Fundamentos de Ingeniería Nuclear

1
Miguel Moro Vallina
2
1
Apuntes preparados a partir del material mimeografiado elaborado por el equipo
docente de la asignatura, Javier Sanz Gozalo, Mireia Piera Carreté, Patrick
Sauvan, Francisco Ogando Serrano, Mercedes Alonso Ramos y Miguel Em-
bid Segura: Fundamentos de Ingeniería Nuclear. Madrid, 2005. Los apuntes corres-
ponden a la asignatura homónima del Plan de Estudios de 2001 de Ingeniería Industrial
de la uned.
2
Correo: narodnaia@gmail.com. Web: http://narodnaia.googlepages.com
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California, 94105, USA.
La composición de este documento se ha realizado mediante L
A
T
E
X.
Capítulo 1
Estructura de la materia y
formas de energía
1.1. Introducción: materia y energía
La materia se encuentra en varios estados: sólido, líquido y gaseoso, a lo
que se añade el estado de plasma o gas ionizado, muy infrecuente en la Tierra
pero el más extendido en el Universo.
Su estructura u organización viene determinada por las fuerzas internas,
i.e., por las fuerzas entre los constituyentes del sistema. Directamente asociada a
éstas, se define la energía del sistema. Los componentes estructurales del sistema
y los tipos de interacción que se establecen entre ellos determinan el valor de su
energía.
1.2. La energía: concepto y propiedades
¿Qué es la energía? La energía de un objeto o sistema es la cantidad de
trabajo que el objeto o sistema puede hacer sobre algún otro objeto o sistema.
Las propiedades de la energía Aunque la definición de energía es operativa,
es importante poner de manifiesto que, en la Física actual, no se sabe a ciencia
cierta qué es la energía. Sabemos que hay una cierta magnitud física, llamada
energía, que no cambia de valor en los múltiples cambios que ocurren en la
naturaleza. También sabemos que hay fórmulas para calcular cierta cantidad
numérica —una fórmula para cada forma de energía—, y que cuando las jun-
tamos todas resulta siempre el mismo número. Aparte de esto, la energía tiene
otras propiedades bien probadas que la caracterizan:
– La energía siempre se conserva, i.e., nunca se crea ni se destruye.
4 1.3. Formas de energía
– La energía se manifiesta en diversas formas. Las formas fundamentales
son: energía cinética, potencial, térmica, química, nuclear y radiación elec-
tromagnética. Además de estas, la propia masa se puede concebir como
una forma de energía, idea propuesta por Einstein a comienzos del si-
glo xx y que constituye el elemento fundamental para el estudio de la
energética de las reacciones nucleares.
– Cualquiera de las formas en que la energía puede manifestarse tiene que
estar definida por una fórmula matemática específica que permita su cuan-
tificación. La energía total se puede cuantificar como la suma de todas las
fórmulas correspondientes a las distintas formas de energía.
– La energía se puede convertir de una cualquiera de sus formas en otra.
– La energía se puede transportar y transferir desde un objeto o sistema a
otro cuando se establece una interacción entre ellos.
1.3. Formas de energía
Energía térmica La energía térmica de una sustancia es una medida de la ener-
gía cinética —asociada a la agitación— y potencial —asociada a la atracción—
del total de sus moléculas. El movimiento de dichas moléculas, independiente-
mente de su velocidad, posee la característica esencial de ser un movimiento
desordenado.
Energía química La energía química es una forma de energía potencial mi-
croscópica que existe debido a las fuerzas de atracción electromagnéticas que se
ejercen entre los constituyentes (átomos) de cada molécula. Se supone que la
energía química consta de dos partes: una es energía cinética, correspondiente
al movimiento de los electrones en el interior de los átomos; la otra es energía
potencial eléctrica, consecuencia de la interacción entre las cargas eléctricas de
los neutrones y protones.
Las reacciones químicas son los procesos en los que tiene lugar la transfor-
mación de la energía química en otra forma de energía, procesos en los que los
átomos de un sistema cambian de compañeros.
Energía nuclear La energía nuclear es la energía involucrada en la interacción y
consiguiente organización de las partículas dentro del núcleo. Tenemos fórmulas
par computar dicha energía, aunque no tenemos las leyes fundamentales de
las fuerzas de interacción. Sabemos, no obstante, que estas fuerzas no son ni
gravitacionales ni electromagnéticas. Los cambios en el contenido de esta forma
de energía en los sistemas vienen ligados a cambios en la estructura de los núcleos
de los átomos constituyentes del sistema o, en otras palabras, a la ocurrencia de
reacciones nucleares.
Al igual que la energía química, la energía nuclear consta de dos partes: ener-
gía cinética de los nucleones —término empleado para designar indistintamente
1. Estructura de la materia y formas de energía 5
a uno cualquiera de los dos tipos de partículas constituyentes estructurales del
núcleo— en el interior del núcleo de los átomos; y energía potencial de interac-
ción de los protones y neutrones —interacción dominada fundamentalmente por
la fuerza nuclear fuerte, aunque también está presente la interacción elástica en-
tre protones—. En una reacción nuclear la energía nuclear del sistema cambia,
transformándose y liberándose normalmente en forma de energía cinética de los
productos resultantes.
1.4. Radiación electromagnética
La radiación se ha venido concibiendo de dos formas diferentes: como onda
y como partícula. La utilidad de una u otra concepción depende del proceso que
se estudie. La interpretación como partícula es especialmente útil en el análisis
de los procesos de interacción de la radiación con la materia, mientras que la
necesidad de una teoría ondulatoria de la radiación se puso de manifiesto al
tratar de entender los fenómenos de interferencia y difracción.
De acuerdo con el modelo ondulatorio, la radiación se concibe como una
combinación de vibraciones eléctricas y magnéticas oscilantes que se propagan
a través del espacio, y viene regida por las leyes de la teoría electromagnética de
Maxwell. En 1886 y 1887, Heinrich Hertz llevó a cabo experimentos que
confirmaron por primera vez la existencia de las ondas electromagnéticas y la
teoría electromagnética de propagación de la luz. En la teoría electromagnética
clásica, toda radiación, independientemente de su origen, se puede caracterizar
por su frecuencia, que está ligada a su velocidad y a su longitud de onda. La
velocidad de propagación de todo tipo de radiación electromagnética en el vacío
es igual a la de la velocidad con que se propaga la luz en el mismo, c = 3 · 10
8
m/s. Para una radiación con longitud de onda λ y frecuencia ν, se tiene que
c = λ · ν.
La primera teoría sobre la naturaleza corpuscular de la luz fue propuesta
por Einstein en 1905. Einstein propuso que la energía radiante existía en
paquetes concentrados de energía, cuantos o corpúsculos.
1
La energía E de un
solo fotón está dada por la expresión E = hν, donde ν es la frecuencia de la
radiación y h la constante de Planck, h = 6,62618 · 10
34
J · s.
En esta teoría, el fotón se define de la manera siguiente: (1) el fotón está
asociado a la radiación de frecuencia ν; (2) tiene una velocidad igual a c, y (3)
su energía es igual a hν. Al concebir al fotón como corpúsculo, se deduce que
éste debe también tener una cantidad de movimiento p, y, tal como se verá más
adelante, los fotones deben satisfacer la relación p =
E
c
.
Se define el concepto de intensidad de energía I de un haz de radiación de
frecuencia ν como el número de fotones de dicha frecuencia que atraviesan en
un segundo una superficie de área unidad, perpendicularmente a la dirección
de propagación, multiplicada por la energía de cada fotón. Así, se tiene que
1
En su artículo de 1905 titulado «On a heuristic point of view concerning the creation and
conversion of light», Einstein usó la expresión cuanto de luz (quantum of light). La palabra
fotón (photon) la introdujo más tarde (en 1926) G.N. Lewis para referirse al mismo concepto.
6 1.5. Introducción a la mecánica relativista
I(ν) = N(ν) · hν. Si la energía de un fotón es muy pequeña —como es el caso,
por ejemplo, de los fotones asociados a las ondas de radio— el número N(ν)
debe ser muy grande para que I(ν) sea detectable. En estas condiciones, la
propagación de la energía parece realizarse de una manera continua . Cuando,
por el contrario, la energía de un fotón es grande con respecto a la energía puesta
en juego por un fenómeno particular, se puede descubrir la presencia de cada
fotón en tal proceso. Entonces aparece la discontinuidad den la estructura de la
radiación.
La doble manifestación de la estructura de la luz, corpuscular y ondulato-
ria se refleja en las mismas expresiones E = hν y p =
h
λ
, donde se combinan
las características ondulatorias (ν y λ) y las de partícula (E y p). Esta duali-
dad onda-corpúsculo no pudo ser explicada hasta 1929 por la electrodinámica
cuántica.
1.5. Introducción a la mecánica relativista
1.5.1. Dinámica de una partícula material
Sea una partícula material sobre la que no actúan fuerzas, i.e., una partícula
libre. La mecánica relativista asocia a esta partícula dos magnitudes fundamen-
tales: la cantidad de movimiento y la energía total. Para ser consistente con los
dos postulados de partida de la teoría especial de la relatividad,
2
y preservar las
leyes de conservación de la cantidad de movimiento y de la energía, Einstein
demostró que estas magnitudes han de adoptar una forma algo diferentes a la
definición clásica.
Cantidad de movimiento Sea una partícula que se mueve con velocidad v. La
cantidad de movimiento de la partícula se define como p = m· v, donde m es
la denominada masa relativista, que matemáticamente se expresa como:
m(v) =
1

1 −v
2
c
2
· m
0
, (1.1)
en donde m
0
denota una propiedad intrínseca de la partícula llamada masa en
reposo. Con esta definición de p, la ecuación del movimiento de la partícula
puede adoptar una forma equivalente a la dada originalmente por Newton,
que establece que la fuerza es igual a la variación de la cantidad de movimiento:
F =
dp
dt
.
La variación de la masa (relativista) de la partícula en función de la velo-
cidad se ha comprobado experimentalmente; este efecto es fundamental en el
2
Los postulados de la teoría especial de la relatividad son los siguientes: (1) las leyes de la
física son iguales en todos los sistemas inerciales; no existe ningún sistema inercial preferido
(principio de relatividad); (2) la velocidad de la luz en el espacio libre (vacío) tiene el mismo
valor c en todos los sistemas inerciales (principio de constancia de la velocidad de la luz). No
se ha encontrado aún ninguna objeción experimental a la teoría especial de la relatividad de
Einstein.
1. Estructura de la materia y formas de energía 7
diseño de aceleradores. En efecto, el campo de fuerzas a aplicar para acelerar
una partícula una cantidad dada tiene que ser mucho más intenso si la partícula
posee una velocidad grande que si posee una velocidad pequeña. Así, en estados
de alta velocidad, la intensidad del campo a aplicar tiene que se mucho mayor
de la que cabría esperar basándose en las leyes de Newton.
Energía total Para ser consistente con las distintas hipótesis de partida, Eins-
tein obtuvo que la expresión para la energía total de una partícula material que
se mueve con velocidad v debía ser de la forma E = mc
2
; esta expresión, aten-
diendo a la ecuación (1.1), puede reescribirse de esta manera:
mc
2
= m
0
c
2
+m
0
c
2
¸
1

1 −v
2
c
2
−1

. (1.2)
En el segundo miembro de esta ecuación se distinguen dos términos. El de la
derecha representa la energía cinética E
C
del objeto, i.e., la energía que posee
en virtud solamente de su movimiento. Einstein interpretó el término m
0
c
2
,
el otro de los componentes de la energía total del cuerpo, como una energía
intrínseca del mismo, que denominó energía de reposo, E
0
. E
0
se define como la
energía relativista de la partícula en reposo. El concepto de energía de reposo fue
explícitamente considerado por Einstein como la consecuencia más importante
de toda su teoría especial de la relatividad. Dentro del campo concreto de la
física y la tecnología nuclear, representa el concepto base para explicar todas
las transformaciones energéticas.
Si se considera la energía cinética de un cuerpo como una forma de energía
externa, la energía de la masa en reposo podría considerarse como la energía
intrínseca o interna del cuerpo. Einstein propuso la hipótesis de que las con-
clusiones obtenidas en el estudio de la dinámica de una partícula referidas a
su energía total y energía en reposo eran aplicables universalmente a cualquier
sistema de partículas.
La expresión (1.2) puede también escribirse como E = m
0
c
2
+ E
C
, y por
tanto E
C
puede escribirse como:
E
C
= m
0
c
2
¸
1

1 −v
2
c
2
−1

.
Otra expresión muy conveniente para la energía cinética es: E
C
= m
0
c
2
(γ −1),
donde γ, un parámetro muy empleado en todos los desarrollos y cálculos de la
mecánica relativista, es un parámetro adimensional que caracteriza el estado de
movimiento de la partícula y que se expresa como:
γ = γ(v) =
1

1 −
v
2
c
2
.
El desarrollo en serie de potencias de γ(v) es:
γ = 1 +
1
2

v
c

2
+
3
8

v
c

4
+
5
16

v
c

6
+· · ·
8 1.5. Introducción a la mecánica relativista
Puede comprobarse que, si
v
c
1, el desarrollo en serie de potencias se reduce
al primer término y la expresión resultante para E
C
es E
C
=
1
2
m
0
v
2
, que
coincide con la expresión de la mecánica clásica para la energía cinética. A
efectos prácticos, esta expresión es suficientemente exacta para la mayoría de
las aplicaciones siempre y cuando v < 0,2· c, o equivalentemente, E
C
= 0,02· E
0
.
Otra diferencia significativa entre la mecánica clásica y la mecánica relati-
vista es la siguiente: en mecánica clásica una partícula libre, si no está sometida
a ninguna fuerza, está situada en un campo de potencial constante de valor ar-
bitrario. Si la partícula se encuentra en reposo su valor de energía es arbitrario.
En mecánica relativista, por el contrario, la energía de la partícula libre que
se encuentra en reposo tiene un valor concreto y claramente identificable, su
energía en reposo.
Por último, merece señalarse una expresión adicional que relaciona explíci-
tamente la energía total con la cantidad de movimiento y la energía en reposo:
E
2
= p
2
c
2
+m
2
0
c
4
.
1.5.2. Unidades de masa y energía y equivalencia entre ellas
La fórmula E = mc
2
de la dinámica relativista nos lleva a aceptar la exis-
tencia de la magnitud física masa-energía. En la física clásica no se reconocía el
que julios y kilogramos pudieran ser dos unidades que realmente correspondían
a la misma clase de magnitud física, la masa-energía. Hoy se puede aceptar el
considerarlas como dos unidades diferentes para la misma magnitud física, y c
2
se puede interpretar como el factor de conversión para pasar de unas unidades
a otras.
A escala atómica, las energías se expresan habitualmente en electronvoltios
(eV). Un electronvoltio es la energía cinética que adquiere un electrón en el
vacío sometido a un campo eléctrico creado por una diferencia de potencial de
un voltio. Puede comprobarse que 1 eV = 1, 602177 · 10
−19
J. Como unidad de
masa atómica se emplea la llamada unidad de masa atómica unificada (uma).
Se comprueba que 1 uma = 1, 660540 · 10
−24
g= 931, 49 MeV.
1.5.3. Dinámica de una partícula sin masa
Las expresiones que se han establecido anteriormente para calcular la ener-
gía cinética de una partícula no pueden aplicarse a partículas con masa en re-
poso nula. Para tales partículas —de las que el ejemplo más significativo son los
fotones— no es físicamente apropiado hablar de energía cinética. Puede compro-
barse, obviamente, que v = c ⇐⇒ m
0
= 0 sin más que operar con la expresión
E =
m0c
2

1−v
2
/c
2
. En cualquier caso, el térmico «masa en reposo cero» es un tanto
engañoso, puesto que es imposible encontrar un sistema de referencia en el cual
los fotones (o cualquier partícula que viaje a la velocidad de la luz) estén en
reposo.
1. Estructura de la materia y formas de energía 9
1.5.4. Sistema aislado de partículas
Sea un sistema aislado de partículas, i.e., un sistema sobre el que no actúan
fuerzas externas. La evolución del sistema vendrá regida exclusivamente por las
interacciones que se establecen entre sus partículas constituyentes. Existen una
serie de leyes que limitan y encuadran el número de posibilidades de dicha evo-
lución. Más concretamente, existen una serie de magnitudes físico-matemáticas
que se conservan, permanecen constantes.
La mecánica relativista permite proponer dos leyes de conservación, que
se aceptan como válidas para toda clase de fenómenos experimentados por un
sistema aislado, cualquiera que sea su tamaño y los valores de las velocidades
implicadas. La ley de conservación de la cantidad de movimiento del sistema
afirma que la cantidad de movimiento, que denotamos por
¯
P =
¸
N
i=1
¯ p
i
, per-
manece constante a lo largo del tiempo.
Veamos la ley de conservación de la energía total del sistema. Sea un sistema
en el que las N partículas libres que lo constituyen no interactúan entre sí (i.e.,
se trata de un sistema de partículas libres). Sea E
i
la energía de la partícula de
masa m
i
en un cierto instante, verificándose que E
i
= E
0i
+E
Ci
. La mencionada
ley afirma que se cumple que E =
¸
N
i=1
E
i
=
¸
N
i=1
E
0i
+
¸
N
i=0
E
Ci
.
La ley de conservación de la energía total estable, por tanto, que la energía
del sistema en dos instantes cualesquiera debe ser idéntica. Obviamente, si la
suma de la energía/masa en reposo de cada una de las partículas constituyen-
tes decrece, la suma de la energía cinética de las partículas del sistema habrá
aumentado; se habrá producido una conversión de masa en reposo en energía
cinética. Y viceversa.
1.5.5. Energía de enlace de un sistema
El contenido de la energía intrínseca o energía en reposo de cualquier sistema
material se debe a varios tipos de contribuciones. Estas contribuciones se pueden
clasificar en dos categorías: por una parte, las debidas al movimiento y la energía
potencial correspondiente a la interacción entre los constituyentes y, por otra, la
energía de la masa en reposo de dichos constituyentes. La primera contribución
recibe el nombre de energía interna del sistema.
¿Cuáles son las posibles contribuciones a esta energía interna? Una de ellas
estará asociada a la energía traslacional de las moléculas y a la energía potencial
intermolecular. Otra es la energía asociada a los estados de vibración y rotación
y energía potencial de interacción interatómica de los núcleos dentro de las mo-
léculas. Los estados de movimiento de traslación (E
t
), rotación (E
r
) y vibración
(E
v
) pueden cambiar cuando el cuerpo absorbe o desprende energía calorífica.
Otra contribución a la energía interna es la asociada al movimiento y energía
potencial entre electrones y núcleo, i.e., la asociada a las distintas estructuras
electrónicas que pueden acontecer. Esta energía (que llamaremos energía elec-
trónica, E
e
o química) cambia bien cuando suceden reacciones químicas, bien
cuando un átomo se excita o desexcita absorbiendo o emitiendo radiación. La
10 1.5. Introducción a la mecánica relativista
energía interna puede también asumir la forma de energía asociada al movimien-
to e interacción de los componentes del núcleo. Esta energí, que denominanos
energía nuclear, E
n
, está asociada a las reacciones nucleares y cambia cuando
éstas acontecen. En todo caso, y como es obvio, la contribución mayor a la ener-
gía de reposo del sistema se debe a la suma de la energía de masa en reposo de
las partículas constituyentes del cuerpo, la cual se considera la fuente primaria
de la energía interna. Esta también puede cambiar, como sucede por ejemplo en
la creación y aniquilación de electrones y positrones. La masa en reposo de un
cuerpo no es, por tanto y en general, una cantidad constante.
Así resulta que la energía de reposo de un cuerpo o sistema determinado
viene dada por la siguiente expresión:
E
0sist
= E
t
+E
r
+E
v
+E
e
+E
n
+
¸
E
0i
.
Por otra parte, la energía interna del sistema sería:
E
int
= E
t
+E
r
+E
v
. .. .
EC
+E
e
+E
n
. .. .
EP
,
siendo E
C
la energía cinética del sistema y E
P
su energía potencial. Emplean-
do la relación entre masa en reposo y energía de reposo, la expresión anterior
referida a la energía de reposo del sistema se puede escribir como:
M
0sist
· c
2
= E
t
+E
r
+E
v
+E
e
+E
n
+
¸
M
0i
· c
2
.
Si comparáramos la masa M
0sist
de cualquier sistema integrado por un deter-
minado número de partículas ligadas (sistema ligado) con la suma de las masas
¸
M
0i
de sus partículas constituyentes cuando éstas se encuentran dispersas
en estado libre (sistema disperso), se obtendría lo siguiente: la diferencia entre
la masa total del sistema y la suma de la masa de sus partes es un número
negativo. Su valor absoluto se conoce con el nombre de defecto de masa, M
def
.
Esto es:
M
0sist
=
¸
M
0i
−M
def
.
De acuerdo con la ecuación de equivalencia masa-energía expresada por la rela-
ción de Einstein, el defecto de masa tiene asociado una energía —denominada
energía de enlace del sistema— de valor E
enlace
= M
def
· c
2
. La energía de enlace
representa la cantidad total de energía que se debe suministrar al sistema si se
le quiere disgregar en cada uno de sus componentes constituyentes. También
representa la energía que se emitiría —en forma de fotones— si las partículas
constituyentes se unieran para formar el sistema ligado. La energía de enlace,
en definitiva, es una medida de la estabilidad del sistema, de la ligazón entre
sus partes.
Capítulo 2
La naturaleza atómica y
nuclear de la materia
2.1. Composición de átomos y núcleos: propieda-
des generales
En un átomo se pueden distinguir dos zonas. Existe una región central, el
núcleo, donde se hallan concentradas las cargas positivas y prácticamente toda
la masa del átomo. Está formada por dos clases de partículas o nucleones: los
protones (m
p
= 1,6742929· 10
−27
kg y q
p
= 1,602177 · 10
−19
C) y los neutrones
(m
n
= 1,67495 · 10
−27
kg y q
n
= 0). El número total de protones en el núcleo
se denomina número atómico (Z). El número total de nucleones de un núcleo
se designa por la letra A y se conoce como número másico.
Rodeando al núcleo hay una nube de electrones que se mueven en torno a él
a gran distancia. Se tiene que m
e
= 9,10954· 10
−31
kg y q
e
= −1,602177· 10
−19
C.
El diámetro asociado a la nube eletrónica del átomo es del orden de 10
−10
metros. El núcleo, sin embargo, ocupa una región cuyo diámetro es del orden de
10
−15
metros. La masa de los nucleones es unas dos mil veces mayor que la del
electrón, lo que hace que en el núcleo se concentre prácticamente toda la masa
del átomo y que la materia en el núcleo sea aproximadamente 10
14
veces más
densa que la materia macroscópica ordinaria. Para hacer una primera estimación
de la masa de un núcleo, es suficiente conocer el número de nucleones y saber
que la masa de un nucleón es alrededor de 1,67· 10
−27
kilogramos. Mediante una
simple suma de la masa de todos ellos se puede calcular la masa aproximada de
un átomo. Sin embargo, este resultado no es más que una estimación, pues en
él se hace abstracción del defecto de masa correspondiente a la ligazón entre los
distintos componentes del átomo.
En su estado normal, los átomos se encuentran en estado eléctricamente
neutro. Bajo ciertas condiciones químicas, el átomo puede ganar o perder uno o
varios electrones, y quedar entonces cargado positiva o negativamente. Cuando
esto ocurre se dice que el átomo se ha ionizado, y pasa a recibir el nombre de
ion.
12 2.2. Los elementos químicos y los isótopos
2.2. Los elementos químicos y los isótopos
Un elemento químico es una sustancia que está formada por átomos que tie-
nen el mismo número atómico, i.e., el mismo número de protones. Los átomos
que existen en estado natural en la Tierra pertenecen a 90 elementos quími-
cos con números atómicos comprendidos entre 1 y 92. Los elementos químicos
tecnecio (43 protones) y promecio (61 protones) no existen en estado natural.
Sin embargo, se pueden crear de forma artificial, al igual que otros elementos
que contengan un número de protones superior a 92, tales como el plutonio (94
protones). Actualmente se conocen 109 elementos distintos.
Las distintas especies atómicas cuyos núcleos se caracterizan por tener un
número particular de protones y neutrones se denominan nucleidos. Para indicar
un nucleido se escribe el símbolo químico del elemento con un superíndice en la
parte izquierda que indica el número másico,
A
X, donde X es el símbolo químico
del elemento correspondiente. A veces, se incluye como subíndice a la izquierda
el número atómico del nucleido,
A
Z
X.
Los átomos de un mismo elemento químico que tienen distinto número de
neutrones se denominan isótopos de dicho elemento. Las propiedades químicas
de un átomo dependen solamente de la disposición de los electrones en su nube,
la cual se presenta en todos los isótopos de un elemento con idéntica estructura.
Así pues, todos los isótopos de un mismo elemento tienen las mismas propie-
dades químicas, y entonces son difíciles de separar entre ellos. Sin embargo, la
ligera diferencia de masa entre sus núcleos hace que sus propiedades físicas se
diferencien un poco.
La mayoría de los elementos presentes en la Tierra están constituidos por
una mezcla de isótopos. La proporción en que cada uno de ellos está presente
en la mezcla isotópica natural de un elemento varía de un elemento a otro, y
viene dada por la llamada abundancia isotópica natural.
2.3. Peso atómico, mol y densidad atómica
La base para asignar masas atómicas es comparar las masas de los átomos
con la masa de un átomo específico que se toma como referencia. Actualmente
se toma como referencia el átomo
12
C, que es el isótopo más abundante del
carbono.
El peso atómico de un átomo se define como la masa de un átomo relativa
a la masa del átomo
12
C en una escala en la que el peso atómico del
12
C se
toma igual a 12. Por tanto, el peso atómico no tiene unidades y se expresa
simplemente como un número. El peso atómico de un elemento se define como
el peso atómico de la mezcla de isótopos,
¸
i
γ
i
M
i
, siendo γ
i
la abundancia
relativa de cada isótopo expresada en tanto por uno.
La masa total de una molécula relativa a la masa de un átomo de
12
C se
denomina peso molecular. El peso molecular de una molécula formada por un
2. La naturaleza atómica y nuclear de la materia 13
determinado número de átomos es igual, lógicamente, a la suma de los pesos
atómicos de los átomos constituyentes.
Es necesario introducir otra magnitud, la cantidad de materia, cuya unidad
es el mol. Un mol es la cantidad de materia de un sistema que contiene tantas
entidades elementales como átomos hay en 0,012 kilogramos de
12
C. Se define
el número de Avogadro como la cantidad de átomos de
12
C que hay en una
masa de 0,012 kilogramos. Su valor es: N
A
= 6,0221367 · 10
23
mol
−1
.
La masa de un mol de átomos, moléculas, etc., se denomina masa molar.
La masa molar se expresa en g/mol y su símbolo recomendado es M. A la masa
molar atómica se la suele denominar peso atómico gramo y a la molecular peso
molecular gramo. La masa de un mol de átomos de una determinada especie
atómica coincide con un número de gramos igual a su peso atómico o masa
atómica relativa.
En vez de expresar la masa de los distintos átomos con las unidades habi-
tuales macroscópicas, se emplea una unidad que resulta mucho más natural. Se
trata de la unidad de masa atómica unificada, cuyo símbolo es u, y que, no obs-
tante, suele expresarse en la bibliografía como uma; se define como la doceava
parte de la masa del átomo de
12
C.
En los problemas de ingeniería nuclear, a menudo se hace necesario calcu-
lar el número de átomos contenidos en un centímetro cúbico de una sustancia
correspondientes a cada una de las distintas especies atómicas que componen
dicha sustancia. En esta operación, así pues, se calcula la llamada densidad ató-
mica (átomos por centímetro cúbico) de cada una de las especies. La densidad
atómica de un elemento es N =
ρNA
M
. Para sustancias compuestas de moléculas
individuales, la fórmula a utilizar para calcular la densidad atómica de cada
especie es N
i
= n
i
ρiNA
M
, donde M es la masa de un mol de moléculas y n
i
es el número de átomos de cada una de las especies presentes en la molécula.
La fórmula para obtener la densidad atómica de un isótopo particular i en un
elemento es N
i
=
γiρNA
M
.
2.4. Energía del átomo y del núcleo: estados ex-
citados y radiación
La energía de enlace de un sistema o energía del sistema, se define como la
energía necesaria para separar el sistema en sus constituyentes hasta distancias
lo suficientemente lejanas para que no haya interacción entre ellos. En ese su-
puesto estado, la energía de las partículas —que denominamos E
libre
es igual a
la suma de las masas de las partículas.
A su vez, la energía correspondiente al estado de las partículas en que éstas
se encuentran formando un sistema ligado —energía que representaremos por
E
ligado
— es igual a la masa en reposo del sistema ligado en que se han integrado.
La teoría física actual de la Mecánica Cuántica plantea que la energía de
un sistema puede únicamente tomar ciertos valores de energía —i.e., está cuan-
14 2.5. Energía de enlace del núcleo y del átomo
tizada—. Cuando tal sistema intercambia energía con sus alrededores, lo hace
sólo en cantidades discretas. La idea de la cuantización de la energía, que con-
tradice la teoría clásica de la física newtoniana, ha sido confirmada por toda la
experimentación realizada hasta la fecha.
El estado de menor energía en el que el sistema se encuentra normamente
se denomina estado fundamental. Cuando el sistema posee más energía que la
correspondiente a la de su estado de energía fundamental, se dice que está en
un estado excitado o un nivel de energía excitado. El estado fundamental y los
diversos estados excitados se pueden representar convenientemente mediante un
diagrama de energías de nivel.
Cuando acontece una transición que hace pasar al sistema de un estado
a otro de energía menor, el sistema emite un fotón con una energía igual a la
diferencia entre las energías de los dos estados entre los que se produce la tran-
sición. En definitiva, la diferencia de energía entre los estados se emite en forma
de radiación electromagnética. Ésta, dependiendo de la estructura de niveles del
sistema emisor, tendrá una distribución (o espectro) de energía determinada,
i.e., pertenecerá a una u otra zona del espectro electromagnético, con mayor o
menor intensidad.
El núcleo puede considerarse como un sistema formado a partir de sus cons-
tituyentes, los nucleones. Éstos, al igual que los electrones del átomo, no pueden
estructurarse en niveles de energía arbitraria, sino que sólo se pueden organi-
zar en estados discretos con determinados valores de energía bien definidos. Las
energías de los estados del núcleo y las diferencias energéticas entre los estados
son considerablemente mayores para el caso de los núcleos que para el de los
átomos. Esto se debe al hecho de que las fuerzas nuleares que actúan entre los
nucleones son mucho más intensas que las fuerzas electrostáticas que actúan
entre los electrones y el núcleo.
Los núcleos en estados excitados pueden decaer a un estado de menor ener-
gía emitiendo un fotón con una energía igual a la diferencia entre las energías
de los estados inicial y final. La energía de los fotones emitidos en estas transi-
ciones del núcleo son, por regla general, mucho mayores que las energías de los
fotones que se originan en las transiciones electrónicas del átomo; a tales fotones
se los denomina rayos γ. Un núcleo en estado excitado puede también perder
su energía de excitación por un proceso denominado conversión interna, que se
estudiará posteriormente.
2.5. Energía de enlace del núcleo y del átomo
Se ha encontrado experimentalmente que la masa de un núcleo es menor que
la suma de las masas de sus constituyentes, los nucleones, en aproximadamente
un uno por ciento. Un núcleo que contenga Z protones y N neutrones tiene una
masa M

que puede escribirse así:
M

= Zm
p
+Nm
n
−M

d
,
2. La naturaleza atómica y nuclear de la materia 15
donde m
p
y m
n
son las masas en reposo del protón libre y del neutrón libre,
respectivamente, y M

p
es el defecto de masa del núcleo caracterizado por los
números A y Z. Aplicando la relación de Einstein al defecto de masa se llega
a la expresión:
E
L
(A, Z) = [Zm
p
+Nm
n
−M

(A, Z)] c
2
, (2.1)
donde E
L
representa la energía de enlace o energía de ligadura del núcleo.
1
Por
otra parte, la relación entre la masa atómica M y la masa nuclear M

de un
nucleido dado (A, Z) es:
M = M

+Zm
e
−E
L,e
(A, Z),
donde E
L,e
(A, Z) es la energía de enlace total de todos los electrones en el
átomo cuyo núcleo tiene una masa M

(A, Z). Finalmente, se puede deducir la
expresión:
M

d
= ZM
H
+Nm
n
−M(A, Z)
. .. .
EL(A,Z)
+E
L,e
(A, Z) −ZE
L,e
(2.2)
donde E
L,e
es la energía de enlace entre un átomo de
1
H y su núcleo. Los dos
últimos términos de la ecuación (2.2) se pueden despreciar. El error que se in-
troduce haciendo esto es insignificante debido a que los ZE
L,e
y E
L,e
(A, Z)
son menores que unos pocos keV y tienden a cancelarse entre sí, mientras que
E
L
(A, Z) es del orden de los MeV. La expresión simplificada de dicha ecuación
permite calcular fácilmente la energía de enlace de cualquier núcleo. Se com-
prueba que E
L
aumenta con el número másico, aunque dicho aumento no tiene
lugar a una tasa constante.
Una magnitud más interesante que la energía de enlace del núcleo es la
energía de enlace media por nucleón, que se define, como es natural, como
EL
A
.
El interés de esta magnitud radica en que está mucho más directamente re-
lacionada con la estabilidad del núcleo que la energía de enlace. Físicamente
representa la energía media que debería comunicarse a cada uno de los nucleo-
nes para separarlos completamente unos de otros, i.e., para separar el núcleo
en sus constituyentes. Un núcleo será tanto más estable cuando mayor sea su
energía de enlace por nucleón. A los núcleos con un valor alto de esta magnitud
deberá conferirseles una cantidad de energía comparativamente grande para que
estos sistemas puedan disgregarse; inversamente, cuando se formen a partir de
sus constituyentes, se liberará una cantidad grande de energía.
A partir del estudio de cómo varía la energía de enlace media por nucleón
en función del número másico, se pueden extraer las siguientes conclusiones:
– La energía de enlace E
L
no aumenta con el número másico a una tasa
constante.
1
El factor c
2
, que multiplica la masa para transformarla en energía, se omitirá a partir de
ahora en esta sección, y se tomará como expresión equivalente a la (2.1) la siguiente:
E
L
(A, Z) = Zmp +Nmn −M

(A, Z).
16 2.5. Energía de enlace del núcleo y del átomo
– Hay algunas desviaciones importantes en los datos respecto a la curva de
ajuste para valores bajos de A, mientras que por encima de A = 50 la
curva presenta una variación suave.
– Los valores de
EL
A
varían de una manera irregular para núcleos ligeros
A < 20, pudiéndose destacar dos hechos: el primero es el bajo valor (1,113
MeV) por nucleón para el deuterio (
2
H); el segundo es que se observa un
rápido aumento de de
EL
A
, existiendo un máximo significativo para A = 4,
correspondiente al
4
He, de 7, 07 MeV por nucleón, y otros máximos para
A = 4n, que corresponden a los nucleidos
8
Be,
12
C,
16
O,
20
Ne.
– Para A > 20,
EL
A
permanece en una franja bastante estrecha de energía,
entre 7,3 MeV y 8,7 MeV. A partir de A = 20, aumenta hasta llegar a un
máximo de 8,7 MeV por nucleón alrededor de A = 60 y después disminuye
lentamente hasta un valor de 7,6 MeV por nucleón para A = 240. Este
decrecimiento es más acusado para A > 150. Puesto que la masa de un
neutrón o protón, medida en unidades de energía, es de unos 931 MeV, en
una primera aproximación, se puede decir que el defecto de masa de los
nucleidos en la región de A < 20 es del orden de
9
931
, i.e., alrededor del
uno por ciento.
El comportamiento de la curva permite determinar los procesos mediante los
que es posible obtener energía de origen nuclear. Se liberará energía siempre que
uno o más núcleos se transformen y pasen a una configuración más estable, i.e.,
con una mayor energía de enlace por nucleón. La citada curva sugiere claramente
dos tipos de procesos: por un lado, procesos basados en unir dos núcleos ligeros
para formar, al menos, un núcleo más pesado y estable (reacciones de fusión);
por otro, procesos basados en dividir un núcleo muy pesado en dos núcleos más
ligeros y más estables (reacciones de fisión). Veamos qué energía se liberaría en
cada proceso.
En el caso de la fusión, supóngase que dos núcleos de deuterio
2
H se unen
para formar un núcleo de helio-4,
4
He. Considerando las energías de enlace
por nucleón del
2
H (1,113 MeV) y del
4
He (7,07 MeV), se tiene que hay una
ganancia de energía de enlace del sistema —o sea, una liberación de energía
en el proceso— de 5,96 MeV por nucleón. Puesto que en el proceso intervienen
cuatro nucleones, la energía liberada es aproximadamente 24 MeV.
Para el caso de la fisión, considérese un núcleo de uranio-235 que se fisiona
en dos fragmentos de aproximadamente igual masa, por ejemplo A = 117 y
A = 118. Hay una ganancia de energía de enlace del sistema de 0, 9 MeV por
nucleón. Puesto que en el proceso intervienen 235 nucleones, la energía liberada
es aproximadamente 211 MeV.
Introduzcamos ahora un nuevo concepto, que hay que distinguir claramente
del de energía de enlace por nucleón. Ésta se refiere a un promedio sobre todos
los nucleones de el núcleo, y no a ninguno de los nucleones en concreto. Pero a
veces, es preciso conocer la energía de enlace de un nucleón particular contenido
en el núcleo —i.e., la cantidad de energía necesaria para extraer al nucleón del
núcleo—. A esta energía de enlace se la denomina energía de separación (E
S
), y
es enteramente análoga a la energía de ionización del electrón en el átomo. Por
2. La naturaleza atómica y nuclear de la materia 17
ejemplo, la E
S
del neutrón menos ligado del núcleo —llamado último neutrón—
se calcularía como:
E
S
=

M
n
+M ·
A−1
Z
X −M ·
A
Z
X

· 931 MeV/u.
La energía E
S
es la justa necesaria para expulsar el neutrón del núcleo sin
suministrarle nada de energía cinética. A su vez, si el proceso se reinvierte y un
neutrón sin energía cinética es absorbido por un núcleo
A−1
Z
X, la energía que se
libera es igual a E
S
.
Aparte del concepto de energía de separación del último neutrón —o, co-
mo comúnmente se denomina, energía de separación del neutrón—, en Física
Nuclear también son de interés los conceptos de energía de separación de un
protón, de una partícula alfa, etc. y, en definitiva, el concepto de la energía de
separación de una partícula de un núcleo. El concepto de energía de separación
del neutrón es el más importante de ellos dentro de la Tecnología de Reactores.
2.6. Fuerzas en la Naturaleza y fuerzas entre nu-
cleones
Las distintas formas de energía potencial contenida en los sistemas de par-
tículas que existen en la Naturaleza están asociadas a distintos tipos de fuerzas.
En la Naturaleza existen cuatro tipos de fuerzas entre los cuerpos físicos, a par-
tir de las cuales se sistematiza nuestro conocimiento actual de los fenómenos
físicos. Estas cuatro fuerzas son: gravitacional, electromagnética, fuerte y débil.
Todas las otras fuerzas que podrían parecer necesarias para explicar un fenóme-
no nado —como, por ejemplo, la fuerza de rozamiento actuando sobre un objeto
en movimiento en el seno de un fluido— son realmente formas simplificadas de
describir fenómenos demasiado difíciles de describir directamente en términos
de las interacciones básicas, y representan la manifestación macroscópica de las
fuerzas básicas que actúan a nivel microscópico entre las partículas de los siste-
mas. Las cuatro fuerzas se describen en términos de su campo asociado, y han
de considerarse como fuerzas que actúan a distancia.
Antes del nacimiento de la Física Nuclear, las dos fuerzas conocidas eran
la gravitacional y la electromagnética. Sin embargo, las propiedades conocidas
de los núcleos no se podían explicar basándose en esos dos tipos de fuerzas.
Incluso la propiedad más simple y aparente es inexplicable en función de ellas.
Todo núcleo contiene protones que se repelen entre sí electrostáticamente. Estas
fuerzas repulsivas se deben contrarrestar por una fuerza atractiva: si esto no
ocurriera, los núcleos no podrían existir como entidades estables. Obviamente,
dicha fuerza no puede ser la fuerza gravitacional, pues para un par de protones
es aproximadamente 36 órdenes de magnitud más débil que la electrostática.
Es la interacción fuerte —o fuerza nuclear fuerte— la que asegura la cohe-
sión del núcleo ejerciendo una atracción muy intensa entre los nucleones. Estas
fuerzas fuertes son las que compensan la repulsión coulombiana de los protones
en el núcleo. Sólo se ejerce a distancias muy cortas, del orden de unos pocos
diámetros de núcleo; es decir, su radio de acción es de unos pocos fermios. La
18 2.6. Fuerzas en la Naturaleza y fuerzas entre nucleones
fuerza nuclear fuerte es mucho más intensa que la fuerza coulombiana. Así, para
separaciones del orden de un fermio, la fuerza nuclear entre dos protones es del
orden de cincuenta veces más intensa que la repulsión coulombiana. A distan-
cias de cuatro fermios, las fuerzas fuerte y coulombiana son aproximadamente
iguales, mientras que a 25 fermios, la fuerza fuerte es ya seis órdenes de magni-
tud inferior a la coulombiana. Por otra parte, la fuerte repulsión que aparece a
distancias muy pequeñas evita el colapso total de la materia nuclear.
La interacción débil —o fuerza nuclear débil — es responsable de que ocu-
rran ciertos fenómenos radiactivos, como por ejemplo la desintegración beta—.
Su existencia fue postulada por Enrico Fermi en 1930 en el desarrollo de una
teoría cuantitativa de la desintegración beta. Su radio de acción es extremada-
mente corto —de algunas centésimas el tamaño de un nucleón— y es alrededor
de cien mil veces más débil que la interacción fuerte. Sin embargo, es la principal
responsable de las reacciones termonucleares que permiten al Sol y las estrellas
emitir energía al exterior.
En la evolución de todo sistema aislado de partículas, independientemente
del tipo de fuerza que actúe entre las mismas, hay ciertas magnitudes físicas
que se conservan, que no cambian con el tiempo. Dos de las leyes generales de
conservación son la conservación de la cantidad de movimiento y la conserva-
ción de la masa-energía. La conservación de la carga también se verifica en la
evolución de todo tipo de sistemas aislados.
En el caso concreto de los procesos regidos por la interacción nuclear, aparte
de las tres leyes de conservación mencionadas, también se verifica la conservación
del número de nucleones. Además de éstas, existen otras leyes de conservación
como las de la paridad, momento angular e isoespín total. En los procesos nu-
cleares en los que la fuerza responsable es la interacción débil, la paridad y el
isoespín, en general, no se conservan.
Las leyes de conservación son de enorme importancia, pues limitan el núme-
ro de posibilidades y fijan los cauces por los que ha de discurrir un proceso. En
el campo particular de los procesos nucleares, esto se traduce en que, mediante
ellas, es fácil predecir si un determinado nucleido puede o no experimentar un
tipo concreto de desintegración, o si es posible que una determinada reacción
nuclear pueda producirse, etc., todas ellas cuestiones, lógicamente, de enorme
importancia.
Capítulo 3
Radiactividad y reacciones
nucleares
3.1. Estabilidad nuclear y desintegración radiac-
tiva
Los nucleidos que se encuentran en la naturaleza pueden ser estables e ines-
tables. Los nucleidos inestables se caracterizan por experimentar el fenómeno de
desintegración radiactiva o radiactividad: un nucleido se desintegra de manera
espontánea, emitiendo radiación —partículas de distinto tipo o rayos γ— y se
transforma en un nucleido diferente, que a su vez puede ser estable o inesta-
ble. Si el nucleido producido es inestable se repite el proceso hasta que al final,
después de una cadena de procesos radiactivos, se obtiene un nucleido estable.
A los nucleidos inestables también se les denomina nucleidos radiactivos, radio-
nucleidos o, más impropiamente, radioisótopos —término ya prácticamente en
desuso—.
En este epígrafe, se abordará el problema de la estabilidad de forma se-
miempírica, tratando de ver si los núcleos estables presentan algún tipo de sis-
temática. Para ello, es útil dibujar el diagrama Z-N, también denominado tabla
de nucleidos o carta de Segré. En estos diagramas, los isótopos estarán sobre
rectas paralelas al eje de ordenadas; los nucleidos con igual número de neutro-
nes —denominados isótonos— estarán sobre rectas paralelas al eje de abscisas y
los nucleidos con igual número másico —denominados isóbaros— estarán sobre
rectas perpendiculares a la recta N = Z. El análisis del gráfico permite extraer
las siguientes conclusiones:
– Los nucleidos estables están situados dentro de una franja relativamente
estrecha, conocida como franja de estabilidad—, comprobándose cómo al
crecer Z para que el átomo sea estable, debe crecer simultáneamente la
relación
N
Z
.
– Para los nucleidos ligeros, A < 20, los nucleidos estables se agrupan en
torno a la recta N = Z. Para valores mayores de A, los nucleidos esta-
20 3.1. Estabilidad nuclear y desintegración radiactiva
bles presentan un número de neutrones N superior al de protones Z. En
este caso, la relación
N
Z
es mayor que uno y para A > 50 tiende aproxi-
madamente a 1,6. Estos neutrones extra necesarios para estabilizar a los
nucleidos más pesados actúan como si fueran pegamento nuclear, que man-
tiene el núcleo cohesionado compensando las fuerzas eléctricas repulsivas
entre los protones cargados positivamente.
– Las configuraciones de nucleones pares son más estables.
– Fijémonos en el número de isótopos que encontramos según sea el valor de
Z y en el número de isótonos según sea el valor de N. El número de ellos
varía significativamente al variar Z en el caso de los isótopos, y N en el de
los isótonos. En particular, se observa que por lo general hay más isótopos
si Z es igual a 8, 20, 28, 50, 82 o 126, y más isótonos si N tiene los mismos
valores. Los nucleidos para los que N o Z tienen alguno de estos valores
se llaman nucleidos mágicos y a los citados números, números mágicos.
Algunos nucleidos tienen ambos números N y Z mágicos, y son por ende
excepcionalmente estables.
Las razones de la estabilidad e inestabilidad de los nucleidos se explican en
base a la naturaleza y propiedades de las fuerzas nucleares. La conclusión más
relevante es que solamente ciertas combinaciones de neutrones y protones dan
lugar a núcleos estables. Éstos se encuentran dentro de la denominada franja
de estabilidad, y los nucleidos situados por encima y por debajo de las curvas
que delimitan dicha franja son radiactivos. Éstos, a su vez, se desintegran, de
forma que —mediante un único proceso o mediante una cadena de ellos— se
convierten finalmente en un nucleido estable situado, por tanto, dentro de la
franja de estabilidad.
3.1.1. Procesos de desintegración radiactiva
Desintegración β
+
Los nucleidos con defecto de neutrones experimentan la
desintegración β
+
. Este proceso consiste en la emisión de un positrón (e
+
) y un
neutrino (ν) por el núcleo padre
A
Z
X, que se transforma en un núcleo hijo
A
Z−1
X.
La ecuación del proceso es:
A
Z
X −→
A
Z−1
X +e
+
+ν.
Este proceso puede explicarse suponiendo que existe un mecanismo por el que
uno de los protones en el núcleo se transforma en un neutrón, un positrón y un
neutrino. La ecuación representativa, por tanto, puede escribirse de forma más
condensada: p −→n +e
+
+ν.
El protón libre es estable y la transformación anterior puede ocurrir en
el interior de un núcleo atómico gracias a que un protón puede recibir de los
restantes nucleones la energía necesaria para realizarla. El neutrino, por su parte,
es una partícula con masa en reposo prácticamente nula, sin carga eléctrica y
que apenas interacciona con la materia. En cuanto al nucleido producido en la
desintegración β
+
, se observa que es un isóbaro del inicial. En el proceso hay un
cambio en la identidad de uno de los nucleones, reduciéndose en uno el número
de protones para que de esta forma el núcleo resultante sea más estable.
3. Radiactividad y reacciones nucleares 21
Desintegración β

Los nucleidos con un exceso de neutrones experimentan
el proceso de desintegración β

, emitiendo un electrón y un neutrino:
A
Z
X −→
A
Z−1
X +e

+ν.
En esta transformación se transforma en un protón y el número atómico del
producto resultante aumenta en una unidad. La ecuación del proceso puede
expresarse como: p −→n +e

+ν.
El proceso que acontece en el núcleo del átomo de conversión de un neutrón
en un protón, un electrón y un neutrino, también se realiza cuando se trata
de un neutrón libre. Si bien los neutrones en el interior de un núcleo atómico
estable son, a su vez, estables, no lo son en estado libre, y con un período de
desintegración de unos catorce minutos experimentan la transformación men-
cionada.
Características comunes a ambas desintegraciones β Un nucleido que expe-
rimente desintegración β da origen a electrones (o positrones) que se emiten con
un espectro de energía continua, i.e., pueden tener cualquier energía compren-
dida entre 0 y una energía máxima E
máx
. Las energías máximas de los espectros
pueden variar entre, aproximadamente, 18 keV para el
3
H hasta 13 MeV para
el
12
B, pero en general no suelen superar los 5 MeV. Frecuentemente, el núcleo
hijo resultante de la desintegración β es también inestable y experimenta otra
desintegración β. Esto conduce a una cadena de desintegración.
Captura electrónica Un núcleo con defecto de neutrones puede también au-
mentar su número de neutrones por captura electrónica. En este proceso, el
núcleo captura uno de los electrones atómicos —generalmente pertenecientes a
las capas más internas y ligadas—, el cual se une a un protón, convirtiéndose
en un neutrón y emitiendo un neutrino:
A
Z
X +e

−→
A
Z−1
X +ν.
El vacío producido en la nube electrónica es llenado posteriormente por otro
electrón de un nivel energético superior, con la consiguiente emisión de radiación
γ, característica del elemento hijo.
Desintegración α Este proceso consiste en la emisión de una partícula α por
el núcleo padre
A
Z
X, que se transforma en un núcleo hijo
A−4
Z−2
X. La partícula α
es el núcleo del nucleido
4
2
He y tiene la propiedad de ser muy estable. El proceso
se representa mediante la ecuación:
A
Z
X −→
A−4
Z−2
X +α.
La desintegración por emisión de partícula α es comparativamente muy infre-
cuente en nucleidos más ligeros que los del plomo, pero es común a los nucleidos
más pesados. Las partículas α se emiten con un espectro de energías discreto,
cualitativamente similar al espectro energético de los fotones emitido por los
átomos excitados.
22 3.1. Estabilidad nuclear y desintegración radiactiva
Desintegración γ, conversión interna y transiciones isoméricas El núcleo
formado como resultado de una desintegración β (β
+
o β

), captura electrónica
y desintegración α, queda habitualmente en un estado excitado. El núcleo hijo
excitado normalmente se desexcita y desintegra muy rápidamente —en menos
de un nanosegundo— mediante emisión de radiación γ y también mediante el
denominado proceso de conversión interna.
Un núcleo excitado por desintegración γ puede alcanzar directamente el
estado fundamental mediante emisión de un fotón γ, o bien lo puede hacer pa-
sando sucesivamente por diferentes estados excitados de decreciente energía, con
la correspondiente emisión sucesiva de fotones γ. El proceso se puede representar
como:
A
Z
X

−→
A
Z
X + γ.
Un núcleo en estado excitado puede también perder su energía de excitación
por conversión interna. En este proceso, la energía de excitación del núcleo se
transmite directamente a un electrón orbital del átomo, el cual es emitido con
una energía cinética E
e
igual a la diferencia entre la energía de excitación y la
energía de enlace del electrón emitido. El proceso puede representarse así:
E
e
= E
i
−E
f
−E
L,e
,
siendo E
i
y E
f
las energías de los estados inicial y final del núcleo y E
Le
la
energía de enlace del electrón emitido.
En general, la mayoría de los núcleos en estados excitados permanecen en
dicho estado —desde el instante en que se forman hasta que se desintegran
por emisión de rayos γ o por conversión interna— un espacio de tiempo muy
pequeño, comprendido entre 10
−14
y 10
−11
segundos. Sin embargo, debido a
las peculiaridades de su estructura interna, ciertos estados excitados pueden
sobrevivir durante un largo tiempo. Estos estados de vida larga se denominan
estados isoméricos o metaestables. Un núcleo en estado isomérico se desintegra
normalmente al estado fundamental siguiendo un proceso denominado transi-
ción interna o isomérica —emisión de rayos γ o conversión interna—, aunque
también puede experimentar la desintegración α o β.
Como conclusión general de lo expuesto, se puede decir que un núcleo sin
el número necesario de protones y neutrones para ser estable se desintegra por
emisión de rayos α o rayos β o por captura electrónica, procesos que suelen ir
acompañados de la subsiguiente emisión de rayos γ. Finalmente, es necesario
hacer hincapié en que las transiciones radiactivas que puede experimentar un
núcleo atómico no son arbitrarias, sino que están sujetas a una serie de leyes de
conservación que, obviamente, también rigen para las reacciones nucleares.
3.1.2. Ley fundamental de la desintegración radiactiva: cál-
culos de radiactividad
Hay una sola ley que gobierna todos los procesos de desintegración, sean del
tipo que sean. Esta ley establece que la probabilidad de que un núcleo dado se
desintegre en la unidad de tiempo es una constante independiente del instante
3. Radiactividad y reacciones nucleares 23
de vida considerado, i.e., independiente de la edad del núcleo. Esta constante
se denomina constante de desintegración y se representa por λ. Así, se cumple:

dN
dt
= λN(t), y por tanto N(t) = N
0
e
−λt
. (3.1)
Otra magnitud muy útil para caracterizar la velocidad de desintegración es el
llamado período de semidesintegración o simplemente período (half-life), que
se define como el tiempo que ha de transcurrir para que el número de átomos
radiactivos se reduzca a la mitad y se suele simbolizar por T o T
1/2
. Se tiene
que T =
ln 2
λ
. Cuanto mayor sea la constante de semidesintegración de un ra-
dionucleido, más rápidamente se desintegrará y menor será su período. De esta
definición, se tiene que la ecuación (3.1) puede expresarse como:
N(t) = N
0
e
−0,693tT
. (3.2)
En general, esta ecuación resulta más atinada que la (3.1), dado que las tablas
de datos nucleares recogen usualmente la información relativa a los períodos de
los radionucleidos, y no de las constantes de semidesintegración.
Otro parámetro de cierto interés que también se utiliza para caracterizar
la evolución temporal de una sustancia radiactiva es la vida media (mean life),
τ, que se define como el valor medio de la vida de un átomo radiactivo. Se
demuestra que τ y λ son magnitudes inversamente proporcionales, y por tanto
que T = 0, 693τ.
Se define la actividad de una muestra o sustancia radiactiva como el número
de átomos que se desintegran en la unidad de tiempo. Sea una muestra radiactiva
con N(t) núcleos en el instante t, cada uno de ellos con la misma constante de
desintegración, λ; la actividad de la muestra en el instante t vendrá dada por:
A(t) = λN(t).
La unidad de actividad en el Sistema Internacional es el becquerel (Bq), siendo
1 Bq = 1 desintegración por segundo; sin embargo, la unidad de actividad que
más se usa en la práctica es el curie (Ci), siendo 1 Ci = 3,7· 10
10
Bq. Se utilizan
varios múltiplos y submúltiplos: kilocurie, milicurie y microcurie.
El concepto actividad específica (A
esp
) se introduce para dar cuenta de la
masa o del volumen del material radiactivo en el que se producen las transfor-
maciones radiactivas. Se mide en becquerel por kilogramo o por metro cúbico,
bien en curie por gramo o por centímetro cúbico.
Muchos radionucleidos se desintegran siguiendo un único proceso, pero tam-
bién hay un número importante de ellos que pueden desintegrarse por dos o
incluso por tres modos diferentes. A este proceso se le denomina ramificación.
Para los casos en los que un radionucleido se desintegre por vía múltiple, pode-
mos definir la constante de desintegración total como la suma de las constantes
de desintegración parciales: λ =
¸
λ
i
.
La probabilidad de que la desintegración del nucleido acontezca median-
te un modo determinado se denomina fracción de ramificación para el proceso
particular R
i
, y se define como el cociente entre la constante de desintegración
24 3.1. Estabilidad nuclear y desintegración radiactiva
del proceso particular y la constante de desintegración total: R
i
=
λi
λtot
. En las
tablas de datos nucleares la información que suele aparecer para cada radio-
nucleido es su período y las fracciones de ramificación correspondientes a cada
uno de los procesos de desintegración que el nucleido puede experimentar. En el
caso de que alguno de los nucleidos experimente una cadena de desintegración
radiactiva del tipo:
A
λA
−−→B
λB
−−→C
λC
−−→· · ·
El sistema de ecuaciones diferenciales que rige la evolución temporal del número
de átomos de los distintos nucleidos A, B, C, etc., se puede obtener fácilmente
mediante simples ecuaciones de balance, del tipo:
dN
i
dt
= Fuentes −Sumideros.
La ecuación general que da el número de isótopos del nucleido i en el instante
t en función de las constantes de desintegración de todos los otros nucleidos de
la serie fue obtenida por Bateman en 1910. Si N
1
(0) es el número de átomos
del primer nucleido de la serie en el instante t = 0 y N
i
(0) = 0 para i > 1, la
ecuación de Bateman adopta la forma:
N
i
(t) = λ
1
λ
2
· · · λ
i−1
i
¸
j=1
e
−λjt
i
¸
k=1
k=j

k
−λ
j
)
(3.3)
3.1.3. Radiactividad natural y artificial
Se conocen con el nombre de nucleidos radiactivos naturales o fuentes natu-
rales de radiación aquellos nucleidos emisores de radiación presentes en la Tierra
que no han sido originados a causa de la actividad humana. La radiactividad
natural proviene bien de los radionucleidos presentes en la corteza terrestre (nu-
cleidos primigenios) o bien de los nucleidos producidos por la interacción de los
rayos cósmicos con la atmósfera (nucleidos cosmogénicos).
Los nucleidos radiactivos artificiales (nucleidos antropogénicos) o fuentes
artificiales de radiación son aquellos que han sido producidos como resultado
de alguna actividad humana.
La división entre ambas clases de radiactividad, aunque carece de sentido
físico —las leyes que gobiernan ambas son, obviamente, las mismas— posee un
valor histórico, puesto que la radiactividad fue descubierta por Becquerel en
1895, merced a la existencia en la naturaleza de nucleidos radiactivos, concre-
tamente el uranio (que veló las célebres placas fotográficas de Becquerel). En
cambio, la radiactividad artificial fue descubierta mucho después, en 1934, cuan-
do Curie y Joliot comprobaron que podían fabricarse artificialmente átomos
radiactivos por medio de reacciones nucleares.
3. Radiactividad y reacciones nucleares 25
3.2. Reacciones nucleares: introducción
Una reacción nuclear es un proceso de interacción entre dos partículas, en
el que la fuerza operativa es la fuerza nuclear fuerte. Normalmente, una de las
partículas posee mucha mayor velocidad que la otra. A la partícula rápida se
la denomina proyectil, mientras que a la más lenta se la llama blanco. Para las
energías de las partículas proyectil presentes en las instalaciones nucleares de
interés (E < 20 MeV), las reacciones nucleares producen habitualmente dos
productos finales.
La reacción nuclear es un caso particular de lo que en física se denomina
colisión; a este respecto, su tratamiento es idéntico al de cualquier otro tipo de
colisión. En general, uno de los productos de la reacción es ligero y el otro pesado.
No obstante, en algunos casos ambos productos tienen masas comparables, e
incluso idénticas.
3.2.1. Cinemática de una reacción nuclear
Por cinemática de una colisión se entiende el análisis de la interacción basa-
do solamente en las leyes generales de conservación, que son independientes del
tipo de fuerzas entre las partículas. Para el propósito de este texto, es suficiente
considerar cuatro de las leyes fundamentales que gobiernan todos los procesos
nucleares, ya sean reacciones o desintegraciones: la conservación de los nucleo-
nes, la conservación de la carga, la conservación de la energía y la conservación
de la cantidad de movimiento.
El principio de conservación de la energía, entre otras aplicaciones, se puede
usar para predecir si cierta reacción es energéticamente posible. Si se trata de
una reacción del tipo a +b −→c +d, el principio de conservación de la energía
permite formular la siguiente ecuación:
E
c
+E
d
. .. .
EC
f
−E
a
+E
b
. .. .
EC
i
= [(M
a
+M
b
) −(M
c
+M
d
)] c
2
. .. .
Q
, (3.4)
donde E
Ci
y E
C
f
son las energías cinéticas inicial y final del sistema y Q repre-
senta la energía correspondiente a la diferencia entre las masas en reposo de las
partículas iniciales y finales. En todos los cálculos y tabulaciones, Q se expresa
siempre en MeV. Si Q > 0, la reacción es exoenergética. En estas reacciones hay
una cierta ganancia de energía cinética, que se traduce en una pérdida en la
masa nuclear de las partículas. Obviamente, que el proceso sea exoenergético
significa que las reacciones pueden ocurrir sin aportación de energía externa, no
que realmente ocurran de manera espontánea. Pueden existir barreras de poten-
cial que impidan la ocurrencia espontánea del proceso, el cual sólo se producirá
si se comunica al sistema inicial una cierta cantidad de energía que sirva para
activar el proceso, que una vez iniciado se desarrollará liberando una cantidad
neta positiva de energía.
Si Q < 0, hay una disminución en la energía cinética de las partículas, y
por tanto un aumento de la masa en reposo. A este tipo de reacciones se las
26 3.2. Reacciones nucleares: introducción
denomina endoenergéticas. Una propiedad importante de estas reacciones es la
denominada energía umbral de la reacción. Si el proyectil es una partícula con
masa, la energía umbral se define como la mínima energía cinética que ha de
poseer para que la reacción se pueda producir. Si el proyectil es un rayo γ, se
define de forma análoga, como la mínima energía que el rayo ha de poseer para
que se pueda producir. Las reacciones exoenergéticas no presentan umbral real,
aunque sí pueden presentar un umbral práctico o aparente ligado a la existencia
de barreras de potencial.
En el caso de reacciones del tipo a+b −→c+d, suponiendo que la partícula
b está en reposo y la a es el proyectil, se puede demostrar que la expresión para
la energía umbral, E
au
, es la siguiente:
E
au
= −Q
M
a
+M
b
M
b
.
Es interesante obtener la expresión el valor de Q en términos de las masas de los
átomos neutros que contienen a esos núcleos y así poder hacer uso de las tablas
de masas atómicas para evaluar dicha expresión. Partiendo de la definición de
Q anteriormente mencionada, se llega a:
Q = [((M
a
+ Z
a
m
e
) + (M
b
+Z
b
m
e
)) −((M
c
+Z
c
m
e
)
+(M
d
+Z
d
m
e
))] · 931 MeV,
(3.5)
donde m
e
es la masa del electrón y Z
i
, con i = a, . . . , d, son los números atómicos
de los elementos relacionados por la reacción nuclear. Dado que la diferencia
entre las energías de enlace de los electrones del primer y segundo término
de la igualdad es despreciable y que las masas de los electrones en el primer y
segundo término de la igualdad (3.5) se compensan completamente, la conclusión
que se obtiene es que la definición de Q de la ecuación (3.4) es una fórmula
suficientemente válida, en la que las M
i
pueden interpretarse como las masas
de los átomos neutros en cuestión, aunque en la reacción nuclear los verdaderos
sujetos sean los núcleos atómicos.
1
3.2.2. Sección eficaz microscópica. Tasas de reacción
Sea una sustancia sometida al bombardeo de determinadas partículas; co-
mo consecuencia de dicho bombardeo, ocurrirán diversas reacciones nucleares
distintas. Interesa saber, para cada tipo de reacción, el ritmo o la tasa de reac-
ciones nucleares, i.e., el número de reacciones nucleares de un determinado tipo
que tienen lugar por unidad de volumen y de tiempo en cada punto del reactor.
Para muchos tipos de interacciones, la tasa de reacciones de un determinado
tipo se puede describir en términos de una magnitud conocida como sección
eficaz microscópica. Ésta es una magnitud escalar directamente proporcional a
la tasa de producción de ese tipo de reacción.
1
El que Q se pueda evaluar a partir solamente de las masas atómicas es de gran utili-
dad, puesto que para las masas de la mayoría de los núcleos desnudos no se dispone de una
información lo suficientemente exacta.
3. Radiactividad y reacciones nucleares 27
Es razonable suponer, tal como la realidad confirma, que el número de in-
teracciones de un determinado tipo por unidad de volumen y tiempo (R
j
) es
directamente proporcional a la concentración de las partículas B del material
blanco, R ∝ [B] y directamente proporcional a la concentración de las partículas
proyectil A, R
j
∝ [A]. El número de interacciones que ocurren en un determina-
do intervalo de tiempo es proporcional al número de partículas A que atraviesan
la región considerada en ese intervalo temporal; por tanto la tasa de interaccio-
nes es también directamente proporcional a la velocidad de las partículas A,
R
j
∝ v
a
. Puesto que éstas son las únicas variables implicadas, se puede escribir:
R
j
∝ v
a
[A][B].
Falta, por tanto, encontrar la constante de proporcionalidad de esta ecuación.
Históricamente, se ha empleado σ para denotarla; σ no es una constante univer-
sal, sino una función —de estructura extraordinariamente compleja en algunos
casos— que depende de las partículas A y B que sufren la reacción, del tipo
de reacción y de la energía o velocidad de la partícula proyectil A. Así, puede
escribirse:
R
j
= σ
abj
(E
a
)v
a
[A][B]. (3.6)
Debido a que las dimensiones de la constante de proporcionalidad σ son las de
un área, se la denomina sección eficaz. En concreto, σ
abj
(E
a
) es la sección eficaz
microscópica de un blanco constituido por partículas B para la reacción tipo j
y partículas incidentes A de energía cinética E
a
.
Las secciones eficaces microscópicas para interacción entre neutrones y nú-
cleos, así como para interacción de rayos γ y átomos son, por lo general, del
orden de 10
−24
cm
2
. Por ello, la unidad de sección eficaz que se utiliza habitual-
mente es el barnio o barn, siendo 1 b = 10
−24
cm
2
. Teniendo en cuenta que el
producto v
a
[A] = Φ
a
, siendo Φ
a
el flujo escalar o flujo de partículas tipo A, la
ecuación (3.6) queda en la forma:
R
j
= σ
abj
(E
a

a
[B].
Si se conoce la densidad de las partículas de la especie blanco y el flujo, y
medimos la tasa de un determinado tipo de reacciones, se puede determinar la
sección eficaz microscópica como σ
abj
=
Rj
[B]Φa
.
Normalmente, las partículas B son núcleos o átomos que, a efectos prác-
ticos, se pueden considerar en reposo en el laboratorio y, por lo general, las
partículas A en movimiento rápido (los proyectiles) son neutrones o rayos γ. Sin
embargo, se ha de considerar que hay interacciones en las que ambas especies
de partículas están en movimiento. En este caso, la distinción entre partículas
blanco y proyectil no tiene significado, y la ecuación generalizada para la tasa
de reacciones se puede escribir como:
R
j
= σ
abj
(E
ab
)v
ab
[A][B],
donde v
ab
es la velocidad relativa entre las partículas A y B. La sección eficaz
para las distintas reacciones es función de esa velocidad relativa o, equivalente-
mente, de la energía cinética relativa.
28 3.2. Reacciones nucleares: introducción
Las reacciones sufridas por las partículas blanco B pueden ser de distinto
tipo (j, k, l, . . . ). La tasa total de reacciones que sufren las partículas B consti-
tuyentes de la sustancia blanco se puede expresar como:
R
tot
=

σ
abj

ab
k

ab
l
+· · ·

Φ
a
[B].
Denominamos sección eficaz microscópica total, σ
tot
, a la suma de secciones
eficaces de cada uno de los procesos que puede experimentar una partícula B
con proyectiles A de una determinada velocidad, σ
tot
=
¸
i
σ
abi
(E
a
). De este
modo, naturalmente,
R
tot
= σ
tot
(E
a

a
[B].
3.2.3. Sección eficaz macroscópica y recorrido libre medio
Se denomina sección eficaz macroscópica de una reacción al producto de la
sección eficaz microscópica de dicha reacción y la densidad de las partícula del
blanco. Del mismo modo, se puede definir la sección macroscópica total como el
producto de la sección eficaz microscópica total y la densidad de las partículas
del blanco. Históricamente se ha empleado Σ para representar la sección eficaz
macroscópica cuando las partículas proyectil son neutrones; cuando son fotones,
se ha empleado µ. Así:
R
j
=

Σ
abj
Φ
a
para neutrones,
µ
abj
Φ
a
para fotones,
(3.7)
siendo Σ
abj
= σ
abj
[B] o µ
abj
= σ
abj
[B] según se trate de neutrones o fotones.
En la ecuación (3.7) de tasa de reacciones aparecen ahora sólo dos paráme-
tros: la sección eficaz macroscópica y el flujo. La primera totaliza la información
necesaria sobre la especie que constituye el blanco, englobándose en dicho pa-
rámetro las características nucleares del nucleido y su densidad. El flujo, a su
vez, totaliza la información sobre las partículas proyectil. Las dimensiones de
la sección eficaz macroscópica son la inversa de la longitud, y se utiliza como
unidad convencional el cm
−1
.
En el caso común de tener un material compuesto por distintos nucleidos, la
sección eficaz total del compuesto es la suma de las secciones eficaces macroscó-
picas correspondientes a los diversos nucleidos que lo integran: Σ
j
=
¸
i
σ
ji
[B
i
].
La capacidad de un medio para reaccionar con los neutrones que inciden
sobre él —o, lo que es equivalente, para atenuar su flujo— es función de Σ.
Supongamos un cierto flujo de neutrones colimados y monoenergéticos. Este
haz tiene una intensidad de I
0
n/cm
2
s e incide perpendicularmente sobre la
superficie externa de un cierto material, compuesto por dos partículas B de un
solo nucleido. Consideremos en el interior del mismo dos planos infinitamente
próximos y paralelos a la superficie externa, situados a distancias x y x + dx
respectivamente. Nos interesa conocer la intensidad I(x) de los neutrones que
penetran en el material a una distancia x sin haber experimentado ninguna
interacción o colisión. A esta intensidad I(x) se la denomina intensidad residual
del haz tras haber atravesado un espesor x de material. Se demuestra que:
I(x) = I
0
e
−Σtx
.
3. Radiactividad y reacciones nucleares 29
Otra cuestión importante es hallar la longitud que, como promedio, pene-
trará en el material un neutrón del haz sin haber participado hasta entonces
en ninguna reacción nuclear. A este valor se le denomina recorrido libre me-
dio. Para su cálculo hay que definir una probabilidad compuesta que evalúe la
probabilidad de que los neutrones atraviesen el medio sin colisionar hasta una
distancia x y además sufran una colisión en el intervalo entre x y x + dx. Ello
nos dará una función de densidad con la que se podrá evaluar el recorrido li-
bre medio como la esperanza matemática de dicha distribución estadística. La
probabilidad compuesta se podría escribir como p(x)dx = p
1
(x)p
2
(x)dx, donde:
p
1
(x) =
I(x)
I
0
= e
−Σtx
y p
2
(x)dx =
Σ
t
I(x)dx
I(x)
= Σ
t
dx,
de modo que la función de probabilidad compuesta es:
p(x)dx = Σ
t
e
−Σtx
dx (3.8)
y la esperanza matemática de la función de probabilidad de la ecuación (3.8) es
1
Σt
.
Así se concluye que el recorrido libre medio es precisamente el inverso de la
sección eficaz macroscópica total del material en cuestión. En la bibliografía se
suele denotar como λ
t
. Un determinado material con unas dimensiones dadas
puede ser «efectivamente delgado» para unos neutrones porque el recorrido libre
medio de éstos sea muy largo para la velocidad que tiene; y, sin embargo, puede
ser muy ancho para otros neutrones porque el recorrido libre medio de estos
neutrones, con diferente velocidad, sea muy pequeño respecto de sus dimensiones
físicas. En relación con estas circunstancias, se ha introducido el concepto de
espesor óptico, que se define como el cociente entre el espesor geométrico y el
recorrido libre medio.
Por último, es preciso indicar que el recorrido libre medio de una reacción
particular j es λ
j
=
1
Σj
. Se cumple además que la suma de los inversos de
los recorridos libres medios de las distintas reacciones es igual al inverso del
recorrido libre medio total:
1
λt
=
1
λj
+
1
λ
k
+
1
λ
l
+· · ·
3.2.4. Variación de la sección eficaz con la energía. Modelo
del núcleo compuesto
Para referirse a la función σ
abj
(E
a
) representativa de la sección eficaz de
una reacción con la energía del proyectil se utiliza el término de función de ex-
citación de una reacción. El hecho más llamativo que presentan estas funciones
es la presencia de resonancias. Se dice que aparece una resonancia cuando hay
una variación muy fuerte de la sección eficaz en un intervalo muy estrecho de la
energía cinética relativa proyectil-blanco; en otras palabras, cuando se produce
una variación súbita del valor de la sección eficaz ante pequeñas variaciones
de la velocidad relativa proyectil-blanco. Los máximos o picos de las distintas
resonancias se alcanzan para valores determinados de la energía cinética del
proyectil. En cada una de ellas, el valor de la sección eficaz experimenta una
variación súbita, alcanzándose un máximo —situado en el centro del intervalo
30 3.2. Reacciones nucleares: introducción
energético de resonancia— en la energía resonante, y disminuyendo muy rápida-
mente por las alas de la resonancia a medida que la energía cinética del proyectil
se aleja de la energía resonante.
La Física Nuclear ha desarrollado una serie de modelos nucleares de reacción
para intentar dar cuenta de todos estos fenómenos. La utilidad de estos modelos
radica en que la observación experimental de las secciones eficaces —particular-
mente en el caso en que se dan abundantes resonancias— es una tarea compleja
que a menudo se ha de guiar a través de cálculos teóricos previos, desarrollados
precisamente sobre la base de dichos modelos.
Uno de los modelos más sencillos, pero que a su vez ha permitido explicar las
características de muchas reacciones —incluida la aparición de resonancias— es
el modelo de reacción a través de núcleo compuesto. Para el caso de neutrones en
el rango energético de interés en la tecnología de fisión y fusión, prácticamente
todas las reacciones se pueden explicar mediante este modelo, propuesto por
Bohr en 1936. Se supone que el proceso de una reacción se desarrolla en dos
etapas. En la primera, el proyectil es absorbido por el núcleo blanco, dando
lugar a la formación del denominado núcleo compuesto; en el caso, por ejemplo,
de que la partícula proyectil fuera un neutrón, se tendría
A
Z
X+n −→
A+1
Z
X. En
la segunda etapa, se produce la desintegración del núcleo compuesto, que puede
tener lugar en distintas formas, cada una de ellas con distinta probabilidad.
2
En el caso general, según este modelo, una partícula incidente a es capturada
por el blanco X para formar un sistema compuesto, el núcleo compuesto C. La
energía de la partícula a se reparte de manera casi inmediata entre todos los
nucleones y C se forma en un estado excitado C

. Después de un tiempo del orden
de 10
−14
a 10
−12
segundos, se desintegra emitiendo una partícula. Durante el
tiempo de vida del núcleo compuesto C

, hay un intercambio continuo de energía
entre todos los nucleones, hasta que uno de ellos (o una agrupación de ellos)
obtiene una energía superior a su energía de separación y es capaz de abandonar
el núcleo, convirtiéndose en una partícula libre. De esta forma, la desintegración
del núcleo compuesto da lugar a los productos finales de la reacción:
a + X −→C

−→b + Y.
La aparición de máximos o resonancias en los valores de la sección eficaz
se explican fácilmente admitiendo que la reacción transcurre vía formación del
núcleo compuesto. Sabemos que los núcleos tienen varios estados excitados que
corresponden a diferentes configuraciones de nucleones en el núcleo. Resulta que
el proyectil incidente y el núcleo blanco tienen mucha mayor probabilidad de
combinarse y formar un núcleo compuesto si la energía del proyectil es tal que
el núcleo compuesto se produce en uno de sus estados excitados.
Se puede demostrar que, independientemente de cómo se forme el núcleo
compuesto, éste tendrá una energía de excitación igual a la energía de separación,
S
p
, de la partícula proyectil del núcleo C, más una fracción de la energía cinética
de las partículas iniciales, E
c
= E
a
Mx
Ma+Mx
, donde E
a
es la energía cinética del
proyectil en el sistema del laboratorio y M denota las masas de las partículas
2
Nótese la analogía de esta teoría con la del complejo activado para las reacciones químicas.
3. Radiactividad y reacciones nucleares 31
que intervienen en la reacción. Sólo cuando la energía cinética E
a
del proyectil
conduzca a un valor de E
S
+ E
c
igual a una de las energías de los estados
excitados de C, se tendrá una resonancia en la sección eficaz. Se observa que en
el caso de que la partícula proyectil sea un neutrón y el blanco sea un núcleo
pesado en reposo, E
c
es prácticamente coincidente con la energía cinética del
neutrón incidente.
Capítulo 4
Interacción de la radiación
con la materia
Una de las diferentes formas en que los distintos tipos de radiación se pueden
agrupar es en función de su poder de ionización; así, hablaremos de radiación
ionizante y no ionizante.
El tipo de radiación no ionizante es la radiación electromagnética con lon-
gitudes de onda λ de aproximadamente 1,0 nanómetros o mayores. A esta parte
del espectro electromagnético corresponden las ondas de radio, microondas, luz
visible (λ = 770–390 nm) y luz ultravioleta (λ = 1–390 nm).
La radiación ionizante incluye el resto del espectro electromagnético (rayos
X, λ ≈ 1,0–0,005 nm) y rayos γ, que son aquellos con longitudes de onda me-
nores que las de los rayos X. También incluye todas las partículas atómicas y
subatómicas, tates como electrones, positrones, protones, alfas, neutrones, iones
pesados y mesones.
Una partícula cargada, al moverse a través de la materia, interacciona —
mediante fuerzas de Coulomb— con los electrones (negativos) y el núcleo (po-
sitivo) que constituye los átomos del material. Como resultado de estas interac-
ciones, la partícula cargada pierde su energía de forma continua y, finalmente, se
detiene tras viajar una distancia finita denominada alcance. El alcance depende
del tipo y energía de la partícula y del material en el que se mueve. La probabi-
lidad de que una partícula cargada pueda atravesar una lámina de material sin
interacciones es prácticamente cero.
Los neutrones y los gammas no tienen carga. Estos tipos de radiación in-
teractúan con la materia en diferentes formas, pero hay una probabilidad finita
distinta de cero de que un neutrón o un rayo γ pueda atravesar cualquier espesor
de material sin experimentar ninguna interacción. Como resultado, no se puede
definir un alcance finito para neutrones y gammas. Para describir la interacción
y deposición de energía de estos dos tipos de radiación de la materia, el concepto
más adecuado es el de sección eficaz de colisión.
34 4.1. Partículas cargadas
4.1. Partículas cargadas
4.1.1. Mecanismo de integración: magnitudes caracterizado-
ras de la pérdida de energía y la penetración de la
materia
A medida que una partícula se acerca a un átomo localizado en un pun-
to cualquiera de nuestro sistema material, pueden ocurrir diferentes sucesos
en competencia. La mayoría de los mismos son consecuencia de la interacción
electromagnética entre la partícula cargada y los electrones atómicos. Estas in-
teracciones se pueden interpretar como colisiones de la partícula incidente con
los electrones atómicos, y pueden ser de tipo elástico o inelástico. En el primer
caso, la energía cinética total se conserva y una parte de la energía cinética de la
partícula incidente se transfiere como energía cinética al átomo. En el segundo
caso, parte de la energía que pasa de la partícula cargada transferida al átomo
queda en forma de energía interna del mismo, que pasa a un estado excitado —
uno o más de sus electrones se sitúan en estados excitados— o bien es ionizado
—arrancándose uno o más electrones del átomo—. En el caso de la ionización,
la energía que la partícula cargada transfiere al electrón es superior a su energía
de enlace en el átomo, por lo que escapa y se convierte en una partícula libre. El
resultado es que se crea un par iónico: un ion negativo constituido por el electrón
expulsado y un ion positivo formado por el átomo al que le falta un electrón.
El fenómeno de ionización originado por la transferencia directa de la energía
de la partícula cargada incidente a los electrones atómicos recibe el nombre de
ionización primaria. Cuando el valor de la energía transferida de la partícula
cargada al electrón es menor que la energía de enlace, éste no puede abandonar
el átomo, pero la energía puede ser suficiente para que el electrón pase a ocupar
un nivel de energía superior. Si sucede esto, el átomo queda excitado, y el pro-
ceso recibe el nombre de excitación. El átomo excitado volverá en general a su
estado fundamental mediante la emisión de radiación electromagnética, dando
lugar, en muchos casos, a nuevas ionizaciones. Este último tipo de ionización
recibe el nombre de ionización secundaria.
También es posible que la partícula cargada penetre en la nube de electrones
e interactúe con el núcleo. Estas interacciones pueden ser de tipo coulombiano o
de tipo nuclear. Las interacciones dominantes entre partículas cargadas y núcleo
son las coulombianas, siendo las interacciones regidas por la fuerza nuclear muy
infrecuentes. En la interacción de las partículas cargadas con el núcleo, se pro-
duce una dispersión elástica, en la que el núcleo sufre un mayor o menor impulso
de retroceso, dependiendo de la energía y la masa de la partícula incidente. Si
ésta es suficientemente masiva y energética, el núcleo de retroceso puede atra-
vesar su propia nube electrónica y moverse en el medio como una partícula
cargada. En la dispersión elástica con los núcleos atómicos se puede provocar
un cambio brusco de la velocidad de la partícula incidente, lo que se traduce
en una fuerte aceleración de la partícula, que origina —de acuerdo con las leyes
de la electrodinámica clásica— la emisión de radiación electromagnética con la
consiguiente pérdida de energía. Esta radiación emitida como consecuencia de
poseer una partícula cargada aceleración recibe el nombre de radiación de fre-
nado o Bremsstrahlung. La ionización total, I
tot
, producida por el paso de una
partícula cargada a través de la materia, se define como el número total de iones
4. Interacción de la radiación con la materia 35
que se crean —tanto por ionización primaria como secundaria— a través de su
recorrido.
Consideremos una partícula cargada con una energía cinética E
0
. Suponga-
mos que pierda toda su energía en un material produciendo una ionización total
I
tot
. Definimos la energía media para producir un par iónico o energía media de
ionización de esa partícula en ese medio como el cociente: =
E0
Itot
.
La ionización específica se define, por su parte, como el número de pares de
iones, tanto primarios como secundarios, creados por la partícula incidente por
unidad de recorrido de ésta en el material. Si dI es el número de pares de iones
producidos entre los puntos x y x +dx del recorrido, la ionización específica en
el punto x será: I
s
=
dI
dx
.
Las características de los procesos de interacción de las partículas cargadas
con la materia hacen que la pérdida de energía de la partícula a lo largo del
recorrido se produzca de forma prácticamente continua. Para describir de forma
cuantitativa esta pérdida continua de la energía de la partícula incidente, se
define el poder de frenado o pérdida lineal de energía como la energía perdida por
la partícula en el material por unidad de longitud de su recorrido: T = −
dE
dx
. Es
conveniente hacer la distinción entre el poder de frenado debido a la ionización
o excitación de los átomos del medio y el debido a la pérdida por radiación. La
pérdida lineal de energía es la suma de ambas.
Asimismo, es importante considerar el concepto de transferencia lineal de
energía, que se define como la energía transferida por la partícula localmente
al medio por unidad de longitud de su recorrido. Esta energía transferida lo-
calmente al medio será la que se pierde debido a los procesos de ionización y
excitación. Así, L = −
dE
dx
. Tanto el poder de frenado como la transferencia lineal
de energía se expresan en unidades de energía por unidad de longitud: MeV/cm.
El poder de frenado por ionización está ligado con la ionización específica
producida por la partícula a través de la siguiente relación:


dE
dx

ion.+excit.
=
I
s
.
Se define el alcance R de una partícula cargada que incide normalmente
sobre una superficie de un medio material como la distancia máxima de pene-
tración en dicho medio. El alcance, en otras palabras, es el espesor necesario
del material considerado para absorber prácticamente toda la radiación de par-
tículas cargadas. No hay que confundir el alcance con la longitud del camino
recorrido por la partícula cargada hasta que se detiene y es neutralizada. En
las denominadas partículas pesadas, las trayectorias pueden considerarse prác-
ticamente rectilíneas y, por tanto, el alcance coincidirá aproximadamente con
la longitud del camino recorrido. Por el contrario, los electrones y positrones
sufren desviaciones notables al interactuar con los electrones y núcleos atómicos
del medio, y su trayectoria es en zigzag. Por esta razón, la longitud del camino
realmente recorrido por un electrón será muy superior a su alcance.
El alcance es una cantidad promedio, dado que las partículas del mismo
tipo con la misma energía cinética en el mismo medio no se detendrán después
de haber atravesado el mismo espesor R. Los puntos de máxima penetración se
distribuyen en torno a un valor medio que es tomado como valor del alcance.
36 4.1. Partículas cargadas
Se ha comprobado que, en muchas situaciones, las magnitudes que hemos
introducido son directamente proporcionales a la densidad ρ del medio material a
través del cual se mueve la partícula cargada. Para eliminar esta dependencia es
conveniente medir los recorridos de las partículas y los espesores de los materiales
absorbentes en unidades de masa por unidad de superficie. El espesor expresado
en estas unidades recibe el nombre de espesor másico x
m
. Su relación con el
espesor lineal viene dado por la densidad del medio: x
m
= ρx.
El poder de frenado expresado en función del espesor másico se denomina
poder de frenado másico y está relacionado con el poder de frenado lineal según
la expresión siguiente


dE
dx

m
=
−dE/dx
ρ
. Las unidades en las que se expresa
son MeV· cm
2
/g. Del mismo modo, el alcance lineal R se relaciona con el alcance
másico R
m
mediante la ecuación R
m
= Rρ. El alcance másico es independiente
del estado de la materia. Una partícula tendrá el mismo R
m
tanto si se mueve
en hielo, agua líquida o vapor.
4.1.2. Interacción de las partículas alfa con la materia
La inmensa mayoría de las partículas α producidas por desintegración ra-
diactiva poseen energías comprendidas entre 2 y 8 MeV. Los radioisótopos más
frecuentes emiten con energía E < 6 MeV.
Cuando en su movimiento la partícula haya consumido prácticamente toda
su energía cinética, terminará su vida capturando primero un electrón y después
otro, convirtiéndose así en un átomo normal de helio. Pero antes habrá generado
un número muy considerable de iones. Por ejemplo, una partícula α de 5 MeV,
al atravesar aire en condiciones normales, produce unos 144 mil pares de iones.
La ionización específica para esta energía es de 2,9 · 10
4
pares/cm. El máximo
corresponde a una energía de entre 0,8 y 1 MeV, siendo éste de 7,2·10
4
pares/cm.
El poder de frenado de estas partículas es muy notable (la contribución del
proceso de emisión de radiación de frenado es muy despreciable) y, consecuen-
temente, el alcance es muy corto. Puede observarse que para las energías más
frecuentes (E < 6 MeV), éste no llega a 5 cm en el aire en condiciones normales,
y ni a una décima de milímetro en el tejido animal. En aluminio, una partícula
de 5 MeV tiene un recorrido de 0,022 mm. Así, el blindaje de las partículas
α no presenta ningún problema, y su contribución a la irradiación externa de
los organismos vivos es despreciable. No obstante, la presencia de radioisótopos
emisores α no puede ignorarse en muchos problemas de ingeniería, dado que
estos radionucleidos, si se ingieren o inhalan, pueden ser muy tóxicos para la
salud, debido a la gran ionización específica que las α emitidas producen en los
tejidos.
4.1.3. Interacción de las partículas β con la materia
Las partículas β son partículas ligeras (electrones y positrones) cuyas ener-
gías se distribuyen según un espectro continuo del cual se conoce, en general, la
4. Interacción de la radiación con la materia 37
energía máxima. Esta energía máxima del espectro beta, E
máx
no suele sobre-
pasar, para la mayoría de los emisores β, los 5 MeV.
Los electrones y positrones se comportan esencialmente igual en cuanto a los
procesos de interacción y transferencia de energía a la materia: en ambos casos
van perdiendo energía por ionización y excitación y también por radiación de
frenado, siguiendo una trayectoria compuesta de segmentos en zigzag. Difieren
en cómo terminan su vida. El positrón, una vez que ha perdido casi toda su
energía cinética, interactúa con alguno de los muchos electrones del medio que
atraviesa y se produce la aniquilación del par electrón-positrón en una cantidad
equivalente de energía, que se manifiesta como dos fotones que se desplazan en
sentidos opuestos. Cada uno de estos fotones posee una energía de 0,511 MeV,
la energía equivalente a la masa en reposo del electrón. En cambio el electrón,
al consumir toda su energía cinética, no se aniquila, sino que por lo general es
captado por los átomos del material, convirtiéndose en uno de sus electrones
orbitales.
La ionización que producen las partículas β es mucho menor que la produ-
cida por las partículas pesadas tales como las partículas α. Así, para electrones
de 1 MeV, se tiene una ionización específica en el aire del orden de 50 pares
de iones/cm, mientras que para partículas α de la misma energía la ionización
específica es de 72 000 pares de iones/cm.
Las partículas β tienen una capacidad de penetración mucho mayor que
la que ofrecen las partículas α de igual energía. Así, para radiación β con una
E
máx
= 3 MeV, se tiene un alcance en aire de 13 metros, mientras que el alcance
de las partículas α de 3 MeV es de sólo 1,7 cm. Sin embargo, la radiación β no
penetra tanto en medios no gaseosos, y por esta razón no resulta difícil de
blindar. Se ha observado experimentalmente que, en una primera aproximación,
el alcance másico es independiente del absorbente y sólo depende de la energía
máxima del espectro beta. Una fórmula empírica que puede utilizarse es:
R
m
=

0,412 · E
1,265−0,0954 ln Emáx
máx
si E
máx
< 2,5 MeV.
0,530 · E
máx
−0,106 si E
máx
> 2,5 MeV.
4.1.4. Fragmentos de una reacción de fisión
La fisión de un nucleido produce, por regla general, fragmentos de masa
diferente, siendo el más ligero el que presenta una mayor energía cinética. Los
fragmentos de fisión, independientemente del grupo al que pertenezcan y dado
su elevado valor de A, son desde el punto de vista físico partículas cargadas muy
pesadas.
Los productos de fisión aparecen como átomos altamente energéticos y al-
tamente ionizados que perderán su energía al interactuar con el medio. La carga
media de los productos de fisión es de aproximadamente +20e. Debido a su
mucha carga, producen una ionización específica muy alta, y consecuentemente
su alcance es muy pequeño. El alcance de los fragmentos de fisión es un factor
importante en el diseño de las barras de combustible de los reactores de poten-
cia. Una vaina de material de no más de 0,05 cm es una barrera que asegura
38 4.2. Interacción de los rayos X y γ con la materia
que no escapen al refrigerante.
4.2. Interacción de los rayos X y γ con la materia
El término radiación gamma se reserva normalmente a la radiación electro-
magnética emitida como resultado de la transición entre los estados energéticos
del núcleo (del orden de los MeV), mientras que el término de rayos X se refie-
re a la radiación emitida como consecuencia de la transición entre los estados
energéticos de los electrones atómicos (del orden de los keV).
Los fotones, en el rango de energías mencionado, pueden interactuar con la
materia de diversas formas. Sin embargo, basta tener en cuenta sólo tres de estos
procesos para abordar la gran mayoría de los problemas de ingeniería nuclear.
Éstos son el efecto fotoeléctrico, el efecto Crompton y la producción de pares.
Efecto fotoeléctrico En el proceso denominado efecto fotoeléctrico, el fotón
es totalmente absorbido por el átomo con el que interactúa y su energía se
transfiere íntegramente a un electrón atómico que, como consecuencia de ello,
abandona el átomo. Este electrón que escapa al átomo se denomina fotoelectrón,
y la energía cinética con la que escapa es igual a la diferencia entre la energía
del fotón incidente y su energía de enlace en el átomo.
El fotoelectrón puede proceder de capas atómicas de mayor o menor energía;
los procesos más probables son los que dan lugar a fotoelectrones procedentes
de las capas más internas de los átomos. El átomo residual será, por tanto,
un ion positivo con una vacante electrónica, generalmente en una de las capas
más internas. Esto provoca una reordenación de los electrones y, por tanto, una
emisión secundaria en forma de rayos X (rayos X característicos del átomo en
cuestión) que, a su vez, puede provocar nuevos efectos fotoeléctricos. El efecto
fotoeléctrico es el proceso dominante para fotones de baja energía, siendo espe-
cialmente importante cuando la interacción tiene lugar con elementos pesados.
Efecto Crompton El efecto Crompton puede interpretarse como una colisión
entre el fotón incidente y un electrón del átomo. En este proceso el fotón inci-
dente pierde una parte más o menos grande de su energía en función del ángulo
con que emerge el fotón resultante de la dispersión, el cual, por lo tanto, queda
con una frecuencia asociada más pequeña que la inicial. La energía que pierde
el fotón pasa al electrón en forma de energía cinética.
Como resultado del efecto Crompton queda un átomo residual ionizado
que, a diferencia de lo que ocurre en el caso del efecto fotoeléctrico, presenta
una vacante electrónica en una de las capas externas (electrones con energías de
enlace bajas) y, por lo tanto, la emisión de radiación electromagnética provocada
por la reordenación de los electrones será de menor intensidad y de energía más
baja que la correspondiente al efecto fotoeléctrico.
La probabilidad de que ocurra una interacción por efecto Crompton au-
4. Interacción de la radiación con la materia 39
menta con el número atómico del elemento con el que interactúan los fotones, y
disminuye al crecer la energía de los mismos. Es el proceso predominante para
los valores intermedios de la energía de los fotones, entre 0,5–10 MeV aproxima-
damente.
Producción de pares electrón-positrón Este proceso se caracteriza porque el
fotón, en su interacción con el núcleo, desaparece, creándose a su vez un par
electrón-positrón. Esta transformación de la energía fotónica en la creación de
partículas materiales —i.e., con masa en reposo— recibe el nombre de mate-
rialización. La energía cinética del par electrón-positrón se disipa mediante los
mecanismos usuales de pérdida de energía de las partículas cargadas. Finalmen-
te, el positrón, cuando prácticamente haya entregado al medio toda su energía
cinética, interaccionará con un electrón y se producirá su aniquilación, que es
el proceso inverso a la materialización.
La probabilidad de ocurrencia del proceso de producción de pares aumenta
con el número atómico y con la energía, siendo el efecto preponderante para
energías del orden de 10 MeV y superiores.
4.2.1. Algunas implicaciones prácticas asociadas a la feno-
menología de los procesos
Desde un punto de vista práctico, el efecto Crompton es la causa de muchos
problemas encontrados en el blindaje de rayos gamma. Es el único de los tres
procesos mencionados en el que el fotón no desaparece. El fotón dispersado,
que por término medio tendrá una energía del mismo orden que la energía del
fotón incidente, puede interactuar de nuevo en otra parte del sistema. Por otra
parte, el tratamiento de la dispersión múltiple de los rayos X es un tema clave
en el diseño de blindajes y, en general, en cualquier problema de transporte de
radiación, siendo uno de los problemas que requiere mayor esfuerzo.
En el campo de los efectos biológicos de la radiación electromagnética, una
de las cuestiones importantes es entender el origen de su poder ionizante. Al
estudiar los principales procesos de interacción de los fotones con la materia,
se ha visto que en cada uno de ellos únicamente se produce un par de iones.
No se puede hablar, por tanto, de una ionización primaria o directa, pues en
la práctica ésta es inexistente a escala macroscópica. Sin embargo, los fotoelec-
trones, los electrones Crompton y los pares electrón-positrón, al ser partículas
cargadas, provocan ionizaciones secundarias. Esta es la razón de que se consi-
dere a la radiación electromagnética suficientemente energética como radiación
indirectamente ionizante.
En general, llamamos radiación indirectamente ionizante (correspondiente
a partículas no cargadas, tales como rayos γ y los neutrones) a la que produce
la excitación y ionización del medio, mayoritariamente por efecto de interacción
de la radiación con la materia y no en el proceso mismo de interacción. En
la interacción de rayos γ o neutrones se produce ionización, pero esta ioniza-
ción resultante del proceso primero o directo de interacción es completamente
40 4.2. Interacción de los rayos X y γ con la materia
insignificante comparada con la causada subsiguientemente por interacción de
las partículas cargadas formadas. Por el contrario, se dice que las partículas
cargadas son radiación directamente ionizante porque directamente generan un
número muy significativo de iones cuando interactúan con la materia.
4.2.2. Atenuación y absorción de la radiación electromagné-
tica
Se puede definir la sección eficaz por átomo para la interacción de fotones
como la suma de las secciones eficaces correspondientes a cada uno de los pro-
cesos de interacción fotónicos: fotoeléctrico, Crompton y producción de pares.
También es útil definir la sección eficaz macroscópica como la obtenida de mul-
tiplicar la sección eficaz microscópica por la densidad atómica. Por tradición, a
las secciones eficaces microscópicas para fotones se las denomina coeficientes de
atenuación (µ). El coeficiente de atenuación total es la suma de los coeficientes
de atenuación correspondientes a cada uno de los tres procesos de interacción.
Las unidades de µ son cm
−1
y éste recibe el nombre de coeficiente de atenuación
lineal.
El significado µ se pone de manifiesto al analizar la ley de actuación de un
haz colimado y monoenergético de radiación fotónica:
I(x) = I
0
e
−µx
. (4.1)
La ley expresada en esta ecuación se puede deducir fácilmente asignando a µ
el significado físico de la probabilidad de interacción por unidad de área. Es
preferible escribir la ecuación (4.1) de este modo:
I(x) = I
0
e

µ
ρ
ρx
= I
0
e
−µmxm
,
donde ρ es la densidad del material absorbente. El coeficiente µ
m
=
µ
ρ
reci-
be el nombre de coeficiente másico de atenuación. Se expresa habitualmente
en cm
2
/g. Al producto x
m
= xρ se le denomina espesor másico o densidad
superficial y suele expresarse en g/cm
2
.
El coeficiente de atenuación lineal depende de la energía del fotón incidente
y del número atómico Z del material con el que interactúan los fotones, así
como de la densidad del material. Los coeficientes másicos de atenuación son
independientes de la densidad del medio y, por tanto, también de su estado físico.
A efectos prácticos, el coeficiente de atenuación másico total para un compuesto
o mezcla µ
c
se calcula mediante la suma de los coeficientes de atenuación másica
total de cada elemento µ
i
ponderada con la fracción en peso de cada elemento
en el compuesto, w
i
.
En el caso de radiación electromagnética, no tiene mucho significado hablar
de alcance, dado que la atenuación sigue una ley de tipo exponencial. En este
caso, para comparar la penetración de un determinado haz en distintos materia-
les, es útil introducir un concepto llamado espesor de semirreducción, x1
2
, que
se define como el espesor de material necesario para reducir la intensidad del
4. Interacción de la radiación con la materia 41
haz hasta la mitad de su valor.
x1
2
=
ln 2
µ
=
0,693
µ
.
La ley de atenuación (4.1) es válida bajo la hipótesis de que la intensidad
I se refiera sólo a los fotones que no han sufrido interacción con el blanco,
i.e., a lo que definimos como intensidad residual. Ahora bien, si quisiéramos
saber cuál es la intensidad real del haz asociado a las diferentes abscisas x, hay
que tener en cuenta que los fotones dispersados por efecto Crompton pueden
volver al haz residual. Por lo tanto, la intensidad real del haz para fotones de
cualquier energía —no sólo con la energía de los fotones del haz inicial— será
mayor que la prevista por (4.1), dado que en general incorporará parte de los
fotones dispersados. Para tener en cuenta este hecho se modifica dicha ley de
atenuación introduciendo el llamado factor de atenuación B, que dependerá de
la naturaleza del material, de su espesor y de la energía de los fotones. Esta
segunda y más exacta aproximación a la solución del problema del blindaje se
expresa como:
I(x) = I
0
B(µx)e
µx
.
4.2.3. Deposición de energía
Consideremos que en un punto del medio se tiene un haz de fotones de
energía E y una intensidad o flujo de fotones Φ y se quiere calcular la energía
depositada en el mismo. Recordemos que la tasa de colisiones por unidad de
volumen se puede expresar como R = Φµ, donde µ es el coeficiente de atenua-
ción lineal. La expresión que permite calcular la tasa de energía depositada por
unidad de volumen W en dicho punto es formalmente similar a la anterior:
W = EΦµ
d
.
Al producto EΦ correspondiente a la intensidad o flujo de energía en este punto
lo llamamos coeficiente lineal de absorción, µ
a
. Si los fotones fueran absorbidos
en cada colisión, toda su energía se comunicaría al medio. Entonces la tasa de
energía que se depositaría en el medio por unidad de volumen sería simplemente
W = EΦµ. En esta expresión, el coeficiente lineal de absorción es igual al
coeficiente de atenuación lineal; el producto Φµ representa la tasa de colisiones
por unidad de volumen y E es la energía de los fotones presente en el elemento
de volumen puntual. Pero sabemos que no en todas las colisiones se absorben
los fotones.
Cuando un fotón sufre una interacción, sólo parte de su energía es absorbida
por el medio en el punto donde tiene lugar la interacción. En puridad, los rayos
X, los fotones de dispersión Crompton y los rayos de aniquilación γ pueden
escapar, pero los primeros y los últimos, al tener, en general, bastante menor
energía que los fotones de dispersión Crompton tienen una probabilidad de
interacción mayor y por lo tanto una menor probabilidad de escapar. Por ello,
se supone que en los procesos de efecto fotoeléctrico y producción de pares, toda
la energía del fotón se transfiere al medio; es sólo en el caso del efecto Crompton
42 4.3. Interacción de los neutrones
donde una fracción importante puede escapar. En los dos primeros procesos, se
acepta que toda la energía es absorbida por el medio. En realidad, en el caso
de la producción de pares esto no es completamente cierto: la energía cinética
E
C
= E −1,022 MeV comunicada al par electrón-positrón siempre se deposita,
pero los 1,022 conferidos a la reacción de aniquilación pueden no depositarse en
el medio si éste es demasiado delgado. En el caso de la interacción por efecto
Crompton, la única energía depositada es la energía cinética del electrón; la
energía asociada a los fotones Crompton dispersados escapa del medio. Todas
estas consideraciones se traducen en una expresión para el coeficiente lineal de
absorción de energía que toma la forma:
µ
a
= µ
FE
+
¯
E
C
E
µ
C

PP
, (4.2)
donde
¯
E
C
es la energía media del electrón Crompton. La ecuación (4.2) se
puede escribir también como µ
a
= µ
FE

C
a

PP
. µ
C
a
se denomina coeficiente
lineal de absorción Crompton, µ
C
a
=
¯
EC
E
µ
C
.
De forma análoga a como se definió el coeficiente másico de atenuación, se
puede definir el coeficiente másico de absorción como
µa
ρ
. La tasa de deposición
de energía por unidad de masa se expresa como EΦ
µa
ρ
.
4.3. Interacción de los neutrones
Los neutrones no interactúan electromagnéticamente con las partículas car-
gadas, y por lo tanto, al penetrar en el medio material, no se ven afectados
ni por los electrones orbitales del átomo —no pueden ionizar directamente el
material que atraviesan— ni por la carga positiva del núcleo. Los neutrones
atraviesan la nube de electrones del átomo e interactúan directamente con su
núcleo mediante fuerzas nucleares. Dado que éstas son de corto alcance y los
núcleos atómicos sólo ocupan una fracción ínfima del volumen de la materia,
los neutrones recorren distancias relativamente grandes si se compara con las
correspondientes a otras radiaciones. En consecuencia, la radiación neutrónica
es muy penetrante, y la probabilidad de interacción nuclear es mucho mayor
para los neutrones que para las partículas cargadas.
4.3.1. Reacciones nucleares con neutrones
Dispersión elástica En la dispersión elástica, el neutrón interactúa con el nú-
cleo y después de la reacción reaparece un neutrón y un núcleo de la misma
naturaleza y en el mismo estado de energía interna que el núcleo blanco inicial.
A
Z
X +n −→
A
Z
X +n.
Una característica particular de esta interacción es que la energía cinética total
de las dos partículas que colisionan se conserva. La diferencia entre la energía
cinética de las partículas antes y después de la colisión no está en su valor total,
4. Interacción de la radiación con la materia 43
sino en su diferente distribución entre las partículas. De forma abreviada, esta
reacción se representa por (n, n) y su sección eficaz, por σ
n
.
En este proceso el neutrón transfiere parte de su energía cinética al nú-
cleo. Un neutrón con una energía dada irá perdiendo energía cinética —como
consecuencia de las sucesivas dispersiones elásticas con los núcleos del medio—
hasta que finalmente quede en equilibrio térmico con los átomos o moléculas
del medio. Cuando esto ocurre decimos que el neutrón, como consecuencia del
proceso de moderación, se ha termalizaado, y a los neutrones que alcanzan las
energías comprendidas dentro del rango de equilibrio térmico se les denomina
neutrones térmicos. Este equilibrio depende de la temperatura del medio con el
que interactúa. El logro de un proceso de moderación y termalización eficiente
es, como se verá más adelante, la base de la operación de los tipos de reactores
de fisión más importantes.
Dispersión inelástica En el caso de la dispersión inelástica, el núcleo producto
o núcleo residual es idéntico al que sufre la colisión, excepto en que se encuentra
en estado excitado:
A
Z
X +n −→
A
Z
X

+n

.
La energía cinética total final es menor que la energía cinética total inicial,
diferenciándose en una cantidad igual a la energía de excitación del núcleo pro-
ducido. El núcleo producido en un proceso de dispersión inelástica normalmente
emite uno o más rayos γ para alcanzar su estado fundamental:
A
Z
X

−→
A
Z
X+γ.
En la mayoría de los casos, los rayos γ se emiten en un intervalo extremada-
mente corto, menor de 10
−10
segundos, tras la ocurrencia de la interacción de
dispersión. En algunos casos, poco frecuentes, el núcleo producto queda en un
estado metaestable, por lo que la emisión de rayos γ puede ocurrir ya con un
período apreciable.
La dispersión inelástica —que se denota por (n, n

), y su sección eficaz por
σ

n
— es una reacción endoenergética. En el rango de energía de interés (< 20
MeV) tiene lugar fundamentalmente a través del mecanismo de formación y
desintegración de un núcleo compuesto.
Captura radiactiva En la captura radiactiva, el neutrón es capturado por el
núcleo y, del mismo modo que en el caso anterior, se produce la emisión de uno
o más rayos γ:
A
Z
X +n −→
A+1
Z
X +γ.
Para las energías de interés, la reacción sigue el mecanismo de formación y
desintegración de un núcleo compuesto:
A
Z
X +n −→
A+1
Z
X

−→
A+1
Z
X +γ.
Esta interacción —que se denota por (n, γ), y su sección eficaz por σ
γ
— es
exoenergética, y resulta particularmente interesante en la tecnología de reactores
nucleares por diferentes razones:
44 4.3. Interacción de los neutrones
– En relación a una población neutrónica, cada reacción (n, γ) que se pro-
duce significa la eliminación de un neutrón de la misma. Las reacciones
cuya ocurrencia supone una disminución neta en el número de neutrones
se denominan reacciones parásitas. Precisamente la reacción (n, γ) es la
más importante de todas ellas, al ser la que puede producirse de forma
apreciable en el rango de energías de la población neutrónica de un reactor
nuclear. Su ocurrencia es uno de los factores importantes a considerar en el
establecimiento de un balance neutrónico que posibilite el funcionamiento
de las reacciones en cadena.
– Los rayos γ de captura constituyen, generalmente, la fuente de calor domi-
nante en los materiales de blindaje utilizados en las distintas instalaciones
nucleares.
– En muchos casos, el núcleo producto de la reacción es radiactivo, desinte-
grándose, por lo general, emitiendo una partícula β y rayos γ. Estos rayos
γ conllevan problemas de blindaje y mantenimiento durante la operación
del reactor. Este problema es especialmente significativo tras la parada
definitiva del reactor, durante un intervalo temporal cuya duración puede
extenderse durante varios años.
– Gracias a estas reacciones se puede generar material con excelentes propie-
dades para fisionarse partiendo de material con propiedades mucho peores.
A las reacciones (n, γ) que propician este hecho se las denomina capturas
fértiles. Así, por ejemplo, el
239
Pu y el
233
U se producen por capturas
fértiles a partir del
238
U y el
232
Th, respectivamente.
La morfología de la sección eficaz σ
γ
de cualquier reacción (n, γ) se carac-
teriza por presentar tres regiones diferenciadas. En la región de bajas energías,
que comprende el rango térmico, σ
γ
disminuye sistemáticamente al aumentar
la energía neutrónica en proporción inversa a la raíz cuadrada de la energía y,
por tanto, de forma inversamente proporcional a la velocidad de los neutrones.
Se dice que esta es la región
1
v
dado que la sección eficaz obedece con bastante
aproximación la ley
1
v
. Posteriormente, aparece la región de resonancias aisla-
das. Finalmente, en el rango más energético, las resonancias desaparecen o, más
exactamente, quedan indiscernibles. Es el tramo de resonancias no resueltas o
de soplamiento de resonancias.
Reacciones con emisión de partículas cargadas El núcleo compuesto formado
por la captura de un neutrón puede algunas veces desintegrarse emitiendo una
partícula cargada. En este caso tendremos como productos un núcleo residual y
la partícula cargada emitida.
En muchos casos, las reacciones epc son endoenergéticas. Sin embargo, algu-
nas de ellas son exoenergéticas y pueden producirse con neutrones de cualquier
energía.
Como se señaló anteriormente, para que una reacción endoenergética se ve-
rifique, el neutrón debe disponer de una energía cinética que, como mínimo, ha
de ser igual al valor de la energía umbral de la reacción. Si el neutrón incidente
4. Interacción de la radiación con la materia 45
tiene una energía superior al umbral, la probabilidad de ocurrencia de la reac-
ción será siempre distinta de cero; ahora bien, en muchas ocasiones sucede que,
para valores de energía en torno al umbral e incluso bastante superiores, la pro-
babilidad es muy baja, y sólo cuando la energía del neutrón es muy superior al
umbral dicha probabilidad es apreciable. En estos casos, hablamos de dos tipos
de umbral, el umbral real físico y el umbral aparente o umbral práctico, que es
aquel en el que la sección eficaz de la reacción tiene un valor lo suficientemente
apreciable como para ya no poder ser ignorado en las aplicaciones prácticas.
Algunas de las razones por las que las reacciones epc son de interés en
ingeniería nuclear son las siguientes:
– La mayoría de estas reacciones dan lugar a nucleidos radiactivos, con la
consiguiente problemática asociada, lo que acarrea la necesidad de utilizar
blindajes en el circuito primario de refrigeración de los reactores de fisión
de agua a presión.
– Las reacciones epc
10
B(n, α)
7
Li y
6
Li(n, α)
3
H tienen secciones eficaces
muy altas a bajas energías y se pueden emplear en la detección de neu-
trones de poca energía y como medio de blindaje frente a ellos.
– La reacción epc
6
Li(n, α)
6
H representa la mayor fuente de producción de
tritio, el combustible necesario para los futuros reactores de fusión nuclear.
– La reacción epc
14
N(n, p)
14
C produce el radionucleido
14
C, lo que ocurre
siempre que se produce una reacción nuclear en la atmósfera.
– Las reacciones (n, p) y (n, α) introducen hidrógeno y helio respectivamen-
te en el material en el que se producen. La presencia de estos gases —
especialmente del helio— en el seno de los materiales estructurales de una
instalación puede producir un deterioro muy peligroso en sus propiedades
mecánicas.
Reacciones que producen neutrones Las reacciones del tipo (n, 2n) y (n, 3n)
son endoenergéticas, dado que uno o dos neutrones, respectivamente, se extraen
del núcleo blanco. De éstas, la reacción (n, 2n) es la más probable en el rango de
E < 20 MeV. Aun en este caso, las energías umbral son bastante altas, estando
situados para la mayoría de las reacciones entre 7 y 12 MeV.
Reacciones tipo cascada Se denomina reacción tipo cascada a toda reacción
en la que los productos finales constan, además del núcleo residual, de más de
una partícula masiva —i.e., una partícula con masa en reposo distinta de cero—.
Además de las reacciones ya mencionadas, (n, 2n) y (n, 3n), se podrían incluir
dentro de esta clase de reacciones (n, np), (n, 2α), (n, nt), etc. Sólo la reacción
(n, 2n) es digna de consideración en la tecnología nuclear de las reacciones de
fisión. Todas ellas son reacciones endoenergéticas.
Fisión El neutrón interactúa con el núcleo y hace que éste se fragmente en
dos de masas de valor intermedio con respecto a la inicial. Esta reacción es la
46 4.3. Interacción de los neutrones
principal fuente de energía nuclear para fines prácticos. La notación empleada
para ella es (n, f) y para la sección eficaz, σ
f
.
4.3.2. Clasificación de reacciones y secciones eficaces
Las interacciones de los neutrones con los núcleos se pueden dividir en dos
categorías:
– Dispersiones. En ellas, las partículas iniciales y finales son de la misma
naturaleza.
– Absorciones o capturas. Es toda interacción que no es de dispersión, y en
la que, por tanto, la naturaleza de las partículas finales es distinta de la
de las iniciales.
Es útil clasificar las reacciones en relación sus secciones eficaces, especialmente
de cara a los problemas de cambio de composición isotópica de los materiales
sometidos a irradiación. En este contexto hablamos primeramente de sección
eficaz neutrónica total de un núcleo, σ
T
, que se define como la suma de las
secciones eficaces individuales de todas las interacciones posibles. La sección
eficaz total se puede separa en sección eficaz de dispersión σ
dis
y en sección eficaz
de remoción del núcleo blanco, σ
r
. σ
dis
engloba la sección eficaz correspondiente
a la dispersión elástica más la correspondiente a las inelásticas en las que el
producto resultante se desintegra prácticamente de forma inmediata para quedar
en un estado de energía interna idéntica a la del núcleo blanco. σ
r
, por su parte,
es la suma de las secciones eficaces para todos los procesos en los que el núcleo
producido es, o bien diferente del núcleo blanco en lo que respecta a sus números
Ao Z o bien, si posee igual Ay Z, está en un estado de energía interna de período
de semidesintegración significativamente diferente al del núcleo blanco.
4.3.3. Tasas de reacción con un flujo polienergético
Antes de abordar este epígrafe, es necesario definir las siguientes magni-
tudes: Φ(E)dE es el flujo de neutrones con energías comprendidas entre E y
E + dE; σ
i
(E) es la sección eficaz para la reacción de tipo i inducida por neu-
trones con energía cinética E; N, por último, es el número de núcleos blanco
por unidad de volumen.
La tasa de reacciones por unidad de volumen se expresa por la ecuación:
R =

dEΦ(E)Nσ
i
(E), (4.3)
donde la integración se extiende sobre el rango de energías neutrónicas de interés.
El flujo total es:
Φ =

Φ(E)dE.
4. Interacción de la radiación con la materia 47
La sección eficaz media se define de forma tal que cuando se multiplique por el
flujo total dé como resultado la tasa de reacción de la ecuación (4.3), i.e.,
R =

dEΦ(E)Nσ
i
(E) = Φ
¯
Σ = ΦN¯ σ
i
,
de donde se deduce que la expresión de definición de la sección eficaz media, ¯ σ
i
,
es:
¯ σ
i
=

dEΦ(E)Nσ
i
(E)

Φ(E)dE
. (4.4)
Capítulo 5
Fisión nuclear
La reacción de fisión tiene algunas características sumamente atractivas
desde el punto de vista de su aprovechamiento, especialmente la gran cantidad
de energía que se libera en ella. Tan importante como ésta o más es que, en ella,
se produce un número de neutrones suficientemente elevado.
Por otra parte, la reacción de fisión también presenta características poco
deseables. Entre ellas, la fundamental es la relativa a que su ocurrencia lleva
intrínsecamente asociada la generación de productos de fisión radiactivos con
una actividad muy alta y tiempos de vida significativos.
5.1. Fisión espontánea y fisión inducida
Se denomina reacción de fisión al proceso por el cual un núcleo se escinde
en dos fragmentos cuyas masas, en general, no difieren mucho de la mitad de la
masa del núcleo inicial, aunque no tienen por qué se iguales. En el proceso se
liberan también otras partículas —como neutrones y fotones γ— y, además, el
proceso se caracteriza por ser muy exoenergético.
Identifiquemos primero los nucleidos para los que la fisión es energéticamen-
te posible. En principio, para cualquier nucleido pesado (A > 50), la escisión en
dos da lugar a una operación más estable y constituye, por tanto, un proceso
energéticamente permitido. Se abre así la posibilidad de un proceso de fisión
espontánea que sin embargo, aunque ocurre en la naturaleza, es bastante más
infrecuente de lo que podría pensarse. De hecho, el proceso de fisión espontánea
nunca se ha observado para nucleidos más ligeros que el
230
Th, cuyo período es
extremadamente largo. El período decrece rápidamente a medida que aumente
el número atómico, hasta que para el elemento 102 es solamente del orden de
segundos. Para los isótopos del torio, el uranio y el plutonio que se manejan
en las instalaciones nucleares, el período para la fisión espontánea es, en todos
ellos, mayor que 10
10
años.
Como ya se ha mencionado anteriormente, para conocer el carácter espon-
táneo o no de una reacción y, de ser espontánea, la velocidad a la que se verifica,
50 5.2. Nucleidos fisionables por neutrones
es necesario tener en cuenta la existencia de barreras de activación. Al verifi-
carse un cambio —sea químico o nuclear— es necesario destruir unos enlaces
para formar otros y, aunque los nuevos cuerpos sean más estables, primero hay
que comunicar la energía necesaria para inestabilizar suficientemente los enlaces
existentes. Así, en el caso de la reacción de fisión, se requiere comunicar energía
para deformar el núcleo hasta un punto en el que el sistema pueda empezar a
escindirse en dos. A esta energía se la denomina indistintamente energía crítica
de fisión, E
cr
o energía de activación E
a
.
E
a
es la energía mínima que hay que comunicar a un núcleo para que
se fisione de forma inmediata. La realidad es que si al núcleo se le comunica
una energía inferior a E
a
existe siempre una cierta probabilidad de atravesar
la barrera de potencial (el denominado efecto túnel ) y, por tanto, de que se
produzca la fisión. No obstante, bajo estas condiciones la probabilidad de que
se produzca la fisión es muy baja, o, en otras palabras, el período del núcleo
inestabilizado para desintegración por fisión es muy grande y tanto mayor cuanto
menor sea la energía comunicada en relación a la energía crítica necesaria para
la fisión inmediata.
Cualquier método por el que se introduzca en el núcleo una energía E
a
o
superior causa su fisión inmediata, y de él se dice que es un método capaz de
provocar la fisión inducida del núcleo. El más importante de todos es la absor-
ción neutrónica, dando lugar al proceso que convencionalmente denominamos
fisión inducida por neutrones. Cuando un neutrón es absorbido se forma un nú-
cleo compuesto inestable en un estado excitado con una energía de excitación,
E
ex
, igual a la energía cinética del neutrón incidente, E
C
, más la energía de se-
paración del neutrón en el núcleo compuesto, S
n
. Para que el núcleo compuesto
formado artificialmente por la absorción de un neutrón se pueda fisionar es nece-
sario y suficiente que posea una energía en exceso sobre su estado fundamental
superior a E
a
, i.e., que si E
ex
> E
a
, la fisión tiene lugar de forma espontánea.
En ingeniería nuclear se emplea el término nucleido fisionable para designar
a los núcleos que, si se bombardean con neutrones de energía menor que 18 MeV,
pueden fisionarse de forma apreciable.
5.2. Nucleidos fisionables por neutrones
Cuando la energía de separación es ya por sí misma mayor que la energía
crítica para la fisión del núcleo compuesto, entonces la fisión puede ocurrir con
neutrones carentes de energía cinética. Así ocurre, por ejemplo, con el
236
U,
formado tras la absorción de un neutrón por el núcleo de
235
U. A diferencia de
este caso, existen otros nucleidos pesados para los que la energía de ligadura
del neutrón no es suficiente para comunicar al núcleo compuesto una energía de
excitación igual o superior a la energía crítica.
Los núcleos tales como el
235
U, que pueden fisionarse con neutrones de
cualquier energía, reciben el nombre de nucleidos fisibles. A este subconjunto
de los nucleidos fisionables pertenecen también, entre otros, el
233
U, el
239
Pu y
el
241
Pu. La otra clase de nucleidos fisionables estaría constituida por aquellos
5. Fisión nuclear 51
que, al igual que el
238
U, requieren que el neutrón posea una determinada ener-
gía cinética para que se produzca su fisión. A estos nucleidos se les denomina
fisionables pero no fisibles. Dentro de esta categoría cabe mencionar, aparte del
238
U, al
232
Th. Si el núcleo blanco tiene los números A y Z de distinta paridad,
será fisible por regla general, mientras que si A y Z tienen igual paridad, el
núcleo será fisionable pero no fisible.
5.3. Secciones eficaces de fisión inducida por neu-
trones
La morfología de la sección eficaz en función de la velocidad del neutrón
incidente es, a nivel cualitativo, relativamente similar a la de captura radiactiva,
pudiéndose observar en ambas las ya comentadas tres regiones energéticamente
diferenciadas. La fisión presenta generalmente valores de la sección eficaz ma-
yores que la captura, sobre todo en el rango térmico, región en la que σ
f
tiene
una forma muy próxima a
1
v
. Subsiguientemente a la región
1
v
aparece la región
de resonancias resueltas; y finalmente, en la región de más energía, éstas ya de-
saparecen o, hablando más propiamente, quedan indiscernibles. En esta región
la variación de σ
f
es suave. Los valores de las secciones eficaces en la región
de alta energía son modestos (aproximadamente un barnio), especialmente si se
comparan con los grandes valores de σ
f
en la región
1
v
, superiores a aquellos en
más de dos órdenes de magnitud.
Dado que el proceso de fisión, para todos los elementos con aproximadamen-
te A > 90, es un proceso exoenergético, estrictamente no hay ninguna energía
neutrónica por debajo de la cual no se pueda inducir la fisión en un elemento
pesado, i.e., no existiría energía umbral. Ahora bien, cuando esta energía no es
suficiente como para producir una energía de excitación del núcleo compuesto
superior a E
a
, la probabilidad de ocurrencia de la fisión es muy baja, y por lo
tanto lo mismo ocurre para su σ
f
correspondiente. Por lo tanto, en estos ca-
sos, en lugar de verdaderos umbrales teóricos, existen umbrales prácticos, que en
consecuencia admiten una definición arbitraria; aquí admitiremos que el umbral
práctico es aquel valor de la energía por debajo del cual la sección eficaz de
fisión es menor de 0,1 barnios.
En definitiva, siempre que la energía de separación del neutrón S
n
sea su-
perior a E
a
, diremos que el núcleo blanco no tiene umbral. Por el contrario,
cuando E
a
> S
n
, hay un umbral práctico.
Otro aspecto importante es el de la competencia entre reacciones. Los neu-
trones que interactúan con los núcleos pueden haber sufrido distintos procesos:
dispersión elástica o inelástica, ser absorbidos por captura radiactiva, etc. No
obstante, con los nucleidos fisibles a bajas energías neutrónicas sólo son posibles
tres tipos de interacciones: dispersión elástica, captura radiactiva y fisión. El va-
lor de σ
d
es mucho menor que σ
γ
y que σ
f
; en consecuencia, captura radiactiva
y fisión son, con mucho, los procesos más probables cuando los neutrones poseen
energía bajas. El cociente entre las secciones eficaces de estos dos procesos se
denomina razón captura a fisión y se indica por α.
52 5.4. Productos emitidos durante la fisión
5.4. Productos emitidos durante las distintas fa-
ses del proceso de fisión inducida por neu-
trones
En la fisión inducida por neutrones se pueden distinguir una secuencia de
diferentes sucesos. Sea un núcleo
A
Z
X bombardeado por un neutrón. El comien-
zo de la secuencia tiene lugar cuando el neutrón es absorbido por el núcleo y
se forma un núcleo compuesto excitado
A+1
Z
X, el cual, de forma inmediata, se
escinde en dos fragmentos. Estos fragmentos nacen fortísimamente excitados,
siendo extraordinariamente inestables. Su energía de excitación se irá liberan-
do en etapas sucesivas. En la primera, que transcurre desde el propio instante
de la fisión hasta aproximadamente 10
−14
segundos después de la misma, estos
fragmentos de fisión tan excitados emiten neutrones y rayos γ. Son los denomi-
nados neutrones y rayos γ inmediatos. Los núcleos resultantes al final de esta
etapa son, en general, muy radiactivos, encontrándose sin embargo ya en estado
fundamental o en estados isoméricos. Estos nucleidos reciben diferentes denomi-
naciones: precursores, fragmentos o productos primarios de fisión o fragmentos
directos de fisión. Se trata de nucleidos aún inestables, debido a que poseen
una relación
N
Z
superior a la correspondiente a su estabilidad. En su búsqueda
por la estabilidad, estos nucleidos se constituyen en padres de cadenas o series
radiactivas, cada una de las cuales se caracteriza por la emisión de sucesivas
partículas β negativas, que vienen normalmente acompañadas de la emisión de
rayos γ. Los productos de estas cadenas reciben el nombre de productos de fi-
sión secundarios. Unos pocos de éstos se desintegran por emisión espontánea de
neutrones. Estos neutrones se denominan neutrones retardados o diferidos.
5.4.1. Productos de fisión
La rotura del núcleo compuesto formado puede tener lugar de maneras muy
variadas, cada una de ellas con una determinada probabilidad. Por ejemplo, la
fisión del
235
U con un neutrón de 0,025 eV se produce en más de cuarenta formas
diferentes, originándose así más de ochenta productos de fisión primarios, que
a su vez se desintegran produciéndose al final más de doscientos productos de
fisión diferentes.
Es muy importante conocer la cantidad de cada uno de los fragmentos de
fisión que se produce; en la práctica, este valor se da en tanto por ciento y recibe
el nombre de rendimiento de fisión para un nucleido particular. Este parámetro
se define, por tanto, como la probabilidad de que se forme un determinado
nucleido en la fisión inducida de un nucleido producida por un neutrón con una
energía particular. Si la fisión es binaria, dado que cada fisión da lugar a dos
nucleidos el rendimiento total de fisión es del doscientos por ciento.
Los rendimientos de fisión se han determinado con gran precisión para los
materiales fisionables más importantes. Se suele tomar como eje de abscisas
los números de masa de los distintos productos de fisión primarios del nucleido
blanco,
A
Z
X y por ordenadas el porcentaje en que ocurre el modo de fisión de-
5. Fisión nuclear 53
terminado que los produce. Se obtiene así una serie de puntos, los cuales, muy
aproximadamente, están situados sobre una curva continua que, en general, pre-
senta dos picos distintos, correspondientes a la emisión del fragmento ligero y
pesado. Para las ordenadas se emplea escala logarítmica, dado que los porcenta-
jes con los que se producen los diferentes modos de fisión varían enormemente.
Una característica fundamental de los productos de fisión (sean primarios o
secundarios) es que, en su mayoría, son radiactivos.
5.4.2. Neutrones de fisión: inmediatos y diferidos
La mayoría de los neutrones liberados en la fisión se emiten en el propio
instante de la misma. El número de neutrones que aparece en una fisión, simbo-
lizado por ν, depende del nucleido blanco que haya experimentado la reacción
y de la velocidad del neutrón incidente. Si se representa la variación del número
medio de neutrones por fisión ν en función de la energía cinética del neutrón
incidente, se obtendría una función moderadamente creciente. Los valores de ν
para fisiones inducidas por neutrones de 0,0253 eV son de 2,43 para el
235
U, de
2,87 para el
239
Pu y de 2,48 para el
233
U.
En la descripción y valoración de la calidad de los posibles tipos de com-
bustibles de un reactor nuclear, se utiliza el denominado parámetro η. Este
parámetro es igual al número de neutrones liberados (debido a fisión) por ca-
da neutrón que absorbe un núcleo fisionable. Dado que la captura radiactiva
compite con la fisión, η es siempre menor que ν. En concreto, se tiene:
η = ν
σ
f
σ
a
= ν
σ
f
σ
γ

f
.
En términos del parámetro α, se tiene que η =
ν
1+α
. Para una mezcla de nuclei-
dos fisionables y no fisionables, η se define como el número medio de neutrones
emitido por neutrón absorbido en la mezcla: η =
1
Σa
=
¸
i
v
i
Σ
fi
.
Los neutrones inmediatos de fisión se emiten con un espectro de energía
cinética continua, en un rango energético de 0,1 MeV a 10 MeV, siendo
¯
E
C
= 2
MeV. El valor a utilizar como energía representativa de ellos desde un punto de
vista monoenergético ha de ser tal que mantenga la energía total del conjunto
de neutrones emitidos, y esto lo cumple
¯
E
C
. La energía total del conjunto de
neutrones emitidos es de 5 MeV.
Aunque el número de neutrones diferidos no llega al uno por ciento del total
de los neutrones liberados en el conjunto total de procesos asociados a la fisión,
juegan un papel crucial en la viabilidad del control de los reactores nucleares.
Los neutrones diferidos son sólo una pequeña fracción de los neutrones que apa-
recen libres en el reactor, no emergiendo directamente de la reacción de fisión
en sí, sino como consecuencia de la desintegración radiactiva tipo emisión de
neutrón experimentada por algunos nucleidos producidos en el seno de algunas
de las cadenas de desintegraciones subsiguientes a la fisión. Un ejemplo de esto
ocurre cuando el producto de fisión
87
Br se desintegra a
87
Kp, el cual se puede
formar en un estado excitado tal que uno de sus neutrones deja de estar ligado
al núcleo, emitiéndose con una energía de aproximadamente 0,3 MeV. Es el
87
Br
54 5.5. Energía librada en la fisión: energía útil y energía total
el que, con un período de semidesintegración de 54,5 segundos, induce el retraso
en la aparición del neutrón. A los nucleidos que operan como el
87
Br se les de-
nomina precursores de neutrones diferidos. Tradicionalmente, los precursores se
han agrupado en seis familias, que tienen como característica distintiva su pe-
ríodo de semidesintegración. El parámetro β
i
se define como la fracción de todos
los neutrones liberados en una fisión que aparecen como neutrones diferidos en
el grupo i. Se tiene que β
i
=
νi
ν
. Este parámetro resulta de extrema importan-
cia en la cinética del reactor nuclear. Las energías medias de los neutrones de
cada una de las familias de diferidos están en el orden de los 400 keV. Habida
cuenta de que estos proceden de semidesintegraciones bien definidas, es lógico
encontrar que el espectro energético de cada una de las familias, a diferencia de
los neutrones inmediatos, está muy poco distribuido y se centra en torno a una
energía cinética determinada.
5.5. Energía librada en la fisión: energía útil y
energía total
Aproximadamente un 0,1 por ciento de la masa reaccionante en la fisión de-
saparece como tal masa, convirtiéndose en energía que se manifiesta de diversas
formas. A este respecto, es importante hacer dos matizaciones: primero, no toda
la energía liberada en el proceso se puede aprovechar; segundo, una parte de la
energía asociada al proceso de fisión aparece en el instante de la fisión propia-
mente dicho, mientras que otra se produce con un cierto retardo con respecto a
aquella.
En el caso del
235
U, su reacción de fisión libera unos 205 MeV de energía.
El 85 por ciento de la energía liberada en la fisión aparece como energía cinética
de los fragmentos de fisión. Estos fragmentos se detienen tras haber recorrido
unos 10
−3
centímetros desde el lugar de la fisión, lo que sucede después de un
tiempo del orden de 10
−11
segundos tras la fisión, intervalo durante el cual ceden
toda su energía cinética al medio, convirtiéndose finalmente en energía calorífica.
Aproximadamente un siete por ciento de la energía de fisión no se produce en el
instante de la fisión, sino que se va manifestando en las sucesivas desintegraciones
de las cadenas radiactivas a lo largo de un intervalo de tiempo marcado por los
períodos de semidesintegración de los miembros de dichas cadenas. La energía
producida por desintegración está compuesta de unos 8 MeV de energía cinética
de las partículas β, 7 MeV de energía de rayos γ y 12 MeV de energía cinética
de neutrinos. Los neutrinos que acompañan a la desintegración β tienen una
capacidad de interacción con la materia prácticamente nula, por lo que la energía
cinética de estas partículas escapa completamente a cualquier sistema nuclear
que se diseñe. La energía β y γ de desintegración, que representa uno 15 MeV, es
energía recuperable que se deposita en el reactor. Esta deposición se realiza de
manera diferida respecto al momento en que ocurrió la fisión. Esta energía así
depositada se denomina energía residual de modo convencional, aunque lo más
propio sería denominarla energía radiactiva. La energía cinética de los neutrones
emitidos, 5 MeV, así como la energía cinética de la radiación γ inmediata, 7 MeV,
también se deposita en el reactor. Tendríamos entonces un valor para la energía
5. Fisión nuclear 55
total emitida de 207 MeV, de la cual 195 MeV son aprovechables.
Dado que la mayor parte de los neutrones de fisión permanecen durante su
vida dentro del reactor, éstos finalmente son capturados por los núcleos en el
sistema. Los reactores se diseñan de forma que uno de los ν neutrones emitidos
por fisión sea absorbido por un núcleo fisionable para producir fisión. Por lo
tanto, el resto (ν −1) deben ser absorbidos por una reacción distinta a la fisión.
Esta reacción de absorción es, en la mayoría de los casos, del tipo captura
radiactiva, la cual da lugar a uno o más rayos γ, cuya energía dependerá del
material que sufra la reacción. De modo aproximado, se puede decir que las
capturas contribuyen a aumentar la energía depositada en 5 MeV por cada
fisión, lo que en total da una energía depositada por fisión de alrededor de 200
MeV. Para un reactor con una potencia térmica, de P megavatios, se tiene una
tasa de fisiones de 2,70· 10
21
· P fisiones por día. La tasa de quemado, en gramos
de material fisionado por día, se obtiene dividiendo por el número de Avogadro
y multiplicando por el peso atómico gramo del nucleido que se fisione, 235,0 en
el caso del
235
U. Así se obtiene que, para este combustible, la tasa de quemado
es de 1,05P gramos por día.
Recuérdese, no obstante, que los nucleidos fisionables se consumen tanto
por fisión como por captura radiactiva. Dado que la tasa total de absorción
es
σa
σ
f
= 1 + α veces la tasa de fisión, se deduce que el
235
U se consume a una
velocidad de 1,05(1+α)P gramos por día, aproximadamente igual a 1,23 gramos
por día y megavatio de potencia si las fisiones se inducen fundamentalmente por
neutrones térmicos.
Como ya se comentó, del orden del siete por ciento de la potencia no desa-
parece al anularse el flujo neutrónico que induce las fisiones, sino que permanece
como residuo correspondiente a las desintegraciones. Esta potencia irá decayen-
do con el tiempo a medida que se vaya atenuando la actividad de los productos
de fisión, i.e., el número de sus desintegraciones. El no disponer de los medios
de refrigeración adecuados para extraer este calor que se deposita a causa de las
desintegraciones cuando el reactor se encuentra parado conduciría a situaciones
absolutamente inaceptables del reactor. Por lo tanto, el cálculo de la potencia
residual o radiactiva es uno de los puntos obligados en el diseño de varios de los
componentes del reactor nuclear.
Capítulo 6
El reactor nuclear de fisión
6.1. El ciclo neutrónico
Los neutrones nacidos de la fisión quedan expuestos a las reacciones con
el medio circundante, y éstas se concretarán en una u otra clase de reacciones
en función de las secciones eficaces macroscópicas de los diversos materiales
que constituyen el reactor. En un reactor comercial, no habrá, en general, una
mezcla homogénea de todos los nucleidos componentes del reactor, sino que
existirán multitud de zonas distintas de composición diferente, por los que las
probabilidades de reacción serán también distintas.
El origen de la vida de un neutrón es la fisión que lo ha generado, y su final —
a efectos prácticos de la economía neutrónica del reactor—será bien su absorción
por un nucleido del sistema, bien su fuga: en ambos casos se habrá perdido
un neutrón libre de la población neutrónica del reactor. Entre estos dos hitos,
el intervalo que transcurre es muy corto medido en términos convencionales,
aunque sea muy largo medido en términos intrínsecamente nucleares.
Cabe considerar el concepto de generación neutrónica como el conjunto de
neutrones que se han producido por fisiones acaecidas prácticamente al mismo
tiempo y que, a su vez, originarán a través de nuevas fisiones los neutrones de la
generación siguiente. En todo caso, este concepto generacional no es realmente
útil para ahondar en el estudio de la neutrónica de un reactor, por las limitacio-
nes intrínsecas que conlleva; especialmente, por el hecho de que las generaciones
neutrónicas se superponen temporalmente unas con otras. Por otra parte, existe
el problema de los neutrones diferidos, que implica una problemática particu-
lar a la que se prestará atención más adelante. Sin embargo, y a pesar de sus
limitaciones, el concepto generacional servirá para establecer lo que podríamos
denominar el primer balance neutrónico de un reactor, aun cuando posterior-
mente éste deba perfeccionarse mediante el uso de las ecuaciones pertinentes.
Los neutrones nacidos de la fisión deberán estar sometidos en un reactor
térmico a una sucesión de procesos nucleares gracias a los cuales el reactor
automantenga la reacción en cadena. No todos los neutrones seguirán determi-
nísticamente el ciclo neutrónico que caracteriza globalmente al reactor, sino que
éste es representativo de la mayoría de los neutrones o, por así decirlo, de su
conducta media. Los reactores térmicos se construyen de tal forma que la mayo-
58 6.2. Criticidad
ría de los neutrones nacidos de fisión, con energías del orden de 2 MeV, pierdan
prácticamente la totalidad de su energía, convirtiéndose en neutrones térmicos
—en equilibrio con el medio circundante— en el proceso de moderación.
El neutrón, una vez alcanzado el menor nivel de energía, que corresponde al
rango térmico, se difundirá a lo largo del reactor hasta experimentar una reac-
ción de absorción o fugarse del mismo. Ahora bien, se establece un ciclo porque
parte de las absorciones serán necesariamente fisiones, y éstas proporcionarán
nuevos neutrones libres que puedan comenzar de nuevo el ciclo. Así pues, el ci-
clo neutrónico tiene fundamentalmente dos partes en los reactores térmicos: una
orientada fundamentalmente a hacer perder energía cinética los neutrones libres
para llevarlos a la zona térmica (moderación); otra correspondiente al proceso
de difusión de dichos neutrones térmicos en el seno del reactor, interactuando
fundamentalmente a través de reacciones elásticas, ganando o perdiendo muy
pequeñas cantidades de energía en cada choque, hasta que, a la postre, ocurra
cualquiera de los sucesos finales ya antedichos.
Durante el período en el cual los neutrones tienen aún una energía muy
rápida, superior a 1 MeV, existe la posibilidad no desdeñable de que provoquen
fisión en el
238
U, que es el nucleido combustible más abundante. En lo que
resta del período de moderación, lo más significativo son las resonancias que
presentan todos los nucleidos intermedios y pesados, en especial el
238
U. Este
nucleido posee unas características muy peculiares entre los 4 eV y los 4,5 keV y
prácticamente captura cualquier neutrón que atraviese la zona de combustible
con una energía que esté dentro de una resonancia. Las capturas del
238
U son
capturas fértiles, pues producen
239
Pu. Hay que enfatizar, por último, que los
neutrones térmicos aparecen como tales en el seno del moderador, que es el
material que, en definitiva, los lleva hasta su estado de mínima energía.
6.2. Criticidad
Es especialmente importante mantener el mismo número de neutrones en
dos generaciones sucesivas, de tal manera que la población neutrónica se man-
tenga estacionaria y, consecuentemente, se mantenga también estacionaria la
potencia, salvo por el consumo de combustible que irá sufriendo el reactor, lo
cual se aprecia solamente en períodos de tiempo muy superiores a los típicos del
ciclo neutrónico.
Cuando un reactor está conformado de tal manera que se cumple este prin-
cipio de mantenimiento de la población neutrónica, se dice que funciona en
régimen estacionario y más específicamente se dice que el reactor está en estado
crítico. El concepto de criticidad y masa crítica o tamaño crítico van asociados
directamente a este estado crítico en el que la reacción en cadena se automan-
tiene, sin variación temporal de la población neutrónica.
El parámetro η del
235
U correspondiente al rango térmico es de 2,05, valor
que se obtiene multiplicando el número medio de neutrones por fisión —que se
puede redondear en 2,5— por la tasa o número de fisiones térmicas dividido
por el número total de absorciones neutrónicas térmicas. El parámetro total η
6. El reactor nuclear de fisión 59
del combustible, incluyendo las capturas del
238
U, es igual al número total de
neutrones producido por fisiones térmicas dividido por la suma total de captu-
ras más fisiones térmicas habidas en el combustible. Su valor para el
235
U es de
aproximadamente 1,68. Este parámetro, η térmico, es el que caracteriza funda-
mentalmente la capacidad multiplicativa neutrónica del combustible. Existe la
posibilidad (reducida) de inducir fisiones rápidas, que en este caso son el 2,5 %
de la multiplicación neutrónica. A esto se le denomina efecto de fisión rápida,
se caracteriza por y se define como el número total de neutrones producidos
por fisión dividido por el número total de neutrones producidos por fisiones
térmicas. En el caso del
235
U, posee un valor de aproximadamente 1,05.
En cuanto a la fase moderación, en ella el proceso fundamental de desapari-
ción de neutrones es la captura en las resonancias, fundamentalmente del
238
U,
por lo que se puede definir un parámetro (p) denominado probabilidad de escape
a las resonancias. En este caso, el factor p sería igual a
80
99
= 0,81. Así pues, un
81 % de los neutrones logran superar con éxito la moderación sin caer captura-
dos en las resonancias de los diversos nucleidos, fundamentalmente del
238
U. El
factor p, que marca una probabilidad, tiene como límite teórico la unidad.
También es un factor menor que la unidad el que caracteriza la termali-
zación o difusión térmica neutrónica, en la que el éxito se ha de medir por la
probabilidad de que los neutrones térmicos se absorban en el combustible, su-
poniendo que no existen fugas. Este factor, f, se denomina factor de utilización
térmica. En el caso del
235
U, su valor es aproximadamente de 0,734.
En las caracterizaciones anteriores se ha omitido el tratamiento de la fuga,
por lo cual podría decirse que los parámetros que caracterizan el ciclo neutrónico
—η, , p y f— son representativos de un reactor de tamaño infinito, en el
que no existirían fugas. Esta es efectivamente la expresión que se utiliza para
caracterizarlos, y tiene interés porque a través de estos parámetros se mide la
capacidad intrínseca de una composición material para multiplicar neutrones;
esta es una propiedad de extraordinaria importancia, que conviene aislar del
problema de las fugas.
En resumen, en el diseño de un reactor es fundamental garantizar la criti-
cidad, y ello se logra disponiendo los materiales constituyentes y conformando
un espectro neutrónico que permita un balance cuadrado en el ciclo neutrónico;
para cuadrar exactamente este balance, es necesario disponer de un material de
control que absorba el exceso neutrónico que haya en cada momento. Este ex-
ceso variará lentamente a lo largo del tiempo, según se consuma el combustible
y se acumulen los productos de fisión, y también puede variar rápidamente, por
ejemplo, como consecuencia de cambios en la temperatura del reactor. Por lo
general, la herramienta empleada como material de control será el
10
B, aunque
también se emplean aleaciones de plata, cadmio e indio, barras dopadas con
hafnio o gadolinio, etc.
El concepto de criticidad sólo depende de la composición del reactor y de
su geometría (forma y tamaño). Precisamente, lo que se efectúa al introducir o
extraer las barras de control es modificar la composición del reactor. En princi-
pio, un reactor puede estar en estado crítico a cualquier nivel de potencia; i.e.,
la criticidad no depende del nivel de población neutrónica.
60 6.3. Factor de multiplicación en un medio infinito
6.3. Factor de multiplicación en un medio infinito
Para medir la evolución de la población neutrónica en un reactor de ta-
maño infinito se puede utilizar el concepto de factor de multiplicación de un
medio infinito, k

, definiendo este parámetro como el cociente entre el número
de neutrones de una generación y el número de neutrones de la generación an-
terior. Este parámetro, no obstante, puede expresarse también en términos de
magnitudes más representativas de la población neutrónica, como las tasas de
reacciones. El numerador del cociente es el número de neutrones producidos por
fisión como consecuencia de las absorciones que han sufrido los neutrones de
la generación anterior. Dado que todos los neutrones de esta última generación
anterior han de morir por absorciones, el cociente anterior puede expresarse, con
más rigor, como k

=
νΣ
f
Φ
ΣaΦ
.
Para que haya multiplicación neutrónica es necesario que los neutrones que
se absorban en el combustible produzcan un cierto número de nuevos neutrones
libres a través del proceso de fisión, proceso que se valora mediante el parámetro
η. Ahora bien, es preciso tener en cuenta que sólo una fracción de neutrones se
absorbía en el combustible respecto de todos los neutrones térmicos disponibles
en el reactor; esta fracción venía dada precisamente por el factor de utilización
térmica, f. Para producir neutrones térmicos, por otra parte, hace falta previa-
mente haber moderado los neutrones que nacieron al principio de la generación
que se está contabilizando; esto se valora a través de la probabilidad de escape a
las resonancias. Por último, es preciso tener en cuenta la probabilidad —aunque
sea pequeña— de que se produzcan fisiones rápidas que contribuyan a la multi-
plicación neutrónica; este proceso se valora mediante , factor de fisión rápida,
que posee un valor sólo un dos o un tres por ciento por encima de la unidad.
Así, resulta:
k

= ηfp,
expresión en la que η puede calcularse, con suficiente aproximación, simplemente
gracias a las tablas de secciones eficaces; el cálculo de f y p resulta mucho más
complicado, debido a que dependen de la configuración heterogénea en la que
se encuentren el moderador y el combustible, y algo similar puede decirse de .
6.4. Factor de multiplicación efectivo
En un reactor comercial, las fugas neutrónicas serán casi despreciables, por-
que se han de minimizar atendiendo a dos razones: por un lado, la economía
neutrónica del reactor se resentiría si las fugas fueran significativas; por otro,
una tasa de fugas considerables implicaría unos niveles de radiación neutrónica
alrededor del reactor intolerables.
Si se denomina P a la probabilidad de no fuga neutrónica del reactor, se
podría definir el factor de multiplicación efectiva k de un reactor finito como
el producto del factor de multiplicación infinita correspondiente a su material
multiplicado por dicha probabilidad de no fuga, i.e., k = k

P. La probabilidad
de no fuga puede factorizarse en dos términos, siguiendo la pauta del ciclo
6. El reactor nuclear de fisión 61
neutrónico. Si se denomina probabilidad de no fuga rápida a X y probabilidad
de no fuga térmica a Y , se podría decir que por cada neutrón rápido nacido,
otros X neutrones realizan el proceso de moderación dentro del reactor, i.e., sin
fugarse de él, aun cuando algunos de ellos sean capturados en las resonancias, lo
cual se evalúa con su parámetro correspondiente, p. De los que han llegado a ser
térmicos, una fracción Y será absorbida en el reactor; dicha fracción, representa,
para dichos neutrones, la probabilidad de no fuga térmica. Análogamente, podría
escribirse la ecuación para X en función de las tasas de moderación y de captura
en resonancias más la tasa de fuga rápida.
Globalizando todo el ciclo neutrónico y teniendo en cuenta que la tasa
de moderación de neutrones lleva posteriormente bien a la fuga de neutrones
térmicos o bien a su absorción en el reactor, la probabilidad de no fuga total,
obviamente, es el cociente entre la tasa total de absorciones y la suma de éstas
más las fugas.
6.5. Evolución temporal de la población neutró-
nica
Realicemos una primera estimación de cómo se desenvuelve en el tiempo
la población neutrónica de un reactor dado. Supondremos que los neutrones
aparecen en generaciones sucesivas y que entre dos consecutivas transcurre el
tiempo que tarda un neutrón en morir desde que nace por un proceso de fisión.
Esta vida del neutrón libre se designará por (de lifetime). Así, considerando
que N es el número total de neutrones existente en el reactor y que t es la
variable temporal, y eligiendo como punto inicial en el tiempo una generación
cualquiera a partir de la cual se cuenta la evolución, puede escribirse:
N(t
0
+) = N(t
0
) · k,
∆N
∆t
=
kN −N

, (6.1)
en la que se ha expresado la variación de la población neutrónica según una
ecuación en diferencias finitas, de tipo generacional sucesiva. En la realidad, sin
embargo, las generaciones están muy mezcladas en el tiempo, pero esto puede
representarse por el límite diferencial de la expresión anterior, que transforma
las ecuaciones (6.1) en una ecuación diferencial de variables continuas:
dN
dt
=
k −1

N N(t) = N(0) exp

k −1

t, (6.2)
que se han integrado de forma inmediata admitiendo que el factor de multiplica-
ción efectiva es constante en el tiempo, lo cual es válido en primera aproximación.
La conclusión más importante de la ecuación anterior es que representa una
evolución del reactor muy distinta en función del valor de k. Así, se pueden
distinguir claramente tres regímenes:
– k = 1, en cuyo caso la población neutrónica permanece constante. Es el
caso denominado crítico, en el cual el reactor está precisamente en su con-
dición exacta de automantenimiento de la reacción en cadena. Este es el
62 6.5. Evolución temporal de la población neutrónica
modo en el que ha de funcionar un reactor en régimen nominal. Implíci-
tamente se considera que el reactor lleva crítico desde tiempo infinito o,
a efectos prácticos, que ha olvidado ya sus condiciones iniciales, lo cual
sucede habitualmente en unos pocos segundos. Durante ese período inicial
transitorio, el reactor será crítico, pero aún no habrá alcanzado el régimen
estacionario.
– k < 1, lo que significa que la población neutrónica del reactor decrece
exponencialmente con el tiempo. A este régimen se le denomina subcrítico
y, de alcanzarse, la potencia del reactor se anularía en unos pocos segundos,
o incluso en fracciones de segundo.
– k > 1, lo que correspondería al régimen denominado supercrítico, en el
que la población neutrónica del reactor aumentaría exponencialmente; la
potencia del reactor alcanzaría un valor exorbitadamente alto y no podría
ser extraída por el refrigerante del mismo. El régimen supercrítico sólo
es tolerable en un reactor durante fracciones de tiempo muy cortas y,
realmente, en condiciones de supercriticidad no muy separadas del estado
crítico.
La ecuación (6.2) puede escribirse de la forma:
N(t) = N(0)e
t
T
, donde T =

k −1
,
en la cual la variable T se denomina período del reactor. El período es infinito
para el caso crítico y negativo para el caso subcrítico, pero realmente en dichos
regímenes esta magnitud tiene poca relevancia. Su utilización real radica en el
caso supercrítico, en el cual el tiempo T marca el intervalo que ha de transcurrir
para que la potencia del reactor se multiplique por e. En un reactor comercial
no se toleran estados supercríticos con valores muy bajos de T. Si éste cae por
debajo de 10 segundos, las barras de control entran en el reactor y se anula la
reacción en cadena.
Por reactividad se entiende la capacidad del reactor de multiplicar la pobla-
ción neutrónica; numéricamente se define como
k−1
k
. La reactividad es positiva
para los estados supercríticos.
Hay que recordar que no todos los neutrones producidos en las fisiones
son inmediatos, sino que algunos viven en estado fetal (dentro de los núcleos)
durante un tiempo considerablemente largo hasta que emergen como netrones
libres. En este sentido, el cómputo de duración de una generación neutrónica
o intervalo entre dos generaciones de fisiones sucesivas se tendría que hacer de
acuerdo con la ecuación:
¯
= (1 −β) +β(τ +),
en la que se ha ponderado el número de neutrones inmediatos, 1−β, y el número
de neutrones diferidos, cuya fracción es β, por sus duraciones correspondientes.
Aunque en los neutrones diferidos se pueden identificar varias familias —
típicamente seis—, en este caso se han congregado todas en una sola caracte-
rizada por una constante de desintegración media λ, cuyo inverso es el tiempo
6. El reactor nuclear de fisión 63
medio de decaimiento τ, que viene a ser del orden de los 13 segundos. A par-
tir de la expresión anterior y de los datos expuestos se aprecia que el término
debido a los neutrones inmediatos es despreciable frente al sumando debido a
los neutrones diferidos, que es aproximadamente 0,09 segundos en el caso más
usual de emplear
235
U como combustible, al que corresponde una β de 0,0065.
Así pues, el tiempo efectivo de una generación parece estar dominado por los
neutrones diferidos y resulta notablemente superior al que se había utilizado
antes, que correspondía exclusivamente a la vida media de los neutrones libres.
Este nuevo tiempo es casi cien veces superior al de dicha vida media en los
reactores de grafito-gas y de diez mil veces superior en el caso de los reactores
de agua ligera.
Esto implica que las reactividades máximas que se pueden permitir para
no traspasar el límite de período mínimo de 10 segundos se modifican sustan-
cialmente. La cota de la constante de multiplicación efectiva será prácticamente
independiente del tipo de reactor y sólo dependerá del combustible utilizado,
puesto que éste es el que caracteriza a β y a λ. En el caso del
235
U, la k máxima
permitida es de 1,009.
Para mejorar la teoría expuesta, definiremos una k referida sólo a la pro-
ducción de neutrones inmediatos, que llamaremos k
p
(de prompt neutrons):
k
p
=
(1 −β)νΣ
f
Φ
Σ
a
Φ
P = (1 −β)k.
Tanto las absorciones como la probabilidad de no fuga afectan a todos los neu-
trones libres, pero en el numerador sólo se cuentan los inmediatos producidos,
dado que los diferidos aparecerán, por término medio, unos 13 segundos des-
pués. En una primera aproximación, podríamos decir que la evolución a muy
corto plazo estaría dominada por los inmediatos, y seguiría pues una ley:
N(t) = N(0) exp

k
p
−1

t

.
Si k
p
> 1, la evolución temporal inmediata sería ya una exponencial creciente,
y sería sólo la vida media de los neutrones libres, no la
¯
calculada anterior-
mente. A esta situación se la denomina supercriticidad pronta, y de alcanzarse
tendría efectos muy dañinos. Por ejemplo, si en un reactor pwr
1
de = 10
−5
segundos se alcanza una k
p
= 1,001, se tendría que T
p
= 0,01 segundos; es
decir, en una centésima de segundo su potencia se habría multiplicado por e, y
en un segundo habría alcanzado e
100
≈ 10
30
veces el valor inicial. Estas cifras
ponen en evidencia la rapidísima respuesta de un reactor supercrítico pronto.
Existen, no obstante, ciertos mecanismos —que se analizarán posteriormente—
que harían disminuir k
p
a medida que aumenta la temperatura. Aun así, la pen-
diente de subida es tan fuerte que los procesos termodinámicos subsiguientes
serán altamente irreversibles y podrán dañar tanto al combustible como a las
vainas, pudiendo asimismo expulsar al refrigerante del reactor por sobrepresión
de ondas de choque.
En definitiva, el parámetro k no debe nunca superar el valor
1
1−β
. Como
β 1, dicho valor es igual a 1+β. Así pues, el valor máximo de supercriticidad
1
La nomenclatura de reactores utilizada habitualmente es la siguiente: pwr significa Pres-
surized Water Reactor; bwr, Boiling Water Reactor; ambos tipos de reactores pertenecen a
la clase de los reactores de agua ligera, lwr (Light Water Reactor). Más adelante se tratarán
de manera más extensa los diferentes tipos de reactores.
64 6.6. Potencia del reactor
o exceso de k sobre 1 que puede permitirse es precisamente β, la fracción de
neutrones diferidos.
2
En realidad, la cota superior que se especificará en los reactores corresponde
a supercriticidades del orden de, a lo sumo, el treinta o el cuarenta por ciento
del valor de β; de alcanzarse esa cifra, se produciría la inserción de las barras
de apagado en el reactor, con lo que en dos o tres segundos tras la detección de
esa violación de seguridad, la potencia neutrónica del reactor sería nula. El nivel
de 10 segundos de mínimo período se fija por ser tres o cuatro veces superior
al tiempo que se necesita para proceder al apagado neutrónico por la inserción
mecánica de las barras, mucho más lenta que la detección, computación y envío
electrónico de la orden de parada, que habitualmente se denomina scram.
6.6. Potencia del reactor
El objetivo de una central nuclear es generar energía eléctrica, lo que tiene
lugar gracias a un ciclo termodinámico en el que la fuente calorífica o foco
caliente, directa o indirectamente, es el reactor nuclear.
La temperatura que puede alcanzarse en ese foco caliente está acotada por
las propiedades físico-químicas de los materiales que se utilicen. Las tempera-
turas que se alcancen dependerán de la potencia térmica que se genere y de
los procesos de extracción de calor que se desarrollen. Estos últimos dependen
básicamente del régimen de refrigeración, y de ahí que en materia de seguridad
nuclear sea fundamental mantener la refrigeración suficiente para garantizar las
temperaturas dentro del margen aceptable.
Más de un 95 % de la potencia generada en el reactor se deposita en el
combustible, mientras que alrededor de un 3 % se deposita en el moderador y
el resto en los demás materiales —estructuras, absorbentes de control, etc.—.
Esto es importante para establecer apropiadamente las ecuaciones de transmi-
sión de calor y termohidráulica, pero por lo que a la neutrónica respecta, lo
que más interesa ahora es señalar la diferencia entre la potencia directamente
dependiente de la población neutrónica libre del reactor y la potencia emanada
de las desintegraciones radiactivas. La principal característica de estos nucleidos
radiactivos es que su potencia no se anula por el hecho de anularse la pobla-
ción neutrónica del reactor. La potencia radiactiva permanece, decayendo según
las leyes de desintegración nuclear en función de los nucleidos que componen
los productos de fisión (más los actínidos y productos de activación, para ser
exactos).
6.6.1. Potencia neutrónica
Sabemos que la tasa de fisiones Σ
f
Φ. En cada fisión se liberan aproxima-
damente 205 MeV, de los cuales habría que descontar los neutrinos y la energía
contenida potencialmente en los productos radiactivos, y habría que agregar la
2
Recuérdese que β = 0,0022 para el
239
Pu y β = 0,0065 para el
235
U.
6. El reactor nuclear de fisión 65
potencia de las capturas neutrónicas, que se producen el mismo tiempo que las
fisiones. Todo ello viene a reducir la cifra anterior a unos 195 MeV por fisión.
No debe entenderse que Σ
f
Φ es directamente la fuente de calor en cada
punto del reactor, pues ya se comentó que parte de esa energía se deposita
distribuidamente, aunque la mayor parte, un 85 %, se deposita muy localmente.
En todo caso, si se toma como volumen unitario una porción vertical de una
barra de combustible con su refrigerante y su moderador asociado, el valor Σ
f
Φ
será muy representativo de la densidad de potencia en esa zona. La expresión
exacta de la densidad de potencia generada, en W/cm
2
, es:
W = a

E0
0
Σ
f
(E)Φ(E)dE,
donde a es un factor de conversión de unidades que, teniendo en cuenta una
generación de potencia inmediata de 195 MeV por fisión, vale a = 3,15 · 10
−11
J/fisión.
La densidad de potencia puede escribirse como:
W = a

E
th
0
Σ
f
ΦdE +a

E0
E
th
Σ
f
ΦdE,
expresión en la que la primera integral se refiere al rango térmico (y es la fun-
damental) la segunda al resto.
En el rango térmico se puede escribir:

E
th
0
Σ
f
ΦdE =
¯
Σ
f

E
th
0
ΦdE =
¯
Σ
f
Φ
th
,
lo cual explica el carácter de promedio de Σ
f
y el carácter de integral del flujo
Φ
th
.
En cuanto a la variable espacial, es obvio que tanto Σ
f
como Φ variarán de
un punto a otro. La sección eficaz variará cuando cambie el medio material. El
flujo lo hará de forma continua. Ahora bien, el valor estrictamente puntual de
la densidad de potencia tiene poco significado. Es más representativo promediar
el resultado sobre un pequeño volumen como el mencionado, con una porción
vertical (de un centímetro aproximadamente) de barrita de combustible más su
vaina, refrigerante y moderador asociados.
3
La densidad de potencia se expresaría como:
W(r) =
a

V

E
Σ
f
Φ(E, ν)dEdV

V
dV
.
Otro parámetro representativo de la potencia neutrónica es la potencia es-
pecífica, referida a la potencia generada por unidad de masa de combustible. Se
3
El volumen V al que se extiende la integral no tiene por qué ser siempre de las dimensiones
aludidas, sino que a veces hay que aplicarlo a todo un elemento de combustible, e incluso a
todo el reactor —lo que proporcionaría la densidad de potencia media de la instalación—.
66 6.6. Potencia del reactor
expresa así:
E(r) =
a

V

E
Σ
f
Φ(r, E)dEdV

V
m(r)dV
,
donde m(r) es la densidad de combustible, que sólo será distinta de cero dentro
de la barrita de combustible.
6.6.2. Quemado. Consumo de combustible
Las reacciones de absorción producen un cambio en la naturaleza de los nu-
cleidos reaccionantes, que es drástico en el caso de la fisión. El término quemado
identifica más estrictamente la extracción de energía del combustible nuclear.
Más exactamente aún, se define el quemado, o el grado de quemado, como la can-
tidad total de energía extraída por unidad de masa del combustible inicialmente
cargado en el reactor.
El primer efecto del quemado es el consumo de nucleidos fisibles —particu-
larmente el
235
U inicial— y tiene connotaciones negativas para el mantenimiento
de la criticidad del reactor a largo plazo, pues se van depauperando sus cuali-
dades de multiplicación neutrónica.
El segundo efecto es la generación de nucleidos fisibles a partir de capturas
fértiles, y lógicamente éste tiene un efecto positivo. En el caso de los reacto-
res reproductores, el inventario total de fisibles aumenta con el tiempo, lo cual
permite mantener la criticidad durante largos períodos de funcionamiento. Aho-
ra bien, todos los reactores térmicos basados en
235
U son no reproductores, de
modo que le inventario de nucleidos fisibles disminuye con el tiempo.
El tercer efecto es la acumulación de productos de fisión, que tienen una
repercusión realmente negativa para la capacidad multiplicadora neutrónica del
reactor. El cuarto efecto —que en realidad es el mismo que el anterior, visto des-
de otra situación— es la disminución de nucleidos combustibles en su conjunto,
incluso en el caso de reactores reproductores. El consumo neto se debe a las
fisiones, pues las capturas no tienen otras consecuencias que cambiar unas espe-
cies por otras, apareciendo los transuránidos (actínidos altos) como el
239
Pu, el
240
Pu,
241
Pu,
242
Pu, americios y curios. A partir de un gramo de material com-
bustible se obtiene que la energía generada por la fisión de todos sus núcleos
es de aproximadamente 8 · 10
10
julios, pero una cifra redondeada más fácil de
recordar es la de 24 MWh, i.e., 1 MW día.
Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que solamente un tres por
ciento del material combustible experimenta fisión. Se trata de un porcentaje
realmente bajo —aunque sea comercialmente rentable—, que desciende aún más
si consideramos que para fabricar un kilogramo de uranio enriquecido hacen falta
unos seis kilogramos de uranio natural.
Cuando el combustible llega a estar tan depauperado en su reactividad que
no puede mantener la reacción en cadena, el reactor se apagaría motu proprio.
Aunque existen técnicas para alargar un poco su funcionamiento, el único re-
medio para volver a trabajar nominalmente es descargar el combustible más
6. El reactor nuclear de fisión 67
quemado y reemplazarlo por otro nuevo. Ahora bien, además de la limitación
por reactividad, el quemado alcanzable está limitado también por el máximo
deterioro sufrido por las vainas, aunque esta limitación queda muy por enci-
ma de la anterior en los lwr. El motivo de esta limitación se debe a que la
estructura metálica de la barra experimenta notables cambios por irradiación,
tanto por capturas como por dispersiones, que originan núcleos de retroceso,
creando vacantes intersticiales en la red cristalina. Ello hace que la vaina pierda
ductilidad y que suba la temperatura de transición de comportamiento dúctil a
frágil, con el consiguiente riesgo de aparición y propagación de grietas. En defi-
nitiva, cuanto mayor sea el grado de quemado a alcanzar, mayores han de ser los
requisitos impuestos al material de las vainas y a sus procesos de fabricación.
6.6.3. Potencia residual
Llamemos t al momento en el que calculamos la potencia del reactor, a
i
a la energía liberada promedialmente en cada desintegración y γ
i
al llamado
rendimiento de fisión —i.e., el tanto por uno de aparición del nucleido i en
cada fisión—. La tasa de fisiones en un momento genérico τ vendrá dada por
Σ
f
Φ(τ), siendo Σ
f
la sección eficaz media de fisión y Φ el flujo total del reactor
en el momento τ. La potencia residual será la suma de las contribuciones de
todos los productos de fisión i, que poseerán una vida media cuyo inverso será
la constante de desintegración, λ
i
.
De cada producto de fisión, su inventario M
i
vendría regido por la ecuación:
dM
i
(t)
dt
= γ
i
Σ
f
Φ(t) −λ
i
M
i
(t),
cuya integración es:
M
i
(t) =

t
0
γ
i
Σ
f
Φ(τ)e
−λi(t−τ)dτ
;
de este modo, la potencia residual se expresaría por:
P
r
(t) =
¸
i
a
i
λ
i

t
0
γ
i
Σ
f
Φ(τ)e
−λi(t−τ)dτ
.
La teoría anterior adolece de una imprecisión fundamental: los productos
de fisión primarios no decaen directamente en nucleidos estables, sino que son
origen de una cadena de varias desintegraciones sucesivas. En dichas desintegra-
ciones, además, los períodos varían mucho, de segundos a miles de años, todo lo
cual obligaría a tener que resolver las ecuaciones de evolución para cada isótopo.
En la práctica, la potencia residual se calcula por modelos semiempíricos que
globalizan todas las contribuciones.
La radiactividad acumulada en un reactor de potencia que lleve varios me-
ses de funcionamiento es de inventario muy elevado, y su desaparición por de-
caimiento natural es muy lenta. Especialmente crítico para la seguridad del
reactor es el período inmediatamente subsiguiente a la parada del reactor, pues
68 6.6. Potencia del reactor
la abundancia de desintegraciones hace que su potencia térmica asociada sea
muy elevada. A efectos de potencia, lo que realmente cuenta es el resultado
macroscópico de esas desintegraciones, que se puede medir como el porcentaje
que representa la potencia residual sobre la potencia nominal con que había
trabajado el reactor. Dado que los productos radiactivos alcanzan casi todos un
nivel de saturación durante el funcionamiento, la potencia residual resulta casi
independiente del tiempo que haya funcionado el reactor antes de su apagado.
Para tiempos de enfriamiento superiores a un día, se puede utilizar, en
primera aproximación, una ley empírica de decaimiento potencial —como re-
sultado de la adición de las múltiples exponenciales existentes, algunas de ellas
interrelacionadas—. Si llamamos T
0
al tiempo de funcionamiento y t al de en-
friamiento subsiguiente a la parada, la citada ley da:
P
r
P
0
= 0,0023(t
−0,2
−T
−0,2
0
),
donde los tiempos han de expresarse en días y la validez de la expresión queda
restringida a t < T
0
y t > 1 día. En los casos en que se requiera una evaluación
muy precisa de la potencia residual se ha de recurrir a un cálculo preciso de
la acumulación del inventario radiactivo (familia a familia) y de su posterior
decaimiento, para lo cual existen códigos de computación.
Capítulo 7
Centrales nucleares
7.1. Introducción
Una central nuclear es un tipo de central térmica en la que la obtención
del vapor para accionar la turbina se produce mediante reacciones nucleares,
particularmente la reacción de fisión. La materia prima que se emplea para
alimentar las centrales nucleares es el uranio, pues el ciclo del torio, el otro
material fisionable abundante en la Tierra, no ha sido comercializado hasta la
fecha por carecer de isótopo fisible. Es en el foco calorífico de la central es
donde se dan las características específicas de una central nuclear. El hecho de
que exista radiación implica diferencias adicionales, incluso en el aspecto físico
externo de la central, y por supuesto en todo lo referente a la protección y
vigilancia radiológica.
Un parque de alta tensión da salida, como en toda central térmica, a los
kilovatios hora generados, que son vertidos a la red general de transporte de
electricidad. Este parque es, en principio, absolutamente convencional en todos
sus sistemas, aunque merece destacarse por su tamaño, debido a la potencia
nominal de los reactores nucleares de hoy día.
Los transformadores principales del parque de alta tensión van alimentados
a través de las barras que provienen del o de los alternadores de la central. En
los primeros diseños de centrales nucleares, en los que la potencia unitaria de
los turbogeneradores era inferior a la potencia total del reactor, existían dos o
más alternadores por cada reactor. En las centrales actuales, y prácticamente en
todas las construidas a partir de 1970, el conjunto turbina-alternador es unitario
por reactor, lo cual ha significado un aumento extraordinario en la potencia
unitaria de las turbinas, que en menos de diez años pasaron de unos 250 MW
eléctricos por unidad a más de 1 000 MW eléctricos por unidad. Datos típicos
de un turbogenerador de una central de 1 000 MW eléctricos son: alternador
síncrono trifásico de 22 kV, con 1 220 MVA de potencia total, un factor de
potencia de 0,9, refrigeración interna por hidrógeno a 3 atm, con excitatriz por
eje, sin escobillas y estator refrigerado por agua. Su velocidad nominal de giro,
en Europa, es de 1 500 rpm, mientras que en América es de 1 800.
La conversión de la energía calorífica a energía mecánica se realiza según
un esquema tradicional de ciclo de Rankine, aunque el circuito del fluido de
70 7.1. Introducción
trabajo (agua-vapor) va considerablemente más sellado y protegido respecto de
fugas de lo que es habitual en las centrales térmicas. Si esto es válido en general
para todo tipo de centrales, mucho más lo es para aquellas —como el reactor
bwr— en los cuales el vapor se genera en la propia caldera nuclear.
En la concepción básica del circuito termodinámico se identifican cuatro
grandes componentes: el sistema de generación de vapor, la turbina, el conden-
sador y las bombas. Al igual que la turbina, el condensador y las bombas han
de estar dimensionados para la potencia unitaria de la central, que puede alcan-
zar e incluso superar los 3 000 MW térmicos. El rendimiento de conversión en
las centrales nucleares es de un 31 o 32 por ciento, menor que en las centrales
térmicas convencionales, porque la temperatura del foco calofírico en las cen-
trales nucleares no puede alcanzar, por motivos de seguridad, las temperaturas
de una caldera de combustión. Esto implica mayor calor evacuado a través del
condensador por unidad de energía eléctrica producida en la central.
Por motivos elementales de seguridad y de elasticidad de respuesta ante
posibles desconexiones del equipo eléctrico, las centrales disponen de un by-pass
de la turbina al condensador y en algunos casos (infrecuentes en nuestro ámbito
tecnológico) de condensadores adicionales o aliviadores de carga térmica. Esta
posibilidad de desviar el vapor al condensador en el caso de que la turbina quede
inoperante por su desacoplamiento con el alternador —y deje de funcionar, por
tanto, como sumidero de energía para equilibrar el ciclo termodinámico— per-
mite desacoplar hasta cierto punto las condiciones de trabajo del reactor nuclear
de las anomalías que puedan ocurrir en la red eléctrica exterior, aunque este de-
sacoplamiento no puede ser duradero más allá de un cierto plazo. No obstante,
el desacoplamiento ha de ser tal que permita la respuesta segura del reactor y su
acondicionamiento en una situación de espera que no conlleve ningún problema
de refrigeración.
En las bombas usadas es común la existencia de laberintos y estopadas múl-
tiples para evitar la fuga de refrigerante; no sólo por razones de presurización del
circuito, que son elementalmente importantes, sino asimismo para minimizar la
dispersión de radiactividad y mantener la integridad del circuito de trabajo ter-
modinámico, que es en cierta medida una barrera contra la difusión de efluentes
radiactivos. En cualquier reactor existen varias bombas de alimentación por dos
motivos: en primer lugar, por el hecho de que la potencia calorífica a extraer
suele necesitar varias bombas con objeto de dotar al fluido de las condiciones de
presión y caudal necesarias para extraer la alta potencia calorífica generada. Por
otro lado, y con mayor relevancia aún desde el punto de vista de la seguridad,
la multiplicidad de componentes en paralelo permite siempre mejorar la dispo-
nibilidad o fiabilidad general, e impide que un único fallo en una bomba pueda
repercutir negativamente, al cien por cien, en las condiciones de refrigeración
del reactor.
En los casos de generación directa nuclear del vapor, existen dos conjuntos
de bombas: uno que realiza la circulación de condensado y otro que realiza
la recirculación del refrigerante no convertido a vapor durante su paso por el
núcleo; esta conversión, para garantizar la refrigeración adecuada de la parte
superior del reactor, no puede pasar de un cierto porcentaje de vapor en peso,
que normalmente ronda el 13 por ciento.
7. Centrales nucleares 71
En los reactores de agua a presión, existen dos circuitos absolutamente
diferentes, con un componente común que son los generadores de vapor, aunque
en ellos no hay nunca mezcla del refrigerante primario y del secundario.
En el caso de los reactores de grafito-gas, un fluido gaseoso realiza la refrige-
ración del reactor, para posteriormente generar vapor en el generador de vapor.
En este caso las bombas de impulsión del gas refrigerante primario son esencial-
mente soplantes; es decir, muy similares a los ventiladores convencionales, pero
accionados en este caso por una turbina de vapor. Las bombas de condensado,
por el contrario, actúan en el circuito secundario, reponiendo en el calderín del
generador de vapor el agua condensada, una vez expansionada en la turbina.
El reactor es el sistema en el cual se verifican las reacciones de fisión, así
como otra serie de reacciones de reacciones nucleares, y se aumenta la tempera-
tura de sus componentes a partir de la liberación energética de las reacciones,
teniéndose que proceder a su refrigeración para mantener las temperaturas en
un nivel estacionario, y tan alto como sea tecnológicamente posible.
7.2. Tipología de reactores
7.2.1. Reactores de agua a presión
La característica básica de los reactores de agua a presión es que el agua
refrigerante del reactor permanece líquida a su paso por el reactor. Como conse-
cuencia de esta opción de diseño, el vapor necesario para accionar la turbina se
ha de generar en un componente diferente de éste, situado a menor presión que
la del circuito primario. El circuito primario, en el caso de los grandes reactores
de potencia unitaria de 3 000 MW térmicos, está distribuido en tres lazos, todos
los cuales pasan por el corazón del circuito, que es el propio reactor. Cada lazo
tiene un generador de vapor y una bomba de recirculación. En el generador de
vapor el agua del primario cede su energía al agua del secundario, que entra en
ebullición. El agua así enfriada en el primario del generador de vapor retorna,
gracias a la impulsión de las bombas, al reactor. Un componente adicional es el
presionador, sistema que actúa para regular la presión de trabajo del circuito
primario y que tiene como función la de inyectar o extraer agua del circuito,
según se necesite aumentar la presión de éste o relajarla.
En el circuito secundario se realiza, estrictamente hablando, el ciclo ter-
modinámico, pues en él se encuentra el generador de vapor o foco caliente, la
turbina, el condensador y las bombas de condensado, que vuelven a presionar el
fluido asta las condiciones de trabajo del secundario del generador de vapor. En
éste se introduce el agua caliente del primario por la parte interna de unos tubos
de transmisión, por cuyo exterior viaja el fluido secundario que se transforma
en vapor.
En cuanto al reactor, se halla inserto en una vasija de acero, de medio metro
de espesor aproximadamente, provista de una tapa que va embridada a la vasija
en condiciones normales de funcionamiento, y que puede retirarse de la misma
72 7.2. Tipología de reactores
para proceder a la recarga del combustible.
El combustible ocupa el lugar inferior del espacio hueco de la vasija, estando
en la parte superior los elementos guía de las barras de control, que en número
parcial estarán fuera del combustible durante el funcionamiento nominal. El
refrigerante entra en la vasija del reactor por las bocas conectadas a las ramas
frías del circuito primario, procedentes de las bombas de recirculación, y tras
viajar por la zona periférica del anillo de la vasija, llegan a su espacio inferior,
para a partir de ahí subir verticalmente lamiendo las vainas del combustible
y proceder a su refrigeración. El refrigerante emerge por la parte superior del
núcleo y se distribuye a través del amplio espacio superior hacia las bocas que
conectan con las tuberías conducentes a los generadores de vapor.
El combustible va encapsulado en vainas de aleación de circonio cuya inte-
gridad es uno de los primeros objetivos de seguridad nuclear, para evitar que
los productos radiactivos que se generan en el combustible durante el funcio-
namiento de la central puedan pasar al refrigerante y, posteriormente, al medio
circundante. El combustible se fabrica en forma de pastillas de dióxido de ura-
nio enriquecido (UO
2
), con una concentración de
235
U sobre el uranio total del
orden del tres por ciento. Las dimensiones de las pastillas son de algo menos de
un centímetro de diámetro y unos 2,5 de altura, y se apilan en el interior de la
vaina, manteniéndose firmes mediante la presión de un muelle vertical instalado
en el tapón de la vaina, a la vez que se presuriza ligeramente el interior mediante
un gas inerte para mejorar la transferencia de energía en la interfaz combustible-
vaina. En la parte superior de la vaina queda un espacio hueco para alojar los
productos de fisión gaseosos que escapan de las pastillas de combustible.
Las vainas así cargadas —que tienen aproximadamente 1 cm de diámetro
unos 4 m de altura, de los cuales unos 360 cm son de altura activa, i.e., de
combustible real— se agregan formando lo que se denomina elemento de com-
bustible, que es la pieza unitaria de movimiento de combustible en el interior del
reactor. La constitución de estos elementos obedece a una estructura reticular
cuadrangular, formando en su interior figuras prismáticas de unos 21 cm de lado
y 4 m de altura. Existen un pie y un cabezal para alojar las vainas en su posición
correspondiente y darles la rigidez mecánica adecuada. Con ese motivo también
se disponen una serie de rejillas espaciadoras a diversas alturas de las vainas,
para mantener éstas en la posición debida y evitar aproximaciones entre vainas
que produzcan puntos de escasa refrigeración que alcancen temperaturas muy
altas.
Al final de cada ciclo de operación, que dura entre 12 y 24 meses, se ha
de recargar el reactor, extrayéndose los elementos combustibles más gastados e
insertando elementos nuevos o frescos. Es precisa la existencia de un edificio de
combustible —o, en su caso, una piscina de combustible próxima al reactor—
para poder verificar la recarga de éste, teniendo en todo momento que ir los
elementos de combustible irradiado bajo agua, debido a la potencia residual.
Finalmente, en la central debe existir un sumidero último de calor que, incluso
en los accidentes más severos que se puedan prever, garantice la refrigeración
del calor producido por las desintegraciones radiactivas. Este sumidero último
de calor debe tener una construcción sismorresistente para garantizar su fun-
cionamiento en el caso del terremoto más perjudicial que se haya previsto en el
diseño.
7. Centrales nucleares 73
7.2.2. Reactores de agua en ebullición
Al contrario que los de agua a presión, los reactores de agua en ebullición
están concebidos para que el agua que refrigera el combustible cambie de fase a
su paso por el reactor. Desde este punto de vista, el reactor de agua en ebullición
está más cerca de la concepción clásica de una central térmica, en el sentido de
que no introduce componentes adicionales en el proceso de generación de vapor,
sino que emplea directamente el reactor como generador de vapor, en clara
similitud a una caldera de combustión.
Los reactores de agua a presión, que tienen un circuito primario absoluta-
mente estanco en condiciones nominales, ofrecen a priori una barrera adicional
contra la propagación de radiactividad respecto de lo que ocurre en los reactores
de agua en ebullición, en los que la fuga de los productos radiactivos al refrige-
rante se puede transmitir directamente al exterior. Por otra parte, la no intro-
ducción de una barrera intermedia en el proceso de generación de vapor, como
es el generador de vapor en su interfaz primario-secundario, hace que los reacto-
res de agua en ebullición presenten una realimentación nuclear-termohidráulica
más viva, que permite ajustar la potencia del reactor a la demanda del turboal-
ternador con mayor flexibilidad.
En la vasija de los reactores bwr existe una recirculación de agua líquida
hacia la parte anular de la misma, alrededor del reactor, donde se mezcla con
la proveniente del condensado. Esta mezcla es succionada por una corriente
formada con el agua de la parte inferior de dicho espacio anular, entrando todo
ello en el colector inferior, desde el cual penetra ascendiendo en el núcleo del
reactor, lamiendo verticalmente las vainas al igual que en el pwr, pero entrando
en ebullición en este caso. La ebullición no es total: aproximadamente el 13 por
ciento se convierte en vapor, recirculándose como agua líquida el 87 por ciento
restante hacia el espacio anular exterior. El combustible de los reactores de
agua en ebullición es, asimismo, óxido de uranio y, por supuesto, va envainado
en tubos de aleación de circonio.
Las dimensiones de los componentes del reactor son sensiblemente parecidas
a los reactores de agua a presión, aunque en este caso la altura activa sea unos
20 cm mayor y la disposición de las varillas en elementos de combustible no
se haga en bloques de base tan ancha, sino en prismas más pequeños, de unos
13 ×13 cm.
1
7.2.3. Reactores de grafito-gas
Los reactores de grafito-gas, que funcionan con uranio natural, constituyen
la primera familia comercial de reactores nucleares. Aunque posteriormente se
han visto superados desde el punto de vista económico y tecnológico por los
reactores de agua ligera, esto no significa en absoluto que sus características
básicas o de seguridad sean poco atractivas; se trata simplemente de que el de-
1
En los pwr el número de varillas es del orden de 200 o incluso mayor, empleándose
configuraciones de 14 × 14 o 16 × 16 varillas por elemento; por el contrario, en los bwr
iniciales se empleaban 6 ×6 varillas por elemento, y en los más modernos 8 ×8 varillas.
74 7.2. Tipología de reactores
sarrollo tecnológico de los reactores de agua ligera, especialmente en lo referente
a potencia unitaria, ha hecho que los reactores de grafito-gas resulten menos
rentables.
En los generadores de grafito-gas, la generación de vapor se hace indirec-
tamente, puesto que el combustible no es refrigerado por agua, sino por CO
2
.
La elección de este refrigerante se debe fundamentalmente a tres motivos: su
escasa actividad química, lo cual permite emplear cualquier tipo de material en
el reactor sin que existan problemas de incompatibilidad química con el refri-
gerante; su gran transparencia neutrónica, lo cual es necesario en este tipo de
reactores que emplean uranio natural; y, por último, el hecho de que la densidad
de potencia de estos reactores es pequeña, entre otras razones porque la fracción
de volumen que puede ocupar el combustible es reducida, por la alta razón que
tiene que haber entre el número total de átomos de carbono en el grafito que
sirve de moderador y el número total de átomos de combustible. La necesidad de
grandes volúmenes de grafito para moderar neutrones hace que estos reactores
sean muy voluminosos en comparación con los reactores de agua ligera, y su
densidad de potencia sea relativamente baja.
El uso del carbono como moderador se debe a sus buenas propiedades neu-
trónicas, en tanto que permite ralentizar los neutrones rápidos de fisión y a su
vez captura muy pocos neutrones, por lo que no incide de manera negativa en
la economía neutrónica del reactor.
El reactor va embebido en una gran edificación que incluye también los tur-
boventiladores que sirven para mover el CO
2
y mantener el caudal refrigerante.
En el circuito de refrigeración se incluye un intercambiador de calor gas-agua
en cuyo secundario se genera vapor. A partir de este vapor, las características
son sensiblemente similares a las de las centrales térmicas convencionales.
El combustible es, en este caso, uranio metálico aleado y envainado; la
configuración física del combustible ha sufrido una evolución, pues inicialmente
tenía forma de estrella trigonal, y en los reactores más modernos es un cilindro
hueco refrigerable tanto por el interior como por el exterior. El combustible se
fabrica en módulos de altura reducida, del orden de 60 cm, apilables uno sobre
otro dentro de los canales que forman los bloques de grafito, cuyo apilamiento
constituye la estructura fundamental del reactor.
Los bloques de grafito forman efectivamente una agregación en columna que
permite la ubicación de los elementos combustibles, que son recargables con el
reactor en funcionamiento a través de una máquina que opera sobre el techo
del reactor y conecta su pequeño almacén de elementos con el canal en el que
se tiene producir la sustitución. Esta recarga continua es fundamental para la
economía de estos reactores, pues al emplear uranio natural disponen de muy
poca reactividad inicial, y el quemado de descarga es de unos 5 MWd/kg.
7.2.4. Reactores de agua pesada
Los reactores de agua pesada obedecen a un concepto similar a los reactores
de agua a presión, pero la configuración del reactor nuclear y su circuito prima-
7. Centrales nucleares 75
rio son distintos del ya visto. Pueden funcionar con uranio natural, aunque a
menudo emplean uranio ligeramente enriquecido, y emplean agua pesada como
moderador.
Disponen de unos generadores de vapor en los cuales hay transferencia de
calor del circuito primario al secundario, que es en el que se realiza el ciclo
termodinámico de Rankine, al igual que en los pwr. El circuito primario consta
de un reactor contenido en una gran calandria o tanque de agua pesada, que es
cruzada por los canales donde se aloja el combustible.
Estos canales van refrigerados también por agua pesada, aunque en este caso
no se mezcla con la que constituye la masa de moderador, pues este agua pesada
interna o próxima al combustible tiene la misión fundamental de refrigeración
y debe alcanzar una temperatura suficiente para la producción de vapor en los
generadores antedichos.
Al igual que en los reactores de grafito-gas, en éstos se produce la recarga de
combustible de modo continuo, y los elementos de combustible entran por uno de
los extremos del tubo o canal de combustible y salen por el otro. Los elementos de
combustible se constituyen también como una agregación de varillas de dióxido
de uranio envainadas, aunque en este caso el elemento de combustible posee
forma cilíndrica en vez de prismática.
Debido a la altísima inversión que requieren, estos reactores han tenido un
despliegue comercial relativamente modesto, restringido fundamentalmente a
Canadá, con algunas exportaciones a América Latina y Asia, debiéndose señalar
no obstante que obtienen unos factores de carga elevadísimos y, en general,
unas prestaciones muy positivas, como consecuencia, entre otras cosas, de su
mecanismo de recarga continua.
7.2.5. Reactores rápidos
El principio físico de los reactores rápidos es evitar la moderación de neu-
trones, de modo que éstos permanezcan rápidos hasta su desaparición por fuga
o por absorción en un núcleo —que es el suceso que domina casi al cien por cien
la desaparición de neutrones en un reactor—. Esta clase de reactores no han
sido comercializados aún, y es posible que encuentren dificultades en su comer-
cialización, por problemas relacionados con su seguridad y específicamente con
el uso abundante de plutonio.
Los reactores rápidos ofrecen como principal peculiaridad la obligación de no
introducir entre sus componentes ningún material de peso atómico ligero, como
podría ser el agua. Esto lleva a la necesidad de refrigerarlos mediante metales
líquidos, particularmente sodio. En este caso, por tratarse de un metal alcalino
y por su reactividad química con el agua, existen tres circuitos de refrigeración
encadenados, verificándose en el terciario el ciclo termodinámico del agua. En el
primario se refrigera el reactor transfiriéndole la energía calorífica al secundario,
a través de un intercambiador sodio-sodio.
Todos los elementos principales de los reactores rápidos, incluido el núcleo
76 7.2. Tipología de reactores
del reactor y la cobertura fértil que lo rodea, están sumidos en una gran cuba
de sodio, que circula en fase líquida realizando el recorrido primario de modo
integral dentro de la vasija. La causa fundamental de tal adopción se debe a la
búsqueda de un sistema que minimice la probabilidad de fuga de sodio y fallo
en la refrigeración del reactor. Esta modalidad de circuito primario integrado
y de mínima probabilidad de fuga puede inspirar la evolución de los reactores
de agua a presión hacia sistemas más seguros. También ha sido adoptada en los
diseños de reactores híbridos.
El reactor en sí está constituido por un núcleo central de alto contenido en
plutonio —en forma de dióxido mezclado con UO
2
—, rodeado de una cobertura
de uranio empobrecido (de colas de enriquecimiento) que envuelve al reactor
tanto verticalmente como alrededor de su periferia cilíndrica. Los elementos
de combustible en los cuales se ensamblan las varillas de combustible suelen
configurarse hexagonalmente y poseen una altura activa muy reducida, de tan
sólo un metro en algunos diseños, con objeto de maximizar las fugas axiles para
minimizar los efectos peligrosos de reactividad que pueden producirse por el
vaciado del sodio. Las fugas neutrónicas del núcleo son absorbidas en la capa
fértil, produciéndose precisamente el efecto reproductor, i.e., la generalización
de nucleidos de
239
Pu a partir de las capturas neutrónicas en el
238
U.
7.2.6. Reactores híbridos
La principal característica de los reactores híbridos es que no alcanzan la
masa crítica. Se denominan híbridos porque utilizan dos reacciones sinérgica-
mente relacionadas con objeto de hacer posible su funcionamiento, pues la reac-
ción de fisión por sí sola no mantendría la reacción en cadena. La otra reacción
sinérgica tiene que producir los neutrones que alimenten la multiplicación neu-
trónica subcrítica.
Aunque hay varias opciones de cara a escoger esta segunda reacción, las
alternativas más claras son la reacción de fusión deuterio-tritio (que produce un
núcleo de helio y un neutrón de 14 MeV) y la reacción de espalación, provocada
por el choque sucesivo de un protón muy rápido (varios cientos de MeV) contra
varios núcleos de un isótopo pesado, como el plomo o el
238
U. De estos choques
el protón arranca decenas de neutrones, de varios MeV cada uno.
En el caso de utilizar la reacción deuterio-tritio, se necesita un pequeño
reactor de fusión para producir el flujo neutrónico que alimente al conjunto
subcrítico de fisión. Esos reactores de fusión aún no están disponibles, ni siquiera
en fase de investigación. Por el contrario, sí existen numerosos aceleradores de
protones para producir fuentes de espalación. Esta es la opción seguida en el
Amplificador de Energía, cuyos primeros experimentos fueron hechos en el cern
en otoño de 1994.
Tanto la fuente de espalación como el conjunto subcrítico (en el que puede
usarse torio preferentemente) están inmersos en una gran vasija de plomo fun-
dido. Este material cumple dos misiones importantes: la de fluido calorífero que
refrigera el reactor, transfiriendo el calor a un cambiador; y la de difusor neutró-
7. Centrales nucleares 77
Cuadro 7.1: Características de diversos reactores convencionales
Tipo Comb. Enriquecimiento MWd/kg W/cm
3
W/g
pwr UO
2
3,5 35 105 37,5
bwr UO
2
3,2 32 55 25
hwr UO
2
1,2 10 10 12
gcr metal 0,71 5 2 3
nico, para que los reactores se distribuyan uniformemente por el reactor. Este
cambiador de calor representa un foco caliente para alimentar un ciclo de Ran-
kine, aunque el calor puede tener otras aplicaciones directas o de transformación
(desalación de agua de mar, síntesis de combustibles químicos, producción de
hidrógeno, etc.).
La mayor ventaja que aportan los reactores híbridos es la de trabajar en
régimen subcrítico, y ser por tanto inmunes a accidentes de reactividad, los más
catastróficos que pueden ocurrir en la industria nuclear.
7.3. Magnitudes básicas de los reactores nuclea-
res
En la tabla (7.3) figuran una serie de datos sobre las distintas familias de
reactores citadas anteriormente; la tabla se completa con las siguientes defini-
ciones:
– Material combustible: es la forma físico-química en la que se dispone el
combustible fisionable. Suele utilizarse una aleación metálica en el caso de
que el combustible vaya a recibir una tasa de irradiación o quemado baja,
mientras que en los casos de alta irradiación se recurre al dióxido de uranio
—perfectamente miscible con el dióxido de plutonio—; se han identificado
otros combustibles alternativos que no han llegado a comercializarse, tales
como el carburo de uranio y el nitruro de uranio.
– Enriquecimiento: expresa, en tanto por ciento (bien en átomos o bien en
peso) la cantidad de
235
U sobre uranio total. La palabra enriquecimiento
hace referencia al combustible que contiene más
235
U del que existe en el
uranio natural (un 0,71 por ciento), y asimismo se emplea para designar
el proceso industrial de separación isotópica por el cual se obtiene un
producto enriquecido y unas colas empobrecidas.
– Quemado o grado de quemado: mide la cantidad de energía extraída de un
combustible nuclear. Habida cuenta de que la fisión completa de todos los
núcleos contenidos en un gramo de material combustible (uranio, plutonio,
torio. . . ) representa, en números redondos, 1 MWd, se emplea la unidad
de MWd por tonelada o kilo de combustible para expresar esta magnitud.
78 7.3. Magnitudes básicas de los reactores nucleares
– Densidad de potencia: es el cociente entre la potencia térmica generada
en el reactor y el volumen ocupado por éste. También se emplea para
expresar, de modo más local, la potencia generada alrededor de un pun-
to del reactor, por centímetro cúbico. Esto requiere ciertas matizaciones,
puesto que la potencia se genera mayoritariamente en el seno del com-
bustible, con pequeña aportación a la potencia generada térmicamente en
el refrigerante, en el material estructural y en el material de control, por
interacciones neutrónicas con estos materiales. Como, por otra parte, el
refrigerante tiene que evacuar la potencia térmica generada en el combus-
tible, esta magnitud se usa siempre en un sentido promediado o integral,
i.e., abarcando todos los materiales que constituyen el reactor.
– Potencia específica: es la potencia térmica dividida por la masa de com-
bustible empleada en el reactor. Se puede aplicar igualmente como una
magnitud de descripción local, afectando a una varilla de combustible, a
todo un elemento de combustible, etc. El quemado es igual al producto de
la potencia específica (expresada en MWd/kg) por el tiempo de funciona-
miento (expresado en días); lógicamente, de ello se deduce que las distintas
varillas del reactor, y una varilla a distintas alturas, pueden experimentar
grados de quemado diversos en función de la potencia específica de cada
punto.
7.3.1. Criticidad y quemado
Para que un reactor funcione en régimen estacionario, debe haber alcan-
zado lo que se denomina masa crítica; ésta es la cantidad de combustible, a
la densidad especificada, con la cual se obtiene una multiplicación neutrónica
que iguale a las pérdidas neutrónicas totales, con lo que la población neutrónica
libre en el reactor se mantenga constante a lo largo del tiempo. La masa críti-
ca no es un concepto simple, sino que está relacionado con la configuración y
composición del reactor; con mayor rigor habría de hablarse de estado crítico,
concepto definido con anterioridad.
A lo largo de la irradiación del combustible, medida en tiempos macroscó-
picos habituales (horas, días, etc.), se va produciendo una depauperación del
combustible nuclear, que se empobrece en nucleidos fisibles contenidos en su
seno y, sin embargo, va incrementándose en productos de fisión, que en mayor
o menor medida son absorbentes neutrónicos. La consecuencia fundamental de
esta evolución es que el reactor, a medida que transcurren los días efectivos a
plena potencia, va cambiando su composición isotópica de manera ostensible,
con lo que cambian también las especificaciones de su estado crítico.
Para contrarrestar este efecto caben dos alternativas: o bien eliminar nu-
cleidos que capturen neutrones en abundancia —lo que supondría extraer ab-
sorbentes del reactor— o bien aumentar el contenido de nucleidos fisibles en el
reactor —lo que supondría incorporar a éste combustible fresco—. No es posible
realizar una extracción efectiva y segura de los productos de fisión (venenos neu-
trónicos) por las implicaciones radiológicas que conllevaría. Así pues, si se desea
tener capacidad para extraer un absorbente, es necesario haberlo introducido
7. Centrales nucleares 79
previamente, como previsión de las necesidades de extracción de este material
que van a aparecer después. Por ello, en vez de partir de un reactor que esté
optimizado en su momento inicial, precisamente se empobrece la capacidad mul-
tiplicadora neutrónica de dicho reactor introduciendo un absorbente manejable
o absorbente de control ; se llama así porque será el material móvil a través del
cual se mantendrá el control del reactor, bien en funcionamiento estacionario,
bien en situación de parada segura.
Los materiales usados como absorbentes neutrónicos de control y la dispo-
sición física de éstos varía de una familia de reactores a otra. En los reactores de
agua ligera, el nucleido empleado por excelencia es el
10
B, uno de los dos isóto-
pos naturales del boro.
2
También son materiales susceptibles de ser empleados
con este fin las aleaciones de cadmio, plata e indio; el hafnio, y el gadolinio.
En cuanto a la forma físico-química de disponer el absorbente de control,
la práctica más general es hacerlo en forma sólida, envainado, formando barras
o placas manejables desde el exterior con el mecanismo adecuado. Sin embargo,
en el reactor de agua a presión se puede emplear disuelto en el agua para lograr
una mayor uniformidad volumétrica del efecto de absorción neutrónica. Esto se
verifica diluyendo ácido bórico en el agua de refrigeración y variando su concen-
tración por adición o extracción de agua borada en función de las necesidades
de la planta.
Así, los reactores, en el momento del inicio de su funcionamiento, tienen un
combustible en su seno con masa potencialmente mayor que la masa crítica; lo
cual, sin embargo, no es exactamente cierto, por la presencia de un absorbente
exterior introducido precisamente para contrarrestar el exceso de reactividad
del combustible empleado. Este exceso de reactividad es lo que va a permitir
que el reactor funcione durante un período más o menos largo sin necesidad de
extraer combustible irradiado e introducir combustible fresco. A lo largo de este
período, que corresponde al ciclo de quemado, el operador ha de ir extrayendo el
absorbente de control, de tal manera que vaya manteniéndose el estado crítico
del reactor.
En los primeros reactores comerciales, que fueron los de grafito-gas, el exce-
so de reactividad que se podía alcanzar al comienzo de un ciclo era ciertamente
pequeño, porque usaban uranio natural como combustible, como ya se ha dicho,
lo que obligó a diseñar estos reactores para que pudieran funcionar con recar-
gas continuas; esta recarga continua, como también se ha mencionado, sólo era
posible gracias al escaso quemado de descarga y la baja densidad de potencia
característicos de estos reactores.
Algo absolutamente distinto ocurre en los reactores de agua ligera, donde los
grados de quemado alcanzados son de 30 MWd por kilogramo y las densidades
de potencia y presiones de trabajo no permiten la recarga continua con fiabilidad
y seguridad suficientes, por lo que se opta por un sistema de recarga discreta.
2
En realidad, el boro se emplea siempre como tal material, i.e., sin separación neutrónica
previa, puesto que este proceso, muy caro, no estaría justificado en absoluto desde el punto
de vista de la eficacia neutrónica de su absorbencia. El boro natural (que contiene una 19 por
ciento de
10
B), en la forma química que mejor se preste a las necesidades del tipo de reactor,
suele ser el absorbente más usado.
80 7.3. Magnitudes básicas de los reactores nucleares
Cada 12, 18 ó 24 meses se detiene el reactor y se procede a la sustitución de
los combustibles gastados por los elementos nuevos, a la vez que se reorganiza
la configuración de los diversos elementos del reactor para obtener la mejor
distribución de potencia con la mayor simetría posible respecto del eje vertical
del reactor.
En este caso, lógicamente, no se produce la recarga de un solo elemento de
combustible cada vez, sino de varios de ellos, aproximadamente un tercio de los
que en total conforman el núcleo. Por ello, al comienzo de un ciclo nuevo en un
reactor de agua ligera, el exceso de reactividad es muy considerable.
Un ciclo de combustible queda finalizado cuando, tras la extracción de to-
dos los absorbentes de control, el reactor esté en estado crítico, pues a partir de
ahí un quemado adicional del reactor supondrá un empobrecimiento de éste en
capacidad multiplicativa y un aumento del inventario de productos de fisión, lo
que en definitiva llevará al reactor a un estado subcrítico, en el que se apaga-
rá rápidamente su población neutrónica, anulándose prácticamente la tasa de
fisiones.
En la práctica, existe la posibilidad de extender ligeramente la duración del
ciclo, pero a costa de disminuir la potencia del reactor para reducir la tempe-
ratura del combustible; esta magnitud puede coadyuvar, junto con la densidad
del refrigerante, a generar un incremento de reactividad, aunque relativamen-
te pequeño. Esta práctica, denominada coastdown, no es aplicada más que en
casos estrictamente necesarios en los que conviniera demorar unos días la fina-
lización del ciclo, mediante la reactividad extra generada por reducción de la
temperatura del combustible.
Para conseguir un adecuado desarrollo de cada ciclo, es necesario realizar
previamente los análisis y estudios de gestión de combustible, que llevarán a la
identificación de cuál es el enriquecimiento idóneo a cargar en los combustibles
frescos y cuál ha de ser la configuración detallada de los diversos elementos de
combustible en el seno del reactor. Con ello se conseguirán minimizar los picos
de potencia y temperatura, y uniformar la potencia específica en los diversos
puntos del reactor.
7.3.2. Autoestabilidad del reactor
El control externo, que tiene una importancia fundamental en los reactores
de investigación de muy alta potencia, no es, sin embargo, la causa de que
el reactor se estabilice en el estado crítico en los reactores de alta potencia y,
particularmente, en los reactores comerciales. En éstos existen unos mecanismos
de realimentación negativa de la población neutrónica del reactor, que tienden
a mantener ésta en un nivel constante, o a pasar a un nivel estable superior
o inferior en función de las acciones externas que se hayan introducido en el
reactor. Gracias a esta realimentación negativa, que actúa además en un plazo
de tiempo del orden de la propia generación neutrónica, los reactores comerciales
poseen unas características extraordinarias de autoestabilidad.
Los procesos en que se basa esta realimentación negativa se denominan
efectos de reactividad, y en los reactores de potencia refrigerados por agua son
básicamente dos: el efecto Doppler o efecto de la temperatura del combustible,
7. Centrales nucleares 81
y el efecto de densidad del moderador, que en este caso es agua ligera. En el
caso de los reactores moderados por grafito y refrigerados por gas, el segundo
efecto importante es el de la temperatura del grafito —que corresponde a la
temperatura de termalización de los neutrones— y no, lógicamente, el de la
densidad del refrigerante, que no tiene efectos sobre la población neutrónica.
El efecto Doppler o de temperatura del combustible tiene lugar cuando
aumenta la temperatura del combustible y es consecuencia del aumento de cap-
turas neutrónicas en el
238
U. Por tratarse de un proceso de transmisión de calor
por conducción en el seno del propio combustible, este mecanismo de realimen-
tación es muy rápido, con constantes de tiempo del orden de la cienmilésima
o diezmilésima de segundo. Esta realimentación se opone, por ejemplo, a cual-
quier aumento de potencia, como consecuencia del aumento de temperatura que
aquél conllevaría. De modo similar, si la refrigeración empeora, el combustible
se calienta, se producen más capturas neutrónicas y la potencia desciende.
El mecanismo de realimentación a través de las variaciones en las variables
físicas de los moderadores es distinto en el caso del agua que en el del grafito. En
el primero, el efecto es relativamente complejo, y se concreta en un cambio de
las condiciones de moderación de los neutrones, lo cual repercute en el resultado
de la competencia entre procesos nucleares que se da en el reactor. Aunque este
mecanismo es complejo, se puede acotar un rango de variables en el cual se
garantiza que, a través del efecto de la densidad del moderador, se tendrá un
mecanismo de realimentación negativa.
En el caso del grafito, lo que varía al cambiar la temperatura de éste es la
temperatura del espectro neutrónico térmico, lo cual conlleva a su vez variacio-
nes en la competencia entre procesos nucleares, y particularmente en la mayor
o menor probabilidad de provocar fisiones. El grafito puede inducir realimenta-
ciones positivas (y, por tanto, ser causante de inestabilidades) en presencia de
239
Pu, por la resonancia de fisión que posee este nucleido alrededor de 0,3 eV.
No obstante, las consecuencias de este efecto son despreciables frente al efecto
Doppler en prácticamente todas las situaciones que se pueden prever en un
reactor, y por supuesto en todas las situaciones tolerables de su funcionamiento.
7.3.3. Conversión y reproducción en el combustible nuclear
En las denominadas capturas fértiles, los nucleidos de tipo par-par, como el
238
U o el
232
Th, capturan un neutrón convirtiéndose en el siguiente isótopo de
número másico más alto, concretamente
239
U o
233
Th, que son emisores de vida
relativamente corta y que, tras dos emisiones de este tipo, se transforman en
nucleidos par-impar de carácter fisible. Las siguientes reacciones ejemplifican el
proceso:
238
92
U +n −→
239
92
U
β

−−→
239
93
Np
β

−−→
239
94
Pu, (7.1)
232
90
Th +n −→
233
90
Th
β

−−→
233
91
Pa
β

−−→
233
92
U. (7.2)
Estos procesos tienen una importancia considerable en la evolución tempo-
ral de las propiedades nucleares del combustible. Recuérdese la degradación que
82 7.3. Magnitudes básicas de los reactores nucleares
sufrían las características multiplicativas neutrónicas del combustible nuclear
como consecuencia del consumo de sus nucleidos fisibles, que son proporcional-
mente pocos comparados con los nucleidos fértiles, pues incluso en los reactores
que utilizan enriquecimiento, éste no suele superar el 3,5 por ciento.
A través de estos procesos de captura fértil se produce una regeneración de
la capacidad multiplicativa neutrónica del combustible nuclear, puesto que en
un período relativamente breve —del orden de dos días en el caso del
238
U— las
capturas en este nucleido conllevan la aparición de un nuevo nucleido, el
239
Pu,
cuyas características nucleares como isótopo fisible son tan buenas o mejores que
la del
235
U. Así pues, la disminución de la cantidad de nucleidos fisibles originales
debido al quemado se puede equilibrar hasta cierto punto con la aparición de
nucleidos fisibles como consecuencia de las capturas fértiles.
Para valorar la potencialidad de este proceso se define como razón de con-
versión el cociente entre la tasa de capturas fértiles y la tasa de absorciones en
nucleidos fisibles. En el caso de que la razón de conversión arroje un resultado
mayor que la unidad, se la denomina razón de reproducción, entendiendo por
reproducción el hecho de que, en ese reactor, el inventario de nucleidos fisibles
aumenta con el tiempo de funcionamiento del reactor, puesto que se generan más
nucleidos fisibles a partir de los isótopos fértiles que la cantidad de nucleidos
fisibles destruidos en el mismo intervalo de tiempo. La evolución temporal de la
cantidad de nucleidos fisibles en el reactor se puede escribir según la ecuación
diferencial:
dI
dt
= −σ
a
IΦ +σ
c
PΦ = −σ
a
IΦ +Rσ
a
IΦ, (7.3)
donde I es la concentración de nucleidos fisibles (impares) y P de fértiles (pares),
siendo R la razón de conversión, σ las secciones eficaces y Φ el flujo neutrónico.
La integración de la ecuación (7.3) conduce a:
I(t) = I(0)e
(R−1)σaΦt
; (7.4)
como se observa, si la razón de conversión es mayor que la unidad, los nuclei-
dos fisibles aumentan con el tiempo. En la integración anterior, en todo caso,
se ha supuesto que la razón de conversión es constante durante el período de
integración, lo cual no es cierto salvo en períodos de tiempo relativamente cor-
tos. Se comprende que, de extenderse los períodos de integración a un tiempo
indefinidamente largo, los nucleidos fértiles se irían consumiendo y por tanto no
podrían experimentar una tasa elevada de capturas fértiles.
En todo caso, cabe diferenciar claramente dos tipos de reactores: aquellos
en los cuales la razón de conversión es menor que la unidad, y aquellos en los
que la razón es superior a la unidad y por tanto son reproductores. Obviamen-
te, estos últimos presentan ventajas notabilísimas desde el punto de vista del
aprovechamiento del combustible, puesto que no sólo queman los nucleidos fi-
sibles inicialmente cargados, sino gran cantidad de los nucleidos fértiles que los
acompañaron en la carga. Como consecuencia de que el inventario de nucleidos
fisibles aumenta, la pérdida de reactividad del combustible con el quemado pue-
de ser muy pequeña, aun cuando se vayan almacenando los productos de fisión,
que son en este caso los responsables prácticamente únicos de que se produzca
una caída en la reactividad del reactor.
7. Centrales nucleares 83
Los reactores con razón de conversión menor que la unidad son denomina-
dos convertidores o quemadores. Normalmente esta última acepción se reserva
para aquellos en los cuales la razón de reproducción no es muy alta, del orden de
0,5. Esta denominación comprende prácticamente la totalidad de los reactores
comercializados en la actualidad. La acepción de convertidores se debería res-
tringir a los reactores que tienen razones de conversión considerablemente altas,
próximas a la unidad, aunque inferiores a ella. A esta cifra se acercan los reac-
tores de grafito-gas y los de agua pesada, aunque todavía proporcionarían cotas
más altas los reactores de gas de alta temperatura y los reactores, aun en fase
de análisis teórico, de geometría espectral, de geometría variable y similares.
Para poder construir un reactor reproductor es necesario que el nucleido
fisible tenga un valor del parámetro η —número medio de neutrones producidos
por absorción— mayor que dos. Esta acotación es estrictamente válida en el caso
de que los nucleidos fértiles no contribuyan a las fisiones. El comportamiento de
este parámetro depende considerablemente de la energía del neutrón incidente en
la reacción, hasta tal punto que en unos rangos de energía el valor del parámetro
es muy inferior a dos. Este rango de energías corresponde precisamente a la
zona de resonancias, donde las capturas neutrónicas desempeñan un papel muy
importante en la competencia entre procesos neutrónicos y hace que disminuya
el protagonismo de la fisión, que es en general la reacción dominante en estos
nucleidos. Asimismo, hay que tener en cuenta que el número de neutrones por
fisión aumenta ligeramente al aumentar la energía del neutrón incidente en todos
los nucleidos, y especialmente en el
239
Pu. Con estas precisiones, se entiende que
en el rango térmico los nucleidos fisibles presenten un valor de η alrededor de dos,
con una clara ventaja del
233
U, que es considerado como el único nucleido fisible
que podría asegurar el funcionamiento de un reactor térmico reproductor, aun
cuando su margen de maniobra, o exceso de reproducción, sería muy pequeño,
puesto que para él η = 2,15 en valor medio en el espectro térmico. El
235
U podría
mantener un reactor térmico justamente reproductor, puesto que su valor medio
de η es ligeramente superior a dos, y en el caso del
239
Pu se duda que pueda
obtenerse en ningún caso un reactor térmico reproductor.
La zona intermedia o de resonancias, que abarca aproximadamente desde
1 eV hasta 1 keV, ofrece, por una parte, valores fuertemente oscilantes del pa-
rámetro η y, por otra, ciertas incertidumbres sobre su valor medio, aunque en
todo caso se admite que quedaría siempre por debajo de dos. Por el contrario,
en el rango más rápido, los tres nucleidos —especialmente el
239
Pu, presentan
valores de η notablemente superiores a dos. Con un espectro típico de reactor
rápido refrigerado por sodio, el plutonio presenta un valor de η = 2,4, lo cual
permite un amplio margen para reproducción y, a pesar de las competencias
inevitables de las capturas en otros materiales del reactor, incluido el sodio, se
podría alcanzar una razón de reproducción de 1,25.
El interés del mecanismo de la reproducción no se circunscribe al aumento
de la eficiencia energética de la central. También abre la posibilidad de reciclar el
combustible descargado, con alto contenido en nucleidos fisibles, aunque tenga
el inconveniente de ir acompañado de productos de fisión, que presentan un in-
ventario radiactivo ciertamente preocupante desde el punto de vista radiológico,
por lo que se han de separar del combustible para el reciclado de éste.
84 7.4. Sistemas de seguridad
7.4. Sistemas de seguridad
Debe recordarse, antes de abordar este epígrafe, que la radiactividad y la
reactividad son las raíces básicas de la problemática existente en un reactor
nuclear. La radiactividad es la capacidad de algunos nucleidos de emitir radia-
ciones ionizantes como consecuencia de su inestabilidad nuclear; la reactividad
es la capacidad de un sistema (reactor) de multiplicar su población neutrónica
libre y, por ende, la potencia generada en su seno.
7.4.1. Sistemas relativos a la radiactividad
La radiactividad no sólo supone la liberación de una radiación ionizante,
sino la consiguiente interacción de ésta con el medio circundante, lo cual genera
calor. Esto da pie a que, al acumularse un inventario de productos radiactivos en
el reactor, aparezca una potencia radiactiva, no dependiente del flujo neutrónico
en ese momento, que se tiene que refrigerar para evitar que el combustible y
la vaina se fundan. Así, hay que tener en cuenta la necesidad de vigilar los
niveles de radiactividad en diversos puntos de la central y su entorno, para
poder determinar acciones de seguridad (como la parada rápida del reactor) en
caso de que los niveles alcancen la cota máxima permitida.
Vigilancia de la radiactividad La vigilancia de la radiactividad es llevada a
cabo por varios subsistemas, normalmente inconexos entre sí, puesto que tienen
que abarcar varias áreas del reactor, de la central y de su entorno. Por ejemplo,
deberá existir un sistema de vigilancia de la radiactividad del primario, que
fundamentalmente mida la radiactividad que acompaña al refrigerante a su sa-
lida del reactor, lo cual medirá con gran aproximación la cantidad de productos
radiactivos que se fugan a través de las vainas.
Debe existir también un sistema, que comprende a su vez diversos subsis-
temas, que vigile las diversas líneas de efluentes de la central a la atmósfera y
a la hidrosfera, para determinar si en estas efluencias existen productos radiac-
tivos en concentración superior a la máxima tolerable. Adicionalmente, debe
existir un plan de vigilancia radiológica ambiental, que conlleva la necesaria red
de puntos de medición alrededor de la central, para asegurar que la dispersión
de los efluentes radiactivos no produce acumulaciones de radiactividad en nin-
gún punto, ni en ninguna cadena trófica, de tal forma que no se vulneren las
concentraciones máximas permitidas por la legislación.
Blindajes El fuerte campo de radiación electromagnética de alta energía (ra-
diación γ) existente como consecuencia de las reacciones y desintegraciones nu-
cleares que tienen lugar en el seno del reactor, obliga a blindar gran parte de
los locales de la central, sobre todo en el edificio del reactor, así como a lo largo
de las tubería de líquidos radiactivos, de forma que se evite la exposición in-
debida al personal. Algunas operaciones de mantenimiento exigen la presencia
de personal de la central en diversas áreas próximas al reactor, lo cual implica
7. Centrales nucleares 85
la adopción de blindajes. El blindaje es, por lo general, un conjunto de piezas
estáticas que cumplen su función de modo continuo, en lo cual se diferencia de
otros sistemas de seguridad que típicamente funcionan sólo en caso accidental.
Sistemas de tratamiento de residuos En una central resulta inevitable la ge-
neración de productos de desecho que tienen cierto contenido radiactivo, y que
han de verterse o transformarse en productos sólidos de fácil almacenamiento
en la propia central. Los residuos producidos durante el funcionamiento de una
central son de media y baja actividad lógicamente, con un contenido de pro-
ductos radiactivos por unidad de volumen o de peso sustancialmente inferior al
combustible irradiado, que constituye la base del denominado residuo de alta
actividad, cuyo tratamiento exige unas operaciones totalmente distintas a las de
los anteriores residuos y se deben realizar en una planta preparada a tal efecto.
Aunque los residuos puedan proceder de material sólido activado —i.e, de
material que contiene productos radiactivos como consecuencia de reacciones
de captura neutrónica—, la mayor preocupación por los desechos radiactivos
durante la operación de la central se debe generalmente al proceso de purifica-
ción del refrigerante, lo cual produce fundamentalmente residuos solidificables,
aunque una pequeña porción haya de evacuarse por vía líquida a la atmósfera.
Sistemas de refrigeración del calor residual La misión de estos sistemas es
asegurar la refrigeración incondicional del calor residual —procedente de las de-
sintegraciones radiactivas— en condiciones accidentales. Está compuesto, a su
vez, por varios subsistemas que actuarán en diversas circunstancias. Por ejem-
plo, pueden existir sistemas de refrigeración para casos en los que el reactor
quede despresurizado ligeramente y haga falta la inyección de refrigeración a
muy alta presión, aunque con bajos caudales. El extremo opuesto sería que el
reactor hubiera quedado prácticamente a presión atmosférica y no se necesitara
inyección del refrigerante a alta presión pero, sin embargo, se requirieran cauda-
les mucho mayores. En casos accidentales, será necesario extraer una potencia
de, como mucho, el siete por ciento de la nominal. Un caso particular de refri-
geración del calor residual es el que se ha de mantener durante la recarga de
combustible en los reactores de agua ligera.
7.4.2. Sistemas relativos a la reactividad
El reactor ha de estar protegido contra su propia capacidad de multipli-
car rápidamente la potencia que genera, porque la sobrepotencia conllevaría
problemas para el mantenimiento de temperaturas adecuadas. Incluso podrían
producirse sobrepresiones que dislocarían la configuración mecánica de los dife-
rentes sistemas físicos del reactor.
La posibilidad de un incremento súbito de potencia radica en los propios
procesos nucleares que sirven de base para el funcionamiento del reactor. Si
este balance se desequilibra por causas de diversa naturaleza —en el sentido de
favorecer la generación de neutrones libres— se entra en la zona de operación
86 7.4. Sistemas de seguridad
de supercriticidad o reactividad positiva, en la cual la potencia aumenta con el
tiempo. En un cierto margen de esa zona, dicho aumento es admisible, tolerable
y controlable mediante los mecanismos intrínsecos del reactor. Sin embargo,
podrían aparecer estados supercríticos con una excesiva reactividad positiva,
que produjeran un aumento inadmisible de potencia, contra lo que se ha de
proteger al reactor.
Conviene poner énfasis en la existencia de una zona suficientemente amplia
de reactividad como margen de operación en la cual la tendencia del reactor
a aumentar su potencia es controlable o, mejor dicho, autocontrolada por el
propio reactor. En cualquier caso, la protección exterior se realiza limitando:
– El nivel de potencia total del reactor, que generalmente se fija entre un
115 y un 120 por ciento de la potencia nominal.
– La velocidad de aumento de la potencia, que se restringe a ciertos valores
para evitar que la propagación sea tan fuerte que puedan aparecer ondas de
choque o se llegue a una inercia en el aumento de la potencia que traspase
con mucho la sobrepotencia admisible. En los reactores, normalmente, no
se tolera que la potencia aumente a una velocidad tal que se duplique en
menos de diez segundos.
Los sistemas que llevan a la práctica estas funciones de seguridad se com-
ponen básicamente de tres partes o subsistemas: un subsistema de medición de
variables energéticas y neutrónicas; un subsistema de lógica de seguridad de la
central, que analiza la medida y, en caso necesario, ordena la parada rápida del
reactor; y un subsistema capaz de efectuar dicha parada rápida, que en todos
los reactores de potencia se materializa en unos absorbentes neutrónicos muy
fuertes, dispuestos en las llamadas barras de control de parada (scram), que se
insertan en el reactor cuando se recibe la orden de parada, anulando en po-
cos segundos la población neutrónica libre y por tanto la potencia neutrónica
(aunque permanezca la potencia radiactiva).
Capítulo 8
Aceleradores de partículas
8.1. Introducción
Por acelerador de partículas se entiende un aparato capaz de transmitir
energía a partículas de tamaño del orden atómico y conseguir que adquieran
una velocidad elevada respecto del aparato acelerador. Mediante una aporta-
ción suficientemente elevada de energía, se espera que las partículas aceleradas
puedan, por una parte, acceder a regiones espaciales de acceso electromagné-
ticamente difícil (núcleos atómicos con sus intensos campos eléctricos) y, por
otra, realizar una transferencia de energía a otras partículas de forma súbita e
intensa.
Los comienzos del estudio de la aceleración de partículas se remontan a
los inicios del siglo xx: en 1908, Ernest Rutherford estudió el desvío de
las trayectorias de las partículas α al atravesar una lámina delgada de oro y,
a partir de tal experimento, propuso un modelo de estructura atómica de tipo
planetario. Se comprobó que las radiaciones emitidas de modo natural tienen la
capacidad de llegar hasta el núcleo de los átomos, venciendo la repulsión elec-
trostática. Esto abría el campo a poder alterar el contenido de los núcleos, i.e.,
a lograr la transmutación de la materia. Esto, unido a la posibilidad de inducir
radiactividad sobre núcleos estables, abría también la posibilidad de obtener
una gran cantidad de nuevos núcleos atómicos radiactivos de propiedades hasta
entonces desconocidas. Estos nuevos núcleos atómicos obtenidos artificialmente
serían radiactivos en muchos casos, con lo que se dispondría entonces de muchas
nuevas posibilidades para medicina y otros campos de aplicación.
El modo más eficiente de transferir energía a las partículas se encontró desde
los primeros comienzos en el campo electromagnético, debido al largo alcance de
la fuerza electromagnética y a la gran densidad de carga eléctrica de la mayor
parte de las partículas subatómicas. La impartición de una gran cantidad de
energía a una partícula, en virtud de la dualidad onda-corpúsculo y los desarro-
llos de la Física Cuántica, da lugar a que su longitud de onda de de Broglie se
reduzca, produciendo por tanto unos paquetes de ondas más y más compactos
que producen interacciones de carácter más y más localizado. Así, la obtención
de partículas de muy alta energía permite introducirse en el interior del núcleo
atómico y conseguir información con muy alta resolución. Dichos experimentos
88 8.2. Fundamentos de la aceleración de partículas
permiten inducir propiedades de las partículas nucleares, lo que ha dado lugar
a la teoría de los quarks y la cromodinámica.
Desde los 100 keV de los primeros aceleradores, se ha pasado a cantidades
superiores al TeV (10
12
eV) en los grandes aceleradores de investigación. En
experimentos de tan alta densidad de energía se logra penetrar en el interior de
los nucleones y, asimismo, producir nuevas partículas con las que experimentar y
poner a prueba las teorías físicas actuales. Teniendo en cuenta las altas energías
impartidas por los aceleradores de partículas, en la mayoría de las ocasiones
es absolutamente necesario el uso de la mecánica relativista para calcular el
movimiento de las partículas aceleradas, puesto que la energía cinética de las
partículas se hace del orden de su energía en reposo.
8.2. Fundamentos de la aceleración de partículas
La aceleración de partículas se realiza mediante la interacción de éstas con
algún campo externo, de modo que se produzca una transferencia de energía
entre el campo y la partícula. Las energías involucradas en las interacciones
fuerte y débil no son en absoluto desdeñables, pero su utilización práctica en
sistemas aceleradores no es posible debido a la falta de control del proceso.
Por contra, se pueden producir campos electromagnéticos intensos con rela-
tiva facilidad y con gran control sobre su evolución espacio-temporal. La mayoría
de las partículas subatómicas —con la notable excepción del neutrón— poseen
una elevada carga eléctrica específica con respecto a los valores manejados en
sistemas macroscópicos. Para el caso de pretender acelerar partículas neutras
(átomos, por ejemplo) se deberán utilizar, cuando sea posible, métodos para
proporcionarles carga eléctrica. En el caso de átomos completos, se procederá
a su ionización para posteriormente devolverlos a la neutralidad de carga antes
de abandonar el acelerador.
8.2.1. Definiciones preliminares
Se definen antes que nada algunos conceptos que serán útiles para los epí-
grafes subsiguientes:
– Haz de partículas: es un conjunto de partículas tales que localmente su
dirección de propagación sea muy semejante.
– Energía de un haz: es la energía media de las partículas transportadas
en un haz. Se mide comúnmente en unidades de electronvoltio. Valores de
energía normales son de MeV para aceleradores de uso industrial o médico,
y de hasta TeV para aceleradores de investigación en altas energías.
– Corriente de haz: se mide como la magnitud de carga eléctrica que poseen
todas las cargas que atraviesan una superficie perpendicular al eje del haz.
8. Aceleradores de partículas 89
– Fuerza electromagnética: se define como la fuerza que sufre un cuerpo
por interacción con un campo electromagnético. Según la ecuación de Lo-
rentz, F = q(E +v ×B).
– Estabilidad de haz: es la propiedad por la cual una partícula cuya trayec-
toria se desvíe de la esperada presente una tendencia a volver a la misma.
– Focalización del haz: se denomina así al proceso de cambio de dirección
selectivo de las partículas del haz, de modo que puedan variarse las di-
mensiones transversales del mismo.
8.2.2. Transferencia de energía
Teniendo en cuenta que la fuerza debida al campo magnético es perpen-
dicular a la velocidad de las partículas que la sufren, no produce transferencia
de energía. De este modo, la forma de impartir energía a una partícula pasa
por crear un campo eléctrico en una dirección lo más parecida posible a la de
la velocidad. La variación así producida sería:
dE
k
dt
= F · v = qE · v.
El modo de producir este campo eléctrico y su distribución en el espacio y en
el tiempo dan lugar a los diferentes diseños prácticos que conllevan los dife-
rentes tipos básicos de aceleradores. Los principales modos de producir campos
electromagnéticos intensos son los siguientes:
– Uso de condensadores de alta tensión: se logran así campos eléctricos in-
tensos en ausencia de campo magnético; presentan el problema del manejo
de muy altas tensiones (del orden del MV), que pueden producir rupturas
dieléctricas en medios no conductores.
– Uso de corrientes eléctricas intensas en bobinas: una corriente no variable
produce un campo magnético en ausencia de campo eléctrico; en el caso de
corrientes variables en el tiempo, se consigue un campo electromagnético
con componente tanto eléctrico como magnético.
– Producción de radiación electromagnética en cavidades resonantes.
8.2.3. Control de la trayectoria del haz
En la mayoría de las aplicaciones en las que se emplean aceleradores de
partículas, se pretende hacer incidir las partículas del haz sobre un punto ex-
terior o interior al propio acelerador; para ello se necesita tener un control de
precisión sobre la trayectoria de las partículas aceleradas. Con el fin de asegurar
la integridad del haz de partículas aceleradas, hay que asegurar que se mantiene
acotada la dispersión transversal del mismo.
Inherentemente, todos los haces tienen una tendencia a la dispersión, debi-
da a que un conjunto de partículas cargada del mismo signo sufren una fuerza
90 8.2. Fundamentos de la aceleración de partículas
repulsiva que en primer orden de aproximación es de dirección perpendicular al
eje del haz y de magnitud proporcional a la distancia al mismo dentro de él.
Asimismo, las partículas pueden entrar al acelerador con una velocidad trans-
versal al haz, o simplemente por la agitación térmica se hace que la velocidad
de alguna de las partículas no sea paralela al eje del haz. Los elementos encar-
gados de corregir la trayectoria de las partículas del haz se denominan lentes de
partículas cargadas, y cumplen fundamentalmente tres funciones:
– Confinamiento del haz: se realiza principalmente en dirección perpendicu-
lar al eje del mismo, para mantener acotado su radio. En situaciones de
haz pulsado y campos variables puede interesar también un confinamiento
longitudinal, de modo que el tamaño longitudinal del pulso de partículas
se mantenga también limitado.
– Focalización del haz: en diversas aplicaciones, se requiere que las partículas
aceleradas incidan sobre una superficie de pequeñas dimensiones, menor
que la dimensión transversal del haz.
– Formación de imágenes: mediante una deflexión del haz controlada y pre-
cisa se consigue producir una imagen mediante el impacto en una pantalla
fosforescente. Este mismo método es utilizado en algunos aceleradores mé-
dicos para la distribución de dosis sobre el paciente.
El análisis de las lentes electromagnéticas lleva consigo un estudio del cam-
po electromagnético que producen y su efecto sobre las partículas del haz. Los
campos eléctrico y magnético están ligados entre sí por las ecuaciones de Max-
well.
– Campo eléctrico: acelera a las partículas en la dirección del propio campo.
La componente paralela E
p
producirá un cambio en la magnitud de la
velocidad, mientras que la transversal E
t
introducirá una curvatura en la
trayectoria de las partículas.
– Campo magnético: induce sobre las partículas una fuerza perpendicular
a sí mismo y a la velocidad de la partícula. Por definición, tal fuerza no
puede transmitir energía, pero sí produce una curvatura en la trayectoria
de la partícula. En el caso de una partícula con velocidad v perpendicular
al campo magnético, el movimiento de la partícula está incluido en ese
mismo plano, y se trata de una circunferencia de radio R =
mv
qB
, donde
q es la carga de la partícula y m su masa. En el caso más general de
que la velocidad de la partícula no sea perpendicular al vector campo
magnético, el análisis comprende la descomposición de la velocidad en
una componente paralela y perpendicular al campo magnético. Es fácil
demostrar que la componente paralela no se ve alterada por la fuerza
magnética, mientras que la componente perpendicular se comporta como
en el caso plano. La superposición de ambos movimientos da lugar a una
hélice.
En los razonamientos anteriores se ha supuesto implícitamente que el cam-
po magnético es homogéneo espacialmente. En el caso más general, esto
no es cierto, sino que el hecho de que la aproximación sea válida depende
8. Aceleradores de partículas 91
de las variaciones de campo que haya en una distancia del orden del radio
de la órbita. Lo que sí se desprende de las deducciones anteriores es que,
en ausencia de otras interacciones, una partícula se mantiene confinada en
un cilindro de radio R. Asimismo, y con el fin de deflectar partículas, un
campo magnético perpendicular a la trayectoria produce una curvatura de
la misma, de modo que ante un campo de magnitud constante, cada partí-
cula sigue una trayectoria circular. No obstante, partículas con diferentes
velocidades seguirán trayectorias diferentes.
8.3. Esquemas prácticos de aceleración de partí-
culas
8.3.1. Acelerador electrostático Van der Graaff
Este acelerador fue construido por primera vez en 1931 en la Universidad
de Princeton por el equipo de R.J. Van der Graaff. Lo que se buscaba era
una máquina capaz de trabajar con una alta tensión continua, lo que evitaría los
problemas de oscilaciones en el potencial que se tenía con la corriente alterna.
El principio de funcionamiento de este acelerador es la generación de un campo
magnético intenso mediante la elevación del potencial de un electrodo hasta va-
lores de millones de voltios. El modo de conseguir este potencial es el transporte
de partículas cargadas a un electrodo, de modo que éste vaya ganando carga
eléctrica. El electrodo actúa entonces como un condensador.
El sistema consta de una correa hecha de material aislante que se mueve
accionada por un motor entre dos poleas. En una de ellas se sitúa un inyector
de cargas —que no es más que una pila de media tensión terminada en punta—.
Es conocido el efecto de que las puntas intensifican el campo eléctrico en su
entorno, lo que causa que se produzcan iones en el aire —u otro medio gaseoso
que llene el aparato— y el sistema se diseña de modo que los positivos sean
proyectados sobre la cinta transportadora. Esa cinta, que continuamente está
en movimiento, lleva esas partículas cargadas hasta el otro electrodo, donde
otra aguja recoge las cargas mediante un proceso análogo al de deposición. Este
segundo electrodo se encuentra aislado, con lo que acumula todas las cargas que
recoge y, por ende, va aumentando su potencial como un condensador.
La utilidad de este proceso radica en que, de este modo, el potencial del
segundo electrodo llega a valores muy superiores a los producidos en el inyector
de cargas. Una de las limitaciones más importantes de este tipo de acelerador
es que, precisamente, una tensión demasiado elevada puede producir la ruptu-
ra dieléctrica del medio gaseoso, lo que produciría la descarga del electrodo de
alta tensión. El límite de ruptura dieléctrica del aire seco a presión ambiental
es aproximadamente de 10
6
V/m, lo que obligaría a construir aparatos de di-
mensiones muy grandes para poder llegar a esas tensiones. La solución aplicada
suele ser la sustitución del aire en el interior del aparato por SF
6
o mezclas
de N
2
y CO
2
a mayor presión que la ambiental. De este modo, se ha llegado a
tensiones de varios MV en aparatos de gran tamaño (varios metros de altura).
92 8.3. Esquemas prácticos de aceleración de partículas
El proceso consigue generar la diferencia de potencial necesaria para acele-
rar partículas cargadas. El modo más simple de lograr la aceleración es situar
una fuente de iones negativos (electrones o átomos cargados) en el electrodo
conectado a tierra. Dichos iones se verán acelerados hacia el electrodo positivo
(el de alta tensión). Con el fin de magnificar el efecto acelerador, en el caso de
átomos cargados, en la zona de alta tensión se puede realizar un cambio de signo
de los iones —arrancando al menos dos electrones— de modo que la aceleración
continuaría por repulsión hasta el terminal de tierra. El proceso de aceleración
se lleva a cabo siempre en conducciones a las que se ha hecho un vacío suficien-
temente alto como para evitar las interacciones de las partículas aceleradas con
el medio.
En todo este proceso hay cargas negativas que entran en contacto con el
electrodo positivo, lo que, unido a las corrientes parásitas, hace que sea necesario
inyectar constantemente nuevas cargas positivas. Este proceso está soportado
por el motor de la cinta, que es el que energéticamente sostiene el proceso de
aceleración de las cargas utilizadas en el aparato.
Las principales características de este modelo de acelerador son: la gran uni-
formidad de la energía de las partículas aceleradas —la distribución energética
de las partículas se halla concentrada en torno a un único valor—; la operación
en modo continuo, lo que produce una corriente de cargas de gran estabilidad;
por último, valores de corriente excesivamente bajos, del orden del µA.
8.3.2. Betatrón
Este modelo de acelerador fue presentado por D.W. Kerst en 1940, y tomó
su nombre por su especial adecuación para acelerar electrones o partículas beta.
El diseño es, a grandes rasgos, el de un transformador eléctrico, en el que el
secundario ha sido sustituido por un canal en el que se ha hecho el vacío y por
el que circulan las partículas aceleradas.
Según las ecuaciones de Maxwell, un campo magnético variable con el
tiempo siempre ha de venir acompañado de uno eléctrico cuya circulación en una
línea cerrada será distinta de cero. Esto, interpretado según la ley de Faraday,
se puede concretar en que sobre los bornes de una espira atravesada por un
flujo variable de campo magnético se induce una diferencia de potencial. Esta
propiedad abre la posibilidad de construir un circuito cerrado en el que una
partícula cargada pueda ganar energía y recorrerlo como un proceso continuo.
El acelerador consta de un núcleo masivo metálico de tres columnas de
alta permeabilidad magnética y unas bobinas acopladas a la columna central.
Ésta tiene un espacio hueco para distribuir mejor el campo magnético. Se busca
que exista campo magnético dentro del canal de aceleración para que produzca
una curvatura en la trayectoria de las partículas aceleradas, de modo que se
mantengan en una órbita circular. En caso de ser una columna rígida como las
otras dos, el campo magnético se encontraría prácticamente confinado en su
interior, y las partículas aceleradas seguirían trayectorias rectas, escapando del
acelerador inmediatamente. En este acelerador existen, por tanto, dos campos
8. Aceleradores de partículas 93
eléctricos que cumplen misiones diferentes, aunque ambos son generados a partir
del estímulo de las bobinas de la columna central:
– El campo magnético se encarga del guiado principal de la trayectoria,
aunque eso no exime de la necesidad de otros medios de guiado.
– El campo eléctrico lleva a cabo la transferencia de energía y, por tanto, la
aceleración de las partículas del canal de aceleración.
Recordemos que, según la ley de Faraday, la fuerza electromotriz inducida
sobre el canal de aceleración es:
=
∂Φ
∂t
.
Para poder obtener una fuerza electromotriz que posea el mismo signo en todo
momento, la variación del campo magnético debe ser monótona. Esto conduce
a que el funcionamiento de este acelerador no pueda ser continuo como el del
modelo de Van der Graaff. La inducción magnética que imparten las bobinas
principales debe ser creciente y lo que se hace es funcionar con pulsos en los que
la intensidad de corriente que circula por ellas va aumentando hasta un cierto
límite. Esto impone un cierto límite en el tiempo del proceso e aceleración. La
práctica a seguir es repetir el proceso de un modo cíclico. Un valor típico de
funcionamiento de los betatrones son 200 Hz. Es decir, que todo el proceso de
aceleración dura 5 ms.
Para cada vuelta que una partícula acelerada da dentro del canal, su energía
se incrementará en ∆E = q. En el proceso de aceleración, y en el régimen clá-
sico del movimiento (válido para iones pesados), la aceleración que experimenta
una partícula es a =
Eq
m
, i.e., resulta proporcional a la relación entre carga y
masa. En un mismo tiempo de aceleración conseguirá mayor velocidad la partí-
cula que experimente mayor aceleración a causa del campo eléctrico. Y lo que
es más importante, la partícula que consiga más velocidad, logrará completar
más vueltas al circuito. Como la energía transferida por el campo eléctrico es
proporcional al número de vueltas, la cantidad de energía será mucho mayor
para las partículas que hayan completado mayor número de vueltas al circuito
de aceleración.
Por la razón anterior, los electrones adquieren mucha más energía que los
iones atómicos al ser acelerados en un betatrón. Obviamente, la velocidad de la
luz es un límite infranqueable para partículas materiales, con lo que el número de
vueltas está asimismo limitado para un tiempo dado. Esto supone asimismo un
límite para la capacidad de aceleración de estas máquinas, que para unos valores
razonables de campo magnético está cercano a los 500 MeV para electrones.
Otra limitación para la aceleración circular de partículas cargadas, espe-
cialmente para electrones, es la emisión de radiación de sincrotrón. Todas las
partículas cargadas libres sometidas a una aceleración emiten una radiación
electromagnética llamada radiación de sincrotrón. En todas las aceleraciones
circulares no sólo existe la aceleración procedente de aumento de energía ci-
nética, sino también la centrípeta, debida a la curvatura de la trayectoria. La
94 8.3. Esquemas prácticos de aceleración de partículas
emisión de radiación de sincrotrón, salvo que se busque específicamente, es un
efecto indeseado, ya que su energía procede de la cinética de la partícula, ade-
más de suponer un motivo de riesgo radiológico para los trabajadores de los
aceleradores. La magnitud de emisión de esta radiación varía directamente con
la cuarta potencia de la energía de las partículas e inversamente con la tercera
potencia de la masa de la partícula. Esto supone una fuerte limitación para
la aceleración de electrones a gran energía, justamente el caso para el que el
betatrón es el más adecuado.
8.3.3. Ciclotrón y otros aceleradores resonantes
Existen unos aceleradores circulares que, si bien tienen funcionamientos
diferentes, comparten una característica común: imparten a las partículas unos
movimientos cíclicos sincronizados con los campos utilizados. Mediante este
efecto resonante se consigue que, al igual que en otros sistemas con frecuencias
propias, se produzca una absorción alta de energía desde un estímulo oscilante.
Se hará especial énfasis en el ciclotrón por ser de más fácil comprensión, además
de por haber sido el primero en aparecer. El resto de aceleradores aparecieron
precisamente como soluciones a las limitaciones del ciclotrón en cuanto a energía
de aceleración y estabilidad del haz.
La primera versión de ciclotrón fue desarrollada por E.O. Lawrence en
1930. Se trata de otro modelo de acelerador circular en el que, como ocurre
en el caso del betatrón, se dispone de un campo magnético para conformar la
trayectoria de las partículas y de un campo eléctrico para producir la aceleración.
El aparato tiene una forma cuasi-cilíndrica y la sección circular está dividida en
dos mitades, existiendo un espacio circular entre ambas.
El campo magnético es uniforme en cada uno de los medios círculos (tradi-
cionalmente llamados dés debido a su forma) y perpendicular al eje del cilindro.
Dicho campo magnético permanecerá constante durante todo el proceso. Las dos
dés se encuentran aisladas entre sí y se les comunica una diferencia de potencial
de modos oscilante, de forma que en el espacio hueco entre ellas se produzca un
campo eléctrico de dirección constante pero sentido oscilante.
Dentro de cada una de las dés, el campo magnético homogéneo curva la
trayectoria de las partículas según una circunferencia. Entre las dos dés se es-
tablece una diferencia de potencial oscilante, de modo que las partículas que
abandonen una dé siempre vean un campo eléctrico del mismo sentido que su
velocidad, lo que producirá un incremento de energía igual al salto de potencial
entre las dés, multiplicado por el valor de la carga.
La característica especial de este esquema es que la frecuencia de oscilación
del campo eléctrico no debe cambiar según las partículas se van acelerando. El
tiempo que tarda una partícula en realizar la trayectoria circular de una dé es
el siguiente:
R =
mv
qB
; t =
πR
v
=
πm
qB
,
que es independiente de la velocidad de la partícula. Si se desprecia el tiempo
8. Aceleradores de partículas 95
que tardan las partículas en pasar de una a otra dé —como consecuencia de la
escasa separación entre ambas, comparada con su tamaño—, la expresión del
tiempo que tarda una partícula en realizar un ciclo completo es el doble que
la expresión anterior, con lo que la frecuencia de oscilación del campo eléctrico
debe ser f =
qB
2πm
, conocida de antemano. Para cada uno de esos ciclos, la
partícula ha adquirido la energía correspondiente a dos saltos de una a otra de
las dés. Esto corresponde a un valor de 2qV , donde V representa la diferencia
de potencial entre ellas. Es aquí donde se aprecia de modo directo el carácter
resonante del proceso de aceleración. La frecuencia de oscilación debe fijarse a un
valor propio dado, o de otro modo no se producirá un efecto de aceleración. Así
pues, se tiene que la trayectoria de las partículas no es exactamente circular,
sino una especie de espiral compuesta por arcos de circunferencia, con radio
creciente. Ello facilita una inserción de las partículas en regiones diferentes de
la de extracción de partículas aceleradas.
Uno de los principales límites del ciclotrón, tal y como se ha presentado
hasta ahora, es que la propiedad de frecuencia constante de todas las partículas
aceleradas sólo es válida mientras los efectos relativistas no sean apreciables. Por
ello, en la práctica se emplea para la aceleración de iones, pero no de electrones,
que presentan efectos relativistas a partir de una energía mucho menor. Por otra
parte, tiene como ventaja la producción continua de micropulsos de partículas,
sincronizado con la oscilación del campo eléctrico.
Versiones más evolucionadas del ciclotrón utilizan un diseño en el que las
dés están divididas en sectores, que pueden poseer diferentes formas y valores de
campo magnético. Con esto se logra aumentar la estabilidad del haz, de modo
que una partícula que saliera de él tendría una tendencia natural a volver al
mismo.
Con el fin de superar los límites de energía anteriormente mencionados, el
diseño del ciclotrón evolucionó al sincrociclotrón. Éste es un ciclotrón con fre-
cuencia de oscilación de campo eléctrico variable, de modo que se puedan tener
en cuenta los efectos relativistas y no se pierda el sincronismo de la aceleración.
Con una forma similar al ciclotrón, son característicos por los grandes ima-
nes utilizados para curvar la trayectoria de iones a alta energía. Actualmente
quedan dos de ellos en funcionamiento: el de 184 pulgadas del Laboratorio Law-
rence Berkeley y el modelo sc del Centro Europeo para la Investigación Nuclear
(cern). Pueden acelerar protones hasta unos 600 MeV, produciendo corrientes
del orden del miliamperio.
El modelo más avanzado derivado del ciclotrón es actualmente el sincrotrón.
Ésta es una máquina de funcionamiento cíclico, en la que tanto el campo eléctrico
como el magnético oscilan de modo resonante con las partículas aceleradas.
Opuestamente al ciclotrón, en el sincrotrón existe una única órbita circular en
la que se produce la aceleración de las partículas. Esto facilita el posicionamiento
de los elementos de direccionamiento y control del haz.
El desarrollo de los sincrotrones ha sido especialmente provechoso para el
campo de las altas energías. Se pueden construir de manera modular y ensam-
blarse en anillos de aceleración de kilómetros de longitud. En estos diseños, los
imanes encargados de guiar el haz ocupan sólo una pequeña parte del circuito
96 8.3. Esquemas prácticos de aceleración de partículas
de aceleración, con el consiguiente ahorro de material. El número de etapas de
guiado (curvado de la trayectoria) no está prefijado y depende del diseño. Dicho
circuito puede estar compuesto por zonas curvas y rectas, con el fin de facilitar
la inyección o extracción de partículas y otros experimentos. En este acelerador,
al igual que en el ciclotrón, la aceleración y el guiado de las partículas son rea-
lizados por sistemas diferentes. El sistema de aceleración se puede realizar por
un proceso de inducción, como en el caso del betatrón, o por radiofrecuencia.
La parte curva del canal de aceleración está cubierta por sistemas de defle-
xión del haz. Una ventaja fundamental del sincrotrón frente al ciclotrón es que,
al poseer una órbita cerrada de aceleración, los campos magnéticos se ciernen a
unas extensiones mucho menores. Mediante el uso de sincrotrones, se ha llegado
en varios casos a energías de aceleración de cientos de GeV, e incluso de TeV.
Por supuesto, en ese rango de energía los efectos relativistas son apreciables
no sólo para electrones sino incluso para iones. Con esos valores de energía, la
emisión de la mencionada radiación de sincrotrón vuelve a ser una limitación.
En todos los elementos de curvatura del haz hay una fuerte emisión, lo que
pone un límite superior a la energía máxima que puede emitir un acelerador.
Dicho límite teórico se alcanza cuando la energía comunicada en la sección de
aceleración iguala a las pérdidas por radiación de sincrotrón. Puesto que dicho
límite teórico varía con la raíz cuarta del radio de curvatura, ello ha llevado a
la construcción de enormes sincrotrones, de kilómetros de extensión.
8.3.4. Aceleradores lineales
Los aceleradores lineales comprenden una vasta cantidad de sistemas de ace-
leración a energías medias. Un acelerador lineal (o linac en terminología inglesa)
es un sistema en el que el canal de aceleración es una línea recta. La diferencia
fundamental que eso impone respecto a los circulares es que las partículas ace-
leradas recorren el circuito de aceleración una sola vez. Esto claramente limita
la energía de aceleración a valores inferiores, por la inferior longitud efectiva de
la zona de aceleración.
Como prestaciones positivas respecto a los aceleradores circulares, se tiene
que se fabrican como elementos compactos que precisan de pocos o ningún
elemento de curvatura del haz. La ausencia de curvatura también resuelve los
problemas radiológicos relacionados con la a menudo indeseable radiación de
sincrotrón que aparece fundamentalmente al curvar la trayectoria de electrones
acelerados. Los aceleradores lineales pueden clasificarse en dos tipos:
– Aceleración lineal por inducción: el uso de este sistema se remonta al año
1964; esta clase de aceleradores realizan el proceso de aceleración de un
modo semejante a como se hace en el betatrón. Es decir, se generan unos
campos magnéticos variables de modo que, de acuerdo con las ecuacio-
nes de Maxwell, exista un campo eléctrico (por inducción) que tenga
la dirección adecuada para acelerar las partículas. El haz de partículas
se comporta como el secundario de un transformador eléctrico. A dife-
rencia del betatrón, en este caso se sitúan en línea centenares de estos
transformadores con el fin de mantener constante la dirección del campo
8. Aceleradores de partículas 97
eléctrico durante la aceleración. Al igual que con el betatrón, se tiene un
haz pulsado de partículas de energía de hasta decenas de MeV y, lo que
lo caracteriza, pulsos muy cortos de corriente muy alta, llegando al kA.
El acelerador más importante de este tipo es el de la instalación darht
(Dual-Axis Radiographic Hydrodynamics Test ), construido en 1997 en el
Laboratorio Nacional de Los Álamos (lanl, en Estados Unidos), dentro
del plan de pruebas de laboratorio de armas nucleares.
– Aceleración por radiofrecuencia: en esta categoría entran la mayoría de
los aceleradores lineales utilizados tanto en medicina como en industria.
En este caso, la aceleración del haz de partículas se realiza por absorción
de radiación electromagnética previamente generada dentro de cavidades
resonantes.
La tecnología de las cavidades resonantes viene de la investigación militar
para desarrollar radar y fuentes de microondas. Una cavidad resonante
para radiofrecuencia es un contenedor metálico hueco diseñado de tal mo-
do que ante un estímulo eléctrico periódico (una tensión alterna de cierta
frecuencia) sea capaz de sostener en su interior un campo electromagné-
tico anormalmente elevado. El fenómeno de la resonancia es propio de los
sistemas oscilantes, y manifiesta un acoplamiento entre las ondas presen-
tes en el sistema y la geometría del mismo. Desde el punto de vista de los
aceleradores, la propiedad aprovechable es que se pueden crear cavidades
en las que exista un alto campo eléctrico que, sintonizado adecuadamente,
pueda producir la aceleración de partículas. En el interior de las cavida-
des, el campo eléctrico oscila como una onda estacionaria. El diseño del
acelerador ha de realizarse de modo que las partículas se vean sometidas al
campo en el momento en que su sentido es el adecuado para la aceleración.
El análisis del campo electromagnético en el interior de una cavidad se hace
mediante un complejo proceso de separación de variables en las ecuaciones
de Maxwell. Se obtienen unos conjuntos de funciones propias de osci-
lación dependientes de índices discretos (i, j, k). De este modo, se habla
de los modos de oscilación del campo eléctrico TE
i,j,k
y de los del campo
magnético TM
i,j,k
. Cualquier tipo de oscilación del campo electromagné-
tico se expresa como combinación de estos modos propios. Diseñando el
sistema para aprovechar el modo de oscilación adecuado, se llega a campos
eléctricos promedio de 8 MV/m, lo que permite la aceleración de partícu-
las a energías moderadas utilizando canales de aceleración de unos pocos
metros.
El primer acelerador lineal de estas características fue construido por el
grupo de L. Álvarez en el lbnl a partir de emisores militares de radar,
dando un resultado sin precedentes al acelerar una corriente de 0,4 mA a
32 MeV. Dicho acelerador se construyó con el fin de producir neutrones por
interacción de electrones rápidos con núcleos atómicos. Dichos neutrones
tenían la finalidad de inducir reacciones que produjeran material fisible
para armas. Los aceleradores lineales han pasado desde entonces a ser
una herramienta casi imprescindible en numerosos campos de la medicina
y la industria. Estas máquinas han llegado a ser muy compactas, sin la
voluminosidad y el peso de los aceleradores circulares.
98 8.4. Grandes aceleradores de investigación
8.4. Grandes aceleradores de investigación
– El Large Hadron Collider (lhc) y el Large Electron and Positron Collider
(lep) del cern. El lhc es un sincrotrón acelerador de protones, situa-
do entre Suiza y Francia, en el Centro Europeo de Investigación Nuclear
(cern), una institución en la que participan más de veinte naciones. El
lhc está situado en el mismo túnel subterráneo donde se encuentra el lep,
otro sincrotrón destinado a acelerar electrones y positrones, que ha estado
operativo desde el año 1989 hasta el 2000. Dicho túnel tiene una longitud
e 27 kilómetros. El lep comenzó a operar con una energía de 45 GeV,
llegando hasta un valor de 100 GeV. El lhc, por su parte, tiene previsto
entrar en operación en el año 2007 y está diseñado para acelerar protones
hasta una energía de 7 TeV. Funcionará con imanes superconductores re-
frigerados para producir los campos magnéticos necesarios para conformar
la trayectoria curva del haz.
– El Tevatron del Fermilab. El nombre de este acelerador fue escogido por
la barrera que estaba llamado a alcanzar: acelerar partículas a más de
1 TeV. El Fermilab —originalmente llamado National Accelerator Labo-
ratory y posteriormente renombrado en memoria del físico italiano E.
Fermi— es un laboratorio nacional situado en Estados Unidos, que ha
sido desde su creación uno de los punteros en el estudio de la estructura
de la materia. El tevatron es un sincrotrón de seis kilómetros de perímetro
situado bajo tierra, destinado a la aceleración de protones y antiprotones.
Está operando desde 1992, aunque la energía de sus haces ha ido viéndose
incrementada con el paso del tiempo hasta un valor de 980 GeV.
– El Stanford Linear Collider (slc) de la Universidad de Stanford. Se cons-
truyó entre 1983 y 1989 en la Universidad de Stanford, en California. Se
trata de un acelerador lineal capaz de producir haces de protones y elec-
trones de hasta 50 GeV. Tiene una longitud de aceleración de dos millas
(3,2 km), que se realiza mediante radiofrecuencia. En la parte final de
su trayectoria, el haz se desdobla en dos de modo simétrico, para hacer
colisionar entre sí las dos ramas producidas, en el interior de un detector.
– El Advance Light Source del lbnl. El als es un sincrotrón de unos se-
senta metros de diámetro situado en el Laboratorio Lawrence Berkeley en
California. Se encuentra en operación desde 1993 y acelera electrones a
una energía entre 1,5 y 1,9 GeV. Tal y como se comentó anteriormente, un
radio de curvatura pequeño produce en el caso de electrones importantes
pérdidas de energía por radiación de sincrotrón. Eso es exactamente lo que
se pretende en el als, que produce masiva e intencionadamente radiación
de sincrotrón, que se emplea para multitud de experimentos. La radiación
producida, en el rango de ultravioleta y rayos X, posee una luminosidad
excepcionalmente alta. El brillo de esa radiación, medido como el número
de fotones emitidos por segundo por unidad de área y estereoradián supera
en trece órdenes de magnitud el de una bombilla y en diez el de un tubo
de rayos X.
Capítulo 9
Aplicaciones médicas de
radionucleidos y radiaciones
ionizantes
9.1. Introducción
En medicina, las radiaciones ionizantes han sido utilizadas desde los prime-
ros descubrimientos de la radiactividad, aunque los estudios sobre sus efectos
han ido aportando más y más conocimientos para su aplicación médica. Las
radiaciones ionizantes poseen un cierto poder de penetración en la materia viva,
causando, en principio, imperceptibles daños estructurales en la misma. Esta
propiedad es la fundamental para disponer de un método de actuación en el in-
terior de los cuerpos vivos, evitando en lo posible las técnicas invasivas (cirugía)
que tengan más complicaciones desde el punto de vista médico.
Las principales aplicaciones en el campo médico de las radiaciones ionizantes
son dos:
– Diagnóstico: gracias a su poder de penetración, las radiaciones ionizantes
pueden atravesar los cuerpos vivos y entregar cierta información a de-
tectores situados adecuadamente. La radiación puede provenir de haces
externos, o incluso generarse mediante radioisótopos incorporados al pro-
pio cuerpo. Según el tipo de información que se extraiga de las medidas,
una técnica puede ser funcional o anatómica.
– Terapia: las radiaciones ionizantes constituyen la base de una serie de
prácticas curativas de enfermedades; son especialmente importantes en
oncología, proporcionando un riesgo de agresión contra las células cance-
rosas, aunque no exento de riesgo contra las sanas.
100 9.2. Efectos biológicos de las radiaciones ionizantes
9.2. Efectos biológicos de las radiaciones ionizan-
tes
La ciencia que estudia los efectos de las radiaciones ionizantes en la materia
viva es la radiobiología. Dicha ciencia estudia los cambios originados por la
interacción de las radiaciones con la materia y el comportamiento posterior de
la misma, así como su capacidad de recuperación.
La Comisión Internacional de Protección Radiológica (icrp) distingue tres
conceptos básicos en radiobiología: el cambio, que sucede inmediatamente des-
pués de la interacción; el daño, que ocurre cuando los cambios inducidos por la
radiación no pueden ser reparados por el cuerpo; y la lesión, cuando se mani-
fiesta en el sujeto irradiado o su descendencia como una enfermedad.
9.2.1. Cambios biológicos inducidos por radiación
Cuando la radiación ionizante penetra en un cuerpo vivo, deposita sobre él
su energía, de un modo semejante al de cualquier otro tipo de materia; unos
tipos de radiación resultan ser más dañinos que otros, incluso para la misma
cantidad de energía depositada.
Cuando una partícula o cuanto de radiación interactúa en el interior de un
cuerpo vivo, cede gran cantidad de energía a las moléculas en las que tiene lugar
el proceso. Esta energía es en todos los casos superior a la de ligadura de los
átomos dentro de las moléculas, y asimismo a la de los electrones corticales de
cada átomo. La mayoría de las veces, esto produce la ionización y/o la ruptura
de la molécula en cuestión. Teniendo en cuenta la gran energía de las partículas
incidentes (del orden del MeV) frente a las energías de ligadura moleculares (del
orden del eV), una única partícula es capaz de producir ese efecto destructivo a
miles de moléculas.
Estas interacciones hacen que en el medio biológico aparezcan radicales li-
bres orgánicos e iones OH

y H
+
. Estos cambios bioquímicos tienen lugar un
instante posterior a la interacción de la partícula, unos picosegundos después.
Los nuevos compuestos son altamente reactivos y, en muchos casos, tóxicos. Su
aparición en el interior de las células puede explicar su muerte de manera in-
mediatamente posterior a la irradiación. Los radicales libres producidos poseen
cierta capacidad de difusión dentro del medio líquido corporal, con lo que los
efectos nocivos pueden extenderse a regiones diferentes a las irradiadas. Los da-
ños originados por este proceso aparecen de modo inmediato tras la irradiación,
y con una gravedad que depende de la magnitud de la misma.
Otro tipo de cambios inducidos por la irradiación ionizante es el que tiene
lugar en el material genético de las células. En el interior de las células existen
unas moléculas, especialmente el adn, que son fundamentales de cara a la re-
producción de la misma. La acción directa de la radiación incidente sobre las
moléculas de adn puede provocar su ruptura y, asimismo, los radicales libres
anteriormente citados pueden atacarlo. Como resultado de esta interacción, se
9. Aplicaciones médicas de radionucleidos y radiaciones ionizantes 101
ve afectada la capacidad reproductiva de la célula, si bien ésta puede seguir
viviendo temporalmente. Este tipo de interacción da lugar a daños que se pre-
sentan tras un lapso de tiempo variable, dependiendo de la tasa de reproducción
de las células afectadas.
9.2.2. Respuesta celular
No todos los cambios inducidos sobre el adn asumen el carácter de daño
permanente. El adn posee una cierta capacidad de recuperación de cambios
anormales. Existe un sistema de enzimas que pueden reparar en cuestión de
minutos rupturas de la cadena de adn. En función de carácter del cambio,
se tiene tres posibilidades: la recuperación completa —correspondiente al 95 %
de los casos de cambio de adn—, que restituye los cambios inducidos por la
radiación, siendo el período de restitución tiene lugar en un período de tiempo
del orden de minutos; la recuperación errónea, cuando el sistema de recuperación
del adn realiza erróneamente la restitución, dando lugar a mutaciones genéticas
y aberraciones cromosómicas; la imposibilidad de recuperación —la posibilidad
más remota de las tres—, que puede ocurrir en el caso de rupturas múltiples de
una cadena de adn.
En el caso de perdurar un daño en los cromosomas tras la fase de recupera-
ción, el cambio puede dar lugar a la muerte de la célula o a la imposibilidad de
la reproducción. En el caso de aparecer mutaciones genéticas, la célula puede
sobrevivir, transmitiéndolas a su descendencia, que puede presentar un com-
portamiento anómalo. Estas células pueden, en ciertos casos, producir tumores
cancerosos.
La radiosensibilidad se define como la capacidad de una célula de sufrir
daños por los cambios inducidos por radiación. No todos los diferentes tipos de
células del cuerpo presentan la misma radiosensibilidad; ello significa que hay
ciertas partes del cuerpo que deben protegerse más que otras a las radiaciones
ionizantes. Entre éstas se encuentran las que van a tener que reproducirse más
y por tanto tienen más capacidad de transmitir mutaciones. Se trata de las gó-
nadas, y también de los fetos en gestación. La radiosensibilidad celular puede
ser asimismo potenciada o disminuida de modo artificial mediante la adminis-
tración de fármacos específicos, que afectan a la actividad de los radicales libres
dentro de la materia biológica.
Un hecho comprobado, en el que se basa la terapia oncológica, es que las
células tumorales cancerosas presentan una radiosensibilidad superior a la de las
normales. Esto hace posible realizar irradiaciones intencionadas con la finalidad
de que los efectos negativos sobre las células cancerosas sean muy superiores a
los producidos sobre las células normales. La cantidad de radiación que recibe
una célula viene expresada por la dosis absorbida de radiación, que se define
como la energía de la radiación incidente que es absorbida por la materia, por
unidad de masa. Su unidad es el gray (Gy), que corresponde a un julio por
kilogramo.
Además de los mencionados efectos a corto plazo, directamente relacionados
102 9.3. Aplicaciones médicas de diagnóstico
con una exposición excesiva a la radiación, existen otros efectos a más largo
plazo. Los efectos globales que la irradiación puede provocar en un ser vivo
pueden, así, dividirse en dos categorías:
– Deterministas: son efectos que siempre se producen ante irradiaciones de
una determinada magnitud. Tienen un umbral inferior, en el sentido de
que los daños por irradiaciones por debajo de ese límite son reparadas por
el cuerpo, no dejando secuelas.
– Estocásticos: estos efectos pueden aparecer o no tras la irradiación. Apa-
recen a más largo plazo, cuando las lesiones deterministas han sido ya
corregidas. No tienen un umbral mínimo de aparición, i.e., pueden darse
tras cualquier tipo de irradiación, si bien se considera que la probabilidad
de aparición es proporcional a la dosis recibida.
La interacción de las radiaciones ionizantes con la materia viva presenta
siempre un grado de riesgo que hay que evaluar y, por supuesto, minimizar.
Naturalmente, en actividades que impliquen el uso de radiaciones, incluida la
terapia oncológica, hay que evaluar si los efectos curativos compensan estos
riesgos.
9.3. Aplicaciones médicas de diagnóstico
Desde que quedó en evidencia la capacidad de las radiaciones ionizantes de
atravesar medios sólidos, se pensó en su aplicación para obtener información del
interior del cuerpo humano. Actualmente existen diversas técnicas que aportan
información tridimensional con alto grado de detalle sobre la anatomía y la
funcionalidad del cuerpo humano.
9.3.1. Rayos X
Los rayos X fueron primeramente descubiertos por Wilhem Conrad Ro-
entgen en 1895 durante su investigación con tubos de rayos catódicos y emisión
de radiaciones desde descargas eléctricas en tubos de vacío. Descubrió inmedia-
tamente la capacidad de esas radiaciones (en principio, de origen desconocido:
de ahí su nombre) para atravesar cuerpos sólidos en mayor o menor proporción.
En diciembre de 1895 apareció la que sería la primera radiografía de un ser vivo.
Inmediatamente después del descubrimiento —y con total desconocimiento de
los riesgos asociados—, la técnica radiográfica se extendió a gran velocidad en
el campo médico y, curiosamente, también en el recreativo.
La naturaleza de los rayos X es la de una radiación electromagnética. Su
energía (la de sus cuantos de radiación) se encuentra inmediatamente por encima
de los rayos ultravioleta, desde unos 300 eV en adelante. Los rayos X no son una
radiación nuclear, sino que provienen de una transición electrónica; sin embargo,
se estudia con el resto de radiaciones ionizantes, ya que su comportamiento es
análogo.
9. Aplicaciones médicas de radionucleidos y radiaciones ionizantes 103
El proceso básico de producción de rayos X es, pues, una transición en la
que uno de los electrones de un átomo cambia de nivel, de modo que su variación
de energía es mayor de varios centenares de electronvoltios. Esto puede ocurrir
en diversos escenarios:
– Materia a muy alta temperatura: cuando la temperatura de la materia
supera el millón de grados, el medio se encuentra en estado de plasma.
Parte de los electrones de los átomos se separan de éstos y se comportan
como partículas libres. En ese medio la velocidad media de las partículas
es superior a la que se tiene a temperatura ambiente. La violencia de las
colisiones entre partículas (ya sean iones positivos o electrones) hace que
los electrones ligados se desplacen de su nivel de mayor estabilidad. Se
trata de una situación de equilibrio en la que los electrones que vuelven a
esos niveles emiten fotones que pueden estar en el rango de los rayos X.
Este tipo de emisión se da en el centro de las estrellas, donde el estado
térmico de la materia cumple las condiciones de este punto. Cuando es
misma situación ocurre a cientos de grados, sin llegar al estado de plasma,
se produce una emisión similar en forma de radiación infrarroja.
– Estimulación externa de los electrones atómicos: haciendo colisionar par-
tículas aceleradas sobre materia, los electrones de ésta se ven expulsados
de sus órbitas de equilibrio. Los niveles energéticos superiores son inesta-
bles, con lo que los electrones tienden a volver al nivel de menos energía
que esté permitido. Si las colisiones son lo suficientemente enérgicas, es-
tas transiciones inducidas pueden dar lugar a la emisión de rayos X. Las
partículas incidentes pueden provenir de radiación natural o de partículas
aceleradas. La característica de este modo de emisión es su isotropía de
emisión.
– Radiación de sincrotrón y de frenado: la aceleración súbita de partícu-
las cargadas, especialmente electrones, produce una emisión de radiación.
De un modo semejante, la deceleración súbita de electrones produce la
llamada radiación de frenado o, como tradicionalmente se ha llamado,
Bremsstrahlung. Contrariamente al caso anterior, los rayos X emitidos de
este modo provienen de la desaceleración de partículas cargadas y tienen
una dirección preferente, con lo que la emisión no es isótropa sino que
posee una dirección preferente: la dirección original del haz de partículas.
– Captura electrónica por parte del núcleo: la función de onda de los electro-
nes más internos de un átomo no es despreciable en la región ocupada por
el núcleo. Esto hace que algunos isótopos presenten el proceso de captura
electrónica, por lo que un electrón interno es absorbido por el núcleo. Al
quedar un hueco libre en un nivel interno, los electrones superiores tien-
den espontáneamente a ocuparlo, emitiendo en la transición radiación que
puede caer en el rango de los rayos X.
El espectro de energías de los fotones producidos por los anteriores métodos
puede diferir entre ellos, y también en función de otros parámetros del diseño.
En el caso de producción de rayos X a partir de descargas eléctricas, los pará-
metros fundamentales son el potencial eléctrico de alimentación y el material
104 9.3. Aplicaciones médicas de diagnóstico
de construcción del ánodo. En el caso de la captura electrónica o excitación de
los electrones atómicos, la emisión se produce exclusivamente en las energías co-
rrespondientes a las transiciones electrónicas del átomo según los electrones van
ocupando posiciones de menor energía desde los niveles superiores. El frenado
de los electrones, por el contrario, puede dar lugar a la emisión de radiación
de modo continuo en todo un rango de energía, en función de la magnitud del
frenado que sufran.
En un caso real, se superponen los dos tipos anteriores de espectro. Por una
parte, el correspondiente a las transiciones electrónicas de los niveles del átomo
en cuestión, que depende del material del que esté constituido el átomo. Por
otra parte, se tiene el continuo correspondiente a la radiación de frenado, que
sigue una distribución continua dependiente del potencial aplicado para acelerar
los electrones. El espectro tiene un valor mínimo correspondiente a la máxima
energía λ
mín
=
hc
eV
.
En el área de diagnóstico del campo médico, con intensidad de radiación
moderada, el modo de obtener rayos X es, en su gran mayoría, mediante des-
cargas eléctricas entre electrodos. En un recipiente de vacío se dispone, en un
electrodo, de un filamento incandescente, de modo que los electrones que se libe-
ran en él se vean acelerados hasta el electrodo positivo, donde sufren un proceso
de frenado, al tiempo que colisionan con los átomos del proceso de destino. Es
en estos dos procesos donde se producen rayos X. El ánodo se construye con
una cierta inclinación, de modo que presente una cierta sección visible desde la
abertura de salida de los rayos.
En los esquemas prácticos el ánodo se construye como un disco rotatorio,
de modo que el punto de incidencia de los electrones va cambiando. Esto se hace
para evitar un excesivo calentamiento que podría llevarlo al punto de fusión. Se
suelen escoger materiales metálicos de alto punto de fusión, como el volframio,
el molibdeno, del cobre o una aleación de hierro y cromo. Los dos parámetros
fundamentales de funcionamiento son:
– Tensión de aceleración: esta tensión marca la energía que tendrán los
electrones al colisionar con el ánodo y, en última instancia, la energía
media de los rayos X producidos. En general, cuanta más energía tienen
los fotones producidos, más poder de penetración en la materia poseen. En
las aplicaciones médicas, esta tensión se selecciona en función del espesor
de cuerpo que habrán de atravesar los fotones. Como valores típicos se
tienen desde 60 kV para radiografías dentales a 200 kV para cuerpo entero.
– Intensidad de corriente de electrones: una vez fijada la tensión de opera-
ción, esta intensidad de corriente es una medida indirecta de la intensidad
de radiación emitida. Este parámetro es el que se encuentra en el control
del aparato, que, dependiendo del modelo, tiene una conversión a dosis de
radiación emitida por el tubo. Los valores medios para diagnóstico son de
un orden que va de la unidad a la centena del miliamperio.
El método de formación de imágenes a partir de los rayos X sigue un proceso
muy semejante al de las fotografías ópticas. Tradicionalmente se han utilizado
9. Aplicaciones médicas de radionucleidos y radiaciones ionizantes 105
placas fotográficas especiales, láminas compuestas de una base flexible en las
que se deposita una emulsión gelatinosa con gránulos de un compuesto de plata
sensibles a la luz. La exposición de la placa puede ser directa o realizarse me-
diante una pantalla intensificadora fluorescente. Estas placas intermedias tienen
la función de amplificar la radiación x incidente convirtiéndola a otra longitud
de onda, que es la que se plasma en la placa fotográfica. Asimismo, existe la
técnica de la fluoroscopia, en la que la radiografía produce una respuesta inme-
diata de fluorescencia en una placa, de modo que el médico puede observar en
tiempo real el comportamiento dinámico del interior del cuerpo humano. Estas
técnicas suelen ir acompañadas de la previa ingestión de fluidos de contraste,
para seguir claramente la evolución de los mismos en el interior del cuerpo.
En el caso de impresión directa, las placas tienen que estar diseñadas para
la dosis de radiación x, que es mucho más intensa que la luz visible. Teniendo
en cuenta la sensibilidad de la placa radiográfica y la intensidad de radiación,
se calcula el tiempo de exposición. Lo que se busca es hacer trabajar a la placa
en el rango donde presente una mayor sensibilidad, i.e., donde las variaciones
de intensidad se reflejen en cambios de tonalidad más fuertes.
Actualmente, en ciertos casos, se ha sustituido la impresión de placas fo-
tográficas por cámaras ccd (Charge-Coupled Device) digitales especiales, del
mismo modo que ocurre en la fotografía digital. A pesar de que la salida digital
es semejante a la de las imágenes normales, en el estándar médico se emplean
más de ocho bits para definir la escala de grises; normalmente se trata de doce
o dieciséis bits. Con eso se consigue una sensibilidad a los diferentes tonos. El
formato de almacenamiento e intercambio de información médica, entre la que
se encuentran las radiografías, es llamado dicom (Digital Imaging and Commu-
nications in Medicine).
El único punto común a la gran diversidad de aparatos empleados en la
radiografía médica es que el tubo de rayos X debe estar blindado, por motivos
de protección radiológica. Como material de blindaje se emplean carcasas de
materiales de alto número atómico, como el plomo.
9.3.2. Tomografía axial computerizada
Una limitación claramente observable en el método de los rayos X es que
como resultado se obtienen imágenes bidimensionales. Es pues tarea del médi-
co interpretar la imagen, utilizando sus conocimientos de anatomía para tener
una idea de la posición real de los elementos representados en ella. Un avance
frente a la radiografía tradicional vino con el desarrollo de la tomografía axial
computerizada (tac, o ct o cat en sus siglas inglesas) mediante la cual, con
el uso exclusivo de rayos X, se puede obtener información detallada sobre la
composición de una sección transversal del paciente. Realmente, la información
que se obtiene es, como en la radiografía tradicional, relativa a la absorción de
radiación x por parte de los diferentes tejidos. Conociendo la composición apro-
ximada del cuerpo humano se pueden inferir los valores de densidad a partir de
los datos de absorción, mediante la llamada escala de Honusfield.
La tac fue desarrollada por primera vez en 1972 por Godfrey Newbold
Honusfield. El funcionamiento de la máquina se basaba en el estudio de una
106 9.3. Aplicaciones médicas de diagnóstico
sección transversal de la anatomía (una «rebanada»), que podía realizarse en
sucesivas posiciones para tener una visión global del interior del cuerpo.
En la técnica tac, el paciente es situado en el interior de un cilindro, donde
se encuentran en posición opuesta un tubo de rayos X y un sistema de detecto-
res digitales. Durante el proceso de medida, el conjunto de tubo más detector
giran alrededor del paciente, tomando datos desde diferentes perspectivas. Las
máquinas tac son fácilmente reconocibles por su forma de prisma rectangular,
con una abertura para la entrada del paciente.
La gran dificultad de la técnica tac es el desarrollo de los algoritmos ma-
temáticos que sean capaces de reconstruir el interior del cuerpo a partir de los
datos de los detectores. Se tiene un sistema de muchas ecuaciones que posee
como incógnitas las densidades de Honusfield (equivalentes a la capacidad de
absorber radiación) en una matriz de puntos discretos en la zona del paciente.
El número de incógnitas depende directamente de la resolución espacial que se
desee conseguir, mientras que el número de ecuaciones depende del número de
detectores de los que se disponga (resolución espacial) y del número de ángulos
de rotación a los que se tomen imágenes (resolución angular).
Uno de los problemas del tac original era el alto tiempo de exploración,
que superaba, para un estudio abdominal, la media hora. Esta situación ha
sido mejorada empleando detectores ccd de respuesta más rápida, detectores
en matriz de múltiples filas, detectores de menor tamaño y, finalmente, tac
helicoidal. En este último el cabezal del tac gira a la misma velocidad a la que
se desplaza axialmente, describiendo un forma de hélice. Esto acorta el tiempo
del estudio, al combinar los datos recogidos por las diferentes filas de detectores.
Con los avances logrados se ha llegado a tiempos de exploración del orden
de varios segundos, con una resolución espacial igual en las direcciones axial
y transversal. Este último punto es muy importante par introducir el método
tridimensional de visualización. Para esta tarea se recurre a la ayuda de compu-
tadoras transfiriendo los datos a unidades de visualización conforme al protocolo
dicom anteriormente mencionado. Con la ayuda de computadoras se puede rea-
lizar una reconstrucción tridimensional del cuerpo humano. Una vez hecha esta
reconstrucción, se pueden realizar cortes virtuales por planos arbitrarios, o apli-
car filtros que visualicen sólo las zonas de interés.
El uso de los estudios tac, como todos aquellos en los que intervienen
radiaciones ionizantes, no está exento de riesgos radiológicos: en un estudio
abdominal la dosis de radiación puede llevar a ser 500 veces mayor que en una
radiografía de tórax.
9.3.3. Resonancia magnética nuclear
La resonancia magnética nuclear (rmn) es una técnica tomográfica, al igual
que la tac. Los orígenes de esta técnica se remontan al descubrimiento del efec-
to de resonancia magnética, realizado independientemente por Felix Bloch
y Edward Purcell en 1946. Se utilizó durante las primeras décadas para el
análisis molecular de sustancias, hasta que en 1971 Raymond Damadian des-
9. Aplicaciones médicas de radionucleidos y radiaciones ionizantes 107
cubrió que la respuesta a esta técnica en las zonas tumorales era diferente a la
del tejido sano. Es entonces cuando esta técnica entró dentro de las prácticas
de diagnóstico del tipo tomografía.
La técnica original rmn se basa en la excitación y posterior relajamiento de
los núcleos de los átomos presentes en una muestra. Es importante el hecho de
que esta técnica no use radiaciones ionizantes sino radiofrecuencia. A partir de
ella se obtienen datos anatómicos internos de composición química.
Los neutrones y protones, elementos constituyentes del núcleo atómico, po-
seen un momento angular intrínseco llamado espín. Ese momento angular, pro-
piedad vectorial, le confiere a esas partículas un momento magnético que las
hace comportarse como pequeños imanes que interactúan con el campo magné-
tico, con una tendencia a alinearse con él. El valor de ese momento magnético
es siempre el mismo para todos los neutrones y protones, siendo
1
2
de la unidad
fundamental. En un núcleo se encuentra un cierto número de nucleones cuyos
espines se pueden cancelar entre ellos. Sin embargo, en numerosas ocasiones,
debido a la paridad del número de los diferentes nucleones, no es posible la
cancelación de sus valores. Es en ese caso cuando el núcleo posee un momento
resultante que, según la física cuántica, debe ser también un múltiplo entero o
semientero de la unidad fundamental.
Al igual que se comporta un imán, el momento angular de un núcleo res-
ponde a la presencia de un campo magnético externo, con tendencia a orientarse
en su dirección. Así, existe una componente energética relativa a la posición del
espín, siendo de valor negativo (estable) cuando el espín se encuentra alineado
con el campo. Esa componente energética es proporcional al valor del campo
magnético, ∆E = kB. Según describe la teoría cuántica, la componente alinea-
da con el campo magnético sólo puede tomar dos valores: paralelo o antiparalelo
al campo.
En una sustancia situada a una temperatura mayor que el cero absoluto,
existe no obstante un cierto grado de desorden, que hace que existan elementos
fuera de la posición de estabilidad. Mediante la aportación de energía se puede
pasar de un estado a otro. Esto se consigue con radiación electromagnética de la
energía adecuada para pasar de un estado a otro. La frecuencia de esa radiación
necesaria se denomina frecuencia de Larmor y depende de cada núcleo, siendo
siempre directamente proporcional a la magnitud del campo magnético presente.
Hay que resaltar de nuevo que no todos los materiales son susceptibles de
sufrir esta interacción con el campo magnético. Sólo aquellos que tengan un
valor resultante de espín protónico o neutrónico pueden hacerlo. Estos núcleos
suelen tener valores impares de número atómico o másico. No obstante, dentro de
esta categoría se encuentran elementos presentes en el cuerpo humano, como el
hidrógeno. Los elementos que responden a la rmn son de bajo número atómico,
ya que en e caso de alto Z, el momento magnético electrónico apantalla al núcleo,
con lo que no responde a los estímulos externos.
Prescindiendo de consideraciones cuánticas, se puede considerar que el mo-
mento magnético de cada zona escogida es una magnitud clásica de variación
continua. Por tanto, no hay sólo dos posibles estados, sino que el vector magnéti-
108 9.3. Aplicaciones médicas de diagnóstico
co global puede tener cualquier dirección. Al aplicarle un campo magnético, esa
dirección global se alineará con él, ya que la mayoría de los espines individuales
lo hará.
Si mediante un estímulo externo se saca un momento magnético de su po-
sición de equilibrio, su tendencia natural es a volver a él con un movimiento de
precisión alrededor de la dirección del campo magnético. La rotación del mo-
mento magnético alrededor del eje central siempre tiene como frecuencia la de
Larmor, independientemente de la perturbación inicial.
El proceso de vuelta al equilibrio tiene un tiempo característico fijo, por el
que se pueden caracterizar diferentes materiales o tejidos. Pero lo más impor-
tante es que durante la oscilación del momento magnético se está emitiendo una
señal electromagnética en la frecuencia de Larmor, que puede ser identificada.
Si a un material magnetizado con un campo primario B se le somete a
un campo magnético oscilante de frecuencia igual a la de Larmor, se puede
girar el momento angular promedio de las zonas. Una vez desplazado de su
situación de equilibrio, rotará como se ha descrito anteriormente. La propiedad
más interesante de la rmn es que, una vez desaparecido el estímulo magnético
oscilante, durante la vuelta a la posición de estabilidad, el material seguirá
emitiendo radiación electromagnética en la frecuencia de Larmor en la zona
en cuestión.
La respuesta al estímulo va desapareciendo conforme los momentos magné-
ticos de las zonas se aproximan a la posición de equilibrio, momento en que cesa
la emisión de señal de respuesta. En función de la potencia de la señal de res-
puesta, de su frecuencia y del tiempo de extinción, se puede inferir información
sobre la composición de una muestra. Las respuestas de diferentes materiales se
producen a diferentes frecuencias, con lo que en una mezcla todos los materiales
presentes dejan su huella en la radiación saliente. Mediante un análisis de Fou-
rier de la señal de respuesta se puede saber qué materiales hay presentes y en
qué proporción, teniendo en cuenta la amplitud de las diferentes frecuencias.
El modo de conseguir una resolución espacial se basa en realizar el estudio
de un único material, introduciendo variaciones espaciales del campo magnético
que se reflejen en una variación espacial de la frecuencia de Larmor.
– Introduciendo inicialmente un campo magnético principal variable en el
espacio, se consigue que la frecuencia de Larmor varíe en el espacio.
Cuando se realiza el estímulo con un campo magnético oscilante, dicho
campo interactuará únicamente con las zonas en donde la frecuencia de
Larmor sea la de la onda de estímulo. De este modo se introduce una
absorción selectiva, en la cual sólo se estimula una parte del dominio cal-
culada de antemano. Es en esas zonas donde se produce la deposición de
energía y la estimulación de los momentos magnéticos.
– Inmediatamente después de realizada la absorción de energía y la altera-
ción de los momentos magnéticos en la región seleccionada del sistema,
se procede al cambio del gradiente del campo magnético principal. Con
eso se consiguen modificar las frecuencias de Larmor en los diferentes
9. Aplicaciones médicas de radionucleidos y radiaciones ionizantes 109
puntos de la «rebanada» que ha absorbido energía. De este modo se tiene
una diferenciación de la radiación emitida por las diferentes partes de la
sección.
Aun con dichas técnicas, por cada lectura existirá toda una zona unidimen-
sional, con lo que la segunda parte del anterior proceso hay que repetirla con
diferentes direcciones del gradiente siempre perpendiculares al campo magnéti-
co. De un modo rotativo, como se realizaba en el tac, se obtienen datos de la
composición desde diferentes perspectivas, lo que convenientemente combinado
da una representación tridimensional de la composición del material o sujeto.
Hay que subrayar nuevamente la complejidad del conjunto de algoritmos com-
putacionales que convierten los datos de los detectores en valores del espacio
físico. En este caso, son de especial importancia las transformadas de Fourier
que descomponen las señales recogidas por los detectores en las innumerables
zonas que emiten con frecuencias diferentes según una onda que decae con el
tiempo.
Los resultados de la técnica rmn se visualizan de un modo semejante a como
se realiza en la tac. Es asimismo una técnica funcional, pero no se consigue la
gran resolución espacial del tac. Sin embargo, el hecho de no emplear radiaciones
ionizantes constituye una clara ventaja frente a la tac, así como frente a las
diferentes técnicas de resalte de imagen, que entran más en el campo médico
que en el de la ingeniería.
Las últimas tendencias en el uso médico de la rmn incluyen el estudio
de resonancia magnética de los electrones en vez del núcleo, siendo el proceso
semejante. Sin embargo, esta técnica está restringida a las pocas sustancias que
presentan electrones desapareados en sus moléculas.
9.3.4. Tomografía por emisión de positrones
Para concluir con la sección correspondiente a técnicas de diagnóstico, se
va a tratar la única que utiliza material radiactivo como componente principal
de funcionamiento. El primer aparato de tomografía por emisión de positrones
(pet) fue construido por primera vez por E.J. Hoffman y M. Phelps en 1973
en la Universidad de Washington. Se trata de una técnica de imagen funcional,
i.e., no da imágenes directas de la composición del cuerpo humano sino de su
funcionamiento.
El principio de la técnica pet se basa en la propiedad de algunos isótopos de
desintegrarse espontáneamente emitiendo un positrón. El positrón es altamente
reactivo en el medio material, donde abundan los electrones. Estudiando la
colisión del electrón y el positrón, y despreciando la velocidad del centro de
masa del sistema con respecto a la de la luz, se tiene que ambos fotones deben
tener velocidades opuestas. Es decir, las velocidades comparten la dirección pero
poseen sentidos opuestos.
La propiedad fundamental es que si se consiguen detectar los dos fotones
emitidos en la aniquilación, se sabe que ésta tuvo lugar en la línea recta que
110 9.3. Aplicaciones médicas de diagnóstico
une los puntos de detección. Teniendo en cuenta el corto recorrido medio de un
positrón dentro de un medio sólido (del orden del milímetro), se puede asumir
sin gran error que los datos obtenidos corresponden al punto donde se desintegró
el elemento emisor de positrones.
Así pues, la técnica médica se basa en inyectar al paciente un compuesto
que tenga átomos marcados isotópicamente de modo que emitan positrones.
Con esta técnica se busca conocer de modo tridimensional cómo se distribuye
ese compuesto dentro del cuerpo humano. El isótopo que se utilice debe cumplir
los siguientes requisitos:
– Posibilidad de introducirse en un compuesto tolerable por el cuerpo hu-
mano cuya evolución se quiera estudiar.
– No tener como resultado de la desintegración un elemento que pueda ser
tóxico.
– Período de semidesintegración del orden de una hora. Hay que tener en
cuenta que al paciente se le introduce una cantidad apreciable de producto
radiactivo dentro del cuerpo. En el caso de una vida media larga, ese
isótopo estaría impartiendo una dosis de radiación γ al paciente durante
largo tiempo o exigiría tiempos de exposición muy elevados. En el caso
de una vida media muy corta, gran parte de la cantidad del elemento se
desintegraría desde el momento de su producción.
Los principales isótopos que utilizados, que cumplen estas propiedades, son
18
Fe,
11
C,
13
N y
15
O, siendo el primero el más utilizado. La producción de todos
estos isótopos de corta vida se realiza en aceleradores de partículas. Teniendo
en cuenta la corta vida media de los isótopos, el transporte desde el acelerador
hasta la unidad pet debe hacerse con gran celeridad, y limita el radio útil de
suministro de un acelerador. Cada acelerador, no obstante, tiene capacidad para
cubrir las necesidades de varias unidades pet que estén suficientemente cerca.
El isótopo más comúnmente utilizado en la técnica pet es el
18
F introducido en
una molécula de fluordesoxiglucosa (fdg). Mediante el seguimiento del consumo
de glucosa en el cuerpo se conocen las zonas afectadas de cáncer, que presentan
un consumo muy superior a lo normal.
La apariencia externa de una máquina pet es semejante a una tac o rmn.
Se trata de un anillo de detectores que ha de envolver al cuerpo en estudio, ya que
para obtener información de una desintegración, debe detectar ambos fotones
emitidos en sentidos opuestos sobre una misma dirección. Teniendo en cuenta
las dimensiones del sistema, y que viajan a la velocidad de la luz, el desfase de
tiempos entre los dos fotones detectados no puede ser superior a un tiempo del
orden del nanosegundo. Cuando se da una medida con esas condiciones, se dice
que se tiene una coincidencia, que es la única fuente útil de datos.
Para tener una buena resolución espacial, el anillo de detectores debe estar
compuesto por una gran cantidad de ellos, de pequeñas dimensiones, para poder
localizar con precisión la línea que han seguido los fotones hasta los detectores.
Dichos detectores deben ser de muy pequeño tamaño y del alta precisión tem-
poral. El método de detección de la radiación γ se basa en su conversión a luz
9. Aplicaciones médicas de radionucleidos y radiaciones ionizantes 111
por cristales especiales que están unidos a tubos fotomultiplicadores. Hasta hace
pocos años se utilizaba para los cristales conversores el germanato de bismuto
(bgo). Actualmente, la técnica ha avanzado con el ortosilicato de lutecio (lso),
que permite cristales más pequeños (de 4×4 mm
2
), con un funcionamiento más
rápido que permite un mayor número de medidas en una exposición. No obs-
tante, la precisión espacial de la técnica pet está limitada por el recorrido libre
medio de los positrones en el cuerpo. Este recorrido medio actúa como incerti-
dumbre insalvable de la posición donde se produjo la desintegración y aparición
del positrón.
Existen dos modos de medida, con diferente lógica de reconstrucción de
imagen. Se trata del método tomográfico y el tridimensional.
– El método tomográfico estudia secciones transversales del cuerpo en estu-
dio. Para eso, tiene un sistema de filtrado de la radiación γ entrante, de
modo que únicamente deflecte la que proviene del plano central del anillo
de detectores. Esto tiene la ventaja de tener unas menores exigencias en
el sistema de detección. Se tienen menos detecciones por segundo, al fil-
trar parte de la radiación, y por otra parte el origen de la radiación está
limitado a un plano, con lo que es más sencillo determinar su posición.
– El método tridimensional recoge también medidas provenientes de zonas
diferentes al plano central del sistema. Esto requiere un mayor número de
detectores y una lógica más compleja para determinar la posición de las
desintegraciones. Como ventaja, se tiene un mayor número de coinciden-
cias en menos tiempo, lo que acorta el tiempo de medida.
El proceso de medida de la emisión de radiación por el cuerpo bajo estudio
tarda actualmente aproximadamente 20 minutos. Sin embargo, los métodos de
formación de imagen mediante pet implican el análisis de una gran cantidad de
información durante un tiempo del orden de horas. En la actualidad se están
extendiendo máquinas que combinan en una acción un estudio de pet con uno
de tac simultáneo. Ello posee la gran ventaja de que el paciente mantiene su
posición exactamente durante el proceso de ambas técnicas. De este modo, se
combina la información funcional del pet con la anatómica del tac, pudiendo
localizar las zonas afectadas de cáncer con la gran precisión espacial que el pet
no permite.
La técnica pet no está exenta de riesgos radiológicos para el paciente, ya
que se introduce en su sangre una cantidad de material radiactivo que, por otra
parte, se desintegra en cuestión de horas. La dosis recibida en una sesión equivale
aproximadamente a la recibida por radiación natural durante un año.
9.4. Aplicaciones médicas de terapia
Las aplicaciones médicas de radioterapia buscan hacer desaparecer el tejido
afectado de cáncer. Para eso se utilizan altas dosis de radiación que tienen
como resultado la incapacidad de reproducción o incluso la muerte de las células
112 9.4. Aplicaciones médicas de terapia
tratadas. En la terapia se imparten dosis de radiación muy superiores a las de
diagnóstico, manejándose valores, en ocasiones, hasta mil veces más elevados.
Las técnicas de terapia se dividen fundamentalmente en dos clases:
– La teleterapia, en la que la radiación proviene de una fuente externa al
paciente, a una cierta distancia.
– La braquiterapia, donde las fuentes de radiación se sitúan en la proximidad
de la zona afectada por cáncer y adaptadas a su forma. De este modo se
reduce la dosis de radiación impartida a tejidos.
9.4.1. Irradiaciones de cobalto-60
Esta técnica de terapia, tan antigua como el uso médico de las radiaciones,
se basa en la exposición controlada de un paciente a una fuente intensa de
60
Co.
El
60
Co es un metal con una actividad específica aproximada de 1100 Ci/g. Es
emisor de radiación β y γ, teniendo la radiación γ energía en torno a 1 MeV. Se
trata, por tanto, de un material cuyo manejo es extremadamente peligroso.
Un irradiador de cobalto, o bomba de cobalto, es una especie de lámpara en la
que la bombilla es sustituida por una pieza de unos 2 kCi de
60
Co. La colimación
se realiza de modo sencillo: se tiene un pequeño cabezal de plomo que absorbe
toda la radiación excepto la que circula a través de la ventana de irradiación.
El mecanismo más complejo del sistema es de carga y descarga de la fuente,
que se realiza con aire comprimido de modo remoto. Este tipo de máquinas, de
coste relativamente bajo, han sido progresivamente sustituidas por aceleradores
de electrones —a pesar de su precio más elevado—, por varias razones:
– La presencia de material radiactivo en alta cantidad aumenta la posibi-
lidad de accidentes. La emisión radiactiva no puede detenerse en ningún
momento.
– La pieza de cobalto debe ser renovada cada cierto tiempo, en torno a los
diez años, debido al decaimiento exponencial de su actividad. Esa pieza,
aunque inútil para radioterapia, sigue teniendo una actividad suficiente
para ser considerada muy peligrosa. Han ocurrido ya conocidos acciden-
tes en México y Brasil, donde fuentes de cobalto usadas han acabado en
vertederos.
– La energía de la radiación del cobalto es invariable.
9.4.2. Aceleradores de partículas
Los aceleradores de partículas se utilizan en teleterapia, aunque en los úl-
timos avances efectuados se han conseguido ventajas semejantes a las de la
braquiterapia. Se emplean aceleradores de distintos tipos:
9. Aplicaciones médicas de radionucleidos y radiaciones ionizantes 113
– Máquinas convencionales de rayos X: estas máquinas funcionan aceleran-
do electrones de modo electrostático hasta una energía en torno a los 200
keV. Entonces se produce una conversión a rayos X al colisionar con el áno-
do. Este tratamiento se utiliza para cáncer de piel, puesto que los rayos X
no son muy penetrantes.
– Aceleradores lineales de electrones: este tipo de acelerador posee unas di-
mensiones modestas. Con él se obtienen unas energías de electrones de
hasta 25 MeV, suficientes para tratamientos profundos en pacientes. Fun-
ciona como productor de rayos X al hacer incidir el haz de electrones sobre
una lámina de material de alto Z como el volframio. Estas dos técnicas
presentan el problema más típico de la teleterapia: las partículas depositan
la energía preferentemente en la zona de entrada (la piel), en vez de en los
tumores, que pueden ser más profundos.
– Aceleradores de protones del tipo ciclotrón, que imparten a las partículas
energías en torno a los 250 MeV. Los protones presentan una curva de
deposición de energía diferente a la de los electrones o los rayos X, presen-
tando su máximo en profundidad, lo cual es más beneficioso para actuar
directamente sobre el tumor.
La gran preocupación para el tratamiento con aceleradores es común para
todos los equipos de teleterapia: impartir radiación únicamente en las zonas que
lo necesiten, y no en el resto. Para ello se emplean diversas técnicas:
– Control de la energía del haz: así se puede controlar el grado de penetración
que tendrá el haz dentro del cuerpo.
– Control de direccionamiento del haz: mediante un brazo rotativo (gantry)
se consigue variar el ángulo de entrada del haz dentro del cuerpo.
– Delimitación de la extensión del haz: mediante placas gruesas (mandíbulas
o jaws), situadas en la zona de salida del haz (cabezal ) se consigue delimitar
la extensión del haz en forma de rectángulo.
– Colimación con multiláminas: dentro del cabezal, en el otro eje del que
tiene las mandíbulas, se sitúan decenas de finas pero profundas láminas
de volframio con la finalidad de colimar la radiación del haz. A diferen-
cia de las mandíbulas, las multiláminas pueden conformarse de diferentes
maneras.
– Tratamientos de intensidad modulada: se trata de la evolución más mo-
derna de tratamientos con aceleradores. Una vez determinadas las zonas
del cuerpo a las que hay que impartir dosis y las que hay que salvaguardar
de la radiación, un programa de ordenador calcula el modo óptimo de irra-
diar, calculando diferentes irradiaciones sucesivas con diferentes posiciones
del gantry, mandíbulas y láminas.
– Sistema de radioterapia guiada por imagen: el posicionamiento del pacien-
te debe ser en todo momento muy preciso para poder aplicar las irradia-
ciones calculadas en las zonas calculadas. Modernamente se tienden a usar
sistemas de rayos X que localizan en tiempo real el órgano a irradiar.
114 9.4. Aplicaciones médicas de terapia
– Radioterapia intraoperatoria: se han desarrollado sistemas aceleradores
de menor energía que son portátiles y pueden desplazarse a la sala de
operaciones, irradiando la zona tumoral con el paciente abierto.
9.4.3. Sistemas de braquiterapia
Los sistemas de braquiterapia tratan de impartir la mayor dosis a las zonas
afectadas por cáncer, preservando las que no han sido afectadas. Para ello, se
sitúan fuentes radiactivas en contacto con la zona bajo tratamiento, de modo que
se obtenga la mayor dosis de radiación. Los numerosos métodos de tratamiento
pueden clasificarse en dos grandes tipos:
– Irradiación temporal: son sistemas en los que la fuente se acerca al tumor
mediante algún sistema mecánico, o se colocan las fuentes radiactivas en
la superficie del cuerpo durante el tratamiento. En caso de que la zona a
tratar sea interna al cuerpo, se puede introducir la fuente en el interior
de agujas que se introducen en el cuerpo. Se emplean isótopos radiactivos
encapsulados para evitar contaminación al paciente, y con una vida media
no muy larga para conseguir una alta actividad específica. Asimismo, la
energía de sus radiaciones no debe ser muy alta (como en el caso de
60
Co)
para concentrar la dosis en la zona irradiada. El
192
Ir, con 9340 Ci/g y
600 keV de energía media, es uno de los más utilizados.
– Irradiación permanente: se basa en fuentes encapsuladas de pequeño ta-
maño que se introducen en el interior del cuerpo de modo permanente. Se
emplean elementos con energía de radiación muy baja, de modo que las
fugas globales del cuerpo del paciente sean lo más bajas posible. Además,
el isótopo debe tener una vida corta para evitar posteriores accidentes con
el material radiactivo que queda en el cuerpo. El
125
I, con dos meses de
vida media y que emite radiación γ con energía de 35 keV y rayos X de
menor energía, es utilizada en este tipo de tratamiento. La radiación γ de
tan baja energía es fácilmente blindada por láminas muy finas de plomo,
y dentro del cuerpo humano presenta un alcance del orden del centímetro,
lo que proporciona una irradiación local de las zonas cancerosas.
Capítulo 10
Usos y producción
industrial de radionucleidos
y radiaciones ionizantes
10.1. Introducción
Veamos el modo por el que se obtienen los isótopos radiactivos empleados
en la medicina y la industria. Teniendo en cuenta que se suelen utilizar isótopos
de vida media o corta, es necesaria su producción artificial, ya que hace mucho
tiempo que se desintegró la cantidad que se pudiera originar en la explosión de
la supernova de la que proviene la materia terrestre.
Ya se han estudiado en el capítulo anterior las aplicaciones médicas de las
radiaciones, pero hay que tener en cuenta que en el campo industrial no existen
las fuertes limitaciones inherentes al riesgo biológico que conllevan aquéllas. En
muchas ocasiones, en el campo industrial se busca precisamente su faceta más
destructiva para los organismos biológicos: se trata del caso de la esterilización
por radiaciones. Las radiaciones ionizantes en dosis muy altas son también cau-
santes de modificaciones indeseadas de las propiedades de los materiales, pero
los niveles de dosis son tan elevados que ese tipo de fenómenos se dan en am-
bientes de muy alta tasa de dosis continuada durante años (como ocurre en los
materiales estructurales de reactores nucleares).
Teniendo en cuenta la estabilidad de las fuentes radiactivas, consecuencia
estadística de la gran cantidad de partículas que emiten, se pueden usar como
un referente estable para ciertos procesos. Esto, unido a la gran sensibilidad de
los detectores de radiación, las hace útiles para inferir con gran precisión datos
de una muestra a partir de la interacción con radiaciones ionizantes.
10.2. Producción de isótopos radiactivos
En la utilización de los radioisótopos, especialmente en el campo indus-
trial, se buscan especialmente unas propiedades de las fuentes utilizadas: alta
116 10.2. Producción de isótopos radiactivos
actividad específica, tiempo de uso prolongado y energía adecuada. Estas son
dos condiciones de efectos opuestos, con lo que dependiendo de las aplicacio-
nes se da más o menos importancia a unos u otros criterios. El resultado es
que la adecuación del material radiactivo depende mucho de la actividad que
se quiera desarrollar. Existen dos medios fundamentales para producir isótopos
radiactivos:
– Mediante aceleradores de partículas, que inducen reacciones nucleares al
hacer incidir partículas de alta energía (normalmente núcleos atómicos de
bajo Z) sobre un blanco de material.
– Mediante reactores nucleares, en los que se busca la producción de nuevos
elementos como consecuencia de la absorción de neutrones de un material
base o por la fisión de combustible nuclear.
10.2.1. Producción de radioisótopos con aceleradores
El uso de aceleradores para producción de radioisótopos es una técnica
bastante extendida, teniendo en cuenta que no implica la complejidad de man-
tenimiento de un reactor nuclear ni los problemas legales que implica la posesión
de material fisible.
Un acelerador de partículas produce un haz de partículas cargadas, de las
que se espera que colisionen con el núcleo blanco produciendo una reacción.
Dado que se busca en muchas ocasiones la adición de nuevos nucleones al núcleo
blanco, se emplean aceleradores de protones u otros núcleos atómicos.
En el caso común de utilizar como proyectil núcleos de hidrógeno o deuterio,
las energías necesarias para provocar reacciones en una cantidad apreciable están
en el orden de unos pocos MeV. No es necesario, por tanto, emplear grandes
aceleradores para este tipo de actividad, sino que pueden tener el tamaño de
una habitación. El tipo de acelerador más adecuado para este tipo de práctica
son los ciclotrones.
Los principales destinatarios de las fuentes producidas en un acelerador
son los hospitales donde se tienen máquinas pet o los fabricantes de fuentes
encapsuladas para tratamientos de radioterapia. Para las aplicaciones de pet,
se han diseñado ciclotrones de un modo totalmente encapsulado. Situando en
las cámaras blanco diferentes compuestos, se pueden lograr distintos isótopos de
número atómico moderado. Seguidamente, y en la propia instalación, se ha de
realizar un proceso de separación química del recién creado isótopo. Para toda
la instalación, se requieren unas medidas especiales de radioprotección, debido a
la presencia de material radiactivo. Con la energía del impacto de las partículas
proyectil contra el blanco, es energéticamente posible arrancar neutrones como
una de las reacciones secundarias. Esto supone un grave riesgo radiológico y
de este modo es característico que la dependencia en la que está situado el
acelerador tenga paredes de un espesor próximo al metro.
Aceleradores de este tipo pueden impartir una corriente de hasta 80 µA
de protones, de modo que durante un período de irradiación de dos horas se
10. Usos y producción industrial de radionucleidos 117
pueden lograr hasta 5 curios de
18
F, una de las sustancias más utilizadas en la
técnica pet. Aceleradores de mayor energía son utilizados para la producción de
fuentes radiactivas para braquiterapia. Éstos suelen ser elementos de más alto
número atómico, con lo que es común acelerar hasta 30 MeV. En todo caso, la
producción mediante estos aceleradores es modesta, sobre todo comparada con
la que ofrecen los reactores nucleares. Sin embargo, es la alternativa ideal para
la pequeña producción o el autoabastecimiento de sustancias radiactivas.
En el extremo de altas energías, los aceleradores de partículas se están
utilizando también para investigación en isótopos de muy alto número atómico,
superior a cien. De esta manera, en las últimas décadas se ha producido una serie
de nuevos elementos de la tabla periódica, para los que no existía ningún isótopo
en la naturaleza. La investigación actual busca la llamada isla de estabilidad, una
región del plano ZA en la que la teoría nuclear prevé una especial estabilidad.
10.2.2. Producción de isótopos en reactores nucleares
El uso de reactores nucleares para la producción de isótopos conlleva impor-
tantes limitaciones de carácter legal, debido a la presencia de material fisible.
Por ello se utilizan para obtener una producción alta de isótopos sólo en un nú-
mero limitado de instalaciones. Esto hace que no valgan para el reparto rápido
de isótopos de vida corta, como ocurre en el caso del pet.
De la fisión del
235
U se obtienen todo un rango de isótopos de peso medio,
habiendo unos máximos para los números atómicos de 95 y de 140. El modo
de proceder es, por tanto, hacer funcionar el reactor con una cierta cantidad
de combustible, pararlo después de un tiempo, extraer el combustible y tratarlo
químicamente para conseguir la separación de los diferentes elementos.
La mayor problemática que presenta esta técnica es que el manejo de com-
bustible nuclear conlleva un riesgo inherente de desvío a usos militares. Además,
el uranio no sólo sufre fisiones sino también capturas neutrónicas, que dan lu-
gar a la producción de plutonio, el material más apto para armas de fisión.
En España, al igual que muchos otros países, la legislación actual prohíbe el
reprocesamiento del combustible nuclear sin excepción.
En cuanto a la producción de isótopos radiactivos por medio de absorción
neutrónica, se realiza mediante la introducción de muestras de material no fi-
sible dentro de un reactor nuclear, en un entorno de alto flujo neutrónico. La
interacción de los neutrones con el material de base produce reacciones de ab-
sorción neutrónica, que en la mayor parte de los casos lleva asociada la emisión
de radiación γ. La mayoría de los isótopos producidos en la actualidad se consi-
guen mediante este método, ya que con él la producción es mucho más masiva
que con los métodos anteriores. El caso más conocido de isótopo conseguido
por absorción neutrónica es el
60
Co, así como el
99
Tc, ambos de uso común en
industria y medicina.
Una vez producido un radioisótopo de vida media o larga, se puede almace-
nar hasta su distribución. En casos de almacenamiento de isótopos con actividad
muy elevada, hay que tener previsto un sistema de blindaje y refrigeración, para
118 10.3. Esterilización
poder disipar la energía liberada en las desintegraciones.
10.3. Esterilización
La esterilización es una aplicación de la radiación en la que se requiere la
destrucción más efectiva posible de todo organismo vivo de un sistema. Me-
diante el proceso de esterilización, se pretende la eliminación o inactivación de
los microorganismos omnipresentes en el entorno natural. Esto significa que si
bien pueden sobrevivir microorganismos al proceso de irradiación, se impide
su posterior reproducción, lo que redunda en una esterilización diferida. Los
microorganismos presentan, no obstante, una resistencia a las radiaciones supe-
rior a la de los humanos. Es una regla de carácter más o menos general que la
resistencia a la radiación aumenta con la simplicidad del organismo. Para los
humanos, un nivel letal de radiación de cuerpo entero se sitúa en torno a los
5 Gy. Por el contrario, para una cucaracha —conocidas por su alta resistencia
a la radiación— el umbral se encuentra aproximadamente en 1 kGy. Pero exis-
ten microorganismos mucho más resistentes: el más resistente conocido en la
actualidad es el Deinococcus, cuyo umbral de supervivencia se sitúa en 15 kGy.
Los procesos de esterilización comunes buscan su efecto entre determinados
microorganismos perniciosos, pero sin degradar la calidad del material irradiado.
Pueden citarse los siguientes:
– Instrumental médico: suele requerir únicamente una desinfección superfi-
cial. Existen, en ocasiones, métodos alternativos como el vapor, pero en el
caso de materiales sensibles las radiaciones ionizantes respetan la integri-
dad del material.
– Alimentos: desinfección en profundidad. Se imparten dosis del orden de
10 kGy, para eliminar los principales patógenos.
– Sangre: se irradia con dosis del orden de 20 Gy, para no dañar las propie-
dades de las células sanguíneas. Se busca reducir o activar los linfocitos
de la sangre para reducir las posibilidades de rechazo en el receptor.
– Servicio postal: actualmente se emplea en Estados Unidos como medi-
da frente los ataques bioterroristas —ataques que dicho país ha aplicado
profusamente en múltiples lugares del planeta—.
Existen casos en los que basta con una esterilización superficial, mientras
que, en otros, es necesario que la radiación penetre a una cierta profundidad.
En función del grado de esterilización requerido, pueden emplearse diferentes
tipos de radiación:
– Rayos ultravioleta: se producen mediante lámparas eléctricas de alta in-
tensidad. Tienen muy poco poder de penetración en sólidos, por lo que se
utilizan en esterilización superficial.
10. Usos y producción industrial de radionucleidos 119
– rayos X: se obtienen a partir de potenciales de pocos cientos de kilovoltios
y se utilizan para esterilización en profundidad, aunque no para grandes
espesores.
– Rayos γ: esterilización de grandes espesores en producción continua. Se
utilizan fuentes radiactivas de varios kilocurios de actividad, principal-
mente
137
Cs y
60
Co. Teniendo en cuenta la emisión continua de radiación
por parte de las fuentes radiactivas, estos sistemas suelen utilizar una ali-
mentación continuada mediante cintas transportadoras. Los materiales a
esterilizar se introducen en un receptáculo blindado con plomo, dentro del
que se encuentra una fuente de alta actividad.
– Electrones: al igual que en el caso de la terapia médica, los aceleradores
de electrones presentan la flexibilidad de operar emitiendo como producto
final electrones o rayos X de alta energía.
10.3.1. Irradiación de alimentos
La primera patente relacionada con la aplicación de radiaciones a los ali-
mentos proviene del Reino Unido en el año 1905, si bien la primera instalación
comercial de irradiación de alimentos se construyó en 1957 en Alemania. Desde
entonces ha habido posturas legales contradictorias, debidas en su mayor parte
al desconocimiento de los efectos nocivos de las radiaciones ionizantes sobre los
alimentos. En 1970 se creó el Proyecto Internacional en el campo de la Irra-
diación Alimentaria (ifip), con la participación de 19 países y el amparo de la
fao, la ocde y la Organización Internacional de la Energía Atómica (iaea).
El estudio comprendía el efecto sobre animales de la alimentación con produc-
tos irradiados hasta 10 kGy. Las conclusiones del comité presentadas en 1980
incluían la no detección de ningún efecto negativo en alimentos irradiados con
dosis de hasta 10 kGy.
A raíz de los resultados obtenidos, en 1983 se creó el Grupo Consultivo
Internacional sobre Irradiación de Alimentos (icgfi), en el que actualmente
participan 45 países. En 1997 se realizó una extensión de las pruebas de 1979,
llegando a irradiar alimentos hasta 70 kGy. Los resultados indicaron la no pre-
sencia de variaciones sensoriales apreciables; tampoco se encontraron efectos
adversos en la salud de animales alimentados con esos alimentos irradiados.
1
1
Citar como aval de un estudio a la fao o a la ocde —no digamos ya a la iaea— es
ciertamente desconocer mucho acerca de la naturaleza de tales instituciones. Plantear —como
sugiere el texto al hablar del porcentaje de alimentos que se pierden como consecuencia de los
microorganismos— que la irradiación alimentaria puede ser una vía para acabar con el hambre
en el mundo, es un insulto contra la razón. La causa del hambre en el mundo no está en el
carácter perecedero de los alimentos; está en una forma de relaciones sociales que antepone
el beneficio privado a la satisfacción de las necesidades humanas, excepto aquellas que estén
respaldadas por dinero. Quienes no poseen ese dinero —como consecuencia, entre otras cosas,
de haber sido expulsados de las tierras que cultivaban— no tienen acceso a una alimentación
básica, ya sea natural, irradiada o tratada con químicos. Pero además, las afirmaciones ver-
tidas acerca de la irradiación adolecen de un defecto muy común: aplicar mecánicamente los
resultados de una investigación de laboratorio a un ecosistema, ignorando las múltiples inte-
rrelaciones que existen en él. En primer lugar, acabar con la fauna microbiana presente en los
alimentos puede traer consecuencias muy negativas para la fauna y la flora intestinal, mucha
de la cual realiza operaciones básicas en la función digestiva; la apuesta por la irradiación
120 10.4. Ensayos no destructivos
En España, la comercialización de productos alimentarios irradiados está
regulada por el Real Decreto 348/2001. Este decreto marca qué tipo de alimentos
con fines de comercialización pueden ser irradiados, con qué métodos y con qué
dosis máximas. Asimismo, estipula que los alimentos de venta al consumidor
final deben estar convenientemente etiquetados con la palabra irradiado en un
lugar visible. Asimismo, se prevé la operación de una agencia de control, que
tiene como cometido la comprobación del cumplimiento de este reglamento.
En breve entrará en operación tal agencia en el Instituto de Salud Carlos iii,
dependiente del Ministerio de Sanidad y Consumo.
10.4. Ensayos no destructivos
Como ensayo no destructivo se entiende el estudio de un material de modo
que se mantenga su utilidad. En función de la base física de su técnica de
obtención de información, los ensayos no destructivos se clasifican en ópticos,
electromagnéticos, ultrasónicos, por líquidos penetrantes y radiográficos.
La radiografía es uno de los tipos de ensayos no destructivos más versátiles
y más importantes utilizados en la industria actual. Mediante el empleo de rayos
X o γ altamente penetrantes —o, en el caso de las neutrografías, el empleo de
neutrones— se puede obtener información sobre el estado interno de materiales
sin necesidad de dañarlos en absoluto.
En el campo del radiografiado, la magnitud que tradicionalmente se ha
empleado para representar la cantidad de radiación absorbida por el material es
la llamada exposición; su unidad es el renguenio (o roentgen, en su denominación
inglesa), que se define como la dosis de radiación capaz de producir una carga
por ionización de 2,58·10
−4
C/kg en aire seco en condiciones normales de presión
y temperatura. El porqué de la definición de esta unidad de medida viene dado
por el modo de funcionamiento de un tipo muy importante de medidores: los
de ionización gaseosa. Los conceptos de dosis y de exposición no se refieren
exactamente al mismo efecto, si bien conociendo el potencial de ionización del
aire y su densidad en esas condiciones se tiene que —para el aire y una radiación
de baja energía— la equivalencia es 1 R = 0,88 mGy; en otros materiales, el
mismo flujo de radiación puede dar lugar a dosis diferentes, en función de su
capacidad para absorberla.
pertenece a la misma lógica biocida que impregna el tratamiento de los alimentos con agrotó-
xicos, según la cual es esencial que en el nivel microbiano reine la paz de los cementerios. En
segundo lugar, la irradiación, teniendo en cuenta la mutabilidad de muchos microorganismos
—entre ellos, las bacterias— puede fácilmente traer como consecuencia la rápida aparición de
cepas ultrarresistentes a la propia irradiación; esta dinámica es ya habitual debido al uso de
antibióticos y agrotóxicos, lo que obliga a emplear químicos cada vez más devastadores y en
mayores cantidades. En tercer lugar, el carácter altamente mutágeno de la irradiación puede
generar bacterias que, además de ser resistentes a ella, sean patógenas y desconocidas, y gene-
rar enfermedades mucho peores que las que se intentan erradicar con el biocidio. Finalmente,
¿qué empresas procesadoras se permitirán la complejidad tecnológica que exigen las técnicas
de irradiación y los estudios que van asociados a ella? Al igual que ha ocurrido con la mayor
parte de los «avances tecnológicos» en el terreno agrícola y alimentario, la propuesta de los
alimentos irradiados será un nuevo operador de la centralización del capital en el sector.—Nota
de M.M.
10. Usos y producción industrial de radionucleidos 121
El esquema básico de una exposición radiográfica implica la medida de la
cantidad de radiación que atraviesa una muestra de material. En función de la
distribución de intensidades tras el material, se pueden inferir propiedades suyas
referentes a la absorción, como el espesor o el contraste. Se entiende como la
diferencia de respuesta —ya sea en placa u otro dispositivo— para variaciones
de la propiedad medida en el objeto: espesor, densidad, etc.
Por lo que respecta a la fuente de radiación, pueden escogerse rayos X o γ de
diversas energías. En el caso de los rayos X, se logra esa modulación escogiendo
el potencial de aceleración de los electrones que los generan. En el caso de utili-
zar sustancias radiactivas, las radiaciones disponibles corresponden a las de los
radioisótopos disponibles o a combinaciones de ellos. La energía de la radiación
utilizada está en relación directa con el espesor y la densidad de los objetos a
radiografiar. Cuanto mayor sea la energía de la radiación electromagnética, ma-
yor será su capacidad de penetración y, por tanto, menor su atenuación dentro
del medio que atraviesa. Contrariamente al caso médico, los rayos conseguidos
con potenciales de hasta 200 kV pueden no ser suficientemente penetrantes, con
lo que se recurre a energías del orden del MeV, que son posibles con fuentes
radiactivas de
60
Co o
137
Cs. Ha de resaltarse que la utilización de una energía
demasiado alta supone también un inconveniente para la obtención de un buen
contraste. En el caso de que casi toda la radiación atraviese el objeto bajo es-
tudio, el registro sobre la placa será muy uniforme, sin información clara sobre
las irregularidades del objeto.
Si se denomina I
0
a la intensidad incidente sobre el objeto e I(x) a la sa-
liente, para un espesor x de material, para un flujo de radiación monoenergética
se tendrá la relación:
I(x) = I
0
e
−µx
,
donde µ representa el coeficiente de absorción del material radiografiado. Dicho
coeficiente es propio de cada material o incluso mezcla de materiales; su valor
en el caso de mezclas no es siempre la combinación lineal de sus componen-
tes. En general, presenta una dependencia creciente con el número atómico del
material, siendo los elementos de alto Z los que absorben mejor la radiación
electromagnética. Se denomina densidad óptica del material al valor
τ = log

I
0
I

,
que representa una medida de la improbabilidad del paso de la radiación a
través de un cuerpo, y en el caso anterior de radiación monoenergética toma el
valor µx. En el caso de los rayos γ, el coeficiente de absorción µ depende de la
energía de la radiación incidente, µ = µ(E). En el caso más general, se tiene
una distribución inicial I
0
(E) y se llega a la siguiente expresión:
I(x, E) = I
0
(E)e
−µ(E)x
I(x) =

I(x, E)dE =

I
0
(E)e
−µ(E)x
dE.
Con las expresiones anteriores se puede tener una idea inicial de cómo va-
riará la impresión de imagen en la placa en función de las irregularidades del
material radiografiado. Teniendo en cuenta que los detectores suelen tener una
122 10.4. Ensayos no destructivos
respuesta logarítmica de la radiación incidente, interesa maximizar la magnitud
d(log I)
dx
=

dx
,
que representa las variaciones de la intensidad que llega a la placa, en función
de las variaciones de espesor del material radiografiado. Este valor aumenta al
aumentar el coeficiente de absorción, lo que mejoraría el contraste de la impre-
sión de la placa. Sin embargo, ante mayores coeficientes de absorción es menor
la cantidad de radiación que llega a la placa, con lo que se necesitan mayores
tiempos de exposición para conseguir la formación de una imagen.
Una vez formada la imagen, de cara a su lectura, se realiza un proceso
análogo al propio proceso de radiografiado. Del mismo modo que en la impresión
de la placa, se define la densidad óptica de una placa impresionada como:
D = ln

I
0
I

.
Para conseguir un contraste óptimo, se decide el tipo de placa en función de sus
propiedades. Los modelos de placas radiográficas comerciales tienen una deter-
minada curva de respuesta, en la que se representa el valor de la densidad óptica
obtenida (D) en función de la exposición de radiación recibida (X) medida en
roentgen. El punto de trabajo de la radiografía debe tratar de calcularse para
coincidir con la zona donde la curva presenta una pendiente mayor. Al valor de
la derivada logarítmica de la densidad óptica con la exposición se la denomina
sensibilidad de la placa,
S =
d(log D)
d(log X)
.
Según esta propiedad, se puede hablar de placas lentas y rápidas. Esto es debido
a que, al necesitar menos exposición, requieren menos tiempo de irradiación para
formar la imagen.
Una cuestión fundamental a la hora de calcular el tiempo de exposición
para la toma de una imagen es no exceder una cierta densidad óptica. Existen
escáneres especiales para radiografías con paleta de grises de dieciséis bits (65536
tonos), pero que son capaces de discernir densidades ópticas hasta un valor de
cuatro y son, por tanto, mucho más sensibles que el ojo humano.
10.4.1. Neutrografía
La neutrografía es un proceso especial de radiografiado en el que se utilizan
neutrones como partículas incidentes. El que los neutrones sean partículas ató-
micas sin carga eléctrica les otorga un gran poder de penetración dentro de la
materia. Las principales características de este método pueden resumirse en:
– Presenta una discriminación de materiales superior a la radiografía con
rayos X o γ. Las interacciones de las partículas incidentes se producen
con los núcleos atómicos en vez de las cortezas electrónicas. Esto hace que
los coeficientes de absorción —que en el caso neutrónico se denominan
10. Usos y producción industrial de radionucleidos 123
secciones eficaces, como ya se vio— presenten unas pautas de variación
diferentes a las de la radiación electromagnética.
– Variando la energía de los neutrones se puede variar el comportamiento
relativo de diferentes materiales.
– Los objetos sometidos a neutrografía sufren en mayor o menor medida pro-
cesos de absorción de neutrones, que activan el material. Esto supone que
un material inicialmente no radiactivo puede empezar a emitir radiacio-
nes. Este aspecto desfavorable debe ser tenido en cuenta en las cuestiones
de protección radiológica asociadas a esta técnica.
– Una vez atravesado el objeto a radiografiar, la formación de la imagen
mediante neutrones requiere su previa conversión a radiación electromag-
nética o a partículas cargadas. Esto puede hacerse de modo directo o
indirecto.
Debido a los problemas de protección radiológica asociados al uso de neu-
trones, esta técnica tiene un ámbito más reducido que el de las radiografías
convencionales.
10.5. Generación de energía
Aquí se traerá básicamente del aprovechamiento de la energía nuclear pa-
ra la producción eléctrica, dejando de lado el caso de los reactores nucleares,
ya tratados en profundidad. También se mencionarán los motores iónicos, que
producen la energía a partir de un campo electromagnético.
10.5.1. Generación de energía a partir de radioisótopos
Los sistemas que se van a tratar en este epígrafe convierten la energía ra-
diada por sustancias radiactivas en alguna forma de energía aprovechable, ge-
neralmente eléctrica. El principal atractivo de este sistema es su escasa o nula
necesidad de mantenimiento, lo cual posibilita aplicaciones en campos como el
espacial. La liberación de energía nuclear por la sustancia radiactiva está ga-
rantizada en cantidad suficiente durante un tiempo dependiente del período de
semidesintegración de la sustancia utilizada.
Consideremos como ejemplo la cápsula de material radiactivo de una bomba
de cobalto, con una actividad de 5 kCi y una emisión de fotones con una energía
media de 1,1 MeV. La potencia liberada en este caso es de 29,8 W y evoluciona
con el tiempo según una exponencial decreciente, de modo que ese valor se reduce
a la mitad en 5,27 años. Durante ese tiempo habrá producido una cantidad de
energía igual a:
E
tot
=

T
1/2
0
P
0
e
−λt
dt = P
0
1 −e
−λT
1/2
λ
=
P
0
T
1/2
2 log 2
= 993 kWh.
124 10.5. Generación de energía
Teniendo en cuenta que la masa de una cápsula de cobalto es de unos pocos
gramos, este método se presenta como una fuente de energía compacta y de
funcionamiento fiable. Bajo cualquier tipo de condiciones, el cobalto —o cual-
quier otro radioisótopo— seguirá emitiendo energía según la tasa esperada.
Los métodos más representativos de conversión de la energía de las partí-
culas emitidas en energía eléctrica son los siguientes:
– Ciclos termodinámicos convencionales. La sustancia radiactiva ocupa el
papel de foco caliente y se requiere, por otra parte, un foco frío para su
funcionamiento.
– Sistemas termoeléctrico o termoiónicos. Producen una conversión directa
de calor a energía eléctrica mediante un conjunto de termopares. Como
todo sistema térmico de generación eléctrica, requiere también de un foco
frío. Las partículas emitidas calientan la zona caliente mientras la fría se
mantiene refrigerada de algún modo.
– Baterías nucleares. Realizan la conversión de la energía cinética de las par-
tículas a energía eléctrica, sin conversión intermedia a energía calorífica.
Algunas de ellas se basan en hacer trabajar las partículas en sentido opues-
to a un campo eléctrico o mediante la excitación de células fotovoltaicas
por fotones producidos a partir de las partículas originales.
Las principales aplicaciones de estos sistemas son aquellas en las que se
requiere una cantidad de energía moderada de un modo continuo, que no sean
accesibles al público —debido al riesgo radiológico— y que tengan un manteni-
miento muy bajo. Siguiendo estas pautas, se utilizan generadores isotópicos en
casos como: satélites, boyas marinas, estaciones polares, sismógrafos submari-
nos, naves espaciales. . .
La elección del tipo y cantidad de radioisótopo varía según la aplicación
final. El radioisótopo se elige en función de la vida de trabajo del sistema.
Conviene escoger el que tenga la vida media más baja por encima de la del
diseño, afectada por un cierto factor de seguridad. Seguidamente, se escoge
una masa del mismo acorde con las necesidades energéticas que se tengan. Es
decir, si se pretende que el sistema funcione durante cincuenta años, el período
de semidesintegración óptimo será de cientos de años. No de decenas de años,
porque al final de su vida trabajaría a muy poca potencia, ni de millones de
años, porque entonces la potencia específica del radioisótopo sería tan baja que
habría que utilizar mucha masa del mismo.
10.5.2. Motor iónico
El motor iónico es un sistema —aún experimental— de propulsión mediante
la aceleración de iones a través de un acelerador electrostático. En el motor
iónico no intervienen sustancias radiactivas, pero teniendo en cuenta que se trata
de una aplicación de los aceleradores de partículas, se comentará brevemente su
funcionamiento.
10. Usos y producción industrial de radionucleidos 125
El principio de funcionamiento es el siguiente: de un recipiente abierto por
un extremo escapa gas a alta velocidad, v, lo que provoca una transferencia de
cantidad de movimiento, que experimenta una fuerza F en sentido opuesto. Si m
representa la masa de gas expulsada, se cumplirá la relación F = ˙ mv. Es decir,
una vez prefijada la velocidad de escape de los gases, la masa de combustible es
la que determina la fuerza que puede producirse durante un período de tiempo.
Cuanto mayor sea la velocidad de escape, mayor será la impulsión del sistema,
o bien ésta durará más tiempo. Los combustibles fósiles, por la elevación de
temperatura que producen, llegan a conseguir unas velocidades de los gases de
escape en torno a los 2000 km/h.
La nasa ha investigado en motores iónicos cuyo funcionamiento se basa en
la aceleración de iones de xenón que, en el momento de llegar al ánodo, captura
electrones sin pérdida de cantidad de movimiento. El efecto neto es que estos
átomos neutros acelerados abandonan el sistema a alta velocidad, al no sufrir
fuerzas netas del campo electromagnético del acelerador. Uno de los motores
desarrollados producía gases de escape a velocidades de más de 100000 km/h,
más de cincuenta veces por encima de los valores del combustible químico. No
obstante, por ahora se emite una cantidad de xenón tan baja que el empuje
efectivo es insignificante.
Lo más revolucionario de este motor es que es el primer motor de propulsión
a chorro de funcionamiento eléctrico. Esto permite utilizar fuentes alternativas a
los combustibles fósiles. Con él se espera reducir en un 90 % la masa del material
de eyección en los viajes espaciales.
10.6. Otras aplicaciones de industriales de las ra-
diaciones ionizantes
Se enumeran a continuación de modo muy somero algunos otros campos de
aplicación de las radiaciones ionizantes:
– Control de niveles y espesores. El método a seguir consiste en irradiar los
materiales con el tipo de radiación más adecuado y estudiar las partículas
salientes del sistema. Esas partículas pueden haber atravesado el material
—se hablaría entonces de métodos de transmisión— o haber rebotado en
el material —métodos de retroproyección—. Con estas técnicas se analizan
de modo continuo espesores de láminas de material, niveles de depósitos
desde su exterior e incluso proporciones de agua en el subsuelo.
– Tratamiento de materiales. El comportamiento de los plásticos (políme-
ros) es especial en cuanto a la modificación de sus propiedades físicas. La
radiación puede inducir el entrelazado de las cadenas poliméricas, romper
el tamaño medio e incluso generar el efecto contrario: inducir la polimeri-
zación de monómeros. Esto produce cambios drásticos en las propiedades
físicas de los objetos irradiados y, en general, una amplia variación de
respuesta que abre un campo de exploración conjunta con las ciencias
químicas.
126 10.6. Otras aplicaciones de industriales de las radiaciones ionizantes
– Datación por carbono 14. El
14
C es un isótopo radiactivo del carbono con
un período de semidesintegración de aproximadamente 5700 años. Con un
período tan corto, ya habría desaparecido de la Tierra si no fuera porque
se produce constantemente en la atmósfera por interacción del nitrógeno
con los rayos cósmicos. Así se ha llegado a una situación de equilibrio en
la que se produce tanto
14
C como el que se desintegra. Los seres vivos
incorporamos
14
C al respirar y comer otros organismos que lo han incor-
porado antes, con lo que llegamos a tener en el cuerpo una concentración
semejante a la del exterior. Una vez se produce la muerte, ya no se produce
más incorporación de
14
C al cuerpo, mientras que el que ya está presente
se sigue desintegrando. El resultado es que la concentración de
14
C baja
con el tiempo según a ley C(t) = C
0
e
−λt
. Midiendo la concentración de
los restos de un ser vivo (u objetos de origen vegetal) se puede calcular
el tiempo que ha transcurrido desde su muerte. La principal limitación de
este método es que la concentración natural de átomos de
14
C es de uno
por cada 1012 átomos de carbono. Teniendo en cuenta la posterior desin-
tegración, la edad máxima calculable por este método son unos cincuenta
mil años, que corresponden a unos nueve períodos de semidesintegración.
– Coloreamiento de piedras preciosas. El uso de aceleradores de electrones
en piedras preciosas causa en ocasiones cambios positivos de la coloración
interna sin necesidad de tratamientos químicos que pueden dejar secuelas
macroscópicas.
Capítulo 11
Sistemas de detección y
medida de la radiación
11.1. Introducción
Las radiaciones ionizantes son imperceptibles para el ser humano. Al no
haber órganos especialmente sensibles a ellas, la única interacción detectable
podría ser por calentamiento. Sin embargo, la deposición de energía que realizan
es de una magnitud extraordinariamente baja, absolutamente imperceptible.
Ello marca la necesidad de construir artefactos para detectar su presencia.
El propio concepto de medida de la radiación puede ya entrañar cierta
problemática. ¿Qué se quiere realmente medir? Se ha comentado en capítulos
anteriores las definiciones de dosis y de exposición. Asimismo, se podría pensar
en medir el flujo de partículas por unidad de área (utilizado en neutrónica), y
todas esas definiciones corresponderían a magnitudes diferentes. En función de
la aplicación que se pretenda se escogerán unas u otras unidades de medida.
Asimismo, bajo las suposiciones de una composición determinada de material,
existen equivalencias entre las diferentes magnitudes de medida.
Como ya se ha visto, el tipo de interacciones que sufre una partícula in-
cidente depende en principio de su carga eléctrica. En caso de poseer carga,
caso de las partículas α y β, las interacciones electrostáticas juegan un papel
importante, aunque de un modo diferente para cada una de ellas. Los fotones, a
pesar de no poseer carga eléctrica, son portadores del campo electromagnético,
con lo que también interactúan con las cargas eléctricas. En el caso de otras
partículas sin carga con los neutrones, la interacción es totalmente diferente,
produciéndose especialmente con los núcleos atómicos.
11.2. Detectores de ionización gaseosa
A su paso por un medio material, las partículas incidentes interactuarán con
las partículas cargadas circundantes: electrones y núcleos atómicos. Teniendo en
cuenta la reducida masa de los electrones, éstos recibirán más energía de estas
128 11.2. Detectores de ionización gaseosa
interacciones, ocasionando la ionización del medio. Una vez producidos un par
de cargas positiva (ion) y negativa (electrón), el electrón circula por el material
hasta volver a recombinarse con otro ion positivo. El potencial de ionización
de los gases más comunes es del orden de la decena de eV por cada molécula.
Una partícula incidente con energía del orden del MeV podrá pues ocasionar la
ionización de miles o millones de moléculas de gas. A estas cargas producidas
directamente por interacción con las partículas incidentes se les llama ionización
primaria.
El valor cuantitativo de la ionización primaria depende de la forma del
detector, presión y composición del gas de llenado. Asimismo, depende del tipo
de partícula incidente y de su energía. Las partículas α, por ejemplo, producen
muchos más pares por centímetro que por ejemplo la radiación γ.
Los detectores de ionización gaseosa se basan en la detección de las partí-
culas cargadas que se producen tras incidir la radiación ionizante en un recinto
lleno de gas. Para esto se utiliza un campo eléctrico generado por electrodos
dentro del recinto, que atrae a las cargas antes de que tengan tiempo de recom-
binarse. La llegada de una gran cantidad de cargas eléctricas a los electrodos
genera un pulso de corriente eléctrica que puede ser convenientemente amplifi-
cado para su detección en un amperímetro. La corriente generada por los pulsos
es del orden del picoamperio, lo que dificultará su detección, obligando al uso
de potentes amplificadores.
La tensión V de alimentación del circuito ha de ser alta para arrastrar las
partículas cargadas antes de que se recombinen formando átomos neutros. En
la gráfica de variación de la amplitud del pulso de corriente en función de la
tensión de alimentación del circuito pueden distinguirse varias zonas:
– Zona a. Si se aplica una tensión baja entre los electrodos, existe una alta
probabilidad de que las cargas eléctricas se recombinen antes de llegar a
ellos y por tanto la amplitud del pulso de intensidad se vea reducida.
– Zona b. A partir de una cierta tensión, todas las cargas eléctricas produ-
cidas por ionización primaria son recogidas en los electrodos. Desde esa
tensión en adelante se tiene una meseta en la curva de intensidad, ya que
el efecto que se consigue al aumentar la tensión es acelerar más las cargas
pero no aumentar su número.
– Zona c. A partir de un cierto valor de la tensión, la amplitud de los pulsos
de intensidad vuelve a crecer de modo muy apreciable. Esto es debido a
que las cargas de ionización primaria, al ser aceleradas bruscamente hacia
los electrodos, chocan con los átomos del gas de relleno hasta producir una
ionización. Estas nuevas cargas son denominadas ionización secundaria, y
su magnitud crece en proporción a la tensión de alimentación del circuito.
Tensiones más altas llevan a cascadas de corriente, en las que incluso
la propia ionización secundaria se realimenta al generar más iones por
choque con los átomos del medio. La respuesta obtenida como impulso de
corriente es proporcional a la ionización primaria con una constante de
proporcionalidad denominada factor de amplificación del gas.
– Zona d. Cuando la tensión se hace muy elevada, las cargas secundarias
11. Sistemas de detección y medida de la radiación 129
son muy superiores a las primarias y llegan a enmascararlas de tal modo
que se pierde la proporcionalidad con éstas. Bajo dichas condiciones, el
pulso deja de tener dependencia de la partícula incidente, y cualquiera que
genere suficiente ionización primaria da lugar a pulsos de-gran amplitud
y duración temporal.
Existen diseños de detectores de radiación para trabajar en todas las zonas
excepto la a, que no presenta ventajas especiales y es, en cambio, donde se
producen los pulsos de menor amplitud.
– Los detectores que trabajan en la zona b de tensión se denominan cámaras
de ionización. Presentan como ventaja la estabilidad de respuesta frente al
potencial y, asimismo, al detectarse toda la radiación primaria generada,
su lectura se corresponde exactamente con la definición de exposición.
Su desventaja es que producen unos pulsos de intensidad de magnitud
muy reducida, que requieren factores de amplificación muy altos para ser
detectados y medidos.
– Contadores proporcionales. Son denominados así los detectores que tra-
bajan en la zona c de tensiones de alimentación. La constante de am-
plificación del gas produce unos pulsos de intensidad suficiente para ser
detectada sin procesos especiales de amplificación. Como cada partícula
incidente produce un pulso directamente medible, su medida se refiere
exactamente al número de partículas de la radiación bajo medida. Dado
que existe proporcionalidad entre la amplitud de los pulsos medidos y la
ionización primaria causada por la partícula, sirven también para medir
la exposición. Su principal desventaja es la sensibilidad de su respuesta a
la tensión, que afecta en gran medida al factor de amplificación.
– Los detectores que trabajan en la zona d son los denominados Geiger-
Müller. En este régimen, las avalanchas de cargas secundarias son tan
intensas que se pierde información sobre la ionización primaria que las
genera. Por ello, el detector no puede discriminar entre los diferentes tipos
de radiación. Su principal ventaja es que los pulsos de intensidad son tan
altos que pueden ser detectados por equipos electrónicos baratos. Además,
no presentan mucha dependencia con la tensión de alimentación. Su prin-
cipal desventaja, además de la incapacidad para discernir los diferentes
tipos de radiación y su energía, es que la larga duración de los pulsos de
intensidad limita el número de éstos que pueden detectarse por segundo,
lo que clasifica a este aparato como un simple detector de radiación (y
no medidor) o cuando se requiera poca precisión, habiendo además una
irradiación no muy intensa.
Las cámaras de ionización presentan una ventana de cara al exterior. Esa
ventana es una pared especialmente transparente a la radiación para facilitar
la entrada de la misma al recinto gaseoso. El espesor de la ventana se mide en
mg/cm
2
, siendo este valor el producto de la densidad por el espesor de la ven-
tana. La atenuación que sufre la radiación depende directamente de ese factor.
Los detectores de ionización, al igual que el resto de los que se van a estudiar,
son susceptibles de la utilización de filtros para discriminar los diferentes tipos
130 11.2. Detectores de ionización gaseosa
de radiación. Una pared de 200 mg/cm
2
es suficiente para realizar mediciones
γ, realizando el filtrado de las α y β que pudieran incidir.
11.2.1. Cámara de ionización para detección de neutrones
Los neutrones no interactúan directamente con los electrones del medio,
con lo que la ionización que producen es mínima y se debe sólo a las posibles
reacciones con núcleos atómicos; por tanto, es necesario detectar partículas car-
gadas resultantes de procesos inducidos por neutrones. Los principales procesos
empleados son los siguientes:
– Reacción con boro-10. El
10
B es un isótopo del boro en una proporción
atómica natural del 19,78 %. Convenientemente enriquecido, es introduci-
do dentro de la cámara como BF
3
en forma gaseosa o como boro sólido
depositado sobre los electrodos o la superficie exterior de la cámara. El
10
B tiene una alta tendencia reaccionar con neutrones, especialmente los
de baja energía. Como resultado de la reacción, se produce una partícula
α, que como se ha tratado tiene una alta capacidad de generar pares de
iones. Normalmente, los campos neutrónicos vienen acompañados de ra-
diación γ. Como la radiación γ también producirá ionización en la cámara
gaseosa, es necesario tener especial cuidado en su discriminación. Por su
alto poder de penetración, la radiación γ no se puede blindar sin afec-
tar asimismo al campo neutrónico, con lo que la solución que se decide
es discriminar los pulsos eléctricos generados por las partículas γ y las α
resultantes de las reacciones sufridas por los neutrones.
– Detectores de fisión. Otra reacción que producen los neutrones es la fisión
de elementos pesados. En concreto, se utiliza uranio como revestimiento
de los electrodos del detector. Los productos de la reacción de fisión son
neutrones y núcleos atómicos altamente ionizados. La gran carga eléctrica
de estos iones produce asimismo una ionización del medio muy concen-
trada. Esto da lugar a unos pulsos grandes, fácilmente discernibles de los
que puedan provenir de la posible radiación γ. Como desventaja, estos
detectores presentan una menor sensibilidad que los de boro.
– Detectores de helio-3. Este material reacciona con neutrones para dar co-
mo productos un núcleo de
1
H y otro de
3
H. En función del tamaño del
detector y de la presión del gas de llenado, se detectarán una o las dos
partículas. Se suele utilizar helio presurizado para favorecer la detección de
ambas, al aumentar la masa de gas que deben atravesar para escapar del
detector. Estos detectores tienen más sensibilidad que los de boro, sobre
todo para neutrones de energía.
Si se quieren medir neutrones rápidos, es preciso reducir previamente su
energía, i.e., termalizarlos. Para ello los detectores están recubiertos de un ma-
terial de bajo número atómico, con alta capacidad de moderación. Se suele
utilizar polietileno con recubrimiento de cadmio si se desea filtrar los neutrones
lentos.
11. Sistemas de detección y medida de la radiación 131
Una cuestión importante referente a los detectores de neutrones es que,
conforme detectan las partículas, la cantidad del aditivo reactante (ya sea boro,
helio o uranio) va descendiendo de modo exponencial. Para flujos neutrónicos
bajos, el tiempo característico es muy alto, pero para flujos del orden del que
está presente en un reactor nuclear, puede ser del orden de días.
11.3. Detectores de semiconductor
Este tipo de detectores está basado en un proceso físico semejante al de
las cámaras de ionización, si bien su funcionamiento es totalmente diferente. El
principio básico común es la excitación de electrones, de modo que obtengan
movilidad y puedan ser recogidos por unos electrodos situados específicamente.
En el caso de los detectores de semiconductor, el material base es un semicon-
ductor sólido, en lugar de una cámara de ionización gaseosa. En su estado base,
el material no conduce la electricidad, pero la incidencia de radiación produce
la aparición de una gran multitud de pares electrón-hueco.
Como es sabido, en el caso de producirse la excitación de un electrón con
suficiente energía para adquirir movilidad y abandonar su posición en la red,
pero no suficiente para abandonar el cristal, el electrón adquiere movilidad pa-
sando su estado energético a la banda de conducción. Una vez desplazado de
su posición de equilibrio, el electrón deja asimismo un hueco, cuya posición
puede evolucionar con el tiempo si electrones vecinos pasan a ocupar su lugar.
Asimismo, un electrón y un hueco pueden recombinarse para dar lugar a su
desaparición como partículas móviles. Así, los huecos pueden tratarse como si
fueran un tipo de partícula de carga positiva que sufre un proceso de difusión
por el medio, al igual que los electrones.
La producción de un par electrón-hueco posee un coste energético corres-
pondiente al paso del electrón de la banda de valencia a la de conducción. Este
valor depende de los componentes del material semiconductor, siendo del orden
de unos pocos eV, bastante inferiores a las de ionización de compuestos gaseosos.
Por tanto, una partícula incidente tiene energía suficiente para producir muchos
más electrones móviles en un semiconductor que una cámara de ionización. Una
vez producidas las cargas móviles, se aceleran hacia unos electrodos por medio
de un campo eléctrico, al igual que se hacía en el caso de las cámaras de ioni-
zación. Este campo eléctrico de aceleración puede generarse principalmente de
dos maneras:
– Puede emplearse un campo externo del mismo modo que se realiza en las
cámaras de ionización. En el caso de semiconductores sólidos, la tensión
necesaria para recoger las cargas generadas es muy elevada. Tanto que
produce asimismo unas corrientes parásitas debidas los pocos electrones
que, únicamente por la agitación térmica, logran pasar a la banda de
conducción. Este sistema apenas se emplea en la práctica.
– Mediante el dopado del material semiconductor con elementos que tengan
un electrón de valencia extra por una parte (zona n) y deficiencia de uno
132 11.3. Detectores de semiconductor
por otra (zona p), se logra realizar la llamada unión p-n. En esas condicio-
nes, en el estado de equilibrio existen en una parte de la unión electrones
con capacidad de movimiento y en la otra huecos también móviles. En
la zona dopada con portadores n, algunos de los electrones se habrán di-
fundido a la zona p, dando lugar a una carga neta positiva. En la zona p
ocurrirá exactamente lo contrario, al haber aceptado electrones de la zona
n para cubrir sus huecos. Eso le conferirá carga neta negativa.
En las uniones p-n se forma espontáneamente una diferencia de potencial
en la situación de equilibrio. Esa misma diferencia de potencial puede
ampliarse aplicando una tensión externa que amplificará las desviaciones
de carga.
Se denomina zona de carga especial a la región en la que existe un campo
eléctrico en la situación de equilibrio. A diferencia del caso de semiconduc-
tor homogéneo sin dopar, en este caso esa zona central es la única en la
que existe campo eléctrico, con lo que no se darán corrientes parásitas por
la presencia de electrones en la banda de conducción fuera de esa zona.
El espesor de la zona de carga varía en los detectores desde decenas de
micras hasta milímetros para tensiones del orden de los centenares de vol-
tios. La concentración de una diferencia de potencial en una zona espacial
tan estrecha produce un campo eléctrico intenso, suficiente para arrastrar
las posibles cargas libres que se produzcan en la zona. Esas cargas libres
pueden provenir, por ejemplo, de la interacción de radiación incidente con
los átomos del material. El principal defecto de este diseño es la pequeña
extensión de la zona de carga, única zona sensible a la llegada de radiación.
Sin embargo, mediante la adición de litio, especie atómica de pequeño ra-
dio que se difunde con facilidad en la red cristalina, se puede extender la
extensión de la zona de carga hasta el centímetro, valor suficiente para
detener totalmente las partículas α habituales.
Los detectores de semiconductor presentan mejores propiedades que los de
cámara de ionización por su resolución espacial y energética. La resolución es-
pacial proviene de su pequeño tamaño, lo que permite localizar con precisión
la posición de medida. La resolución energética proviene de la reducida ener-
gía necesaria para generar pares electrón-hueco y por tanto la formación de
mayor carga primaria, que es recogida en los electrodos. El principal material
base de construcción es el silicio, aunque hay una tendencia actual de pasar al
germanio, que tiene una separación menor entre la banda de valencia y conduc-
ción. Asimismo, se estudian aleaciones de GaAs, que se encuentran aún en fase
experimental.
La principal desventaja de los detectores originales de silicio es que la agi-
tación térmica de sus átomos provoca que algunos electrones pasen espontánea-
mente a la banda de conducción, causando unas corrientes parásitas que deben
mantenerse reducidas para no enmascarar la medida de radiación. Por esa razón
el cristal de medida debe refrigerarse a la temperatura del nitrógeno líquido, lo
que hace que estos detectores no sean prácticos de cara a su uso portátil. Asi-
mismo, la incidencia de radiación ionizante sobre el cristal de semiconductor
produce defectos permanentes en la red cristalina, lo que, con el tiempo, merma
la precisión de la medición.
11. Sistemas de detección y medida de la radiación 133
Actualmente se investiga en semiconductores de nuevos materiales tales
como el cadmio-cinc-teluro (czt), que pueden presentar corrientes parásitas
suficientemente bajas a temperatura ambiente. Los detectores de semiconductor
han tenido un uso exhaustivo en el campo de la física de alta energía, para
localizar con precisión la trayectoria de las partículas bajo estudio.
11.4. Detectores de centelleo y termoluminiscen-
cia
Los detectores de centelleo y de termoluminiscencia (tld) son dos tipos
de detectores que, si bien tienen un modo de funcionamiento y unas aplicacio-
nes diferentes, poseen un principio básico de detección semejante. Existen unas
sustancias cristalinas denominadas luminiscentes, a las que la radiación ionizan-
te provoca unos defectos reversibles en la red cristalina. Se provoca por tanto
un estado de mayor energía y, al volver espontáneamente a la configuración de
equilibrio, se emiten fotones en el rango de la luz visible.
– En las sustancias utilizadas en detectores de centelleo, por ejemplo sulfuro
de cinc dopado con plata —ZnS(Ag)— o yoduro de sodio dopado con talio
—NaI(Tl)— la vuelta al equilibrio de la red cristalina es casi instantánea,
lo que los hace útiles para detección y medida de la radiación.
– En las sustancias utilizadas en los dosímetros de termoluminiscencia, como
el fluoruro de litio, la vuelta al equilibrio es un proceso extremadamente
lento a temperatura ambiente, lo que hace que a efectos prácticos la red no
presente efectos de reparación en períodos del orden del mes. Sin embargo,
frente a un calentamiento del material hasta temperaturas de 300

C, el
material vuelve rápidamente al equilibrio, emitiendo súbitamente todos
los fotones correspondientes al cambio de la estructura cristalina. Esta
propiedad lo hace muy útil como dosímetro, i.e., como sistema capaz de
medir la dosis acumulada durante un período de tiempo y revelarla en un
único proceso de lectura que, además, produce la recuperación del material
para un nuevo uso.
Durante el proceso de medida se produce una cantidad reducida de fotones,
ya sea durante el proceso de irradiación en los detectores de centelleo o en el
calentamiento para el caso de tld. Es pues necesario recogerlos en un siste-
ma amplificador denominado fotomultiplicador. La recogida debe realizar en un
ambiente de oscuridad total para no enmascarar las medidas.
En el fotomultiplicador los fotones son convertidos a una señal eléctrica
mediante un fotocátodo, material metálico compuesto usualmente por aleaciones
de cesio-plata o semiconductores, con un potencial de ionización muy bajo, de
modo que los fotones sean capaces de arrancar electrones de la red cristalina. Los
electrones provenientes del fotocátodo son acelerados en etapas sucesivas contra
electrodos intermedios llamados dinodos, buscando un efecto multiplicativo al
arrancar más electrones de éstos. En el último electrodo, el ánodo, se recoge una
134 11.4. Detectores de centelleo y termoluminiscencia
carga eléctrica proporcional a la inicialmente generada en el fotocátodo, pero
amplificada por un factor del orden del millón.
Este tipo de sistemas se utilizan también para los sistemas de visión noc-
turna, que también convierten la luz en un pulso eléctrico, lo amplifican y lo
hacen incidir sobre una pantalla de fósforo que, de ese modo, emite luz.
11.4.1. Detectores de centelleo
El número de fotones producido dentro de la red cristalina es directamente
proporcional a la cantidad de energía absorbida de la radiación incidente y por
tanto también lo será el pulso eléctrico obtenido a la salida del fotomultiplicador.
De este modo, se puede realizar una discriminación energética de las partículas
incidentes. La producción de fotones —y por ende de pulso eléctrico— hará refe-
rencia a la energía depositada dentro del cristal. Por eso es habitual que, incluso
con radiación incidente monoenergética, se obtenga una distribución continua de
energías, pero con una concentración de medidas en la energía correspondiente
a la de las partículas incidentes.
La eficiencia y adecuación de los materiales luminiscentes varía fuertemen-
te entre ellos. Los parámetros más importantes son el tiempo característico T
de relajamiento —vuelta al equilibrio acompañado de la emisión de fotones—,
luminosidad —número de fotones por cada eV depositado por la radiación
incidente— y la longitud de onda media de la radiación visible emitida. Existe
otra característica importante de los cristales: su higroscopia, o tendencia a ab-
sorber y almacenar agua dentro de la red cristalina. La presencia de moléculas
de agua perturba negativamente el comportamiento luminiscente del cristal, con
lo que debe ser evitada.
11.4.2. Dosímetros de termoluminiscencia
En el caso de tld, el número de fotones emitidos durante el proceso de
lectura del dosímetro da una medida de la dosis que éste ha recibido desde la
última lectura. Este tipo de dosímetros están muy extendidos para control de
los trabajadores profesionalmente expuestos y adicionalmente como monitores
de área (asociados a un habitáculo) en zonas donde no se esperan altas tasas de
dosis en ningún caso.
El dosímetro tld consta de una pieza cuadrada y fina de unos pocos milí-
metros de lado, compuesta de Li F u otro material con las mismas propiedades.
Dicho material base debe estar protegido, con lo que está recubierto de una capa
plástica de protección pegada a un soporte metálico con capacidad para uno o
varios cristales. Todo el conjunto está encerrado en una cápsula de plástico en
forma de tarjeta. Esta envoltura puede tener diferentes filtros para los diferentes
cristales que contenga, de modo que no sólo se tengan datos de la dosis global
sino posibilidad de distinguir entre β y γ. Las lecturas obtenidas a partir de
este tipo de dosímetros no son muy precisas, debido a las irregularidades de los
cristales, soportes, proceso de lectura, etc.
11. Sistemas de detección y medida de la radiación 135
Un método similar se emplea para detectar si un alimento ha sido irradia-
do, basándose en la medición del efecto termoluminiscente que poseen ciertos
minerales que tienen incorporados los alimentos. Para ello se realiza un previo
proceso de separación de minerales y se introducen en un detector tld especial
donde siguen el proceso estándar de lectura. Las pautas concretas de detección
vienen detalladas en la norma europea EN1788 de octubre de 2001.
Capítulo 12
Protección radiológica
12.1. Introducción
La protección radiológica es el régimen de protección sanitaria que los países
emplean para reducir a niveles aceptables los riesgos somáticos y genéticos que
se derivan de la exposición a las radiaciones ionizantes de origen tecnológico,
como son las generadas por los aparatos, las que resultan de procesar materiales
naturales por sus propiedades radiactivas, fisionables o fértiles, o bien las que
resultan de una alteración del fondo radiactivo natural, siempre que de ello se
siga un aumento de la exposición.
La preocupación por la protección radiológica comenzó a comienzos del siglo
xx, al ponerse de manifiesto los primeros síntomas perjudiciales para la salud
—eritemas, quemaduras, tumores malignos, etc.— atribuibles a la exposición a
las fuentes de radiación utilizadas entonces: los rayos X y el radio. Con motivo
del Segundo Congreso Internacional de Radiología —celebrado en Estocolmo en
1928— se creó así el Comité Internacional de Protección contra los rayos X y el
Radio, que elaboró las primeras recomendaciones para el uso de estas fuentes.
Trascurrida la Segunda Guerra Mundial, en 1950 el Comité fue reestructurado
y asumió el nombre de Comisión Internacional de Protección Radiológica (cipr
o icrp), con el que se la conoce actualmente, encomendándosele la tarea de
reglamentar el trabajo con las nuevas sustancias radiotóxicas que se estaban
generando en los aceleradores de partículas y en los reactores nucleares.
A principios de la segunda mitad del siglo xx se habían consolidado ya
las técnicas de manipulación a distancia de las fuentes intensas de radiación,
recurriéndose para ello a telemanipuladores instalados en recintos blindados de
confinamiento, lo que hizo posible que los trabajadores realizaran sus tareas en
un ambiente laboral saludable.
La autoridad con la que cuenta la icrp y su estilo de trabajo —vía recomen-
daciones, que los países transforman en reglamentos de obligado cumplimiento—
ha llevado a la aplicación de la protección radiológica en los distintos países del
mundo con un gran consenso. En el primer lustro del siglo xxi se vislumbran
ya nuevas orientaciones tendentes a extender a todos los ecosistemas afectados
por las tecnologías de las radiaciones los beneficios de la protección radiológica
centrada hasta ahora en la especie humana.
138 12.2. Fuentes naturales y artificiales de radiaciones y radiactividad
12.2. Fuentes naturales y artificiales de radiacio-
nes y radiactividad
Dentro del espectro electromagnético, la parte de energías más altas corres-
ponde a las radiaciones ionizantes, que son aquellas que modifican la estructura
de la materia sobre la que inciden, arrancando electrones de la corteza de los
átomos (ionización). Las radiaciones ionizantes más importantes desde el punto
de vista de la protección radiológica son: la radiación α, la radiación γ y los
rayos X. Los neutrones, aunque no son radiaciones directamente ionizantes, sí
lo son indirectamente, pues generan radiaciones ionizantes al interactuar con la
materia, además de tener un gran alcance.
La presencia de radiación ionizante es una constante en nuestro mundo y en
el Universo. Entre las fuentes de radiación naturales, el propio Sol y el espacio
exterior se encuentran en el origen de la llamada «radiación cósmica», de la cual
llegan a la Tierra cada segundo del orden de 2 · 10
18
partículas de muy elevada
energía, fundamentalmente protones (un 86 por ciento, algunos de ellos de una
energía mayor de 1 000 MeV) y partículas α (12 por ciento), junto con radiación
x y γ. Al interactuar con la atmósfera terrestre, principalmente con el oxígeno
y el nitrógeno, los protones más energéticos provocan reacciones que dan lugar
a la aparición de neutrones, junto con una cascada de piones y mesones, que
acaban acompañados por radiación γ, electrones y positrones. Esta radiación, al
reaccionar con los constituyentes de la atmósfera, produce distintas sustancias
radiactivas como el
39
Ar, el
14
C, el
3
H, el
7
Be y otros. No obstante, la atmósfera
también nos protege de esa radiación, que en buena parte es frenada y absorbida
en ella, de manera que al nivel del mar se recibe una dosis mucho menor de la
que se tiene en zonas montañosas o de la que se recibe al viajar en avión.
1
Al
tratarse en su mayoría de partículas con carga eléctrica, son desviadas por el
campo magnético terrestre, y en la dosis ecuatorial es menor que en los polos
terrestres. En España, una persona promedio es atravesada cada hora por 100
000 rayos cósmicos de neutrones y 400 000 rayos cósmicos secundarios. Para el
promedio mundial, la radiación cósmica supone un 16 por ciento de la dosis
anual, i.e., aproximadamente 0,4 mSv.
La radiación de fondo debida al gas radón, procedente de la desintegración
del metal radio contenido en algunas rocas —fundamentalmente graníticas—
también varía sustancialmente dependiendo de la localización. El radón surge
por emanación de las rocas, lo que posibilita, por ejemplo, que se formen gran-
des concentraciones en el interior de las viviendas construidas en determinados
lugares o con ciertos materiales, sobre todo si la ventilación es insuficiente.
Sin embargo, la mayor contribución a la dosis media recibida por los habi-
tantes del planeta procede la propia Tierra. En el subsuelo hay grandes canti-
dades de uranio, torio y otros elementos radiactivos que impregnan de radiacti-
vidad todo lo que se halla sobre el planeta, incluido nuestro propio organismo.
Así, se reciben cada hora unos 200 000 000 de rayos γ procedentes del suelo y
de los materiales de construcción, que causan un veinte por ciento de la dosis
1
Así, a diez kilómetros de altitud se reciben en promedio 5 mSv al año, mientras que a 600
metros sólo se reciben 0,03 mSv.
12. Protección radiológica 139
promedio mundial, i.e., unos 0,5 mSv anuales.
Además, el uranio, al desintegrarse de forma natural, provoca la aparición
del gas radón, que se difunde a través de las grietas y poros del suelo y de los
materiales de construcción, alcanzando el aire que respiramos. Los productos de
la desintegración del radón son también radiactivos, pero ya sólidos, y quedan
normalmente unidos a las partículas de polvo presentes en el aire. Las cantidades
de radón, torón —fruto de la desintegración del torio— y sus descendientes
varían enormemente según el tipo de rocas que forman el suelo y los materiales
con que estén construidos los edificios, como también influye mucho el tipo de
ventilación de los mismos. Se puede decir que, en promedio, en los pulmones de
un habitante de España se desintegran cada hora unos 30 000 átomos, que emiten
partículas α o β y algunos rayos γ. Éstos contribuyen, con aproximadamente 1
mSv al año, al 45 por ciento de la dosis promedio mundial.
Con los alimentos y bebidas también ingerimos radionucleidos naturales,
destacando el uranio y sus descendientes, sobre todo el
40
K, del que el organis-
mo humano es portador en una cantidad suficiente como para que cada hora se
desintegren en él unos 15.000.000 de átomos. Algunas aguas minerales, proce-
dentes de macizos graníticos ricos en uranio y ciertos alimentos como el marisco,
son especialmente ricos en material radiactivo natural. Esta contribución, con
0,3 mSv al año, viene a suponer el 12 por ciento de la dosis media total.
Sin considerar el uso de las radiaciones en la terapia contra el cáncer, se
puede afirmar que la dosis media recibida por la población de un país desa-
rrollado como España, sólo con fines de diagnóstico, es del orden de 1,05 mSv
por año, aunque algunas personas pueden recibir dosis de hasta 100 mSv. No
obstante, puesto que no todos los países disponen de suficientes medios, las apli-
caciones médicas —con 0,12 mSv al año— sólo representan un doce por ciento
en el promedio de dosis mundial. Las innumerables aplicaciones cotidianas de las
sustancias radiactivas, unidas al incremento de dosis por la radiación cósmica
recibida al viajar en avión, suponen un pequeño porcentaje de entorno al 0,3
por ciento de la dosis mundial.
La lluvia radiactiva producida por los ensayos de armamento nuclear en la
atmósfera en los años cincuenta y sesenta o el accidente de Chernobyl también
suponen una pequeña exposición de la población de todo el planeta, cifrada
actualmente en unos 0,007 mSv anuales.
Por último, hay que indicar que no sólo las centrales nucleares liberan ra-
diactividad al medio ambiente, sino que también lo hacen otras formas de pro-
ducción de energía eléctrica, por ejemplo la combustión del carbón. La dosis
recibida en promedio por causa de la energía nuclear entre la población de Es-
paña es inferior a 0,001 mSv, similar a la estimada para el promedio mundial,
aunque un pequeño número de personas, en el entorno próximo a las centrales
nucleares, pueden recibir dosis mayores, que en todo caso no superan los 0,01
mSv anuales. La dosis media anual recibida en España es de 3,71 mSv.
140 12.3. Unidades de dosis de radiación
12.3. Unidades de dosis de radiación
La dosis absorbida (D) se define como la cantidad de energía impartida
por la radiación por unidad de masa expuesta a ella. La unidad en el Sistema
Internacional es el gray (Gy), que equivale a 1 J/kg. También se usa a menudo
una unidad de dosis absorbida antigua: el rad, que equivale 0,01 J/kg; dicho de
otro modo, 1 gray equivale a 100 rad.
El efecto biológico de la deposición de energía depende mucho del tipo de
radiación. Es mucho más dañina una dosis de 1 rad debida a neutrones rápidos
o partículas α que la misma dosis por rayos X o radiación γ. En general, las
partículas pesadas producen más daño biológico que los fotones, pues debido a
la mayor pérdida de energía por unidad de recorrido se crea una mayor con-
centración de la ionización. Para tener esto en cuenta, se multiplica la dosis
absorbida D por un factor de calidad Q que dependerá del tipo de radiación.
Con este producto se obtiene la dosis equivalente (H), que es una medida del
daño biológico. Si D se expresa en Gy, H se obtiene en sieverts y, si D está en
rads, H se obtiene en rems. Las unidades del Sistema Internacional Gy y Sv se
usan en investigación y en el estudio de los efectos biológicos de la radiación, y
en cambio en la operación de instalaciones nucleares se suelen usar más los rad
y rem.
Los efectos a largo plazo de la radiación en un organismo vivo dependen
también de la velocidad a la que normalmente se deposita la energía, y por ello
también se usa la magnitud tasa de dosis, expresada normalmente en unidades
de rad por hora o de milirem por año, según se trate de tasa de dosis absorbida
(
˙
H) o tasa de dosis equivalente (
˙
D).
12.4. El objetivo y los principios básicos de la pro-
tección radiológica. El establecimiento de
los límites de dosis
La protección radiológica tiene un doble objetivo fundamental: evitar la
aparición de los efectos deterministas y limitar la probabilidad de incidencia de
los efectos probabilistas hasta valores que se consideren aceptables. Se definen las
prácticas, a efectos de la protección radiológica, como todas aquellas actividades
que pueden incrementar la exposición humana por introducir nuevas fuentes
de radiación, vías de exposición o individuos expuestos, o por modificar las
relaciones entre las fuentes ya existentes y el ser humano. Se establecen tres
principios básicos:
– Justificación: toda práctica debe producir el suficiente beneficio a los in-
dividuos expuestos o a la sociedad como para compensar el detrimento
por causa de la exposición a la radiación. Para cada práctica es necesa-
rio considerar la suma de todos los procesos asociados a ella, incluyendo
explícitamente la generación y gestión de los residuos.
12. Protección radiológica 141
– Optimización: para cualquier fuente de radiación, las dosis individuales,
el número de personas expuestas y la probabilidad de verse expuestas
deben mantenerse tan bajas como sea razonablemente posible—un enfoque
que habitualmente se expresa con las siglas de la expresión inglesa As
Low As Reasonably Possible, alara. Puesto que se admite que toda dosis
de radiación implica un riesgo no nulo, no es suficiente con cumplir los
límites de dosis, sino que éstas han de reducirse hasta encontrar un valor
óptimo, que maximice el beneficio neto total; para ello, mediante técnicas
apropiadas, se puede comparar el esfuerzo necesario para aminorar las
dosis frente a la reducción de detrimento sanitario obtenida.
– Limitación de dosis y riesgos individuales. Ésta tiene como finalidad la
protección de los individuos más expuestos, para garantizar que no se
alcanzan límites inaceptables del riesgo de sufrir daños a la salud. Los lí-
mites, que se aplican a las exposiciones debidas a prácticas —exceptuando
la exposición al fondo radiactivo natural y la exposición médica— han su-
frido una disminución como consecuencia de las últimas recomendaciones
de la icrp, que se sustentan en los últimos avances en radiobiología.
Además de las operaciones o situaciones normales, es preciso considerar
también las exposiciones potenciales debidas a accidentes. Generalmente, para
estos casos las limitaciones se establecen con respecto a su probabilidad de
ocurrencia. En el caso de las centrales nucleares, la empresa ha de realizar un
estudio Analítico-Radiológico del emplazamiento, en un radio de 30 kilómetros,
teniendo en cuenta el uso de la tierra y agua, demografía, costumbres, etc.,
además de la meteorología e hidrología locales, con el objetivo de determinar el
grupo crítico de población y las dosis resultantes. Se podrán declarar exentas
aquellas prácticas que no supongan una dosis efectiva comprometida esperable
superior a 10 µSv por año para cualquier miembro del público, o una dosis
colectiva efectiva comprometida superior a 1 Sv por persona.
Cálculo de la dosis La dosis es una medida de energía absorbida por unidad
de masa, y depende del tipo, energía e intensidad de la radiación, además de las
propiedades físicas del objeto irradiado. En el caso de que el campo de radiación
consista en un haz de rayos γ monoenergéticos, si el flujo es Φ, la sección eficaz
macroscópica Σ y la energía de cada fotón E, la dosis en julios por gramo con
exposición durante un tiempo de t segundos será:
H =
ΦΣEt
ρ
.
12.5. Exposición interna
La exposición interna es consecuencia de la exposición de partes internas
de un organismo como resultado de la asimilación de sustancias radiactivas.
Los materiales radiactivos pueden entrar en el cuerpo mediante la inhalación,
la ingestión (comida y bebida), o ser absorbidas a través de los poros de la piel
o de heridas. La dosis resultante depende de los siguientes factores:
142 12.6. Medios físicos para la protección frente a las radiaciones ionizantes
– La cantidad de sustancia radiactiva que entra en el organismo, que a su
vez depende de la velocidad de entrada y del tiempo de duración de ésta.
– La naturaleza química de la sustancia, que afecta a su afinidad con mo-
léculas de tipos determinados de tejidos, y que determina la velocidad de
eliminación. En relación con ello se usa el período de semidesintegración
biológico, que se define como el tiempo en el que se elimina la mitad de la
cantidad inicial.
– El tamaño de la partícula, que se relaciona con el recorrido del material
en el cuerpo.
– El período de semidesintegración radiactivo y el tipo y energía de la radia-
ción, que determinan la actividad y la velocidad de deposición de energía,
así como el tiempo que persiste la exposición a la radiación.
– La radiosensibilidad del tejido.
Hasta hace poco, la reglamentación limitaba la concentración de radionuclei-
dos en el aire o agua de acuerdo con el concepto de órgano crítico: el que recibía
mayor dosis efectiva después de la incorporación de un cierto radionucleido. De
este modo, el efecto sobre el órgano seleccionado dominaba, despreciándose los
efectos sobre otros órganos distintos.
Por el contrario, según la nueva normativa, el cálculo de la exposición interna
ha de hacerse teniendo en cuenta el efecto en todo el organismo. Esto es ahora
posible gracias al aumento de la velocidad de computación y al uso de códigos
de cálculo mucho más complejos, que antes no podían implementarse.
Para el caso de varios radioisótopos, las concentraciones se limitan mediante
el criterio siguiente:
¸
i
C
i
(MPC)
i
≤ 1,
donde i es el índice del isótopo; la suma de los cocientes entre las concentraciones
reales y las concentraciones máximas permisibles debe ser menor que uno.
12.6. Medios físicos para la protección frente a
las radiaciones ionizantes
Básicamente, los medios físicos destinados a la protección se agrupan en
tres acciones posibles: eliminar la fuente, retirar al individuo o introducir una
barrera entre ambos. Más detalladamente, los principales medios para garantizar
la seguridad son:
– Evitar la generación de radiación o isótopos que emitan radiación. Así,
puede minimizarse la producción de emisores de radiación no deseados en
la operación de un reactor nuclear mediante el control de impurezas en los
materiales de construcción y en el refrigerante.
12. Protección radiológica 143
– Almacenamiento en contenedores o confinamiento mediante barreras múl-
tiples de las sustancias radiactivas, para prevenir su dispersión. Las fuentes
y los residuos radiactivos se suelen sellar mediante una o más capas de me-
tal u otro material que proporcione hermeticidad, y los reactores nucleares
y equipos de procesamiento químico se confinan en edificios a prueba de
fugas.
– Para el caso de los residuos radiactivos, proveer capas de material de
blindaje entre la fuente de radiación y el individuo y seleccionar los medios
geológicos con características favorables para su enterramiento.
– Restringir del acceso a la región donde exista un nivel de radiación pe-
ligroso y aprovechar la reducción de la intensidad de la radiación con la
distancia.
– Diluir la sustancia radiactiva en grandes volúmenes de aire o agua en la
descarga, para disminuir la concentración de material dañino.
– Limitar el tiempo que una persona puede permanecer dentro de una zona
de radiación, para reducir la dosis recibida.
Así, resulta que los materiales radiactivos pueden ser tratados de tres modos:
retención, confinamiento y dispersión. A su vez, la exposición a la radiación
puede limitarse mediante métodos que impliquen distancia, blindaje y tiempo.
Durante la planificación de una investigación en la que existan radiaciones,
o en el diseño y operación de un proceso con radiaciones, se debe calcular la
relación entre la fuente de radiación y su efecto sobre el organismo biológico,
usando los límites de exposición dictados por la autoridad reguladora. En esta
evaluación deberán estar incluidas las medidas necesarias de protección para las
fuentes conocidas, o los límites que deben imponerse a la fuente de radiación,
la velocidad de liberación de las sustancias radiactivas o la concentración de
radioisótopos en el aire, el agua y otros materiales.
Los cálculos detallados de protección radiológica son de mucha envergadura
por varias razones. Por un lado, existe una gran variación de posibles escenarios
o situaciones a considerar, tanto en la operación de los reactores como en los
usos de los radioisótopos. Por otro, el uso de computadoras favorece el desarrollo
de métodos de cálculo cada vez más sofisticados.
12.7. El estudio del impacto radiológico
Cualquier planta necesita un estudio de impacto radiológico, aplicando el
principio alara, para poder liberar material radiactivo. Se deben cumplir los
límites de dosis individuales para al área exterior no restringida. Para efluentes
líquidos, las dosis son: 3 mrem por año a todo el cuerpo y 10 mrem por año para
cualquier órgano; por lo que se refiere a efluentes gaseosos, se tienen 10 mrem
por año de rayos γ y 20 mrem por año de rayos β.
144 12.8. Los nuevos estándares de protección radiológica
Para conocer el impacto radiológico, hay que calcular el efecto de la libera-
ción de aire o agua contaminada en la persona más expuesta. Los factores más
importantes para calcular la liberación o la dosis son los siguientes:
– Cantidad de radioisótopo en el efluente, especialmente
137
Cs,
14
C,
3
H, I y
gases nobles.
– Modo de transferencia del material, o sea, medio por el que se recibe la
radiactividad: para efluentes líquidos como agua potable, alimentos proce-
dentes del agua, depósitos en la costa o en la orilla, o alimentos que hayan
sido regados, incluyendo derivados animales como la carne o la leche; si el
medio es aire, la persona inmersa en una nube contaminada que respira
aire, o partículas depositadas en las plantas.
– Distancia entre la fuente y la persona afectada, teniendo en cuenta el efecto
de dilución por dispersión.
– Tiempo de transporte, para tener en cuenta el decaimiento por desinte-
gración.
– Edad del grupo de riesgo: bebé (de 0 a 1 años), niño (de 1 a 11 años),
adolescente (de 11 a 17 años) y adulto (mayor de 17 años); como es sabido,
la radiosensibilidad varía con la edad.
– Factor de dosis, que se da en mrem/pCi. Estos factores están tabulados
en función del isótopo, el grupo de edad, el hecho de que se trate de
una inhalación o ingestión y el órgano afectado —huesos, hígado, cuerpo
entero, tiroides, riñón, pulmón, tracto intestinal.
12.8. Los nuevos estándares de protección radio-
lógica
En 1991, basándose en las recomendaciones de la icrp, la nrc (Nuclear Re-
gulatory Commissión) publicó la revisión de la reglamentación sobre exposición
a las radiaciones: la nueva versión del reglamento 10CFR20. Este nuevo regla-
mento es más realista en cuanto a los riesgos y hace uso de toda la información
acumulada sobre los riesgos de la radiación. Las principales modificaciones con
respecto al reglamento anterior son las siguientes:
– Uso de métodos computacionales para la deducción de la dosis.
– Frente a los anteriores límites de dosis basados en el órgano crítico, el
nuevo 10CFR20 considera la dosis al cuerpo entero procedente de todas
las fuentes de radiación que afectan a órganos y tejidos.
– Se suman la radiación externa y la interna para calcular la dosis total.
– Se añade al efecto de cualquier irradiación a corto plazo los efectos a largo
plazo de los radionucleidos fijados en el organismo.
12. Protección radiológica 145
Cuadro 12.1: Factores de ponderación de la radiación en órganos y tejidos
Órgano o tejido Ponderación
Gónadas 0,25
Pecho 0,15
Médula ósea roja 0,12
Pulmón 0,12
Tiroides 0,03
Superficies óseas 0,03
Resto del cuerpo 0,30
a
a
El factor es de 0,06 cada uno para cinco órganos.
Los límites de dosis se seleccionan en función del riesgo de cáncer para la
mayoría de los órganos y tejidos, y del riesgo de enfermedades hereditarias en
el feto en el caso de las gónadas.
Se define así un nuevo concepto: dosis comprometida equivalente. El término
comprometida implica tener en cuenta la exposición futura después de la inha-
lación o ingestión de material radiactivo. Se toma un tiempo de 50 años de vida
laboral. Si un cierto radionucleido se deposita en un órgano del cuerpo, a partir
de ese momento el nucleido sufre desintegración y se elimina biológicamente,
impartiendo una dosis a ese órgano. La dosis total se denomina dosis efectiva
comprometida (H
50
). La palabra efectiva tiene en cuenta el distinto riesgo de
la radiación en los diferentes órganos o tejidos, haciendo una suma ponderada
utilizando factores de ponderación w
T
como los empleados en el cuadro (12.8).
Así, si H
50T
es la dosis comprometida al órgano o tejido T, la dosis efectiva será
la suma:
H
50E
=
¸
T
w
T
H
50T
.
Se han deducido límites de concentración de radionucleidos específicos a
partir de los factores del cuadro (12.8) y de los datos sobre propiedades quí-
micas, período de semidesintegración, tipos de radiación y datos de tejidos y
órganos. Se dan restricciones de dosis para el límite anual de incorporación
(Annual Limit Intake, ali) por inhalación o ingestión de 5 rem por año para un
trabajador profesionalmente expuesto a las radiaciones. De este modo se deduce
la concentración en aire derivada (Derived Air Concentration, dac) en un año
de trabajo respirando aire contaminado. En el nuevo 10CFR20 se dan tablas de
ali y dac para cientos de radioisótopos, permitiendo el cálculo de la exposición
a mezclas de isótopos.
El dac (microcurios por mililitro) se calcula a partir del ali (microcurios)
dividiéndolo por los mililitros que respira la persona patrón en su jornada la-
boral durante un año. Se establecen límites de exposición diferentes para las
extremidades, el cristalino y el embrión o el feto, y se distinguen dos tipos de
dosis:
– Dosis estocástica o probabilista: está relacionada con el riesgo de cáncer o
efectos hereditarios. El número de efectos sobre la salud es proporcional a
146 12.9. Protección contra radiaciones no ionizantes
la dosis. El límite de dosis para efectos estocásticos es de 5 mrem/año.
– Dosis no-estocástica o determinista: son dosis a tejidos para los que existe
una dosis umbral para que haya un efecto, por lo que puede establecerse
un límite concreto para la dosis anual. Como ejemplo están la piel y el
cristalino.
El riesgo de todo el cuerpo por rem de dosis es 1 de cada 6 000. Para el
límite de 5 rem, el riesgo anual es de 8 · 10
4
, que equivale a unas ocho veces
el valor aceptable en las industrias calificadas como «seguras». El límite de
dosis para miembros del público (0,1 rem por año) es bastante inferior al de los
trabajadores expuestos (5 rem por año).
12.9. Protección contra radiaciones no ionizantes
Existen diferentes tipos de radiaciones no ionizantes, todas ellas bastante
comunes en la vida cotidiana: radiaciones electromagnéticas ópticas —situadas
entre el ultravioleta y el infrarrojo—; láseres; campos electromagnéticos de baja
y muy baja frecuencia; radiofrecuencia, telefonía móvil y microondas; ultraso-
nidos.
Las radiaciones no ionizantes pueden tener un efecto negativo sobre la salud,
función del tipo de radiación y su magnitud. Actualmente existe una organiza-
ción científica independiente, la icnirp (Comisión Internacional de Protección
contra Radiaciones No-Ionizantes). Para cada uno de los tipos de radiación, la
icnirp hace una clasificación de los distintos mecanismos relevantes de interac-
ción, efectos adversos, cantidades físicas biológicamente efectivas y niveles de
referencia usados para la exposición, y establece unos límites para la exposición
del trabajador expuesto y del público en general. Se trata por tanto de una
disciplina con una metodología muy similar a la Protección Radiológica.
Capítulo 13
Seguridad de instalaciones
nucleares y radiactivas
13.1. Introducción
Los productos de fisión acumulados en el interior del reactor —básicamente
en los elementos de combustible, dentro de las vainas, en el caso de los diseños
de reactores nucleares de agua ligera— suponen un riesgo, ya que constituyen
una importante fuente de radiación. Es necesario asegurar la integridad del com-
bustible a lo largo de todo su ciclo y que la liberación de material radiactivo sea
despreciable. Esto implica limitaciones en el nivel de potencia y en la tempe-
ratura, y la garantía de refrigeración bajo cualquier circunstancia. Las propias
características físicas de la fisión en cadena proporcionan una seguridad intrínse-
ca. La elección de los materiales, su disposición y las restricciones en los modos
de operación proporcionan un segundo nivel de protección. Una tercera línea de
defensa la constituyen los equipos y estructuras que minimizan la probabilidad
de un accidente y la cantidad de radiactividad liberada en su caso. Finalmen-
te, la localización de centrales nucleares lejos de centros de gran densidad de
población da lugar a una mayor protección.
La declaración de que una central nuclear es segura, en un momento dado
de su vida o en un intervalo de tiempo determinado, exige que los daños po-
tencialmente producidos por la instalación sean inferiores a los tolerables. La
cuantificación de los daños potenciales, o riesgos, inherentes a la central, su-
pone el conocimiento específico de las secuencias o escenarios catastróficos que
puedan dar lugar a liberaciones incontroladas de productos radiactivos o de ra-
diaciones, la frecuencia con la que quepa esperar tales escenarios y la magnitud
de los daños que se puedan producir. Lógicamente, esta no es una tarea sencilla,
al tratarse de una tecnología compleja y novedosa.
En reconocimiento de la dificultad de tales cuantificaciones, los expertos
que diseñaron las primeras centrales nucleares utilizaron la llamada aproxima-
ción determinista, basada en el concepto de seguridad a ultranza o defensa en
profundidad. A tal fin, definieron un conjunto de escenarios o accidentes en los
que se había de basar el proyecto de la instalación, que llamaron accidentes de
base del proyecto, y supusieron que podían suceder en la vida de la central;
148 13.1. Introducción
sobre esta base se diseñaron los sistemas de prevención y mitigación de las con-
secuencias de tales accidentes. Si en el peor de los casos los daños resultaban
menores que los tolerables, se concluía que la central era segura.
En la década de los años setenta, las tecnologías de la defensa y de los vuelos
espaciales promovían el desarrollo de metodologías probabilistas para la cuan-
tificación de los riesgos inherentes a tales actividades, que fueron adaptadas al
caso de las centrales nucleares y consolidadas en 1975 en el famoso Informe Ra-
mussen, en honor de este profesor del Instituto de Tecnología de Massachussets,
director del llamado Reactor Safety Study patrocinado por la Comisión Regula-
dora Nuclear de Estados Unidos. En cualquier caso, la metodología probabilista
no ha sustituido completamente a la aproximación determinista, coexistiendo
ambas bajo el concepto genérico de seguridad informada por el riesgo. La causa
se debe a las incertidumbres propias de la nueva metodología. Entre tanto, se
puede razonablemente asegurar que es satisfactoria la seguridad de las centrales
nucleares que satisfagan los requisitos deterministas, observados a través de la
metodología probabilista.
El objetivo de la seguridad: el confinamiento de la radiactividad En una
central nuclear, el riesgo es el de un accidente que libere grandes cantidades de
productos radiactivos. En operación normal, estos productos peligrosos quedan
en el mismo lugar donde han sido creados, en el uranio, del cual sólo se ha
fisionado una pequeña fracción. Este uranio está dentro de una vaina metálica,
constituyendo el combustible del reactor nuclear. Esta vaina representa pues una
primera «barrera» que retiene los productos peligrosos. El propio combustible
está confinado dentro de un recipiente, generalmente una vasija que está co-
nectada a tuberías que permiten extraer la energía producida por la fisión: la
vasija constituye la segunda barrera capaz de contener los productos peligrosos
si llegaran a atravesar la vaina. El conjunto, en las centrales modernas, está
dentro de un recinto hermético y resistente, tercera barrera entre el peligro y el
medio ambiente. Los productos peligrosos están pues «confinados».
La seguridad nuclear tiene por objeto analizar las situaciones que podrían
poner en duda el confinamiento de los productos radiactivos y asegurar que
las medidas tomadas permiten hacerles frente de forma eficaz. Estas situacio-
nes son múltiples. Si se centra la atención en la primera barrera —la vaina del
combustible—, está claro que el confinamiento se mantiene mientras se manten-
ga el equilibrio entre la energía desprendida por la fisión nuclear y la energía
extraída por el circuito de refrigeración. Se perderá la integridad de esta prime-
ra barrera si se produce un desequilibrio entre la producción y la extracción de
energía.
Los dos grandes accidentes que han conmocionado la historia de la ener-
gía electronuclear en el mundo ilustran este mecanismo. En 1979, en Estados
Unidos, en la central de Three Mile Island, una refrigeración insuficiente fue la
que originó e accidente: el circuito de extracción de energía se vació, la vaina
del combustible se fundió y los productos peligrosos pasaron entonces al cir-
cuito. Pero esta segunda barrera contuvo la mayor parte de la radiactividad, y
los productos radiactivos que se escaparon quedaron confinados en el recinto de
hormigón que se había construido alrededor del reactor. No hubo consecuencias
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 149
radiológicas. En Chernobyl, en 1986, sucedió a la inversa: un exceso de produc-
ción de energía fue lo que ocasionó la fusión del combustible y la liberación de
los productos de fisión. La energía desprendida destruyó también las estructu-
ras del reactor —la segunda barrera—, pero no había una tercera barrera —un
recinto de hormigón—, lo cual explica la magnitud de las consecuencias para el
medio ambiente de dicho accidente.
El objetivo de la seguridad nuclear consiste en precisar la naturaleza y la
magnitud de los riesgos a los que se expone la población y poner en marcha
los métodos y los procedimientos que permitan dominarlos. En una instalación
nuclear segura, lo que importa entonces ya no son los riesgos potenciales que
presenta, sino los riesgos residuales reales, habida cuenta de las medidas toma-
das. El riesgo nulo no existe, pero siempre se puede reducir un riesgo demasiado
importante gracias a un enfoque basado en el conocimiento y la experiencia. Ya
que hacer funcionar una máquina industrial compleja con un riesgo rigurosa-
mente nulo es un objetivo inalcanzable, se puede definir un reactor seguro como
aquél cuyo riesgo de accidente serio es suficientemente pequeño para ser con-
siderado como aceptable, tomando como referencia los riesgos que la sociedad
acepta para las otras actividades industriales.
13.2. La «defensa en profundidad» como princi-
pio de seguridad nuclear
En primer lugar, es necesario identificar los fallos que pueden conducir a
accidentes, ya se refieran a los materiales y equipos utilizados o a las actuacio-
nes de los explotadores, o se originen a causa de acontecimientos exteriores, ya
sean naturales o de origen humano. Posteriormente, es preciso estudiar cómo
se puede defender la central frente a estas agresiones, y eventualmente instalar
dispositivos capaces de reforzar sus líneas de defensa. Se entiende por tal una
combinación coherente de dispositivos de protección, tales como obstáculos ma-
teriales contra las fugas radiactivas, márgenes de seguridad en el diseño, sistemas
de seguridad automáticos e incluso procedimientos correctores establecidos por
los operadores.
Una central será segura si, frente a todo fallo y toda agresión, puede disponer
de líneas de defensa suficientemente fuertes. Aquí, la fuerza es el resultado no
sólo de la calidad de las disposiciones tomadas, sino también de la acumulación
racional de estas disposiciones. Se parte del principio de que todo dispositivo de
seguridad es vulnerable y debe ser sustituido o protegido por otro dispositivo.
Con las líneas de defensa ocurre lo mismo: cada línea reduce la probabilidad
de ocurrencia y/o la gravedad del accidente, y su apilamiento en profundidad
permite alcanzar un nivel de riesgo suficientemente bajo para ser considerado
aceptable. La seguridad de nuclear se construye sobre este concepto de defensa
en profundidad, en el que la central está protegida por líneas de defensa sucesivas.
Examinemos con más detalle las tres condiciones que hay que respetar para
conseguir una central segura:
150 13.3. La seguridad en el diseño
– Un diseño que garantice tanto la prevención de los accidentes como las
defensas contra sus posibles consecuencias.
– Una realización exenta de defectos importantes e imperfecciones que no
hayan sido identificadas y, si es necesario, reparadas.
– Una explotación rigurosamente organizada y confiada a personal formado
y experto.
13.3. La seguridad en el diseño
Las tres barreras La defensa contra la diseminación de la radiactividad tiene
un fundamento muy sencillo: se interponen una serie de barreras herméticas
y resistentes entre los productos radiactivos y el medio ambiente para formar
una pantalla contra las radiaciones y contener la radiactividad. El combustible
propiamente dicho, sin ir más lejos, bajo la forma de una masa cerámica, tiene
la propiedad intrínseca de retener la mayor parte de los productos de fisión.
Después viene la vaina, en general metálica, siempre hermética y resistente a
la corrosión. Ésta es la denominada primera barrera. La segunda barrera está
constituida por el circuito de refrigeración primario que, aparte de las tuberías
por las que circula el refrigerante, puede incluir una vasija de acero u hormigón u
otros aceros resistentes a la presión. Por último, la mayor parte de los reactores
están además rodeados por un edificio de paredes anchas de hormigón o acero
resistente a la presión, que constituye la última barrera de confinamiento.
La presencia de esta multiplicidad de barreras hace que las descargas ra-
diactivas al exterior sean muy bajas en condiciones normales de operación, y
que estén limitadas en caso de accidente. Únicamente, en el caso de que varias
barreras perdieran simultáneamente su eficacia, podrían producirse descargas
significativas.
La integridad de las barreras puede verse amenazada de diferentes maneras,
por ejemplo a causa de tensiones mecánicas debidas a sobrepresión, impactos
o vibraciones, temperaturas excesivas, fragilización debida a radiaciones, corro-
sión. El diseño debe tener en cuenta estos fenómenos y la eventualidad de la
pérdida de barreras. Las centrales deben estar también fuertemente protegidas
contra las agresiones externas, tales como inundaciones y terremotos. El objeti-
vo básico consiste en tratar de mantener la integridad de las barreras en todas
las circunstancias. El diseño en materia de seguridad consistirá en organizar el
conjunto de estas barreras y de los diferentes sistemas y circuitos asociados,
dentro de una estructura de defensa en profundidad caracterizada por líneas de
defensa sucesivas y tan independientes unas de otras como sea posible.
Los tres niveles de defensa en profundidad En una central nuclear se dis-
tinguen tres niveles de defensa en profundidad; cada uno de ellos constituye el
equivalente a una línea de defensa.
– Primer nivel: la prevención de incidentes. Las primeras medidas de pre-
vención están destinadas a mantener el reactor y el conjunto de la instala-
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 151
ción en condiciones de funcionamiento normal. Se trata primero de evitar
los sucesos, de origen tanto interno como externo, que podrían perturbar
este funcionamiento: prever por ejemplo las averías de los componentes,
lo que exige la elección de equipos de probada fiabilidad. A este nivel,
hay que preocuparse igualmente por los defectos menores que aparecerán
inevitablemente a lo largo de la vida de la central. Ésta debe estar dise-
ñada de manera que pueda absorber estas perturbaciones sin salirse de su
ámbito de funcionamiento; esa es la función de los márgenes de seguridad.
Una central bien concebida debe incorporar márgenes que permitan a sus
componentes funcionar en condiciones más severas de lo previsto.
Es fundamental dotar a la central de características de seguridad que
intervengan por sí solas, sin la intervención del ser humano, cuando se
produzcan sucesos perturbadores, para limitar sus efectos y mantener la
instalación en su estado normal de funcionamiento. Pueden ser las válvulas
de seguridad mencionadas más arriba o mecanismos de regulación como
hay en todas las instalaciones industriales. Bajo esta primera línea de de-
fensa pueden incluirse también medidas administrativas o institucionales;
así, por ejemplo, se exige un estudio previo en profundidad de la seguridad
de la central.
– Segundo nivel: la vigilancia y los medios para actuar. El principio de la
defensa en profundidad exige que se prevea que, a pesar de las barreras
contenidas en el primer nivel, se pueden producir fallos que lleven a la cen-
tral fuera de su nivel de funcionamiento previsto. La experiencia enseña
además que siempre es así, en todas las instalaciones industriales, con ma-
yor o menor frecuencia. Para una instalación que dispone de una primera
línea de defensa fuerte, estos serán casos raros; pero cualquier desviación
del nivel de funcionamiento previsto puede conducir a un accidente si no se
tiene algo previsto para hacerle frente. Por tanto, en las centrales nucleares
se instala sistemáticamente una segunda línea de defensa.
Básicamente, ésta consta de dos elementos. En primer lugar, un dispositivo
de vigilancia de la instalación y los parámetros que permiten garantizar
que ésta se mantiene dentro de los márgenes previstos, i.e., dentro de la
primera línea de defensa; este sistema puede ser continuo, con captadores
y tratamiento de señal, o discontinuo, con controles periódicos. En se-
gundo lugar, unos sistemas de seguridad que intervendrán —en principio
automáticamente— cuando se detecten desviaciones, actuarán para evitar
que el incidente degenere (dando lugar a un accidente que conduciría al
deterioro de las barreras) y llevará la instalación a un estado seguro.
– Tercer nivel: la reducción de las consecuencias o mitigación. Los dos pri-
meros niveles resumidos hasta ahora son «clásicos» en materia de segu-
ridad industrial. Desde luego, en el pasado se han conocido instalaciones
consideradas seguras protegidas por una única primera línea de defensa;
los accidentes ocurridos han demostrado la insuficiencia de este enfoque,
y hoy en día la mayoría de las instalaciones potencialmente peligrosas han
instalado una segunda línea.
Las medidas de mitigación van más allá, y ciertamente ha sido en las
centrales nucleares en donde, por vez primera, se han incorporado siste-
máticamente en el diseño. Aquéllas tienen como objetivo limitar las con-
152 13.3. La seguridad en el diseño
secuencias de los accidentes, en el caso de que se produjeran a pesar de
las dos líneas de defensa precedentes. La parte esencial de esta línea de
defensa atañe a la integridad de la última barrera de confinamiento en
condiciones extremas: en la fase de diseño se dimensiona el recinto de con-
tención para que pueda seguir desempeñando su función cuando las otras
barreras ya no la pueden desempeñar —cuando se ha dañado gravemente
el combustible y cuando se ha producido una rotura en las tuberías por
las que circula el fluido primario. Se introducen sistemas de seguridad que
permitan mantener esta integridad durante un largo período, permitiendo
principalmente la refrigeración del recinto con relación al calor desprendi-
do por los productos de fisión.
La defensa incluye además, aguas arriba, la gestión de la situación acciden-
tal, mediante la actuación de funciones normales y sistemas de seguridad,
gracias a disposiciones particulares que garantizan el suministro de energía
eléctrica; su objetivo es hacer más lenta la evolución del accidente y, si es
posible, bloquear los productos peligrosos dentro de la instalación. Por úl-
timo, aguas abajo incluye las medidas a tomar para proteger a las personas
y al medio ambiente de los efectos de las posibles descargas radiactivas:
son los planes de emergencia en caso de accidente.
Las funciones vitales para la seguridad y su protección La prevención co-
mienza por el confinamiento de la radiactividad en el interior de la primera
barrera, la vaina. Ésta no se verá seriamente dañada a menos que se produzca
un desequilibrio significativo entre el desprendimiento de energía en el combus-
tible y la extracción de la misma a través del sistema de refrigeración. Esto
demuestra la importancia de las dos funciones vitales de la seguridad: el control
de la potencia —i.e., de la reacción de neutrones en cadena— y la permanencia
de la refrigeración del combustible nuclear.
– El control de la potencia del reactor. La potencia variará proporcional-
mente al número de neutrones. Se comprende por tanto claramente que
actuando sobre los neutrones —absorbiéndolos más o menos mediante las
barras de control insertas entre los elementos combustibles— es como se
controlará el nivel de potencia de la instalación. Si la población de neutro-
nes no se regula rápidamente, la potencia variará. Si aumenta, lo hace con
una dinámica particularmente rápida, puesto que, debido a la reacción en
cadena, el crecimiento será de razón geométrica y no aritmética. Si no se
toma ninguna medida, y si coexisten otras características desfavorables de
diseño, se puede llegar a destruir el reactor, como ocurrió en Chernobyl.
En consecuencia, es vital que el diseño de un reactor nuclear garantice que
todo aumento de la población de neutrones sea automáticamente contra-
rrestado mediante una acción en sentido contrario.
– Capacidad de refrigeración. La pérdida de refrigeración —causada, por
ejemplo, por una fuga o ruptura de tubería, por un fallo de la circula-
ción del refrigerante o por ausencia de evacuación del calor del lado del
secundario— podría provocar una elevación de la temperatura del combus-
tible, después la ruptura de las vainas y la fuga de materiales radiactivos
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 153
hacia la vasija o el circuito primario del reactor. Por tanto, hace falta ga-
rantizar permanentemente, en toda circunstancia, la extracción del calor
producido en el combustible.
Esta regla es válida también cuando el reactor está parado. En Three Mile
Island, cuando se produjeron los fallos que originaron el accidente, las se-
guridades de la central funcionaron y pararon la instalación. Cuando esto
ocurre, la central deja de suministrar energía eléctrica a la red, de forma
casi instantánea. Pero ello no elimina la necesidad de seguir refrigerando
el núcleo, puesto que las radiaciones emitidas por los productos de fisión
desprenden calor. Hace falta extraerlo, y hacerlo además durante varias
horas, días o incluso varios meses después de la parada del reactor. Na-
turalmente, puesto que la radiactividad es un fenómeno que decrece con
el tiempo, el calor que hay que extraer decrecerá igualmente de manera
bastante rápida: al cabo de un segundo, no representa más que el siete por
ciento de la potencia nominal. Pero si la refrigeración no es proporcional
a la potencia residual, el combustible se calentará y tarde o temprano la
vaina que confina los productos peligrosos perderá su integridad. Eso es
lo que sucedió en Three Mile Island cuando por error los responsables de
la central detuvieron la refrigeración de emergencia.
Los sistemas de seguridad Tanto para controlar la potencia como para man-
tener la refrigeración y controlar las consecuencias de un eventual accidente, se
pueden utilizar tres tipos de sistemas de seguridad siguiendo diversas combina-
ciones para proteger un reactor. Los primeros recurren a características llamadas
intrínsecas; los segundos se denominan, respectivamente, sistemas activos y sis-
temas pasivos.
La seguridad intrínseca se basa en las leyes físicas de la propia naturaleza.
No es necesaria ninguna intervención exterior para mantener el reactor en con-
dición segura o para restablecerla en caso de incidente. Por ejemplo, la mayoría
de los reactores tienen un coeficiente de reactividad negativo; todo aumento de
la temperatura provocado por un exceso de potencia conducirá a una reducción
de ésta al menos en las mismas proporciones. Así, esta contra-reacción natural
limita automáticamente los aumentos rápidos de potencia y puede incluso parar
completamente el reactor. La falta de tal estabilidad intrínseca a baja potencia,
unida a un sistema de parada demasiado lento, fue una de las principales causas
del accidente de Chernobyl.
La caída de las barras de control sólo por gravedad y la utilización de la
energía almacenada en los dispositivos de inyección de emergencia (acumula-
dores) constituyen ejemplos de sistemas de seguridad pasivos. La mayoría de
las barreras instaladas para confinar productos radiactivos constituyen también
ejemplos de esta clase. A pesar del interés de los sistemas pasivos —se puede
contar con su actuación sin intervención humana ni de un mecanismo—, ningún
reactor en servicio se basa sólo en estos dos tipos (intrínsecos y pasivos) para con-
trola todas las situaciones potencialmente peligrosas. Todos recurren a sistemas
activos que funcionan a partir de señales de activación emitidas por captadores
y con fuentes de energía eléctrica o neumática. En general, estos sistemas no
necesitan intervención humana, sino que intervienen de forma automática.
154 13.4. La calidad de la construcción
Además, para que un sistema de seguridad pueda cumplir su función con
un buen margen de confianza, se establecen los puntos siguientes:
– Redundancia: los componentes o subsistemas de un sistema de seguridad
son más numerosos de lo que se requeriría para desempeñar la función, de
tal manera que la seguridad jamás se basa en el funcionamiento de una
única unidad.
– Diversidad: dos sistemas o más, basados en principios de diseño o de fun-
cionamiento diferentes, están dispuestos para asegurar cada función par-
ticular de seguridad, de manera que el conjunto de los sistemas no pueda
averiarse por la misma razón —prevención de las averías llamadas «modo
de fallo por causa común»—.
– Separación física: los componentes o sistemas destinados a una función
de seguridad están separados, para estar protegidos contra una pérdida
simultánea debida por ejemplo al fuego o a la inundación; la separación
queda asegurada por la distancia, o, en su defecto, por una barrera física.
– Puesta en «avería segura»: los componentes o sistemas están concebidos
para que se pongan automáticamente en posición segura en caso de fallo
o de pérdida de alimentación.
Chernobyl y las consecuencias de la falta de defensa en profundidad El
reactor del tipo rbmk —reactor grafito-agua en ebullición— desarrollado en
la urss, con el que estaba equipado la central de Chernobyl, adolecía de un
defecto en el primer nivel de seguridad: no disponía de contra-reacción intrínseca
estabilizante; por el contrario, las contra-reacciones eran desestabilizantes: todo
aumento de la temperatura provocaba una aceleración de la reacción en cadena,
i.e., un aumento rápido de la potencia.
Pero los otros niveles de defensa eran igualmente defectuosos. El sistema de
parada de la reacción en cadena estaba mal diseñado: no solamente era dema-
siado lento y no permitía controlar adecuadamente un transitorio rápido, sino
que además era «vicioso», ya que su primer efecto inmediato se oponía a lo que
el operador debía esperar de dicho sistema. En efecto, durante los primeros se-
gundos, en vez de reducir la población neutrónica, la aumentaba. Por último, la
central de Chernobyl estaba totalmente desprovista de un recinto de contención
que envolviese el reactor, recinto que hubiera sido capaz de contener, al menos
en cierta medida, los productos de fusión liberados por el aumento rápido de la
potencia.
13.4. La calidad de la construcción
Es fundamental para la seguridad que se construya una central nuclear
en estricta conformidad con las especificaciones fijadas en el momento de su
diseño. Esta conformidad se verifica a lo largo de las pruebas que preceden a
la puesta en servicio de la central, y entonces se detectan y se corrigen posibles
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 155
desviaciones entre las especificaciones y lo que se ha hecho sobre el terreno; como
parte del enfoque de defensa en profundidad, es necesario prever también estas
posibles desviaciones aguas arriba: este es el objeto de las disposiciones llamadas
de garantía de calidad, que se establecen durante toda la duración del diseño
y realización de la central; entre ellas se encuentra el suministro de material
fabricado y construido de manera satisfactoria, conforme a las especificaciones
particulares de la central.
13.5. La explotación segura
El punto crucial de la seguridad operacional es lograr que las personas y
las máquinas trabajen juntos de manera segura. Una de las causas principales
de los accidentes de Chernobyl y Three Mile Island radicó, precisamente, en
la conjunción de malos procedimientos operacionales y de un desconocimiento
de los fenómenos físicos que rigen el funcionamiento de la central. En ambos
casos, los operadores no entendieron lo que pasaba en el reactor a partir de las
informaciones que se les proporcionaba en la sala de control. En Three Mile
Island, algunas de esas informaciones se prestaban a confusión; en Chernobyl,
la atención y el control se centraron únicamente en los sistemas de producción
de energía. Los operadores, por tanto, no pudieron tomar medidas correctoras
adecuadas; algunas de sus acciones contribuyeron incluso a agravar la gravedad
de los accidentes.
13.5.1. El factor humano
Necesidad de una clara definición de las responsabilidades Un explotador
de instalaciones nucleares es responsable en el más amplio sentido de la palabra
—operacional, legal, jurídico— de la seguridad de sus instalaciones. La gestión
de la seguridad en el seno de la empresa requiere que el nivel central defina,
establezca y controle una política de que se derivarán prácticas y procedimientos
que garanticen la mejor seguridad. Esto exige que cada persona, en su campo
y cualquiera que sea su nivel, conozca perfectamente hasta dónde llegan sus
responsabilidades y sus obligaciones.
La función del operador El operador es el responsable de la explotación de
la instalación; recoge la información, la analiza y decide las acciones a tomar
en función de las instrucciones escritas (los procedimientos de operación). Es
un trabajo de gestión técnica, que puede ser muy activo cuando se perturba el
funcionamiento normal. Pero, en este caso, sistemas automáticos de seguridad
protegen la instalación; se han diseñado para que sean «auto-seguros» en caso
de pérdida de corriente eléctrica. El operador no es y no debe ser el principal
elemento sobre el que se base la seguridad de la instalación.
El operador, por tanto, no reemplaza en circunstancias normales a los sis-
temas automáticos. De hecho, la mejor manera de garantizar la función de un
sistema que controla varias variables, en interacción unas con otras, es utilizar
156 13.5. La explotación segura
un ordenador consagrado sólo a esa función. Sin embargo, el operador debe con-
tinuar siendo capaz de parar rápidamente el reactor si es necesario; debe ser
capaz de reconocer cualquier condición anormal de explotación y de reaccionar
eficazmente, añadiendo de esta forma una redundancia adicional a la protección
y dando preferencia a la seguridad en relación con la producción si es necesario.
El operador tiene, por último, cuatro funciones esenciales:
– Conocer las condiciones que deben respetar en operación normal todos los
sistemas importantes para la seguridad.
– Reconocer, con ayuda de los medios de control puestos a su disposición,
las situaciones anormales que pueden ocurrir de improviso, e identificar su
importancia para la seguridad.
– Saber cómo puede restablecer las condiciones seguras de explotación en
caso de anormalidad.
– Pedir rápidamente ayuda si no puede restablecer él mismo la situación.
Selección, formación y entrenamiento de los operadores Una central nu-
clear debe disponer permanentemente de operadores competentes, estables y
bien formados para desempeñar sus funciones y responsabilidades. Dado que
desempeñan una función clave en el necesario mantenimiento de un alto nivel
de atención a la seguridad, su selección necesita una particular atención. Debe
basarse en las especificaciones precisas de las tareas, en el profesionalismo y la
experiencia, y en factores personales tales como la salud, la habilidad, el perfil
físico, mental e intelectual.
Los futuros operadores siguen un programa específico de formación. La uti-
lización de simuladores es particularmente fecunda y eficaz en este proceso. Una
de las cualidades más importantes que necesitan los operadores de las centrales
nucleares es la aptitud para comprender, diagnosticar y anticipar el desarrollo
de una situación global a partir de una gran cantidad de informaciones y pará-
metros. Esto exige, naturalmente, un profundo conocimiento de los sistemas y
procedimientos y también la capacidad de relacionar los principios fundamen-
tales con situaciones reales que pueden diferir de las que se han estudiado y
analizado en los documentos.
La interfaz entre la persona y la máquina La forma y el tamaño de los pa-
neles de control, así como la instalación de dispositivos (indicadores, mandos,
botones. . . ) se diseñan para que las indicaciones se puedan ver y comprender
y se acceda a los mandos fácilmente. Los paneles sirven para que el opera-
dor comprenda los diferentes sistemas y proporcionan reagrupamientos claros y
coherentes de los controles e indicaciones por función y sistema.
El desarrollo de la informática permite hoy en día en las salas de control
de las centrales modernas disponer, a partir de ordenadores, de sistemas de
presentación de la información interactivos y en color. Este desarrollo es extre-
madamente valioso para la eficacia del trabajo común entre hombre y máquina,
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 157
puesto que permite un acceso fácil y en el momento apropiado a informaciones
que muy pocas veces son necesarias, pero que pueden ser vitales en caso de
accidente.
Se han hecho esfuerzos para que el operador esté en condiciones de reaccio-
nar, diagnosticar y responder ante sucesos anormales. Las centrales nucleares
francesas han llevado muy lejos el cuidado del «factor humano» de la seguridad:
en ellas existe una figura, el Ingeniero de Seguridad, que no actúa en condiciones
normales de explotación, pero a quien se acude si se produce cualquier suceso
fuera de lo habitual.
Los procedimientos de explotación El equipo de dirección de una central pre-
para un conjunto coherente de procedimientos de explotación antes del arranque
y la autorización de la puesta en servicio. El equipo de la explotación debe ope-
rar la central en estricta conformidad con los procedimientos aprobados y las
autorizaciones concedidas. El equipo de explotación trabaja permanentemente
según las especificaciones del diseño, dirigiendo un programa coherente y ex-
haustivo de pruebas y vigilancia de los sistemas de seguridad y de las barreras,
y manteniendo la capacidad para hacer frente a toda crisis o accidente.
En toda circunstancia en la que los operadores puedan intervenir como
respuesta a una alteración del estado de la central, se prevén sistemáticamente
procedimientos escritos para guiarlos y garantizar que disponen de todas las
informaciones detalladas necesarias para controlar la situación.
En las centrales se realiza el mantenimiento y las pruebas a intervalos pla-
nificados para garantizar que siguen siendo fiables. Los sistemas de seguridad
necesitan un enfoque específico porque deben intervenir en caso de fallo de los
sistemas normales de funcionamiento. Unos programas de pruebas más amplios
vigilan estos sistemas y sus componentes, y sus resultados se utilizan para ga-
rantizar su disponibilidad.
13.5.2. El valor de la experiencia adquirida
Es necesario confrontar permanentemente los resultados de la experiencia de
explotación con los objetivos que se habían fijado. Dentro de esta experiencia, es
natural conceder una particular importancia a todas las situaciones anormales
que se han encontrado. Por esta razón, se ha establecido en todas las centrales
nucleares un sistema de recogida y análisis de sucesos de explotación. Identificar
todo defecto de material, todo mal funcionamiento de los equipos y, de forma
más general, todo lo que puede constituir un signo de deterioro de las condiciones
de explotación, es una de las responsabilidades importantes de los explotadores.
Una vez realizada esta identificación, hace falta analizar los datos recogidos en
función de su importancia para la seguridad; de ellos es necesario inferir las
lecciones que pueden afectar tanto a las disposiciones para el diseño como a los
procedimientos de explotación; por último, es necesario difundir los resultados
de estas investigaciones a todas las personas interesadas.
Los sistemas de información sobre incidentes, que los organismos interna-
158 13.6. La seguridad de las otras instalaciones nucleares
cionales emplean en el mundo, son complementarios a los sistemas nacionales
y garantizan el reparto de las informaciones en todos los países miembros. La
Asociación Mundial de Explotadores Nucleares (wano) desarrolla estos inter-
cambios entre explotadores de centrales.
Three Mile Island: una toma de conciencia De la misma manera que el
análisis de Chernobyl demuestra a dónde pueden conducir las insuficiencias de
seguridad en el diseño, el de Three Mile Island ilustra lo que puede ocurrir
cuando no se toma bien en cuenta la seguridad de la explotación: la falta de
formación de los operadores para hacer frente a las situaciones accidentales, las
informaciones dadas a los explotadores capaces de inducirles al error, etcétera.
Hasta el accidente de Three Mile Island, parecía que, a partir del momento
el que se había diseñado una instalación, nada grave podía pasarle. Se pedía
simplemente a los explotadores que siguieran al pie de la letra las especificacio-
nes de los constructores, que no cubrían más que ciertas situaciones. En Three
Mile Island, en abril de 1979, cuando una mala maniobra en el circuito auxiliar
provocó automáticamente la parada de la central, todas las disposiciones toma-
das en el momento del diseño funcionaron como estaba previsto. El error radicó
en la decisión de poner fuera de servicio los sistemas de seguridad diseñados por
los proyectistas. Se produjo así la parada manual de los sistemas de emergencia,
que habían arrancado automáticamente y que enviaban el agua a la vasija. Ésta
se vació progresivamente y el combustible se fundió bajo el efecto de la potencia
residual. El recinto de contención, afortunadamente, desempeñó su papel y no
hubo consecuencias para la salud de las personas ni para el medio ambiente.
13.6. La seguridad de las otras instalaciones nu-
cleares
Los riesgos potenciales más importantes de la utilización de la energía nu-
clear están ligados a la producción de la energía. Los reactores son la sede de las
reacciones de fisión, y la densidad de radiactividad en su interior es muy elevada;
la producción de vapor a presión y temperatura elevadas, necesarios para accio-
nar eficazmente la turbina, implica fenómenos termohidráulicos «violentos», que
pueden accidentalmente crear mecanismos de diseminación de la radiactividad.
Estos dos aspectos no se encuentran en otras instalaciones nucleares asociadas
a la explotación de las centrales:
– Hacia arriba, la extracción del mineral, el aislamiento del uranio, su enri-
quecimiento y la fabricación de los elementos combustibles.
– Hacia abajo, la descarga del combustible gastado y su reelaboración, des-
pués de transportado a las fábricas correspondientes, tras la utilización de
nuevo de los materiales fisionables recuperados.
– Al final del ciclo, el almacenamiento de los residuos no reciclables.
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 159
El conjunto de estas operaciones constituye el ciclo del combustible. Cada
una de ellas se efectúa en plantas especializadas que presentan riesgos potencia-
les específicos. Las instalaciones «hacia arriba» no manipulan más que productos
radiactivos naturales, el uranio y sus descendientes; los riesgos son tanto quí-
micos como radiactivos y, como es natural, su control no exige una tecnología
nuclear muy avanzada. Esto no impide que el rigor sea necesario, en particular
en las minas de uranio, tanto para la protección de los trabajadores como para
el confinamiento de los residuos frente al medio ambiente. El uranio enriquecido
presenta un riesgo propiamente nuclear: hay que evitar que pueda producirse
una reacción en cadena intempestiva; este fenómeno queda prácticamente ex-
cluido con el uranio natural, pero sólo hasta un cierto grado de enriquecimiento,
del orden del que se alcanza para los combustibles de las centrales. Este riesgo
específico es claramente más importante en las plantas de reelaboración.
Las instalaciones «hacia abajo», en cambio, manipulan los combustibles
después de que hayan pasado por las centrales; a estos combustibles se les llama
gastados o irradiados; contienen productos resultantes de la fisión nuclear: los
productos de fisión propiamente dichos y productos creados por la absorción
de neutrones, como el plutonio. Todos estos productos son muy radiactivos y
algunos tienen una vida relativamente larga. Los combustibles irradiados no
salen de la central hasta pasado un cierto tiempo llamado de «enfriamiento»,
que permite la eliminación de los productos cuyo período de semidesintegración
es corto, lo que reduce otro tanto el calor residual del combustible.
Veamos ahora los problemas de seguridad en las plantas de reelaboración
y de almacenamiento de residuos. A priori, estos problemas son más difíciles
que los de otras instalaciones, incluidos los del transporte. Hoy en día, se tratan
estos últimos en el marco de convenciones internacionales, que obligan a los
transportistas a garantizar la seguridad gracias a la resistencia del embalaje
contra todas las agresiones posibles; este enfoque ha demostrado hasta ahora su
eficacia y no se ha observado ningún accidente nuclear durante los transportes.
Las plantas de reelaboración Las plantas de reelaboración son, en esencia,
plantas químicas cuyo objetivo es separar del combustible irradiado las mate-
rias primas fisionables recuperables, i.e., reciclables en las centrales: el uranio
y el plutonio —que representan el 97 por ciento de la masa del combustible
irradiado— y los productos de fisión actualmente no reciclables. Durante el
transcurso de las operaciones, es necesario manipular las materias peligrosas
que se presentan bajo las formas más diversas: sólidos, polvos, soluciones de di-
versa concentración, gases de composición variable. El objetivo de la seguridad
es el mismo que en las centrales: mantener confinados en todas las circunstancias
las materias radiactivas. Para conseguirlo, se aplican principios muy parecidos:
– El método de las barreras. Se interponen entre los productos peligrosos y
el medio ambiente una sucesión de barreras herméticas e independientes.
De esta manera, en una planta de reelaboración, las primeras operacio-
nes se hacen con el combustible irradiado puesto en forma de solución; la
primera barrera está constituida por el recipiente que contiene esta solu-
ción; la segunda barrera es la vasija de seguridad que lo envuelve y que
160 13.6. La seguridad de las otras instalaciones nucleares
está preparada para recuperar cualquier fuga; la tercera barrera es la sala
donde se llevan a cabo las manipulaciones, equipada con sistemas de re-
cuperación de fugas, ventilación, protección contra incendios y alarmas de
radiactividad.
– El concepto de defensa en profundidad. Para asegurar una buena defensa
de las barreras frente a averías, errores de manipulación o fallos externos,
se organizan los sistemas de seguridad en líneas de defensa. Al igual que
ocurre para los reactores, existen en esencia dos funciones vitales que deben
someterse a un detenido examen: la refrigeración y el control de la reacción
en cadena. Los accidentes que se han producido en el mundo se deben todos
ellos a defectos en una u otra de estas funciones.
El accidente de Khystym, en la antigua urss, ocurrido en 1957 pero no se-
ñalado hasta treinta años más tarde, fue el resultado de una dramática falta de
refrigeración en una vasija que contenía productos de fisión extraídos del com-
bustible irradiado; las consecuencias fueron importantes desde el punto de vista
del perjuicio para el medio ambiente, puesto que una zona de varios centenares
de kilómetros cuadrados, poco poblada, tuvo que ser evacuada.
Veamos ahora lo que ocurre con el control de la reacción en cadena. En
principio, una reacción en cadena no debe desarrollarse más que dentro de un
reactor. Si ésta se produce en una planta de reelaboración, no puede ser más que
accidentalmente. El origen de ese hecho puede ser una concentración imprevista
de material fisionable, uranio enriquecido o plutonio. Pero el accidente puede
ser más perverso: las operaciones de tratamiento conducen a mezclar con los
productos fisionables materiales que pueden jugar un papel de moderadores; se
llama así a las especies de masa atómica muy pequeña que tienen la propiedad
de frenar los neutrones o «moderar» su velocidad, lo que provoca como conse-
cuencia el aumento de la eficiencia de las reacciones nucleares y por consiguiente,
si el medio se presta a ello, el desencadenamiento de una reacción en cadena.
En cualquier caso, un accidente tal no provocaría más que un desprendi-
miento limitado de energía, ya que esta reacción en cadena se pararía por sí
sola muy rápidamente, debido al efecto de los coeficientes de contra-reacción
análogos a aquellos de los que se ha hablado para los reactores. Sin embargo,
podría tener graves consecuencias para el personal y provocar posibles descargas
de materias radiactivas hacia el exterior. Tales accidentes se han producido en
los años cincuenta y sesenta en Estados Unidos y en la urss, en laboratorios y
fábricas que manipulaban materiales fisionables.
El análisis de la seguridad se basa en experiencias específicas que permiten
comprender cuáles son los mecanismos que intervienen y probar los dispositivos
de prevención adoptados. En efecto, el riesgo depende de numerosos factores;
principalmente son: la masa de material fisionable empleada, la forma geomé-
trica de los aparatos utilizados, la concentración de las soluciones de uranio o
plutonio y la presencia y disposición de los moderadores o absorbentes neu-
trónicos. En Francia, una gestión prudente ha permitido evitar los accidentes
llamados «de criticidad». Para garantizar una prevención eficaz, se utiliza el
mismo enfoque que para los reactores: el explotador debe presentar una peti-
ción de autorización junto con un informe de seguridad, que sigue la misma vía
que las peticiones referentes a los reactores.
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 161
Los residuos radiactivos Al final del ciclo nuclear, como en cualquier actividad,
queda un cierto desecho que ya no se puede reciclar o utilizar en una actividad
de otra naturaleza; es, por definición, un residuo. En el ciclo del combustible
nuclear, estos residuos son radiactivos. Su radiactividad puede ser natural si nos
situamos al principio del ciclo: tal es el caso de los residuos de la minería de
uranio. Pero si nos situamos al final del mismo, los residuos incluirán elementos
que no existen en la naturaleza y que se habrán creado como consecuencia de
la producción de energía por fisión nuclear.
El riesgo no es nuevo en relación a lo que hemos presentado anteriormente:
los productos radiactivos, ya sean naturales o no, emiten radiaciones ionizantes,
y de estas radiaciones es de lo que hay que proteger a la población y al medio
ambiente. El método de las barreras sigue siendo el método apropiado; la defensa
en profundidad permite garantizar la seguridad del conjunto. La dificultad con
respecto a los residuos viene del factor tiempo: hay elementos radiactivos cuyo
período de semidesintegración sobrepasa los mil, diez mil, cien mil e incluso el
millón de años. Subsiste, por tanto, un peligro potencial durante mucho tiempo.
El problema, sin embargo, es menos arduo de lo que parece a simple vista
por tres razones:
– El decrecimiento de la radiactividad con el tiempo: se se puede demos-
trar que se garantiza un confinamiento eficaz durante un cierto período
de tiempo, el decrecimiento radiactivo habrá reducido considerablemen-
te la toxicidad potencial de los residuos, que será del orden de la de los
productos naturales, de los que sabemos cómo protegernos.
– La naturaleza físico-química de los residuos que se quiere confinar: la ener-
gía nuclear es una energía muy concentrada que produce por consiguiente
un volumen de residuos radiactivos relativamente pequeños en compara-
ción con las actividades industriales ordinarias. En Francia, por ejemplo,
representan unos doscientos metros cúbicos anuales —aproximadamente
un kilogramo por habitante y año—.
– La naturaleza estática de los residuos, incapaces de procesos dinámicos
rápidos cuyo control podría fallar.
Se analiza la seguridad de los almacenamientos de residuos mediante méto-
dos muy próximos a los que se utilizan para las centrales. En relación con los
residuos más corrientes, de vida moderada —algunas decenas de años—, existen
hoy en el mundo centros de almacenamiento que han sido sometidos a rigurosos
procesos de autorización y, por tanto, se puede considerar que no producen im-
pacto alguno sobre el ser humano ni sobre el medio ambiente. Para los residuos
de muy larga vida, no existen hoy más que proyectos, y se prosiguen los estu-
dios principalmente en laboratorios especializados para validar las evaluaciones
actuales.
13.7. La garantía de la seguridad
Un control independiente Dada la importancia de las implicaciones políticas,
económicas y financieras de la producción de energía eléctrica y la naturaleza
162 13.7. La garantía de la seguridad
y magnitud de los riesgos, la seguridad necesita una verificación independiente
de la del productor. Esta función de control independiente apareció en Estados
Unidos desde el comienzo del desarrollo nuclear. Todos lo países occidentales
se han dotado a continuación de estructuras reglamentadoras independientes
de los organismos encargados del diseño y construcción de las centrales, bajo
la autoridad —directa o indirecta— del gobierno. Se han establecido de forma
progresiva en función de los programas de realización. De esta manera es como
en Francia, después de un período inicial durante el cual el control quedaba ase-
gurado por una comisión presidida por el Alto Comisariado de Energía Atómica,
dicha comisión se transfirió al Ministerio encargado de la Energía Atómica y,
posteriormente, se creó un Servicio Central ad hoc. Del lado de la urss, las or-
ganizaciones no se han definido tan claramente y, hasta Chernobyl, hay razones
para pensar que los organismos reguladores no disponían ni de la competencia
ni del poder que deberían haber tenido.
El Organismo Internacional de Energía Atómica ha publicado en 1990 unos
principios fundamentales de seguridad para las centrales nucleares, que defi-
nen los objetivos de la Autoridad de Seguridad en materia reglamentadora. El
gobierno establece el marco jurídico de un organismo regulador independiente
que es responsable de la autorización y control reglamentario de las centrales
nucleares y de la aplicación de las reglas pertinentes.
Los recursos del organismo regulador son suficientes para permitirle cumplir
sus funciones sin que las fechas de construcción y la producción de energía se
vean afectadas, salvo cuando esto se justifica por razones de seguridad. El orga-
nismo regulador tiene a su disposición especialistas en una gama suficientemente
amplia de competencias nucleares. Para cumplir correctamente sus funciones, se
crean los poderes reglamentarios necesarios y el libre acceso a las instalaciones
y a toda la información útil que tenga el organismo explotador.
13.7.1. La evaluación de la seguridad
Para asegurarse del nivel de seguridad adecuado de una instalación, conviene
no solamente verificar su adecuación a las reglas, criterios y normas, sino ante
todo estar en condiciones de juzgar la validez técnica de varios elementos:
– El diseño: características de estabilidad intrínseca, márgenes suficientes
en relación con los límites tecnológicos, respuestas correctas a las exigen-
cias dinámicas y a las agresiones, comportamiento controlable en caso de
accidente.
– La realización: conformidad con el diseño y ausencia de defectos.
– La explotación: el factor humano es esencial; puede desempeñar un pa-
pel favorable a la hora de evitar los accidentes, a condición de tener las
informaciones técnicas suficientes.
El ejercicio de esta valoración es la evaluación técnica de seguridad. Estar
en condiciones de evaluar la seguridad de una máquina requiere primero una
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 163
indiscutible competencia técnica. Los analistas deben poseer los conocimientos
científicos y técnicos necesarios o poder reunirlos sin demora, tanto para el
reactor propiamente dicho como en lo que respecta a los campos específicos de
la seguridad.
Los informes de seguridad El explotador está obligado a justificar en detalle
la adecuada seguridad de su instalación mediante informes de seguridad corres-
pondientes a las etapas sucesivas de la vida de dicha instalación:
– Informe preliminar al terminar el proyecto: se trata esencialmente de ob-
jetivos e intenciones principalmente en términos de diseño de las barreras,
cualidades técnicas de los sistemas y análisis de los accidentes que se han
tenido en cuenta.
– Informe provisional antes del arranque, que trata de la manera en que se
han alcanzado los objetivos, de los resultados del control de calidad, de
los programas de pruebas y de la puesta en servicio.
– Informe definitivo después de las pruebas, que da los resultados de es-
tas últimas y trata detalladamente acerca de las condiciones y normas
de explotación: operación normal y accidental, vigilancia e inspección en
servicio, mantenimiento, reparaciones, entrenamiento del personal.
– Informe de reevaluación de seguridad, que tiene que redactarse periódica-
mente durante la vida de la instalación —en principio, cada diez años—;
tiene en cuenta los resultados de la experiencia y justifica la conformidad
de la instalación con las normas de seguridad que rigen la evolución de los
conocimientos.
– Informe de parada definitiva, que define las condiciones en que se manten-
drá la instalación, en un estado seguro, a la espera de su desmantelamiento.
El papel de la investigación Se valida la evaluación de la seguridad mediante
dos fuentes: la experiencia de funcionamiento y la investigación, que se ayudan
y complementan mutuamente. Los principales objetivos de la investigación en
materia de seguridad nuclear pueden resumirse como sigue:
– Verificar los márgenes de seguridad existentes.
– Prever los efectos sobre la seguridad de las evoluciones del diseño y el
envejecimiento de los materiales en las instalaciones antiguas.
– Analizar los fenómenos físicos que se desarrollarían durante las secuencias
accidentales.
– Desarrollar las competencias técnicas y la vigilancia de los equipos de se-
guridad, para que estén en condiciones de tomar rápidamente las medidas
apropiadas en caso de emergencia.
164 13.7. La garantía de la seguridad
– Desarrollar una cooperación internacional en materia de seguridad nuclear
que permita integrar los conocimientos de cada país en un corpus accesible
a todas las personas, que garantice que no se ha dejado de lado nada
importante.
¿Cuándo se puede considerar que se está «suficientemente seguro»? Des-
pués de haber comprobado que la seguridad de una instalación ha tomado co-
rrectamente en cuenta los avances resultantes de la investigación, después de
haber controlado de forma independiente que el explotador responsable ha rea-
lizado correctamente su trabajo y ha evaluado el nivel de seguridad que se
puede, razonablemente, atribuir a la central, hay que preguntarse si este nivel
es o no aceptable, lo que plantea el problema de los correspondientes criterios
de apreciación.
De todos los textos americanos, los primeros que establecieron las normas
y procedimientos de seguridad, especificaban que cada instalación debería re-
cibir una autorización, y que esta autorización se otorgaría si los promotores
demostraban que su explotación no presentaba un riesgo undue o inacceptable.
Este objetivo se ha tratado en forma pragmática. Sin duda, se sabía que un
accidente grave que pusiera en peligro la vida de un gran número de personas
era inaceptable. Después de haber previsto instalar las centrales únicamente en
los desiertos, se ha preferido la solución —más eficaz desde el punto de vista
industrial— del recinto de contención. A medida que se ha ido avanzando en los
conocimientos, se han multiplicado los sistemas de seguridad para llegar a una
situación en la que un accidente grave no sería creíble, plausible o verosímil.
En realidad, sólo se puede hablar de un nivel de riesgo más o menos elevado
y por consiguiente de un umbral de aceptabilidad: por debajo, el riesgo es tan
pequeño que todos pueden considerarlo aceptable. Este es el enfoque actual de
la seguridad nuclear. Tiene dos aspectos principales: los parámetros que contri-
buyen a la definición del riesgo y los valores aceptables de dichos parámetros.
Se parte siempre de la base fundamental de que sólo se puede cuantificar
un peligro, cualquiera que sea, si se considera a la vez la probabilidad que tiene
de producirse y las consecuencias que ocasiona si se produce. A partir de aquí,
el sentido común dicta dos reglas básicas:
– Si el peligro es probable, hace falta que sus consecuencias sean muy pe-
queñas; si se trata de un daño permanente, éste debe ser siempre inferior
a los límites sanitarios u otros.
– Si se trata de un riesgo de accidente con una probabilidad de ocurrencia
que pueda ser más o menos elevada, las consecuencias deben ser tanto
menores cuanto más probable sea el accidente.
Las centrales nucleares se consideran hoy aceptables desde el punto de vista
de la seguridad cuando se puede demostrar: primero, que los daños de todo
tipo —incluidos los radiológicos— están claramente por debajo de los límites
reglamentarios en operación normal o para todo aquel suceso del que se puede
pensar que tiene bastantes probabilidades de producirse durante la vida de la
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 165
central; segundo, en cuanto a los riesgos de accidente, la probabilidad de causar
daños a la población que vive alrededor de la central debe ser suficientemente
pequeña como para que éste no pueda considerarse como un riesgo significativo
para estos habitantes en comparación con aquellos a los que estarían expuestos
si no existiese la central.
13.8. La Escala Internacional de Eventos Nuclea-
res
Para evaluar la gravedad relativa de los sucesos que pueden tener lugar
en las instalaciones nucleares, los diversos países han optado por criterios que
tienen en cuenta los aspectos perjudiciales para las personas, la propiedad y el
medio ambiente. Con objeto de disponer de un sistema de evaluación común,
se ha propuesto la utilización de una Escala Internacional de Eventos Nucleares
(ines), consistente en una clasificación de los eventos según su potencial para
causar daño a las personas y sus bienes, de acuerdo con criterios preestablecidos
como la degradación de la defensa en profundidad y las consecuencias dentro y
fuera del emplazamiento.
La Escala clasifica los eventos nucleares en siete categorías, de menor a
mayor gravedad. Se parte de la simple desviación, considerada fuera de Escala
porque su impacto es insignificante. Las categorías reales de que consta la escala
vienen recogidas en el cuadro (13.1)
13.9. El accidente de Three Mile Island. Leccio-
nes aprendidas
El 28 de marzo de 1979 tuvo lugar un accidente en un reactor de tipo pwr
llamado Three Mile Island cerca de Harrisburg, en Pensilvania. Se liberó una
pequeña cantidad de radiactividad y hubo un número de personas que fueron
evacuadas o que abandonaron el lugar durante un tiempo.
El reactor estaba operando en régimen estacionario a una potencia cercana
a la máxima cuando hubo un fallo en el sistema de alimentación del generador
de vapor. Debido a este fallo, el generador de la turbina se disparó automáti-
camente y se introdujeron las barras de control en el reactor para reducir su
potencia. Hasta ese momento no había ocurrido nada inusual, y había tres bom-
bas de alimentación de reserva que habrían proporcionado el agua necesaria.
Sin embargo, éstas no pudieron hacerlo debido a que, como se supo después,
se había dejado cerrada por error una válvula que conducía al generador de
vapor. Esto sólo se descubrió más tarde y se pudo abrir la válvula al cabo de
ocho minutos, y por ello los generadores de vapor se habían secado totalmente.
La temperatura y la presión del agua del circuito primario se elevaron (hasta
unos 2355 psi), causando la apertura de la válvula de alivio del presionador. En
ese momento, el refrigerante escapó a un tanque llamado quench tank, diseñado
para condensar y refrigerar todos los escapes del sistema reactor. La válvula de
166 13.9. El accidente de Three Mile Island. Lecciones aprendidas
Cuadro 13.1: Categorías de la escala ines.
Categoría Criterios Ejemplo
0. Desviación No tiene consecuencia alguna desde el pun-
to de vista de la seguridad y por ello se
clasifica como «fuera de escala».
1. Anomalía No implica fallos significativos de las ba-
rreras de seguridad, no contamina la insta-
lación ni su entorno ni somete a los traba-
jadores a dosis superiores a las normales
2. Incidente Implica fallos significativos de las barre-
ras de seguridad (aunque conservando su-
ficiente defensa en profundidad), o conta-
minación de la instalación o exposición de
algún trabajador por encima de las dosis
tolerables
3. Incidente grave Implica el deterioro de la defensa en pro-
fundidad sin que fallen todas las barreras
de seguridad, con contaminación impor-
tante de la instalación y muy pequeña del
entorno, exposición significativa de los tra-
bajadores y muy pequeña del público cir-
cundante, o combinaciones de estos efectos
Vandellós i,
1989
4. Accidente sin
riesgo fuera del
emplazamiento
Implica daños importantes a la instalación,
exposición de los trabajadores a dosis que
pueden resultar letales, contaminación del
entorno que no produzca dosis al grupo crí-
tico del orden de los mSv, o combinaciones
de estos efectos
St. Laurent,
1980
4. Accidente con
riesgo fuera del
emplazamiento
Implica daños muy importantes a la ins-
talación, con una liberación al entorno de
radiactividad equivalente a cientos o miles
de terabecquerelios de
131
I, de modo que se
haga necesaria la adopción de medidas de
protección al público, tales como las pre-
vistas en los planes de emergencia
Three Mile
Island, 1979
5. Accidente grave Liberación al entorno de cantidades impor-
tantes de sustancias radiactivas, de modo
que se requiera la adopción de medidas de
protección al público
Kysthym,
1957
7. Accidente muy
grave
Efectos nocivos —tanto para la salud co-
mo para el medio ambiente— sobre am-
plias zonas
Chernobyl,
1986
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 167
alivio del presionador se bloqueó y quedó abierta, hecho del que los operadores
no se dieron cuenta hasta pasadas dos horas. Entonces ya se había liberado una
gran cantidad de refrigerante, llenando el quench tank y causando la rotura del
disco de ruptura del tanque. El agua de refrigeración, que tenía cierta radiacti-
vidad, se derramó por el recinto de contención, llegando al sumidero. Mientras
tanto, la presión dentro del reactor seguía disminuyendo. Al alcanzar los 1600
psi, el sistema de refrigeración de emergencia del núcleo (eccs) actuó como era
de esperar: las bombas de alta presión inyectaron agua de suministro en la vasija
del reactor.
Los operarios, cuando vieron que el presionador aparecía lleno de agua,
condición que le impediría realizar su función, desconectaron el ecss y poste-
riormente detuvieron las bombas principales de refrigeración del reactor. Esta
grave falta de agua causó que el núcleo se calentara y que quedara al descubier-
to. A pesar de que se había eliminado la potencia más importante debida a las
fisiones, quedaba el calor residual debido a las desintegraciones de los produc-
tos de fisión. El flujo de refrigerante a través del núcleo era insuficiente para
enfriar las varillas de combustible y se sufrieron daños importantes. Se liberó
fuera del reactor una cantidad de radiactividad considerable, especialmente de
gases nobles como xenon y krypton, además de yodo. Las bombas del sumide-
ro de contención enviaron automáticamente el agua radiactiva de la contención
a unos tanques situados en un edificio auxiliar anejo. Los tanques rebosaron,
permitiendo el escape de material radiactivo a través de filtros a la atmósfera.
Mientras se intentaba retornar el agua al edificio de contención se produjeron
más fugas. Finalmente, se conectó el sistema de refrigeración del reactor y la
temperatura del núcleo empezó a descender. Existía el riesgo de que las reaccio-
nes metal-agua hubieran producido una burbuja de hidrógeno potencialmente
explosivo, y se actuó durante varios días para eliminarlo.
Inmediatamente después de la liberación de gases radiactivos, se inició la
medida de contaminación atmosférica. Se estima que la mayor dosis individual
fue menor de 100 mrem. Este cálculo se hizo suponiendo exposición continua
en el límite exterior del emplazamiento durante once días. La dosis media a
personas dentro de un radio de cincuenta millas se estimó en 11 mrem.
El accidente de Three Mile Island fue el resultado de una combinación de
deficiencias de diseño, fallos de equipos y errores de operaciones:
– En el área del diseño, no debería haber sido posible que se bombeara agua
radiactiva fuera del edificio de contención sin darlo a conocer a nadie. Tam-
bién debería haber habido instrumentación para permitir a los operadores
el conocimiento completo del estado del sistema termohidráulico.
– El principal fallo de equipamiento fue el bloqueo de la válvula del pre-
sionador. En este incidente los equipos en conjunto funcionaron bastante
bien, pero hay ejemplos de fallos de válvulas, bombas e interruptores que
podrían haberse evitado mejorando el control de calidad durante la fabri-
cación, la inspección y el mantenimiento.
– Los errores de los operadores fueron numerosos; por ejemplo, el cierre de
la válvula en la línea de alimentación, malinterpretando la condición del
presionador y cerrando tanto las bombas de refrigeración de emergencia
como las bombas de refrigeración del reactor.
168 13.10. El accidente de Chernobyl
Posteriormente al accidente, se inició un programa de recuperación para
Three Mile Island: el interior de la vasija del reactor fue examinada con cáma-
ras muy pequeñas unidas al final de largos cables que se insertaban desde arriba.
El daño era mayor de lo que se había pensado inicialmente. Faltaban los cinco
pies de la parte superior del núcleo, que habían caído hacia la parte inferior, y
se encontró combustible fundido solidificado en la parte inferior de la vasija. Se
utilizaron herramientas especiales de manipulación para extraer el combustible
dañado. El combustible fue transferido a una serie de contenedores de seguridad
permanente para almacenamiento y envío. Análisis ulteriores han confirmado
que la vasija, incluso en la parte en contacto con el metal fundido, había conser-
vado su resistencia. La segunda barrera desempeñó pues perfectamente su papel
y demostró que un accidente grave del núcleo puede mantenerse confinado.
Inmediatamente después del accidente, la nrc (Nuclear Regulatory Commis-
sion) exigió que las centrales llevaran a cabo una serie de medidas correctivas en
interés de la mejora de la seguridad en las centrales nucleares. Entre los puntos
del Plan de Acción estaban: el incremento del personal de operación cualificado;
la actualización de la formación y los licenciamientos de los operadores; las revi-
siones del diseño de la sala de control para tener en cuenta los factores humanos;
nuevos detectores e instrumentación para permitir a los operadores conocer el
estado del reactor en todo momento; equipos de detección de hidrógeno; mejo-
ra de la monitorización de las condiciones accidentales, incluida la inadecuada
refrigeración del núcleo; mejora de la comunicación entre la nrc y las centrales;
mejores planes de emergencia.
Anticipándose a la acción de la nrc, la industria nuclear hizo un estudio —
Industry Degraded Core Rulemaking, idcor— con el propósito de proporcionar
bases de datos para la toma de decisiones en accidentes severos. En el estudio
se recogieron y actualizaron los datos existentes de Análisis Probabilistas de
Seguridad (apr), haciendo cálculos de secuencias realistas más que conserva-
dores. El estudio desarrolló el modelo físico, modelos matemáticos y cálculos
computacionales para todos los procesos importantes. Una de las conclusiones
alcanzadas fue que, en caso de accidente, llevaría mucho tiempo que ocurriera
el fallo de la contención, dando tiempo a los operadores para reaccionar.
De entre las tres barreras que aseguran, en caso de accidente, el confina-
miento de los productos radiactivos frente al medio ambiente, la tercera —la
barrera de contención— desempeña un papel de última protección. En el marco
de las lecciones aprendidas con el accidente de Three Mile Island, ha sido refor-
zada mediante la introducción de un sistema de ventilación conectado a un filtro
que permite, en situación accidental grave donde la presión interna se elevaría
en la contención, mantener la integridad global de esta última, limitando las
descargas radiactivas al medio ambiente.
13.10. El accidente de Chernobyl
El 26 de abril de 1986 tuvo lugar un gravísimo accidente en el reactor de
Chernobyl, cerca de Kiev (Ucrania). Se produjo una explosión en el tejado del
edificio que albergaba el reactor, el grafito que actuaba como moderador se
incendió y se liberó a la atmósfera gran cantidad de material radiactivo pro-
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 169
veniente del combustible nuclear dañado. No se conoce con precisión el valor
de la exposición a la radiación de los trabajadores y el público, pero las dosis
fueron superiores a las recibidas en todas las pruebas de armas nucleares an-
teriores. Murió un gran número de trabajadores, se contaminaron las ciudades
cercanas y se estima que la dosis colectiva al público incrementó el riesgo de
cáncer. Se evacuó a una gran población de la ciudad de Pripyat, la agricultura
se vio muy afectada en la Unión Soviética y varios países europeos prohibieron
las importaciones de alimentos.
El reactor Chernobyl-4 es del tipo rmbk, de los cuales hay 18 en la Unión
Soviética. Tiene un núcleo cilíndrico, de siete metros de altura y doce de diáme-
tro, formado por bloques de grafito que sirven de moderador y de estructura.
Estos bloques están agujereados verticalmente para dejar pasar tubos de presión
de 8,8 centímetros de diámetro. Dentro de los tubos se colocan conjuntos de 18
varillas de combustible de óxido de uranio débilmente enriquecido (dos por cien-
to de
235
U) y se circula agua ordinaria para la refrigeración y para generación de
vapor para la turbina. Además, hay otros canales para las 222 barras de control
y parada. Encima del núcleo hay una máquina de carga de combustible para
poder cambiar elementos de combustible individuales durante la operación del
reactor. Debajo del reactor se localiza una piscina de supresión de vapor, que
no está conectada directamente al núcleo.
La secuencia del accidente fue revelada en agosto de 1986 por la Unión So-
viética en una reunión en Viena solicitada por la iaea. Se estaba haciendo un
experimento en relación con el funcionamiento del abastecimiento de electrici-
dad a los equipos del reactor en situaciones de emergencia. Como en todos los
reactores, si se interrumpe el suministro de la red eléctrica, se dispone de gene-
radores Diesel de emergencia. Sin embargo, para cubrir el lapso de tiempo hasta
el arranque de los equipos Diesel, es deseable la existencia de un suministro
auxiliar.
Parece que el experimento se había planeado por una organización indepen-
diente que estaba suministrando algunos equipos eléctricos nuevos. Posiblemente
debido a la falta de familiaridad con la central, se prestó demasiada poca aten-
ción a las medidas de seguridad, incluso aunque se iba a desactivar el sistema de
refrigeración de emergencia del núcleo. Los operadores estuvieron presionados
para acabar el test debido a que el siguiente período de mantenimiento era des-
pués de un año. Además, el administrador local pidió un retraso de ocho horas,
que pudo haber aumentado la impaciencia e inducido una acción temeraria por
parte de los operadores.
El primer paso del test era reducir la potencia de 3200 MW térmicos al
rango de 700–1000 MW térmicos. Para ello, los operadores permitieron que la
potencia descendiera hasta 30 MW térmicos. En este nivel, el flujo neutrónico
era demasiado bajo para quemar el
135
Xe que se producía. El crecimiento de
absorbente hizo muy difícil volver a subir el nivel de potencia. Violando todas
las normas, los operadores extrajeron la mayoría de las barras de control, y aun
así no pudieron subir la potencia por encima de los 200 MW térmicos. En esta
potencia, el reactor tiende a ser inestable.
En ese momento, las bombas de refrigeración estaban funcionando para
un flujo por encima de lo necesario para ese nivel de potencia, y se llevó el
170 13.10. El accidente de Chernobyl
refrigerante casi a la ebullición. Para prevenir disparos del circuito y así permitir
la continuación del experimento, se desconectaron varios sistemas de seguridad.
Posteriormente, cuando el flujo de refrigerante se redujo, se crearon burbujas de
vapor («huecos»). En este punto, el defecto fatal en el diseño del reactor rmbk
hizo el resto.
El reactor de grafito tenía un coeficiente de reactividad por huecos positivo,
en contraste con el coeficiente negativo de los reactores de agua ligera. El reac-
tor podía gestionarse en operación normal sólo mediante un elaborado sistema
de detectores, circuitos y barras de control. La reactividad producida por los
«huecos» del vapor de agua hicieron que la potencia subiera drásticamente has-
ta unos 30 000 MW térmicos, i.e., diez veces la potencia nominal. La potencia
no pudo reducirse con rapidez debido a que demasiadas barras de control esta-
ban demasiado afuera como para tener un efecto. El exceso de energía pulverizó
el combustible y causó la rápida subida de la presión de vapor. La presión se
incrementó y rompió los tubos de refrigerante y la explosión resultante hizo un
agujero en el tejado del edificio del reactor. Se perdió la cámara de nitrógeno-
helio del núcleo y hubo contacto entre aire y agua con el grafito moderador
a alta temperatura. La reacción química con vapor, circonio y grafito produjo
grandes cantidades de hidrógeno y monóxido de carbono, que reaccionaron de
forma explosiva con el aire por encima del núcleo. Aunque había paredes gruesas
de hormigón en los laterales del edificio, el tejado era de construcción industrial
ordinaria. El edificio fue diseñado para dar confinamiento, pero no contención
para varias atmósferas de presión, a diferencia de los reactores de agua ligera
comerciales de los países del occidente de Europa y Norteamérica.
El grafito caliente, normalmente a 750

C, se incendió y continuó quemán-
dose durante varios días. El material en combustión se depositó en el exterior,
originando alrededor de treinta incendios. El intenso calor derritió y vaporizó el
material del núcleo, dando lugar a la liberación de gran cantidad de productos
de fisión a la atmósfera. Una nube radiactiva se dirigió hacia los países escan-
dinavos y los países del Este. La contaminación se observó por primera vez en
Suecia, pero la actividad del aire se incrementó a lo largo y ancho del planeta.
Se arrojaron muchas toneladas de plomo y roca sobre el núcleo desde he-
licópteros para detener la combustión del grafito, y también se tiró carburo de
boro para prevenir la criticidad. Se excavó un túnel por debajo del reactor y se
llenó de hormigón para prevenir la contaminación del agua subterránea.
Del contenido radiactivo del núcleo, se estima que se liberaron: un tres por
ciento de elementos transuránidos, un trece por ciento de
137
Cs, un veinte por
ciento de
131
I y todos los gases nobles. La liberación total fue de unos ochenta
megacurios de actividad. Se han hecho estimaciones de exposición de las perso-
nas en varios lugares. Un total de 203 trabajadores, bomberos y trabajadores de
emergencia fueron hospitalizados a causa de la radiación, de los cuales 31 mu-
rieron. Sus exposiciones oscilan entre los 100 y los 1 500 rem. Miles de personas
fueron evacuadas, muchas de las cuales con carácter definitivo. Un total de 135
000 personas fueron evacuadas en un radio de treinta kilómetros, incluyendo 45
000 en la ciudad de Pripyat. La mayoría de las personas de la zona de evacuación
recibieron dosis por debajo de 25 rem. Usando la dosis estimada total de 1,6
millones de personas-rem, se predeciría un incremento de las muertes por cáncer
13. Seguridad de instalaciones nucleares y radiactivas 171
durante los próximos setenta años de un dos por ciento. La exposición fuera de
la Unión Soviética fue considerablemente menor, siendo sólo varias veces el valor
de la radiación natural de fondo.
En un esfuerzo para prevenir futuras liberaciones de radiactividad, se cons-
truyó una estructura llamada sarcófago alrededor del reactor dañado. Sin em-
bargo, hay evidencia de su deterioro, con la posibilidad de entrada de agua a
través de grietas.
Poco después del accidente se llegó a varias conclusiones:
– La Unión Soviética debería revisar su filosofía y práctica de la seguridad de
reactores, con mayor atención a los factores humanos, además de mejores
sistemas de seguridad.
– Es necesario mejorar la cooperación internacional en materia de acciden-
tes de reactores, incluyendo el intercambio de información y proyectos de
investigación sobre accidentes y sus consecuencias biológicas.
– Aunque los reactores de agua ligera tengan un coeficiente de potencia ne-
gativo, no puedan incendiarse y posean fuertes recintos de contención, la
industria nuclear de Occidente debería reexaminar sus reactores y prácti-
cas de operación a la luz de lo ocurrido en Chernobyl.
Una consecuencia del accidente fue la formación de una serie de proyectos
conjuntos de investigación entre Estados Unidos y la Federación Rusa, centra-
dos en bases de datos, códigos de cálculo y el desarrollo de un plan par la
investigación rusa en seguridad nuclear.
En octubre de 1989, la urss pidió a la iaea la evaluación de los pasos
seguidos para proteger al público en el accidente de Chernobyl. La iaea creó
el Proyecto Internacional Chernobyl, con la participación de más de doscientos
especialistas de numerosas organizaciones, para hacer una serie de visitas de
inspección. El Proyecto encontró que había muchos problemas de salud rela-
cionados con el estrés y la ansiedad debidos a las incertidumbres acerca de la
situación y el futuro.
En el décimo aniversario del accidente se hicieron informes de las consecuen-
cias de Chernobyl. Se confirmó que los efectos psicológicos estaban extendidos
y eran significativos. Se informó de un crecimiento del número de casos de cán-
cer de tiroides en niñas y niños, con la buena noticia de que el tratamiento,
generalmente, tiene éxito y ha habido muy pocas muertes.
Capítulo 14
Gestión de residuos
radiactivos
El tratamiento de los residuos radiactivos tiene por objeto proteger a las
personas y al medio ambiente durante el tiempo necesario hasta que las tasas
de exposición bajen hasta un nivel de inocuidad. En España, es la Empresa
Nacional de Residuos (enresa) la responsable de la gestión de todos los residuos
radiactivos.
Se define un residuo radiactivo como cualquier material o producto de de-
secho para el cual no está previsto ningún uso, que contiene o está contaminado
con radionucleidos en concentraciones o niveles de actividad superiores a los
establecidos por el Ministerio de Economía, previo informe del Consejo de Se-
guridad Nuclear.
La radiotoxicidad asociada a un radionucleido es función de varios paráme-
tros, como su constante de desintegración, la energía y naturaleza de la radiación
emitida y el tiempo de exposición que puede afectar a los tejidos biológicos. En
consecuencia, las tecnologías para la correcta gestión de los residuos radiactivos
deben centrar su atención en el control de dichos parámetros.
Cuanto mayor es la constante de desintegración, más átomos se desinte-
grarán por unidad de tiempo y más intenso será el campo de radiación de un
residuo que contenga dicho radionucleido; pero, obviamente, menor será la du-
ración de su efecto nocivo y antes alcanzará su nivel de inocuidad. Por lo tanto,
la manipulación de la constante de desintegración, que siempre va a implicar la
transmutación del radionucleido en cuestión, es una de las vías más prometedo-
ras para transformar radionucleidos de vida larga en otros de vida más corta.
La energía de la radiación, característica de cada uno de los nucleidos, no es
fácilmente manipulable. El único procedimiento de gestión, para aquellos casos
en los que sea posible, sería la dispersión y la dilución del contaminante, para
así conseguir que la cantidad de energía que penetre, en su caso, en el tejido sea
lo menor posible y en todo caso tolerable.
En cuanto al tipo de la radiación, los componentes radiactivos de los residuos
pueden emitir partículas α, β, rayos γ y en algunos casos neutrones, con períodos
174 14.1. Origen de los residuos radiactivos
de semidesintegración de interés para el almacenamiento y gestión que oscilan
entre varios días y miles de años. Las partículas α son muy poco penetrantes y las
β lo son un poco más; en ambos casos, para que su radiotoxicidad se manifieste
deben encontrarse o bien en el interior de los tejidos o en sus proximidades.
Los procedimientos de gestión de los residuos que emiten estas partículas pasa
por la incorporación de los radionucleidos en una matriz sólida, de tal forma
que no sean desprendibles. La radiación γ es bastante más penetrante y puede
interactuar con los tejidos humanos cuando el nucleido se encuentra lejos de los
mismos; por ello, en este caso, el procedimiento de gestión a utilizar es, junto
con la solidificación, el blindaje.
El tiempo de exposición del tejido humano a la radiación se traduce en la
acumulación de la dosis recibida, con la consiguiente probabilidad de aparición
de efectos biológicos nocivos; por lo tanto, conviene que ese tiempo sea lo más
corto posible. En el caso de los residuos, una vez solidificados será entonces
necesario aislarlos durante el mayor tiempo posible del medio ambiente.
14.1. Origen de los residuos radiactivos
Los residuos se generan fundamentalmente en la operación de las centrales
nucleares convencionales y en su ciclo de combustible, en aplicaciones médicas
y de investigación en diversas instituciones, en aplicaciones industriales como
la radiografía industrial, como productos intermedios en actividades militares
o en la clausura de instalaciones nucleares y radiactivas, además de otras. Se
destacan, así, las siguientes fuentes de residuos:
– Producción de energía eléctrica de origen nuclear. Se incluyen los residuos
generados en todas las etapas que atraviesa el combustible nuclear hasta
ser usado en los reactores nucleares, los residuos de funcionamiento de las
centrales y los residuos generados en la gestión del combustible gastado.
– Clausura de instalaciones nucleares y radiactivas. De todas las activida-
des que producen residuos radiactivos, las que originan una mayor canti-
dad de residuos —tanto en lo que se refiere a volumen como a actividad
específica— son las relacionadas con la generación de energía eléctrica.
14.2. Clasificación de los residuos radiactivos
Existe una amplia variedad de residuos radiactivos. Históricamente, se han
realizado diversas clasificaciones atendiendo a diferentes características de los
mismos. Así, en un principio se dividieron atendiendo a su estado físico, ha-
ciéndolo posteriormente en función de su radiactividad específica y del tipo de
radiación que emitían (α, β o γ).
Actualmente, la clasificación más utilizada es la que se refiere al tipo de
tratamiento y almacenamiento que puede utilizarse para los diferentes tipos de
14. Gestión de residuos radiactivos 175
residuos. Esta clasificación considera, fundamentalmente, el período de semi-
desintegración que tienen los diferentes radionucleidos contenidos, así como la
actividad específica de los mismos. En función de estas características, en Es-
paña los residuos se clasifican actualmente como: de baja, de media y de alta
actividad.
Los residuos de baja y media actividad (rbma) son los que contienen emi-
sores β o γ con períodos de semidesintegración inferiores a treinta años; no son
generadores de calor por efecto de desintegración, ya que su radiactividad espe-
cífica es baja; su concentración en emisores α —de larga vida— es inferior a 0,01
Ci por tonelada (0,37 Gbq/t). Estos residuos, transcurridos 300 años, reducirán
su actividad hasta tal punto que, desde ese momento, las dosis derivadas de las
mismas son inferiores a las correspondientes al fondo natural, ya que se partía
de valores iniciales bajos.
Los residuos radiactivos de alta actividad (raa) son los que contienen emi-
sores α de vida larga, con período de semidesintegración superior a treinta años,
en concentraciones apreciables por encima de 0,01 Ci por tonelada. Son gene-
radores de calor por efecto de la desintegración radiactiva, ya que su activi-
dad específica es elevada. Estos residuos contienen los productos de fisión y los
elementos transuránidos generados durante el quemado del combustible en el
reactor, así como el uranio no consumido —considerando el caso más general de
no reelaboración del combustible gastado—.
14.3. La generación de residuos radiactivos en el
ciclo del combustible nuclear
La mena de uranio contiene muy poca cantidad del elemento uranio, en-
torno a un 0,1 por ciento en peso. Este mineral se somete a un tratamiento
mecánico y químico en una fábrica de concentrado y se transforma en un óxido
de uranio: U
3
O
8
; en inglés se le llama yellowcake por su característico aspecto
de pasta amarilla. En este proceso se genera una gran cantidad de residuos que
contienen fundamentalmente
22
Ra —con un período de semidesintegración de
1522 años—,
222
Rn —3,82 días— e isótopos del polonio, todos ellos provenientes
de la desintegración del uranio. Estos residuos se apilan cerca de la fábrica de
concentrado, siguiendo un tratamiento diferente al del resto de los residuos ra-
diactivos, que consiste en una cubierta con distintas capas de tierra para reducir
la liberación de gas radón y así prevenir una excesiva contaminación del aire.
El proceso que sigue es la conversión del óxido de uranio, U
3
O
8
a hexa-
fluoruro de uranio, UF
6
, para su posterior separación isotópica en una planta
de enriquecimiento en la que se produce uranio enriquecido en el isótopo
235
U
(enriquecimiento de entre el tres y el cuatro por ciento) a partir del de un uranio
de partida (0,7 por ciento de
235
U, composición del uranio natural). Debido a
que el período de semidesintegración del
235
U es menor que la del
238
U, el uranio
enriquecido es más radiactivo que el uranio natural. Este proceso de enriqueci-
miento genera grandes cantidades de uranio empobrecido, con una composición
en torno al 0,3 por ciento de
235
U. Este uranio empobrecido se almacena para su
176 14.3. La generación de residuos radiactivos
posible uso en algunos diseños de reactores rápidos reproductores o en reactores
de transmutación.
A continuación del enriquecimiento se procede a la fabricación del combusti-
ble, previa conversión del hexafluoruro de uranio a óxido de uranio (ahora UO
2
).
En este proceso se generan gran cantidad de residuos, a pesar de las labores de
reciclaje.
En la central nuclear, la operación de los reactores nucleares genera residuos
líquidos y sólidos, que provienen de dos fuentes:
– Activación neutrónica de metales —isótopos de hierro, cobalto o níquel—.
– Productos de fisión que escapan del interior de las varillas de combustible
por grietas, o generados por la fisión de residuos de uranio depositados en
la superficie de las varillas de combustible durante su fabricación.
El combustible gastado es, con mucho, el residuo radiactivo más importante
que se genera en el ciclo del combustible. Después de su irradiación neutrónica
en el reactor nuclear, el combustible gastado se compone de productos de fisión,
transuránidos —entre los que destaca el plutonio— y uranio —con una concen-
tración en
235
U similar a la del uranio natural—, y tiene una altísima actividad.
La composición detalla del combustible gastado depende del quemado; a títu-
lo de ejemplo, pueden darse algunos números: en un elemento de combustible
después de la irradiación en el reactor para un quemado de 33 MW día por
tonelada —que equivale a tres años de operación en un flujo de neutrones tér-
micos de 3 · 10
13
neutrones por centímetro cuadrado y segundo en promedio—,
el contenido de material fisible sólo disminuye de un 3,3 por ciento a un 1,43
por ciento, debido a la generación de isótopos fisibles del plutonio, en especial
239
Pu, y el contenido en
238
U sólo disminuye muy ligeramente.
La gestión del combustible gastado implica un delicado manejo mecánico
para evitar el daño de los elementos combustibles y para minimizar la exposi-
ción del personal a la radiación. Al final de un período típico de operación de un
año para un pwr, se desmonta la tapa de la vasija del reactor. Todo el espacio
hasta arriba de la vasija se llena de agua borada para permitir la extracción de
los elementos combustibles estando sumergidos. Los niveles de radiación en la
superficie de un elemento combustible sin blindaje son de millones de rem por
hora. Mediante el uso de grúas móviles, los elementos de combustible individua-
les —que pesan en torno a 600 kilogramos— se extraen del núcleo del reactor
y son transferidos a una piscina de agua en un edificio contiguo —en algunos
diseños esta piscina está en el mismo recinto del edificio de contención—, en la
que se disponen en rejillas o racks. Se extrae en torno a un tercio del núcleo;
el resto del combustible se reubica para obtener la distribución de la potencia
deseada en el siguiente ciclo, y los huecos se llenan con elementos de combusti-
ble fresco. Los cuarenta pies de altura de agua sirven de blindaje y refrigerante
para eliminar el calor residual debido a los productos de fisión. Como ejemplo,
la potencia residual de todo el combustible de un reactor de 3 000 MW térmicos
después de tres meses de la parada es de 8,26 MW, lo que equivale —suponiendo
partículas liberadas de 1 MeV— a 1,4 billones de curios (5,2· 10
19
Bq). Para ase-
gurar la integridad del combustible, se controla la pureza del agua en la piscina
14. Gestión de residuos radiactivos 177
mediante filtros y desmineralizadores, y la temperatura se mantiene mediante
intercambiadores de calor.
La estructura de almacenamiento consiste en unos racks de acero inoxida-
ble que se disponen en posición vertical y soportan y mantienen la separación
entre los elementos combustibles para prevenir la criticidad, ya que el factor de
multiplicación k de un elemento es bastante cercano a uno. En el momento en
que se diseñaron la mayoría de las centrales nucleares españolas, se esperaba
que el combustible permaneciera durante un tiempo de enfriamiento del orden
de meses, después de lo cual los elementos se enviarían a un almacenamiento
definitivo. Por tanto, la capacidad era de alrededor de dos núcleos completos,
con la posibilidad de tener que vaciar todo el combustible del reactor para efec-
tuar reparaciones Más adelante, se ha ido retrasando la decisión —todavía no
tomada a día de hoy— de almacenamiento definitivo del combustible gastado,
y éste ha tenido que ser almacenado en las piscinas de combustible durante
un tiempo mucho mayor. La primera acción que se tomó para solucionar el
problema del almacenamiento prolongado fue aumentar la capacidad de las pis-
cinas combustibles mediante la reubicación de los racks, reduciendo el espacio
entre los elementos combustibles y añadiendo materiales absorbentes de neu-
trones para inhibir la multiplicación neutrónica. Otras alternativas llevadas a
cabo en España y en otros países han sido las siguientes: envío del combusti-
ble gastado a piscinas de centrales nucleares más nuevas con espacio libre para
su almacenamiento; construcción de piscinas suplementarias en la central o en
una instalación centralizada al efecto; consolidación de las varillas mediante su
compactación dentro de un contenedor, permitiendo una reducción de volumen
del orden de dos; almacenamiento de grupos de elementos combustibles secos en
grandes contenedores sellados para evitar la entrada de agua, o la variante de al-
macenar todos lo elementos intactos en una cámara. La opción más favorable es
el almacenamiento en seco, y la solución ideal sería utilizar el mismo contenedor
para almacenamiento temporal, transporte y almacenamiento definitivo.
La cantidad de material combustible gastado a gestionar como residuo
anualmente es relativamente pequeña. Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos
—con cien reactores nucleares— el volumen de combustible gastado generado
en un año llenaría un campo de fútbol con una profundidad de menos de diez
pulgadas.
Para el tratamiento del combustible gastado se tienen dos vías, según se
trate de ciclo abierto o ciclo cerrado de combustible. En el ciclo abierto, que es
la opción de España, después de un almacenamiento temporal el combustible
gastado se lleva al almacenamiento definitivo. El ciclo cerrado, por el contrario,
contempla el reprocesamiento del combustible gastado, proceso en el que se
generan residuos adicionales.
Durante el reprocesamiento se obtienen los siguientes productos:
– Uranio, que por separación isotópica en una planta de enriquecimiento
da de nuevo uranio enriquecido y uranio empobrecido. Este último se
almacena para su uso futuro en reactores rápidos reproductores o sistemas
transmutadores.
– Plutonio, que, mezclado con uranio, ambos en forma de óxidos, puede usar-
se como combustible de óxidos mixtos o mox (Mixed Oxide) en reactores
178 14.3. La generación de residuos radiactivos
adaptados para ello. En las fábricas de combustible mox hace falta una
protección más exhaustiva a los trabajadores debido al riesgo de exposición
al plutonio.
– El resto son productos de fisión y actínidos, que son residuos de alta ac-
tividad, excepto en el caso de algunos nucleidos que, por su interés, se
extraen previamente al vitrificado final.
En cuanto a los residuos generados durante el reprocesamiento tenemos ga-
ses y neptunio. Los gases se generan sobre todo durante el troceado y disolución
en ácido nítrico. Los más importantes son:
– Iodinio-131 —período de semidesintegración de 8,04 días— que se reduce
mucho con el almacenamiento temporal.
– Krypton-85 —período de 10,73 años—, gas noble que causa problemas
porque se resiste a combinarse químicamente para su almacenamiento.
Hay dos posibilidades para su gestión: dilución mediante chimeneas altas
y eliminación a la atmósfera, o bien absorción en un medio poroso como
charcoal a temperaturas muy bajas.
– Tritio —período de 12,32 años—, procedente de fisiones ternarias y de
baja peligrosidad pero muy difícil de aislar porque el agua que lo contiene
se comporta como agua ordinaria.
La cantidad de neptunio —período de 2,355 días— generada durante el
reprocesamiento depende mucho del tiempo de enfriamiento del combustible o
tiempo transcurrido desde la parada del reactor; después de un mes la cantidad
es casi despreciable.
Ventajas del reprocesamiento desde el punto de vista de la gestión de resi-
duos radiactivos Las ventajas más importantes son las siguientes:
– Posible irradiación y transmutación de los transuránidos de larga vida
distintos al plutonio en sistemas transmutadores asistidos por acelerador
(ads) o sistemas similares, con la consiguiente obtención de energía, de
algún isótopo de utilidad y menor volumen, de residuos de alta actividad
mediante la transmutación a isótopos estables o de vida más corta.
– Algunos productos de fisión sí se separan, como el
85
Kr, el
90
Sr y el
137
Cs,
que tienen utilidad en aplicaciones industriales o en la irradiación de ali-
mentos.
– La separación de radionucleidos de vida intermedia permite acercar los
contenedores de residuos de alta actividad en el almacenamiento definitivo
por su menor potencia calorífica.
– Permite la obtención de elementos rare de valor nacional económico y es-
tratégico, que habitualmente se importan de otros países —rodio, paladio
y rutenio— y que se pueden obtener así de los productos de fisión.
14. Gestión de residuos radiactivos 179
– Disminuye el volumen de residuos de alta actividad, por la extracción del
uranio.
– El uranio extraído, si no se recicla, se puede utilizar en futuros blancos
(blankets) de reactores reproductores y también en reactores transmuta-
dores.
En relación con la proliferación internacional de armas nucleares, el plutonio
obtenido de la operación de centrales nucleares mediante reprocesamiento puede
emplearse como material para la fabricación de armas nucleares, pero se ha
reconocido inútil para este uso debido a su alto contenido en
240
Pu, que emite
neutrones de fisión espontánea.
14.4. El transporte de los residuos radiactivos
El transporte de las sustancias radiactivas se realiza de acuerdo con las re-
comendaciones establecidas por el Organismo Internacional de Energía Atómica
(iaea), que son recogidas por la Organización de Naciones Unidas y posterior-
mente —a través de los correspondientes órganos legislativos— convertidas en
reglamentaciones de ámbito nacional y internacional. En el caso europeo, la
restricción vigente es el Acuerdo Europeo para el Transporte de Mercancías
Peligrosas por Carretera.
La citada normativa contempla, entre otros aspectos, los ensayos a los que
deben ser sometidos los bultos —resistencia a la caída, al calor, estanqueidad,
etc.—, los controles radiológicos a realizar sobre el material, el etiquetado de
la carga para su expedición, etcétera. También regula la formación de los con-
ductores, el equipamiento de los vehículos, la documentación preceptiva que
acompañará al transporte y las medidas de seguridad que deberán ponerse en
marcha en caso de accidente.
El objetivo del Reglamento de Transporte es proteger contra la dispersión
del material radiactivo y su posible asimilación por parte de personas que estén
en las inmediaciones durante el transporte normal o en caso de accidente y
contra el riesgo que suponen las radiaciones que emite el bulto.
Estos objetivos se logran tomando las siguientes medidas:
– Asegurando que la contención del material radiactivo sea adecuada para
evitar su dispersión y asimilación por parte de personas que estén en las
inmediaciones durante el transporte normal o en caso de accidente. Se
toman en cuenta tanto el diseño como la actividad y la naturaleza de su
contenido.
– Controlando el nivel de la radiación externa y proporcionando señales de
advertencia sobre el contenido del bulto. Se toman en consideración, en
este caso, el nivel máximo de radiación en la superficie externa del bulto,
el marcado y el etiquetado de dichos bultos, y los requisitos para su estiba
durante el transporte.
180 14.5. Gestión de los residuos de media y baja actividad
14.5. Gestión de los residuos de media y baja ac-
tividad
La estrategia seguida para la gestión de los residuos radiactivos de baja
y media actividad es su almacenamiento definitivo. Las tecnologías se basan
en evitar la presencia de radionucleidos de período medio y largo (mayores
de treinta años) y en crear barreras de ingeniería para su confinamiento, que
deberán permanecer estables durante unos trescientos años, tiempo que tardará
la radiactividad de los residuos almacenados en alcanzar los niveles de fondo
natural.
14.5.1. Situación internacional del almacenamiento de resi-
duos de baja y media actividad
Después de las reuniones de la «Convención de Londres» (1983) para la
prevención de la contaminación de los mares, la opción del vertido marino quedó
en moratoria hasta que en 1993 se prohibió definitivamente este sistema de
evacuación de residuos radiactivos. España, desde su adhesión a la Convención
de Londres, se ha mostrado contraria al vertido de residuos al océano.
En la actualidad, se contemplan dos opciones para este tipo de residuos.
Almacenamiento subterráneo Este método consiste en aprovechar minas o
galerías subterráneas artificiales, previamente acondicionadas. Cuando el alma-
cenamiento esté lleno, los túneles de entrada serán sellados con bentonita. Cuan-
do todo el almacenamiento se haya sellado, los túneles de transporte se sellarán
también hasta la superficie, para evitar la posibilidad de acceso futuro. Una vez
hecho esto, el almacenamiento no necesitará ninguna vigilancia posterior. Algu-
nos países como Suecia, Alemania y Finlandia han optado por esta modalidad
de almacenamiento.
Almacenamiento superficial con barreras de ingeniería El tipo de almacena-
miento terrestre superficial con barreras de ingeniería proporciona tres acciones
en serie que separan los radionucleidos contenidos en los residuos de la biosfera:
– El bidón de confinamiento donde están situados los residuos, que han sido
previamente inmovilizados y que verifican unos criterios de aceptación
para su almacenamiento.
– Las barreras u obras de ingeniería.
– El propio terreno, que retarda la migración de los radionucleidos que es-
capan de las barreras anteriores.
En la vida de un almacenamiento de este tipo existen dos fases:
14. Gestión de residuos radiactivos 181
– La fase de explotación del centro, durante la cual se almacenan los residuos.
– La fase de vigilancia, que dura mientras los residuos almacenados pueden
presentar riesgo radiológico. Una vez concluida esta última, el emplaza-
miento puede ser empleado sin restricciones de orden radiológico para
cualquier uso.
El fin primordial de las barreras de ingeniería es impedir que el agua, su-
perficial o subterránea, entre en contacto con los bidones, por lo que las carac-
terísticas esenciales del almacenamiento deben ser:
– Estar situado por encima del nivel más alto que puedan alcanzar las aguas
subterráneas (nivel freático).
– Estar protegido de las aguas superficiales (lluvia, etc.) por una cobertura
impermeable.
– Disponer de sistemas colectores y de control radiológico donde se detecten
y, eventualmente, se traten las posibles aguas de infiltración.
En el caso de una situación accidental en que haya degradación de las ba-
rreras durante las fases de explotación y vigilancia, se propone el objetivo de
seguridad de un impacto radiológico inferior al fondo natural y, por supuesto,
inferior a los límites de dosis impuestos por los reglamentos para una situación
normal.
Esta modalidad de almacenamiento ha sido adoptada por diversos países
como España, Francia y Japón.
14.5.2. Situación en España del almacenamiento de residuos
de media y baja actividad
La gestión y almacenamiento de los residuos, que en España se realiza en
las instalaciones de enresa en El Cabril (Córdoba), se compone de varias fases,
desde la retirada de los residuos hasta su almacenamiento definitivo.
Acondicionamiento, transporte, caracterización y aceptación de los residuos
El tratamiento y acondicionamiento previo de los residuos de baja y media
actividad, excepto en el caso de los pequeños productores, es responsabilidad
del propio productor, el cual debe generar unos bultos que satisfagan los cri-
terios de aceptación definidos por enresa para su posterior acondicionamiento
y almacenamiento definitivos en El Cabril. Para los pequeños productores, en
las instalaciones de El Cabril se lleva también a cabo la fase de tratamiento y
acondicionamiento de los residuos.
El transporte de los residuos lo realiza enresa, como explotador responsa-
ble, bien con medios propios —en el caso de la retirada de los residuos generados
182 14.5. Gestión de los residuos de media y baja actividad
por pequeños productores— o bien a través de compañías especializadas, en el
caso los residuos acondicionados.
En los contratos firmados por enresa y los productores de residuos, se han
recogido los criterios y especificaciones técnicas a considerar en relación con la
caracterización y aceptación de residuos para su posterior almacenamiento en
El Cabril.
Una pieza clave en todo el proceso de comprobación de la calidad de los
residuos es el Laboratorio de Verificación de la Calidad de los Residuos de Ba-
ja y Media Actividad, para la realización de los ensayos correspondientes —
destructivos, de comprobación, caracterización, etc.—. Dicho laboratorio forma
parte de las instalaciones de El Cabril, junto con la Planta de Acondicionamien-
to, Estructuras de Alojamiento y otros Servicios.
Almacenamiento de residuos de baja y media actividad en El Cabril Para
asegurar el almacenamiento de los residuos de baja y media actividad producidos
en nuestro país, enresa dispone actualmente del centro de El Cabril, cuyas obra
de ampliación culminaron en 1992 y que cuenta con una capacidad para unos
45 000 metros cúbicos de residuos acondicionados, suficiente para almacenar los
residuos generados en nuestro país hasta la segunda década del siglo xxi.
El Cabril incorpora las tecnologías más modernas en este tipo de instalacio-
nes. Técnicamente, la instalación está basada en un sistema de almacenamiento
superficial, con barreras de ingeniería interpuestas, similar al modelo francés.
Este sistema garantiza el cumplimiento de los objetivos y criterios de seguridad
requeridos, de modo que no exista impacto radiológico significativo alguno du-
rante el tiempo necesario hasta que la actividad de los residuos decaiga a valores
inocuos.
La instalación está integrada, básicamente, por los edificios y estructuras
siguientes:
– Edificio de Acondicionamiento de Residuos de Baja y Media Actividad,
donde están ubicados los sistemas de tratamiento y acondicionamiento
necesarios —compactación, incineración, fabricación de conglomerante hi-
dráulico, etc.— destinados a los residuos líquidos y sólidos procedentes
de al aplicación de radioisótopos en la medicina, industria, agricultura e
investigación; a los residuos sólidos procedentes del ciemat, Juzbado y
centrales nucleares, así como a los residuos generados en la propia insta-
lación como consecuencia de su funcionamiento.
– Estructuras de Almacenamiento de los Residuos de Baja y Media Actividad
debidamente acondicionados, procedentes de las instalaciones nucleares y
radiactivas españolas, formadas por celdas alineadas en dos explanadas y
en doble fila.
– Laboratorio de Verificación de la Calidad, destinado al desarrollo de los
procesos de caracterización, ensayos de verificación y control de las ca-
racterísticas de los bultos radiactivos que se reciban o acondicionen en la
14. Gestión de residuos radiactivos 183
instalación y al desarrollo de actividades de investigación destinadas a me-
jorar los procesos de acondicionamiento y caracterización de los residuos
de baja y media actividad.
– Edificio de Servicios y Control, encargado de la seguridad industrial, la
recepción, los servicios técnicos, servicios generales, mantenimiento, fabri-
cación de contenedores de hormigón y administración.
El almacenamiento de El Cabril ha sido diseñado para no producir impacto
radiológico alguno en el medio ambiente, ni durante su operación ni en el futuro.
Para garantizar que esto se cumple, se lleva a cabo un Programa de Vigilancia
Radiológica Ambiental, consistente en la toma periódica de muestras y medidas
de radiactividad en el aire, las aguas, las plantas y otros seres vivos del entorno,
debiéndose mantener los valores medidos por debajo de los indicados por la
reglamentación vigente.
Periódicamente se envían los informes al Consejo de Seguridad Nuclear,
los Ministerios correspondientes, la Junta de Andalucía, la Consejería de Me-
dio Ambiente y los Ayuntamientos próximos a la instalación, que recogen los
resultados que se obtienen de la aplicación de estos programas de vigilancia.
Además, el compromiso medioambiental aborda tareas tales como el cuidado
del entorno, la minimización de la generación de residuos, la optimización de
recursos hídricos y la mejora de los procesos. Estas actuaciones llevaron a El
Cabril, en agosto de 1997, a obtener de aenor la certificación en la Norma
ISO 14001 —Sistema de Gestión Medioambiental —, siendo una de las primeras
instalaciones industriales en lograrlo.
14.6. Gestión de residuos de alta actividad. El
combustible gastado
A lo largo del denominado ciclo del combustible nuclear, aparecen todos los
residuos radiactivos que tienen su origen en la producción de energía nucleoe-
léctrica. El combustible gastado para el ciclo abierto y los residuos de reproce-
samiento para el caso de ciclo cerrado son los residuos de alta actividad que se
generan.
En el combustible (UO
2
) aparecen productos de fisión —como el
90
Sr y
el
137
Cs— , fundamentalmente emisores β y γ, y elementos transuránidos —
plutonio y los minoritarios neptunio, americio y curio—, emisores α principal-
mente. En la vaina y en los materiales estructurales aparecen los denominados
productos de activación —como el
60
Co y el
63
Ni—, generados por reacciones de
captura neutrónica por parte de algunos elementos constituyentes de los mismos,
dando lugar a isótopos radiactivos.
En cuanto a la gestión del combustible gastado, el camino seguido es depo-
sitarlo en una piscina de la central, una vez que se retira del reactor, con el fin de
que pierda calor y decaiga su actividad radiológica. Tras una primera etapa de
184 14.6. Gestión de residuos de alta actividad. El combustible gastado
una duración de tres a cinco años, el combustible, si no es reprocesamiento, pasa
a una segunda fase denominada almacenamiento temporal, la cual se prolongará
durante el tiempo necesario hasta su tratamiento definitivo.
Se han desarrollado y están industrialmente operativos dos tipos de alma-
cenes temporales: en húmedo, en piscinas como las que existen en todas las
centrales nucleares; y en seco, en contenedores metálicos o de hormigón. En
ambos cases se puede construir un almacén centralizado para el conjunto del
país.
Para el tratamiento definitivo del combustible gastado o los residuos de
alta actividad, en este momento, se plantean dos alternativas: el almacena-
miento geológico profundo (agp), técnicamente resuelto —ya existe uno en
funcionamiento—; y la separación y la transmutación, sistema aún en vía de
desarrollo tecnológico.
1
La tecnología del agp se basa en la creación de barreras en torno a los resi-
duos, pero dados los largos períodos de semidesintegración de estos materiales,
las barreras de ingeniería son reforzadas con barreras geológicas. La tecnología
de la separación y transmutación tiene por finalidad lograr radionucleidos de
menor radiotoxicidad que los de partida. Se está estudiando a la transmutación
de los llamados actínidos menores, presentes en los residuos de alta actividad del
reprocesamiento. Pero, para ello, es necesario aislar previamente los menciona-
dos actínidos y prepararlos para su irradiación en un reactor o en un acelerador.
Es una formidable tarea, a la que apuntan muchas de las investigaciones actua-
les, y que se conoce habitualmente como reprocesamiento avanzado.
El reprocesamiento del combustible se lleva a cabo troceando las varillas
e introduciéndolas en una disolución de ácido nítrico concentrado, en la que
se disuelven las pastillas del combustible. Seguidamente, mediante disolventes
selectivos se extrae el uranio y el plutonio que contienen, quedando como residuo
radiactivo un líquido que contiene los productos de fisión y activación, así como
los transuránidos menores. También aparecen como residuos los restos de las
1
Ciertamente, considerar que el almacenamiento geológico profundo está «técnicamente
resuelto» es mucho decir. En España, sin ir más lejos, algunas de las zonas graníticas —el
granito es la principal propuesta de cara al agp— más importantes (en Galicia, por ejemplo),
están asocidas a una presencia significativa de sismicidad. El granito, además, es una roca
plutónica, que tiene su origen en la actividad volcánica; ahora bien, como es sabido, el vulca-
nismo se presenta mayoritariamente en zonas de unión entre unas placas y otras. ¿Cómo se
puede afirmar rotundamente que durante decenas o centenares de miles de años, tales forma-
ciones rocosas van a seguir siendo «estables». Pero hay más. El agp supone, una vez sellado
el confimaniento geológico, un absoluto desentendimiento de los residuos, no sólo tecnológico,
sino también jurídico y ético. ¿Cómo puede la industria nuclear hablar entonces de Desarrollo
Sostenible, cuando el núcleo central de este concepto radica en legar a las generaciones futuras
un entorno que no comprometa en lo más mínimo su capacidad de supervivencia y desarrollo?
La propuesta de almacenamiento superficial de los residuos que hoy en día tenemos parece, en
principio, mucho más sensata: al menos así se puede detectar qué ocurre en los alrededores del
confinamiento, analizar las aguas subterráneas de los acuíferos situados bajo el mismo, etc.
Más aún, esa propuesta permite pasar de una «lógica de certezas» («el agp es seguro y no va a
pasar nada») a una «ética de la interrogación» («desconocemos mucho acerca de la naturaleza
de la materia, de su evolución a largo plazo, de los ecosistemas y de las formaciones geológicas,
y en este contexto es necesaria una permanente revisión de nuestras certidumbres a la luz de la
experiencia»). Pero sobre todo, la presencia de residuos en la superficie permite establecer un
vínculo entre la energía que consumimos y las consecuencias que tiene su producción, vínculo
que, obviamente, la industria nuclear intenta borrar de manera sistemática.—Nota de M.M.
14. Gestión de residuos radiactivos 185
vainas de combustible que están contaminadas por el contacto con las pastillas
del combustible y por radionucleidos de activación. Los residuos de alta actividad
contenidos en el líquido se incorporan a una matriz sólida de sílice borada que es
confinada en un contenedor metálico. Los restos de vaina resultantes del troceado
son prensados y depositados en contenedores metálicos como los usados para los
vidrios.
En los últimos años, se está analizando un nuevo tipo de gestión que, basada
inicialmente en el reprocesamiento, añadiría la posible separación de actínidos
minoritarios y algunos productos de fisión (reprocesamiento avanzado), y su
transmutación o incineración.
Si se demostrara la viabilidad científica y tecnológica del reprocesamiento
avanzado y la transmutación de los radionucleidos de vida larga, se podría dis-
minuir la actividad radiotóxica de los residuos de alta actividad. Sin embargo,
dados los rendimientos posibles de estos procesos, no se podrán eliminar total-
mente estos residuos y el almacenamiento definitivo aparecerá siempre como un
factor común en cualquiera de las opciones adoptadas.
14.6.1. Necesidad del almacenamiento definitivo de los Re-
cursos de Alta Actividad
La necesidad de una gestión definitiva de los raa se fundamenta en que,
con independencia de la opción que se aplique al combustible gastado, siempre
existirá un volumen de raa y residuos de media actividad y larga vida a los que
habrá que dar una solución definitiva.
Al igual que para otro tipo de residuos, existen básicamente tres opciones
de gestión: dilución y dispersión, almacenamiento y vigilancia, almacenamiento
definitivo por contención y aislamiento. En cuanto a la eliminación de residuos
por transmutación nuclear, su eficacia, como ya se ha señalado, no sería suficiente
para eliminar todos los residuos radiactivos de larga vida y no evitaría, por tanto,
la necesidad de una estrategia de aislamiento a largo plazo.
La dilución y dispersión de los residuos en el aire y agua de la biosfera
se aborda actualmente con gran precaución y no es aceptada excepto para pe-
queñas emisiones, sometidas a un estricto control regulador. La aparición del
calentamiento global como posible consecuencia de la dispersión atmosférica del
CO
2
es un ejemplo de los riesgos inesperados que pueden generarse.
La estrategia de almacenamiento y vigilancia requiere controles institucio-
nales activos para garantizar la seguridad y evitar la intrusión humana inadver-
tida. Supone pasar la responsabilidad de las acciones reales a las generaciones
futuras y necesita, por tanto, de la estabilidad de las sociedades del futuro y su
continuada capacidad para aplicar las medidas necesarias de seguridad e insti-
tucionales. Una deficiencia significativa de esta estrategia es, en consecuencia,
su vulnerabilidad frente a cambios en la sociedad que no son predecibles ni
controlables en el medio y largo plazo.
La estrategia de almacenamiento definitivo consiste en aislar los residuos
de la biosfera durante períodos de tiempo muy prolongados, asegurar que las
186 14.6. Gestión de residuos de alta actividad. El combustible gastado
sustancias radiactivas residuales que lleguen a la biosfera estén en concentracio-
nes admisibles y reducir a niveles aceptables el riesgo de la intrusión humana
inadvertida.
El almacenamiento definitivo en formaciones geológicas es el método más
ampliamente propuesto para conseguir los objetivos anteriores. Tal solución se-
ría esencialmente pasiva y permanente y no requeriría ninguna intervención o
control institucional por parte de las generaciones futuras, aun cuando ésta se-
ría siempre posible, si así se precisara. El confinamiento geológico ofrece una
gran estabilidad a largo plazo, asociada a la lentitud de los procesos naturales
y al alejamiento de posibles procesos disruptivos asociados al ser humano y a la
inestabilidad histórica de las estructuras sociales.
Teniendo en cuenta que los residuos de alta actividad se caracterizan por
la alta actividad específica de los emisores de vida corta, con concentraciones
significativas de emisores de vida larga y considerable generación de calor, los
principales aspectos a considerar para definir los requisitos de funcionalidad de
cualquier sistema de almacenamiento son:
– Aislar el residuo por un período de tiempo suficientemente largo, utilizando
tanto las barreras artificiales —residuo, contenedor y material de relleno—
como las naturales —medio geológico—.
– Asegurar una tasa baja de emisión una vez que ha concluido el período
previsto de aislamiento total.
– Aislar el residuo de la posible intrusión humana y procesos naturales de
tipo catastrófico.
– Utilizar un sistema de almacenamiento que sea acometible con la tecnolo-
gía al uso y a un coste razonable.
– Conocer adecuadamente los procesos que controlan el comportamiento a
largo plazo del sistema de almacenamiento elegido, ya sean físicos, quími-
cos o incluso biológicos.
Las formaciones geológicas se caracterizan por su gran edad y, en la ma-
yoría de los casos, su considerable estabilidad a largo plazo. La evacuación de
los raa en formaciones geológicas adecuadas sitúa a los residuos fuera del am-
biente humano y del alcance de la mayoría de los posibles procesos disruptivos,
proporcionando un nivel de protección radiológica suficiente. La posibilidad real
de evacuar los residuos en un medio donde la lentitud de los procesos natura-
les afecten muy lentamente al comportamiento del medio permite aproximarse
efectivamente al requisito del período de aislamiento que se impone al residuo
para su evacuación segura.
Los procesos geológicos que afectarán al comportamiento de los residuos así
evacuados son, en su inmensa mayoría, los derivados de la presencia de agua en
la roca hospedante y las formaciones infra y suprasubyacentes. Las formacio-
nes geológicas por debajo del nivel freático están saturadas; el agua se mueve
lentamente a través de la roca, pudiendo lixiviar el residuo y transportarlo a la
14. Gestión de residuos radiactivos 187
biosfera. El comportamiento del agua en la roca (hidrogeología) es así un factor
crítico para la selección de un medio geológico hospedante para la evacuación
segura de los raa.
14.6.2. Tiempo necesario de confinamiento de los residuos
de alta actividad
Un tratamiento correcto de los residuos radiactivos exige un confinamiento
de los mismos durante el tiempo suficiente para que su actividad radiológica
descienda a niveles asumibles. En los productos de fisión el nivel de actividad
desciende al del mineral de uranio en mil años; en los actínidos, se alcanza esa
referencia en unos diez mil años.
14.6.3. El Almacenamiento Geológico Profundo
El Almacenamiento Geológico Profundo (agp) es la opción internacional-
mente aceptada para la gestión definitiva de los raa. Este sistema de almace-
namiento final se ha adoptado asimismo en España, donde se han seleccionado
granitos, arcillas y sales como formaciones favorables para el agp. Los objetivos
básicos de esta clase de almacenamiento son los siguientes:
– Asegurar la protección a largo plazo de las personas y su ambiente contra
radiaciones ionizantes, de acuerdo con los principios de protección radio-
lógica aceptados en la actualidad.
– Asegurar el aislamiento duradero de los raa respecto al medio humano,
así como la innecesaria realización de ningún tipo de acción preventiva o
correctiva en el futuro para mantener la capacidad de confinamiento del
repositorio, todo ello sin imponer restricciones significativas a las genera-
ciones futuras por la existencia del mismo.
Este tipo de almacenamiento, basado en la interposición de un sistema de ba-
rreras múltiples entre los residuos y el medio ambiente, se justifica por múltiples
razones:
– Tecnológicas: existen soluciones técnicas viables para diseñar, construir,
operar y clausurar un almacenamiento de este tipo con las tecnologías
existentes.
– Ambientales y de seguridad: el nivel de protección para las personas y
el medio ambiente proporcionado por un almacenamiento geológico así
concebido, es adecuado a corto y largo plazo.
– De buena práctica internacional: el almacenamiento geológico es la opción
internacionalmente aceptada por todos los países inmersos en la proble-
mática de la gestión de los raa y recomendada por los organismos inter-
nacionales (iaea y ocde).
188 14.6. Gestión de residuos de alta actividad. El combustible gastado
14.6.4. El sistema multibarrera
En un almacenamiento geológico profundo, el aislamiento de los residuos
de la biosfera se consigue mediante la interposición de un sistema de barreras
múltiples, tanto naturales como artificiales, y su seguridad a largo plazo se
alcanza mediante la aplicación de tres principios básicos:
– Contención y aislamiento, que permite que los radionucleidos pasen a ele-
mentos estables antes de entrar en contacto con las personas y el medio
ambiente.
– Retención y retardo, que permite, una vez perdido el confinamiento, limitar
las tasas de emisión de radionucleidos mediante una muy baja disolución
del combustible gastado, un transporte muy alto y una alta absorción en
el sistema de barreras.
– Condiciones favorables del receptor, que permiten limitar las dosis a las
personas y al medio ambiente.
Los dos primeros principios básicos de seguridad se consiguen imponiendo
criterios y requisitos funcionales al sistema de barreras artificiales y naturales,
así como al diseño del almacenamiento profundo. El tercer principio se puede
alcanzar mediante una situación y configuración adecuada del almacenamiento.
El sistema multibarrera persigue un elevado nivel de redundancia para man-
tener las condiciones de seguridad a largo plazo, aun cuando se considere que el
funcionamiento adecuado de una barrera sea suficientemente bajo en cualquier
condición real imaginable.
Como consecuencia del funcionamiento interactivo entre las distintas barre-
ras y, en particular, de la complejidad de los procesos a considerar cuando se
intentan predecir los posibles cambios en sus condiciones y funcionamientos ini-
ciales, el comportamiento de cada barrera está condicionado a las propiedades
de otras.
14.6.5. Diseño genérico del Almacenamiento Geológico Pro-
fundo
El diseño básico adoptado por enresa considera la cantidad total de raa
esperados para una vida útil de cuarenta años de las centrales nucleares espa-
ñolas: 20.000 elementos de combustible gastado —11.850 pwr y 8.150 bwr—,
50 cápsulas de vitrificados y cerca de 4.200 metros cúbicos de rma. El dise-
ño genérico del repositorio de referencia tiene en cuenta los siguientes criterios
generales:
– El repositorio se ubicará en una roca homogénea a una profundidad apro-
piada, para proteger al residuo emplazado de los eventos externos; para
restringir la movilidad de los radionucleidos a la biosfera; y para propor-
cionar una protección razonable frente a la intrusión humana.
14. Gestión de residuos radiactivos 189
– No se prevén procesos de desensamblaje. El combustible gastado intacto
será directamente encapsulado para su almacenamiento final.
– El período de contención mínimo para la cápsula de almacenamiento será
de mil años.
– La disposición de las instalaciones del repositorio asegurará una comple-
ta separación entre las actividades de construcción y emplazamiento de
residuos, que se realizarán simultáneamente.
– Las áreas de almacenamiento de residuos de alta actividad y de residuos de
media actividad estarán separadas convenientemente con objeto de evitar
cualquier indeseable interacción físico-química.
El repositorio genérico constará de diferentes instalaciones a construir en
superficie y bajo tierra. Las instalaciones de superficie comprenden las instalacio-
nes para recibir y encapsular el combustible gastado, así como las instalaciones
en superficie necesarias para desarrollar el repositorio subterráneo. Las instala-
ciones subterráneas comprenden el área de infraestructura minera y los campos
de almacenamiento de combustible gastado y rma.
Las instalaciones de superficie estarán conectadas a las instalaciones subte-
rráneas por medio de cuatro accesos. En el repositorio, las cápsulas de almacena-
miento con el combustible gastado serán emplazadas horizontalmente a lo largo
de las galerías de almacenamiento, que se rellenarán con bloques compactos de
un material adecuado compatible con la roca alojante.
Las instalaciones de superficie Las instalaciones en superficie, que ocupan un
área de 480.000 metros cuadrados, incluyen todas las instalaciones en superficie
necesarias para operar el repositorio tipo mina y para acceder a las instalacio-
nes subterráneas. La característica principal de las instalaciones de superficie es
su completa separación en una parte convencional, clasificada radiológicamente
como zona de acceso libre, y un área de protección radiológica. El área de acceso
libre incluye los edificios de almacenamiento y preparación del material de re-
lleno, las instalaciones de superficie de los pozos de ventilación y de servicio, las
infraestructuras convencionales del emplazamiento y de la mina, la escombrera
y los edificios de administración, información y seguridad. El área de protección
radiológica incluye el área de maniobra de vehículos de contenedores de trans-
porte, la planta de encapsulado, el pozo principal y la infraestructura auxiliar
en superficie del acceso del residuo a las instalaciones subterráneas.
El combustible gastado se envía al emplazamiento en contenedores de trans-
porte o directamente desde las centrales nucleares o desde una instalación de
almacenamiento centralizado. En la planta de encapsulado, los elementos de
combustible gastado son descargados de los contenedores de transporte y en-
capsulados en los contenedores de almacenamiento de acero al carbono. Segui-
damente, se transportan al interior, al nivel de emplazamiento del repositorio,
para su almacenamiento final.
Los residuos llegan al destino final a través del acceso de residuos (rampa
o pozo), mientras que el acceso convencional al interior se realiza a través del
190 14.6. Gestión de residuos de alta actividad. El combustible gastado
pozo principal y del pozo de servicio, por los que se lleva a cabo la entrada
de personal y de materiales. Estos tres accesos, junto con un pequeño pozo de
ventilación, aseguran sistemas de ventilación independientes para las áreas de
construcción y de emplazamiento de residuos.
Las instalaciones subterráneas El concepto de referencia genérico contempla:
almacenamiento final en galería del combustible gastado y un área específica del
repositorio para los rma. Así, el repositorio incluye un área de almacenamiento
de raa, un área de almacenamiento de rma y un área central de infraestructu-
ra. La disposición general del repositorio está dividida en paneles rectangulares,
que se adaptarán a las características de la roca alojante. Cada campo de alma-
cenamiento consta de un sistema de galerías de almacenamiento horizontales y
paralelas.
Las cápsulas se emplean horizontalmente en galerías de almacenamiento
circulares con un diámetro de 2,40 metros, que ofrecen espacio suficiente para
las actividades de construcción y emplazamiento. Una capa de un material de
propiedades adecuadas de aproximadamente 0,72 metros de espesor actúa como
elemento de sellado o de relleno, rodeando a la cápsula.
El calor emitido por los residuos radiactivos se propaga a través del medio
alojante y genera un incremento de temperatura que es función del tiempo. La
disposición geométrica a seleccionar para un emplazamiento específico debe ser
compatible con los diferentes requisitos térmicos impuestos al sistema de barre-
ras. El espaciamiento entre las galerías de almacenamiento es dependiente de
las propiedades termomecánicas de la roca alojante y no puede ser establecido
para un concepto genérico. En cuanto a la galería de almacenamiento, su longi-
tud está limitada a quinientos metros por razones prácticas, tiene una sección
de cerca de cinco metros cuadrados y puede admitir hasta 87 cápsulas. Para
conseguir una adecuada instalación del material de relleno, la distancia entre
cápsulas se fija en un metro.
14.6.6. Los análogos naturales: los «reactores naturales» de
Oklo
Los analistas que controlaban el enriquecimiento isotópico del uranio en la
fábrica de Pierrelatte (Francia) detectaron, en 1972, una anomalía isotópica en
una partida de concentrados de uranio procedente de la República de Gabón.
El uranio, en vez de tener la abundancia natural de 0,7202 átomos de
235
U por
cada cien, tenía sólo 0,7171, apenas un tres por mil menos.
Investigando el caso, se vio que la anomalía se encontraba en el mineral de
partida, donde se daba una extraña relación inversa, consistente en que cuanto
más alta era la ley del mineral, la abundancia isotópica del
235
U era menor,
llegando a ser en algunos casos tan sólo del 0,44 por ciento. ¿Qué había ocurrido
en el pasado geológico para que el uranio presentara una anomalía isotópica tan
pronunciada y variable de unos puntos a otros?
14. Gestión de residuos radiactivos 191
La cuestión dio lugar a la hipótesis de que en este sector de la mina de Oklo
se había alcanzado el estado de criticidad nuclear en el volumen del mineral
más rico, con la ayuda del agua subterránea como moderador y refrigerante,
lo que dio lugar a la formación espontánea de un reactor nuclear en el que se
fisionó el
235
U que faltaba. La prueba de ello la dieron los elementos fisiogénicos
que se formaron por decaimiento de los productos de fisión, cuya composición
isotópica es muy distinta de la que esos mismos elementos tienen en la Tierra.
Hoy día se han contabilizado hasta dieciocho zonas mineras en las que se dieron
estos fenómenos de criticidad, que la Naturaleza ha conservado a profundidades
entre diez y cien metros. La mayoría de estos reactores se encuentran bastante
próximos entre sí en la región de Oklo; pero un par de ellos, de descubrimiento
reciente y apenas estudiados, están situados en las localidades de Bagombé
y Okélobondo, a unos treinta kilómetros de Oklo. Estos reactores funcionaron
durante unos 500 000 años, hace unos 2 000 millones de años, quemando un total
de seis toneladas de
235
U, que liberaron una energía estimada en 16 500 MW
año.
El estudio de los reactores naturales de Oklo ha tenido dos fases: la primera,
hasta 1980, dedicada a los estudios neutrónicos y geológicos de estos fenómenos
de criticidad natural; y la segunda, en plena actualidad, dedicada al estudio
de estos reactores extintos como analogías naturales de los repositorios geoló-
gicos profundos que necesitamos construir para nuestros residuos radiactivos
actuales, ya que nos ofrecen ejemplos del comportamiento de los radionucleidos
de fisión y de activación en el combustible gastado, en escenarios a muy largo
plazo, de imposible realización por el ser humano. Desde este punto de vista,
son especialmente valiosas las enseñanzas de retención, en la propia matriz del
combustible, de los actínidos, que forman óxidos compatibles con la red de la
uraninita (UO
2
); o de los productos de fisión afines al grupo de metales nobles
(Ru, Rh, Tc, Pd, Mo, Te), que forman inclusiones metálicas insolubles en ella.
14.7. El desmantelamiento de las centrales nu-
cleares. El caso de Vandellós I
Al producirse la parada definitiva de una central se lleva a cabo la toma
de medidas adecuadas para que no se pueda generar ningún tipo de daño a las
personas y al medio ambiente, tanto a corto como a medio y largo plazo. En
esta situación el camino universalmente aceptado, en condiciones normales, es
proceder al desmantelamiento y clausura de las instalaciones.
Esta operación implica la realización de todas aquellas actividades que tie-
nen como resultado final poder utilizar el espacio, hasta ese momento ocupado
por las instalaciones, para cualquier fin que se desee, sin ningún tipo de restric-
ción.
El desmantelamiento es un proceso industrial controlado que asegura el
cumplimiento de la normativa exigida a los productos finales en función de
su destino. Así, se realiza: la descontaminación de equipos e instalaciones, el
desmontaje y la demolición de elementos y estructuras, la segregación de los
192 14.7. Desmantelamiento de centrales. Vandellós I
diferentes materiales obtenidos según sus características físicas, químicas y ra-
diológicas, a la vez que se acondicionan según los requisitos de su lugar de
destino: vertederos convencionales, reciclaje, almacén de residuos radiactivos.
La Declaración de Clausura es el acto administrativo por el cual, una vez
que la instalación ha sido desmantelada, los espacios hasta ahora sometidos a
normas y condicionantes nucleares pasan a ser considerados de libre utilización.
En el desmantelamiento de reactores comerciales de gran potencia se cuenta
con escasa experiencia en el mundo, pues es muy bajo el número de instalaciones
que han iniciado esta fase y ninguna de ellas ha finalizado completamente. En
todos los casos, se están siguiendo las recomendaciones de la iaea, según las
cuales el desmantelamiento de centrales nucleares se ha de realizar ateniéndose
a los tres niveles de desmantelamiento siguientes:
– Nivel 1: período inmediatamente posterior a la parada final de una cen-
tral; cubre el proceso de dejar la planta en condiciones seguras, retirar
el combustible gastado, los residuos de operación y los edificios auxiliares
que ya no se vayan a necesitar.
– Nivel 2: tiene el objeto de desmantelar los edificios y plantas exteriores al
blindaje biológico de la central nuclear. Los residuos radiactivos resultan-
tes se almacenan fuera del emplazamiento —en un almacén de residuos
radiactivos— y el reactor se sella hasta que comience la etapa siguiente.
– Nivel 3: comprende la retirada del reactor de la central con su blindaje
biológico y la rehabilitación final del emplazamiento, dejándolo en condi-
ciones seguras para un futuro uso.
Una vez terminado el desmantelamiento, se procede a declarar clausurada
la instalación y, a partir de ese momento, puede utilizarse en emplazamiento en
las condiciones que se establezcan en la Declaración de Clausura.
En España se ha llevado a cabo, hasta el Nivel 2, el desmantelamiento de
la central nuclear de Vandellós i, una de las primeras instalaciones industriales
del mundo que es sometida a esta operación.
La planta de Vandellós i, del tipo grafito-gas y con una potencia de 500
MW, finalizó su actividad productiva en octubre de 1989. En marzo de 1998 se
iniciaron las actividades correspondientes al Nivel 2 de clausura, que se dieron
por concluidas a principios de 2003. A partir de ese momento el único edifi-
cio del emplazamiento con clasificación nuclear es el del reactor, el cual será
desmantelado tras treinta años de latencia, pasando al Nivel 3 de desmante-
lamiento. Los materiales generados en el Nivel 2 de desmantelamiento son los
siguientes: 16.500 toneladas de chatarras convencionales; 277.000 toneladas de
escombros de hormigón convencionales; pequeñas cantidades de productos tó-
xicos y peligrosos; y 2.000 toneladas de residuos radiactivos de baja y media
actividad.
Capítulo 15
Diferenciación entre los
usos civiles y militares de
los procesos nucleares. La
no proliferación y las
salvaguardias
15.1. Diferenciación entre los usos civiles y mili-
tares de los procesos nucleares
El primer reactor nuclear fue construido por el equipo de Enrico Fermi en
1942 con el objetivo de verificar la posibilidad de obtener una reacción en cadena
auto-sostenida, además de para lograr un modo de generar plutonio para poder
fabricar un arma de gran potencia. Este experimento sirvió como base para la
construcción de reactores de producción de plutonio (reactores plutonígenos)
de Hanford (Washington), y éstos a su vez proporcionaron el material para la
primera prueba con una bomba atómica en Alamogordo (Nuevo México) y pos-
teriormente para la bomba que se lanzó en Nagasaki. Estos reactores generaban
calor pero no electricidad, y estaban diseñados para favorecer la producción de
239
Pu.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos producía uranio enri-
quecido de alrededor de un noventa por ciento de enriquecimiento en las plantas
de separación de Oak Ridge. Este material fue utilizado para fabricar la bomba
usada en Hiroshima. Posteriormente, se han usado instalaciones de separación
de isótopos para obtener el uranio enriquecido al tres o cuatro por ciento que se
usa en los reactores comerciales de agua ligera. Este combustible puede hacerse
crítico si se dispone adecuadamente en varillas y se modera con agua, pero no
puede usarse para fabricar un arma nuclear. Incluso en el caso de que fallara la
refrigeración del combustible en un reactor, el calor de las reacciones de fisión y
la desintegración de los productos de fisión podría dañar la varilla y, en el peor
de los casos, producir la fusión del combustible. Sin embargo, la reacción quími-
194 15.2. Explosivos nucleares
ca resultante con el agua no tiene nada que ver con una explosión nuclear. Por
tanto, se puede afirmar categóricamente que un reactor nunca puede explotar
como una bomba nuclear.
15.2. Explosivos nucleares
Debido a motivos de seguridad, la información detallada sobre la fabrica-
ción de las actuales armas nucleares está clasificada, y sólo hay descripciones
cualitativas disponibles para el público. Sin embargo, hay fuentes desclasificadas
de información sobre las primeras armas nucleares, y éstas son las que pueden
explicarse con más detalle en este apartado.
Se han usado dos tipos de dispositivos: (a) el explosivo de fisión (bomba
atómica), que usa plutonio o uranio de alto enriquecimiento, y (b) el explosivo
de fusión o termonuclear (bomba de hidrógeno). Hay dos posibles procedimientos
para crear una reacción explosiva de fisión en cadena: la técnica del disparo o por
implosión. Con el sistema de disparo, se dispara un taco cilíndrico de uranio de
alto enriquecimiento dentro de un cilindro hueco de uranio para producir una
masa supercrítica. Un tampón de uranio mantiene unidos momentáneamente
estos dos materiales. Esta bomba atómica es la llamada Little Boy. En el método
de implosión, una esfera de plutonio es comprimida por explosivos químicos de
alta potencia hasta la supercriticidad. En este método también se usa un tampón
de uranio. A este arma nuclear se la denominó Fat Man. En ambos sistemas es
necesaria una aportación inicial de neutrones. Una posibilidad es la fuente de
polonio-berilio, usando la reacción (α, n). El exceso de reactividad de las masas
supercríticas causa una fuerte subida de la potencia y la energía acumulada
hace estallar el material. En el caso de implosión, cuando el material fisible
se comprime hay un incremento en la relación entre superficie y volumen que
aumenta las fugas de neutrones, y una disminución del camino libre medio, que
disminuye las fugas. Este último efecto domina, dando lugar a un incremento
neto positivo de la multiplicación neutrónica.
La masa crítica de un dispositivo esférico de plutonio sin reflector es de
aproximadamente 16 kilogramos, mientras que la de uno de uranio de alto enri-
quecimiento (93,5 %) es de alrededor de 49 kilogramos. Mediante la adición de
una capa de una pulgada de uranio natural como reflector, las masas críticas
disminuyen hasta 10 y 31 kilogramos respectivamente. La masa crítica del ura-
nio con reflector varía mucho con el enriquecimiento en
235
U; la masa total de
un dispositivo hecho con menos del diez por ciento de
235
U es demasiado grande
para poder construir un arma nuclear.
En cuanto a las modernas y versátiles armas termonucleares, no hay dis-
ponibles detalles, pero podemos describir los procesos que tuvieron lugar en la
primera explosión de una bomba de hidrógeno: el lanzamiento de Ivy/Mike en
el Pacífico Sur en 1952. La bomba contenía hidrógeno pesado (deuterio y tritio)
como combustible, produciéndose dos reacciones que también tienen lugar en
reactores de fusión:
2
H +
2
H −→
3
H +
1
H, o bien
2
H +
2
H −→
3
He +n,
2
H +
3
H −→
4
He +n.
15. Usos civiles y militares de los procesos nucleares 195
Un ejemplo típico de esta clase de bombas es la unidad llamada Sausage, que
tiene un cilindro hueco de acero de 20 pies de longitud y 6 pies y 8 pulgadas de
diámetro. En un extremo de la cavidad había una esfera «primaria» de plutonio
y uranio enriquecido, que fisionaría por implosión. En el centro de la cavidad
había un recipiente cilíndrico de deuterio líquido, con una forma parecida a
la de un termo. A lo largo de su eje tenía una varilla de plutonio llamada
Sparkplung, que sería de fuente de fisión «secundaria». El recipiente de deuterio
estaba rodeado por un pusher o empujador de uranio.
La secuencia que se verificaba era la siguiente: una descarga eléctrica a los
detectores hacía explotar el explosivo del primario. El tapón de uranio y su
cápsula se vaporizaban y comprimían la bola de plutonio central, a la vez que
iniciaba una fuente interna de polonio-berilio, liberando neutrones. Los rayos X
resultantes de la bola supercrítica calentaban el polietileno hasta crear un plas-
ma que re-radiaba rayos X para calentar el empujador de uranio. Se liberaban
neutrones y partículas α de alta energía en el deuterio calentado y tenía lugar
la fisión en el Sparkplung. Se formaba algo de tritio, que contribuía a la reacción
de fusión, y del de los neutrones rápidos de fisión en el
238
U del tampón se
incorporaba energía adicional. La explosión resultante creaba un cráter de 200
pies de profundidad y una milla de longitud.
En versiones posteriores, el componente de fusión se componía de deuterio
y tritio. Los neutrones de fisión interactúan con el
6
Li según la ecuación:
6
Li +n
∆H=−4,8MeV
−−−−−−−−−→
3
H +
4
He.
El tritio producido permite que ocurra la reacción deuterio-tritio. Otros
dispositivos termonucleares utilizan tritio como el material explosivo principal.
Se han referenciado diseños especiales, incluidas armas radiológicas, para dis-
persar materiales radiactivos peligrosos como el
60
Co y el
137
Cs. Otro caso es
la «bomba de neutrones», una pequeña cabeza termonuclear para misiles. Si se
explosiona a alturas de dos kilómetros sobre la superficie de la tierra, las dosis
son letales.
Mediante dispositivos especiales del material en la bomba de fusión, podrían
acentuarse ciertos tipos de radiación y dirigirse a objetivos concretos. Algunas
armas nucleares de tercera generación podrían enviar gran cantidad de rayos γ
letales o pulsos electromagnéticos (emp) que destruyeran los circuitos electróni-
cos.
Como consecuencia del mayor intercambio de misiles nucleares cerca de la
superficie de la tierra aumentarían las partículas suspendidas en el aire. Parte
de ellas sería polvo creado por la explosión y parte sería el humo de los fuegos
en los bosques y otros combustibles que entraran en ignición por el calor. Como
resultado de ello, la gran cantidad de radiación que llegaría al suelo se reduciría,
causando el enfriamiento de la atmósfera. Esta situación ha sido llamada «in-
vierno nuclear» por algunos investigadores, que predicen serias modificaciones
en el clima, con una reducción de la producción agrícola.
196 15.3. La cooperación internacional en materia de proliferación
15.3. La cooperación internacional en materia de
proliferación
Actualmente existen varios países que poseen armas nucleares.
1
Durante la
«Guerra Fría», entre los años cincuenta y ochenta, hubo un crecimiento masivo
del armamento nuclear, sobre todo en Estados Unidos y en la antigua Unión
Soviética. Los esfuerzos por reducir la proliferación de armas nucleares han sido
una función central en las prioridades de la iaea, fundada en 1957 por resolución
de las Naciones Unidas.
Una de las funciones de la iaea es «establecer y administrar salvaguardias
diseñadas para asegurar que el material fisible especial y otros materiales (. . . )
no sean usados de tal modo que puedan perseguir cualquier propósito militar».
La iaea se encarga de detectar cualquier desviación de material nuclear de acti-
vidades nucleares pacíficas hacia la fabricación de explosivos nucleares. Además,
pretende desalentar esta desviación mediante su capacidad para una detección
temprana. La iaea también aconseja a sus miembros sobre el uso de materiales
nucleares en otras áreas no militares como la agricultura, industria y medicina,
y desarrolla estándares de seguridad para centrales nucleares.
La iaea no sólo se creó en el contexto de la Guerra Fría; a mediados de
los años cincuenta se produce un potente movimiento de países del «Tercer
Mundo» que no se encuentran alineados en ninguno de los dos bloques. En esa
situación, la iaea se establece para impedir la adquisición de armamento nuclear
por cualquier otro país exceptuando las cinco potencias hegemónicas.
Este es el contexto en el que se negocia el documento clave para contro-
lar la proliferación de las armas nucleares: el Tratado de No-Proliferación de
Armas Nucleares (Non-Proliferation Treaty o ntp.) El npt fue esencialmente
un acuerdo entre los países con armamento nuclear y otros países interesados
en la tecnología nuclear. El acuerdo consistía en que se intercambiaría asisten-
cia y cooperación por la promesa, asegurada mediante un control internacional,
de que no se desviaría ninguna instalación ni ningún material para uso mili-
tar. Quienes rehusaran firmar este tratado serían excluidos de la cooperación
internacional o el intercambio comercial de energía nuclear.
El primer grupo de signatarios del npt son los estados sin armamento nu-
clear. Estos deben acordar no fabricar o adquirir armas nucleares u otros dis-
positivos para explosivos nucleares. Estos Estados están obligados a concretar
acuerdos con la iaea para la aplicación de las salvaguardias en toda la extensión
de su programa nuclear.
Los otros signatarios del npt son los Estados con armamento nuclear. Este
1
Son: Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, Francia y China. Israel se describe como thres-
hold state, manteniendo ambigüedad sobre el estado de armamento nuclear, pero considerado
poseedor de armas. Sudáfrica desmanteló voluntariamente su programa de armamento nu-
clear, mientras que India y Pakistán han demostrado estar en posesión de armas nucleares
—sobre todo por las pruebas efectuadas en 1998—, pero sólo pueden adherirse al Tratado de
No Proliferación si, como Sudáfrica, renuncian voluntariamente a su armamento nuclear y lo
desmantelan.
15. Usos civiles y militares de los procesos nucleares 197
grupo incluye a los que habían fabricado y explotado armas nucleares antes de
1967: Estados Unidos, la ex Unión Soviética, Reino Unido, Francia y China.
2
A
estos países no se les requiere cumplir las salvaguardias en todo el campo de su
programa nuclear, aunque el npt contiene ciertas obligaciones en relación con
el desarme que sí se les aplican. Todos ellos, sin embargo, han firmado el npt y
han aceptado algunas salvaguardias en sus actividades nucleares pacíficas.
15.4. El Tratado de No Proliferación y las salva-
guardias
Durante más de treinta años, el npt ha tenido éxito internacional, coope-
rando en el desarrollo de la energía nuclear para la generación de electricidad
a la vez que aseguraba que el uranio civil, el plutonio y las instalaciones aso-
ciadas no permitieran la proliferación de armas nucleares. En este sentido, es
importante resaltar que las salvaguardias nucleares internacionales están cen-
tradas sólo en el control de los materiales nucleares, y por tanto nada tienen
que ver con los aspectos técnicos o logísticos de seguridad de reactores, gestión
de residuos o transporte; éstos son cubiertos por otros acuerdos y convencio-
nes internacionales. El objetivo específico de las salvaguardias es verificar si el
material nuclear se circunscribe al ciclo del combustible nuclear civil y se usa
sólo para usos pacíficos o no; para ver si una nación está adhiriéndose a sus
compromisos en relación con el material combustible nuclear.
Las salvaguardias nucleares internacionales establecidas formalmente en el
npt, firmado por 186 Estados y Taiwán, son administrados por la iaea. Las
salvaguardias del npt requieren que las naciones:
– informen a la iaea de cuáles son los materiales nucleares que tienen y cuál
es su localización,
– acepten visitas de los auditores e inspectores de la iaea para verificar de
forma independiente sus informes de materiales e inspeccionar físicamente
los materiales nucleares para confirmar los inventarios físicos de éstos.
La iaea también administra los procedimientos específicos de salvaguardia
para algunos países que no han firmado el npt. Las salvaguardias de la iaea
son actualmente los principales procedimientos de control nuclear en el mundo,
cubriendo casi 900 instalaciones nucleares y otras localizaciones con material
nuclear en 57 países sin armamento nuclear.
Sin embargo, existen también otros sistemas de salvaguardias, por ejemplo
entre varias naciones europeas (salvaguardias de Euratom) o entre países in-
dividuales, como Australia-Estados Unidos o Japón-Estados Unidos (acuerdos
bilaterales). Estos sistemas de salvaguardias han sido efectivos en la prevención
de cualquier desvío de materiales de su cobertura. Sin embargo, a medida que
se extiende el uso de reactores nucleares de potencia, reactores de investigación
2
Estos dos países no ratificaron el npt hasta 1992.
198 15.5. Materiales fisibles y su uso militar
y componentes del ciclo de combustible, la labor de las salvaguardias se hace
más compleja.
Un ejemplo de la mejora de las salvaguardias es el acuerdo, firmado a
finales de los setenta entre las naciones exportadoras de tecnología nuclear,
de restricción de la venta de tecnologías del ciclo de combustible sensibles —
enriquecimiento, fabricación de combustible y reprocesamiento—. Este acuerdo
también persigue que se controle muy de cerca la exportación de reactores nu-
cleares, y estipula la necesidad de garantías gubernamentales en relación con el
uso para fines pacíficos, además de la aceptación por los países «clientes» de las
inspecciones de las salvaguardias en toda su extensión y en todas las actividades
nucleares presentes y futuras.
En mayo de 1997, la iaea comenzó a desarrollar e implementar medidas
reforzadas, conocidas ahora como Salvaguardias Integradas, para su uso por la
Agencia cuando verifica el cumplimiento del estado de sus compromisos de no
producir armas nucleares. Éstas responden a la idea extendida de que la iaea,
habiendo conseguido tanto en el control del tráfico de materiales fisibles, podía
ahora observar cualquier material y tecnología nuclear como indicador de pro-
gramas nucleares no declarados y por tanto materiales nucleares no declarados.
Se espera que la mayoría de los 186 signatarios del npt estén de acuerdo en
estas medidas, que se detallan en un Protocolo Adicional, con el cual los países
aceptarían verificaciones más importantes e intrusivas en su territorio.
3
Las nuevas medidas permiten a los inspectores mayor acceso para informarse
sobre los programas nucleares existentes y planeados, y a más localizaciones. El
acceso no estará restringido a las instalaciones nucleares declaradas, sino que
se extenderá a casi cualquier lugar, incluyendo las instalaciones industriales de
alta tecnología. Las actividades de inspección pueden incluir vigilancia remota,
muestreo ambiental y sistemas de monitorización en lugares clave. Los Estados
que acepten el protocolo tendrán que eliminar requisitos restrictivos para los
inspectores, de modo que éstos puedan visitar cualquier lugar avisando con una
breve antelación.
15.5. Materiales fisibles y su uso militar
El plutonio es una sustancia de propiedades variables que dependen de su
origen. Contiene varios isótopos, entre los cuales están el
238
Pu,
239
Pu,
240
Pu
y
241
Pu. De entre ellos, sólo el
239
Pu y el
241
Pu pueden fisionar en un reactor
comercial. El
239
Pu es, por sí mismo, un excelente combustible nuclear. También
ha sido muy usado en armas nucleares debido a que tiene una tasa de fisiones
espontáneas bastante baja y una masa crítica pequeña. Por esto, al
239
Pu —con
3
El texto es lo suficientemente claro como para no necesitar demasiados comentarios. «Ve-
rificaciones importantes» e «intrusivas» supone que los inspectores de la iaea, controlados
por Estados Unidos en su inmensa mayoría, se injieran completamente en la política interna
de los países verificados. La «cuestión nuclear» es así, lógicamente, uno de los campos en los
que se manifiesta claramente la existencia de dos reglas del juego muy diferentes para las
potencias hegemónicas —en este caso, Estados Unidos casi en exclusiva— y el resto de las
naciones.—Nota de M.M.
15. Usos civiles y militares de los procesos nucleares 199
un pequeño porcentaje de los otros isótopos— se le llama a menudo plutonio
militar o weapons-grade plutonium. Este plutonio es el que se usó en la bomba
atómica de Nagasaki en 1945, y en muchas de las bombas de los arsenales de
armamento nuclear de distintos países.
Por otro lado, el plutonio comercial o reactor-grade plutonium, producido
de forma rutinaria en todos los reactores nucleares comerciales, y que puede
ser separado durante el reprocesamiento del combustible gastado, es totalmente
distinto al plutonio militar. El plutonio comercial contiene una gran proporción
—de hasta el cuarenta por ciento— de los isótopos más pesados del plutonio,
debido a su larga permanencia en el reactor. Esto no representa un problema
para la reutilización posterior del plutonio en el combustible de óxidos mixtos
para reactores, pero afecta seriamente a su uso en armamento nuclear. Debi-
do a la fisión espontánea del
240
Pu, sólo puede usarse un pequeño porcentaje
de éste para la fabricación de armas nucleares, pues la presencia de neutrones
procedentes de esta fisión espontánea provocaría una detonación prematura y
por tanto una explosión ineficiente. Tanto el diseño como la construcción de
explosivos basados en plutonio comercial serían difíciles y poco fiables, y hasta
ahora no se han llevado a cabo.
4
Sin embargo, los procedimientos contemplados
en las salvaguardias asumen que los dos tipos de plutonio podrían usarse para
concebir armas nucleares. En esto se fundamenta la objeción de algunos países
por el reprocesamiento y separación de plutonio del combustible gastado.
Conviene aclarar que un reactor nuclear que use combustible de tipo mox
para un tercio de su núcleo no es productor neto de plutonio, y que la compo-
sición del combustible mox gastado es menos adecuada para uso militar que la
del combustible mox fresco.
Por tanto, el plutonio comercial es un material mucho menos atractivo para
la fabricación de armas nucleares que el plutonio producido en reactores plutoní-
genos —reactores especiales para la producción de plutonio militar— diseñados
para producir
239
Pu, que permiten acortar el tiempo de estancia del combusti-
ble en el reactor mediante un sistema especial de cambio de combustible. Sin
embargo, en estos últimos años el desarrollo de la tecnología de enriquecimiento
por láser puede hacer posible el enriquecimiento del plutonio comercial para dar
plutonio militar. Por esto, las salvaguardias se adecuan para tener en cuenta las
posibilidades de proliferación incluso de plutonio comercial, puesto que el enri-
quecimiento convencional no puede utilizarse para separar el
239
Pu del
240
Pu,
debido a la gran similitud de sus masas atómicas.
El ciclo del combustible de los reactores rápidos basado en el plutonio tiene
características que podrían dar lugar a problemas de proliferación armamentís-
tica. Sin embargo, los reactores térmicos convencionales generan normalmente
mayor cantidad de plutonio en su ciclo del combustible. Esto sugiere que en
el futuro predecible los reactores rápidos se utilizarán más como «incinerado-
res» de plutonio para tener menos plutonio en almacenamientos o en elementos
combustibles que en otro tipo de reactores.
4
En 1962 se detonó en Estados Unidos un dispositivo nuclear con plutonio procedente de
un reactor comercial del Reino Unido. Las composiciones isotópicas de este plutonio no se han
revelado, pero evidentemente tenía en torno al noventa por ciento de
239
Pu.
200 15.6. Reciclaje de uranio y plutonio de origen militar
Hay otros dos materiales fisibles que podrían ser usados para armas y los
dos son isótopos del uranio. El más común es el
235
U, el que se utilizó para
hacer la bomba de Hiroshima. Este material se produce enriqueciendo el uranio
natural en las plantas de enriquecimiento, no al tres o cuatro por ciento, como se
requiere para el combustible de un reactor de agua ligera, sino al 93 por ciento
de
235
U o superior.
El
233
U es el otro isótopo del uranio que puede usarse en explosivos nuclea-
res. Este material se produce a partir del combustible de
232
Th en reactores de
una forma similar a aquella en la que se forma el plutonio a partir del
238
U. El
uso de reactores con combustible de torio no ha ido más de la fase experimental
y el
233
U no se ve como un problema de proliferación significativo.
15.6. Reciclaje del uranio y plutonio de origen mi-
litar en centrales nucleares
Paradójicamente, los esfuerzos internacionales para el desarme nuclear han
ocasionado algunos problemas de seguridad graves. El desmantelamiento de las
cabezas nucleares bajo los acuerdos de desarme entre Estados Unidos y Rusia
(start i y start ii) dio lugar a la acumulación de material nuclear de origen
militar —plutonio y uranio de alto enriquecimiento—. Además, la preocupación
aumentó con la escisión de la antigua Unión Soviética, por la posibilidad de
robo, tráfico ilegal o usos terroristas de este material nuclear. Entre los motivos
que han provocado esta preocupación está el hecho del control inadecuado del
material nuclear en Rusia, la gran envergadura de los programas nucleares de
este país y la baja seguridad de sus instalaciones nucleares, por debajo de los
estándares.
Actualmente, el aislamiento y la disposición definitiva del material fisible
de origen militar que ya que no se requiere para usos militares, especialmente
el plutonio, es una prioridad de la comunidad internacional. La iaea ha estado
examinando posibles acciones en relación con la gestión y el uso de las reservas
de plutonio de origen militar. Lo más importante es su protección frente al robo
y frente a su desvío a otros usos, mientras se determina el modo más apropiado
de su disposición definitiva.
Cada vez se incide más en el uso del plutonio de origen militar (más del
93 por ciento de
239
Pu) en combustible de óxidos nítricos (mox) para reactores
civiles. Podría fabricarse combustible mox utilizando una mezcla de plutonio
militar y plutonio de origen civil, procedente del reprocesamiento del combusti-
ble de las centrales nucleares. Éste sería el único medio de disposición definitiva
que retiraría de la circulación de forma permanente el plutonio de origen militar
y lo destruiría de forma efectiva.
Después de tres décadas de preocupación por el posible uso militar del ura-
nio de los reactores nucleares comerciales, ahora es el uranio militar el detraído
del ciclo del combustible nuclear civil para su uso en la generación nuclear comer-
cial. El primer material de este tipo llegó a Estados Unidos en 1995 procedente
15. Usos civiles y militares de los procesos nucleares 201
de cabezas nucleares soviéticas, y ahora el material nuclear de origen militar
genera el diez por ciento de la electricidad nuclear estadounidense. También se
ha comenzado a reciclar el uranio de las cabezas nucleares estadounidenses pa-
ra la generación de electricidad; el uranio de alto enriquecimiento se diluye en
la proporción de 25 a uno con uranio empobrecido obtenido en las plantas de
enriquecimiento o con un material similar.
Capítulo 16
Normativa sobre
instalaciones nucleares y
radiactivas
En la operación de centrales nucleares y en el uso de radioisótopos, es de
obligado cumplimiento toda la normativa nacional para poder mantener la licen-
cia. En España, el principal documento del organismo regulador —el Consejo de
Seguridad Nuclear— está basado en el documento del nrc (Nuclear Regulatory
Commission, el organismo regulador estadounidense) Code of Federal Regula-
tions: 10 Energy, Part 20, Standards for Protection Against Radiation, que se
suele abreviar 10CRF20.
El establecimiento de la normativa es un proceso lento que comienza con el
estudio de la información de investigación por organismos consultivos como el
icrp y el nrcp (en Estados Unidos), recomendaciones para los límites de dosis
y políticas de protección, revisión por el organismo regulador con intervención
de la opinión pública, instituciones e industria, y con el establecimiento final de
requisitos de obligado cumplimiento, con la edición de documentos de apoyo.
16.1. Organismos reguladores de la energía nu-
clear
Los países que poseen centrales nucleares se han dotado, por regla general,
de respectivos Organismos Reguladores. Éstas son las autoridades competentes,
designadas por los Estados, para otorgar licencias y controlar el cumplimiento
de la normativa en materia de emplazamiento, diseño, construcción, puesta en
servicio, explotación y desmantelamiento de las instalaciones nucleares y radiac-
tivas.
Se considera que su organización, su estructura jurídica y sus decisiones,
deben ser independientes de cualquier otra organización u organismo público o
204 16.2. El papel del Consejo de Seguridad Nuclear
privado encargado de la promoción o de la utilización de la energía nuclear.
El Organismo Regulador debe supervisar y regular la seguridad de las ins-
talaciones nucleares, otorgar licencias y controlar la aplicación de la normativa
sobre emplazamiento, diseño, construcción, puesta en servicio, explotación y
desmantelamiento de las instalaciones nucleares, teniendo en cuenta que en su
tarea debe verificar que existen las medidas necesarias para que las instalaciones
nucleares dispongan y mantengan dispositivos eficaces contra los posibles ries-
gos radiológicos, con el fin de proteger a los individuos, la sociedad y el medio
ambiente contra los efectos nocivos de las radiaciones ionizantes.
Asimismo, debe velar por prevenir los accidentes que tengan consecuencias
radiológicas y atenuar dichas consecuencias en el caso de que tales accidentes
se produjeran; aplicar todas las medidas adicionales que permitan garantizar la
seguridad de las instalaciones nucleares, garantizar la gestión a largo plazo de
todos los materiales, incluidos los residuos radiactivos y el combustible gasta-
do, con arreglo a las normas básicas relativas a la protección sanitaria y de la
población y de los trabajadores contra los peligros derivados de las radiaciones
ionizantes.
Una función básica de los Organismos Reguladores es la inspección, en ma-
teria de seguridad nuclear y radiactiva, de las instalaciones. Los Organismos
Reguladores deben ser independientes, abiertos, eficientes, claros y concretos en
sus informes. Un Organismo independiente se mide por cuatro parámetros que
han de darse simultáneamente:
– Potestad reguladora, o, lo que es lo mismo, posibilidad de otorgar, modi-
ficar o extinguir autorizaciones de emplazamiento o de funcionamiento de
las instalaciones nucleares y radiactivas.
– Potestad sancionadora, o, lo que es lo mismo, posibilidad de iniciar, tra-
mitar y resolver los expedientes sancionadores que resulten dentro de la
labor inspectora y evaluadora del organismo.
– Potestad de auto-organización, lo que significa autonomía presupuestaria
y flexibilidad en materia de personal, para cubrir sus necesidades en las
diferentes etapas.
– Potestad reglamentaria.
En todo caso, y salvo excepciones, los Organismos Reguladores no reúnen
la potestad ni las funciones que configuran una verdadera independencia, y es
posible que en un futuro cercano se produzcan diversos ajustes y se armonicen
sus funciones y competencias, al menos en el ámbito de la Unión Europea.
16.2. El papel del Consejo de Seguridad Nuclear
El csn, organismo regulador en España, fue creado en 1980 (Ley 15/1980)
como una institución independiente de la Administración del Estado. Está dirigi-
do por el Consejo, un órgano integrado por cinco miembros (presidente y cuatro
16. Normativa sobre instalaciones nucleares y radiactivas 205
consejeros) cuyo nombramiento es propuesto por el Gobierno y refrendado por
el Congreso de los Diputados.
Las funciones del csn son las siguientes:
– Vigila el medio ambiente. Para vigilar la calidad radiológica del medio
ambiente, el csn mide de manera continua y en tiempo real la radiacti-
vidad ambiental, mediante una red de estaciones automáticas repartidas
por toda España. Además, cuenta con otra red de muestreo que analiza la
atmósfera, el medio terrestre y las aguas de ríos y mares. El csn exige a los
operadores de las centrales que mantengan planes de vigilancia radiológica
ambiental, que incluyen 2 000 y 13 000 análisis de agua, aire y alimentos.
Estos resultados se contrastan con programas independientes.
– Concede licencias de personal. Examina y concede licencias a las personas
que operan en las instalaciones nucleares y radiactivas. Supervisa la reali-
zación de cursos y comprueba el nivel de conocimientos de quienes aspiran
a tener licencias de operadores en cualquier instalación radiactiva.
– Informa sobre proyectos de instalaciones. Estudia e informa acerca de ca-
da proyecto de instalación nuclear y radiactiva. Antes de autorizar que
una instalación de este tipo entra en funcionamiento, se analizan minucio-
samente las especificaciones que el proyecto requiere y se exige su cumpli-
miento.
– Controla el funcionamiento de las instalaciones. El csn mantiene un es-
tricto programa de control y vigilancia tanto de las instalaciones nucleares
como de las radiactivas, dedicadas a usos médicos, industriales o de in-
vestigación. Mediante este control, se garantiza que su funcionamiento se
ajusta a los criterios de seguridad. Cada uno de los reactores nucleares
cuenta con un grupo de trabajo propio en el Consejo que, de manera cons-
tante, analiza el funcionamiento de la planta e inspecciona que se cumplan
las normas que el csn ha considerado aplicables para cada planta. En to-
das las centrales nucleares hay inspectores residentes, técnicos del Consejo
que controlan in situ el funcionamiento de la planta. Por término medio, el
csn realiza actualmente cerca de 200 inspecciones de control a las centra-
les nucleares que operan en España y 1 500 inspecciones a las instalaciones
radiactivas, hechas por el csn o, a través de acuerdos de encomienda, por
diversos servicios de las comunidades autónomas.
– Actúa en caso de emergencia. El csn proporciona apoyo técnico en caso
de emergencia nuclear o radiactiva y participa en la elaboración de planes
de emergencia. La Sala de Emergencias (Salem) coordina la respuesta en
caso de emergencia. La Salem está equipada con sistemas redundantes de
comunicación que aseguran la información en tiempo real, facilitando la
función asesora del csn en caso de emergencia.
– Controla las dosis de los trabajadores. Controla la dosis de radiación que
pueden recibir tanto los trabajadores expuestos como la población en ge-
neral. El Consejo emite los carnés radiológicos necesarios para los trabaja-
dores de las instalaciones nucleares o radiactivas. Los datos se almacenan
periódicamente en el Banco Dosimétrico Nacional, para controlar que nin-
gún trabajador reciba dosis superiores a los límites establecidos.
206 16.3. El papel de la Comisión Internacional de Protección Radiológica
– Realiza y promueve planes de investigación. Realiza y promueve planes de
investigación en materia de seguridad nuclear y protección radiológica. El
csn, aunque no es en sí mismo un organismo de investigación, desarrolla
su propio plan de I+D, para fomentar la investigación en los campos de
la seguridad nuclear y la protección radiológica.
– Propone reglamentación y normativa. Propone al Gobierno las reglamenta-
ciones necesarias en materia de seguridad nuclear y protección radiológica.
Se trata de generar la normativa que se considere conveniente, además de
adecuar la legislación nacional a la internacional, especialmente la deriva-
da de las directivas de la Unión Europea. Además, el csn tiene capacidad
para dictar por iniciativa propia normas de obligado cumplimiento sin que
requiera la aprobación posterior de cualquier otro poder o administración.
El Consejo está asistido en su trabajo por la Secretaría General, de la
que dependen la Dirección Técnica de Seguridad Nuclear y la Dirección
Técnica de Protección Radiológica. La presidencia está asistida por un
Gabinete Técnico que se ocupa de relaciones internacionales, relaciones
institucionales y comunicación.
– Informa a la opinión pública y a las Cortes. El csn elabora informes para
el Congreso de los Diputados y el Senado, en los que rinde cuentas de sus
actividades de vigilancia y control.
– Mantiene relaciones con la Administración del Estado. Debe rendir cuen-
tas de sus actuaciones ante el Parlamento; mantiene también relaciones de
colaboración con las instituciones del Estado, a nivel central, autonómico
y local.
– Mantiene relaciones con otros organismos similares. Mediante una parti-
cipación activa en grupos de trabajo en el seno de organismos internacio-
nales y acuerdos, protocolos o convenios con organismos de competencias
similares, el csn realiza un importante intercambio de conocimientos y
experiencias en cuestiones como la seguridad nuclear, la protección radio-
lógica y la gestión de los residuos radiactivos.
16.3. El papel de la Comisión Internacional de
Protección Radiológica
La Comisión Internacional de Protección Radiológica (icrp) surge con el
objetivo de establecer la filosofía de la protección radiológica fundamentada en
los conocimientos científicos sobre los efectos biológicos de las radiaciones io-
nizantes. Sus conclusiones, que se dan a conocer a través de recomendaciones,
proporcionan asesoramiento sobre los principios fundamentales que sirven de ba-
se al establecimiento de una protección radiológica adecuada, y han constituido
una base sólida para las normas reguladoras de los distintos países de acuerdo
con sus prácticas y políticas habituales.
En 1997, la icrp hace pública su recomendación número 26, en la que se
establece un sistema de protección radiológica basado en tres principios básicos:
justificación, optimización y limitación de dosis. Este sistema de protección ra-
16. Normativa sobre instalaciones nucleares y radiactivas 207
diológica fue refrendado y reforzado con las nuevas recomendaciones de la icrp
emitidas en 1990 a través de su publicación número 60.
El objetivo principal de este sistema es asegurar que no se adopte ninguna
práctica a menos que su introducción produzca un beneficio neto y positivo, que
todas las explotaciones necesarias se mantengan tan bajas como sea razonable-
mente posible, teniendo en cuenta los factores económicos y sociales, y que las
dosis recibidas por los individuos no excedan ciertos límites establecidos.
La Comunidad Europea estableció normas básicas para la protección sa-
nitaria contra los riesgos que se derivan de las radiaciones ionizantes en las
Directivas 80/836/Euratom y 84/476/Euratom basadas en las recomendaciones
básicas de la publicación de la icrp número 26 de 1997. Dichas directivas fueron
adoptadas por la legislación española en el Reglamento de Protección Sanitaria
contra las Radiaciones Ionizantes actualmente en vigor (Real Decreto 53/1992).
Las nuevas recomendaciones establecidas en la publicación número 60 de
la icrp, fueron recogidas en la Directiva 96/29/Euratom de 13 de mayo de
1996 y quedarán reflejadas en la próxima publicación del nuevo Reglamento
de Protección Sanitaria contra las Radiaciones Ionizantes que transpondrá la
citada directiva.
En la aplicación de los tres principios del sistema de protección radiológi-
ca para la protección de los trabajadores, adquiere una especial relevancia el
principio de optimización. Mientras que el establecimiento de unos límites de
dosis a trabajadores asegura la protección frente a exposiciones intolerables, la
aplicación del principio de optimización reduce tanto las exposiciones como el
número de trabajadores expuestos a un valor «tan bajo como sea razonablemen-
te alcanzable», lo que supone la reducción de los riesgos a valores aceptables
después de realizar una valoración frente a los beneficios alcanzables.
Su puesta en práctica supone el establecimiento de medidas de control y
vigilancia para la prevención de la exposición de los trabajadores expuestos,
tales como: la clasificación de los lugares de trabajo y de los trabajadores en
función de los riesgos, la vigilancia radiológica tanto de los lugares como de los
trabajadores, los métodos para la determinación de las dosis y los controles de
las dosis recibidas en la realización de los distintos trabajos.
16.4. El Organismo Internacional de la Energía
Atómica
El nacimiento del Organismo Internacional de la Energía Atómica (iaea)
está ligado al discurso «Átomos para la paz» pronunciado por el presidente Ei-
senhower ante la Asamblea General de la onu el 8 de diciembre de 1953, en el
que anunció la convocatoria de la Primera Conferencia Internacional sobre los
Usos Pacíficos de la Energía Atómica (que se celebraría en Ginebra en 1955) y la
creación de un organismo internacional al respecto, que tendría dos cometidos
básicos: la cooperación internacional en investigación nuclear con fines pacíficos,
y el control de instalaciones y materiales nucleares, para evitar que se desvia-
sen a la fabricación de armas nucleares. El tratado de constitución del nuevo
Organismo entró en vigor en julio de 1957 y, con el nombre de Organismo Inter-
208 16.5. La Agencia para la Energía Nuclear
nacional de Energía Atómica (iaea en inglés), fijó su sede en Viena ese mismo
año. España ingresó en 1959 y, en 2002, contaba con 134 Estados miembros.
La iaea está regida por su Conferencia General, en la que cada Estado
miembro tiene un voto. Una Junta de Gobernadores, de la que forman parte
35 representantes de otros tantos Estados, actúa a modo de consejo de admi-
nistración. Al frente del Organismo hay un Director General, nombrado por la
Conferencia General a propuesta de la Junta de Gobernadores, que dispone de
un cuerpo de funcionarios procedentes de los Estados miembros, que durante su
tiempo de servicio en el Organismo están sólo vinculados a él.
A lo largo de su historia, el Organismo ha realizado una labor sólida y eficaz
en la difusión de los conocimientos nucleares y el fomento de la cooperación entre
los Estados miembros. Sus actividades se pueden clasificar en:
– Formulación de recomendaciones sobre seguridad nuclear y protección ra-
diológica. Es una actividad fundamental del Organismo, orientada a que
sean muy semejantes los principios y métodos que los Estados miembros
aplican en este campo. Los manuales, guías, normas, etc., que publica el
Organismo son útiles para la redacción de las reglamentaciones nacionales.
– Fomento de los usos pacíficos de la energía nuclear e intercambio de in-
formación. Celebración de simposios, cursos, reuniones de expertos, etc.
Es especialmente significativa, en este campo, la actuación del Organismo
como depositario, entre otras, de las convenciones internacionales sobre
Seguridad Nuclear y Seguridad en la Gestión de Residuos Radiactivos y
Combustible Gastado.
– Asistencia técnica y suministro de materiales nucleares y equipos a Estados
miembros. Esta actividad está concebida, sobre todo, como ayuda a países
en desarrollo que quieren un apoyo para iniciar sus programas nucleares.
– Realización de investigaciones propias. El Organismo dispone de varios
centros de investigación propios, como el laboratorio de Seibersdorf, cerca
de Viena, donde se imparten cursos y se investiga sobre los efectos bioló-
gicos de las radiaciones; el Laboratorio de Biología Marina, en Mónaco; el
Centro de Investigación en Trieste, compartido con la unesco; y el Centro
Regional de Isótopos de Oriente Medio, entre otros.
– Normativa e inspección de salvaguardias, para que los materiales e ins-
talaciones no se desvíen a usos militares. Se ha hecho referencia a las
salvaguardias como una de las razones primordiales para la creación de la
iaea.
– Colaboración con otros organismos internacionales. Son dignas de destacar
la colaboración con la fao, la oms y la Agencia de Energía Nuclear de la
ocde.
16.5. La Agencia para la Energía Nuclear
La Agencia de la ocde para la Energía Nuclear (nea) fue fundada el 10 de
febrero de 1958 con el nombre de Agencia Europea para la Energía Nuclear, y
16. Normativa sobre instalaciones nucleares y radiactivas 209
recibió su denominación actual el 20 de abril de 1972 al incorporarse Japón como
primer país no europeo miembro de pleno derecho. En la actualidad cuanta con
la participación de 28 países miembros de la ocde: Australia, Canadá, República
Checa, República de Corea, República de Eslovenia, Estados Unidos, Hungría,
Islandia, Japón, México, Noruega, Suiza, Turquía y los quince países de la Unión
Europea (antes de la ampliación a los peco). La Comisión Europea también
participa en las actividades de la Agencia.
Desde sus comienzos, y a través de la cooperación internacional, la nea ha
dirigido sus esfuerzos a asesorar a los países miembros en las tareas de mante-
ner y desarrollar las bases científicas, tecnológicas y legales necesarias para la
utilización segura, económica y respetuosa con el medio ambiente de la energía
nuclear.
La nea actúa a la vez como foro para el intercambio de información y
experiencias entre sus 28 países miembros y como centro de competencia en
materia nuclear al que acudir para aportar y mantener al día conjuntamente sus
conocimientos técnicos. La Agencia apoya las políticas nucleares de sus países
miembros proporcionándoles evaluaciones objetivas y desarrollando puntos de
vista comunes sobre temas clave que puedan servir como base para las decisiones
de los gobiernos en materia de energía nuclear.
Entre los temas que son de competencia específica de la Agencia se inclu-
yen: la seguridad y la regulación de las actividades nucleares, la gestión de los
residuos radiactivos, la protección radiológica, las ciencias nucleares, los análisis
económicos y técnicos del ciclo de combustible nuclear, la legislación y la respon-
sabilidad civil en materia nuclear y la información pública. El Banco de Datos
de la nea dispone de un servicio que suministra datos nucleares y programas
de ordenador a sus miembros.
La Agencia también participa en la formulación de proyectos de colabora-
ción y de investigación y desarrollo en áreas científicas y técnicas en las que la
puesta en común de los recursos y conocimientos entre los organismos partici-
pantes es de vital importancia.
La nea trabaja en estrecha colaboración tanto con el Organismo Internacio-
nal de Energía Atómica —con el que tiene suscrito un Acuerdo de Cooperación—
como con otras organizaciones internacionales de ámbito nuclear.
La nea es la única organización intergubernamental del campo de la energía
nuclear que agrupa a los países desarrollados de América del Norte, Europa y
la región Asia-Pacífico en un foro de dimensiones reducidas, sin una orientación
política preconcebida y con una vocación especializada hacia la técnica y la
formulación de políticas nucleares.
16.6. Efectos sobre el medio ambiente
En las anteriores recomendaciones de la Comisión Internacional de Pro-
tección Radiológica (1977) se afirmaba que «si el hombre está adecuadamente
protegido, entonces los otros seres vivos probablemente también lo estén». Dicha
afirmación se ha venido aceptando en el pasado sin mucha discusión, a pesar
210 16.6. Efectos sobre el medio ambiente
de su ambigüedad. De hecho, al examinar la situación en el entorno de ins-
talaciones concretas, siempre se ha encontrado que resulta razonable e incluso
conservadora. No obstante, la complejidad de las relaciones entre las especies de
cualquier ecosistema hace aconsejable un estudio más detallado de los efectos
de la radiación sobre las especies no humanas.
Como se ha podido constatar tras el accidente de Chernobyl, la liberación
de radionucleidos al medio ambiente puede ocasionar dosis de radiación a ciertos
organismos mucho mayores que las recibidas por el ser humano. La diferencia
principal reside en la forma en que los riesgos planteados se valoran. Así, mien-
tras que el riesgo a las personas se valora individualmente, en el caso de los
animales se trata de valorar el impacto sobre las especies. Podría resultar admi-
sible que se causaran daños a algunos individuos mientras que la población en
general no se viese amenazada. Por el contrario, en el caso de especies amena-
zadas o protegidas, también se podrá énfasis en la protección de los individuos.
Las recomendaciones más recientes de la icrp (1991) han modificado el
párrafo antes mencionado:
La Comisión cree que el nivel de control medioambiental necesario
para proteger al ser humano en la medida considerada actualmente como
deseable asegurará asimismo que otras especies no se expongan a situación
de riesgo. Miembros individuales de especies no humanas podrían, a veces,
ser dañados, pero no hasta el punto de poner en peligro especies enteras
o crear desequilibrios entre distintas especies.
Este principio sitúa el interés de la protección radiológica sobre aquellas
variables de interés para evaluar el efecto sobre el mantenimiento de la población,
tales como la mortalidad, fertilidad y tasas de mutación genética.
Los conceptos de exposición «aguda» y «crónica» han de referirse ahora,
respectivamente, a períodos breves comparados con el desarrollo biológico de los
organismos afectados o del orden de una fracción significativa de su vida. Una
exposición será «elevada» si puede causar un efecto patológico serio y rápido,
mientras que se considerará «baja» si ofrece sólo efectos marginales sobre la
mortalidad, pero puede llegar a causar efectos biológicos observables. Todos
estos términos serán relativos dependiendo de a qué especies se refieran: una
exposición «crónica» para una bacteria sería una exposición «aguda» para una
planta; una dosis «elevada» para un mamífero se podría considerar con seguridad
como «baja» para un molusco. La información sobre estos efectos procede en su
mayor parte de los experimentos realizados en Estados Unidos en los años de la
Guerra Fría.
La extrapolación de los resultados de los resultados de dichos experimen-
tos a la evaluación del impacto ecológico de una contaminación significativa del
medio ambiente es siempre difícil, pero en la actualidad se están produciendo
avances notables hacia una normalización de las evaluaciones de impacto eco-
lógico. Tal vez sea ésta la última cuestión pendiente, ya en curso de estudio,
en cuanto a la normativa sobre protección radiológica. La complejidad de los
ecosistemas hace preciso basar su protección en evaluaciones integradoras de
todos los aspectos implicados. El desarrollo necesario en este sentido pasa por
16. Normativa sobre instalaciones nucleares y radiactivas 211
establecer magnitudes y unidades adecuadas para la dosis recibida por las otras
especies, modelos dosimétricos de referencia, con geometrías y organismos sufi-
cientemente representativos, y medidas del daño y efectos biológicos causados.
Capítulo 17
La energía nuclear en la
planificación energética:
aspectos económicos,
medioambientales y
estratégicos
17.1. Introducción
De todas las fuentes de energía primaria, los combustibles fósiles son en la
actualidad la fuente más importante: representan el 87 por ciento del consumo
mundial de energía primaria, frente al 6 por ciento de energía nuclear y al 6
por ciento de energía hidráulica; en el uno por ciento restante se engloban las
energías renovables, a excepción de la hidráulica.
1
En los países desarrollados,
estos porcentajes de consumo varían ligeramente, siendo del 83 y del 11 por
ciento para combustibles fósiles y para energía nuclear, respectivamente. Cada
habitante del planeta consume al año una media de 1,3 toneladas equivalentes
de petróleo de combustible fósil, resultando así un consumo total anual de 7 600
millones de Tep.
2
1
En realidad, todo este apartado se resume en una secuencia argumental tan simple como
endeble: cada vez hay más consumo de energía; cada vez hay menos combustibles fósiles; la
energía nuclear, a diferencia de la derivada de combustibles fósiles, no emite CO
2
; luego la
energía nuclear es la única alternativa. Iremos viendo por partes las críticas a esta clase de
argumentación, que por otra parte la industria nuclear y sus representantes universitarios e
institucionales llevan veinte años defendiendo.—Nota de M.M.
2
Aquí se vislumbra ya un primer problema: la presencia de datos agregados oculta la
profunda asimetría que se da en el consumo energético mundial, en el que los países del
Centro —Estados Unidos especialmente, como es natural— consumen muy por encima de
la media, y los países de la Periferia —especialmente los llamados eufemísticamente «Países
Menos Avanzados» consumen muy por debajo. Y esta asimetría es una cuestión esencial
porque muestra la imposibilidad —no sólo en términos energéticos, sino también materiales—
de generalizar el modelo de vida, desarrollo y consumo a todos los países del planeta. Ante
esa imposibilidad, que los propios países del Centro detectaron ya en la época del Informe
214 17.1. Introducción
En cuanto al uso de la energía primaria, la producción de electricidad re-
presenta hoy en día casi la mitad del consumo total de energía primaria. La
diversidad de fuentes de energía que pueden utilizarse par producir electrici-
dad, así como su comodidad, flexibilidad y limpieza en el punto de consumo
—aunque no en el punto de producción— la hacen cada vez más atractiva.
3
Los
combustibles fósiles suministran en la actualidad el 63 por ciento de la electri-
cidad producida en el mundo —correspondiendo un 38 por ciento al carbón, un
16 al gas y un 9 al petróleo—, la energía nuclear el 17 y las energías renovables
(incluyendo la hidráulica) el 18 por ciento.
En las próximas décadas, el consumo mundial de energía primaria se verá
incrementado de forma importante. Los diversos estudios realizados para extra-
polar las necesidades energéticas para el siglo xxi no son unánimes, y prevén
incrementos de la demanda entre el 50 y el 250 por ciento, según consideren
escenarios de bajo o alto crecimiento económico.
4
Impacto de la producción y el consumo de energía La producción de energía
final a partir de cualquier tipo de energía primaria posee un alto impacto me-
dioambiental. En relación con el empleo de combustibles fósiles, hay que tener
en cuenta las emisiones de partículas y gases ácidos procedentes de la combus-
tión, que deterioran la calidad del aire y son responsables de la lluvia ácida y
el efecto invernadero; son efectos que implican un riesgo de cambio climático,
constituyendo una amenaza para las generaciones futuras.
La energía nuclear puede tener un papel relevante para la consecución de
los principios del Desarrollo Sostenible. La operación de las centrales nucleares
de fisión no genera ningún tipo de gases causantes de lluvia ácida, ni gases de
efecto invernadero. Pueden, por ello, contribuir a la disminución de la polu-
ción atmosférica y a las estrategias para evitar el recalentamiento climático del
Meadows, caben dos alternativas: la imposición sistemática de un doble rasero para países
ricos y pobres en cuanto a su capacidad para contaminar (este es el contenido central de las
Conferencias sobre Medio Ambiente y sobre Cambio Climático); o el cuestionamiento de un
modelo de desarrollo cada vez más devorador de energía y recursos.—Nota de M.M.
3
Es curioso, en este sentido, que no se haga la más mínima referencia al rendimiento del uso
de energía eléctrica —en cuya producción nuclear se alcanzan rendimientos situados en torno
al treinta por cientos— en el punto de consumo en lugar de otras fuentes de energía: el ejemplo
más cotidiano es el uso de electricidad para calentar el agua, la comida o la casa.—Nota de
M.M.
4
Es importante hacer referencia a que el consumo energético crece muy por encima del
crecimiento del Producto Interior Bruto y del crecimiento demográfico. A pesar de que el
texto hace referencia a la supuesta «estabilización» del consumo energético en los países
del Centro, lo cierto es que, en estos países, el consumo energético per capita no cesa de
crecer, a pesar de la «creciente eficiencia» de sus procesos productivos. Sauvan hace aquí
referencia, sin desarrollarlo explícitamente, a lo que en Economía Ambiental se denominan
las Curvas Medioambientales de Kuznets, que afirman que, pasado cierto punto «crítico»,
el deterioro medioambiental se atenúa con el crecimiento económico. Sin embargo, las pocas
cuantificaciones disponibles con respecto al uso de energía y materiales muestran justamente
lo contrario: en los países del Centro crece su consumo directo y crece, especialmente, su
consumo indirecto, i.e., la energía y los materiales que se trasladan de la Periferia al Centro,
posibilitando nuestro modelo de vida energívoro y depredador. De ahí proviene la apariencia de
«desmaterialización» de nuestras sociedades desarrolladas, una apariencia que sólo se supera
con una mirada sobre la totalidad de los flujos sociales de materia y energía que acontecen a
nivel planetario. En este sentido, el concepto de «huella ecológica» resulta de suma utilidad.—
Nota de M.M.
17. La energía nuclear en la planificación energética 215
planeta. Una central nuclear de 1 000 MW evita la emisión de ocho millones
de toneladas de CO
2
anuales. En la Unión Europea, el funcionamiento de las
centrales evita una cantidad de emisiones equivalente a las producidas por el
cincuenta por ciento de los vehículos que circulan por la ue.
Por otra parte, la energía nuclear y las fuentes renovables son complemen-
tarias. La primera, con sus plantas en funcionamiento continuo, es una buena
opción para las centrales de base para grandes zonas urbanas e industriales.
Las segundas, debido a su naturaleza dispersa e intermitente, son una solución
idónea para áreas rurales de baja densidad de población. La idea según la cual
las energías renovables podrían sustituir a las convencionales es incierta, en el
estado actual de desarrollo de las tecnologías solar y eólica y de las técnicas de
almacenamiento y transporte de la energía eléctrica.
5
17.2. Aspecto económico
La generación de energía supone dos tipos de costes: los costes internos
o directos —también llamados costes de generación— y los costes externos o
externalidades. El precio de mercado refleja únicamente los costes internos, cons-
tituyendo un indicador económico relevante, aunque no refleja el coste total que
para la sociedad tiene la generación de energía.
17.2.1. Costes internos o directos
Veamos por qué la energía nuclear es competitiva respecto a las otras alter-
nativas de generación eléctrica. La energía nuclear se caracteriza por una gran
inversión para la construcción de la central, y bajos costes marginales —precio
del combustible, costes de mantenimiento y operación—. Es decir, una vez en
funcionamiento, una central nuclear tiene unos costes de producción estables.
La inversión, teniendo en cuenta los intereses de amortización, representa un
sesenta por ciento del coste total de la producción de electricidad de origen
nuclear, mientras que el mantenimiento y el precio del uranio representan apro-
5
Esto hace referencia a un aspecto esencial: nuestro modelo territorial y demográfico lleva
implícita la producción masiva y centralizada de energía a partir de fuentes no renovables.
Pero caben entonces dos posibilidades: avalar, haciendo apología de lo real, el orden existente,
considerando la producción energética como un medio necesario (o un «mal menor») para un
fin incuestionable; o poner en tela de juicio justamente dicho modelo territorial, demográfico,
económico y ético. La preocupación por el mundo rural que posee la industria nuclear se revela
en el hecho de que enresa está pagando grandes cantidades a ayuntamientos de zonas rurales
—aquejados, por regla general, de déficits fiscales graves— para que almacenen los recursos
nucleares. De este modo, el mundo rural se convierte no sólo en un territorio a esquilmar
para mayor gloria del crecimiento económico, sino, cada vez más, en un vertedero de las
consecuencias no deseadas de dicho crecimiento, ahora en versión radiactiva. Finalmente,
hablar de la escasa viabilidad económica y técnica de las energías renovables es, de nuevo, un
ejemplo de cómo, al describir lo real sin buscar sus causas, su genética, se hace apología de
lo existente. Si las energías renovables son menos viables, ello se debe, al menos en parte, al
escasísimo interés tecnológico y financiero que se les ha dedicado, a diferencia de las ingentes
sumas de dinero que ha drenado la industria nuclear —incluida la de armamento— a lo largo
de los últimos sesenta años.—Nota de M.M.
216 17.2. Aspecto económico
ximadamente un veinte por ciento cada uno.
Los costes para construir una central de combustible fósil pueden ser sig-
nificativamente menores que los de una central nuclear; sin embargo, los costes
del combustible suponen entre el cincuenta y el setenta por ciento de los costes
de generación según la materia prima utilizada. Así, la competitividad de este
tipo de producción depende en gran medida de la volatilidad de los precios del
combustible.
Debido a la larga duración de la construcción de una central nuclear —unos
siete años, respecto a cinco años para una central de carbón y de dos a tres años
para una de gas—, la competitividad de la energía nuclear depende mucho de
las condiciones de la inversión, especialmente del tipo de interés y del período
de amortización. Depende a su vez de factores que pueden variar de una nación
a otra, como son la legislación propia del país en materia medioambiental, la
disponibilidad de fuentes alternativas, recursos financieros, etc. Los costes de se-
guridad y desmantelamiento están incluidos en el precio de una central nuclear
y amortizados en toda la vida de la central. Es decir, el consumidor de elec-
tricidad paga la seguridad nuclear, los seguros contra los accidentes nucleares,
el desmantelamiento de las instalaciones y el almacenamiento de los residuos
radiactivos.
La mayoría de las centrales nucleares actuales seguirán en funcionamiento
hasta la fecha programada de su parada. Es muy rentable aumentar su dura-
ción de vida, invirtiendo los recursos necesarios para garantizar la seguridad y
mejorar el rendimiento. De esta forma, las centrales nucleares pueden continuar
su funcionamiento una media de diez años. Los daños estructurales sufridos por
la vasija del reactor impiden alargar más esta duración.
En la década de los años treinta del presente siglo, casi todas las centrales
de tercera generación en funcionamiento tendrán que ser reemplazadas por cen-
trales de nueva generación. Estas nuevas centrales deberán ser menos costosas y
de más rápida construcción, para entrar en competencia con las nuevas centrales
térmicas.
6
17.2.2. Costes externos o externalidades
Lo importante de los costes externos es que, en ausencia de normativa de
regulación, no son tenidos en cuenta en los costes de producción. Por ello, en
el precio de la electricidad generada no están recogidos todos los costes que se
están originando, sino únicamente los costes internos. Así, el precio de la energía
es un precio artificialmente bajo, lo que puede interpretarse como un subsidio
que la sociedad aplica a la generación energética.
6
No es necesario insistir en que permanentemente se manifiesta la contradicción entre la
necesidad de obtener altos beneficios de la inversión en una central y la seguridad, a todos
los niveles, de la misma. Pretender que la legislación puede eliminar dicha contradicción, que
está clavada en la naturaleza misma del capitalismo, es una ilusión propia de quien opina
que el Estado es una institución neutral, que emana de un contrato social entre iguales. Las
referencias genéricas a «la sociedad», de las que el texto está plagado, denotan una concepción
de esta clase, que borra la existencia de asimetrías y relaciones de poder en el seno de dicha
sociedad.—Nota de M.M.
17. La energía nuclear en la planificación energética 217
Para las industrias que utilizan combustible fósil, el impacto del cambio
climático y la contaminación ambiental son costes externos, dado que no se
cuantifica el coste para el medio ambiente de las emisiones que contribuyen al
calentamiento global del planeta, la lluvia ácida, la emisión de metales pesados,
etc. Sin embargo, en las centrales nucleares, la mayoría de los costes externos se
han considerado e incluido entre los costes de producción:
7
– El coste para la seguridad y protección radiactiva. Se han impuesto en
las centrales multitud de barreras y de redundancia en los sistemas de
seguridad que impiden la liberación al medio ambiente de los materiales
radiactivos, tanto en funcionamiento normal como en caso de accidente.
– El coste de la gestión de los residuos radiactivos. Estos tienen un importan-
te impacto económico, pero, en cualquier caso, dicho impacto es asumido
por las plantas generadoras.
– El coste del desmantelamiento de las instalaciones.
17.3. Aspecto estratégico
La política energética de la mayor parte de los países se basa en diversificar,
es decir, e disponer de distintas fuentes de energía para evitar en lo posible la
dependencia de suministro de combustible del exterior. La producción energética
de origen nuclear supone garantía de suministro, garantía de producción y mayor
eficacia en el aprovechamiento de los recursos.
Garantía de suministro La energía nuclear dispone de fuentes de suministro
en prácticamente todos los países, lo que asegura el autoabastecimiento. A nivel
mundial, las centrales nucleares consumen aproximadamente 60 000 toneladas
de uranio natural al año. Los recursos conocidos de uranio representan más de
setenta años, y las reservas demostrables y económicamente explotables repre-
sentan unos cuarenta años de consumo a ritmo actual. Sin embargo, el uranio
abunda abunda en la corteza terrestre y se estima que los recursos convenciona-
les representan alrededor de 250 años años de consumo al ritmo actual. Además,
los recursos no convencionales, contenidos en los fosfatos marinos y en el agua
de mar, son mayores al menos en dos órdenes de magnitud.
Además, los recursos de combustible nuclear podrían verse aumentados al
reciclar los materiales fisibles —fabricando por ejemplo combustible de óxidos
mixtos para reactores de agua ligera—, y poniendo en marcha ciclos de com-
bustibles avanzados que permitan convertir uranio y torio fértiles en materiales
7
Es cierto que la industria nuclear, debido a la presión social, ha internalizado algunos
de sus costes externos, cosa que en la mayor parte de la industria es todavía impensable.
De todos modos, el hecho de que se valore sólo el coste de extracción del recurso, y no
el coste (energético) de su reposición, vicia todo el argumento. Especialmente teniendo en
cuenta que el coste de reposición del uranio, por su naturaleza atómica, por la exigencia de su
enriquecimiento y por la enorme cantidad de áridos que exige remover, es considerablemente
más elevado que el de los combustibles fósiles.—Nota de M.M.
218 17.4. Aspecto medioambiental
fisibles. La decisión de adoptar tales ciclos de combustible multiplicaría con-
siderablemente la energía producida por unidad de masa de uranio natural, y
transformaría las instalaciones de combustible gastado en fábricas de combus-
tible nuclear; es decir, el combustible gastado podría verse como un recurso
potencial en lugar de como un residuo. Debido al mayor aprovechamiento ener-
gético, los materiales de torio y uranio de baja concentración podrían llegar a
ser económicamente rentables.
Garantía de producción Las centrales nucleares producen 10 000 veces más
energía por unidad de masa de uranio que otras tecnologías a partir de com-
bustible fósil o renovable (biomasa). Por tanto, por cada kilovatio-hora de elec-
tricidad producido se procesa una cantidad mucho menor de material, siendo
los volúmenes de residuos considerablemente menores. Esa gran concentración
energética del combustible hace posible y rentable conservar unas reservas estra-
tégicas de combustible en la propia central nuclear para asegurara la continuidad
de la producción en el caso de interrupción en el suministro. Por otra parte, la
generación de electricidad de origen nuclear tiene la ventaja de no estar sujeta
a condiciones climáticas cambiantes o fluctuaciones impredecibles de costes.
Mayor productividad de los recursos En la actualidad, el uranio se emplea
únicamente como combustible en las centrales nucleares. Por tanto, la produc-
ción de electricidad de origen nuclear libera recursos para otros usos esenciales,
reservando por ejemplo los hidrocarburos para el transporte o la industria pe-
troquímica.
En conclusión, la incorporación de la energía nuclear como una de las fuentes
de abastecimiento energético aumenta la diversidad, la fiabilidad del suminis-
tro energético y contribuye a una mayor eficacia y productividad global de los
recursos. Por otra parte, reduce la dependencia del exterior si no se dispone de
combustibles fósiles para el autoabastecimiento, como es el caso español. Por
tanto, desde el punto de vista estratégico, existen claras ventajas del uso de la
energía nuclear.
17.4. Aspecto medioambiental
Protección radiológica El objetivo principal de la protección radiológica, según
la icrp, es proporcionar un estándar apropiado de protección a la radiación, sin
limitar de manera indebida los efectos beneficiosos derivados de una adecuada
exposición. Los estándares y recomendaciones se basan en limitar el riesgo de
efectos sobre la salud, siguiendo tres principios: justificación de la actividad,
limitación de las dosis —mantenimiento de las dosis individuales dentro de los
límites regulados— y optimización —mantenimiento de las dosis dentro de los
límites más bajos razonablemente alcanzables.
Los límites de dosis recomendados son de 1 mSv por año para la exposición
del público y 20 mSv por año para la exposición del personal profesionalmente
17. La energía nuclear en la planificación energética 219
expuesto. Estos límites deben compararse con la dosis media de radiación natu-
ral, que es de unos 3 mSv por año, aunque varía considerablemente en función
de la localización geográfica, llegando hasta 10 mSv al año en algunas regiones,
sin que se hayan identificado efectos en la población.
Para las poblaciones próximas a las centrales nucleares, las dosis anuales
a los individuos del público más expuestos oscilan entre 1 y 20 µSv, i.e., entre
cincuenta y mil veces inferior al límite anual. Por otra parte, la dosis media anual
recibida por los trabajadores en cualquier actividad del ciclo de combustible
es de unos 3 mSv, comparable a la dosis natural o a los 2 a 3 mSv de las
exposiciones recibidas por las tripulaciones aéreas, debidas principalmente a la
radiación cósmica a altitudes elevadas.
17.4.1. Seguridad nuclear
Una actividad potencialmente peligrosa no tiene por qué ser insegura si se
incorporan las medidas adecuadas capaces de reducir el riesgo a niveles acep-
tables. Este es el objetivo de la seguridad nuclear. Esto significa que no debe
haber liberación radiactiva ni en condiciones normales de operación ni en caso
de accidente, cuya posibilidad de ocurrencia debe ser muy baja.
Se ha calculado que el riesgo de que se produzca un accidente que conduzca
a daños importantes es inferior a 10
−5
por año de operación de la planta, para
reactores en funcionamiento en los países de la ocde. Las mejoras de diseño y
de los procedimientos hacen que se siga reduciendo significativamente el riesgo
de accidentes.
Gestión de residuos radiactivos No hay que perder de vista que la caracterís-
tica de larga duración no es privativa de los residuos nucleares. Otros tipos de
residuos nocivos, tales como los metales pesados y muchos productos químicos,
permanecen indefinidamente en la biosfera o provocan un impacto suficiente a
corto plazo para influir de forma permanente a largo plazo. Por el contrario, los
residuos radiactivos de larga vida pueden aislarse de la biosfera durante miles
de años usando las tecnologías disponibles.
8
8
No deja de ser grotesco el empeño en demostrar que la industria nuclear contamina,
pero las demás lo hacen más y peor. Esta clase de argumentos obvia lo esencial: el profundo
entrelazamiento que existe entre la industria nuclear y las «convencionales» —habida cuenta
de que la propia industria convencional demanda enormes cantidades de energía eléctrica,
en relación directa a la contaminación que genera— y, sobre todo, que el capital fluye de la
industria nuclear a la convencional y viceversa, no en función de su carácter más o menos
contaminante sino de las perspectivas de beneficios. Pero hay más: la supuesta preocupación
por realizar un análisis del ciclo de vida de la generación de energía eléctrica de origen nuclear
obvia la generación de una elevadísima cantidad de residuos «convencionales» como resultado
de la operación de las nucleares. Tal es el caso, por ejemplo, del reactor rápido refrigerado por
plomo (¿qué ocurrirá con ese metal pesado altamente contaminante?), uno de los de cuarta
generación, tan eficientes, limpios y seguros.—Nota de M.M.
Capítulo 18
Reactores avanzados de
fisión nuclear: objetivos de
la tercera y cuarta
generación de centrales
nucleares
18.1. Introducción
Los reactores nucleares de fisión utilizados para producción de energía eléc-
trica han experimentado mejoras continuas y profundos cambios tecnológicos
desde los comienzos de la ingeniería nuclear civil en los años cincuenta. Cada
cambio importante ha dado lugar al nacimiento de lo que se ha denominado una
generación. Hoy en día nos encontramos en la transición entre la segunda y la
tercera generación de reactores nucleares.
Reactores de primera generación La primera generación agrupa los reactores
prototipo construidos en el mundo (Estados Unidos, Francia, Reino Unido) entre
las décadas de los cincuenta y setenta. La concepción de estos reactores estuvo
muy influenciada por las limitaciones del ciclo de combustible del uranio. Por
una parte, no se disponía de tecnología de enriquecimiento del uranio. Por otra
parte parte, los distintos países querían dotarse de armas de disuasión nuclear,
con la consiguiente necesidad de producir material fisible. En este contexto, los
reactores debían funcionar con uranio nuclear, requiriendo entonces la utilización
de grafito o agua pesada como moderador, puesto que no es posible moderar con
agua ligera utilizando uranio natural como combustible por razones de economía
neutrónica. Estos tipos de reactores presentaban una serie de inconvenientes,
como el importante coste de inversión debido a su tecnología, las dificultades
para mejorar la seguridad y los problemas para extrapolarlos a instalaciones de
potencia superior.
222 18.2. Reactores de tercera generación
Reactores de segunda generación La segunda generación se refiere a los reac-
tores comerciales puestos en servicio entre 1970 y 2000, que nacen de la necesidad
de hacer viable la explotación de la energía nuclear para generar electricidad e
independizarse así de los combustibles fósiles. Comprende los tipos pwr, bwr,
rbmk —Reaktor Bolqoi Mownosti Kanalniy, o reactor de agua en ebu-
llición de gran potencia, reactores que, como el de Chernobyl, constituyen el
cuarenta por ciento del parque nuclear de la antigua Unión Soviética—, vver
—reactor de agua presurizada de tecnología soviética—, candu —reactor de
tecnología canadiense que utiliza agua pesada como moderador—. Este es el
período de desarrollo y extensión de los reactores pwr y bwr, que se revelan
como los más simples, fiables y económicos. De hecho, constituyen actualmente
más del 85 por ciento del parque electronuclear mundial, con 441 reactores.
Reactores de tercera generación El accidente de Three Mile Island en 1979
concienció a la industria nuclear de la necesidad de prestar más atención a los
factores humanos, acentuando la importancia de una nueva cultura de seguridad.
Se persiguió una concepción de los reactores que incluyera mejoras significativas
de la seguridad, manteniendo la competitividad económica. Nacieron entonces
los reactores de tercera generación. Éstos están concebidos sobre los mismos
principios que los de segunda, pero incluyen la experiencia adquirida en los
anteriores. El refuerzo de la seguridad se tiene en cuenta en el propio diseño
del reactor, traduciéndose en una redundancia de los dispositivos de seguridad
para disminuir aún más la probabilidad de accidente, y en una concepción que
garantice de forma pasiva, i.e., sin necesidad de ninguna intervención humana,
las acciones de seguridad en situación accidental.
Reactores de cuarta generación La cuarta generación es la de los sistemas
del futuro: aquellos que incluyen innovaciones y desarrollos importantes con el
objetivo de conseguir mayor durabilidad, competencia económica, seguridad y
fiabilidad. Además, deben responder no sólo a la producción de energía eléctrica,
sino también a la producción de hidrógeno o desalación de agua de mar. Sobre
la base de los objetivos propuestos, se han seleccionado seis sistemas como los
más prometedores para reemplazar a partir de 2035 a los reactores de tercera
generación.
18.2. Reactores de tercera generación
Los reactores de tercera generación son aquellos que sustituirán a los reac-
tores actuales cuando lleguen al final de su vida útil. Esta renovación del parque
nuclear ya ha comenzado; así, por ejemplo, en Corea del Sur están en construc-
ción cuatro generadores de agua a presión con dispositivos de nueva generación.
18.2.1. Objetivos de la tercera generación
El objetivo global de los reactores de tercera generación es mejorar la seguri-
dad respecto a sus predecesores, así como la rentabilidad económica a través de
18. Reactores avanzados de fisión nuclear 223
una estandarización de los mecanismos de los reactores avanzados. No incluyen
tecnología revolucionaria ni diseños innovadores con respecto a la generación
anterior, sino que son evoluciones de diseños actuales —fundamentalmente pwr
y bwr— que incorporan dispositivos para satisfacer los requisitos exigidos a las
nuevas centrales nucleares:
– Aumento de la seguridad del funcionamiento de las centrales.
– Disminución del impacto sobre el medio ambiente, i.e., minimización de
la producción de residuos radiactivos y de las eventuales emisiones atmos-
féricas de caso de accidente en el reactor.
– Mejora de la fiabilidad de rentabilidad económica de las centrales, con el
fin de aumentar la competitividad de la energía nuclear.
– Mejora de la percepción de la energía nuclear por parte de la opinión
pública.
En la situación actual, los principales factores que conducen a una mayor
rentabilidad económica frente a fuentes de energía alternativas son: disminución
del coste y tiempo de puesta en marcha de la central, ciclos de funcionamiento
más largos, disminución del tiempo de parada, duración de vida más larga para
los elementos combustibles y los principales componentes del reactor, aumento
de la potencia unitaria. Los reactores de tercera generación deberán ser, por
tanto, capaces de cumplir estos requisitos.
18.2.2. Aspectos estratégicos
Con el fin de mantener una capacidad de producción de electricidad nuclear
en Estados Unidos, en 1990 ese país elaboró un Plan Estratégico para sacar a la
industria nuclear de su estancamiento, a través de una mejora de la rentabilidad
económica de las centrales futuras. El elemento principal del plan, sostenido por
las compañías eléctricas, los suministradores de equipo y los constructores de
reactores, radicaba en la búsqueda de una estandarización del reactor avanza-
do de agua ligera. Esta estandarización debería permitir a la nrc otorgar un
«certificado de concepción« destinado a facilitar la obtención de licencia de ex-
plotación y así reducir los tiempos de puesta en funcionamiento de las nuevas
instalaciones.
A finales de 1991, se tomó una iniciativa estratégica similar por parte de
los productores de electricidad de varios países europeos —Alemania, Bélgica,
España, Francia y Reino Unido, a los que se unieron más tarde Italia, Finlandia,
Holanda y Suecia—. Esta iniciativa, conocida como eur (European Utility Re-
quirements), consistía en definir las características comunes de los reactores de
agua ligera de tercera generación que deberían ser construidos en Europa, con el
fin de disminuir el tiempo de puesta en funcionamiento de las nuevas centrales.
Desde el punto de vista de la seguridad de las instalaciones, el documento eur
introduce dos objetivos de nivel de probabilidad:
224 18.2. Reactores de tercera generación
– Un objetivo de 10
−5
por año como valor de la frecuencia acumulada de
fusión del núcleo.
– Un objetivo de 10
−6
por año como valor de la frecuencia acumulada de
eventos que den lugar a una emisión importante de elementos radiactivos
al medio ambiente.
El objetivo de seguridad perseguido en ese documento es minimizar las me-
didas de protección radiactiva necesarias en caso de accidente en un radio de
800 metros alrededor de la central. En particular, no se necesitará evacuación
de la población durante un período largo, superior a un año. Además, las con-
secuencias de un accidente deben ser extremadamente limitadas en el tiempo y
el espacio respecto a la utilización de las tierras cercanas.
18.2.3. Ejemplos de reactores avanzados
Existen varios proyectos de reactores de tercera generación. Los principales
son los de agua ligera tal como el AP600, abwr, epr, S80+, sbwr, etc. Todos
ellos tienen características comunes, tales como: duración de vida operacional
de sesenta años; factor de carga que ronda el noventa por ciento; tiempo de
construcción previsto de cuatro a cinco años; ciclos de carga cada 24 meses, con
un tiempo máximo de parada de 30 días entre recarga y mantenimiento; tasa
de quemado de combustible (UO
2
y mox) que alcanza los 60 GWd/t; seguridad
que asegura una probabilidad fusión del núcleo inferior a 10
−5
por reactor y
año y una probabilidad de emisión grave al medio ambiente de 10
−6
por reactor
y año; tasa de dosis colectiva recibida por el personal inferior a 0,8 mSv por
persona y año.
A los reactores de agua ligera hay que añadir el reactor htr (High Tempe-
rature Reactor). Tiene también especial importancia el proyecto concebido para
quemar el plutonio militar ruso. Este reactor, de 600 MW térmicos, refrigerado
con helio y acoplado a una turbina de gas para producir electricidad, es conocido
como gt-mhr (Gaz Turbine-Modular Hellium Reactor).
El reactor EPR El reactor epr (European Pressurized Reactor) es un reactor
avanzado de agua a presión de 1 450 MW eléctricos. Es un reactor desarrollado
conjuntamente por Framatome y Siemens y consiste en una evolución de los
reactores franceses y alemanes actualmente en funcionamiento. El comienzo de
la construcción del primer reactor de este tipo en Francia está previsto para
2007, para una puesta en funcionamiento en torno a 2011.
En este reactor, el núcleo y la vasija están diseñados para que sirvan de
reflector neutrónicos, lo que permite reducir el enriquecimiento de combustible
en
235
U. En el núcleo se puede utilizar también combustible mox hasta un
cincuenta por ciento, para reciclar plutonio. Con una tasa de quemado que
puede alcanzar los 65 GWd/t y una masa global de combustible mayor que los
reactores de la generación anterior, las recargas se efectuarán tras ciclos de 18 a
24 meses. Todos estos aspectos permitirán reducir los costes de funcionamiento
y, en particular, aquellos generados por el combustible y el mantenimiento.
18. Reactores avanzados de fisión nuclear 225
En el epr se ha tenido en cuenta el riesgo de fusión del núcleo desde el
principio de la concepción del reactor. Las mejoras residen en la prevención del
accidente con sistemas de comandos donde el error humano está minimizado
y dando al operador un tiempo de reacción para actuar relativamente largo
(treinta minutos), ya sea en funcionamiento normal o en caso de incidente o
accidente. Un pozo situado debajo del núcleo tiene como función recuperar el
corium en caso de fusión del mismo. Si tal evento se produjera, el corium caería
en el fondo del pozo y se extendería, evacuando así su calor residual. Las reservas
de agua del primario que sirven para la recarga del circuito están almacenadas
en el edificio del reactor para usarse como refrigerante del núcleo fundido. Este
diseño asegura la imposibilidad de emisiones radiactivas fuera del edificio de
contención del núcleo.
El reactor AP600 El reactor AP600 es un reactor de agua a presión de 600
MW eléctricos desarrollado por Westinghouse. Sus elementos de seguridad pa-
siva están más desarrollados que en otros reactores de agua ligera de tercera
generación. Las principales evoluciones de este tipo de reactores están ligadas a
la simplicidad y la seguridad.
En este tipo de reactor se ha privilegiado la simplicidad, reduciéndose en
buena medida el número de válvulas, cañerías y bombas respecto a un reactor
convencional. Esto permite reducir tanto el coste de construcción de la central
como la duración de la construcción de la misma.
Desde el punto de vista de la seguridad, el reactor AP600 está dotado de
distintos sistemas pasivos correspondientes a:
– El sistema de inyección de seguridad, para suministrar agua borada al
refrigerante para limitar la temperatura de las vainas en caso de accidente
de pérdida de refrigerante.
– El sistema pasivo para la eliminación del calor residual.
– El sistema pasivo para la refrigeración del edificio de contención.
El reactor GT-MHR El reactor gt-mhr es un proyecto internacional en el que
están implicados Estados Unidos, Rusia, Japón y Francia. Su finalidad es apro-
vechar energéticamente el plutonio de origen militar. El reactor está derivado de
los reactores de alta temperatura refrigerados por gas (htr, High Temperature
Reactor), que no consiguieron imponerse como reactores comerciales a pesar
de sus excelentes cualidades técnicas (calidad del combustible, alto rendimiento
energético, seguridad del reactor).
El aspecto más destacado de este tipo de reactor es el combustible. Se puede
utilizar tanto plutonio como mox, óxido de uranio enriquecido u óxido de torio.
El combustible se presenta en forma de microbola (de 0,01 a 0,1 metros), cuyo
revestimiento está compuesto de material refractario. La temperatura de estas
microbolas puede alcanzar los 1 600

C sin que haya fugas de material radiactivo
al exterior de la bola. Las altas temperaturas soportadas por el revestimiento del
226 18.3. Reactores de cuarta generación
combustible hacen de este reactor un reactor intrínsecamente seguro. De hecho,
aun si hay pérdida completa del refrigerante en el reactor, las temperaturas
alcanzadas no llegan a provocar la fusión del núcleo.
En cuanto al refrigerante, se utiliza gas helio. Este gas tiene muchas ventajas
para este tipo de aplicación: no es absorbente neutrónico, es un buen refrigerante
y su neutralidad química hace que no reaccione con las tuberías del reactor.
El rendimiento térmico de un reactor de este tipo de 300 MW eléctricos
es aproximadamente del 48 por ciento. Este reactor permite un quemado del
combustible muy elevado, que puede alcanzar el 95 por ciento para el caso del
plutonio. Esta característica como quemador de plutonio le confiere un futuro
prometedor en el mercado de la energía, incluso si no resulta competitivo frente
a reactores de agua ligera.
18.3. Reactores de cuarta generación
Los reactores de cuarta generación serán los destinados a sustituir al par-
que nuclear de tercera generación alrededor de 2035. La diferencia fundamental
con respecto a los de la generación precedente es que su diseño es totalmente
novedoso.
18.3.1. Objetivos de la cuarta generación
Los principales objetivos son los siguientes:
– Los nuevos reactores tienen que englobarse en el marco del desarrollo sos-
tenible, i.e., deben necesitar menos recursos energéticos que los reactores
actuales, producir menos residuos radiactivos y ser menos proliferantes.
1
– La seguridad y la fiabilidad deben ser puntos clave en la concepción de la
central, siendo el objetivo fundamental eliminar la necesidad de evacuar
la población del entorno de la central en cualquier circunstancia.
– En el aspecto económico, el coste de construcción de la central, así como
el coste de generación del kWh, tendrá que ser competitivo frente al de
otras fuentes de energía.
18.3.2. El reactor de agua supercrítico
La principal ventaja del scwr es que permite aprovechar toda la experiencia
adquirida con los reactores de agua ligera actuales con mayor rendimiento.
1
Se entiende por proliferación la capacidad de producir material fisible de uso militar a
partir de instalaciones civiles.
18. Reactores avanzados de fisión nuclear 227
El estado supercrítico del agua se obtiene para una temperatura superior
a 374

C y una presión superior a 22,1 MPa. A la salida del reactor el agua
está a una temperatura de 550

y una presión de 25 MPa. Este agua en estado
supercrítico entra directamente a la turbina, lo que permite eliminar los inter-
cambiadores de calor y el circuito secundario que existen en los reactores de
agua a presión. El ciclo termodinámico permitiría alcanzar un rendimiento de
aproximadamente el 45 por ciento.
Según la configuración que se adopte para el núcleo, este reactor podrá
utilizar un espectro rápido con un ciclo de combustible cerrado, o un espectro
térmico con un ciclo abierto.
En este tipo de reactor, la principal labor de investigación está orientada al
estudio de la respuesta de los materiales en las condiciones extremas de tempe-
ratura y presión a las que están sometidos; en particular, a las respuestas de los
materiales a la irradiación respecto a la fragilización, corrosión y descomposición
química.
18.3.3. El reactor de muy alta temperatura
El reactor de muy alta temperatura se inscribe en la línea de los reactores
de gas del tipo gt-mhr. Al igual que en éstos, el combustible está confinado en
el interior de microbolas fabricadas con material refractario. Se pueden utilizar
distintos combustibles con un alto grado de quemado, incluyendo por ejemplo
el combustible descargado de las centrales de agua a presión actualmente en
funcionamiento. La diferencia fundamental respecto a los gt-mhr proviene de
que la temperatura del gas refrigerante llega a alcanzar los 1.000–1.100

C.
Además de para producir electricidad, este tipo de reactor podrá funcionar
en modo de cogeneración. En este caso, en lugar de colocar directamente una
turbina en el circuito primario (ciclo directo), se implanta un intercambiador
de calor y se conduce la energía térmica hasta el lugar de utilización (ciclo
indirecto).
La posibilidad de utilizar este tipo de reactor en aplicaciones de cogeneración
le confiere una gran ventaja frente a otros reactores de cuarta generación. No hay
que perder de vista que muchos procesos de fabricación industriales necesitan
una fuente de calor a temperatura elevada (fabricación de cemento, papel, vidrio,
acero. . . ).
Entre todos estos procesos se encuentra también la producción de hidró-
geno. De entre las distintas técnicas de producción de hidrógeno, las tres más
prometedoras hoy en día son el reformado de gas natural, la electrólisis a alta
temperatura y la termoquímica. En este último proceso, el rendimiento del ciclo
aumenta con la temperatura a la que se produce.
18.3.4. El reactor rápido refrigerado por sodio
El principal interés de este tipo de reactor es que, además de producir elec-
tricidad, puede reprocesar residuos de alta actividad y, en particular, plutonio y
228 18.3. Reactores de cuarta generación
otros actínidos. Se ha demostrado que estos reactores de neutrones rápidos son
capaces de aprovechar la casi totalidad de los recursos fisionables frente al uno
por ciento de los reactores de espectro térmico. Por tanto, el funcionamiento
de estos reactores en ciclo cerrado permitirá la incineración de los residuos del
combustible utilizado en los reactores de agua ligera.
El sodio reacciona violentamente con el agua y el aire. Para evitar riesgo de
escape de sodio radiactivo en caso de que se dé la reacción entre sodio y agua, se
coloca un circuito secundario que permite el intercambio de calor entre el sodio
que refrigera el reactor y el vapor de agua que acciona la turbina.
2
18.3.5. El reactor rápido refrigerado por gas
Este reactor refrigerado por gas utiliza helio como refrigerante, aunque el
dióxido de carbono constituye asimismo una posible vía a estudiar. El mayor
interés del reactor rápido refrigerado por gas (gfr), como todos los reactores de
espectro rápido, es que permite aprovechar al máximo el combustible y mini-
mizar los residuos radiactivos. Se considera que el gfr tendrá mayor capacidad
para incinerar los actínidos que el vhtr. Una de las principales dificultades de
este tipo de reactor es la evacuación del calor en caso de pérdida de refrigerante.
Además, los nuevos materiales tendrán que reemplazar la estructura del núcleo,
puesto que el grafito ralentiza los neutrones.
18.3.6. El reactor rápido refrigerado por plomo
Los reactores rápidos refrigerados por plomo están inspirados en los reac-
tores de submarinos rusos. El lfr es considerado como un reactor con un alto
grado de seguridad pasiva, superior al de los demás reactores de neutrones rá-
pidos (sfr y gfr).
El núcleo del reactor puede ser concebido como un cartucho o módulo que
se cambia en el momento de la recarga. Los ciclos de recarga de este tipo de
reactores son muy largos, entre 15 y 20 años.
Su modularidad permitirá instalar este tipo de reactor, por un lado, de
2
Los reactores de cuarta generación se basan en procesos que, al menos en una primera
aproximación, podríamos calificar como más peligrosos que en los actuales: agua en estado
supercrítico, reactores rápidos, utilización de sodio en lugar de agua como refrigerante, circu-
lación del combustible por el circuito de refrigeración. . . ¿Hasta qué punto eso es compatible
con la afirmación tajante de que estos reactores son mucho más seguros? Su seguridad, en todo
caso, se basa en la proliferación de más y más medidas de seguridad y control, con el riesgo
de colapso que traen consigo. En todo caso, es curiosa la afirmación de la industria nuclear
en relación con la seguridad de los reactores: «en el pasado ha habido riesgo, pero ahora no
lo hay y en el futuro habrá aún menos»; sin embargo, los reactores que ahora se consideran
«inseguros», y sobre cuya inseguridad se erigen las sucesivas oleadas de innovación tecnológica
nuclear, antes se consideraban seguros. Ocurre lo mismo en otras ramas de la industria. Las
incineradoras de hace quince años, por ejemplo, que los movimientos ecologistas denunciaban
como contaminantes, eran defendidas por la industria como plenamente inocuas; ahora, sin
embargo, se reconocen sus defectos y sobre este reconocimiento se levanta la defensa de las
nuevas que, estas sí, ya son «absolutamente seguras».—Nota de M.M.
18. Reactores avanzados de fisión nuclear 229
forma deslocalizada tanto para la producción de electricidad como para la pro-
ducción de calor para procesos industriales tales como la desalación de agua de
mar. Y, por otro lado, permitirá instalarlo en países en desarrollo que no tengan
las infraestructuras necesarias para gestionar el ciclo de combustible.
3
18.3.7. El reactor de sales fundidas
La particularidad de los reactores de sales fundidas es que el combustible
circula por el sistema de refrigeración. Esta particularidad permite un funcio-
namiento continuo del reactor, i.e., no es necesario detenerlo para llevar a cabo
la recarga de combustible. Por otra parte, tiene la ventaja de simplificar la ela-
boración de combustible, puesto que toda la materia fisible o fértil que se desea
introducir en el reactor podrá ser disuelta en la solución de sales fundidas. Esta
circulación de combustible permite también, vía tratamiento químico, eliminar
del combustible los venenos neutrónicos, lo que permite un ahorro neutrónico y,
por tanto, un mayor grado de quemado del combustible.
Uno de los ciclos de combustible aprovechable puede ser el ciclo que emplea
torio como combustible fértil. Al capturar un neutrón, el
232
Th se transforma en
233
Th y, por desintegración β, en
233
Pa y posteriormente en
233
U, fisible según
la cadena:
232
Th +n −→
233
Th
β

(22 min)
−−−−−−−→
233
Pa
β

−−→
233
U.
El problema que presenta esta cadena es que la vida media del
233
Pa es
de 27 días, y si durante este tiempo permanece en el interior del núcleo del
reactor, puede capturar un neutrón y dar lugar a un núcleo de
234
U tras una
desintegración β. De este modo, no se formaría el isótopo fisible buscado, sino
uno totalmente inútil para la fisión:
233
Pa +n −→
234
Pa
β

−−→
234
U.
La solución a este problema es apartar durante 27 días fuera del reactor el
proactinio para que se transforme en
233
U, y después inyectarlo nuevamente en
el interior del núcleo del reactor.
3
El doble rasero del «aspecto estratégico» y la dependencia del exterior: se trata de evitar
a toda cosa depender de fuentes de suministro de países periféricos, pero los países «subdesa-
rrollados» en los que se instalen estos reactores deberán depender de los países del Centro —o,
para ser más exactos, de sus grandes multinacionales de la energía nuclear— para el aprovisio-
namiento de combustible en forma de núcleo modular. Se vislumbra así una nueva concreción
de la dependencia de la periferia, inscrita en el contexto de una «división internacional del
trabajo» asimétrica y reproductora de su propia asimetría.—Nota de M.M.
Capítulo 19
Sistemas transmutadores de
residuos nucleares
19.1. Introducción
La explotación de los reactores nucleares origina distintos tipos de residuos
radiactivos. Algunos de ellos, aunque representan sólo una pequeña fracción del
volumen total de residuos de una central, son residuos de elevada radiotoxicidad
y larga vida, que mantienen su actividad durante miles e incluso millones de años
en algunos casos. Se trata de productos de fisión y de actínidos minoritarios,
principalmente el neptunio, americio y curio, núcleos pesados procedentes de la
captura neutrónica del uranio.
Qué hacer con los isótopos radiactivos de larga vida Desde hace una década
se está investigando mucho acerca de cómo transformar los raa en isótopos
estables —i.e., no radiactivos— o de duración mucho más corta: es la transmu-
tación. Esta sería una alternativa más limpia para la gestión de los residuos de
alta actividad y vida larga producidos por los reactores actuales, al ser capaz de
reducir significativamente su inventario y toxicidad y, por tanto, los requisitos
de almacenamiento a largo plazo.
Cómo llevar a cabo la transmutación La transmutación se lleva a cabo bom-
bardeando los núcleos blanco con partículas elementales de alta energía, de
forma que los núcleos pesados se rompan en núcleos más pequeños y los produc-
tos de fisión se transformen en núcleos estables. Para ello, habrá que concebir
un reactor apropiado para tal fin. Los reactores asistidos por acelerador se han
revelado como una de las mejores propuestas de sistemas transmutadores.
19.2. La transmutación en la gestión de residuos
Los residuos radiactivos están formados por radionucleidos muy variados.
Las diferencias entre ellos, en términos de toxicidad y duración de vida, justifican
232 19.2. La transmutación en la gestión de residuos
que se sigan vías distintas para su tratamiento.
Así, los residuos de baja y media actividad y corta duración de vida, consi-
derados como aquellos con un período de semidesintegración menor de treinta
años, son almacenados en superficie durante el tiempo necesario para que su
radiactividad haya decrecido hasta un nivel equivalente a la radiactividad natu-
ral. Suponen aproximadamente el noventa por ciento de los residuos radiactivos
generados por las actividades nucleares, e incluyen trajes de protección, guan-
tes, filtros de reacciones, material hospitalario, etc. Su gestión no representa
problemas.
Los residuos de vida larga, constituidos fundamentalmente por el combus-
tible quemado, presentan una mayor problemática, debido a su elevada radio-
toxicidad a largo plazo.
19.2.1. Residuos de vida larga del combustible irradiado
El combustible irradiado está compuesto por distintos elementos. De ellos,
los radionucleidos de vida larga son: el uranio, el plutonio, los actínidos
1
mino-
ritarios (neptunio, americio y curio), algunos productos de fisión (como el
129
I,
135
Cs,
99
Tc,
93
Zr) y algunos productos de activación (como el
14
C).
Se llama radiotoxicidad a la medida de la capacidad tóxica de una cantidad
de materia radiactiva. Se evalúa relacionando la actividad de dicha cantidad
de materia con la dosis que sería recibida por el conjunto de personas que la
hubieran inhalado o ingerido. Así, la actividad del radionucleido inhalado o
ingerido se convierte en dosis multiplicándola por un factor de dosis (Sv/Bq).
Los factores de dosis tienen en cuenta el metabolismo de los radionucleidos en
el organismo una vez ingeridos o inhalados, la naturaleza de los rayos emitidos,
la radiosensibilidad de los tejidos. . . En general, los factores de dosis atribuidos
a los actínidos son de varios órdenes de magnitud más elevados que los de los
productos de fisión.
La evolución del inventario radiotóxico de un combustible gastado en fun-
ción del tiempo muestra que:
– El inventario radiotóxico global del combustible gastado decrece con el
tiempo. Se llega al nivel de la radiotoxicidad del mineral de uranio inicial
después de 250.000 años.
– El plutonio es el principal contribuyente al inventario radiotóxico a largo
plazo del combustible gastado. Después de 300 años, representa más del
ochenta por ciento del inventario total y casi el noventa por ciento después
de 500 años.
1
Los actínidos son los elementos de número atómicos mayor que el del actinio, i.e., com-
prendidos entre el 90 y el 103. Dentro de éstos, al neptunio, americio y curio se les conoce
como actínidos minoritarios. Por otra parte, con el término transuránidos se denomina a los
elementos de número atómico superior al del uranio (92). Los principales son el neptunio (93),
plutonio (94), americio (95) y curio (96).
19. Sistemas transmutadores de residuos nucleares 233
– Después del plutonio, son los actínidos minoritarios los que contribuyen
más significativamente al inventario radiotóxico, pues suponen un orden
de magnitud menos que el plutonio y tres órdenes de magnitud más que
los productos de fisión.
Se puede concluir que, en el combustible gastado, los actínidos son los prin-
cipales contribuyentes al inventario radiotóxico. En menor medida contribuyen
algunos productos de fisión como el
129
I,
135
Cs y
99
Tc, que aun así deben te-
nerse en cuenta, ya que su solubilidad y alta movilidad los hace susceptibles de
migrar más rápidamente a la biosfera y, a largo plazo, provocar al ser humano
una exposición no despreciable a la radiación.
Sin embargo, los productos de fisión son los que determinan a corto plazo
la cantidad de calor producida en el combustible gastado.
19.2.2. La transmutación dentro del ciclo de combustible
Ciclo abierto En el ciclo abierto, el combustible gastado es tratado como resi-
duo, así como el uranio empobrecido de salida de las plantas de enriquecimiento,
cuyo uso no está contemplado. Se deposita directamente en formación geológica
profunda después de haber permanecido un tiempo almacenado para evacuar
su calor residual. Esta estrategia no escapa a dos críticas fundamentales, la se-
gunda de las cuales hace que cuente claramente con la oposición de la opinión
pública:
– Conduce a desperdiciar los materiales fisibles residuales, que representan
sin embargo el equivalente de más del treinta por ciento de la energía
producida.
– Obliga a almacenar y tratar definitivamente cantidades considerables de
residuos, precisamente los más peligrosos: los de vida larga.
Ciclo cerrado simple El ciclo cerrado simple está basado en el reprocesamien-
to del combustible irradiado, que ya no se trata como un residuo. Esta operación
permite separar y recuperar el uranio y el plutonio contenidos en los elementos
combustibles (uno por ciento de
239
Pu y 0,8 por ciento de
235
U) para la fabrica-
ción de un nuevo combustible que es irradiado en reactores de agua ligera (por
ejemplo, en forma de mox
2
) o en reactores rápidos. Al mismo tiempo, permite
reunir los productos de fisión y los actínidos minoritarios bajo una forma con-
centrada, residuos de alta actividad que, una vez tratados, son enviados a un
almacenamiento geológico profundo. El problema es que la irradiación del com-
bustible de plutonio conlleva la producción de una gran cantidad de actínidos
minoritarios, por lo que esta estrategia no supone una reducción significativa de
la radiotoxicidad.
2
El mox (Mixed Oxide Fuel ) es un combustible formado por una mezcla de plutonio y
uranio (UO
2
+ PuO
2
).
234 19.2. La transmutación en la gestión de residuos
Por tanto, cualquiera de las opciones actualmente posibles en materia de
gestión del combustible irradiado pasa por el almacenamiento definitivo de can-
tidades considerables de residuos de alta actividad. Por ello, desde principios de
los años noventa se están consagrando importantes esfuerzos a la investigación
de estrategias de separación y transmutación para la eliminación de los residuos
de larga vida. La separación comprende el conjunto de tratamientos químicos y
metalúrgicos destinados a separar nucleidos o grupos de nucleidos radiotóxicos
del combustible irradiado. La transmutación engloba la incineración o conjun-
to de transformaciones de dichos nucleidos en otros estables o de vida corta,
reduciendo así el inventario radiotóxico.
La puesta en marcha de la transmutación para la gestión de residuos radiac-
tivos modifica el ciclo de combustible. Hay muchas variables posibles, aunque
básicamente los procesos son similares en todas ellas, destacando el llamado
ciclo cerrado de doble estrata.
Ciclo cerrado de doble estrata En este escenario convive un parque mixto
de reactores dedicados a la producción de energía eléctrica y a la destrucción
de residuos. La mayor parte de la producción de electricidad tiene lugar en los
reactores de agua ligera. Los pasos a seguir son los siguientes:
– Se reprocesa el combustible irradiado separando en distintas corrientes el
uranio, plutonio, actínidos minoritarios y productos de fisión. Los proce-
sos para separar estos últimos serían similares a los que se llevan a cabo
actualmente para la separación del plutonio.
– Con el plutonio se fabrica un nuevo combustible que será irradiado en
reactores de agua ligera o en reactores avanzados, lo que constituye el
primer estratum.
– Con los actínidos minoritarios, procedentes del reprocesamiento del com-
bustible de óxido de uranio y del que contiene óxido de plutonio, junto con
el plutonio no utilizado en el primer estratum, se fabrica un nuevo com-
bustible que será irradiado en reactores especialmente concebidos para tal
fin, como reactores con neutrones rápidos o sistemas híbridos, lo que cons-
tituye el segundo estratum. La fabricación de combustible que contenga
actínidos minoritarios plantea problemas de cara a los procesos industria-
les implicados, debido a los altos niveles de radiactividad. En cuanto a la
fase de irradiación en el reactor, hay que tener en cuenta la tendencia de
los actínidos minoritarios a producir un elevado número de neutrones, lo
que podría plantear problemas de control de la reactividad.
– Los únicos actínidos que se depositarían en formación geológica profunda
serían las pérdidas por reprocesamiento, lo que permitiría reducir al menos
en dos órdenes de magnitud tanto el inventario como la radiotoxicidad.
– Los productos de fisión también se almacenarían definitivamente. Si bien
se podría contemplar su transmutación, las bajas secciones eficaces de cap-
tura neutrónica los hace difíciles de transmutar, y se requerirían períodos
de irradiación muy largos.
19. Sistemas transmutadores de residuos nucleares 235
Por consiguiente, en el ciclo de doble estrata se aprovecha el contenido ener-
gético de los transuránidos, se elimina el riesgo de proliferación del combustible
irradiado y se reducen los requisitos del almacenamiento geológico. A más largo
plazo, lo ideal serían ciclos de combustible donde cada reactor nuclear fuera
capaz de realizar la transmutación de sus propios residuos.
19.3. Principios de la transmutación
La transmutación, aplicada al tratamiento de residuos nucleares, consiste
en modificar los isótopos de vida larga para transformarlos en otros estables
o de vida mucho más corta o que presenten una radiotoxicidad menor. Esta
modificación se consigue bombardeando los isótopos con partículas elementales.
Estas partículas podrían ser, en principio, fotones, protones o neutrones. Sin
embargo, teniendo en cuenta que la transmutación debe ser además tecnológi-
camente viable y energéticamente rentable —la destrucción de residuos no debe
consumir más energía que la generada al producirlos— cabe hacer las siguientes
consideraciones:
– Los fotones de alta energía susceptibles de producir transmutación se ob-
tienen por efecto Bremsstrahlung bombardeando un blanco con un haz de
electrones acelerados. Debido al elevado flujo de fotones necesarios para
la transmutación, se requiere una elevada corriente de electrones, inalcan-
zable con la tecnología actual, por lo que esta técnica no es viable.
– Para producir transmutación con protones mediante interacción directa,
se requieren protones de muy alta energía capaces de superar la barrera
coulombiana. Esta energía, del orden del GeV, es superior a la energía
obtenida e la explotación del reactor que originó el residuo que requiere
transmutarse; por consiguiente, esta técnica no es rentable.
– Debido a la ausencia de carga eléctrica, los neutrones no requieren ener-
gías tan elevadas para producir la transmutación. Por otra parte, se pue-
den obtener altos flujos neutrónicos mediante una reacción denominada
espalación.
Por tanto, el neutrón es, con diferencia, la partícula que mejor satisface las
necesidades que impone la transmutación.
19.3.1. Reacciones de transmutación
Para la reducción del inventario radiotóxico, las reacciones de transmutación
más apropiadas son:
– La fisión inducida por neutrones (o captura neutrónica más fisión, o captu-
ra más desintegración más fisión), en el caso de los actínidos minoritarios,
236 19.4. Sistemas transmutadores
que viene dada por las siguientes ecuaciones:
236
Np +n −→
237
Np
237
Np +n −→
138
Xe +
96
Y + 3n

138
Xe
14min
−−−−→
138
Cs
32min
−−−−→
138
Ba.

96
Y
6s
−→
96
Zr.
– La captura neutrónica, en el caso de los productos de fisión:
99
Tc +n −→
100
Tc
16 s
−−→
100
Ru.
Los nuevos nucleidos pueden dar lugar a otras desintegraciones radiactivas
de períodos relativamente cortos, dando lugar al final de la cadena a un nucleido
estable.
19.4. Sistemas transmutadores
La transmutación de cantidades apreciables de actínidos mediante interac-
ción directa con protones no es rentable energéticamente, por lo que la trans-
mutación directa con aceleradores de partículas fue rápidamente rechazada.
La transmutación se puede llevar a cabo únicamente en sistemas donde
exista un flujo neutrónico apreciables, tales como: reactores de fisión, térmicos
o rápidos; reactores subcríticos asistidos por acelerador.
La elección de uno u otro tipo dependerá del objetivo prioritario que se
persiga: consumo de plutonio, transmutación de actínidos minoritarios o de pro-
ductos de fisión de larga vida. Así, para los productos de fisión, transmutables
únicamente por captura neutrónica, lo óptimo serán flujos neutrónicos intensos
en el dominio térmico, donde la probabilidad de captura es mayor, por lo que
se elegirían reactores térmicos. Por el contrario, para los actínidos minorita-
rios, transmutables a través de reacciones de fisión, se trata de privilegiar las
fisiones respecto a las capturas neutrónicas. Esto conduciría a elegir espectros
neutrónicos rápidos, i.e., reactores rápidos.
Sin embargo, la tendencia de los actínidos minoritarios a emitir un gran
número de neutrones hace difícil controlar la criticidad del reactor cuando se
utiliza una gran proporción de actínidos minoritarios en el combustible. Por
ello, se pensó en diseñar un núcleo subcrítico donde el déficit de neutrones sería
compensado por una fuente externa que los proporcionase.
19.4.1. La reacción de espalación
La espalación es una reacción nuclear en la cual intervienen un núcleo pe-
sado y una partícula —en general, un protón— acelerada hasta una energía del
orden del GeV. Cuando ocurre una colisión entre el núcleo blanco y la partícula
incidente, algunos nucleones son eyectados, dejando al núcleo en estado excitado.
Este núcleo se desexcita después emitiendo partículas, en su mayoría neutrones,
19. Sistemas transmutadores de residuos nucleares 237
de energías de algunos MeV. Parte de estos nucleones poseen suficiente energía
para inducir nuevas reacciones de espalación con otros núcleos pesados. En el
blanco, este fenómeno conduce a una cascada de reacciones, produciéndose así
un número elevado de neutrones. Un protón de 1 GeV que incide sobre un blanco
de plomo puede de esta forma producir entre 25 y 30 neutrones.
En conclusión, las reacciones de espalación se pueden utilizar para producir
neutrones, los cuales pueden servir para la transmutación de residuos. Cabe
preguntarse si este proceso es energéticamente rentable.
Con anterioridad se ha visto que el empleo de protones de 1 GeV no era
rentable desde el punto de vista energético para la eliminación de residuos. En
este caso, un protón servía para eliminar un solo núcleo. Con la espalación, un
protón de 1 GeV produce unos 25 neutrones que pueden transmutar hasta 25
núcleos. Es como si cada reacción de transmutación requiriera unos 40 MeV de
energía, mientras que una reacción de fisión produce unos 200 MeV.
Por consiguiente, se pueden producir intensos flujos neutrónicos de forma
energéticamente rentable a partir de reacciones de espalación, que pueden tener
como aplicación la transmutación de residuos nucleares. Esta vía es la base
de los reactores transmutadores que acoplan un acelerador de protones de alta
intensidad con el medio a transmutar.
19.4.2. Reactores subcríticos asistidos por acelerador
Estos sistemas, también llamados híbridos, consisten en asociar un acelera-
dor de partículas a un reactor nuclear subcrítico. El haz de partículas (normal-
mente protones) es acelerado hasta energías del orden de 1 GeV e incide sobre
un blanco pesado. En el proceso de espalación se produce la emisión de un gran
número de neutrones, los cuales pueden fisionar los núcleos del combustible. De
esta forma, el acelerador acoplado al blanco de espalación hace las funciones de
un generador de neutrones que alimenta el medio multiplicador subcrítico. Este
aporte exterior de neutrones permite mantener el funcionamiento estacionario.
Estos sistemas ofrecen las siguientes ventajas fundamentales:
– Pueden fisionar el plutonio y los actínidos minoritarios procedentes del
combustible gastado en los reactores en operación, por lo que constituyen
incineradores de residuos.
– Tienen un espectro neutrónico rápido, lo que mejora para los actínidos
minoritarios la relación entre probabilidad de fisión y probabilidad de cap-
tura. Por otra parte, tienen una importante tasa de conversión de material
fértil a fisible.
– Son intrínsecamente seguros. Al ser el medio subcrítico, la reacción en ca-
dena se interrumpe al detener el acelerador. Debido a esta subcriticidad, se
puede contemplar la utilización de combustible de cualquier composición,
lo que no es posible en reactores críticos.
238 19.4. Sistemas transmutadores
– Pueden diseñarse para la producción de electricidad aprovechando la ener-
gía contenida en los residuos. Una parte de la electricidad producida por
este reactor serviría entonces para hacer funcionar el acelerador de partí-
culas.
Se han propuesto diferentes esquemas conceptuales de reactores de este tipo,
como por ejemplo el Accelerator-Driven Transmutation of Waste (atw) desa-
rrollado en Estados Unidos, el Accelerator-Driven System (ads) de Alemania y
Rusia, y el Energy Amplifier (ea) del cern.
Sin embargo, junto a las ventajas anteriormente mencionadas, los reactores
híbridos plantean desafíos tecnológicos importantes. Este es el caso, por ejem-
plo, de la ventana de acoplamiento del acelerador a la vasija del reactor, del
tratamiento selectivo de los residuos producidos durante el proceso de incine-
ración, del sistema de refrigeración, etc. Estos aspectos requieren considerables
esfuerzos de investigación, lo que supondrá altos costes y plazos de tiempo para
llevar a cabo un proyecto de este tipo. A corto plazo, y con una importante
colaboración internacional, se ha proyectado la construcción de un prototipo de
laboratorio que permita mostrar su viabilidad.
En alguno de los esquemas de funcionamiento de esta clase de reactores,
el refrigerante es plomo fundido. La energía de fisión en el núcleo combustible
es transportada por este refrigerante metálico en circulación natural hasta unos
intercambiadores de calor, desde los cuales se aporta el estado térmico al fluido
motor de un ciclo térmico convencional.
Capítulo 20
Aprovechamiento de la
reacción de fusión nuclear.
Reactores de fusión
20.1. Introducción
La fusión nuclear es la fuente de energía que permite la vida en la Tierra,
puesto que es la reacción que ocurre tanto en el Sol como en el resto de las
estrellas. La energía liberada en esta reacción
1
llega hasta nosotros en forma de
radiación electromagnética.
Para que se produzca una reacción de fusión, son necesarias, principalmente,
dos condiciones:
– Calentar hasta muy alta temperatura el combustible (protón, deuterón,
tritio. . . ), con el fin de dotar a las partículas de la energía cinética suficiente
para vencer la barrera coulombiana y poder fusionarse.
– Confinar el combustible un tiempo suficiente para que las partículas pue-
dan reaccionar.
En el Sol estas dos condiciones se cumplen gracias a la actuación de la fuerza
gravitatoria. Al haber gran concentración de partículas, éstas chocan entre sí y
se calientan hasta alcanzar la temperatura suficiente para fusionarse.
A estas temperaturas tan elevadas, el medio considerado ya no está en
estado de gas, sino de plasma. En este estado, los electrones están desligados
de los núcleos y se mueven independientemente unos de otros. El estado de
plasma existe bajo varias formas en el Universo, con características de densidad
y temperatura muy variables.
En un reactor de fusión es imposible confinar las partículas gracias a la
1
Dicha energía se libera en forma de radiación γ y energía cinética de las partículas.
240 20.2. Principios de la fusión nuclear
fuerza gravitacional, habiéndose desarrollado dos conceptos distintos de confi-
namiento:
– El confinamiento magnético, donde las partículas son forzadas a perma-
necer en un espacio limitado bajo la acción de un campo magnético.
– El confinamiento inercial, donde las partículas están concentradas en un
espacio muy pequeño y de alta densidad, debido a la acción de una presión
externa.
20.2. Principios de la fusión nuclear
20.2.1. Reacción de fusión nuclear
La reacción de fusión nuclear tiene lugar entre núcleos ligeros. En este pro-
ceso, se libera una gran cantidad de energía, ya que la suma de las masas de
los núcleos formados es menor que la suma de las masas de los núcleos iniciales.
Esta diferencia de masa se traduce en una energía liberada bajo la forma de
radiación electromagnética y/o de energía cinética de los núcleos finales.
La energía de fusión liberada vendrá dada por Q
f
= ∆M · c
2
, donde
∆M =
¸
M
i

¸
M
f
=
¸
B
f
c
2

¸
B
i
c
2
,
siendo B la energía de ligadura del núcleo.
Ahora bien, para que se verifiquen este tipo de reacciones es necesario que
los núcleos se acerquen lo suficiente para que la fuerza que los liga pueda actuar.
Esta fuerza, denominada interacción fuerte, es atractiva y entra en competencia
con la fuerza de Coulomb repulsiva para dos cargas eléctricas idénticas. A corta
distancia, del orden del tamaño nuclear, la fuerza fuerte es mucho más intensa
que la fuerza de Coulomb; por el contrario, a una distancia mayor que el radio
nuclear, esta fuerza fuerte es nula.
Para que un núcleo pueda entrar en la región r < R
0
necesita una energía
superior a la de la «barrera de Coulomb». Esto sería así en el caso de la física
clásica; en física cuántica, sin embargo, la partícula puede entrar en la región
r < R
0
aun si su energía no supera la de la barrera. Este fenómeno se denomina
efecto túnel. La probabilidad de que la partícula entre en esta región es menor
cuanto más grande sea la diferencia entre la energía de la partícula E
p
y la
energía de la barrera E
C
.
Se deduce que para obtener reacciones de fusión, la energía de las partículas
ha de ser elevada para tener una alta probabilidad de atravesar la barrera cou-
lombiana. De ahí la necesidad de tener partículas con altas energías cinéticas o,
dicho de otro modo, tener un plasma a alta temperatura.
Para que la fusión se pueda producir se necesita un segundo requisito: que
20. Reactores de fusión 241
haya bastantes partículas en un mismo volumen durante un tiempo razonable
para que éstas puedan colisionar.
Supongamos una partícula blanco en reposo rodeada de una nube de par-
tículas de densidad n, moviéndose en direcciones aleatorias a velocidad v. Si
se introduce una probabilidad de colisión σ, se puede deducir el número de co-
lisiones por segundo que sufrirá la partícula blanco: r = σvn. Ahora bien, si
se considera que cada partícula de la nube puede ser a su vez un blanco, po-
demos obtener una tasa de reacciones por segundo y por unidad de volumen
R = σvnn. Finalmente, el número de colisiones durante el tiempo τ
E
vendrá
dada por N = Rτ
E
= σvn
2
τ
E
.
De esta relación podemos concluir que para aumentar el número de coli-
siones —i.e., de reacciones de fusión—, se puede actuar sobre la densidad de
partículas n, sobre la velocidad de las partículas v —i.e., la temperatura del
plasma— o sobre el tiempo durante el cual la nube de partículas tiene densidad
n. Este tiempo se denomina tiempo de confinamiento τ
E
y es un parámetro
esencial en las reacciones de fusión nuclear.
El confinamiento, i.e, el hecho de que el plasma se quede en un volumen
limitado, no es un fenómeno natural. Si se deja un plasma, o gas, en un es-
pacio abierto, éste se expandirá para ocupar todo el volumen disponible. Para
que el plasma no se expanda será necesario compensar la presión cinética con
una presión externa. El modo de obtener esta presión externa es el modo de
confinamiento (gravitacional, magnético o inercial).
El objetivo de un reactor de fusión es producir energía con un balance ener-
gético positivo. Los experimentos realizados hasta el momento han conseguido
obtener reacciones de fusión con liberación de energía, pero la energía liberada
es muy pequeña con respecto a la invertida para producir dichas reacciones.
Para evaluar los progresos alcanzados y el camino que queda por recorrer, se
utilizan una serie de parámetros, que s definen a continuación.
20.2.2. Balance energético
El balance energético del plasma viene dado por las fuentes de energía que
lo calientan (P
fus
+ P
ext
) y las pérdidas que lo enfrían. La potencia total P
fus
producida por la reacción de fusión deuterio-tritio se reparte entre los productos
de la reacción, las partículas α y neutrones, de la forma P
fus
= P
α
+ P
n
. Los
neutrones se llevan el ochenta por ciento de la energía producida, mientras que
las partículas α se quedan con el veinte restante. La deposición de energía de
unas y otras partículas tiene lugar en partes diferentes. Las partículas α ceden su
energía al plasma por colisiones, siendo la principal fuente de calentamiento del
plasma, mientras que los neutrones, que no interactúan con el plasma,
2
escapan
del mismo y depositan su energía en las paredes de la cámara que lo contiene.
Es el calor producido en estas paredes el que será utilizado como foco caliente
2
Tanto para el plasma de confinamiento magnético como de confinamiento inercial, el
recorrido libre medio de un neutrón con una energía del orden de 10 MeV es mayor que las
dimensiones del plasma.
242 20.2. Principios de la fusión nuclear
para generar energía eléctrica.
Si la energía de las reacciones de fusión no es suficiente para compensar las
pérdidas, es necesaria la aportación de energía externa P
ext
para mantener el
plasma. Las pérdidas de energía P
pér
son debidas en una gran parte a la radiación
electromagnética de las partículas cargadas, y principalmente a la radiación de
Bremsstrahlung.
La variación temporal de la energía del plasma está dada por:
dW
dt
= P
α
+P
ext
−P
pér
.
En el caso de que
dW
dt
= 0, el plasma está en estado estacionario. En este caso,
se pueden definir los siguientes parámetros:
– El factor de amplificación Q: es el cociente entre la potencia generada por
las reacciones de fusión y la potencia externa suministrada al plasma.
– El break even: es el momento en el que Q = 1, i.e., la cantidad de energía
producida por fusión iguala la energía suministrada.
– La ignición: es el momento en que la potencia liberada por las reacciones
de fusión que calienta el plasma iguala las pérdidas (P
α
= P
pér
). En estas
condiciones, la reacción de fusión se puede autosostener sin la aportación
de energía externa. A partir de este momento, un reactor de fusión empieza
a ser energéticamente rentable.
20.2.3. Temperatura de ignición
Se ha visto anteriormente que la tasa de reacciones de fusión dependía de
la densidad del plasma y de la velocidad de las partículas. Ahora se verá que la
condición de ignición sólo depende de la temperatura del plasma. Esto significa
que para que la fusión se pueda autosostener, el plasma necesita tener una
temperatura mínima, la temperatura de ignición.
La potencia de fusión se puede definir como el producto de la tasa de reac-
ciones de fusión por unidad de volumen R por la energía depositada en el medio
Q
c
, que depende del tipo de reacción considerada.
P
c
= RQ
c
.
El cálculo de la tasa de reacción R conduce a la expresión:
R = n
1
n
2
¯ σ¯ v,
siendo n
1
y n
2
las densidades de los núcleos que reaccionan, ¯ σ¯ v el promedio
de la sección eficaz de fusión σ multiplicada por la velocidad de las partículas,
ponderada por la función de distribución de velocidades de las partículas.
La potencia perdida por Brehmstrahlung viene dada por:
P
B
= k
1
n
e

T
e
¸
i
n
i
Z
2
i
,
20. Reactores de fusión 243
siendo k
1
= 5,35· 10
−31
, n
e
la densidad electrónica, T
e
la temperatura electróni-
ca, n
i
la densidad iónica de la especie i y Z
i
la carga eléctrica de dicha especie.
Como se ve, la temperatura de ignición depende del tipo de combustible utili-
zado.
20.2.4. Criterio de Lawson
El criterio de Lawson traduce el balance energético del plasma en términos
de parámetros físicos del mismo, i.e., en términos de densidad, temperatura y
tiempo de confinamiento.
En estado estacionario, P
α
+P
ext
= P
pér
=
W
τE
. Para cada tipo de reacción, el
producto nτ
E
posee un valor dado que es función de la temperatura del plasma.
A este producto se le denomina criterio de Lawson.
Por ejemplo, para un combustible de deuterio-tritio a una temperatura de 10
keV, el producto nτ
E
es igual a 10
14
s·cm
−3
. Esto significa que para un plasma de
fusión por confinamiento magnético —cuya densidad se sitúa entre las 10
14
y las
10
15
partículas por centímetro cúbico—, el tiempo de confinamiento es del orden
del segundo, mientras que para un plasma de fusión por confinamiento inercial
—cuya densidad es de entre 10
25
y 10
26
partículas por centímetro cúbico—, el
tiempo de confinamiento es del orden del picosegundo (10
−12
segundos).
El criterio de Lawson indica que, para que las reacciones de fusión sean
energéticamente rentables, el plasma habrá de tener: una temperatura T su-
ficientemente alta como para que pueda producirse la fusión; una densidad n
elevada para que haya bastantes partículas para mantener las reacciones de fu-
sión; un tiempo de confinamiento τ
E
suficientemente largo para obtener una
ganancia energética.
20.3. El ciclo de combustible de fusión
20.3.1. Reaccione de fusión
Las principales reacciones de fusión son las siguientes:
– La reacción p-p. Es la reacción más elemental. Se produce tras la desinte-
gración β
+
del núcleo
2
He inestable
3
dando lugar a un núcleo de deuterio.
Es una reacción importante puesto que es la responsable de la producción
de deuterio en las estrellas.
p +p −→
2
H +e
+

e
.
3
El núcleo
2
He no tiene un estado nuclear ligado. Cuando los dos protones están suficien-
temente cercanos, uno de los dos sufre una destintegración p −→n +e
+
+νe.
244 20.3. El ciclo de combustible de fusión
– La reacción deuterio-deuterio:
2
H +
2
H

3
H +p Q
f
= 4,03 MeV.

3
He +n Q
f
= 3,27 MeV.
– La reacción deuterio-tritio:
2
H +
3
H −→
4
He +n Q
f
= 17,6 MeV.
– La reacción deuterio-helio-3:
2
H +
3
He −→
4
He +p Q
f
= 18,3 MeV.
Las tres últimas reacciones son las que tienen mayor interés por ser las más
fácilmente realizables en un reactor de fusión.
20.3.2. Combustible
El combustible deuterio-tritio La temperatura de ignición es mucho más baja
en la reacción deuterio-tritio (4 keV) que en la reacción deuterio-deuterio (35
keV), por lo que la fusión con combustible deuterio-tritio será más fácil de
realizar.
En esta reacción, los productos de la fusión son una partícula α de 3,5 MeV
y un neutrón de 14,1 MeV de energía. Esta reacción posee dos desventajas:
– En primer lugar, el tritio es un elemento radiactivo —de período de semi-
desintegración de 12,3 años— que hay que producir artificialmente.
– En segundo lugar, el flujo de neutrones que llega a las paredes del reactor
activará el material que las compone. En cualquier caso, como se verá más
adelante, dicho flujo neutrónico podrá utilizarse para producir tritio.
En este combustible de deuterio-tritio, se darán también reacciones del tipo
deuterio-deuterio. Con un cincuenta por ciento de probabilidad se producirá
un núcleo de tritio más un protón, y, con otro cincuenta por ciento, un núcleo
de
3
He más un neutrón. Esta reacción de fusión generará núcleos de
3
He que
podrán fusionarse entonces con deuterio, produciendo una partícula α más un
protón. Esta última reacción es la más limpia, puesto que no produce núcleos
radiactivos ni neutrones.
El combustible deuterio-deuterio Las reacciones de fusión con este combusti-
ble necesitan una temperatura de ignición mayor que las del ciclo deuterio-tritio.
Sin embargo, en el ciclo deuterio-deuterio, se puede introducir una pequeña can-
tidad de tritio para catalizar la reacción, i.e., al ser menor la temperatura de
ignición de la reacción deuterio-tritio, ésta servirá para calentar más el plasma
y así poder producir las reacciones deuterio-deuterio.
El balance total de la reacción sería:
6
2
H −→4
4
He + 2p + 2n Q
f
= 43,2 MeV.
20. Reactores de fusión 245
20.3.3. Recursos energéticos
Deuterio El deuterio se encuentra en el agua del mar, a razón de un isótopo
de deuterio por cada 6.500 de hidrógeno; i.e., el 0,15 por mil del hidrógeno del
agua del mar es deuterio. Por lo tanto, existe suficiente deuterio para abastecer
a la humanidad de energía más allá de la duración previsible de nuestro planeta
(en el orden de magnitud de los miles de millones de años).
4
La obtención de deuterio se puede realizar a pequeña escala mediante el
proceso de electrólisis o bien, a escala industrial, utilizando un proceso previo
de preenriquecimiento por intercambio químico entre H
2
S y H
2
O, que se utiliza
como paso previo al proceso de electrólisis común.
Su potencialidad energética se entiende al contemplar que un metro cúbico
de agua contiene 10
25
átomos de deuterio, lo que supone por fusión 7,94 · 10
12
julios. Para obtener esta misma energía se precisarían quemar 300 toneladas de
carbón o 1 500 barriles de petróleo.
Tritio El tritio no se encuentra de forma natural, ya que es un elemento radiac-
tivo, a excepción del producido en capas altas de la atmósfera por la interacción
con rayos cósmicos. En las instalaciones nucleares de fisión se produce tritio de
forma artificial.
En un reactor de fusión se podrá aprovechar el flujo neutrónico para pro-
ducir tritio por captura según las siguientes reacciones con litio:
6
Li +n −→
4
He +
3
H Q
f
= 4,8 MeV,
7
Li +n −→
4
He +
3
H +n Q
f
= −2,47 MeV.
Existe abundante litio (distribuido en un 7,4 por ciento de
7
Li y un 92,6
por ciento de
7
Li) en la corteza terrestre, siendo aproximadamente 15 veces
más abundante que el uranio. Incluso la concentración en el agua de mar es
relativamente elevada, de aproximadamente 0,17 ppm y 20 ppm en la corteza
terrestre. De manera que su duración, supuesta una tasa de consumo constante
igual a la del año 2000 y facilitada exclusivamente por fusión, sería de 2,3 · 10
7
años.
4
Esta clase de frases impactantes dicen, sin embargo, bien poco. En primer lugar, es necesa-
rio saber cuál es el coste energético y material de la separación isotópica —no olvidemos que la
electrólisis es, actualmente, uno de los procesos industriales que más electricidad demanda—,
qué residuos genera, cuál es la toxicidad y duración de éstos, etc. En segundo lugar, es obvio
que, como ocurre con cualquier material, a medida que se consuma deuterio su abundancia
relativa descenderá, con lo cual será energética y materialmente más costoso obtenerlo. Algo
similar ocurre con los argumentos respecto a la abundancia del uranio frente a otras fuentes
energéticas de carácter no renovable. Se nos lo presenta como una fuente inagotable de energía
cuando las reservas conocidas, al ritmo de consumo actual, durarán apenas setenta años. Pero
además, si se acepta como algo dado el crecimiento exponencial del consumo energético y,
además, se pretende que la nuclear sustituya a la energía convencional, la duración previsible
de dichas reservas, como mínimo, se demediaría.—Nota de M.M.
246 20.4. Fusión por confinamiento magnético
20.4. Fusión por confinamiento magnético
20.4.1. Confinamiento del plasma
El plasma es un medio conductor de electricidad, en el cual los iones y
electrones se mueven independientemente unos de otros. Si a este plasma se le
aplica un campo magnético, los iones y electrones seguirán trayectorias en forma
de hélice alrededor de las líneas de campo, quedando atrapados en ellas. De esta
forma el plasma queda confinado.
Para crear estos campos magnéticos, se pensó en diseños en forma de cilin-
dro, pero éstos tenían el inconveniente de dejar escapar a las partículas en sus
extremidades. Para evitarlo, se cerraron sobre sí mismas las líneas de campo,
utilizando bobinas dispuestas en forma toroidal. Sin embargo, la curvatura del
campo y su falta de homogeneidad —el campo es más intenso en el borde interior
del toro que en el borde exterior— causan una deriva de las partículas cargadas.
Los iones y electrones tienden a separarse, unos hacia arriba y otros hacia abajo.
Para compensar este efecto, las líneas de campo están modificadas para que se
hagan helicoidales. Las partículas pasan así sucesivamente hacia arriba y hacia
abajo de la configuración magnética, y así se compensa el efecto de deriva, que
siempre está en el mismo sentido. Esta forma helicoidal del campo es obtenida
añadiendo un campo poloidal perpendicular al campo toroidal inicial.
El método utilizado para crear las líneas de campo helicoidal ha dado lugar
a dos tipos de instalaciones:
– El tokamak, donde el campo poloidal está creado por una corriente eléc-
trica que circula en el plasma. Esta corriente es producida por la variación
de un campo magnético exterior; es como si el toro de plasma fuera el
circuito secundario de un transformador.
– El stellator, donde la configuración magnética es creada por corrientes que
circulan por bobinas externas.
El plasma se comporta como un gas y ejerce una presión cinética sobre las
«paredes» que depende de la temperatura y la densidad. Si se quiere confinar
el plasma, esta presión debe ser compensada por otra. Y esa es la función del
campo magnético, que al tener las partículas atrapadas en sus líneas de campo
crea una presión que impide al plasma expandirse.
20.4.2. Calentamiento del plasma
Una vez formado el plasma, tiene que calentarse para alcanzar temperaturas
que permitan que se puedan producir las reacciones de fusión. Existen varias
formas de calentar el plasma:
– Calentamiento óhmico. La corriente que circula por el plasma lo calienta
debido a su resistividad. A medida que la temperatura del plasma va cre-
20. Reactores de fusión 247
ciendo, su resistividad baja y también lo hace la eficacia del calentamiento.
Este tipo de calentamiento no se puede realizar en un stellator puesto que
no existe corriente en el plasma.
– Inyección de partícula neutra. Un haz de iones es acelerado al exterior de
la máquina y es inyectado en el plasma después de haber sido neutraliza-
do. Estas partículas, al atravesar el plasma, se ionizan y redistribuyen su
energía por colisiones, calentando así el plasma.
– Calentamiento por ondas electromagnéticas. El plasma puede absorber
energía de ondas electromagnéticas cuya frecuencia corresponda a frecuen-
cias características del medio. Esta radiación es emitida por antenas situa-
das en el interior de la máquina. Según la frecuencia de la onda, la energía
podrá ser absorbida bien por los iones, bien por los electrones.
– Calentamiento por partículas α. Una vez iniciadas las reacciones de fusión,
el plasma se autocalentará gracias a las partículas α o a los protones
creados durante la reacción de fusión. Estas partículas cargadas cederán
su energía a los electrones e iones del plasma por colisiones.
20.4.3. Reactor de fusión por confinamiento magnético
En este reactor, el combustible de deuterio-tritio es inyectado en una cá-
mara donde, debido a los sistemas de confinamiento y calentamiento, pasa al
estado de plasma y se quema de forma continua. El plasma produce residuos
(átomos de helio) y energía bajo forma de partículas cargadas o radiación (neu-
trones o radiación electromagnética). Las partículas cargadas que se escapan y
la radiación ceden su energía a la primera pared, que se calienta. Esta pared
está refrigerada por un sistema de extracción de calor. Este calor es utilizado
para producir vapor y alimentar un conjunto clásico turbina-alternador para
producir electricidad.
La primera pared tiene varias funciones:
– Recuperar la energía de los neutrones. Un fluido refrigerante circula en la
estructura de la pared para evacuar el calor y así producir electricidad.
– Producir el litio necesario para la reacción de fusión. Este tritio se produce
con la reacción de un neutrón con un núcleo de
6
Li o
7
Li. Sería conveniente
privilegiar la reacción con
6
Li, puesto que ésta libera una energía que
podría ser aprovechada.
– Blindaje, atenuando el flujo neutrónico y protegiendo todos los constitu-
yentes externos.
20.5. Fusión por confinamiento inercial
Al contrario que la fusión por confinamiento magnético, que puede funcio-
nar en modo continuo —i.e., el quemado de combustible se produce de forma
248 20.5. Fusión por confinamiento inercial
continua una vez iniciada la reacción—, la fusión por confinamiento inercial
tiene un modo de funcionamiento discontinuo. Las etapas de un ciclo son las
siguientes:
– Una cápsula o microesfera de deuterio-tritio (de aproximadamente dos
miligramos), que constituye el combustible, es inyectada en la cavidad del
reactor. Una vez que se encuentra en el centro de la cavidad, se produce
la iluminación mediante potentes haces de partículas (fotones, rayos X,
iones pesados o ligeros), que comprimen y calientan el combustible hasta
la fase de ignición.
– El combustible se irá quemando (sólo se quema un porcentaje pequeño) y
los productos de la fusión (principalmente neutrones y partículas α) esca-
parán del combustible con una energía cinética muy elevada. La energía
de los neutrones será recuperada y utilizada en un ciclo termodinámico
para elevar la temperatura de un refrigerante.
– Se limpia la cavidad del reactor, permitiendo la iluminación de la siguiente
microesfera.
20.5.1. Principales fases del proceso de fusión en confina-
miento inercial
El proceso de fusión de una cápsula de combustible en fci comprende cua-
tro etapas: absorción de la radiación, compresión de la cápsula, ignición del
combustible y quemado termonuclear.
En la fase de absorción, al incidir la radiación sobre la cápsula de combusti-
ble, el material se transforma en plasma. La cápsula se ablaciona y las partículas
de la cáscara se expanden con una velocidad de entre 10
5
y 10
6
m/s. Esta ex-
pansión, por conservación de la cantidad de movimiento, produce un empuje
hacia la parte interior de la cápsula, comprimiendo y calentando el combustible;
esta es la fase de compresión o implosión.
Si al final del proceso de implosión se alcanzan las condiciones específicas de
fusión, comienza la fase de ignición. En este momento, las partículas α produci-
das aumentan la temperatura del combustible, venciendo las pérdidas de energía
debidas a la radiación, la conducción térmica y la expansión. Si la densidad es
suficientemente alta, las partículas α se quedan atrapadas en el combustible no
quemado que rodea al núcleo. De esta forma, las partículas α calientan este com-
bustible hasta encenderlo. Así va avanzando la onda de quemado hacia afuera;
esta es la fase de quemado termonuclear, que se extingue cuando la densidad es
insuficiente para que se produzcan las reacciones de fusión.
Para que el proceso de compresión y calentamiento del combustible sea
efectivo, hay que procurar que se comprima la cápsula en primer lugar y que se
caliente después. De esta forma, se pueden alcanzar altas compresiones, condu-
ciendo a su vez a grandes valores de Q. Si se calienta antes de tiempo, la presión
en el interior de la cápsula aumenta, oponiéndose a la compresión.
20. Reactores de fusión 249
20.5.2. Método de irradiación
La irradiación de la microesfera se puede hacer de dos formas distintas:
– Directa, i.e., que el haz láser o de iones deposite directamente su energía
en la microesfera. El interés de este esquema reside en la elevada eficacia
de la transferencia de energía a la microesfera. En cambio, los haces deben
irradiarla de manera uniforme, lo que exige un gran número de haces de
alta calidad.
– Indirecta. En esta configuración, la microesfera se coloca dentro de una
cavidad de algunos milímetros constituida por un material de alto núme-
ro atómico (oro, volframio, etc.). Los haces irradian la pared interna de
esta cavidad y crean un plasma caliente que emite radiación x, la cual
provoca la implosión de una microesfera. El interés de la iluminación in-
directa reside en la uniformidad de la irradiación de la microesfera, con
lo que se consigue una mayor estabilidad hidrodinámica de su implosión.
La desventaja de este método reside en la eficiencia en la transferencia de
energía, i.e., una gran parte de la energía del haz láser se pierde durante
la conversión a rayos X y no contribuye a la implosión de la cápsula.
20.5.3. Cápsula de combustible
Las cápsulas de combustible tienen un radio del orden del milímetro y están
formadas por una cáscara sólida que contiene una mezcla de deuterio y tritio
gaseosa. La cáscara consta de dos partes:
– La externa (el material de ablación), compuesta por un material ligero de
tipo plástico dopado por un material pesado de alta opacidad.
– La interna, constituida por el combustible frío en estado sólido.
La colocación de material de alta opacidad impide a la radiación del plasma
de la cáscara penetrar en el interior del combustible y calentarlo, lo que dismi-
nuiría la eficiencia de la compresión, tal como se ha comentado con anterioridad.
20.5.4. El láser
En principio, aunque no se han abandonado las investigaciones con acelera-
dores de iones, los diseños de reactores de fci incluyen la irradiación mediante
láseres. Esto es debido a que los haces láser son más fáciles de propagar y enfo-
car sobre el blanco, a pesar de su baja eficiencia eléctrica. Por el contrario, los
haces de iones tienen mejor eficiencia, pero son más difíciles de enfocar.
Actualmente, se están construyendo dos láseres de características simila-
res
5
que permitirán alcanzar condiciones para la ignición del combustible y así
5
Estos láseres tienen unos doscientos haces que suman una energía de unos 2 MJ. La
duración del impulso láser es de unos nanosegundos.
250 20.5. Fusión por confinamiento inercial
comprobar la viabilidad de los reactores de fci. Estos láseres e encuentran en
Estados Unidos y en Francia, y son el paso previo a la construcción de un láser
para la utilización comercial de un reactor de este tipo.
Para producir 1 GW eléctrico, un reactor fci requerirá un láser que tendrá
que ser capaz de suministrar cada segundo diez impulsos de 5 MJ cada uno, con
una eficiencia superior al diez por ciento.
20.5.5. Reactor de fusión por confinamiento inercial
El funcionamiento de un reactor comercial de fci es el siguiente. En una
cámara de vacío se inyecta el blanco de combustible. Cuando éste se encuentre
en el centro de la cámara, se lo irradia con una serie de haces láser, produciendo
la implosión de las cápsulas, seguida de una mini-explosión termonuclear. Las
bombas de vacío retiran los gases y residuos de la explosión antes de que un
nuevo blanco sea inyectado.
Se hacen aproximadamente diez inyecciones por segundo, de manera que la
energía liberada pueda ser recolectada de forma continua. Los neutrones que se
producen en las reacciones ceden su energía a las paredes de la cámara. El calor
generado se extrae con un refrigerante que servirá de foco térmico para producir
electricidad, según un ciclo convencional.
Para que un reactor de este tipo pueda llegar a operar, hay que resolver
una serie de problemas, como por ejemplo la composición de las paredes de la
cámara. Éstas deben ser capaces de soportar la continua e intensa irradiación
neutrónica sin fundirse o descomponerse. Se han propuesto varios métodos de
protección o aislamiento de las paredes, como hacer un recubrimiento de litio
líquido o rodear el blanco con chorros de metal líquidos. Así, por ejemplo, en el
proyecto de reactor de fusión fci Hylife II, se emplea una pared gruesa de flibe
(Li
2
BeFe
4
) para la protección de la primera pared estructural.

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