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El Dominical Lima, domingo 30 de marzo del 2014

FUNDACIÓNOCTAVIOPAZ
Como se nota, los poetas
españoles le hicieron
honda huella a Octavio
Paz. También conoció
a Luis Cernuda
en aquel 1937.
JUVENTUD. A la edad de 23 años Octavio Paz participó en el Congreso de Escritores Antifascis-
tas de 1937 en Barcelona, España, durante la guerra civil.
España en
Octavio Paz fue, esencialmente, un poeta. Por eso, en su obra, subyacen los recuerdos
y asombros que le causaron un puñado entrañable de bardos españoles.
L
as primeras aproximaciones de
Octavio Paz (1914-1998) a la
poesía ocurrieron con el descu-
brimiento de la biblioteca de su
abuelo. Como su padre, Octavio Paz So-
lórzano, representaba a Emiliano Zapata
en los Estados Unidos, él se crio con su ma-
dre Josefina, su tía Amalia y su abuelo Iri-
neo, escritor y dueño de una gran biblio-
teca en Mixcoac, donde vivían. Allí Paz
descubrió a los poetas españoles previos
al siglo XXI (Góngora, Quevedo) y a escri-
tores como Lope y Calderón de la Barca.
LECTOR VORAZ DE ESPAÑA
Era un joven interesado por la literatura
cuando llegó a México una antología de
Gerardo Diego. Paz la devoró con frui-
ción. Leyó luego a Lorca, Salinas, Guillén
y Altolaguirre. “Mi generación no leyó
primero a Machado y a Juan Ramón Jimé-
nez –ha recordado Paz– y después a Lorca
y Alberti, sino que fue a la inversa”. Todo
este periplo se lo contó al investigador Ju-
lián Ríos, para su libro “Solo a dos voces”.
En 1934 ocurriría un encuentro deter-
minante. Rafael Alberti llegó a México y
el joven poeta acudía a sus recitales, des-
lumbrado. Luego, con otros jóvenes, lo se-
guían a las cervecerías, donde le leían sus
poemas hasta las 3 o 4 de la mañana. Paz
ha contado que luego de leerle sus poe-
mas, Alberti dijo: “Esto no es una poesía
revolucionaria en el sentido político, pero
Octavio es el único poeta revolucionario
entre todos ustedes, porque es el único en
el cual hay una tentativa por transformar
el lenguaje”. Eso lo impresionó.
UN VIAJE DEFINITIVO
En 1937, a los 23 años, Paz fue invitado a
un congreso de escritores en España, en
defensa de la República, durante la guerra
civil. En el aeropuerto lo recibieron Neru-
da y Alberti.
Al recordar al Neruda de esa vez, Paz ha
dicho: “Era un fascinante pez de las pro-
fundidades”. Pero también halló a Vallejo,
que le provocó “una gran ternura”, pues
era “el hombre-víctima, el sacrificado,
el cholo, el indio, el vagabundo de la ciu-
dad”. Charlaron durante semanas y tras
volver a México no lo vio más. Vallejo mo-
riría al poco tiempo.
ral, vio a un muchacho muy delgado que
cantaba: era Miguel Hernández, rapado y
calzando alpargatas.
Hernández le contó que lo habían tra-
tado muy bien en Rusia, a donde fue por-
que estaba enfermo, pero que “lo había
horrorizado aquel mundo uniformado”.
“Si ganamos nuestra guerra –le dijo a Paz–,
tenemos que hacer algo muy distinto a lo
que ellos han hecho”. Sintió que si bien no
le habló mal de Rusia, sí le tenía antipatía.
Luego lo llevaron a un pueblo en las
afueras de Valencia, donde vivía Antonio
Machado, a quien halló en “una salita ve-
tusta y también llena de polvo”.
En dos butacas, ha recordado el poeta,
estaban Machado y su madre, “dos viejeci-
llos”. Pero que apenas empezaron a char-
lar se mostraron muy vivaces.
Solo años más tarde Octavio Paz cono-
cería a otro español esencial en su obra:
Juan Ramón Jiménez, pero esta vez en
Washington, donde pasaron “dos días
inolvidables de té, pastelillos, poesía y
chismes […] La calumnia como género
poético”. Y ya de vuelta en México pudo
conocer a Pedro Salinas “un hombre lím-
pido como su poesía”.
HUELLAS INDELEBLES
Como se nota, los poetas españoles le
hicieron honda huella a Paz. También
conoció a Luis Cernuda en aquel 1937.
“Era una de las figuras españolas que me
interesó más”, ha dicho, “un escritor pe-
ligroso, un escritor en el cual los valores
poéticos no se podían disociar de la sub-
versión”. Paz se refiere a la opción vital que
Cernuda le dio a su cuerpo. En México,
años después, se hicieron amigos.
Sobre el peruano César Moro, Paz sa-
bía de su estadía en México, y decía que
era “un poeta excelente”, a quien la amis-
tad con Xavier Villaurrutia le había abier-
to las puertas de la poesía española.
A otro a quien respetaba mucho Octa-
vio Paz era al argentino Jorge Luis Borges,
“un autor muy -moral”, de quien le gusta-
ba su primera producción poética “cuan-
do era un escritor minoritario”.
Siendo ya todo un escritor consagra-
do, Octavio Paz conoció a muchos de los
grandes poetas de su tiempo, pero no
igualaron la impresión que le causaron
los españoles, a quienes siempre tuvo
presente en su razón poética.
Paz
EnriqueSánchezHernani
Allí hizo amistades esenciales. Conoció
a Louis Aragón, que no le emocionó mu-
cho. También a León Felipe, al que quiso
bastante y del que le interesaba “su actitud
ante el mundo y ante la sociedad”.
Lo llevaron a Valencia y le dio la mano
a Vicente Huidobro. Además se llevó una
sorpresa: junto al piano de un local cultu-