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Rómulo y Remo

El nacimiento de Roma
Entre la historia y la leyenda
La historia de los orígenes de Roma se pierde entre las brumas de la leyenda. Sus humildes
comienzos no debieron distinguirse mucho de los de tantas ciudades de la región del Lacio. Pero
con el tiempo, los antiguos historiadores romanos pensaron que la ciudad escogida por los dioses
para convertirse en dueña del mundo debía tener un origen heroico, que adornaron con infinidad
de leyendas, muchas veces contradictorias entre sí, llenas de dioses y héroes mitológicos.
De hecho, para los modernos investigadores resulta difícil distinguir leyenda y realidad, porque a
veces, inesperados descubrimientos arqueológicos sacan a la luz las huellas de personajes y
sucesos que parecían meras invenciones legendarias.
Rómulo y Remo
Roma fue fundada, según la tradición, por dos hermanos gemelos, Rómulo y Remo, que,
acompañados de bandidos y vagabundos expulsados de sus propias ciudades, decidieron fundar
un nuevo asentamiento junto al Tíber. Sin embargo, los dos hermanos no se ponían de acuerdo
acerca del lugar en que levantarían su ciudad. Remo prefería el promontorio del Aventino,
mientras que Rómulo se inclinaba por la colina del Palatino. Así las cosas, decidieron dejar su
disputa al arbitrio de los dioses y -apostados cada uno en su colina-, se quedaron esperando una
señal de lo alto.
La mañana del 21 de abril del año 753 a.C., Remo contemplaba el limpio cielo primaveral desde
la cima del Aventino cuando divisó seis enormes buitres sobre su colina. Lleno de euforia, echó a
correr hacia Rómulo, para anunciarle su victoria. Sin embargo, en ese mismo instante, una
bandada de doce pájaros sobrevolaba el Palatino. Seguro de su victoria, y sin esperar la llegada
de su hermano, Rómulo cogió un arado y comenzó a cavar el pomerium, el foso circular que fijaría
el límite sagrado de la nueva ciudad, prometiendo dar muerte a quien osara atravesarlo.
Pero Remo, enojado por su derrota, lo cruzó desafiante de un salto. Obligado por el juramento que
acababa de pronunciar, Rómulo dio muerte a su hermano, que fue el primero en pagar con su
vida la violación de la frontera sagrada de Roma.
Esta leyenda encerraba para los romanos una halagüeña promesa: su ciudad sería perfecta y
jamás tendría fin, como el foso que rodeaba el Palatino. Pero contenía también una
oscura amenaza: la sombra del fratricidio sobre la que estaba fundada planearía como una
maldición sobre Roma, en cuya historia abundaron los asesinatos y las Guerras Civiles.

El rapto de las sabinas
Los orígenes de Roma

Para poblar la ciudad recién creada, Rómulo aceptó todo tipo de prófugos, refugiados y desarraigados
de las ciudades vecinas, de procedencia latina. La colonia estaba formada íntegramente por varones,
pero para construir una ciudad se necesitaban también mujeres. Pusieron entonces sus ojos en las
hijas de lossabinos, que habitaban la vecina colina del Quirinal.
Para hacerse con ellas, los latinos organizaron una gran fiesta, con carreras de carros y
banquetes, y cuando los sabinos se encontraban vencidos por los vapores del vino, raptaron a sus
mujeres. Al regresar a sus casas y descubrir el engaño, los sabinos declararon de inmediato la
guerra a los latinos.
La traición de Tarpeya
Antes de partir al campo de batalla, Rómulo encomendó la custodia de la ciudad a la joven
Tarpeya, pero ésta, enamorada en secreto del rey de los sabinos, o anhelando una recompensa,
prometió al monarca enemigo que le mostraría una vía oculta que conducía al Capitolio (donde
estaba la fortaleza latina), a cambio de lo que él llevaba en el brazo izquierdo, en alusión a un
brazalete de oro del rey. En efecto, los sabinos alcanzaron la ciudad gracias a las indicaciones de
Tarpeya, pero en vez de entregarle su pulsera, el rey sabino ordenó a sus hombres que aplastaran
a la traidora con sus escudos, que llevaban, precisamente, en el brazo izquierdo.
Otra versión de la leyenda cuenta que los romanos descubrieron su traición, y que la arrojaron al
vacío por un precipicio, que pasó a llamarse la roca Tarpeya, inaugurando así la costumbre de
castigar a los traidores a la patria lanzándolos desde ese punto.
Intervención de las sabinas
La ayuda de Tarpeya no evitó que sabinos y latinos se enfrentaran en el campo de batalla. En un
momento del combate, en una célebre escena, múltiples veces representada en el arte, las
sabinas se interpusieron entre los contendientes, abrazándose al cuello de sus maridos y
familiares, para suplicarles que detuvieran la pelea. Pues si vencían los sabinos, ellas perderían a
sus maridos, y si vencían los latinos tendrían que llorar la muerte de padres y hermanos. De modo
que los contrincantes depusieron las armas y firmaron la paz.
Con esta leyenda ilustraban los romanos que su ciudad había nacido de la unión de dos
pueblos: latinos y sabinos, a los que pronto se sumó un tercer elemento: losetruscos, un pueblo
muy avanzado, que poblaba la actual Toscana y que poseía importantes intereses comerciales en
la región del Lacio.

Los primeros sucesores de Rómulo
Reyes latinos y sabinos
Desde la fundación de la ciudad por Rómulo hasta el advenimiento de la República (año 509 a.C.),
Roma fue gobernada por siete reyes.
El piadoso Numa Pompilio
El primer sucesor de Rómulo fue Numa Pompilio, de origen sabino. Hombre severo y piadoso, fue
el fundador de la religión romana. Numa Pompilio enseñó a los romanos la forma en la que
debían rendir culto a sus dioses, estableció el calendario sagrado e instituyó las principales
ceremonias religiosas, siguiendo las instrucciones que –según decía- cada noche le dictaba una
ninfa llegada desde el Olimpo.
Fue, además, un rey pacífico. Durante todo su reinado el templo de Jano -que sólo se abría en
tiempos de guerra- permaneció cerrado, algo que sólo ocurriría otras dos veces en la historia de
Roma.
Tulio Hostilio, el guerrero
Por el contrario, el recuerdo de su sucesor, Tulio Hostilio, ha quedado asociado al de un gran
guerrero, que organizó militarmente a los romanos y les enseñó a pelear. Conquistó Alba Longa,
la ciudad más importante del Lacio, mediante un duelo singular entre Horacios y Curiacios, dos
tríos de hermanos gemelos, que se decantó a favor de los primeros y amplió considerablemente el
territorio de Roma.
Anco Marcio
Tulio Hostilio murió a manos de Anco Marcio (nieto de Numa), que le sucedió en el trono. Anco
Marcio incorporó a Roma a los habitantes de varias ciudades latinas y amplió los límites de la
ciudad. Construyó el puerto de Ostia e hizo que por vez primera Roma llegara al mar. Suyo es el
primer puente de madera sobre el Tíber y la primera cárcel, consecuencia inevitable del
crecimiento progresivo de la ciudad y con él, de sus problemas.
Roma iba dejando poco a poco de ser un núcleo pastoril y agrario. La ciudad estaba situada
estratégicamente junto al principal vado del Tíber, y era un lugar de intensa actividad económica,
de modo que los romanos comenzaban a enriquecerse con el comercio.

Los reyes etruscos
Roma empieza a crecer
Un siglo después de su fundación, el primitivo núcleo de pastores había ido creciendo hasta
convertirse en una ciudad digna de tenerse en cuenta. A los cuatro primeros reyes, originarios de
Roma, les sucedieron tres monarcas etruscos, de la poderosa familia de los Tarquinios. Por
contraste con sus rústicos predecesores latinos y sabinos, los reyes etruscos provenían de una
cultura mucho más avanzada, y mostraron a los romanos las ventajas del comercio y la industria.
Tarquinio Prisco
El primero de ellos, Tarquinio Prisco, culto e inteligente, se ganó la voluntad de los romanos
mediante dádivas y, dicen que fue el primero en dirigir un discurso al pueblo pidiéndole su
nombramiento. Para celebrar su triunfo y contentar a la plebe, organizó los primeros juegos en el
actual emplazamiento del Circo Máximo, inaugurando una costumbre que no se interrumpió
desde entonces.
Con el fin de reforzar su autoridad se hizo construir un palacio, en el que se mostraba, ante nobles
y plebeyos, rodeado de un fastuoso ceremonial. Tarquinio Prisco convirtió Roma en una
auténtica ciudad, con calles bien trazadas y barrios delimitados, cuyos desechos se arrojaban al
Tíber a través de la Cloaca Máxima.
Servio Tulio
Su sucesor, Servio Tulio, era de origen humilde, pues había nacido de una esclava. Sin embargo,
se educó en el palacio de Tarquinio el Viejo y acabó casándose con su hija. Fue un rey querido y
respetado, que llevó a cabo importantes obras en la ciudad. Cuando más tarde los romanos
llegaron a aborrecer la memoria de los reyes, guardaron siempre el recuerdo de Servio Tulio como
un rey bienhechor.
Él construyó la primera muralla de Roma, llamada por ello muralla serviana, de la cual asoman
todavía aquí y allá abundantes vestigios. Y reorganizó completamente el ordenamiento
político de la ciudad, agrupando a sus ciudadanos no por su domicilio, sino en función de su
riqueza. De este modo, impulsó la industria y el comercio, al abrir la carrera política a todos
aquellos que, aún siendo de orígenes humildes, hubieran conseguido enriquecerse por sus
propios méritos.

Tarquinio el Soberbio
Punto final de la monarquía
El último de los reyes que tuvo Roma, Tarquinio el soberbio, encarnó como ningún otro la figura
del tirano oriental que tanto acabarían odiando los romanos. Después de haber alcanzado el poder
asesinando a su suegro (Servio Tulio), Tarquinio fue el primer monarca que se rodeó de una
guardia personal para protegerse.
Ansioso de gloria, llevó a cabo importantes campañas militares en territorio etrusco, y también
realizó obras de gran envergadura en la ciudad, entre las que destaca la construcción del
majestuoso Templo de Júpiter en la cima del Capitolio, que sería durante siglos el más
importante de Roma. A él se deben también el servicio personal obligatorio en la milicia, y el
reparto gratuito de trigo a la población, llamadoannona.
Pero sus victorias y sus construcciones no disimulaban su crueldad. Cansado de su despiadada
arbitrariedad, el pueblo buscaba el modo de desembarazarse de su tiranía. El desencadenante de
su caída fue la muerte de la joven Lucrecia. Esta honesta esposa había sido forzada por un hijo
de Tarquinio, y tras confesar su desgracia a su padre y su marido, se suicidó delante de ellos
atravesándose el corazón. La ciudadanía, encolerizada al enterarse del suceso, decidió expulsar
al rey y a toda su familia.
Corría el año 509 a.C. y comenzaba la República romana, que gobernaría la ciudad durante cinco
siglos.
Resumen de la monarquía y conclusión
Siete reyes habían gobernado Roma durante 250 años: los cuatro primeros, incluido Rómulo,
pastores y agricultores de origen latino y sabino; los 3 últimos, de origen etrusco. Y se puede decir
que su reinado fue positivo para Roma, que creció y se desarrolló como ciudad, alcanzando el
predominio sobre el resto de los pueblos del Lacio.
Pero Tarquinio el Soberbio dejó un recuerdo tan odioso en la memoria de los romanos, que éstos
renegaron para siempre de la monarquía, y no era concebible entre los políticos de la ciudad peor
traición que la de querer convertirse en rey. Aunque hubo emperadores que superaron con creces
las maldades de Tarquinio en el ejercicio de su poder, en el resto de su larga historia los reyes
jamás volverían a Roma.

Patricios y plebeyos
Las primeras luchas civiles de la joven República
El ordenamiento constitucional republicano
Tras la expulsión de los reyes y la instauración de la República, en el año 509 a.C., el poder en
Roma recayó sobre los patricios, jefes de las principales familias, que formaban el Senado y que
eran elegidos por los ciudadanos para los distintos cargos públicos.
Teniendo en cuenta el funesto recuerdo que había dejado en los romanos el poder absoluto de los
reyes, las instituciones republicanas fueron cuidadosamente diseñadas para que ningún hombre
tuviera un poder excesivo. El gobierno lo ejercían siempre dos cónsules, que se renovaban de
año en año. Cada uno de ellos podía vetar las decisiones del otro, y en tiempo de guerra dirigían
las operaciones militares en días alternos.
Fue en ese momento, al comienzo mismo de la República, cuando las conocidas
siglas SPQR, Senatus Populusque Romanus, “El senado y el pueblo romano” se convirtieron en la
divisa de Roma, significando que todo se hacía en nombre de los dos grandes poderes que en
teoría gobernaban la ciudad: el senado de patricios, y las asambleas de ciudadanos plebeyos,
encargadas de elegir a los cargos públicos.
Gestación del conflicto
Sin embargo, esta aparente unidad escondía una profunda fractura interna que a punto estuvo de
destruir la República ya en sus inicios. Los patricios, descendientes de las primeras familias que
habían fundado la ciudad junto a Rómulo, disfrutaban de numerosos privilegios: sólo ellos podían
formar parte del Senado, y sólo ellos podían desempeñar cargos públicos. Los patricios en el
Senado hacían las leyes, los patricios como cónsules las ejecutaban, y patricios eran también los
jueces que castigaban a los infractores de la ley.
A los plebeyos, que pagaban sus impuestos y acudían al ejército cuando se les convocaba, tan
sólo les correspondía reunirse cada año para elegir a los magistrados entre los candidatos que
presentaban los patricios. Indignados por esta situación que les obligaba a hacer frente a todos los
inconvenientes de la ciudadanía, sin permitirles disfrutar de sus ventajas, los plebeyos
emprendieron largas y encarnizadas luchas con los patricios para reclamar más derechos.


La secesión del Aventino
El primer episodio grave de estos enfrentamientos tuvo lugar apenas quince años después de la
proclamación de la República. Cierto día del año 494 a.C., los plebeyos dejaron de cultivar la
tierra, de comerciar y de servir en el ejército, y se retiraron a la colina del Aventino, proclamando
que no volverían a sus tareas hasta que se reconocieran sus derechos.
Al principio, los patricios enviaron mensajeros que, entre ruegos y amenazas, instaron a los
plebeyos a abandonar su actitud. Pero éstos se mantuvieron firmes, y la ciudad, falta de mano de
obra, quedó sumida en el caos.
Al final, el Senado tuvo que capitular, y accedió a incluir una nueva magistratura en el
ordenamiento institucional: los tribunos de la plebe. Estos magistrados, que sólo podrían ser
elegidos entre candidatos plebeyos, tendrían como única función defender sus intereses, y
dispondrían, para ello, del derecho de veto sobre cualquier resolución senatorial.
Para que este enorme poder no provocara represalias por parte de los patricios, los tribunos de la
plebe serían considerados personas sagradas. Si alguien atentaba contra su vida, su cabeza
sería sacrificada a Júpiter, y sus bienes subastados.
La primera ley escrita
Medio siglo después de estos episodios, en el año 451 a.C., los plebeyos obtuvieron una nueva
conquista: diez hombres sabios elegidos entre los romanos redactaron laLey de las Doce Tablas,
que se convirtió en la primera ley escrita de Roma. Hasta entonces habían sido los jueces patricios
quienes aplicaban la ley, basándose en las normas no escritas de la costumbre, lo que permitía
todo tipo de arbitrariedades.
Tras medio siglo de enfrentamientos entre patricios y plebeyos, estas primeras concesiones
llevaron la paz interna a Roma. La joven República estaba lista por fin para mirar a su alrededor.

Guerras latinas y samnitas
La expansión de Roma por la península
Guerras latinas
Desde el comienzo de la República, Roma ejercía un poder predominante sobre el resto de las
ciudades latinas, y les había impuesto un pacto de privilegio para ella, llamado Foedus
Cassianum, que comenzaba con estas solemnes palabras: haya paz entre los romanos y todas las
ciudades latinas mientras la posición del cielo y la tierra siga siendo la misma...
Pero aunque el cielo y la tierra no cambiaron su posición, las ciudades del Lacio intentaron librarse
de la superioridad de Roma, y de los abusivos pactos que les imponía. Aliándose, cuando la
ocasión era propicia, con enemigos exteriores como los belicosos volscos y ecuos, durante 150
años los latinos mantuvieron continuos enfrentamientos con Roma, conocidos como guerras
latinas.
Finalmente, en el año 338 a.C. en la decisiva batalla naval de Antium, Roma derrotó a los
volscos, llevándose un precioso tesoro, las proas de los barcos enemigos, o rostra, que durante
siglos adornaron la tribuna de oradores del Foro Romano. Esta importante victoria señala el final
de las guerras latinas.
Guerras samnitas
Tras conseguir dominar toda la región del Lacio y someter a volscos y ecuos, Roma tuvo que
afrontar durante 50 años tres nuevas guerras con otros pueblos itálicos, conocidas como las
guerras samnitas. Los samnitas, pueblo de rudos y guerreros montañeses instalados al Sur de
Roma, suponían una constante amenaza para los habitantes del valle. Estos, cansados de las
continuas incursiones samnitas, pidieron ayuda a Roma, que aprovechó la coyuntura para
expandir su dominio.
Durante la segunda guerra samnita se produjo el famoso episodio de las Horcas Caudinas, uno
de los sucesos más humillantes en la historia de Roma. Atrapado en un desfiladero junto a la
ciudad de Caudium, todo el ejército, desarmado, fue obligado a pasar bajo el yugo de las lanzas
samnitas, una costumbre que los romanos adoptaron desde entonces en sus victorias sobre otros
pueblos.
A pesar de esta victoria parcial en las Horcas Caudinas, los samnitas fueron derrotados, y se
rindieron definitivamente en el año 290 a.C., dejando a Roma el camino libre para expandirse
hacia el Sur de la Península.
Por qué Roma vencedora
En todos los enfrentamientos bélicos, Roma demostraba una sorprendente determinación, que
dejaba perplejos a sus adversarios y los sumía en el desánimo.
Si los romanos resultaban siempre victoriosos es porque ningún otro pueblo deseó la victoria tanto
como ellos. Sin importar las batallas perdidas, los costes materiales o en vidas humanas, Roma
volvía siempre a la pelea con la experiencia de los errores cometidos. Y jamás daba por terminada
una guerra hasta asegurarse de que a sus enemigos no les quedaban ni los ojos para llorar su
derrota

La Primera Guerra Púnica
La lucha por Sicilia
Origen del conflicto
Cuando, el año 272 a.C., la colonia griega de Tarento, en el Sur de Italia, cayó en manos de los
romanos, Roma dominaba ya toda la península y se había convertido en uno de los estados más
poderosos de su entorno. Era sólo cuestión de tiempo que su camino se cruzara con el de la otra
gran potencia del Mediterráneo occidental: Cartago.
La ciudad de Cartago, en la costa norte de la actual Túnez, había sido fundada el siglo IX a.C. por
marineros fenicios, que construyeron este enorme puerto en el centro de las rutas comerciales que
surcaban el Mediterráneo. Además de su estratégica posición para el comercio, Cartago estaba
rodeada de tierras fértiles, y muy pronto, los cartagineses (que también recibían el nombre de
púnicos), extendieron su dominio hasta Sicilia. Allí tomaron contacto con los romanos, que se
encontraban en plena expansión, y las dos potencias comenzaron a vigilarse con recelo.
Sicilia, rica en cereales, estaba poblada por prósperas colonias griegas, muchas de las cuales
estaban dominadas por los cartagineses. Sin embargo, una de ellas,Mesina, situada en el
estrecho entre Italia y la isla, decidió llamar en su auxilio a los romanos para que expulsaran a
la guarnición cartaginesa que controlaba la ciudad. Cuando los mensajeros de Mesina llegaron al
Senado se produjo una larga deliberación. Todos eran conscientes de que enviar ayuda militar a la
ciudad desencadenaría un terrible enfrentamiento con Cartago, cuyas últimas consecuencias eran
imprevisibles.
Al final, los romanos decidieron enviar a sus soldados. Era el año 264 a.C. y daba comienzo así la
primera de las Guerras Púnicas, tres terribles enfrentamientos entre romanos y cartagineses que
decidirían el destino de Occidente.
Primera Guerra Púnica
Roma –que poseía sólo una pequeña flota- apenas tenía experiencia en batallas navales. Así
que, al principio, los cartagineses destruían con facilidad las naves que enviaban los romanos, mal
dirigidas por sus inexpertos almirantes.
Pero cada derrota enseñaba a los romanos algo nuevo. Al final, se percataron de que su infantería
era superior a la cartaginesa, y decidieron aprovechar esa ventaja. Para ello, diseñaron unas
pasarelas de madera terminadas en garfios, con las que los legionarios podían cruzar hasta las
naves enemigas. Los cartagineses sabían manejar mejor sus trirremes, pero sus marineros no
estaban preparados para combatir cuerpo a cuerpo, y terminaron siendo derrotados.
Después de veinte largos años de guerra, en el año 241 a.C., los romanos se convirtieron en los
únicos dueños de Sicilia, que pasó a ser la primera provincia romana.
Compromisos de Cartago
La derrotada Cartago se comprometió a no atacar jamás a un aliado de Roma, y tuvo que hacer
frente a unas indemnizaciones millonarias. La cuantía de las compensaciones era tan elevada,
que los cartagineses no podían pagarlas con los beneficios de sus dominios en África, y decidieron
expandirse por las ricas tierras de la Península Ibérica. Pero, tras su victoria sobre Cartago,
Roma se había convertido en una potencia temible, y también había puesto sus ojos en las tierras
de Hispania.
Así que para evitar un nuevo enfrentamiento, decidió repartirse la Península con Cartago.
La frontera se situaría en el Ebro. Los territorios al norte de este río serían para Roma, los del sur,
para Cartago.
MAPAS DE LA PRIMERA GUERRA PÚNICA

Esta es la situación en vísperas del conflicto. Roma había conquistado ya toda la península hasta el extremo
meridional, y comenzaba a interesarse por Sicilia, pieza clave para el control del Tirreno.
Mesina, con su petición de ayuda a Roma, fue el detonante del conflicto, o más bien, la "excusa" que Roma se
buscó para intervenir en la isla.

Pero en Sicilia existía un tercer elemento en juego: los griegos, cuya ciudad dominante era Siracusa. Cargago y
Siracusa eran, en Sicilia, enemigos mortales desde hacía siglos.
Desarrollo del conflicto

1. Roma entra en Sicilia (264)
Mesina pide ayuda a Roma. Tras un gran debate en el Senado, Roma les envía dos legiones.
Ante la entrada de los romanos, Cartago y Siracusa (enemigos seculares en Sicilia), se alían para expulsar a Roma de la
isla.

2. Expedición contra Siracusa (263)
Roma decide deshacer la alianza púnico-siracusana atacando al elemento más endeble. 40.000 hombres parten hacia
Siracusa. A su paso, las ciudades aliadas de Siracusa se pasan a la causa romana. Se deshace para siempre la
confederación helénica en la Isla.
Siracusa, gobernada por el tirano Hierón, decide hacer la paz con Roma. Se constituye así un pequeño reino
independiente, aliado de Roma, que le será muy útil durante toda la guerra.

3. Toma de Agrigento (262)
Agrigento era una ciudad griega, donde los Púnicos tenían su cuartel general. Fue tomada y saqueada con brutalidad, lo
cual provocó la hostilidad de muchas ciudades sicilianas hacia los romanos.
Las posiciones se estancan en la isla. Los púnicos se mantienen firmes al Oeste de la isla, donde sus ciudades costeras,
bien fortificadas, no pueden ser asediadas: Cartago las avitualla por mar.

4. Comienza la guerra por mar (261)
Cartago cambia de estrategia y se decide a emplear su mejor arma, donde tiene clara superioridad respecto a Roma: la
armada. Los púnicos atacan y saquean ciudades costeras italianas para obligar a Roma a desviar efectivos desde Sicilia.
Roma, que apenas tiene experiencia marinera y cuenta sólo con una pequeña flota, se resiente.

5. Roma aprende a combatir en el mar (260-257)
Consciente de su inferioridad marinera, Roma dota a sus barcos de guerra de un artefacto llamado corvus, pasarela que
se engancha en la galera enemiga y permite el paso de la infantería y el combate cuerpo a cuerpo, donde los romanos
son superiores.
Roma gana su primera victoria naval de la historia en Mylae (260). Se levanta en el Foro una columna conmemorativa,
con proas de barcos enemigos (rostra).
Durante estos años se suceden las victorias púnicas y romanas en el mar. Ninguna victoria es decisiva; es una guerra de
desgaste y resistencia.

6. La situación en Sicilia (260-257)
Además de batallas navales, en esos años hay abundantes movimientos en Sicilia, con iniciativas romanas y púnicas.
Roma mantiene en la isla una fuerza de 50.000 hombres.
En 257, los púnicos están reducidos a la punta occidental de Sicilia, pero con posiciones fácilmente defendibles. El asedio
es inviable mientras Cartago siga teniendo una flota fuerte.

7. Ecnomo: la mayor batalla naval de la Antigüedad (256)
Incapaces de expulsar a los púnicos de Sicilia, Roma decide que ya ha adquirido suficiente experiencia marinera, y que es
hora de atacar directamente a Cartago.
Organiza un convoy de más de 300 barcos, con 100.000 soldados a bordo (con los dos cónsules de Roma), para invadir
África.
El convoy es sorprendido por la armada púnica frente al cabo Ecnomo, y se libra una de las mayores batallas navales de
la historia. Victoria completa de los romanos, que consiguen desembarcar y hacerse fuertes en Aspis.

8. Campaña en Africa. Cartago contra las cuerdas (256-255)
La estación estaba muy avanzada, y el Senado romano ordena regresar a la flota, dejando en Africa un solo cónsul, Atilio
Régulo, con 15.000 hombres. Este consigue continuar la campaña y tomar Adys y Tunez.
Cartago está cercada. Su situación es crítica, pues la presencia romana alienta, al mismo tiempo, la rebelión de los reinos
númidas. Se inician conversaciones de paz con Roma, pero Régulo impone condiciones demasiado duras. Cartago no las
acepta.

9. Cambia la suerte (255)
Pasado el invierno, Cartago -ayudado por Jantipo, un mercenario de origen espartano- reorganiza su ejército y aplasta a
los romanos cerca de Tunez. Sólo consiguen escapar 2.000 hombres. Regulo es hecho prisionero.
Ajenos a este desastre, Roma envía una flota con intención de asestar el golpe definitivo. Ante el cambio de situación,
sólo puede rescatar a los supervivientes. De regreso, el convoy sufre un temporal frente a Camarina: se pierden 100.000
hombres y 200 barcos: la mayor catástrofe naval conocida hasta ese momento.

10. La guerra vuelve a centrarse en Sicilia (254-248)
Escarmentada, Roma abandona el objetivo africano. En los próximos años, la acción se centra nuevamente en Sicilia, en
una agotadora guerra de posiciones:
 Cartago recupera Agrigento (254)
 Roma conquista Panormo, cuartel general púnico en Sicilia, mediante una batalla combinada por tierra y mar. Varias
ciudades de la zona se unen a la causa romana (254).
 En los años 252-151 tan sólo se dan acciones menores. Los dos bandos están agotados.
 Cartago intenta, sin éxito, recuperar Panormo (250)
 Roma bloquea el principal puerto púnico, Lilibeo (250?)
 Roma ataca el puerto de Drépano, donde estaba la flota púnica, y sufre una grave derrota naval, que destruye su armada
casi por completo (249).
 Roma, sin su flota, continúa la guerra en tierra (248)

11. Amílcar Barca entra en escena (247...)
Amílcar, nombrado general en jefe del ejército púnico, decide volver a la estrategia del mar, ahora que Roma no cuenta
con una flota. Reemprende las razzias contra la costa italiana, para forzar a Roma a reclamar la paz, obligada por sus
castigados aliados.
Para mantener esta estrategia, necesita los puertos sicilianos, pero están asediados por Roma. Amílcar fortifica un nuevo
punto de atraque para la flota al oeste de Panormo (246) y emprende acciones contra los ejércitos que asedian Drépano y
Lilibeo
Sin embargo, los dirigentes de Cartago no quisieron aprovechar la superioridad sobre Roma para dar un golpe decisivo.
Prefirieron dejar que el conflicto se fuera consumiendo (245-242).

12. Victoria de las islas Egates (242) y fin de la guerra (241)
Mientras tanto, Roma había rehecho su flota echando mano de un recurso extremo: financiándola con inversiones
privadas restituibles tras la victoria.
En 242 salen de Roma 200 barcos de guerra comandados por el consul Lutacio Catulo, rumbo a Drépano. Cartago
reacciona tarde y pierde casi toda su flota en la batalla naval frente a Lilibeo, junto a las islas Egates.
Sin flota, las posiciones púnicas en Sicilia son ya indefendibles. Cartago firma la paz con Roma en 241.
Condiciones de paz y años posteriores
Las condiciones de paz que negociaron Lutacio Catulo y Amílcar Barca estipulaban que Cartago debía abandonar
Sicilia y pagar una elevadísima indemnización de guerra.
La política exterior de Roma en los años posteriores estará muy condicionada por su instinto de defensa ante un
futuro ataque de Cartago. Sus principales hitos son:

1. Las fronteras septentrionales
La frontera Norte de Italia tenía el peligro, temible para los romanos, de las tribus galas (procedentes de Centroeuropa)
instaladas en el valle del Po (en 390 habían saqueado Roma).
Entre 240 y 230 Roma realiza varias campañas en torno al Arno (contra los Ligures), conquistando todo el valle y
ciudades vecinas. En 225 se produce una gran coalición de tribus galas, que invaden Italia. Roma responde con un
ejército de 150.000 hombres y una victoria completa en Telamón. Las tribus del valle del Po son sometidas, y su territorio
incorporado a Roma: la Galia Cisalpina.

2. Córcega y Cerdeña
Después de la Guerra Púnica, una de las prioridades de Roma es la seguridad en el Tirreno. Roma busca un cinturón
protector: no quiere plazas fuertes en sus inmediaciones, para evitar ataques como los que realizó Cartago desde sus
bases de Cerdeña.
La lucha contra los indígenas de las islas fue dura y larga (236-231). Finalmente, quedaron incorporadas como nueva
provincia.

3. Vigilando a los púnicos en Iberia
Las victoriosas campañas de Cartago en la Península Ibérica después de la guerra siembran la desconfianza en Roma,
que siente la necesidad de vigilar de cerca a su enemigo. Cartago ha sido vencido, pero no aniquilado, y se está
rehaciendo.
En este marco se encuadran dos movimientos de Roma:
 Un tratado con Cartago (226) imponiento a los púnicos el límite del río Ebro como frontera que no debían rebasar.
 Una alianza con Massalia (colonia griega con intereses en las costas ibéricas), para informar a Roma de los movimientos
púnicos en la Península.

4. Las costas ilirias
Roma interviene en la otra orilla del Adriático, tras la petición de ayuda de una ciudad griega, para frenar los ataques
piratas de los Ilirios. Establece una zona de protectorado (228), sin usurpar la soberanía a las ciudades griegas allí
presentes.
Grecia agradece la intervención e invita a los romanos a participar en los juegos ístmicos. Es el primer contacto de Roma
con el mundo griego.



Situación en vísperas de la Segunda Guerra Púnica

En los 23 años de entreguerras (241-218), Roma había aumentado su poder rodeándose de nuevos territorios que
protegían la Italia central, mientras Cartago se había expandido hacia la Península Ibérica (entre otras cosas, para
poder pagar las indemnizaciones de guerra impuestas por Roma), en un ámbito que en principio no chocaba con
intereses romanos.

La Segunda Guerra Púnica. Aníbal
Roma se asoma al abismo
Tras la derrota en la Primera Guerra Púnica, Cartago se vio obligada a pagar a Roma
indemnizaciones de guerra millonarias. Para hacer frente a los pagos, llevó a cabo una nueva
expansión ultramarina por las ricas tierras de la Península Ibérica, repletas de fértiles valles y
ciudades populosas.
Los ejércitos cartagineses, al mando de Amílcar Barca, ocuparon el sur de Hispania, pero Amílcar
fue asesinado por un indígena, y el control de las tropas pasó a manos de su hijo Aníbal, que
apenas contaba 22 años.
Roma había pactado con los cartagineses una frontera en el río Ebro. Pero al sur del Ebro, en
zona cartaginesa, se encontraba la ciudad de Sagunto, que había suscrito una alianza con Roma
para defenderse de los púnicos. En su afán por conquistar toda la zona asignada, Aníbal puso
cerco a Sagunto, y la ciudad pidió ayuda a sus aliados romanos. Corría el año 218 cuando Roma
declaró la guerra a Cartago. Comenzaba la Segunda Guerra Púnica, que iba a decidir la Historia
de Occidente.
El comienzo de la guerra
Los romanos pensaron que el enfrentamiento tendría lugar en la Península Ibérica. Pero Aníbal,
que aunaba una extraordinaria capacidad táctica con una visión estratégica de largo alcance,
diseñó un plan más ambicioso para el sometimiento de Roma.
Mientras el Senado romano enviaba todos sus efectivos a Hispania, Aníbal dejó a su hermano
Asdrúbal al frente de las tropas de la Península, y lanzó a su ejército a una increíble
travesía cruzando los Pirineos y los Alpes, para atacar Roma por el Norte.
Nadie podía esperar que un ejército entero se atreviera a cruzar los terribles pasos de alta
montaña en invierno, por sendas nunca antes transitadas. La hazaña le costó a Aníbal la pérdida
de un ojo y la muerte de la mayoría de los elefantes, pero las desprevenidas legiones romanas
fueron derrotadas por tres veces en el norte de Italia, en las batallas de Tesino, Trebia y
Trasimeno. Y así, en la primavera del año siguiente, ningún ejército se interponía ya entre
Aníbal y Roma.
Aníbal a las puertas de Roma
La llegada del cartaginés sembró el pánico en la capital. En las calles, la muchedumbre
aterrorizada no dejaba de gritar: Anibal ante portas!, ¡Aníbal a las puertas de Roma!. Las murallas
de la ciudad habían olvidado ya la última vez que tuvieron que hacer frente a una amenaza
semejante, y no resistirían un asedio. Las únicas legiones disponibles se hallaban en Hispania; los
generales que podrían encabezar una resistencia desesperada, a semanas de distancia. Roma
estaba perdida. A Aníbal le bastaba alargar la mano para tomar la ciudad y reducirla a cenizas.
Pero, misteriosamente, Aníbal no descargó el golpe. El cartaginés comprendía que la verdadera
fuerza de Roma no se escondía tras sus muros. Si se detenía ante la capital, si comprometía a su
ejército en un asedio que podría durar semanas, corría el riesgo de ser sorprendido en cualquier
momento por los pueblos itálicos del Sur o por las legiones que volvieran de Hispania desde el
Norte.
Para derrotar definitivamente a Roma Aníbal necesitaba dos cosas: obtener refuerzos de Cartago
y privar a Roma de sus aliados itálicos. Por eso, pasando de largo ante la ciudad, se dirigió
hacia el Sur.
La batalla de Cannas
Aprovechando el respiro, Roma, cuyos recursos parecían inagotables, reunió un nuevo ejército de
ochenta mil hombres, el mayor que nunca hubiera comandado un general romano, y el verano del
año 216 a.C. se enfrentó con Aníbal en la llanura de Cannas. La desigualdad de efectivos era
de tres a uno a favor de los romanos. Pero, a pesar de ello, Aníbal consiguió envolver al ejército
enemigo y aniquilarlo completamente.
La batalla de Cannas se recuerda como uno de los mayores prodigios de estrategia militar de
todos los tiempos.
Buscando aliados
Libre de toda oposición, Aníbal intensificó su actividad diplomática, tratando de convencer a los
aliados de Roma de que abrazaran la causa cartaginesa. Tuvo éxito con algunos pueblos, si bien
la mayoría prefirió permanecer leal a Roma o expectante. Reclamó nuevos refuerzos de Cartago,
pero la ciudad no se atrevía a desviar todos sus efectivos y quedar tan desprotegida como Roma.












MAPAS DE LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA

Situación de partida
Durante los años que siguieron a la primera confrontación, los púnicos habían extendido su dominio por la
península Ibérica, para poder pagar a Roma las cuantiosas indemnizaciones de guerra y para gozar de una zona
de expansión lejos de su rival, sin peligro de colisionar con sus intereses. Les había ido tan bien, que Cartago
volvía a ser fuerte.
El tratado del Ebro. Roma contemplaba la recuperación de los púnicos con creciente preocupación. El año 226
una embajada romana se entrevistó con los Barca (no directamente con Cartago sino con los jefes militares en la
Península Ibérica) obligandoles a fijar un límite a su expansión en la barrera del río Ebro. Los Barca estaban
todavía lejos de esa línea y no opusieron demasiada resistencia.
Roma exigía a Cartago mantenerse apartado de cualquier escenario cercano a sus intereses. Si los púnicos se
extendían demasiado hacia el Norte, además de afectar a las colonias griegas dominadas por Massilia (aliada de
Roma), podían llegar a conectar con las tribus galas del Norte de Italia, tradicional amenaza de Roma, que habían
sido recientemente sometidas. Y Roma no estaba dispuesta a asumir ese riesgo.
Desarrollo del conflicto

1. Sagunto, el casus belli (218)
Roma buscaba la guerra como único modo de frenar la peligrosa recuperación de Cartago. Firmando un pacto con la
ciudad de Sagunto, desafiaba a Cartago con una clara provocación, pues suponía una clara violación del tratado del Ebro.
Aníbal (hijo de Amílcar Barca y jefe del pujante ejército púnico en la Península) no estaba dispuesto a someterse
indefinidamente a las exigencias crecientes de Roma, que acabarían animando a las tribus iberas a la rebelión, y puso
sitio a Sagunto el 219.
Roma no ayudó a su aliado, sino que dejó que Sagunto cayera (año 218) y sólo entonces declaró la guerra a Cartago.

2. El plan de Roma: doble invasión
Al contrario que en la primera Guerra Púnica, Roma era ahora más fuerte por mar, y planea un doble desembarco: en
Africa y en Iberia. Fiel a su estilo directo y agresivo, Roma busca decidir la guerra de modo fulminante, asestando una
golpe decisivo en los dos puntos neurálgicos del enemigo.
 Uno de los cónsules, Publio Cornelio Escipión, desembarcará en Massilia con dos legiones (20.000 hombres), para
enfrentarse a Aníbal en Iberia.
 El otro cónsul, Sempronio Longo, viajará a Sicilia con otras dos legiones, para preparar el desembarco en Africa.
 Una quinta legión, al mando del pretor Manlio, se desplazará al valle del Po, para supervisar la lealtad de las belicosas
tribus galas.

3. Reacción fulgurante de Aníbal
Nada más conocer la declaración de guerra, Aníbal se pone en movimiento, decidido a ganar por la mano a los romanos.
Tiene que evitar a toda costa la guerra en Iberia, pues la presencia de Roma en la península fomentaría la rebelión de
muchas tribus, poniendo en peligro todo lo realizado en esos años. Para ello, debe llevar la contienda a suelo italiano.
¿Pero cómo llegar hasta allí con un ejército? Una vez eliminadas las bases púnicas en Sicilia y Córcega, Italia no está a
tiro para una gran flota de galeras. Además, el poderío naval púnico había menguado mucho. De modo que
decide invadir Italia por tierra, atravesando los Alpes: una de las acciones militares más audaces y brillantes de toda la
Historia.
Al frente de un gran ejército, parte hacia el Norte a lo largo de la costa. En Jun 218 cruza el Ebro. Tiene duros
enfrentamientos con las tribus asentadas en la actual costa catalana, pero finalmente se abre paso hasta los Pirineos.

4. Problemas de Roma con los galos
Frente a la rapidez púnica, Roma se enfrasca sofocando la rebelión de los galos del valle del Po (alentados
probablemente por la diplomacia púnica). La legión de Manlio es destruida y Escipión, que estaba en Pisa preparando el
embarque hacia Massilia, debe enviar una de sus dos legiones. El peligro es conjurado, pero se pierde un tiempo
precioso. Cuando Escipión llega finalmente a Massilia, se entera de que Aníbal ha cruzado ya los Pirineos.

5. Aníbal se escapa y cruza los Alpes
Escipión dirige sus legiones hasta el Ródano, para intentar frenar allí a Aníbal.
Aníbal consigue alcanzar el Ródano sin necesidad de librar batallas contra las tribus autóctonas, gracias a una actividad
diplomática basada en regalos y amenazas. Para esquivar cualquier encuentro con los romanos, atraviesa el río lejos de
su desembocadura, a unos 120 Km de la costa. Cuando Escipión se da cuenta, intentaperseguirle río arriba, pero Aníbal
se le escapa, de modo que decide prepararse para enfentarse a él al otro lado de los Alpes.
Aníbal atraviesa los Alpes a comienzos de noviembre de 218, con varias docenas de elefantes y hostigado por las tribus
galas, episodio que ha inflamado siempre la imaginación popular.

6. Roma readapta su estrategia
Escipión debe ajustar su estrategia:
 Por un lado mantiene el plan original de entrar en Iberia, confiando el mando de su ejército a su hermano Cneo.
 Mientras él se encamina al Valle del Po, para tomar el mando de la legión allí asentada, y pide refuerzos al Senado para
hacer frente a Aníbal.
En lugar de ordenar nuevas levas, el Senado decide posponer la invasión de Africa y enviar al Po como refuerzo las
dos legiones de Sempronio, instaladas en Sicilia.

7. Primer encuentro: Tesino
Sin esperar la llegada de los refuerzos de Sempronio, Escipión va al encuentro del ejército de Aníbal. Instala el
campamento en la orilla oriental del río Tesino, afluente septentrional del Po, y cruza el río para realizar labores de
reconocimiento. De improviso se encuentra con la avanzadilla púnica y se libra una pequeña escaramuza. La batalla, de
poca entidad, tiene gran valor simbólico: es la primera victoria de Aníbal, que se gana la confianza de los galos, y el propio
cónsul, Escipión, resulta malherido.

8. Primera batalla campal: Trebia (dic. 218)
Los romanos se retiran al sur del Po, y acampan en la orilla oriental del Trebia. Sempronio se une al ejército de Escipión
en diciembre. Impaciente por combatir, Sempronio desestima el consejo de Escipión (aún convaleciente) de pedir nuevos
refuerzos y se deja atraer por Aníbal al terreno que éste había preparado, en la orilla púnica del río, sufriendo una gran
derrota.
Las victorias de Tesino y Trebia alientan la rebelión de los galos, que se pasan en gran número al bando de Aníbal.
Hasta aquí, todo ha ocurrido en menos de un año. Llega el invierno y los restos del ejército romano se retiran a las
colonias romanas de Placentia y Cremona, mientras Aníbal se retira entre los galos. (Durante el invierno, mueren todos
los elefantes de Aníbal, menos uno).

9. La campaña de 217: estrategia defensiva
Los nuevos cónsules romanos para 217 son Flaminio y Servilio, ambos destinados a contener a Aníbal con sendos
ejércitos. Escipión es enviado a Hispania como procónsul, uniéndose a su hermano Cneo.
Otros importantes escenarios de guerra donde Roma envía legiones ese año son: Sicilia, Cerdeña y la propia ciudad de
Roma (lógicamente, fuera del pomerium, el límite sagrado e inviolable de la ciudad).
En todas partes, se trata de una estrategia defensiva, excepto en Hispania, donde los Escipiones no han renunciado a
hostigar al enemigo en su propio territorio.

10. Intentando contener a Aníbal
Aníbal podía penetrar en el interior de la península por dos vías: las que discurren a ambos lados de los Apeninos. Los
dos cónsules se dividen para taponar ambas vías:
 Flaminio, con sus dos legiones, se sitúa en Lucca, para defender las vías de Etruria
 Servilio, con otras dos legiones, en Ariminum, para proteger la via Flaminia.

11. Aníbal cruza los Apeninos
Como siempre, Aníbal hace lo imprevisible: atraviesa los Apeninos y entra en Etruria por Faesulae (junto a la actual
Florencia). En las zonas pantanosas en torno al Arno, Aníbal contrae una oftalmía, que le hará perder la visión del ojo
izquierdo.
En Faesulae envía exploradores. Al enterarse de que el ejército de Flaminio se encuentra en Arretium, decide prepararle a
una emboscada: se encamina a marchas forzadas hacia Roma, sobrepasando la posición de Flaminio, para obligarle a
perseguirle. Eso le permitirá escoger un terreno favorable para el choque, y evitar que se le una el ejército de Servilio.

12. La batalla de Trasimeno
Los romanos creen que los púnicos están huyendo de ellos y, llenos de euforia, se dejan coger en una trampa. Flaminio
penetra con todo su ejército por un estrecho pasillo entre las colinas y la orilla del lago Trasimeno, por donde Aníbal había
pasado el día anterior. Durante la noche, Aníbal había dispuesto a su ejército a lo largo del pasillo, escondido tras las
colinas, y las legiones de Flaminio son masacradas.
Mientras los romanos supervivientes son apresados, Aníbal permite a los aliados de Roma regresar a sus hogares: quiere
presentarse en Italia como hombre clemente, liberador de la opresión romana.
Las noticias de la gran derrota siembran el pánico en Roma (VER RELATO), que toma una medida excepcional para resistir a
Aníbal: concentrar todo el poder en un solo hombre. Nombran dictador por 6 meses a Fabio Máximo, y lugarteniente
suyo a Minucio Rufo.

13. Aníbal no marcha contra Roma
A diferencia de lo ocurrido entre los galos del Norte, la proclama de libertad de Aníbal no triunfa en Italia central. Sea por
temor a sus legiones o por estar satisfechas del dominio romano, las ciudades del centro de Italia permanecen fieles a
Roma.
La estrategia de Aníbal nunca buscó atacar Roma directamente, sino cegar la fuente de donde extraía su inagotable
fuerza: sugigantesca red de alianzas por toda Italia.
Fracasado su intento en la zona central, decide probar en el Sur de la península, de colonización más reciente. Pero
primero se dirige al Adriático para dar descanso a sus tropas, debilitadas y enfermas por las largas marchas y los
combates.

14. La estrategia de Fabio, el prudente
Escarmentado por las tres derrotas romanas contra Aníbal, Fabio concibio una estrategia de máxima prudencia: mantener
a Aníbal siempre vigilado, acampar junto a él en zonas elevadas, donde el púnico no se atrevería a atacarle, pero no
aceptar batallas en campo abierto. Fabio acosaba a Aníbal en espera de un descuido, dificultaba sus movimientos,
atacaba a los destacamentos que salían en busca de abastecimiento...
Era una estrategia paciente, de medio plazo, poco coherente con el espíritu tradicional de Roma, que le valió el
sobrenombre deCunctator, el vacilante.
Fabio acompaña la marcha de Aníbal hasta Apulia, y luego a través de las montañas del Samnio hacia la fértil llanura de
Campania, en los alrededores de Capua.

15. Aníbal atrapado, consigue escapar
Aníbal tenía que mover continuamente a su ejército para poder alimentarlo: necesitaba saquear las ciudades por donde
pasaba para conseguir grano y ganado... y botín para mantener la moral de las tropas. Buscando una base segura para
pasar el invierno, decide volver al Adriático, pero las vías para salir de Campania son montañosas.
Fabio ve la oportunidad y hace una jugada maestra: envía a Minucio con 4.000 hombres para cerrar el paso de montaña
que debía atravesar Aníbal, mientras él, con el resto del ejército, acampa a media ladera. Aníbal queda encerrado en el
pequeño valle.
Pero el púnico consigue escapar de la ratonera mediante una brillante maniobra de engaño. Por la noche, envía 2.000
bueyes colina arriba, con antorchas atadas a los cuernos. Minucio piensa que el ejército púnico se pone en movimiento
para escapar de la trampa cruzando la montaña, y sale a encontrarse con él. Así, deja el paso libre por donde Aníbal pasa
tranquilamente con su ejército y todo el botín.

16. Roma decide enfrentarse a Aníbal
Descontenta con la estrategia de Fabio Máximo, Roma escoge para el nuevo año (216) dos cónsules más decididos,
Emilio Paulo y Terencio Varrón, y les confía el ejército más grande que jamás había puesto en pie de guerra: 4 legiones a
cada uno, unos 75.000 hombres. Esta vez, habría batalla campal.
Los cónsules marchan a encontrar a Aníbal en Apulia (a 400 km. de Roma), donde otro ejército vigilaba todos sus
movimientos. Aníbal acababa de tomar la fortaleza en ruinas de Cannas, situada en una pequeña colina. A sus pies se
extiende una amplia llanura, recorrida por el río Aufido.

17. El desastre de Cannas (2 ago 216)
Con fuerzas inferiores en número y en un terrero escogido por los romanos (entre el río y la pendiente), Aníbal dirigió la
que se ha llamado “batalla perfecta”, admirada y estudiada por los militares de todos los tiempos hasta nuestros días. Su
táctica consistió en aprovechar la misma fuerza de ataque del enemigo para utilizarla en su contra.
Cuando los romanos ya había penetrado suficientemente en sus filas, eufóricos al creerse victoriosos, realizó una
maniobra envolvente con tropas de refresco (que había situado en dos columnas, detrás de la línea de choque), que
trituró al ejército romano.
En los flancos, la caballería púnica puso en fuga a la romana, y luego atacó al enemigo por la retaguardia.
Resultado: 50.000 muertos en el bando romano, entre ellos Emilio Paulo y unos 80 senadores, y más de 20.000
prisioneros.
Aníbal no marcha contra Roma. Después de Cannas, todos pensaban que Aníbal marcharía sobre Roma para
conquistarla. Los historiadores han discutido siempre sobre qué habría ocurrido si Aníbal hubiera atacado Roma.
Roma no se rinde. Aníbal envió un emisario a Roma para negociar el rescate de los prisioneros romanos (muchos de
ellos hijos de familias influyentes) y quizás la paz. Pero el Senado le negó la entrada en la ciudad y prohibió el pago de
ningún rescate (VER RELATO). Roma lucharía hasta la muerte. Aníbal queda sorprendido.

18. Consecuencias de Cannas
Defecciones en masa. La batalla de Cannas consiguió por fin la deserción de un gran número de ciudades. Desde
Campania hacia el Sur, casi toda la Italia meridional se pasa al bando de Aníbal. El mayor golpe fue la traición de Capua,
la ciudad más importante de Italia después de Roma.
Permanencen fieles: el Lacio, Umbría y Etruria, todo el centro de la Península, que impide que contacten las dos zonas
rebeldes. Roma cuenta además con varias colonias bien fortificadas que había ido estableciendo estratégicamente por
todo el territorio. Ahora son como islotes en territorio hostil. Y también habían resistido las ciudades griegas del Sur (la
antigua Magna Grecia), fortificadas y con salida al mar.
Reacción de Roma. En la ciudad, la conmoción por el desastre es enorme, pero mayor aún la voluntad inquebrantable de
seguir luchando. A base de reclutar adolescentes, esclavos, delincuentes... se ponen en pie de guerra 19 legiones.
Retorno a la prudencia. Cannas mostró la sabiduría de la estrategia prudente de Fabio Máximo, cuyas líneas se
siguieron a partir de entonces a rajatabla.
Cambia el tipo de guerra. Contar con aliados y amplios territorios amigos cambió también radicalmente la estrategia de
Aníbal en Italia, pero eso lo veremos ya en el próximo capítulo.
Segunda Guerra Púnica. Escipión
El salvador de Roma
Escipión en Hispania
Mientras Aníbal deambulaba por Italia, la estrategia romana, que había desplazado sus mejores
tropas a Hispania, comenzaba a dar frutos. Allí, en una decisión sin precedentes en su historia,
Roma había entregado el mando de sus legiones aljovencísimo Publio Cornelio Escipión, hijo y
sobrino de dos brillantes generales y perteneciente a una de las principales familias patricias.
Aunque había combatido ya junto a su padre en las batallas de Tesino y Cannas, Escipión contaba
apenas 24 años, y era sólo un ciudadano particular, que no había desempeñado aún ninguna de
las magistraturas que daban acceso al mando militar.
Su estirpe y su determinación insuflaron nuevos ánimos a unas tropas desesperadas, que bajo su
mando consiguieron derrotar al ejército cartaginés comandado por los hermanos de Aníbal,
Asdrúbal y Magón, hasta expulsarlos completamente de Hispania. En el año 205, sus legiones
victoriosas estaban en condiciones de regresar a Italia.
La situación en Italia
Allí, los últimos restos de las tropas romanas habían aprendido la lección y evitaban cualquier
enfrentamiento directo con Aníbal. Preferían hostigar a sus hombres desde la distancia, y sus
ataques eran una sangría insoportable para el ejército cartaginés.
Sin haber sufrido jamás una derrota, después de haber tenido a la indefensa Roma a su merced,
Aníbal, atrapado en Italia, sin aliados, sin provisiones y con apenas un tercio de su ejército, se vio
obligado a regresar por mar a Cartago, tras haber estado deambulando por Italia durante 16
años.
Cambio de escenario y desenlace
Por fin, Roma se atrevió a llevar la guerra a suelo cartaginés. Escipión convenció al Senado de la
necesidad de desembarcar cuanto antes en la costa norteafricana, en persecución de Aníbal, cada
vez más acorralado. Ambos compartían además viejas deudas de sangre. Escipión había
derrotado al hermano de Aníbal en Hispania, Asdrúbal, pero éste se había cobrado antes la vida
del padre y el tío de Escipión.
Los dos grandes generales se enfrentaron por primera y última vez en la decisivabatalla de Zama,
en el año 202 a.C. Roma y Cartago se hallaban al límite de sus fuerzas y el resultado sería
decisivo. Aníbal recurrió a su genio táctico, Escipión a su astucia.
Para neutralizar a los elefantes, la más temible de las armas cartaginesas, el romano hizo sonar
todas las trompetas de su ejército. Las bestias, aterrorizadas, huyeron en desbandada aplastando
a la propia caballería cartaginesa. Aunque la infantería de Aníbal presentó batalla hasta el final, el
gran general no pudo evitar su completa derrota.
Tras su victoria, Escipión obtuvo el sobrenombre de “el africano”, mientras Aníbal, abandonado
por sus propios compatriotas, se vio obligado a refugiarse en la corte del rey de Bitinia, donde se
quitó la vida con un veneno.
Tal vez fuera cierta la sentencia de su jefe de caballería, que, exasperado porque Aníbal no se
decidía a conquistar Roma cuando la tenía en su mano, le dijo: Cierto es que los dioses no
conceden todos sus dones a la misma persona. Tú sabes vencer, Aníbal, pero no sabes
aprovechar la victoria.
Situación de Roma tras la guerra
La derrota de Cartago convirtió a Roma en la dueña absoluta del Mediterráneooccidental, y dio
paso a la época de las grandes conquistas. Pronto comenzó también la colonización de los
territorios ya dominados: la Península Ibérica, el sur de la Galia y el Norte de África.
MAPAS DE LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA

Situación en Italia después de Cannas (216 a.C.)
(Viene de aquí). Con la defección masiva del Sur de Italia, cambió por completo el tipo de guerra: hasta ese
momento se trataba de un gran ejército que había penetrado en territorio enemigo, y actuaba como un único
bloque bajo el mando de Aníbal. Este ejército necesitaba moverse continuamente, saqueando las ciudades a su
paso, para poder alimentarse. Y buscaba la confrontación en campo abierto, donde Aníbal demostraba una y otra
vez su superioridad.
Ahora, en cambio, la obtención de aliados en el Norte y el Sur de la Península le permitía a Aníbal contar con
bases fijas y tropas de refresco, pero también tenía un territorio que defender. Los dos bandos librarán una guerra
de posiciones, con múltiples focos simultáneos pero sin grandes batallas.
Aníbal ya no tendrá unidad de acción ni libertad de movimientos. Deberá dispersar sus fuerzas para atender al
mismo tiempo distintos puntos de conflicto, y acudir a las llamadas de socorro de las ciudades aliadas ante los
ataques de Roma.
Con este nuevo tipo de guerra, Aníbal no tenía ninguna opción contra Roma. Las tropas italianas aliadas de
Aníbal eran inferiores a las legiones romanas, y no disponían de mandos con experiencia. El único grupo que
podía combatir contra Roma con superioridad era el ejército principal de Aníbal (libios, númidas, españoles y
galos), pero su número iba en descenso, pues no se reponía ni recibía refuerzos de Cartago.
Roma, en cambio, exprimirá sus recursos hasta el límite, poniendo en pie de guerra cada año 19, 20, 25 legiones:
casi 200.000 soldados, entre romanos y aliados. Una gigantesca maquinaria que irá reconquistando una a una las
ciudades perdidas, de un modo paciente, sistemático e implacable.
Desarrollo paso a paso

1. Aníbal busca una salida al mar
En los años 216-215 Aníbal consigue la deserción de un gran número de ciudades desde Campania hacia el Sur. La más
importante será Capua, segunda en importancia de Italia. Su deserción es un duro golpe para Roma.
Por lo general, las ciudades tienen miedo a las represalias de Roma, y sólo se entregan a Aníbal cuando su ejército se
acerca.
Pero las ciudades bien fortificadas son muy difíciles de tomar al asalto. Y si tienen puerto de mar, tampoco pueden ser
sitiadas y rendidas por hambre. De este modo, Nápoles y otras ciudades importantes de la costa permanecen fieles a
Roma.
Aníbal necesitaba imperiosamente una salida al mar, para tener conexión con Cartago y poder recibir refuerzos. Lo
consigue por fin el año 215, con los pequeños puertos de Locroi y Crotona. Será la única vez que reciba refuerzos de
Cartago.

2. Primer objetivo de Roma: recuperar Campania (215-211)
Roma procedió con orden y disciplina en su labor de recuperación del territorio. En primer lugar mantuvo un poderoso
ejército en Etruria, para asegurar la lealtad de esa región crucial. Luego estableció una línea de defensa en Campania,
para evitar que el enemigo penetrara en el Lacio. Y una vez asegurada la defensa, procedió a la ofensiva.
Mantenía cierta actividad en el sur de la península, para obligar a Aníbal a dividir su ejército, pero sabiendo que su
objetivo prioritario era recuperar Campania.
Las tácticas de Fabio Máximo se convierten en doctrina oficial: nada de aventuras contra Aníbal, sólo ataques sin riesgos
y hostigamientos... evitar a toda costa batallas en campo abierto. En pocos años, la balanza estará nuevamente del lado
romano.
En 215 recuperan Cumas. En 214 Casilinum. En 212 los dos ejércitos consulares se emplean a fondo en los trabajos para
asediar Capua.

3. Aníbal toma Tarento (212)
Aníbal seguía cosechando éxitos en la zona más meridional de Italia. Su principal campamento estaba situado cerca de
Tarento, cuando el año 212 unos nobles de esta ciudad vinieron a negociar con él para entregársela a traición. A la caída
de Tarento le siguieron la de otras ciudades griegas como Metaponte y Thurioi.
Tarento contaba con un importante puerto de mar, y en los próximos años será en centro de operaciones de Aníbal en
Italia, una vez que Capua se hallaba sitiada y próxima a perderse.

4. La caída de Capua (211). Hannibal ante portas
Los romanos habían organizado un férreo cerco en torno a Capua, con dos ejércitos acampados ante las murallas de la
ciudad. Conscientes de lo que les esperaba si caían, los capuanos enviaron desesperados e insistentes mensajes de
socorro a Aníbal. El año 211 Aníbal marchó con su ejército principal para intentar romper el asedio.
Sus primeros intentos fracasaron, y pronto Aníbal comenzó a andar falto de víveres, pues los romanos habían saqueado
toda la zona.
En un intento desesperado, Aníbal decidió marchar sobre Roma, acampando con su ejército fuera de las murallas (el
famosoHannibal ante portas), pero ya nadie veía en esto una seria amenaza, y el asedio de Capua continuó firme.
Cuando Aníbal comprendió que no mordían el anzuelo, se retiró hacia el sur, abandonando Capua a su suerte.

5. Roma recupera el Samnio
Después de Capua, Roma recupera Beneventum, capital de la región montañosa del Samnio. Desde ahí, pueden atacar
Lucania y Apulia y consiguen la caída de varias ciudades. La propia Tarento caerá en 209.
Para acelerar el proceso de vuelta a Roma, ya irreversible, los romanos tratan bien a los que se entregan voluntariamente,
pero castigan severamente a las ciudades que son tomadas a la fuerza.

6. Expedición desde Iberia. Batalla del río Metauro (207)
En el año 208, Aníbal controlaba ya sólo el extremo sur de la península. Estaba perdiendo la guerra por falta de recursos.
No podía combatir el solo contra el elevado número de legiones de Roma. De Cartago sólo en una ocasión recibió
refuerzos. Su última esperanza se hallaba en recibirlos desde Iberia.
En el 207 se supo que un hermano de Aníbal, Asdrúbal, cruzaría los Alpes con un ejército de apoyo siguiendo la misma
ruta que su hermano, y Roma vivió la última situación de pánico en esta guerra, ahora definitivamente encarrilada. La
conjunción de ambos ejércitos podía ser fatal.
Pero Roma se hallaba ahora mucho más preparada, sus generales bien aleccionados y las legiones mejor adiestradas y
con experiencia. Y además, Asdrúbal no era Aníbal. Fue derrotado por dos ejércitos consulares en el río Metauro, antes
de que pudiera avisar a Aníbal de su llegada.
El ejército de Aníbal, todavía invicto en tierra italiana y capaz de vencer en cualquier batalla, ya no suponía una seria
amenaza para Roma.
Otros escenarios de guerra
En la primera guerra púnica Roma y Cartago habían combatido por el dominio de Sicilia, y la lucha se centró en
ese escenario. Pero ahora el choque tenía un carácter más general. Las dos grandes potencias luchaban por la
supremacía y la supervivencia, y la guerra se libró en un marco geográfico más amplio: Iberia, Sicilia, Macedonia y
finalmete la propia África.

7. Sicilia
Sicilia era una pieza de gran importancia estratégica en esta guerra por un doble motivo:
 1) Por su importancia como base naval, al ser el puente entre Africa e Italia. Roma debía controlar Sicilia si quería impedir
que Cartago contactara con Aníbal y le enviara refuerzos.
 2) Por ser uno de los principales graneros de Roma. El grano de Sicilia permitía mantener un elevado número de legiones.
Consciente de ello, Roma mantuvo desde el principio una importante guarnición en la isla. Inicialmente contaba con la
ayuda del tirano de Siracusa Hierón, un viejo aliado de Roma desde la primera Guerra Púnica (ver). Al iniciarse la
Segunda, el tirano tenía 70 años. A su muerte, tres años después (215), se desató la lucha de facciones rivales y terminó
predominando la que apoyaba a Cartago.
Los dos bandos enviaron fuentes contingentes a la isla, con la mira puesta en Siracusa, que resistió durante año y medio
el asedio romano, gracias en buena parte a los ingenios de Arquímedes, el genial matemático griego. Cuando cayó
Siracusa, el año 212, los púnicos se concentraron en torno a Agrigento, para una desesperada defensa que duró dos
años más. En 210 toda la isla era definitivamente romana.

8. Macedonia
Fue un escenario muy secundario. El rey macedonio Filipo V llevaba tiempo viendo con procupación la influencia
creciente de Roma en el Adriático (ver) y quiso aprovechar la crisis provocada por Aníbal para sacar provecho. Roma no
estaba en ese momento para muchas alegrías, y no podía dispersar recursos (más adelante saldaría las cuentas), de
modo que se alió con la Liga Etolia, enemiga de Macedonia en ese momento, para tenerla controlada. Fue básicamente
una guerra entre griegos, donde Roma y Cartago apenas se comprometieron.

9. España. Campañas de los hermanos Escipión
Iberia fue el principal escenario de esta guerra, después de Italia. Desde el principio, Roma vio la importancia de esta
región para Cartago, y mantuvo allí importantes contingentes de tropas, al mando casi siempre de la familia Escipión. El
principal objetivo era evitar que desde Iberia se enviaran refuerzos a Aníbal.
Ya en el año 218, el primero de la guerra, Cneo Escipión había desembarcado en la colonia griega de Emporium (ver). Al
año siguiente se le unió su hermano Publio, que acababa de dejar el consulado.
Los Escipiones se hicieron rápidamente con el control de la zona al Norte del Ebro, desde donde desarrollan brillantes
campañas militares y una intensa actividad diplomática con las colonias griegas y con los pueblos indígenas, venciendo a
los hermanos de Aníbal en sucesivas batallas. El exceso de confianza e impulsividad les hizo encontrar la muerte en el
año 211, en un choque contra todos los ejércitos púnicos de la península.

Final de las Guerras Púnicas
Cartago destruida
Comparación de culturas
El concepto de colonización romana era muy diferente del de los cartagineses. Los púnicos se
limitaban a explotar los recursos de los territorios conquistados. Roma lo hacía también pero,
además, asentaba allí a sus veteranos de guerra, construía calzadas, puentes y acueductos,
dotaba de leyes a esas comunidades, y les ofrecía todas las ventajas de su civilización.
La segunda Guerra Púnica decidió la historia de Occidente, construido sobre el Imperio Romano.
Y nunca se podrá saber qué hubiera ocurrido si Escipión el africano no hubiera ganado en Zama,
o si Aníbal hubiera destruido Roma, como todos esperaban que hiciera.
Cartago debe ser destruida
La victoria de Roma había reducido definitivamente a Cartago a una potencia menor, recluida en el
norte de África. Sin embargo, los años pasaban y los romanos todavía recordaban con pánico los
terribles momentos de la amenaza de Aníbal, lo cerca que habían estado de la catástrofe.
El viejo Catón, un senador célebre por su severidad y por su retórica, no perdía ocasión para
recordar que debían aniquilar al enemigo. Sin importar el asunto del que estuviera hablando en la
asamblea del Senado, sus discursos terminaban siempre con la misma coletilla: Delenda est
Cartago!, ¡Cartago debe ser destruida!
Si no, alegaba, Roma jamás tendría descanso, y viviría siempre atemorizada por la amenaza
púnica.
La Tercera Guerra Púnica
Al final, Escipión Emiliano, descendiente del gran general que había salvado a Roma en los
tiempos de Aníbal, condujo la última Guerra Púnica, en el año 147 a.C., 55 años después de la
derrota de Aníbal.
Fue necesario inventar una excusa para declarar la guerra, y los cartagineses, desesperados, no
presentaron demasiada resistencia. Pero eso no les libró de uno de los más terribles castigos que
haya sufrido jamás una ciudad. Los romanos saquearon, quemaron y arrasaron Cartago hasta los
cimientos.
Y cuando la ciudad había desaparecido, convertida en un montón de ruinas humeantes, los
romanos pasaron el arado, sembraron con sal, y maldijeron esa tierra para siempre, de modo que
nadie volvió a habitar jamás la ciudad que un día había sido la más poderosa del Mediterráneo.
Roma había exorcizado al más terrible de sus demonios y era dueña absoluta de toda la cuenca
occidental del Mediterráneo.

El encuentro con Grecia
El conquistador conquistado
Después de las Guerras Púnicas, aún quedaban grandes reyes que se atrevieron a hacer frente al
poderío de Roma, en Grecia, en Turquía y en Siria, pero fueron barridos por la incontenible marea
de sus legiones.
Mucho han debatido los historiadores sobre este sorprendente afán de dominio, que llevó a los
romanos a someter una tras otra todas las naciones del Mediterráneo. Los propios romanos lo
atribuían al deseo de los dioses.
Lo cierto es que sus ciudadanos se habían acostumbrado a las conquistas y a sus beneficios:
además del oro, la plata y las piedras preciosas, con cada victoria Roma recibía incontables
tributos en especie, cientos de esclavos, obras de arte y animales exóticos. Estas riquezas
permitían la distribución gratuita de alimento a la ciudadanía, grandiosas obras públicas e
increíbles espectáculos. El pueblo vivía de forma espléndida, los senadores se enriquecían por
encima de toda medida, y los generales orgullosos recorrían triunfantes la ciudad.
El conquistador conquistado
Sin embargo, en otro terreno, los propios conquistadores fueron los conquistados. La sociedad
romana, concebida para la lucha y el sacrificio, estaba acostumbrada a combatir a los rudos
itálicos y fieros hispanos, pero no estaba preparada para enfrentarse culturalmente a Grecia y
Oriente.
Cuando entraron victoriosos en Atenas, los romanos quedaron fascinados por la belleza de su
arte, el refinamiento de su filosofía, y la dulce musicalidad de un idioma concebido para el
razonamiento. Los nobles romanos comenzaron a copiar las esculturas griegas, enviar a sus hijos
a aprender su idioma, asistir a sus representaciones teatrales, y deleitarse con la música y la
poesía llegadas de Oriente.
Los más conservadores, escandalizados, aseguraban que eso sería el fin del espíritu romano, y
que las delicadas costumbres griegas conducirían a la ciudad, después de tanto esfuerzo, a la
molicie y la decadencia. No podían estar más equivocados. Tras asimilar la cultura griega, Roma,
que ya dominaba el Mediterráneo por la fuerza de las armas, comenzó a hacerlo también por la
potencia de su civilización, que extendió, como un inesperado regalo, por todos los rincones del
mundo conocido, sembrando con ello las semillas de la cultura occidental.

El colapso de la República
El poder de Roma se vuelve contra ella
El conflicto de los Gracos
Estos enfrentamientos entre los guardianes de las antiguas tradiciones romanas y los partidarios
de las novedades venidas de Grecia volvieron a introducir –a mediados del siglo II a.C.- un clima
de gran agitación en el interior de la ciudad, que cristalizó con el famoso conflicto de los Gracos.
Los Gracos eran dos hermanos de ideas avanzadas que, como Tribunos de la Plebe y en defensa
de sus intereses, reclamaban una reforma agraria: la distribución gratuita de tierras entre los
ciudadanos más pobres de Roma, en perjuicio de los todopoderosos terratenientes.
Los dos fueron asesinados. El mayor, el mismo día en que acababa su mandato de Tribuno, pues
los Tribunos de la Plebe –como dijimos- eran sagrados e inviolables. Con el hermano menor, sin
embargo, ni siquiera esperaron a que expirara su mandato.
La crisis del siglo I a.C.
La muerte violenta de los Gracos dio comienzo al siglo I a.C., el más terrible y convulso de la
Historia de Roma. Durante ese siglo, Roma se desangró en interminables Guerras Civiles, cuya
causa era precisamente su poder y sus inmensos dominios.
En efecto, las instituciones Republicanas, que habían servido para gobernar la ciudad durante 500
años y la habían conducido a la conquista del Mediterráneo, eran insuficientes para administrar
sus posesiones.
Los romanos habían dispuesto sus leyes para evitar que un solo hombre ostentara el poder
absoluto, pero los generales romanos se habían vuelto demasiado poderosos. Apoyados en sus
legiones y en los recursos de las provincias que gobernaban, pugnaban entre sí para hacerse con
el poder en solitario. Primero Mario y Sila, después Julio César y Pompeyo, sumieron el
Mediterráneo en un baño de sangre.
La obra de Julio César
Al final de este periodo convulso destaca la figura gigantesca de Julio César: el hombre que, por
fin, consiguió concentrar en su mano todos los poderes políticos de forma indefinida. Pero Roma,
orgullosa de su tradición republicana, no estaba madura para semejante cambio, y Julio César fue
asesinado por un nutrido grupo de senadores en el año 44 a.C.
MONARQUÍA
Rómulo (latino)
753-716 a.C.
Numa Pompilio (sabino)
716-674 a.C.
Tulio Hostilio (latino)
674-642 a.C.
Anco Marcio (sabino)
642-617 a.C.
Tarquinio Prisco (etrusco)
617-579 a.C.
Servio Tulio (etrusco)
579-535 a.C.
Tarquinio el Soberbio(etrusco)
535-509 a.C.