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ÍNDICE


Pág.

INTRODUCCIÓN

3
CAPÍTULO I. INICIATIVA DE PARTE

4
CAPÍTULO II. AGRAVIO PERSONAL Y DIRECTO

6

CAPÍTULO III. PROSECUCIÓN JUDICIAL

9

CAPÍTULO IV. RELATIVIDAD

10

CAPÍTULO V. DEFINITIVIDAD

13

CAPÍTULO VI. ESTRICTO DERECHO

17

CONCLUSIONES

21
BIBLIOGRAFÍA 23





3

INTRODUCCIÓN

El juicio de Amparo es un medio procesal constitucional del ordenamiento jurídico
mexicano que tiene por objeto específico hacer reales, eficaces y prácticos los
derechos humanos establecidos en la Constitución, buscando proteger de los actos
de todas las autoridades sin distinción de rango, inclusive las más elevadas, cuando
violen dichas garantías. Está regulado por los artículos 103 y 107 de la Constitución
Federal y la Ley de Amparo.
En el presente trabajo de investigación se estudiarán los principios del juicio de
Amparo; en el primer capítulo se abordará el de iniciativa o instancia de parte,
invocando al artículo 4 de la Ley de Amparo, que indica que el juicio de Amparo
únicamente puede promoverse por la parte a quien perjudique el acto o a la Ley.
El agravio personal y directo será afrontado en el capítulo segundo, desprendido de
los artículos 107, fracción I, constitucional, y 4 de la Ley de Amparo. El principio de la
relatividad, incluido en el capítulo cuarto, y llamado también “formula Otero”, en virtud
de que, si bien lo esbozo la Constitución Yucateca de 1840, fue Don Mariano Otero
quien lo proyectó más explícitamente hasta dejarlo en los términos de la Constitución
vigente.
En el capítulo quinto se hablara de la definitividad, principio que consagra la Carta
Magna en el inciso a) de la fracción II del artículo 107 en relación con las sentencias
definitivas, laudos y resoluciones que pongan fin al juicio, y en la fracción IV en lo
referente a la materia administrativa.
Finalizando el presente trabajo de investigación, se confrontará, en el capítulo sexto,
el principio de estricto derecho, que consiste en que el juzgador debe concretarse a
examinar la constitucionalidad del acto reclamado a la luz de los argumentos
externados en los conceptos de violación, expresados en la demanda.

4

CAPÍTULO I.
INICIATIVA DE PARTE

El juicio de Amparo es tutelado por reglas o principios que lo constituyen, algunos de
los cuales sufren excepciones atendiendo particularmente a la personalidad del
quejoso, a la naturaleza del acto reclamado y aun a los fines del propio juicio.
Este principio fundamental es no solo una de las piedras angulares sobre las que
descansa nuestra institución de control, sino una de las ventajas y conveniencias del
sistema.
En el artículo 4º de la Ley de Amparo responde doctrinalmente a los principios
fundamentales que rigen la materia, consistentes en Principio de instancia de parte
agraviada; el juicio de garantías nunca puede operar oficiosamente y para su
nacimiento es necesario el ejercicio de la actuación constitucional del gobernado
mediante la cual ataque el acto de autoridad que considere lesivo a sus derechos.
En este aspecto en el Artículo 107 constitucional se establece:
ARTÍCULO 107. Todas las controversias de que habla el Artículo 103 se sujetarán a
los procedimientos y formas del orden jurídico que determine la ley, de acuerdo a las
bases siguientes:
I. El juicio de amparo se seguirá siempre a instancia de parte agraviada,
teniendo tal carácter quien aduce ser titular de un derecho o de un interés
legítimo individual o colectivo, siempre que alegue que el acto reclamado viola
los derechos reconocidos por esta Constitución y con ello se afecte su esfera
jurídica, ya sea de manera directa o en virtud de su especial situación frente
al orden jurídico.
Cuando el acto autoritario por impugnar es del orden civil o administrativo, no basta
con la iniciativa o instancia formulada por el promovente del juicio para que sea
5

necesariamente éste prosiga hasta concluir con el pronunciamiento de la sentencia
relativa, sino que se requiere, además, que el quejoso impulse periódicamente el
procedimiento para impedir que se produzca un lapso de inactividad procesal de
trescientos días y que, como consecuencia, se decrete el sobreseimiento previsto en
la fracción V del artículo 74 de la Ley de Amparo.
Según Don Niceto Alcalá Zamora, todo juicio está animado por la energía de la
acción o vibración continuada, y esta apreciación se hace realidad en los juicios de
referencia, lo mismo en aquellos de índole laboral en que su promovente es el
patrón
1
.
Si no existiera este principio de iniciativa de parte para suscitar el control
constitucional ejercido por órganos jurisdiccionales federales, si fuera legalmente
permitido a los diversos poderes o autoridades del Estado, en su carácter de tales,
entablar el juicio de Amparo, evidentemente éste sería visto con recelo, al
considerarlo como Arma de que una entidad que una entidad política pudiera
disponer para atacar a otra y viceversa. Siendo el afectado o agraviado el único a
quien incumbe el ejercicio de la acción de Amparo, cuando ve lesionados sus
derechos en los casos previstos por el artículo 103 constitucional, se descarta
evidentemente la posibilidad de que una autoridad pueda menoscabar el respeto y el
prestigio de otra, solicitando que su actuación pública sea declarada inconstitucional.
Este principio aparece por primera vez en la vida constitucional de México, en su
auténtica pureza, en la Constitución del 57, cuyo artículo 102 lo consagraba en
términos semejantes a los empleados por la Ley Fundamental vigente, habiendo sido
corroborado por las diversas leyes orgánicas de Amparo que rigieron durante la
vigencia de aquella.


1
C.fr Suprema Corte de Justicia de la Nación. Manual del Juicio de Amparo. Themis. México. 2003. p. 32

6

CAPÍTULO II.
AGRAVIO PERSONAL Y DIRECTO

Por agravio debe entenderse todo menoscabo, toda ofensa a la persona, física o
moral, menoscabo que puede o no ser patrimonial, siempre que sea material,
apreciable objetivamente. En otras palabras: la afectación que en su deterioro
aduzca el quejoso debe ser real y no de carácter simplemente subjetivo.
En el Principio de Agravio personal y directo; se hace referencia a la existencia de
un detrimento u ofensa que recae y se concreta en una persona física o moral
determinada y que, sin ser necesariamente patrimonial, sea apreciable
objetivamente y consista en una afectación real, no subjetiva, cuya realización sea
pasada, presente o inminente, no solamente eventual, aleatoria o hipotética.
No basta que exista el elemento material, que es la presencia del daño o del
perjuicio, para que haya un agravio desde el punto de vista jurídico, sino que es
menester que s4ea causado o producid9o en determinada forma; es necesario que
el daño o prejuicio sean ocasionados por una autoridad al violar una garantía
individual o al invadir las esferas de competencia federal o local. El otro factor que
concurre en la integración del concepto de agravio, desde el punto de vista del juicio
de Amparo, y al que se denominara elemento jurídico, consiste en la forma, ocasión
o manera bajo las cuales la autoridad estatal causa el daño o perjuicio, o sea,
mediante la violación a las garantías individuales o por conducto de la
extralimitación, o mejor dicho, de la interferencia de competencias federales y
locales.
Al mismo tiempo de la personal determinación del agravio, este debe ser directo, es
decir, de realización presente, pasada o inminentemente futura. En derivación,
aquellas posibilidades o eventualidades en el sentido de que cualquier autoridad
estatal cause a una persona determinada un daño o un perjuicio, sin que la
7

producción de éste sea inminente o pronta de suceder, no puedan reputarse como
integrantes del concepto del agravio, para hacer procedente el juicio de Amparo.
Hablando acerca de que sea personal significa que la persona que intente la acción
de amparo debe ser precisamente el titular de los derechos subjetivos que otorga la
Constitución, sobre que sea directo implica el quebranto de esos derechos
subjetivos que el gobernado tiene y que mediante la ley o acto de autoridad le debe
afectar directamente a su titular y a ninguna otra persona.
ARTÍCULO 4°. El juicio de Amparo únicamente puede promoverse (lo que significa
que no opera de manera oficiosa) por la parte a quien perjudique el acto o la ley, el
tratado internacional, el reglamento o cualquier otro acto que se reclame, pudiendo
hacerlo por sí, por su representante, por su defensor si se trata de un acto que
corresponda a una causa criminal, por medio de un pariente o persona extraña en
los casos que esta ley lo permita expresamente (como ocurre cuando se trate de
actos que importen peligro de privación de la vida, ataques a la libertad personal
fuera de procedimiento judicial, deportación o destierro, o alguno de los actos
prohibidos por el artículo 22 constitucional, en que, si el agraviado se encuentra
imposibilitado para promover el juicio, “podrá hacerlo cualquiera otra persona en su
nombre, aunque sea menor de edad”, según prevención del artículo 17 de la misma
ley); y solo podrá seguirse por el agraviado, por su representante legal o por su
defensor.
La personalidad en el juicio de Amparo la debe pronunciar el juez cuando provee
acerca de la demanda y, si no está acreditada, prevenir al promovente, de
conformidad con el artículo 146 de la Ley d Amparo; de lo contrario, el revisor
ordenara la reposición del procedimiento.
No deja de tener importancia práctica principalmente, la cuestión que consiste en
determinar si la existencia de los daños o perjuicios constitutivos del agravio queda a
la apreciación del quejoso, o si el juzgador constitucional pueda sustituirse a éste en
la estimación correspondiente.
8

Los daños o perjuicios (ofensas, perturbaciones o molestias en general) que
experimente una persona en los diversos bienes u objetos tutelados
constitucionalmente a través de las garantías individuales en especial. Los bienes
jurídicos de un sujeto son algo real, objetivo, de existencia ontológica, ya que los
entes ideales, considerados como meras suposiciones del individuo producto de una
elaboración meramente subjetiva, son indiferentes al Derecho. Cuando los daños o
perjuicios de una persona puedan sufrir en sus diversos bienes jurídicos no afectan
real u objetivamente a estos, no puede decirse que exista un agravio en el sentido
jurídico del concepto atendiendo a la falta del elemento material de que se ha
hablado. Las afectaciones que constituyen el agravio deben ser reales, es evidente
que su causación o existencia es susceptible de apreciación objetiva, por lo que
cuando efectivamente exista un daño o perjuicio en los bienes del quejoso, tal
circunstancia debe ser estimada por el juez de Amparo.
El espíritu del legislador al consignar en el artículo 73 de la Ley de Amparo con
causa de improcedencia del juicio constitucional la circunstancia de que los actos
impugnados no afecten los intereses jurídicos del quejoso, revela que la posible
afectación debe ser real u objetiva y, por ende, susceptible de ser apreciada por el
juez del Amparo, ya que la existencia de los daños y perjuicios fuese materia de la
sola estimación del agraviado, la mencionada causa legal de improcedencia nunca
tendría lugar en la práctica, pues bastaría la afirmación del promovente del juicio de
garantías de que la actividad autoritaria atacada le motiva molestias o perturbaciones
en sus derechos, para que nunca se sobreseyese el proceso constitucional por falta
de agravio
2
.




2
C.fr Burgoa Orihuela, Ignacio. El Juicio de Amparo. Porrúa. México. 1998. pp. 273, 274.
9

CAPÍTULO III.
PROSECUCIÓN JUDICIAL
Otro principio del juicio de Amparo que encontramos en la parte enunciativa del
artículo 107 constitucional, contenido así mismo en la Constitución del 57 en su
artículo 102, consiste en que aquel se tramita por medio de “procedimientos y formas
de orden jurídico”
3
.
El juicio de Amparo se revela, en cuanto a su substanciación, en un verdadero
proceso judicial, en cual se observan las formas jurídicas procesales, esto es,
demanda, contestación, audiencia de pruebas, alegatos y sentencia. Al establecer el
artículo 107 constitucional que el juicio de Amparo se seguirá conforme a un
procedimiento que se ajuste a las formas de Derecho Procesal, implícitamente
presupone que en su tramitación se suscita un verdadero debate o controversia
entablados entre el promotor del amparo y la autoridad responsable, como partes
principales del juicio, en el que cada cual defiende sus respectivas pretensiones.
Este principio exige todos los juicios de amparo se substancien respetando las
diversas reglas que se encuentran inscritas tanto en la constitución, como las que
dan forma a la ley de amparo.
Por virtud de este principio los jueces federales están sujetos a tramitar el amparo,
atendiendo y respetando en todo tiempo las disposiciones legales, con lo que todos
los juicios tendrán el mismo trámite, sin que quede al arbitrio del juez el
procedimiento del juicio de garantías.
El caso de que el desarrollo del juicio de Amparo ante y por las autoridades
jurisdiccionales federales adopte un procedimiento judicial, de acuerdo con las
formas básicas procesales, es una ventaja de nuestra institución respecto de
aquellos medios de control por órgano político, en los que su ejercicio no origina una
controversia generalmente, sino que provoca un análisis o estudio acerca de la Ley o
acto reclamados realizado por la entidad controladora.


3
Ibíd. P. 275.
10

CAPÍTULO IV.
RELATIVIDAD

Uno de los principios más importantes y característicos del juicio de Amparo y cuya
aplicación práctica también ha contribuido a que dicha institución sobreviva en medio
de las turbulencias en nuestro ambiente político y social, es el que concierne a la
relatividad de las sentencias que en él se pronuncian, consagrado por el artículo 107
constitucional.
Ese principio, que produce ideológica y gramaticalmente la formula creada por Don
Manuel Otero acerca de los efectos relativos de las resoluciones dictadas en los
juicios de amparo, consignada en el artículo 25 del acta de reformas de 47, esta
concebido de la siguiente manera: “La sentencia será siempre tal, que solo se ocupe
de individuos particulares, limitándose a ampararlos y protegerlos en el caso espacial
sobre el que verse la queja, sin hacer una declaración general respecto de la ley o
acto que la motive”. Esta disposición constitucional esta corroborada por el artículo
76 de la Ley de Amparo vigente, en términos parecidos
4
.
Los constituyentes del 17 como los del 57, respetaron la fórmula de Otero, tal vez por
haberles parecido perfecta para connotar y delimitar el principio de relatividad de la
cosa juzgada en el juicio de garantías, circunstancia que le ha valido a dicho jurista el
ser conceptuado como el creador de nuestra institución de control, apreciación que
es indebida, pues la paternidad respectiva corresponde en realidad al insigne
yucateco Manuel Crescencio Rejón; bien es cierto que Otero fue el forjador de la
proposición que involucra el mencionado principio, mas ese hecho no autoriza para
hacer extensiva su obre hasta tal punto de reputarlo como el implantador del juicio de
Amparo. No por el hecho de haber sido él, quien creo la formula a que nos referimos,
contenida textualmente en las Constituciones del 17 y 57, se debe inferir que

4
Ibíd. P. 276.
11

realmente instituyo el principio de la relatividad de las sentencias de amparo, pues su
labor se contrajo a expresarlo en términos y conceptos precisos y justos, labor que
ha sido la causa de su conceptuación publica como un distinguido jurista mexicano.
El principio que se examina obliga, como claramente se advierte, el efecto de la
sentencia que conceda la protección de la justicia federal solicitada, al quejoso, de
manera que quien no haya sido expresamente amparado no puede beneficiarse con
la apreciación que acerca de la inconstitucionalidad del acto reclamado haya
expresado el juzgador en la mencionada sentencia; es decir, que quien no haya
acudido al juicio d garantías, ni, por lo mismo, haya sido amparado contra
determinados ley o acto, está obligado a acatarlos no obstante que dichos ley o acto
hayan sido estimados contrarios en la Carta Magna en el juicio en el que aquel no
fue parte quejosa
5
.
El principio referido, contenido ya en la Constitución Yucateca de 1840, así como en
las instituciones jurídicas en las que nuestro juicio de amparo encuentra sus
precedentes históricos, es una de las bases sobre las que descansa el éxito y la vida
misma de nuestra institución controladora. Con antelación se ha observado que la
causa y motivo del fracaso de muchos regímenes de preservación del orden
constitucional, principalmente de aquellos en los que la tutela se impartía por órgano
político, ha sido precisamente la circunstancia de que sus resoluciones o
consideraciones respecto de la inconstitucionalidad de los actos autoritarios, han
tenido efectos contra todos absolutamente, de tal manera que no se referían
exclusivamente al agraviado en particular, si es que existía, sino que implicaban una
mera impugnación o ataque a la autoridad que desarrollaba la actividad
inconstitucional, lo cual significaba una afrenta para aquella, cuya secesión, muchas
veces reiterada y constante originaba el desquiciamiento jurídico, social y político,
por las repetidas fricciones que provocaba entre las entidades públicas. De acuerdo
con el principio de relatividad, el acto o la ley reputados inconstitucionales por el
agraviado no se anulan por el órgano de control mediante una declaración general

5
Suprema Corte de justicia de la Nación. Op. Cit. p. 33.
12

que propiamente engendra su invalidez, sino q1ue invalidan en cada caso concreto,
sin que por ello la tutela del orden constitucional tenga menor eficacia, pues la
actividad autoritaria que lo contraviene fenece merced a los golpes redoblados de la
jurisprudencia.
Además, lo que viene a corroborar el principio de la relatividad de las sentencias en
materia de amparo, es la circunstancia de que sus efectos solo se refieren la
autoridad o autoridades que hayan figurado como responsables o demandadas en el
juicio respectivo, y por lo que respecta a las demás, que en este no hayan tenido
injerencia alguna, aun cuando pretendan ejecutar o ejecuten el mismo acto tildado de
inconstitucional en las hipótesis del artículo 103 de la Ley Suprema, no son afectados
en cuanto a su actuación.
Por otra parte, si bien es verdad que conforme al artículo 107 constitucional, las
sentencias recaídas en los juicios de amparo no deben hacer una declaración
general respecto a la ley o acto que las motivare, no por ello se debe inferir que los
considerandos de las mismas, esto es, aquellas partes que establecen la
fundamentación de sus proposiciones resolutivas y la relación lógica y jurídica entre
la situación abstracta de derecho objetivo y las situaciones concretas, no pueden
consignar apreciaciones generales acerca del acto o ley reclamados, pues el alcance
de tal disposición constitucional solo se refiere a que los puntos de resolución de un
caso únicamente abarquen a este, sin extenderse a otros y sin afectar la validez
general del acto autoritario analizado. Por imperativos lógicos ineludibles, el órgano
de control tiene que analizar la ley reclamada desde el punto de vista de la
Constitución. Loa argumentos en que ese análisis se contiene y que conduzcan a la
conclusión de que dicha ley es inconstitucional se implican en los considerandos de
la sentencia respectiva. Esta por consiguiente, entraña una ponderación general de
la ley en tal sentido. Ahora bien lo que exige el principio de relatividad estriba en que,
con inferencia lógica de la estimación de inconstitucionalidad de una ley, solo se
proteja al agraviado contra ella y contra su aplicación y esta protección únicamente
se imparte en los puntos resolutivos del fallo.
13

CAPÍTULO V.
DEFINITIVIDAD

Uno de los principios rectores del juicio de garantías es el de definitividad del acto
reclamado, no es otra cosa que la improcedencia del juicio de amparo contra actos
recurribles, salvo los casos excepcionales establecidos en el mismo precepto y en la
jurisprudencia, se desprende el reconocimiento de que el juicio constitucional es un
medio extraordinario de defensa.
De manera que, previamente a la interposición del juicio de amparo, el quejoso debe
agotar o substanciar todos los medios ordinarios de defensa que tenga al alcance
para modificar o revocar la resolución judicial, administrativa o del trabajo, que le
causa perjuicio pues de lo contrario, la acción constitucional resultaría improcedente
por no acatar el principio de definitividad que lo rige. Salvo los casos de excepción,
no obstante que en el artículo 73, fracción XVIII de la Ley de Amparo, se establece la
obligación de acatar el principio de definitividad, de su contexto se advierten dos
supuestos de excepción: el primero, alude a los terceros extraños quienes no están
obligados a agotar recursos ordinarios, antes de acudir al juicio de garantías, según
lo dispuesto en el artículo 107, fracción III, inciso c), de la Ley Suprema. El segundo
supuesto de excepción, se refiere a aquellos casos en que los actos reclamados
importen peligro de privación de la vida, deportación, destierro o cualquiera de los
prohibidos por el artículo 22 constitucional.
El litigante previo a promover un juicio de amparo tiene la obligación de estudiar
meticulosamente todas las leyes y reglamentos sobre el acto que reclama para
determinar si efectivamente ya se han agotado todos los juicios, medios de defensa o
recursos legales que la ley contempla en cada caso determinado.
El principio de la definitividad del juicio de amparo supone el agotamiento o ejercicio
previo y necesario de todos los recursos que la ley que rige el acto reclamado
establece para atacarlo, bien sea modificándolo, confirmándolo o revocándolo, de tal
14

suerte que, existiendo dicho medio ordinario de impugnación, sin que lo interponga el
quejoso, el amparo es improcedente. En consecuencia, este es un medio
extraordinario de invalidar los actos de las autoridades, en las distintas hipótesis de
su procedencia, lo cual significa que solo prospera en casos excepcionales cuando
ya se hayan recorrido todas las jurisdicciones y competencias, a virtud del ejercicio
de los recursos ordinarios. Por consiguiente si existiera la posibilidad de entablar
simultanea o potestativamente un recurso ordinario y el juicio de amparo para
impugnar un acto de autoridad, con evidencia su desnaturalizaría la índole jurídica
del segundo, al considerarlo como un medio común de defensa. Si el amparo es un
arma jurídica suprema de que dispone la persona para proteger sus derechos
fundamentales contra la actuación inconstitucional e ilegal de las autoridades del
Estado, si su ejercicio provoca la realización de las más altas funciones
jurisdiccionales desplegadas por los tribunales federales, es lógico que, antes de
intentarlo, se deduzca por el interesado todos aquellos medios comunes u ordinarios
de invalidación del acto reclamado que solo se ataca directamente, en su origen, en
sí mismo, por nuestra institución controladora, cuando la legislación que lo norma no
brinda al afectado ningún medio legal de reparación.
Para que tenga obligación el quejoso de agotar previamente al ejercicio de la acción
constitucional un recurso ordinario legalmente existente con el objeto de impugnar el
acto que lo agravie, debe existir entre este y aquel una relación directa de idoneidad,
es decir que el medio común de defensa este previsto por la ley rectora del acto en
forma expresa para combatir a este y no que por analogía se considera a dicho
recurso como procedente para tal efecto.
Asimismo, el recurso ordinario, cuyo ejercicio previo al amparo deba ser un requisito
que el agraviado satisfaga antes de acudir a la Justicia Federal, debe tener lugar
legalmente dentro del procedimiento judicial del cual emane el acto impugnado, por
lo que, los daños y perjuicios que se causen a una persona puedan ser reparados
por algún otro medio de jurídico que importe una acción diversa que la que dio
motivo a dicho procedimiento, el juicio constitucional procede aunque no se hubiere
esgrimido con antelación tal defensa.
15

Excepciones al principio de definitividad
Dicho principio no es absoluto, es decir, no opera en todos los casos ni en todas las
materias, pues su aplicación y eficacia tienen excepciones importantes consignadas
tanto legal como jurisprudencialmente.
a) Conforme al sentido de afectación de los actos reclamados
Si los actos reclamados consisten en la deportación o destierro, o en cualquiera de
los prohibidos por el artículo 22 constitucional, o importen peligro de privación de la
vid, el agraviado no está obligado a agotar previamente al amparo ningún recurso o
medio de defensa legal ordinario.
b) En materia judicial penal
Tratándose del auto de formal prisión, no hay necesidad de agotar ningún recurso
legal u ordinario contra él, antes de acudir al amparo, sino que dicho proveído puede
impugnarse directamente en la vía constitucional.
Tampoco opera el principio de definitividad del juicio de amparo cuando el acto
reclamado viole las garantías que otorgan los artículos 16, 19 y 20 constitucionales
como sucede tratándose de ordenes de aprehensión, de resoluciones que niegan la
libertad bajo fianza o de cualquier contravención procesal en un juicio de carácter
penal, sin estar comprendidas dentro de dicha salvedad las sentencias penales
recurribles, en cuyo caso es aplicable el citado principio.
c) En materia judicial civil y procesal laboral
Consiste en que, cuando el quejoso no ha sido emplazado legalmente en
determinado procedimiento, no tiene obligación de interponer los recursos ordinarios
que la ley del acto consigna, para impugnar este en la vía de amparo.
d) En materia administrativa
La jurisprudencia de la Suprema Corte ha introducido una excepción al consabido
principio, al establecer que: “Cuando la reconsideración administrativa no está
16

expresamente establecida por la ley del acto, no puede tener por efecto interrumpir el
termino para pedir amparo y puede desecharse de plano”. Conforme a esta tesis,
cuando dicho medio de defensa no está consignado legalmente, sino de hecho suela
interponerse, el amparo es procedente contra el acto materia de la reconsideración,
sin entablar previamente esta.
e) En amparo contra leyes
En relación con el amparo contra leyes, sea que estas se impugnen como auto
aplicativas o a través de un acto concreto y específico de aplicación, no rige por
modo absoluto el principio de definitividad. Si el acto reclamado lo constituye una ley
o un reglamento en sí mismos considerados, el agraviado no solo no está
constreñido a agotar ningún recurso, juicio o medio de defensa legal que se
establezca para atacar cualquier acto de autoridad en que se apliquen, sino ningún
otro conducto ordinario de impugnación, pudiendo ocurrir directamente al amparo.
f) Tratándose de terceros extraños a un juicio o procedimiento
Otra excepción al principio de definitividad del amparo escriba en la hipótesis de que
el acto reclamado afecte a terceros extraños al juicio o procedimiento del que este
emana, de tal manera que dichos terceros pueden entablar la acción constitucional
sin agotar previamente los medios ordinarios de impugnación, según lo establece la
fracción XIII del artículo 73 de la Ley de Amparo, al disponer:
“El juicio de amparo es improcedente: XIII: Contra las resoluciones judiciales
respecto de las cuales conceda la ley algún recurso o medio de defensa, dentro del
procedimiento, por virtud del cual puedan ser modificadas, revocadas o nulificadas,
aun cuando la parte agraviada lo hubiere hecho valer oportunamente, salvo lo que la
fracción IX del artículo 107 constitucional dispone para los terceros extraños”
6
.


6
Burgoa. Op. Cit. p. 295.
17

CAPÍTULO VI.
ESTRICTO DERECHO

El principio de estricto derecho estriba en que el juzgador debe concretarse a
examinar la constitucionalidad del acto reclamado a la luz de los argumentos
externados en los conceptos de violación, expresados en la demanda, y, si se trata
de resolver un recurso interpuesto contra la resolución pronunciada por el Juez de
Distrito, en que el revisor se limite a apreciar tal resolución tomando en cuenta,
exclusivamente, lo discutido en los agravios. No podrá pues, el órgano de control
constitucional realizar libremente el examen del acto reclamado, en la primera
instancia si se trata de amparo directo o en única instancia si es directo, ni de la
resolución recurrida si el amparo es bi-instancial, pues debe limitarse a establecer,
respectivamente, si los citados conceptos de violación y, en su oportunidad, los
agravios, son o no fundados, de manera que no está legalmente en aptitud de
determinar que el acto reclamado es contrario a la Carta Magna por un razonamiento
no expresado en la demanda, ni que la sentencia o resolución recurrida se aparta de
la ley por una consideración no aducida en los agravios respectivos.
Este principio no rige la procedencia del amparo, sino que impone una norma de
conducta al órgano de control, consistente en que, en los fallos que aborden la
cuestión constitucional planteada en un juicio de garantías, solo debe analizar los
conceptos de violación expuestos en la demanda respectiva, sin formular
consideraciones de inconstitucionalidad de los actos reclamados que no se
relacionen con dichos conceptos.
En su faceta opuesta, el citado principio equivale a la imposibilidad de que el
juzgador de amparo supla las deficiencias de la demanda respectiva, colme las
omisiones en que haya incurrido el quejoso en la parte impugnativa de los actos
reclamados, o de que lo sustituya en la estimación jurídica de dichos actos desde el
punto de vista constitucional.
18

Es verdad que uno de los efectos inherentes al principio de estricto derecho consiste
en la restricción del arbitrio judicial, que, merced a él, solo se vierte para valorar
jurídicamente los conceptos de violación expuestos en la demanda de amparo con el
fin de declararlos operantes o inoperantes; pero también es cierto que si el juzgador,
después de haberlos considerado infundados, oficiosamente y de manera ilimitada
formula apreciaciones de inconstitucionalidad de los actos reclamados para conceder
el amparo, asume indebidamente el papel del quejoso, convirtiéndose en la
contraparte de las autoridades responsables y del tercero perjudicado, rompiendo así
el principio de igualdad procesal y alterando la Litis en el juicio constitucional.
La observancia a dicho principio encubre, en muchos casos, verdaderas injusticias o
notorias aberraciones que puedan entrañar los actos reclamados, al obligar al órgano
de control a ceñirse estrictamente a una pobre, ineficaz o equivocada defensa de los
derechos o intereses jurídicos del agraviado, mas tales inconvenientes no deben
preconizar la facultad ilimitada de suplir toda demanda de amparo deficiente, pues
es obvio que los extremos opuestos nunca brindan ninguna solución correcta,
precisamente por las desventajas que representa su radicalidad. No debe, pues,
suprimirse el principio de estricto derecho como norma rectora de los fallos
constitucionales, así como tampoco debe adoptarse en forma absoluta, es decir, pero
todos los casos genéricos de amparo; dicho principio y facultad de suplir la queja
deficiente deben coexistir separadamente, esto es, operar en supuestos diferentes.

Excepciones al estricto derecho
La suplencia propiamente constituye una salvedad al principio de estricto derecho,
conforme a la cual el juzgador de amparo tiene la potestad jurídica de no atacar tal
principio en las sentencias constitucionales que pronuncia. Por tanto, suplir la
deficiencia de la queja implica no ceñirse a los conceptos de violación expuestos en
la demanda d amparo, sino que para conceder al quejoso la protección federal, el
órgano de control puede hacer valer oficiosamente cualquier aspecto inconstitucional
de los actos reclamados. La suplencia de la queja no opera cuando el amparo es
19

improcedente por cualquier causa inconstitucional, legal o jurisprudencial, ya que no
tiene alcance de sustituir o de obviar tal improcedencia.
Los tribunales federales tienen la obligación de suplir la deficiencia de la demanda de
amparo o de los agravios, así lo determinan claramente el artículo 107 constitucional,
en su fracción II modificada por Decreto Congresional publicado el 7 de abril de 1986
y en amparos sobre materia agraria y 76 bis de la Ley de Amparo.
La suplencia de la demanda y de los recursos opera obligatoriamente en los
siguientes casos:
1. En cualquier materia, cuando los actos reclamados se funden en leyes que
hayan sido declaradas inconstitucionales por la jurisprudencia de la Suprema
Corte (Art. 76 bis fracción I).
2. En materia penal, no soso por deficiencia de los conceptos de violación o de
los agravios, sino ante la ausencia total de unos y otros, pero en beneficio del
procesado (Art. 76 bis fracción II).
3. En materia agraria, es decir cuando el juicio de amparo haya sido promovido
por ejidos o comunidades agrarias o comuneros o ejidatarios en lo individual,
o en el caso de que dichos sujetos procesales sean concurrentes (Art. 227).
4. En materia laboral, únicamente en beneficio del trabajador quejoso o
recurrente (Art. 76 bis fracción IV).
5. En favor de los menores de edad o incapaces en los dos supuestos apuntados
(Art. 76 bis fracción V).
6. En otras materias cuando el tribunal de amparo advierta que hubo en contra
del quejoso o del particular recurrente una violación manifiesta de la ley que lo
haya dejado sin defensa (Art. 76 bis fracción VI).
Para que opere la suplencia de la deficiencia de la demanda de amparo se requiere
que el juicio respectivo no este afectado por ninguna causa de improcedencia, ya
que su finalidad estriba en conceder al quejoso la protección de la Justicia Federal en
cualquiera de los casos descritos. Dicho de otra forma, en un amparo improcedente
no se puede cumplir la obligación de suplencia por el órgano de control, pues solo es
20

susceptible de desempeñarse en cuanto a la cuestión constitucional planteada. La
suplencia obligatoria no autoriza al juzgador de amparo para salvar ninguna causa de
improcedencia.
Tratándose de la personalidad de quien promueve a nombre o en representación del
quejoso, la suplencia no debe llegar al extremo de violar las normas que la rigen,
según lo establecido en la jurisprudencia de la Suprema Corte, consideración que
parece atingente por las razones que se han expresado.
Por lo que concierne a los recursos, la suplencia obligatoria no es operante cuando
por medio de impugnación de que se trate sea improcedente o extemporáneo, en la
inteligencia, además, de que el recurrente no debe ser la autoridad responsable o el
Ministerio Público federal, sino el tercero perjudicado o el quejoso en sus respectivos
casos.
En la actualidad el artículo 79, una vez reformado, quedo redactado en los siguientes
términos: “La Suprema Corte de Justicia, los Tribunales Colegiados y los Jueces de
Distrito podrán corregir los errores que adviertan en la cita de los preceptos
constitucionales y legales que se estimen violados, y podrán examinar en su conjunto
los conceptos de violación y los agravios, así como los demás razonamientos de las
partes, a fin de resolver la cuestión efectivamente planteada, pero sin cambiar los
hechos expuestos en la demanda”. Como puede advertirse la suplencia opera ya no
solo respecto de la cita de los preceptos constitucionales, sino también por lo que ve
a los legales o secundarios. Esto independientemente de que ya no contiene la
prohibición de cambiar los conceptos de violación, lo que por cierto es inexplicable y
puede considerarse como una omisión involuntaria el legislador, pues resultaría
inadmisible pretender que el juzgador también está en aptitud de cambiar o mejorar
tales conceptos porque esto significaría acabar, de manera absoluta, con el principio
de estricto derecho
7
.


7
Suprema Corte de Justicia de la Nación. Op. Cit. p.41.
21

CONCLUSIONES

Los principios fundamentales del juicio de amparo son las reglas más importantes
que deben observarse durante la tramitación y resolución del proceso de amparo; no
son reglas absolutas, admiten excepciones, y han sido obtenidas a partir del análisis
de las normas jurídicas que rigen el amparo. La Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, en sus artículos 103 y 107, y en su ley reglamentaria, conocida
como Ley de Amparo, no refieren expresamente a los principios fundamentales del
amparo, con tal denominación, sino que su contenido, alcance y excepciones han
sido sistematizados por la doctrina con base en tales normas generales.
Dichos principios han sido acogidos por varias naciones como normas
Constitucionales y de valor fundamental, tal es el caso de nuestro país, además de
que también están consagrados en diversos acuerdos, pactos, tratados o convenios
internacionales.
El Problema de proteger las normas del orden jurídico contra su violación por parte
de las personas jurídicas de carácter público, es sumamente difícil de resolver en la
práctica, porque equivale a encontrar un medio para que la fuerza, el poder, quede
sujetado por el Derecho, por el orden jurídico.
Una de las formas de los sistemas de control político ha consistido, en establecer
una especie de cuarto poder, diverso del Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. Este
poder, a solicitud de cualquiera de los tres mencionados, examinaría la legalidad o
ilegalidad constitucional de los actos del poder a quien se señalara culpable de violar
la constitución, declarando nulo y privado de efectos tales actos constitucionales.
El sistema de control o protección conservadora del orden jurídico realizado
mediante el poder judicial tiene muchas posibles variantes de detalle. En México es
ese el sistema establecido básicamente en los Arts. 103 y 107. Hay una Ley de
Amparo, que reglamenta estos artículos para hacerlos aplicables en la práctica.
22

La resolución que en su caso pronuncie dicho órgano judicial federal anulado el acto
reclamado, solo valdrá para el caso concreto para el que se haya poder el amparo y
protección de la justicia federal. Es decir, esa resolución no tendrá efectos generales
no podrá aplicarse sin más a otro similares de la misma autoridad, sin que medie en
cada caso la petición o demanda del individuo agraviado.
El juicio de amparo fue creado para evitar que las autoridades violaran garantías
individuales. Los principios fundamentales que rigen este juicio son:
1. Instancia de parte;
2. Agravio personal y directo;
3. Prosecución judicial;
4. Relatividad de la sentencia o Formula Otero
5. Definitividad del acto reclamado;
6. Estricto Derecho.

El amparo es un medio de defensa extraordinario y excepcional, ya que busca la
legalidad y por consiguiente el estado de derecho y justicia que merece toda
sociedad. Dicho juicio es muy compasivo, ya que brinda la protección y ventaja
inmediata al gobernado ante la autoridad, pero sin caer en lo ilógico, o en el último
recurso de los que estando fuera de la ley, se quieren aprovechar de esta figura
jurídica y utilizarlo como manto protector de sus ilegalidades, dado que después de
hacer la completa revisión de la demanda, se dicta la sentencia, ratificando,
modificando o denegando la protección dada en un principio.



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BIBLIOGRAFÍA




 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

 Ley de Amparo

 Burgoa Orihuela, Ignacio. El Juicio de Amparo. Porrúa. México. 1998.

 Suprema Corte de Justicia de la Nación. Manual del Juicio de Amparo.
Themis. México. 2003.