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Calidad de vida y

comportamientos de riesgo
en estudiantes universitarios
Colección Monografías de la Academia
Carlos Alejandro Hidalgo Rasmussen
Calidad de vida y
comportamientos de riesgo
en estudiantes universitarios
ARCE Bayardo Héctor Sabas
Edificación y construcción, Patologías comunes
Guadalajara, Jal. : Editorial Universitaria, 2009.
108 p. ; 22.8 cm. -- (Colección Monografías de la Academia)
ISBN 978 607 450 129 2
Se prohíbe la reproducción, el registro o la transmisión parcial o total de esta obra por cualquier sistema de recuperación de
información, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, existente o por existir,
sin el permiso por escrito del titular de los derechos correspondientes.
En la formación de este libro se utilizaron las familias tipográficas Frutiger de Adrian Frutiger y Scala de Martin Majoor.
D.R. © 2010, Universidad de Guadalajara
Editorial Universitaria
José Bonifacio Andrada 2679
Colonia Lomas de Guevara
44657 Guadalajara, Jalisco
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www.editorial.udg.mx
ISBN
Agosto de 2010
Impreso y hecho en México
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Vicerrectoría Ejecutiva
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Secretaría General
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Rectoría del Centro Universitario
de Ciencias Económico Administrativas
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Corporativo de Empresas Universitarias
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Dirección de la Editorial Universitaria
Primera edición, 2010
Textos
© Carlos Alejandro Hidalgo Rasmussen
Coordinación editorial
Sayri Karp Mitastein
Producción
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Coordinación de diseño
Edgardo López Martínez
Diseño de interiores
Sol Ortega Ruelas
Diseño de portada
Lópx. Diseño y Comunicación Visual
Formación
Lópx. Diseño y Comunicación Visual
Corrección
J. David Rodríguez Álvarez
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Índice
9 Prólogo
12 Introducción
15 De los conceptos a la justificación
16 Conceptos
16 Calidad de vida
17 Estado de salud, situación funcional y bienestar
17 Comportamientos de riesgo
18 Antecedentes
18 Calidad de vida
19 Comportamientos de riesgo
22 Planteamiento del problema
23 Justificación
27 De los objetivos a las consideraciones éticas
28 Objetivos, hipótesis, material y método
28 Objetivos
28 Hipótesis
28 Tipo de estudio
29 Población y muestra
30 Variables de estudio
31 Instrumentos
34 Procedimientos
37 Análisis estadístico
41 Consideraciones éticas
42 De los resultados a la discusión
43 Descripción de resultados
44 Calidad de vida
46 Comportamientos de riesgo
51 Verificación de hipótesis
51 Calidad de vida y variables sociodemográficas
57 Comportamientos de riesgo y variables sociodemográficas
79 Comportamientos de riesgo y nivel socioeconómico
82 Calidad de vida y comportamientos de riesgo
82 Calidad de vida por ítem de comportamientos de riesgo
88 Conclusiones
91 Índice de tablas y gráficas
92 Índice de tablas
93 Índice de gráficas
94 Bibliografía
113 Anexo. Cuestionario aplicado
Hace cinco años, cuando se empezó a gestar este libro, dos figuras eran esenciales
para mí. En 2007, estando en España, tales figuras volvieron a tener un papel
destacado en la actualización de este esfuerzo de varios años. Hablo de mis
padres, profesionales de la salud e investigadores a quienes quiero agradecer su
apoyo y entusiasmo para que yo pudiera llevar a cabo esta investigación. Siempre
estuvieron presentes como asesores, guías e impulso para poder superar los
difíciles momentos por los que pasa un investigador joven. Sin su temple, algunos
momentos del trabajo hubiesen sido devastadores. Ahora, superados y vistos a
la distancia, aquellos momentos de congoja, desaliento e incertidumbre se han
convertido en una experiencia colmada de aprendizajes para mi vida.
Prólogo
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La conducta humana es producto de la interacción entre el ambiente que nos
rodea y nuestra constitución biológica. En este marco se configura la perso-
nalidad del ser humano fundamentalmente durante la adolescencia, etapa de
transformación del niño en adulto. En este período de la vida los jóvenes tie-
nen experiencias que configuran su futura forma de vivir.
El hombre es un ser biológico, psicológico y social. Su calidad de vida es
una valoración subjetiva que se hace de su proyecto vital. Se admite que los
estilos de vida aprendidos durante la adolescencia influyen en la calidad de
vida que disfruta a lo largo de su existencia.
El presente libro es resultado de una amplia investigación sobre la calidad
de vida de los adolescentes de la Universidad de Guadalajara (UdeG) que ana-
liza los comportamientos de riesgo de los estudiantes del Centro Universitario
del Sur (CUSur). Si se considera que en el momento actual el grupo de edad
de los 12 a los 19 años representa más del 20% de la población de México, se
comprende la importancia del presente estudio.
Las herramientas utilizadas para realizar el estudio son dos cuestiona-
rios estadounidenses: la Versión de Investigación del Instrumento de Calidad
de Vida en la Juventud (Youth Quality of Life Instrument Research Version,
YQOL-R) y Vigilancia de los Comportamientos de Riesgo de la Juventud (Youth
Risk Behavior Surveillance, YRBS). Ambos cuestionarios resultan sumamente
adecuados para la investigación realizada y fueron validados en español en
el presente estudio. Carlos Alejandro Hidalgo Rasmussen posee una sólida
formación académica y un amplio currículo profesional, que acreditan su ex-
periencia en el tema.
El lector interesado en los comportamientos de riesgo en la adolescen-
cia y su efecto en la calidad de vida encontrará en esta obra descripciones
conceptuales de gran trascendencia y una aplicación pormenorizada de los
cuestionarios. El autor describe en detalle los resultados de su estudio y llega
a conclusiones que le proporcionan una gran solidez al libro.
Cabe señalar, aparte del examen exhaustivo de los comportamientos de
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los jóvenes estudiados, el capítulo sobre los procedimientos que describen los
cinco apartados que dedica a explicitar las formas en que se realizó la investi-
gación, todos ellos muy interesantes y entre los que cabe destacar las conside-
raciones éticas del estudio.
Como señala el autor, no hay consenso en la definición de calidad de vida.
De ahí que la mejor manera de evitar una utilización incorrecta de la mis-
ma es conocer con la mayor profundidad posible todo lo relacionado con este
campo. Este libro sobre el efecto que tienen los comportamientos de riesgo
en la calidad de vida de los adolescentes resulta de gran trascendencia para el
avance en el conocimiento de la problemática de la juventud mexicana en el
tercer milenio.
Oviedo, 9 de febrero de 2010.
Radhamés Hernández Mejía
Profesor de medicina preventiva y salud pública
Departamento de Medicina, Universidad de Oviedo
Introducción
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Con la intención de difundir mis investigaciones sobre los comportamientos
de riesgo y la calidad de vida de los y las adolescentes de que trató mi tesis
doctoral por la Universidad de Oviedo (2007), escribí un primer libro que
abordaba las teorías, los conceptos y los instrumentos titulado De los compor-
tamientos de riesgo a la calidad de vida de los adolescentes, en el que conté con
la valiosa participación de tres expertos en estos temas: los doctores Alfredo
Hidalgo San Martín, Bettylú Rasmussen Cruz y Radhamés Hernández Mejía,
quienes me estimularon para realizarlo y lo revisaron. El presente libro es la
continuación de dicha obra, pues aborda los resultados de una investigación
realizada con estudiantes adolescentes para medir su calidad de vida y sus
comportamientos de riesgo, así como para explorar la relación entre ellos. En
este trabajo se utilizan los datos recogidos en el año 2006; es el primero que
se realizó sobre calidad de vida en estudiantes de la Universidad de Guadala-
jara y la información fue captada con un instrumento específico para medirla.
La intención era conocer en qué medida se asociaban los comportamientos de
riesgo con la calidad de vida, línea de investigación que emplea tanto un acer-
camiento negativo como uno positivo para valorar a los adolescentes; el pri-
mero centrado en el comportamiento, el segundo en la percepción y actitud.
El segundo capítulo se dedica a los conceptos de calidad de vida y de com-
portamientos de riesgo. En el primero se exponen, de acuerdo con la Orga-
nización Mundial de la Salud (OMS), las características más relevantes de la
calidad de vida y se compara este concepto con los conceptos de bienestar y
salud. Otro tanto se hace en lo referente a los comportamientos de riesgo. En
el mismo capítulo se plantea el problema y se presenta la justificación de la
investigación en términos de su magnitud, trascendencia, vulnerabilidad y la
factibilidad de su abordaje. En el capítulo tercero se plantean los objetivos y las
hipótesis de este trabajo, y también explica la metodología, es decir, el tipo de
estudio, las características de la muestra y los estudios de validez y confiabili-
dad realizados tanto para el instrumento referente a la calidad de vida como
para el relativo a los comportamientos de riesgo, así como los procedimientos
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seguidos para la aplicación y el análisis estadístico. En el capítulo cuarto se
presentan en forma simultánea los resultados y la discusión, primero en rela-
ción con la estadística descriptiva para la calidad de vida y los comportamien-
tos de riesgo, después exponiendo la verificación de cada una de las hipótesis
planteadas. Finalmente, en el capítulo quinto se exponen las conclusiones.
Este estudio es un importante argumento para decir que no solamente
los daños que sufre el individuo deterioran su salud sino que también lo im-
pactan los comportamientos de riesgo porque afectan su calidad de vida. Esto
hace significativo el presente trabajo en comparaciones nacionales o interna-
cionales porque, a diferencia de otros, para realizarlo se utilizó el cuestionario
Versión de Investigación del Instrumento de Calidad de Vida (Youth Quality
of Life Research Versión, YQOL-R). Este es el primer estudio que empleó dicho
instrumento en México.
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Conceptos
Calidad de vida
El de calidad de vida es un concepto con una gran cantidad de definiciones
(cfr. Hidalgo, 2007). Los estudios al respecto son tan numerosos como el poco
entendimiento entre los autores (Hendry y McVittie, 2004). A las propuestas
de Borthwick-Duffy (1992) y de Felce y Perry (1995) se añadió un modelo
más y se habló de modelos de calidad de vida al considerar los aspectos que
incluyen las definiciones creadas a través del tiempo para este concepto. Así,
se encuentra que la calidad de vida ha sido descrita como: condiciones de vida,
satisfacción, condiciones objetivas y subjetivas y condiciones de vida y satisfac-
ción personal ponderadas por la escala de valores, aspiraciones y expectativas
personales.
En un esfuerzo por contar con una definición de calidad de vida que pu-
diera ser útil para muchos estudios, la OMS conformó en 1991 un grupo de
investigadores de varios países para llegar a acuerdos sobre el concepto de ca-
lidad de vida, a la que definió como “la percepción del individuo de su posición
en la vida en el contexto de la cultura y sistema de valores en el cual él vive y en
relación con sus objetivos, expectativas, estándares y preocupaciones” (World
Health Organization Quality of Life Group, 1995). En su propuesta, este grupo
considera que el constructo de calidad de vida tiene tres áreas de consenso:
1. Es subjetiva y comprende tres niveles: información sobre el funciona-
miento, evaluaciones globales de funcionamiento y evaluaciones de fun-
cionamiento altamente personales.
2. De naturaleza multidimensional, que incluye como mínimo las di-
mensiones física, psicológica y social y que para su instrumento el
World Health Organization Group (1995) incorpora también una di-
mensión espiritual.
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3. Incluye dimensiones positivas, por ejemplo funcionamiento de rol y mo-
vilidad, y dimensiones negativas como sentimientos negativos, fatiga y
dolor (World Health Organization Quality of Life Group, 1995).
Estado de salud, situación funcional y bienestar
Existe acuerdo en que el concepto de calidad de vida es más amplio que el
de estado de salud e incluye aspectos del ambiente que pueden ser afecta-
dos o no por la salud o la percepción de ésta. Algunos se resisten a la me-
dicalización y ven la calidad de vida como una percepción total al definirla
en relación con las necesidades o simplemente como lo que la persona
dice que es.
El estado de salud tiene un rango que va desde lo negativo, como la muer-
te, hasta aspectos positivos como la función del rol. Es un concepto útil para
valorar servicios de salud y efectividad de tratamientos.
La situación funcional mide las limitaciones para ejecutar roles sociales o
en actividades. La calidad de vida también es distinta de la situación funcional,
ya que alguien con limitación funcional puede tener alta calidad de vida gra-
cias a su soporte ambiental o su perspectiva de la vida. El bienestar mide las
percepciones subjetivas, incluyendo reportes de sensaciones y evaluación de
la salud y el estado subjetivo. Los síntomas pueden ser incluidos o considerar-
se por separado. La diferencia entre calidad de vida y bienestar está en el nivel
de la evaluación; la calidad de vida es más global, mientras que el bienestar
puede tener relación con sus dominios, por ejemplo el psicológico o el físico
(Patrick, 2003).
Comportamientos de riesgo
En este estudio se utiliza para denominar los comportamientos que, por estar
en la cadena causal, aumentan la probabilidad de que aparezca una enferme-
dad o daño.
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Antecedentes
Calidad de vida
Se han hecho estudios en adolescentes con daño o enfermedad (Flechtner et
al., 2002; Schwimmer, et al., 2003; Swallen et al., 2005; Gerharz et al., 2003;
Edwards et al., 2005) y en adolescentes con discapacidad (Edwards et al.,
2003), donde se muestra la relación entre enfermedad y calidad de vida.
También se han realizado estudios en los que fueron incluidos adolescen-
tes sanos (McCabe y Cummins, 1998; Coker et al., 2000; Dish et al., 2000;
Simeoni et al., 2001; Cohen et al., 2001; Kernick y Reinhold, 2002; Schwim-
mer et al., 2003; Edwards et al., 2003; Drescher et al., 2003; Gerhardt et al.,
2003; Baddini et al., 2004) que han reportado, por ejemplo, las disparidades
en la percepción de la calidad de vida del adolecente entre sus padres y ellos
mismos, la influencia de las actitudes positivas en la satisfacción personal, los
niveles de consumo de alcohol y los problemas mentales y la influencia de las
experiencias sexuales y los sentimientos hacia éstas en la calidad de vida, entre
otros interesantes resultados.
Otros autores han explorado la asociación entre índice de masa corporal
y calidad de vida y han mostrado, en general, el exceso de peso asociado con
una más baja calidad de vida. Una serie de estudios encontraron asociada
una menor calidad de vida al sobrepeso (Swallen et al., 2005; Kunkel et al.,
2009), la obesidad (Larsson et al., 2002) o el índice de masa corporal (Tsiros
et al., 2009). Otros no han encontrado relación entre sobrepeso y calidad de
vida (Hassan et al., 2003) y entre sobrepeso y el aspecto psicosocial (Swallen et
al., 2005). Al utilizar la autopercepción como medición subjetiva del peso en
adolescentes estudiantes, Gillisson et al. (2006) encontraron menor calidad
de vida asociada a la percepción de peso inadecuado.
También mostraron que esta asociación puede variar de acuerdo con el
género. Un estudio reportó que las mujeres adolescentes con exceso de peso
tuvieron una calidad de vida significativamente más baja que aquellas que no
lo tenían en todos los dominios, excepto el emocional (Larsson et al., 2002).
En el estudio de Schwimmer et al. (2003) la calidad de vida no difirió por
género, mientras que en el de Larsson et al. (2002) fue distinta, y fue peor el
componente físico en mujeres a medida que aumentaba el índice de masa
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corporal. En el estudio de Swallen et al. (2005) el género fue un importante
predictor de resultados. Las mujeres reportaban peor salud general, más li-
mitaciones funcionales y más síntomas de enfermedad, depresión y baja au-
toestima. Los modelos que crearon, estratificados por género, indicaron que
la masa corporal funciona de manera diferente en hombres que en mujeres.
Mientras que las niñas con sobrepeso no reportaron peor salud emocional
que las que tenían índice de masa corporal normal, los niños con sobrepeso
reportaron peor salud general que los niños con este índice normal. En otro
estudio las mujeres percibieron más sobrepeso que los varones y reportaron
menor calidad de vida que ellos (Gillison et al., 2006).
Ariksson-Schmidt et al. (2007) valoraron la influencia del estrés en la ca-
lidad de vida en adolescentes con discapacidad motora. Unalan et al. (2008)
buscaban determinar la calidad de vida de estudiantes y sus relaciones con
niveles de ansiedad en Turquía. Finalmente Palacio-Vieira et al. (2008) realiza-
ron un seguimiento de tres años en la calidad de vida relacionada con la salud
en adolescentes de España.
Comportamientos de riesgo
Los estudios más tradicionales de comportamientos de riesgo se han hecho
en Estados Unidos mediante el Sistema de Vigilancia del Comportamiento
de Riesgo (Youth Risk Behavior Surveillance System, YRBSS), que examina
principalmente seis grupos de comportamientos de riesgo: lesiones no in-
tencionales y violencia; uso de tabaco; uso de alcohol y otras drogas; riesgos
sexuales; riesgos alimentario y riesgo por falta de actividad física. Sus princi-
pales autores son Kolbe et al. (1993).
En México han destacado los estudios que reportan la prevalencia de acci-
dentes en jóvenes realizados por el Instituto Nacional de Estadística, Geogra-
fía e Informática (INEGI) en 2005, el inicio de las lesiones a otros y el acoso a
los 15 años (Medina et al., 2005). Por otra parte, el INEGI reportó que el grupo
de edades entre 15 y 19 años fue el que presentó más incidentes de violencia
en los últimos doce meses con el 55.83% (INEGI, 2004b).
En 2003 la mayor frecuencia de intentos de suicidio se dio en mujeres
de 15 a 19 años con 15.3%. Los suicidios también se dieron más en mujeres
de estas edades, en las que ocurrió uno de cada cuatro (INEGI, 2004a). En la
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Universidad de Guanajuato se hizo un estudio en 2,532 estudiantes de prepa-
ratoria de 13 a 22 años con una media de 15.75, donde se encontró que el 8.6%
había intentado suicidarse, en una proporción de uno por cada 25 en hombres
y tres de 25 en mujeres (Chávez et al., 2004).
En la ciudad de Guadalajara, 343 estudiantes de preparatoria (11.95%) pre-
sentaron antecedentes de intento de suicidio (Valadez et al., 2005).
En un estudio realizado en la ciudad de México con 1,502 estudiantes de
psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México se encontró que
el consumo de tabaco afectaba a tres de cada cuatro alumnos, con una propor-
ción mayor de hombres (77.3%) que de mujeres (69.9%) (Consejo Nacional
contra las Adicciones, 2003).
La Encuesta Nacional de Adicciones 2002, ENA de México estimó que de
las personas encuestadas de 12 a 17 años (13.7 millones) el 16.1% había con-
sumido tabaco; de éstos el 9% fumó en el año previo a la entrevista y el 7.1%
lo hizo alguna vez en la vida y lo abandonó después. El 38.3% de las personas
de 12 a 17 años eran fumadores pasivos y de éstos el 78.5% vivían en áreas
urbanas y el 21.5% en áreas rurales. Los hombres y mujeres de áreas urbanas
(15.4% y 4.8% respectivamente) fumaban más que en las áreas rurales (11.3%
y 1% respectivamente) (Secretaría de Salud e INEGI, 2004).
En la encuesta de estudiantes de nivel medio y medio superior de la
ciudad de México aplicada en noviembre de 2003 a 10,569 de 12 a 22 años,
con una media de 14.6, se encontró que el consumo de tabaco alguna vez
fue de 51.1% en hombres y 49.9% en mujeres y que hubo un aumento des-
de la secundaria hasta el bachillerato (Villatoro et al., 2005).
Finalmente, Nuño et al. (2005), en un estudio sobre el consumo de tabaco
en una muestra de 3,056 estudiantes de preparatoria de la Universidad de
Guadalajara, encontró como factores asociados al consumo habitual de taba-
co, el tabaquismo en los padres, hermanos y amigos; la progresión en los
semestres del bachillerato; estudiar en el turno vespertino; trabajar además de
estudiar, y ser un alumno irregular.
Diversos estudios han reportado que el consumo de alcohol en nuestro
país se está iniciando antes de los 15 años de edad (Ariza et al., 2002; Beren-
zon et al., 1999; Medina et al., 2004; Valdés et al., 2002), lo cual ha llevado a la
alta prevalencia en estudiantes, que parece ser más alta aún que la población
general (Medina et al., 2004).
La ENA 2002 reportó que el 30% de la población adolescente de entre 12
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y 17 años eran bebedores y que era menor la diferencia entre sexos en compa-
ración con la población adulta. La cerveza era la bebida de preferencia con el
70% (CONADIC, 2003).
La Encuesta Nacional de la Juventud 2005, hecha por el Instituto Mexi-
cano de la Juventud y el Centro de Investigación y Estudios sobre Juventud,
encontró que en México el 63% de los hombres de 15 a 19 años reportó que
consumía algún tipo de bebida alcohólica, frente al 47.1% de las mujeres. En
total, el 56.9% de las personas de estas mismas edades reportó que consumía
algún tipo de bebida alcohólica (Instituto Mexicano de la Juventud, Centro de
Investigación y Estudios sobre Juventud, 2006).
En un estudio realizado en el estado de Morelos con estudiantes de entre 11
y 24 años se encontró que existía una relación del consumo de drogas ilegales
con el consumo de alcohol y tabaco en edades tempranas (Herrera et al., 2004).
Posteriormente, en una encuesta de estudiantes de nivel medio y medio
superior de la ciudad de México de 12 a 22 años se encontró que el uso de ma-
rihuana aumentó de 5% en 2000 a 5.6% en 2003 en los hombres y de 1.9% a
2.3% en mujeres de las mismas edades (Villatoro et al., 2005).
En un estudio realizado por Ortiz et al. (2003) para examinar la frecuencia
del embarazo no deseado y el aborto provocado en estudiantes mujeres de
primer año de medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México se
halló que el 22% de las encuestadas eran sexualmente activas, de las cuales el
83% había utilizado algún método anticonceptivo alguna vez. Con respecto al
embarazo, 19 mujeres (3.5%) de la muestra de 549 estudiantes de medicina
habían estado embarazadas; 9 de ellas habían continuado con el embarazo,
mientras que las otras 10 dijeron haber tenido un aborto, es decir, el 53% de
los embarazos de los estudiantes de medicina terminaron en aborto. De las
mujeres que abortaron 8 refirieron haber tenido uno, mientras que el resto
habían tenido dos abortos.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 reportó que la presencia
de conductas alimentarias de riesgo en la población adolescente se ha converti-
do en un problema social. Los resultados señalaron que el 18.3% de los jóvenes
reconoció que en los tres meses previos a la encuesta les preocupaba engordar,
consumir demasiado o perdieron el control del comer. Otras prácticas de riesgo
son las dietas, los ayunos y el exceso de ejercicio con el objetivo de bajar de peso.
A este respecto, el 3.2% de los adolescentes indicó haber puesto en practica estas
conductas en los últimos tres meses. En menor proporción se encontraron la
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practica del vómito autoinducido y la ingesta de medicamentos. Por otra parte,
se observó que la práctica de estas conductas alimentarias es una situación que
afecta a las mujeres en mayor proporción, y entre ellas las más afectadas son las
del grupo de 16 a 19 años (Olaiz et al., 2006).
La Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica en México, en po-
blación mayor de 18 años, destacó una prevalencia de bulimia de 0.6% en
hombres y 1.8% en mujeres (Medina et al., 2003).
Planteamiento del problema
Las principales causas de muerte y los peores problemas de salud en los ado-
lescentes se deben a sus comportamientos de riesgo. Los estudios han encon-
trado que gran parte de los problemas de salud del adulto se generan en la
adolescencia y la juventud.
Los antecedentes muestran gran proporción de comportamientos de
riesgo en cada vez más estudios hecho sen adolescentes mexicanos. Así, se
observan tendencias ascendentes en consumo de alcohol, tabaco y drogas, re-
laciones sexuales tempranas y el no uso de condón ni de anticonceptivos. Los
factores vinculados a muchos de ellos han sido la relación con pares, las carac-
terísticas de sus familias, la autoestima, el género, la edad y las condiciones
socioeconómicas.
La calidad de vida puede ser un marco útil para integrar estas influencias
externas e internas desde la perspectiva individual. Como lo ha definido la
OMS, la calidad de vida es una percepción individual de su posición en la vida
en el contexto de la cultura y el sistema de valores en el que viven y en relación
con sus metas, expectativas, patrones e intereses. Así, el de calidad de vida es
un amplio concepto afectado por complejas condiciones en formas de salud
física, estado psicológico, nivel de independencia, relaciones sociales y relacio-
nes de la persona con algunas características del medio ambiente.
Tres aproximaciones metodológicas se han usado para examinar la co-
rrelación de conductas de riesgo. La primera relaciona conductas de riesgo
con factores. La segunda examina el hecho de que una persona que tiene
una conducta de riesgo facilita el que tenga otras, por lo que las interven-
ciones tempranas reducen la posibilidad de involucrarse en otras. La ter-
cera se enfoca en la interrelación entre conductas de riesgo y la ocurrencia
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simultánea de múltiples conductas de riesgo. Las teorías psicológicas del
desarrollo tratan de explicar el correr riesgos como conducta normal, la
relacionan con baja autoestima y factores contextuales incluyendo pares
(Topolski et al., 2001).
Aunque el interés en medir la calidad de vida en los adolescentes ha
aumentado, pocas investigaciones de riesgo en ellos han considerado as-
pectos positivos y negativos en el contexto de la percepción de su vida. Los
instrumentos de medición de la calidad de vida proveen el significado de por
qué medir ambos aspectos –positivos y negativos– de sus vidas aportando
una evaluación general que incluye ambiente y aspectos individuales. Ellos
pueden aumentar los márgenes de la actual investigación de las conductas
de riesgo al incluir las percepciones de los adolescentes que permiten com-
prender las formas en que surgen las conductas de riesgo. Así, los compor-
tamientos de riesgo pueden, en parte, reflejar un estado normativo del de-
sarrollo del adolescente en que las elecciones en lo relacionado con la salud
son otro ejemplo del aumento de la independencia, caracterizado por probar
roles y conductas de los adultos. La ausencia de conductas de riesgo, sin em-
bargo, no es sinónimo de salud. Y menos de bienestar. Nuevos estudios de
adolescentes abstinentes, experimentados y que presentan comportamien-
tos de riesgo muestran que estas experiencias no necesariamente conducen
a desajustes (Topolski et al., 2001).
Frente a la falta de diagnósticos sobre los comportamientos de riesgo y la
calidad de vida de los estudiantes, que podrían ampliar la visión y las estra-
tegias educativas institucionales, en el año 2006 se plantearon las siguientes
preguntas: ¿cuál es la calidad de vida y cuáles son los comportamientos de
riesgo de enfermedades y lesiones en los estudiantes del Centro Universitario
del Sur de la Universidad de Guadalajara? y ¿cómo se asocia la calidad de vida
a los comportamientos de riesgo en estos estudiantes universitarios?
Justificación
La población adolescente de entre 10 y 19 años ascendía en 1990 a poco más
de mil millones en el mundo (García y Alberts, 1999). En América Latina y el
Caribe se ha estimado un aumento del 138% entre 1969 y 1990, con lo cual
pasó de 40.1 a 95.7 millones (Hubner, 2000).
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De esta manera, el incremento de la población joven en la actualidad es
un fenómeno que llama la atención. Las personas de entre 10 y 19 años re-
presentan el 20% de la población y se distribuyen en proporciones similares
entre hombres y mujeres; se estima que el 80% de las personas jóvenes viven
en áreas urbanas y el 64% son pobres. Se ha hablado mucho del llamado
bono demográfico, que según investigadores de la Universidad de Harvard
consiste en que hay un crecimiento mucho mayor en el número de personas
que trabajan que en el de personas dependientes. Varios países de la región
latinoamericana tienen la posibilidad de aprovechar esta situación, aunque la
crisis económica global sin duda retardará más su ocupación en un empleo.
Esto podría favorecer de manera importante la situación económica de Méxi-
co, pero ello sólo será posible si se invierte lo suficiente en salud, educación y
para ofrecer empleo a los adolescentes.
Es necesario apoyarlos para reducir la emigración, para que cuando
estén en edad de trabajar se puedan integrar como entes activos en la pro-
ducción de su propio país. Si se margina a esta parte de la población esto
tendrá repercusiónes negativas en los sistemas de salud y educación, así
como en el trabajo. Aunque en el aspecto educativo se ha reducido el anal-
fabetismo, son mayores las exigencias en cuanto a los niveles que debe
alcanzar la población y existe una gran disparidad, por ejemplo, entre quie-
nes habitan las áreas urbanas y los de las rurales. El país todavía está lejos
de hacer realidad los 12 años del nivel educativo básico que permitirían vis-
lumbrar unas condiciones de vida digna. En América Latina únicamente
Chile se acerca a los 12 años, y Panamá se aproxima a los 11. Son los países
latinoamericanos más avanzados en este aspecto.
El desempleo juvenil en la región asciende al 16%. Las mujeres en esas
edades que trabajan representan el 30% de la población económicamente ac-
tiva en Chile y el 51% en Paraguay. Un estudio realizado por la Comisión Eco-
nómica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que en 1994 el 20%
de los núcleos familiares estaba encabezado por mujeres, muchas de ellas
menores de 18 años. Por otra parte, 560,000 jóvenes de entre 15 y 24 años de
edad viven con VIH sida en América Latina, de ellos el 60% son hombres y el
31% mujeres (Shutt y Maddaleno, 2003).
La población de México es de más de 100 millones de personas, de las
cuales el 21.3% son adolescentes. Esta población se duplicó en términos abso-
lutos en los últimos 30 años para llegar a 10. 5 millones. Entre el año 2000 y el
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2020 se estima que el grupo de población más grande será el de 10 a 19 años
(Secretaría de Salud, 2001a).
En cuanto a riesgos, el 27% de la población adolescente tenía sobrepeso
u obesidad, el 10% fumaba y los accidentes de tránsito en vehículos de motor
eran la primera causa de muerte en la población de 15 a 19 años (Secretaría de
Salud, 2001a).
El informe de salud 2003 reportó que en México en los últimos veinte
años los suicidios habían aumentado de manera preocupante en el grupo de
11 a 20 años de edad; mientras que dos décadas atrás era la más baja para
cualquier grupo de edad, ahora representa el doble de la tasa de suicidios en
mujeres de 65 años o más. Más del 15% de los varones de entre 12 y 17 años
que vivían en el medio urbano consumían tabaco. La proporción de los ado-
lescentes de estas edades que consumían alcohol en áreas urbanas era de 35%
los hombres y 25% las mujeres, mientras que en áreas rurales era de 18% y
10% respectivamente. Empezaban a inhalar pegamentos y fumar marihuana
entre los 15 y 18 años.
En el estado de Jalisco, que en 2000 tenía 6,322,000 habitantes, el 11.21%
eran de 10 a 14 años y el 10.65% de 15 a 19. Ciudad Guzmán, donde se realizó
este estudio, tenía 85,118 habitantes y era la tercera ciudad más importante en
la entidad (INEGI, 2000). En este municipio eran estudiantes universitarios
4,388 en agosto de 2007, según datos de control escolar del Centro Universi-
tario del Sur (S. Guerrero, comunicación personal).
Los centros educativos universitarios tradicionalmente han enfocado su
atención en la enseñanza de conocimientos y habilidades para el desempeño
profesional. Nuevas corrientes (Laguna, 1991; Maddaleno et al., 1995; Socie-
ty for Adolescent Medicine Access, 1992) han dado lugar a la concepción de
que la escuela es una gran oportunidad de aportar el desarrollo de la salud
de adolescentes y jóvenes, para lo cual se han venido integrando en los pla-
nes de estudios materias relacionadas con dicha temática. Sin embargo, esta
nueva educación debe partir de diagnósticos de la salud de sus estudiantes
que incluyan la calidad de vida y los comportamientos de riesgo para que
puedan ser analizados e incorporados como fuentes primarias en las in-
tervenciones que se llevan a cabo en centros educativos con adolescentes
y jóvenes. Existe una amplia bibliografía nacional e internacional sobre la
calidad de vida, pero se enfoca especialmente en la población enferma y es
escasa la que se refiere a la edad adolescente, aparentemente sana. En in-
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vestigación de comportamientos de riesgo de adolescentes y jóvenes hay una
gran tradición sobre todo en Estados Unidos. En México sólo se investigan
comportamientos específicos. Por estos antecedentes limitados, en especial
en México, estamos presentando un estudio de tipo exploratorio.
El presente libro pretende, entonces, aportar al conocimiento de los ado-
lescentes universitarios mexicanos aparentemente sanos. Se trata de un estu-
dio en el que se usó, por una parte, un instrumento de calidad de vida surgido
de la definición acordada por el grupo de calidad de vida de la OMS y, por otra,
uno del grupo de comportamientos de riesgo reconocido por el Center for Di-
sease Control (CDC) de Atlanta, Estados Unidos, para valorar de qué manera
se asocia la calidad de vida con los comportamientos de riesgo.
Como dice González (2002: 16):
Los estudios de calidad de vida permiten buscar información con meto-
dología y técnicas adecuadas, acerca de cómo se están estructurando las
condiciones de vida en la sociedad, en las instituciones, en la familia y
en el individuo, y las consecuencias que puedan producir en la salud y el
bienestar de las personas.
Este estudio contribuye con conocimientos, metodología e instrumentos
para que una universidad integre el estudio epidemiológico de calidad de vida
y comportamientos de riesgo en el espacio escolar, donde se encuentra una
enorme cantidad de adolescentes. Este es un campo en el que se puede buscar
el desarrollo de un entorno que propicie la salud y mejore la calidad de vida
de los estudiantes mediante la instrumentación de servicios de orientación,
información y de salud en esta etapa significativa del ciclo de vida.
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Objetivos, hipótesis, material y método
Objetivos
1. Identificar la calidad de vida en los estudiantes universitarios y su asocia-
ción con las características sociodemográficas.
2. Identificar los comportamientos de riesgo en lesiones no intencionales
y violencia, uso de tabaco, uso de alcohol y otras drogas, comportamien-
tos sexuales, comportamiento alimentario, actividad física y su asociación
con las características sociodemográficas.
3. Analizar las asociaciones entre la calidad de vida y los comportamientos
de riesgo.
Hipótesis
1. Existen diferencias significativas en función de la edad, el género (mu-
jeres-hombres), el trabajo y el nivel socioeconómico en el índice total de
calidad de vida y en los comportamientos de riesgo.
2. Existe una correlación negativa entre la frecuencia global y por ítems de
comportamientos de riesgo y el índice total de calidad de vida.
Tipo de estudio
Se trata de un estudio observacional, transversal y analítico.
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Población y muestra
Se trabajó con una población de 380 estudiantes adolescentes de un total de
651 de primer ingreso en carreras de licenciatura, técnico y técnico superior
universitario del calendario 2006 B del Centro Universitario del Sur (CUSur)
de la Universidad de Guadalajara. Acudieron al lugar de la aplicación en el
horario fijado y contestaron voluntariamente el cuestionario de estudio. Dos
tercios (66.6%) pertenecían al género femenino; la mayoría tenían entre 17 y
18 años de edad y eran solteros; el 20% trabajaban y casi la mitad eran de nive-
les socioeconómicos medio alto y alto. Las carreras fueron diez, entre las que
tenían más estudiantes las de psicología, negocios internacionales, derecho y
enfermería (véase la tabla 1).
Tabla 1. Variables sociodemográficas y escolares de la población estudiada
Variables sociodemográficas
y escolares
Número Porcentaje Total
Género 380
Masculino 127 33.4
Femenino 253 66.6
Edad 377
17 años 119 31.3
18 años o más 258 67.9
Estado civil 379
Soltero(a) 377 99.2
Casado(a) 1 0.3
Unido(a) 1 0.3
Situación laboral 378
No trabaja 318 83.7
Trabaja sin contrato 8 2.1
Trabaja con contrato 52 13.7
Nivel socioeconómico 325
Medio alto y alto 147 45.23
Medio bajo 67 20.62
Clase alta trabajadora 52 16
Clase baja trabajadora 59 18.15
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Variables sociodemográficas
y escolares
Número Porcentaje Total
Carrera 364
Negocios internacionales 51 13.42
Derecho 51 13.42
Emergencias, seguridad
laboral y rescates
15 3.95
Enfermería 44 11.58
Médico cirujano y partero 34 8.95
Médico veterinario zootecnista 44 11.58
Nutrición 47 12.37
Psicología 60 15.79
Técnica de enfermería 9 2.37
Turismo alternativo 9 2.37
Variables de estudio
De comportamientos:
• Comportamientos de riesgo de lesiones no intencionales y violencia.
• Comportamientos de riesgo de uso de tabaco.
• Comportamientos de riesgo de uso de alcohol y otras drogas.
• Comportamientos de riesgo sexuales.
• Comportamientos de riesgo alimentario.
• Comportamientos de riesgo de actividad física.
De calidad de vida, integrada por cuatro dominios:
• General, sobre declaraciones de su vida.
• Personal, sobre los sentimientos acerca de sí mismo.
• Social, sobre las relaciones con otros.
• Ambiental, sobre oportunidades y obstáculos para el futuro.
De condiciones sociodemográficas:
• Edad.
• Género.
• Estado civil.
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Nivel socioeconómico según clasificación de Rivas y Bianchi (1991):
• Nivel medio alto y alto.
• Nivel medio bajo.
• Clase alta trabajadora.
• Clase baja trabajadora.
Instrumentos
Estructura del cuestionario
Se inicia con una explicación general: por qué se hace, a quiénes está dirigido,
qué características tiene, cómo se debe contestar, el uso confidencial de la
información, el diagnóstico y la orientación que recibirá por escrito y la volun-
tariedad. Consta de 112 ítems ordenados por: datos de identificación personal
escolar; características sociodemográficas; calidad de vida, y comportamientos
de riesgo de enfermedades y lesiones (véase el anexo 1).
Cuestionario de calidad de vida y validación
Para valorar la calidad de vida se utilizó el cuestionario denominado Versión de In-
vestigación del Instrumento de Calidad de Vida (Youth Quality of Live Instrument
Research Version, YQOL-R) (Topolski et al., 2002; Patrick et al., 2002a) en su versión
en español.
1
Consta de 62 reactivos, de los cuales se seleccionaron para este estudio
los ítems perceptuales, que son aquellos conocidos sólo por el adolescente y son los
primarios al valorar la calidad de vida, como reflejo de la definición del grupo de
calidad de vida de la OMS: “la percepción de su posición en la vida” (Topolski et al.,
2002) y que fueron trabajados con el módulo perceptual de 41 reactivos.
Como antecedentes de la validación del instrumento se han reportado
en Estados Unidos estudios de validación del YQOL-R: validez de constructo y
validez de criterio con el Kindl
®
Children Quality of Life Questionnaire (Lin et
al., 2007) de .73. Así como consistencia interna con alfa de Cronbach de .77 a
.96 y reproducibilidad de coeficiente de correlación intraclase CCI =.74 a .85)
1
Se cubrieron los derechos del Seattle Quality of Life Group mediante oficio del 28 de
agosto de 2006.
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(Patrick et al., 2002). También se realizó una revisión y adaptación cultural
de la versión en español del YQOL-R en Puerto Rico para dos grupos méxico-
americanos y puertorriqueños (Chávez et al., 2007).
Para verificar la fiabilidad del instrumento se revisó su consistencia inter-
na mediante alfa de Cronbach y la reproducibilidad con el coeficiente de co-
rrelación intraclase. El Scientific Advisory Comitee of the Medical Outcomes
Trust (2002) establece 0.70 en ambos índices como estándar mínimo para
comparaciones de grupo. En este estudio el instrumento obtuvo mediante alfa
de Cronbach en su modulo perceptual .91 (41 ítems), en el dominio personal
.80 (14 ítems), en el dominio social .79 (14 ítems), en el dominio ambiental
.76 (10 ítems) y en el dominio general .89 (3 ítems). Para la reproducibilidad
del módulo perceptual se obtuvieron los datos de dos medidas de 288 estu-
diantes que reunieron los requisitos de haberse aplicado ambas veces (con
intervalo de dos a cuatro semanas). Se obtuvo para el módulo perceptual de
ICC = .8520, el dominio personal .77 (14 ítems), dominio social .78 (14 ítems),
dominio ambiental .78 (10 ítems) y dominio general .75 (3 ítems).
Cuestionario de comportamiento de riesgo y validación
Conformado por una selección de preguntas del cuestionario 2007 YRBS:
Youth Risk Behavior Surveillance del National Center for Chronic Disease
Prevention and Health Promotion. Se revisaron las preguntas que exploraban
principalmente las conductas en los últimos treinta días, excluyendo aquellas
que indagaban sobre las conductas de un período de un año ya que lo que se
buscaba era relacionarlo con la calidad de vida actual, excepto en el caso de
las preguntas de suicidio, por considerar que, por lo significativo del evento,
la persona pudiera conservar en su memoria más frescos los recuerdos rela-
cionados con este evento y, del mismo modo, algunos comportamientos rela-
cionados con la sexualidad. En el cuestionario, la sección de comportamientos
de riesgo quedó constituida por 32 preguntas (véase el anexo 1) que indagan
sobre comportamientos de riesgo de accidentes, adicciones al tabaco, alcohol
y drogas, hábitos nutricionales pobres, actividad sexual insegura, violencia,
abuso sexual, suicidio y actividad física inadecuada. El cuestionario final fue
revisado por tres investigadores expertos en el área y las preguntas fueron
traducidas al español auxiliándose para el área sexual de la versión en español
de Hidalgo et al. (2003).
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Para poder comprobar la fiabilidad del instrumento en su bloque de com-
portamientos de riesgo se consideró necesario invertir todos los reactivos con
afirmaciones en la dirección contraria al riesgo con la intención de que todos,
al tener una calificación mayor, indicaran mayor riesgo. Para ello fueron trans-
formados en distintas variables los reactivos que se iban a invertir. Cuando
las preguntas eran de opción múltiple se aplicó el alfa de Crombach y cuando
eran binarias se aplicó el Kuder Richardson (Coolican, 2005).
Se aplicó para todas las preguntas el alfa de Crombach con un resultado
de .60, por lo que se procedió a agrupar según el nivel de medición de las
variables. En las preguntas binarias se obtuvo .52, para el grupo restante (el de
preguntas con nivel de medición ordinal e intervalo) se obtuvo .63, y al elimi-
nar la pregunta sin escala ordinal o intervalo, de actividad física durante 60
minutos, se obtuvo .74 (en total 14 ítems).
Para verificar la reproducibilidad del cuestionario de comportamientos de
riesgo se aplicó el coeficiente de correlación intraclase (CCI). Para ello primero
se convirtió en puntuaciones índice cada uno de los resultados de cada ítem
de comportamiento de riesgo. Los índices se crearon llevando los puntajes de
los ítems a puntuación T; de este modo las nuevas puntuaciones reflejaban el
porcentaje basado en una escala de 100 puntos, usando la siguiente fórmula:
((Puntuación obtenida-la más baja puntuación posible)/la mayor puntuación
posible)*100
Después se sumaron todos los índices y se dividió entre el número de
ítems, con lo que se obtuvo una puntuación única por cada individuo que iba
del 0 al 100. Este procedimiento se hizo para las dos aplicaciones. Después se
procedió a aplicar el CCI (véase la tabla 2).
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Tabla 2. Índice de correlación intraclase
Correlación
intraclase
a
95% de IC Prueba F con valor verdadero 0
Límite
menor
Límite
mayor
Valor gl 1 gl 2 Sig
Medicion única .676
b
.609 .733 5.172 294.0 294 .000
Medición promedio .807
c
.757 .846 5.172 294.0 294 .000
Modelo de efectos mixtos de dos vías donde los efectos en la población
son randomizados y la medición de los efectos es ajustada.
a
Coeficiente de correlacion intraclase tipo C.
b
El estimador es el mismo si el efecto de interacción está presente o no.
c
Este estimado es computado asumiendo que el efecto de
interacción está ausente porque no es estimable
gl = grados de libertad; Sig = significación.
Este procedimiento supone que siempre existe error de una medición a
otra, pero las puntuaciones también tienden a ser consistentes; por lo tanto se
intenta medir el grado de consistencia del instrumento.
Para interpretar los valores del CCI se consideró a Fleiss (1981), donde
los valores mayores de .90 indican concordancia muy buena y un coeficiente
menor de .30 es malo o nulo; entre .31 y .50 el acuerdo es mediocre, entre .51
y .70, moderado y entre .71 y .90 es bueno.
De acuerdo con esto se puede afirmar que obtuvimos un CCI moderado
(.67). Esto se explica porque los tiempos para la aplicación entre ambas variaron
entre dos y cuatro semanas. Más allá de este tiempo se podrían estar captando
variaciones del individuo y no precisamente problemas del instrumento.
Procedimientos
Para iniciar el estudio se presentó el proyecto a las autoridades del Centro
Universitario del Sur, que después de conocer las características del estudio
autorizaron su realización.
Prueba piloto
Ésta fue aplicada a 15 estudiantes adolescentes de segundo semestre del Centro
Universitario del Sur. En la prueba piloto se evaluaron los siguientes puntos:
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Reacción de estudiantes. La disposición de todos los integrantes de la muestra
para el estudio fue fácil ya que se trabajó por grupos; los registros, al ser com-
pletados electrónicamente, permitieron el llenado automático de las bases de
datos; se tuvo la aceptación de los coordinadores de carrera; el cuestionario
fue aceptado por los estudiantes; el lenguaje usado fue claro, aceptable aun
cuando algunos términos del cuestionario original sobre calidad de vida eran
poco usuales en el contexto donde se aplicaron.
Instrumento de recolección de datos. Las herramientas utilizadas (instruc-
ción, motivación, explicación del objetivo, consideraciones éticas) dieron in-
formación necesaria y consistente. El tiempo programado para administrar
el cuestionario fue suficiente, lo cual pareció que facilitaría su aplicación. La
presentación de las preguntas del formato fue clara. Algunas respuestas cau-
saron confusión porque había otras preguntas que dependían de ellas, lo cual
fue tomado en cuenta.
Preparación y efectividad del equipo de investigación. El equipo estuvo bien
preparado, se insistió en la utilización homogénea de las herramientas por
diferentes miembros del equipo. Se planeó la supervisión de acuerdo con lo
observado.
Procedimientos para procesar y analizar los datos. El sistema de estructura-
ción de la base de datos fue el adecuado y no hubo problemas en el momento
del análisis de los datos, aunque algunos detalles lo demoraron. Los procedi-
mientos estadísticos fueron planeados. La interpretación parecía factible de
acuerdo con lo planeado. Con esto se realizó el cuestionario definitivo (véase
el anexo 1).
Criterios de inclusión
Estudiantes de primer ingreso del Centro Universitario del Sur menores de 19
años que aceptaran participar.
Criterios de eliminación
Estudiantes de la población en estudio de 19 años o mayores.
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Criterios de exclusión
Los estudiantes que luego de iniciar la encuesta no aceptaran continuar o no
aportaran el mínimo necesario de información sociodemográfica.
Estrategias de recolección de la información
Se planeó aplicar los cuestionarios por carrera, en los tiempos fijados por los
coordinadores de carrera para cada grupo. Se programó la aplicación en el
edificio de cómputo del Centro Universitario del Sur. Se solicitaron listas por
grupo a la Coordinación de Control Escolar para poder registrar a los estu-
diantes que entraban a la aplicación y de esta manera llevar una relación de
aquellos a los que faltaría aplicar el cuestionario. La aplicación sería dirigida
por un solo facilitador, quien se presentaría ante el grupo de estudiantes, les
informaría que su participación era voluntaria y de la confidencialidad con
que se tratarían los datos. También explicaría la intención de aplicarlo. Duran-
te la aplicación se aclararían las dudas que surgieran. Los aplicadores fueron
capacitados por el investigador en una sesión, se hizo una demostración del
procedimiento y se realizaron al menos dos sesiones de aplicación con el in-
vestigador principal.
Aplicación del cuestionario
El cuestionario fue autoadministrado en línea por grupos. Una vez terminado
el cuestionario, la información era enviada automáticamente a una base de
datos.
Control de calidad
De la aplicación. Se consideró la contaminación situacional (presentación de
investigadores como de área diferente a la de pertenencia y sin el maestro),
igualdad (iguales indicaciones, iguales cuestionario, igual equipo de aplica-
dores), no participación del aplicador (sólo contesta preguntas), sitio habitual
de pruebas (aulas de cómputo), tiempo (no superior de 60 minutos), factores
personales transitorios (se reduce angustia por ser voluntaria, no calificativa y
acerca de su vida habitual).
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De la calidad de la información. Revisión de calidad del registro de informa-
ción mediante el análisis de congruencia de los datos capturados. La respuesta
en línea evitó errores de transcripción y captura.
Análisis estadístico
Se utilizó la estadística descriptiva de acuerdo con el nivel de medición de
las variables. Se empleó la estadística inferencial para comparar dos o más
poblaciones.
Para lo relacionado con la hipótesis sobre calidad de vida se siguieron los
procedimientos estadísticos que se mencionan. Para algunas de las pruebas
estadísticas que se aplicarían sería necesario verificar si el índice de calidad
de vida tenía una distribución normal. Se realizaron las siguientes pruebas:
1. Un histograma, y se observó que la distribución no era normal (véase la
gráfica 1).
Media = 87.22
Desviación
estándar = 9.179
N = 377
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Índice total de calidad de vida
100.00 80.00 60.00 40.00 20.00
20
40
60
80
100
0
0.00
Gráfica 1. Histograma del índice total de calidad de vida
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2. Se analizó la distribución mediante la simetría y la concentración central
o kurtosis. Para ello se tomó en cuenta que la simetría es una conside-
ración más importante que la kurtosis al decidir si se debe realizar o no
una prueba paramétrica; si es más del doble del error estándar, debe cam-
biarse por una prueba que no sea paramétrica o aplicar algún logaritmo
(Coolican, 2005).
Luego de ser verificadas la simetría y la kurtosis, se observa que la puntua-
ción de ellos era más del doble de su error estándar (véase la tabla 3).
Tabla 3. Estadísticas descriptivas del índice total de calidad de vida
Número Válidos
Perdidos
377
3
Media 87.2237
Mediana 89.7202
Desviación estándar 9.17941
Simetría -2.521
Error estándar de simetría .126
Kurtosis 11.284
Error estándar de kurtosis .251
Esto indica que no es una distribución normal / estándar.
3. El tercer procedimiento consistió en comparar la media con la mediana
(véase la tabla 3). En la tabla 3 se observa que están separadas (aunque
menos de una desviación estándar), es decir, existe asimetría.
4. Se utilizó posteriormente el estadístico Kolmogorov-Smirnov (véase la
tabla 4), que se aplica a muestras grandes o pequeñas para variables con-
tinuas (Guisande, 2006), Si p < .05 indica que no se ajusta a una distribu-
ción normal, como es el caso. También se usó la prueba de Shapiro-Wilk
(véase la tabla 4), que es más recomendable para probar la normalidad de
una muestra, sobre todo si se trabaja con un número pequeño de datos
n < 30 (Guisande, 2006: 56). Si p < .05 significa que no se ajusta a una
distribución normal. Se encontró una p < .001.
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Tabla 4. Pruebas de normalidad para el índice total de calidad de vida
Kolmogorov-Smirnov
a
Shapiro-Wilk
Estadístico gl Sig Estadístico gl Sig
Indice total de calidad de vida .131 377 .000 .805 377 .000
a
Corrección significativa de Lilliefors.
A partir de las pruebas anteriores se concluye que el índice de calidad de
vida total no se ajusta a una distribución normal, por lo tanto debería utilizarse
una prueba no paramétrica (Coolican, 2005: 197). Por ello se utilizó la U de
Mann-Whitney, que permite trabajar con variables al menos en nivel ordinal
y es el equivalente no paramétrico de la prueba T para comparar medias de
dos muestras independientes. Esta prueba transforma las puntuaciones de los
sujetos en rangos. Los rangos promedio son medidas que se utilizan cuando
es imposible usar la media para comparar los grupos porque no se cumplen
los requisitos estadísticos pertinentes.
En segundo lugar se utilizó Chi cuadrada, y puesto que se encontraron
casillas con menos de cinco casos, se aplicó la corrección de Yates (siempre
que no hubiera celdas con menos de 1).
Cuando se usan puntuaciones de índice total de calidad de vida en tres
grupos independientes en cuanto a sus condiciones de trabajo, se emplea la
prueba Kruskal-Wallis, que resulta el equivalente no paramétrico del análisis
de varianza y también utiliza rangos para comparar y saber si son distintos y
se requiere que una variable sea ordinal.
Para la segunda hipótesis se verificó si se podía aplicar el coeficiente de
correlación de Pearson, una prueba paramétrica que mide la asociación lineal
entre dos variables de intervalo. Se probó la normalidad de la distribución con
el procedimiento usado en la hipótesis 1.
1. Al realizar un histograma, no era posible decidir la distribución.
2. La simetría y kurtosis, fue más del doble de su error estándar (tabla 6), lo
que nos indicó que no es una distribución normal.
3. El tercer procedimiento fue comparar la media y la mediana (tabla 6),
donde se observa que están muy separadas (más de media desviación es-
tándar) o sea mucha asimetría.
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Media = 5.5
Desviación
estándar = 2.907
N = 380
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Suma de comportamientos de riesgo
20 15 10 5
10
20
30
40
50
60
0
0

Gráfica 2. Histograma de la suma de comportamientos de riesgo
2. La simetría y la kurtosis fueron más del doble de su error estándar, lo cual
indica que no es una distribución normal.
Tabla 5. Estadísticas descriptivas de la suma de comportamientos de riesgo
Estadístico Error estándar
Suma CR Media 5.50 .149
95% confianza Límite inferior 5.21
Intervalo para media Límite superior 5.79
5% media ajustada 5.35
Mediana 5.00
Varianza 8.451
Desviación estándar 2.907
Mínimo 0
Máximo 20
Rango 20
Rango itercuartil 4
Simetría .919 .125
Kurtosis 1.323 .250
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3. El tercer procedimiento fue comparar la media y la mediana. Se observa
que existe más de media desviación estandar, o sea mucha asimetría.
4. El estadístico Kolmogorov-Smirnov y Shapiro-Wilk (véase la tabla 6) es
menor de .05, por lo que no se ajusta a una distribución normal.
Tabla 6. Pruebas de normalidad para la suma de comportamientos de riesgo
Kolmogorov-Smirnov
a
Shapiro-Wilk
Estadistico gl Sig Estadístico gl Sig
Suma CR = comportamientos de riesgo .137 380 .000 .938 380 .000
a
Corrección significativa de Lilliefors.
Por esta razón se decidió aplicar una correlación de Spearman. Antes de
llevar a cabo la prueba estadística se hizo una gráfica entre el índice total de
calidad de vida y la cantidad de comportamientos de riesgo y se identificó
un residual importante, que fue eliminado. Después de ello se aplicó la p de
Spearman (también conocida como Rho), que es una medida no paramétrica y
mide la asociación entre dos variables de intervalo u ordinales, esta estadística
está basada en los órdenes o rangos. Se utilizó en este estudio para verificar la
correlación que había entre la cantidad de comportamientos de riesgo y la ca-
lidad de vida, así como la correlación entre cada comportamiento de riesgo y la
calidad de vida, fue utilizada para variables de nivel ordinal y para aquellas de
intervalo que no habían cumplido con la distribución normal; de este modo,
a las variables que no tenían al menos nivel ordinal no se les aplicó la prueba.
Los datos fueron procesados con el paquete estadístico SPSS (Statistical
Package for the Social Sciences version 15.0 para Windows).
Consideraciones éticas
Esta investigación se consideró de “riesgo mínimo” de acuerdo con el Regla-
mento de la Ley General de Salud de México en materia de investigación en
salud.
2
A los participantes se les dio a conocer el proyecto, la participación fue
voluntaria. El cuestionario fue autoaplicado. Se obtuvo la autorización formal
de los directivos universitarios. A los alumnos se les aclararon las dudas del
cuestionario que surgían. Los datos fueron confidenciales.
2
http://www.salud.gob.mx/unidades/cdi/nom/compi/rlgsmis.html.
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Descripción de resultados
Antes de exponer los resultados es fundamental hablar de las limitaciones
del presente trabajo. Se trata de un estudio transversal en que no pueden ser
determinadas las relaciones causales. Así, el comportamiento de riesgo podría
afectar la calidad de vida pero también variaciones en la misma podrían llevar
al comportamiento de riesgo.
Otra importante limitación del estudio es que después de haber realizado
un análisis factorial del cuestionario YQOL-R y observado que los constructos
no coincidían completamente con los dominios señalados por los autores del
instrumento, no se utilizaron los factores obtenidos para hacer el análisis de la
información con la intención de poder comparar con otros trabajos.
Al no ser una muestra representativa de un universo universitario mayor,
el resultado sólo es válido para poblaciones equivalentes. Los estudiantes que
no proporcionaron datos podrían tener comportamientos de riesgo y de ha-
berlos expresado podían haber cambiado los resultados.
El módulo contextual y el de discapacidad del YQOL-R no fueron inte-
grados a este trabajo por las particularidades que asumen. El instrumento
de comportamientos de riesgo no profundiza en cada comportamiento y no
incluye –por motivo de extensión del cuestionario- todas las preguntas del
YRBSS. Otra limitación del estudio es el tamaño de la muestra, que no per-
mitió tener sujetos en número suficiente para todos los comportamientos de
riesgo, lo que impidió hacer algunos análisis. Estudios posteriores deberían
revisar las propiedades psicométricas en el contexto mexicano del YQOL-R en
su validez de constructo.
En este capítulo se muestran los resultados obtenidos a partir de la aplicación
de los instrumentos a los estudiantes. Se pretende alcanzar los objetivos planteados
y comprobar las hipótesis que de ellos se derivan. Se presenta primero la descrip-
ción de la calidad de vida y de los comportamientos de riesgo, después el contraste
de hipótesis en tres apartados: la calidad de vida en relación con variables sociode-
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mográficas, los comportamientos de riesgo en relación con variables sociodemo-
gráficas y la asociación entre calidad de vida y comportamiento de riesgo. Al final la
sección se muestran los resultados de los análisis obtenidos para profundizar en la
asociación de la calidad de vida con los comportamientos de riesgo.
Calidad de vida
En el módulo perceptual, que abarca reactivos que se refieren a sentimientos
acerca de sí mismo, los datos mostraron un índice total o media de 87.22 de
un máximo de 98.39 y un mínimo de 18.16. Este módulo está formado por
cuatro categorías o dominios, en los que se obtuvo un rango de entre 81 y 92
(véase la tabla 7), lo que nos representa una calidad de vida alta.
Tabla 7. Puntuaciones del índice total de calidad de vida
y sus dominios para la población estudiada
Número Mínimo Máximo Media Desviación
estándar
Índice total
de calidad
de vida
380 18.16 98.39 87.22 9.18
Puntuación
dominio
general
380 0 100 92.39 12.34
Puntuación
dominio
personal
380 23.57 100 84.05 11.91
Puntuación
dominio
relacional
380 20.07 93.57 81.47 9.5
Puntuación
dominio
ambiental
380 29 100 90.96 8.27
Las calificaciones medias por ítem para los dominios muestran un rango
alto y estrecho en general (sobre 90) y ambiental (84-96), y más amplio en
relacional (75-95) y personal (61-96).
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El dominio relacional que obtiene puntuaciones menores reporta las
relaciones con padres, amigos y personas mayores. Cuando se observan las
puntuaciones por ítem es posible observar que los ítems más bajos hablan
de la dificultad de participar en la toma de decisiones, intentar ser un buen
ejemplo para otros y contar sentimientos a los amigos, mientras que el apoyo
de los padres tiene las puntuaciones más altas. En los casos en que los ado-
lescentes contestan la encuesta a su ingreso a la universidad parecen contar
con el respaldo de los padres pero tienen dificultades con los amigos. Proba-
blemente por ser un lugar de estudio con mayoría de estudiantes foráneos,
la perspectiva de tener que dejar sus pueblos les cause estrés en la relación
con sus amigos habituales, incrementado por la necesidad de concentrarse
en el nuevo reto que enfrentan. A diferencia de los resultados de este estudio,
cuando el mismo instrumento fue aplicado con adolescentes estadounidenses
se obtuvieron las menores puntuaciones en el dominio personal para todos
los grupos investigados y el dominio ambiental tuvo las más altas como en
nuestro estudio (Patrick et al., 2002).
Los valores por ítem se pueden observar en la tabla 8.
Tabla 8. Índices promedio por ítem según dominio
del módulo perceptual de calidad de vida
General Relacional
Satisfecho con la vida 90.42 Adultos trato justo 84.02
Disfruto la vida 92.12 Atención de la familia 92.51
Vida vale la pena 94.67 Entendimiento de padres 85.85
Personal Útil para la familia 91.51
Sigo tratando aunque
no tenga éxito
78.22 Cariño de familia 95.57
Enfrentar dificultades 82.03 Apoyo de familia 95.11
Capaz de hacer las cosas bien 82.8 Llevarse bien con los padres 90.83
Bien conmigo mismo 86.23 Participa en decisiones 77.06
Importante para otros 82.74 Buen ejemplo 75.26
Cómodo con prácticas sexuales 95.91 Contar a amigos sentimientos 80.45
Suficiente energía 89.82 Contento con amigos 91.79
Contento con apariencia 83.62 Satisfecho con vida social 84.99
Cómodo con estrés 62.06 Tomar parte en actividades 90.13
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Acepto errores 91.64 Respeto de pares 88.4
Vida tiene significado 92.75 Ambiental
Creencias dan fuerza 89.36 Vida interesante 91.03
Solo en la vida 77.32 Tratar cosas nuevas 89.71
Sentirse excluido por quien es 82.12 Gusto vecindario 86.17
Entusiasmo al futuro 93.04
Suficiente dinero 84.27
Seguro en casa 96.44
Buena educación 96.89
Conseguir información 87.65
Disfruto aprender 95.04
Seguro en escuela 89.42
Comportamientos de riesgo
Los hallazgos más significativos fueron la alta frecuencia de riesgos al viajar en
vehículo, en especial con amigos; el consumo de bebidas alcohólicas y el fumar,
el riesgo de enfermedades de transmisión sexual y embarazo, las medidas para
bajar de peso y baja actividad física, aunque las otras frecuencias son importan-
tes desde el punto de vista de la salud pública por ser mayores de 1%. En la tabla
9 se pueden observar todos los grupos de comportamientos de riesgo.
Tabla 9. Frecuencias absolutas y relativas en relación con los riesgos
presentes en la población en estudio en último mes o año (N = 380)
Comportamientos de riesgo Frecuencia Porcentaje
No usar cinturón de seguridad cuando el
vehículo es conducido por otra persona
38 9.5
Andar en carro cuando el que conducía había bebido alcohol 156 41.1
Conducir un carro u otro vehículo cuando habías bebido alcohol 47 12.4
Cargar una pistola, navaja o cuchillo 16 4.3
Novio o novia golpear, cachetear o herir físicamente a propósito 3 0.9
Forzar físicamente a tener relaciones sexuales 2 0.6
Sentirse triste o sin esperanza al grado de dejar
de hacer tus actividades usuales
55 14.6
Considerar seriamente el intentar suicidarse 12 3.3
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Comportamientos de riesgo Frecuencia Porcentaje
Hacer un plan acerca de cómo intentar suicidarse 11 3
Hacer algún intento serio de suicidarse 4 1
Pensar o planear suicidarse 5 1.3
Intentar el suicidio 6 1.6
Intentar el suicidio y resultar con alguna lesión
que requirió ser tratado médicamente
1 0.4
Fumó cigarros al menos un día en el último mes 75 21
En los días que fumó, al menos fue un cigarro por día 74 19.6
Tomó bebida alcohólica al menos un día en el último mes 228 60.5
En los días que tomó, consumió 5 o más bebidas
alcohólicas en un par de horas
92 24.5
Fumar marihuana 3 0.8
Consumir una droga diferente a la marihuana 0 0
Tener relaciones sexuales
1
86 22.6
Relaciones sexuales con más de una persona 10 15.6
No usar anticonceptivos como píldora o dispositivo en el útero7 46 53.5
No usar condón 12 13.90%
Con ligero o mucho sobrepeso o ligero o muy bajo peso 163 42.9
No hacer ejercicio para perder peso o evitar subir de peso 188 50.1
No comer menos alimentos, menos calorías o comidas bajas
en grasa, para perder peso o evitar subir de peso
221 58.2
Dejar de comer por 24 horas o más para
perder peso o evitar subir de peso
7 1.9
Tomar alguna dieta de píldoras, polvos o líquidos sin supervisión
de un médico para perder peso o evitar subir de peso
10 2.7
Vomitar o tomar laxantes para perder peso o evitar subir de peso 15 4
Sin actividad física de por al menos 60 minutos por día 331 87.1
No hacer ningún día a la semana clase de educación física 222 58.4
1
No se considera un riesgo en sí, es una pregunta que puede
representar riesgo sólo en combinación con otras.
El primer grupo de comportamientos de riesgo es el de lesiones no inten-
cionales. Respecto a los comportamientos de riesgo de accidente, se observa
que su uso es bajo; sólo el 9.5% lo usa de manera consistente y para los últi-
mos 30 días, aun considerando que el uso de cinturón de seguridad ha llegado
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a ser una exigencia legal en México. La frecuencia de uso es más baja que en
Estados Unidos, donde se han instrumentado hace años medidas de control
más severas y donde el YRBSS 2005 reportó que el 10.2% de los estudiantes
raramente o nunca usaron cinturón en un carro como acompañantes.
Los comportamientos de viajar en carro con un conductor que consumió
alcohol y conducir luego de beber alcohol lo presentó respectivamente el 41.1%
y el 12.4% de la población estudiada, seguramente por el acceso a vehículos
por la edad y porque casi la mitad es de los estratos socioeconómicos medio
alto y alto. Son cifras menores que en Estados Unidos según el YRBSS 2005,
en el hecho de viajar con conductor que ha consumido alcohol se encontró
28.5%. Sin embargo, en este mismo estudio se señala que el manejar cuando
ha bebido alcohol en 2005 fue de 9.9% quizá por temor a un mayor control
policial, que en el caso de México no es muy estricto (CDC, 2007).
En cuanto al segundo grupo de comportamientos de riesgo, se observó
que portaban armas el 4.3%, aun cuando los reglamentos de la Universidad
de Guadalajara prohíben el uso de ellas en las instalaciones universitarias. Sin
embargo, también se debe tomar en cuenta que algunas carreras que ofrece
el Centro Universitario del Sur se prestan para portar navaja, como la de vete-
rinaria y la de turismo alternativo; finalmente, el CUSur se encuentra en una
ciudad pequeña que conserva entre sus actividades principales la ganadería y
agricultura; esto, sumado a las costumbres del campesino de México, podría
explicar la portación de armas en alguna proporción. En Estados Unidos no se
han observado cambios desde 1999, año en que se encontró que el 18.5% de
los estudiantes portaban pistola o cuchillo en los últimos 30 días (CDC, 2007).
Aunque habría que considerar que la legalidad de la compra pública de armas
resulta una variable diferencial con respecto a México.
Respecto a otros ítems, habían sido golpeados por su novio o novia menos del
1% y habían sido forzados a tener relaciones sexuales el 0.6%, porcentaje bajo com-
parado con el nivel nacional de la ENSANUT 2006, donde se plantea que el 15.9% de
las adolescentes reportaron haber sido violentadas de esta forma (Olaiz et al., 2006).
Como se dice en un estudio hecho en Guadalajara, en la violencia sexual
“Los valores ideológicos de la masculinidad sustentan, en ellos y ellas, con-
ceptos y mitos y argumentos que tienden a legitimarla en el nivel del imagi-
nario individual y colectivo y en el plano concreto de la acción, a favor de los
hombres heterosexuales que poseen diversos recursos de empoderamiento”
(Villaseñor y Castañeda , 2003: 55 ).
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En Estados Unidos el YRBS reportó a nivel nacional que el 7.5% de los
estudiantes habían sido alguna vez forzados físicamente a tener relaciones
sexuales (CDC, 2005).
Para el tercer grupo de los riesgos de violencia autoinfligida o suicidio se
puede observar que el 14.6% se había sentido triste o sin esperanza casi todos
los días durante dos semanas en el último año. En los mismos 12 meses la
idea suicida se presentó en el 3.3%, la planeación del suicidio en el 3.0% y el
intento del mismo en el 1.6%, frecuencias algo mayores que el 1.1% observado
en México en la Encuesta Nacional de Salud (ENSA 2006) (Olaiz et al., 2006)
y menor que el 2.3% que se reportó a nivel nacional en Estados Unidos con
estudiantes (CDC, 2006). El comportamiento de intentar el suicidio en los pa-
sados 12 meses resultando con algún daño tratado médicamente resultó con
un caso, que representa el 0.4% del total.
Respecto al cuarto grupo de comportamientos, acerca de uso de tabaco
y alcohol, en el primero se puede observar que un gran porcentaje (21.0%)
de la población estudiada fuma, pero la cantidad de cigarros diarios que se
fuman es baja en la mayor parte de ellos. Estos son comportamientos acep-
tados socialmente pero con restricciones, lo que nos lleva a reflexionar sobre
el impacto de la permisividad normativa social, para una etapa de la vida de
conformación de modelos de conducta y valores.
En estudiantes de secundaria mexicanos, la prevalencia de tabaquismo es
elevada, cercana al 30%. Los principales factores vinculados con la susceptibi-
lidad a fumar fueron la enorme permisividad social existente, en particular la
reflejada en las reglas de los hogares de los sujetos estudiados. En mujeres se
observó una interacción significativa entre permisividad de fumar en el hogar
y consumo de tabaco en los padres. Estos hallazgos deben ser considerados
cuando se diseñen estrategias de difusión contra la enorme permisividad so-
cial que en México existe para el consumo de cigarrillos. En estudios de co-
horte se ha establecido que la susceptibilidad cognitiva a fumar es una de las
principales variables que predicen el tabaquismo a lo largo del tiempo (Arillo
et al., 2007: 175).
Los comportamientos de riesgo por consumo de alcohol son muy frecuen-
tes en nuestra cultura, y una gran cantidad de otros riesgos están relacionados
con él. En las respuestas a las preguntas de este bloque se encontró que en
los últimos 30 días los comportamientos de viajar en carro con un conductor
que consumió alcohol lo presentó el 41.1%; conducir habiendo bebido alcohol,
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el 12.4%; ingerir al menos una bebida alcohólica, el 60.5%, y tomar cinco o
más bebidas en un par de horas, el 24.2%. La Encuesta Nacional de Adiccio-
nes (ENA 2002) reportó que en el país el 30% de la población adolescente de
entre 12 y 17 años eran bebedores, y es menor la diferencia entre sexos en
comparación con la población adulta (CONADIC, 2003). Son cifras muy altas
que podrían explicarse por las condiciones de acceso y la enorme penetración
de los medios de comunicación y su estímulo al consumo en la juventud. Al
respecto, Cárdenas (citado en Vega, 1997) señala que es claro que la televisión
y la publicidad “configuran un mensaje alcohólico global claramente positivo”.
Según esta autora, desde la perspectiva de la teoría del aprendizaje social, es-
tos mensajes favorecen un aprendizaje incidental del consumo del alcohol. De
acuerdo con la teoría cognitiva, estos mensajes contribuyen “a la aceptación e
integración del alcohol como elemento positivo y deseable, así como al man-
tenimiento de un entorno favorecedor y permisivo que valida el consumo de
esta sustancia” (Vega, 1997: 107).
Por otra parte, el sexto grupo de comportamientos se refiere al consu-
mo de drogas. De la población estudiada, el 0.8% reportó haber consumido
marihuana y no hubo ningún caso que reportara haber consumido otra dro-
ga, cifras menores que las nacionales reportadas por la ENA 2002 (Secretaría
de Salud e INEGI, 2004) y mucho menores que las de Estados Unidos, que
presenta un consumo en una quinta parte de los adolescentes en YRBS 2005
(CDC, 2006a). El consumo de drogas puede resultar favorecido por el mayor
acceso y los nuevos amigos consumidores (Medina et al., 1995), además puede
estar subregistrado por el riesgo penal que ello implica.
El séptimo grupo es el de los comportamientos de riesgo relacionados
con la sexualidad, que se vinculan con dos problemas: el embarazo en la
adolescencia y las infecciones de transmisión sexual (ITS), entre ellas des-
de luego el VIH sida, que preocupa especialmente en todo el mundo. Para
esta edad se puede ver que poco más de la quinta parte de la población ha
tenido relaciones sexuales, el 15.6% con más de una pareja en los últimos
tres meses, el 53.55% sin anticonceptivos y el 13.9 % sin usar condón. Estos
hallazgos indican que el incremento natural de las relaciones sexuales con la
edad va acompañado –seguramente en la primera o las siguientes relaciones
sexuales no planeadas– de un creciente riesgo de embarazo y también de
ITS. En nuestro estudio las altas cifras de riesgo en las relaciones sexuales
muestra la poca influencia del sistema social y escolar en particular en este
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tema, y sin duda la alta influencia de los pares y amigos, como lo ha señalado
la teoría del aprendizaje social de Bandura.
Respecto al octavo grupo de comportamientos de riesgo, correspondiente
a los alimentarios, el 42.9% de la población estudiada refirió tener algún gra-
do de sobrepeso y el 55.8% estaba tratando de subir o bajar su peso; la mitad
(50.1%) no hace ejercicio, el 58.2% no comió menos alimentos o calorías, el
1.9% dejó de comer por 24 horas, el 2.7% tomó dieta de píldoras, polvos o
líquidos y el 4% vomitó o tomó laxantes. La ENSANUT reportó que se observa-
ban conductas alimentarias de riesgo en el 18.3% de los jóvenes, quienes re-
conocieron que en los tres meses previos a la encuesta les preocupó engordar,
consumir demasiado o bien perdieron el control para comer. Otras prácticas
de riesgo son las dietas, los ayunos y el exceso de ejercicio con el objetivo de
bajar de peso. En Estados Unidos el YRBS (CDC, 2006a) encuentra un sobre-
peso de 31.5% en 2005.
Los comportamientos de actividad física son el noveno grupo de com-
portamientos de riesgo. En ellos se encontró que 12.9% estuvo físicamente
inactivo (actividad física menor de 60 minutos dos o menos días a la semana)
y el 58.4% no participó ningún día en educación física cuando estuvo en la
escuela). Comparativamente, en Estados Unidos, a nivel nacional, el 35.8% de
los estudiantes habían estado físicamente activos, haciendo actividades que
incrementaban los latidos de su corazón o que forzaban su respiración al me-
nos 60 minutos al día en cinco o más días de los siete previos a la encuesta
(CDC, 2006a).
Verificación de hipótesis
Calidad de vida y variables sociodemográficas
Calidad de vida y género
Los resultados indican puntuaciones del índice total de calidad de vida del
módulo más bajas en el caso del género femenino. Esta diferencia no fue sig-
nificativa (tablas 10 y 11).
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Tabla 10. Rangos en función del género para la calidad de vida
Índice total de
calidad de vida
Varaiable género con
1 y 2 en vez de F y M
Número Rango medio Suma de rangos
Femenino 250 183.25 45813.5
Masculino 127 200.31 25439.5
Total 377
Tabla 11. Asociación entre género y calidad de vida
Prueba estadística
1
Índice total de calidad de vida
Mann-Whitney U 14438.5
Wilcoxon W 45813.5
Z -1.436
Asint. Sig. (2-tailed) 0.151
1
Variable agrupada: género con 1 y 2 en vez de femenino y masculino
Calidad de vida y edad
Se consideró la diferencia entre dos edades, 17 y 18 años. Los resultados indi-
caron puntuaciones del índice total de calidad de vida del módulo perceptual
más bajas en el caso de los estudiantes con 17 años de edad que en los de 18
años. Esta diferencia fue significativa, p < .05 (tablas 12 y 13).
Tabla 12. Rangos en función de la edad para la calidad de vida
Rangos Edad Número Rango medio Suma de rangos
Indice total de calidad de vida

17 117 170.68 19969
18 257 195.16 50156
Total 374
Tabla 13. Asociación entre edad y calidad de vida
Prueba estadística
1
Indice total de calidad de vida
Mann-Whitney U 13066
Wilcoxon W 19969
Z -2.031
Asint. Sig. (2-tailed) 0.042
1
Variable agrupada: edad.
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Calidad de vida y trabajo
Para verificar si existen diferencias significativas en función del trabajo en
el índice total de calidad de vida, se utilizó la prueba U de Mann-Withney
comparando las personas que trabajaban con las que no lo hacían. No resultó
significativa (p > .05), por lo que se mantuvo Ho (tablas 14 y 15).
Tabla 14. Rangos en función de trabajar para la calidad de vida
Rangos Variable trabajo sin
considerar contrato
Número Rango medio Suma de rangos
Indice total
de calidad
de vida
No trabaja 315 191.23 60237.5
Trabaja 60 171.04 10262.5
Total 375
Tabla 15. Asociación entre trabajar y calidad de vida
Prueba estadística
1
Índice total de calidad de vida
Mann-Whitney U 8432.5
Wilcoxon W 10262.5
Z -1.322
Asint. Sig. (2-tailed) 0.186
1
Variable agrupada: trabajo sin considerar contrató.
Sin embargo, al realizar la prueba Kruskal-Wallis con las puntuaciones
del índice total de calidad de vida del módulo perceptual, en las tres condicio-
nes de trabajo resultó significativa. Las diferencias entre los totales por rango
–trabajo con contrato, no trabajo, trabajo sin contrato– fueron significativas.
En resumen, cuando se considera no trabajar y trabajar con contrato y sin
contrato existen diferencias significativas en el índice de calidad de vida (ta-
blas 16 y 17).
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Tabla 16. Rangos en función de trabajar considerando
el contrato para la calidad de vida
Rangos Trabaja Número Rango medio
Indice total de calidad de vida No trabajo 315 191.23
Si, con contrato 8 254
Si, sin contrato 52 158.28
Total 375
Tabla 17. Asociación entre trabajar considerando
el contrato y la calidad de vida
Prueba estadística
1,2
Índice total de calidad de vida
Chi-cuadrada 7.155
Df 2
Asymp. Sig. 0.028
1
Prueba de Kruskal Wallis.
2
Variable agrupada: trabaja
Calidad de vida y nivel socioeconómico
Se realizó una prueba Kruskal-Wallis con las puntuaciones del índice total
de calidad de vida del módulo perceptual en las cuatro condiciones de nivel
socioeconómico. Las diferencias entre los totales por rango no fueron signifi-
cativas (véanse las tablas 18 y 19).
Tabla 18. Rangos en función del nivel socioeconómico para la calidad de vida
Rangos Nivel socioenconómico Número Rango medio
Indice total de calidad de vida Medio alto y alto 145 166.78
Medio bajo 67 160.75
Clase alta trabajadora 52 170
Clase baja trabajadora 59 144.62
Total 323
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Tabla 19. Asociación entre nivel socioeconómico y calidad de vida
Prueba estadística
1, 2
Indice total de calidad de vida
Chi-cuadrada 2.817
Df 3
Asymp. Sig. 0.421
1
Kruskal Wallis.
2
Variable agrupada: trabaja.
En conclusión, respecto a la hipótesis de que la calidad de vida varía según
las variables sociodemográficas se puede decir que no hay diferencias signifi-
cativas ni de género ni por nivel socioeconómico, y sí las hay por edad y en
trabajar (tres categorías).
Acerca del género, comparando nuestros resultados con los reportados
en otros estudios, se encontró concordancia con el estudio de Damush et al.
(1997) hecho en Estados Unidos, el cual reportó que el género no era un mo-
derador de las relaciones entre eventos estresantes en la vida y la calidad de
vida relacionada con la salud (CVRS) en estudiantes de college. En adolescen-
tes chinos y japoneses no se encontró diferencia significativa entre hombres
y mujeres, y en ambos casos las puntuaciones fueron mayores en hombres
(Wang et al. 2000). Raphael et al. (1996) no encontró en Canadá diferencias
entre hombres y mujeres en ninguno de los dominios de calidad de vida. Fi-
nalmente, un estudio sobre calidad de vida en estudiantes universitarios (Reig
et al., s.f.) hecho en España encontró, al utilizar una pregunta de calidad de
vida general y percibida, que no había diferencia estadísticamente significativa
entre hombres y mujeres.
En cambio, en un estudio hecho en Estados Unidos con estudiantes de
distintos años de la carrera de médico de farmacia (Gupchup et al., 2004), en
el que se aplicó el cuestionario SF-12, y se valoró tanto el componente físico
como el mental, se encontró diferencia significativa entre hombres y mujeres
únicamente para el componente mental; esta diferencia se presentó en los
estudiantes del primero y el tercer año. También en el estudio de Simeoni et
al. (2001) con adolescentes franceses se encontró diferencia significativa (p <
.001) para la puntuación global de la CVRS por género utilizando el Ve´cu et
Sante´ Perc¸ue de l’Adolescent (VSP-A), siendo la CVRS mayor en mujeres. En
otro estudio, al utilizar el Kindl en una población escolar de 8 a 16 años, las
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mujeres presentaron puntuaciones significativamente más bajas en el índice
global de calidad de vida (p < .01) (Rajmil et al., 2004). Finalmente, en un
estudio efectuado en Suecia en estudiantes de primer año de universidad se
encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres (p < .05) para
su calidad de vida, que es mayor para las mujeres (Vaez y Laflamme, 2003).
Es probable que las diferencias encontradas entre hombres y mujeres en
el segundo grupo de estudios, señalado previamente, se deba a las diferencias
entre los constructos de calidad de vida para los instrumentos revisados, que
como ya se dijo (Hidalgo, 2007), proceden de definiciones distintas y tienen
dominios también muy diversos.
En este estudio no se encontraron diferencias significativas en la calidad
de vida debidas a nivel socioeconómico. Puesto que no hay antecedente de
estudios previos disponibles, sólo se puede decir que quizá por la zona donde
se hizo el estudio, que se caracteriza por tener población de procedencia pre-
dominantemente rural e indígena, las diferencias podrían no ser tan grandes
que si se compararan poblaciones urbanas y rurales o universidades privadas
con públicas. Otro aspecto que pudiera influir en los resultados tiene que ver
con que el registro de la ocupación y escolaridad de los padres puede haber
sido erróneo por parte de los estudiantes por desconocimiento o falta de co-
municación con ellos.
Respecto a la edad, en la que se encontraron diferencias significativas, se co-
incide con Simeoni et al. (2001), que las encontró (p < .001) para la puntuación
global de la CVRS por edad (11-12/13-14/15-17años). Las puntuaciones de CVRS
fueron mejores para los de mayor edad en las dimensiones de relación con los
amigos y menores en la relación con los padres, distrés psicológico, energía/
vitalidad e índice general de CVRS. También concuerda este estudio con Raphael
et al. (1996), quienes observaron una correlación negativa entre edad y calidad
de vida en adolescentes, así como con un estudio de adolescentes japonenses en
quienes las puntuaciones de calidad de vida disminuyeron a mayor edad (Wang
et al., 2000). Finalmente, se coincide con el estudio hecho en una población es-
colar de 8 a 16 años en que los de mayor edad presentaron puntuaciones signi-
ficativamente más bajas en el índice global de calidad de vida (p < .01) (Rajmil et
al., 2004). A medida que su edad se incrementa, el adolescente perfecciona sus
habilidades, por ejemplo para manejar situaciones adversas o relaciones con sus
pares. Sin embargo, se debe considerar que la diferencia real de tiempo entre los
estudiantes de 17 y 18 años pudo haber sido sólo de meses.
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En relación con trabajar o no hacerlo se encontraron diferencias en la cali-
dad de vida y no se hallaron estudios previos que indicaran si había diferencias
en estudiantes por trabajar o no. El procedimiento, que se hizo considerando
si había o no contrato, puede indicar que no es tan importante la actividad
como las condiciones en que se da ésta, lo que afecta la percepción de la po-
sición en la vida de la persona. La adolescencia es una edad especialmente
vulnerable para aceptar trabajarlos en malas condiciones, lo cual se acentúa
en caso de los estudiantes porque ellos buscan complementar sus horas de
estudio con actividades que les permitan cubrir sus gastos. Se consideró, por
lo tanto, que es importante tomar en cuenta este elemento del contrato en los
estudios que se realicen con estudiantes universitarios.
Comportamientos de riesgo y
variables sociodemográficas
Lesiones no intencionales por género
En este grupo se encuentran los comportamientos de riesgo de accidentes de
tránsito. El 42.5% de las mujeres reportaron usar raramente o nunca el cintu-
rón de seguridad, porcentaje mayor que el de los hombres (38.9%) (tabla 20).
Esta diferencia no significativa es distinta de los resultados del YRBS 2005, que
reportó en Estados Unidos una prevalencia mayor en hombres (12.5%) que en
mujeres (7.8%) estudiantes que contestaron que raramente o nunca usaron el
cinturón de seguridad en un carro manejado por alguien más (CDC, 2006a).
Los que señalan haber abordado un vehículo manejado por alguien que
había bebido alcohol fueron el 52.8% de los hombres y el 35.2% de las mujeres
(tabla 20), diferencias que resultan significativas (p < .05.) y que son lo inverso
de lo encontrado en 2005 en Estados Unidos, donde para la misma pregunta
se encontró una prevalencia más alta en mujeres (29.6%) que en hombres
(27.2%) (CDC, 2006a), lo cual habla probablemente de una mayor exposición
a uso de vehículo de los hombres y a carros de amigos. Se encontró que el
25.2% de los hombres y el 5.9% de las mujeres reportaron haber manejado
un carro habiendo bebido alcohol, con diferencia significativa. La prevalencia
mayor en hombres que en mujeres coincide con los resultados del YRBS 2005,
que para la misma pregunta encontró el 11.7% en hombres y el 8.1% en muje-
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res (CDC, 2006a), lo cual muestra semejanzas en la conducción de vehículos
entre la juventud de México y la de Estados Unidos.
Tabla 20. Frecuencia de comportamientos de riesgo de accidentes en
vehículos de motor en los últimos 30 días por género (N = 378)
Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
¿Qúé tan seguido
usas cinturón de
seguridad cuando
el vehículo es
conducido por
otra persona?
Nunca 35 13.9 22 17.5 57 15.1
Raramente 72 28.6 27 21.4 99 26.2
Algunas
veces
88 34.9 47 37.3 135 35.7
La mayor
parte del
tiempo
34 13.5 17 13.5 51 13.5
Siempre 23 9.1 13 10.3 36 9.5
Durante los últimos
30 días ¿cuántas
veces anduviste
en carro cuando el
que conducía había
bebido alcohol?
0 veces 164 64.8 60 47.2 224 58.9
1 vez 42 16.6 20 15.7 62 16.3
2 o 3 veces 36 14.2 34 26.8 70 18.4
4 o 5 veces 7 2.8 8 6.3 15 3.9
6 o más
veces
4 1.6 5 3.9 9 2.4
Durante los últimos
30 días ¿cuántas
veces condujiste un
carro u otro vehículo
cuando habías
bebido alcohol?
0 veces 238 94.1 95 74.8 333 87.6
1 vez 7 2.8 13 10.2 20 5.3
2 o 3 veces 7 2.8 14 11 21 5.5
4 o 5 veces 0 0 2 1.6 2 .5
6 o más
veces
1 .4 3 2.4 4 1.1
Lesiones intencionales o violencia por género
En nuestro estudio se encontró que de quienes habían portado en los últimos
30 días algún arma como pistola o cuchillo, el 8.7% fueron hombres y el 2.0%
mujeres, con diferencias significativas El porcentaje mayor en hombres coin-
cide con el YRBS (CDC, 2006a), según el cual las prevalencias fueron más altas
en éstos (29.8%) que en mujeres (7.1%).
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Tabla 21. Frecuencia de comportamientos de riesgo de violencia
recibida en los últimos 30 días por género (N = 380)
Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
Durante los últimos 30
días ¿cuántos días has
cargado una pistola,
navaja o cuchillo?
0 días 245 98 116 91.3 361 95.0
1 día 2 .8 5 3.9 7 1.8
2 o 3 días 1 .4 2 1.6 3 .8
6 o más
días
2 .8 4 3.1 6 1.6
Durante los últimos meses,
¿tu novio o novia te
golpeó, cacheteó o hirió
fisicamente a propósito?
Sí 2 .9 1 .8 3 .8
No 211 99.1 119 99.2 330 86.8
¿Has sido forzado
fisicamente a tener
relaciones sexuales
cuando no querías?
Sí 1 .5 1 .8 2 .5
No 220 99.5 118 99.2 338 88.9
También se encontró que el 0.5% de las mujeres y el 0.8% de los hom-
bres reportaron haber sido alguna vez forzados físicamente a tener relaciones
sexuales sin quererlo. Estos porcentajes están muy por debajo de los resul-
tados de México encontrados en la ENSANUT, que reportó que el 15.9% de
las adolescentes refirieron haber sido violentadas de esta forma (Olaiz et al.,
2006), y en Estados Unidos en 2005, donde se obtuvo una prevalencia en
mujeres de 10.8% y en hombres de 4.2% (CDC, 2006a).
Lesiones autoinfligidas por género
Para planeación del suicidio los resultados en los últimos 12 meses son con-
sistentes con los obtenidos en Estados Unidos por el YRBS 2005, que en-
contró a nivel nacional una prevalencia mayor en mujeres que en hombres
(CDC, 2006). En nuestro estudio en los últimos 30 días se presentó una
prevalencia no significativa dos veces mayor en mujeres que en hombres
(el 1.6% de ellas y el 0.8% de ellos), lo cual coincide con lo planteado por la
Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2003b) en relación con que
los pensamientos suicidas se dan más en mujeres que en hombres, aun en
edades mayores.
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Para intento de suicidio en los últimos 12 meses, el intento serio de suici-
darse se presentó en mujeres (1.6%) mas no en hombres, lo cual es similar a lo
encontrado en el estudio de Chávez et al. (2004) con estudiantes de preparatoria
de la Universidad de Guanajuato, en que la proporción de intento de suicidios
fue mayor en mujeres que en hombres. También coincide con la OPS (2003b) en
que las tasas de comportamiento suicida no mortal entre las mujeres es de dos a
tres veces más frecuente que entre los hombres. En México en 2003 la frecuencia
mayor de intentos de suicidio se dio en mujeres de 15 a 19 años con el 15.3%. En
2004 los intentos de suicidio en personas de 15 a 19 años fueron 49, de los cuales
16 se presentaron en hombres y 33 en mujeres (INEGI, 2005a). En una investiga-
ción con estudiantes de dos escuelas secundarias de la ciudad de México, con un
promedio de 13.7 años de edad, se encontró intento de suicidio en 16.59% de las
mujeres y 6.56% de los hombres (González et al., 2003).
En el comportamiento de intentos de suicidio en los pasados 12 meses
con algún daño tratado médicamente resultó un caso, lo que representa el
0.6% de las mujeres. Respecto a los comportamientos de riesgo de suicidio,
es importante considerar la manera en que fueron construidos los ítems en el
instrumento original, pudiendo haber factores cognitivos que, por ejemplo en
las preguntas sobre intentos de suicidio, no permitan a la persona identificar
claramente lo que se pretende conocer con la pregunta (Brener et al., 2003).
Tabla 22. Frecuencia de comportamientos de
riesgo de suicidio por género (N = 380)
Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
Durante los pasados 12
meses ¿te has sentido
triste o sin esperanza
casi cada día por dos
semanas o más al grado
que has dejado de hacer
tus actividades usuales?
Sí 36 14.4 19 15.1 55 14.6
No 214 85.6 107 84.9 321 84.5
Durante los pasados
12 meses ¿has
considerado seriamente
el intentar suicidarte?
Sí 9 3.7 3 2.4 12 3.2
No 235 96.3 122 97.6 357 93.9
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Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
Durante los pasados 12
meses ¿has hecho un
plan acerca de cómo
intentarías suicidarte?
Sí 9 3.7 2 1.6 11 2.9
No 237 96.3 123 98.4 360 94.7
Durante los últimos
12 meses ¿hiciste
algún intento serio
de suicidarte?
1
No 246 98.4 125 100 371 97.6
Sí, una vez 2 0.8 0 0 2 0.5
Sí, dos o
más veces
2 0.8 0 0 2 0.5
En los últimos 30
días ¿has pensado o
planeado suicidarte?
1
Sí 4 1.6 1 0.8 5 1.3
No 244 98.4 124 99.2 368 96.8
Durante los últimos
12 meses, ¿cuántas
veces en realidad has
intentado el suicidio?
0 veces 245 98.4 123 98.4 368 96.8
1 vez 1 0.4 1 0.8 2 0.5
2 o 3 veces 3 1.2 1 0.8 4 1.1
Si intentaste el suicidio
durante los pasados
12 meses, ¿en algún
intento resultaste
con alguna lesión,
envenenamieto
o sobredosis que
requiriera que fueras
tratado por un doctor
o enfermera?
Sí 1 0.6 0 0 1 0.4
No 176 99.4 102 100 278 73.2
1
Son preguntas que no aparecen en el cuestionario YRBSS.
En este estudio se encontró que el 14.4% de las mujeres y el 15.1% de los
hombres reportaron haberse sentido tristes o sin esperanza cada día. Para
ideación suicida se tomó en cuenta el comportamiento de haber considerado
seriamente suicidarse en los anteriores 12 meses, el cual resultó mayor en mu-
jeres (3.7%) que en hombres (2.4%), aunque la diferencia no es significativa,
mientras que los resultados obtenidos en Estados Unidos por el YRBS 2005
mostraron para la misma pregunta a nivel nacional una prevalencia significa-
tivamente mayor en mujeres (21.8%) que en hombres (12.0%) (CDC, 2006a).
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Uso de tabaco por género
Respecto al uso de tabaco, en la tabla 23 se puede observar que un gran por-
centaje de la población estudiada fumaba (19.58%) y la cantidad de cigarros
diarios fumados. El 32.3% de los hombres y el 13.1% de las mujeres fumaron
en el último mes. El hecho de que los hombres consumen más cigarros coin-
cide con lo encontrado por la OMS (2002), la cual informó que el consumo es
mayor en hombres (13.3%) que en mujeres (3.8%). También con un estudio
realizado en la ciudad de México, en el que participaron 1,502 estudiantes
de la carrera de psicología de la Universidad Nacional Autónoma de Méxi-
co, que encontró un consumo mayor en hombres (77.3%) que en mujeres
(69.9%) (CONADIC, 2003). Así mismo, coincide con la Encuesta Nacional de
Adicciones 2002, en la que se obtuvo prevalencia mayor en hombres que en
mujeres tanto en áreas urbanas (15.4% y 4.8% respectivamente) como en el
medio rural (11.3% de varones y 1% de mujeres) (Secretaría de Salud e INEGI,
2004a). En la encuesta de estudiantes de nivel medio y medio superior de la
ciudad de México aplicado en noviembre de 2003 a 10,569 estudiantes de 12
a 22 años con una media de 14.6 años, se encontró que el consumo de tabaco
alguna vez fue mayor en hombres (51.1%) que en mujeres (50.1%) (Villatoro et
al., 2005). Finalmente, el presente coincide con un estudio hecho en el estado
de Morelos (Anaya et al., 2006) con una población de 13,293 jóvenes de entre
11 y 24 años de escuelas secundarias, preparatorias y de universidad, la cual
encontró que el consumo de tabaco fue mayor en hombres (15.5%) que en
mujeres (8%).
Respecto a la intensidad del consumo, en este estudio se encontró que
después de las que no fumaron, el mayor porcentaje de las mujeres habían
consumido un cigarro al día (6.0%) en el último mes, mientras que para los
hombres el mayor porcentaje (13.7%) había fumado de 2 a 5 cigarros diarios,
con diferencias significativas.
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Tabla 23. Frecuencia de comportamiento de riesgo
de consumo de tabaco por género
Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
Durante los
últimos 30 días
¿en cuántos días
fumaste cigarros?
0 días 218 86.9 86 67.7 304 80.42
1 o 2 días 10 4 13 10.2 23 6.08
3 a 5 días 11 4.4 8 6.3 19 5.03
6 a 9 días 3 1.2 3 2.4 6 1.59
10 a 19 días 5 2 6 4.7 11 2.91
20 a 29 días 2 .8 6 4.7 8 2.12
Todos los días 2 .8 5 3.9 7 1.85
Durante los últimos
30 días, de los
días que fumaste
¿cuántos cigarros
fumaste por día?
No fumé cigarros
durante los
pasados 30 días
200 85.8 82 66.1 282 78.99
Ménos de 1
cigarro por día
9 3.9 10 8.1 19 5.32
1 cigarro por día 14 6 14 11.3 28 7.84
2 a 5 cigarros
por día
9 3.9 17 13.7 26 7.28
6 a 10 cigarros
por día
1 .4 1 .8 2 0.56
Uso de alcohol y otras drogas por género
Consumieron bebidas alcohólicas en el último mes el 66.1% de los hombres
y el 57.6% de las mujeres, la diferencia fue significativa (p < .05) (tabla 24).
Resulta preocupante que al ingresar a la universidad las cifras de hombres
y mujeres sean altas y semejantes, lo que indica un inicio de consumo tem-
prano, en un contexto que estimula este consumo y un estilo de vida que lo
relaciona con el uso del tiempo libre del adolescente.
En una encuesta de estudiantes 2000, en la que se encuestó a 10,578
estudiantes del Distrito Federal de 12 a 22 años de edad, se encontró que
el consumo en el último mes fue de 34% en hombres y 29.9% en mujeres
(Villatoro et al., 2001). Por otra parte, en un estudio hecho en el estado de
Morelos (Anaya et al., 2006) con una población de 13,293 jóvenes de entre
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11 y 24 años de escuelas secundarias, preparatorias y de universidad, se en-
contró que tomaba alcohol ocasionalmente en la primera medición el 19.7%
de las mujeres y el 24.1% de los hombres. En este estudio el consumo fuerte
de bebidas alcohólicas (5 o más bebidas en una sola ocasión en el último
mes) lo presentó el 40.2% de los hombres y el 16.4% de las mujeres, con
diferencias significativas (p < .05), lo cual coincide en cuanto al género con
lo reportado por la Secretaría de Salud (2001b), trabajo que muestra que en
México el índice de consumo fuerte (5 o más copas por ocasión) al menos
una vez al mes es de 3.6% en los hombres y 1.5% en las mujeres de entre 12 y
17 años de edad. El 10.5% de los hombres y el 4.1% de las mujeres llegaron a
la embriaguez en el último mes, y la Encuesta Nacional de la Juventud 2005
encontró que en Jalisco consumían alcohol el 72.70% de los hombres de 15 a
19 años, mientras que la proporción de las mujeres de la misma edad fue del
60.20%. Una cuarta parte de los hombres de 15 a 19 años bebía 4 copas a la
semana y poco más de la mitad de los que tenían de 20 a 24 años bebían en-
tre 6 y 10 copas a la semana. En las mujeres de 15 a 19 años poco más de una
cuarta parte bebía cuatro copas a la semana y cerca de una cuarta parte de
las que tenían de 20 a 24 años bebía tres copas a la semana (IMJ-CEIJ, 2006).
Estos resultados son algo menores a lo reportado en un estudio realizado
en la Universidad de Helsinski, Finlandia, con 2,370 estudiantes que se en-
contraban en su primer año en 1989-1990; en él se observó que el 74.6% de
las mujeres y el 80% de los hombres consumían alcohol (Nystrom, 1992). Son
también mayores que los resultados de una investigación de 2,721 estudiantes
adolescentes del norte de Madrid, España, con una media de 16.3 años de
edad, en la que el 28% de los hombres y el 20% de las mujeres bebía regular-
mente y cada día, y este porcentaje aumentaba con la edad en ambos géneros
(Hidalgo et al., 2000).
Adicionalmente, en la Encuesta Nacional de la Juventud 2005 se encontró
que en México el 63% de los hombres y el 47% de las mujeres de 15 a 19 años
reportó que consumía algún tipo de bebida alcohólica. Por otra parte, el 21.8%
de los hombres de 15 a 19 años reportó beber dos copas a la semana, tres copas
el 15.40% y de 6 a 10 copas el 17.9%, mientras que de las mujeres de la misma
edad el 24.7% reportó haber bebido dos copas a la semana y el 20.6% más de
dos copas (IMJ-CEIJ, 2006).
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Tabla 24. Frecuencia de comportamientos de riesgo relacionados
con el alcohol en los últimos 30 días por género (N = 380)
Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
Durante los últimos 30
días ¿cuántas veces
anduviste en carro
cuando el que conducía
había bebido alcohol?
0 veces 164 64.8 60 47.2 222 58.9
1 vez 42 16.6 20 15.7 62 16.3
2 o más
veces
47 18.6 47 37.1 94 24.8
Durante los últimos 30
días ¿cuántas veces
condujiste un carro u
otro vehículo cuando
habías bebido alcohol?
0 veces 238 94.1 95 74.8 333 87.6
1 vez 7 2.8 13 10.2 20 5.3
2 o más
veces
8 3.2 19 15 27 7.1
Durante los últimos
30 días ¿cuántos días
tomaste al menos una
bebida alcohólica?
0 días 106 42.4 43 33.9 149 39.5
1 o 2 días 87 34.8 38 29.9 125 33.2
3 a 5 días 39 15.6 26 20.5 65 17.2
6 o más
días
18 7.2 20 15.7 38 10.1
Durante los últimos 30 días
¿cuántos días tomaste 5
o más bebidas alcohólicas
en un par de horas?
0 días 209 83.6 76 59.8 285 75.8
1 o 2 días 34 13.6 30 23.6 64 17.0
3 a 5 días 5 2 12 9.4 17 4.5
6 o más
días
2 8 9 7.1 11 2.9
En el presente estudio (tabla 25) sólo hubo tres personas que reportaron
haber fumado marihuana durante los últimos 30 días, los tres fueron hom-
bres y representaron el 2.4% del total de ellos, porcentaje mucho menor que el
reportado en el SRBS (CDC, 2006) de Estados Unidos y más parecido al estudio
de alumnos de nivel medio y medio superior de la ciudad de México en estu-
diantes de 12 a 22 años, que encontró que el uso de marihuana aumentó del
5% al 5.6% en 2003 para los hombres, y en mujeres de 1.9% en 2000 a 2.3%
en el mismo lapso (Villatoro et al., 2005).
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Tabla 25. Frecuencia de comportamientos de riesgo de consumo
de drogas en los últimos 30 días por género (N = 380)
Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
Durante los últimos 30
días ¿cuántas veces
fumaste marihuana?
0 veces 249 100 121 97.6 370 99.20
1 o 2 veces 0 0 3 2.4 3 0.80
Durante los últimos 30
días ¿cuántas veces
consumiste una droga
diferente a la marihuana?
0 veces 250 100 125 100 375 98.68
Comportamientos sexuales por género
Los riesgos que se examinan aquí se relacionan con dos problemas: el emba-
razo en la adolescencia y las infecciones de transmisión sexual (ITS), entre las
cuales el VIH preocupa especialmente a nivel mundial.
En México en la Encuesta Nacional de la Juventud 2002 se encontró
que el 59.6% de los varones y el 50.5% de las mujeres tenían relaciones
sexuales. Respecto al número de parejas sexuales que han tenido durante
el último año, el 74.7% de los jóvenes declararon que sólo una y el 11.2%
que entre dos y tres, con mayor frecuencia en el caso de los hombres. Aun-
que no coinciden las edades, en nuestro estudio había tenido relaciones
sexuales el 15.7% de las mujeres y el 37.3% de los hombres, con diferencia
significativa (p < .05). La prevalencia mayor en hombres coincide con el
estudio de Anaya et al., (2006), que encontraron un 5.8% de mujeres y
14.6% de hombres. Respecto al uso de anticonceptivos, este estudio en-
contró que el 53.9% de las mujeres y el 53.2% de los hombres reportó no
haberlos usado, sin diferencias significativas (p > .05). Al mismo tiempo,
se observó que el 87.1% de las mujeres y el 85.1% de los hombres repor-
taron que la última vez que tuvieron relaciones sexuales usaron condón,
sin diferencias significativas (p > .05). En Estados Unidos (CDC, 2006a) la
prevalencia fue mayor en hombres (70%) que en mujeres (55.9%).
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Comportamientos alimentarios por género
Este tipo de comportamientos pueden conducir a diferentes trastornos ali-
mentarios, principalmente desnutrición, obesidad, bulimia y anorexia. En el
presente estudio se encontró en todos los comportamientos de riesgo alimen-
tario una prevalencia mayor en mujeres que en hombres (tabla 26); así, el
5.5% de las mujeres y el 4.8% de los hombres describieron su peso en los
extremos, es decir, con mucho sobrepeso o con peso muy bajo, siendo estas
diferencias significativas (p < .05). El 51.2% de las mujeres y el 47.2% de los
hombres dicen haber hecho ejercicio para perder o evitar subir de peso: el
46.0% de las mujeres y el 31.2% de los hombres reportaron que el último
mes habían comido menos para bajar de peso, con diferencias significativas
(p < .05); 2.8% de las mujeres y el 2.4% de los hombres reportaron haberse
puesto a dieta el último mes o consumido productos sin supervisión para per-
der peso; el 4.8% de las mujeres y el 2.4% de los hombres reportaron haber
vomitado o tomado laxantes para bajar de peso en el último mes, excepto el
de haber dejado de comer por 24 horas para bajar de peso (1.6% en mujeres
y 2.48% en hombres).
Este predominio en el género femenino también fue observado en Méxi-
co (Unikel et al., 2000). Así mismo, en un estudio realizado en adolescentes
en el Distrito Federal se encontró que el 1.5% de los hombres de 13 a 15 años y
el 2.2% de los hombres de 16 a 18 se encuentran en riesgo de desarrollar un
trastorno de la conducta alimentaria (TCA); mientras que en mujeres las pro-
porciones eran de 5.4% y 16.1% respectivamente (Unikel et al., 2002).
El desarrollo de la imagen corporal en el adolescente es trascendental para
las conductas alimentarias que adquiera. La percepción de peso anormal puede
llevar a la población susceptible a asumir conductas riesgosas en la alimenta-
ción, como bulimia y anorexia. La ENSANUT 2006 (Olaiz et al., 2006) reportó
que se observaron conductas alimentarias de riesgo en 18.3% de los jóvenes,
quienes reconocieron que en los tres meses previos a la encuesta les preocupó
engordar, consumir demasiado o bien perdieron el control para comer. Otras
prácticas de riesgo son las dietas, los ayunos y el exceso de ejercicio con el ob-
jetivo de bajar de peso. Los datos disponibles en México sobre la incidencia y
prevalencia de los trastornos de comportamientos alimentarios en adolescentes
han detectado que el 0.9% de los hombres y el 2.8% de las mujeres en edad es-
tudiantil (12 a 19 años) presentan alto riesgo de padecerlos. En Estados Unidos
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el YRBS 2005 encontró un sobrepeso en el 31.5% en los hombres, mayor que en
las mujeres (38.1%) y sin cambio desde 1999 (CDC, 2006a).
Como dice Lameiras:
Las chicas presentan una mayor insatisfacción con la imagen corporal y mie-
do a estar gorda o ganar peso y la dieta es un factor de riesgo para el desarro-
llo de los trastornos alimentarios y es preciso tenerla en cuenta de cara a la
implementación de las intervenciones preventivas, las que deben estar tam-
bién dirigidas hacia el colectivo de los jóvenes universitarios especialmente
las mujeres (Lameiras, 2002: 30).
Tabla 26. Frecuencia de comportamientos de
riesgo alimentario por género (N = 380)
Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
¿Cómo describes
tu peso?
Muy bajo
de peso
1 .4 3 2.4 4 1.1
Ligeramente
bajo de peso
16 6.3 16 12.7 32 8.4
Cerca del peso
correcto
140 55.3 77 61.1 217 57.1
Ligeramente
con sobrepeso
83 32.8 27 21.4 110 28.9
Con mucho
sobrepeso
13 5.1 3 2.4 16 4.2
¿Cuál de las
siguientes has
tratado de hacer
acerca de tu peso?
Bajar de peso 129 51.2 40 32 169 44.5
Subir de peso 16 6.3 27 21.6 43 11.3
Mantenerme
en mi peso
60 23.8 34 27.2 94 24.7
No estoy tratando
nada acerca
de mi peso
47 18.7 24 19.2 71 18.7
Durante los últimos
30 días ¿hiciste
ejercicio para
perder peso o evitar
subir de peso?
Sí 128 51.2 59 47.2 187 49.2
No 122 48.8 66 52.8 188 49.5
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Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
Durante los últimos
30 días ¿comiste
menos alimentos,
menos calorías o
comidas bajas en
grasa, para perder
peso o evitar
subir de peso?
Sí 115 46 39 31.2 154 40.5
No 135 54 86 68.8 221 58.2
Durate los últimos
30 días ¿dejaste
de comer por 24
horas o más para
perder peso o evitar
subir de peso?
Sí 4 1.6 3 2.4 7 1.8
No 245 98.4 123 97.6 368 96.8
Durate los últimos
30 días ¿tomaste
alguna dieta de
píldoras, polvos
o líquidos sin
supervisión de
un médico para
perder peso o evitar
subir de peso?
Sí 7 2.8 3 2.4 10 2.6
No 241 97.2 122 97.6 363 95.5
Durate los últimos
30 días ¿vomitaste
o tomaste laxantes
para perder peso o
evitar subir de peso?
Sí 12 4.8 3 2.4 15 3.9
No 237 95.2 123 97.6 360 94.7
Comportamientos de actividad física por género
Reportaron haber estado físicamente activos al menos 60 minutos en tres o
más de los últimos siete días el 54.1% de las mujeres y el 55.4% de los hom-
bres. Reportaron no haber hecho educación física en una semana cuando es-
taban en la escuela el 82.3% de las mujeres y el 85.2% de los hombres (véase
la tabla 27).
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En Estados Unidos, a nivel nacional, el 35.8% de los estudiantes habían
estado activos físicamente realizando actividades que incrementaban los lati-
dos de su corazón o que forzaban su respiración al menos 60 minutos al día
en cinco o más días de los siete precedentes a la encuesta. La prevalencia de
actividad física fue mayor en hombres (43.8%) que en mujeres (27.8%) (CDC,
2006a).
Tabla 27. Frecuencia de comportamientos de riesgo
por falta de ejercicio por género (N = 380)
Comportamientos
de riesgo
Femenino % Masculino % Total %
Durante los últimos 7 días,
¿cuántos días estuviste
físicamente activo por
un total de al menos 60
minutos por día? (suma
todo el tiempo que ganaste
en cualquier actividad
física que incrementara
tus latidos del corazón o
acelerara tu respiración)
0 días 35 13.8 14 11.1 49 12.9
1 día 35 13.8 19 15.1 54 14.2
2 días 46 18.2 19 15.1 65 17.1
3 días 46 18.2 21 16.7 67 17.6
4 días 33 13 12 9.5 45 11.8
5 días 34 13.4 17 13.5 51 13.4
6 días 5 2 5 4 10 2.6
7 días 19 7.5 19 15.1 38 10.0
En el lapso de una semana
cuando tú estás en la
escuela, ¿cuántos días vas
a clase de educación física?
0 días 153 61.9 69 56.6 222 58.4
1 día 33 13.4 12 9.8 45 11.8
2 días 29 11.7 18 14.8 47 12.4
3 días 17 6.9 11 9 28 7.4
4 días 2 .8 3 2.5 5 1.3
5 días 11 4.5 6 4.9 17 4.5
6 días 1 .4 2 1.6 3 .8
7 días 1 .4 1 .8 2 .5
Asociación de comportamientos de riesgo y género
Resultó significativa la diferencia por género para 11 (37.9%) de los 29 com-
portamientos de riesgo a los que se les realizó alguna prueba. A dos compor-
tamientos no se les pudo realizar ninguna prueba porque no cumplían los
criterios para ello (tablas 28 y 29).
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Tabla 28. Significación estadística de la diferencia por
género para los comportamientos de riesgo (A)
Comportamientos
riesgo
Número Suma de rangos
F M U Z Asymp.
sig
F M
Usar cinturón de seguridad
cuando el vehículo es
conducido por otra persona
252 126 15622.5 -,263 0.793 47500.5 24130.5
Andar en carro cuando
el que conducía había
bebido alcohol
253 127 12676 -3,789 .000* 44807 27583
Conducir un carro u
otro vehículo cuando
habías bebido alcohol
253 127 12946 -5,403 .000* 45077 27313
Cargar una pistola,
navaja o cuchillo
250 127 14819 -3,023 .003* 46194 25059
Fumó cigarros al menos
un día en el último mes
251 127 12809.5 -4,504 .000* 44435.5 27195.5
En los días que fumó,
al menos fue un
cigarro por día
233 124 11523 -4,426 .000* 38784 25119
Tomó bebida alcohólica
al menos un día en
el último mes
250 127 13409 -2,605 .009* 44784 26469
En los días que tomó,
consumió 5 o más
bebidas alcohólicas
en un par de horas
250 127 11843 -5,373 .000* 43218 28035
Fumar marihuana 249 124 15064 -2,461 .014* 46189.5 23561.5
Consumir una droga
diferente a la marihuana
250 125 15.625.000 ,000 1 47000 23500
Relaciones con más
de una pareja
31 32? 341 -3,352 .001* 837 1179
Con sobrepeso o bajo peso 253 126 12943.5 -3.36 .001* 51065.5 20944.5
Intentar el suicidio 249 125 15.560.500 -,019 0.993 46689.5 23435.5
Sin actividad física - 126 14419.5 -1.528 0.126 46550.5 25459.5
No asistir a clases de
educación física
247 122 13880.5 -1.396 0.163 44508.5 23756.5
Nota: Se utilizó la prueba U de Mann-Whitney para conocer la relación entre los
comportamientos de riesgo y el género. F = femenino; M= masculino.*p < .05.
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Tabla 29. Significación estadística de la diferencia por
género para los comportamientos de riesgo (B)
Comportamientos
de riesgo
Femenino Masculino
% con
riesgo
Frecuencia % con
riesgo
Frecuencia Total x
2
Sig
Tener relaciones
sexuales
15.7 39/248 37.3 47/126 374 21.97 .000*
Usar anticonceptivos
como píldora
o dispositivo
en el útero
79.3 69/87 71.4 55/77 164 1.376 0.241
Usar condón 58.5 48/82 47.4 36/76 158 1.976 0.16
Novio o novia
golpear, cachetear
o herir físicamente
a propósito
0.9 2/213 0.8 1/120 333 0 -1
Forzar físicamente
a tener relaciones
sexuales
0.5 1/221 0.8 1/119 340 0 -1
No hacer ejercicio
para perder peso o
evitar subir de peso
51.2 128/250 47.2 59/125 375 0.533 0.465
Comer menos
alimentos, menos
calorías o comidas
bajas en grasa,
para perder peso o
evitar subir de peso
46 115/250 31.2 39/125 375 7.542 .006*
Dejar de comer por
24 horas o más
para perder peso o
evitar subir de peso
1.6 4/249 2.4 3/126 375 -0.014 -0.905
Tomar alguna
dieta de píldoras,
polvos o líquidos
sin supervisión de
un médico para
perder peso o evitar
subir de peso
2.8 7/248 2.4 3/125 373 0.57 0.811
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Comportamientos
de riesgo
Femenino Masculino
% con
riesgo
Frecuencia % con
riesgo
Frecuencia N x
2
Sig
Vomitar o tomar
laxantes para
perder peso o evitar
subir de peso
4.8 12/249 2.4 3/126 375 1.295 0.255
Sentirse triste o sin
esperanza al grado
de dejar de hacer tus
actividades usuales
14.4 36/250 15.1 19/126 376 0.031 0.86
Considerar
seriamente el
intentar suicidarse
3.7 9/244 2.4 3/125 369 0.436 0.509
Hacer un plan
acerca de cómo
intentar suicidarse
3.7 9/246 1.6 2/125 371 1.221 0.269
Hacer algún intento
serio de suicidarse
Pensar o planear
suicidarse
1.6 4/248 0.8 1/125 373 -0.028 -0.867
Nota: Los valores encerrados entre paréntesis fueron obtenidos con la corrección de Yates que se
aplica cuando hay celdas que tienen menos de 5 casos y más de 0. Aquellos que tienen celdillas
vacías no es aplicable la prueba de ji cuadrada porque tienen celdillas con menos de un caso.
Para todos los casos gl= 1 *p<0.05
Comportamientos de riesgo y edad
Para este estudio los criterios de inclusión de la población consideraron a es-
tudiantes menores de 19 años. De este modo, se contó con que el 99.2% lo
constituían personas de 17 y 18 años, mientras que los demás (sólo tres casos)
eran menores de esa edad. Decidimos solamente comparar los que tenían
17 contra los que tenían 18 años, y al hacerlo se encontró que para ninguno
de los comportamientos de riesgo resultó significativa la diferencia de edad.
Es importante considerar que para muchos de los estudiantes esta diferencia
no es ni siquiera de un año como pudiera pensarse, sino que a veces es sólo
de meses o días. Se ha reportado que algunas conductas de riesgo aumentan
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con la edad, como es el caso de beber regularmente (Hidalgo et al., 2000) y
conductas alimentarias de riesgo (Unikel et al., 2002); sin embargo, esto no
implica que pueda notarse un cambio significativo en lapsos tan cortos.
A partir de nuestros resultados se puede decir que no existen diferencias
significativas en función de estas edades para los comportamientos de riesgo.
Comportamientos de riesgo y trabajo
Proporcionalmente los que más condujeron habiendo bebido fueron los que
trabajaban, el 20% contra el 11% de los que no trabajaban, con diferencias
significativas (tabla 30). Se podría pensar que las posibilidades económicas
de quienes trabajaban les facilitaba tener su propio automóvil, mientras que
los que no trabajaban, al no tener ingresos propios, podían evitar manejar
habiendo bebido. También el hecho de trabajar además de estudiar podría
incrementar el riesgo. Breslin et al. (2007) encontraron entre adolescentes y
jóvenes canadienses de 15 a 24 años que en los que no estaban en la escuela
se incrementaban en 43% sus riesgos de lesiones en comparación con los es-
tudiantes de tiempo completo, y que los que tenían una combinación de alto
trabajo con alta actividad eran los que más se lesionaban.
Tabla 30. Trabajo en relación con el comportamiento de riesgo
en el último mes: haber conducido habiendo bebido alcohol
Último mes condujo bebiendo alcohol
0
veces
1 vez 2 o 3
veces
4 o 5
veces
6 o más
veces
Total
Variable
trabajo sin
considerar
contrato
No
trabaja
Casos
% dentro variable
trabajo sin
considerar contrato
283 16 15 1 3 318
89.0% 5.0% 4.7% .3% .9% 100%
Trabaja Casos
% dentro variable
trabajo sin
considerar contrato
48 4 6 1 1 60
80.0% 6.7% 10.0% 1.7% 1.7% 100%
Total Casos
% dentro variable
trabajo sin
considerar contrato
331 20 21 2 4 378
87.6% 5.3% 5.6% .5% 1.1% 100%
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Los que trabajaban utilizaron más anticonceptivos en la última relación
sexual (tabla 31). Esto podría tener que ver con el acceso al uso de anticoncep-
tivos por situación económica y por sentir que la dependencia de los padres es
menor, y probablemente también el monitoreo paterno.
Tabla 31. Trabajo en relación con el uso o no de anticonceptivos
La última vez que tuvo relaciones
sexuales, uso de anticonceptivos
No usamos Sí usamos Total
Variable trabajo
sin considerar
contrato
No
trabaja
Casos
% dentro variable trabajo
sin considerar contrato
109 28 137
79.6% 20.4% 100%
Trabaja Casos
% dentro variable trabajo
sin considerar contrato
15 12 27
55.6% 44.4% 100%
Total Casos
% dentro variable trabajo
sin considerar contrato
124 40 164
75.6% 24.4% 100%
En proporción, el porcentaje de los que trabajaban que hicieron un plan
para suicidarse fue mayor que el de los que no trabajaban (tabla 32) y la dife-
rencia fue significativa (p < .05). No se encontraron estudios previos que pu-
dieran informar sobre el significado de este resultado, pero podríamos hipote-
tizar que asociar el trabajar por necesidad con el estudiar significa situaciones
muy estresantes que si no cuentan con una red social de apoyo o aun escolar,
podría favorecer la planeación del suicidio.
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Tabla 32. Trabajo en relación con el comportamiento
de riesgo de plan de suicidio
Último año plan para suicidarse
Si No Total
Variable trabajo
sin considerar
contrato
No
trabaja
Casos
% dentro variable trabajo
sin considerar contrato
6 303 309
1.9% 98.1% 100%
Trabaja Casos
% dentro variable trabajo
sin considerar contrato
5 55 60
8.3% 91.7% 100%
Total Casos
% dentro variable trabajo
sin considerar contrato
11 358 369
3.0% 97.0% 100%
A partir de nuestros resultados se puede decir que existen diferencias
significativas en función del trabajo para algunos comportamientos de riesgo,
pero no para todos ellos (tablas 33 y 34).
Tabla 33. Significación estadística de la diferencia por la
variable trabajo para los comportamientos de riesgo (A)
Comportamientos
de riesgo
Número Suma de rangos
1 2 U Z Asymp.
sig
1 2
No usar cinturón
de seguridad
cuando el vehículo
es conducido por
otra persona
316 60 8693 -1.057 0.29 60353 10523
Andar en carro
cuando el que
conducía había
bebido alcohol
318 60 8.884.000 -9.53 0.341 59605 12026
Conducir un carro
u otro vehículo
cuando has
bebido alcohol
318 60 8654 -1.992 .046* 59375 12256
Cargar una pistola,
navaja o cuchillo
315 60 9.000.500 -1.668 0.095 58770.5 11729.5
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Comportamientos
de riesgo
Número Suma de rangos
1 2 U Z Asymp.
sig
1 2
Fumó cigarros al
menos un día en
el último mes
316 60 9.249.000 -0.431 0.666 59335 11541
En los días que
fumó, al menos fue
un cigarro por día
298 57 8.263.000 -0.454 0.65 52814 10376
Tomó bebida
alcohólica al
menos un día en
el último mes
315 60 8.394.000 -1.449 0.147 58164 12336
En los días que
tomó, consumió
5 o más bebidas
alcohólicas en un
par de horas
315 60 8.760.500 -1.192 0.233 58530.5 11969.5
Fumar marihuana 312 59 9.115.500 -0.755 0.45 58120.5 10885.5
Consumir una
droga diferente
a la marihuana
313 60 9.390.000 0 1 58531 12220
Relaciones
sexuales con más
de una persona
49 14 295.501 -1.235 0.217 1520.51 495.51
Con sobrepeso
o bajo peso
317 60 9.077.500 -0.631 0.528 59480.5 11772.5
Intentar suicidarte 312 60 9.169.000 -1.148 0.251 57997 11381
No estar físicamente
activo por un total
de al menos 60
minutos por día
317 60 8612 -1.172 0.241 59015 12238
No ir a clases de
educación física
307 60 8386.5 -1.243 0.214 55664.5 11863.5
Nota: Se utilizó la prueba U de Mann-Whitney para conocer la diferencia entre
los comportamientos de riesgo con el trabajo. 1 = no trabaja; 2 = trabaja.
*p < .05.
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Tabla 34. Significación estadística de la diferencia por la
variable trabajo para los comportamientos de riesgo (B)
Comportamientos
de riesgo
No trabajo Trabajo
% con
riesgo
Cantidad % con
riesgo
Cantidad Total x
2
Significación
Tener relaciones
sexuales
22 69/314 29.3 17/58 372 1.482 0.223
No usar
anticonceptivos
como píldora
o dispositivo
en el útero
79.6 109/137 55.6 12/27 164 7.049 .008*
No usar condón 56.4 75/133 36 9/25 158 3.514 0.061
No hacer ejercicio
para perder peso o
evitar subir de peso
49 154/314 52.2 31/59 373 0.243 0.622
No comer menos
alimentos, menos
calorías o comidas
bajas en grasa,
para perder peso o
evitar subir de peso
40.3 126/313 45 27/60 373 0.468 0.494
Dejar de comer por
24 horas o más
para perder peso o
evitar subir de peso
1.6 5/313 3.3 2/60 373 (-0.151) (-0.698)
Tomar alguna
dieta de píldoras,
polvos o líquidos
sin supervisión de
un médico para
perder peso o
evitar subir de peso
2.2 7/312 5.1 3/59 371 1.527 0.217
Vomitar o tomar
laxantes para
perder peso o
evitar subir de peso
3.8 12/313 5 3/60 373 0.177 0.674
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Comportamientos
de riesgo
No trabajo Trabajo
% con
riesgo
Cantidad % con
riesgo
Cantidad N x
2
Significación
Sentirse triste o
sin esperanza casi
cada día por dos
semanas o más
al grado que has
dejado de hacer sus
actividades usuales
13.7 43/314 20 12/60 374 1.597 0.206
Considerar
seriamente el
intentar suicidarse
3.2 10/309 3.4 2/58 367 0.007 0.934
Hacer plan acerca
de cómo intentar
suicidarse
1.9 6/309 8.3 369 7.097 .008*
Pensar o planear
suicidarse
1.3 4/311 1.7 371 (0) (-1)
Nota: Los valores encerrados entre paréntesis fueron obtenidos con la corrección de
Yates, que se aplica cuando hay celdas que tienen menos de 5 casos y más de 0. A
aquellos que tuvieron celdillas vacías no se les aplica la prueba de ji cuadrada porque
tienen celdillas con menos de un caso. Para todos los casos gl = 1 p < .05.
Comportamientos de riesgo y nivel socioeconómico
Sólo se pudieron realizar análisis estadísticos para 20 de los 31 comportamien-
tos de riesgo debido a que eran los únicos que cumplían los requisitos para
ello (tablas 35 y 36).
El único comportamiento que resultó ser estadísticamente significativo
fue el de: “Durante los últimos 30 días ¿cuántas veces fumaste marihuana?”
Sin embargo, para este comportamiento hay que considerar que sólo dos per-
sonas contestaron haber llevado a cabo esta conducta de riesgo y ambos perte-
necían al nivel socioeconómico medio bajo, por lo cual no existen condiciones
para la comparación.
A partir de estos resultados se puede decir que no existen diferencias signifi-
cativas en función del nivel socioeconómico para los comportamientos de riesgo.
Respecto a la hipótesis que plantea que los comportamientos de riesgo
varián según las características sociodemográficas, se encuentra que con ex-
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cepción del género, en el que 11 comportamientos resultan significativos, las
diferencias sólo se presentan en tres comportamientos para trabajar y no hay
diferencias para edad y nivel socioeconómico.
Tabla 35. Significación estadística de la diferencia por nivel
socioeconómico para los comportamientos de riesgo (A)
Comportamientos de riesgo Mediana de rangos H Significación
1 2 3 4
Usar cinturón de seguridad
cuando el vehículo es
conducido por otra persona
174.23 149.51 151.76 154.35 5.07 0.167
Andar en carro cuando el que
conduce había bebido alcohol
166.51 167.09 158.18 153.86 1.304 0.728
Conducir un carro u
otro vehículo cuando
has bebido alcohol
166.56 162.7 156.25 160.19 1.71 0.635
Cargar una pistola,
navaja o cuchillo
160.61 161.37 163.41 162.21 0.287 0.962
Fumó cigarros al menos
un día en el último mes
167.41 172.4 148.82 151.16 6.811 0.078
En los días que fumó, al
menos fue un cigarro por día
157.94 164.59 138.89 142.71 7.258 0.064
Tomó bebida alcohólica al
menos un día en el último mes
172.24 166.77 145.77 145.64 5.935 0.115
En los días que tomó, consumió
5 o más bebidas alcohólicas
en un par de horas
164.09 168.08 154.6 156.42 1.603 0.659
Fumar marihuana 159 163.98 159 159 7.994 .046*
Consumir una droga
diferente a la marihuana
161 161 161 161 0 1
Tener relaciones sexuales
con más de una persona
28.52 28.26 23.5 27.71 1.886 0.601
Tener sobrepeso o bajo peso 160.93 170.23 160.69 159.2 0.754 0.86
Intentar suicidio 161.92 159.93 157.5 157.5 3.084 0.379
Nota: Se utilizó la prueba Kurskal-Wallis para conocer la relación de los comportamientos
de riesgo con el nivel socioeconómico. 1 = medio alto-alto; 2 = medio bajo; 3
= clase alta trabajadora; 4 = clase baja trabajadora; gl = 3. *p < .05.
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Calidad de vida y comportamientos de riesgo
Hubo una relación significativa entre la cantidad de comportamientos de riesgo y
el índice de calidad de vida del módulo perceptual, que se observa en la tabla 37.
Tabla 37. Correlación entre cantidad de
comportamientos de riesgo y calidad de vida
Indice total de calidad de vida
Suma de comportamientos
de riesgo
Rho de Spearman Índice total de
calidad de vida
Coeficiente
de correlación
1 -.163(**)
Sig (2 colas) . 0.001
Total 377 377
Suma de
comportamientos
de riesgo
Coeficiente
de correlación
-.163(**) 1
Sig (2 colas) 0.001 .
N 377 380
**La correlación es significativa al nivel de 0.01 (2 colas).
Se encontró una correlación negativa entre la cantidad de comportamien-
tos de riesgo y el índice total de calidad de vida. Aunque también hay que
mencionar que la magnitud del efecto es pequeña.
Los resultados concuerdan con los de Topolski et al. (2001), quienes en-
contraron que obtienen las más bajas puntuaciones de calidad de vida quienes
están comprometidos en múltiples conductas de riesgo, a diferencia de los
que presentan sólo una conducta de riesgo.
Calidad de vida por ítem de comportamientos de riesgo
El índice de calidad de vida mostró una relación significativa con los cuatro siguien-
tes comportamientos del total de 14: uso de cinturón de seguridad (rs = .226, N =
377, p < .001), cantidad de cigarros que fumó por día (rs = - .111, N = 354, p < .05),
días en que tomó al menos una bebida alcohólica en los últimos 30 (re =- .125, N =
374, p < .05), intento serio de suicidio (rs = -.216, N = 366, p < .001), cantidad de días
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que estuvo físicamente activo al menos 60 minutos en los últimos 7 días (rs = .178,
N = 376, p < .01) y cantidad de días que estuvo en educación física en la escuela en
los últimos 7 días (rs = .142, N = 366, p < .01).
Las anteriores correlaciones nos indican que la calidad de vida es mayor
mientras más constante es el uso del cinturón de seguridad. Aunque no se
encontraron estudios que hablaran de esta asociación, algunos como el de
Hidalgo et al. (2000) han encontrado que el uso de cinturón se asocia al con-
sumo de alcohol y en este estudio el consumo fuerte de alcohol se asoció a la
baja calidad de vida para ciertas condiciones.
Tabla 38. Correlación de comportamientos de riesgo con
el nivel de medición ordinal y el índice total de calidad de
vida del módulo perceptual del cuestionario YQOL-R
Comportamientos de riesgo Relación
significativa
Número p
Usar cinturón de seguridad cuando el vehículo
es conducido por otra persona
0.226 377 .000**
Andar en carro cuando el que conduce había bebido alcohol -0.02 377 0.705
Conducir un carro u otro vehículo cuando has bebido alcohol 0.029 377 0.579
Cargar una pistola, navaja o cuchillo -0.066 374 0.204
Fumó cigarros al menos un día en el último mes -0.096 375 0.065
En los días que fumó, al menos fue un cigarro por día -0.111 354 .036*
Tomó bebida alcohólica al menos un día en el último mes -0.125 374 .016*
En los días que tomó, consumió 5 o más
bebidas alcohólicas en un par de horas
-0.084 374 0.105
Fumar marihuana -0.014 370 0.789
Consumir una droga diferente a la marihuana 372
Tener relaciones sexuales con más de una persona 0.069 63 0.589
Intentar en serio suicidarse -0.216 366 .000***
Estar físicamente activo por un total de
al menos 60 minutos por día
0.178 376 .001**
Ir a clases de educación física 0.142 366 .006**
Nota: Un criterio para hacer la prueba de Spearson es que las variables
sean al menos de nivel ordinal, por lo que los comportamientos de riesgo
que no cumplían con este criterio no fueron trabajados.
*p < .05. **p < .01. ***p < .001.
La calidad de vida es menor en la medida en que se fumen más cigarros al
día. Este resultado coincide con el de Vaez y Laflamme (2003), quienes encontra-
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ron correlación significativa de la frecuencia de uso de tabaco y el género en hom-
bres con la calidad de vida. También es consistente con los resultados de Zullig
(2005), quien encontró que el número de cigarros fumados por día en los pasados
30 días resultó significativamente relacionado con un gran número de días con
baja CVRS. Un análisis posterior reportó que los días bajos en CVRS sólo fueron
entre aquellos que reportaron fumar dos o más cigarros por día cuando eran com-
parados con los que no fumaron. Así, los fumadores más regulares reportaron
mayor deterioro de CVRS en términos del número de días.Nuestros resultados son
diferentes a los de Baddini et al. (2004), quienes no encontraron que la calidad
de vida empeorara a más cigarros fumados (intensidad); las categorías que ellos
estudiaron eran: ligero, menos de 15 cigarros al día; moderado, de 15 a 24 cigarros
al día, y pesado, igual o mayor de 25 cigarros diarios, mientras que nuestros casos
con mayor intensidad se ubicaron en el rango de 6 a 10 cigarros por día. Todos
nuestros casos corresponden, por lo tanto, a consumo ligero según Baddini et al.
La calidad de vida empeora con el consumo de bebidas alcohólicas. Nues-
tros resultados van en el mismo sentido que los de Vaez y Laflamme (2003),
quienes encontraron correlación significativa entre cantidad de alcohol consu-
mido y calidad de vida.
La calidad de vida empeora conforme aumentan los intentos de suicidio.
No se encontraron estudios que abundaran sobre la relación entre calidad de
vida y cantidad de intentos de suicidio en el sentido de nuestros resultados; el
único estudio encontrado fue el de Thatcher et al. (2002), quienes hallaron, en
mujeres blancas, asociación de intento de suicidio con percepciones de salud
mental y satisfacción con la familia, los amigos, la escuela y consigo mismo;
en mujeres negras, con percepciones de salud mental, satisfacción consigo
mismo; en hombres blancos, con percepciones de la salud y satisfacción ge-
neral con la vida, y en hombres negros, con percepciones de salud mental y
satisfacción con la vida en general.
Los resultados de nuestro estudio muestran que la calidad de vida es me-
jor mientras más días esté la persona físicamente activa, y también mejora
conforme aumentan los días que estuvo en educación física en la escuela. Es-
tos resultados concuerdan con el de Vaez y Laflamme (2003), quienes después
de preguntar la frecuencia de ejercicio de cualquier tipo, al menos 30 minutos
en una escala de 5 puntos (nunca, una vez al mes, de 2 a 4 veces al mes, 2 a 3
veces a la semana y 4 veces en una semana o más) encontraron una correla-
ción positiva entre actividad física y calidad de vida.
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Tabla 40. Correlación entre cantidad de
comportamientos de riesgo y calidad de vida
Indice total de
calidad de vida
suma de comportamientos
de riesgo
Rho de
Spearman
Indice total de
calidad de vida
Coeficiente de
correlación
1.000 -.163(**)
Sig (2 colas) . .001
Total 377 377
Suma de
comportamientos
de riesgo
Coeficiente de
correlación
-.163(**) 1.000
Sig (2 colas) .001 .
Total 377 380
** La correlación es significativa al nivel de 0.01 (2 colas).
Es de llamar la atención que tantos comportamientos de riesgo que teóri-
camente pudieran afectar la calidad de vida no se reflejen en este estudio, por
lo que es necesario formularse nuevas preguntas y hacer estudios de campo
con diversas poblaciones adolescentes y análisis de las propiedades psicomé-
tricas del instrumento.
Tabla 41. Correlación entre comportamientos de riesgo y nivel de medición
ordinal y el índice total de calidad de vida del módulo perceptual del YQOL-R
Comportamientos de riesgo rs N p
Usar cinturón de seguridad cuando el vehículo
es conducido por otra persona
0.226 377 .000**
Andar en carro cuando el que conduce había bebido alcohol -0.02 377 0.705
Conducir un carro u otro vehículo cuando has bebido alcohol 0.029 377 0.579
Cargar una pistola, navaja o cuchillo -0.066 374 0.204
Fumó cigarros al menos un día en el último mes -0.096 375 0.065
En los días que fumó, al menos fue un cigarro por día -0.111 354 .036*
Tomó bebida alcohólica al menos un día en el último mes -0.125 374 .016*
En los días que tomó, consumió 5 o más bebidas
alcohólicas en un par de horas
-0.084 374 0.105
Fumar marihuana -0.014 370 0.789
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Comportamientos de riesgo rs N p
Consumir una droga diferente a la marihuana 372
Tener relaciones sexuales con más de una persona 0.069 63 0.589
Intentar en serio suicidarse -0.216 366 .000***
Estar físicamente activo por al menos 60 minutos por día 0.178 376 .001**
Ir a clases de educación física 0.142 366 .006**
Nota: Un criterio para hacer la prueba de Spearson es que las variables
sean al menos de nivel ordinal, por lo que los comportamientos de riesgo
que no cumplían con este criterio no fueron trabajados.
*p < .05. **p < .01. ***p < .001.
Conclusiones
89 Conclusiones
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Después de haber revisado tanto la teoría como los resultados, se concluye que
en esta población estudiada:
1. La calidad de vida tiende a mostrar valores altos y existe un rango de com-
portamientos de riesgo desde baja hasta alta frecuencia.
2. La calidad de vida varía según la edad y el trabajo cuando se considera el
tener contrato o no.
3. Para los comportamientos de riesgo, el género es una variable que destaca
porque muestra diferencias para más de un tercio de los ítems del cuestio-
nario. El trabajar o no también tiene influencia, pero en una proporción
muy inferior, mientras que la edad (17 y 18 años) y el nivel socioeconómi-
co no muestran diferencias.
4. La calidad de vida empeora a medida que aumenta la cantidad de compor-
tamientos de riesgo. Tuvo una correlación significativa: positiva con uso
de cinturón de seguridad, cantidad de días (en los últimos siete) que se
estuvo físicamente activo al menos 60 minutos y cantidad de días que se
estuvo en educación física en la escuela, y tuvo correlación negativa con
cantidad de cigarros fumados por día y con la cantidad de veces que se ha
intentado el suicidio en realidad el último año.
5. El constructo de calidad de vida es un concepto medible que puede ayudar
a evaluar en el nivel universitario problemas de salud asociados a conduc-
tas de riesgo al integrar factores tanto internos como externos. Valorar la
calidad de vida podría ser una manera menos confrontadora de identificar
los comportamientos de riesgo en una población, y con respuestas más
aceptadas socialmente. La calidad de vida proporciona también informa-
ción importante sobre las áreas de intervención.
6. La administración de la Universidad de Guadalajara puede utilizar los datos
para revisar sus políticas y hacer las modificaciones que se requieran. El
mismo instrumento de este estudio puede ser utilizado en el futuro para
volver a evaluar la calidad de vida de los estudiantes que egresen y analizar
el efecto que el proceso escolar puede tener en ella, del mismo modo que
90 Conclusiones
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hoy tiene un alto valor asistencial la evaluación de tratamientos médicos por
su impacto en la calidad de vida de los pacientes. Este instrumento puede
ser utilizado en otros centros universitarios y otras universidades para valo-
rar la calidad de vida y los comportamientos de riesgo.
7. Esta investigación se suma a la literatura previa porque demuestra que la
calidad de vida varía según variables sociodemográficas, siendo esta varia-
ción mayor en unas variables que en otras; que los comportamientos de
riesgo difieren por variables sociodemográficas; que existen importantes
relaciones entre calidad de vida y comportamientos de riesgo, habiendo
una correlación negativa por cantidad de comportamientos de riesgo, así
como para algunos de ellos.
Índice de tablas y gráficas
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Índice de tablas
Tabla 1. Variables sociodemográficas y escolares de la población estudiada 29
Tabla 2. Índice de correlación intraclase 34
Tabla 3. Estadísticas descriptivas del índice total de calidad de vida 38
Tabla 4. Pruebas de normalidad para el índice total de calidad de vida 39
Tabla 5. Estadísticas descriptivas de la suma de comportamientos de riesgo 40
Tabla 6. Pruebas de normalidad para la suma de comportamientos de riesgo 41
Tabla 7. Puntuaciones del índice total de calidad de vida
y sus dominios para la población estudiada
44
Tabla 8. Índices promedio por ítem según dominio del módulo perceptual de calidad de vida 45
Tabla 9. Frecuencias absolutas y relativas en relación con los riesgos
presentes en la población en estudio en el último mes o año
46
Tabla 10. Rangos en función del género para la calidad de vida 52
Tabla 11. Asociación entre género y calidad de vida 52
Tabla 12. Rangos en función de la edad para la calidad de vida 52
Tabla 13. Asociación entre edad y calidad de vida 52
Tabla 14. Rangos en función de trabajar para la calidad de vida 53
Tabla 15. Asociación entre trabajar y la calidad de vida 53
Tabla 16. Rangos en función de trabajar considerando el contrato para la calidad de vida 54
Tabla 17. Asociación entre trabajar considerando el contrato y la calidad de vida 54
Tabla 18. Rangos en función del nivel socioeconómico para la calidad de vida 54
Tabla 19. Asociación entre nivel socioeconómico y calidad de vida 55
Tabla 20. Frecuencia de comportamientos de riesgo de accidentes
en vehículos de motor en los últimos 30 días por género
58
Tabla 21. Frecuencia de comportamientos de riesgo de violencia
recibida en los últimos 30 días por género
59
Tabla 22. Frecuencia de comportamientos de riesgo de suicidio por género 60
Tabla 23. Frecuencia de comportamiento de riesgo de consumo de tabaco por género 63
Tabla 24. Frecuencia de comportamientos de riesgo relacionados
con el alcohol en los últimos 30 días por género
65
Tabla 25. Frecuencia de comportamientos de riesgo de consumo
de drogas en los últimos 30 días por género
66
Tabla 26. Frecuencia de comportamientos de riesgo alimentario por género 68
Tabla 27. Frecuencia de comportamientos de riesgo por falta de ejercicio por género 70
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Tabla 28. Significación estadística de la diferencia por género
para los comportamientos de riesgo (A)
71
Tabla 29. Significación estadística de la diferencia por género
para los comportamientos de riesgo (B)
72
Tabla 30. Trabajo en relación con el comportamiento de riesgo en
el último mes: haber conducido habiendo bebido alcohol
74
Tabla 31. Trabajo en relación con el uso o no de anticonceptivos 75
Tabla 32. Trabajo en relación con el comportamiento de riesgo de plan de suicidio 76
Tabla 33. Significación estadística de la diferencia por la variable
trabajo para los comportamientos de riesgo (A)
76
Tabla 34. Significación estadística de la diferencia por la variable
trabajo para los comportamientos de riesgo (B)
78
Tabla 35. Significación estadística de la diferencia por nivel
socioeconómico para los comportamientos de riesgo (A)
80
Tabla 36. Significación estadística de la diferencia por nivel
socioeconómico para los comportamientos de riesgo (B)
81
Tabla 37. Correlación entre cantidad de comportamientos de riesgo y calidad de vida 82
Tabla 38. Correlación de comportamientos de riesgo con el nivel de medición ordinal
y el índice total de calidad de vida del módulo perceptual del cuestionario YQOL-R
83
Tabla 39. Significación estadística de la diferencia por nivel
socioeconómico para los comportamientos de riesgo (B)
85
Tabla 40. Correlación entre cantidad de comportamientos de riesgo y calidad de vida 86
Tabla 41. Correlación entre comportamientos de riesgo y nivel de medición ordinal
y el índice total de calidad de vida del módulo perceptual del YQOL-R
86
Índice de gráficas
Gráfica 1. Histograma del índice total de calidad de vida 37
Gráfica 2. Histograma de la suma de comportamientos de riesgo 40
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CARLOS ALEJANDRO HIDALGO RASMUSSEN es licenciado en psicología, cursó la
maestría en terapia Gestalt, es practicante del arte de la programación neuro-
lingüística, facilitador en curso de retos de nivel alto y bajo y doctor en psico-
logía por la Universidad de Oviedo, España.
Ha sido jefe del Departamento de Proyectos Especiales del Instituto Na-
cional para la Educación de los Adultos, Delegación Jalisco; coordinador del
Centro de Terapias Especiales del Instituto Jalisciense de Asistencia Social,
A.C.; profesor en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Oc-
cidente (ITESO); profesor en la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA);
investigador del Instituto Nacional de Salud Pública; profesor-investigador de
tiempo completo de la Universidad Autónoma de Aguascalientes; profesor en
la Universidad de Colima, y coordinador de la carrera de psicología del Centro
Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara.
En la actualidad es asesor externo del proyecto Calidad de Vida de los
Adolescentes Chilenos con Énfasis en Salud de la Universidad de Chile; pro-
fesor de la Maestría Virtual en Ciencias de la Salud de la Adolescencia del
Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalaja-
ra; profesor-investigador de tiempo completo con definitividad en el Centro
Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara con perfil PROMEP. Es
miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y de la International
Society for Quality of Life (ISOQOL).