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Lima, domingo 30 de marzo del 2014 El Dominical

era 22 años mayor), la empatía entre am-
bos fue inmediata.
Sin duda, la claridad intelectual del
poeta, su vasta erudición y la profundi-
dad de sus convicciones deslumbraban a
cualquier interlocutor. Era un momento
estelar para la literatura latinoamerica-
na, ya que el fenómeno del ‘boom’ tam-
bién había alentado la recuperación de
autores de las generaciones precedentes,
entre los cuales Octavio Paz ocupaba un
lugar privilegiado.
No obstante, venían tiempos aciagos.
Vargas Llosa ha recordado que Paz se in-
teresó por la revista “Libre”, una efímera
aventura –solo salieron cuatro números
entre 1971 y 1972– que emprendió en Pa-
rís junto con otros escritores latinoameri-
canos y españoles, entre ellos García Már-
quez, Cortázar, Fuentes, Semprún y Juan
Goytisolo. Al parecer, Paz, que colaboró
con la publicación, se sintió decepcionado
por el resultado. Le escribió a Julio Cor-
tázar diciéndole que el proyecto se había
desfigurado y que esa no era la revista que
necesitaba América Latina.
Poco tiempo después, Paz recogería el
guante y sacaría la espléndida “Plural”, a
la cual sucedería “Vuelta”, revistas que no
solo ofrecían textos literarios de alta ca-
lidad sino que promovían la discusión de
las ideas y de las tendencias políticas.
DEFENSA DEMOCRÁTICA
En 1971, el caso Padilla causó un cisma
entre los escritores latinoamericanos,
quienes debieron tomar partido ante el
viraje de la revolución cubana hacia el au-
toritarismo y su recorte de las libertades.
Paz, que no estaba dispuesto a aceptar to-
talitarismos de ninguna clase, convirtió
a su revista en un bastión de defensa de la
democracia y se atrevió a criticar las pos-
turas marxistas que tanto seducían a los
intelectuales de esta parte del continente,
lo que le valió una serie de ataques y ene-
mistades. Fue una decisión muy valiente,
pues, como ha observado Vargas Llosa,
PALABRAS
AMIGAS. Jor-
ge Eduardo
Eielson y
Paz com-
partieron
amitad en la
poesía.
AMIGOS. Fernando de Szyszlo y Mario Vargas Llosa con el autor mexicano.
BLANCA VARELA. La gran poeta peruana recibió las orientacio-
nes poéticas del autor de “Libertad bajo palabra”.
JORGESARMIENTO CASADELALITERATURAPERUANA ARCHIVO
ARCHIVOHISTÓRICODE“ELCOMERCIO”
ARCHIVOFAMILIARVARGASLLOSA
elegir la senda democrática en esa época
implicaba ser “automáticamente desca-
lificado por el medio intelectual, arrinco-
nado en un extremo; tildado de reaccio-
nario, conservador, antiprogresista y casi
expulsado de la historia”.
La gran amistad entre Paz y Vargas Llo-
sa debió superar un ‘impasse’ que surgió
a raíz de unas explosivas declaraciones
del escritor peruano. En agosto de 1990,
Vargas Llosa fue invitado por Paz para
participar en un debate intelectual que
organizaba “Vuelta” y que sería transmi-
tido por televisión. Allí, ante millones de
espectadores, luego de pedir disculpas
por su “inelegancia”, arremetió contra
el intocable PRI y sus maniobras antide-
mocráticas, señalando que México era
la dictadura perfecta. Paz, en tanto anfi-
trión del evento, se halló en una situación
comprometida. Quiso matizar la opinión
de Vargas Llosa, pero este había puesto el
dedo en la llaga. El escándalo que se armó
fue tal que, al día siguiente, el escritor pe-
ruano se marchó de México y el encuen-
tro se suspendió. Ahora, visto el asunto en
retrospectiva, no dudamos de que, en el
fondo, Paz compartía el juicio de Vargas
Llosa. Aunque, claro, hacer una declara-
ción de ese calibre equivalía a apilar los
maderos de tu propia pira. Quien quiera
tener una idea más precisa del debate pue-
de rastrearlo en YouTube, pero, si se pre-
fiere una imagen más casual de Octavio
Paz, menos solemne, sugiero buscar un
video de su estancia en la India. Se trata de
una rara filmación en color, tomada du-
rante una visita que le hizo Julio Cortázar.
Un espectáculo inusual por cuanto ambos
escritores juegan en un jardín como si hu-
bieran vuelto a ser niños: exultantes, con
los rostros pintarrajeados, se entregan a
una danza salvaje y frenética, siguiendo el
ritmo hipnótico de una comparsa de músi-
cos hindúes. Ambos parecen encontrarse
en trance, en un estado de pura poesía.
*Escritor
PERO OCTAVIO,
ESE PUERTO EXISTE
--
El nombre del primer poemario de la poe-
ta Blanca Varela nació de una conversación
y de una amistad: “Entre esos lectores pri-
vilegiados a los que mostraba sus versos
a escondidas estuvo Octavio Paz, quien
prologó su primer libro y la ayudó a poner-
le título. Ella quería que se llamara “Puerto
Supe” y a él no le gustaba. “Pero ese puer-
to existe, Octavio”. “Ahí tienes el título,
Blanca: Ese puerto existe”. Esta historia,
hoy bastante conocida, la contó Mario Var-
gas Llosa en una de sus “Piedra de Toque”
y queda como testimonio de la gran amis-
tad de Blanca y Octavio. [N.de R.] LAZOS. Emilio Adolfo Westphalen. SURREALISTA. Poeta César Moro.