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Revista de Negocios del IEEM | Diciembre 2012
Muchos niños y adolescentes están sufriendo una
nueva forma de acoso (bullying) que consiste en
el temor a ser rechazados por el grupo porque no
van a la última, porque no visten ciertas marcas o
no tienen el iPhone de ultimísima generación. A
ese miedo a sentirse excluido por no dar la talla en
un ambiente hiperconsumista, los ingleses le lla-
man brand bullying.
El fenómeno ha sido revelado por un estudio lleva-
do a cabo por Unicef sobre la vida familiar en Reino
Unido. Allí, según El País (21 de noviembre de 2011,
España), se hace “una radiografía de unos padres
que sucumben a las demandas de tecnología, ropa
o zapatillas deportivas de las marcas con más esta-
tus, en un esfuerzo por proteger a sus retoños de
un entorno hiperconsumista”.
En esta carrera por estar a la altura o por seguir el
ritmo de consumo que exige la sociedad, muchos
padres se dejan la piel y caen en la trampa consu-
mista. De manera sagazmente planeada, la escotilla
se convierte en un círculo vicioso, de manera que
hay que trabajar más para poder consumir más y
hay que consumir más porque el exceso de trabajo
quita tiempo, y la falta de tiempo genera, como un
efecto de compensación, el consumo. La necesidad
de consumir se debe muchas veces a un déficit afec-
tivo que tiene su causa en la necesidad de consu-
mir. El círculo se mueve a una velocidad vertiginosa.
Es una realidad que la están viviendo muchos niños
y adolescentes: necesitan tener para ser aceptados;
para ellos, las marcas marcan, y carecer de lo que
Consumidos por el consumismo
Por Carlos Goñi y Pilar Guembe, Aceprensa
El nuevo acoso entre los chicos: brand bullying. Es una realidad que la están vi-
viendo muchos niños y adolescentes: necesitan tener para ser aceptados.
“todos” disponen les convierte en carne de brand
bullying. Una vez inmersos en la rueda del frenesí
consumista, les va a resultar muy difícil salir, porque
les hemos dado gato por liebre: juguetes por tiempo
y cosas por afecto. Hemos querido suplir con alta
tecnología nuestra baja cuota de dedicación familiar.

También los padres
Pero los padres también somos víctimas del con-
sumismo, también nos ha atrapado en sus redes,
nos ha metido en su rueda. Ahora bien, los hijos
sufren directamente las consecuencias, podríamos
decir que ellos están en la calle y deben enfrentar-
se a un mundo en el que prima el principio del “va-
les lo que tienes”, la “regla del iceberg”: si no des-
puntas te quedas sumergido, es decir, que simple-
mente no puedes respirar. Una sociedad montada
sobre el consumismo, que además está sufriendo
una fuerte crisis económica, tiene que romper por
alguna parte. La forma más violenta la vimos en el
mismo Londres este verano: jóvenes y adolescentes
asaltando tiendas.
Ernst Schumacher decía en los años 1970 que la
virtud que más necesita nuestra sociedad es la so-
briedad. En efecto, en un ambiente hiperconsumista
como el que nos envuelve, mucho más extremo que
hace cuarenta años, la sobriedad es la mejor vacuna.
Quizá de lo que más necesidad tenemos hoy día es
de carecer. Por eso, no estaría de más que diéramos
menos a nuestros hijos, menos cosas materiales y
más bienes intangibles, esos que no pesan pero que
dan peso personal, como el tiempo, la dedicación,
el afecto, la presencia, la educación, etc. El error de
[ continúa ]
Interesa
Revista de Negocios del IEEM |
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Diciembre 2012
Por Enrique García, Aceprensa
“Mi marido es adicto a Twitter y a la luz roja de la
Blackberry”, decía preocupada una mujer. En cual-
quier lugar y a cualquier hora, enviaba tuits compul-
sivamente, y consultaba sin parar sus menciones e
interacciones en Twitter. Miraba continuamente de
reojo la Blackberry, por si se había encendido la luz
roja, avisando de un nuevo mensaje.
¿Existe la adicción a Internet y a las redes sociales?
Según un estudio de la Universidad de Chicago,
realizado con 205 personas, Facebook y Twitter
son más adictivos que los cigarrillos o el alcohol. La
conclusión de Wilhelm Hofmann, responsable de es-
ta investigación, es que el deseo de usar las redes
sociales es más difícil de resistir que el de fumar o
La luz roja de una conducta
descontrolada
¿Existe la adicción a Internet y las redes sociales? Los aparatos interactivos pueden
generar una sensación permanente de emergencia, activando mecanismos de estrés
en el cerebro.
beber alcohol, porque las redes sociales están más
fácilmente disponibles, y porque existe la sensación
de que el precio de engancharse a ellas es bajo.
¿Puede estar un día sin entrar en Twitter o Face-
book? ¿Descuida su trabajo o sus obligaciones fa-
miliares por estar demasiado tiempo en Internet?
¿Está más pendiente de sus “amigos virtuales” que
de los reales?
En muchos casos, el problema puede surgir por no
saber desconectar, y estar constantemente pendiente
del smartphone, para ver qué recibo y qué respondo.
Algunos altos ejecutivos de empresas tecnológicas de
Silicon Valley (EE. UU.) declaraban recientemente al
muchos padres es que atienden a los deseos y ca-
prichos de sus hijos, cuando lo que deben hacer es
atender a sus necesidades, materiales y afectivas.
Si hacemos lo primero, estamos comprando boletos
para que se conviertan en déspotas caprichosos; si
lo segundo, invertimos en activos convertibles en
oportunidades para crecer y madurar.
Para prevenir a nuestros hijos del nuevo bullying pode-
mos comenzar predicando con el ejemplo. Si nosotros
estamos atrapados en la rueda del consumismo, si
la excursión familiar del fin de semana consiste en
visitar unos grandes almacenes, si solo hablamos de
qué coche me gustaría tener, del próximo teléfono
móvil o de “mira fulanito qué casa tiene”, estaremos
metiendo a nuestros hijos en un remolino que los
absorbe hacia un agujero sin fondo. Consumamos
cariño, sentido del humor, ganas de hacer bien las
cosas, exigencia, alegría… y evitaremos que ellos
queden consumidos por el consumismo.