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Más allá de la Pornografía: Cuando despertó, el dinosaurio todavía

estaba allí.
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1. La pornografía como problema del feminismo
La pornografía ha sido un asunto que ha generado un amplio debate al interior del
feminismo
2
, siendo una de las argumentaciones de rechazo más reconocidas la asumida por
la abogada feminista Catherine MacKinnon. Para ella, la pornografía instauraría un
“imaginario de violencia masculina sobre las mujeres”, objetualizando el cuerpo femenino
y “estableciendo el estándar público para el trato de las mujeres en privado y los límites de
la tolerancia para lo que puede permitirse en público”
3
. A partir de esto, se pudiera entender
que la pornografía tendría efectos en cómo es que las relaciones de género son vivenciadas
socialmente, y considerando la aparente mayor aceptación de la pornografía en tanto
producto cultural, la transformaría en una fuente de validación y de producción de
referentes para el ejercicio de la violencia de género. Compartiendo con MacKinnon un
argumento de base que parece estar detrás de su argumentación, respecto a lo que
parecieran ser las cualidades productivas y/o reproductivas de la pornografía, por medio de
lo que llamaré como carácter “pedagógico” de la pornografía, ¿qué eficacia posee una
política prohibitiva o restrictiva de la pornografía como desestabilizadora del orden que
instaura la dominación de género? Esta pregunta la hago sospechando que la crítica de

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En el microrrelato El dinosaurio, el guatemalteco Augusto Monterroso, de manera críptica señalaba que
después del sueño de alguien -no sabemos quién-, al despertar, un dinosaurio seguía allí. En el relato de tan
sólo siete palabras, el adverbio “todavía” parece aludir al hecho de que a pesar de alguna acción realizada, a
pesar de la noche o del sueño, a pesar de lo que sea que haya ocurrido, aquello que viene desde un tiempo
pasado se mantiene presente, evidenciando la ineficacia de lo que sea que haya ocurrido durante el sueño. El
relato puede ser entendido como una metáfora abierta de las cosas que a pesar de todo, siguen estando
presentes.
2
La pornografía sería una producción cultural propiamente moderna y tendría en su origen fuertes vínculos de
parentesco tanto con la novela como con el panfleto político de carácter crítico como lo demuestra Lynn Hunt
en un estudio histórico al respecto. Los tres productos culturales –pornografía, novela y panfleto político-
serían expresiones culturales de crítica al poder. (HUNT, Lynn. The invention of pornography: Obscenity and
the origins of Modernity, 1500 – 1800.). Este origen pareciera diferenciarla de otros tipos de imaginería
erótica o sexual que históricamente han existido en diferentes culturas y sociedades, asumiendo significados
religiosos o mágicos, lo que podría hacer suponer, de manera engañosa, que entre ambas producciones -la
imaginería sexual no pornográfica y la pornografía- existirían grandes diferencias respecto a sus funciones
sociales –religiosas o mágicas en un caso, y de consumo en las lógicas del Mercado, en el otro-, asunto que
debería matizarse, pues, al parecer, es posible considerar que ambas funciones sociales sólo serían distintos
modos expresivos de una función social mayor y compartida: aquella de instalar en el individuo una
deliberación ética que sería constituyente de toda identificación genérico-sexual.
3
MACKINNON, Catherine. Hacia una teoría feminista del Estado. Madrid: Ediciones Cátedra, pág. 442,
1989.
MacKinnon apuntaría a un lugar demasiado cercano respecto de la mayor distancia a la que
se encontraría el corazón de aquello que se intenta desmantelar: a pesar de una posible
noche que deje en el pasado a la pornografía, “al despertar, el dinosaurio todavía estaría
allí”. Esto tendría implicancias prácticas en la política feminista, pues si MacKinnon dice
que “la pornografía permite a los hombres todo lo que quieren sexualmente hablando”
4
, al
no existir un único deseo de los hombres o si este deseo se viese desplazado o disuelto en
una hipotética multiplicidad de deseos fragmentarios, o una vez abolida la pornografía, mi
sospecha es que nuestro dinosaurio, sin embargo, aún estaría allí: Si la pornografía, en tanto
producto cultural, nos ofrece una serie de patrones de comportamientos sexuales y de
género que sirven como una verdadera pedagogía genérico-sexual, y se asume que eso es el
blanco al cual atacar, nos llevarían a asumir un falso objetivo, puesto que sólo funcionaría
como expresivo de algo cuya existencia se encuentra “más allá de ella”.
MacKinnon certeramente ha afirmado que “la pornografía es un medio a través del cual se
construye socialmente la sexualidad”
5
. Con esto asume un argumento con el cual no puedo
no estar de acuerdo y es que la sexualidad no es natural, sino producto de un modelamiento
de carácter social. Inmediatamente, sin embargo, le atribuye el hecho de que la pornografía
construye a las mujeres como cosas para uso sexual, argumento ante el cual poseo ciertos
reparos: Como es posible ver en los múltiples sitios de pornografía virtual, no
necesariamente se representan a mujeres en posiciones de sometimiento, y aún más, ni
siquiera muchas veces, a corporalidades animadas o generizadas ocupando posiciones de
subordinación frente a los hombres. Esto porque, a partir de la proliferación propiciada por
el mercado y considerando que justamente su carácter de mercancía es aquello que la
distingue de cualquier otro tipo de imaginario sexual, aparece una multiplicidad de objetos
y seres animados y no animados convertidos en fetiche y asumiendo posiciones que si bien
pueden aludir a la dominación de los hombres sobre las mujeres, también pueden
representar otras posiciones de poder en que se invierten dichas lógicas, o en que la
dominación se ve ausente como motivo. Aludir a la pornografía en los términos de
MacKinnon, implica, al menos, desconocer la gran capacidad que posee el mercado –del
cual es parte la pornografía, junto con casi todo otro producto cultural- para poder integrar

4
Ibíd., pág. 244
5
Ibíd., pág. 245
nuevos consumidores y producir contenidos diferenciados y segmentados para cada uno de
ellos. En sentido amplio, implicaría un desconocimiento de la multiformidad del deseo del
que la pornografía sería expresiva, teniendo como grave problema el que al disolverse
aquella manifestación unívoca de la pornografía como validación de la dominación de los
hombres sobre las mujeres, se disolvería con ella, el argumento que busca encontrar allí, la
fuente del poder de dominación de los hombres sobre las mujeres. En respuesta a su
argumento, se podría decir que aquello que causaría la preocupación de MacKinnon sería
sólo una parte de todo lo que la pornografía es, dejando sin responder la pregunta sobre
cómo es que la pornografía y toda práctica sexual logran constituir dichas imágenes en
objetos de deseo para luego producir efectos en las relaciones de género.
Acá, me veo ante las preguntas de si ¿es la pornografía aquello que construye a las mujeres
como objetos para uso sexual o es simplemente expresiva de algo más que lo hace? O si es
la sexualidad producida socialmente el problema, o bien, en realidad, no hay algo más allá
que produce la diferencia genérico-sexual y la dominación asociada a ella
6
.
Pero, además, MacKinnon nos presenta la pornografía como un objeto transversalmente
aceptado en la sociedad, puesto que al asumir la validación como producto al servicio del
género dominante, asume necesariamente que se trata de un producto validado o legitimado
socialmente, obviando el lugar complejo y polémico que posee en la cultura occidental.
Pero como podemos constatar, la pornografía, además de tener un lugar destacado como
objeto de consumo lo que la hace ser considerada un producto cultural validado según las
lógicas de la demanda, es objeto de sanciones y tiene sobre ella una fuerte carga moral.
Esto la lleva a no considerar la pregunta respecto a cómo es que dicho proceso se vuelve un
asunto de atención o preocupación no sólo para ella, sino para el conjunto de la sociedad.
MacKinnon ha afirmado tajantemente que su preocupación respecto a la pornografía no es
de carácter moral -pero el sentido normativo de sus afirmaciones nos parece mostrar que en
cierto punto sí lo es-, sino que es “descriptivo”, pero parece simplemente obviar que la

6
De alguna manera, esta pregunta ha rondado al feminismo al preguntarse respecto al origen de la
dominación patriarcal. A mi parecer, el equívoco estaría en que las respuestas dadas parecieran siempre caer
en una especie de localización histórica, no percibiendo el carácter perseverante y constituyente del origen.
Con esto, tal vez me gustaría ensayar la posibilidad de considerar el origen como evento no histórico, sino
como siempre actual o como un hecho futuro, aún por venir y por lo tanto, con potencialidad de ser
modificado.
sanción moral que posee en la sociedad hace evidente el hecho de ser un objeto tabuado,
con un acceso restringido o regulado, por lo tanto. Si se pretende pensar respecto a cómo es
que la diferencia sexual es producida, se requiere analizar la tensión ética que hace que la
pornografía adquiera su condición de imagen prohibida.
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Esto, pues pareciera ser que la
pornografía –y con ella, todas las prácticas sexuales- sería una práctica y un objeto
implicado éticamente y de ahí el carácter paradójico de despertar terror al mismo tiempo
que ser investida como fetiche y objeto de deseo.

2. ¿Existe un más allá de la pornografía?
Si MacKinnon propone un rol modelador de la pornografía, ¿es posible pensar, que en
realidad dicha producción de la sexualidad se realice en un lugar más allá, con la suficiente
distancia como para implicar un sentido ético? Acá, se pudiera jugar a idear un modo
posible de pensar teóricamente el lugar desde donde la pornografía interpele y modele la
sexualidad: A partir de una lectura crítica del psicoanálisis (La interpretación de los sueños
de Freud) y del concepto de “falo simbólico” de Lacan (La significación del falo) –lectura
arduamente resistida y criticada en el campo psicoanalítico, Judith Butler introduce la
ficción teórica de la existencia de un “falo lesbiano” y propone un desplazamiento en el
concepto original elaborado por Lacan. En la versión de Lacan, el falo sería una
idealización de la sexualidad a partir de una referencia al cuerpo –usualmente, el órgano
sexual masculino- que se presenta, de modo imaginario, como origen de toda erogeneidad y
en torno al cual se articularían las prácticas sexuales, pero, que además, debido a tal lugar
de autoridad y privilegio, nos interpelaría mediante la emisión de enunciados normativos,
tales como aquellos que restringen el uso del cuerpo; privilegiando ciertos órganos por
sobre otros y desde ahí, produciendo normas de género sobre el uso aceptable y adecuado

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Esto es coincidente con la documentación que realiza Lynn Hunt. Según Hunt, la pornografía se constituye
como tal en una época bastante reciente –siglo XIX- culminando un proceso de tres siglos. La pornografía
como tal, debería su aparición, además de la conformación de un mercado y el desarrollo de las técnicas de
impresión, a la distinción que la sociedad moderna realiza entre las esferas pública e íntima y la subsecuente
aparición de la categoría de lo obsceno, que describe aquello que siendo parte del mundo de lo íntimo es
puesto disruptivamente en la esfera pública y que por lo tanto, merecerá ser objeto de persecución y censura.
Es por esto, según Hunt, que no existiría pornografía sin una censura previa, ya que la prohibición y
persecución sería lo que modelaría sus límites y contenidos, determinando un borde difuso y problemático
que delimita, imprecisamente, lo aceptable de lo obsceno.
de los órganos, o por el contrario, usos descartables y afectos a la sanción. Si el “falo
simbólico” de Lacan asumiría la posición de ser aquel significante privilegiado/deseado que
simboliza el órgano sexual masculino, que origina y genera significaciones y regula las
prácticas a partir de si se lo posee –asumiendo lo que sería la posición propia de los
hombres- o se es el falo –que sería lo propio de las mujeres-; la posibilidad de que en
realidad pueda simbolizar cualquier otra parte del cuerpo, da lugar a que pueda pensarse en
un “falo lesbiano” que sería su subversión, siendo “un desvío de una erogeneidad que
incluye y excede el falo, una exposición de un deseo que da fe de una transgresión
morfológica, y, por lo tanto, de la inestabilidad de las fronteras imaginarias del sexo” .
Esta utilización del concepto de falo por parte de Butler, será, según la feminista española
Beatriz Preciado la posibilidad de acceder a una comprensión multiforme de las prácticas
sexuales en relación al género y el sexo. En la lectura de Preciado, el “falo lesbiano” de
Butler se ve impedido de mayor claridad conceptual al no remitir a prácticas sexuales
concretas y ve en el dildo y los demás juguetes sexuales una posibilidad de remediar aquel
olvido aludiendo a su carácter plástico, prostético y suplementario, en los términos en que
Jacques Derrida define la suplementariedad, lo que implica trasladar dicha erogeneidad
originaria desde el cuerpo hacia un lugar externo a él. Esto implica asumir el proyecto de
Butler en su integridad, puesto que si según Butler, las prácticas son las que llevan a cabo el
sexo y el género y siendo el falo determinante en la producción de un orden constituyente
del género y el sexo, entonces, las prácticas sexuales serán las que den cabida a la expresión
del falo. Radicalizando la lectura de Preciado, podríamos decir que no sólo el dildo es
aquello que posee las condiciones para suplementar el sexo, sino que toda práctica sexual
idealizada o toda imagen de práctica sexual lo hace construyendo de modo real o
imaginario un órgano sexual anexo al cuerpo.
Si no hay tal lugar originario y el falo puede asumir una multiforme localización en el
cuerpo, entonces, las prácticas sexuales y las identificaciones de género, serán tan plásticas
y prostéticas como sus nuevos órganos. Respecto a cómo es que la pornografía adquiere su
posición ética problemática, ni Butler ni Preciado abordan el proceso, así como tampoco las
implicancias que esto posee en la producción de la diferencia genérico-sexual. Si el dildo y
las prácticas sexuales se vuelven asuntos de interés ético en la sociedad, es indudable que
esto tendrá efectos en cómo es que el proceso de construcción del género y el sexo se lleva
a cabo, y se hace evidente que tal tensión ética existe porque se refiere a un aspecto
fundamental u originario de la formación del sujeto. El esquema productor de la diferencia
genérico-sexual no sólo sería un marco que se expresaría a través de relaciones de fuerza y
dominación y patrones idealizados de prácticas, sino que, además, dicha expresión
correspondería o estaría movilizada por una interpelación de carácter ético como lo
pareciera demostrar el lugar polémico y tabuado
8
ocupado por la pornografía y las prácticas
sexuales en general.
Es el trabajo de Emmanuel Levinas el que pudiera sernos útil para pensar esta tensión ética.
Para Levinas, aquello que denomina como encuentro cara-a-cara con el rostro del Otro,
será lo que fundamente toda relación ética. Como lo menciona Derrida, esta relación con el
otro “precede o desborda la sociedad, la colectividad, la comunidad” y es por eso, que se
trata de una relación religiosa
9
, y por lo tanto, metafísica. Esta relación se instaura cuando
el rostro del Otro irrumpe inesperadamente ante nosotros, expresándose mediante la
interpelación que nos hace de “No matarás”, “cuestionando nuestra espontaneidad”
10
y
comprometiéndonos a responsabilizarnos con su demanda. Para Levinas no se tratará de
simplemente tematizar la relación con el Otro, sino de considerar a este Otro como el punto
de partida del movimiento en que se establece la relación.
Como Judith Butler lo percibe al citar a Levinas en su ensayo Vida precaria, esta relación
poseerá, sin embargo, una cualidad paradójica: la eficacia interpelativa o aquello que
constituye el carácter ético en esta relación, depende no sólo de lo restrictivo de la demanda
–“No matarás”-, sino también, de la tentación a asesinar provocada por vernos expuestos a
la “precariedad e indefensión” del rostro. En la cita a la que alude Butler, Levinas dice
textualmente, que “el rostro del otro en su precariedad e indefensión constituye a la vez una

8
Esto sería parte de un marco productor de prescripciones que distingue lo sagrado y lo profano y que se
encuentra en el centro de la posición compleja que ocupa la pornografía en Occidente. Para avanzar en dicha
línea considero importante considerar una lectura a la obra de Durkheim (Las formas elementales de la vida
religiosa) y Freud (Tótem y tabú) y a un examen más detallado del que se ofrece acá, a la filosofía de Levinas.
9
DERRIDA, Jacques. Op. cit., pág. 130, 1989.
10
LEVINAS, Emmanuel. Totalidad e Infinito. Ensayo sobre la exterioridad. Salamanca: Ediciones Sígueme
S.A.U. p. 67, 2006.
tentación de matar y una apelación a la paz, el ‘No matarás’”
11
. Que Levinas sugiera esta
paradoja es algo que se reitera a lo largo de su obra. El texto citado aparece publicado en
francés el año 1984, pero insinúa una fórmula que aparece de distintas maneras repetida en
varios textos previos.
¿Cómo pensar, entonces, la tentación que da lugar a este debate ético? ¿A qué se refiere la
tentación o este poder querer matar de Levinas? ¿Es posible pensar que esta instancia
deliberativa que el rostro instala en nosotros es aquello que se nos hace presente en las
imágenes pornográficas al presenciarlas? Esto, pues pareciera ser que la pornografía –y con
ella, todas las prácticas sexuales- mostraría sus efectos éticos justamente en este campo
paradójico y de ahí el carácter contradictorio del terror que despierta, pero también la
cualidad de ser investida como fetiche y objeto de deseo. La deliberación ética –tentación-,
sería justamente aquello que constituiría la pornografía como tal.
Ahora bien, Levinas ha afirmado la imposibilidad de pensar en que el rostro del Otro
pudiera ser contenido o aun siquiera figurado, puesto que el Otro excederá por su
desmesura toda posibilidad de contenerlo, caracterizarlo o figurarlo. Pretender hacer lo
contrario implicaría otorgarle una forma o retenerlo en una corporalidad, dejando al Otro
alienado en el Mismo
12
, no siendo ya el Otro el que se manifiesta, sino el Mismo el que se
idea o figura una corporeización del rostro del Otro, accediendo a una experiencia mediada
y objetivizante. En este aspecto, el argumento de MacKinnon, de la pornografía como
objetualización, pareciera resonar: la pornografía en tanto imagen, es indudablemente el
ejercicio de una violencia y captura del otro, pero en tanto el rostro del Otro no es asible,
sino que desborda toda imagen o captura, la pornografía se encontrará siempre más acá del
rostro del Otro.
Como para Levinas, este cara-a-cara con el rostro del Otro y su llamada interpelativa será
aquello que constituye lo social, pues como lo menciona a partir de una cita a Durkheim, el
acto por el que se definiría lo social y mediante el cual actuaría la interpelación del Otro,
sería aquél que establece una distinción entre lo sagrado y lo profano: existe un mandato

11
LEVINAS, Emmanuel. Paz y proximidad, en Alterité et Transcendence. Paris: Le livre de Poche.
Traducción de Claudia Gutiérrez Olivares, pág. 5, la cursiva es mía, 1995.
12
LEVINAS, Emmanuel, Op. cit., p. 74, 2006.
que logra establecer dicha distinción y a partir del cual se organiza todo el funcionamiento
de la sociedad, pero además, se conformarían representaciones colectivas, irreductibles a la
experiencia individual y que establecería en el ámbito moral, la imposibilidad de reducir
sus efectos sólo a un “sentido utilitario”
13
. De esta manera, sería en esta instancia, y no en
el más acá de la pornografía donde se produciría esta categorización fundamental, que
determina la diferencia genérico sexual, por lo que apuntar al ejercicio prohibitivo de la
pornografía como forma posible de desmantelar el orden de desigualdad de género, sería
inútil, al encontrarse la matriz que designa la diferencia sexual en el más allá




Bibliografía:
BUTLER, Judith. Soberanía y actos de habla performativos en Acción paralela: Ensayo,
teoría y crítica del arte contemporáneo, número 4. España: Ediplus.
http://www.accpar.org/numero4/butler.htm, 2008.
_______________ . Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del
“sexo”. Buenos Aires: Editorial Paidós SAICF, 2002.
________________ . Vida precaria. El poder del duelo y la violencia. Buenos Aires:
Editorial Paidós SAICF, 2006.
_______________ . El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad.
Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 2007
DERRIDA, Jacques. Violencia y metafísica, en La escritura y la diferencia. Barcelona:
Anthropos, 2006.
LEVINAS, Emmanuel. Ética y espíritu, en Difícil libertad: ensayos sobre el Judaísmo.
Madrid: Caparrós editores, S.L., 1994.
_________________ . Paz y proximidad, en Alterité et Transcendence. Paris: Le livre de
Poche. Traducción de Claudia Gutiérrez Olivares, 1995.

13
Durkheim, Emile (2008). Op. cit. p. 48.
__________________ . ¿Es fundamental la ontología?, en Entre nosotros. Ensayos para
pensar en otro. Pre-Textos: Valencia, 2001.
_________________ . Totalidad e Infinito. Ensayo sobre la exterioridad. Salamanca:
Ediciones Sígueme S.A.U., 2005.
MACKINNON, Catherine. Hacia una teoría feminista del Estado. Madrid: Ediciones
Cátedra, 1989.
PRECIADO, Beatriz (2002). Manifiesto contra-sexual. Madrid: Ópera Prima.