You are on page 1of 3

GENESIS DE LA VIOLENCIA DESDE LA BIOLOGIA CULTURAL

En esta reflexión sobre violencia voy a definir esos términos mediante nociones de la vida cotidiana y con fundamentos de la biología cultural formulados por el biólogo Dr Humberto Maturana 1 .

La tesis central de esta reflexión es mostrar que la vida humana se da en un espacio en donde se entrelazan el lenguaje con la emoción, espacio que Humberto Maturana denomina espacio psíquico, y que la violencia es un modo de vivir ese espacio. Vivimos en el lenguaje y es la emoción la que le da carácter a ese lenguaje.

GENESIS DE LA VIOLENCIA DESDE LA BIOLOGIA CULTURAL En esta reflexión sobre violencia voy a definir

Al hablar de violencia propondré algunas distinciones de lo que, según mi parecer, connotamos con la palabra violencia en el ámbito

conductual cotidiano. En opinión de Humberto Maturana, se habla de violencia en la vida cotidiana para referirnos a aquellas situaciones en las que alguien se mueve en relación a otro en el extremo de la exigencia de obediencia y sometimiento, cualquiera que sea la forma como esto ocurre en términos de suavidad o brusquedad y el espacio relacional en que tenga lugar. Es la negación del otro que lleva a su destrucción en el esfuerzo por obtener su obediencia o sometimiento, lo que caracteriza a las

situaciones en las que nos quejamos de violencia en las relaciones humanas.

1

“Violencia

en

sus

Distintos

Ámbitos de Expresión”, Dolmen

Ediciones, 1995, que recopila las ponencias de Fernando Coddou,

Hernán Montenegro, Gloria Kunstmann, Carmen Luz Méndez y Humberto Maturana

En términos de la biología cultural distinguimos la emoción como un conjunto de conductas relacionales desde la cual se dan ciertas posibilidades de convivencia. Por ejemplo, desde el amar se amplían las posibilidades de la inteligencia, entendiendo el amar como el dominio de conductas relacionales a partir de la cual el otro, la otra o lo otro aparece como un legitimo otro en convivencia con uno. Y desde la agresión o la violencia el otro se niega, no aparece como legitimo otro sino como un objeto de sometimiento o como un sujeto obediente a un poder coaccionador.

El amar tiene que ver con la presencia total del otro, con verlo completo en sus múltiples dimensiones. Vivimos dejando aparecer al otro por pedacitos, solo por la fracción necesaria a la transacción del momento que se vive. Por ejemplo, en el ámbito de la empresa el trabajador solo aparece en una visión utilitaria: si lo hace bien y me sirve, entonces lo reconozco y lo aprecio. Si me obedece lo premio. El trabajador como un ser con necesidades deseos, emociones experiencias y relaciones no tiene presencia. Se le niega el derecho a su serena verdad, a validar su experiencia. A ser total. Esta negación es una forma de violencia legitimada por las teorías económicas dominantes. En el ámbito de la democracia algo parecido sucede. El ciudadano solo tiene presencia útil, mas no legitima, el día de elecciones cuando deposita un voto por un candidato, seducido por promesas, condicionado por emociones primitivas o ilusionado por prebendas. Y postulo que el ciudadano no tiene presencia legitima en cuanto que sus necesidades reales y de la comunidad a la que pertenece no son reconocidas en el funcionamiento de ese gobierno que contribuyo a elegir pues ese gobierno responde a otros poderes , a otros intereses. El ciudadano no es participe del diseño y ejecución de las políticas y planes de gobierno. La negación del ciudadano es otro ámbito de violencia social que sirve de germen a la violencia criminal que ya no solo niega al ciudadano sino que lo destruye o elimina.

Empresa y democracia, dos ámbitos fundamentales del habitar humano, vienen siendo fundamentados en la negación del otro.

Y así, podemos preguntarnos : ¿Dónde y como se genera la violencia en el vivir humano?

La respuesta la encontramos en la cultura, en algún dominio que tiene que ver con la dominación y el sometimiento. En la búsqueda del éxito económico basado en la negación del otro, la exclusión, la soberbia y la arrogancia.

Esta es una cultura que funciona solo desde el sometimiento. Desde la necesidad de tener don de mando y en consecuencia don de obediencia para asegurar efectividad. Para justificar este modo de vivir y convivir hemos elaborado teorías económicas y políticas que justifican y legitiman la discriminación, la exclusión y el sometimiento. Y así en este devenir hemos hecho de la violencia un modo de vivir. Y una forma rentable de dominio político.

En este modo de vivir cultivamos la cultura de la agresión. La violencia y la criminalidad es la incorporación de la cultura patriarcal dominante en la infancia. El niño crece sin la presencia de los padres y lo que ven todos los días es lucha y agresión en un hábitat miserable. Cuando aparecen los padres el escenario es dominado por un lenguaje lleno de gritos e insultos. El niño pierde la sensación de acogida y entiende que solo desde la violencia puede supervivir en esa guerra que configura el dominio de su vivir. Y así, ya adulto solo es el presente continuo de un niño cuya historia fue marcada por el desamor.

Gerardo Gonzalez Uribe. Abril 26 del 2014