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Lima, domingo 30 de marzo del 2014 El Dominical

CELEBRACIÓN. Con su compañera Marie-José Tramini después de recibir el Premio Nobel de Li-
teratura en 1990. Es el único escritor mexicano que ha recibido el importante galardón.
De la soledad
a la libertad
El mexicano Octavio Paz supo, como pocos escritores del
siglo XX, las diversas herencias culturales de Occidente
y Oriente en una búsqueda incensante y vivificante.
F
igura fundamental de la poesía
y el ensayo del siglo XX, Octavio
Paz, como pocos creadores con-
temporáneos, asimiló las heren-
cias culturales más diversas de Occidente
y Oriente, en una búsqueda incesante y
vivificante: “signos en rotación” alrede-
dor del Sol de la vida genuina, en libertad,
alumbrada por la Belleza, el Bien y la Ver-
dad, para decirlo con una imagen que de-
sarrolló en sus poemas y ensayos.
TRADICIÓN DE LA RUPTURA
Hizo suya la gran empresa de la moderni-
dad, con sus orígenes en el Humanismo y
la Ilustración, y su florecimiento espléndi-
do desde el Romanticismo (fines del siglo
XVIII y primera mitad del siglo XIX), pa-
sando por el magisterio central del poeta
francés Baudelaire y los simbolistas, hasta
arribar al radicalismo febril de los vanguar-
distas del siglo XX. Lo sintetizó brillante-
mente en su ensayo “Los hijos del limo: del
romanticismo a la vanguardia” (1974).
Dicha “modernidad” literaria ya había
cuajado en hispanoamérica con los van-
guardistas de 1916-1930: César Vallejo,
Vicente Huidobro, el ultraísmo argentino
y el estridentismo mexicano, pero el im-
pulso innovador se replegó con la “vuelta
al orden” (a los antiguos recursos expresi-
vos) del posvanguardismo de 1930-1950.
En “Los hijos del limo”, Paz rindió tributo
a la “tradición de la ruptura”. Sostuvo que
nada es nuevo bajo el sol excepto el hombre
que es el olmo que siempre da peras increí-
bles (ensayo “Las peras del olmo”, 1957).
La “tradición de la ruptura” lo condujo a mi-
litar en el surrealismo, en el París de 1948-
1949; y a cultivar la “poesía visual” en los
años 60, cercano a las exploraciones con-
cretistas del Brasil. En el París de los 40 leyó
al antropólogo estructuralista Claude Lévi-
Strauss (sobre el que publicaría un libro en
1967) quien lo adentró en el pensamiento
mítico, de interés para el surrealismo. Así
asumió las raíces míticas de la cultura mexi-
cana en dos obras maestras: el ensayo “El
laberinto de la soledad” (1950) y el poema
“Piedra de sol” (1956). En otra “El arco y
la lira” (1956; corregido y aumentado en
1967), expone su concepción de la poesía.
LADERA ORIENTAL
La modernidad al criticar el orden estable-
cido, puso en crisis la mirada complacien-
temente occidental, aferrada a la herencia
grecorromana y judeocristiana. Ya Goe-
the abogaba por una “literatura mundial”,
conformada por los clásicos occidentales
y orientales. El interés por el Oriente se
manifestó en algunos modernistas his-
panoamericanos a fines del siglo XIX y
comienzos del XX, aunque fue un refina-
miento exotista y esteticista (“japonerías”
y “chinerías”, les dice Rubén Darío).
Paz, en cambio, encarna la asimilación
honda de la poesía, el arte y el pensamien-
to oriental, sobre todo de la India y Japón.
Cinceló un poemario fundamental: “La-
dera este” (1969); un título meridiano
pues el monte de la cultura humana no
puede tener solo una ladera oeste (occi-
dental), necesita también una oriental.
CONTRA LA SOLEDAD
Esas herencias culturales son sintetizadas
por Paz, teniendo como eje la liberación
del ser humano de la cárcel de la soledad,
que lo condena a la angustia y la inco-
municación (óptica existencialista), la
alienación (veredicto marxista), los trau-
mas y las fobias (Freud y la psicología), la
deshumanización (Ortega y Gasset, los
“hombres huecos” de T. S. Eliot, etc.).
Para escapar del laberinto de la so-
ledad enarbola tres caminos: la pareja
erótica, donde el yo unido al tú se vuelve
tu-yo; la solidaridad (el amor altruista, en
griego: ágape), donde el solitario se torna
solidario, y el yo comulga en el ‘yosotros’
(sugerente modificación de ‘nosotros’); y
el ensimismamiento místico, donde el yo
se descubre un ‘sí mismo’ fusionado con el
Todo, el Ser o el Nirvana.
Subrayemos algunas matrices occi-
dentales y orientales: del erotismo, las
huellas platónicas, provenzales, floren-
tinas y románticas, más el ‘amor loco’ su-
rrealista; pero, también, el tantrismo de
la India, y la unión taoísta entre el yin y el
yang. De la comunión solidaria, el cristia-
no amor al prójimo y los ideales socialis-
tas. De la vía mística, los maestros renanos
(Eckhart) y los carmelitas españoles (San
Juan de la Cruz); y por cierto, lo oriental
domina esta vez: la mística de la India,
China y el Japón.
LIBERTAD BAJO PALABRA
La liberación de la soledad logra frutos
perdurables en la escritura poética: nos
concede la libertad bajo palabra, confor-
me lo celebra el título de su obra poética
reunida.
La poesía consigue que el lenguaje nos
exprese de verdad. En su fluir suprarracio-
nal y mítico brinda iluminaciones o reve-
laciones que dan sentido a la existencia.
Paz hace suya así una marca mayor de la
modernidad occidental.
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RicardoGonzálezVigil