Años atrás, generaciones anteriores no tuvieron la posibilidad de hablar de este tema, y… aunque

no es una situación nueva es hasta ahora cuando se ha llevado un estudio, análisis, información y
divulgación al respecto. Su nombre los heredamos del extranjero, pero en realidad, es una
condición que afecta en todas las naciones, a niños y niñas, a toda clase de estructuras sociales. Se
le ha nombrado “Bullying”.

En este fenómeno se encuentra una víctima, que no consigue lograr frenar, defenderse o
responder de ninguna manera a las agresiones que le son provocadas de distintas maneras en este
“acoso escolar” llamado acertadamente en español por alguien que tiene problemas de conducta,
demostrando así una insatisfacción propia por su existencia, por lo cual se convierte en un
agresor. Esto es como una enfermedad que se está generalizando por la falta de principios,
valores, guías y relaciones interpersonales sanas, reales y constructivas.
El bullying es cuestión de poder. Cuando hay desventaja desigual para la víctima: eso es bullying;
cuando el objetivo es humillar o tomar control sobre el más débil: eso es bullying; cuando se
procura causar un atropello tal, sea física o psicológicamente, al grado de anular cualquier tipo de
expresión y emoción sana en el agredido: eso es bullying. Los expertos lo resumen en una frase:
“Cualquier agresión constante que le genere dolor al niño lo es”.

Según las investigaciones se han agrupado cuatro maneras de proceder del agresor. Primero: La
agresión física, basada en empujones, golpes, o cualquier tipo de contacto físico violento hacia la
persona o hacia las pertenencias del agredido. Segundo: La agresión verbal, que claramente se
realiza con insultos, apodos, burlas, desprecio, acusaciones, críticas, y más sutilmente
contradiciendo lo que la víctima diga, minimizando cuánto diga, dándole órdenes, o
manifestándole ira abusivamente. Tercero: La exclusión social, ésta se logra hacer reuniendo a un
grupo agresor donde ignoran y menosprecian a alguien con el simple objetivo de que se sienta
aislado, donde los que se le unen al líder lo hacen por temor a no ser afectados de la misma
manera. Y cuarto: La agresión psicológica: se basa en un conjunto de acciones que incluyen
amenazas, coacción y chantajes encaminadas a acabar con la autoestima, sembrar el temor para
poder sentir que se posee poder.

Las consecuencias son devastadoras psicológicamente para la víctima, pues es en la infancia y en
la adolescencia que se está desarrollando la personalidad, y ante esta situación van quedando
huellas que repercuten en la habilidad de relacionarse socialmente, en el comportamiento futuro,
porque siempre el que está en desventaja es el más débil, llegando incluso a causar trastornos
depresivos o problemas con las drogas. Pero también hay malas noticias para los agresores… un
alto porcentaje que ha iniciado esta práctica, confiado de sí mismo en sobremanera terminará
cometiendo algún tipo de delito que le acarreará sus respectivas consecuencias en su mal
proceder.