La tortura en Chiapas

La tortura y el maltrato son prácticas cotidianas en Chiapas, ocurren todos los días, las perpetran
agentes de seguridad del Estado de todos los niveles, sistemáticamente se detiene, se “arraiga”, se
oculta en los hoyos negros extralegales de las mazmorras, de las casas de seguridad, de las
prisiones clandestinas, en las mismas oficinas de la procuraduría o de los ministerios públicos, se
magulla cuerpos, se pisotean pensamientos e ideas, se arrebatan sueños, se arrastran dignidades.
En Chiapas no existe en la realidad una investigación científica de los delitos, se busca más
inculpar que encontrar responsables, las diferentes policías chiapanecas no tienen, o no muestran
tener, el entrenamiento suficiente para realizar una investigación criminal. Se acude por tanto a
métodos que obligan a la víctima a declararse culpable: “Expresa que ante lo que (le) estaba
pasando comenzó a llorar, pidiéndoles a sus interrogadores que le dijeran que querían que les
dijera para decirlo”; “el agente del Ministerio Público le decía las manera en que había operado en
relación a un delito por extorción, a lo que le contesta “si usted lo dice está bien, dígame donde le
firmo”. Pero también obligan a que las personas incriminen a otras: “le pasan varios videos para
que reconociera a las personas y un vehículo que aparecían en ellos, ante el temor de recibir
nuevamente maltrato refiere que una de las personas del video se parece a un profesor que
conoce”
Pero no solo es la tortura una práctica sistemática, es sobre todo sistémica, quienes torturan
cuentan con toda una red de complicidades dentro de las instituciones que permite realizarla con
el consentimiento, justificación o encubrimiento, tanto de sus pares como de sus superiores
jerárquicos.
No es la tortura el resultado de un sujeto enfermo, o que no cumple los protocolos y normas, no
“son malos elementos a los cuales se aplicarán medidas correctivas”, no es algo que ocurre de
manera ocasional o espontanea, para torturar hay que aprender, debe haber maestros quienes
enseñan a sus aprendices los diferentes métodos de castigo, la intensidad y tiempo de aplicación,
la manera de no dejar huellas o en su caso las menos posibles, enseñan a cómo sujetar, donde y
con qué golpear, con qué cubrir, experimentar su creatividad y desarrollar o perfeccionar métodos
de castigo; aunque no hayan tomado formalmente cursos de psicología aprenden a aplicar formas
de deprivación sensorial: “Al bajarlo de la camioneta tipo van le dan de cachetadas y le colocan un
vendaje en los ojos”; de negar las necesidades fisiológicas de las víctimas: “le pide que le den
comida ya que aún no había desayunado a lo que le contesta ‘no hay comida’, “Durante el tiempo
que permaneció en las instalaciones de la SSP no recibió alimento o bebida alguna”; de
humillación: “le quitan los pantalones”, “lo paran enfrente de un altar a San Juditas y una virgen de
Guadalupe que tienen por las galeras de las instalaciones de la SSP, allí lo paran desnudo, vendado
como estaba; juegan los torturadores con la incertidumbre, angustia y miedos de la víctima,
aprenden el poder que tiene la amenaza personal y a quienes rodean a la persona afectada:
“escuchó voces de mujer y sintió el terror de que su esposa también estuviera detenida e imaginó
que también la estaban maltratando”; “¿dónde está el carro?, porque si no te voy hacer otra cosa,
ahorita solo te estoy golpeando”, “dilo porque él te puede hasta quebrarte la madre”; “En el
trayecto los policías que los golpeaban les iban diciendo “me gusta quebrar dientes, este va a ser el
tercero”.
Para torturar se necesita un lugar, el cual debe proporcionar las condiciones de confianza para
que los torturadores se sientan a sus anchas: “Ya estando en las instalaciones del Ministerio
Público es apremiado a decir donde se encuentra el carro robado, bajo amenazas de que le van a
golpear y a ‘romper la madre’, es introducido en un cuarto donde las mismas personas que lo
detuvieron le golpean en el tórax y en la cabeza”; “Una vez que llegaron a las instalaciones de la
policía municipal fueron presentados ante una licenciada y el señor G. al seguir alegando abuso de
autoridad, le exigen que se calle y es golpeado nuevamente por los policías”; “ingresan a las
instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública”; “Después de un tiempo son trasladados a las
instalaciones de la FECDO. En ese lugar le solicita a una persona realizar una llamada para avisar a
su familia, a lo que le contesta ‘usted no tiene derecho a nada’; “Es cambiado a otro vehículo tipo
van completamente cerrado, y percibe que llevan a más personas... Durante el trayecto en este
vehículo recibe insultos y golpes en la cabeza realizados con la palma abierta, así como en los
costados al tiempo que le preguntaban ‘¿vas a cooperar?’. Este maltrato también se le daba a las
otras personas que iban en el vehículo”.
Para torturar se necesita complicidad institucional, es necesario que haya quien encubra los
hechos, quien los justifique, quien los minimice, quien no los denuncie, es necesario que haya
agentes del ministerio público que no reciban las denuncias de tortura, investigadores que no
investiguen, jueces que no juzguen, hay personas que saben de la tortura y simplemente dejan
que ocurra: “el comandante Santos le respondió “¡mira compa me acaban de sacar de una comida
y por mí si te mueres, muérete!”; “le trasladan a un cuarto donde se encuentra el comandante
Santos, y al quitarle el vendaje de los ojos puede reconocer a otras personas presentes: el director
de la Policía Estatal Preventiva, un comandante alias “el chilango”, un comandante Valentín, al
parecer comandante de homicidios de la PGJE, un comandante de la metropolitana y otra persona
de FECDO, así mismo ubica a otra persona flaca y alta, que posteriormente reconoce como un
agente del Ministerio Público ante el cual rendirá declaración el día siguiente. Además de otras
personas que el declarante presume como agentes policiales”, “Posteriormente es presentado
nuevamente ante el Ministerio Público el cual le dice “vamos a platicar y quiero que me cuentes
como estuvo todo, porque ahí están los muchachos que quieren platicar contigo” refiriéndose a los
elementos de la FECDO que se encontraban fuera de la oficina, y al contestarle que se le estaban
violando sus derechos el agente del Ministerio Público le contesta “las cosas aquí son así”, “siendo
la respuesta del Ministerio Público “ni modo así es aquí”; “Expresa que fue en el lugar donde
estaba haciendo su declaración que reconoce a dos de las personas que estuvieron presentes
mientras le torturaban, presentándose como el agente del Ministerio Público del área de
homicidios de la Procuraduría estatal y otro que se presenta como comandante Valentín”.
¿Y el personal médico?
Existen una serie de criterios éticos que el personal médico debe cumplir, independientemente de
su adscripción laboral: “El principio básico del conjunto de la ética de la atención de la salud,
cualquiera que sea la forma en que se enuncie, es el deber fundamental de actuar siempre de
conformidad con los mejores intereses del paciente, sean cuales fueren las limitaciones, presiones
u obligaciones contractuales”
1
.
“…le pidió al agente del Ministerio Público que diera fe del estado en el que se encontraba, además
de decirle que había sufrido una agresión sexual, al haberle introducido un objeto en el ano, algo
que le causaba suficientes molestias que incluso le dificultaron la defecación posteriormente. Ante
esto es llevado ante un médico de la Procuraduría estatal, el cual luego de una revisión en la región
anal, le dice que no tiene nada, que todo está en orden, sin hacerle una revisión más completa del
estado en que se encontraba en ese momento”; . “Comenta que después de esto (las sesiones de
tortura) es llevado ante una médica para certificarlo, esta médica le hace un interrogatorio sin
exploración física”; “Refiere el de la voz que al día siguiente, martes por la mañana, encontrándose
ya detenidos, un médico paso haciendo revisión a otras personas que se encontraban también en

1
Protocolo de Estambul, Manual para la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros tratos
o penas crueles, inhumanos o degradantes. Naciones Unidas. P. 11
situación de detención, y al pedirle que los revisaran les contesto ‘ustedes están bien, al rato los
checo’, pero eso nunca sucedió”.
El principio de la independencia profesional exige que en todo momento el profesional de la
salud se concentre en el objetivo fundamental de la medicina, que es aliviar el sufrimiento y la
angustia y evitar el daño al paciente, pese a todas las circunstancias que puedan oponerse a ello.
El personal médico tiene el deber de responder a la necesidad y el sufrimiento.
El Código Internacional de Ética Médica de la Asociación Médica Mundial pone de relieve el deber
que tiene el médico de prestar sus servicios "con plena independencia técnica y moral, con
compasión y respeto por la dignidad humana"
Consentimiento informado: El médico tiene la obligación de obtener el consentimiento voluntario
e informado de los pacientes mentalmente competentes para cualquier examen o tratamiento.
El principio de confidencialidad.
Los profesionales de la salud tienen una doble obligación, una obligación principal ante el paciente
de promover sus mejores intereses, y una obligación general ante la sociedad de asegurar que se
haga justicia e impedir las violaciones de los derechos humanos. Los dilemas que plantea esta
doble obligación son particularmente agudos entre los profesionales de la salud que trabajan para
la policía, el ejército u otros servicios de seguridad, o para el sistema penitenciario. Los intereses
de su empleador y de sus colegas no médicos pueden entrar en colisión con los mejores intereses
de los pacientes detenidos. Cualesquiera que sean las circunstancias de su empleo, todo
profesional de la salud tiene el deber fundamental de cuidar a las personas a las que se le pide que
examine o trate. No pueden ser obligados ni contractualmente ni por ninguna otra consideración a
comprometer su independencia profesional. Es preciso que realicen una evaluación objetiva de los
intereses de la salud de sus pacientes y actúen en consecuencia.
A manera de conclusión
La tortura no es solo una práctica generalizada de parte de instituciones que tienen el encargo de
la “justicia”, no es resultado de malos elementos que no respetan las normas y los protocolos, no
es algo ocasional. La tortura es parte integrante de este sistema de poder que necesita humillar
cuerpos y aplastar conciencias para seguir mal funcionando. La tortura no solo es sistemática, sino
sobre todo es sistémica, es parte esencial del aceite que necesita la máquina del horror y el terror
para que los jefes puedan mandar mandando, para que la macroeconomía crezca, para que la
tierra que vida da, muerte produzca, para que el trabajo sea otra forma de extraer vida en lugar de
hacerla florecer, para que la mentira parezca verdad. La tortura es parte esencial de la
necropolítica de los que mandan mandando y matando.
Gabriel García Salyano