Departamento de Ciencias Históricas

Facultad de Filosofía y humanidades.
Universidad de Chile.




Teoría de la Historia.
Prueba N°1.

Giovanni Quintrel Salas
Desarrollo.
Analice en general el concepto de 'sentido de la historia'.

El cristianismo construye su interpretación del “sentido de la historia” como un
fundamento histórico a su planteamiento respecto del hombre y su visión de mundo. Esta,
se inserta en un momento de predominancia de la concepción cíclica de la historia,
fomentada por la raigambre greco-romana; no obstante, la visión cristiana aboga por un
devenir lineal, con un sentido y finalidad fijos; estableciendo de cierta forma una liberación
de la condición humana de agonía que el mito del eterno retorno fijaba como una
circularidad en el acontecer humano. Dicha liberación se produce en gran parte por una
resignificación del plano moral donde, el sujeto cristiano, asume que el paganismo es una
doctrina que agobia al hombre y lo somete a un ciclo sin fin; en contraste al cristianismo,
donde la esperanza y la fe forman parte de los cimientos doctrinales, en una perspectiva de
cambio respecto al pasado y al futuro; dando cabida a “la salvación y la eterna
bienaventuranza a aquellos que aman a Dios”
1
.

Desde el momento en que se quiebra la repetitividad, la dimensión humana
construye una temporalidad maleable por la voluntad de los individuos; de manera tal que
el quehacer adquiere un sentido que responde a una consolidación de la moral cristiana,
dentro de un armazón ideológico. De aquí, la cristiandad plasma su carga teórica en un
proyecto social de bienestar moral de origen divino, articulado por (y para) Dios. No
obstante, esta dinámica encierra la problemática de la libertad de actuar del individuo. En

1
LÖWITH, Karl. 1958. El sentido de la historia. Madrid, Ed. Aguilar. p.234.
este sentido, una relativa libertad, sitúa sobre el sujeto una dualidad entre su dimensión
material (cuerpo) y espiritual (alma), donde tiene el poder de elegir un camino alternativo.
Bajo esta problemática, el cristianismo se plantea que “la Historia es una lucha incesante
entre la fe y la falta de ella”
2
; sin embargo desde otro punto, encontramos que la historia se
puede entender como el quehacer de la humanidad en conjunto, en una relación
bidireccional entre el individuo y la sociedad, actuando sobre un entorno creado para el
individuo, permitiendo a este un “dominio sobre la naturaleza, [una] conquista de
autonomía, y [una]manifestación de todas las potencialidades de la naturaleza humana”
3
;
que no obstante, tiene un desperdicio y desecho correspondientes a la acumulación del mal,
a través del acontecer humano.

Entender bajo el planteamiento anterior el desarrollo de la humanidad nos sitúa,
bajo la perspectiva lineal de la historia, en un presente ínfimo, donde se resignifica el
pasado para dar con un progreso y redención futura; de manera tal que el pasado se
constituye en un “capital” de conocimiento moral. Así, la salvación otorga a la Historia un
carácter progresivo, determinado por la culminación de “etapas de preparación” originadas
en el pasado y las perspectivas de futuro generadas a raíz de estas; estableciendo una
estrecha relación entre el pensamiento teológico y el devenir hacia un “fin” histórico
4
.

Hacernos parte de esta construcción cristiana de la noción de sentido de la historia,
nos lleva a un constante diálogo entre fe y razón (que bajo una perspectiva filosófica,
establece que la historia responde a un deber moral de explicar los acontecimientos)
articulado en una constante búsqueda fundamentos que permitan determinar una línea de
acción de las voluntades humanas, por medio de un mecanismo de construcción de esta. En
relación con esta lectura, la filosofía de la historia (durante la época moderna) se
autodeterminó como un agente secularizador de evolucionismo espiritual cristiano. Dicho
proceso, transformó la concepción de la “filosofía de la historia”, hacia una experiencia
extra-material, entendiéndola como una manera “distinta de la meramente empírica, es

2
Ibíd. p.244.
3
MARITAIN, Jacques. 1960. Filosofía de la historia. Buenos Aires, Ed. Troquel. p.30-45.
4
LÖWITH, Karl. Op. cit. p.229.
decir, historia no simplemente comprobada como hechos sino comprendida por
aprehensión de las razones por las cuales acontecieron los hechos como acontecieron”
5
.

De esta forma, la nueva concepción, nos acerca al proceso en el cual el desarrollo de
la libertad o una conciencia moral, se ve entorpecido por una conquista de la realidad,
llevada a cabo por la razón, de manera tal que se podrá entender la historia como un
conjunto de acciones que tienen una dimensión interior y exterior; así, la dimensión externa
los muestra como acontecimientos relacionados en el espacio y tiempo sin mayor volumen.
Por otra parte, en su dimensión interior, “son pensamientos, ligados mutuamente por
conexiones lógicas”
6
.

Las discusiones sobre la noción construida de la historia, serán aquilatadas en el
“ser absoluto” de Hegel, conjugando razón y espíritu en un concepto único, con dirección y
sentido de progreso; no obstante, dicho ser se construye bajo las lógicas propias del
contexto histórico, nutriendo una etapa de transición por una dialéctica específica y
transitoria; condenada a extinguirse. Esta filosofía, planteada dentro de una influencia
teológica en transición (o hibridación) hacia una racionalidad pura, nos da cuenta de que la
construcción y progreso en la disciplina histórica; se fomenta por el cambio de concepción
respecto a la oposición entre el bien y el mal, mediado en parte por una laicización de la
sociedad; situando al sujeto en una búsqueda del sentido transhistórico y a una nueva
construcción de La Historia. De este modo, la historia se configura de “momentos
históricos”; entendiendo estos como unidades homogéneas de sucesos, con una
significación particular y propia, dentro de las dimensiones en que se expresa o es
expresada, encadenando un continuo de ideas y concepciones del devenir humano; donde
cada uno es la consecuencia de otro anterior
7
. Bajo esta perspectiva, existe una dialéctica
del relato histórico en función de articularlo con una expectativa de futuro inexorable, en
cuanto este configura sus propias significaciones y re-lecturas del acontecer histórico, una

5
COLLINGWOOD, Robin. 2004. Idea de la historia. México, Ed. Fondo de Cultura Económica.
p.185.
6
Ibíd. p.190.
7
CHARTIER, Roger. 2003. Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Barcelona,
Ed. Gedisa. p.17.
vez culminado un proceso puntual; edificando sus conceptos desde una perspectiva
posterior a la propiamente coyuntural.

Como respuesta a lo anterior, se entiende que la noción de historia (y sobre todo su
sentido) es propia de cierto momento; dado que entre las múltiples dimensiones de la
“realidad”, una concepción de la Historia responde a la selección de unidades bajo un
discurso hegemónico; entendiendo que este último reviste de significados a los diversos
procesos. Así, el mismo acontecer venidero se puede inferir desde estos antecedentes; no
obstante, debido a la construcción retrospectiva planteada anteriormente, se puede rastrear
de manera equívoca, orígenes de acontecimientos e ideas de diversa índole, bajo conceptos
que responden a diferentes nociones; de naturaleza distinta y heterogénea.

En este modelo planteado, no hay espacio para la “novedad histórica”; ni para las
rupturas ni para los cambios de paradigma, porque crea un espectro limitado de
posibilidades de desarrollo de la realidad, a la vez que niega la historicidad de nuevas
concepciones. Cabe señalar, que la historiografía actual guarda cierto remanente, dado que
se ha entendido que los procesos históricos, si bien no responden a un continuo fijo,
necesitan un hilo que articule el acontecer, con el fin de evitar una cronologización de
hechos aislados; cosa que anularía a la historiografía y sus métodos de análisis. Así, la vía
de solución es hasta ahora, abogar por una disciplina que aborde los procesos dentro de un
discurso específico; de manera que para cierto momento y condiciones específicas, puedan
existir discursos que convivan, se retroalimenten y disputen un lugar en la Historia.







Examine y comente el concepto de "alienación" en Karl Marx.

Abordar la alienación en Marx, nos lleva a una discusión anterior, respecto a las
dimensiones de lo humano, entendido por parte del sujeto histórico, y a las dinámicas en
que este (y no su espíritu, como plantea Hegel) se relaciona con la dimensión material
8
. De
esta forma, vemos que Marx da preponderancia a la naturaleza propia del sujeto, en tanto
que esta se entiende como el origen y la base de los medios y objetos de trabajo
9
; y no así el
pensamiento. Bajo esta construcción, se entiende que la materialidad humana es el sustrato
desde el cuál se edifican las ideas y las redes bajo las cuales estas operan; de modo que la
facultad de creación del humano, corresponde a la expresión de sus cualidades inherentes,
en tanto que este plasma su propia identidad. Así, vemos que la personalidad y las
características del individuo, son reconocibles tanto por el cómo por los demás, en el
producto de su trabajo, en una lógica de reafirmación de los patrones propios. Al respecto,
se puede afirmar que el humano “alcanza una conciencia superior” de su condición,
mejorándola y re-articulando sus relaciones con el universo.

Dado lo anterior, el sujeto crea una dimensión social, que se sustenta en el
establecimiento de relaciones de producción y de solidaridad entre su entorno, el como
individuo y los demás individuos de la comunidad, construyendo así a un ser social. Al
respecto, cabe señalar que bajo esta lógica, la existencia misma constituye una
manifestación del carácter social; por ende, las acciones del sujeto se articulan para y por la
sociedad. Así para Marx, dada esta multiplicidad propia del individuo, es erróneo y
especulativo considerar “la sociedad” como un sujeto homogéneo y singular, dado que esta
designa las interacciones de los individuos en “el proceso social del trabajo humano”
10
.

Podría sobreentenderse que los planteamientos de la naturaleza material del hombre,
lo encierran bajo una perspectiva eminentemente económica; sin embargo no se trata de la
ganancia material, sino que con este planteamiento se busca liberar al hombre de las

8
MARX, Karl. 1968. Sociología y filosofía social. Barcelona, Ed. Península. p.16.
9
SCHMIDT, Alfred. 1977. El concepto de naturaleza en Marx. España, Ed. Siglo XXI. p.11.
10
MARX, Karl. Op. cit. p.33.
necesidades económicas y llevarlo a un desarrollo pleno de su naturaleza
11
. Al alero de este
planteamiento, se dota al individuo de conciencia, dimensión social y de una capacidad
liberadora y transformadora de su propia condición.

Bajo los preceptos planteados anteriormente, se inserta el concepto de alienación,
entendiéndola esta como “la condición en que las fuerzas del hombre le aparecen como
fuerzas o entidades autónomas que controla su acción”
12
. A su vez, Marx entiende que este
concepto plantea una destrucción de la naturaleza del individuo, que se produce en tres
vías. La primera contempla una pérdida de sociabilidad dada por el quiebre de los vínculos
del sujeto con su comunidad, destruyendo las bases de su dimensión social. En una
segunda, se plantea que la pérdida de la propiedad de los medios de producción, enajena la
fuerza de trabajo, empujando a que los trabajadores se transen en el mercado a fin de poder
satisfacer sus necesidades; por ende, no se trata de su propio trabajo, sino de un trabajo para
un tercer sujeto. Finalmente, la explotación del trabajo asalariado, con motivo de generar
plusvalía, afecta las condiciones del individuo, por medio de los valores de los productos,
los horarios de trabajo y otros elementos articulados en las redes de producción.

Así, el trabajo alienado, se plantea como la relación entre hombre y actividad
productiva, a fin de transformar el tiempo de trabajo en un producto; este último, entendido
como una objetivación del trabajo. Al respecto, en el plano económico-político, el trabajo
se entiende como una corrupción del trabajador, de modo que la objetivación es una
pérdida y una servidumbre hacia el objeto, es decir, la apropiación se entiende como una
alienación
13
.

Dado lo anterior, y siguiendo con el planteamiento de Marx, el trabajo del sujeto se
materializa en un objeto, adquiriendo una existencia propia e independiente del individuo.
Así se entiende que el trabajo no es intrínseco al sujeto, dado que no es autónomo en su
creación y, por lo mismo, es una negación del individuo, a medida que este se agota física y

11
FROMM, Erich. 1970. Marx y su concepto de hombre. México, Ed. Fondo de Cultura
Económica. p.10.
12
MARX, Karl. Op. cit. p.18.
13
FROMM, Erich. Op. cit. p.193.
mentalmente. De esta forma el trabajo, siendo el producto en venta el tiempo del trabajador
y no el producto de su trabajo, obliga al sujeto a encontrarse fuera de la dinámica.

La alienación del individuo, se ve sustentada por la plusvalía. Esta, explicada a modo
de teoría, permite establecer una relación entre la explotación y el trabajo, por medio del
acaparamiento de los medios de producción; negando el valor añadido y reduciendo el
trabajo a “un valor” mínimo de subsistencia. Por consecuencia, el valor añadido se
transforma en el tiempo invertido, representando el grado de explotación aplicado al sujeto.
Dado que carece de los medios de producción y se con su capacidad de autoconsumo
anulada, el trabajador acepta de manera forzada, una escueta retribución salarial con la cual
“se inserta” en el mercado. No obstante, no se trata de un antagonismo polarizado entre la
burguesía y el proletariado; sino que “una clase es hija de la oscuridad, y la otra de la
luz”
14
.

Tema a considerar, es la ideología judeocristiana que se atribuye al mensaje de Marx,
atendiendo que este presentaba una actitud antirreligiosa y antisemita, explicando en parte
un “materialismo” idealizado y profético
15
. No obstante, este planteamiento se desvanece
dado que la capacidad asociativa y la lucha de los trabajadores, una vez cohesionados en
torno a una conciencia de clase y una realidad, se vuelven inmutables a las vanguardias
mesiánicas
16
.

De aquí que Marx propone un análisis político como solución a la problemática de la
alienación, a fin de reestablecer las dinámicas comunitarias a través de la lucha de clases;
siempre que se hayan establecido lazos de asociatividad y solidaridad por medio de la
conformación de una identidad de clase. De esta manera, la recuperación de los medios de
producción; expresado en la abolición de la propiedad privada, permite poner fin a la
sociedad de clases, a la vez que se construye un “hombre nuevo” para un nuevo orden. Este
orden, conocido como la “Dictadura del proletariado”, se funda en un sistema
democrático en que los representantes respondan a las bases sociales y, además, estén

14
LÖWITH, Karl. Op. cit. p.67.
15
Ibíd. p. 68.
16
Así mismo, no se debe entender a Marx como un mesías intelectual del movimiento obrero.
subyugados a la comunidad proletaria o a las oligarquías revolucionarias que emerjan
durante el proceso de cambio. Así, a raíz de la horizontalidad del nuevo orden, desaparecen
las burocracias hegemónicas, dado que se esteriliza el uso de tecnologías para mantener el
poder del estado.

Considerando que la alienación es una relación de producción, el sujeto articula su
realidad desde su dimensión material, en la cual el sentido de la historia es construido por el
propio sujeto; pero sustentado en una linealidad con contradicciones internas. Así,
dialécticamente corresponde a una reafirmación y negación simultánea de la naturaleza del
sujeto histórico; en un proceso que construye y deconstruye la identidad, tanto colectiva
como individual, convirtiéndose en el eje de cambio de la historia.

De lo anterior, la historia debe considerar al sujeto como origen de si misma. De esta
manera, la reflexión propia del sujeto social, y la construcción de su entorno (mediado en
parte por el ejercicio y la información de su memoria), se sistematizan estableciendo
imperativos que apuntan a la acción como conjunto. Esto decanta, en que se constituya la
acción como tal, en torno a objetivos que se sustentan en la reflexión de los sujetos en
“sociedad”.

Considerando que, los cambios de las dinámicas del individuo en comunidad
implican cambios en la articulación de la política de la misma, debemos tener en cuenta que
la alienación transforma de manera radical la noción del hecho histórico, reduciéndolo a un
suceso del pasado; realizado en un momento distante. Así, en líneas generales, el sujeto
pasa a ser un actor de su historicidad, construyendo sus propias líneas políticas, que en gran
parte, corresponden a actos de resistencia a los modelos hegemónicos. Sin embargo, dicha
historicidad fue rechazada en principio por la academia, privando al sujeto histórico de su
lugar, cercenándole su capacidad de acción y de ejecutar cambios, así como de construir
proyectos e idearios propios. Así, la historiografía se aferraría del positivismo como
respuesta a esta diversificación de realidades; dado que se entendería que no existen
explicaciones satisfactorias del pasado; por lo cual, los detalles se incluirían en función de
la disponibilidad de estos y del juicio de quién realice la secuencia, agregando y omitiendo
datos a su voluntad
17
. Entonces, por medio de la reivindicación de la historicidad del sujeto
y la reformulación de la historiografía a favor de esta, permite dar sustento tanto a la
identidad como a los elementos que de esta se puedan desprender, en la vocación de
construir un nuevo orden. Así, se entiende que el sujeto se ve inmerso en un mecanismo por
el cuál legitima su acción y cimienta sus proyectos como clase.

17
WALLERSTEIN, Immanuel. 1998. El tiempo del espacio y el espacio del tiempo: el futuro de la
ciencia social. Revista Geografía política 17(1):71-82.