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RESUMEN “MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD”

TOMO 1.

El uso correcto de nuestra mente produce tres beneficios. En primer lugar,
glorificar a nuestro Creador. Siendo nuestro Creador un Dios racional que nos
hizo seres racionales a su imagen y semejanza, y habiéndonos dado en la
naturaleza y en las Escrituras una revelación racional, espera que usemos
nuestra mente para estudiar su revelación. Al estudiar el universo y leer las
Escrituras estamos pensando los pensamientos de Dios como él quiere. Por
esto, un uso correcto de nuestra mente glorifica a nuestro Creador.

En segundo lugar, enriquece nuestra vida cristiana. No estoy hablando de la
educación, la cultura y el arte, que enriquecen la calidad de nuestra vida
humana; estoy hablando de nuestro discipulado cristiano. Ningún área del
discipulado es posible sin el uso de nuestra mente. Alabar es amar a Dios con
todo nuestro ser, incluso con nuestra mente. La fe es una confianza razonable
y otro ejemplo de la manera en que Dios nos guía.

En tercer lugar, fortalece nuestro testimonio evangelizador. Con frecuencia nos
preguntamos: ¿Por qué unos no aceptan a Jesucristo? Podríamos dar muchas
razones, pero hay una acerca de la cual no pensamos lo suficiente: ellos
perciben que nuestro evangelio es trivial, no les parece suficientemente amplio
como para relacionarse con la vida real. Tenemos que recordar cómo
evangelizaban los apóstoles, de qué forma razonaban con la gente, y que
basándose en las Escrituras muchos fueron persuadidos. De hecho, Pablo
define su ministerio diciendo: «Conociendo, pues, el temor del Señor,
persuadimos a los hombres» (2 Co 5.11). Utilizar argumentos en nuestra
evangelización no es incompatible con la fe en la obra del Espíritu. El Espíritu
Santo no hace que la gente llegue a Jesucristo a pesar de las evidencias, sino
que atrae a las personas a Cristo por medio de éstas, cuando Él abre sus
mentes para que las tengan en cuenta. Pablo puso su confianza en el poder del
Espíritu Santo, pero no por eso dejó de pensar y argumentar. El
antiintelectualismo es algo negativo y destructivo, insulta a nuestro Creador,
empobrece nuestra vida cristiana y debilita nuestro testimonio; el uso adecuado
de la mente glorifica a Dios, nos enriquece y fortalece nuestro testimonio en el
mundo.

Empezaremos por definir el término. En primer lugar, se trata de la mente de un
cristiano. Nuestra mente ha sido manchada por la caída, también nuestras
emociones, nuestra voluntad, nuestra sexualidad. Pero cuando vamos a
Jesucristo nuestra mente comienza a ser renovada. El Espíritu Santo nos abre
la mente para que veamos cosas que nunca antes habíamos visto. Por lo tanto,
la mente cristiana no es una mente que está pensando sólo en asuntos
religiosos, sino que es una mente que está pensando aun hasta en las cosas
más seculares ¡pero desde una perspectiva cristiana! La mente cristiana busca
la voluntad de Dios en el hogar y en el trabajo, en nuestra comunidad, en
cuestiones de ética social y de política. Una mente cristiana es una forma de
pensar, es una manera cristiana de mirar todas las cosas, su perspectiva
cristiana ha sido renovada por el Espíritu Santo. Es una mente bíblica, porque
está moldeada por presuposiciones bíblicas.
GEMAS
TOMO I

Dios ha colocado en sus manos a la preciosa JUVENTUD no solo para que se
la capacite para un lugar de utilidad en esta vida sino para que sea preparada
para las cortes celestiales.




La lectura pura y saludable sera a la mente lo que el alimento saludable es al
cuerpo, de ese mdo llegareís a se más fuerte para resistir la tentacion.




Los temas tratados en la Palabra de Dios, la digna sencillez de su lenguaje, los
nobles temas que presenta la mente, desarroyan facultades en el hombre que
no podrian desarrollarse de otro modo. En la biblia se habre un campo sin
limites para la imaginacion.
































APLICACIÓN EN LA VIDA PROFESIONAL



Esta tarea de formar una mente cristiana que escucha a Dios y al mundo no es
tarea de cristianos solitarios. Es más bien una tarea que requiere de una
comunidad cristiana en conjunto. La Iglesia ha de ser, en la práctica, una
«comunidad hermenéutica». Parte de la tarea de la Iglesia es escuchar la
Palabra de Dios juntos para descubrir la mente de Dios, y la realidad actual
para entender lo que está sucediendo. Es en este «doble-escuchar» a la
Palabra y al mundo, y en compañía e interacción con otros miembros de la
Iglesia de Dios, que se va desarrollando una mente cristiana. Que Dios nos
conceda gracia para esforzarnos en pensar como cristianos.

Si se le permitimos a nuestra mente natural y egoísta seguir sus propios
deseos pecaminosos, obrará sin motivo malos y elevados pensamientos, sin
buscar la gloria de Dios o el beneficio de nuestra alma. Los pensamientos
serán pecaminosos; única y continuamente pecaminosos. El alma sólo puede
encontrar la paz confiando en Dios y participando de la naturaleza divina
mediante la fe en el Hijo de Dios. El Espíritu Santo produce una nueva vida en
el alma y trae todos los pensamientos y deseos en obediencia a la voluntad de
Cristo. El hombre interior se renueva cada día en la imagen de Aquel que
subyuga todas las cosas a sí mismo. Cada uno de nosotros tiene un trabajo
individual que hacer para ceñir los lomos de nuestra mente, ser sobrio y velar
en oración. La mente debe estar firmemente controlada por nuestro espiritu
para pensar solamente en aquello que fortalecerá nuestra alma y nuestra vida
moral. Cada uno debiéramos aprender y comenzar ha enseñar a nuestros hijos
a su temprana edad a cultivar hábitos correctos de pensamientos, disciplinando
la mente para andar por canales saludables y evitar los pensamientos que son
enfermizos. El salmista declara: “Sean gratos los dichos de mi boca y la
meditación de mi corazón delante de ti, oh J ehová, roca mía, y redentor
mío” (Salmo 19:14).