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Norbert Elias:
compromiso y
distanciamiento
Conversación con
Enrique Guerra Manzo
Camino a Delfos
Recientemente publicó el libro Breve introducción al pen-
samiento de Norbert Elias, editado por la Universidad
Autónoma Metropolitana. ¿Por qué escogió la figura de este
personaje para centrar en él parte de sus estudios?
Elegí a Norbert Elias para aplicarlo en mis inves-
tigaciones desde principios de la década de 1990. Fue a
raíz de la crisis de los grandes pa radigmas (especialmente
del marxismo y del estructuralfuncionalismo) y en el
contexto de la reciente caída del socialismo real que este
autor llamó mi atención. Al sumergirme en la lectura de
El proceso de la civilización, el primero de sus libros que
leí, me pareció que ahí aparecía una clara alternativa para
pensar los problemas de que me ocupaba (la formación
del Estado mexicano posrevolucionario y sus vínculos
con las clases subalternas).
A diferencia de los clásicos de la sociología (Carlos
Marx, Max Weber, Emile Durkheim), Elias ofrecía un
enfoque más allá de las dicotomías que me parecía muy
Arturo Sánchez Meyer
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heurístico para pensar los entramados sociales. Construyó
una sociología “cazadora de mitos” que se esfuerza por
ofrecer asistencia a los seres humanos en los problemas
que enfrentan al vivir en sociedad: crisis, guerras, ciclos
de violencia, construcción de instituciones, gestión del
conflicto, relaciones de género, balanzas de poder entre
establecidos y marginados, entre otros aspectos. Elias
quería que se le recordara no como un clásico de la
sociología —que lo es—, sino como alguien que abre nuevos
caminos. Mi libro trata de llevar al lector poco familiarizado con su
pensamiento por esos nuevos caminos.
¿Podría explicar de manera breve en qué consiste la “sociología figuracional ”
desarrollada por Norbert Elias?
Elias define su concepto de figuración social como “el modelo cam-
biante que constituyen los jugadores como totalidad, esto es, no sólo con su
intelecto, sino con toda su persona, con todo su hacer y todas sus omisiones
en sus relaciones mutuas”. Tal figuración —sigo citando sus palabras en
Sociología fundamental, en donde Elias resume sus conceptos centrales—
“constituye un tejido de tensiones. La interdependencia de los jugadores,
que es la premisa para que constituyan entre sí una figuración específica,
es no sólo su interdependencia como aliados sino también como adversa-
rios”. Es decir, implica cooperación y conflicto. Elias considera que en “el
centro de las cambiantes figuraciones o […] del proceso de figuración hay
un equilibrio fluctuante en la tensión, la oscilación de un balance de poder,
que se inclina unas veces más a un lado y otras más a otro”. Una de las
peculiaridades de todo proceso de figuración social es el de los “equilibrios
fluctuantes de poder”. Por ello, en vez de conceptos sustancialistas, deriva-
dos de un pensamiento estático, invita a construir conceptos en términos
relacionales y procesuales. Pues el carácter dinámico de lo social nos obliga
35
a ello y en ese sentido pensar lo social en términos de
metáforas de juego es muy útil.
Este modo de definir una figuración permite que
pueda aplicarse tanto a pequeñas como a grandes agru-
paciones sociales: el profesor y sus alumnos en una clase,
el médico y sus pacientes en un grupo de terapia, clientes
de un café reunidos en una mesa de tertulia, niños en
un kindergarten. Todos ellos, afirma Elias, constituyen
figuraciones, pero también los habitantes de un pueblo,
una ciudad o una nación. Aun cuando en estos últimos
casos “la figuración no sea directamente perceptible”
porque las cadenas de interdependencia que vinculan a
las personas son más largas y diferenciadas.
En opinión de Elias, la sociedad también pue -
de ser vista como una gran figuración: es un campo de
fuerzas y las clases, grupos e individuos que la cons-
tituyen luchan por mejorar sus oportunidades vitales.
Dado que en toda sociedad hay una interdependencia
valorativa, se afirma en La sociedad cortesana, “se reduce
la posibilidad de que un individuo crezca sin que tales
actitudes valorativas sociales se conviertan en parte
de sí mismo”. En la sociedad cortesana tenía mucho
sentido ser duque, conde, un privilegiado de la corte.
Y toda derrota en esa lucha por las oportunidades
vitales significaba “una pérdida de sentido. Por ello,
cada uno de estos hombres debía cumplir con todos
los deberes de representación que estaban vincula-
dos con su posición y privilegios”. Todo el sistema
cortesano estaba dominado de una férrea competencia
“entre hombres que buscaban conservar su posición
bien limitada respecto de los que estaban abajo, y
quizá también mejorarla respecto de los superiores,
mediante un corrimiento de las fronteras. De todas
partes saltaban chispas”.
Al igual que en otras sociedades, también en la
absolutista de Francia hubo “enclaves destinados a los
hombres que buscaban su autorrealización apartándose
de los campos donde se situaban” estas encarnizadas lu-
chas por las “oportunidades de valor”. Los monasterios
y otras posiciones eclesiásticas “ofrecían la posibilidad
del apartamiento y el retiro. Pero, a su vez, abrían con
frecuencia el camino a otras formas de competición
por el status y el prestigio”.
Elias observa que las teorías sociológicas tienden
a concentrarse sólo en uno de los polos de la actividad
humana: se apoyan sólo en la acción o sólo en la expe-
riencia, sin tener en cuenta el carácter multiplanar de la
personalidad humana. Por ejemplo, los sociólogos del
comportamiento observan acciones, y los fenomenó-
logos observan experiencias. En cambio, como afirma
en su obra Compromiso y distanciamiento, y aquí está
la esencia de la respuesta a la pregunta, la sociología
figuracional considera al ser humano en su conjunto. Se
basa en un modelo pentadimensional de una pluralidad
de seres humanos, modelo que abarca “tanto los aspec-
tos tetradimensionales y directamente observables del
comportamiento como los aspectos de la experiencia,
del pensamiento, las emociones y los instintos” (los ha-
bitus). La tarea para el sociólogo consiste en el estudio
y descripción “de sus interdependencias funciona -
les dentro de las unidades [figuraciones] multipla-
nares de los individuos humanos, así como también
dentro de los procesos sociales no planeados que los
seres humanos crean junto con factores no humanos
y entre ellos mismos”. Para explicar a la sociedad en
términos figuracionales, Elias acuñó diversos concep-
tos que son útiles en esa empresa: balanzas de poder,
habitus, figuración, enlaces dobles, mecanismos de
Norbert Elias: compromiso y distanciamiento
36
monopolio, democratización funcional, proceso civilizatorio, balanzas de
establecidos y marginados, compromiso y distanciamiento, entre otros.
¿Cómo cree que haya afectado en el pensamiento de Elias la llegada al poder de
los nazis, si él era un joven judío que tuvo que exiliarse de Alemania?
Elias tenía una enorme sensibilidad para percibir los problemas con-
temporáneos de su época. La década de 1920 en Alemania se vio marcada
por ciclos de violencia incesantes entre grupos de
derecha e izquierda que pronto llamaron su aten-
ción. Empero, en mi opinión, fue la llegada de los
nazis al poder en 1933 lo que lo hizo decidirse a
estudiar los vínculos entre racionalización, proceso
civilizatorio y violencia, aspectos que forman el
núcleo central de su programa de investigación a lo
largo de su carrera. Pero no sólo el nazismo marcó
su pensamiento, sino también parte de su habitus.
Su madre murió en un campo de concentración y
su padre antes de entrar en uno de ellos. Elias nun-
ca pudo olvidar esa terrible experiencia y durante
algunos años se sometió a terapia. No es casual que
uno de sus últimos libros haya sido La soledad de
los moribundos.
¿Se puede considerar a Norbert Elias como uno de los
fundadores de la sociología?
Definitivamente. En los años en que se formó intelectualmente Elias
en el campo de la filosofía, la psicología y la sociología (1918-1933), todavía
los científicos sociales tenían la convicción de que la ciencia podía descubrir
cosas importantes, siempre y cuando se trabajara con las herramientas
adecuadas. Elias abandonó la filosofía porque creía que ésta sólo ofrecía
conocimiento especulativo de poco valor empírico. Si los seres humanos
querían comprender de mejor manera los entramados sociales en su devenir
se tenía que pensar en términos posfilosóficos. De ahí que se convierta
en sociólogo. Ni Marx, Weber, Durkheim o Georg Simmel se atrevieron
a ir tan lejos en relación con la filosofía. Elias es un claro fundador de la
sociología porque se esforzó en dotarla de un nuevo lenguaje, que rompiese
con las dicotomías heredadas de la filosofía trascendental (alma/cuerpo,
abstracto/concreto, contenido/forma, individuo/sociedad, entre otras),
ancladas en la imagen del homo clausus, y construir uno nuevo a partir de
la imagen de los seres humanos como homines aperti y sus entramados
histórico-procesuales en que transcurren sus experiencias vitales. Procuró
también dotarla de una metodología más adecuada a
la realidad, que denominó “compromiso y distancia-
miento”. Por todo ello, es un legítimo fundador de la
sociología en una de sus direcciones más prometedoras.
¿Le parece que el estudio de las humanidades en nuestro
país tiene un nivel adecuado?
No. Si bien el estudio de las humanidades se ha
acelerado en las últimas décadas todavía está muy por
debajo del nivel alcanzado en los países más desarro-
llados. Es cierto que en algunos centros académicos
ha alcanzado un nivel competitivo a estándares inter-
nacionales, pero en la mayoría de ellos acusa un nivel
inadecuado.
¿Nota usted una tendencia a nivel mundial de favorecer el
estudio de las disciplinas que se consideran más “rentables”
económicamente?
Sí. Hay una tendencia a privilegiar disciplinas
que más responden a los dictados del mercado. Ello
se aprecia no sólo en la demanda estudiantil, sino
también en las becas y financiamientos a los proyectos
de investigación. Empero, en mi opinión las cien -
cias deben de gozar de una relativa autonomía para
elegir sus problemas de investigación y no estar sujetas
a los vaivenes del mercado.
¿Cuál es la principal utilidad de la sociología dentro de la
sociedad actual?
Ofrecer conocimiento sólido de los problemas
que brotan de nuestra convivencia en sociedad. La
historia es un río que nos arrastra, pero también hay
márgenes de maniobra que tienen los seres humanos
para guiar los procesos sociales en que están insertos.
Un conocimiento más distanciado (robusto), más ade-
cuado con la realidad, permite que las intervenciones
humanas sean más atinadas. Por ejemplo, el actual ciclo
de violencia en que está inserta la sociedad mexicana
podría solucionarse de mejor manera si tuviéramos
un conocimiento sociológico (en términos histórico-
procesuales) más profundo.
¿Qué piensa respecto de la falta de enseñanza de la ética
como materia de estudio en la educación preparatoria?
Es fundamental. La ética siempre nos ayuda a ser
mejores seres humanos. Ninguna sociedad es posible
sin ella. Entre más temprano se enseñe mayor impacto
tiene en nuestros habitus.
¿Le parece que estas últimas grandes crisis económicas que
han sufrido muchos países desarrollados, así como un apa-
rente desmoronamiento del neoliberalismo, deberían llevar
a los filósofos y pensadores a considerar cambios radicales
en el ámbito social?
Sí. Considero que todos los estudiosos de las cien-
cias del hombre deben enfrentar ese desafío. Justo la
promesa de la sociología eliasiana apunta a ello: derri-
bar no solo los mitos (por ejemplo, el del neoliberalismo
y su oferta darwiniana) que bloquean la comprensión
de los fenómenos sociales, sino que también impiden
una mejor convivencia social y alcanzar mayores niveles
civilizatorios ecológicamente sustentables.
Norbert Elias: compromiso y distanciamiento