El misterio del bosque de papel

Desde los fríos páramos de la Reserva Ecológica El Ángel, una leyenda transmitida de
generación a generación invita a todos los turistas a visitar el misterioso y milenario bosque
de papel.
Un relato de amor envuelve a este lugar, lo hace mágico y misterioso. La historia inicia con
Ishuaquinua de protagonista; una mujer de sentimientos reprimidos y un pequeño peludo y
poco agradable duende llamado Curupí quienes desde hace 500 años viven representados
en un árbol de Pumamaqui (o mano de puma) que entrelazado con un Polylepis (o árbol de
papel) se han quedado vigilantes y a la espera de algún día ser liberados, por una mujer de
alma virgen. Estos dos personajes invitan a los viajeros a internarse en el bosque de
Polylepis; uno de los más antiguos del mundo.
Ubicado apenas a tres horas y media desde Quito por la carretera Panamericana, pasando
por grandes sembríos de papa o cebada (la principal actividad de la zona) se llega hasta la
provincia del Carchi donde se inicia el ascenso hacia el páramo por las sinuosas laderas de
los Andes. Extensos territorios habitados por pajonales y los sigilosos frailejones (plantas
de páramo) le darán la bienvenida a este fascinante lugar.
Este sitio por cuestiones de preservación limita su número de turistas, el rango máximo
diario es de 60 personas. El Polylepis, nombre científico del “árbol de papel”, se extiende
por los Andes de Venezuela, Perú, Colombia, Chile y el noreste de Argentina. No obstante,
lo característico de este bosque en el territorio ecuatoriano es su edad milenaria y su gran
tamaño. La particularidad de esta especie son las capas que se encuentran en su tronco, las
cuales sirven como mecanismo de defensa; tanto para protegerse de las bajas temperaturas
como para evitar que plantas como el musgo le quiten la luz del sol.
Fernando Acosta, es uno de los principales precursores de la preservación del Polyepis,
desde hace algunos años se ha preocupado por mantenerlo y darlo a conocer al mundo. Él
lo define como un laboratorio viviente, pues asegura que tras varias investigaciones de
universidades nacionales y extranjeras, se han encontrado especies de roedores endémicos.
La naturaleza de este hermoso destino lo dejará totalmente impresionado. Una fusión de
ecosistemas; ramas entrelazadas, grandes troncos fundidos con lagunas, senderos con
riachuelos, pequeños puentes y un aire misterioso le deslumbrará mientras explora este
sitio.
Durante la caminata y antes de ascender hasta las laderas andinas, la hermosa cascada “La
Rocosa” abre la puerta para ingresar a los extensos pajonales que como una manta cubren
las montañas.
El “agua de sunfo” (una planta andina rastrera de hojas aromáticas), es una bebida que
puede ingerirse a lo largo de todo el trayecto, pues sirve como estabilizador natural, en caso
de que la altura le juegue una mala pasada.
Si desea alojarse para conocer los alrededores de la reserva natural, un lodge acorde al
entorno le ofrece habitaciones, caminatas, cabalgatas, entre otras actividades. Los lugareños
son los más indicados para guiarles por el lugar y sus alrededores, ellos se han preparado
para dar a conocer y preservar su entorno.
El bosque del Polylepis, es otro destino de los Andes, lleno de misterio, aire puro y paisajes
únicos. Un lugar a la espera de visitantes curiosos, ávidos de compartir, relajarse y aprender
de las tradiciones del páramo andino, pero sobre todo para quienes quieran vivir nuevas
experiencias en este pedacito mágico de nuestro Ecuador.

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