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Un breve ensayo sobre la teoría económica de Karl Marx

La clave de la teoría económica de Karl Marx es el concepto de plusvalía. Dicho
concepto parte de la previa determinación de Ricardo sobre el valor, como
formado por la cantidad de trabajo incorporado en la producción de las
mercancías.
A partir de la idea de Ricardo de que el trabajo incorporado es formador del valor,
advienen los reclamos de los socialistas utópicos, Saint Simon y Proudhon entre
ellos, de que al trabajador le corresponda la totalidad del valor producido, como
asunto de justicia.
Pero Marx da un paso adelante en el análisis y encuentra que no solo es el trabajo
formador de valor, sino que, bajo el régimen capitalista, la fuerza de trabajo
también es una mercancía y que su propio valor se forma de la misma manera que
las demás mercancías, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para
producirla.Por tanto el valor de la fuerza de trabajo será determinado por el costo
promedio de la manutención del obrero y su familia, que es el tiempo de trabajo
socialmente necesario para producir los bienes necesarios para su reproducción.
Convertido en mercancía entra el trabajo a ser, no un producto en el que objetiva
el hombre su proyecto, sino un valor agregado al capital y, bajo dicha condición,
en una potencia extraña que se le enfrenta para someterlo a la lógica de la
acumulación.
En una exquisita obra polémica: “Miseria de la Filosofía” Karl Marx realiza una
demoledora crítica del socialismo utópico y establece una diferenciación
conceptual radical entre “valor de uso” y “valor de cambio”, cuya confusión hacía
posible los desvaríos de moral económica de aquellos socialistas. No sobra decir
que a partir de ese momento quedaría claro que el concepto “valor” en economía
se refiere al “valor de cambio” que expresa el valor de la mercancía como tal y no
al “valor de uso” que es su valor como objeto útil, no destinado entonces al
comercio sino a su consumo en la satisfacción de necesidades humanas
concretas.
Así la fórmula marxiana
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dice que en el valor de la mercancía se incorpora una
parte alícuota del capital, cuya devolución reclama para si el capitalista, el valor de
la fuerza de trabajo que es devuelto bajo la forma de salario y un valor adicional
que es creado en el proceso, al cual llama plusvalía.
Este desdoblamiento del producto – o sea, del resultado del proceso de
producción – en una cantidad de producto que se limita a materializar el trabajo
contenido en los medios de producción o parte constante del capital, otra cantidad
que no hace más que representar el trabajo necesario incorporado al proceso de
producción, o capital variable, y por fin, una cantidad en la que se condensa
el trabajo excedente añadido en el mismo proceso, o sea la plusvalía, es algo tan
sencillo como importante, según hemos de ver cuando lo apliquemos a toda una
serie de problemas complicados y que están aún sin resolver. (MARX, Karl. El
Capital. Tomo I, pag. 140. Fondo de Cultura Económica, Mex. 1959)
Para Marx, la fuerza de trabajo es una mercancía muy particular, pues es el único
de los componentes del proceso productivo capaz de crear un valor nuevo, es
decir que reproduce en su valor en el proceso y agrega un valor nuevo. Los
economistas actuales hablan de valores agregados y uno siente la tentación de
pensar que están reintroduciendo la misma noción de plusvalía, con una
denominación eufemística que la vuelve manejable en la jerga económica sin esas
consecuencias políticas indeseables que tenía en el lenguaje revolucionario de
Carlos Marx.
La descripción que hace Marx del proceso de producción capitalista muestra a
este por contraste con el modo de producción previo que llama mercantil de la
siguiente manera:
En el modo mercantil de producción, el dinero desempeña el papel de mediador
entre dos momentos del ciclo económico, a saber: la producción y el consumo. Se
realiza en ese modo de producción un ciclo que parte de la producción de
mercancías. Las cuales concurren al mercado y se cambian por dinero para
adquirir otras mercancías. Así:
M –> D –> M
y el ciclo recomienza, dando lugar a la reproducción y acumulación simple de
capital.
“Pero no es necesario comprar inmediatamente de haber vendido. Lo que hace
que la circulación derribe las barreras temporales, locales e individuales del
intercambio de productos es precisamente el hecho de desdoblar la identidad
inmediata que existe entre el intercambio del producto del trabajo propio por el
producto del trabajo ajeno mediante la antítesis de compra y venta.” (idem, pag.
74. Fondo de Cultura Económica, Mex. 1959)
Como mediador en la circulación mercantil, el dinero asume la función de medio
de circulación(ibidem).
En el modo capitalista el ciclo es presidido por el dinero y ya no por la producción,
es decir que el dinero ya no es más un medio de realización del cambio sino que
adquiere la función de capital y entra a presidir el proceso productivo. Así
entonces el ciclo ya se invierte y se convierte en dinero que pone en marcha el
proceso productivo en función de la acumulación de capital, en el ciclo Dinero –
Mercancía – Dinero +, al cual llama ciclo de reproducción ampliada del capital. En
los dos extremos de la ecuación se encuentra ahora el dinero
D –> M –> D+ (dinero aumentado)
Al desentrañar de ese modo la lógica del modo de producción capitalista, Carlos
Marx, destruye la ilusión de los socialistas utópicos y coloca en otro terreno el
reclamo de la clase obrera.
Mientras los socialistas utópicos se fundamentan en argumentos morales para
reclamar la igualdad, Marx renuncia por completo a ese tipo de argumentos y
funda su expectativa de socialismo en la que caracteriza como una necesidad
histórica. El Capital muestra en todo detalle como en el modo de producción
capitalista se va desarrollando un conflicto que consiste en que las fuerzas tiene
un carácter cada vez más colectivo, más colaborativo, mientras que la propiedad
de los medios de producción tiene la tendencia contraria a una concentración
creciente. Esta afirmación ha sido muchas veces tachada de falsa por diversos
analistas que ven en la quiebra y disolución de empresas, y en la fragmentación
de la propiedad por las sucesiones, o en el surgimiento de nuevas pequeñas
empresas, un signo contrario, pero la consideración de los grandes conjuntos
económicos tiende a demostrar palmariamente la veracidad de la afirmación de
Marx. Enormes capitales dirigen actualmente la economía del mundo, por encima
de fronteras nacionales, culturales, étnicas y religiosas.
Imposibilitados de ocultar la obra de Marx, en la cual han abrevado todos, buena
parte de los economistas presentan la teoría de Marx en la forma más desvirtuada
posible. Así los diferentes modos de producción son presentados como una
sucesión idílica de estados evolutivos que surgen naturalmente unos de otros.
Nada más alejado de la verdad. La disolución del feudalismo no fue en modo
alguno una pacífica transición hacia otro modo de producción que de pronto se
descubrió como superior. Fue en cambio el producto de crisis insalvables en las
que las relaciones de producción existentes, con toda su secuela de relaciones
políticas, normativas jurídicas, mercados, etc., resultaron ineptas para seguir
existiendo, frente a la fuerza de relaciones nuevas que hacían más productivo el
trabajo y se erigían como poderes nuevos y más fuertes. Estas relaciones nuevas
fueron formándose y se consolidaron en el interior de las viejas relaciones y las
llevaron a su destrucción.
Esa contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, es la que
Carlos Marx coloca en el centro de su teoría de la transformación social y de la
cual afirma, como ley del desarrollo histórico que debe cumplirse inexorablemente,
y producir la destrucción del modo de producción existente para dar paso a su vez
a nuevas relaciones de producción más acordes con el grado de desarrollo
máximo que deberán haber alcanzado las fuerzas productivas.
Estas destrucciones que generan los cambios históricos, no ocurren de manera
abstracta, sino en la forma concreta de violentas luchas entre las clases, cuya
existencia los economistas insisten en negar mediante el recurso de los
eufemismos y mistificaciones, como aquella que asigna a algún tipo de virtud la
formación del capital. Mediante la investigación histórica, Marx se encargó de
demostrar que no hay tal idílica acumulación virtuosa del capital sino que la
acumulación originaria de capital es un proceso de gran violencia, en el cual se
arroja a grandes masas de población, despojándolas de su derecho a la tierra,
proceso que en nuestro país hemos visto ocurrir frente a nosotros. Los cuatro
millones y más de desplazados que ha producido la guerra actual no son los
únicos, ellos se suman a los cientos de miles despojados en la violencia de los
años cincuenta, en una guerra que no hizo más que continuar la expropiación
violenta operada por la conquista española, agudizando un proceso de
concentración propietaria de la tierra y generando una mano de obra proletaria
que ha de servir como mano de obra barata a los procesos de acumulación
ampliada de capital, festín para el que se llama a gritos a los inversionistas
extranjeros.