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Jugos Carrefour.

Acostumbro comprar en el supermercado Carrefour cercano a mi hogar; un
sabroso jugo de naranja, proveniente de su quinta. Fruto de una cuidadosa selección de
dicho supermercado, tengo el agrado de consumir en mis desayunos esa bebida
beatífica. Por sólo $ 5,99, que sin duda supera el precio de las naranjas utilizadas para
su elaboración, gozo de tan sabroso producto.
Pero encontrándome a unas cuadras de mi hogar en la calle Perón de San
Fernando; me acerqué a otra sucursal para poder adquirir la garantía y calidad de las
naranjas que exprime dicho supermercado. Mi sorpresa fue que al atravesar la caja y
luego de abonar; descubrí que en cuestión de 24 horas dicho producto había elevado su
precio a $ 14, 50, es decir con una aumento casi cercano al 150 %.
Por suerte, revisé la cuenta, pensando que algo no estaba bien. Entonces me
dirigí a atención al cliente para hacer mi reclamo, en donde la señorita Celeste me dijo:
“Este es el precio que se paga aquí por el jugo exprimido. Hace días que no ha
cambiado”. Desconfiando de semejante aumento, le sugerí que se fije en la góndola el
precio, a lo cual me dijo que hace tiempo que el papel indicativo del precio no figura
delante del producto.
Con algo de asombro devolví el producto y me dirigí a mi habitual
supermercado, donde lo conseguí a los habituales $ 5,99. Entonces retorné con mi ticket
y se lo mostré a la señorita Celeste, a lo cual alegó que así son las cosas en ese lugar.
Ante esto le pregunté porque se les ocurre estafar a los clientes de ese lugar, mientras
que en otra zona deben pagar un precio muy inferior por el mismo bien. Luego de dudar
un poco, me respondió que la gente allí paga ese precio y que si quería podía hacer una
queja. Pero cuando intenté tomar las lapiceras para escribir, ninguna funcionaba.
Más allá de este problema; el tema es que la misma situación ya me ha
sucedido con otros productos tales como frambuesas, mermeladas, vinos o champagne.
Las “estafas” que en algunos casos “pasan” y el cliente las paga sin darse cuenta,
oscilan entre $ 5 a $ 14. Tal vez la señorita Celeste no sea la culpable; pero sin duda hay
algún “astuto ejecutor del sistema” que intenta estafar a la gente utilizando códigos que
no corresponden. Quiero suponer que todo esto no se trata más que de un error humano
y no de una estafa como me lo han manifestado en la sucursal San Fernando. Aunque tal
vez, sea una política comercial que busca beneficiar a las habitantes de las zonas más
pobres y cobrarle más caro a quienes lo pueden pagar. Lo único que les pido es que la
próxima vez me sigan cobrando los $ 5,99 por mi saludable jugo de naranja.

Horacio Hernández.

http://horaciohernandez.blogspot.com/

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