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Esbozo de un mundo sin metafı́sica

Jesús Alberto Sánchez Pimienta
Diciembre 2009

Quizá la historia universal es la historia
de la diversa entonación de algunas
metáforas.
J ORGE L UIS B ORGES

El mejor destino para muchos seres es...
es... haber perdido la razón.

R AFAEL C ADENAS

El pensamiento humano ha estado atravesado por la incertidumbre desde el inicio de los
tiempos, parecerı́a que esta condición tendrı́a un carácter más acentuado conforme nos aleja-
mos del presente y sus grandes avances técnicos y tecnológicos, pero, es un asunto corriente
de la academia en nuestros dı́as la disolución del individuo en una marejada de información,
el hombre “postmoderno”, por calificarlo de alguna manera, es un hombre abrumado por la
realidad compleja que se ha dedicado a construir.
Es esencial señalar que la incertidumbre de estos dos hombres no puede pasar por la misma,
el hombre primitivo estaba preparado fı́sica y por tanto psicológicamente para cierta clase de
problemas, la adaptación a estos y la consiguiente aparición de otros cuantos, ha permitido la
advenimiento del hombre actual con aptitudes distintas de enfrentamiento a la realidad.
Desde está visión resulta ocioso comparar los niveles de certidumbre entre ambos seres.
Si definimos de manera mı́nima certidumbre como la actitud sicológica de dominio de una
situación sin temor al equivoco, podemos afirmar que -y he aquı́ la inutilidad de la medición-

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ambos tienen niveles de certeza similares, porque la certidumbre respecto al mundo, es decir
respecto a la situación de vivir en una realidad determinada, está condicionada por las explica-
ciones del mundo que construimos, por lo que la pregunta se vuelve autorreferencial, ¿qué tan
seguros estamos de vivir?, nuestra seguridad más allá del cogito ergo sum, estará basada en
lo que entendemos por vida, es decir por la cosmovisión de quien responde, cosmovisión que
por definición es cierta.
Se podrı́a argumentar que los niveles de certeza varı́an en el sujeto de acuerdo a su “desarro-
llo” técnico, en tanto más dominamos la naturaleza y somos capaces de dar explicaciones más
útiles de un fenómeno, nos acercamos más a la verdad del funcionamiento del mundo hacien-
do que nuestro dominio de este sea mayor. Esta argumentación, está basada en un concepto
representacional de la verdad entendida como el atributo de correspondencia entre la manera
en que describimos el mundo y su realidad material; aún si atendiéramos esta concepción -con
un amplio remanente metafı́sico-, no podemos pasar de la posesión de la verdad a la certeza
de manera directa, es fácil argumentar que el pensamiento dogmático es el más cierto, porque
una vez que los axiomas están fijados sean “verdaderos” o no, las explicaciones subsiguientes
son construidas de manera sencilla a partir de ellos, y ante el embate de cualquier cosa desco-
nocida, tendremos una respuesta basada en el más útil de los dogmas la “fe”. Por tanto, ambos
hombres, en la medida en que son capaces de experimentar la vida, tienen los mismos niveles
de certeza, cada una adecuada a un contexto distinto de existencia. La certidumbre se vuelve
un concepto con suficiente poder explicativo sólo si la enmarcamos en un momento histórico
determinado y en relación a una situación especifica, podemos, por ejemplo, afirmar que hoy
estamos más ciertos de la aparición de un eclipse en una fecha dada que en el pasado, pero
no podemos afirmar que nuestra explicación del eclipse es más verosı́mil que la de nuestros
antepasados, porque una vez aceptada una explicación de un hecho, concedemos de entrada
que satisface nuestros requerimientos de credibilidad.
Para quienes la verdad es una propiedad del mundo, todo lo que acabo de decir serı́a a lo

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más risible; que la luna se entromete entre el sol y la tierra es un hecho, toda otra explicación
es falsa ergo insostenible ante un análisis cientı́fico. Existe un problema con esta exposición,
consiste en atribuir el poder explicativo del enunciado a algo externo al discurso, en entender
la verdad como algo que existe por y para sı́, Richard Rorty a propósito de la verdad señala:

La verdad no puede estar ahı́ afuera -no puede existir independientemente de la
mente humana. porque las porposiciones no pueden tener esa existencia, estar
ahı́ afuera. El mundo está ahı́ afuera, pero las descripciones del mundo no. Sólo
las descripciones del mundo pueden ser verdaderas o falsas. El mundo de por sı́ -
sin el auxilio de las actividades descriptivas de los seres humanos- no puede serlo.
(Rorty 1991, pág. 25)

Trasladar la propiedad veritativa del mundo hacia las proposiciones es eliminar un campo
más de la nostalgia metafı́sica, es pasar de la búsqueda de la verdad a la comprensión de los
mecanismos que la crean; ya no tiene sentido el preguntarnos sı́ un enunciado se apega a la
realidad, la realidad aunque existente, sólo es abarcable desde los usos discursivos, la expli-
cación del eclipse es verdadera gracias a que existieron una serie de batallas entre discursos
contingentes que dieron paso al desarrollo de saberes que en tanto más útiles, fueron mejor
acogidos, mientras que los otros eran olvidados o recordados sólo como anécdotas curiosas de
la infancia de la humanidad.
Entender la verdad de esta manera es llevar al lı́mite la idea de la historia escrita por los
vencedores. Con esto podemos dislocar el centro de nuestros análisis, pasar de la búsqueda
a la creación, y convertir a la filosofı́a en un actor en lugar de observador, podemos eliminar
la discusión entre el deber ser y el ser, que ahora se nos presenta como un falso debate. El
acceso existencial a las cosas, lo que las cosas son, es un ejercicio discursivo y siempre se da
en un terreno metafórico del cuál no podemos escapar, nos es posible lanzar metáforas que
sean mejor acogidas que las explicaciones actuales acerca de los problemas que se presentan
en nuestra experiencia, debemos abandonar la pretensión de que estas metáforas se adecúen a

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las cosas tal como son, cambiarla por una actitud de resolución de problemas. Hacer filosofı́a,
hacer ciencia, hacer poesı́a, el hacer del hombre, se convierte en la construcción y utilización
de un arsenal discursivo que nos permita superar los atolladeros en los que nos encontramos.
El pensamiento moderno, que aparecı́a tratando de ordenar el mundo, de desmistifcarlo, nos
llevo a una época de avances tecnológicos sorprendentes, pero se construyo sobre una estruc-
tura vulnerable, que pronto mostró sus primeros agrietamientos, como Isaiah Berlin (Berlin
2009) señala el siglo XX será recordado tanto por los avances técnicos y tecnológicos como
por la sangre derramada en el nombre de la razón, camino sinuoso a la Verdad, por la que
cualquier sacrificio era valido.
La aparición de está forma de pensamiento represento la sustitución de una iglesia por
otra, es entendible que el pensamiento occidental afectado por la tradición judeo-cristiana, se
entregara a la búsqueda de la Verdad; con la reforma protestante, se paso del camino único a al
camino individual, caminos múltiples que desembocaban hacia el mismo destino. Este destino
final, permaneció latente en la conformación de las ideologı́as pensadas en el siglo XIX y
tratadas de llevar a cabo en el siglo XX, es después del fracaso de las ideologı́as, cuándo
cobra fuerza la crı́tica a las nueva teleologı́as, la imposibilidad de la implantación de la tierra
prometida, nos volvió conscientes del fracaso de la metáfora eclesiástica, dónde un grupo de
individuos se vuelven los conocedores y participes de la verdad, dejando a los ajenos a ella, en
calidad de infantes que necesitan ser guiados, y pensando a toda otra iglesia con pretensiones
de verdad como herejes destinados a la hoguera. La superación de está metáfora pasa por la
construcción de una nueva, comienza con la reformulación de las preguntas que nos hacemos,
alejándonos de la noción vieja de Verdad, y acercándonos a las verdades distintas siempre en
competencia.
La superación de la Verdad como idea metafı́sica, la eliminación de esencias universales,
son pasos fundamentales en la expansión de las libertades del individuo, si logramos supe-
rar esas explicaciones remanentes de épocas pasadas, superaremos también una serie de fal-

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sos problemas que resultan de pensar a la realidad con herramientas ya insuficientes, y nos
podremos encargar de los nuevos problemas que emergerán de las soluciones que vayamos
encontrando.

Referencias

Berlin, Isaiah (2009). El estudio adecuado de la humanidad. México: Fondo de Cultura
Económica.
Rorty, Richard (1991). Contingencia, ironı́a y solidaridad. Paidós básica.

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