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Asunto: [Nueva entrada] Libre albedrío, determinismo, teoría cuántica y fluctuaciones

estadísticas –
De: Las Tinieblas de la Mente <comment-reply@wordpress.com>
Fecha: Tue, 6 Aug 2013 19:26:46 +0000
Para: ovibronauta@gmail.com
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Entrada nueva en Las Tinieblas de la Mente
Libre albedrío, determinismo, teoría cuántica y
fluctuaciones estadísticas –
by Las Tinieblas de la Mente
Cualquier intento de vincular el debate sobre el libre albedrío a las cuestiones
morales, éticas o legales, como a menudo se viene haciendo, es un puro
sinsentido.
El libre albedrío no tiene nada que ver con la mecánica cuántica. Somos seres
profundamente impredecibles, como la mayoría de los sistemas macroscópicos. No
hay incompatibilidad entre el libre albedrío y el determinismo microscópico. La
importancia del libre albedrío es que la conducta no está determinada por las
restricciones externas ni por la descripción psicológica de los estados neuronales
a los que tenemos acceso. La idea de que el libre albedrío puede tener que ver con
la capacidad de tomar distintas decisiones sobre estados internos iguales es un
absurdo. Es asunto no tiene nada que ver con cuestiones de carácter moral o legal.
Nuestra idea de ser libres es correcta, aunque sólo sea una manera de señalar lo
ignorantes que somos acerca del por qué tomamos decisiones.
*******
Desde que Demócrito planteara que el mundo podía ser visto como el resultado del
choque accidental de los átomos, la cuestión del libre albedrío ha perturbado el sueño del
naturalista: ¿cómo conciliar la dinámica determinista de los átomos con la libertad del
hombre para elegir? La física moderna ha alterado un poco los datos, y la confusión
requiere una aclaración.
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Demócrito suponía que el movimiento de los átomos es determinista: un futuro diferente
no sucede sin un presente diferente. Pero Epicuro, que en cuestiones físicas era un
seguidor cercano a Demócrito, ya se percató de una dificultad entre este determinismo
estricto y la libertad humana, y modificó la física de Demócrito, introdujo un elemento de
indeterminación en el nivel atómico.
El nuevo elemento se llamaba “clinamen“. El “clinamen” es la desviación mínima de un
átomo de su natural trayectoria rectilínea, que se producía de una manera completamente
aleatoria. Lucrecio, que presentó la teoría de Demócrito-Epicuro en su poema, “De Rerum
Natura”, señala con palabras poéticas: la desviación del movimiento recto pasa “incerto
tempore … incertisque loci”, en un tiempo incierto y en un incierto lugar [Liber II, 218].
Una oscilación muy similar, entre el determinismo y el indeterminismo, ha vuelto a
repetirse en la física moderna. El atomismo de Newton es determinista de forma parecida
a la de Demócrito. Pero a principios del siglo XX, las ecuaciones de Newton lo
sustituyeron por las de la teoría cuántica, que traían un elemento de indeterminación muy
similar, de hecho, a la corrección de Epicuro al determinismo de Demócrito. A escala
atómica, el movimiento de las partículas elementales no es estrictamente determinista.
¿Puede haber una relación entre este indeterminismo cuántico a escala atómica y
la libertad humana para elegir?
La idea ha sido propuesta, y reaparece a menudo, pero no es creíble por dos razones. La
primera es que el indeterminismo de la mecánica cuántica se rige por una rigurosa
dinámica probabilística. Las ecuaciones de la mecánica cuántica no determinan lo que va
a suceder, sino que determinan estrictamente la probabilidad de aquello que va a
suceder. En otras palabras, que certifican que la violación del determinismo es
estrictamente aleatorio. Esto va exactamente en la dirección opuesta a la libertad humana
de elección. Si la libertad humana para elegir era reducible al indeterminismo cuántico,
entonces deberíamos concluir que las decisiones humanas están estrictamente reguladas
por la oportunidad. Lo cual es justo lo contrario de la idea de la libertad de elección. El
indeterminismo de la mecánica cuántica es como tirar una moneda al aire para ver si cae
cara o cruz, y actuar en consecuencia. Esto no es todo lo que entendemos como libertad
de elección.
Pero hay una segunda, y más importante consideración. Si un elemento de aleatoriedad
es suficiente para explicar la libre voluntad, no hay necesidad de buscarlo en la
incertidumbre cuántica, ya que en un sistema abierto complejo como es el ser humano
hay muchas fuentes de incertidumbre, y totalmente independientes de la mecánica
cuántica. La dinámica microscópica atómica dentro de un hombre está influenciada por
un sinnúmero de eventos aleatorios: basta con considerar el hecho de lo que ocurre a
temperatura ambiente, donde el movimiento térmico de las moléculas es completamente
al azar. El agua que llena las moléculas de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro es una
fuente de indeterminismo, por el simple hecho de estar caliente, y esta indeterminación es
mucho mayor que la cuántica. Si a esto le sumamos el hecho de que el indeterminismo
cuántico tiene una tendencia bien conocida a desaparecer rápidamente tan pronto como
tengas en cuenta los objetos macroscópicos (debido a la “decoherencia“), parece claro
que, el intento de unir la libertad humana con el indeterminismo cuántico es una
esperanza muy improbable.
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Esto nos lleva de nuevo al punto de partida. El problema de la aparente tensión entre el
libre albedrío y el determinismo no se alivia con la física cuántica. El argumento, no
obstante, pone de manifiesto un defecto en la intuición desde la que se origina el
problema en sí. Si la dinámica macroscópica se somete a las consecuencias del
indeterminismo microscópico, como en el ejemplo térmico, ¿cuál es la naturaleza exacta
del problema del libre albedrío?
Es evidente que el problema necesita de aclarar lo que significa ser libre para elegir.
Vamos a acercarnos al núcleo del problema desde otro lado: no desde la física, sino
desde nuestra libertad. Yo puedo decidir si declaro o no algunos ingresos al IRS. Se trata
de una elección libre. ¿Qué significa esto? En primer lugar, significa que no estoy
obligado a hacer una elección por las restricciones externas. Por ejemplo, no hay ninguna
ley que declare que voy a obtener el dinero sólo después de haber declarado. Si fuese
así no tendría elección. En segundo lugar, no hay un inspector de IRS mirándome, en
cuyo caso tampoco tendría opción. Yo soy libre de elegir ser honesto o deshonesto.
Tenemos un sinnúmero de elecciones de este tipo, no sólo éticas, sino también en la
gestión diaria de nuestra vida.
¿Qué sucede cuando elijo? Sucede que evalúo los pros y los contras de una elección con
mis pensamientos, todos los factores que pueden determinarlo. Estos pueden ser
externos (si me cogen tendré problemas), internos (quiero ser un tipo honesto), accidental
(ahora tengo problemas con el dinero y cincuenta dólares más …), emocional (Acabo de
ver un programa de televisión sobre los que no pagan impuestos y estoy disgustado por
esas personas), y así sucesivamente.
Existe por lo tanto un primer sentido de la expresión “libre elección”, que se refiere
simplemente al hecho de que los factores determinantes son internos y no externos. Esto
no entra en conflicto con el determinismo. He aquí un ejemplo, de Daniel Dennett, para
clarificar este punto. El Rover (la máquina con ruedas) enviada a Marte hace unos meses
está programada para moverse de forma autónoma en Marte, y tiene un sistema de
navegación compleja que analiza su entorno y decide por dónde se mueve de acuerdo a
un conjunto de prioridades asignadas. Hacer viajes largos, con el fin de explorar las
diferentes regiones y enviar las imágenes a la Tierra. Sin embargo, el Rover puede
terminar en una situación en la que ya no se puede mover, por ejemplo, porque se quedó
atrapado entre dos rocas. Los científicos del centro de control de la Tierra deberán decidir
no dejar que el programa del Rover decida por sí mismo, o intervenir y obligar al Rover a
volver, dado que tienen observaciones independientes de una tormenta de polvo que se
aproxima. En cualquier caso, podemos decir que el Rover “no es libre” para ir a donde
quiera porque está atrapado entre dos rocas, o porque los ingenieros de la NASA han
enviado un radio control que bloquea la libertad de decisión del programa de a bordo.
Después de la tormenta de arena y liberado de los dos bloques, el Rover recupera su
“libertad de decidir” y comienza a funcionar sólo en sus propias “decisiones” de hacia
dónde ir.
Se trata de un particular sentido de la expresión “ser libre de decidir.” Solemos usar esta
expresión en este sentido. Por ejemplo: yo no soy libre de decidir ir a dar un paseo si
estoy en prisión. Este sentido de “ser libre” es el más común, y no está en conflicto con el
determinismo físico. Después de todo, el Rover, una vez liberado de las rocas y liberado
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de los mandos de radio de la NASA, es libre de decidir por sí mismo adónde ir, pero el
programa que se ejecuta está impulsado por una física estrictamente determinista. En
este caso, “ser libre” sólo se refiere a la distinción entre las determinaciones de
comportamiento que son externas (las rocas, los mandos de la radio de la NASA, la
prisión) y las determinaciones de comportamiento que son internas (el software del Rover,
mi intenso deseo de dar un paseo). Desde este punto de vista, el problema del conflicto
entre el libre albedrío y el determinismo físico se disuelve completamente, y esta es la
solución del problema propuesto hoy por muchos intelectuales, como, por ejemplo, Daniel
Dennett.
Pero, ¿es esta una solución completa y satisfactoria del problema? Puede que no, porque
hay cuestiones que permanecen abiertas. La primera es que la analogía entre el Rover y
un ser humano no se sostiene plenamente. Un ser humano parece ser, y probablemente
sea, más “libre” que el Rover en el siguiente sentido. Ambos, el Rover y el ser humano,
pueden ser libres en el sentido de que la decisión sobre su comportamiento está
determinado por factores internos y no externos, pero en el caso del Rover sabemos que
hay un software preciso que determina este comportamiento. Este software fue
construido (por ingenieros) con el fin de ser lo más “determinista” como fuese posible.
Claro que, se puede romper o funcionar mal, pero esto hace que el comportamiento del
Rover se considere anormal. Siempre y cuando no se produzcan problemas, y el Rover
funcione bien, su comportamiento está determinado de una manera rigurosa, por factores
dentro del mismo Rover, aunque haya factores que lo hacen de una estricta estructura
determinista. Ahora bien, ¿podemos decir lo mismo del hombre?
Hasta cierto punto, también el comportamiento humano está determinado por algo similar
a un software biológico. No hay duda de que la estructura neuronal tiene muchos
aspectos similares a los del software del Rover, con subsistemas que gestionan
comportamientos específicos (pasear) y otros sistemas que determinan decisiones
complejas arbitrarias entre las más o menos apremiantes demandas de otras partes del
cerebro (“Tengo hambre, me quiero comer un bocadillo, pero también quiero escribir este
trabajo”). Pero concedidas las similitudes, todavía permanece una diferencia clave en la
función y la organización de ambos: la gestión de la aleatoriedad, es decir, la
indeterminación. Incluso los ingenieros que diseñaron el Rover tuvieron que hacer frente
a los peligros. La edad de los equipos electrónicos y el deterioro en el tiempo. No puedes
predecir cuando una conexión dejará de funcionar bien. Pero los ingenieros que
diseñaron el Rover han hecho todo lo posible para minimizar este efecto para el Rover. El
Rover funciona bien cuando la aleatoriedad de eventos se mantiene en el más óptimo
bajo control.
No parece que el funcionamiento de los sistemas vivos sigan el mismo principio. Desde la
bioquímica, los sistemas vivos están inmersos en un ambiente de aleatoriedad. Los
procesos bioquímicos básicos explotan plenamente la alta aleatoriedad del movimiento
térmico de las moléculas. Por ejemplo, nuestras células construyen proteínas con unos
mecanismos moleculares que combinan moléculas siguiendo instrucciones genéticas. Sin
embargo, estos mecanismos son alimentados por el movimiento térmico aleatorio de las
moléculas de las proximidades. En el extremo opuesto de la escala, todo el mecanismo
de la evolución de Darwin se basa, tal como Darwin discute en detalle en los primeros
capítulos de el “Origen de las Especies”, en la enorme variabilidad de los individuos y
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especies. Este elemento aleatorio, presenta desde un nivel bioquímico al nivel de la
evolución de las especies un ingrediente primordial (a veces un tanto descuidado) para la
vida en la Tierra. La vida es el resultado de unas estructuras que se encuentran en
equilibrio entre la rigidez obtenida mediante el blindaje de acontecimientos casuales, y la
flexibilidad alcanzada por el espacio dejado a los efectos de esta misma aleatoriedad. Los
individuos sobreviven porque tienen una estructura bastante similar a la de sus padres, y
los padres han desarrollado esa estructura como resultado de un número suficiente de
cambios repetidos de sus padres, lo que nos ha permitido explorar el posible espacio de
las estructuras. La variabilidad en el corazón del mecanismo darwiniano es nuestra mejor
clave para entender la vida.
El mismo equilibrio entre la rigidez y el azar juega un importante papel en nuestro
cerebro, que funciona, a pesar de las similitudes con un buen software, debido a la
ubicuidad de las estadísticas de su trabajo. En realidad, hay también un software que
explota eficazmente la generación de números aleatorios. Ejemplos de ello son las
técnicas de tipo Montcarlo usados en los cálculos numéricos (por ejemplo, en la física de
partículas) y en las llamadas técnicas de redes neuronales, las cuales han terminado en
el software de nuestras lavadoras. Pero éste es un uso episódico de aleatoriedad.
Nuestro cerebro es una máquina, pero se trata de una máquina que funciona de una
manera donde los elementos estadísticos funcionan continua y persistentemente junto a
las funciones deterministas.
Todo esto nos lleva de nuevo a la pregunta original, la relación entre el determinismo
físico y la libertad para decidir, pero a la luz de una nueva observación: la existencia del
azar compatible con el determinismo. ¿Cómo es posible esto? No es difícil de entender.
No cabe duda de que la dinámica de un globo lleno de aire no tiene nada indeterminista.
Pero nadie es capaz de predecir el movimiento de una sola molécula de aire. Si se desata
el nudo que cierra el globo y se deja libre, se vaciará ruidosamente revoloteando de aquí
para allá, de una manera que nadie puede predecir. ¿Cómo es posible entonces,
reconciliar el determinismo físico y el comportamiento impredecible del globo? La
respuesta es simple y bien conocida. En principio, podemos dar dos descripciones
alternativas del globo, ambas correctas. La primera consiste en dar la posición de cada
una de sus moléculas de aire, la segunda en dar simplemente el radio del globo y, por
ejemplo, la presión con la que está inflado. Estas dos descripciones no están en
contradicción entre sí. Son, simplemente, dos descripciones, una más precisa y la otra
menos, del mismo objeto. Hay un punto clave que une las dos descripciones, que se
pueden resumir en un concepto que tiene un papel importante en la filosofía
contemporánea: la de “superveniencia“. Si sabemos el radio y la presión del globo, hay
muchas y diferentes configuraciones en las que las moléculas pueden estar, así que, dos
globos que parecen idénticos, en el sentido de que tienen el mismo radio y la misma
presión, pueden, de hecho, diferir en la posición; pero (este es el punto clave de la
definición de superveniencia), a la inversa no es posible: es decir, no es posible que dos
globos con diferentes radios o diferentes presiones tengan la misma configuración de sus
moléculas. En este caso, se dice que el radio y la presión son propiedades del globo que
“supervienen” a las propiedades elementales de las moléculas. Armado con esta
observación y esta definición, podemos volver a considerar el problema del libre albedrío.
Es posible interpretar el “libre albedrío” como la ausencia de determinaciones externas,
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pero nos lleva a decir que el Rover en Marte tiene libre albedrío, y esto no parece
capturar lo que muchos proponen como libre albedrío. El comportamiento del Rover está
determinado por un software que, al menos en tanto que funcione, actúa de una manera
predecible. El comportamiento de nuestro cerebro, en cambio, compuesto por miles de
millones de neuronas que trabajan de una manera en gran parte probabilística, fluctúa
ampliamente, incluso cuando las mismas entradas externas como las de su propia
memoria están cerca. En otras palabras, la maquinaria cerebral parece funcionar más
como una máquina probabilística que como una máquina determinista. Esto no está en
contradicción con un posible determinismo físico subyacente, o el hecho de que el
indeterminismo cuántico no juegue ningún papel. Simplemente, no podemos dar la
descripción del estado molecular de las neuronas capaces de determinar de manera
única las futuras decisiones.
En este punto, creo que algunos aspectos del problema son de pura aclaración, y
volvemos a la pregunta original: digamos que un ser humano tiene libre elección. ¿Qué
significa esto? Si nos referimos a que dos seres humanos pueden comportarse de
manera distinta si se colocan ante las mismas condiciones “externas” y teniendo el mismo
estado “interno”, entonces también debemos especificar aquí lo que significa para
nosotros el estado interno. Si entendemos el conjunto de recuerdos, educación,
emociones, pensamientos, y cosas así, estaremos dando una descripción del sistema
que no es la posición de los átomos individuales, y por tanto, aun con estos factores
iguales, el hecho de que dos seres humanos puedan decidir de manera diferente no está
en contradicción con la existencia de un determinismo físico subyacente. No es de
extrañar que el que dos globos que parecen idénticos, con la misma presión, el mismo
radio, el mismo color, el mismo plástico … se muevan de una manera completamente
diferente cuando se liberan sus nudos.
Pero, ¿es esta una respuesta satisfactoria? ¿Es cierto que todas las propiedades
mentales ‘supervienen’ en una descripción física? Imaginemos un caso extremo, un poco
artificial, tal vez, pero significativo. Imaginemos una página con caracteres de imprenta.
Por una extraña coincidencia, estos caracteres se parecen mucho a los caracteres
chinos, pero también se pueden ver como caracteres latinos. De hecho, un chino vería
una línea del gran poeta Li Po, mientras que un hablante inglés podría leer en inglés un
verso de Shakespeare. La posición de los átomos de la página es una y sólo una, pero el
contenido del poema se percibe de manera diferente. Dos contenidos diferentes
corresponden a la misma configuración microscópica. El ejemplo muestra que no
necesariamente el contenido del texto ‘superviene’ a su configuración física.
Sin embargo, el mismo ejemplo proporciona también la solución. Es posible decir que la
página no contiene ni la poesía de Li Po ni la de Shakespeare. El significado no está
determinado sólo por el medio (la página de muestra), sino también por el contexto
externo, el contexto cultural, un marco que implica otros sistemas externos. Pero esto no
impide que la conclusión sea la misma que antes, sólo que se ha ampliado: el significado
no ‘superviene’ al papel y la tinta, sino a la tinta, el papel y al estado físico de los que leen
el periódico.
En cualquier caso, el punto principal sigue siendo los estados mentales, y lo que
queremos decir con eso y la posible cantidad de información que ello implica, contiene
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muchísima menos información que la información necesaria para determinar el estado
físico global del cerebro, el cual, no olvidemos, tiene alrededor de mil billones de sinapsis,
pero está compuesto de un número de moléculas todavía mucho más grande. Puesto así
y según se mire, al mismo estado mental le corresponde a un gran número de estados
moleculares. Y, en cualquier caso, la relación entre el primero y el último es mera
estadística. No hay, por tanto, ninguna razón para que un determinismo físico pueda
determinar un determinismo psíquico. El determinismo físico es perfectamente compatible
con el indeterminismo psíquico.
Queda una última pregunta fundamental, y la principal razón por la que escribo este
artículo. Tratar de forzar el significado de “libre albedrío” más allá del simple significado
de libertad de las restricciones “exteriores”, es una empresa condenada al fracaso de
todos modos. ¿Está nuestra decisión “libre” completamente determinada por factores
internos? Asumamos por un momento que no lo está, y vemos que nos metemos en
problemas. Supongamos un experimento en el que ponemos a una persona exactamente
en la misma situación mental (con los mismos recuerdos, valores, carácter, estado de
ánimo, etc.), y supongamos que repetimos el experimento muchas veces, siempre con las
mismas condiciones iniciales. ¿Qué observaremos? Hay dos posibilidades extremas: lo
primero que vemos es que la persona decidirá enteramente al azar. En este caso, los
resultados se rigen sólo por la casualidad. La mitad de las veces tomará una decisión, la
otra mitad creará otra elección. La segunda posibilidad extrema es que la persona tome
siempre la misma elección.
¿En cuál de estos dos casos existe el libre albedrío?
Ambas respuestas tienen sentido. Si con la respuesta en el primer caso, estamos
diciendo que el libre albedrío se manifiesta cuando decidimos completamente al azar,
lanzando una moneda al aire. No creo que sea esto lo que la gente cree que significa el
libre albedrío. Si es así, deberíamos concluir que vamos al cielo o al infierno por pura
casualidad. Pero con la segunda respuesta aún es peor: en este caso, el libre albedrío
estará determinado por nuestros propios estados mentales internos. Es decir, que
significa la ausencia de libre albedrío. En cualquiera de los casos, nos metemos en
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problemas, y esto demuestra que la idea de que el libre albedrío tiene que ver con la
capacidad de tomar diferentes decisiones sobre los estados internos iguales, es absurda.
Todo esto nos lleva de nuevo a la única solución posible del problema del libre albedrío, y
es una solución clásica, la que fue presentada en la “Ética” de Spinoza. Los seres
humanos somos sistemas complejos y desarrollamos una imagen del mundo y de
nosotros mismos. Buscamos relaciones causales en el mundo y construimos una serie de
declaraciones interpretativas que nos permiten predecir en cierta medida el
comportamiento del mundo. También los hacemos en referencia a nosotros mismos.
Tenemos una representación de nosotros mismos y esto nos permite saber cómo vamos
a actuar, o cómo otra persona va a actuar ante tal o cual situación. Pero esta
representación que tenemos de nosotros mismos es muy cruda y aproximada, en
comparación con los complejos detalles de nuestro propio ser real, y por lo tanto nos
encontramos actuando continuamente de forma que no tenemos capacidad para predecir,
ni para los demás ni para nosotros mismos. Cuando observamos un comportamiento
impredecible en nosotros o en los demás, a esto lo llamamos “libre elección” y “libre
albedrío”. No hay nada malo o ilusorio en este uso del término, sino que es un nombre
razonable, adecuado para una descripción aproximada. No hay ninguna contradicción
entre el uso de este concepto y el hecho de que nuestro comportamiento surja a partir del
movimiento de las moléculas de nuestro cuerpo, y que esto puede ser, a nivel molecular,
perfectamente determinista. Esta es la única solución razonable a la aparente tensión
entre el determinismo y el libre albedrío, para la teoría cuántica, la física estadística, la
biología neuronal, las ciencias cognitivas, y el resto de los conocimientos que tenemos
Cualquier intento de vincular este debate a las cuestiones morales, éticas o legales, como
a menudo se ha hecho, es un puro sinsentido. El hecho de que podamos decir que un
delincuente ha sido impulsado a matar a debido a la forma en que las leyes de Newton
han actuado sobre las moléculas de su cuerpo no tiene nada que ver ni con la posibilidad
de castigo, ni con la condena moral. Se está respetando igualmente las mismas leyes de
Newton cuando se pone a los criminales en la cárcel, y se está respetando las mismas
leyes de Newton para que la sociedad en su conjunto funcione, incluyendo su estructura
moral, que a su vez determina el comportamiento. No hay contradicción entre decir que
una piedra voló hacia el cielo porque una fuerza lo empujó, o porque un volcán explotó.
De la misma manera, no hay contradicción alguna al decir que no cometemos asesinato
porque algo esté codificado en la estructura de la toma de decisiones de nuestro cerebro
o debido a que estamos obligados por una creencia moral.
El libre albedrío no tiene nada que ver con la mecánica cuántica. Somos seres
profundamente impredecibles, como la mayoría de los sistemas macroscópicos. No hay
incompatibilidad entre el libre albedrío y el determinismo microscópico. La importancia del
libre albedrío es que la conducta no está determinada por condicionantes externos, ni por
la descripción psicológica de nuestros estados neuronales a los que tengamos acceso. La
idea de que el libre albedrío pueda tener que ver con la capacidad de tomar decisiones
diferentes sobre estados internos iguales es un absurdo, como muestra el experimento
ideal que he descrito arriba. Este asunto nada tiene que ver con cuestiones de carácter
moral o legal. Nuestra idea de ser libre es correcta, aunque en el fondo sólo sea una
manera de decir lo ignorantes que somos acerca del por qué tomamos decisiones.
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- Autor: Carlo Rovelli es físico teórico, trabaja en la gravedad cuántica y en los
fundamentos de la física del espacio-tiempo. Es profesor de Física en el Centro de Física
théorique De Luminy en la Universidad de Aix-Marseille. Miembro de la Intitut
Universitaire de France. Es autor de “The First Scientist: Anaximander and His Legacy;
and Quantum Gravity”.
- Imagen 1) Carlo Rovelli.
- Imagen 2) Libre albedrío. - See more at: http://bitnavegante.blogspot.com.es/2013/07
/libre-albedrio-determinismo-y-la-fisica.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&
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Las Tinieblas de la Mente | 6 agosto, 2013 a las 21:26 | Categorías: En los Límites de
la Ciencia | URL: http://wp.me/p17xHw-39R
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