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Ejemplo de contrato de permuta

:

CONTRATO DE PERMUTA

En México Distrito Federal, y siendo el día 23 de Junio de 2012, de conformidad en lo establecido en el articulo 2250 del
Código Civil vigente en el Distrito Federal se lleva a cabo este contrato de permuta, para el cual se presenta por una
parte y ejerciendo su propio derecho el Sr. Alfonso Martínez Flores quien declara ser mexicano, soltero, tener 36 años
de edad, de ocupación profesor, originario de esta ciudad con su domicilio en la calle Valle de Bravo Núm. 3659
delegación Álvaro Obregón y como contraparte se presenta el Sr Francisco Téllez Galván, quien es mexicano de
nacimiento, casado de 45 años de edad, comerciante originario de la ciudad de Tampico En el estado de Tamaulipas y
tener su domicilio en la calle Vicente Rivapalacio Núm. 4635 de esta ciudad, declara encontrarse al corriente en el pago
del impuesto sobre la renta, y siendo estas, dos personas consideradas con suficiencia y capacidad legal para contratar y
obligarse, quienes vienen a celebrar el contrato mencionado al inicio de este escrito, ajustándose al tenor de las
siguientes:

CLAUSULAS:

Primera.- El C Francisco Téllez Galván, transmite la propiedad de un vehículo modelo 357ia el cual adquirió en compra
que hizo a la firma BMW, según factura Núm. 698547 de fecha 15 DE MARZO DE 2010.

Segunda.- El C Francisco Téllez Galván, por su parte, transmite la propiedad al C Alfonso Martínez Flores de un vehiculo
de primera calidad que deberán ser entregado por el C Francisco Téllez Galván en calle Valle de Bravo Núm. 3659
delegación Álvaro Obregón encontrándose ubicados en calle Valle de Bravo delegación Álvaro Obregón Núm. 3659 de
esta ciudad.

Tercera.- La entrega del vehículo así como de los documentos correspondientes deberán ser hechos a más tardar, el día
25 de Junio de 2012.

Cuarta.- El incumplimiento de la cláusula anterior por cualquiera de las partes contratantes, dará lugar a la rescisión del
contrato y al pago de daños y perjuicios a la parte afectada.

Quinta.- Los contratantes se someten expresamente a la jurisdicción de los tribunales de la ciudad la Ciudad de México
para cualquier controversia que llegase a suscitarse con motivo del incumplimiento, interpretación o ejecución del
presente contrato.

Este contrato, contará con las firmas de los interezados así como de dos testigos quienes manifiestan conocer
personalmente a las partes otorgantes de este contrato, y estar concientes de que tienen la capacidad legal para
celebrar ese contrato dando fe.



Permutante Permutante
Firma Firma



Testigo Testigo
Firma Firma





La permuta
Manuel Osorio define la permuta como contrato de permutación o trueque, que tiene lugar cuando uno de los
contratantes se obliga a transferir a otro la propiedad de una cosa, a cambio de que éste le dé la propiedad de otra.
Claro es que la cosa da en trueque o permuta nunca puede ser dinero, porque entonces se estaría frente a un contrato
de compraventa.

Art. 1852 = contrato por el cual cada uno de los contratantes transmite la propiedad de una cosa, a cambio de la
propiedad de otra. Cada permutante es vendedor de la cosa que da y comprador de la que recibe a cambio; y cada una
es el precio de la otra. El término de cosa, debe interpretarse en forma amplísima, a modo de incluir no sólo los bienes
materiales, sino también los derechos, de modo que los derechos personales o reales puedan ser objeto de permuta.

La permuta tiene una regulación especial en el caso de saneamiento, pues el que sufre la evicción de la cosa recibida o la
devuelva por razón de sus vicios, puede reclamar a su elección, del otro permutante, la restitución de la cosa que dio, si
se halla aún en poder del otro permutante, o el valor de la cosa que se le hubiese dado en cambio, con el pago de daños
y perjuicios (art. 1854 C.C.

Características:

a) traslativa de dominio

b) bilateral

c) oneroso

d) conmutativo

Diferencias con la Compraventa:

Así como la compraventa es un contrato que transmite la propiedad de una cosa a cambio de dinero, en la permuta
existe una transmisión recíproca de cosas de modo que cada una es el precio de la otra. Por ello, la permuta típica en
que se intercambian cosas, es fácilmente diferenciable de la compraventa. Si embargo, puede ocurrir confusiones en el
caso de la permuta con saldo (permuta con ribete), cuando el precio de la cosa permutada se integra de cosas y dinero).

I) Cuando el valor de la cosa es mayor que el representado por el dinero, el contrato es permuta. El ribete que se
paga en efectivo, es menor que el que tiene la cosa.

II) Cuando el valor de la cosa es menor que el representado por el dinero, la operación es venta.

III) Cuando el valor de la cosa es igual al representado por el dinero la operación es compraventa. (art. 1853 C.C.).

Efectos Registrales.

Los efectos registrales de la permuta son iguales a las de la compraventa

Impuestos a Pagar.








Elementos de existencia y validez del contrato de permuta.
Elementos de existencia.

 Consentimiento. Es la manifestación de la voluntad de las partes en relación a la creación de
obligaciones, y a lo concerniente al objeto material del contrato.
 Objeto. son el objeto jurídico y el material. El objeto jurídico, se divide en directo e indirecto. El
primero es la creación de obligaciones; y el segundo es la función de dar. El objeto material es la
cosa o titularidad de los derechos que se van a transmitir.
Elementos de Validez.

 No pueden permutar. Los menores de edad.
 Los extranjeros cuando adquieren en la zona restringida.
Asimismo son incapaces: Los magistrados, los jueces, el Ministerio Publico, los defensores oficiales,
los abogados, los procuradores y los peritos no pueden comprar los bienes que son objeto de los
juicios en que intervengan excepto cuando las personas mencionadas en el articulo trascrito arriba
sean coherederos o copropietarios
Tampoco puede realizar la permuta
 Los tutores o curadores;
 Los mandatarios;
 Los ejecutores testamentarios y los que fueren nombrados en caso de intestado;
 Los interventores nombrados por el testador o por los herederos
 Los representantes, administradores o interventores en caso de ausencia;
 Los empleados públicos.

COMPRAVENTA Y PERMUTA

. - Conceptos generales

210. Concepto e importancia. - Según el artículo 1323, Código Civil, habrá compraventa cuando una de las partes se
obligue a transferir a la otra la propiedad de una cosa y ésta se obligue a recibirla y a pagar por ella un precio cierto en
dinero. Aunque ya volveremos sobre el tema, conviene destacar ab initio que este contrato no supone transferencia de
la propiedad ni la entrega efectiva del precio, sino la obligación de hacerlo.

212. Caracteres. - El contrato de compraventa tiene los siguientes caracteres:

a)Es bilateral porque implica obligaciones para ambas partes; b) es consensual porque produce todos sus efectos por el
solo hecho del consentimiento y sin necesidad de la entrega de la cosa o del precio; c) no es formal; Aun en el caso de
que tenga por objeto la transmisión de inmuebles, la escritura pública exigida por el artículo 1184, inciso 1Q, es un
requisito de la transferencia del dominio, pero no del contrato en si, que puede ser válidamente celebrado en
instrumento privado, y aun verbalmente; d) es oneroso; e) es conmutativo porque es de su naturaleza que los valores
intercambiados (cosa y precio) sean aproximadamente equivalentes; sólo por excepción suele ser aleatorio, lo que
ocurre cuando se compra una cosa que puede o no existir.

213. Compraventa civil y comercial. - Desde el punto de vista de su estructura jurídica, la compraventa civil y la
comercial son contratos idénticos. Sin embargo, por razón de la distinta acción económica que ambos desempeñan, hay
alguna diferencia en su regulación legal; pero como hemos de verlo, se trata de diferencias que no tienen mayor
importancia y es el caso preguntarse si en verdad se justifica una distinta regulación para ambos.

Como base para la distinción debemos sentar el siguiente principio: es compraventa civil toda aquella a la cual el Código
de Comercio no le haya atribuido naturaleza comercial. Para expresarnos con mayor precisión: todo contrato de
compraventa está regido por el Código Civil a menos que lo contrario esté dispuesto en el de Comercio. Nuestra tarea
debe, por tanto, orientarse a precisar qué es una compraventa comercial. Según el artículo 450, Código de Comercio, la
hay cuando alguien compra una cosa para revenderla o alquilar su uso. En otras palabras, es necesario un propósito de
lucro. Pero basta con que este propósito de lucrar exista en el vendedor o en el comprador, aunque la otra parte de la
relación jurídica no lo tenga. Así por ejemplo, quien adquiere comestibles en un almacén para su propio consumo, no
tiene desde luego intención de lucrar, no obstante lo cual, el acto es de comercio porque el vendedor sí la ha tenido. No
se concebiría, en efecto, que el mismo acto fuere comercial para una de las partes y civil para otra, que pudieran
escindirse la competencia, las normas sobre prescripción, etcétera. Desde el momento que la ley comercial dispone que
por un motivo cualquiera un acto es comercial, esta calificación tiene efectos jurídicos en todo lo relativo a ese acto y
con atinencia a ambas partes. Es la solución consagrada expresamente por el artículo ?Q del Código de Comercio según
el cual si un acto es comercial para una sola de las partes, todos los contrayentes quedan. por razón de él, sujetos a la
ley mercantil ,

214. - En el artículo 452, el Código de Comercio precisa y a veces limita el concepto de compraventa comercia!
enunciado en el artículo 450. Según la disposición que comentamos, no se consideran mercantiles:

a) Las compras de bienes raíces y muebles aece8orios; sin embargo, serán comerciales las compras de cosas accesorias
al comercio, para prepararlo o facilitarlo, aunque sean accesorias a un bien raíz. Esta regla por la cual la compraventa de
inmuebles tiene siempre carácter civil obedece a una tradición histórica fundada en el deseo de proteger la propiedad
inmobiliaria; se deseaba que estas enajenaciones estuviesen rodeadas de formalidades que no se avienen con la agilidad
y fluidez que es propia del comercio. Estas razones no han parecido suficientes a la doctrina moderna para negar el
carácter comercial a operaciones que tienen un evidente propósito de lucro (por ej., la compra de un inmueble para
levantar un edificio de propiedad horizontal f' o para lotearlo), tanto más cuanto que la circunstancia de tratarse de una
compraventa comercial no excluiría el cumplimiento de las formalidades que se estiman necesarias para la protección
de esta propiedad . Se explica pues que en las legislaciones modernas se advierta un definida tendencia a atribuir
carácter comercial a toda compraventa realizada con propósito de lucro, trátese de cosas muebles o inmuebles (Cód.
italiano, art. 4Q, inc. 6Q; Cód. Comercio alemán, art. 346; mexicano, art. 7Q, etc.).

Si en la compraventa es comprador una sociedad comercial o es un acto de corretaje, el acto es mercantil.

b) Las de objetos destinados al consumo del comprador o de la persona por cuyo encargo se haga la adquisición.
Siempre, claro está, que el vendedor no hubiese hecho la venta con ánimo especulativo.

c) Las ventas que hacen los Labradores y hacendados de los frutos de sus cosechas y ganados. Aunque aquí hay
propósito de ganancia, no está configurada esa actividad típicamente comercial que es comprar para revender.
Naturalmente, si la venta se hubiese hecho a un cerealista o acopiador de granos o frutos, el acto será comercial porque
el comprador lo hace con ánimo de lucrar; pero no habrá acto comercial si los frutos se venden directamente al
consumidor o al Estado. También es comercial la actividad de quien compra ganado para revenderlo en otra plaza o para
faenarlo y vender la carne.

d) Las que hacen 1os propietarios y cualquier clase de persona, de los frutos y efectos que perciban por razón de su
renta, dotación, salario, emolumentos o cualquier otro título remuneratorio o gratuito.

e) La venta que hace cualquier persona del acto de los ucopio8 " que hizo para su consumo particular. Sin embargo, si
fuere mayor cantidad la que vende que la que hubiese consumido, se presume que obró en 1a compra con ánimo de
uender y se reputan mercantiles la compra y 1a venta de beneficiarse con la reventa o la locación. Por consiguiente, no
importa que luego no se consume ese propósito; es decir, que por un motivo posterior a la compra decida no revender o
no locar.

215. - Las consecuencias jurídicas de la distinción entre compraventa civil y comercial son las siguientes:

a) En lo que atañe a la competencia, dependerá del carácter de la compraventa que entiendan los tribunales civiles o
comerciales.

b) En lo que atañe a la prescripción, la compraventa comercial tiene algunos plazos especiales: 1) Se prescribe por dos
años la acción para demandar el pago de mercaderías fiadas, sin documento escrito (art. 849, Cód. de Com.). 2) Se
prescriben por cuatro años las deudas justificadas por cuentas de venta aceptadas, liquidadas o que se presumen
liquidadas (art. 847, inc. 1Q, Cód. de Com.). 3) Se prescriben por cuatro años las acciones de nulidad o rescisión de la
compraventa comercial (art. 847, inc. 3Q, Cód. de Com.), en tanto que dichas acciones civiles tienen el plazo común de
prescripción, salvo las que derivan de violencia, dolo o falsa causa, que prescriben a los dos años (art. 4030, Cód. Civ.). 4)
Difieren tanto los plazos de prescripción de las acciones que nacen de la existencia de vicios ocultos como el momento a
partir del cual comienzan a correr. Sobre este tema nos remitimos al número 317.

c) Según el artículo 1329, Código Civil, las cosas ajenas no pueden venderse, en tanto que el Código de Comercio dispone
precisamente lo contrario (art. 453). Pero esta diferencia es puramente aparente, según hemos de verlo al tratar este
tema.

d) Difieren en la fecha de entrega (arts. 464, Cód. de Com. y 1409, Cód. Civ.) y el plazo de pago (arts. 464, inc. 2Q, Cód.
de Com. y 1424, Cód. Civ.).

Elementos de la Compraventa.

CAPACIDAD. Principio general. Toda persona capaz de disponer de sus bienes puede vender y toda persona capaz de
obligarse puede comprar.
A.- INCAPACIDADES DE HECHO.- No pueden comprar ni vender por sí (aunque pueden hacerlo por medio de sus
representantes legales) las personas por nacer, los sordomudos que no sepan darse a entender por escrito, los menores
de edad, los condenados con pena de prisión o reclusión mayor de 3 años.

.- Menores emancipados.- El juez solo podrá conceder la autorización en caso de absoluta necesidad o de ventaja
evidente para el menor y la venta será hecha en publica subasta.

.- Actos celebrados por incapaces; sanción de nulidad.- Los contratos celebrados por incapaces y por emancipados sin la
necesaria venia judicial son nulos, la nulidad tiene carácter manifiesto u relativo.

B.- INCAPACIDADES DE DERECHO.-

Los esposos entre sí.
Padres, tutores y curadores. No pueden vender sus propios bienes a sus pupilos o curados, ni comprar los de estos.
Sin embargo, se ha decidido con razón que si el representante legal u el incapaz fueran condóminos, el primero puede
adquirir el bien por subasta publica o licitación. La prohibición legal es absoluta y no puede ser salvada por autorización
judicial.

Albaceas.- No pueden comprar los bienes de las testamentarias que estén a su cargo. No rige cuando el albacea es
coheredero, tampoco se aplica a los administradores de la sucesión.
Mandatarios.- No pueden comprar los bienes que están encargados de vender por cuenta de sus comitentes.
Empleados Públicos.- Les esta prohibido comprar bienes del estado o de las municipalidades de cuya administración o
venta estuviesen encargados.
Jueces y empleados en la administración de justicia.- No pueden comprar los bienes que estén en litigio ante el juzgado
o tribunal ante el cual ejercieren o hubiesen ejercido su respectivo ministerio.
Ministros nacionales y provinciales.- Los ministros nacionales no pueden comprar los bienes nacionales o de cualquier
establecimiento publico o corporación civil o religiosa, ni los ministros de provincia los bienes provinciales o
municipalidades o de las corporaciones civiles o religiosas de las provincias.
Religiosos profesos.- No pueden comprar ni vender, salvo cuando comprasen cosas muebles por dinero al contado o
cuando contrastasen para sus conventos.


§ 3. - El consentimiento

236. Aplicación de los principios generales; remisión. no todo contrato (art. 1137) la compraventa necesita un acuerdo

de voluntades, debidamente declaradas (vésse nro. 578). Para que se repute concluida y obligue a las partes, basta que
el acuerdo haya recaído sobre la cosa y el precio, que son los elementos esenciales de ese contrato. Así, por ejemplo, no
bastaría una declaración de voluntad común por la cual una persona se compromete a vender a otra un automóvil, si no
se ha fijado el precio. Tal acto sería nulo y el comprador carecería de derecho a reclamar que el precio se fijara
judicialmente. En cambio, no tiene ninguna trascendencia la omisión en el contrato de estipulaciones no esenciales,
tales como el escribano ante el cual se otorgaría la escritura, el plazo de entrega, etcétera. En tales casos se aplicarán las
normas legales supletorias.

237. Las Llamadas ventas forzosas: su naturaleza jurídica- Siendo el consentimiento un elemento esencial de todo
contrato parece contrario a la razón hablar de ventas forzosas. Sin embargo, la realidad jurídica pone de manifiesto este
hecho: que algunas veces los dueños son obligados a desprenderse del dominio de una cosa recibiendo en cambio su
valor en dinero. ¿Pero puede este hecho jurídico calificarse de contrato de compraventa? La cuestión está controvertida.
Por nuestra parte, pensamos que no es posible dar a esta cuestión una respuesta general, sin distinguir las distintas
hipótesis de ventas forzosas. Veamos, pues, cuáles son los casos en que, según el artículo 1324, una persona puede ser
obligada a vender:

238. - a) Cuando hay derecho en el comprador de comprar la cosa por expropiación, por causa de utilidad pública (inc.
1Q). En esta hipótesis, la solución nos parece muy clara; no hay venta sino expropiación. Es decir, el Estado, por un
motivo de utilidad pública, se apodera de un bien privado indemnizando al dueño por la pérdida sufrida. En esta acción
del Estado no hay ni la sombra de un contrato. El Estado procede como poder público: no discute con el dueño, no
negocia condiciones. Impone una solución y luego, por razones de equidad y de respeto a la propiedad privada,
indemniza al dueño; vale decir, no paga un precio, sino una reparación.

239. - b) Cuando por una convención o por un testamento se imponga al propietario la obligación de vender una cosa a
persona determinada (inc. 2Q). La obligación de vender, impuesta en un testamento al heredero o legatario, importa un
cargo o manda que naturalmente sólo será válido en tanto no afecte la legítima. No cabe duda de que en este caso está
obligado a vender; pero adviértase que el dueño aceptó e hizo suyo el compromiso de vender en el acto mismo de
adquisición del dominio, es decir, cuando aceptó la herencia o el legado. Por tanto, no puede decirse que falte
consentimiento. Si el testamento fijase todas las condiciones de venta, incluso el precio, no hay problemas desde el
punto de vista del heredero; si el precio no estuviese fijado, a falta de acuerdo de las partes, su fijación debe ser
sometida a decisión judicial.

El primer párrafo de este inciso ha dado lugar a dificultades interpretativas. La mayor parte de los comentaristas piensan
que la ley se refiere al caso de que el mismo dueño hubiere prometido la venta. Pero este es precisamente el caso de
venta voluntaria; el propietario vende porque le conviene, discute el precio y demás condiciones del negocio. La
siguiente obligación de hacer efectivo el traspaso de la propiedad, no es sino la consecuencia natural de todo contrato
que da acción a las partes para exigir su cumplimiento de la otra. Pensamos pues que la ley no se ha referido a esa
hipótesis, sino al caso de que el adquirente de un bien se ha comprometido en ese mismo acto a venderlo a terceros o al
mismo enajenante; tal ocurre en la venta con pacto de retroventa o cuando por un contra documento el comprador se
compromete a revender el bien al vendedor o a un tercero. En la mayor parte de los casos, tal compromiso tendrá por
objeto ocultar al verdadero titular de los derechos de propiedad. Tampoco en estos casos hay venta forzosa, pues el
comprador se comprometió voluntariamente a vender en el mismo acto de compra o de adquisición del dominio.

Por último puede darse la situación prevista en esta norma cuando 81 dueño hace una donación con cargo de vender a
un tercero. Es una hipótesis sumamente improbable, que no se presenta nunca en la práctica. En cuanto al carácter que
tendría esta venta, es aplicable al caso lo que dijimos del cargo similar establecido en una disposición testamentaria.

240. - c) Cuando la cosa fuese indivisible y perteneciese a varios individuos y alguno de ellos exigiese el remate (inc. 3Q).
Basta que uno de los condóminos quiera liquidar el condominio, para que los restantes deban aceptar su exigencia,
cualquiera que sea la porción que el primero tenga en la cosa común. Pero adviértase bien que éste no es un caso de
venta forzosa, porque los otros condóminos tienen la opción entre vender su parte o conservarla, comprando la del que
exige la liquidación. Lo forzoso no es la venta sino la liquidación del condominio.

241. - d) Cuando los bienes del propietario de la cosa hubieren de ser rematados en virtud de ejecución judicial (inc. 4Q).
Es el caso de la ejecución de los bienes del deudor por pedido de sus acreedores. Mucho se ha discutido la naturaleza de
este acto. Las teorías más importantes son las siguientes:

1) Para algunos autores, es una venta realizada por el órgano público (el martillero como delegado del juez) en
representación del dueño de la cosa (Salvat, Baudry Lacantinerie, Planiol-Ripert-Hamel, Carnelutti). Saliendo al
encuentro de la objeción evidente de que si no hay consentimiento del deudor no puede haber contrato de
compraventa, los autores que sostienen este punto de vista afirman que el consentimiento ha sido dado tácitamente de
antemano por el dueño al contraer una obligación, por cuyo cumplimiento él sabe que ha de responder con todos sus
bienes. Pero el consentimiento que la ley requiere como elemento sustancial de los contratos, es una declaración de
voluntad actual y específicamente encaminada a crear obligaciones y derechos entre las partes. Cuando una persona se
ve privada de sus bienes contra su voluntad expresa y, más aún, contra su resistencia manifestada en su oposición para
que prospere la ejecución, no puede decides que da su consentimiento para la venta, si es que la palabra
consentimiento ha de conservar un significado en el léxico jurídico.

En nuestro derecho, esta teoría cuenta, además, con un obstáculo insalvable en el artículo 2122, según el cual en estos
casos el ejecutado no está obligado por evicción.

2) Según otros, el órgano público vende en representación de los acreedores, quienes serían los obligados por la
evicción. La teoría es ingeniosa y sin duda más convincente que la anterior; sin embargo, en nuestro derecho positivo los
ejecutantes no responden por evicción.

3) Finalmente, otros autores sostienen que el órgano público es quien vende y lo hace no en representación del
comprador o del propietario, sino a nombre propio.

Por nuestra parte, pensamos que esta última teoría es m que explica más verazmente la naturaleza de esta venta. Y en
nuestro derecho positivo tiene a su favor la circunstancia de que ni el propietario ni los acreedores responden por
evicción, lo que indica que ninguno de ellos es reputado vendedor.

Pero hay que advertir que, desde que se acepta que m propietario no vende, no se puede ya hablar con propiedad de
venta forzosa; cuando más podrá hablarse de ejecución o expropiación inevitables para el deudor.

242. - e) Cuando la 1ey impone a1 administrador de bienes ajenos, la obligación de realizar todo o parte de las cosas que
estén bajo su administración (inc. 5°). Tal es el caso de la obligación impuesta al tutor o curador de vender prontamente
los bienes muebles del incapaz (art. 440).

243. Forma y prueba. - La compraventa ~ un contrato consensual; puesto que, salvo el caso que veremos en seguida, la
ley no

ha establecido ninguna exigencia formal; queda perfeccionado por al mero consentimiento de las partes (art. 974).

En lo que atañe a la compraventa de inmuebles, el artículo 118~, inciso 1°, dispone que debe hacerse por escritura
pública. Pero desde que la jurisprudencia ha admitido que el comprador por boleto privado puede no solamente
reclamar la escrituración del deudor tal como lo autoriza el artículo 1185, sino que también puede pedir que la
escrituración sea suscrita por el juez en caso de negativa de aquél, la escritura pública ha dejado en nuestro derecho
positivo de ser una exigencia formal del contrato de compraventa de inmuebles, para convertirse solamente en una
formalidad indispensable para la transmisión del dominio, problema muy diferente. Pues el contrato de compraventa de
inmuebles hecho por boleto privado obliga en definitiva al vendedor a transmitir el dominio, tanto como la escritura
misma. Lo que en la práctica ocurre actualmente es que el contrato en sí se suscribe siempre en forma privada; luego se
otorga la escritura, simultáneamente con la transmisión del dominio.

Aun a los efectos de la transmisión del dominio, la escritura pública es innecesaria cuando la venta se ha hecho en
subasta judicial (art. 1184), bastando entonces para que dicha transmisión quede perfecta con la aprobación del remate
por el juez, el pago del precio y la entrega de la posesión de la cosa (y la inscripción en el Registro, a partir de la
modificación del art. 2505 por la ley 17.711). Empero, en la práctica se otorga siempre la escritura pública, porque ello
permite el estudio de los títulos por el escribano, la acumulación en un solo acto de los antecedentes del dominio y la
inscripción en el Registro, previa certificación de que no hay gravámenes, impuestos, embargos o inhibiciones que
afecten la libre disposición del bien. Por ello es que los tribunales han declarado reiteradamente que el propietario
carece de la libre disposición del predio hasta tanto no se haya otorgado 1a escritura pública.

En cuanto a la prueba del contrato, siendo éste consensual y no formal, puede ser acreditado por cualquier medio
siempre que su valor no exceda de diez mil pesos; en este caso, será indispensable al menos un principio de prueba por
escrito, o bien que el contrato hubiera tenido principio de ejecución (arts. 1191 y 1193, ref. por la ley 17.711).
Cualquiera de estas circunstancias hace admisible todo género de pruebas, incluso la de testigos