Puntos sobresalientes Números 17 a 21

Muchos cristianos que han visto peligrar su empleo se han preguntado: “Si me quedo sin
trabajo, ¿cómo mantendré a mi familia?” (1 Tim. 5:8). Sea que hayamos pasado por esta
situación o no, sabemos que Jehová nunca abandona a quienes lo tienen como herencia y
aprecian el privilegio de servirle. De hecho, es muy posible que hayamos comprobado por
experiencia propia lo cierta que es esta promesa de Jesús: “Sigan *...+ buscando primero el
reino *...+, y todas estas otras cosas *como la comida y la ropa+ les serán añadidas” (Mat. 6:33).

Pensemos de nuevo en la tribu de Leví. No había heredado ninguna tierra. Sin embargo, como
su principal ocupación era el servicio sagrado, podía contar con el cuidado de Jehová, quien le
había dado esta garantía: “Yo soy la parte que te corresponde, y tu herencia” (Núm. 18:20).
Aunque nosotros no servimos en un santuario construido por el hombre, hacemos bien en
mostrar la misma actitud que los sacerdotes y los levitas y confiar en que Dios nos dará lo
necesario. Al ir acercándonos al fin, esta fe es cada vez más importante (Rev. 13:17).

Mantenga una actitud positiva - Al perder privilegios de servicio

Moisés, como líder de la nación de Israel, fue quien envió a los 12 espías. Él fue quien dirigió a
la nación cuando esta salió de Egipto, y, sin duda, esperaba ser el que la introdujera en la
Tierra Prometida. No obstante, perdió este privilegio cuando, en un momento de
exasperación, no engrandeció el nombre de Jehová. (Números 20:2-13.) ¿Cómo reaccionó
Moisés ante esto? En una canción que compuso más tarde, él dijo: “Declararé el nombre de
Jehová [...] La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de
fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él”. (Deuteronomio 32:3, 4.) ¡Qué actitud
positiva tuvo Moisés, a pesar de haber perdido un importante privilegio de servicio!

Si alguna vez tenemos que encararnos a una situación similar, el recordar esta experiencia de
Moisés nos puede ayudar. Pudiera suceder que el cuerpo de ancianos de una congregación
recomiende la remoción de un anciano o un siervo ministerial debido a que ya no llena todos
los requisitos bíblicos para tal privilegio de servicio.
Tal vez el hermano piense que no merece ser removido, y por eso quizás se enoje y cause
disturbio innecesario.
Al tener una actitud negativa tal vez comience a murmurar, a buscar faltas en otros y hasta a
chismear. Con el tiempo, tal vez deje de asistir a las reuniones y de participar en la obra de
predicar. ¡Qué mala condición en la cual estar! Cuánto mejor sería mantener una actitud
positiva y considerar la remoción como disciplina o adiestramiento para llegar a ser un mejor
siervo de Jehová. Él bien podría aprovecharse de esta oportunidad para estudiar y meditar en
la Palabra de Dios a fin de volver a llenar los requisitos necesarios para servir a Dios
plenamente. Muchos que han hecho esto han sido bendecidos más tarde con aun mayores
privilegios de servicio. (Hebreos 12:11.)