hacen # que es el que los domina # los tiene su'etos # está en
posesión de ellos: en otras palabras" el deseo de dominar, la inmensa ambición de
enriquecerse que nunca se sacia ni tiene fin, # que es tambin su idolatría. Porque
2aalim, seg$n 4an ;erónimo, significa (mi ídolo(, el que me domina # está en
posesión de mi....(. &l (ego conquisto( resultaba un (ego conquistado(, se
autoafirma a sí mismo como valioso de modo exclu#ente, con lo cual se aliena,
se entrega a otro, como lo dice Las 3asas, a su ídolo. &sta es por cierto la
verdadera idolatría, señalada dentro de los límites de una crítica de la razón,
entendida desde el punto de vista de su funcionamiento social # con un acento
marcadamente renacentista no a'eno a la teoría baconiana de los ídolos.
La violencia del conquistador anula toda posibilidad de expresión por parte del
dominado. &l terror ante el (griterío(, las (duras palabras9, los tormentos,
oscurecen su razón"
&l alma humana se consterna con el terror: con el 5griterío9 con el miedo, con las palabras
duras, # mucho mas con los tormentos, se conturba se entristece, # en consecuencia, se
niega a oír # considerar. Los sentidos exteriores # tambin el interior como la fantasía o la
imaginación, se conturban: # la razón, por consiguiente, se oscurece: el entendimiento no
percibe ni puede percibir una forma inteligible, amable o deleitable, sino por el contrario,
una forma que entristece hacindose odiosa, puesto que el mismo entendimiento percibe
todo aquello como malo # detestable, como lo es en realidad *Las 3asas, Ibidem" 768, 76+
# 7680.
La $nica forma que le queda al dominado de autoafirmación de si mismo frente
al dominador, se reduce al odio #, 'unto con l, a negarse a oír: las masas
sometidas se convierten en con'untos de seres enconados # mudos. &l odio es la
$nica vía de expresión de un ser que se niega a ser totalmente reificado, que aun
in'uriado, comprado, vendido, violado, humillado de mil formas # asesinado,
sabe que no es una cosa.
&l conquistador, en cuanto hombre violento, a pesar de haber renunciado a su
propia palabra # moverse tan sólo con la in'uria, tiene quienes elaboren su
discurso con los elementos ideológicos de la poca. <quella palabra reducida a
(griterío(, se hace 'urídica, se incorpora en una historiografía. &l derecho # la
historia cumplen su función de 'ustificación # llega un momento en que se de'an
de oír los gritos de la violencia, la que no por eso habrá de desaparecer. La
historia mundial comenzará entonces a nacer" el arte de construirla consistirá en
poner la sordina al griterío, hacerle que suene como (palabra9.
4e ha dicho que cuando se reconoció que era me'or # más conveniente conservar
vivo al prisionero de guerra que matarlo, nació la sociedad esclavista, mas, no se
ha dicho lo suficiente, pues, para someter a ese hombre había que recurrir al
terror # ste sólo era posible mediante el sacrificio de ese mismo hombre. La
muerte de unos era la condición necesaria para el sometimiento de los otros. )e
este modo, el discurso de la violencia, en contraposición abierta con la palabra de
fra# 2artolom de las 3asas, habla con fuerza no tanto del sometimiento como
del exterminio, por lo mismo que ste era primero a efectos de poder crear el
estado de terror. <sí lo afirmaba ;uan %uins de 4ep$lveda" (Podemos creer...
que )ios ha dado grandes # clarisimos indicios respecto al exterminio de estos
bárbaros( *)e 4ep$lveda, +,=+" ++60: así tambin pensaba %onzalo >ernández de
?viedo, cuando hablaba del genocidio llevado a cabo en La &spañola" (@a se
desterró 4atanás desta Asla" #a cesó todo con cesar # acabarse la vida de los más
de estos indios( # cuando se preguntaba en la misma obra" (BCuin puede dudar
que la pólvora contra los infieles es incienso para el 4eñorD( *3itado por LeEis,
;., +,-6" 8F0. <sí, aquella sordina que se fue poniendo al (griterío( se la fue
colocando de a poco. 1ás adelante, cuando el exterminio masivo había logrado
la sumisión de los sobrevivientes, el discurso opresor tomará cada vez más un
aire de inocencia.
>rente al conquistador, con sus gritos e in'urias como $nica palabra # frente al
discurso 'ustificador de los ideólogos de la conquista en eA que a$n resuena el
(griterío9, se organiza la obra del padre Las 3asas. 4u planteo es simple" se ha de
poner limites a la autoafirmación del dominador # ello será $nicamente posible
reconociendo al dominado su naturaleza racional, vindolo como criatura tan
necesitada en su ignorancia de la salvación, como el otro, en su ansia de posesión
# dominio. La relación dominador/dominado ha de ser organizada desde el plan
de la salvación o de la condenación de las almas, mas, para eso, el dominador
deberá trocar el (griterío( por la (palabra( que seguirá siendo la su#a en cuanto
dominador, pero revestida ahora de una actitud paternal. )e este modo se pasa
del discurso dominador violento, al no violento, al paternalista.
4e trataba sin embargo, como hemos dicho, de un humanismo. <bsolutamente
todos los hombres están en condiciones de recibir el mensa'e cristiano" (...no ha#
ning$n pueblo o nación, en toda la redondez de la tierra, que quede enteramente
privado de este beneficio gratuito de la divina liberalidadGde ning$n modo es
posible que toda # una sola raza # nación, o que los hombres todos de alguna
región, provincia o reino, sean tan del todo est$pidos, imbciles e idiotas, que no
tengan absolutamente ninguna capacidad para recibir la doctrina evanglica(.
<mrica es una de esas regiones de las cuales habla Las 3asas # respecto de cu#a
humanidad rechaza, de modo terminante, las in'urias # calumnias del
conquistador. &l hombre americano puede (recibir la doctrina evangelica(, es
decir. puede escuchar # puede llegar a hacerla su#a. &s, en este sentido, un
hombre como los demás, como el mismo conquistador. &l principio de
universalidad del humanismo cristiano llevaba a Las 3asas a proponer # aun a
exigir un cambio en el sistema de relaciones entre los europeos conquistadores #
los naturales.
4obre esta base se organiza el discurso lascasiano que apunta, por un lado, a
pacificar las almas enconadas # resentidas por causa de la violencia armada,
predicando la resignación. (!e enseñado /dice citando una historia de la vida de
4an Pablo/ que quienes por su alimento # vestido tienen una vida mediocre,
deben estar contentos: he enseñado que los pobres deben regoci'arse en medio de
su pobreza... he enseñado que los hi'os deben obedecer a sus padres # escuchar
sus saludables amonestaciones. !e enseñado que los que poseen bienes deben
pagar con solicitud los tributos... !e enseñado que las mu'eres han de amar a sus
maridos # han de honrarlos como a sus señoresG !e enseñado que los amos
deben conducirse más humanamente con sus siervos: # he enseñado que los
siervos deben servir fielmente a sus amos, como si sirvieran a )ios.. ( La
relacion de dominio quedaba de esta manera Aegitimada, siempre # cuando fuera
entendida sobre la relación (padre/hi'o9.
1as, por otro lado, si bien la pacificación mediante la resignación era condición
indispensable para la recepción del mensa'e cristiano, no era ella suficiente.
3omo consecuencia del análisis acerca de las condiciones que debe reunir el
discurso evangelizador para que realmente pueda ser recibido por el infiel,
afirmará que es imprescindible respetar a ste en su libertad. que no es sólo
libertad interior, sino tambin libertad en la posesión de bienes. 4i el miedo debe
ser eliminado, por lo que conturba el alma en su intimidad, ha de agregarse a esto
un sentimiento de confianza derivado del respeto, no #a a las personas, sino de lo
que ellas poseen. &sta será la $nica palabra que (obliga a callar(, es decir, que
elimina las protestas del evangelizado # que lo predispone para el (oír(, función
básica de la relación paternal. )e ahí que el saqueo de <mrica por parte de los
conquistadores, se le presente a las 3asas como contrario al derecho natural. He
claramente la relación que ha# entre el ser # el tener # como la supresión de la
tenencia afectaba de modo directo al proceso de humanización, aun cuando el
mismo estuviera siempre limitado dentro de los marcos del paternalismo.
BIo es una inqiuidad privarlos de sus bienes, despo'arlos de sus tierras, de sus dominios, de
sus honores, de sus esposas e hi'os, de su libertad # de su vida, # afligirlos # contristarlos de
otras mil manerasD &s ciertamente una iniquidad arrebatar lo a'eno, perpetrar crueles
homicidios, oprimir a los miserables # a los que no pueden defenderse, enriquecerse con los
bienes a'enos, mancharlo todo con acciones torpes # nefandan # e'emplos execrables, e
infamar la religión presentándola como in'usta e inmunda *Las 3asas, Ibidem" .7, 877 #
7F60.
)e este modo, si bien el discurso evangelizador es por naturaleza paternal #, por
eso mismo, debe fundamentalmente ser (oído9, sucede que para que el otro est
en condiciones de prestar audiencia, no se lo ha de violentar, es decir, habrá que
escucharlo en lo que respecta a sus derechos, de los que ha de gozar por
naluraleza" la libertad # el goce de sus bienes. &l infiel, respecto de la verdad
revelada, sólo puede (oír(, mas, para que este acto se convierta en un escuchar,
deberá ser respetado en todo lo que l sabe, en función de su razón natural,
respecto de lo 'usto # de lo in'usto. Por donde el infiel tiene su discurso, su
palabra, la que deriva, precisamente del e'ercicio de la tenencia de sus bienes.
Jales eran los límites que Las 3asas entendía que debían conformar la
autoafirmación del su'eto en cuanto su'eto conquistador, # el modo como el
mismo Las 3asas, bordeando lo utópico, reconocía la autoafirmación del su'eto
americano.
)e este modo, el discurso Aascasiano, que había intentado dar una fórmula
humanitaria al rgimen de conquista # dominación, sin de'ar de ser por eso una
de las variantes del discurso opresor, adquiría un sentido que lo ponía mas allá de
su propia formula paternalista, La exigencia en que había concluido Las 3asas
era sin duda utópica, mas, el punto de partida que se la sugiere, suponía un grado
de conciencia histórica, como asimismo una tesis ciertamente revolucionaria
respecto de la prioridad que muestra la relación de tenencia.