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TEORIAS CRIMINOLÓGICAS DEL DELITO
CABROS FLAITES Y CABROS ENCAPUCHADOS
Por Ps. Leonardo Zúñiga Ogueta
1

«El acto de inyectar droga en una vena no
es desviado en sí mismo. Si una enfermera
administra drogas a un paciente cumpliendo
órdenes de un médico, todo está perfectamente
en orden. El acto se convierte en desviado cuando
se hace en una forma que, públicamente, se
considera indebida. El carácter desviado de un
acto radica en la forma en que lo define la
mentalidad pública” (H. S. Becker, 1971)



El presente ensayo aborda aspectos generales de los principales enfoques
criminológicos que sustentan nuestras políticas y prácticas en los diferentes ámbitos
vinculados al delito. Una de las principales escuelas corresponde al positivismo
Criminológico, la cual nace como una reacción frente a la Criminología Clásica; de hecho fue
el mismo Enrico Ferri, quien comenzó a denominar "clásicos" a los juristas prepositivistas y
posteriores a Beccaria (Rodríguez Manzanera, 1981); tal escuela no existió dado que jamás
tuvo producción como tal o como ente articulado, incluso los autores clásicos son o fueron
elegidos de forma caprichosa por los mismos positivistas. Dicha Criminología nace como la
reacción contra la barbarie y la injusticia que el Derecho Penal representaba ante el ahora
ciudadano despegado del Feudalismo; el plebeyo no era sujeto, sino ciervo del Rey; con el
termino de dicho periodo se comienza a reconocer las garantías individuales y con ello la
limitación al poder absoluto del Estado; termina el suplicio y comienza la pena. Autores
como Beccaria, Carrara, Carmignani, entre otros, pondrán como línea base el Derecho
Natural, es decir la racionalidad del acto por sobre las leyes divinas, el respeto al principio de
Legalidad estableciendo el cimiento de “nullum crimen sine lege y nulla poena sine crimen”
(No hay crimen sin Ley; no hay pena sin Crimen”); a su vez, dicha escuela postula que el
derecho penal debe enfocarse en el hecho jurídico y no en la persona (delincuente), para
finalmente detenerse en el libre albedrio del sujeto para cometer o no un delito; por ende
quedan eximidos de responsabilidad penal aquellos que carecen de tal (Rodríguez
Manzanera, 1981).

A diferencia de la escuela Clásica, la escuela Positivista si existió empíricamente,
produciendo un vuelco importante en la forma de entender, explicar y manejar el tema de la
Criminología. El origen de la Escuela Positivista se puede establecer en la segunda mitad del
siglo XIX, dicho enfoque de la criminología se caracteriza por interpretar los fenómenos
como resultado de una relación causa-efecto entre variables. Estos “reafirmaron la
necesidad de vincular la filosofía al desarrollo de las teorías científicas; asumieron una
actitud crítica en relación con las metafísicas de la trascendencia y del espíritu; así mismo
efectuaron la renovación en los estudios antropológicos, jurídicos y sociológicos” (Morón
Campos, 2008). Esta lógica hace que el observador social sea ajeno a sus propias
percepciones e interpretaciones de los fenómenos observados; lo que importa es el
método..“ Existe por tanto una separación absoluta entre el cientista y objeto científico (…) el
fenómeno puede ser estudiado como realidad ontológica, esto es como fenómeno que tiene
su realidad al margen de la interpretación cientista” (Pavarini. 2003). Quien mejor para
definir el quehacer de la corriente positivista que Ferri: "La Escuela Criminal Positiva no
consiste únicamente, como todavía parecía cómodo creer a muchos críticos, en el estudio


1
Psicólogo Universidad de Valparaíso, Magister en Criminología y Evaluación Pericial ©, Diplomado en
Drogodependencias Universidad de Valparaíso, Diplomado en Hipnosis Clínica Universidad de Valparaíso, Perito Externo
Defensoría Penal Pública, Psicólogo Forense. Docente Universitario.

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La Escuela Positiva nacería por ende como una reacción a los excesos jurídicos de la
Criminología Clásica, a sus excesos formalistas, al abuso de la dogmática, al olvido del
hombre delincuente y a su creencia de haber agotado la problemática jurídico-penal en base
al sofismo. (Rodríguez Manzanera, 1981) La Escuela Positiva ha tenido desde sus inicios una
vida fecunda y agitada, llena de aciertos y también de errores, con multitudes de partidarios
y también de contrarios, sin embargo lo que no se puede poner en discusión es el cambio
paradigmático en el campo de la Criminología, estableciendo una serie de conocimientos, los
cuales estan vigentes en los discursos y prácticas actuales.

La Criminología Positivista va crear una serie de planteamientos propios, algunos de
ellos en dicotomía al pensamiento Clásico, entre ellos podemos encontrar:

1.- Uno de los principios axiomáticos de la Escuela Positivista es su fuente netamente
científica; su base filosófica en Comte, la base científica en Darwin y Lamarck.

2.- El delito es un hecho de la naturaleza y como tal debe estudiarse. No estudiarlo como
un ente abstracto, ni jurídico, sino como un ente real, actual, existente.

3.- Determinismo. "El libre albedrío no existe." Así tan claro, así de tajante. La Escuela
Positiva es netamente determinista, es decir: una serie de circunstancias físicas o de
circunstancias sociales llevarán al hombre a delinquir. Si estas circunstancias no se dan, el
hombre no delinquirá.

4.- La responsabilidad moral es substituida por la responsabilidad social. El hombre es
responsable socialmente por el solo hecho de vivir en sociedad, y lo será mientras viva en
ella. Si no hay libre albedrío no puede haber responsabilidad moral, y si el sujeto está
"determinado" a delinquir, la sociedad debe defenderse.

5.- Si no hay responsabilidad moral, nadie queda excluido del derecho, todos son
responsables en cuanto vivan en sociedad, la colectividad, por medio del Estado, tiene la
facultad y la obligación de defenderse del sujeto peligroso.

6.- El concepto de "pena" es substituido por el de "sanción", con un contenido de
tratamiento para educar, readaptar o incluso adaptar al delincuente a la vida social.

antropológico del criminal, pues constituye una
renovación completa, un cambio radical de
método científico en el estudio de la patología
social criminal, y de lo que hay de más eficaz
entre los remedios sociales y jurídicos que nos
ofrece. La ciencia de los delitos y de las penas era
una exposición doctrinal de silogismos, dados a
luz por la fuerza exclusiva de la fantasía lógica;
nuestra escuela ha hecho de ello una ciencia de
observación positiva, que, fundándose en la
Antropología, la Psicología y la Estadística
Criminal, así como sobre el Derecho Penal y los
estudios penitenciarios, llega a ser la ciencia
sintética que yo mismo la llamo Sociología
Criminal, y así esta ciencia, aplicando el método
positivo al estudio del delito, del delincuente y del
medio, no hace otra cosa que llevar a la Ciencia
Criminal Clásica, el soplo vivificador de las
últimas e irrefragables conquistas hechas por la
ciencia del hombre y de la sociedad, renovada
por las doctrinas evolucionistas” (Ferri. 1884).

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7.- El método es inductivo-experimental. Se parte de la observación de los datos
particulares y de ellos se llega a una proposición general que comprende todos los
fenómenos que estén relacionados o sean semejantes. En el método experimental rechaza
lo abstracto para conceder carácter científico sólo a aquello obtenido de la observación y la
experiencia, por lo cual no hay a priori sino sólo a posteriori. En realidad es el método lo que
da a la Escuela Positiva su denominación

Esta posición de la Criminología Positivista se vincula de forma directa al nuevo sistema
económico de producción humana; el surgimiento y posicionamiento del capitalismo va a
generar en las sociedades la necesidad de enfrentar a la naciente criminalidad moderna, en
palabras de Foucault “los delitos contra la propiedad parecen remplazar a los crímenes
violentos; el robo y la estafa, a las muertes, las heridas y los golpes; la delincuencia difusa,
ocasional, pero frecuente de las clases más pobres se encuentra sustituida por una
delincuencia limitada y “hábil”; los criminales del siglo XVII son “hombres agotados, mal
alimentados, dominados en absoluto por la sensación del instante, iracundos criminales de
verano”; los del siglo XVIII, “ladinos, astutos, tunantes calculadores” (…) las grandes bandas
de malhechores formados en pequeñas y astutas unidades…” (Foucault. 2002: 79).


Toda esta área del conocimiento de la Criminología intenta estudiar y descubrir el
fenómeno criminal desde el punto social; estos autores creen que los principales factores
criminógenos son los externos y no los internos; dándole especial importancia al medio
ambiente; para Durkheim, sin lugar el máximo exponente de esta forma de positivismo; la
existencia de fenómenos específicamente sociales definidos como «hechos sociales», los
cuales constituyen unidades de estudio que no pueden ser abordadas con técnicas que no
sean las específicamente sociales. Asimismo redefinió la sociología como la ciencia que tiene
como objeto el estudio de estos hechos sociales. Durkheim definió los hechos sociales como
«...modos de actuar, pensar y sentir externos al individuo, y que poseen un poder de coerción
en virtud del cual se imponen a él...» (R. Merton, 1999). Dichos hechos existen con
anterioridad al nacimiento de un individuo en determinada sociedad; por lo tanto, son
exteriores a él, son colectivos porque son parte de la cultura de la sociedad.

Estos a su vez son coercitivos porque los individuos se educan conforme a las normas
y reglas de la sociedad sólo por el hecho de nacer en ella, Durkheim afirmaría que: «si
existían antes es que existen fuera de nosotros» y menciona como ejemplos la lengua natal,
la escritura y el sistema monetario, a su vez establece que la fuente de la vida social es la
división del trabajo, esto es más evidente entre las sociedades primitivas, en las que la
solidaridad mecánica queda de manifiesto por la ley de la fuerza.

En cambio, en las sociedades avanzadas se manifiesta una mayor densidad dinámica
y en las que las reglas Jurídicas definen la naturaleza y las relaciones de las funciones entre
los individuos; por ende en sociedades pequeñas en la propia organización en torno al clan la
que organiza, en sociedades más complejas será el orden social. (R. Merton, 1999).




Esta forma de mirar la criminalidad a través de los
ojos de la ciencia y su método científico va a generar
dos miradas divergentes pero relacionadas entre sí
por la criminalidad de algunos seres humanos
La mirada Sociológica del Positivismo
Criminológico
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Este estudio del orden social es tomado por la Criminología Sociológica Positivista en
diferentes Teorías, analicemos de forma resumida algunas de ellas:

Teoría de la Anomia: Tanto Durkheim como Merton harán mención a esta explicación
teórica, el primero de ellos en su obra “División del Trabajo Social” en 1893 y luego en “El
Suicidio” (1897), en tanto Merton publica su famosa concepción de la anomia en su Tesis
Doctoral en Harvard (1936), el cual establece que hay dos grandes elementos que componen
la estructura social. Las metas de la cultura son aquellas por las que vale la pena esforzarse,
por ejemplo, ser rico, ser poderoso, ser culto, etc. Los que alcanzan dichas metas reciben
reconocimiento y prestigio. En tanto el segundo elemento de la estructura social son las
reglas que se habrán de emplear para alcanzar las metas culturales. Estas reglas toman
formas concretas en las instituciones que regulan la conducta en sociedad. Por ejemplo, para
alcanzar la meta de ser rico debe no cometerse
fraudes, estafas, extorsión, mentir o matar, etc. (Benbenaste, Narciso; Etchezahar, Edgardo;
Del Río, Marta. 2009).


















mente en los países de estructura capitalista, teóricamente las oportunidades para el triunfo
son iguales para todos, dicha lógica fundamentaría el llamado “sueño americano”, pero que
en realidad, ciertas clases tienen vedadas las vías aceptadas socialmente para poder
desenvolverse legalmente. (Rodríguez Manzanera, 1981)

Teorías de las Subculturas: Se puede entender que este enfoque es complementario a la
Teoría de la Anomia planteada por Durkheim y elaborada por Merton; es decir, la teoría
funcionalista de la anomia fue desarrollada como teoría de las subculturas criminales. Uno
de sus principales teóricos es Edwin H. Sutherland quien contribuyo a la teoría de las
subculturas criminales en base a las formas de aprendizaje del comportamiento criminal y de
la dependencia de este aprendizaje de los diversos contactos diferenciales que tiene el
individuo con otros individuos o grupos. Por tal razón, su teoría es conocida como "teoría de
los contactos diferenciales". (Alessandro Baratta, 1986).












Lo que Merton llama anomia social no es
precisamente a la falta de normas, sino
cuando los grupos sociales aceptan que
lograr las metas es a pesar de las normas
sociales, se fomenta el estado de anomia
social. El término anomia social surge
tomando como referencia las desviaciones
de las normas sociales por parte de
distintos grupos en la sociedad
norteamericana. Por ende una sociedad en
donde las metas sociales apuntan hacia el
individualismo y el éxito económico genera
sujetos que no usarán las reglas sociales.
Finalmente tenderemos que indicar que el
concepto de anomia de Durkheim y de
Merton elabora toda una teoría del crimen,
por ello es que consideraron que principal-

A su vez, en su estudio del delito de
“Cuello Blanco” infiere que la anomia y que
el determinismo biológico o Psicológico no
pueden explicar el fenómeno del delito en
su total complejidad; las condiciones
económicas de pobreza no son del todo
vinculantes a la criminalidad, en resumen
la teoría está fundada sobre la hipótesis de
que un acto criminal se produce si existe
una situación apropiada para un individuo
determinado. (Rodríguez Manzanera,
1981)


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Teoría Ecológica: El objeto de estudio de la llamada Escuela de Chicago era el entorno en
donde se desarrollaban los sujetos que llegaban a delinquir. La inmigración hacia los EE.UU.
trae como consecuencia la formación de subculturas y la formación de ghettos, como fueron
en sus inicios, por ejemplo la pequeña Italia o el barrio Chino. Fueron barrios marginados, en
los cuales se desarrollaron subculturas, sin tocar ni mezclarse con la cultura dominante, o
sea la sociedad norteamericana. Otro factor que causa este aislamiento es también el
idioma, las costumbres, etc. Estos factores van a redundar en un problema de identidad y
pertenencia, por los cuales puede existir una conducta desviada. El medio ambiente que
rodea al individuo hace que se agrupen, dado que tienen las mismas costumbres, hablan el
mismo idioma, la misma religión, etc. Esta área de estudio del comportamiento Criminal
abordará las pandillas y la naciente mafia de los años 20 en EEUU.

Teoría Del Aprendizaje: Dicha corriente se centra en el comportamiento criminal como una
conducta aprendida, como cualquier otra conducta o actividad lícita, en interacción con
otras personas, se desarrolla a través de la observación e imitación.


Teoría de la Asociación Diferencial: Dicha construcción teórica entiende que la familia es la
encargada de transmitir al individuo una serie de valores favorables de respeto a la ley. En
cambio las subculturas delictivas y en particular un grupo de amigos delincuentes le
transmiten valores favorables a la violación de la ley. La disociación familiar reduce la
vigilancia y facilita que entren en contacto con grupos de personas que delinquen. Es decir,
una persona asimila valores delictuales.

Teoría Culturalista: que tienen relación con la influencia que ejercen las cultura de cada
pueblo en los valores, cogniciones, creencias y motivaciones de los individuos.


Enfoque Clínico: tendrá como objeto de estudio el Individuo en sí, siendo su interés
primordial determinar las causas de la criminalidad, respuestas que se podrían encontrar a
través de las Teorías Biológicas, dadas por la taras o deformaciones físicas de algunos
sujetos; las Neurológicas, que se ampararán en trastornos orgánicos; y las Psicológicas, ya
sea por enfermedades mentales, trastornos de personalidad o psicopatías; entre otras.
Algunos autores de dichas corrientes van desde el Propio Cesare Lombroso, el Psicoanálisis
de Freud, la corriente Psicológica experimental de Adler, las tipologías de Karl Jung, la
reflexología Rusa de Pavlov, el conductismo de Watson, Skinner y Bandura. Posteriormente
harán su aporte a esa corriente de la Criminología Positivista la Teoría Gestáltica de Koffka y
Lewin, la fenomenología de Husserl, Brentano y Jasper. La psiquiatría biológica y la
psicopatología del siglo pasado; incluso a la fecha la Neuropsicología a través de técnicas de
imagen nuclear entrega aportes a esta corriente. La psicología Forense brazo técnico de la
psicología jurídica entregará una serie de elementos técnicos aplicados al entendimiento del
delito desde la Criminología Positivista; como por ejemplo, la evaluación de Credibilidad de
relato a través de técnicas como el SVA y la psicometría aplicada.













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SIMILITUDES ENTRE EL ENFOQUE SOCIOLOGICO Y EL CLINICO

1. Ambos enfoques estan dentro de un mismo paradigma, el positivista, por ende
intentan establecer relaciones causales entre variables; algunas con mayor nivel de
complejidad (multivariadas) y otras de menor.


2. Dado que están dentro del mismo paradigma, se puede teorizar que a través de la
identificación y control de las variables independientes se puede modificar la variable
dependiente (delito), esta sería la base del módelo científico.

3. Todas ellas proponen el tratamiento del sujeto en pos de la reinserción de este al
medio social ya sea a través de la intervención social, individual o mixta; incluso en
modelos ecológicos o sistémicos (biopsicosociales) la mirada sigue siendo de
atribución causal (causas múltiples, respuestas variadas)

DIFERENCIAS ENTRE AMBOS ENFOQUES

1.- Si bien el objeto de estudio es el mismo, se logran distinguir entre sí ya que ambos
ponen especial énfasis a distintas variables independientes, por un lado el entorno y
por otro el sujeto; sin embargo en una lectura más amplia, no existe tal diferencia;
tanto el individuo es sujeto como es ente social y a su vez solo puede ser un ente
social si estructuralmente está determinado para ello.

En relación a la importancia que tuvo y tienen estas Teorías respecto el concepto de
criminalidad y las consecuencias para el Derecho y la Justicia Penal, se puede señalar que:

- Sirve de fundamento para el Derecho Penal de Autor, permitiendo la categorización
o tipologías del Delincuente. Por ejemplo, un sujeto tipificado como Psicópata según
la aplicación de instrumentos estandarizados como la PCL-R de Hare, será vinculado
a un hecho (delito) que solo pueda ser realizado por una persona con ese tipo de
trastorno. A su vez sirve de forma directa al concepto de peligrosidad.

- Sirve al Derecho Penal para sustentar el concepto de Inimputabilidad; quien
establece que una persona esta “demente o loco”, según los diferentes códigos
penales, es la ciencia y no el derecho.

- Considera la inserción de profesionales para la comprensión de la anormalidad del
delincuente y la aplicación de sanciones penales por parte del Penal; a su vez
establece la necesidad de tratamiento para reinsertar al sujeto al entorno social y
validar la neutralización del sujeto peligroso a través de medidas de seguridad. Esto
quiebra el concepto clásico de Legalidad del acto; un sujeto puede perder su libertad
no por lo que hizo, sino por lo que pudiese llegar a hacer; por ende, solo e
conocimiento científico es capaz de explicar, manejar y predecir a través del
método, indicando su peligrosidad al penal.


EJEMPLO DE LA APLICACIÓN DE ENFOQUES POSITIVISTAS

Existen miles de personas privadas de libertad quienes a diario postulan a los
llamados Beneficios Intrapenitenciarios; estos permiten que los sujetos condenados puedan
recobrar su libertad antes del cumplimiento de su condena efectiva; la reglamentación
vigente indica que un interno puede postular a dichos beneficios un año antes de la mitad de
su condena, estos son de tipo progresivos partiendo con la salida Dominical del interno,
luego fines de semana y finamente salida diaria, la cual es controlada por el medio libre
(CRS). Como requisito para postular a aquellos beneficios es necesario que el interno
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presente Muy buen comportamiento (Modelos de Condicionamiento Operante) y que las
evaluaciones psicológicas y psicológicas de este sean positivas; acá se logra observar con
total claridad no solo el paradigma Positivista, son también una mirada tanto Social como
Clínica. Al sujeto se le evaluará su entorno social (Teoría de la Asociación Diferencia) en
especial su familia; su nivel de integración anterior (anomia), las características de
personalidad de este, rasgos patológicos, consumo de drogas y aspectos motivacionales de
cambio (denominado factores de riesgo tanto dinámico como estáticos). Todos estos
elementos estan ligados entre sí para poder explicar y predecir el comportamiento
criminológico del interno, intentando reducir la tasa de reincidencia a través de la
participación del sujeto en talleres y programas (intervención), los cuales responden a la
conducta de este. Estas viejas visiones teóricas de la criminología posicionan entonces a los
expertos como seres superiores, que incluso pasan por sobre las limitaciones de sus propias
ciencias; ¿cómo la psicología o el trabajo social pueden determinar que una persona volverá
a delinquir?, existe algún grado de relación entre variables sin definición operacional como
las notas de un tribunal de conducta y una evaluación hibrida para un beneficio
Intrapenitenciario, la respuesta a todo ello es no, claramente se le pide a profesionales que
realicen tareas sin fundamento técnico alguno, siendo más grave aún, que esto se vincule de
forma directa con la libertad de las personas.

















Este enfoque de la Criminología forma parte de la crítica y divorcio del legado de las
nociones positivistas o absolutistas del delito, la desviación a la norma y los problemas
sociales. Con ello se rechaza las explicaciones genéticas, psicológicas o multifactoriales del
delito y la desviación en las que se hace hincapié en el carácter absoluto de las causas de la
delincuencia o la desviación. Por lo común, pero no siempre, dicha corriente rechaza el
habitual enfoque sociológico estructural-funcionalista, por ello es que pondrá un especial
énfasis en como la sociedad responde frente a aquellos que trasgreden las normas impuesta
por ella misma; por ejemplo un joven de 18 años que pololea con una chica de 13 años, por
el mero acto de tocarse con una clara intencionalidad de tipo sexual, el sujeto estaría
cometiendo el delito de Abuso Sexual Impropio contenido en el Art. 366 de nuestro Código
Penal dado que el consentimiento de la menor estaría viciado (según nuestros legisladores).
Sin embargo, el victimario por qué tendría que saber la tipificación jurídica; o mejor dicho,
cual es el bien jurídico protegido en la menor. Sin embargo solo se trasformará en un acto
antijurídico si alguna agencia de control lo define como tal, antes no existe delito, este
aparece de forma mágica, solo cuando la sociedad lo invoca como tal. Esto conlleva en sí
mismo un serio riesgo, el de la rotulación de “desviado” impuesta por un grupo social, o por
una agencia de control social a una persona que no tiene interés en “delinquir” o que
incluso, jamás ha tenido la voluntariedad de ser un desviado. Esto puede hacer cambiar la
concepción que una persona tiene de sí misma y, posiblemente, desembocar en una
situación en la que, aunque no haya habido ninguna predisposición inicial a la desviación, se
produce un vuelco progresivo hacia esa conducta. Incluso aunque el sujeto indicado como
autor, no desee repetir la conducta, será etiquetado socialmente como desviado, más allá de
la sanción penal.

TEORIAS MODERNAS

La denominada “Teoría de
la reacción social” genera un gran
cambio epistemológico con las
otras teorías criminológicas de
corte sociológico anteriormente
descritas, las cuales tendían a
basarse fundamentalmente en la
idea de que la desviación provoca
el control social. En tanto la
premisa de la “reacción social” es
opuesta, es decir, que el control
social provoca la conducta
desviada. (E. M. Lemert, 1967).



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Esta posición teórica va a tener tres grandes áreas de estudios y de comprensión del
fenómeno Criminal:

Teoría del Etiquetamiento:






















Teoría del Estereotipo: Esta concepción teórica del delito y del delincuente, se diferencia de
la del etiquetamiento ya que la primera requiere de un sujeto que de una u otra forma
trasgreda la norma establecida (teoría del control) y es rotulado en una categoría que se
aleja del hecho penal; sin embargo la Teoría del Estereotipo de Chapman indica que el sujeto
es prejuiciado bajo un determinado estereotipo, uno de los casos más ajustados a esta teoría
es la del joven denominado “Flaite”, quien de una u otra forma es indicado como
delincuente por el mero hecho de ser o sentirse parte de un entorno social el cual valida la
estética y prácticas rituales de dichos grupos, que pueden o no considerar la acción delictual
como práctica.
Teoría de la Institución Total: Los estudios de Goffman en relación a las Instituciones Totales
en su obra “Internados” plasma con total claridad los efectos adversos de la
institucionalización, los posteriores análisis de Clemmer, P. (1940) en relación a los efectos
de la prisionización en un determinado sujeto, indicaran los niveles de asimilación y
adaptación al entorno penal de un determinado sujeto; queda claro que este proceso no es
igual para cada persona, pero que de una u otra forma genera cambios en los patrones de
comportamientos tanto a corto como a largo plazo; esto fundamenta la urgente necesidad
de restringir la prisión solo a casos extremos en los cuales el sujeto evidencie ya una
evidente asimilación delictual. Por ende, todo sujeto que de una u otra forma ingresa al
sistema penal no solo asimilará conductas de tipo a lo menos carcelarias, sino que llevará
consigo la marca de Caín, el etiquetamiento social.



Corresponde al concepto básico del enfoque del Labelling Approach
propuesto por Howard Becker, quien indica que: “Una cosa es
cometer un acto desviado (p. ej., mentir, robar, mantener relaciones
homosexuales, tomar narcóticos, beber en exceso o competir
deslealmente) y otra muy distinta es ser acusado y calificado de
desviado, es decir, ser definido socialmente como mentiroso, ladrón,
homosexual, drogadicto, borracho, embaucador, adulón, matón,
estafador, rompehuelgas, etc. Es ser equiparado a un tipo o
categoría especial de personas, tener asignado un rol. El rótulo -el
nombre de ese rol- hace algo más que indicar que uno ha cometido
tal o cual acto desviado. Cada rótulo evoca imágenes características.
Hace pensar en alguien que, normalmente o habitualmente, practica
cierto tipo de desviación; en alguien de quien se puede esperar que
se comporte de esa forma; es alguien que es, literalmente, un
conjunto de cualidades odiosas o siniestras. Activa sentimientos y
provoca respuestas de los demás: rechazo, desprecio, sospecha,
retraimiento, temor, odio” (Ian Taylor, 1997), el sistema de
etiquetamiento de un sujeto no solo procede desde fuera de este,
sino que opera como una profecía autocumplida dado que este se
comporta como su etiqueta, un ejemplo de este etiquetamiento se
logra observar en las antiguas detenciones por sospecha que
realizaban las agencias de control, en la actualidad se han trasladado
a los controles de identidad.



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Finalmente el “Labelling Approach” se despega totalmente del Positivismo
Criminológico, entendiendo al delito como una reacción de lo social y no necesariamente
como una conducta trasgresora del sujeto, es la sociedad la que crea ilícitos penalmente
castigados o faltas; estas son dinámicas e históricas, por ende una conducta como el rapto
de doncella queda derogada, dado la extinción de doncellas; sin embargo la conducta de
rapto se mantiene en nuestro código penal. La interacción del sujeto con su entorno social
cercano es de vital importancia para el Positivismo Criminológico, establece una relación
directa entre este y el sujeto, por tanto puede explicar tanto la génesis como el control de la
conducta desviada; en cambio para el Labelling Approach el entorno social del sujeto puede
ser parte del Estereotipo Social, es decir, una persona por el mero hecho de vivir en una
población altamente delictiva, se transforma en delincuente. A su vez, es el mismo entorno
social quien etiqueta al sujeto, pese incluso a ser sobreseído por el poder judicial; esto
queda claramente reflejado al revisar casos de sujetos acusados injustamente por delitos de
tipo sexual en contra de menores quienes quedan sobreseídos, sin embargo el entorno
social es quien se encarga de condenar con el estigma social del depravado.

Los aportes al Sistema Penal son:

1.- Entregar herramientas tanto conceptuales como estadísticas que demostraban el
daño en sujetos mantenidos en prisión, a este fenómeno se le acuño como
prisionización. Esto permitió al sistema penal abrir modelos de ejecución y
cumplimientos de condenas diferentes a la prisión.

2.- En el área del derecho y la justicia penal promovieron la des-criminalización, des-
penalización, la des-institucionalización, y el des-carcelamiento de personas
sancionadas por delitos de menor cuantía, los cuales no afectaban el orden social
sino más bien el interés económico.

3.- La comprensión del delito como tal, a partir de una visión crítica y relativa, donde
ya no se percibe como una cualidad intrínseca de la conducta, sino a una
construcción de complejos procesos de interacción social; surgiendo cuando la
infracción de este comportamiento es descubierto, interpretado, definido y
registrado, es decir, cuando es etiquetado como Delito por otros.











pudiésemos hipotetizar que un segmento menor puede probablemente estar compuestos
por movimientos de tipo anárquicos, de una mayor ideología. Otro segmento por personas
excluidas del sistema, tanto educacional como laboral; sujetos que de una u otra forma
demuestran su malestar; queda claro que sin una mayor organización social ya sea estas por
marchas estudiantiles, ecológicas, triunfos o derrotas deportivas, no logran organizarse con
el fin de expresarse de forma más violenta o por canales socialmente construidos y validados
como Facebook. Seguramente un segmento estará compuesto por sujetos de asimilación
delictual que ven la oportunidad de poder delinquir, siendo estos un segmento muy menor
dado que quebrantan la norma, incluso de los propios encapuchados.

Por ello es que vemos en tribunales muchos jóvenes quienes son rotulados como
delincuentes, estos son detenidos por las instancias del control por maltrato a carabineros o
desordenes públicos; sin embargo el Gobierno en base a proyectos de Ley pretende

Un claro ejemplo de la reacción social apunta hacia
la criminalización del movimiento estudiantil por
parte del Ministerio del Interior; por una parte
tenemos el discurso oficial el cual indica que los
llamados “encapuchados” son delincuentes; lo cual
no posee mayor fundamentación que el
etiquetamiento de estos; sin embargo es también
cierto que no se tiene mayor conocimiento sobre
quienes conforman estos grupos más radicales;
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endurecer las penas por estas mismas conductas; ¿ Que distingue la legitima defensa de un
ciudadano en relación a abuso de poder por parte de la fuerza pública?; no es en sí misma la
invocación de la Ley de Seguridad del Estado una reacción social a conductas que por lo
general no son constitutivas de delito, sino incluso garantías constitucionales de todo
ciudadano.


LOS NUEVOS ENFOQUES CRIMINOLOGICOS





















Así pues, el centro del interés de las Teorías del Control Social radica en explicar los motivos
que dominan el comportamiento respetuoso de la Ley, responder al cuestionamiento de
¿por qué? no todas las personas cometen delitos. Dicha teoría por ende intentaría poder
explicar la distribución del delito y de la delincuencia entre personas, grupos y sociedades
(Gottfredson y Hirschi, 1990), a diferencia de las teorías positivistas, que intentarían
descubrir lo que motiva a las personas a delinquir.

Las teorías del control comienzan por suponer que el comportamiento conformado
es problemático y tratan de comprender las fuerzas que obligan a la mayoría de las
personas, la mayor parte del tiempo, a comportarse de un modo no criminal. La teoría del
autocontrol localiza la base del comportamiento conforme en las vinculaciones que se
forman al principio de la vida entre los padres u otros cuidadores y los hijos. Estas
vinculaciones, o vínculos sociales, se desarrollan hacia la tendencia a regular el
comportamiento individual en función de las consecuencias negativas de las acciones
(Hirschi, 1969; Gottfredson y Hirschi, 1990). Las diferencias en la educación y otras
experiencias de la primera infancia crean diferencias entre las personas en cuanto a la
capacidad de retrasar la gratificación procedente de deseos y necesidades a corto plazo, y de
evitar consecuencias negativas a largo plazo. Estas consecuencias negativas incluyen la
pérdida del respeto y afecto de otras personas, del rendimiento académico y del empleo.
Como una forma de poder agrupas estas variables en aspectos más generales, Hirschi
planteará cuatro dimensiones de análisis:

1) Las relaciones sociales: las relaciones sociales fuertes fomentan la conformidad.
Por el contrario, para aquellos individuos que no se sientan muy vinculados con su
familia, amigos o compañeros de trabajo, los costes de la conducta desviada son
mayores.

El surgimiento de las Teorías del Control
Social se ubica a finales de la década de los años 60 y
principios de la década de los años 70 del pasado
Siglo, la peculiaridad teórica que distingue a estos
autores radica en el cuestionamiento invertido de la
problemática criminal; dando por evidente la
explicación lógico-racional de la conducta desviada,
centran sus esfuerzos científicos en fundamentar las
razones del comportamiento no delictivo o accionar
de conformidad social. El razonamiento sustentador
de tales posiciones parte de la supuesta obviedad
benéfica que en el plano material proporciona el
actuar delictivo, pues asegura el acceso a las metas
perseguidas de una forma expedita; lo que permite a
los teóricos del control afirmar que, por decantación
lógica, el comportamiento más racional sería la
comisión de crímenes para obtener los beneficios
deseados.


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2) La estructura de oportunidades: quienes cuentan con más oportunidades
legítimas para satisfacer sus intereses tendrán más ventajas en la conformidad. Los
que tienen poco control o reducida confianza en el futuro tienen más posibilidades
de presentar pautas de conducta no convencionales.
3) La implicación: una fuerte implicación en actividades lícitas (trabajar, estudiar,
practicar deportes) inhibe el comportamiento desviado. La ausencia de actividad en
estas facetas cotidianas puede suponer terminar empleando el tiempo en actividades no
legítimas.
4) Las creencias: los individuos que aceptan y asumen las pautas morales
preponderantes en la sociedad en la que se inscriben y que respetan la autoridad
tendrán más facilidad para reprimir las tentaciones, que los que se muestran más
disconformes a estas pautas morales.

Por otra parte Pavarini hará mención a la teoría del Control Social desde otra óptica:
“la crítica del determinismo positivista en favor de una hipótesis de autoconvencimiento
constituyó el fundamento teórico más idóneo para la impugnación del correccionalismo de la
criminología oficial, que a través de la reducción del desviado a sujeto patológico legitimaba
en los hechos las prácticas represivas como necesidad terapéutica” (M. Pavarini, 2003 Pag.
159). Dicho postulado deja ver que con la aparición del funcionalismo se comienza a
desquebrajar el determinismo positivista, el delito comenzó a ser interpretado como una
manifestación de una voluntad de contraponerse a los valores utilitaristas de las clases
dominantes, por ende fue posible observar el surgimiento de nuevas figuras de marginación
social (Drogadictos, Alcohólicos, Vagabundos, Tribus Urbanas, Homosexuales, etc.),
conductas que comenzaron a ser riesgosas, por ejemplo se crean las faltas a la moral, al
orden público, etc. Todas ellas remanentes de la sociedad burguesa, pecados que se
transforman en actos contra el orden social.

De este nuevo sistema penal centrado no el acto sino en el sujeto; nacería la Criminología
Crítica desde los movimientos políticos de los mismos detenidos, los ocupas, las
comunidades terapéuticas abiertas, la antipsiquiatría, las organizaciones políticas de
trabajadores extranjeros inmigrados, los movimientos feministas, homosexuales, etc. Todos
ellos fueron los ámbitos privilegiados que enfocaron a los nuevos criminólogos, incluso con
el aporte de Filósofos no adscritos a corrientes Criminológicas como Foucault, para el autor
de la “microfísica del poder”, el análisis de este fenómeno sólo procede a partir de dos
relaciones: El “Contrato – opresión”, de tipo jurídico, con fundamento en la legitimidad o
ilegitimidad del poder, y la “Dominación – represión”, presentada en términos de lucha -
sumisión. Por ende el problema del poder no estaría centrado en lo político ni en los
aparatos de Estado, ni en el de una clase privilegiada, sino por el conjunto de pequeños
poderes e instituciones situadas en un nivel más bajo, las cuales tienden a ser validadas por
la gente; por ejemplo, los medios de comunicación. Por ello es que en sociedades complejas
como la nuestra, no existe un solo poder; se dan múltiples relaciones de autoridad situadas
en distintos niveles, apoyándose mutuamente y manifestándose de manera sutil. Esta lógica
de pensamiento se plasma con total claridad en el Mayo Francés del 68 en donde pese a la
huelga general no se llegó a una revolución social, fueron las mismas bases marginadas las
cuales tendieron a mantener la homeostasis social de un país, en el fondo, el orden
socialmente establecido.











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De estas corrientes críticas nacería el abolicionismo, el cual en caso alguno puede ser
considerado como una sola línea de pensamiento; en general es posible distinguir tres
corrientes o propuestas abolicionistas; por un lado tenemos el Abolicionismo Radical
propuesto por Hulsman, en segundo lugar el Abolicionismo Institucional de Mathiensen y
finalmente el Derecho Penal Mínimo de Ferrajoli. Estos diferentes postulados del
abolicionismo van desde la eliminación del sistema penal (Radical), la erradicación de los
centros penitenciarios y otros centros gregarios (Institucional) y la restricción del derecho
penal (Garantismo). Este este último el de mayor impacto a nivel pragmático, la obra de Luigi
Ferrajoli “Derecho y Razón” en 1989 sacudiría con fuerza al mundo penal, estableciendo
nexos que resultan imposible de no considerar ente Democracia y respeto a los Derechos
fundamentales, el surgimiento desmedido del Estado Liberal por sobre el Estado de Derecho
se podría a disposición del mercado, por ende pasaría a llevar los derechos de los más
desvalidos en pos del poder coercitivo, especialmente del estado. Dicha idea fuerza genera
cambios profundos en el sistema procesal Chileno, cambiando de un tipo de sistema penal
inquisidor, en donde tanto la supuesta víctima como su hipotético victimario quedaban
relegados a un proceso Kafkiano; la RPP Chilena viene a generar un sistema de tipo
garantista a través de un modelo en donde el imputado se confronta al Estado a través del
MP; frente a esta gran desigualdad de poder, se crea un control del Leviatán; el Juez de
garantía. Este sistema solo puedes ser comprendido desde los aportes realizados desde la
Criminología Critica.

Como ejemplo de aplicación de la Teoría del Control es posible hacer mención a los
Programas dependientes del Ministerio del Interior en torno a la denominada “prevención
social del delito” desarrollando y fortaleciendo las Redes Sociales y factores protectores de
los individuos; la participación comunitaria tendría por ende dos productos, por un lado un
grupo de ciudadanos respetuosos del sistema legal y por otro lado, un grupo de electores
participando en instancias de lucha contra la delincuencia. Esta lógica de recuperación de
espacios con involucramiento de la sociedad civil corresponde a la lógica de las “ventanas
rotas” de Zimbardo en los años 40, impuesta como metodología de la llamada tolerancia
cero de Guiliani en los años 90 en USA. Este modelo intenta entonces recuperar espacios
públicos como plazas y casas abandonadas, a través de los departamentos de Seguridad
Ciudadana de los Municipios, Barrio Seguro, ONG y organizaciones sociales como Juntas de
vecinos, es decir, organiza a aquellos que hipotéticamente no han delinquido.









El concepto base de la teoría crítica radicaría en el uso
del poder; estos postulados se podrían entender de la siguiente
forma: "el poder no es un fenómeno de dominación masiva y
homogénea de un individuo sobre los otros, de un grupo sobre
otros, de una clase sobre otras; el poder contemplado desde
cerca no es algo dividido entre quienes lo poseen y los que no lo
tienen y lo soportan. El poder tiene que ser analizado como algo
que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o
allá, no está nunca en manos de algunos. El poder funciona, se
ejercita a través de una organización reticular. Y en sus redes
circulan los individuos quienes están siempre en situaciones de
sufrir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o
consistente del poder ni son siempre los elementos de conexión
El poder transita transversalmente, no está quieto en los
individuos" (M. Foucault, 1975)




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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


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Sociología Jurídico Penal”. Editorial Siglo XXI. Bueno Aires Argentina, Pag. 68 Capítulo V


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anacrónica relación entre poder y castigo como legitimante del estatus quo. una
aproximación del derecho penal como categoría histórica”
http://www.razonpracticayasuntospublicos.com/racionalidad/texto/Edicion%2014/RELACI%
C3%93N_ENTRE_PODER_Y_CASTIGO_COMO_LEGITIMANTE_DEL_ESTATUS_QUO.pdf


Pavarini, Massimo. 2003. “Control y dominación. Teorías criminológicas burguesas y
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Robert Merton “La división del trabajo social de Durkheim” Articulo en Revista Española de
Investigación Sociológica n° 99 año 2002.
http://www.reis.cis.es/REISWeb/PDF/REIS_099_11.pdf

Ian Taylor, Paul Walton y Jock Young. 1997. “La nueva criminología; Contribución a una
teoría social de la conducta desviada”. Arnorrortu Editores Buenos Aires. Argentina. Pag. 160

Clemmer, P. (1940). En “Efectos psicológicos de la estancia en prisión” por Elena Pérez
Fernández y Santiago Redondo Illescas. Revista Papeles del Psicólogo V 48. 1991.
http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=485


M. Foucault, 1975. “Vigilar y castigar nacimiento de la prisión”. Siglo veintiuno editores
Argentina S. A. Buenos Aires. 2005.