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HISTORIA CONTEMPORÁNEA
FACULTAD DE HUMANIDADES
CAMPUS DE ALBACETE
POTENCIANA MONASOR MONTEAGUDO
CURSO 2011 - 2012
COMENTARIO
EL FEMINISMO ENTRE LAS POSTGUERRAS
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EL FEMINISMO ENTRE LAS POSGUERRAS:
LA MUJER MODERNA, LA MADRE Y EL ESTADO.
1. FICHA BIBLIOGRÁFICA
Juan Sisinio Pérez Garzón, “El feminismo entre las
posguerras: la mujer moderna, la madre y el Estado”, en Juan S.
Pérez Garzón, Historia del feminismo, Madrid. La Catarata, 2011.
Páginas 140 a 179.
2. INTRODUCCIÓN
A lo largo de la historia se han utilizado diferentes
argumentos para asignar a la mujer un papel social inferior. Al
sexo femenino se le ha negado, constantemente, el acceso a
derechos elementales y, sin embargo, se le ha exigido cumplir
unas funciones que la sociedad patriarcal se empeñaba en
atribuirle como propias de su naturaleza. Han sido las mujeres,
con su aptitud combativa y racional, las que han demostraron la
raíz social de su desigualdad, poniendo de manifiesto que el
origen de las tareas asignadas al género femenino hay que
buscarlo en la necesidad machista de justificar la desigualdad
social y política que, tradicionalmente, sufría “el sexo débil”.
En Europa, en el siglo XVIII, con un pensamiento
políticamente ilustrado y marcado por el discurso sobre la
igualdad, y el programa ideológico de la Revolución Francesa, las
mujeres empezaron a cuestionar por qué ellas no disfrutaban las
libertades, derechos e igualdad jurídica de la conquista
revolucionaria en la que ellas habían participado.
La trayectoria combativa de las mujeres en Estados Unidos,
también, es larga, luchando al lado de los hombres para
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conseguir la independencia de su país, uniéndose luego a la
causa del abolicionismo de la esclavitud, e iniciando, más tarde,
los movimientos sufragistas.
En Estados Unidos e Inglaterra, las trasformaciones
socioeconómicas derivadas de la denominada “Segunda
Revolución industrial”, a partir del último tercio del siglo XIX,
inciden directamente en el desarrollo del movimiento feminista,
impulsado por mujeres de clase media próximas al liberalismo.
Desde finales del siglo XIX a la primera mitad del siglo XX, la
lucha por el derecho al voto de la mujer se convirtió en una
reivindicación fundamental (movimiento sufragista). No obstante,
también se perseguía la igualdad en otros ámbitos: igualdad ante
la ley (sobre todo respecto al marido), en la enseñanza (acceso a
niveles universitarios), en el mundo laboral (igualdad de salarios).
El feminismo liberal sufragista utilizó formas radicales para
combatir una misoginia romántica preconizada por filósofos
como Hegel, Schopenhauer o Nietzche, que insistían en situar el
lugar de la mujer en la familia y el del hombre en el Estado.
En el periodo de 1920 a 1950, objeto principal de este
comentario, tal y como pone de manifiesto Pérez Garzón, la lucha
de las mujeres por su emancipación hay que enmarcarla dentro
de las consecuencias sociales y económicas producidas por, la
aparición de los antagónicos sistemas políticos totalitarios
(comunismo y fascismos), la crisis económica de 1929 y los
catastróficos resultados de la Segunda Guerra Mundial. En esos
treinta años, la lucha del movimiento feminista tuvo gran
repercusión en la consecución de derechos laborales, educativos,
políticos, sociales, maternales, y en la construcción de una
conciencia para la necesidad del Estado del bienestar.
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3. ANÁLISIS DEL TEXTO
El autor, a lo largo del capítulo que comentamos, expone
cómo en el periodo que se extiende entre las postguerras de las
dos guerras mundiales, (1920-1950), se consiguieron avances en
la integración de la mujer en diversos ámbitos, como el
educativo, el del mercado laboral y el de la participación política.
Además, el desarrollo de los métodos para el control de la
natalidad abrió nuevos horizontes para la libertad social y sexual
de las mujeres. No obstante, la influencia de las políticas
estatales respecto a la mujer y los sectores más conservadores
impusieron, en ese periodo, que el movimiento por la defensa de
la igualdad de la mujer se llevará a cabo guardando unas formas
“femeninas”, poco beligerantes, que lo hiciera socialmente
aceptable.
El desarrollo del movimiento por la igualdad de la mujer, en
este periodo, no podría entenderse sin asumir el protagonismo
que alcanza la mujer europea durante la Primera Guerra Mundial.
Mientras los varones se encontraban combatiendo en el frente,
las mujeres incorporadas plenamente al mundo del trabajo,
tuvieron que sostener la actividad de las fábricas, sobre todo la
industria bélica, y parte de la administración pública. Ese
protagonismo facilitó, a la mujer, el camino para conseguir el
sufragio femenino y aumentar su presencia a nivel laboral y
político. El derecho al voto (que se logró progresivamente desde
principios de los años veinte) estuvo ligado a su introducción en
los ámbitos educativos superiores, y como consecuencia de ello,
al conseguir mayor nivel formativo, creció su presencia en
ámbitos laborales que antes no había ocupado.
A lo largo de este capítulo, Pérez Garzón hace una breve
revisión de la historia del feminismo entre 1920 y 1950,
analizando su desarrollo y los aspectos que él considera más
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relevantes en el mismo, poniendo de manifiesto que “siempre el
sexo ha sido considerado como factor explicativo de valores y de
cualidades.”(p. 153). Nosotros incidiremos en algunos de los
aspectos característicos de este periodo, partiendo de dos
premisas claves:
- El estado como representante del poder de la sociedad
tradicional patriarcal ha marcado sistemáticamente unos
roles estereotipados para cada sexo, ha practicado
discriminaciones, y ha atribuido a la mujer la tarea, que
permitiera cumplir en cada momento los objetivos que
socialmente interesaban.
- A pesar de la situación de sumisión y desigualdad,
generalizada, la lucha incesante y paciente del movimiento
feminista fue arrancando conquistas que terminaron por
transformar la realidad social de la mujer.
De los aspectos, de tipo general, característicos del periodo
señalado y, teniendo en cuenta las dos premisas expuestas
marcadas por el freno de la sociedad conservadora y el empuje
reivindicativo del movimiento feminista, nos centraremos en los
siguientes:
a. La evolución social en los Estados Unidos durante este
periodo, por la repercusión que ésta tiene, después, en
Europa. Durante el periodo que nos ocupa, se perfila un
nuevo tipo de “mujer moderna”, producto del estilo de vida
americano, prototipo que después de la Segunda Guerra
Mundial se extendería por otros países europeos, una vez
que el desarrollo económico y social así lo permitieron.
En la década de 1910 a 1920, la mujer parecía estar
presente en la mayoría de las profesiones, y aparentemente
las reivindicaciones estaban conseguidas. El mensaje oficial
plantea que la militancia feminista carece de sentido;
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comienza a hablarse de “feminidad emancipada” y, los
poderes político y económico (en 1920 ya existía una
producción industrial a gran escala) utilizaron esta nueva
organización social, creando todo un léxico derivado de esa
supuesta emancipación, para dirigir las voluntades de esas
mujeres hacia un consumismo irracional, mediante el
marketing y la publicidad. El contenido sesgado de los
mensajes publicitarios se centraba en las cualidades y
valores atribuidos a un sexo en concreto, el estereotipo de la
“mujer moderna”.
b. La incorporación de la mujer al mundo del trabajo y la
discriminación salarial. Desde principios de siglo se extendió
el uso de medios para el control de la natalidad, lo que
supuso, para las mujeres, mayor libertad de decisión sobre la
maternidad y unas relaciones más iguales con sus parejas.
En los años treinta y cuarenta también mejoró mucho el nivel
educativo de las mujeres (casi la mitad de estudiantes de
secundaria eran chicas) y en el ámbito laboral, la mujer, se
equiparó con el hombre en la realización de trabajos
cualificados. Pero la igualdad era sólo aparente, pues en
condiciones laborales similares a las masculinas, los salarios
femeninos eran muy inferiores.
Prevalecía la consideración de que el cabeza de familia (el
varón) aportaba al hogar el medio principal de manutención
familiar, mientras el salario femenino era sólo una ayuda. El
trabajo de las mujeres era por tanto poco valorado y mal
pagado. En este sentido podemos apuntar que la teoría del
socialismo marxista atribuye la subordinación de las mujeres
a la falta de total de independencia económica, lo que frena
totalmente su emancipación.
c. La constatación de que el destino de las mujeres siempre ha
estado ligado a su relación con los demás, sin valorar su
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importancia como ser humano autónomo e independiente. El
criar a los hijos y el desempeñar las tareas del hogar seguían
considerándose inherentes al hecho de ser femenino. Así,
con la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, ésta
se encontró en una situación compleja, ya que debía cumplir
con una doble jornada laboral. Por un lado, no podía
renunciar a las “conquistas feministas” del trabajo cualificado
y remunerado en el mercado laboral, y por otro, se veía
inmersa en la obligación “natural” de afrontar su papel de
madre, que demandaba cada vez mayor responsabilidad.
Tener hijos era una decisión individual, pero su crianza y
educación recaía exclusivamente en las mujeres y estaba
dirigida y apoyada por la sociedad científica y civil.
d. La demografía y la emancipación de la mujer. En los países
occidentales la mejora en las condiciones sanitarias, públicas
y privadas junto a los avances científicos y médicos
repercutieron en la bajada de la mortalidad infantil a
principios del siglo XX; era posible seguir manteniendo el
tamaño de la familia tradicional con un descenso de la
natalidad, de manera que, el movimiento feminista incidió en
la introducción de cambios en los comportamientos y
relaciones sexuales que supusieron conquistas personales. A
pesar de que la Iglesia Católica y los sectores sociales más
conservadores, en connivencia con la aptitud sumisa de los
Estados, propiciaron la aplicación de políticas tendentes a
impedir la libertad sexual y el control de la natalidad, a las
mujeres de diferentes países europeos.
Conforme la mujer conquistaba el acceso a la educación y al
trabajo, adquiría mayor autonomía y libertad de decisión
respecto al matrimonio, lo que influye directamente en el
descenso de la tasa de natalidad. La disminución del
crecimiento demográfico durante los años veinte y treinta, y
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el descenso de la población por las víctimas de la Primera
Guerra Mundial, condujo a los Estados a considerar la familia
como asunto fundamental en sus planificaciones políticas.
Se comenzó con ayudas que, de nuevo, ponían de manifiesto
la concepción paternalista y estereotipada de los Estados
respecto a la actividad laboral de las mujeres, aportando
subvenciones para que las ellas se pudieran quedar en el
hogar mientras los varones trabajaban fuera. Públicamente la
faceta maternal era considerada como prioritaria y por
encima de cualquier otra actividad. “Por eso, una vez
conquistado en la mayoría de los países occidentales el voto
y el acceso a la educación y al trabajo, se vertebró un nuevo
tipo de feminismo, menos conocido, que se puede definir
como “maternalista” porque supuso la revalorización de la
maternidad.” (p. 141) El movimiento feminista perseguía la
igualdad social y política, como una conquista individual, y,
se vio obligada a compaginarlo con exigencias colectivas
sociales y políticas “pronatalistas”.
El feminismo se volcó, entonces, en conseguir que el Estado
no solamente demandara, sino que, también, atendiera las
necesidades que la maternidad exigía. Se consiguieron
permisos remunerados de maternidad antes y después del
parto, asignaciones económicas por maternidad y por hijo,
con carácter universal y con la garantía del Estado. En
Francia, país en el que más fuerza había adquirido la política
natalista, se fundó un “sindicato profesional del ama de
casa” que exigía un salario doméstico para que la mujer
permaneciese en casa.
Establecidos los aspectos generales que caracterizaron el
movimiento feminista entre los años 1920 y 1950, nos parece
interesante reseñar la situación en diversos países, con sistemas
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políticos distintos, y en los que se aplicaron respecto a la mujer
políticas ¨pronatalistas” muy peculiares.
En los regímenes fascistas, entre ellos Italia o España, se
percibió a la mujer como el instrumento imprescindible para
engrandecer el Estado a través del fomento de la natalidad. En la
Alemania nazi, el fomento de la natalidad se controló con criterios
eugenésicos, con el objetivo de preservar y mejorar la raza aria.
La aplicación de estos criterios eugenésicos alcanzó a otros
países occidentales, con sistemas políticos no totalitarios, como
Estados Unidos, Gran Bretaña, Dinamarca, Noruega o Suecia, en
los que la eugenesia tuvo como trasfondo la protección de sus
respectivas poblaciones nacionales frente a minorías foráneas
emigrantes, con las que se quería evitar mezclarse.
Como excepción al trato discriminatorio que sufría la mujer a
causa de su sexo, resulta muy interesante destacar la situación
en Suecia, donde realmente se construyó una verdadera política
de igualdad. En los años treinta, los socialdemócratas suecos
alumbraron la primera política del Estado de Bienestar, en el que
la protección se estableció como un derecho individual para cada
ciudadano, incluyendo a los niños. Con esta política no se reforzó
un prototipo de familia creada por el Estado; al aplicarse las
ayudas estatales, de forma individualizada, con independencia de
su situación familiar, incidiendo en la igualdad entre hombres y
mujeres y ofreciendo las mismas oportunidades para todos los
niños. La puesta en práctica de estas políticas de ayudas por hijo,
de carácter universal, se extendió por el resto de los países de
Europa después de la Segunda Guerra Mundial.
Finalmente daremos unas breves pinceladas sobre la lucha
feminista en la España de 1920 a1950, que de forma similar a la
europea, se centró en la denuncia de la marginación de la mujer
y en la reivindicación del derecho a la educación como condición
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fundamental para la consecución de una vida digna e
independiente. Las conquistas del movimiento feministas llegaron
en España más tarde que en el resto de Europa al igual que el
desarrollo industrial y social.
En la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo a partir de la
revolución de 1868, se inició un incipiente movimiento feminista
en España, liderado por mujeres intelectuales liberal-progresistas
de la talla de Concepción Arenal, Gertrudis Gómez de Avellaneda,
y Emilia Pardo Bazán.
A principios del siglo XX, comenzaron las iniciativas
feministas dentro del movimiento obrero. En el PSOE se fundó la
Agrupación Feminista Socialista, cuyas componentes lucharon en
defensa de la mujer trabajadora dentro del sindicato UGT. En el
movimiento anarquista se impuso el criterio de considerar a la
mujer como un ser libre, inteligente e independiente, responsable
de sus actos, y para la que el matrimonio no era su destino, sino
una asociación voluntaria con el hombre basada en el amor. Los
anarquistas introdujeron la idea del amor libre y del divorcio.
En 1918, un grupo de mujeres de clase media, la mayoría
maestras y escritoras, entre las que destacan figuras como María
Maeztu, Victoria Kent, Elsa Soriano o Clara Campoamor,
constituyeron la primera organización feminista española, la
Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), que recogía
las ideas básicas de las sufragistas europeas, reclamando el voto
femenino y la igualdad de derechos, para la mujer, en todos los
ámbitos sociales y políticos. Se propuso una lucha interclasista
que uniera en torno a ella a todas las mujeres.
Con la Constitución de la Segunda República, en 1931, se
estableció legalmente la igualdad de la mujer, incluyendo el
derecho al voto, y suprimiendo la discriminación laboral por razón
de sexo. Por primera vez las españolas fueron consideradas
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ciudadanas y, como tales, el Estado adquirió el compromiso de
atender sus derechos igual que los del hombre. Esto situó las
conquistas de la mujer en España al mismo nivel que en el resto
de los países europeos.
Estos avances modernizadores y progresistas en el proceso
por la igualdad de los derechos de la mujer, se vieron truncados
por la guerra civil y la caída de la República. “La dictadura de
Franco retrocedió al Código Civil de 1889 que sometía a la mujer
al poder patriarcal” (p.179), se prohibió el divorcio y penalizó el
aborto. Se incluyó el catolicismo como fundamento de todo el
sistema educativo. Pero toda esta represión “no logró cortar el
rumbo de la historia, porque el proceso de transformaciones
propias de una sociedad industrial exigió en los años cincuenta y
sesenta que se abriesen de nuevo las vías de acceso de las
mujeres a la educación, al mercado laboral” (p.179).
4. CONCLUSIÓN PERSONAL
En principio, señalaremos que las luchas feministas sirvieron
de cohesión social entre mujeres de diferentes clases sociales en
pro de las conquistas que conseguirían tras largos años de lucha.
La conciencia de “género maternal” les llevó a reivindicar los
derechos de protección social de forma igualitaria para todas las
madres, y, especialmente, para las mujeres socialmente más
desfavorecidas.
En este periodo no podemos obviar que la mujer, en su
trayectoria en busca de mayores cotas de libertad, igualdad y
autonomía, asumió mayor carga laboral y mayor responsabilidad
dentro y fuera del hogar. Terminó siendo víctima de un consumo
manipulado y desmedido y, sobre todo, presa de un dirigismo
social en asuntos, como la crianza de los hijos, que debió aceptar
de buen grado por considerarse “propios” de su sexo.
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Socialmente, se trató de neutralizar cualquier oposición a su
situación discriminatoria por considerarla un peligro para el bien
familiar.
A lo largo del capítulo se establece una doble relación entre
Feminismo y Estado. Por un lado, las luchas y conquistas del
feminismo influyeron en las reformas del Estado respecto a los
derechos políticos, las mejoras de la protección social y la
creación del Estado de Bienestar. Por otro lado, el Estado
demandó de la mujer su participación en determinadas políticas,
así como el cumplimiento de un rol con funciones consideradas
“naturales de la mujer”.
Como reflexión respecto a la construcción del “modo de vida
americano”, que se extendió en los años cincuenta y sesenta por
Europa, debemos señalar la importancia de la publicidad como
instrumento para manipular las voluntades y orientarlas hacia un
bienestar ficticio como soporte de una sociedad consumista.
Consciente de que la mujer era la que realizaba las compras,
haciendo alusión a su nueva situación de persona emancipada,
responsable y consciente, el mercado aprovechó para crear
falsas necesidades y dirigir el consumo de los hogares
americanos. El ama de casa llegó a asumir los intereses
particulares, económico-productivos, como intereses propios,
aceptando y cumpliendo adecuadamente con los diversos roles
que le fueron impuestos.
Para finalizar, debemos recordar que, en la actualidad, la
lucha feminista sigue teniendo pleno sentido. En una sociedad,
como la española, la tasa de paro de las mujeres es cinco puntos
superior a la media nacional y existe una clara discriminación
salarial (a igualdad de puesto laboral las mujeres ganan un 16,5%
menos). Los actuales Estados occidentales siguen construyendo
sociedades desiguales, discriminatorias e injustas.
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5.GLOSARIO DE TÉRMINOS ESPECÍFICOS
- Estado de bienestar: Concepto con el que se designa una
propuesta política o modelo general del Estado y de la
organización social, según la cual el Estado provee servicios o
garantías sociales a la totalidad de los habitantes de un país.
En el texto alude a la importancia de las luchas feministas por
sus derechos políticos y sociales para impulsar la construcción
de lo que hoy llamamos estado de bienestar.
- Eugenésico: Perteneciente o relativo a la aplicación de las
leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la
especie humana.
En el texto se refiere a los criterios que durante el nazismo
alemán se siguieron para la protección de la natalidad de la
raza aria, esterilizando a los que ellos consideraban inferiores y
evitando la mezcla con otras razas.
- Feminidad emancipada: Término que hace referencia a la
situación de las mujeres en 1910 cuando ya habían conseguido
ocupaciones profesionales. Esta expresión fue utilizada por los
medios de publicidad como forma de solidarizarse con la
causa femenina para así venderles sus productos.
- Feminismo: Movimiento que exige para las mujeres los
mismos derechos que para los hombres.
Como reacción a la situación discriminatoria que el género
femenino había sufrido históricamente en una sociedad
patriarcal, en el siglo XIX las mujeres llevaron a cabo una lucha
por sus derechos que generó una serie de transformaciones
sociales y políticas en el mundo contemporáneo.
- Feminismo “maternalista”: Movimiento feminista que tiene
como finalidad la revalorización y protección de la maternidad.
Surge a partir de mediados del siglo XX, una vez conseguido el
derecho al voto y el acceso a la educación y trabajo.
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- Subliminal: Hace referencia a las técnicas, sutiles e
imperceptibles, utilizadas en el siglo XX por la publicidad para
inducir a las mujeres al consumismo, transmitiéndoles una
imagen de modernidad, sin que ellas fueran conscientes.
- Sufragismo: Movimiento de las personas que en Inglaterra, a
principios del siglo XX, se manifestaban a favor de la
consecución del sufragio femenino.
En la historia del Movimiento Feminista encontramos los
primeros textos básicos del sufragismo en Estados Unidos en
1848. Tenía carácter interclasista y dos objetivos principales: el
derecho al voto y a la educación de todas las mujeres.