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Comunicación y creatividad

La creatividad aplicada a la Comunicación es algo, por decirlo de alguna manera, imprescindible.
Artes como la literatura, el dibujo, la escultura, las gráficas o las escénicas, por poner unos
ejemplos, juegan un papel muy importante en eso que simplificamos definiéndolo como „la imagen
proyectada‟ y que no es otra cosa que la percepción que queremos -y a veces logramos- obtener
en los receptores.
Pero la creatividad, que es la facultad de obtener algo de la nada, suele identificarse con ímpetu.
De hecho, hablamos de “torrente creativo”, “fuerza creativa”… Y cuando el ímpetu no se controla
con la razón, la experiencia o el simple sentido común, nos puede llevar por derroteros
destructivos. Y sí: sigo hablando de Comunicación.
Verán: las empresas y organizaciones de todo tipo son conscientes de que, en la Era de la
Hipercomunicación, la „identidad corporativa‟ o „identidad‟, simplemente, tiene que ser la “punta del
iceberg” de esa imagen proyectada que decía al principio, que es primer contacto de la
organización, la marca o la compañía con sus públicos. Y a reglón seguido surge la necesidad de
que dicha identidad tenga un reflejo gráfico, que nos lleva a la „identidad gráfica‟ o, muy
resumidamente, al „logo‟.
Y, ¿qué puede pasar con el logo si la “fuerza” de la creatividad no se pone al servicio de la
Comunicación, sino sólo al de criterios personales? Pues véase en la revista sectorial
HONGKIAT.COM y concretamente en “Logo Design Gone Wrong: 10 Ejemplos Raros”. La
recopilación de “rarezas” que hace Jennifer Moline provocarán más de una carcajada por los
equívocos que logos y tipografías producen: ninguno tiene que ver inicialmente con el sexo y todos
lo parecen.
Pero antes de las risas: si, y es uno de los ejemplos, la identidad gráfica de una clínica infantil
parece señalar la entrada de un burdel en el que se practica sexo oral con connotaciones delictivas
(vean, vean…), ¿quién comprobó los logos, analizó su adecuación a la identidad de la compañía,
hizo los pre-test, autorizó los manuales de aplicación, proyectó la aplicación en los distintos
soportes…? ¿Quién se saltó todos esos pasos? ¿Se dejó asesorar el empresario o es él la „fuerza
creativa‟? ¿Es que había “recortes” y se aplicó el principio de „baratito, baratito‟? ¿Y ese otro
ejemplo, que incluso tuvo un premio de diseño (a saber que estaba valorando el jurado), en el que
el logo de una archidiócesis católica proyecta el mismo mensaje que la citada clínica?
Habría, en fin, infinitas preguntas que seguramente quedarían resueltas con una sola respuesta a
todas las situaciones de los “10 ejemplos raros”: falta de profesionalidad o de consejo profesional
de alguien que sepa de Comunicación y no sólo de técnicas artísticas que ayuden a dar forma a la
creatividad.