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Permanencia de la voz

por Paul Zumthor
P
ESE a haber sido durante Sargo
tiempo ignorada por historiadores
casi exclusivamente atentos a ios
documentos escritos, hoy nadie discute la
importancia del papel que la voz desem 
peña en la conservación de las sociedades
humanas. En cada grupo social eso que
llamamos sus tradiciones orales constitu 
yen una red de intercambios vocales vin 
culados con comportamientos más o menos
estrictamente cifrados cuya finalidad esen 
cial consiste en mantener la continuidad
de una percepción de-la vida y de una
experiencia colectiva sin las cuales el indi 
viduo quedaría abandonado a su soledad,
si no a su desesperación.
La cosa nos parece evidente cuando se
trata de civilizaciones arcaicas, o de deter 
minadas culturas marginales del mundo
contemporáneo. En cambio, mucho más
difícil nos resulta reconocer que efecti 
vamente nuestra cultura occidental de este
final del siglo XX, con su racionalidad y
su tecnología, está también impregnada de
-radictones orales y que malamente podría
subsistir sin ellas. Voy a limitarme aquí
al ámbito de la poesía. Por ella hemos de
entender, en su más amplia acepción, ese
arte espootá&eameníe surgido del lenguaje
y cuya perpetuación es una de las cons-
ísmtes de la historia, hasta el punto de que
podrfa. incluírsela entre los elementos de
una. definición del hombre. Altera bien»
a^todos^nos Psrec^natural que las etiras
poesía de tradición orái; en cambio, tene 
mos cae hacer un esfuerzo de imaginación
para detectar entre nosotros, no ya sim 
plemente las hueíías de esa poesía sino,
más aUa de un fóldore sobreviviente, su
aim activa presencia. Hacia 1980 se pío! ico
una estadística según la ciml sólo er ^ran 
cia se componen anualmente diez n.¡ can 
ciones; a tres minutos como promedio por
canción, eí!o supone un total de quinientas
horas de audición, es decir una hora veinte
minutos a! día, jcada día! Aun descontando
los mamarrachos, los fracasos y los efectos
de la selección antes de que se interpreten
en público, queda una masa considerable;
y utilizo aquí deliberadamente la palabra,
tan patente es que se traía de un fenómeno
de "cultura de masa” , de la principal forma
viva y colectivamente funcional de poesía
.en nuestro mundo de ios años 80. Y nada
indica que Francia sea en eso una excep 
ción.
Empapamos de que así es puede exi 
gimos algún esfuerzo. En efecto, hace ya
mucho tiempo que se extinguió en nuestras
sociedades occidentales la pasión de la
palabra viva, progresivamente expulsada
del ámbito de intereses de nuestros inte 
lectuales y, según la expresión ai uso, de
nuestra “personalidad básica". Desde hace
siglos domina en la mente y los gustos
occidentales un prejuicio en virtud de! cua!
sólo admitimos en su forma escrita los pro 
ductos de las artes del lenguaje (apenas
si hacemos una excepción en lo que atañe
al teatro). De ahí nuestra dificultad para
reconocer la validez estética de io que, por
su intención o efectivamente, escapa de
ía esfera dé-So escrito, Durante quinientos
o seiscientos años, primero en Europa y
después en América, pero también, aun 
que partiendo de otras premisas, en Asia,
hemos refinado hasta tal punto las técnicas
de la escritura que a nuestra sensibilidad
espontáneamente ¡e repele la aparente
inmediatez dei funcionamiento del aparato
vocal.
¿Trátase de una mera coyuntura his 
tórica que afecta sólo a la superficie de
las cosas o bien de un desplazamiento de
las estructuras profundas que rigen nues-
“ Graci as a la voz, la pal abra se convi erte
en exhi bi ci ón y don (...), En última i ns­
tancia, la si gni fi caci ón de las pal abras no
Importaría ya nada: graci as ai domi ni o de
si mi smo que ell a muestra, ¡a voz sol a
basta para seduci r... como nos enseñaron
i os ant i guos con el mi t o de fas Si r enas."
En la foto, Ui i ses y l as Sirenas, i l ustraci ón
de un epi sodi o cél ebr e de la Odi sea
(Canto 12) dei poeta épi co gri ego Homero.
Desde su isl a l as Si r enas atraían a los
navegantes por la dul zura de su voz. Para
escapar de esa atracci ón Uii ses hizo que
le ataran al mást i l de su navé y que tapa­
ran a sus compañeros los oídos can cera.
En la Anti güedad sol ía representarse a
l as Si r enas como monst r uos medi o
muj eres medi o aves, según puede verse
en este mosai co dei Museo dei Bardo, en
Túnez.
tras percepciones y el talante de nuestro
pensamiento? Ya en I962 se planteaba ía
cuestión eí canadiense Marshaíl McLuhan
quien, en un libro resonante (La galaxia
Gutenbezg), abrí a a la reflexión sociológica
y filosófica un nueva horizonte que luego
han explorado eficazmente varios inves 
tigadores. Sabido es de qué principio par 
ten éstos: un mensaje no se reduce a su
contenido manifiesto sino que eutrana
otro, latente, el cual emana de la natu 
raleza misma de! médium que lo transmite..
Por consiguiente, la introducción y ¡a difu 
sión de la escritura en una sociedad corres 
ponde a una mutación menta!, económica
e institucional de la misma.. Así, entre la
oralidad y la escritura, se oponen g!o-
baimente, según la perspectiva mcluha-
niana, dos tipos de civilización. En el uni 
v e rs o de í a o r a i i d a d el hombr e ,
directamente vinculado con ios ciclos natu 
rales, interioriza sin conceptualizaria su
experiencia de la historia y concibe el
bompo seoúrí ios esquemas circulares de
un eterno retorno, con ello, su compor­
tamiento se baila imperiosamente deter­
minado por normas colectivas. En cambio,
si uso de ta escritura entraña una sepa­
ración entre el pensamiento y la acción,
una abstracción; que origina el debilita-
miento-del poder propio del lenguaje, el
pred'omimo de «na concepción lineal de!
tiempo, eí individualismo, el racionalismo,
la burocracia...
País ios investigadores actuales, seme 
j a n t e , dicotomía no puede mantenerse de
manera, muy genera!, eo teoría, sino en
la-medida en que arroja una luz matizada
sobre, la realidad concreta, que general-
mente se sitúa en t.m. espacio intermedio
entre los extremos. Estos últimos-esta-
blecen unas diferencias que, en la práctica,
no suelen ser más que de‘ grado, ya-que
cada situación .cultura! entraña una com­
binación original de los diversos rasgos en
cuestión, Y aun así esas oposiciones, por
atenuadas que estén en la realidad» tienen
«n carácter menos histórico que categoría!:
en la mayoría deias sociedades conviven
y colaboran en cada época hombres de ia
voz y hombres de [a escritora. Bien es
cierto....o al menos eso se dice— que hubo
culturas que ignoraban ía escritura. Pero
seguramente fueron menos numerosas de
]o que parece, porque ¿qué esja escritura?
Las marcas simbólicas, las máscaras, los
tatuajes, ios emblemas sociales diversos...
¿son o no son escritura? El catálogo no
está completo,
Hechas estas salvedades, cabe esbozar
una tipología general de las “situaciones
de oraüdad51en nuestro mundo, En efecto,
la multiplicidad de esas situaciones, aveces
su carácter equívoco, puede reducirse a
cuatro especies:
.... una orai i dad primnnn, s;n conmetü
con forma ¡aiguns de escritura;
— una orslidad mixta, que coexiste con
la escritura en un contexto sociológico en
que ia influencia de esta última es de carác­
ter parcial, externo y retardado;
— una oralidad secundaria que en rea­
lidad se recompone a partir de ía escritora
(la voz pronuncia lo que antes se ha escrito
o se ha pensado en términos de escritura)
en un ámbito donde, tanto en ¡a práctica
social como en la imaginación, predomina
ío escrito sobre i a autoridad de la voz;
— una oralidad mediatizada, ia que hoy
nos ofrecen íaradio, el disco y otros medios
de comunicación.'
La oralidad primaria sólo se! desarrolló
plenamente en comunidades arcaicas ya
hace tiempo desaparecidas y. todavía, hoy,
en fas llamadas euí ¡toras primitivas que sub­
sisten, en vías de desaparicíópn, en las
regiones ecuatoriales de! planeta. Los res*
Entra ¡os ant i guas egipcios ís escri tura
tenía un origen di vi na y era ofi ci o sagrado :
cíe una casta pri vi l egi ada! los escri bas.'
Abaj o £ la i zqui erda, el Escriba sentado
del Museo del Louvre, París, estatua egi p­
cia en cal i za pint ada del Anti guo Imperi o'
(V Di nastía, haci a 2494-2345 a.C.). Los
tuaregs, past ores nómadas afri canos, uti - ■
¡i zan cor r i ent ement e una escri t ur a tra­
dici onal , e/ ílfinagh .. Pero  sm. historia- y ,
s u l i teratura han si do y son dé t radi ci ón
oral. Abaj o a la derecha: esta j oven t uareg;
t ocadora de i mzad (vi ol ín de uná' sol a
cuerda), de Argel i a, cel ebra l as hazañas
de l os antepasados, conservando y trans­
mi ti endo asi l a memori a de su puebl o.
tos que de ellas recogen ios etnólogos ¡i,
ñas tienen para nosotras más que un vsd'64..
de testimonios, ssn duela conmovedores^:,
pero parciales y probiennáticos. La. oralidad
mixta y la secundaria se diversifica» en una
infinidad de matices, tamos como grados
hay, según las sociedades y ios niveles ele
cultura, en la difusión y el aso de lo escrito.
En cuanto a la oralidad mediatizada, hoy
coexiste con la tercera o ia segunda, e
incluso, en algunas remotas regiones, con
ía primera.
I dealmente, ia’ oralidad primaria fun­
damenta una civilización de ta voz viva.
Esta constituye una fuerza fundadora que
desempeña una función %ia vez creadora'
y preservadora de valores comunes. Se han
escrito varios libros sobre este papel de
ta acción vocal, particularmente en. las cuP''
turas tradicionales africanas; peras! hecho-
es universal. Las formas poéticas produ­
cidas-esi tal sistema se distinguen de ia
poesía escrita en que no ofrecen ni a su
público ni a, los historiadores documentos ,•
maoipulablss, aptos pars inscribirse en.
nomenclaturas y en categorías cerradas.
Cuando un etnólogo procede a realizar una
grabación, con o sin intención de publicarla
en libro, el hecho misma de grabar modi­
fica en cierto modo lo grabado, como 1a .
fotografía modifica un rostro vivo,.
Mientras en una sociedad se propaga la
escritura, ia oralidad primaria subsiste y
puede continuar aun por largo tiempo evo-
juciort ando "según sus propias leyes; buen ■
ejemplo de ello es también Africa, que a
lo l argo,de su historia: hubo de pasar 'al
menos dos veces por'tal experiencia: con
la jslamízacíón y la introducción del alfa­
beto árabe en los círculos cultos a partir
del siglo X y con.la colonización europea
en el XIX. En un sentido más general, ^
00
OOoO
Uf-
l . \
« Bi en es ci er t o —a ai m e n o s e s o s e
dice—*que hubo cul t uras que ignoraban
is escritura. Pera seguramente? fueron
menos n u m e r o s a s -de ío que parece,
porque ¿qué e s ia escri t ura? Las marcas
si mból i cas, l as máscaras, i os tatuaj es, los
emblemas soci al es d i v e r s o s ¿ s o n o no
son e s c r i t u r a ? El c a tá l o g o no e s t é
completo,. » En ¡a foto, pintura simbólica
sobre coiíezs de árbol, obra def abori gen
australiano Daodi,. s n ta que $s ilustrs
cómo encendieron ei fuego el hambre-
.../sggrfc yjs i hombre^cacodriío y cómo le­
mbé después~"ésíe"(véB$e Ef Correo de
ta Umsca de e n e m de Í9BQ).
m iw m
ocurre hoy que en ima comunidad donde
coexisten tina lengua nacional provista de
escritura y unas lenguas locales o dialectos
que han conservado o recuperado su carác­
ter oral surgen tensiones entre una lite­
ratura nacional escrita, una poesía ora! más
o menos ligada al había regional o loca!
y fes intentos, fomentados por algún movi­
miento regiemaiÉsta. encaminados a crear
una variedad literaria (y, por consiguiente,
escrita) dd idioma local, En Francia e!
ejemplo de la lengua occitana da fe desde
hace siglo y medio de la importancia de
¡as consecuencias de todo tipo que entraña
semejante evolución: pero la situación es
aun. más dramática en vastas regiones de
Africa, Asia e incluso América que pasan
por ía misma experiencia.
Así pues, e! hecho de poner por escrito
cuentos o poemas (o incluso géneros poé­
ticos como tales) que basta ahora eran de
tradición ora!, no pone obligatoriamente
término a ésta. Al contrario, puede pro­
ducirse un desdoblamiento, en virtud del
cusí poseemos un texto (o un modelo tex­
tual) de referencia, propio para engendrar
«na literatura escrita, y t paralelamente, 1a
serie de versiones orales que continúan
sucediéndose en el tiempo y en e! espacio.
Seguramente desde la antigua Greda, la
historia de las culturas europeas ofrece
numerosos ejemplos de ese proceso,.
Cuando en 1835 Elias Lonnrof publicó ei
Kaíev&la, ia tradición ora! se mantuvo viva,
de tai modo que quince años después un
segundo Kakvala vino a duplicar el volu­
men del primero. Las bilmas rusas, las
baladas artgkíescocesas y el Romancero
español.., pero también el Heiké japonés,
..han pasado de una a otro modo par el
mismo proceso. Un notable ejemplo
moderno es el del ciclo africano de Shaka.
Este adalid africano, fundador del imperio
zulú a comienzos del siglo XI X, se con­
virtió en el héroe de una serie de cantos
épicos cuya tradición oral ha llegado hasta
nuestros dias; pero en 1925 se escribió a
base de ellos una novela de ia que se derivó
una tradición literaria panafrícana a ía que
debemos varias obras importantes en
inglés, en francés e incluso en lengua ver­
nácula, aparecidas en las más diversas
“ Desde si empre fue por osa fe frontera
que parece separ ar poesía oral y poesía
li terari a-escrit a (...) Podrían ci tarse fáci l ­
mente Innumerabl es rel at os, poemas y
canci ones compuestos p o r escri t o (...)
pero que pasaron s la t radi ci ón oral y en
ell a se perpet uaron a veces hast a ei punto
de perderse de vista su ori gen. " Poema
naci onal argent i no y cl ási co de ¡a lite­
ratura hi spanoameri cana, Martín Fierro de
José Hernández (1834-1S86), publ i cado
en 1872, es l a obra maest ra de ia l i teratura :
gauchesca. Obra " cul t a" escri t a y de i ns­
pi r aci ón popul ar , ent r ó f r agment ar i a­
ment e en el r eper t or i o de l os “ paya­
dores’"'f cantores ambul antes de (a región
del Río de la Pl ata que i mprovi san poemas
ll enos de afori smos y sent enci es acom­
pañándose con ¡s gui t arra. Esta i l ustra­
ción de una edi ci ón del l i bro de José Her­
nández es obr a del ar t i s t a ar gent i no
contemporáneo Juan Carl os Castagni no,
regiones, desde la República Sudafricana
hasta Zambia. ei Congo, Guinea, Senegaí
y Malí.
De paso, ocurre que los poetas orales
sufran ta influencia de determinados pro­
cedimientos estilísticos o tendencias temá­
ticas pertenecientes a ia tradición escrita.
Tales intercambios son normales en nues­
tros días; pero desde siempre fue porosa
la frontera que parece separar poesía, oral
y poesía Hteraria-escríta, hasta el. punto de
que a menudo no separaba nada. Podrían
citarse fácilmente innumerables relatos,.
poemas y canciones compuestos por escrito
y apoyados en una sólida tradición literaria
pero que, en virtud de ía intención misma
de sus autores o de! puro azat histórico,
pasaron a ía tradición oral y en ella se
perpetuaron a veces basta ei punto de per­
derse de vísta su origen. Así ocurrió con
la mayoría de ¡as llamadas canciones
“populares’1o folclóricas en Europa y en
América. Sabido es que, inversamente,
algunos de Sos más importantes escritores
de todo e! mundo se vincularon a una tra­
dición “popular" oral de la que su arte
obtenía una parte de su savia. Ello hace
que, cuando la obra así producida per­
tenece ai. pasado, lleva en si una ambi­
güedad que historiadores y lingüistas difí­
cilmente consiguen resolver, Tal es ei caso,
por cítar algunos textos ilustres, del Cantar
cíe la hueste de Igor ruso 0 del Canto de
ios Nibelungos alemán,., y seguramente ■
también, de )a mayor parte de nuestra '
“literatura’1medieval.
Aunque nos parezcan inextricables, tales
interferencias dejan subsistir una diferen­
cia esencial e irreductible. Ta! texto está
destinado al consumo visual (en principio
solitario y silencioso) por medio de ta lec­
tura; tsl otro está destinado a ia audición
(por tanto, a la percepción de efectos sono­
ros y así, en principio,.abocado aun cierto
consumo colectivo). Ei primero se presenta
como un objeto: hoja de papel, boro,..;
ei segundo, como una acción vocal. Si,
como creo, hay que situar en el instante
mismo de ia comunicación de la obo; su
acabamiento, su perfección propia, reve­
ladora de su carácter más ¡mimo y del
designio inicial (quizá poco consciente pero
.....d'
rrename} os su autor, en. {ai caso,
; que se iea o ce interprete el texto,
irnos en presencia de dos obras total*
ediferentes; y dio sigue siendo Cierto
lo un erario es objeto a la v&o de iec-
y de eaOrrprecsción-, en cayo caso se
de eo eire<obras 3 ¡as que sólo íes
a de común i.aforma de las palabras,
de .: d ■. .O;.:.ees de la muerte de
d:, la D'Vi.nü comedís., obra destinada
eorosra, podía, oírse en labios de la
e rbd pueblo que contaba las íerzine
’:S calles de Florencia. ¿Se trataba de
ijsma "obra”? Bvidenteraente, no.
es qoe, en efecto, la escritura entraña
valores propios, a los que justamente
bobeado lo mejor de sus reflexiones
idea europea y americana. Pero ia voz
.anta, y pronaueve otros 'robores, Que
i momento de i aejecución- se iruegraa
aneldo del iexío íramrmtido, so enrí­
cen v lo transforman, basta e! punto
pro a. veces nacen, que Sígníhque k>que
J ico. i...a voz. efectivamente, desborda
palabra. A. aquella no cabe reducirla
i función de portadora del lenguaje,
que en realidad éste, más bien que ser
aoo. o-areata 00? la. voz coya es esi o ¡roí a
aase nos nauaone con ¡a farrOíai Oel -dio-
rio en ocqera; matenaí. La voz es 00a
s samar mmlídades naensarabios (tono,
ore. asnodosd, registre..) pode naos ríes-
o- A caos una de. esas cuaboacíes rara
rende na .crear smnbobco la mayoría de
cávenmelooes, y en la panadeo ordinaria
bis roiaeiones ¡nlerpersonnies a ana per­
es se le p.apa. por su vos, aphoarrdost
o-¡ v-'Cto coa mala coraos ocíe
‘14/ na e x i s t ir ente-,
as regiones de A
j rm grupo s o c i s
Hisiorís y de dsse
7'¡emaris ele/ puek
  nítír asa historia
un scpOítB m v s k
íí ;s c a m u n i o s d d¡
eos, írsnsmHír la
So ñfísfs d e comt
nrms y miraos q u ■
so -r1:b<,t ;■ís-stoda;
ocom-orofids-dod1
fo rombo o da uns
g r ’c ~ s ^ n s g s i é s
musicólogo tram.
fo to , el Kama-bÍG
gaha {Malí}; cstí¡
fruya su techo,, o
n s n gran núiner
có r¡iar 2 ios gríc
y bao h a z a ñ a s ¡
KsiOs, vsrdaderc
i j n s s c o corrrr/dr-
sensación de! p¡
orno en s o s aspí
tira en u
.... Prscís
,dído un
oís a Ímpí
tri­
que
aran
Lsi Dior (1842-1886%s
(en k! $cr,scrri emoepa
munrói: ;o coooLoee?".
}& tradición orad;, baso?'
historia «sorda so? .-o<
sefío de correos de ^
del héros,.
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ai valor de lo que se pronuncia. Tratándose
de poesía oral, esos encadenamientos
determinan en quien escucha ia percepción
estética.. Pero hay más: no cabe dude de
que, en. el inconsciente humano, ía voz
constituye una forma arquetípica, imagen
primordial y creadora, energía y confi 
guración de rasgos que a cada cual nos
predisponen aunas experiencias, unos sen 
timientos y anos pensamientos determi­
nados. Al interpretarse un texto la audi­
ción reactiva en nosotros, más o menos
confusamente pero aveces con extremada
violencia (como ha podido observarse en
“El vigoroso retomo efe la voz desborda
ta tecnología de los medios de comuni­
cación; en efecto, a. través de é stos (...)
e stamos asi st i endo a una resurrección dé­
las energías vocsl es de i a humani dad, en
este fi nal de una era en que la opi ni ón
pública las había menospreci ado/’ En la
iota, un paseant e sol i tari o con un watk-
msn (aparato l ocs cs se te s portátil).
ciertos festivales de rock), esa energía.
Ante mí está un cuerpo que me habla,
representado por la voz que de éi emana.
Gracias a ia voz. ia palabra se convierte
en exhibición y don, virtualmente eroti-
zado, en agresión también, en voluntad
de conquista de i otro, que en el placer de
oír se sooiete a ella. En última instancia,
la significación de las paíabras no impor­
taría ya nada: gradas ai dominio de uno
mismo que ella muestra, !a. voz sola basta
para seducir... como nos enseñaron los
antiguos con el mito de !as Sirenas.
Todo esto era cierto todavía ayer. Pero
¿qué ocurre hoy? Los vestigios son sin
duda numerosos: en muchos de nosotros
alienta una nostalgia y en. otros una volun­
tad de redescubrir, en claro desafío frente
a ia escritura aun reinante, unos valores
quizá perdidos. Conocido es el movimiento
que desde comienzos de sígio impulsa a
algunos poetas a intentar realizar oral­
mente su poesía. Pero es sobre iodo en
nuestros días, en sus formas mediatizadas,
cuando nos llega ía palabra poética. De
ello nace una cierta ambigüedad. La audi­
ción sigue siendo (ai escuchar un disco o
1a radio, ai contemplar la televisión) el acto
creador de 1a“obra”, Pero el médium, el
instrumento de comunicación, se ha des­
plazado y ocupa un espacio aparte a ía vez
respecto de ía escritura y de ta palabra viva.
En efecto, ios medios de comunicación
electrónicos son comparables ala escritura
por tres de sus casgos:
®cancelan la presencia del portador de
1a voz;
®escapan al puro presente de la ejecu­
ción, puesto que el mensaje vocal que
transmiten es indefinidamente repetible de
manera idéntica;
• como resultado de las manipulaciones
que permiten nuestros sistemas de gra­
bación más perfeccionados, propenden a
suprimir las diferencias espaciales de ia voz
viva y recomponen artificialmente el. medio
eo que ésta actúa.
En cambio, esos mismos medios de
comunicación difieren de la escritura por
otro rasgo, éste capital: lo que transmiten
es percibido por el oído y, por consi­
guiente, no puede ser leído,-ss decir des­
cifrado como signos del lenguaje, De ahí
la idea que viene propagándose desde hace
unos años de que el triunfo de ios medios
electrónicos de comunicación representa
una especie de.desquíte dej a voz, tras
siglos de estar reprimida bajo eí dominio
de la escritura. De todos modos, hay que
señalar que ese vigoroso retorno de la voz
desborda ia tecnología de "lo* medios de
comunicación: en efecto, a través de estos,
y quizá en virtud de la idea :a!sa que de
ellos se hacen ía mayoría de nuestros con­
temporáneos, estamos asistiendo a una
resurrección de las energías vocales de la
humanidad, en este final de una era en
que la opinión pública las hí-bía menos­
preciado, Por doquier se observan ios sig­
nos de esa resurrección; por só:o citar dos,
recuérdense el desden de mud os jóvenes
por la lectura y la boga universal del arte
•de-la canción en-ios últimos 30 o 40 años.
¿Qué pensar de todo ello a largo plazo?
De todos modos, lo que con 'os medios
de comunicación modernos se ha perdido
definitivamente es la corporeidad, el peso,
el calor, el volumen real deí cuerpo del
que la voz es sólo expansión. De ahí que
en aquel a quien se dirige el medio de
comunicación (y quizá en la persona misma
cuya voz transmite) se produzca una alie­
nación particular, una des-encarnación de
la que tai vez sólo se da cuenta de manera
muy confusa pero que no puede dejar de
grabarse de algún modo en el inconsciente.
Cabe imaginar qué internas explosiones
engendra ya esa represión, sin que lo sepa­
mos. Yo diría que la voz viva experimenta
una necesidad, vital de volver a lomar la
.palabra, nunca mejor dicho. Y ello es, sin
duda alguna, la más segura garantía de"
supervívíencia y de recuperación para ías
tradiciones, hoy tan amenazadas, de lavoz
poética viva.
PAUL ZUSVTíHOrl nacido en Ginebra. Suiza,
reside sctualn-t-nh
Notable especié»s¡,
se ciedics úesd<‘ n.-.c
de la poesía oral en
Entre sus numero
duc'rt n & !a poé^ie
médiévale .
n Montreal, Canadá.
s\ literaturas medievales,
. iju n o s años al estudio
/ mundo contemporáneo.
:lwa$ destacan fntro■
, ri3 y Easai de poétique