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Poincar´e y la Topolog´ıa

Alexandrov
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Poincar´e y la Topolog´ıa. Alexandrov 1
A la pregunta sobre cu´al es la relaci´on de Poincar´e con la topolog´ıa puede
contestarse con una sola frase: ´el la fund´o; pero tambi´en se puede contestar
con un ciclo de conferencias en las que se expongan, m´as o menos detallada-
mente, los resultados topol´ogicos obtenidos por Poincar´e. Seg´ un la primera
de estas dos aproximaciones a mi tarea, puedo considerarla completamen-
te resuelta. Para la segunda aproximaci´on, naturalmente, no tengo tiempo.
Es necesario entonces buscar una soluci´on de compromiso, intermedia, que
ser´a fallida como todas las soluciones de compromiso, y en todo caso m´as
pr´oxima a la primera variante que a la segunda. Esta soluci´on s´olo puede
constituir un intento de renovar y refrescar la emoci´on y admiraci´on por el
acto de grandiosa creaci´on cient´ıfica realizado por el gran ge´ometra franc´es,
en una ´area cuya influencia sobre todo el conocimiento matem´atico no s´olo
super´o todas las predicciones de sus contempor´aneos, sino que contin´ ua au-
mentando a˜ no a a˜ no.
Poincar´e vivi´o en la ´epoca rom´antica de la historia de la ciencia ma-
tem´atica, cuando por primera vez (por ´el mismo y por F. Klein) fue de-
mostrada la consistencia de la geometr´ıa no euclideana, como consecuencia
de lo cual nuestra visi´on de la geometr´ıa y del concepto mismo de espa-
cio geom´etrico se ampliaron en forma inaudita, cuando las nuevas ideas
geom´etricas acababan de encontrar aplicaci´on (entre otros, en los trabajos
del mismo Poincar´e), en la teor´ıa especial de la relatividad, teor´ıa capaz de
hacer vacilar nuestros conceptos acerca de la estructura del mundo, concep-
tos que parec´ıan inamovibles desde los tiempos de Galileo y Newton. En
una ´epoca en que, de las profundidades abstractas de la misma matem´ati-
ca, surg´ıa una teor´ıa que en opini´on de los m´as destacados matem´aticos se
encontraba fuera de su ciencia, y posiblemente incluso fuera de la ciencia
en general, la teor´ıa de los conjuntos, que produjo en la matem´atica una
revoluci´on tan significativa como la revoluci´on que produjo en la f´ısica la
teor´ıa de la relatividad. Por sus gustos matem´aticos y tradiciones hereda-
das, Poincar´e era un representante de la matem´atica cl´asica, la gran escuela
matem´atica del an´alisis creada por Lagrange, Laplace y Cauchy. Poincar´e era
un representante del an´alisis matem´atico en el sentido m´as amplio de esta
palabra, que incluye la teor´ıa de funciones, todos los aspectos de las ecua-
ciones diferenciales, y la “f´ısica matem´atica” en su sentido m´as amplio. Y la
universalidad de Poincar´e como matem´atico se reflej´o en la forma como ´el
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cre´o la nueva rama de la matem´atica: la topolog´ıa. Para Poincar´e, la topo-
log´ıa, ante todo y sobre todo, era un instrumento poderoso para la soluci´on
de los problemas que surg´ıan en las ramas cl´asicas de la matem´atica. Es-
tos eran, en primer lugar, la teor´ıa de funciones de variable compleja, cuya
relaci´on ´ıntima con la geometr´ıa hab´ıa sido prevista s´olo en germen por Rie-
mann, y que Poincar´e fue el primero en comprender en toda su profundidad;
la teor´ıa de las ecuaciones diferenciales, que para Poincar´e era inseparable
de la mec´anica celeste; la misma geometr´ıa. Pero, comprendiendo el poder
de los m´etodos topol´ogicos en la “matem´atica cl´asica” y frecuentemente
previ´endolos all´ı donde en su tiempo estos m´etodos todav´ıa no pod´ıan ser
aplicados con toda su fuerza, Poincar´e descubri´o para la matem´atica un
mundo entero de nuevos problemas, los problemas de car´acter “cualitati-
vo”, es decir, precisamente topol´ogico; un mundo entero inaccesible, por su
misma esencia, no s´olo a los m´etodos sino tambi´en, si es posible expresarse
as´ı, a la visi´on del mundo de la matem´atica “cl´asica”, en cuyo centro se
encontraban las f´ormulas y los c´alculos (es decir, la t´ecnica para operar con
f´ormulas). De esta forma, el m´as grande representante de la matem´atica
cl´asica, Poincar´e, como ning´ un otro “rompi´o desde dentro” sus tradiciones
y abri´o acceso hacia ella no s´olo a nuevos m´etodos de investigaci´on, sino
lo que puede ser a´ un m´as importante, a nuevas formas de ver las cosas e
interesarse por ellas.
Aclararemos un poco lo que acabamos de decir. Toda creaci´on matem´ati-
ca tiene en ´ ultima instancia a la intuici´on matem´atica como su fundamento.
Una reflexi´on continua, tenaz y concentrada, conduce a fin de cuentas a una
(m´as o menos moment´anea) visi´on de las leyes en cuya b´ usqueda estaban
encaminados nuestro trabajo y nuestra reflexi´on. El fin de la investigaci´on
subsiguiente (frecuentemente muy minuciosa) es la verificaci´on de la visi´on
de nuestra intuici´on, la cual (si se confirma en esta comprobaci´on) resul-
tar´a ser el verdadero n´ ucleo del resultado obtenido. Nadie ha expuesto es-
te mecanismo de la creaci´on matem´atica mejor que Poincar´e en sus libros
Ciencia y m´etodo y Ciencia e hip´otesis. Pero el car´acter de la intuici´on ma-
tem´atica no es el mismo en todos los casos ni para todos los matem´aticos.
La intuici´on de Jacobi no se parec´ıa a la de Hilbert, y la de Weierstrass era
distinta de la de Poincar´e. Probablemente existe algo que podr´ıamos lla-
mar “intuici´on de la f´ormula”, la capacidad de predecir el resultado de una
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transformaci´on muy compleja (por ejemplo, en el an´alisis tensorial). Existe
una intuici´on de car´acter algebraico-l´ogico, la visi´on (y la anticipaci´on) de
complejas relaciones l´ogicas (por ejemplo, en la teor´ıa de los conjuntos, en el
´algebra abstracta). Y finalmente (mejor dicho, ante todo), existe la intuici´on
geom´etrica; a veces hablan de ella como si fuera la ´ unica que existiera en
matem´aticas, la ´ unica “aut´entica” intuici´on matem´atica. Yo creo que esto
no es cierto, y que en realidad existen diferentes formas de intuici´on ma-
tem´atica, incluso m´as all´a de los pocos ejemplos mencionados. La intuici´on
“topol´ogica” es considerada frecuentemente como un caso particular de la
geom´etrica; sin embargo, este caso particular manifiesta por s´ı mismo tal
riqueza y variedad de posibilidades, y por otra parte, se diferencia tanto
de otras formas de intuici´on geom´etrica, que probablemente sea necesario
separarla en una categor´ıa especial. La intuici´on del top´ologo no est´a ligada
a l´ıneas rectas, a transformaciones en perspectiva y otras formas tan funda-
mentales, por ejemplo, para el ge´ometra proyectivo. La intuici´on topol´ogica
es la intuici´on de la forma y disposici´on de las figuras en su forma m´as pura,
la pura “Freude an der Gestal” como dec´ıa Klein. Esta es la m´as geom´etrica
de toda la variedad de intuiciones geom´etricas.
Poincar´e dominaba esta forma de intuici´on como ning´ un matem´atico de
su tiempo o de las ´epocas precedentes; es posible que s´olo Riemann pudiera
competir con ´el en este campo, pero Riemann no alcanz´o a desarrollarla con
la amplitud y variedad de aplicaciones con que lo hizo Poincar´e.
La intuici´on topol´ogica invade la mayor´ıa de los trabajos m´as notables de
Poincar´e; la teor´ıa de las funciones automorfas y la uniformizaci´on (el triunfo
supremo de la aproximaci´on “Riemanniana” a la teor´ıa de las funciones de
variable compleja); la teor´ıa cualitativa de las ecuaciones diferenciales que
es, posiblemente, la mejor ilustraci´on de la forma tan novedosa con que sab´ıa
ver Poincar´e los objetos m´as cl´asicos de la matem´atica y la problem´atica tan
original a que sab´ıa someterlos. Y, finalmente, por supuesto, todo el ciclo de
sus trabajos propiamente topol´ogicos.
No otra cosa, sino precisamente una manifestaci´on de su genial intuici´on
topol´ogica, es el hecho de que Poincar´e viera en el concepto de homolog´ıa
el hilo fundamental para todo el desarrollo posterior de la topolog´ıa. La
primera formulaci´on de este concepto (en la memoria fundamental de 1895,
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Analysis situs) apelaba precisamente a la evidencia geom´etrica inmediata,
bajo la cual solamente algunos a˜ nos m´as tarde fue construida una base l´ogica
rigurosa.
Igualmente intuitivo, aunque formulado en forma completamente rigu-
rosa era el segundo concepto b´asico introducido por Poincar´e: el concepto
de grupo fundamental. Al introducir este concepto, Poincar´e se convirti´o en
el iniciador de toda aquella inmensa corriente que result´o ser la topolog´ıa
homot´opica, cuyo ser ulterior desarrollo debemos ante todo a Brower, H.
Hopf, Gurevich y una larga serie de matem´aticos posteriores. Aqu´ı, es nece-
sario se˜ nalar que la definici´on de los grupos de homotop´ıa, es decir, de los
grupos que generalizan el concepto de grupo fundamental a un n´ umero arbi-
trario de dimensiones, fue formulada por primera vez en 1932 por el famoso
top´ologo checo Chec, quien, es cierto, no los someti´o a una investigaci´on
posterior; esto ´ ultimo, como es bien sabido, es un m´erito que corresponde a
V. Gurevich.
Entre las m´as notables y m´as r´apidamente elaboradas partes de la topo-
log´ıa homot´opica se cuenta la teor´ıa de los campos vectoriales y polivecto-
riales y sus singularidades, que est´a ´ıntimamente ligada con la teor´ıa de los
puntos fijos de las transformaciones continuas.
El fundador de esta teor´ıa es, nuevamente, Poincar´e. Las primeras defi-
niciones y hechos, en particular el concepto fundamental de ´ındice de singu-
laridad del campo vectorial, fueron establecidos por Poincar´e ya en los a˜ nos
ochenta, en sus trabajos en teor´ıa cualitativa de ecuaciones diferenciales, es
decir, antes de la creaci´on de sus trabajos propiamente topol´ogicos.
Actualmente es dif´ıcil exagerar la fundamental importancia de estas ideas
y resultados de Poincar´e para todo el desarrollo posterior no s´olo de la
teor´ıa de las ecuaciones diferenciales, sino de todo el an´alisis matem´atico
contempor´aneo.
En particular, en lo que se refiere a los teoremas de existencia de puntos
fijos para unas u otras transformaciones continuas, Poincar´e comprend´ıa la
significaci´on de estos teoremas como medios de demostraci´on de teoremas de
existencia en an´alisis. Esto es evidente al menos en los enormes esfuerzos que
´el hizo para demostrar su “´ ultimo teorema geom´etrico”: sobre la existencia
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de un punto fijo para una clase definida de transformaciones continuas de
un anillo circular plano en s´ı mismo. Este ´ ultimo trabajo de Poincar´e pro-
duce en el lector una, yo dir´ıa, tr´agica impresi´on; en su corta introducci´on
el autor escribe que nunca publicar´ıa una obra tan imperfecta. En efecto,
Poincar´e no logr´o demostrar el resultado fundamental (el ´ ultimo teorema
geom´etrico de Poincar´e) al cual estaba dedicado el trabajo. A pesar de ello,
Poincar´e consider´o posible y necesario publicar los resultados parciales que
hab´ıa obtenido, en vista de la importancia del tema y tambi´en en vista de
que, como ´el dec´ıa, a su edad ya no ten´ıa esperanza de obtener la soluci´on
completa del problema. En realidad, Poincar´e en esta ´epoca ten´ıa 57 a˜ nos
de edad, y ´este no era naturalmente el problema sino la grave enfermedad
que ya le hab´ıa afectado (en esta ´epoca casi imposible de operar) y a causa
de la cual falleci´o un a˜ no m´as tarde.
En su forma general, el “´ ultimo teorema geom´etrico de Poincar´e” fue
demostrado poco despu´es de su muerte por el entonces joven matem´atico
norteamericano J.D. Birkhof, quien de inmediato obtuvo celebridad por este
resultado. Pero actualmente para nosotros es importante constatar cu´an pro-
fundamente pudo Poincar´e prever la relevancia de los teoremas topol´ogicos
del tipo “teorema de punto fijo” para el an´alisis y para la mec´anica celeste,
y reconocerlo como el fundador del “m´etodo de los puntos fijos”.
La fuerza de la intuici´on geom´etrica de Poincar´e lo conduc´ıa a veces a
despreciar el pedante rigor en las demostraciones. Aqu´ı hay adem´as otro
aspecto. Encontr´andose constantemente bajo el flujo de una cantidad de
ideas en las ramas m´as diversas de la matem´atica, Poincar´e “no alcanzaba
a ser riguroso”; a menudo se conformaba cuando su intuici´on le daba la
certeza de que la demostraci´on de un teorema u otro pod´ıa llevarse hasta el
m´as impecable rigor l´ogico y dejaba a otros su elaboraci´on. Entre los “otros”
hab´ıa matem´aticos del m´as elevado rango.
Citar´e una carta de Poincar´e a Brouwer (que data del ´ ultimo a˜ no de vida
de Poincar´e y, por cuanto yo s´e, a´ un no ha sido publicada), la cual, seg´ un
creo, ilustra muy bien las ideas que acabo de expresar.
Querido Colega.
Le estoy muy agradecido por su carta, pero no veo porqu´e duda us-
ted de que la correspondencia entre las dos variedades sea anal´ıtica; los
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m´odulos de las superficies de Riemann pueden expresarse anal´ıticamen-
te como funci´on de las constantes de los grupos fuchsianos; es cierto
que es necesario darles a algunas variables solamente valores reales,
pero las funciones de estas variables reales no pierden en lo absoluto
su car´acter anal´ıtico.
Tambi´en es posible que usted vea la dificultad en que una de estas
variedades depende, no de las constantes del grupo, sino de los inva-
riantes. Si mal no recuerdo, yo consideraba una variedad que depend´ıa
de las constantes de las permutaciones fundamentales del grupo; al
grupo le corresponder´a entonces una infinidad discreta de puntos de
esta variedad; divid´ı despu´es esta variedad en variedades parciales, de
tal manera que a un grupo le correspondiera un punto por cada una de
estas variedades parciales (de la misma manera como se divide el plano
en paralelogramos de per´ıodos o al c´ırculo fundamental en pol´ıgonos
fuchsianos). Creo que el car´acter anal´ıtico de la correspondencia per-
manecer´a finalmente inalterado.
En lo qu´e se refiere a la variedad de las superficies de Riemann, es
posible encontrar dificultades si se las considera en la forma como lo
hizo Riemann. Se puede, por ejemplo, preguntarse si el conjunto de
estas dos superficies no forma dos variedades separadas. La dificultad
desaparece si se consideran estas superficies desde el punto de vista de
Klein; la continuidad, la ausencia de singularidades, la posibilidad de
pasar de una variedad a otra continuamente se transforman entonces
en verdades casi intuitivas.
Le pido a usted me disculpe por la forma tan desarticulada y desorde-
nada en que le expongo estas explicaciones; no espero que le satisfagan
porque las he expuesto muy mal; pero creo que le dar´an a usted la
posibilidad de precisar los puntos que le causan dificultad, de manera
que yo pueda despu´es satisfacerlo.
Estoy muy satisfecho de tener la ocasi´on de entrar en contacto con un
hombre de su valor.
Su m´as fiel colega Poincar´e.
Fecha: seg´ un el sello de correos, el 10 de diciembre de 1911.
La carta citada es interesante no s´olo como una ilustraci´on del estilo
creativo de Poincar´e. Demuestra, adem´as, que Poincar´e ten´ıa en gran valor
ciertos trabajos matem´aticos, a saber, los trabajos topol´ogicos de Brouwer.
Aqu´ı ´ unicamente puede tratarse de los trabajos de Brouwer que pertenecen
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al bienio 1909-1911. Evidentemente, Poincar´e no solamente conoc´ıa bien
estos trabajos al final del a˜ no 1911 (cuando escribi´o esta carta), sino que
valoraba su profundidad. Adem´as, los trabajos topol´ogicos de Brouwer est´an
escritos en forma muy dif´ıcil y en un estilo que no es cl´asico en absoluto. Por
lo tanto, Poincar´e, incluso en el ´ ultimo a˜ no de su vida, encontr´o suficientes
energ´ıas y ansias de saber como para dominar resultados matem´aticos y
m´etodos pertenecientes a una manera completamente distinta de crear, ¡un
rasgo propio s´olo de los m´as grandes cient´ıficos! Esta fue la cualidad que
acompa˜ n´o a Poincar´e durante toda su vida.
En 1883 G. Cantor construy´o el conjunto perfecto y nunca denso (en un
segmento) que lleva su nombre (“El discontinuo de Cantor”). Este fue un
descubrimiento genial, no solamente por la importancia que el conjunto de
Cantor adquiri´o en toda la matem´atica, sino tambi´en porque introdujo en la
matem´atica una nueva construcci´on, en nada semejante a lo que la ciencia
conoc´ıa hasta entonces. Cantor vi´o una forma geom´etrica que se sal´ıa de los
l´ımites de lo que se consideraban los dominios de la intuici´on geom´etrica,
ampliando los horizontes de las posibilidades mismas de nuestra imaginaci´on
espacial. El demostr´o, por primera vez, que estas posibilidades pueden ex-
tenderse a formaciones que pertenecen a la misma teor´ıa de conjuntos cuya
pertenencia incluso a la matem´atica era discutida por destacados y respeta-
dos matem´aticos (por ejemplo, Kroneker). Pero Poincar´e no fue solamente
uno de los primeros matem´aticos que acept´o el descubrimiento de Cantor;
fue el primero que lo aplic´o en investigaciones concretas anal´ıticas como di-
cen los qu´ımicos, in statu nascendi, en el momento mismo del nacimiento de
este nuevo ser matem´atico, en nada parecido a toda la vieja ciencia.
Muchos matem´aticos han hecho algunas construcciones notables, siguien-
do el nuevo camino de intuici´on geom´etrica que abri´o Cantor: Brouwer cons-
truy´o sus primeros ejemplos continuos indescomponibles; Antoin, sus curvas
sorprendentes cuyo grupo del espacio complementario es diferente de cero;
Alexander, sus esferas cornadas y as´ı todo un conjunto de otros investi-
gadores. Pero el primer paso lo di´o Cantor y Poincar´e fue el primero en
comprender no solamente la significaci´on de este primer paso, sino su fe-
cundidad para el an´alisis matem´atico, y con ello, para toda la matem´atica.
Indiquemos finalmente que, como lo demuestra la ´ ultima memoria de Poin-
car´e, el dominaba la t´ecnica de la teor´ıa geom´etrica de los conjuntos hacia
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el final de su vida, tal y como ´esta se hab´ıa formado para ese tiempo.
Regresemos al concepto de homolog´ıa introducido por Poincar´e. Como
he se˜ nalado, este concepto fue presentado en la primera memoria topol´ogica
de Poincar´e, en el c´elebre Analisis Situs, en forma intuitiva. Sin embargo,
esta aproximaci´on insuficientemente rigurosa tuvo, por as´ı decirlo, la conse-
cuencia de hecho de que sirvi´o de ocasi´on para las fundamentadas cr´ıticas del
matem´atico noruego Heergaard. La cuesti´on est´a en que en su primera me-
moria Poincar´e no puso debida atenci´on al fen´omeno de torsi´on, limit´andose
en lo fundamental a los n´ umeros de Betti. Pero complet´o brillantemente
esta omisi´on en sus publicaciones siguientes en topolog´ıa, Complementos al
“Analisis Situs”. Al hacer esto, Poincar´e se situ´o en el punto de vista com-
binatorio, introduciendo el concepto de partici´on simplicial (triangulaci´on
de una variedad, es decir, el concepto de complejo simplicial) y cre´o, de
esta manera, el m´etodo fundamental de la topolog´ıa combinatoria. Proba-
blemente Poincar´e consideraba intuitivamente claro que las caracter´ısticas
introducidas por ´el de las variedades (y en general de los poliedros), no
pueden depender de la elecci´on de una u otra triangulaci´on del poliedro. Sin
embargo, como es bien sabido, este hecho es un teorema profundo y dif´ıcil de
la topolog´ıa. Para su demostraci´on adem´as del concepto de una subdivisi´on
arbitrariamente fina de una triangulaci´on, que Poincar´e naturalmente domi-
naba, eran necesarios adem´as, el concepto (que se apoya en el de subdivisi´on)
de aproximaci´on simplicial (es decir, lineal a trozos) de una transformaci´on
continua (que es una generalizaci´on de la aproximaci´on de una curva conti-
nua mediante una quebrada inscrita), y uno u otro equivalente del concepto
de grado de una trasformaci´on (es decir, la multiplicidad con la cual, bajo
su transformaci´on continua dada digamos de un simplex X sobre un sim-
plex Y o una variedad X sobre otra variedad Y de la misma dimensi´on,
la variedad Y est´a recubierta por la imagen de la variedad X). Estos dos
conceptos fundamentales fueron introducidos por Brouwer en 1911, es decir
la v´ıspera de la muerte de Poincar´e. Con su ayuda, Brouwer demostr´o sus
c´elebres teoremas sobre la invariancia topol´ogica del n´ umero de dimensio-
nes de una variedad n-dimensional, y sobre las invariancias de los puntos
internos para conjuntos contenidos en ella; el teorema general de Jordan (en
el caso n-dimensional); los teoremas sobre puntos fijos y otros. Sin embar-
go no demostr´o el teorema mismo sobre la invariancia de las caracter´ısticas
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homol´ogicas de los poliedros de Brouwer, aunque dominaba todos los me-
dios necesarios para ello. Esto lo obtuvo por primera vez, en 1915, el c´elebre
top´ologo Alexander.
La demostraci´on del teorema de invariancia fue el primer paso fundamen-
tal en el desarrollo ulterior de la teor´ıa de homolog´ıa fundada por Poincar´e.
El paso siguiente, a diferencia del primero, no estuvo ligado con la superaci´on
de dificultades matem´aticas concretas, pero tuvo, a pesar de ello, una impor-
tancia fundamental. Fue realizado por la c´elebre algebrista Emmy Noether
(en 1925-1926) y consiste en el cambio de las caracter´ısticas homol´ogicas
consideradas por Poincar´e, los n´ umeros de Betti y los coeficientes de torsi´on
por el concepto ´ unico de grupo de Betti (o, como ahora prefieren llamarlo, el
grupo de homolog´ıas). Algunos destacados top´ologos, por ejemplo, Lefshetz,
al principio ve´ıan con escepticismo esta innovaci´on propuesta por Noether,
consider´andola solamente como una formalidad esencial entre hablar direc-
tamente del grupo de Betti de un poliedro o del conjunto de caracter´ısticas
num´ericas que lo definen completamente (su rango, es decir, los n´ umeros
de Betti, y sus coeficientes de torsi´on). Sin embargo, investigaciones m´as
cercanas demostraron que no se trataba ´ unicamente de palabras.
En particular y ante todo, bajo el enfoque anterior, sin el concepto de
los grupos de homolog´ıas, era imposible el desarrollo de una de las teor´ıas
m´as notables de la topolog´ıa: la teor´ıa de la dualidad topol´ogica, cuyos
primeros fundamentos fueron construidos por el mismo Poincar´e y la cual se
desarroll´o posteriormente en nuevas direcciones y aspectos en los trabajos de
Alexander y, posteriormente, en toda su profundidad, en los de Pontriaguin
y otros matem´aticos.
Sin el concepto de grupo de Betti era imposible concebir los dos desa-
rrollos posteriores de la teor´ıa de la homolog´ıa. El primero consistente en el
traslado de los conceptos homol´ogicos a formas geom´etricas m´as generales
que los poliedros, ante todo a los compactos. Ello fue posible como conse-
cuencia del aparato general de aproximaci´on de las formaciones topol´ogicas
m´as complejas (compactos, bicompactos y espacios topol´ogicos m´as gene-
rales) mediante construcciones combinatorio-topol´ogicas: los complejos, lo
cual fue realizado, a partir de 1926, por el autor de esta exposici´on median-
te los as´ı llamados espectros proyectores (sometidos posteriores a diferentes
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generalizaciones y variaciones). Este proceso de aproximaci´on est´a basado en
el concepto, introducido por el mismo autor, de nervio de un recubrimiento
de un espacio dado y proporciona la posibilidad de trasladar, pr´acticamente
a cualquier espacio topol´ogico, los conceptos fundamentales de la topolog´ıa
combinatoria
1
.
Otro progreso fundamental en la teor´ıa de la homolog´ıa fue la introduc-
ci´on por J. Alexander y A.N. Kolmogorov en 1934-1935 de las homolog´ıas
“superiores” llamadas ahora cohomolog´ıas. De los grupos de homolog´ıas y
cohomolog´ıas, cuyo campo de definici´on y aplicaci´on constantemente se am-
pliaba, surgi´o finalmente una nueva disciplina matem´atica: el ´algebra ho-
mol´ogica, que determin´o fundamentalmente el car´acter de una parte muy
significativa de la matem´atica...
Incluso en la m´as breve exposici´on del tema de mi presentaci´on actual,
no podr´ıa callar el c´elebre art´ıculo de divulgaci´on de Poincar´e: “¿Por qu´e el
espacio tiene tres dimensiones?” publicado en la revista francesa Revue de
M´etaphisique et de Morale.
Este art´ıculo es notable porque en ´el, en una forma m´as bien literaria
que rigurosamente cient´ıfica, se plantea el problema, y se expone la idea, de
uno de los conceptos de la topolog´ıa conjuntista: el problema y la idea de la
definici´on general e inductiva de dimensi´on n. La idea de Poincar´e consiste en
que si el espacio tiene dimensi´on n, entonces es posible dividirlo en partes
(arbitrariamente peque˜ nas) mediante subespacios de dimensi´on n − 1. El
primer matem´atico que le di´o forma rigurosa y definitiva a estas afirmaciones
de Poincar´e fue Brouwer (en su trabajo de 1913). De esta manera, Brouwer
fue el fundador de la amplia rama de la topolog´ıa conjuntista desarrollada
por Menger y (principalmente) por P. S. Uryson y conocida actualmente
como teor´ıa general de la dimensi´on. En este momento para nosotros lo
importante es, sin embargo, subrayar que la idea del concepto general de
dimensi´on se remonta a Poincar´e y nos da una nueva demostraci´on de la
singular fuerza de su intuici´on geom´etrica, que abarca esta vez la rama
de los conceptos de la teor´ıa de conjuntos. Se˜ nalemos finalmente que la
teor´ıa general de la dimensi´on obtuvo su pleno desarrollo despu´es de que
la as´ı llamada teor´ıa homol´ogica fue construida por m´ı en 1928-1932; esta
1
A prop´osito, las primeras fuentes de mi concepto de nervio est´an en aquello que
Poincar´e llamaba poliedro conjugado con uno dado
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teor´ıa subordinaba el concepto de dimensi´on al concepto de homolog´ıa e
inclu´ıa, de esta manera, a la teor´ıa de la dimensi´on como una parte de la
topolog´ıa homol´ogica general.
Inici´e mi exposici´on con la advertencia de que Poincar´e vivi´o en una ´epo-
ca en que en la matem´atica nac´ıan ideas que admiraban nuestra inteligencia
con la fuerza de su aplicabilidad al conocimiento del mundo, as´ı como por
su capacidad para ampliar, casi instant´aneamente, el horizonte de la misma
matem´atica, por su belleza y perfecci´on interna. Las ideas matem´aticas que
nacen en nuestro tiempo son igualmente poderosas (si no m´as), y bellas; y
sin embargo, no podr´ıan desarrollarse, si en su cuna no tuvieran a las ideas
de Poincar´e.
En su c´elebre Exposici´on del sistema del mundo, Laplace dijo que la as-
tronom´ıa, por la grandeza de su objeto y la perfecci´on de sus teor´ıas, es el
mejor monumento erigido al entendimiento humano, la m´as bella manifes-
taci´on de su intelecto.
Los matem´aticos como Poincar´e nos impulsan a extender las palabras
de Laplace tambi´en a la matem´atica, y a darle a ´esta derecho de competir
con la astronom´ıa en la grandeza de su objeto y en cualquier caso, en la
perfecci´on de sus teor´ıas.