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DIRECTORIO

PRESIDENTE DEL PATRONATO NACIONAL
Dr. Jesús Kumate Rodríguez
PRESIDENTE VITALICIO
Lic. José Gómez Gordoa
VICEPRESIDENTE
Lic. Ernesto Enríquez Rubio
VICEPRESIDENTE
Lic. Mario Luis Fuentes Alcalá
PRESIDENTA DE LA COMISIÓN DE VIGILANCIA
Sra. Kena Moreno
Coordinadora de la Obra
DIRECTOR GENERAL
Dr. Víctor Manuel Guisa Cruz
DIRECTOR GENERAL ADJUNTO DE NORMATIVIDAD
Dr. Lino Díaz-Barriga Salgado
Coordinación Técnica
DIRECTORA GENERAL ADJUNTA DE OPERACIÓN Y DE PATRONATOS
Psic. Carmen Fernández Cáceres
DIRECTORA GENERAL ADJUNTA DE ADMINISTRACIÓN
C.P. Edith Escudero Coria
EDICIÓN:
Andrea Cataño, Martha Mayagoitia Talamante, Jannette Lara Ortíz, Miguel Martínez Curiel,
Víctor Gerardo Gutiérrez Campos, Gerardo Narváez Rivas
COLABORADORES:
Hugo Alcántara Moreno, Silvia Cruz, Patricia Gómez Martínez, Vertha Hernández Cabrera,
Ricardo León Fabela, Beatriz León Parra, Kristal Areli Ocádiz Gardeazábal, María Luisa
Patiño Hernández, Manuel Ponce Bernal, María del Pilar Reyes Munguía, Mario Ruiz López,
Gilberto José Santos González, Santiago Segui Amortegui.
AUTORES:
Dr. Luis R. Solís Rojas
Alejandro Sánchez Guerrero
Rafael Cortés Fuentes
Se agradece la colaboración de los directores y personal médico-técnico de todas
las unidades operativas del país por su apoyo para la formulación de las preguntas
que contiene esta obra.
4
Kena Moreno
Coordinadora
de la Obra
José Luis Cuevas
Ilustrador
D.R. © 2003 Centros de Integración Juvenil, A.C.
ISBN 968-5217-02-5
Tlaxcala 208, Col. Hipódromo Condesa
06100, México, D.F.
Correo Electrónico: cij@cij.gob.mx
cijexchange@iserve.net.mx
Sitio WEB: www.cij.gob.mx
PRESENTACIÓN
E
n la actualidad, resulta imposible ser ajenos a las drogas,
pues de manera directa o indirecta sabemos “algo” acerca
de ellas: el sector salud advierte del creciente índice de con-
sumidores; los medios de comunicación nos informan acerca de
los decomisos y las detenciones; las instituciones sanitarias y las
organizaciones civiles ponen en marcha programas de preven-
ción y tratamiento en coordinación con el gobierno… pero ¿qué
es lo que exactamente sabemos acerca de las drogas?
Como en todo problema complejo, surgen diversas interro-
gantes: ¿qué es una droga?, ¿la persona que consume sustancias
tóxicas está enferma o tiene un vicio?, ¿qué hago para prevenir
el uso de drogas en mi familia?, ¿cómo puedo ayudar a un fami-
liar adicto? Entonces resulta fundamental contar con informa-
ción científica, veraz y oportuna que nos ayude a comprender
las adicciones y así, al abatir primero la ignorancia, como socie-
dad tendremos la capacidad de luchar contra este fenómeno que
afecta cada vez más a los niños y a los adolescentes.
Con el libro Drogas: Las 100 preguntas más frecuentes, Cen-
tros de Integración Juvenil busca dar respuestas concisas y claras
acerca de un fenómeno que afecta a las personas, las familias y
las comunidades.
Estamos seguros de que su contenido será un importante
apoyo, en primer lugar para los jóvenes, pues resolverán sus
dudas y obtendrán las herramientas necesarias para afrontar lo
mejor posible las situaciones conflictivas propias de su edad.
Asimismo, esta obra será de utilidad a los padres de familia, ya
que les resultará una magnífica guía para entender el tipo de
inquietudes que tienen sus hijos acerca del uso de drogas, y
contarán así con mayores elementos para conversar con ellos
sobre este grave problema de salud pública.
Kena Moreno
Presidenta de la Comisión
de Vigilancia de CIJ
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN ................................................................................ 11
RECOMENDACIONES PARA UTILIZAR ESTE LIBRO ............................... 13
CAPÍTULO I
LAS DROGAS Y SUS EFECTOS ........................................................... 21
1. ¿Qué es una droga?................................................................................ 23
2. ¿Qué tipos de drogas existen?.............................................................. 24
3. ¿Qué es la farmacodependencia o drogadicción? ........................... 25
4. ¿Qué tipo de usuarios existen? ............................................................ 26
5. ¿Qué efectos pueden generar las drogas? ......................................... 28
6. ¿Qué drogas se consumen más? ......................................................... 32
7. ¿Quiénes consumen más drogas?....................................................... 34
8. ¿Cuántas personas han consumido drogas ilegales
alguna vez en la vida en nuestro país? ................................................... 35
9. ¿Por qué es muy frecuente el consumo de drogas
entre niños y niñas de la calle o internos de reclusorios,
entre otros? .................................................................................................. 37
10. ¿El alcohol y el tabaco se consideran drogas? ................................ 39
11. ¿El consumo de alcohol y tabaco en un adolescente,
incrementa el riesgo de usar otras drogas? ........................................... 42
12. ¿Es más peligroso consumir una droga que otra? ......................... 44
13. ¿En qué lugares se suelen conseguir drogas
con mayor facilidad? .................................................................................. 46
14. ¿Quién es la persona que, comúnmente, ofrece
una droga por primera vez? ..................................................................... 47
15. ¿En qué momento se convierte en problema
el uso de drogas? ........................................................................................ 48
16. ¿Qué problemas se asocian al consumo de drogas? ..................... 50
17. ¿El consumo de drogas es provocado por factores
genéticos o hereditarios? .......................................................................... 51
CAPÍTULO II
POR QUÉ SE CONSUMEN LAS DROGAS ............................................. 53
18. ¿Por qué alguien consume drogas? .................................................. 55
19. ¿Cuáles son los mitos más comunes sobre
las drogas? ................................................................................................... 56
20. ¿La drogadicción es un vicio, una enfermedad
o un problema social?................................................................................ 58
21. ¿Quiénes son más vulnerables para consumir drogas? ................ 60
22. ¿Qué tan importantes son los factores de riesgo en el
inicio del consumo de drogas? ................................................................ 62
23. ¿Son los padres responsables del consumo de drogas
en sus hijos? ................................................................................................ 65
24. ¿Cómo influyen las relaciones familiares para evitar
o propiciar el consumo de drogas? ......................................................... 67
25. ¿La violencia familiar representa un riesgo para
abusar de drogas? ...................................................................................... 70
26. ¿Por qué si una familia se encuentra integrada,
uno de sus miembros puede usar drogas? ............................................ 71
27. ¿Es la pobreza un factor de riesgo para el consumo
de drogas? .................................................................................................... 73
28. ¿La manera de vestir, hablar y escuchar música de
un adolescente, se relaciona con el consumo de drogas? .................. 75
29. ¿Existe relación entre el trastorno por déficit de
atención e hiperactividad (TDAH) y el consumo
de drogas? .................................................................................................... 76
30. ¿Son las conductas violentas durante la infancia un
factor de riesgo para el consumo de drogas? ........................................ 78
31. ¿Qué es el estrés? ................................................................................. 79
32. ¿Cómo influye el estrés en el consumo de drogas? ....................... 82
33. ¿El consumo de drogas deriva siempre en un
comportamiento delictivo? ....................................................................... 83
CAPÍTULO III
EL CONSUMO DE DROGAS Y SUS CONSECUENCIAS........................... 85
34. ¿Cuál es el marco legal del consumo de drogas? ........................... 87
35. ¿Qué diferencia hay entre uso, abuso y dependencia
de drogas? .................................................................................................... 88
36. Si bebo, aunque sea moderadamente, ¿puedo exigirles
a mis hijos que no lo hagan? .................................................................... 90
37. Si el consumo de drogas hace daño, entonces
¿por qué en algunas personas que consumen con
frecuencia no se presentan consecuencias graves? ............................. 91
38. ¿Qué consecuencias puede haber durante la gestación
de un niño por el consumo de drogas de su madre? ........................... 92
39. ¿El consumo de drogas puede afectar la actividad
sexual de una persona? ............................................................................. 94
40. ¿Si uso drogas, me puede dar sida?.................................................. 96
CAPÍTULO IV
CÓMO PREVENIR EL CONSUMO DE DROGAS .................................... 97
41. ¿Qué son los factores de protección en el consumo
de drogas? .................................................................................................... 99
42. ¿Qué es la autoestima? ...................................................................... 100
43. ¿Puede la autoestima prevenir el consumo de drogas? .............. 102
44. ¿Qué es la asertividad? ...................................................................... 104
45. ¿Cómo influye la asertividad en la prevención de drogas? ........ 106
46. ¿Cuántos tipos de comunicación existen? ..................................... 107
47. ¿Qué es el apego escolar?................................................................. 109
48. ¿La escuela protege del consumo de drogas? .............................. 110
49. ¿Cómo influye el apego escolar en la prevención
de las drogas? ............................................................................................ 111
50. ¿Cómo fortalecer el apego escolar? ................................................ 112
51. ¿Qué son las habilidades sociales? ................................................. 114
52. ¿Por qué son importantes las habilidades sociales
en la prevención del consumo de drogas? .......................................... 117
53. ¿Qué es la resilencia? ........................................................................ 120
54. ¿Por qué es importante la resilencia para evitar
el consumo de drogas? ............................................................................ 121
55. ¿Por qué participar en la prevención de drogas,
cuando ni mi familia ni yo tenemos este problema? ......................... 122
56. ¿Cómo identificar cuando una persona consume
drogas? ....................................................................................................... 123
57. ¿Cómo saber si alguien en mi familia está en
riesgo de consumir drogas? ................................................................... 125
58. ¿Cómo saber si los cambios en mis hijos adolescentes
se deben al consumo de drogas o a la etapa por la que
atraviesan? ................................................................................................. 126
59. ¿A qué edad se recomienda hablar de drogas
con los hijos? ............................................................................................. 128
60. ¿Cómo puedo hablar con mis hijos sobre los riesgos
de consumir drogas? ................................................................................ 129
61. ¿Cuáles son los límites o las reglas que deben considerar
los padres de familia respecto al consumo de alcohol de
sus hijos e hijas? ....................................................................................... 131
62. ¿Cómo puedo hablar con mis padres sobre las drogas? ............ 133
63. ¿Cómo hablarle a mi hermano menor de drogas?....................... 135
64. ¿Es conveniente hablar de drogas con un niño
preescolar? ................................................................................................. 137
65. ¿Cómo prevenir que mis hijos consuman drogas? ...................... 139
66. ¿Qué papel desempeñan los valores personales y
familiares en la prevención del consumo de drogas? ....................... 141
67. ¿Difundir los efectos de las drogas ayuda
a prevenir su uso? ..................................................................................... 143
68. ¿Cómo influye el consumo de alcohol y tabaco en
la conducta de los hijos? ......................................................................... 144
69. ¿Son importantes las responsabilidades compartidas
dentro de la familia? ................................................................................ 145
70. ¿Por qué es importante utilizar adecuadamente el
tiempo libre? ............................................................................................. 147
71. ¿Cómo establecer un equilibrio entre la confianza
y la autonomía del hijo adolescente? ................................................... 149
72. Si un adolescente no fuma, no toma alcohol ni consume
drogas, ¿estará en desventaja para relacionarse con
otras personas de su edad? ..................................................................... 150
73. ¿Por qué en lugares de convivencia se ha vuelto
costumbre el consumo de tabaco, alcohol y, en
ocasiones, de otras drogas? .................................................................... 152
74. Si mi hijo quiere aprender a tomar alcohol,
¿es mejor que lo haga en casa? .............................................................. 154
75. ¿Qué puedo hacer para rechazar una invitación
de mis amigos para que pruebe drogas? ............................................. 156
76. ¿Qué puedo hacer si un amigo o conocido me
ofrece drogas? ........................................................................................... 157
77. ¿Qué puedo hacer si me entero de que mi hijo
frecuenta a amistades que consumen drogas? ................................... 158
78. ¿Qué puedo hacer si me entero de que mi hijo
usa drogas? ................................................................................................ 161
79. ¿Cómo tratar a una persona cercana que consume
drogas? ....................................................................................................... 162
80. ¿Por qué mis padres me prohíben consumir alcohol
y tabaco, cuando ellos lo hacen? ........................................................... 164
81. ¿Qué puedo hacer para que mi madre o padre deje
de fumar y/o beber alcohol? ................................................................... 165
82. ¿Qué programas de prevención ofrece Centros
de Integración Juvenil? ........................................................................... 167
CAPÍTULO V
CÓMO ATENDER EL PROBLEMA DE DROGAS .................................. 169
83. ¿Se puede motivar a alguien que consume
drogas para que acuda a tratamiento? .................................................. 171
84. ¿Cómo es el tratamiento para las personas adictas? .................... 173
85. ¿Es necesario el internamiento para una persona
que está en tratamiento? ......................................................................... 177
86. ¿Cómo puedo ayudar a un amigo o familiar que
se droga para que acuda a tratamiento?............................................... 178
87. ¿Puede una persona rehabilitada integrarse por
completo a una vida normal? ................................................................. 180
88. ¿La familia tiene algún papel en la rehabilitación? ..................... 181
89. ¿Si una persona adicta a las drogas se niega a acudir
a tratamiento, es recomendable que lo haga la familia? .................. 182
90. ¿Cómo es el tratamiento que ofrece Centros de
Integración Juvenil? ................................................................................. 184
91. ¿Es curable la drogadicción? y ¿cuánto tiempo tarda
su tratamiento y rehabilitación? ............................................................ 186
92. ¿Es lo mismo una “granja”, un anexo o una clínica,
para el tratamiento? ................................................................................. 187
93. ¿Puede una persona adicta dejar las drogas sin
acudir a tratamiento? ............................................................................... 189
94. ¿Escuchar testimonios de personas exadictas al
alcohol u otras drogas puede ayudar a prevenir las
adicciones? ................................................................................................ 190
13
95. ¿Por qué alguien que ha recibido tratamiento vuelve
a consumir drogas? .................................................................................. 191
96. ¿Por qué existen personas que intentan dejar de
consumir alcohol u otras drogas y no pueden hacerlo? .................... 192
97. ¿Quién tiene más probabilidades de rehabilitarse,
un niño, un joven o un adulto? .............................................................. 193
DÓNDE SOLICITAR AYUDA.............................................................. 195
98. ¿Dónde o a quién puedo recurrir para conocer
más sobre la prevención y el tratamiento de problemas
relacionados con el consumo de drogas? ............................................ 195
99. ¿Qué debo hacer si tengo conocimiento de la venta
de drogas en mi vecindario? .................................................................. 195
100. ¿Cómo puedo participar como voluntario en la
prevención de drogas? ............................................................................ 196
GLOSARIO....................................................................................... 199
BIBLIOGRAFÍA ................................................................................. 205
INTRODUCCIÓN
M
uchos de los aspectos relacionados con las drogas (consumo,
tráfico, publicidad, etcétera) han ido ganando terreno en los
referentes de la vida diaria de casi todas las personas; por ejem-
plo, a diferencia de hace algunos años, hoy día es más común
escuchar en la televisión dentro del horario familiar la palabra “dro-
ga”. Esta tendencia no muestra intención de cambiar; por el con-
trario, quizá dentro de poco tiempo se oiga más veces en un solo
día y en lugares donde antes resultaba muy raro mencionarla. Por
eso, la mejor forma de evitar que las drogas se conviertan en un
problema personal o familiar es, en principio, estar bien informados
del tema.
No obstante, debe tenerse sumo cuidado con la información
que se obtiene de las drogas y los problemas asociados con su
consumo, ya que algunas veces proviene de personas o grupos
que, respondiendo a intereses más particulares, no ofrecen una
garantía de su veracidad. Ante ello, es importante que se verifi-
que si las referencias están respaldadas por investigaciones cien-
tíficas. En este sentido, el contenido de este libro, además de ofre-
cer un lenguaje accesible y claro, sustenta su información en
investigaciones nacionales e internacionales, así como en los 34
años de experiencia que tiene Centros de Integración Juvenil en
la atención integral de la farmacodependencia en México.
Cuando se utiliza el término “droga”, se hace referencia tanto
a aquellas sustancias legales como ilegales que, al consumirlas,
pueden originar distintos trastornos físicos o mentales y, en su caso,
desencadenar diversas formas de dependencia (física, psicológica
o social). Desde esta lógica, “drogas” no sólo se limita a sustancias
como la mariguana o la cocaína, sino también a otras como el
alcohol y el tabaco, que son causantes de graves daños de salud y
de convivencia social, principalmente entre los jóvenes.
Quizá por el hecho de que el alcohol y el tabaco son drogas
permitidas en nuestra sociedad, se tenga comúnmente la idea de
15
que éstas forman parte del proceso natural de maduración de las
personas. Pero mantener esta actitud permisiva, representa mu-
chos riesgos si no se toman medidas para evitar o disminuir los
daños que un consumo problemático conlleva al consumidor y
a su entorno. Para ello, es preciso tener en cuenta dos cosas:
Que el consumo de drogas (cualquiera que éstas sean) no for-
ma parte de la vida cotidiana de la inmensa mayoría de los
jóvenes.
La mayor parte de las personas que prueban las drogas en
determinada ocasión, deja de consumirlas después de algu-
nos contactos con ellas.
Cuando se formula una pregunta, la posibilidad de respuesta
puede ser diversa, porque implica asumir una posición y definir
un punto de vista. En este sentido, las respuestas que se exponen
en este libro no pretenden ser formas únicas de entender las dro-
gas y los problemas asociados con su consumo, sino una manera
de transmitir la experiencia que nuestra institución ha acumula-
do sobre este complejo fenómeno.
16
RECOMENDACIONES PARA UTILIZAR ESTE LIBRO
Presentación
La manera más eficaz como puede utilizar este libro es consultar
directamente las preguntas que le puedan ser de mayor utilidad, de
acuerdo con las actividades que desarrolle en su vida cotidiana,
o por motivos particulares por los cuales esté interesado en leer
esta obra.
Preguntas que puedo considerar de acuerdo con mis ac-
tividades o intereses…
I. En el sector educativo, como apoyo al trabajo de profeso-
res, orientadores (asesores o responsables de departamen-
tos de psicopedagogía) de educación media básica y me-
dia superior.
Qué contenidos son recomendables para fomentar o revisar con
sus alumnos
Si quiere saber Consulte las siguientes preguntas:
Generalidades sobre la drogadicción. 1-7, 10 y 11, 13 y 14, 21, 35
Qué factores de riesgo se relacionan con el
uso de drogas.
18, 22–26, 28–30, 40, 68
Qué factores de protección se relacionan
con el uso de drogas.
41-43, 46, 55, 59, 61, 64, 67, 70
Qué es y cómo fomentar el apego escolar. 47-60
Cómo promover el desarrollo de habilidades
sociales.
51 y 52, 72
Cómo identificar y/o tratar a los usuarios de
drogas.
56, 79, 83, 86 y 87, 89, 91, 97
Dónde solicitar mayor información. 82, 90, 98-100
17
Cómo usar el libro y sus contenidos en la escuela
Curricularmente:
Vincular en clase los temas de interés con ciertos capítulos o
secciones incluidos en los libros de texto (lectura grupal o en
equipos, exposición del maestro).
Dejar tareas o cuestionarios (individual, por equipo o para rea-
lizar exposiciones).
Realizar juegos (maratón o carrera de conocimientos).
Extracurricularmente:
Recomendar como material de apoyo para la elaboración de
tareas, investigaciones, guiones para obras de teatro, concur-
so de carteles, dibujos, literatura, etcétera.
Por medio de cursos propedéuticos.
Cursos de formación profesional al magisterio.
Coordinación de talleres de lectura complementarios con otros
compañeros.
En otras actividades organizadas por la escuela (rally, semana de
la salud, quermés, ferias del libro, etcétera).
Como concurso o carrera de conocimientos.
Como recurso de apoyo para dar respuesta a preguntas parti-
culares de interés general de la población escolar (profesores,
alumnos, padres de familia).
Como fomento e introducción a la formación de círculos de
lectura.
Como lectura libre (préstamo momentáneo para consulta o
revisión del libro).
18
II. Para informar y/o reforzar el conocimiento que los ado-
lescentes y jóvenes tienen respecto a las drogas y su con-
sumo
Qué contenidos son recomendables para que revisen los adoles-
centes y jóvenes
Cómo pueden utilizar los adolescentes y jóvenes este libro
Como una lectura de interés general.
Como un material para compartir en debates y reuniones con
los amigos, compañeros o familiares.
Como material de apoyo para las exposiciones y otros traba-
jos escolares.
Como una forma de autodiagnóstico sobre el conocimiento
general, riesgo, uso o abuso de drogas.
Realizando talleres o círculos de lectura.
19
III. En el ámbito familiar, con padres y madres de familia
Qué contenidos son recomendables para fomentar y/o revisar con
los padres de familia
Cómo pueden usar los padres de familia los contenidos de este
libro
Para complementar y apoyar la información revisada en los
Círculos de Lectura del libro Cómo proteger a tus hijos contra
las drogas.
Como material de apoyo para establecer una conversación con
los hijos sobre las drogas.
Como material de apoyo para los coordinadores de los Círcu-
los de Lectura del libro Cómo proteger a tus hijos contra las
drogas.
Si quiere saber Consul te l as sigui entes preguntas:
Generalidades sobre la drogadicción y las
drogas.
1-4, 7, 10 y 11, 13 y 14, 35
Por qué se comienza a consumir drogas. 18, 22-26, 28-30, 33, 36-38
Qué ayuda a los hijos a evitar o rechazar
el consumo de drogas.
41-43, 46, 55, 65 y 66
Cómo hablar con los hijos sobre las
drogas.
59-61, 64, 71, 74, 77
Cómo identificar el riesgo del uso de
drogas en la familia.
57 y 58, 68
Función de la familia en el tratamiento y
rehabilitación.
78 y 79, 83, 85-89, 91, 97
Dónde solicitar mayor información. 82, 90, 92 y 93, 98-100
20
IV. En el sector social, con medios masivos de comunicación, gru-
pos promotores preventivos, y otros organismos (empresas, insti-
tuciones, etcétera)
Qué contenidos son recomendables para fomentar y/o revisar con
estos grupos
Cómo pueden usar los contenidos del libro estos grupos
Para la organización y el desarrollo de pláticas informativas.
En la conformación de talleres o círculos de lectura sobre el
tema de las adicciones.
21
V. En el sector salud, con promotores de salud (trabajadores so-
ciales, psicólogos, enfermeras, médicos, etcétera)
Qué contenidos son recomendables para fomentar y/o revisar con
estos grupos
Cómo pueden usar o abordar los promotes de salud los contenidos
de este libro
Como apoyo en la atención y el tratamiento de pacientes y
derechohabientes.
Como tema complementario en las reuniones técnicas y de capa-
citación.
Para el interés personal y reforzar el conocimiento sobre el tema.
Si qui ere saber
Consulte l as sigui entes
preguntas:
Generalidades sobre la drogadicción. 1-7, 9-11, 14, 21
Qué factores de riesgo se relacionan con el uso de
drogas.
17 y 18, 20, 22, 24-26, 28-30,
38-40, 68
Qué factores de protección se relacionan con el uso
de drogas.
41-46
Qué problemas sociales y de salud se asocian con
el consumo de drogas.
12, 15 y 16, 19
Cómo promover el desarrollo de habilidades socia-
les.
51 y 52
Cómo identificar y/o tratar a los usuarios de drogas. 56, 79, 83-89, 91, 93-96
Dónde solicitar mayor información. 82, 90, 92, 98-100
22
VI. En el desarrollo de los Programas Preventivos de Centros
de I ntegración J uvenil
VIa. Proyectos de Información
Qué contenidos son recomendables para fomentar y/o revisar con
los participantes
Cómo usar los contenidos el libro con los participantes
Como material de apoyo para estructuración de los conteni-
dos de la sesión informativa.
Como material para fortalecer o ampliar los temas de interés
de los participantes.
Como material de interés general para el personal de CIJ.
VIb. Proyectos de Orientación
Qué contenidos son recomendables para fomentar y/o revisar con
los grupos de orientación
Cómo puede usar los contenidos del libro con los grupos de orien-
tación
Como material de apoyo complementario durante el proceso
preventivo (inicio, término o final de las sesiones).
Como parte de las técnicas de trabajo (lectura grupal o por
equipos, cuestionarios, tareas, etcétera).
V1c. Proyectos de Capacitación
Qué contenidos son recomendables para fomentar y/o revisar con
los grupos organizados
Cómo usar los contenidos del libro con los grupos organizados
Como parte del desarrollo del programa de actividades pre-
ventivas; es decir, coordinar talleres o círculos de lectura.
A partir de la organización y el desarrollo de pláticas o confe-
rencias, elaboración de carteles o periódico mural, dípticos,
etcétera.
Si quiere saber Consulte las siguientes preguntas:
Generalidades sobre las drogas. 1-7, 10 y 11, 13 y 14, 21, 35
Por qué se comienza a consumir drogas. 18, 22, 24, 27 y 28, 30, 37, 40, 68
Qué ayuda a evitar o rechazar el consumo
de drogas.
41-43, 70
Cómo influyen otras personas para consumir
drogas.
72 y 73
Cómo desarrollar habilidades sociales. 51 y 52
Qué problemas se asocian con el consumo
de drogas.
12, 15 y 16, 19
Cómo identificar y/o tratar a los usuarios de
drogas.
56, 79, 83, 85 y86, 88 y 89, 92 y 93
24
CAPÍTULO I
L LL LLAS AS AS AS AS D DD DDR RR RROGAS OGAS OGAS OGAS OGAS Y YY YY SUS SUS SUS SUS SUS E EE EEFECT FECT FECT FECT FECTOS OS OS OS OS
25
LAS DROGAS Y SUS EFECTOS
L
a droga es una sustancia o mezcla de sustancias, distintas a
las necesarias para el mantenimiento de la vida (alimento,
agua, oxígeno), que al introducirse en un organismo vivo, modi-
fica alguna de sus funciones y a veces la propia estructura de los
tejidos. Estos cambios también incluyen alteraciones en el com-
portamiento, las emociones, las sensaciones y los pensamientos
de las personas.
En términos muy amplios, haciendo caso de esta defini-
ción, podemos decir que ¡Estamos rodeados de drogas!: los
medicamentos que tenemos en el botiquín, como los antibió-
ticos y la aspirina son drogas; el té, el café, los refrescos de
cola (que contienen cafeína), las bebidas alcohólicas, el tabaco,
todos ellos contienen droga y, por supuesto, las que estamos
acostumbrados a llamarles drogas: mariguana, cocaína, heroí-
na, éxtasis, etcétera.
El grado de modificación que estas distintas sustancias pue-
den causar al organismo va en función del tipo de droga consu-
mida, la personalidad del consumidor, las expectativas que este
tenga respecto a los efectos y el lugar o la situación donde se con-
sume. Por ejemplo: si una persona que es normalmente tími-
da se encuentra en una fiesta y tiene deseos de bailar, posible-
mente beba cierta cantidad de alcohol para desinhibirse y
atreverse a hacerlo.
Se piensa comúnmente que el alcohol y el tabaco, sustan-
cias muy consumidas en nuestra cultura, no son drogas; sin
embargo, éstas cumplen con todos y cada uno de los puntos de
la definición anteriormente citada para ser consideradas dro-
gas, aunque su consumo les está legalmente permitido a los
adultos. El consumo de alcohol y el tabaco suelen afectar seve-
1. ¿Qué es una droga?
27
ramente la salud, e incidir negativamente en las relaciones y la
comunicación de las personas, de la misma forma que las lla-
madas drogas ilegales o prohibidas, como la mariguana, la co-
caína, la heroína, etcétera.
D
e acuerdo con su permisividad, las drogas se clasifican en
legales (alcohol y tabaco) e ilegales (mariguana, cocaína, he-
roína, metanfetaminas, etcétera). Por sus efectos, se dividen en
estimulantes (cocaína, anfetaminas, éxtasis y tabaco), depresores (ma-
riguana, alcohol, hipnóticos y sedantes, inhalables), opiáceos
(morfina, heroína, metadona y demás derivados del opio),
alucinógenos (LSD, PCP, mezcalina y peyote) e inhalables (pega-
mentos, disolventes, aerosoles).
Por sus efectos, condición social, importancia, dependencia,
etcétera, existen diferentes clasificaciones de las drogas. Para co-
nocer mejor los tipos que hay, resulta más sencillo retomar una de
esas clasificaciones.
A lo largo de la historia se han conocido algunas sustancias,
cuyo uso y permisividad en la mayoría de las sociedades han
dado pauta a que se les identifique como de uso legal; tal es el
caso del alcohol y el tabaco. Pese a que diversos estudios demues-
tran los efectos nocivos de estas sustancias para la salud, su uso
indiscriminado resulta ser poco controlado y el impacto de las
consecuencias en la sociedad se contempla como algo aún muy
lejano (“Yo sólo me tomo una botella cada fin de semana, no pue-
do ser un alcohólico”, “Mi tío fuma desde los trece años y no pa-
rece enfermo”), sin tener clara conciencia de los daños a corto
plazo y de las repercusiones que provoca el consumo. Es evidente
que la legalidad de una droga no se ha determinado en función de la
gravedad de los problemas de salud y/o sociales que puede
2. ¿Qué tipos de drogas existen?
28
3. ¿Qué es la farmacodependencia o drogadicción?
acarrear su abuso, sino con base en otros factores como son:
los económicos, los culturales o simplemente los políticos.
Contrariamente, en el caso de algunas otras sustancias como
la mariguana, la cocaína, la heroína, entre otras, ha sido restrin-
gido su uso y permisividad por las sociedades y las instituciones,
prohibiendo su venta y distribución, denominándolas drogas de
uso ilegal.
Los avances en el conocimiento científico se han acom-
pañado de una exploración de nuevos productos químicos
que se han puesto a disposición del consumo humano, tanto
los prescritos por médicos como los que se compran sin re-
ceta médica. Estas sustancias se han utilizado con un objetivo
similar al del consumo de drogas, apareciendo así una tercera
clasificación denominada drogas de uso médico. La mezcla de es-
tas sustancias con algún tipo de droga (legal o ilegal) suele ser
utilizada por la población adicta.
L
a farmacodependencia o drogadicción es la relación que
se establece con una sustancia tóxica, la cual puede provo-
car cambios en el organismo, afectando la salud, las relaciones con
la familia, con los amigos, en la escuela, en el trabajo, etcétera. La
relación entre una droga y la persona que la utiliza es por lo regu-
lar voluntaria y autoadministrada, y puede provocar un deseo
irresistible para continuar usando una o varias drogas.
Es importante considerar que la farmacodependencia o dro-
gadicción modifica el carácter y el comportamiento de las per-
sonas, generando cambios en su estado de ánimo, hábitos ali-
menticios, ocupaciones diarias, etcétera. Al ser la drogadicción
un proceso anormal, prolongado y compulsivo crea “toleran-
cia”, es decir, necesidad de usar dosis cada vez mayores para
29
4. ¿Qué tipo de usuarios existen?
obtener los mismos efectos o sensaciones placenteros; a la vez,
se genera “un síndrome de abstinencia” física y psicológica,
esto es, consumo frecuente de drogas para evitar los malesta-
res que conlleva dejar de usarlas por determinado tiempo y
creer que si no se consumen, nuestro “rendimiento” no será
igual o como esperamos que sea en nuestra vida diaria.
Cuando se identifica que una persona ha desarrollado “to-
lerancia” y “síndrome de abstinencia”, se puede hablar enton-
ces que ésta tiene dependencia a una droga.
Lo que cada persona desea o espera obtener al usar drogas, es
una sensación de bienestar acompañada de: excitación, relajación,
modificación de la percepción, los sentimientos o la conducta, así
como la importancia que los amigos o la sociedad le otorguen al con-
sumo, por ejemplo: sentir que se es parte del grupo, que se vale más
que otros, etcétera, son algunos aspectos que pueden volver el consu-
mo de drogas una acción importante para el que hace uso de ellas.
Evidentemente, la relación que cada quien tenga con las drogas
puede convertirse en una situación problemática o de difícil mane-
jo, debido, como ya se mencionó, a toda la serie de consecuencias
orgánicas, psicológicas, familiares y/o sociales que implica su uso.
L
os usuarios de drogas pueden ser experimentadores sociales
u ocasionales, funcionales y disfuncionales, de acuerdo con
la frecuencia y, en ocasiones, con la cantidad de droga que consu-
men; las primeras dos categorías se consideran de uso y las segun-
das de abuso.
Conforme la cantidad y frecuencia del uso de sustancias, se
desprende una clasificación que considera desde aquel individuo
que sólo ha consumido en una ocasión alguna droga para probar
sus efectos, hasta el que presenta problemas severos para contro-
30
lar su consumo, es incapaz de funcionar sin la droga y requiere
de tratamiento especializado.
De Uso
Experimentadores: Son aquellas personas que utilizan las drogas
en una sola ocasión para satisfacer su curiosidad (“a ver a qué
sabe”, “a ver qué se siente”).
Sociales u ocasionales: Las personas que consumen drogas sólo
cuando están en un grupo o para hacer frente a una situación
esporádica (por ejemplo, el estudiante que toma anfetaminas para
mantenerse despierto).
De Abuso
Funcionales: Son aquéllos que necesitan usar drogas para funcio-
nar en sociedad. No pueden realizar ninguna actividad si no la
consumen, y presentan trastornos cuando no la ingieren.
Disfuncionales: Aquellos que han dejado de funcionar en la
sociedad, toda su vida gira en torno a las drogas y sólo se
dedican a conseguirlas y consumirlas.
Es importante tener en cuenta que mientras a una persona no
se le diagnostique una dependencia (tolerancia, síndrome de abs-
tinencia y un deseo compulsivo por autoadministrarse una dro-
ga), no puede hablarse de farmacodependencia o drogadicción.
Por otro lado, considerando los tipos de sustancias que se con-
sumen, los individuos pueden clasificarse como monousuarios,
cuando usan un sólo tipo de drogas por ocasión (sólo marigua-
na, cocaína o éxtasis), o poliusuario, cuando son más de dos las
sustancias que introducen en su organismo, incluyendo las de uso
legal como el alcohol y el tabaco (alcohol y cocaína es uno de los
ejemplos más frecuentes en la sociedad actual).
31
L
os efectos que causa una droga a nuestro organismo varían
en función de la clase de sustancia de la que se trate; los efec-
tos se clasifican básicamente en tres tipos: depresores, estimu-
lantes o alucinógenos.
Depresores
En éstos, el funcionamiento del sistema nervioso central disminu-
ye, provocando descontrol motor y del lenguaje, fallas en la per-
cepción, lo que origina que los consumidores de estas drogas se
tropiecen, caigan, permanezcan mucho tiempo sentados o acosta-
dos; hablen lentamente y se queden dormidos, ya que general-
mente el abuso de sustancias depresoras termina en episodios de
sueño profundo o de inactividad. Los depresores son agentes de abuso
debido a que calman la ansiedad y reducen la tensión, los más
conocidos son el alcohol y la mariguana.
Estimulantes
Sustancias que, al igual que los depresores, actúan directamente so-
bre el sistema nervioso central, pero de otra manera, ya que generan
diferentes reacciones del cuerpo, como aumento en la presión san-
guínea, en la temperatura corporal y el ritmo cardiaco; asimismo, eu-
foria, sensación de bienestar, sentimiento exagerado de felicidad,
ansiedad, disminución del apetito, estados de pánico, miedo, in-
diferencia al dolor y fatiga, alteraciones del sueño, comportamiento
violento, sentimiento de mayor resistencia física, entre otras. Den-
tro de esta categoría se encuentran la cocaína, las anfetaminas y el
éxtasis, también conocidas como estimulantes mayores.
5. ¿Qué efectos pueden generar las drogas?
32
Alucinógenos
El LSD, la mezcalina y el peyote, constituyen las tres drogas
alucinógenas más importantes que producen trastornos en la
percepción; es decir, son sustancias que hacen que el usuario per-
ciba objetos o sensaciones que no existen en la realidad. La
mayoría de las drogas alucinógenas más usadas se fabrican en
laboratorios clandestinos y algunas otras se encuentran en de-
terminadas plantas. En otros países, la industria química legal
produce algunas de estas drogas, pero sólo con fines de inves-
tigación científica. Aun cuando las drogas alucinógenas se usa-
ron durante algún tiempo en el tratamiento de enfermedades
psiquiátricas y del alcoholismo crónico, hoy no tienen ningu-
na utilidad médica debido al peligro que entraña su uso.
Efectos de las drogas más usadas
A continuación se describen los efectos que provocan las drogas
que se consumen con más frecuencia en nuestro país:
Mariguana. Alteración de la percepción del tiempo o de la
secuencia de los eventos, dando la idea de que ha pasado poco
tiempo o de que éste se alarga. También se dan alteraciones de la
memoria y no se recuerda claramente qué pasó primero y qué,
después; cambios en el juicio, ya que se hacen cosas que no se ha-
rían normalmente; aumento en la percepción de colores y soni-
dos, que en ocasiones se confunde con alucinaciones, sin embar-
go, es sólo una agudización de los sentidos visual y auditivo; boca
seca, este síntoma hace que el usuario de mariguana ingiera mu-
chos líquidos, inclusive cuando ya han pasado los efectos;
taquicardia, aun cuando la mariguana es una droga depresora, en
algún momento los que la consumen se sienten muy agitados,
esto no dura mucho; ligero aumento de la presión arterial; desorien-
tación y poca concentración; esto provoca que las personas pa-
33
rezcan distraídas, teniendo dificultad para platicar durante un rato
largo o concentrarse en alguna actividad. En dosis elevadas pue-
de presentarse miedo anormal y sin razón, así como algunas alu-
cinaciones. Como en el alcohol, los efectos inician con una fase
eufórica y posteriormente se presenta depresión y aumento del
sueño. Con el tiempo el comportamiento, inclusive la forma de ha-
blar y pensar, tiende a hacerse pausado, y se va perdiendo el
interés por hacer cosas que antes resultaban atractivas; a todo
ésto se le conoce como síndrome amotivacional.
Cocaína. Produce una sensación de euforia y excitación, con
la consecuente elevación del estado de ánimo, mayor energía y
capacidad de trabajo, insomnio, hiperactividad motora y verbal;
todo ello hace que las personas se vean alegres y con ganas de
hacer algo; en las fiestas son los que aguantan más y no parecen
cansarse; en su trabajo dan la idea de ser lo más activos. Sin em-
bargo, su desempeño laboral casi siempre se ve afectado también,
por los periodos de falta de sueño; en ocasiones, puede percibirse
aumento momentáneo de la capacidad de ideación e imagina-
ción; se incrementa la frecuencia cardiaca y la presión arterial,
elevación de la temperatura; lo anterior provoca que los consu-
midores se agiten y suden acompañados de una constante sensa-
ción de calor. A largo plazo afecta al corazón y produce impotencia
sexual y frigidez, así como pérdida de interés sexual.
Éxtasis (drogas de síntesis). Euforia y locuacidad caracteriza-
das por explosiones de alegría y risa sin motivo, desinhibición,
aumento de energía, estimula al usuario a establecer relaciones
sociales; como en el caso de la cocaína, los consumidores de esta
droga se caracterizan por una actividad intensa y alegre. El éxtasis
es conocido como “la droga del amor”, ya que bajo sus efectos se
facilitan los contactos amistosos y sexuales; esta droga se relaciona
con la cultura de las fiestas “rave”, debido a que los consumidores
asisten a ellas para participar en maratónicas sesiones de baile. Quie-
nes consumen éxtasis presentan ansiedad, insomnio, irritabilidad,
lo cual provoca que las personas se sientan inquietas y se molesten
34
con facilidad; estos síntomas se agravan al desencadenarse
taquicardia, aumento de la presión arterial y de la temperatura
corporal. En dosis elevadas genera estados de confusión, alucinacio-
nes visuales y auditivas, así como episodios de miedo irracional.
Debido a los lugares donde esta sustancia suele utilizarse (fiestas,
discoteques, etcétera) es muy fácil que se combine con alcohol, mez-
cla que puede resultar altamente peligrosa, incluso mortal.
Heroína. Es un potente analgésico, produce una sensación
placentera en la que se conjuntan la tranquilidad y la euforia;
reduce las sensaciones desagradables derivadas del hambre, el
cansancio y las preocupaciones; descenso de temperatura,
resequedad de la boca, estreñimiento, apatía, disminución de la
actividad, dificultades de concentración, náuseas y vómito. Los
consumidores se identifican por falta de interés general y episo-
dios de gran alegría y relajación contrastados con fases de triste-
za, cansancio y desmotivación cuando falta la sustancia. Esta droga
provoca dependencia física extrema; en personas habituadas pue-
de presentarse síndrome de abstinencia muy grave (sudoración,
lagrimeo, diarrea, calambres y temblores corporales) que puede lle-
var a la muerte, también existe el mismo riesgo por sobredosis.
Alcohol. Al principio produce desinhibición y euforia, poste-
riormente presenta efectos depresores, descoordinación de los
movimientos del cuerpo, dificultad para articular adecuadamente
las palabras, lentitud de reflejos, visión restringida y somnolen-
cia. Las personas que han consumido alcohol suelen caminar lenta-
mente e irse de lado; al hablar tienen dificultad para articular las
palabras y expresar con lógica sus ideas. También tienen proble-
mas para observar claramente lo que pasa a su alrededor; su vi-
sión se torna borrosa y no perciben bien los detalles; al aumentar su
temperatura corporal sienten mucho calor; en dosis excesivas
aparece el vómito y malestar estomacal, la agresividad y otras con-
ductas que ponen en peligro a la persona. Físicamente produce da-
ños en hígado, corazón, estómago y otros órganos, afectando más
seriamente al primero.
35
Tabaco. Los daños físicos son considerables: insuficiencia res-
piratoria, inflamación de los bronquios, cáncer de pulmón,
arteriosclerosis y otros problemas cardiovasculares. Estos daños se
derivan de los efectos a corto plazo del tabaco, que son: aumento de la
frecuencia cardiaca y la presión arterial, inflamación y acidez esto-
macal, irritación del tracto digestivo, de los pulmones y las vías res-
piratorias. Por todo lo anterior, los fumadores tienen accesos fre-
cuentes de tos y son muy susceptibles a enfermedades e infecciones
respiratorias; también tienen problemas digestivos y son candida-
tos para infartos cardiacos y otras enfermedades del corazón. Una
forma para identificar a los fumadores constantes es el olor de sus
ropas o la coloración amarilla de sus dedos y dientes; otro dato carac-
terístico es que al salir de algún lugar donde se prohíbe fumar (ci-
nes, teatros, hospitales y aviones) lo primero que hacen es prender
un cigarro, lo que habla del alto nivel de dependencia que se desa-
rrolla con la nicotina.
S
egún la Encuesta Nacional de Adicciones de 1998, en nuestro
país las drogas de mayor consumo son el alcohol (58.5% de los
encuestados) y el tabaco (27.7%), seguidos de la mariguana
(4.7%), la cocaína (1.4%) y los inhalables (0.8%).
De acuerdo con estos datos, el alcohol es la sustancia de
mayor consumo en la población mexicana (58.5%), lo cual sig-
nifica que más de la mitad de la población ha tomado una
copa por lo menos alguna vez en la vida.
En el mismo orden, el consumo de tabaco en México (27.7%)
equivale a más de la cuarta parte de la población. Es importan-
te mencionar que esta cantidad no incluye a los exfumadores
(14.8%) y que sumando ambos datos, resulta que 42.5% de la
población ha consumido tabaco alguna vez en la vida.
6. ¿Qué drogas se consumen más?
36
El consumo de estas dos sustancias es demasiado alto debi-
do principalmente a su legalidad. Este hecho no implica que
sean menos dañinas, sino que por estar al alcance de cualquier
persona, ser socialmente aceptadas, las hace las drogas de ma-
yor uso.
Entre las drogas ilegales de mayor consumo en la población
mexicana se encuentra la mariguana con 4.7% (2 millones 244 mil
522 personas); la cocaína ocupa el segundo lugar con 1.4% (691
mil 218 personas), y los inhalables el tercer puesto 0.8% (381 mil 214
personas). Esta encuesta considera las personas que consumie-
ron alguna vez en la vida, en el último año, y quienes lo hicieron
en los últimos 30 días, en el caso de la droga ilegal de mayor
consumo, la tendencia se mantiene estable y se aplica a personas con
edades entre 12 y 65 años.
En los adolescentes (12 a 17 años de edad), principalmente en
mujeres, existe una variación en el tipo de sustancia de mayor
consumo, ya que la información referida a la encuesta en los
últimos 30 días el uso de inhalables (9 mil 544 mujeres) está en
primer lugar, seguido por la mariguana (5 mil 245 mujeres) y al
final la cocaína sólo 2,212 mujeres; esto último indica que la situa-
ción del uso de drogas en mujeres con respecto a la cocaína es
mucho menor que en los hombres.
Finalmente, conviene comentar que los adultos entre 35 y
65 años de edad que consumieron drogas ilegales alguna vez en la
vida probaron principalmente con mariguana y cocaína, y en
mínima proporción, con heroína.
A través de la información de la entrevista que se hace a pa-
cientes cuando acuden a Centros de Integración Juvenil por pri-
mera vez a tratamiento, se conoce que: las principales drogas de
inicio son el alcohol (34.5%) y el tabaco (21.4%), la mariguana
(18.8%), los solventes (11.2%) y la cocaína (9.6%).
Incluyendo alcohol y tabaco, la edad promedio de inicio en
el consumo de drogas es a los 15 años, 46.2% lo iniciaron entre
10 y 14 años y 42.3% entre 15 y 19 años.
37
De los consumidores que acudieron a tratamiento, 29.7% lo
hizo entre 2 y 5 años después de haber iniciado el consumo, 22.8%
entre 6 y 10 años y 30.5% posterior a los 10 años. El 86.9% de los
pacientes son hombres y 13.1% mujeres.
S
egún estudios, los adolescentes son la población con más
alto índice de consumo de drogas. Esto es debido a la eta-
pa de vida en la que se encuentran, así como a la presencia de
ciertos factores de riesgo: bajo apego escolar y tener amigos y/o
algún familiar consumidor de alguna droga. Curiosamente
también las personas de la tercera edad (60 años en adelante)
son quienes, mediante los medicamentos bajo prescripción
médica, están más expuestos al consumo de drogas.
La etapa de vida conocida como “adolescencia” se distingue por
modificaciones en la persona a nivel emocional, psicológico y fisioló-
gico, que al conjugarse caracterizan los pensamientos, sentimientos,
acciones, de quienes atraviesan esta fase. Dentro de los aspectos que
distinguen a los adolescentes se encuentran: demasiada energía; in-
quietud por conocer y explorar cosas nuevas; rebeldía, principal-
mente, a la autoridad y al sistema; búsqueda de espacios de crea-
ción y recreación; invención de medios de expresión; descubrimiento
de su identidad; sentirse parte de un grupo, etcétera.
En general, durante esta etapa es cuando se suele tomar la
decisión de experimentar o no con alguna droga, lo cual está do-
cumentado ampliamente a nivel mundial. La adolescencia es una
etapa crucial para la expresión de necesidades reales y/o ideales de
las personas; es un momento crítico en el que los adultos a su
alrededor –padres de familia, maestros, profesionales– pueden
identificar y responder de la mejor manera a estas carencias bási-
camente emocionales y psicológicas. El proceso de transición de
7. ¿Quiénes consumen más drogas?
38
niño a adulto no está terminado, por lo que el consumo de drogas
puede jugar un papel muy oportunista, convirtiéndose en un
sustituto que tranquilice (en el caso de las mujeres) o mitigue la
curiosidad (en el caso de los hombres).
Ahora bien, un aspecto influyente para que los adolescentes
determinen tomar una decisión, es el grado de peligrosidad que
consideren para el consumo de cierta droga; aunque en la fase
de experimentación este aspecto no tiene demasiada repercusión
cuando se trata de alcohol y tabaco, porque sirve como elemento
de pertenencia e identificación dentro del grupo de amigos o igua-
les, sí es efectivo cuando el consumo es frecuente, sobre todo
para evitar la intoxicación con otras drogas.
Por otro lado, en los últimos estudios se ha reportado que las perso-
nas de la tercera edad también se consideran como consumidoras de
drogas. Aquí la variante es el consumo bajo prescripción médica;
es decir, las múltiples enfermedades que los ancianos manifiestan re-
quieren de un comprimido (medicina) que mitigue el dolor, el desam-
paro y la soledad que frecuentemente se presentan en la senectud.
Las ideas que comúnmente se tienen en torno a los ancianos
son con frecuencia denigrantes, por mencionar algunas, son un estor-
bo, son sucios y torpes. Las actitudes hacia estas personas están
matizadas con un trato diferente y poco gratificante que acentúa
la sensación de inutilidad, el sentido y el significado que le atri-
buyen a la vida está deteriorado, fracturado y este pensamiento
conduce a sus familiares y al mismo anciano a resolver su sentir con
algún medicamento que funciona como “calmante”.
C
erca de 2.5 millones de personas han consumido dro-
gas ilegales alguna vez en su vida; sin mencionar el nú-
8. ¿Cuántas personas han consumido drogas ilegales
alguna vez en la vida en nuestro país?
39
mero de individuos que consumen alcohol, tabaco y sustan-
cias médicas.
En nuestro país, el grupo más afectado por el consumo
de drogas, es el de los hombres entre 18 y 34 años de edad.
Éstos suelen ser los más vulnerables debido a las exigencias
y a la educación dadas en la familia, la escuela y los demás
grupos donde se desenvuelven. Culturalmente, se tienen
distintas expectativas de los hombres en relación con las mu-
jeres; por ejemplo, se espera que sean capaces de realizar cual-
quier actividad para demostrar su masculinidad, lo que pue-
de llevar a que, con tal de no perder su lugar y quedar en
vergüenza delante de los otros, acepten retos que implican
ciertos riesgos, entre ellos el consumo de drogas, como el
alcohol.
Enseguida, se encuentran los menores de 18 años. Esta
población por ser considerada menor de edad, es todavía depen-
diente de sus padres, familiares o tutores, lo que los expone
a todo tipo de maltratos y abusos. Aunado a esto, cabe men-
cionar que los adolescentes, por las características propias
de su desarrollo (rebeldía, busca de identidad, reto a la au-
toridad, entre otras), se encuentran en mayor riesgo de con-
sumir drogas. Asimismo, debido a su inmadurez orgánica,
son más susceptibles a los daños y a generar más rápidamente
una dependencia.
Finalmente, se encuentran las mujeres; su estructura or-
gánica, la educación y el trato que reciben en su familia,
escuela y en otros lugares, hacen que algunas de sus con-
ductas sean más severamente sancionadas en comparación
con los hombres; por ej emplo, la imagen estigmatizada y
de rechazo de la mujer alcohólica, hará que quien padece el
problema, lo viva aisladamente y encuentre poca motiva-
ción para atreverse a buscar algún tipo de tratamiento ante
el temor de verse expuesta a los demás.
40
E
stos grupos de población son altamente vulnerables debido
a que están más expuestos a situaciones de riesgo, como vio-
lencia, abuso sexual y múltiples carencias afectivas y mate-
riales. Los niños y las niñas de la calle enfrentan numerosas si-
tuaciones en las que su “escape” son las drogas, particularmente
los inhalables. Los menores infractores y las personas en reclu-
sión se hallan en muy alto riesgo de consumir drogas por el en-
cierro, el hacinamiento y la separación de la familia, en algunas
ocasiones, y de la sociedad; la condición de duda acerca de su
futuro los mantiene en constante angustia.
Por las circunstancias que enfrentan los niños de la calle,
los menores infractores y los reclusos, están expuestos a múlti-
ples situaciones de riesgo y/o estados de ánimo cambiantes, como
el desgano, la tristeza, el enojo, la violencia, etcétera.
El ambiente adverso que los rodea, propicia, por ejemplo,
que los niños de la calle, siendo aún muy pequeños, se inicien en
el consumo de drogas, optando casi siempre por el uso de
inhalables. Se trata de menores que no han tenido la oportuni-
dad de contar con una familia integrada, o un familiar o tutor
que los apoye; tampoco tienen acceso a la educación básica, y
difícilmente obtienen atención médica en caso de enfermedades
o accidentes, aun cuando las instituciones de salud de nuestro país
cuentan con programas dirigidos a este grupo de población, la in-
formación que tienen respecto a su derecho a la salud es miníma
o nula.
Para los niños de la calle, por ejemplo, el uso de inhalables
puede significar una forma de evadirse de su realidad, y mien-
tras les dure el efecto no tendrán hambre o frío, así que proba-
blemente olvidarán por momentos que no cuentan con un ho-
9. ¿Por qué es muy frecuente el consumo de drogas en-
tre niños y niñas de la calle o internos de reclusorios,
entre otros?
41
gar, una escuela, alguien que les brinde amor y protección. En
consecuencia, estarán haciendo lo mismo que sus demás com-
pañeros, lo que les hará sentir que pertenecen a un grupo y que
son aceptados por los otros.
De acuerdo con investigaciones en torno a menores
infractores, la mayoría de los niños y las niñas han vivido en una
situación económica inestable; además se presentan con frecuen-
cia la desintegración y/o violencia familiar, así como el abandono
del padre o la madre. Otra característica es que han sufrido de
abuso y maltrato infantil, su interés por estudiar es escaso o no
existe, llegando al abandono escolar.
En muchos de los casos, esta población ve disminuidos mo-
mentáneamente sus problemas, mientras les dura el efecto de
algún tipo de droga. Es común que inicien con inhalables y des-
pués experimenten con otros tipos de sustancias, como ciga-
rro, alcohol, mariguana, etcétera. En la mayoría de las veces es
frecuente encontrar alguna relación entre delitos y consumo de
drogas.
En estas personas es muy frecuente encontrar poca claridad
respecto a reglas y normas, tanto de convivencia familiar como
social. La marginación lleva a que, en ocasiones, cometan actos
delictivos, entre ellos el robo, como un modo normal de cubrir
sus necesidades básicas, como puede ser comida y ropa.
En lo referente a hombres y/o mujeres en reclusión es im-
portante señalar que el ambiente carcelario puede ser un factor
que incide en el inicio del consumo de drogas. Las posibilidades
de que las utilicen aumentan debido a la hostilidad del ambien-
te, peleas por el espacio físico, y por diversas circunstancias que
en muchas ocasiones salen del control de las autoridades, como
la introducción ilegal de drogas, algunas veces proporcionadas
por los familiares, los custodios y otras personas que ingresan a
estas instituciones penitenciarias.
El acceso a las drogas, aunado a la dureza e incertidumbre que
se viven en los reclusorios, hace que esta población busque en el
42
uso de alguna sustancia tóxica una especie de “tranquilizante”
que lo ayude a mitigar su situación de encierro.
En la actualidad, algunas instituciones buscan, mediante pro-
gramas diseñados especialmente para estos grupos de la pobla-
ción, participar en la promoción de su salud física y mental.
S
í; tanto el consumo de alcohol como del tabaco provocan
alteraciones en el funcionamiento normal del organismo,
específicamente del cerebro, lo que afecta el humor y el com-
portamiento. Estas drogas contienen sustancias capaces de pro-
vocar una rápida dependencia, que vuelve difícil dejar de con-
sumirlas.
El tabaco contiene una potente sustancia adictiva llamada ni-
cotina, además del alquitrán que es muy peligroso y se relacio-
na estrechamente con la aparición del cáncer y otras más de 4,000
sustancias tóxicas, como monóxido de carbono, −el mismo gas
que generan los motores de gasolina−, brea, formaldehído y
benceno, entre otras.
Cuando se inhala el humo del tabaco, la nicotina llega al ce-
rebro en cuestión de segundos. Otras reacciones inmediatas que
se presentan son: aumento en la frecuencia cardiaca y respirato-
ria, vasoconstricción (adelgazamiento de los vasos sanguíneos) e
incremento de la presión arterial.
Las personas que se inician en el consumo de tabaco pueden
experimentar mareo, náusea y dolor de cabeza. La adicción a la
nicotina genera consumo compulsivo del tabaco.
La nicotina provoca diferentes sensaciones según el estado
de ánimo del fumador; de ahí que muchas personas refieran que
fuman para calmar los nervios, o para estar más alertas. Sin em-
bargo, debe considerarse que si bien el organismo responde en
10. ¿El alcohol y el tabaco se consideran drogas?
43
diferente manera, las más de las veces las reacciones son de tipo
psicológico; es decir, la persona cree que es el tabaco el que pro-
voca la respuesta que necesita. Por ejemplo: una persona puede
estar muy nerviosa porque presentará un examen importante al
día siguiente, entonces piensa que fumar la calmará, lo cual puede
suceder no por el efecto del cigarro, sino por su predisposición a
que éste tiene efectos tranquilizantes.
El fumar es un factor importante para el desencadenamien-
to del cáncer pulmonar y también se le asocia con el cáncer bu-
cal, de garganta y laringe, así como con muchas otras enferme-
dades. Se sabe, por ejemplo, que los fumadores entre los 30 y los
40 años de edad, tienen un mayor riesgo de sufrir un ataque
cardíaco.
El humo del cigarro contamina el aire y, por tanto, enfer-
ma a las personas que no son fumadoras. A quienes inhalan el
humo de los fumadores se les conoce como fumadores “pasi-
vos” o “involuntarios”; está comprobado que dicha población
se halla en riesgo de contraer enfermedades cardiorrespiratorias
debido a la exposición al humo de tabaco. Este humo es más tóxi-
co que el inhalado por el propio fumador, ya que contiene 1.4
veces más alquitrán, 3.4 más nicotina y 3.1 más monóxido de
carbono. Si tenemos en cuenta que por cada hora que se pasa
el no fumador en un ambiente cargado de humo, aspira una
cantidad equivalente a por lo menos un cigarrillo, compren-
demos por qué el humo del tabaco ajeno amenaza también la
salud.
Los hijos de padres fumadores, como fumadores pasi-
vos, tienden a presentar diversas complicaciones de salud;
por ej emplo, la inhalación de humo de tabaco representa
un riesgo mayor de infecciones en vías respiratorias supe-
riores, tales como bronquitis y neumonía. El humo del tabaco
también incrementa la frecuencia de acumulación de líqui-
do en el oído medio, síntomas de irritación en las vías res-
piratorias superiores y una reducción pequeña, pero signi-
44
ficativa, en la función pulmonar; además representa un fac-
tor de riesgo para el surgimiento de nuevos casos de asma.
En relación con el consumo de alcohol, éste puede llevar a
una persona a desarrollar alcoholismo, enfermedad caracteriza-
da por el consumo no controlado de bebidas alcohólicas.
En principio, el consumo de alcohol puede producir alivio
a las tensiones; asimismo, se asocia con lugares y personas con
las que se sabe que la va a pasar bien, pero sin darse cuenta de
que la cantidad va en aumento, lo mismo que la adaptación
fisiológica de las células del cerebro al alcohol. Se pueden ob-
servar comportamientos de posible dependencia al alcohol, por
ejemplo: beber rápidamente y con el estómago vacío; preocu-
parse porque no le falte la bebida; ingerir alcohol a escondi-
das, y molestarse, inclusive volverse irritable si alguien le habla
sobre la forma como bebe.
La persona puede continuar bebiendo y poco a poco desa-
rrollar dependencia, propiciando incapacidad para detener su
consumo una vez que empieza. De igual manera que no percibe
la pérdida de control en cuanto al consumo, tampoco se da cuen-
ta del deterioro de su salud y de la relación con su familia, con
sus amigos, con sus compañeros de escuela o trabajo.
En México el consumo de alcohol se asocia con las principales
causas de muerte, entre ellas enfermedades del corazón, del híga-
do (cirrosis hepática), homicidios, lesiones en riña y accidentes,
sobre todo automovilísticos, que son la principal causa de muerte
entre la población joven en el mundo; al respecto, en nuestro
país durante 1998, 61% de los decesos entre jóvenes de 15 a 24
años se debió al consumo de alcohol. El hecho de haber ingerido
bebidas alcohólicas, aumenta en más de 10 veces el riesgo de te-
ner alguna lesión grave o morir a consecuencia de un accidente.
Cabe mencionar que en nuestro país el principal problema
con las bebidas alcohólicas se debe a que las personas beben mu-
cho en una sola ocasión (más de cinco copas ), lo cual aumenta la
posibilidad de accidentes. Esto quiere decir que una persona pue-
45
de tomar una sola vez al año pero lo hace hasta “emborrachar-
se”, de manera que al salir de la fiesta estrella su auto o causa
algún daño a otra persona.
La cantidad de alcohol para que una persona se “emborra-
che”, depende del peso, la talla y el metabolismo (de qué tan rápi-
do su organismo absorba y deseche lo consumido); en este sen-
tido, la mujer requiere de menos cantidad de alcohol que un
hombre, inclusive teniendo el mismo peso, para presentar una
intoxicación alcohólica. También depende de la bebida, la rapi-
dez con que se bebe, si se ingiere sola o se combina con refresco
u otra bebida.
S
í. Según algunas investigaciones una persona que ha consu-
mido tabaco y bebidas alcohólicas a una edad más temprana
tiene mayor probabilidad de usar otro tipo de drogas. Gran
parte de las personas que presentan problemas de alcoholis-
mo inician este consumo antes de cumplir los 18 años de edad.
Se sabe que las personas que lo hacen anterior a los 15 años, se
encuentran en un mayor riesgo de consumir otro tipo de dro-
ga; por ello, se dice que el alcohol y el tabaco son drogas de en-
trada o de inicio.
En México, la edad más frecuente para empezar a fumar es
entre los 13 y 14 años; por ello señalan que el tabaquismo se pue-
de considerar una “enfermedad pediátrica”.
Se tiene información de que entre más temprano comience
una persona a fumar, mayor será el riesgo de que se convierta
en un fumador regular o compulsivo, además de que desarro-
lle dependencia y sufra las consecuencias a largo plazo derivadas de
este hábito.
11. ¿El consumo de alcohol y tabaco en un adolescente,
incrementa el riesgo de usar otras drogas?
46
De acuerdo con diversos estudios, el consumo de tabaco se
asocia con el riesgo de usar otras drogas. Aun cuando la mayor
parte de las personas que fuman tabaco nunca prueban otras
drogas, se ha encontrado en la población mexicana que quie-
nes fuman o han fumado en el pasado, 7.5% han usado una o
más drogas.
En un estudios realizado en estudiantes de secundaria y
bachillerato (hombres y mujeres) se observó una importante rela-
ción entre el consumo de tabaco y alcohol con el de otras dro-
gas. El riesgo de pasar de una droga licita a una ilícita se
incrementaba con la severidad del patrón de consumo, es decir,
a mayor frecuencia de consumo de tabaco y la cantidad de alco-
hol por ocasión, más alto era la probabilidad de que los adoles-
centes probaran otras drogas.
Esta asociación se puede explicar al tomar en cuenta diver-
sos factores, entre ellos los ambientales que se relacionan con
las oportunidades de consumir drogas, los cuales son mayores
en hombres que en mujeres; otros factores son la disponibili-
dad y el nivel de tolerancia social hacia el consumo; es decir, si
la droga se halla lo suficientemente disponible en su entorno y
además se cree que los amigos o compañeros aceptan el consu-
mo, lo que favorece que alguien use drogas.
Algo muy importante que se debe considerar es que los hi-
jos de padres que fuman o beben alcohol tienen más riesgo de
repetir estos patrones o usar otras drogas. De igual forma, el ries-
go de beber en forma frecuente y presentar dependencia al alco-
hol es más elevado cuando la edad de inicio es temprana, antes
de los 15 años, y disminuye en la medida en que la persona co-
mienza a beber a mayor edad.
En síntesis:
Los resultados de la investigación arrojan que entre los 15 y
los 19 años de edad hay mayor riesgo para experimentar con
47
sustancias y que, en la mayoría de los casos, ocurrió primero
el consumo de tabaco y/o alcohol.
El riesgo de beber regularmente y presentar dependencia es
mayor cuando la edad de inicio es temprana, antes de los 15
años: sin embargo, disminuye en la medida en que se retrasa la
edad de inicio. A esto se agrega el hecho de que la experimen-
tación con drogas, su uso continuo y el consumo de múltiples
sustancias, son más frecuentes entre quienes se iniciaron an-
tes de los 15 años.
De ahí que pueda concluirse que el inicio temprano en el con-
sumo de tabaco y/o alcohol incrementa el riesgo de uso y abuso
de otras drogas.
S
í, aunque hay que tomar en cuenta que el peligro se presenta
al momento de iniciar el uso de cualquier droga. El efecto
que algunas drogas hacen a nuestro sistema nervioso central
puede ir desde una simple alteración de la percepción, a un tras-
torno mental más severo. Lo anterior también está en función de la
frecuencia, la cantidad, la vía de administración (inhalada, oral,
intravenosa) y la capacidad del organismo para tolerarla.
Es común que el riesgo se acreciente cuando alguien pasa
del consumo esporádico de cualquier droga, a un consumo más
frecuente que llega a la dependencia o adicción. Por ejemplo: a
partir de que una persona comienza a consumir cocaína sólo los
fines de semana o en las reuniones de amigos, existe ya un cier-
to peligro de que ocurra algún daño como un paro cardiaco; no
obstante, esta probabilidad aumenta en la medida en que el
consumo se hace más habitual y se extiende a otras situacio-
nes distintas y más peligrosas a las asociadas inicialmente. De
igual manera, cuando una persona que normalmente no consu-
12. ¿Es más peligroso consumir una droga que otra?
48
me alcohol y lo ingiere en cierta ocasión y de forma excesiva en
una fiesta, la probabilidad de que tenga un accidente de tránsi-
to aumenta.
Por lo anterior, las drogas permitidas como el alcohol, el taba-
co o las drogas de uso médico, pueden ser igual o más peligrosas
que otras drogas ilícitas, como la mariguana, la cocaína, etcétera.
El peligro del consumo de drogas aumenta también cuando
una persona va experimentando con distintas sustancias; gene-
ralmente, las drogas de inicio son las que se consideran legales
(alcohol, tabaco y algunas de uso médico). Cuando una persona
pasa de consumir una droga a otra, lo que se conoce según los es-
pecialistas como “escalada”, crece siempre la posibilidad de que
exista algún daño orgánico y que las consecuencias familiares y
de otro tipo sean más severas. Por ejemplo, debe considerarse que
si el consumo de alcohol está muy relacionado a enfermedades
hepáticas, sumado a un consumo de cocaína, el cual afecta el
sistema cardiovascular, es muy probable que ocurran trastornos
físicos y/o mentales que pueden ser irreversibles e incluso llegar
hasta la muerte.
Debe señalarse que los riesgos y daños asociados al consumo
varían dependiendo de cada sustancia, resaltando las propieda-
des específicas de cada droga o la influencia de los componentes
con que se adulteran. Esto es más lógico observarlo en el uso de
algunas drogas ilegales como la cocaína o el éxtasis, debido al
desconocimiento y la ausencia de control que se tiene en su proce-
so de elaboración. Por ejemplo, en el caso del éxtasis, un ado-
lescente habituado a consumir tres pastillas durante una noche,
sin que conozca su composición; o, que consuma una sola de
esas pastillas pero con distinto grado de sustancia activa en su
elaboración, está en alto riesgo de causarse algún tipo de daño
cerebral irreversible.
Otro peligro del consumo de drogas, consiste en combinar o
alternar dos o más drogas legales e ilegales para incrementar los
efectos o disminuir o paliar los efectos negativos que cada una
49
de ellas provoca; por ejemplo, si en una fiesta un consumidor de
alcohol y cocaína empieza a beber de manera excesiva, en poco
tiempo comenzará a sentir malestar como consecuencia de su
intoxicación alcohólica. Para que estas sensaciones orgánicas
desagradables cesen y baje la borrachera, recurre al consumo de
cocaína, pero el efecto posterior le provocará ansiedad, náuseas,
dolor de estómago, sudoración; es así como de nueva cuenta volve-
rá a ingerir alcohol para contrarrestar ahora el malestar de la co-
caína creándose, por tanto, un proceso repetitivo. Ante esta si-
tuación, la posibilidad de llegar a una sobredosis se incrementa
casi sin que el sujeto lo advierta.
D
e acuerdo con lo que manifiesta la mayoría de las personas
que consumen algún tipo de drogas, los lugares donde se
consiguen con mayor facilidad son: escuela, con los amigos, en
las fiestas y discotecas. Aunque también existen algunos otros
sitios donde se acostumbra acudir para consumirla: unidades
deportivas, bares, cantinas, cárceles, vecindades, etcétera.
A partir de una encuesta con estudiantes a nivel nacional,
se pudo conocer que en el caso de l os al uci nógenos e
inhalables, los adolescentes dijeron que los obtuvieron, en
primera instancia, dentro de su propia casa o la de otra perso-
na; en segundo término, mencionaron que en la escuela con-
siguieron los inhalables. Para el caso de la mariguana, la ma-
yoría de los estudiantes expresaron que la adquirieron por
primera vez en la calle o en un parque, en fiestas, en su casa o
en la escuela. En cuanto a la cocaína, indicaron que principal-
mente la tuvieron a su alcance en fiestas, y la heroína, en la
calle o en el parque y en un bar, cantina o discoteca. Cabe
13. ¿En qué lugares se suelen conseguir drogas con ma-
yor facilidad?
50
destacar que entre 10 y 14 de cada 100 estudiantes consiguie-
ron la mariguana, la cocaína, los inhalables o la heroína en
su escuela.
Como puede verse, los lugares que podrían considerarse se-
guros para evitar el contacto con las drogas, representan tam-
bién sitios de riesgo. Por lo que es necesario tener presentes al-
gunos aspectos para prevenir el consumo de drogas:
Tener una comunicación asertiva con los hijos.
Conocer a las amistades de los hijos, sin que necesariamente
implique prohibirles su compañía.
Saber los lugares que frecuentan.
Autorizar que sus hijos asistan a fiestas siempre y cuando res-
peten las horas de salida y llegada a casa, sin que esto repre-
sente ponerlos en riesgo.
C
ontrariamente a lo que muchos piensan, no es un desco-
nocido el principal responsable de que esto ocurra, sin
negar que en ocasiones suceda así. Según las encuestas reali-
zadas a jóvenes estudiantes, se sabe que la persona a través de
la cual, se consigue una droga por primera vez (legal o ilegal)
es alguien cercano: amigo, familiar o conocido.
Cuando es un conocido quien ofrece la droga, se dan co-
múnmente una serie de condiciones previas, por ejemplo: que
haya cierta confianza para tratar el tema o acudir a lugares don-
de comparten actividades de interés común.
No se puede asegurar que cuando esto se suscita, la persona
que ofrece la droga tenga la intención de hacerle daño a quien
la ofrece, incluso quizá sea motivado por la existencia de ciertos
14. ¿Quién es la persona que, comúnmente, ofrece una
droga por primera vez?
51
lazos de amistad o cercanía afectiva que los une. En estos casos,
lo más probable es que el amigo que invita al consumo, no sepa
o no esté bien enterado de los daños que esto puede provocar en
su persona y en la de otro.
Tampoco sería del todo correcto quedarnos con la idea de
que el inicio del consumo de drogas se da siempre por invita-
ción directa de otra persona. Los medios de comunicación (te-
levisión, espectaculares, radio, internet) influyen de manera im-
portante para que algunas personas comiencen a experimentar
con alguna sustancia tóxica, o para que, en todo caso, busquen
a pequeños traficantes o se acerquen a consumidores que los
pongan en contacto con ellos.
E
sto depende de muchos factores, como el tipo de droga que
se consume, ya que cada sustancia tóxica actúa de manera
diferente en nuestro organismo; algunas sustancias causan da-
ños más fácil y rápidamente que otras; la edad de la persona,
entre más joven, su cuerpo y mente están menos preparados
para soportar los efectos nocivos de las drogas. También depen-
derá de los valores morales que se tengan en los grupos (ami-
gos, familiares, compañeros de escuela, etcétera) con los que se
convive.
Es importante recordar que el ser humano es un ente bioló-
gico, psicológico y social, cuyo comportamiento, pensamientos
y sentimientos están sujetos a sufrir modificaciones causadas por
el entorno. Cuando una persona se inicia en el consumo de dro-
gas, dichas áreas también pueden verse afectadas de distinta
manera, y el camino que se recorre de un consumo no problemá-
tico a uno que lo es, varía de una persona a otra.
15. ¿En qué momento se convierte en problema el uso
de drogas?
52
En el caso de una droga permitida (legal), tal vez la parte
social del consumidor no se afecte de inmediato, porque otras
personas no lo reprobarán tan duramente. Sin embargo, el orga-
nismo puede verse afectado desde los primeros usos; por ejem-
plo, la nicotina posee un gran potencial adictivo. A pesar de ello,
el consumo de estas drogas se considera un problema sólo has-
ta cuando las personas tienen ya una alta dependencia y graves
daños en el sistema respiratorio, lo que provoca que su trata-
miento sea más complicado.
Referente a las drogas no permitidas (ilegales), la situación varía
un poco: El aspecto social (con el grupo de amigos, familiares,
etcétera) se ve seriamente afectado de manera inmediata, cuando
se conoce que una persona consume drogas, como la mariguana
o cocaína, por el rechazo que existe culturalmente hacia ellas, lo
que en ocasiones resulta contraproducente para ayudar a una per-
sona, porque se le “etiquetará” de “vicioso”, “vago”, “pacheco”,
“grifo” u otro término negativo y se le excluye cuando más re-
quiere del apoyo de otros. A este rechazo se suman los efectos
físicos y psicológicos que producen cada una de las drogas. A ve-
ces el mayor problema para quien acude a tratamiento no radica
en el consumo, sino en los sentimientos de culpa y el estado de
marginación y aislamiento en que se siente.
Por algunos rasgos característicos de su edad los niños y
adolescentes se encuentran en mayor riesgo de comenzar a
utilizar alguna droga; aunado a ello, entre menor edad se tenga,
los daños al organismo y a la mente pueden resultar más graves.
Las consecuencias por fumar en un adulto que empezó a los
once años, no serán las mismas en otro que lo hizo a los veinte
años. La capacidad y madurez de los pulmones para respon-
der a las más de cuatro mil sustancias tóxicas que contiene el
tabaco, no son comparables entre las personas con esa dife-
rencia de edad.
Todos los individuos forman parte de distintos grupos y de
una sociedad. Estos grupos (familiares, de amistad, religiosos,
53
políticos, etcétera) siempre esperan que sus integrantes se com-
porten y piensen de manera más o menos similar. El hecho de
que el consumo de drogas se considere problemático, se basa
en las expectativas que un grupo o los miembros que lo for-
man tengan; por ejemplo; el que un joven de 18 años de edad
beba esporádicamente alcohol, se puede considerar un proble-
ma en una familia donde no se acostumbra este consumo; en
cambio en otra, para la que el alcohol es elemento común de la con-
vivencia (por ejemplo, en los fines de semana), el consumo es-
porádico no se consideraría como un problema.
L
os estudios al respecto muestran que después de un deter-
minado tiempo o del consumo de cierta cantidad de droga,
no siempre se presentan inmediatamente problemas serios, aun-
que sí aumenta el riesgo de padecer enfermedades del corazón,
del sistema nervioso central, del higado, etcétera. No es sola-
mente nuestro organismo el único perjudicado, sino que tam-
bién surgen problemas con la autoridad, la familia, el trabajo o
la escuela.
Los principales problemas directa o indirectamente asocia-
dos al consumo de drogas tienen repercusiones de salud, sociales,
legales y económicas; estas consecuencias, además de las rela-
cionadas con la salud, son muy diversas y pueden subdividir-
se en:
Sociales. Los adictos a drogas se ven envueltos con frecuen-
cia en agresiones, desorden público y conflictos raciales, así como
en diferentes formas de marginación y segregación social.
Relaciones interpersonales. Cuando el individuo prefiere con-
sumir drogas a estar con otras personas, se pueden arruinar o
destruir las relaciones afectivas y perderse las amistades.
16. ¿Qué problemas se asocian al consumo de drogas?
54
Motivacionales. Por lo general, los adictos dejan de partici-
par en actividades sociales; abandonan metas y planes, ade-
más, no les importa crecer como personas, ni intentan resol-
ver constructivamente los problemas, recurriendo a más drogas
como “solución”.
Familiares y que afectan a terceros. También, el abuso de las
drogas puede perjudicar a personas cercanas al consumidor;
por ejemplo, el dinero destinado a comprar drogas puede pri-
var a la familia de satisfactores elementales, como comida o
ropa. Además es frecuente que los problemas y las situaciones
de la adicción generen discusiones y conflictos familiares.
Legales. Las reacciones violentas o la incapacidad de con-
trol que provocan algunas drogas pueden involucrar a los consu-
midores en situaciones problemáticas y en conflictos legales.
Por ejemplo, la difícil coordinación y la confianza excesiva que
produce la ingesta de alcohol, resulta muy peligrosa cuando
se combina con la conducción de un automóvil. Recuérdese
que en todo el mundo, una de las principales causas de muer-
te entre los jóvenes se relaciona con accidentes de tráfico cau-
sados por el consumo excesivo de alcohol.
Abusar de las drogas es contra la ley. Los transgresores (tan-
to los que experimentan como los que consumen drogas) con
cierta regularidad corren el riesgo de tener que pagar multas
y/o ser encarcelados. Un arresto puede significar tanto la inte-
rrupción de los planes de vida, como el registro de anteceden-
tes penales.
N
o, aunque algunos estudios, en especial los enfocados al
consumo de alcohol, demuestran que los hijos de alco-
17. ¿El consumo de drogas es provocado por factores
genéticos o hereditarios?
hólicos tienen un alta predisposición al consumo de esta sus-
tancia, aún no se ha establecido una causalidad directa de
consumo entre padres e hijos. Desafortunadamente, con otro
tipo de drogas, esta relación no se ha estudiado lo suficiente;
no obstante, algunas investigaciones apuntan a que existe
cierta relación entre algunos mecanismos genéticos y la pre-
disposición al consumo, sin que hasta ahora haya pruebas que
lo confirmen.
Los hijos de consumidores de drogas están en mayor riesgo
de caer en las adicciones, pero no debido a un mecanismo he-
reditario directo (como el caso de algunas enfermedades: hemo-
filia, diabetes y otras), sino por la actitud permisible que suele
haber en estas familias en torno a las mismas drogas, en las
que generalmente son vistas como algo “normal” en la relación
familiar. En estos casos se han identificado varias situaciones
de tipo orgánico que elevan el nivel de predisposición para el
consumo (los casos más estudiados son los de hijos de alco-
hólicos); sin embargo, las investigaciones muestran también que
un ambiente familiar, vecinal o de amigos de consumo consi-
derable de drogas o en el que hay actitudes favorables hacia el
mismo y poca conciencia de los daños que produce, ejerce una
influencia decisiva para que se inicie el consumo. Por lo tanto,
evitar el abuso de drogas y mantener una actitud no permisiva
hacia el alcohol y el tabaco, reducen de forma importante los
riesgos personales y ambientales que favorecen la aparición del
consumo.
En estudios recientes con roedores transgénicos realiza-
dos en la Universidad de Columbia, Nueva York, se indica
que cuando se alteran determinados receptores cerebrales, se
afectan de manera importante los efectos estimulantes de la
cocaína y del alcohol. Los científicos concluyeron que estos
animales podrían servir como modelos para estudiar los fac-
tores bioquímicos que condicionan las variaciones individua-
les en la susceptibilidad a las drogas.
56
CAPÍTULO II
P PP PPOR OR OR OR OR QUÉ QUÉ QUÉ QUÉ QUÉ SE SE SE SE SE C CC CCONSUMEN ONSUMEN ONSUMEN ONSUMEN ONSUMEN LAS LAS LAS LAS LAS D DD DDROGAS ROGAS ROGAS ROGAS ROGAS
57
POR QUÉ SE CONSUMEN LAS DROGAS
L
as causas que propician el consumo de drogas obedecen
a ciertos factores, como la creencia de que la droga no le
hace daño, la presión de los amigos; la curiosidad, la suposi-
ción de que las drogas pueden ayudarlos a olvidar sus pro-
blemas o a calmar su angustia, ansiedad o dolor. Las razones
pueden ser numerosas, pero lo importante es saber que el
consumo de drogas daña el organismo, la mente y la relación con
los demás.
Se han realizado diversos estudios e investigaciones para
determinar el motivo por el que una persona se inicia y continúa
con el consumo de alcohol, tabaco u otras drogas, estableciendo
que las situaciones y razones son múltiples .
A este conjunto de características se les conoce como “factores
de riesgo”. Aunque no se ha podido precisar la combinación de
éstos para el consumo, se tiene la certeza de que entre más facto-
res de riesgo tenga o a los que esté expuesta una persona, será más
probable que use drogas.
También se ha observado que, generalmente, en la adolescen-
cia se inicia con más frecuencia el consumo de drogas. Si se consi-
deran las características del adolescente: necesidad de reafirmar la
identidad, búsqueda de la independencia, emociones fuertes, sen-
saciones intensas, influencia de los amigos y compañeros, etcétera),
resulta fácil entender que los jóvenes se encuentren en mayor ries-
go de iniciar el consumo.
Algunas personas que consumen alcohol, tabaco u otras dro-
gas se muestran renuentes a admitir que su consumo se pueda
convertir en un hábito nocivo y peligroso. Esto puede deberse a
que la gran mayoría de los consumidores de estas sustancias co-
18. ¿Por qué alguien consume drogas?
59
nocen a muchas personas que las usan ocasionalmente, y a po-
cos alcohólicos o drogadictos o con problemas de adicción gra-
ves. La inmadurez en la adolescencia es natural en el desarrollo
humano, por lo que el placer momentáneo obtenido por una
droga es otro factor de riesgo.
Se debe tener muy en cuenta que todos los adictos a algún tipo
de droga, fueron alguna vez experimentadores y que, en un princi-
pio creyeron que no les pasaría nada, que podrían controlarse, has-
ta que, casi sin darse cuenta, la droga se fue haciendo cada vez más
necesaria, sin importar lo que tuvieran que hacer para conseguirla,
ni el daño que ello ocasionaría a la familia o a quienes los rodeaban,
pero sobre todo, sin que importara el daño causado a sí mismos.
Las creencias que se tienen respecto a la droga, sus efectos,
la aceptación que los compañeros puedan tener de ella, son mo-
tivos importantes para llegar al consumo.
L
a información que las personas tienen respecto a las drogas
puede ser muy variada, porque la encontramos en todos la-
dos: televisión, cine, internet, amigos o vecinos, etcétera. Pero,
muchas veces, esta información no es exacta y se halla muy “con-
taminada” por las diversas formas de pensar de la gente. A conti-
nuación se presentan algunos de los mitos más comunes que se
tienen sobre las drogas, junto con su contraparte, la realidad:
Quien consume drogas puede dejar de hacerlo cuando quiera.
Sí, pero depende del grado de dependencia a una droga. Ge-
neralmente, sólo se puede abandonar el consumo con la ayu-
da de un programa de recuperación y con la asistencia de un
experto.
19. ¿Cuáles son los mitos más comunes sobre las
drogas?
60
Los efectos de la mariguana desaparecen después de unas cuantas
horas. Los trastornos de memoria, concentración, coordina-
ción y reflejos, entre otros, pueden permanecer hasta por tres
días a partir de un consumo de mariguana.
La cocaína es adictiva sólo si se inyecta. La cocaína produce adic-
ción muy rápidamente sin importar la vía de consumo: aspirada,
fumada como crack, o inyectada.
Las drogas alivian el estrés y ayudan a soportar los problemas.
Los efectos de ciertas sustancias mientras duran, pueden ha-
cer que los problemas se olviden, pero cuando éstos cesan, los
problemas probablemente aumentarán.
Con café cargado se baja la borrachera. Una vez que el alcohol
ya circula por la sangre, sólo el tiempo podrá eliminarlo.
La inhalación de thinner o cemento produce efectos tan rápidos
que no da tiempo de que dañe el organismo. Los inhalables se in-
troducen en la sangre en segundos y circulan por todo el cuer-
po, lo que puede causar ataques del corazón o muerte por
sofocación, pues reemplazan al oxígeno en los pulmones.
El tabaco masticado o aspirado (“rape”) no hace daño. En am-
bas formas de consumo existen riesgos importantes como cán-
cer de boca y afección de los bronquios, hipertensión arterial,
problemas dentales, pérdida del gusto y del olfato, etcétera.
Se necesita consumir drogas por mucho tiempo para que empie-
cen a hacer daño. Desde la primera vez que se consume una
droga adictiva existen riesgos a veces graves (por ejemplo: ata-
ques cardiacos, convulsiones, crisis de pánico, etcétera).
Si se compra la droga a vendedores conocidos, se asegura su pu-
reza. Nadie puede asegurar la pureza de las drogas adictivas
no médicas que son ilegales (salvo las bebidas alcohólicas o el
tabaco).
Una mujer embarazada que consume drogas no puede dañar a su
hijo. Las sustancias adictivas afectan al feto tanto o más que a
la madre, el niño puede nacer antes de tiempo, morir o sufrir
daños físcos y mentales.
61
Fumar calma los nervios. Nada más falso, ya que la nicotina es
una droga que estimula el sistema nervioso central.
L
a drogadicción es ante todo, una enfermedad y, adicional-
mente, un problema social; lo primero porque afecta di-
rectamente la salud física y mental de las personas, al generar
daños orgánicos, empeorar la calidad de vida, limitar el desa-
rrollo de metas personales y profesionales, etcétera. Es un
problema social, debido a que provoca una serie de proble-
mas que no sólo afectan a quien se droga, sino a los familiares,
amigos y a las personas que lo rodean; además dificulta las re-
laciones interpersonales saludables (respeto, comunicación,
confianza), incrementa el riesgo de tener accidentes y/o co-
meter actos delictivos y agrava la economía personal y/o fami-
liar, etcétera.
Es importante no perder de vista que el significado, el valor o la
importancia que cada quien le da a la drogadicción, depende prin-
cipalmente de lo que en diversos medios se ha dicho acerca de qué
es, cómo se atiende y qué es necesario hacer para usar o evitar las
drogas; por ejemplo, los mensajes publicitarios de radio y televisión
sobre lo supuestamente importante, o lo beneficios que se adquie-
ren por el consumo de alcohol y/o tabaco; las campañas de salud
que informan sobre las causas y consecuencias de las adicciones; las
pláticas o comentarios con amigos y conocidos acerca de las sensa-
ciones o los efectos que se obtienen al usar drogas legales (alcohol y
tabaco) o ilegales (mariguana, cocaína, etcétera).
La calidad y cantidad de información que cada uno tiene, así
como las creencias y experiencias directas o indirectas que se han
tenido con las drogas, son aspectos que también se relacio-
20. ¿La drogadicción es un vicio, una enfermedad o un
problema social?
62
nan con la opinión que se tiene de la drogadicción; por ejemplo,
algunas veces se asocia la forma de vestir, hablar o el lugar
donde vive una persona con el hecho de que use drogas, y
por ello, decimos que es un vicioso, un delincuente o un
malviviente; sin embargo, esto no es así, ya que todos tenemos
amigos, familiares o conocidos que hablan y se visten de cierta
forma y no por ello son necesariamente “viciosos” o “delin-
cuentes”. Si bien la drogadicción puede favorecer para que
una persona llegue a cometer actos delictivos o acciones que da-
ñen la integridad o propiedad de otras personas, también
afecta progresivamente la salud física y mental de quien hace
uso de ellas.
Para evitar información confusa o llena de mitos y prejuicios
sobre la drogadicción, es necesario conocer algunas de las for-
mas o los modelos preventivos de uso de drogas que diversas
instituciones públicas y privadas utilizan para explicar y atender
esta problemática.
Desde el punto de vista jurídico, la drogadicción es vista como
una infracción a una norma; en este sentido, deben estable-
cerse medidas o mecanismos que la disminuyan, como san-
ciones legales o penas jurídicas. Este modelo considera que la
persona es un infractor, porque trafica y/o hace uso de drogas
ilegales; bajo este concepto, las instituciones policiacas o judi-
ciales actúan en la lucha contra la drogadicción.
Desde la perspectiva médica o de salud, se cree que el adicto
a las drogas es una persona que padece una enfermedad cau-
sada por éstas. De esta forma, la drogadicción se convierte
en un problema de salud pública y, ante todo, de salud men-
tal que es necesario prevenir y curar para evitar que se conta-
gie la demás población.
En cuanto al enfoque psicosocial la drogadicción se entiende
como una conducta más que es necesario analizar. Además,
reconoce que todos los individuos están expuestos o influidos
63
por aspectos psicológicos y ambientales que afectan sus deci-
siones. En otras palabras, este modelo no considera que las
drogas en sí mismas sean las causantes del problema del con-
sumo, más bien, sustenta que las necesidades psicológicas,
emocionales y sociales de cada quien son las que dificultan un
desarrollo saludable, por lo que considera necesario informar
veraz y oportunamente para evitar la drogadicción, así como
fomentar que las personas tomen decisiones que beneficien
su salud.
Otras explicaciones, como la sociocultural, consideran que
la desigualdad, la marginación, el desempleo y otros aspec-
tos son factores que generan drogadicción, los tipos de dro-
ga y las formas de consumo; es decir, que los factores socia-
les, económicos y culturales desencadenan la aparición del
consumo de drogas, por lo que es necesario mejorar las con-
diciones de vida, satisfacer las necesidades personales, modifi-
car los valores y las creencias que mantienen el uso de dro-
gas, etcétera.
Si bien la drogadicción es una enfermedad y un problema
social al que todos estamos expuestos, es importante que ten-
gamos una opinión clara, veraz y convincente con respecto a
ella, de forma que guíe nuestra manera de pensar y actuar
en beneficio y protección de nuestra salud integral, ya que
a final de cuentas, es el individuo y no la droga, el agente de la
drogadicción.
L
as personas que se encuentran en una situación más vulne
rable para al consumo de drogas son los adolescentes, los
21. ¿Quiénes son más vulnerables para consumir
drogas?
64
niños, las mujeres y las personas de la tercera edad. Cuando se
dice que alguien es vulnerable, se refiere a que es “blanco” para
el daño, porque se encuentra en desventaja o en incapacidad fí-
sica y/o material.
La vulnerabilidad depende de la magnitud de las situaciones
que a continuación se listan:
La importancia de la exposición a un daño o peligro: Esto quie-
re decir que una persona está expuesta ante peligros muy o regu-
larmente graves, por ejemplo: violencia continua dentro y fuera
del hogar, inseguridad pública y asaltos continuos, falta de inte-
rés por la escuela, entre otros.
El conocimiento que se tiene del daño o peligro: se relaciona
con la información que se tiene sobre el peligro, por ejemplo
que una persona esté enterada de las consecuencias que repre-
senta tomar una decisión, como es el hecho de beber alcohol
durante una reunión familiar.
La capacidad que se tiene para enfrentar el daño o el peligro:
Tiene que ver con los recursos internos con los que cuenta cada
persona para hacer frente al peligro, por ejemplo: la forma en
que alguien afronta una situación en la que se ve presionado a
beber más alcohol de lo que desea.
Los niños y los adolescentes constituyen poblaciones vulne-
rables a iniciar un consumo de drogas por el periodo de inestabi-
lidad psicológica y fisiológica por la que atraviesan, lo cual se ve
doblemente afectado cuando no tienen la protección de sus pa-
dres y/o cuando desertan de la escuela, situaciones que pueden
estar provocadas por varias razones: problemas económicos, ca-
rencia de habilidades académicas y de apoyo familiar; así como cuan-
do no tienen acceso o posibilidad de continuar la educación;
existe analfabetismo y alto riesgo de que sean explotados por
adultos, cuando tienen baja autoestima, etcétera.
Las mujeres son altamente vulnerables a desarrollar conduc-
tas adictivas, particularmente al alcohol, básicamente por dos
causas:
65
Diferencia biológica: Comparado con el organismo del hom-
bre, el de la mujer metaboliza más lentamente el alcohol.
Situación social: La sociedad se muestra menos tolerante con
las mujeres en cuanto al consumo de alcohol y otras drogas;
además, al igual que los niños y jóvenes, las mujeres están
más expuestas a determinadas formas de violencia física y psi-
cológica dentro y fuera de su familia.
La desadaptación desempeña un importante papel en la vul-
nerabilidad; por ejemplo: cuando un niño no logra adaptar-
se a otros ambientes, como la escuela, otra casa, etcétera,
muestra ciertos comportamientos −pega, se sale del lugar,
grita−, que lo ponen en riesgo. Los padres, maestros y cier-
tos adultos son “clave” en el fortalecimiento de habilidades y
recursos para que ocurra una adaptación favorable, que, a
su vez, los aleje de otras dificultades capaces de dañarlos.
L
os factores de riesgo aumentan el peligro de que los niños,
los adolescentes, los jóvenes y los adultos consuman dro-
gas en algún momento, estos factores pueden ser individua-
les, como aquellos que tienen que ver con características per-
sonales, por ejemplo: agresividad, rebeldía, timidez, etcétera;
familiares, los cuales se presentan en las relaciones y los com-
portamientos de las familias, como conflictos entre padres-
hermanos-hijos, sobreprotección de alguno de los padres, en-
tre otros; sociales, que se desarrollan en ambientes sociales y
culturales, tienen relación con la política, la economía del
país, la organización de las comunidades (colonias, barrios)
y demás; por ejemplo: violencia, disponibilidad de drogas,
22. ¿Qué tan importantes son los factores de riesgo en
el inicio del consumo de drogas?
66
etcétera. Entre a más riesgos se vea expuesta una persona,
mayor posibilidad tendrá de usar y abusar de las drogas en
algún momento de su vida.
Factores de riesgo individuales
Los factores de riesgo individuales o personales se asocian a las
características o conductas aprendidas por cada persona a lo lar-
go de su vida. El carácter y el comportamiento influyen en el
consumo o no de drogas, por ejemplo:
Baja percepción de riesgo: Se refiere a la escasa noción que
el individuo tiene de los daños y las consecuencias que impli-
ca el consumo de drogas, por ejemplo: “Si diario bebo tres
copas, no tengo ningún problema, pues el alcohol se procesa
rápido”.
Conductas agresivas impulsivas: Se presentan cuando alguien
actúa con la intención de faltarle al respeto a los demás sin apa-
rente motivo y/o justificación, ya sea de forma verbal o física.
Este tipo de conductas dificulta la integración social y provoca otro
tipo de actividades más problemáticas, como delincuencia, con-
sumo de drogas, violencia, etcétera.
Estados de depresión y ansiedad: Aparecen cuando se viven de
forma constante y profunda momentos de tristeza, soledad e in-
comprensión. Cuando alguien siente que “nadie lo quiere, ni lo com-
prende”, suele actuar de forma precipitada para evitar ese esta-
do buscando salidas fáciles, como el consumo de drogas. Los
adolescentes pasan comúnmente por estas situaciones, ya que se
encuentran en la etapa donde se preguntan ¿quiénes son?, tra-
tando de encontrar una identidad propia; por ello, es importante
que cuenten con compañías adecuadas que les ayuden a afron-
tar dichos momentos.
Dificultad para establecer relaciones interpersonales: Este pro-
blema se da cuando alguien carece de habilidades para acercarse
67
a los otros, y el caso es más “duro” cuando se trata de los ami-
gos o compañeros; lo anterior se agrava aún más si ocurre en ni-
ños y adolescentes. Las personas en esta situación muestran
inseguridad, retraimiento, agresividad, etcétera, lo cual los
hace “presa fácil” para el consumo de drogas, ya que harían
cualquier cosa por pertenecer a un grupo o relacionarse con los
demás.
Dificultades escolares: El desinterés por la escuela, la escasez
de habilidades para desarrollar las actividades escolares, la falta de
atención o concentración, los problemas de conducta, la deser-
ción o el abandono escolar, la reprobación y el fracaso escolar,
originan otros problemas mayores, como consumo de drogas,
vagancia, etcétera.
Factores de riesgo familiares
Dichos factores tienen que ver con el entorno y las relaciones
familiares, por ejemplo:
Poca claridad de reglas familiares y escasa disciplina: Las nor-
mas implícitas o explícitas de la convivencia familiar tienen poca
o nula efectividad, por ejemplo: cuando a los hijos no se les esta-
blece la hora de llegada a la casa, los lugares de juego, de comida,
etcétera.
Conflictos familiares: Se presentan cuando los padres discu-
ten o se agreden por cualquier situación en presencia de los hi-
jos, quienes son los más afectados.
Falta de participación de los padres con los hijos: Los padres no
muestran una preocupación por sumarse a las actividades de sus
hijos, por ejemplo: no revisan las tareas de sus hijos, no compar-
ten espacios de juego, de estudio, de diversión, etcétera.
Padres y/o hermanos consumidores de drogas: Si en las fami-
lias alguno o ambos padres son alcohólicos, fumadores o con-
sumen alguna otra droga, los hijos aprenden de su ejemplo,
68
considerando o dando por hecho que son conductas adecuadas
y normales.
Violencia familiar: Los golpes e insultos a los niños y adoles-
centes provocan que huyan de sus hogares, los que los pone en
una situación con muy pocos o nulos apoyos para rechazar el
consumo de alcohol y otras drogas.
Factores de riesgo sociales
Tienen que ver con ambientes sociales y culturales que rodean a
las personas, por ejemplo:
Violencia: Se manifiesta de manera física o psicológica, y pue-
de ocurrir en la familia, en la calle, en la comunidad, en el barrio,
o en cualquier otro lugar; esta circunstancia genera conductas
adaptativas y defensivas.
Corrupción e injusticia: La impotencia de las personas ante
situaciones que no se pueden castigar o denunciar les provoca
desesperanza y sentimientos de fragilidad, lo cual favorece cier-
tas conductas inadecuadas
Disponibilidad de drogas: Facilidad que tiene una persona para
adquirir droga cuando lo desee.
N
o en todos los casos. Si bien los padres de familia son los
primeros modelos para formar la personalidad de los hijos,
además de transmitir costumbres, valores, sentimientos y con-
ductas que van a matizar las actitudes, pensamientos y acciones
posteriores, a medida que los hijos crecen, otras personas o me-
dios pueden influir de manera importante para que consuman
23. ¿Son los padres responsables del consumo de dro-
gas en sus hijos?
69
drogas. Cuando existe una carencia de afecto y apoyo en la con-
vivencia diaria entre padres e hijos, éstos se hacen más vulnera-
bles ante las situaciones difíciles que se les presenten en un futu-
ro inmediato, como puede ser el abuso de drogas.
La estructura de la familia mexicana sigue conformándo-
se en la mayoría de los casos por padres e hijos. La convivencia
de los padres de familia como pareja y la forma como se rela-
cionan con el hijo determinan el modo de sentir, pensar y actuar
del menor. Como cuando se construye un edificio, los cimien-
tos son los que garantizan su solidez, así los padres son quienes
enseñan las habilidades necesarias para que su hijo sea lo menos
vulnerable posible; aunque también, tiene que ver la calidad
de los ladrillos, el cemento, la mano de obra y otras cosas más.
Con ello se pretende ejemplificar, que aun cuando los progeni-
tores son el primer contacto y modelos por imitar, no son los úni-
cos que participan en la constitución psicológica de una persona,
aunque sí direccionan desde los primeros días de vida la actua-
ción y el pensamiento del niño.
En un estudio que se realizó a menores que trabajan en la
calle para apoyar la economía familiar, se encontró que aquéllos
que cuentan con una familia completa (padres de familia y her-
manos) se hallan mejor protegidos contra el consumo de drogas.
Por el contrario, cuando hay ausencia de alguno de los padres, el
consumo de sustancias tóxicas tiende a ser más frecuente. Lo
anterior demuestra la importancia de ambos padres de familia
como principales guías y conductores de los hijos.
Cada integrante de la familia desempeña un papel espe-
cífico, la interacción que día tras día se genera va matizando
la personalidad de cada individuo. Por ejemplo, en una familia
donde los progenitores discuten constantemente, no hay mo-
mentos de tranquilidad en casa, sino instrucciones confusas
y/o contradictorias que van coartando la interacción y difí-
cilmente se cubren las necesidades psicológicas y emociona-
les de los hijos. En cambio, en un ambiente familiar donde se
70
escuchan las opiniones, se tratan de hacer acuerdos, se giran ins-
trucciones claras, precisas y congruentes, cada integrante de la
familia aporta sus opiniones; además, se fomenta en los hijos
la confianza, la libertad de expresión, el sentirse capaces de des-
empeñar diversas actividades, etcétera, todo lo cual aleja a los
hijos de situaciones de peligro como las adicciones.
L
os resultados de diversas investigaciones sobre drogadicción
señalan que el núcleo familiar y, particularmente, ciertos as-
pectos de su dinámica, como la calidad de la relación, la comuni-
cación, la expresión de afectos, los valores, la satisfacción de nece-
sidades físicas, psicológicas y emocionales, así como el sentido de
unión y pertenencia entre los integrantes de la familia, son factores
que aumentan o disminuyen el riesgo del consumo de drogas.
Si bien la familia es una de las principales fuentes de apoyo y
contención, también es cierto que las relaciones familiares no siem-
pre son las más adecuadas para el sano desarrollo psicológico y
emocional de sus integrantes; ejemplo de ello, es la violencia
familiar, sobre todo la que abarca a niños y mujeres. Algunos
datos en nuestro país señalan que el 29 por ciento de las muje-
res que viven en ciudades han sufrido violencia física por parte
de su pareja; de ese porcentaje, en el 60 por ciento de los casos
estuvo involucrado el consumo de alcohol. También, se reporta
que la forma como se conducen los padres, por ejemplo, ser
castigadores o controladores, puede influir en el comportamien-
to futuro de sus hijos al volverse inseguros, retraídos, agresi-
vos, etcétera.
Específicamente, el riesgo de consumir drogas aumenta cuan-
do en la familia se presentan las siguientes situaciones:
24. ¿Cómo influyen las relaciones familiares para evi-
tar o propiciar el consumo de drogas?
71
Que los padres de familia asuman actitudes permisivas
ante el consumo de sustancias (ya sea alcohol, tabaco u otras dro-
gas), o que sean usuarios de drogas. Este aspecto es muy
importante, porque los padres y/o los familiares más cerca-
nos, por ejemplo los hermanos mayores, son una influen-
cia directa y poderosa, ya que promueven lo que se debe o
no hacer, lo que se permite o rechaza en casa, etcétera. En
suma, los padres de familia no sólo influyen en sus hijos
para usar o no drogas, sino que también su relación con
estas sustancias genera el aprendizaje de formas de consu-
mo en los menores; es decir, con qué cantidad y frecuencia
se utilizan. Por ejemplo: si un adulto bebe alcohol en su
casa los fines de semana al ver el futbol y, además, lo hace
en compañía de sus amigos y alguno de sus hijos adoles-
centes, es probable que los hijos consideren el consumo de
alcohol como algo permitido porque el padre lo hace, fiján-
dose la idea de que es “normal” beber y fumar los fines de
semana.
Desintegración familiar o vínculos escasos y/o débiles entre
los integrantes de la familia, por ejemplo: falta de apoyo, agre-
sión física y verbal constante, etcétera.
Ausencia o falta de claridad en las normas y reglas familia-
res, por ejemplo: pasar por alto la hora límite para estar en
casa después de ir a una fiesta, no hacer los quehaceres o las
actividades domésticas encomendadas, etcétera.
Escaso interés, participación o supervisión de los padres
de familia en las actividades personales y escolares de los hi-
jos, sobre todo, durante la etapa de la adolescencia, por ejem-
plo: desconocer quiénes son sus amistades, cómo es su des-
empeño en clase, etcétera.
Mala comunicación o la falta de ésta entre los padres y los
hijos. Una situación cotidiana es que los adolescentes sienten
que sus padres no los entienden o no respetan sus gustos, como
la forma de vestir o hablar, lo que provoca que se corte la
72
comunicación con los padres y que se se dé hostilidad o enojo
creciente hacia ellos.
Percepción de hostilidad o rechazo de los adolescentes a
los padres, principalmente cuando se les reprime constante-
mente por lo que hacen o dejan de hacer en casa, cuando se
dificulta aceptar y respetar la forma de ser del otro, etcétera.
Sobreprotección, falta de reconocimiento o expresión posi-
tiva de pensamientos y afectos, etcétera. Existen casos don-
de alguno de los padres permite o tolera conductas agresivas o
irrespetuosas al hijo, ya sea niño o adolescente, en tanto el
otro, por el contrario, trata de corregir la misma conducta con
una reprimenda fuerte, lo que en el hijo provoca desconcierto
y rechazo a quien le castiga, haciendo que se incremente la
aceptación con quien lo protege, y ello promueve la creación
de un círculo vicioso.
Concretamente, se sabe que en las familias de adictos a las dro-
gas hay más conflictos o peleas entre padres e hijos, en las que
los jóvenes muestran un mayor apego a los amigos, también usua-
rios de drogas, que a la propia familia. Igualmente, que con el
consumo de drogas, las personas pueden estar “llenando” el vacío
afectivo al no contar en su núcleo familiar con opciones de desa-
rrollo intelectual y emocional.
En sentido opuesto, también las relaciones familiares pue-
den evitar o disminuir el riesgo de que sus miembros consu-
man drogas, siempre y cuando:
Se fortalezcan los lazos afectivos y emocionales, es decir, que
los adultos hagan sentir a sus hijos cariño, aceptación, respe-
to, importancia, etcétera.
Se aclaren y practiquen normas contrarias al uso de drogas,
por ejemplo: evitar fumar cigarros o beber alcohol en presen-
cia de los niños y/o adolescentes; no mandar a la tienda a los
hijos para comprar cervezas, cigarros, etcétera.
73
Que los padres de familia se involucren en las actividades
de los hijos; asimismo, que se interesen en conocer qué tipo de
música les agrada escuchar, que les pregunten también cómo
les va en la escuela y/o trabajo, etcétera.
Se intercambien frases y conductas que muestren afectos po-
sitivos. Es importante que los hijos se sientan queridos, va-
lorados, aceptados y respetados por los adultos, ya que resul-
ta ser relevante para los hijos el reconocimiento positivo.
Se mejore la comunicación familiar, etcétera.
S
í; frecuentemente la violencia familiar trunca la comunica-
ción entre padres e hijos y genera un alto nivel de estrés en
la familia, lo que se traduce en molestia y relaciones conflictivas.
Este tipo de ambiente suele predisponer a los menores para el
consumo de drogas.
Las diversas formas de violencia familiar incluyen insultos, gol-
pes, presión psicológica y abuso sexual; en algunos casos, el resulta-
do de la violencia física puede llegar a lesiones graves (fracturas,
hemorragias y lesiones internas, contusiones, etcétera). Cualquiera
de estos tipos de violencia afecta seriamente a los miembros de
la familia y genera problemas de toda índole.
De acuerdo con lo anterior, la violencia en la familia es un
factor de riesgo asociado claramente al consumo de drogas.
Varias investigaciones han encontrado que la conducta repre-
siva por alguno de los padres (junto con conductas permisivas
del otro tutor) es un elemento que aumenta el riesgo al consu-
mo. Los adolescentes recurren a las drogas en mayor proporción
cuando el comportamiento de los padres es violento y poco co-
municativo, o cuando la composición familiar es inestable.
25. ¿La violencia familiar representa un riesgo para
abusar de drogas?
74
Además de lo anterior, cabe mencionar que en las familias
violentas, los hijos se sienten poco protegidos y amenaza-
dos continuamente, lo que les dificulta o impide relacionarse
emocionalmente con sus padres; esto afecta la identificación
que es tan necesaria, porque los niños generalmente los to-
man como modelos.
Adicionalmente, la violencia en la familia provoca otras si-
tuaciones que se han identificado con la aparición del consumo
de drogas: baja autoestima, deserción escolar, comunicación
defectuosa y eventos angustiantes.
Diversas investigaciones han demostrado que estas situacio-
nes influyen en los niños y los adolescentes de tal manera que
inducen el inicio del consumo de drogas, o sea, se conforma un
ambiente de riesgo derivado de la violencia familiar.
P
orque cada persona es diferente y reacciona de distinta
manera ante las exigencias de la vida cotidiana. En una fa-
milia aparentemente sana uno de sus miembros puede consumir
alcohol, tabaco u otras drogas, debido a que han fallado sus ca-
pacidades y habilidades para hacer frente a las exigencias diarias
o no logran superar los obstáculos, y se dejan llevar por la
presión de sus compañeros o amigos, por ejemplo.
El consumo de drogas se puede considerar en muchas oca-
siones como el síntoma de una problemática subyacente. En el
caso de los adolescentes la o las causas que producen el consu-
mo de drogas podrían ser las mismas que provocan otras con-
ductas inadecuadas, como: comportamientos violentos, proble-
mas en la escuela, conductas peligrosas, delincuencia, etcétera.
Lo importante es entender lo que ocasionan esas conductas.
26. ¿Por qué si una familia se encuentra integrada, uno
de sus miembros puede usar drogas?
75
Durante la adolescencia se producen cambios que muchas ve-
ces provocan inestabilidad y, por tanto, riesgo de consumir drogas.
Algunas personas tienen dificultades para expresar lo que
les pasa, lo que sienten, lo que piensan; otras, en cambio, tie-
nen un fuerte deseo de saber y conocer a través de la propia
experiencia; de arriesgar todo el tiempo, y de sentirse fuertes
y en peligro. Algunos sólo quieren dormir, desearían que el sol
no existiera, todo es tan oscuro y difícil para ellos. También hay
personas con una autoestima tan baja que creen o sienten que
no sirven para nada. O encontramos quienes aprendieron que si
algo les sale mal, “todo está mal” y esta poca tolerancia al fraca-
so los hace creer que son los que más han fallado en la vida. En
cambio, otras personas manifiestan mucho miedo, tristeza y do-
lor, o creen que tienen demasiados problemas o tanta confu-
sión de sentimientos que no saben cómo salir adelante, cómo
resistir y enfrentarse a ello. Cualquiera de estos ejemplos, la
combinación de ellos y otros más, podrían ser las razones por
las que alguien decide consumir drogas.
Diversas investigaciones han identificado “factores de riesgo”
para el consumo de la droga, entre ellos: predisposición genética,
(es decir, ciertas condiciones que se traen de nacimiento) edad y
género, menor percepción del peligro de las drogas, falta de con-
trol de los impulsos, hostilidad y actitudes de rebeldía, deterioro
de habilidades sociales y abandono de la escuela. En relación con
la familia: ausencia de consistencia en las normas de convivencia
familiar, consumo por parte de los padres, pocas expectativas de
los padres en la educación de sus hijos, desinterés por sus acti-
vidades o poca supervisión en ellas. Con respecto al medio so-
cial: tener amigos o compañeros que usen drogas, o que pre-
sionen fuertemente para usarlas, etcétera.
Otras investigaciones han encontrado que hay niños y jóve-
nes en situación de alto riesgo para el consumo de drogas que
logran sobreponerse al efecto negativo y se desarrollan sanos y
exitosos; a esta capacidad se le conoce como resilencia o resisten-
76
cia. Una persona resilente es aquélla que tiene la capacidad de en-
frentar adecuada y efectivamente la adversidad y las situaciones de
crisis y de riesgo. Se puede nacer con características que lo hacen
resilente o también obtenerlas a través del apoyo familiar, la escuela
y, en general, las condiciones ambientales y las personas que lo ro-
dean; es decir, aprender a tener una vida sana y libre de drogas.
L
a pobreza no, pero sí la serie de situaciones que la acompa-
ñan, como la marginación. Al respecto, las personas que la
enfrentan a diario están en desventaja en comparación con los de-
más, tanto en aspectos psicológicos como sociales. En los casos
de pobreza extrema todo es más complejo: la falta de una ali-
mentación adecuada, la imposibilidad de poder tener una casa
segura, ropa suficiente, nulas actividades de esparcimiento, son
en su conjunto un ambiente propicio para acercarse al consumo
de drogas. En ocasiones esto permite olvidar y/o paliar, aunque
sea por unas horas, el dolor y la incertidumbre cotidiana.
Los estudios realizados en torno a la pobreza, muestran la pro-
babilidad de que las personas, en esta situación, presenten diversos
problemas, como el consumo de drogas; es decir, además de adversi-
dades, carencias, estrés e incertidumbre diaria, tienen que enfren-
tar conflictos asociados con el uso y abuso de sustancias tóxicas,
con menos recursos para atenderlos. Los niños pequeños son los
más expuestos a los efectos adversos de la pobreza. Aunque es con-
veniente recordar que la pobreza por sí sola no causa la drogadic-
ción, sino debe estar combinada con otros factores.
Algunos especialistas en el tema han elaborado diversos mode-
los para explicar el consumo de drogas y en uno de éstos se incluye
a la pobreza como factor de riesgo (ubicada en el ámbito social).
27. ¿Es la pobreza un factor de riesgo para el consumo
de drogas?
77
Para gran cantidad de familias que viven en estas difíci-
les condiciones, los sentimientos de culpa y la preocupación
son experiencias cotidianas. Por ejemplo: los padres de fa-
milia se sienten fracasados en su papel de proveedores y
administradores; además, cada integrante debe salir de casa, si
es que la hay, para ganarse unos cuantos pesos que les per-
mitan obtener algo de comida; esto implica poca o nula convi-
vencia diaria, falta de supervisión de las ocupaciones de los
hijos y escasos encuentros afectivos. Es muy común que los ni-
ños, desde muy pequeños, trabajen en la calle y esta situa-
ción incrementa las posibilidades de que en algún momento
se vean orillados a consumir drogas. La necesidad de protección,
alimentación y seguridad obligan a las familias en estas con-
diciones a exponerse a un sinnúmero de riesgos, por ello los
pobres están cosniderados como un grupo vulnerable en tér-
minos sociales.
Resulta muy frecuente escuchar de niños y adolescentes que
consumen drogas las siguientes frases: “Con esto se me quita el
frío”, “…Se me olvida que tengo hambre”, “Se me olvida que
mis padres están todo el día fuera de casa”. Ahora bien, en los
diversos niveles de pobreza se presenta deterioro o falta de
estimulación en el desarrollo físico, mental de los hijos. Sin embar-
go, la situación anterior no debe tomarse como algo determinan-
te, ya que existen excepciones donde los integrantes de la fami-
lia, a pesar de vivir en situaciones de extrema marginación y
pobreza, tienen las habilidades personales para salir adelante;
como ya se mencionó, a esto se le llama resilencia.
Aunque las situaciones adversas de la pobreza sitúan a los
individuos en desventaja frente a los demás, esta condición no
necesariamente conduce al consumo de drogas, ya que para ello
deben concurrir otros factores de riesgo. Sin embargo, hay casos
en los que una persona, pese a enfrentar estos riesgos, tiene re-
cursos psicológicos para afrontar las adversidades y conseguir
un desarrollo adecuado.
78
N
o. En la mayoría de los casos los adolescentes adoptan mo-
das, lenguajes y estilos musicales buscando imitar a per-
sonajes famosos (cantantes, actores, deportistas), o también para
afirmar la diferencia de su personalidad con respecto a la de los adul-
tos. En algunas ocasiones estas modas también las adoptan de
otros adolescentes que consumen drogas; aun cuando el desin-
terés por el cuidado de su persona e imagen puede ser síntoma
de que un adolescente está abusando de las drogas, se debe te-
ner mucha precaución de verificarlo por otra vía, y no etiquetar
a las personas por su forma de vestir.
El modo de vestir y de hablar, así como los gustos musicales,
forman parte de un conjunto de actitudes del adolescente encami-
nadas a buscar su identidad, a tratar de conocerse y definir su estilo
de vida. En resumen, se puede decir que todo esto configura una
cultura propia de los jóvenes.
Lo que caracteriza a esta cultura es la búsqueda de decisiones
propias, por ejemplo, el uso de una determinada ropa o forma de
hablar, se contrapone generalmente con los gustos de los padres o
con lo que les gustaría o esperarían de sus hijos. Esto puede com-
probarse si se pone atención en la elección de la música o progra-
mas de televisión que prefieren ambos.
Esta búsqueda de autonomía y definición de sus propios
gustos no es otra cosa más que la necesidad de diferenciarse poco
a poco de los padres y la familia, con objeto de construir su pro-
pia personalidad, algo que en la etapa adulta le ayudará a tomar
decisiones correctas y asumir sus propias responsabilidades.
En muchos casos, estas elecciones son mal vistas por los
padres y generan discusiones y conflictos familiares, por lo que
es conveniente dialogar con los adolescentes y conocer sus razo-
28. ¿La manera de vestir, hablar y escuchar música
de un adolescente, se relaciona con el consumo de
drogas?
79
nes de usar alguna ropa, o hablar de alguna manera o escuchar
determinada música; la mayoría de las veces estas actitudes se
adoptan para identificarse con su grupo de amigos. Intere-
sarse por los gustos de los hijos puede ser una buena forma
de influir en su conducta sin debilitar su sentido de autono-
mía, por ejemplo: en el caso de las forma de hablar, se puede
comparar con el lenguaje de los pachucos de las décadas de los
40 y 50, donde éstos también buscaban una forma de expre-
sión propia.
S
í. Se han realizado diversas investigaciones que demuestran
la asociación entre el consumo de alcohol y otras drogas con el
trastorno por déficit de atención e hiperactividad. El TDAH
y el consumo de alcohol y otras drogas comparten ciertas ca-
racterísticas relevantes: son más frecuentes en niños, quienes
presentan ansiedad, depresión, comportamiento inadecuado y
baja autoestima.
El TDAH se caracteriza porque el niño se mueve mucho más
que lo “normal”, parece que “se mueve por moverse”. Asi-
mismo, se le dificulta mucho poner atención en lo que ve o
escucha, solamente es capaz de atender con interés durante lap-
sos muy breves. Otra característica es que no concluye las cosas
que empieza: juegos, tareas escolares, etcétera. Por su falta de
atención se le dificulta aprender y como resultado presenta re-
trasos en su desarrollo social, escolar y personal. Sus movi-
mientos suelen ser bruscos, rápidos y, consecuentemente, tor-
pes: rompe cosas sin querer, tropieza, se golpea.
Con frecuencia, el niño con este padecimiento tiene
indicadores de ansiedad y estrés; normalmente, estos indicadores
29. ¿Existe relación entre el trastorno por déficit de aten-
ción e hiperactividad (TDAH) y el consumo de drogas?
80
son resultado de las exigencias que percibe sobre él, y que
provenienen de su casa, la calle, el colegio, los estudios, la con-
ducta social, las relaciones con padres, hermanos, profesores,
compañeros, etcétera.
Como consecuencia de la acumulación crónica de frustra-
ciones y castigos, que en su mayor parte se dirigen a él y no sólo
a su comportamiento inadecuado, el niño con TDAH suele lle-
gar a la preadolescencia con un pésimo concepto de sí mismo y
una baja autoestima.
El TDAH se inicia durante la infancia y afecta a un alto por-
centaje de niños; además, se calcula que en una tercera parte de
los casos persiste en la etapa adulta.
La asociación entre el TDAH y el uso de sustancias no se
ha descrito sólo para casos en los que continúa durante la
vida adulta, sino que se ha observado una elevada prevalencia
de dicho trastorno durante la infancia en adultos adictos, inde-
pendientemente de si perdura o no el padecimiento.
Se han encontrado antecedentes de TDAH en porcenta-
jes variables entre 17 y 45%, en pacientes atendidos por adic-
ción a cocaína y opioides. Se ha observado que los cocainó-
manos con antecedentes de TDAH presentan características
peculiares respecto a la edad en que aparece el abuso, la gra-
vedad del mismo y los rasgos de personalidad antisocial. Re-
ferente al alcoholismo, se han hayado antecedentes de tras-
torno de TDAH hasta en 33% de la población estudiada, lo
que supone entre tres y cuatro veces más que en población
general.
Entre los pacientes con esta alteración se han descubier-
to consistentemente frecuencias elevadas de trastornos por
uso de sustancias a lo largo de la vida. Entre 17 y 45% de
adultos con TDAH manifiestan abuso de alcohol o dependen-
cia, y entre 9 y 30%, presentan abuso o dependencia a otras
drogas.
81
S
í, las conductas violentas durante la infancia desempe-
ñan un papel i mportante para que l os ni ños y ado-
lescentes se inicien en el consumo de drogas. Cuando los niños se
comportan agresivamente, tienen mayores dificultades para relacio-
narse con los otros, debido a que se expresan mediante golpes, men-
tiras e insultos; también muestran poca capacidad para escuchar,
así como poca tolerancia, etcétera. Estas conductas representan
desventajas para los infantes, provocando el rechazo de los de-
más, y todo ello contribuye a llevarlos a un consumo temprano de
drogas, o bien que queden expuestos a este riesgo.
Cuando los niños actúan con violencia, casi siempre existe una
causa que antecede su actuar; en este sentido, a continuación se
describen algunos aspectos que originan dichos comportamientos:
Aspecto biológico
La hiperactividad: Se determina por falta de atención y con-
centración en las distintas actividades y conducta impulsiva.
Lo anterior se debe a que existe una disfunción cerebral me-
nor. Cuando la impulsividad y la inquietud rebasan los lí-
mites, es necesario atender al niño que las padece a tiempo,
ya que estas características suelen generar rechazo por parte
de familiares, amigos, compañeros y maestros.
Aspectos psicológicos
El aprendizaje: Se inicia con la imitación que hace el niño de los
modelos más representativos, principalmente de los padres, maes-
30. ¿Son las conductas violentas durante la infancia
un factor de riesgo para el consumo de drogas?
82
tros u otros adultos, por ejemplo: si una madre le grita a su hi-
jo por cualquier cosa, éste aprenderá a comunicarse a través de gritos.
El proceso mental (pensamiento): Se refiere a la información,
las reglas y las ideas que cada persona va construyendo a través
de sus experiencias, por ejemplo: un niño que sabe que pegando
obtiene lo que quiere, repetirá cuantas veces sea necesario esta
conducta hasta lograr su objetivo.
Aspectos socioambientales
La educación: Se relaciona con los medios que se utilizan para
instruir o formar a las personas; adquirir conocimientos, valo-
res, creencias, costumbres, etcétera, por ejemplo: un niño al
que “jalonean” cuando llega tarde, aprende por la experiencia que
le sucederá lo mismo cada vez que repita dicha conducta.
El ambiente familiar: Se trata de las relaciones, los víncu-
los, las condiciones y las situaciones que tienen los integran-
tes de una familia. Por ejemplo: si un niño se percata de que
para comunicarse con su hermano tiene que empujarlo, ac-
tuará igual con sus compañeros de escuela, amigos de la colo-
nia, etcétera.
Es importante que los padres de familia, tutores, maestros y
otros adultos que están en contacto directo con los niños, detec-
ten oportunamente el porqué de las conductas violentas de los
infantes, y que tomen las medidas necesarias para disminuir este
tipo de riegos capaces de originar el uso de sustancias.
E
l estrés es la reacción que tiene una persona ante situaciones
amenazantes, angustiantes o que ponen en riesgo su bienes-
31. ¿Qué es el estrés?
83
tar; provoca, además, un deseo intenso de huir de la situa-
ción o de enfrentarla violentamente. En esta reacción inter-
vienen casi todos los órganos y funciones corporales: cere-
bro, corazón, músculos, sistema nervioso, flujo de sangre,
nivel hormonal y digestión.
El estrés produce cambios químicos en el organismo.
Cuando alguien se expone a una situación estresante como pre-
sentar un examen, acudir a una cita o entrevista de traba-
j o, competir con otros, se ve envuelto en un estado de alerta
en el que se agudizan todas las reacciones del cuerpo, si-
tuaci ón moti vada por l a secreci ón de adrenal i na. Como
parte de los efectos de este proceso se observa que el cora-
zón late más rápido, sube la presión arterial, se comienza
a transpirar, se presentan temblores en manos y piernas,
etcétera.
Estas reacciones, que parecen evitar el peligro a corto pla-
zo, no son dañinas, pero si la situación persiste, el cuerpo senti-
rá una fatiga que eventualmente puede tornarse nociva para la
salud.
El estrés se manifiesta en forma física y emocional. La
primera se caracteriza por presentar tensión en los mús-
culos, descompensación en los niveles hormonales y dis-
minución de las defensas del cuerpo para combatir enfer-
medades. Emocionalmente, afecta los pensamientos y los
sentimientos, convirtiéndose en un factor muy importan-
te para desarrollar depresión y ansiedad, entre otros pro-
blemas psicológicos.
Las situaciones estresantes se presentan a cada momen-
to, pero es el mismo individuo quien determina cuáles acon-
tecimientos son estresantes para él y cuáles no, dependiendo
de sus características, aficiones, gustos y tolerancia.
Cuando una persona se encuentra sobreestresada, es nor-
mal que no sienta ganas de hacer sus actividades cotidianas;
por el contrario, llega a tener pensamientos negativos y a
84
agrandar sus problemas. El malestar emocional provocado
por el estrés tiende a convertirse comúnmente en una afec-
ción física que en muchos casos la gente usa como excusa
para justificar estados de depresión, tristeza, desánimo o me-
lancolía.
Algunas consecuencias físicas que puede provocar el estrés
son: úlcera estomacal −debido a la excesiva producción de áci-
do−; aumento en la presión sanguínea; pérdida o aumento de
apetito, y, consecuentemente, variación de peso corporal y ten-
sión muscular, entre otras alteraciones.
Las complicaciones por el estrés pueden observarse a
corto plazo, en lapsos relativamente largos. Sin embargo,
cuando una persona se expone a periodos prolongados de
estrés, resulta probable que se presenten problemas de sa-
lud más graves, como trastornos de tipo cardiovascular, ar-
tritis reumatoide, calvicie, asma, tics nerviosos, sarpullidos,
irregularidades en la menstruación, colitis y dolores de es-
palda. La presencia excesiva o la recurrencia de estos sínto-
mas es motivo de consulta médica y/o psicológica cuya fi-
nalidad sea crear mecanismos para afrontar los estados de
angustia y ansiedad.
Aunque los estados de estrés breves afectan el funciona-
miento del organismo, los síntomas desaparecen cuando el
evento causal termina. Esto ocurre con mayor facilidad siem-
pre y cuando la persona posea tácticas efectivas para enfren-
tar el estrés y si expresa sus sentimientos normalmente.
Las causas del estrés pueden ser muchas y muy variadas,
dependiendo de cada persona. En términos generales, este
estado es provocado por cualquier suceso o acontecimiento
que genere una respuesta emocional, tanto positiva (naci-
miento de un hijo, matrimonio, ganar algún concurso) como
negativa (pérdida del empleo, muerte de un familiar, acci-
dente de tránsito). El estrés también se produce por situacio-
nes menores, como esperar demasiado en el tráfico o una cita
85
importante. Cabe agregar que algunas situaciones que pro-
vocan estrés en una persona pueden ser insignificantes para
otra.
Al considerar las repercusiones tan serias que puede traer
consigo el estrés, es importante resaltar algunos cuidados que
deben incorporarse a la vida cotidiana, ya que debemos recordar
que prevenir es mejor que curar.
Liberar la tensión con algunos ejercicios o pasatiempos de in-
terés, como: practicar algún deporte, caminata y actividades
manuales.
Expresar sentimientos y deseos con alguna persona de con-
fianza.
Aprender técnicas de relaj amiento: yoga, meditación o
autohipnosis.
Evitar el uso de tranquilizantes o alcohol para enfrentar las
situaciones de estrés.
C
uando una persona tiene constantes niveles altos de estrés
es probable que en ese mismo grado se deprima o se sienta
exageradamente presionado, lo que puede llevarlo al consumo
de drogas.
Actualmente, el ser humano vive dentro de una sociedad
donde a diario, y a cada instante, se está sujeto a situaciones
amenazantes y de riesgo (problemas de trabajo, en las relaciones in-
terpersonales, accidentes viales, asaltos, etcétera) y por eso el or-
ganismo se encuentra en constante estado de alerta, bajo estrés
continuo. Cuando éste comienza a provocar problemas de sa-
lud, tanto físicos como emocionales, se dice que ha llegado a un
estado excesivo. Una de las repercusiones más comunes de este
32. ¿Cómo influye el estrés en el consumo de drogas?
86
padecímiento es la depresión, la cual, según ha quedado demos-
trado con diferentes estudios, es un factor de riesgo para el inicio
en el consumo de drogas.
Para subsanar el malestar que provoca el estrés excesivo, fre-
cuentemente se recurre a sustancias nocivas para la salud, como
el alcohol o el tabaco, llegando incluso al consumo de sustancias
ilícitas, cocaína, mariguana, sin olvidar la utilización de tranquili-
zantes, hipnóticos o sedantes, entre otros. El efecto inmediato de
las drogas causa un estado inicial de euforia, depresión o sueño
excesivo, según el tipo de droga que se consuma y quien las con-
sume se libera del malestar sólo momentáneamente. Cuántas ve-
ces no se oye decir: “vamos a tomarnos una copa para aliviar el
estrés” o “fúmate un cigarro para los nervios”, “tómate una pasti-
lla y te sentirás con más ánimo”. Sin embargo, este tipo de sustan-
cias altera el funcionamiento del organismo; por ejemplo, una per-
sona que está expuesta a diversos hechos estresantes y consume
mariguana (que es un depresor), sentirá alivio inmediato y cada vez
que su malestar se presente, volverá a aliviarlo con la misma sus-
tancia, sólo que en dosis cada vez mayores, provocando una de-
pendencia.
Por consiguiente, todas estas falsas maneras de “aliviar” el
estrés lo único que llegan a provocar son malestares posteriores
que, además de causar daños físicos y psicológicos; pueden ser
el comienzo de una dependencia.
N
o. El consumo de drogas no deriva necesariamente en una
conducta antisocial o delictiva; son muchos los casos de con-
sumidores de drogas que no se han visto envueltos en proble-
mas legales. Sin embargo, el riesgo de que tal cosa ocurra es ma-
33. ¿El consumo de drogas deriva siempre en un com-
portamiento delictivo?
yor en la medida que aumenta el grado de adicción, porque las
drogas tienen la particularidad de provocar que las personas se
acostumbren o adapten a ellas y tiendan a buscarlas reiterada-
mente a fin de volver a experimentar los efectos placenteros.
Ante la urgencia que implica el conseguir la drogas, el adicto
está más propenso a cometer delitos.
El consumo de drogas provoca un sinnúmero de situacio-
nes que afectan las diferentes áreas de la vida. Socialmente,
los adictos con frecuencia se involucran en agresiones, desor-
den público, marginación; en el aspecto individual, la persona
pierde el empleo o abandona la escuela, afectando así las metas
y planes que tenía para desarrollarse como persona, no inten-
ta resolver constructivamente los problemas, sino que recu-
rre en mayor grado a las drogas como “solución”; o cuando
una mujer embarazada toma drogas sin control médico pue-
de ocasionar malformaciones genéticas al producto durante la
gestación. El consumo de drogas ocasiona perjuicios familia-
res, ya que el dinero con que se pagan las drogas priva a la
familia de necesidades básicas, como comida o ropa, y la dis-
cusión del problema puede generar conflictos familiares. Todo
lo anterior aumenta sobremanera la posibilidad de que los adic-
tos reaccionen de modo violento, con el objetivo de conseguir
la sustancia, e incluso que lleguen a cometer asaltos y, algunas
veces, hasta asesinatos.
88
CAPÍTULO III
E EE EEL LL LL C CC CCONSUMO ONSUMO ONSUMO ONSUMO ONSUMO DE DE DE DE DE D DD DDR RR RROGAS OGAS OGAS OGAS OGAS Y YY YY SUS SUS SUS SUS SUS C CC CCONSECUENCIAS ONSECUENCIAS ONSECUENCIAS ONSECUENCIAS ONSECUENCIAS
89
EL CONSUMO DE DROGAS Y SUS CONSECUENCIAS
E
l marco legal donde están consideradas las adicciones, se ubi-
ca en el artículo 4 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, que proclama la protección de la salud. Para
cumplir con este cometido se han creado e instrumentado diver-
sos trabajos (Ley General de Salud, Programa Nacional de Sa-
lud, Programas contra Alcohol, Tabaco y otras Drogas), además
de considerar un marco jurídico que contemple todo lo relacio-
nado con la producción, la venta y el consumo de drogas.
México dispone de un amplio conjunto de normas, leyes y re-
glamentos cuya finalidad es reglamentar la venta y la producción
de bebidas alcohólicas, tabaco u otro tipo de drogas, razón por la
cual se ha puesto especial cuidado en las siguientes políticas:
El control de la publicidad en radio y televisión queda sujeto
a las disposiciones de la Secretaría de Gobernación; mientras que
en cines se establece que los anuncios publicitarios sólo deberán
transmitirse en las funciones para adultos, es decir, las de clasifi-
cación “C” y “D”.
La promoción de productos (tabaco, cerveza alcohol, etcéte-
ra) deberá incluir leyendas de advertencia, tales como “el abuso
de este producto es nocivo para la salud”.
Además, los fabricantes tendrán que respetar las restriccio-
nes de venta a menores de edad que indican que por ningún
motivo se podrá vender o suministrar bebidas alcohólicas u otro
tipo de droga a menores de edad.
El control de consumo en lugares de trabajo resalta que se
prohíben las bebidas embriagantes en todo centro de trabajo;
durante las últimas fechas se ha pugnado para que se cuente con
lugares de trabajo libres de humo de tabaco, etcétera.
34. ¿Cuál es el marco legal del consumo de drogas?
91
L
a diferencia está en el control que cada persona tenga para
dosificar la cantidad y la frecuencia del consumo de alguna
sustancia. En lo general, el grado de control se relaciona con el tiem-
po de consumo de cierta sustancia, como alcohol o mariguana, aun-
que a veces no es necesariamente así. No se puede considerar dro-
gadicto a un individuo que consume por primera vez una droga
en una fiesta; en todo caso, a este individuo se le puede denomi-
nar usuario de esa droga. Pero si en esa sola ocasión el usuario
pierde el control del consumo y llega a una intoxicación severa
(borrachera), o provoca actos negativos, como accidentes, en-
tonces lo que antes era simple uso puede calificarse como abuso.
Para aclarar mejor esta diferencia vamos a utilizar el ejemplo
del alcohol:
El uso se refiere a un consumo moderado que no provoca embria-
guez, ni pérdida del control de las funciones motoras, disminución
de reflejos o dificultades al hablar. En cambio, el abuso se ca-
racteriza por el consumo de grandes cantidades, incluso si éste
ocurre en una sola ocasión o en algún evento social que no forma
parte de los acostumbrados, por ejemplo: partidos de futbol y pa-
seos; en estos casos se presentan la embriaguez y la disminución
de reflejos, la perdida del control motor, así como el clásico “arras-
tre” de palabras. Es importante resaltar que el abuso no sólo im-
plica episodios frecuentes, sino también el beber en exceso que
afecta a terceros, por ejemplo: una mujer embarazada estará abu-
sando del alcohol y el tabaco aunque no llegue a la embriaguez o
fume únicamente un cigarrillo. Por su parte, la dependencia se
refiere al consumo compulsivo y al deseo de consumir sin más
causa que el anhelo derivado del alto grado de dependencia alcan-
35. ¿Qué diferencia hay entre uso, abuso y dependen-
cia de drogas?
92
zado; en este caso, los episodios de consumo, generalmente, se
caracterizan por la embriaguez, la pérdida de memoria, los even-
tos violentos, la privación de la conciencia, así como por los otros
signos arriba mencionados.
En general, el uso moderado de drogas no afecta de manera
importante las actividades escolares, familiares, laborales o de
otro tipo; es usual que los episodios de consumo se relacionen
con eventos y situaciones específicos, por lo que en raras ocasio-
nes se hace fuera de estos eventos, además de que dicho consu-
mo no afecta a terceras personas.
Por el contrario, con el abuso, las situaciones se complican de
manera importante, ya que afecta el desarrollo escolar y laboral y
genera problemas familiares. El abuso implica rebasar los límites
dentro de los cuales se circunscriben las drogas; esto provoca ma-
lestares físicos de trascendencia, así como falta de coordinación
motora; también se presentan fallas en la percepción, es decir, se
pueden tener dificultades para ver las cosas claramente y escu-
char con nitidez lo que sucede alrededor.
El abuso se da con mayor frecuencia y en situaciones varia-
das, que generalmente conducen a consecuencias que rebasan el
episodio de consumo, conocidas como “cruda” y “rebote”, don-
de se experimenta un gran malestar derivado de la necesidad de
seguir consumiendo o del término de los efectos de la droga.
Debe mencionarse que el abuso causa daños a la salud, que pue-
den originarse a corto plazo (por ejemplo, irritación de la gar-
ganta y estómago) y daños significativos de largo plazo (cirrosis,
enfermedades pulmonares, daños al corazón y al cerebro). El
abuso también implica que el consumidor excesivo generalmen-
te busque mezclar drogas (por ejemplo, alcohol con cocaína), lo
que en muchos casos puede llevarlo a la dependencia.
En la dependencia, la familia, el trabajo, la escuela y los
demás aspectos de la vida normal se ven seria y profunda-
mente afectados. Como consecuencia del abuso continuo se pre-
sentan daños graves y degenerativos en la salud que pueden
93
causar la muerte. Otro riesgo que corren las personas depen-
dientes son los accidentes y los eventos violentos relacionados
con las drogas, en los cuales existe una alta posibilidad de le-
siones graves y fallecimiento.
S
í. Es importante no sentir vergüenza o incapacidad moral
para hacerlo. Bebedor moderado es aquella persona que
bebe ocasionalmente en eventos o celebraciones; controla la can-
tidad de alcohol que ingiere y además, está consciente del daño
que produce esta sustancia. Por lo tanto, es necesario que los
hijos conozcan las consecuencias del consumo excesivo de alco-
hol y la forma de consumirlo moderadamente. Aunado a ello,
se debe considerar si los hijos tienen la madurez física y mental
para hacerlo y/o enfrentar la presión de los amigos.
En la sociedad actual, el consumo del alcohol se liga al con-
cepto de celebración, y su uso entre la población adulta es acep-
tado. Como un afán de festejo o convivencia, el bebedor mode-
rado consume alcohol sin llegar al abuso y sin que estos
acontecimientos sean demasiado frecuentes en su vida. Este he-
cho habla de una percepción de riesgo adecuada; el individuo
sabe de los daños que le ocasiona el consumo desmedido de al-
cohol, y por ello prefiere evitar los excesos.
Desde esta perspectiva, los padres deben hablarles a los hijos
de los efectos del consumo excesivo de alcohol, considerando la
permisividad, aceptación, legalidad y disponibilidad de esta sus-
tancia. Es necesario indicarles los riesgos de exceder el uso de
esta sustancia, así como los daños a corto y largo plazos.
Los padres deben buscar el momento y el lugar adecuados
para hablar con sus hijos; deben plantearles con tranquilidad
36. Si bebo, aunque sea moderadamente, ¿puedo exi-
girles a mis hijos que no lo hagan?
94
los riesgos de la cantidad de alcohol que se ingiere y de la ocasión
en la que se hace. Es importante poder pronunciarse convincente-
mente por un consumo moderado; invite a sus hijos a mantenerse
abstemios del alcohol o a que lo consuman, en todo caso, modera-
damente, ya que la presión de los amigos, la excesiva publicidad y
la permisividad social hacia el alcohol, hace a los jóvenes más vul-
nerables. Dar a los hijos consejos para lograrlo es tarea fácil:
No tomar más de tres copas en una sola ocasión.
No tomar con el estómago vacío.
Tomar tragos cortos.
Dejar el vaso entre trago y trago.
Diluir el alcohol con jugos, refrescos o agua.
Intercambiar bebidas sin alcohol entre bebidas alcohólicas.
No mezclar bebidas destiladas (ron, brandy, etcétera) con fer-
mentadas (cerveza, vino y demás).
No beber para levantar el ánimo.
No beber si están tomando medicamentos.
Si beben no conducir o realizar actividades que requieran de
concentración y óptimos reflejos.
Estos consejos sencillos permiten a los padres de familia dar a
sus hijos la información necesaria para evitar que lleguen a la adic-
ción, y que sepan cómo enfrentar situaciones de riesgo de con-
sumo de alcohol, ya sea evitándolo o usándolo con moderación.
E
s común creer que los daños que causan las drogas deben
ser evidentes a partir de que la persona las consume; esto no
37. Si el consumo de drogas hace daño, entonces ¿por
qué en algunas personas que consumen con frecuencia
no se presentan consecuencias graves?
95
siempre resulta así, ya que algunas veces los daños se manifestan
paulatinamente. Sin embargo, lo que sí es seguro es que todas dro-
gas perjudican la salud y los daños van desde los más leves hasta
los calificados como irreversibles, incluso enfermedades del co-
razón y del cerebro que pueden ser fatales.
El consumo de drogas ocasiona daños que pueden ser inme-
diatos o a corto, mediano y largo plazo. Los efectos del consumo de
drogas dependen o están comúnmente en función de las característi-
cas del individuo que las consume, de la cantidad y el tipo de droga,
así como del entorno donde tiene lugar el consumo; todo esto con-
vierte al consumo de drogas en un problema complejo. Aunque en
algunos consumidores los efectos de las drogas pasan inadvertidos,
se dice que el grado de intoxicación puede variar desde un leve esta-
do de euforia hasta el completo estupor, modificando las ca-
pacidades físicas, mentales y conductuales del consumidor sea cual
fuere su grado de intoxicación
La complexión corporal y el sexo de las personas son carac-
terísticas importantes para ayudar a entender la vulnerabilidad
de cada quien; por ejemplo: un obeso, por lo general, tolerará
mayor cantidad de alcohol antes de emborracharse que alguien
delgado. Asimismo, las mujeres comúnmente tienen menor to-
lerancia debido a que su cantidad de tejido graso y el volumen
de líquidos en el cuerpo son menores.
E
l consumo de drogas durante el embarazo puede provocar
alteraciones en el desarrollo normal de un bebé mientras
se forma en el vientre materno, causando que el bebé nazca débil,
de menor talla y prematuro, con problemas de salud que requieran
tratamientos especiales y hasta la muerte a temprana edad. Las
38. ¿Qué consecuencias puede haber durante la gesta-
ción de un niño por el consumo de drogas de su madre?
96
alteraciones pueden ser leves o graves dependiendo de la droga, la
cantidad y el estado general de salud de la mamá; por ejemplo, el
alcohol, puede originar deformidades en el corazón, las extremida-
des y las facciones del feto, sobre todo durante las primeras sema-
nas de gestación, que es la etapa cuando se forma la mayoría de los
órganos del bebé.
Asimismo, el consumo de algunos medicamentos sin control mé-
dico representa un factor de riesgo para la mujer embarazada, por lo
que debe evitarlo, en virtud de que ciertas sustancias son capaces de
afectar órganos como los ojos y el sistema nervioso del feto.
Para la mujer embarazada el alcohol es una de las drogas
más peligrosas, sobre todo al principio de la gestación. Si la ma-
dre consume bebidas alcohólicas, el bebé puede nacer con de-
fectos, como el “síndrome alcohólico fetal”, que involucra dis-
tintos trastornos: formación de un cráneo pequeño, facciones
anormales, retardo físico y mental. Aunque no se sabe cuál es la
cantidad de alcohol que provoca este efecto, o si el beber mode-
radamente puede ser suficiente para desarrollar este síndrome,
lo cierto es que todo tipo de consumo representa un riesgo.
A su vez, fumar durante el embarazo aumenta el riesgo de
un parto prematuro y genera problemas durante el desarrollo
del feto. Además, reduce la capacidad de los pulmones para ab-
sorber oxígeno, por lo que el feto, al no tener oxígeno suficiente,
encuentra mayores dificultades para formarse normalmente.
Por otra parte, los estudios sobre mujeres embarazadas con-
sumidoras de mariguana muestran que los bebés nacen con bajo
peso y que pueden ser prematuros.
El consumo de cocaína (incluyendo el crack) y en general
las drogas estimulantes como las anfetaminas, disminuyen el ape-
tito de la madre, lo que puede provocar desnutrición y las conse-
cuencias que conlleva. Por ser sustancias estimulantes, se ob-
serva que al aumentar la frecuencia de los latidos del corazón y
elevar la presión arterial, se perjudica el desarrollo del feto; ade-
más hay más posibilidades de que el bebé nazca antes de tiem-
97
po o que la placenta se separe de la pared del útero causando
hemorragias.
Con algunas drogas potencialmente adictivas como la heroí-
na y el crack, los bebés nacen dependientes a la droga por haberla
recibido a través del cordón umbilical, por eso, desde el momento
del nacimiento estos niños presentan síntomas, tales como tem-
blores, insomnio, espasmos musculares y dificultad para mamar.
En estos casos hay que hacerles un tratamiento para que se pue-
dan desintoxicar.
Cuando la futura madre inhala solventes como los que se uti-
lizan para las pinturas y los pegamentos industriales, el feto puede
sufrir deformidades similares a las que provoca el alcohol.
El uso de heroína, al igual que cualquier otra droga, aumen-
ta el peligro de un parto prematuro y bajo peso del niño al nacer.
Además, esta sustancia y sus derivados son capaces de producir
dificultades respiratorias, hipoglucemia y hemorragias en los te-
jidos de la cabeza del bebé.
Las mujeres que se inyectan droga y comparten las jeringas
corren el riesgo de infectarse con el virus del sida o de la hepati-
tis y, por lo tanto, contagiar también a su bebé.
S
í. El uso excesivo de sustancias adictivas (alcohol, mariguana,
cocaína, éxtasis, etcétera) interfiere con la capacidad física
para funcionar sexualmente, causando impotencia, pérdida de
respuesta sexual, y en ocasiones, infertilidad, particularmente en
el caso de los inhalables.
Todas las drogas, legales e ilegales, causan daños físicos y
psicológicos. El efecto de algunas sustancias sobre el “centro
del deseo sexual” hace que su capacidad de respuesta se mini-
39. ¿El consumo de drogas puede afectar la actividad
sexual de una persona?
98
mice al disminuir la sensibilidad. Esta disminución provoca pér-
dida del apetito sexual y también erecciones de corta duración,
que impiden llegar al orgasmo.
En el sistema circulatorio, el efecto de algunas drogas au-
menta o disminuye la presión sanguínea; el consumo excesivo
de estas sustancias origina que la sangre no llegue con suficien-
te fuerza al pene e inhiba la erección.
Con respecto a los problemas de infertilidad causados por
el consumo excesivo de drogas, el efecto que tienen estas
sustancias en las células reproductivas tanto femeninas como
masculinas, es el de interrumpir su proceso de maduración,
produciendo óvulos inmaduros para la fecundación (en la mu-
jer) y espermas sin cola (en el hombre) que no logran termi-
nar su viaje hacia el óvulo maduro.
Otra de las repercusiones de las drogas en la actividad
sexual, es que vuelven al individuo más vulnerable al conta-
gio de enfermedades de transmisión sexual como el sida, así
como embarazos no planeados.
Al parecer, la mayoría de los trastornos sexuales se le ad-
judican a los hombres; sin embargo, las mujeres que abusan
de las drogas también pueden tener problemas de esta índo-
le. En ocasiones, las dificultades sexuales (como falta de in-
terés, placer, lubricación y orgasmo) influyen para que algu-
nas muj eres abusen de sust anci as adi ct i vas, aunque
consumirlas generalmente aumenta estas dificultades. Cuan-
do el consumo cesa, no terminan los problemas, ya que algu-
nas mujeres al dejar de abusar de las drogas pueden seguir
teniendo dificultades de tipo sexual. Cuando comienzan o
vuelven a tener encuentros intimos, éstos pueden provocar-
les sensaciones negativas, como miedo y ansiedad, que son
parte de la respuesta de su cuerpo y de sus emociones como
consecuencia de la abstinencia de sustancias.
El consumo de drogas afecta el carácter y la personalidad
del individuo; minimiza los reflejos y hace que fácilmente se
salga de control; en ocasiones, realiza acciones que no haría en
sus cabales, por ejemplo, agresión y/o violencia sexual. Mu-
chas veces estas conductas las lleva a cabo aun con su propia
familia y pareja; comienza a satisfacer deseos perversos sin
ser consciente del daño físico y psicológico que puede ocasio-
nar a otros.
E
l abuso de drogas y el riesgo de contagio del virus de VIH o
sida se relacionan ampliamente. Una persona que se en-
cuentra bajo los efectos de una droga, como alcohol, cocaí-
na, mariguana, etcétera, tiene menos poder sobre su com-
portamiento, y por lo tanto, menor capacidad para controlar
sus impulsos sexuales, lo que incrementa la probabilidad de
que se tengan contactos sexuales sin protección y mayor ries-
go de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual,
como el sida.
El consumo de sustancias adictivas, por vía intravenosa,
como la heroína y, en ocasiones, la cocaína, representa un ries-
go importante de contagio del virus del VIH, debido al inter-
cambio de jeringas entre usuarios de estas drogas. Si se consi-
dera que menos de 1% de la población mexicana consume drogas
por vía intravenosa, se puede decir que la probabilidad de con-
tagio es alta entre esta población. Sin embargo, lamentablemente
éste no es el único vínculo de las drogas con esta enfermedad,
hasta el momento mortal; las personas que se infectan por vía
intravenosa pueden contagiar a parejas sexuales no consumi-
doras con el virus del VIH sida o los de la hepatitis B y C y ésta se
considera una importante forma de transmisión.
40. ¿Si uso drogas, me puede dar sida?
100
CAPÍTULO IV
C CC CCÓMO ÓMO ÓMO ÓMO ÓMO P PP PPREVENIR REVENIR REVENIR REVENIR REVENIR EL EL EL EL EL C CC CCONSUMO ONSUMO ONSUMO ONSUMO ONSUMO DE DE DE DE DE D DD DDROGAS ROGAS ROGAS ROGAS ROGAS
101
CÓMO PREVENIR EL CONSUMO DE DROGAS
S
on aquellas situaciones o actitudes que ante el peligro de
una condición de riesgo modifican, mejoran o alteran la
respuesta de una persona; por ejemplo: adecuada comunica-
ción familiar, interés por la escuela, habilidades sociales, en-
tre otras. Los factores protectores disminuyen las desventajas
o la exposición al daño y, además, incrementan la resistencia
que se tenga al mismo.
Entre más factores de protección se presenten en el entorno
de una persona, menos riesgos correrá de iniciarse en el consu-
mo de drogas. Para ejemplificar lo anterior: si un adolescente
recibe afecto de sus padres y logra comunicarles sus dudas, te-
mores e inquietudes, es buen estudiante y sus padres saben es-
cucharlo y acompañarlo, el adolescente tendrá la capacidad de
saber qué le hace daño y cómo protegerse.
Los factores de protección se relacionan con las cualidades
y las características positivas de las personas, como ser directo,
responsable, organizado, estudioso, tolerante, etcétera. Algunos re-
cursos de su entorno también funcionan como factores protec-
tores, por ejemplo: familias y escuelas libres de drogas, comu-
nidades seguras, baja delincuencia, etcétera; si éstos se combinan
con las cualidades y las características personales, se contará con ma-
yores herramientas para enfrentar el riesgo.
Algunos de los factores de protección que pueden ayudar a
una persona a evitar el consumo de drogas, son:
Autoestima. Es una característica personal que incluye el va-
lor, el afecto y la apreciación de uno mismo. El amor a sí mismo
facilita la aceptación de cualidades, defectos, habilidades y ca-
41. ¿Qué son los factores de protección en el consumo
de drogas?
103
rencias, lo que permite la relación con los otros de forma cordial
y adecuada. Las personas con buen nivel de autoestima, reflejan
mayor seguridad en sus acciones.
Apego escolar. Está relacionado con el interés por las ac-
tividades escolares, el éxito en los estudios y la aceptación
de los compañeros de escuela, así como la atención que pro-
porcionan los maestros y otras autoridades de la comuni-
dad escolar.
Comunicación familiar. Se refiere al respeto de escuchar
y ser escuchado por cada uno de los integrantes de la fami-
lia; dicho respeto se acompaña de amor, aceptación, nego-
ciación y de una adecuada distribución de los lugares que cada
uno ocupa dentro de la familia.
Relaciones familiares favorables. Se ven favorecidas prin-
cipalmente por los padres, ya que si ellos inculcan el respeto, el
amor y la comunicación en los hijos, éstos sentirán seguridad y
confianza para platicar las situaciones tanto positivas como ne-
gativas que les ocurren en todos los lugares donde se desenvuel-
ven. La relación favorable con los padres puede alejar de mu-
chos de los riesgos a que se exponen los hijos, aunque se
encuentre en ambientes sociales de riesgo.
L
a valoración que el individuo hace de sí mismo; indica
hasta qué punto la persona se cree capaz, importante y
competente. En otras palabras, la autoestima es la apreciación
negativa o positiva que se tiene de uno mismo. Las personas
que muestran una autoestima óptima, reflejan mayor segu-
ri dad en l as acci ones de su vi da coti di ana. Además, l a
autoestima se relaciona con la satisfacción de necesidades bá-
sicas y de crecimiento personal.
42. ¿Qué es la autoestima?
104
Las necesidades básicas son:
Fisiológicas: La satisfacción del hambre, el descanso, el sueño, etcé-
tera son requerimientos vitales del organismo para que funcione ade-
cuadamente.
De seguridad: Se relacionan con la integridad personal; con-
tar con sistemas de justicia que protejan al individuo; con trabajo
para obtener recursos económicos para cubrir los satisfactores de
casa, educación y demás.
De pertenencia: La necesidad de afecto y solidaridad a tra-
vés de la integración a grupos, comunidades o clubes, que den a
las personas identidad y aceptación de los otros.
De reconocimiento: El valor que los otros proporcionan a
un individuo y el lugar en que lo ubican, por ejemplo: el más
“popular”, estudioso, inteligente, etcétera.
Las necesidades de crecimiento comprenden:
Autorrealización: Es el comportamiento que algunas personas
tienen en cuanto se muestran menos dependientes y más autó-
nomas en sus acciones; los individuos realizados se sienten grati-
ficados y con deseos de realizar sus mayores anhelos a través del
esfuerzo, la creatividad y el trabajo.
Autoconocimiento: Es el conjunto de habilidades, expresio-
nes y manifestaciones, que nos permite saber el porqué de las
propias acciones y sentimientos. Cuando alguien tiene conoci-
miento de sus cualidades logra tener una personalidad estable.
Autoconcepto: Es la imagen que cada uno percibe de su per-
sona y que se refleja en la conducta, por ejemplo: el participativo,
la sobresaliente, el tímido, etcétera.
Autoevaluación: Es el análisis personal de las situacio-
nes y acontecimientos, ya sean positivos o negativos, por
ejemplo: que un adolescente tome una decisión que sea de
su agrado, misma que le trajo situaciones positivas que le sa-
105
tisfacen, interesan y le permiten un crecimiento y aprendizaje
constante.
Autoaceptación: Es el reconocimiento integral de cada quien:
la forma de ser y sentir. Por ejemplo, cuando alguien se acepta
con sus virtudes y defectos, no le afectan las críticas de los demás.
Autorrespeto: Tiene que ver con la forma en que una persona
satisface sus necesidades personales, tomando en cuenta sus princi-
pios y valores, de tal manera que pueda expresar libremente sus
sentimientos y emociones, sin sentir culpa por la forma en que pien-
sa o actúa. Por ejemplo: cuando un adolescente le comenta a algu-
no de sus padres lo mal que se siente cuando éste le llama fuerte-
mente la atención frente a sus amigos; aquí, el adolescente estará
expresando la incomodidad que le genera esta situación.
Cuando alguien muestra una autoestima deteriorada,
por ejemplo tiene sentimientos de inseguridad y una ima-
gen pobre de sí mismo; existe la posibilidad de que modifi-
que sus pensamientos y actitudes, por conocimientos favo-
rables sobre su persona. Sólo depende de que tenga la voluntad
y el deseo de cambiar.
S
í. La autoestima junto con otros factores favorables, como
el apoyo familiar, la estabilidad económica, etcétera, pue-
den prevenir el consumo de drogas. Esta cualidad permite a los
individuos contar con capacidad, seguridad y firmeza para iden-
tificar las situaciones que le benefician o le perjudican. La per-
sona con una autoestima adecuada sabe que el consumo de cual-
quier sustancia (alcohol, tabaco u otras drogas) puede provocarle
daños, tanto físicos como emocionales. “Alguien que se quiere,
no se lastima”.
43. ¿Puede la autoestima prevenir el consumo de
drogas?
106
Las condiciones para obtener una autoestima óptima que for-
talezca la prevención del consumo de drogas, son las siguientes:
Respetar los actos y valores propios, favoreciendo la salud y la
integridad. Los juicios personales deben aplicarse de mane-
ra que el individuo haga y exprese lo que sienta. Esto implica recha-
zar algo cuando no se desea, por ejemplo: “No me puedo re-
unir con ustedes”, “No quiero beber alcohol”, etcétera, o el
afirmar cuando en verdad se quiere decir que sí, por ejemplo:
“Tengo muchos deseos de reunirme con ustedes y sólo tomaré
una cerveza para brindar por el gusto de verlos”.
La eficacia personal facilita la comprensión de las situacio-
nes que están fuera de control y no son consecuencia de su
comportamiento, por ejemplo: “Todas las mañanas hago
ejercicio, aunque esto no quiere decir que también mis ami-
gos tengan que hacerlo”.
La elección de ser responsables y atender a las propias
percepciones y juicios resulta vital para determinar la mane-
ra como cada quien se valora y el tipo de vida que se lleva.
La autoestima adecuada permite tomar decisiones para acer-
carnos a las metas propuestas, entre ellas la escuela, las re-
laciones con los otros y los valores.
La integración de ideas, normas, creencias y comportamien-
tos que guían las acciones en la vida. La integridad se mani-
fiesta por la adecuación del comportamiento a nuestra escala
de valores.
La responsabilidad para lograr las metas personales refuerza
nuestro aprecio personal e identidad, al tiempo que evita los
riesgos que nos desvían de nuestros objetivos.
Tener una autoestima adecuada facilitará la obtención de re-
cursos (seguridad, firmeza, amor propio, fortaleza, voluntad,
determinación, etcétera) para enfrentar a cualquier presión para
consumir drogas.
107
E
s la capacidad para comunicarnos con los demás de manera
amable, respetuosa, tomando en cuenta, sobre todo, sus
derechos. Al comunicarnos, no sólo transmitimos informa-
ción hablada, sino también corporal: la forma de mirar, la
postura del cuerpo, los movimiento de las manos, los gestos,
transmiten nuestro sentir. Una comunicación asertiva per-
mite lograr acuerdos, tener una convivencia más sana, sin
que nadie termine enfadado; es decir, una conducta asertiva
evita gritos, insultos o cualquier actitud que demuestre eno-
jo e incluso agresividad.
La asertividad se emplea para explicar el proceso de comu-
nicación entre una o varias personas con la particularidad de
hacer convenios para beneficio de los implicados, o simplemente
para intercambiar ideas, evitando mensajes o posturas agresi-
vas o pasivas. La asertividad permite habilitar cotidianamente
un estilo de comunicación que fortalece una convivencia sana,
sin recurrir a situaciones riesgosas para expresar las ideas como
es rechazar el consumo de drogas con los amigos.
Especialistas en la materia han hecho estudios en la pobla-
ción mexicana que demuestran que la comunicación asertiva
no es común en nuestra cultura, ya que las personas que re-
presentan a la autoridad (padres de familia maestros, directi-
vos, etcétera) toman una actitud dominante, es decir, “prime-
ro yo y luego tú”. Esto es, los hijos no tienen ningún derecho de
poner en tela de juicio las instrucciones o determinaciones del pa-
dre o la madre, simple y sencillamente porque ellos son figu-
ras de “poder”.
Por otro lado, la asertividad es un estilo de comunicación
que funciona como “mediador” entre dos o varias personas cuyo
propósito es que prevalezca el respeto por las ideas de cada par-
te, por ejemplo: El profesor que imparte la clase de química, les
44. ¿Qué es la asertividad?
108
pide constantemente a los alumnos que guarden silencio por-
que no puede dar el tema con tranquilidad. Cierto día uno de
los estudiantes, le comentó: “Maestro quiero proponerle ha-
cer un acuerdo con mis compañeros para que respeten su expo-
sición y no tenga usted que quitarnos puntos por interrumpir
su tema”; el docente lo miró a los ojos y dijo “¡Cómo no se me
había ocurrido antes; tienes razón, vamos a negociar con todo
el grupo!”. Al comentarle a los demás, surgieron varias pro-
puestas para guardar orden y además, obtener más puntos en
química.
En el caso anterior, la meta fue llegar a un acuerdo, pero no
necesariamente debe suceder así, pues también está la opción
de no convenir con lo que comenta la otra persona; en este caso
se debe ser paciente y escuchar, sin recurrir a una actitud grose-
ra o descortés. Por ejemplo: Dos grandes amigas de la universi-
dad comentan acerca de las ventajas y desventajas del turno de
la tarde. Griselda dice que sólo debería existir este turno y Tania
está en total desacuerdo y le dice: “Estás loca, en la noche es
más fácil que te asalten; pensé que eras más inteligente al expo-
ner tus ideas”. Griselda le responde: “Cálmate, no es motivo
para que te enfades, sólo estamos comentando nuestro punto
de vista. ¿Qué te parece si escuchas mis ideas y después nos
vamos a tomar un café para contar nuestras experiencias en
este turno vespertino?”. La amiga accede y baja automáti ca-
mente su tono de voz.
No siempre se debe estar de acuerdo con las propuestas,
comentarios u opiniones de los demás, puesto que la aser-
tividad implica la capacidad de escuchar y, si el caso lo re-
quiere, hacer acuerdos sin tener que llegar a insultos o enfa-
dos. Generar una conversación donde ambas partes se sientan
escuchadas y respeten sus comentarios, son situaciones que
protegen de eventos peligrosos como el uso y abuso de dro-
gas, que sólo ofrecen bienestar mientras se permanece bajo
sus efectos.
109
A
l ser una habilidad personal que permite expresar clara y
directamente lo que se piensa y se siente en la relación con
los otros, aumenta la probabilidad de alejarse de situaciones pe-
ligrosas que lleven al consumo de drogas. Cuando alguien se
comunica de manera asertiva con los demás, se desenvuelve con
facilidad en diferentes círculos sociales y puede negociar, tomar
decisiones, sentirse respetado y a gusto consigo mismo, ya que
tiene un estilo de convivencia que lo ubica en situaciones de pro-
tección contra el uso de drogas.
Los estudios realizados en nuestro país señalan que a los me-
xicanos se nos dificulta expresar directamente lo que pensamos
y sentimos, es decir, que nos cuesta trabajo ser asertivos debido
a diferentes factores socioculturales. Por lo tanto, es importante
promover y fortalecer esta habilidad en actividades preventivas,
especialmente con niños, adolescentes y jóvenes, población con-
siderada de alto riesgo para iniciar el consumo de drogas.
Al llevarse a cabo una serie de actividades preventivas dirigi-
das hacia el fomento de la asertividad, se habilita a la población a
adoptar un estilo de comunicación que tiene repercusiones posi-
tivas en la toma de decisiones, con objeto de hacer acuerdos y
evitar, en la medida de lo posible, la agresión y la violencia en la
conversación. Una persona que sólo se “comunica” con un tono
alto de voz, sin pedir con educación lo que necesita, inmediata-
mente genera en el otro una actitud defensiva que sólo complica
la situación; además, al ser agresiva en su forma de comunicarse,
es muy probable que nadie quiera acercarse a ella, lo cual puede
originar un aislamiento que la conduzca a situaciones peligrosas,
como el uso y el abuso de sustancias tóxicas.
En las actividades preventivas se pretende que esta forma
de comunicación se incorpore al estilo de vida de las personas,
45. ¿Cómo influye la asertividad en la prevención de
drogas?
110
como una acción protectora, donde los niños y niñas se expre-
sen clara y directamente frente a los demás, manifiesten senti-
mientos, inquietudes, deseos, adquieran habilidad para hacer
acuerdos; conozcan y fortalezcan estilos de comunicación sa-
nos, pero sobre todo, que los practiquen a diario para incorpo-
rarlos a su vida. A los adolescentes, se les debe preparar en la
toma de decisiones, la resistencia a la presión negativa del gru-
po de pares, por ejemplo: al ofrecimiento de consumir alguna dro-
ga. Generalmente, en esta etapa de cambios físicos y emocio-
nales, a los adolescentes se les dificulta expresar lo que sienten
y quieren, por lo que la asertividad resulta especialmente efec-
tiva en estos casos.
Con los adultos es importante reforzar o modificar los estilos
de interacción que tienen en su lugar de influencia como padres de
familia, profesores, directivos, por mencionar algunos. Además,
mediante representaciones (sociodramas) hay que capacitarlos para
que aprendan a escuchar, a ser flexibles con los acuerdos, tole-
rantes frente al discurso del otro, aun cuando les parezcan “ideas
ilógicas”. Todos estos ejercicios y estas actividades que se reali-
zan con diferentes poblaciones, los ubican en una situación de
protección que les permite adquirir recursos para tomar decisio-
nes que no perjudiquen la salud.
Las alternativas que se fomentan en los programas preventivos
incluyen: ocupación del tiempo libre en actividades saludables como
ejercicios para compartir con la familia, círculos de convivencia,
motivación, formas sanas de comunicación, ejercicios de posturas
corporales para identificar estados de ánimo, etcétera.
E
xisten dos tipos de comunicación: verbal y no verbal. La pri-
mera se refiere a las palabras que utilizamos y al tono de
46. ¿Cuántos tipos de comunicación existen?
111
nuestra voz; la segunda, al contacto visual, los gestos faciales,
los movimientos de brazos y manos o a la postura y distancia
corporal.
Es importante que exista congruencia entre lo que deci-
mos y lo que hacemos. Se tienen diferentes formas de comu-
nicar lo que sentimos; algunas personas expresan sus ideas o
sentimientos de manera pasiva y se dejan influir muy fácil-
mente por lo que otros piensan y sienten, mientras que hay
quienes se comunican de modo agresivo, es decir, antepo-
niendo siempre sus intereses sin importarles lo que los otros
sientan o piensen.
Es fundamental buscar un equilibrio entre estos dos estilos
de comunicación o sea, tomar en cuenta el punto de vista del
otro, expresando lo que a nosotros nos interesa decirle; esto se
conoce como un estilo de comunicación asertiva.
Se sabe que la mayoría de las personas consumidoras de drogas
no cuentan con este equilibrio, pues generalmente tiende a man-
tener un estilo de comunicación pasiva o agresiva. Además, una
comunicación inadecuada suele generar malos entendidos; por ello,
es necesario considerar algunas estrategias para evitarlos.
Enviar mensajes claros y directos. Entre más específico sea el
mensaje, hay menos oportunidades de interpretaciones. Por
ejemplo: “Quedamos de vernos en el cine”; es mejor decir en
qué cine y a qué hora, con lo que se evitará que el receptor
interprete algo que no se dijo realmente.
Repetir el mensaje del emisor. Esto confirmará que lo hemos
entendido; la reiteración de las palabras del emisor es impor-
tante, por ejemplo: “Si te he entendido bien, quieres decir
que….”, “¿Me estás diciendo que...?”
Hacer preguntas. Para evitar malos entendidos es necesario
hacer preguntas, ya sea por parte del emisor o del receptor;
por ejemplo: “¿Qué quieres decir con eso de…?”, “¿A qué te
estas refiriendo exactamente cuando dices…?”
112
E
s encontrar en la escuela satisfacciones que identifiquen y
motiven al joven a continuar en ella, aun cuando no sola-
mente sea para estudiar, sino también para convivir con los ami-
gos, hacer nuevas amistades, participar en los torneos deportivos
u otro tipo de actividades. Es decir, el apego escolar se caracteri-
za por obtener buenas calificaciones y por el ánimo de compartir
las diversas actividades con la comunidad escolar.
El apego escolar es un concepto que se utiliza para explicar
el proceso de permanencia y asistencia a la escuela, independien-
temente del grado que se curse. La asistencia a la escuela no
sólo implica aprobar las materias sino poner en práctica, desa-
rrollar o fortalecer las habilidades de cada alumno, además de
motivar el interés y la creatividad.
Aunque uno de los aspectos básicos de la escuela es evaluar
y medir el aprendizaje académico a través de las calificaciones,
conocido comúnmente como “aprendizaje formal”, también está
presente e influye de manera considerable, el interés de cada
persona por asistir a la escuela. Por ejemplo: “Luis es un chico
bastante hábil en la secundaria, dedica tiempo a sus tareas esco-
lares y revisa sus apuntes, lo que hace que obtenga buenas califi-
caciones; pero, además, para él son muy importantes los amigos
de su grupo, ya que con ellos comparte aventuras e inquietudes.
Al preguntarle el motivo de asistir constantemente a la escuela,
el joven responde de inmediato: “Por las cosas que hago con mis
amigos”. Es decir, aparte de obtener buenas calificaciones, hay
otros motivos que impulsan la permanencia en la escuela, como
cubrir aquellas inquietudes propias de la edad.
Es muy importante la información, el gusto, el interés que
los padres de familia transmiten a los hijos para asistir a la es-
cuela: “Para ser alguien en la vida; para aprender a leer y escri-
bir; para que no te vean la cara”, son algunas de las explicacio-
47. ¿Qué es el apego escolar?
113
nes que ofrecen los adultos. Sin embargo, es necesario saber
que la escuela es un lugar de creación y recreación, porque se
ponen en juego los recursos de cada individuo y porque ahí
construyen sus propios espacios de convivencia con los chicos y
chicas de su edad. Por este motivo, cuando se realizan concur-
sos de carteles, poesía, periódicos murales o cualquier otra acti-
vidad alternativa al aprendizaje formal, en la que los alumnos
plasmen sus necesidades, creatividad e inquietudes y la forma
como perciben la asistencia a la escuela, se contribuye a identi-
ficar más la escuela con los intereses de los chicos.
D
iversos estudios han demostrado que el interés por la
escuela y las actividades relacionadas con ella (tareas,
deportes y otras actividades complementarias) promueven
la protección contra el consumo de drogas. Sin embargo, tam-
bién es necesario considerar que en la escuela los niños y ado-
lescentes están en contacto con compañeros que consumen
drogas y con la disponibilidad de sustancias tóxicas; por ello,
es de suma importancia que los padres, maestros y otros adul-
tos (hermanos mayores, abuelos, etcétera) que conviven con los
alumnos estén atentos a su desarrollo y actividades dentro y
fuera de la escuela.
El objetivo central de la escuela es promover la adquisición
de conocimientos formales; además, en ella se transmiten valo-
res, costumbres, hábitos y conceptos que repercuten en la forma
de actuar y de pensar de los estudiantes.
La escuela, al ocupar una parte importante del tiempo de los
alumnos, tanto por el horario escolar, como por las tareas y acti-
vidades que se realizan fuera de ella, se convierte en un espacio
privilegiado para incluir actitudes de rechazo al consumo en sus
48. ¿La escuela protege del consumo de drogas?
114
formas de pensar y actuar, independientemente de la capacidad
protectora de la escuela.
Desde esta perspectiva, la participación de los niños y los
adolescentes en el desarrollo académico y en los valores que
se transmiten en la escuela, los pone en una situación menos
vulnerable ante los riesgos que desencadena la drogadicción,
uno de los cuales está en las invitaciones a consumir droga por
parte de sus amigos y compañeros de escuela. Aquí es importante
mencionar que, como en muchas ocasiones estas invitaciones
se realizan en la escuela, es necesaria la intervención y el com-
promiso de padres de familia y maestros, con objeto de lograr
que la escuela cumpla con su función formadora y, de esta
manera, aprovechar su potencial protector para los alumnos.
Si bien es cierto que la escuela brinda protección ante el
consumo, también puede implicar algunos riesgos. La mejor
forma de diluirlos es ofreciendo apoyo a niños y adolescen-
tes para enfrentarlos, aunque en muchos casos la protección
que proporciona la escuela puede no ser suficiente para evi-
tar el consumo.
E
l apego escolar mantiene al estudiante alejado de situaciones
peligrosas, como el consumo de drogas. Un estudiante que
se dedica a sus actividades escolares con gusto, disciplina y cons-
tancia, encuentra alternativas sanas para desempeñarse cada vez
mejor en la escuela y en su vida personal.
Diversas investigaciones ubican al apego escolar como un
factor protector contra el consumo de drogas, situación que
se ve fortalecida cuando la institución cuenta con la participa-
ción organizada de alumnos, padres y maestros que son una
49. ¿Cómo influye el apego escolar en la prevención de
las drogas?
115
alternativa importante para prevenir que los alumnos usen sus-
tancias tóxicas.
Cuando un estudiante asiste con regularidad a la escuela, su
energía e intereses están delimitados por reglas y normas de la
misma, por lo que se sanciona cualquier acción que no se consi-
dere “correcta o adecuada”. En este sentido, las intervenciones
preventivas desarrolladas en la comunidad escolar tienen como
ventaja la formación y el fomento de estilos de convivencia salu-
dables entre todos los que conforman la comunidad escolar: alum-
nos, maestros y padres de familia.
Con las actividades preventivas dirigidas a reforzar o pro-
mover el apego escolar, se pretende impulsar el gusto por
asistir a la escuela, que los estudiantes encuentren no sólo
una buena calificación, sino momentos de recreación en los
que se pongan en juego sus destrezas y habilidades persona-
les, alejados de situaciones peligrosas como la drogadicción.
Las intervenciones preventivas son más intensas en los estu-
diantes que cursan los últimos años de primaria, así como
todos los grados de secundaria y bachillerato, por ser una
población que se considera de alto riesgo para el consumo
de drogas.
Las alternativas que se fomentan a través de un programa
preventivo escolar, son: ocupación del tiempo libre en acti-
vidades saludables, hábitos de estudio, círculos de lectura, mo-
tivación, autoeficacia, entre algunas otras.
C
on el fomento de actitudes y conductas como: respeto por
las normas de disciplina escolar, motivación por el estudio,
asistencia regular al plantel educativo, tener buenas califica-
ciones e integración al medio escolar y estudiantil.
50. ¿Cómo fortalecer el apego escolar?
116
Para el logro de este propósito se requiere sensibilizar y moti-
var a los integrantes de la comunidad escolar para que se
involucren en la prevención mediante una participación activa en
pro del bienestar escolar. También debe contemplarse la capacita-
ción de los docentes para garantizar la eficacia en el fomento de
este factor de protección a partir de una adecuación de los méto-
dos de enseñanza que resalte la participación activa de los alum-
nos e impulse el pensamiento crítico. Por ejemplo: que los estu-
diantes expliquen el tema al resto de sus compañeros; que
ofrezcan exposiciones bajo criterios que ellos consideren adecua-
dos para facilitar la comprensión de la información, etcétera.
Además, hay que llevar a cabo acciones orientadas a promo-
ver mayor motivación e interés por el estudio, la clarificación de
expectativas y opciones vocacionales, el mayor compromiso de lo-
gro y expectativas de desempeño, los hábitos de estudio, las ha-
bilidades de aprendizaje, los ejercicios de interacción para la in-
tegración a grupos de amigos y comunidad escolar etcétera.
A continuación se mencionan algunos ejemplos de cómo for-
talecer el apego escolar.
El profesor que imparte la materia de civismo establece una
nueva técnica para que los alumnos construyan un pensamien-
to más crítico frente a la información que reciben de los me-
dios masivos de comunicación, con la finalidad de tomar deci-
siones adecuadas y alejadas de peligros. Dicha técnica consiste
en que los alumnos lleven a clase información de revistas y perió-
dicos a fin de revisar y analizar los contenidos. Cada alumno
expone sus comentarios en equipos de trabajo y un represen-
tante comenta al resto del grupo la conclusión de sus reflexio-
nes. El objetivo del profesor es que los alumnos aprendan a
analizar la información o en su caso, a diferenciar situaciones u
ofrecimientos que impliquen riesgos para la persona, como la
presión de amigos para iniciarse en el consumo de drogas.
Otro profesor que enseña la clase de literatura, fomenta
hábitos de estudio como opción para obtener buenas califi-
117
caciones. Con cada capítulo del libro “Historia de los clásicos
griegos”, les pide que realicen cuadros sinópticos, saquen
ideas principales, armen círculos de estudio para facilitar la
comprensión, lean en voz alta y elaboren un resumen del tex-
to. Con estos ejercicios el maestro pretende que los alumnos
habiliten estrategias de estudio para que les faciliten el apren-
dizaje y se fomente el gusto por la lectura como una alterna-
tiva recreativa, al margen de situaciones de riesgo como el
consumo de drogas.
Una profesora de inglés realiza constantemente ejercicios
de interacción y convivencia para habilitar a los alumnos a en-
tablar una conversación, expresar sentimientos, saber escuchar
al otro y a negociar a través del diálogo. Ella considera que si un
estudiante tiene estrategias de comunicación, se le facilita rela-
cionarse con grupos sociales de su interés, que cubran necesi-
dades psicológicas y que lo hagan sentir parte importante del
grupo de amigos de la escuela.
L
as habilidades sociales son la capacidad que se tiene para ac-
tuar y comportarse de manera correcta y positiva con los
amigos, conocidos, padres de familia, maestros, etcétera. Estas
habilidades permiten ser y expresar de forma adecuada, di-
recta y efectiva lo que se siente, piensa, cree y desea, a fin de con-
ducirse con seguridad y tranquilidad frente a situaciones, rela-
ciones personales o problemas cotidianos.
Básicamente, las habilidades sociales se refieren a la ma-
nera como “resolvemos” o “actuamos” ante situaciones o re-
laciones que implican nuestro sentir y pensar; del mismo
modo, cuando se desea obtener algo que nos hace sentir a
gusto o evitar que esto afecte la salud física y mental. Por
51. ¿Qué son las habilidades sociales?
118
ejemplo: una habilidad social es negociar con los padres la
hora de llegada a la casa después de ir a una fiesta, sin nece-
sidad de pelear, enojarse, gritar o irse a la fuerza.
Todas las personas tienen ciertas habilidades sociales
porque diariamente se vive e interactúa con mucha gente;
sin embargo, esto no significa que dichas herramientas se
usan mej or, debido sencillamente a que no se sabe cómo
hacerlo o, en el peor de los casos, se actúa conforme a lo que
otros esperan, dej ando de lado los intereses personales. Por
ej emplo: es común que nos pongamos “nerviosos” cuando
decimos o pedimos algo en presencia de desconocidos o que
con facilidad hagamos lo que nuestros amigos o familiares
nos piden, aunque muchas veces no estemos de acuerdo;
es decir, que no tenemos la habilidad para negociar o ex-
presar nuestro verdadero sentir y afrontar situaciones que
nos pueden poner en riesgo de hacer aquello que no de-
seamos.
Algunas investigaciones en la materia indican que los in-
dividuos con bajas habilidades muestran regularmente cier-
tas características, por ejemplo: suelen decirse a sí mismos
palabras negativas o descalificativas (“Que tonto soy”, “creo
que no puedo hacerlo”, etcétera); se autoelogian poco (“Me
siento seguro de mí”, “soy muy importante”, entre otros);
presentan ideas o creencias ilógicas (“Creo que nadie me
acepta”, “toda mi vida he hecho las cosas mal”, y demás);
tienen más recuerdos que refuerzan la idea de que no valen
o no pueden (“No les gusto a las chavas”, “¿por qué también mis
amigos me dicen que estoy mal?”, etcétera). Además, se sabe
que la pena (timidez), los “nervios” (ansiedad) o el miedo
(fobia) que se generan en las relaciones sociales, son algunos
de los aspectos personales que dificultan considerablemente
el desarrollo de habilidades sociales.
Es igualmente importante que sepamos con qué habili-
dades contamos o si las usamos de manera adecuada y efec-
119
tiva. Para ello es recomendable considerar algunas condicio-
nes, por ejemplo:
Saber que las habilidades sociales se ubican siempre en si-
tuaciones que tienen que ver con las relaciones interper-
sonales, donde entran en juego nuestras conductas, emocio-
nes, deseos, pensamientos, opiniones y demás.
Ubicar las situaciones, los momentos, las personas o los tipos
de relaciones que nos hagan sentir nerviosos, apenados, inse-
guros, indecisos, etcétera.
Identificar las acciones o interacciones que nos dificultan to-
mar una decisión, solucionar algún problema, entre otros.
Reflexionar y/o decidir qué habilidad es la que uno desea
desarrollar.
Algunas señales que indican dificultad para utilizar adecua-
damente nuestras habilidades sociales son: a) Cambios en la
conducta verbal y no verbal, por ejemplo: hablar muy rápido
o quedarse callados; utilizar un tono de voz bajo o gritar; ex-
presar con la cara el sentir; evitar mirar a la persona o ver
hacia abajo o hacia otros lados; encoger el cuerpo; rascarse; apre-
tar las manos o las mandíbulas, etcétera; b) La aparición de
ciertos pensamientos, por ejemplo: “¿Qué van a pensar de mí?”;
“me da miedo”; “tengo pena”, “¿y ahora qué hago o digo?”,
etcétera. c) Las respuestas de nuestro organismo, por ejem-
plo: respirar agitadamente o contener la respiración; sentir “ca-
lor” en la cara o el cuerpo; sudar excesivamente; sentir frío y
marearse, entre otras reacciones.
Es importante considerar que todas las personas son capaces
de aprender y desarrollar habilidades sociales y, más aún, de lle-
varlas a la práctica ante situaciones que perjudiquen, como el
uso y abuso de drogas. De esta forma, algunas de las habilidades
sociales que se pueden aprender, mejorar y practicar en la vida
diaria, se agrupan de la siguiente forma:
120
Habilidades para comunicarse, por ejemplo: escuchar a los
demás, platicar con otras personas, expresar las propias opi-
niones, etcétera.
Habilidades relacionadas con los sentimientos, por ejemplo:
conocer o identificar los sentimientos personales, saber
expresarlos, comprender los sentimientos de otros.
Habilidades para manejar la agresión, por ejemplo: negociar o
resolver desacuerdos, tener autocontrol, defender los derechos
personales, etcétera.
Habilidades para contrarrestar el estrés, por ejemplo: saber
afrontar las presiones del grupo de amigos, formular y expre-
sar una queja, responder a una acusación, relajarse, entre otras.
Habilidades de planificación, por ejemplo: tomar decisiones,
solucionar problemas, etcétera.
Los expertos en la prevención de drogas, sugieren que algu-
nas de las principales habilidades sociales que deben enseñar-
se y reforzarse en los niños, adolescentes y jóvenes son: toma
de decisiones, solución de problemas, resistencia a la persua-
sión o presión del grupo de pares a usar drogas o a cometer
actos delictivos, el autocontrol y la negociación ante situacio-
nes que se relacionen con el consumo de drogas.
P
orque permiten crear, fortalecer y practicar pensamientos,
actitudes y conductas favorables a la salud física y mental,
así como incrementar la competencia personal o el desempeño
óptimo en las relaciones interpersonales, mismas que ayuden a
afrontar decididamente todas aquellas situaciones que puedan
originar el consumo de drogas, por ejemplo: la presión de los
52. ¿Por qué son importantes las habilidades sociales
en la prevención del consumo de drogas?
121
amigos para animarlo a darle un “toque” al cigarro de marigua-
na o beber alcohol.
Actualmente, los especialistas en prevención del uso de drogas
consideran que una de las formas efectivas para afrontar este
problema es a partir del desarrollo y reforzamiento de habilida-
des sociales, sobre todo, en niños y adolescentes. Ello los ayudará
a incrementar sus cualidades; a mejorar la calidad y la cantidad
de las relaciones que se establecen con otros; a valorar y aprender
a pensar y a comportarse de manera positiva o más saludable,
diferente al consumo de drogas; asimismo, las habilidades sociales
contribuirán a reducir el malestar personal que orilla a niños y
adolescentes a buscar otro tipo de sensaciones o de amigos que
están en riesgo de consumo, etcétera.
Por ejemplo, diversas investigaciones enfocadas al desa-
rrollo de habilidades sociales en adolescentes y jóvenes, como
automanejo (independencia, control personal, toma de deci-
siones, solución de problemas, comunicación clara y directa)
y resistencia al grupo de amigos para el uso de drogas, seña-
lan que el consumo de sustancias tóxicas se reduce en un por-
centaje considerable, favoreciendo, la perseverancia de actitu-
des y conductas ajenas a la adicción.
Otros resultados indican que fortalecer la autoestima, la toma
de decisiones, la comunicación y la habilidad de establecer acti-
tudes y amistades libres de drogas en los adolescentes, promue-
ven el buen desempeño escolar, reducen la relación con las drogas,
disminuyen el contacto con amigos o conocidos que tienen conduc-
tas riesgosas en cuanto al consumo y mejoran la autoestima, el
control personal y los vínculos con la escuela. Además, con el uso
adecuado de habilidades sociales es posible reducir problemas
personales que generan depresión, ira, agresividad o estrés.
Aunque nosotros o alguno de nuestros amigos o familiares
tengan dificultad para manejar adecuadamente algún tipo de si-
tuación o relación con amigos o conocidos, es importante tener
presente que, en realidad, todos podemos ser competentes; es
122
decir, mostrar conductas efectivas siempre y cuando identifique-
mos con claridad la habilidad que deseamos mejorar y la llevemos
a la práctica, sin dejar de lado el deseo, la motivación y el com-
promiso de aprender y cuidar nuestra salud.
Se considera que para el desarrollo de habilidades sociales
deben tenerse presentes cuatro elementos:
Aprender conductas o maneras específicas de manejar una si-
tuación.
Reducir la tensión o el nerviosismo que provocan ciertas situa-
ciones.
Modificar valores, ideas o creencias que limitan la libre ex-
presión.
Practicar diferentes formas de resolver problemas.
Algunas formas que se recomienda llevar a la práctica para fa-
vorecer el desarrollo de habilidades sociales en niños y adoles-
centes y, en consecuencia, la prevención de drogas, son las si-
guientes:
Aprender lo que hace otra persona segura de sí misma, es decir,
copiar su conducta, dándole siempre nuestro “toque perso-
nal”.
Representar escenas de situaciones reales para que, si se pre-
senta el caso, se actúe con seguridad sobre algo que no se
quiere hacer; por ejemplo, cuando en la secundaria alguien
ofrece cigarros o alcohol para darle una “probada”.
Obtener e incrementar la información acerca de lo que debe
hacerse y/o cómo manejar adecuadamente situaciones o rela-
ciones de la vida cotidiana, ya sea preguntando a los padres
de familia y maestros, consultando libros, etcétera.
Automotivarse verbalmente respecto a lo aprendido y practi-
cado, por ejemplo: “No es tan difícil como creía”, “lo estoy
haciendo bien”, etcétera.
123
Cambiar pensamientos inadecuados o negativos, por ejemplo:
“No puedo”, “no sé”, “me da pena”, “me vale”, por otros posi-
tivos: “esto me beneficia”, “sólo necesito practicar”, etcétera.
Aumentar el número de autoevaluaciones positivas e indica-
ciones precisas sobre qué y cómo hacer y resolver problemas.
Tener un control sobre lo que se quiere y se hace, a fin de
sobrellevar, de la mejor manera, problemas que pudieran te-
nerse con los amigos, familiares y compañeros que se asocien
al uso de drogas.
E
s la capacidad de una persona para surgir o salir de situacio-
nes adversas, adaptarse, superar y acceder a una forma de
vida que resulte significativa y productiva. Una persona resi-
lente es aquella que, a pesar de nacer, crecer y vivir en un
ambiente de alto riesgo para su crecimiento personal y fami-
liar se desarrolla física y mentalmente sano y exitoso.
La resilencia abre un camino para enfatizar y considerar los
aspectos positivos y los motivos de superación que los seres hu-
manos tienen para enfrentarse constantemente a los problemas
o situaciones de riesgo en su entorno.
La resilencia no es algo con lo que se nace, sino una caracte-
rística que las personas adquieren durante su desarrollo, sobre
todo en la infancia. Es una capacidad que se va obteniendo con
la constante interacción que se tiene con el entorno donde se
vive. Para que esta capacidad pueda ser considerada resilencia,
debe permanecer casi sin variación durante largo tiempo. Un
ejemplo de resilencia puede ser el caso de un niño que pese a
que nace en un ambiente con serias carencias materiales y falta de
estímulos afectivos, es capaz de salir adelante y tener una vida
normal.
53. ¿Qué es la resilencia?
124
La resilencia es un término que ha adaptado la psicología y
cuando se menciona adaptación, es porque se utilizó inicialmen-
te en la ciencia física para indicar la “propiedad de la materia
que se opone a la rotura por el choque o percusión”. Su origen
proviene del latín “resilio”, que significa volver atrás volver de un
salto, resaltar, rebotar.
L
a probabilidad de que una persona consuma drogas se rela-
ciona con los riesgos que enfrenta. Por ello, quienes cuen-
tan con la capacidad de resilencia podrán tener las habilidades y
los elementos necesarios para contender con esas situaciones de
peligro.
Los riesgos que afrontan las personas en su vida diaria pue-
den ser muy frecuentes y variados. Van desde riesgos inofensi-
vos, como conducir un auto, hasta los que representan un pro-
blema grave como, por ejemplo, una crisis de depresión en un
adolescente que enfrenta la muerte repentina de un hermano
en un accidente de tráfico. Cada persona contará con distintas
capacidades, habilidades y cualidades para hacer frente a cada
uno de estos riesgos. Por lo tanto, en circunstancias potencial-
mente peligrosas y similares, dos personas podrán salir de ellas,
afectadas en distinto grado.
En este sentido, la resilencia actúa como elemento que dis-
minuye la influencia negativa de las situaciones de riesgo que
afronte una persona. El individuo resilente no evitará los ries-
gos en su vida, sino que simplemente, tratará de no involu-
crarse en un conflicto mayor derivado de situaciones proble-
máticas. Por ejemplo: dos hermanos que comienzan a pasar
su tiempo libre con un grupo de amigos, entre quienes es co-
54. ¿Por qué es importante la resilencia para evitar el
consumo de drogas?
125
mún el consumo de mariguana, probablemente actuarán de for-
ma distinta ante la presión de los demás y evitarán comenzar a
consumir la droga, de acuerdo con el nivel de resilencia que po-
sea cada uno.
E
l uso y abuso de drogas es un fenómeno social, dinámico y
en evolución. Desde un punto de vista médico, se considera
al consumo de drogas como una enfermedad que, al igual
que en otras, existe la posibilidad de que entre mayor sea el nú-
mero de personas adictas, mayor será el riesgo de que otros
la “padezcan”; es decir, como cualquier otra enfermedad,
prevalece el riesgo de propagación; por tal motivo, se justi-
fica que evitar o prevenir el consumo de drogas requiera
del interés y participación de todos, ya que se trata de un
asunto de salud pública. Además, aun cuando dentro del
núcleo familiar no se presente este problema, se deben to-
mar medidas preventivas a nivel familiar y social, pues el
consumo de drogas se asocia a conductas antisociales; un
ejemplo son los accidentes automovilísticos, provocados por
conductores que se encontraban bajo los efectos de alcohol
y/o de otras drogas.
Si ni usted ni su familia tienen el problema, es el momen-
to más adecuado para informarse y evitar que el fenómeno de
las adicciones afecte a algún miembro de su familia o comuni-
dad; la participación de todos es indispensable, a fin de mejo-
rar las condiciones de vida propias y de la comunidad.
En la medida en que las personas se movilicen para hacer
frente a este problema o se interesen por tener injerencia en
los programas que ofrecen las instituciones que abordan este
55. ¿Por qué participar en la prevención de drogas cuan-
do ni mi familia ni yo tenemos este problema?
126
tipo de asuntos comunitarios, se podrá contar con mayores y
mejores alternativas de solución.
Por medio de programas preventivos, todas las personas,
sin importar edad o actividad, pueden aprender a ayudar a
prevenir el uso de drogas, mediante actividades sencillas. Ade-
más, al conocer más del tema, estará contribuyendo a la salud
de la población en la que habita su familia, sus hijos, sus ami-
gos, etcétera. Instituciones como Centros de Integración Ju-
venil han elaborado programas preventivos, donde la partici-
pación de voluntarios y prestadores de servicio social es
fundamental, ya que son quienes llevan a cabo las actividades
de promoción a la salud.
En cuanto a los que ya utilizan algún tipo de droga como
alcohol, tabaco u otras drogas como la cocaína, la mariguana,
los solventes, es importante saber que los adictos se pueden
rehabilitar, pero se necesita de la participación organizada tan-
to de instituciones como de la comunidad, para generar re-
cursos que brinden la posibilidad de contar con profesionales
de diferentes áreas de salud, y espacios donde sea posible el
proceso de recuperación y reinserción a la comunidad.
E
s importante identificar que las personas cambian, en parti-
cular los jóvenes y adolescentes; sin embargo, para comprender
si los cambios de personalidad son parte del crecimiento o del ini-
cio del consumo de drogas, es conveniente conocer a la persona.
Los usuarios de drogas van cambiando sus prioridades, el
trabajo, los amigos y los intereses son reemplazados por el con-
sumo de drogas.
56. ¿Cómo identificar cuando una persona consume
drogas?
127
Desinterés y descuido en las actividades cotidianas. Esta conducta
puede manifestarse a través de depresión o enojo, en cualquier
caso, es importante resolver el problema que provoca esta con-
ducta. Observe si se deterioran las relaciones familiares, el des-
empeño escolar y/o laboral.
Cambios en la rutina. Todas las personas tienden a establecer ru-
tinas para levantarse, asistir a la escuela o al trabajo, visitar amigos,
dormir, comer, etcétera. No obstante, los usuarios de drogas suelen
presentar cambios abruptos en sus rutinas, ya que se incorporan a
otros círculos sociales, donde pueden consumir o conseguir las dro-
gas. Las actividades relacionadas con la droga sustituyen a las que se
realizaban regularmente, por lo que las rutinas tienden a cambiar.
Los consumidores pueden dejar rastros o señales de que con-
sumen drogas, lícitas o ilícitas: pipas, jeringas, cigarros, pol-
vos o pastillas que parezcan drogas.
La mayoría de las veces, existen evidencias de intoxicación en
los consumidores (mirada pérdida, caminar con dificultad,
hablar incoherencia, entre otras.
Aislamiento o euforia. Los consumidores de drogas pueden llegar
a sentir deseos de estar solos y aislarse; es posible que estén de-
primidos y su comportamiento resulte “normal”, incluso durante
un par de semanas, pero si este cambio es repetino, se debe con-
siderar como un indicio de consumo de drogas, por ejemplo: la
persona era muy sociable y ahora se encierra completamente; o
por el contrario, también cuando un individuo se muestra más
alegre o activo de lo acostumbrado.
Alucinaciones. Se puede notar cuando el individuo tiene alu-
cinaciones auditivas o visuales: escucha voces o ve diablos, ani-
males, personas, etcétera. También, en muchos casos este tipo
de problemas puede obedecer a ciertos padecimientos psiquiá-
tricos que suelen presentarse en la adolescencia; ante ello, es im-
portante consultar a un especialista.
128
P
or el número de las situaciones de riesgo a las que la persona
se enfrenta. Por ejemplo, si un adolescente prefiere juntar-
se con amigos que usan drogas o se refiere a ellas con una acti-
tud de aprobación y además tiende a tener bajas calificaciones,
reprueba con frecuencia o no sabe controlar sus impulsos, en-
tre muchas otras conductas, estará en mayor riesgo de caer en
la drogadicción.
El peligro de que una persona consuma drogas puede “me-
dirse” por la presencia o la ausencia de una serie de situaciones
que se les conoce como factores de riesgo.
Aun cuando no se sabe qué combinación de factores de ries-
go resulta más peligrosa, se conoce que de acuerdo con el núme-
ro de factores de riesgo que enfrente una persona y la forma como
éstos interactúan, puede predecirse la probabilidad de que use
sustancias tóxicas. Pero también se debe mencionar que no siem-
pre que se presenta una serie de factores necesariamente las per-
sonas consumirán drogas, simplemente aumenta el riesgo. Asi-
mismo, ciertas características de personalidad o algunas
situaciones familiares, escolares y comunitarias incrementan este
riesgo.
En ocasiones resulta positivo apoyarse un poco en la intui-
ción familiar. Los integrantes de las familias se conocen debi-
do al tiempo que han pasado juntos, por lo que se dan cuenta
cuando las cosas no marchan bien para alguno de sus miem-
bros; saben cuáles son sus hábitos, sus estados de ánimo co-
munes, así como las características de la personalidad de cada
uno. Cuando existen cambios en estas esferas, sobre todo si
son muy repentinos, entonces es factible pensar que el fami-
liar experimenta un problema, tal vez una enfermedad psico-
lógica, alguna situación estresante en el trabajo, que lo vuel-
57. ¿Cómo saber si alguien en mi familia está en riesgo
de consumir drogas?
129
ven vulnerable al desarrollo de otros trastornos; sin embargo,
cuando éstos se asocian a alguno de los factores de riesgo ante-
riormente comentados, no se debe descartar la posibilidad de
que se trate de consumo de drogas.
Cualquier situación atípica en la vida de alguno de los fami-
liares, puede ser un indicio de vulnerabilidad hacia el consumo
de sustancias tóxicas; en este caso, la labor preventiva es detectar
situaciones de riesgo y modificarlas.
Pero no sólo los cambios significan un riesgo. Muchas fa-
milias experimentan de manera continua situaciones de violen-
cia, falta de comunicación o vinculación negativa, abuso sexual,
etcétera, aspectos que también pueden ser un riesgo de consu-
mo de sustancias tóxicas.
E
s cierto que existen situaciones propias de la adolescencia
que se parecen a los cambios que algunos adolescentes pre-
sentan cuando hacen uso de drogas: variaciones en el estado de
ánimo, aislamiento, descuido en su persona, entre otros; pero
también hay indicadores que nos hablan de consumo de drogas,
como: reunirse con amigos que usan drogas, defender el uso de
sustancias sin darle importancia o minizando sus efectos negati-
vos, disminución del rendimiento académico (bajas calificaciones,
ausentismo, expulsiones, reportes) o incremento de conductas
agresivas.
Se puede identificar a las personas que usan drogas en dis-
tintos momentos:
Cuando están bajo los efectos de la sustancia.
58. ¿Cómo saber si los cambios en mis hijos adolescen-
tes se deben al consumo de drogas o a la etapa por la
que atraviesan?
130
Cuando experimentan síntomas si han suspendido su consumo.
Cuando hacen cosas para conseguirlas, consumirlas y recupe-
rarse de sus efectos.
Los síntomas que las drogas provocan son muy diversos y se ha-
llan en función de la sustancia y la cantidad utilizada; mientras
hay drogas que deprimen, otras provocan euforia; algunas favo-
recen las conductas agresivas, otras, las inhiben.
Los padres de familia deben mantenerse alertas a cualquier
cambio que pueda ser indicio de consumo de drogas en sus
hijos. Si sospechan de consumo deben confirmarlo mediante
preguntas directas, en una conversación donde reine la con-
fianza y el apoyo o como última alternativa, un examen de
laboratorio.
Algunos cambios de conducta que deben alertar a los padres
para identificar la posibilidad de que sus hijos estén iniciando el
consumo de drogas, son:
Cambios intensos en el estado de ánimo. Por ejemplo: Al con-
sumir alcohol en grandes cantidades, las personas pueden cam-
biar de “humor” pasando de estar muy alegres a llorar o pelear.
Alteraciones emocionales: Se enoja con facilidad, se le nota
“nervioso”, o muy triste.
Comportamiento infantil, se ríe sin motivo.
Actitud de aprobación a las drogas, como usar ropa con la
figura de hojas de mariguana o alguna otra droga.
Deja de interesarse por sus actividades cotidianas: trabajo, es-
cuela, familia y amistades.
Baja de calificaciones sin motivo aparente; le ha dejado de inte-
resar la escuela, quiere abandonarla o no asiste con frecuencia.
Tiene constantemente dificultades para mantenerse en un tra-
bajo.
Cambio de amistades, reuniéndose ahora con personas que
distribuyen y/o consumen drogas.
131
Se aísla, no desea participar en actividades familiares: reunio-
nes, fiestas, días de campo.
No se interesa por su arreglo personal.
S
egún su edad, los niños requieren información directa y cla-
ra de las sustancias y los riesgos que representa consumirlas.
Con los hijos siempre resulta conveniente plantear la postura cero
tolerancia hacia el consumo de drogas. Conforme el hijo crece, se
debe ampliar la información, aclarar puntos de vista y conversar
acerca de las desventajas de consumir alcohol en las fiestas y reu-
niones familiares.
En el siguiente cuadro se da una guía acerca de la informa-
ción sobre drogas que es más conveniente manejar con los hijos,
dependiendo del grado escolar que cursen:
59. ¿A qué edad se recomienda hablar de drogas con
los hijos?
Periodo Información
Preescolares Riesgos de consumir sustancias almacenadas en casa como
detergentes, limpiadores, suavizantes, cáusticos, etcétera.
Información sobre la utilidad de los medicamentos y su uso
adecuado, siempre bajo prescripción médica.
Reforzar la autoestima de los niños para prevenir el consumo
de drogas.
Primaria 1° y 2° Rechazo a la oferta de sustancias por parte de extraños
(dulces, pastillas, medicamentos, estampillas, etcétera.)
Desarrollar habilidades como medida protectora: solicitar y
ofrecer ayuda, saber escuchar y conversar, seguir instruccio-
nes, etcétera.
(Continúa...)
132
E
stablecer un diálogo en el que puedan intercambiarse
opiniones de forma directa y sencilla respecto al tema,
Periodo Informaci ón
Primaria 3°
Riesgos de las sustancias inhalables (solventes, plumones,
barniz de uñas, pegamentos, entre otras).
Desarrollar una comunicación clara y directa expresar emo-
ciones y sentimientos sin ofender a los demás; defender sus
derechos y obligaciones; saber decir no, etcétera.
Primaria 4° a 6°
Daños y efectos nocivos del tabaco y la defensa de espacios
libres de humo.
Daños y efectos del alcohol, el abuso en su consumo y la
dependencia.
Daños y efectos de la mariguana y la cocaína en 6°
En 4°, fomentar el estudio, el deporte y las actividades cultu-
rales y recreativas.
En 5°, enseñar a los niños a tranquilizarse a través de
ejercicios de respiración, de relajamiento muscular así como,
repetir una palabra que lo calme, etcétera, para enfrentar las
situaciones que lo pongan nervioso.
En 6°, impulsarlos a desarrollar habilidades para relacionarse
con sus familiares, maestros y amigos.
Secundaria
Repetir con claridad las reglas familiares respecto al consu-
mo de drogas.
Reforzar o brindar información sobre los daños a la salud que
provoca el consumo de drogas, resaltando que no importa la
sustancia ni la cantidad, ya que las drogas en general son
peligrosas.
Enseñar al adolescente a tomar sus propias decisiones;
también a saber decir no a lo que le puede causar daño, y
reforzar las medidas de protección.
(Continuación)
60. ¿Cómo puedo hablar con mis hijos sobre los ries-
gos de consumir drogas?
133
con la intención de aclarar las ideas, y echar abajo los mitos en
torno a las propiedades que poseen las drogas. Los padres de fa-
milia deben buscar información confiable que les permita cono-
cer los daños que a corto y a largo plazo provoca el uso de alco-
hol, tabaco y demás drogas. Es importante que los hijos sean
escuchados y que no se les critique su forma de pensar, esto fa-
vorecerá un buen ambiente de confianza y comunicación.
Se debe conversar de manera clara y constante con los hijos
sobre cualquier tema, como el uso y abuso de drogas, la sexuali-
dad, el ambiente escolar, entre otros. Lo conveniente es que los
padres de familia se informen y busquen instancias donde pue-
dan obtener la información necesaria para entablar una comuni-
cación directa con sus hijos. La información, además de orientar
al hijo, le permitirá identificar situaciones de riesgo, a fin de re-
chazar firmemente alguna invitación al consumo de parte de com-
pañeros, amigos o conocidos.
Es necesario hablar con los hijos de los riesgos que entraña
el consumo de drogas, con objeto de evitar que reciban infor-
mación falsa y se dejen influir negativamente. El desarrollo de
principios y valores en la familia ayuda a tomar decisiones ba-
sadas en hechos reales y no en la presión ejercida por otros.
Escuchar a los hijos acerca de lo que saben o creen acerca de
las drogas es básico, pues esto les permitirá plantear situaciones
de probable riesgo y compartir experiencias, con la finalidad de
que conozcan los daños que provocan las drogas a la salud física
y mental, y al entorno social. Sin embargo, este tema puede abor-
darse aun cuando los hijos no muestren interés al respecto; por
ejemplo, se puede aprovechar un programa de televisión o ra-
dio, una película o una noticia que trate el tema.
Es conveniente también aprovechar el momento de trans-
misión para comentar lo engañoso de los anuncios publicita-
rios donde la promoción del consumo de alcohol y tabaco ofre-
ce imágenes que nada tienen que ver con la realidad del uso
de drogas. Para que el ejercicio de comunicación de los pa-
134
dres brinde realmente información y orientación a los hijos,
se requiere ser un ejemplo saludable; los padres son mode-
los para los hijos, por lo que sus actitudes ante las drogas, así
como sus hábitos de consumo, influyen de forma decisiva en
su comportamiento.
Dentro de las reglas y normas familiares, los padres de-
ben ser congruentes respecto al uso de alcohol, tabaco y otras
drogas, y advertir acerca de las consecuencias de no cumplir-
las. Deben asegurarse de que sus hijos conozcan y entiendan
su punto de vista, y explicar que la prohibición del uso de
drogas en casa responde a razones de amor. Es necesario re-
forzar constantemente los valores y ser un ejemplo no utili-
zando drogas, además de proponer diversas formas de entre-
tenimiento saludable.
E
n la medida que existan en el hogar reglas y normas claras
sobre consumo de alcohol, tabaco y otras drogas de abuso, y
que los padres no tengan una actitud permisiva al respecto, las
probabilidades de que sus hijos presenten problemas de adic-
ción serán menores.
Las normas y reglas que aprenden todas las personas du-
rante la infancia y la adolescencia son transmitidas, en gran
parte, por la familia y tienen un papel fundamental en la vida
adul ta. Las normas adecuadamente asumi das funci onan
como importantes principios para determinar la forma de
percibir la vida.
Según investigaciones, cuando los padres que usan al-
gún tipo de droga, incluyendo alcohol y tabaco, o tienen una
61. ¿Cuáles son los límites o las reglas que deben con-
siderar los padres de familia respecto al consumo de
alcohol de sus hijos e hijas?
135
actitud permisiva con sus hijos respecto al consumo de estas
sustancias, estos últimos tienen mayores problemas para evitar
o controlar que sus hijos las consuman.
Aun cuando la existencia de reglas y normas claras en el
hogar sobre las drogas no garantice totalmente que los hijos
no experimenten con ellas en algún momento, si ayudará para que
esta expremientación no derive en una adicción. Son muchas
las ocasiones que se le presentan al adolescente para consumir
alcohol y tabaco entre su grupo de amigos. Ante estas situa-
ciones, lo que favorecerá que el joven acepte o no “probar-
las”, será la noción que tenga acerca de si el hecho de experi-
mentar le resulte normal o de si lo identifica como un peligro.
Cuando las normas y reglas sobre alcohol y tabaco son lo sufi-
cientemente claras para toda la familia, éstas funcionan como
elementos protectores para el abuso de drogas, fuera y dentro de
casa.
Los principios no permisivos con respecto al consumo de
alcohol y tabaco inculcados por la familia son también un im-
portante mecanismo protector para los adolescentes ante la
constante influencia que ejerce la publicidad de bebidas alco-
hólicas y tabaco, encargada de presentar sus productos como
algo necesario.
Por estas razones, cuando los padres que tienen hijos ma-
yores a los 18 años de edad se preguntan sobre la actitud que
deberán asumir respecto al consumo de alcohol y tabaco, dro-
gas socialmente aceptadas, la respuesta más recomendable es
que en tanto asuman una actitud lo menos permisible posible,
mayores serán los elementos internos que tengan sus hijos para
hacer frente a las situaciones de presión para que consuman
estas drogas.
En el caso de padres con hijos menores de edad, la actitud
en relación al consumo de cualquier sustancia tóxica debe ser
de rechazo total. Lo anterior no debe implicar que se vea afecta-
da la comunicación y la confianza entre padres e hijos; para ello
136
es importante que esta actitud vaya acompañada de una mu-
tua comprensión en cuanto a que el uso de alcohol y tabaco en
edades tempranas afecta seriamente la salud y, en ocasiones,
de manera irreversible, además de ser éste un factor de alto
riesgo capaz de convertirse en un problema grave de alcoholis-
mo o tabaquismo.
Supervisar las actividades de los hij os fuera de casa es
otra forma de apoyar el que las reglas familiares rij an tam-
bién la conducta de los hij os más allá del seno del hogar.
Es común que en las reuniones de amigos se abuse del al-
cohol y del tabaco; sin embargo, si los padres están ente-
rados de estas reuniones, del lugar en el que se efectúan,
de quiénes asisten y establecen horarios precisos para sus
hij os, disminuirán las posibilidades de que tengan algún
problema derivado del consumo de drogas o de otras con-
ductas de riesgo.
P
ara garantizar que se establezca un buen diálogo sobre el
tema de las drogas, es necesario acercarse a los padres,
cuando se encuentren tranquilos; entonces se deberán expo-
ner dudas de manera clara y, si ambos lo precisan, buscar
información confiable en libros especializados o consultar con
un profesional en la materia. Cualquier tema puede ser abor-
dado con los padres, incluyendo el de las drogas. En algunas
familias, ciertos temas pueden suscitar incomodidad porque
se trata de cosas que simplemente no se tocan, es decir, que son
tabúes, por ejemplo la sexualidad o el consumo de drogas,
pero que se derrumban cuando se comienza a hablar sin pre-
juicios de ellos.
62. ¿Cómo puedo hablar con mis padres sobre las dro-
gas?
137
Los padres de familia son actores básicos en la preven-
ción del consumo de drogas en los hijos, primero a partir
del ejemplo que muestre lo negativo que es consumir dro-
gas y segundo, es proporcionar a sus hijos información se-
ria sobre las consecuencias del uso de sustancias expresan-
do su rechazo rotundo al consumo.
Encontrar la forma de hablar con los padres y los herma-
nos mayores sobre este tipo de temas ayuda a tener siempre
más elementos para repudiar el consumo de drogas, además
de que la buena comunicación mejora la relación con ellos.
Hay temas que pueden percibirse como amenazantes,
por lo que se tratan poco en los ambientes familiares: mas-
turbación, métodos anticonceptivos, consumo de drogas,
orientación sexual, etcétera. En muchas ocasiones corres-
ponde a los jóvenes romper los estereotipos y dar el primer
“paso” para hablar sobre estos temas con su familia.
La ansiedad que los asuntos delicados provocan disminuye
si se toma en cuenta lo siguiente:
Contar con información cientí fica sobre el tema. El co-
nocimiento permite plantear argumentos convincentes
sobre ciertos fenómenos y las formas óptimas de resol-
ver o de evitar la aparición de problemas relativos al tema.
Evitar prej uicios. La calificación de bueno o malo debe
sustituirse por concepciones menos extremas, como: “con-
veniente o inconveniente” o “más sano” y “menos sano”
Considerar la verdad como un gran valor. La verdad y la fran-
queza son valores sociales y familiares indispensables.
Evitar situaciones violentas. Este tipo de manifestaciones son
obstáculos para llegar a acuerdos.
Al dialogar sobre el tema de las drogas debe existir la posibili-
dad de que cualquier inquietud o pregunta sea formulada, dis-
cutida y contestada.
138
Una vez tomada la decisión de hablar con tus padres
sobre las drogas, es necesario que se considere antes que
nada:
Definir cuál es el motivo para querer hablar sobre el tema.
Qué aspectos de las drogas son los que más preocupan o
acerca de los cuales se quiere hablar.
Es importante acordar un tiempo para hablar sobre este
tema.
En todo momento deben prevalecer seguridad, traquili-
dad, respeto, claridad y ambiente cordial para la charla.
E
n general, los hermanos mayores son importantes modelos
para los menores; por esta razón, es necesario que ha-
blen con ellos del uso de tabaco, alcohol y otras drogas (identifi-
cando los riesgos y los daños), además procurarles ciertas activida-
des que más adelante los apoyen para que no consuman de drogas.
Para proporcionar la información adecuada a los hermanos me-
nores, se debe ser cuidadoso, averiguar lo que saben al respecto y
asesorarse con un adulto (padre, madre, abuelo) o especialista
(maestro, médico, etcétera), a fin de saber cómo orientar a los me-
nores de la mejor manera acerca de los peligros que habrá de en-
frentar.
De acuerdo con las investigaciones, se conoce que los
niños y jóvenes son más vulnerables para iniciar el consu-
mo de alcohol, tabaco y otras drogas, debido a las caracte-
rísticas de la edad (cambios repentinos de estado de ánimo,
rebeldía, desafío a las autoridades y a las normas, etcétera),
ya que están expuestos diariamente a una serie de peligros
inevitables.
63. ¿Cómo hablarle a mi hermano menor de drogas?
139
Por ello, es importante saber cómo orientar a los menores en
cuanto a sus intereses y preocupaciones principales. Por ejem-
plo: su estado general de salud; relaciones sociales y afectivas;
rendimiento escolar; recreación; sexualidad; consumo de alco-
hol, tabaco y otras drogas; situacione estresantes y eventos nega-
tivos de la vida.
Hay que recordar que tanto los hermanos mayores como
los padres son figuras importantes para el niño, porque con
su ejemplo crean en él una forma de ver las cosas. El apoyo
de los hermanos mayores es fundamental para prevenir que
los más pequeños usen sustancias tóxicas con los daños aso-
ciados. Pero, ¿cómo hacerlo? Aquí se incluyen algunas ideas
que pueden ser de utilidad:
Ser un buen ejemplo para el hermano menor, porque en su
calidad de mayor representa un importante modelo para
imitar.
Procurar que en la convivencia diaria entre hermanos,
el menor observe, escuche e incorpore conductas posi-
tivas.
Enseñarle que la salud es una responsabilidad individual, que
se construye con las actitudes y se cuida día a día.
Inculcar estilos de vida sanos: práctica de ejercicio, alimen-
tación natural y equilibrada; conocimiento y cuidado del
cuerpo humano; hábitos de estudio y descanso ordenados;
aseo y arreglo personal; manejo del estrés con actividades
de relajación; uso sano del tiempo libre; expresión sin cor-
tapisas de los afectos; comunicación y confianza con la fami-
lia; colaboración en las labores de casa; rendimiento escolar
conveniente y participación en otras actividades escolares;
relación con grupos de amigos libres de drogas; pasatiem-
pos creativos; proyectos y metas de realización personal,
entre otros.
140
Asimismo, al hermano menor se le puede transmitir una serie
de mensajes que, en algún momento, le serán de gran utilidad.
He aquí algunos ejemplos:
Crecerás fuerte y sano si evitas fumar o beber.
Mejorarás tu condición física si no fumas ni bebes.
Tendrás mayor rendimiento en los deportes que practiques si
no fumas.
Disfrutarás más el sabor de los alimentos si no fumas, además
de que estarás evitando el mal aliento.
El costo económico de los cigarros y las bebidas alcohólicas
es alto.
Tu salud no tiene precio.
Si estudias y aprovechas la escuela, podrás alcanzar tus sueños.
Si eres disciplinado, te será más fácil acabar tus tareas y organi-
zarte.
Cualquier proyecto se logra con empeño, orden y apoyo de
quienes te quieren.
Tus hermanos y tus padres te queremos y nos preocupamos
por ti.
Cuentas con mi apoyo incondicional de hermano.
Si tienes algún problema, me gustaría que me lo cuentes y
poder ayudarte.
Los niños y jóvenes que no usan drogas son más resistentes y
exitosos.
S
í. Algunas investigaciones recientes muestran que la edad de
inició en el consumo de drogas ha ido disminuyendo; además,
cada vez hay mayor disponibilidad lo que eleva las posibilida-
64. ¿Es conveniente hablar de drogas con un niño pre-
escolar?
141
des de que un menor entre en contacto con algún tipo de drogas.
La influencia de la televisión, el internet, el cine y las revistas,
entre otros, son capaces de actuar negativamente en la percep-
ción del daño que provocan las drogas (generalmente, se mini-
miza), por lo que hablar acerca del tema de las drogas con in-
formación verídica y de acuerdo con la edad del menor, es algo
que puede protegerlo.
En la vida diaria es frecuente encontrar contradicciones y
“dobles mensajes”, entre lo que se hace o se dice, que pueden
confundir, sobre todo a los pequeños. Por ejemplo, en cuanto al
tema de las drogas, solemos decir que son peligrosas, que cau-
san diversos tipos de daños, sin embargo, el consumo de alcohol
y tabaco se promueve insistentemente en los medios masivos de
difusión, en las canciones y, algunas veces, entre los miembros de la
familia.
Cabe la consideración de que, en realidad, los menores
cuentan con “demasiada” información acerca de las drogas; por
supuesto que ésta es informal, parcial y manipulada, lo cual
hace indispensable que los adultos o encargados de educar-
los platiquen con ellos desde temprana edad. Hay que to-
mar en cuenta que a los niños pequeños les gusta hablar de
sus “importantes experiencias o dudas” y cuando se les es-
cucha con interés aumenta su seguridad y esto favorece su
autoestima. Por lo tanto, procurar conversaciones francas y
frecuentes influirá para que los menores tomen buenas de-
cisiones.
Si desde que los hijos son pequeños se establece la posibi-
lidad de dialogar, se estará fomentando la confianza que siem-
pre es recomendable que exista entre padres e hijos. En la ac-
tualidad, los niños se enfrentan a una serie de temas a edades
cada vez más tempranas, que impiden que comprendan por
si solos la información; en estos momentos, la presencia de las
figuras materna y paterna contribuye el desarrollo inteligente
del menor. Cabe mencionar, que en investigaciones médicas,
142
así como en información de las organizaciones de salud pú-
blica, se menciona que cuando los pequeños necesitan obtener
información, generalmente acuden primero a sus padres. En
cambio, durante la adolescencia los hijos suelen acudir más a
sus amigos y a otros medios de difusión.
Por tal razón, es precisamente durante la infancia de los
hijos cuando los padres tienen las mejores oportunidades de ha-
blar antes de que otras personas influyan en su forma de
pensar y los confundan con información errónea o con expli-
caciones que carecen de los valores que desean inculcarles.
Desde esta etapa de la vida se debe aprovechar para conver-
sar sobre temas difíciles como el consumo de alcohol, tabaco
y otras drogas, del sexo, el sida y la violencia.
Es recomendable hablar con los hijos del tema de las dro-
gas, en forma sencilla y clara, con información. Debe hacer-
lo sin temor, igual que si les dijera que deben tener cuidado
al cruzar las calles o lavarse las manos antes de ingerir ali-
mentos, se trata de prevenirlos de posibles peligros. Si su
hijo le hace preguntas, responda con comentarios cortos y
sencillos, que, por regla general, son más efectivos.
Los niños suelen imitar a los adultos, por lo que es im-
portante transmitirles mensajes congruentes; por ejemplo,
si usted tiene una reunión familiar o de amigos, ofrezca a sus
invitados bebidas sin alcohol; no fume cuando se sienta eno-
jado o intranquilo, evite la automedicación, pues su ejemplo
dará claridad a sus hijos, acerca de lo que espera de ellos.
C
omo padres podemos evitar que nuestros hijos usen drogas
al no consumir alcohol, tabaco u otro tipo de sustancias de-
lante de ellos; hay que puntualizar, asimismo, nuestra desapro-
65. ¿Cómo prevenir que mis hijos consuman drogas?
143
bación al uso de sustancias tóxicas; establecer una comunicación
adecuada con ellos; mostrar afecto a través de palabras y accio-
nes; evitar situaciones violentas en casa; enseñar a los hijos a to-
mar decisiones y a decir NO ante el ofrecimiento de drogas; ha-
blar con ellos de las estrategias que utiliza la publicidad para
invitarlos a usar alcohol y/o tabaco, y enseñarlos a evaluar estos
mensajes.
Diversas investigaciones han demostrado el papel que des-
empeña el contexto familiar tanto en el desencadenamiento de con-
ductas problema y consumo de drogas, como en la prevención
de este fenómeno.
Otras recomendaciones para evitar que los hijos consuman
drogas se presentan a continuación:
Fomentar el amor propio y el autorrespeto en los hijos. En-
señarles a valorarse, a cuidar su cuerpo, a tomar decisiones,
reconocer sus logros y no insultarlos.
Ayudar a los hijos a tener buen desempeño escolar. Los pa-
dres pueden favorecer las buenas calificaciones de sus hijos al
estudiar con ellos, supervisar sus tareas, verificar que asistan
a la escuela, enseñar buenos hábitos de estudio y proporcio-
narles un espacio conveniente para estudiar.
Diseñar alternativas que propicien el uso adecuado del
tiempo libre. Participar en actividades de recreación con
los hijos, como: acudir al cine, ver películas en televisión,
practicar juegos de mesa y realizar ejercicio físico. Y si por
su edad, los hijos prefieren realizar actividades con sus ami-
gos, fomentar la diversión libre de drogas.
Detectar indicios de depresión en los hijos (trastornos en el
sueño, tristeza, fatiga constante, disminución de la activi-
dad sexual, pérdida del apetito, pensamiento suicida, reduc-
ción o aumento de peso, desinterés por actividades que an-
teriormente eran placenteras) y buscar a un especialista para
resolver la situación.
144
Establecer límites dentro de las familias. Fijar democráti-
camente reglas familiares claras, a fin de evitar límites con-
fusos y desórdenes en el comportamiento. Los hijos deben
saber cuáles son sus responsabilidades y derechos; y ade-
más, debe existir un código de sanciones y recompensas
que correspondan a la observancia o al incumplimiento de
las normas.
S
on muy importantes. Identificar y aceptar los valores trans-
mitidos en la familia, la escuela, etcétera, permite que los in-
dividuos formen su propia escala de valores y distingan las condicio-
nes de vida a la que aspiran. Estos valores sirven de guía, que inter-
viene para disminuir las probabilidades de llegar a una conducta
adictiva.
Desde su infancia, los seres humanos adquieren valores de
sus padres, maestros, amigos, vecinos, familiares, etcétera, lo cual
influye de manera importante en el momento de tomar decisio-
nes, como alejarse de personas que incurran en uso y abuso de
drogas y actos delictivos diversos, entre otros.
Como los valores determinan el comportamiento diario, es
preciso identificarlos y tratar de ser congruente con ellos. Hay va-
lores universales como la bondad, el amor, la justicia, la libertad,
etcétera, y otros que son relativos, que dependen del momento.
Tener presentes los valores adquiridos a lo largo de la vida, ayuda
a que ante problemas de tipo individual, familiar o social, no se
olvide ni pierdan la orientación y el contenido de las acciones.
La toma de decisiones siempre se relaciona con los valores.
Cuando éstos son claros, la habilidad para elegir desde una vida salu-
dable y libre de drogas, hasta una profesión, se ve fortalecida.
66. ¿Qué papel desempeñan los valores personales y
familiares en la prevención del consumo de drogas?
145
Ante la necesidad de tomar diversas decisiones, cada perso-
na actúa de acuerdo con su escala de valores. En la actualidad se
habla de que la velocidad con que crece la tecnología, lleva a dife-
rentes formas de pensar y al cambio de valores de generación en
generación; pero, al mismo tiempo, existe alarma ante la posibi-
lidad de que haya mayor confusión al respecto, por lo que cada
vez se hace más importante identificar las reglas, las normas y
los valores que favorezcan la convivencia entre los individuos
dentro de una sociedad.
A continuación se presenta una lista de valores; es probable
que el significado de algunos no sea claro, por lo que se sugiere
el apoyo de un diccionario.
Amor
Bienestar económico
Creatividad
Éxito
Honestidad
Lealtad
Limpieza
Orden
Prestigio
Respeto
Responsabilidad
Salario
Salud
Soledad
Tranquilidad
Seguridad
Poder
Amistad
Promoción
Tiempo libre
Aire libre
Competencia
Reconocimiento
Confianza
Aprendizaje
Inteligencia
Belleza
Liderazgo
Compañerismo
Generosidad
Descanso
Estabilidad
Equidad
Justicia
Paciencia
Intelectualidad
Riesgo
Dignidad
Sabiduría
Religiosidad
Trabajo social
Libertad
Aventura
Solidaridad
Altruismo
Caridad
Perseverancia
Tolerancia
146
S
í, pero no es suficiente para evitar el consumo, aunque
en ocasiones contribuye a retardarlo. Conocer los efec-
tos que las drogas producen en el organismo puede origi-
nar o incrementar la curiosidad, el deseo o el afán de ex-
perimentar con ellas, para comprobar lo que se dice de las
drogas, por ejemplo: Si en verdad provocan sensaciones pla-
centeras, qué consecuencias negativas personales acarrea
darles tan sólo unas “probadas”. No obstante lo anterior,
la información que se dé, quien la proporciona, los moti-
vos por los que se hace, el lugar y las circunstancias, en
general, son algunos aspectos importantes capaces de de-
terminar que una persona decida o no experimentar con
drogas.
Por ejemplo, es más probable que un adolescente que está
en un lugar solitario y con sus amigos, fume mariguana, so-
bre todo si le dicen que no pasa nada y que por el contrario,
con ella se olvidará de sus problemas y sentirá mucha tran-
quilidad. La decisión de experimentar con drogas puede cam-
biar si aun teniendo la disponibilidad de usarlas, se tiene in-
formación veraz en el tema, por ejemplo que el consumo de
“tachas” (éxtasis), además de provocar desubicación, también
genera irritabilidad, ansiedad, falta de apetito, mareos, dolor
de estómago, etcétera.
Actualmente, los especialistas en prevención de adicciones
sugieren que más que informar a los niños y adolescentes sobre
los efectos que provocan las drogas, es necesario que conozcan e iden-
tifiquen las situaciones de riesgo individuales, familiares y esco-
lares que se relacionan con el uso y abuso de drogas, así como los
factores de protección que deben reforzarse a fin de evitar que
se inicie el consumo.
67. ¿Difundir los efectos de las drogas ayuda a preve-
nir su uso?
147
Particularmente, es necesario enseñar y fortalecer las ha-
bilidades sociales que tienen que ver con las relaciones y/o
situaciones de riesgo, por ejemplo: que un adolescente apren-
da a decir que “no” al ofrecimiento de drogas de su grupo de
amigos, sin que ello le cause malestar, pena, compromiso o lo
haga menospreciarse.
S
e considera negativo, dado que el alcohol y el tabaco son dro-
gas que tienen efectos a corto y largo plazo, entre ellos alte-
ran la percepción y la capacidad de juicio. Diversos estudios
han encontrado relación entre el consumo de alcohol y actos de-
lictivos de diversa índole. Además, tanto el alcohol como el taba-
co son drogas de inicio, que favorecen que el individuo busque
experimentar con otro tipo de drogas, como mariguana, cocaí-
na, etcétera.
Es importante platicar con los hijos y ayudarles a distin-
guir entre realidad y la ficción; reflexionar respecto a las cua-
lidades (la mayoría de las veces ficticias), que se les suelen
atribuir al alcohol y al tabaco. Desmitificar por ejemplo, el
que “con un trago, estarás más sociable en la fiesta”, “te ar-
marás de valor para ligar a la muchacha o al muchacho que
te gusta”, que para “estar relajado, nada mejor que un taba-
co”, que para “parecer grande, un cigarrillo en la mano”, o
que “serás más popular entre tus amistades si fumas o tomas
alcohol”.
El consumo de alcohol y/o tabaco por parte de los hijos,
sin la autorización de sus padres, o por la ausencia de normas
claras en la familia, con frecuencia provoca que los jóvenes em-
piecen a ausentarse más tiempo de la casa; a que requieran
68. ¿Cómo influye el consumo de alcohol y tabaco en la
conducta de los hijos?
148
más dinero; a que se relacionen con personas que también
consumen tales sustancias; a que acudan a fiestas o reunio-
nes con mayor regularidad y en ocasiones, a que se metan en
diversos problemas, como riñas, accidentes de tráfico o robos.
Es indispensable reconocer cuando se presenta algún cambio
en el estado de ánimo de los hijos. Asimismo, los padres deben
interesarse en las actividades que ellos prefieren, conocer a sus
amigos, a fin de prevenir conductas indeseables, o bien, identifi-
car el momento en que se manifiesten rebeldía, desinterés escolar
e, inclusive, conductas antisociales. La posibilidad de que tales con-
ductas estén asociadas al uso de alcohol y/o tabaco, es alta.
Aun en los casos en que se sospeche que los hijos comienzan a
abusar de alcohol y/o tabaco, resulta común que se pasen por alto
consumos ocasionales y moderados, y sólo se tomen medidas co-
rrectivas después de una borrachera. Se recomienda conversar
con ellos acerca de los daños a la salud que se están causando y
del riesgo de que el consumo se vuelva problemático.
En el caso de un consumo excesivo, se debe buscar asesoría pro-
fesional, con la finalidad de participar en un proceso de rehabilita-
ción y evitar mayores daños tanto al hijo como al resto de la fa-
milia. Cabe mencionar que el alcoholismo de un miembro de
la familia afecta psicológicamente a todos los integrantes; y el ta-
baquismo de cualquier individuo, además de dañarlo directamente
a él, afecta a quienes le rodean, pues el tabaco contiene gran can-
tidad de sustancias tóxicas que se esparcen por el ambiente y cau-
san enfermedades respiratorias, cáncer y otros padecimientos.
S
í, porque favorecen y fortalecen los vínculos afectivos, la
comunicación, la confianza, el crecimiento personal y,
69. ¿Son importantes las responsabilidades comparti-
das dentro de la familia?
149
en general, el buen funcionamiento de la familia; todo ello
contribuye a propiciar un ambiente sano y libre de drogas.
Compartir responsabilidades en la familia, ayuda y refuer-
za la toma de decisiones y las habilidades necesarias para
afrontar situaciones que se relacionan con el uso de dro-
gas. Sólo mediante la participación y la colaboración de
todos sus miembros, se pueden alcanzar logros y obj etivos
relevantes.
Es importante que en la familia se impulsen procesos de
educación y crecimiento individual y grupal. La formación
familiar es fundamental por dos razones básicas:
Los primeros años de vida de un individuo son decisivos para
el desarrollo de la personalidad, la expresión de afectos, el
desempeño escolar y laboral. En la familia se aprenden la
forma de hablar, los valores, las reglas y los hábitos que nos
ayudan a saber comportarnos en otros lugares y dirigirnos a
otras personas.
En la familia confluyen una serie de circunstancias, como
el espacio, los tiempos de convivencia, las actividades, et-
cétera, que la hacen indispensable para la educación, de
todo lo cual son responsables los padres.
Resulta especialmente importante señalar que el respeto a
los derechos individuales y la distribución de responsabili-
dades, tareas y compromisos concretos, hacen posible la or-
ganización, el funcionamiento y el desarrollo de la familia.
Esto crea un ambiente favorable de unión capaz de proteger a
los miembros de la familia del uso y el abuso de sustancias.
Por ejemplo:
Disponer de tiempos y espacios para convivir en familia.
150
Desarrollar y fortalecer lazos afectivos sólidos entre cónyu-
ges, padres, hermanos, hijos y, de ser el caso, con otros miem-
bros de la familia.
Fomentar relaciones de colaboración, apoyo mutuo y con-
fianza.
Definir funciones y tareas personales y grupales.
Observar la disciplina, las normas y las reglas fijas en el
hogar.
Incorporar habilidades sociales, como la negociación, la
solución de problemas, el afrontamiento del estrés, et-
cétera.
Participar, en actividades positivas y en proyectos orienta-
dos a la mejora continua del ambiente familiar.
Incluir a los hijos en la organización de la vida familiar coti-
diana.
Alentar la responsabilidad compartida para el cuidado del
bien común, el alcance de objetivos y el buen funcionamiento
del grupo familiar.
P
or dos razones: Primera, porque este tiempo y los lugares
donde vive, se han convertido en el principal escenario
donde jóvenes y adultos consumen drogas y segunda, por-
que un adecuado empleo del tiempo en actividades libres de
drogas es algo que ayuda a mantener alejada a la drogadic-
ción. Es indispensable considerar actividades recreativas
como el cine o los deportes y rechazar aquellas opciones, como
la visita al antro o las fiestas “raves”. Las alternativas de di-
versión sanas pueden ser muchas, sólo hace falta decidirse
por ellas.
70. ¿Por qué es importante utilizar adecuadamente el
tiempo libre?
151
Aprovechar la diversidad de opciones, disfrutar el tiem-
po libre y considerar los espacios donde se vive para apren-
der habilidades que impidan el consumo son alternativas pre-
ventivas relevantes. Por ejemplo, un espacio adecuado para
usar el tiempo libre puede ser el deportivo de la colonia, aun-
que hay que asegurarse de que no se consuman o vendan
drogas ahí.
Dentro de las opciones de uso de tiempo libre con poder
preventivo se encuentran:
Durante el día o la tarde: la formación de un grupo de tea-
tro, la integración de grupos musicales, danza, etcétera.
De noche. Fomento de actividades culturales y deporti-
vas: teatro, lugares de baile, la disco, siempre y cuando se
vaya con toda la intención de divertirse sanamente y no a
consumir drogas.
En algunos sitios de esparcimiento se acostumbra el con-
sumo, sobre todo de alcohol y tabaco; si se llegan a pro-
bar estas sustancias hay que tener cuidado de no caer en
abusos.
Hay otros lugares que parecen seguros pero que no lo
son, como aquéllos en los que se celebran fiestas “rave” ves-
pertinas y que promocionan en algunas escuelas secundarias.
En estas “fiestas” se acostumbra ingerir“tachas” que al ser
combinadas con supuestos “jugos energéticos” provocan efec-
tos estimulantes.
Las distintas actividades que eligen los jóvenes para ocu-
par su tiempo libre son producto del aprendizaje, la moda y
la industria de bares y discotecas, por lo tanto es factible
educarlos para que opten por actividades sanas como espar-
cimiento.
Es importante cambiar la idea de que la diversión sólo es
posible a través del consumo de alcohol y otras drogas. Por ello
152
hay que estimular la planeación del tiempo libre en el que no
intervenga ningún tipo de droga.
T
iene que ver en gran medida con la forma como los padres
han educado a sus hijos. El adolescente se encuentra en una
etapa importante de su vida, en la cual revisa su conducta, valo-
res y normas familiares aprendidos en casa, y los compara con
las experiencias que vivió fuera del hogar cuando tenía que to-
mar sus decisiones.
Cada padre o madre de familia tiene una idea acerca de
la conducta de su hijo, sobre qué tan responsable y maduro
es para su edad. También los padres conocen las capacidades
y defectos de sus hijos, y estos elementos de juicio les sirven
para reconocer los riesgos a los que se enfrentan y decidir
qué libertades darán a sus hijos.
Es importante confiar en la educación que se le ha dado
al hij o; la j uventud es una etapa de oportunidades, así que
es fundamental brindar apoyo a los chicos cuando se equi-
voquen.
Además de los valores aprendidos en casa, es importante que
los padres consideren lo siguiente:
Establecer normas claras de comportamiento: No voy a tole-
rar que se fume en la casa.
Llegar a acuerdos. Bueno, entonces esperamos que mejores tus
calificaciones; recuerda que no aceptaremos menos de ocho.
Fijar los castigos y los premios. Si bajan tus calificaciones, ten-
drás libre solamente el día domingo, ya que dedicarás el sábado
por completo al estudio.
71. ¿Cómo establecer un equilibrio entre la confianza
y la autonomía del hijo adolescente?
153
Cumplir tanto con los castigos como con los premios. Te feli-
cito, podemos considerar que pases tu cumpleaños sólo con tus
amigos.
Ser constante, mantener su postura tratando de ser flexible y
comprensivo, pero sin cambiar las reglas y normas a conve-
niencia del adulto o del adolescente.
Enseñar al hijo a pensar en varias posibilidades y elegir que
prefiera.
Instruir al hijo para que reflexione en las ventajas y las des-
ventajas de sus decisiones.
Plantear situaciones, preguntar qué haría y ayudarlo a de-
cidir.
No regañe, el adolescente ya no es un niño, explíquele a
su hijo lo que espera que haga, las consecuencias de sus
acciones y logre que comprenda su responsabilidad en ellas.
N
o, un joven que no consume ninguna droga, demuestra
su capacidad de resistencia y pone en práctica sus habi-
lidades de convivencia, recursos protectores, alternativas sa-
ludables y fuentes de apoyo, para afrontar y superar exito-
samente sus problemas cotidianos, situaciones estresantes y
eventos negativos de la vida.
No usar sustancias refleja la buena combinación de aspectos
de orden personal, familiar, comunitario y social que protegen al
individuo, del uso de drogas. Entre éstos se encuentran:
Control adecuado del estrés y las situaciones difíciles. Por ejem-
plo, cuando se reprueba un examen o termina una relación
72. Si un adolescente no fuma, no toma alcohol ni con-
sume drogas, ¿estará en desventaja para relacionarse
con otras personas de su edad?
154
sentimental, en vez de irse a tomar alcohol para tratar de olvi-
dar la situación, se hacen ejercicios de respiración.
Manejo hábil de la frustración, impulsos y conflictos con otras
personas: Cuando en la escuela hay otro compañero que nos es-
tá provocando con groserías o maldades, se tiene la capacidad
de tranquilizarse y no responder con golpes o insultos; aun-
que haya enojo, se puede hablar con los padres, hermanos
mayores o profesores para que nos aconsejen al respecto.
Capacidad para planear y anticipar las consecuencias de las de-
cisiones: Cuando estamos a punto de hacer algo que desconoce-
mos (irnos de pinta, beber en una fiesta, tener relaciones sexua-
les), es necesario pensar qué efectos y consecuencias pueden
provocar nuestros actos (expulsiones de la escuela, accidentes,
embarazos no deseados, etcétera), para tomar la decisión más
adecuada.
Expresión positiva de los afectos y las emociones: En nuestro
desarrollo es importante tener la suficiente habilidad para sa-
ber la forma y el momento oportuno para poder manifestar
nuestras emociones con nuestros padres, hermanos, amigos,
compañeros.
Respeto de la autoridad: En la vida hay normas y reglas
que debemos saber respetar, porque su función es ordenar
la convivencia social para que sea sana y funcione adecua-
damente.
Búsqueda de metas y proyectos de vida familiares, escolares y
sociales: Desde pequeños, somos capaces de proponernos ac-
tividades, objetivos, metas y proyectos de vida (voy a obtener
buenas calificaciones, voy a subir mi promedio; voy a entrar a la
prepa, voy a ser médico, voy a tener tres hijos, me voy a com-
prar un automóvil, etcétera).
Participación en actividades y asistencia a lugares libres de dro-
gas: Ingreso a grupos deportivos, clubes de lectura, clases de
teatro, talleres de música; días de campo, excursiones familia-
res, entre otras.
155
Los investigadores han encontrado que los niños y jóvenes que
no consumen alcohol, tabaco u otras drogas, han desarrollado
habilidades específicas, competitividad social y actitudes que les
ayudan a manejar el estrés y a evitar comportamientos autodes-
tructivos: “Entre más factores de protección existen en el hogar,
la familia y la comunidad, más aptos serán los niños y jóvenes
para desarrollar resistencia ante el consumo de drogas”.
Asimismo, se puede afirmar que el niño o el joven que es re-
sistente a las drogas y a sus riesgos asociados, se caracteriza por:
Ser eficaz en el desempeño de sus actividades: hogar, estudio,
trabajo, juegos y relaciones interpersonales.
Tener altas expectativas sobre sus logros, proyectos claros y
una actitud positiva ante la vida.
Tener autoestima y autocontrol adecuados.
Demostrar sentido del humor.
Tener habilidades de pensamiento crítico y de solución de
problemas.
Ser autodisciplinado, respetar las normas y mostrar hábitos sa-
ludables.
P
ara algunos la convivencia, en ocasiones, no radica sólo en
estar ahí, sino en la idea malentendida de querer imitar a los
demás, que lleva a experimentar con sustancias tóxicas, porque
se cree que de esa manera se tienen más posibilidades de relacio-
narse, de convivir. Sin embargo, quienes caen en esta conducta
no consideran que se trata de estados de ánimo temporales, y que
el uso continuo de drogas los llevará a la pérdida de reflejos físicos o
73. ¿Por qué en lugares de convivencia se ha vuelto cos-
tumbre el consumo de tabaco, alcohol y, en ocasiones,
de otras drogas?
156
incluso de la conciencia. Es probable que este comportamiento
sea una imitación de lo que se vive en casa; si los padres de
familia acostumbran utilizar en sus reuniones algún tipo de dro-
ga, es fácil asociar que para convivir, divertirse y sentirse bien
en otro sitio, será necesario seguir este patrón de conducta.
Por lo general, a la hora de integrarse en grupos de amigos
se busca a gente similar o parecida en algunos aspectos impor-
tantes, a fin de compartir gustos, aficiones, etcétera. Sin em-
bargo, algunos individuos tratan de influir para que todo el
grupo se comporte de modo idéntico, a este fenómeno se le lla-
ma “presión de grupo”. Neutralizar los efectos negativos que oca-
siona esta presión es una tarea ardua para la que no suele existir
ningún entrenamiento previo. Si no se maneja asertivamente,
la presión de los amigos podría ser uno de los principales facto-
res de inicio en el consumo de drogas.
Para algunas personas que asisten a lugares de convivencia,
existe la necesidad, tanto de hombres como de mujeres, de ser
aceptados, situación que lleva a muchos a adoptar conductas aje-
nas a sus costumbres y valores. Otro factor que influye son los
exagerados anuncios publicitarios que en todo momento
promocionan el uso de alcohol y tabaco: la asociación ficticia de
imágenes de hombres o mujeres muy atractivos, y en los que quien
fuma o bebe tiene una vida de éxito llena de riqueza material.
Al respecto, es necesario reflexionar en cuanto a que el sim-
ple hecho de bailar, escuchar música y platicar con otras perso-
nas, es una experiencia muy agradable, sin que haya necesidad
de experimentar con sustancias que quizás estén adulteradas,
pues de acuerdo con investigaciones, es frecuente que el alcohol
incluya algunos componentes no autorizados.
Por otra parte, cabe mencionar que debido a que el consu-
mo de alcohol, tabaco y otras drogas se ha popularizado en luga-
res de convivencia, representa ganancias económicas muy im-
portantes. La solicitud de diferentes tipos de drogas por personas
que asisten a ciertos lugares de reunión, es cada vez mayor, y
157
su necesidad de experimentar emociones fuertes los lleva a consu-
mirlas en elevadas cantidades.
Si la venta de alcohol y tabaco representa para los propieta-
rios de tales lugares grandes ganancias, la de otro tipo de drogas
como la cocaína, la mariguana, el crack, etcétera, significan to-
davía mayores ingresos. Este éxito económico se apoya además
en las falsas creencias que se han creado alrededor de las drogas,
puesto que los asistentes a esos lugares buscan con el uso y abu-
so de una o varias sustancias tóxicas alcanzar sensaciones extre-
mas y parecer sociables y atrevidos.
N
o. Si bien es cierto que la edad de inicio de consumo de
alcohol ha disminuido, no implica que el papel de los pa-
dres sea enseñarlos a beber. Lo mejor es promover la moderación
o la abstinencia. A continuación se muestran algunas recomen-
daciones:
El ejemplo. Los hijos aprenden lo que ven en casa; los pa-
dres son el primer elemento; recuerde que a sus hijos ado-
lescentes les importa lo que hacen sus hermanos mayores.
La mejor manera de enseñar es con el ejemplo.
Expresar lo que piensa sobre el consumo de alcohol y estable-
cer normas claras. Si no podemos lograr la abstención, procu-
remos que lo hagan en forma moderada; plantearles que si
van a una fiesta no deben beber más de tres copas.
Evite que sus hijos se encarguen de actividades relacionadas
con el alcohol, como enviarlos a comprar bebidas alcohólicas,
o permitir que hagan las veces de barman, pues es una opor-
tunidad y una tentación para que beban.
74. Si mi hijo quiere aprender a tomar alcohol, ¿es me-
jor que lo haga en casa?
158
Tampoco consienta que el alcohol sea una sustancia de
fácil acceso para sus hijos: si tiene bebidas en casa es con-
veniente que las botellas se encuentren fuera de su al-
cance.
Si bien es cierto que en otras culturas o regiones el consumo
de alcohol forma parte de la dieta cotidiana, por ejemplo en
las costas y en el norte del país, en nuestra sociedad habi-
tualmente su consumo se asocia a “momentos especiales”
elebración.
Cuando se habla del consumo moderado de alcohol, es ne-
cesario pensar en medidas equivalentes; por ejemplo, al con-
sumir una copa de vino, una cuba, un “caballito” de tequila o
una cerveza mediana, se está tomando la misma cantidad de
alcohol aunque las bebidas no sean del mismo tamaño.
De esta manera, el consumo moderado para un hom-
bre adulto consiste en tomar una copa por hora, no exce-
derse de cuatro al día ni de doce copas a la semana. Mien-
tras que para una muj er adulta el consumo moderado es
menor que en el hombre; consiste en tomar una copa por
hora, no más de tres al día ni exceder de las nueve copas a
la semana, debido a que las muj eres tienen mayor canti-
dad de tej ido graso, donde el alcohol se queda acumulado.
Para aconsejar a su hijo sobre la bebida:
Explique que el consumo de alcohol es ocasional no co-
tidiano; puede señalar algunas fechas en las que es per-
mitido beber una copa (por ej emplo de vino de mesa o
sidra).
Establezca los límites para beber con moderación y vigile que
se respeten.
Muestre que la abstención es una decisión muy adecuada e
inteligente.
159
A
nte todo debes mostrar firmeza y comunicar claramente que
no estás interesado en probar. Si este rechazo causa algún tipo
de molestia, argumenta que esta decisión no tiene que afectar la amis-
tad, que debe respetarse la decisión de cada persona en cuanto a lo
que quiere o no quiere hacer con su cuerpo y su salud.
Las invitaciones a consumir drogas crean una situación com-
plicada para muchos, ya que negarse puede hacer quedar mal a
alguien frente a lo que sus amigos esperan de él; en este caso, se
debe de hablar con ellos y hacerles saber que el hecho de que no
exista interés por probar las drogas no es por miedo, sino por-
que el consumo de drogas afecta la salud o pone a quien las usa
en situaciones peligrosas o desagradables. Seguramente los ami-
gos insistirán y dirán que por probar una sola vez no pasa nada;
ante esto puedes argumentar que el simple hecho de probar es
peligroso, ya que la sustancia puede estar muy adulterada o que
tu cuerpo tenga una reacción negativa que dañe tu salud (des-
mayos, vómitos, intoxicación aguda, alergia, etcétera).
En el caso de invitaciones a consumir tabaco o alcohol, se
debe considerar que aun cuando estas drogas sean legales (para
mayores de edad), no significa que no perjudiquen o pongan
en peligro la salud; por ello, es mejor que rechaces las invita-
ciones para consumir estas drogas. Se debe considerar siempre
que en relación con las drogas legales, como el alcohol y el ta-
baco, se suele tener la falsa creencia de que las consumen casi
todos los jóvenes.
También es necesario que aclares que los buenos amigos com-
parten vivencias y gustos comunes positivos, y no el consumir
alguna droga; de esta forma, puedes separar claramente las con-
secuencias negativas del consumo de drogas y los aspectos que
te unen a tus amigos.
75. ¿Qué puedo hacer para rechazar una invitación de
mis amigos para que pruebe drogas?
160
R
echazarlas. Pero para ello es necesario dar una respuesta cla-
ra y contundente que impida que el amigo insista o que ten-
gas alguna confrontación con él. Un “no, gracias” puede ser muy
conveniente. Si esta persona toma una actitud negativa ante el
rechazo, considera que sólo tú eres el responsable de tus decisio-
nes y si la otra persona no las acepta, es su problema.
Se ha determinado que uno de los factores de riesgo más
poderoso para que los adolescentes consuman droga es la pre-
sión que ejerce el grupo de amigos, razón por la cual los jó-
venes deben saber cómo enfrentar la situación. Las invita-
ciones a consumir se vuelven más peligrosas por la necesidad
que el adolescente tiene de sentir que es parte de un grupo y
se identifica con ellos.
Cuando se toma una decisión entran en juego una serie
de elementos que permiten garantizar que ésta sea adecuada
y responsable. Para ello es bueno tomar en cuenta las alter-
nativas y analizarlas por separado para ver sus ventajas y des-
ventajas.
Asimismo, cuando se ha tomado una decisión, es impor-
tante comunicarse de forma clara, precisa, y sobre todo segu-
ra; tratar de ser lo más asertivo posible.
Algunas frases asertivas son una buena herramienta para
enfrentar ofrecimientos: “No quiero”, “no me interesa”, “no”,
“no las necesito”.
He aquí algunas técnicas asertivas útiles:
El disco rayado. Consiste en repetir cuantas veces sea necesario
los argumentos de rechazo, hasta que la otra persona tenga claro
que sus técnicas de manipulación no funcionan.
76. ¿Qué puedo hacer si un amigo o conocido me ofrece
drogas?
161
El compromiso viable. Se refiere a un compromiso concilia-
dor con la única condición de que se respeten los propios de-
seos, (por ejemplo, “yo no te voy a decir nada sobre el número
de cervezas que te tomes, así que tú no insistirás en que beba”).
La autorrevelación. Significa dar razones por las que no se de-
sea consumir drogas (por ejemplo, “No voy a chupar porque me
toca manejar”, “si llego tomado a la casa me va como en feria con
mis papás”).
El banco de niebla. Permite hacer frente a las críticas por no
consumir drogas con respuestas como: “Es posible que a ti te
parezca cobarde que no quiera fumar, pero yo he decidido no
hacerlo”.
La interrogación negativa. Se refiere a responder ante una crí-
tica con una pregunta como: “¿Y qué tiene de raro que no quiera
fumar?”
En nuestro país algunas respuestas asertivas pudieran pare-
cer agresivas y contraproducentes para rechazar las drogas, por
lo que es recomendable usar frases que, sin ser asertivas, indi-
quen un claro rechazo al consumo de drogas: “No ca…, esas
madres te joden el cerebro”; “No me laten, luego te sientes muy mal”,
“Qué crees, juré y no quiero que la virgencita me castigue”.
L
a relación con compañeros, amigos que usan drogas o
grupos tolerantes, junto con la asistencia a lugares permi-
sivos ante el uso de sustancias tóxicas, son situaciones que pre-
disponen al consumo. Sin embargo, no es recomendable la prohi-
bición de estas amistades. Lo que les corresponde a los padres es
fomentar la participación de otros miembros de su familia o de
la comunidad y buscar la asistencia de un especialista, a fin de brin-
77. ¿Qué puedo hacer si me entero de que mi hijo fre-
cuenta a amistades que consumen drogas?
162
dar a los hijos apoyos sólidos que les ayuden a enfrentar adecuada-
mente los riesgos asociados al consumo.
Es una realidad que los hijos están expuestos a una serie de
riesgos en su vida diaria, entre ellos al consumo de tabaco, alco-
hol y otras drogas. Por ello, los padres de familia deben asumir la
responsabilidad de crear y reforzar en ellos, las condiciones y los
elementos que los protejan adecuadamente.
El hecho de que nuestros hijos tengan vecinos, compañeros,
amigos y familiares que usan sustancias tóxicas, puede contri-
buir a que inicien el consumo si no se cuenta con el apoyo y la
supervisión de sus padres, hermanos mayores y amigos cerca-
nos, maestros, que son personas estratégicas para el desarrollo
saludable de niños y jóvenes. Si su hijo frecuenta amistades que
consumen drogas, usted:
Hablar con él, tranquila, clara y directamente, y exprésele su
interés y su preocupación por el cuidado de su salud.
Tiene que resaltar los riesgos que enfrenta con estas amista-
des, así como los problemas que pueden presentarse (expul-
sión de la escuela, dificultades legales, conflictos con las auto-
ridades, etcétera).
Evite regaños, amenazas o prohibiciones inflexibles.
Para fortalecer la resistencia ante la presión y la influencia de los ami-
gos y la aceptación del consumo en sus ambientes cotidianos (fa-
milia, escuela, comunidad, trabajo), se pueden seguir estos consejos:
Hágales saber a sus hijos que los quiere incondicionalmente.
Demuéstreles afecto de forma física, verbal y con actitudes.
Manténgase alerta a sus actitudes y a cambios bruscos de com-
portamiento que indiquen un posible uso de drogas.
En la medida de lo posible, desaliente el que su hijo frecuente
a estas amistades.
Elógielos con frecuencia y reconozcáles sus logros.
163
Estimule sus proyectos personales.
Impulse su desempeño escolar o laboral, así como el desarro-
llo de sus habilidades e intereses.
Comuníquese eficazmente con ellos (hablando y escuchando).
Sea coherente y consistente (que lo que sienta, piense, diga o
haga sea lo mismo).
Cree situaciones y condiciones adecuadas para conseguir que
sus hijos le tengan confianza.
Ayúdelos a sentirse bien consigo mismos.
Establezca normas, reglas y consecuencias bien definidas.
Conozca a sus amigos y, de ser posible, también a sus padres.
Manténgase al pendiente de los horarios de salida y llegada de
sus hijos.
Permanezca al tanto de los lugares donde se encuentran cuan-
do salen de casa y de las actividades que realizan, sin llegar a
ser rígido.
Hable con ellos honesta y abiertamente sobre temas como las
drogas, la sexualidad, el manejo de las emociones, la violen-
cia, etcétera.
Platique sobre la importancia de pertenecer a un grupo y la
relevancia de apoyar a los integrantes que están en problemas.
Establezca roles, derechos, deberes, límites, valores y hábitos sa-
ludables.
Enséñeles a asumir la responsabilidad de sus actos y a enfren-
tar sus consecuencias.
Fomente que se integren a otro tipo de grupos libres de dro-
gas y que cuenten con proyectos culturales, deportivos o re-
creativos alternos.
Busque redes de apoyo, definidas y funcionales, en la escuela
y en la comunidad.
Infórmese acerca de las drogas, sus consecuencias, nombres
comunes, formas de uso, lugares de distribución, precios, sín-
tomas de consumo e instancias para que, en caso dado, pueda
atender eficazmente el problema.
164
E
s importante que no se precipite. Si lo sospecha, tómese
un momento para pensar acerca de la situación y buscar
evidencias, para descartar el hecho o para estar seguro de
que su hij o, efectivamente, usa drogas. De ser así, los pa-
dres deben hablar sobre el tema de forma tranquila, clara y
directa con el hijo. Además, es necesario asesorarse con un es-
pecialista, para que juntos puedan: 1) Orientarlo sobre estilos
y alternativas de vida saludables, si el consumo es moderado o
esporádico; 2) Identificar formas de consumo, señales y daños
asociados al uso frecuente de drogas; 3) Derivarlo a la op-
ción de tratamiento más conveniente, para que sea atendido
integralmente y supere este problema.
La drogadicción va en notorio aumento en la actualidad.
De acuerdo con los estudios, se puede afirmar que los niños
y los jóvenes están en mayor riesgo de iniciar el consumo de
drogas. Es importante identificar estrategias y recursos de apo-
yo capaces de neutralizar los riesgos y fortalecer los elemen-
tos protectores para prevenir y/o tratar oportunamente los
casos de farmacodependencia.
Si los padres de familia sospechan o comprueban que al-
guno de sus hijos está consumiendo drogas, se les sugiere con-
servar la calma y buscar la orientación de un profesional o
institución especializada, a fin de contar con información ve-
raz sobre patrones y condiciones de consumo, además de co-
nocer los síntomas y efectos asociados al uso de diferentes sus-
tancias adictivas.
Es esencial disponer de elementos para identificar si el
uso de drogas se ha dado en una sola ocasión; si se realiza en
fiestas, paseos o bajo la influencia de los amigos; si se pre-
senta los fines de semana o durante la misma. También es
78. ¿Qué puedo hacer si me entero de que mi hijo usa
drogas?
165
necesario conocer el tipo de sustancias, la forma de consu-
mo y las situaciones a las que se puede asociar dicho acto
(ruptura de un noviazgo, conflictos con familiares y/o ami-
gos, problemas escolares, etcétera). Con lo anterior estare-
mos en condiciones de saber que los niveles y tipos de con-
sumo varían considerablemente de una persona a otra, lo
que hace necesario conocer todas las particularidades del
caso y saber qué hacer y a dónde recurrir para brindar apo-
yo al hijo.
C
on normalidad. En lo fundamental el acercamiento que
demos a una persona de quien sabemos que consume dro-
gas, no tiene que ser distinto al que damos a los demás. Asi-
mismo, es importante recordar que un consumidor de dro-
gas no es necesariamente un drogadicto o alguien que tiene
un problema de dependencia, ya que hay distintos tipos
de usuarios. Ante ello, se debe estar bien informado para sa-
ber cómo ayudar a otra persona en función de la gravedad
de su adicción.
Alguien que consume drogas puede ser desde un ado-
lescente que comienza a experimentar con mariguana sin
que él lo considere un problema, sino una actividad diver-
tida, hasta otro consumidor de mariguana crónico que lleva
gran parte de su vida fumando y sufre trastornos de perso-
nalidad graves.
Cuando se tiene conocimiento de que una persona cerca-
na consume alguna droga, es recomendable primero averi-
guar lo siguiente:
79. ¿Cómo tratar a una persona cercana que consume
drogas?
166
Qué tipo de droga está consumiendo, pues hay varios tipos y
cada una provoca diferentes daños y formas de dependencia.
Por esta razón, es importante que se cuente con información
verídica para saber cómo actuar.
Con qué frecuencia consume: Si comienza a experimentar
con la droga, es muy probable que “esté en su luna de miel”
y que no sepa o no quiera saber los posibles riesgos que va a
enfrentar si continúa usándola. En este caso, trate de co-
nocer qué ideas tiene respecto a la manera en que utiliza la
droga y busque conversar, expresando su punto de vista, pero
sin pretender imponerse ni comportarse autoritariamente,
pues creará un clima tenso y será más difícil que encuentre
en el futuro disposición para volver a conversar con el usua-
rio sobre el tema. Manifiéstele su voluntad de apoyarlo e in-
fórmele sobre los lugares donde puede acudir si en algún
momento decide pedir ayuda para dejar la droga. También es
importante que destaque los logros y las actividades que esa per-
sona haga bien; trate de mantener una actitud positiva, pero siem-
pre mostrando su desacuerdo en relación con el consumo de
drogas.
Si esa persona lleva tiempo usando drogas, pero aún no cree
tener un problema, trate de hacerle ver las actividades que ha
dejado de hacer por consumirlas y otras repercusiones que
estén afectando su vida. Asegúrese de que esté enterado
de los daños físicos y psicológicos que representan las dro-
gas que utiliza. Mantenga una posición clara y firme en con-
tra de su consumo y proporciónele argumentos lógicos que
refuercen su punto de vista. Hágale saber su apoyo y ofréz-
cale información sobre las posibilidades que tiene para tra-
tarse.
Cuando se trate de un consumo problemático, en el cual la
persona asuma que no puede controlarlo, ofrezca todo su apo-
yo para encontrar una atención profesional apropiada.
167
A
lgunos adultos incurren en conductas contradictorias
que, en ocasiones, se deben a la desinformación, a la ma-
nera como acostumbran relacionarse con otras personas, a la
escasa información acerca del daño que causa el uso de alcohol
y el tabaco, entre otras. Sin embargo, la prohibición puede de-
berse a que identifican las múltiples enfermedades que causan
este tipo de drogas y saben de la dificultad que implica abando-
narlas, así que no desean que sus hijos dañen su salud como ellos
lo han hecho.
En nuestra cultura hay acontecimientos sociales en los
que el alcohol y el tabaco forman parte importante del ri-
tual. Todo esto favorece que al interior de las familias y de la
comunidad se tolere más su consumo, a tal grado que el alco-
hol y el tabaco se consideran drogas de uso común que se con-
sumen desde edades tempranas.
Empezar a fumar siempre se asocia a la necesidad de pro-
yectar una imagen de éxito, de prestigio, “de hombre o mujer
de mundo”, entre otros falsos conceptos.
Ya que la nicotina es una droga fuertemente adictiva, el
consumo persiste y casi siempre va en aumento, el fumador
llega a considerar que el cigarro es un paliativo para ciertos
estados de ánimo, como estrés, angustia, preocupación, et-
cétera.
En cuanto al alcohol, la edad de inicio también es tem-
prana, y por ser una sustancia de uso recurrente u ocasional
en convivencias familiares y sociales, su consumo se ha expan-
dido. Al igual que el tabaco, el alcohol es una droga tolerada
tanto en el ámbito familiar, como social; ambas drogas son de
curso legal, es decir, que se venden libremente, con algunas res-
tricciones.
80. ¿Por qué mis padres me prohíben consumir alcohol
y tabaco, cuando ellos lo hacen?
168
En la actualidad se cuenta con mayor difusión acerca
de los daños que causan tanto el alcohol como el tabaco.
La responsabilidad de los padres de familia es que aunque
ellos lo consuman, adviertan a sus hij os de los daños a la
salud que ambas sustancias causan, además de lo difícil
que es dej ar el tabaquismo o rehabilitarse de un problema
del alcoholismo.
Es importante que aunque uno o ambos padres de fami-
lia fumen o beban, se establezcan reglas precisas respecto al
probable consumo por parte de los hijos, por ejemplo: si en
casa se va a organizar un convivio en el que se servirán bebi-
das alcohólicas y algunos de los invitados fuman, a los hijos,
en todo caso, debe permitírseles beber y fumar sólo modera-
damente, aclarándoles que estas sustancias se usarán con mo-
tivos festivos y que no deben aprovechar el permiso para abu-
sar, reiterándoles además que son drogas adictivas que causan
enfermedades a corto y largo plazo, y acarrean problemas
tanto individuales, como familiares y sociales.
S
i a un adolescente le preocupa el consumo de tabaco y/o al-
cohol de alguno de sus padres, él lo puede ayudar. Recuer-
de que cuando algún miembro de la familia abusa de las dro-
gas no es necesario ocultarlo; por el contrario, se sugiere estar
informado y actuar oportunamente ante este hecho. Es reco-
mendable buscar asesoría de un especialista para sensibilizar a
los familiares consumidores sobre las implicaciones, los riesgos
y los daños asociados al uso de estas drogas y presentarle dife-
rentes opciones terapéuticas con objeto de que juntos puedan
superar el problema.
81. ¿Qué puedo hacer para que mi madre o padre deje
de fumar y/o beber alcohol?
169
El tabaco y el alcohol son las drogas más usadas en Méxi-
co, que se vinculan estrechamente con diversas enfermeda-
des, muertes, accidentes, conflictos interpersonales y proble-
mas sociales.
Las investigaciones indican que el hecho de que exista
un integrante de la familia que consume tabaco, alcohol u
ot ras sust anci as t óxi cas, genera una seri e de f act ores
predisponentes para que otros miembros de la familia tam-
bién las consuman (sobre todo los más jóvenes), por ejem-
plo: la aceptación del consumo en el hogar, la disponibilidad
de sustancias, las opiniones favorables o imparciales hacia
las drogas y la baja representación del riesgo con respecto al
consumo.
Por lo anterior, cuando un padre o madre abusa de estas
sustancias, el hijo debe informarse para saber cómo actuar y de
qué manera puede ayudarlo. A continuación se presenta una
serie de consejos útiles en estos casos:
Motivar a otros familiares o amigos a que colaboren en la aten-
ción del familiar consumidor.
Reflexionar sobre la dinámica familiar, sus conflictos, senti-
mientos, aspiraciones, carencias, etcétera.
Analizar las situaciones y los elementos de riesgo que se aso-
cian frecuentemente al consumo de drogas.
Buscar el apoyo de un profesional o de una institución espe-
cializada en adicciones.
Sensibilizar al familiar consumidor sobre las desventajas,
daños y peligros asociados al consumo, destacando su pa-
pel como modelo positivo o negativo para que otros miem-
bros de la familia (sobre todo los más jóvenes) sigan su
ej emplo.
Señalar reiteradamente las ventajas que tiene para la familia,
el hecho de que el padre o la madre deje de consumir alcohol,
tabaco u otras drogas.
170
Recalcar el interés que se tiene para que el padre o la madre
superen sus problemas y demostrarles cariño.
Demostrar que cuenta con el apoyo de los hijos en todo lo
que tenga qué hacer para recuperar su salud.
Identificar las alternativas de tratamiento más acordes a las
necesidades, características y posibilidades del caso.
Asistir al tratamiento que seleccione el padre o la madre con
problemas de alcoholismo o tabaquismo.
Reconocer los logros que se vayan teniendo en el proceso:
desde la aceptación del problema, hasta la reducción del con-
sumo y la abstinencia.
Apoyar la práctica de hábitos, estilos de vida y ambientes sa-
ludables.
S
us programas de prevención se dividen en acciones de
información, orientación y capacitación, dirigidas a niños,
jóvenes y adultos. Aunque también incluyen acciones de tra-
tamiento y rehabilitación:
Las acciones que realiza CIJ tienen como objetivo sensibili-
zar a la población general acerca del problema de las adicciones,
sus daños, formas de prevención, etcétera y consisten en:
Información y sensibilización a través de los medios masi-
vos.
Sesiones de información, cursos y talleres de orientación y
capacitación a diversos grupos de población.
Acciones de movilización social, como eventos, foros y or-
ganización de grupos de voluntarios.
Campañas para que disminuya la disponibilidad de drogas.
82. ¿Qué programas de prevención ofrece Centros de
Integración Juvenil?
Coordinación con diversas instituciones (educativas, salud, go-
bierno, etcétera).
Promoción para el desarrollo de una cultura de salud en las
comunidades.
Hay personas que aun cuando no consumen drogas, sus condi-
ciones individuales, familiares o sociales, las exponen a ello. En
este sentido, se realizan también acciones para población con al-
tos niveles riesgo y/o vulnerable ante el consumo de drogas, así
como para los usuarios experimentadores y/o de nivel bajo. Estas
acciones tratan de detectar casos que presentan riesgos, vulne-
rabilidad o de inicio en el consumo de drogas, para enviarlos a
tratamiento lo más pronto posible, entre ellas se cuentan:
Detección oportuna y derivación de casos.
Intervenciones específicas con grupos de muy alto riesgo.
Seguimiento en el tiempo.
Capacitación al equipo de salud.
Consejo breve.
El programa de CIJ incluye acciones de tratamiento para lograr
interrumpir el consumo, reducir los daños y los riesgos; asimis-
mo, acciones de rehabilitación, que incluyen:
Desintoxicación y manejo del síndrome de abstinencia.
Manejo de la dependencia química.
Manejo de la situación familiar.
Prevención de recaídas.
Tratamiento de la comorbilidad física y psiquiátrica asociada.
Reinserción laboral.
Reinserción social.
Identificación y uso de redes de apoyo.
Empleo y administración del tiempo libre.
Escolarización.
172
CAPÍTULO V
CÓMO ATENDER EL PROBLEMA DE DROGAS
173
CÓMO ATENDER EL PROBLEMA DE DROGAS
S
í. Sin embargo, es indispensable que una persona adicta o que
abusa de las drogas tenga al menos un mínimo deseo de sa-
lir de su problema, ya que de otra forma son pocas las posibili-
dades de recuperación. Aun así, el apoyo de familiares y amigos
es de gran utilidad para iniciar el tratamiento.
Se ha visto que algunas personas pueden salir por sí mismas
de un problema de consumo de drogas gracias a una fuerte mo-
tivación o a la influencia de otros. Desafortunadamente, no ocu-
rre así con la mayoría, por lo que necesitan de ayuda especializa-
da para superar su adicción.
Los adictos tienen diferentes grados de motivación para asis-
tir al tratamiento; esto depende del deseo de cambiar, situación
que no es fácil, considerando que el consumo de sustancias trae
consigo experiencias placenteras o necesidad de usarlas para evi-
tar efectos desagradables.
Esta motivación puede no aparecer, y cuando el sujeto no
admite que tiene un problema y que necesita tratamiento, nos en-
contramos con un proceso al que se le llama negación. En cam-
bio, otros usuarios de drogas pueden identificar su problema,
sin tener la intención de cambiar; en este caso, las personas pue-
den asistir presionadas por familiares, amigos, compañeros de
trabajo o patrones, pero no convencidas. Por ello estos sujetos
muchas veces abandonan el tratamiento rápidamente, aunque
siempre es útil insistir, ya que algunos logran “engancharse” para
continuar en un tratamiento y ayudarse a salir adelante.
Existe una segunda fase durante la cual la persona se encuen-
tra más motivada; reconoce que tiene un problema con las dro-
83. ¿Se puede motivar a alguien que consume drogas
para que acuda a tratamiento?
175
gas, pese a que no ha hecho nada para dejar de consumir. Para
este tipo de pacientes el consejo puede ser muy útil, siempre y
cuando no se les critique o presione para que asistan al trata-
miento. Vale la pena buscar la ayuda de profesionales en
adicciones, con la finalidad de ayudarlos a entender la importan-
cia de dejar de consumir. En ocasiones, con una breve consulta
se pueden reconocer los beneficios del tratamiento o del cambio
en la forma como se usan las drogas o el alcohol.
Otros sujetos pueden haber hecho intentos sin haber logra-
do dejar de consumir. Algunos han estado en tratamiento en gru-
pos de ayuda mutua, con profesionales, por medio de medica-
mentos o han “jurado”; sin embargo, tarde o temprano vuelven
a consumir. Al igual que en los casos anteriores, los consejos de
la familia, los amigos, la escuela o los patrones pueden ser útiles.
De todas formas se considera que estas personas se están prepa-
rando para, en cualquier momento, tomar la decisión de entrar a
un tratamiento, por lo que en ellos, más que en nadie, las reco-
mendaciones, el apoyo y los consejos de otros resultan muy im-
portantes
Un cuarto grupo de personas han permanecido periodos lar-
gos sin consumir alcohol o drogas y tienen la intención de conti-
nuar; aunque hayan recaído, se mantienen más firmes en su de-
seo de no consumir. Claro que en ellos la motivación es mayor,
por lo que la ayuda y consejos externos siempre facilitan y apo-
yan de nuevo el tratamiento.
En el “nivel” más “avanzado” están las personas que han esta-
do años sin beber o drogarse y que han encontrado un estilo de
vida completamente diferente que les permite vivir sin alcohol o dro-
gas. Ellos tienen una gran motivación para continuar así y ayudar
a otras personas en el camino de su recuperación, por lo que par-
ticipan en acciones en su comunidad para la prevención del uso
de drogas y dando consejo a quienes necesitan tratamiento.
El logro de este “nivel” puede tardar años, con un trabajo
intenso de tratamiento. Sin embargo, los estados o niveles de
176
motivación no son permanentes, por lo que una persona que ha
alcanzado un nivel superior puede bajar a uno inferior después
de recaer, pero luego subir a otro más avanzado y permanecer
un largo tiempo en abstinencia.
En general, siempre hay una persona en quien el consu-
midor puede confiar, que le merece respeto; puede tratarse
de un familiar, un amigo cercano, un médico, un maestro o un
sacerdote. Por esto, es muy importante recurrir a la persona
indicada, que tenga mayor influencia en el individuo con una adic-
ción y favorecer el inicio de un tratamiento.
E
l tratamiento del adicto depende de la droga o drogas de
uso, de lo avanzado del problema y de las complicacio-
nes tanto médicas como psiquiátricas que existan. General-
mente, el tratamiento se torna más difícil mientras mayor
tiempo haya pasado desde que comenzó el consumo, y si ha
usado varias drogas y el adicto no acepta el tratamiento.
El tratamiento se inicia con un buen diagnóstico, es de-
cir, el conocimiento de la historia de la adicción y del estado
actual de la persona, las causas y la situación en la que inició el
consumo, así como las alteraciones que las drogas han pro-
ducido a lo largo del tiempo y lo que el paciente espera del
tratamiento.
Los tratamientos pueden llevarse a cabo en forma externa
con la participación del paciente durante algunas horas del día o
por un tiempo más o menos prolongado, en lugares donde el
sujeto está internado. Esto no sólo depende de la voluntad de la
persona, sino de la gravedad del caso, por lo que es importante
la opinión de los especialistas en cuanto a la necesidad de perma-
84. ¿Cómo es el tratamiento para las personas adic-
tas?
177
necer en internamiento o en consulta externa. Todos los tra-
tamientos de internamiento deben ser voluntarios, a menos
de que exista una situación que ponga en peligro la vida del
paciente o la de otros. La familia y el adicto deben investigar
sobre los establecimientos tanto privados, públicos y de asis-
tencia social, como las características del tratamiento, la du-
ración y los costos. Hay teléfonos de información a través de
los cuales se puede entrar en contacto con esas organizacio-
nes para resolver cualquier duda al respecto. La duración del
tratamiento es variable: Algunas terapias psicológicas no du-
ran más de 12 ó 16 consultas, mientras que otras se prolon-
gan por meses o años.
El precio del tratamiento varía desde los muy económicos
hasta los muy costosos, estos últimos son privados. Aunque al-
gunos adictos reciben una sola clase de tratamiento, la mayoría
necesita más de una forma de tratamiento a la vez; por ejem-
plo, si se tienen graves problemas familiares, de salud y psico-
lógicos, una sola persona podría tratarse con terapia familiar,
apoyada por medio de medicamentos y terapias psicológicas,
todo al mismo tiempo.
Tratamientos psicológicos. Son aquél l os que tratan
de modificar la conducta por medio del uso de técnicas
especiales impartidas por una profesional entrenada y con expe-
riencia, por lo general un psicólogo. También se les llama
psicoterapias, y éstas pueden ser de tipo individual, cuando
un terapeuta trabaja sólo con el paciente; de grupo, cuando parti-
cipan más de dos pacientes; de familia; de pareja, etcétera.
Para que las terapias psicológicas funcionen, se requiere del
compromiso y la participación del paciente y de su deseo
de cambio. Las terapias psicológicas intentan modificar la
adicción a través de consejos, sugerencias, ejercicios, o aná-
lisis de las causas que precipitan el consumo. Con algunos
pacientes los terapeutas trabajan por años con la finalidad
de lograr que el consumo de drogas no reaparezca; otros
178
más pueden permanecer por espacios de tiempo largo sin usar
sustancias, y por tanto requerir de terapias psicológicas de for-
ma más espaciada.
Tratamientos basados en la fe. Se fundamentan en la creen-
cia de un poder o ser superior, en quien se deposita la posibili-
dad de ayudar para que el paciente logre la abstinencia. Casi
todas las religiones aceptan la posibilidad de que sus seguido-
res padezcan una adicción. En la religión católica la forma más
común es “la jura” o juramento, que consiste en que la persona
promete a Dios o la Virgen no hacer uso de drogas por un pe-
riodo determinado; el juramento es firmado por la persona en
presencia de un sacerdote: Se ha visto que la “jura” funciona
en los individuos que ya la han probado, o en aquéllos que tie-
nen una gran fe. En otras religiones se recurre a la oración, a la
meditación y a la toma de pócimas que ayudan a “limpiar” el
alma del adicto.
Grupos de autoayuda. Son grupos de personas que compar-
ten el mismo problema; se reúnen para entender su problemáti-
ca, apoyarse mutuamente, tratar de generar un cambio y mante-
nerse sin consumir drogas. Los grupos de ayuda mutua no sólo
se dirigen a tratar a adictos, sino que abarcan una gran variedad
de asuntos médicos y psicológicos; por ejemplo, problemas de la
alimentación, padres golpeadores, personas con enfermedades
graves, personas que han perdido a sus hijos, etcétera. Muchos
de los grupos de ayuda mutua basan sus principios en el movi-
miento de los grupos de Alcohólicos Anónimos, originado en
Estados Unidos y ahora disperso por todo el mundo. Su trabajo
se sustenta en una serie de doce pasos que comienzan por el
reconocimiento de la adicción y la imposibilidad de hacer algo
por sí solo para cambiar, y que terminan con la ayuda a otras per-
sonas adictas. Los grupos originalmente sólo tenían sesiones ex-
ternas, pero han surgido movimientos en los cuales durante perio-
dos que van de tres a seis meses o más, la persona permanece
internada, mientras recibe lo que se denomina terapia intensiva,
179
que es una forma de tratamiento consistente en participar en
sesiones varias veces al día. Las terapias a base de grupos de auto-
ayuda son las formas de tratamiento más diseminadas en Méxi-
co; su calidad y eficacia varían, pero, en general, los que recu-
rren al internamiento voluntario y se asesoran de médicos y
psicólogos obtienen mejores resultados.
Medicamentos. Hoy día se dispone de una variedad de me-
dicamentos para tratar las adicciones o sus consecuencias, médi-
cas y psiquiátricas. Los principales medicamentos se usan para
tratar la intoxicación causada por drogas y que la sustancia con-
sumida no ponga en peligro la vida del usuario; en otros casos,
los medicamentos se usan para el tratamiento de los efectos
que se presentan cuando el adicto deja la droga, situación en
la que se experimenta una serie de efectos desagradables. Esto
último ocurre frecuentemente en los usuarios de heroína, u otras
sustancias derivadas del opio, que cuando se abandona produce
trastornos muy intensos. Lo mismo ocurre con las personas
que usan alcohol y depresores del sistema nervioso como los tranqui-
lizantes, en quienes es importante el tratamiento médico, ya que la
falta de estas drogas puede poner en peligro la vida
Tratamientos sustitutivos. Especialmente en la adicción a la
heroína y a la nicotina, algunas personas necesitan recibir sustan-
cias similares a las que consumían, pero sin sus riesgos: por ejem-
plo los consumidores de heroína que se inyectan la droga por las
venas a menudo contraen y contagian a otros graves enfermeda-
des como la hepatitis y el sida, todo ello como consecuencia de
compartir con otros adictos las jeringas usadas.
Los fármacos para prevenir las recaídas, sobre todo en el caso
del alcoholismo y el consumo de drogas derivadas del opio, son de
gran utilidad y algunos medicamentos como la naltrexona (Revia)
hacen que el deseo por las sustancias y el alcohol disminuya o des-
aparezca, facilitando que el paciente se mantenga en abstinencia.
En los últimos años se trabaja en el diseño de medicamen-
tos a base de anticuerpos, es decir proteínas que se unen a pe-
180
queñísimas porciones de drogas como la cocaína, e impiden su
efecto tóxico; esas sustancias aún no se encuentran disponi-
bles y probablemente pasarán varios años para que pueda defi-
nirse si son o no útiles en el tratamiento de la intoxicación por
cocaína.
También se cuenta con medicamentos para el tratamiento
de la depresión, la ansiedad y de otros problemas emocionales
que con mucha frecuencia se presentan en la persona adicta.
Es importante considerar que las personas adictas que to-
man medicamentos indicados y controlados por un médico, no
tienen riesgo de desarrollar otra adicción; por ello, los medica-
mentos no deben ser interrumpidos a menos de que lo indique
el propio médico.
E
n ocasiones, sí. A veces el internamiento de las personas
que padecen un problema de abuso o adicción permite
alejarlas temporalmente del ambiente donde se ha desarro-
llado su adicción.
El internamiento se plantea cuando el sujeto no puede con-
trolar el uso de sustancias, y también cuando se presenta una
situación que pone en peligro su salud o integridad física y o mental,
o la de otras personas. Sólo una tercera parte de los adictos nece-
sitan tratarse en internamiento, el resto puede acudir a la con-
sulta externa, siempre y cuando cumpla apropiadamente con el
tratamiento.
Ni el internamiento, ni las demás formas de tratamiento,
“garantizan” el éxito de una terapia. Desafortunadamente, con
mucha frecuencia la familia considera que la única manera de
controlar la conducta del paciente es internándolo para que “en-
85. ¿Es necesario el internamiento para una persona
que está en tratamiento?
181
tienda” su problema y cambie. Obviamente este sistema no
opera sí, ya que no todos los adictos necesitan este tipo de
abordajes; tampoco el entendimiento de la adicción se da ne-
cesariamente con una situación de internamiento y mucho
menos este tipo de enfoque debe ser considerado como un
castigo o una forma de separar “a la manzana podrida”, ya que
la intención del internamiento es dar a la persona aquello que no
puede obtener de su medio familiar o en su comunidad, y fa-
cilitar así su recuperación.
La duración del internamiento es variable; en México, por
lo general, va de uno a tres meses y rara vez supera los seis. En
países, como Estados Unidos, algunas comunidades terapéu-
ticas consisten en programas de hasta cinco o más años de
duración.
El internamiento debe llevarse a cabo de común acuerdo
entre el paciente, la familia y los terapeutas; para la selección
del lugar deberán considerarse aspectos tales como el respeto
a los derechos humanos, que cuenten con servicios médicos,
etcétera.
D
e diferentes formas, aunque hay algunos principios bá-
sicos que, en todo caso, deben considerarse para favorecer
una ayuda más efectiva.
Debemos recordar que el tema de las adicciones aún repre-
senta una situación socialmente rechazada; por ello, la mayor
parte de los usuarios de drogas sólo comparten sus experiencias
con otros consumidores, y las actividades relacionadas con el uso
de alcohol, tabaco y especialmente con drogas ilegales, se llevan
a cabo a ocultas. Sin embargo, cuando el consumo de drogas se
86. ¿Cómo puedo ayudar a un amigo o familiar que se
droga para que acuda a tratamiento?
182
hace evidente, ya sea en la escuela, en la familia o en otras circuns-
tancias, vale la pena aprovechar el momento para ofrecer al con-
sumidor alternativas de ayuda. Un momento apropiado es cuando
aparecen crisis o problemas derivados del consumo, ya que en esa
situación, el afectado no está en posibilidades inmediatas para
resolver sus problemas.
A veces el simple acto de escuchar, ayuda mucho a ali-
viar sentimientos y emociones que el adicto no ha podido
expresar. Cuando alguien comenta su problema es porque
necesita que se le escuche: por eso, se debe actuar con respeto
y atención.
Generalmente, las personas adictas no reconocen su consu-
mo ni su problema, por ello es común que no expresen la nece-
sidad de acudir a tratamiento. No es sino hasta que se les presen-
tan problemas en los diversos ámbitos de su vida, que el tema
se abre, o más aún, cuando se sienten presionados por familia-
res, patrones o amigos.
A continuación se brindan algunas sugerencias útiles para
ayudar con efectividad a que una persona acuda a tratamiento:
1. No confrontar. Esto significa no discutir ni enfrentar directa-
mente al paciente con su problemática; tampoco se le debe
criticar o censurar acerca de su consumo, ya que esto en mu-
chas ocasiones sólo produce que la persona aumente su re-
nuencia a asistir al tratamiento. Quien desea ayudar debe ser
claro sobre lo que piensa acerca del problema y la necesidad
de tratamiento, ya que a veces las personas escuchan sin opi-
nar ni dar alternativas al uso de drogas.
2. No hacerlo sentir culpable. En ocasiones los amigos o familia-
res hacen parecer que todos los problemas de la familia, del
salón de clases o del trabajo se deben a una persona adicta. Se
debe ser razonable al analizar la situación del consumidor, ya
que el achacarle culpas al adicto sólo puede aumentar su re-
sistencia al tratamiento.
183
3. No permitir que el consumo continúe, ni solapar conductas de
consumo. Por ejemplo, dar dinero a sabiendas de que la perso-
na lo empleará para comprar sustancias. Tampoco es útil pre-
tender que nada ocurre y que todo en “la casa es normal”,
que el problema es pasajero y que la persona dejará de usar
drogas tarde o temprano.
4. No agredir. La adicción o el uso de drogas hace a la familia
reaccionar de diferentes formas, una de ellas es la agresión como
efecto del enojo o la frustración ante el problema. La agresión
puede ser de palabra, por medio de insultos y amenazas o me-
diante la fuerza o los golpes. En casos extremos, se sabe de fa-
milias que han llegado a sujetar o amarrar al adicto durante
varios días con la finalidad de impedir que el consumo conti-
núe. En uno y otro casos, estas conductas van en contra de los
derechos humanos de toda persona y no deben emplearse como
forma de presión para que el adicto acuda a tratamiento.
Se debe hacer ver al usuario que no se está de acuerdo con su con-
ducta, pero que si lo desea, está usted dispuesto a apoyarlo. Se pue-
de ayudar a la persona a conseguir alternativas para el tratamiento
por medio de direcciones, teléfonos, y si es posible acompañarlo a la
consulta y apoyar su iniciativa de continuar con el tratamiento.
S
í. Para ello deben crearse las condiciones para su reinserción
social y familiar, es decir, el proceso de rehabilitación es posi-
ble con la integración a las actividades y a los grupos más impor-
tantes para la persona.
Para que se dé una integración social es importante que se
proporcionen las facilidades para que la persona rehabilitada
87. ¿Puede una persona rehabilitada integrarse por
completo a una vida normal?
184
cuente tanto con un trabajo remunerado, como con actividades
de esparcimiento que fomenten su desarrollo personal. El tra-
bajo resulta un componente fundamental, no sólo por su senti-
do remunerativo, sino porque implica una ocupación, ya sea una
actividad física y/o intelectual que favorezca la salud mental.
Otro de los puntos importantes para la reintegración, es el apo-
yo social que tiene que ver con formar parte de grupos en los que
los vínculos afectivos sirvan de sostén para la persona rehabilita-
da; esto es, que se sientan parte de o pertenecientes a algo. De aquí
la importancia de integrarse a grupos de ayuda mutua, en los que
intercambien opiniones con personas que tienen o tuvieron ex-
periencias similares. En estos grupos, cada uno de los participan-
tes es escuchado y tomado en cuenta, hay confidencialidad y se
crea un clima de confianza.
La reintegración a la familia es de suma importancia, ya
que favorece o limita la rehabilitación de su adicto o adictos,
por lo que es necesario que la familia tenga presente la fun-
ción que le corresponde y la responsabilidad que tiene que
asumir cuando uno de sus miembros está en proceso de reha-
bilitación. Las dificultades no resueltas y no habladas en el
grupo familiar tienen que ser atendidas por la misma familia
o por un profesional. Cuando existe una fractura en la expre-
sión de afectos (como la falta de manifestaciones de amor ha-
cia los hijos), es necesario empezar a hablar cosas que van desde
lo más simple hasta lo más complejo, por ejemplo: dar las gra-
cias porque sirvió la comida, o felicitarlo con un abrazo por
obtener una buena calificación.
S
í. Es muy importante el papel de la familia en la rehabilita-
ción de la persona que sufre una adicción, ya que puede co-
88. ¿La familia tiene algún papel en la rehabilitación?
185
laborar positivamente o influir de forma negativa en el desarro-
llo de la adicción y en el tratamiento.
Una actitud de apoyo y comprensión por parte de los fami-
liares es siempre importante; sin embargo, no debe tolerarse el
consumo de sustancias ni dentro ni fuera del hogar. En ocasio-
nes, ni la misma familia tiene clara su actitud frente a la adic-
ción, considerando al adicto como un vicioso, más que como un
enfermo, no sabe qué hacer y cree que la única alternativa es
dejarlo continuar para “ver” si algún día recapacita. Otros, por
su parte, creen que internándolo en una institución todo mejo-
rará, debido a que sólo el adicto es responsable de su problema.
Siempre es conveniente que los miembros de la familia se re-
únan y comenten lo que cada uno espera y cómo pueden cola-
borar. Toda la familia debe informarse de las diferentes formas
de tratamiento y de cómo, aun sin que el adicto asista a trata-
miento, la familia puede colaborar para que las cosas mejoren.
S
í. Cuando se detecte un problema de abuso o dependencia
a las drogas, es recomendable que la familia asista a solicitar
información. Esto le permite conocer las características de la adic-
ción, pero, sobre todo, las conductas más apropiadas por seguir
y las actitudes que no deben manifestarse.
Lo anterior ayuda a cambiar actitudes y conductas, lo que
algunas veces es suficiente para modificar el patrón de com-
portamiento del consumidor. Por ejemplo, en muchas ocasio-
nes, el uso de drogas en los adolescentes es consecuencia de
que no se les ha tomado en cuenta, no han sido escuchados o
se sienten incomprendidos.
89. ¿Si una persona adicta a las drogas se niega a acu-
dir a tratamiento, es recomendable que lo haga la fa-
milia?
186
En otras ocasiones, la familia tiene tantos problemas y ten-
siones que la comunicación se vuelve deficiente; se dan casos de
familiares que dejan de hablarse por meses y hasta por años, lo
que vuelve agresivo el diálogo entre los familiares.
Un ambiente familiar sin estructura, horarios, rutinas y
límites respecto a lo que se debe o no hacer, induce a la per-
sona a una vida caótica y desorganizada que posteriormente
reproduce en su vida diaria. En las familias de los adictos se pre-
sentan quejas sobre las conductas de algunos de sus miem-
bros, por ejemplo: “Mi hijo llega muy tarde; no me obedece,
etcétera”. Aunque la mayoría de las veces las familias pasan
por alto esas conductas, o sea que aparecen sólo como especta-
doras; es típico ver a un padre que no muestra ningún interés
por el problema, y si interviene lo hace con golpes o malos tra-
tos, o una madre que se pasa la noche en vela esperando al
hijo. Pero, por el contrario, se han visto muchos cambios po-
sitivos cuando los familiares del adicto deciden modificar las
pautas de conducta de las que quizás hasta ese momento no
se habían percatado y que en vez de ayudar, sólo mantienen
la adicción de la persona.
A veces, el plantear un cambio de valores o el fortalecimien-
to de otros, tiene un efecto positivo en la adicción. Por ejemplo:
En muchas comunidades los valores se basan en el machismo,
en la agresividad o la intolerancia; por ello, también se puede
pensar que el consumir alcohol o drogas, en los varones es algo
“natural”, por lo que el uso de alcohol y tabaco se ve como un
hecho normal y no representa motivo de preocupación. Sin em-
bargo, hoy se sabe que alcohol y tabaco son precisamente “la
puerta de entrada” para el consumo de otras drogas. Asimismo,
la actitud del adicto en relación con los valores está un tanto de-
terminada por la familia. Cuando la familia carece de valores,
como el respeto a la salud, la vida, la integridad y los derechos
de otras personas, es más probable que se originen problemas de
salud mental.
187
E
l tratamiento es para personas que consumen alcohol, taba-
co y otras drogas. Se da individualmente y tambien a los fami-
liares de los pacientes y es totalmente confidencial. La atención la
brinda personal especializado, como médicos, psicólogos, psi-
quiatras y trabajadores sociales. Los costos del tratamiento se fijan
de acuerdo con un estudio socioeconómico que se le realiza al
paciente o a la familia.
El tratamiento que ofrece Centros de Integración Juvenil está
a disposición de la comunidad en general. El objetivo principal es
que el paciente reduzca o suspenda el uso de drogas, además de
identificar los padecimientos asociados o que son consecuencia
del consumo. Igualmente, se conocen y tratan las distintas formas
en que se relacionan los pacientes con otros integrantes de la fa-
milia y viceversa, ya que algunas situaciones pueden estar favore-
ciendo el que alguno de sus miembros consuma drogas.
Para iniciar el tratamiento, se deben cumplir algunos pasos:
1. Que el servicio de atención lo solicite el paciente y/o su familia.
2. Se inicia una fase diagnóstica, en la que el personal médico
entrevista al paciente y/o a la familia.
Entrevista inicial, que sirve para recabar información, como
datos personales, características del consumo de drogas, fre-
cuencia, tipo de droga, cuándo comenzó el consumo y cómo
se integra la familia, etcétera.
Estudio social. Durante esta entrevista se identifican las
condiciones sociales, económicas, laborales, familiares, etcé-
tera, que permiten conocer aspectos que inducen a la per-
sona al consumo de drogas; asimismo, se determina la
cuota que se le cobrará por cada sesión al paciente y/o a su
familia.
90. ¿Cómo es el tratamiento que ofrece Centros de In-
tegración Juvenil?
188
Examen físico. Es una valoración médica del estado de sa-
lud físico y mental del paciente.
Historia clínica. Es una evaluación psicológica del paciente.
Al concluir esta fase ya se cuenta con un diagnóstico del pacien-
te y/o familia, a fin de derivarlo al tipo de terapia más adecuado
según su caso. Al respecto, debe considerarse que cada adicto tiene
particularidades especiales.
3. Tratamiento y rehabilitación. En esta fase se trata al pacien-
te y su familia con diferentes modalidades terapéuticas.
Entre ellas:
Terapia individual. Con esta forma de tratamiento se pre-
tende que el paciente resuelva los conflictos que lo hacen
que consuma drogas. Que el paciente se “quiera más y se
valore”, es decir, que cuente con más posibilidades de en-
frentar momentos de frustración, enojo, o bien, presión
de los amigos para que consuma.
Terapia familiar. Su objetivo es que cada uno de los in-
tegrantes de la familia del adicto aprenda formas sanas
de relación.
Terapia grupal. En este tratamiento los pacientes compar-
ten sus problemas con otros que están en su misma situa-
ción con lo que evitan sentirse solos o aislados, además
de que les facilita encontrar alternativas de solución du-
rante los momentos críticos, todo ello con el propósito de
modificar sus valores sobre consumo de drogas.
Terapia familiar múltiple (grupo de padres). La inten-
ción de esta modalidad de tratamiento es que los pa-
dres de familia de algunos pacientes participen para
identificar las relaciones familiares inadecuadas que
favorecen la adicción de alguno de sus miembros Esta
terapia ayuda también a que las familias entiendan el
consumo de drogas como un problema cuyo origen es
189
muy complejo; a buscar una forma más sana de relación
intrafamiliar.
Acupuntura (auriculoterapia). Se utiliza como terapia de
apoyo en pacientes consumidores para reducir los sínto-
mas ocasionados por la suspensión brusca de la droga, a
fin de evitar o disminuir la ansiedad y, por consiguiente,
la necesidad de conseguir y consumir más drogas. Este tra-
tamiento consiste en colocar, por algunos minutos, agu-
jas especiales en ciertos puntos de las orejas. Las sesiones
de acupuntura complementan el tratamiento psicológico
más adecuado para el paciente.
El tratamiento se ofrece en los Centros de Integración Juvenil
ubicados en la república mexicana. Para pacientes con característi-
cas especiales de consumo, la institución cuenta, además, con
dos Unidades de Consulta Externa Especializada en el Distrito
Federal, una en Tijuana y una más en Guadalajara, así como con
tres unidades de Internamiento en Jalisco, Monterrey y Tijuana
y una clínica de Metadona en Cd. Juárez .
L
a drogadicción es un padecimiento crónico, por ello más
que de “cura” se habla de rehabilitación. El tiempo pro-
medio de tratamiento varía de tres meses a un año; sin em-
bargo, las características del adicto, el tipo de sustancia y el
tiempo que tiene consumiendo, influyen en el proceso de trata-
miento. Por ejemplo, si la droga de uso y abuso es la heroína,
el tratamiento requiere de apoyo con medicamentos que
mantengan al paciente más “tranquilo”, después de suspen-
der el consumo poco a poco, por lo que la duración del trata-
91. ¿Es curable la drogadicción? y ¿cuánto tiempo tar-
da su tratamiento y rehabilitación?
190
miento y la rehabilitación pueden ser a más largo plazo. Debe
considerarse que estos pacientes son susceptibles de recaer en cual-
quier momento, por lo que requieren de una atención terapéuti-
ca constante o supervisada.
También hay que tomar en cuenta que el paciente debe
recuperarse no sólo de la adicción a las drogas, sino, además
atender los daños a la salud causados como consecuencia del
consumo.
El tratamiento debe adecuarse a las necesidades y expec-
tativas del paciente y su familia, considerando que no es “má-
gi co”, si no que requi ere de ti empo y constanci a de l os
involucrados, por lo que no hay que esperar que el consumo
cese de un día para otro.
N
o. Los anexos trabajan con grupos de autoayuda como Nar-
cóticos Anónimos y Alcohólicos Anónimos, que general-
mente dirigen los mismos adictos, a partir de platicar sus ex-
periencias a los otros adictos (testimonios). En las granjas se
requiere de una estancia de al menos tres meses; se atiende a los
pacientes a través de la crítica y autocrítica de su adicción y, en
muchos casos, se inculca la culpa por el daño psicológico o físico
que se ocasiona a sus familiares.
Las comunidades terapéuticas pueden ser lugares de estan-
cia corta donde los pacientes cuentan con distintas modalidades
de tratamiento, por ejemplo: terapia de grupo (entre pacientes)
o terapia individual. En las clínicas de tratamiento, la atención
integral del paciente y su familia la proporcionan especialistas
en este tipo de pacientes: médicos, psiquiatras, psicólogos y tra-
bajadores sociales.
92. ¿Es lo mismo una “granja”, un anexo o una clínica,
para el tratamiento?
191
Existen normas y reglamentos que marcan las condicio-
nes indispensables con las que debe contar un establecimien-
to para dar tratamiento a las personas consumidoras de dro-
gas, alcohol y tabaco. Las distintas modalidades que se ofrecen
están disponibles para la población, acordes a las necesidades
de las personas que lo requieran.
Las “granjas” son lugares que ofrecen como alternativa el
“internamiento” de los drogadictos por un periodo no menor
de tres meses. El tipo de tratamiento es en “tribuna”, es decir,
las personas platican ante el grupo sus experiencias, proble-
mas y la razón por la cual están en tratamiento. Son grupos de
autoayuda, en los que se critica y se da un significado al con-
sumo y al daño que se hacen como personas. En algunos luga-
res se siguen los 12 pasos que maneja Alcohólicos Anónimos.
Un alto porcentaje de estos lugares no cuenta con valoración
médica.
Las comunidades terapéuticas son grupos que regularmen-
te no utilizan la atención médica para manejar los síntomas que tie-
nen los pacientes al momento de suspender repentinamente el
consumo de la droga. En éstas se trabaja fundamentalmente en
grupo; los pacientes ven que su problemática no es única, pues
otras personas atraviesan por una historia similar. Lo primor-
dial en la atención es la terapia de grupo, aunque también la
familiar es de gran importancia.
Las clínicas especializadas deben contar con un apoyo médi-
co, psiquiátrico y psicológico. En una primera instancia se debe
desintoxicar al paciente y, posteriormente, someterlo a un pro-
grama de rehabilitación. La desintoxicación permite manejar el
síndrome de abstinencia; debe ser, por lo tanto, guiada y contro-
lada por un médico o psiquiatra, y efectuada en una clínica u
hospital, nunca de forma ambulatoria. La abstinencia a las sus-
tancias de consumo es la parte primordial para que la psicotera-
pia tenga efecto. Además, permite conocer al paciente sin los efec-
tos de la sustancia ingerida, inyectada o inhalada.
192
N
o. Es fundamental que un paciente en fase de dependencia
reciba apoyo terapéutico o de grupos de autoayuda para
que logre dejar las drogas. Generalmente, las personas pien-
san que el uso y abuso de sustancias es un vicio y no una enfer-
medad, por lo que se requiere que el paciente tenga un proce-
so de aceptación y reconocimiento de su adicción, a fin de
iniciar un cambio de conducta con respecto a su consumo.
Un alto porcentaje de personas no consigue esto por sí mis-
mas. Para algunos individuos es útil incorporarse a grupos
como Alcohólicos Anónimos, Drogadictos Anónimos y, en al-
gunos casos, se logra la suspensión del consumo a través de
juramentos religiosos. El éxito de un tratamiento radica en la
voluntad y la participación del paciente.
La drogadicción es una enfermedad en la que la persona se
va acostumbrando poco a poco al uso y los efectos de las drogas.
El inicio en el consumo de sustancias, como el alcohol, el tabaco
y otras, se da por muchas razones, por ejemplo: que alguno de
los padres o hermanos mayores consuman alcohol; frecuentar
amistades que usan drogas; no tener interés por la escuela, etcé-
tera. Esto se suma a la “curiosidad” por conocer los efectos de
alguna sustancia, o bien el sentirse importantes o de mayor edad;
la presión de los amigos para probarlas, entre otros factores, fa-
vorece que los jóvenes las usen alguna vez.
Un alto porcentaje de los individuos que prueban drogas lo
hacen sólo una o dos veces en su vida, y se considera que son
usuarios “experimentales”. Si el uso de sustancias se hace de
manera más frecuente o esporádico, se dice que son usuarios
“sociales”. Puede decirse que en este consumo existe una necesi-
dad psicológica para usar las drogas, por lo que una interven-
ción terapéutica (tratamiento) es más exitosa, dado que el orga-
93. ¿Puede una persona adicta dejar las drogas sin acu-
dir a tratamiento?
193
nismo trabaja normalmente sin el efecto de la droga, por ejem-
plo: “Yo fumo para relajarme”, cuando el efecto del cigarro es
estimulante, es decir, acelera las funciones orgánicas.
Si las sustancias se consumen con más frecuencia o en
mayores cantidades, el organismo se acostumbra a los efec-
tos de éstas, lo que ocasiona que “proteste” cuando la per-
sona deja de consumir, pidiendo la administración de esa
droga; de lo contrario, se pueden presentar varios síntomas
que prácticamente la “obligan” a conseguirla para adminis-
trársela.
Por lo anterior, las posibilidades de tener éxito y dejar la adic-
ción con o sin tratamiento dependen, en gran medida, de la fase
de consumo en que se encuentre la persona. Si está en fase “ex-
perimental” o “social” es más fácil que pueda abandonarla, siem-
pre y cuando tenga la convicción de no continuar usándola, por-
que la dependencia o necesidad de la droga es principalmente
psicológica. Aquí resulta importante que los padres reconozcan
ciertos cambios en la conducta de los hijos que pudieran favore-
cer una identificación oportuna del posible uso, es decir, que no
haya pasado mucho tiempo.
S
í. Escuchar las causas que tuvo una persona para consumir
determinada droga puede resultar como “ejemplo” para no
pasar por la misma situación; sin embargo, para otras personas
que están en mayor riesgo puede funcionarles como un “pretex-
to” o justificación para consumir algunas sustancias.
Es importante considerar que los testimonios de algunas per-
sonas exadictas pueden ser útiles a los padres de familia para
94. ¿Escuchar testimonios de personas exadictas al
alcohol u otras drogas puede ayudar a prevenir las
adicciones?
194
identificar algunas situaciones que pueden poner en riesgo a
sus hijos, por ejemplo: “La experiencia de un adicto que fue
objeto de “golpizas” durante la infancia por parte de su padre cada
vez que este último llegaba a su casa muy borracho, golpes que
le dejaban marcas en el cuerpo; aunado al poco apoyo de la
madre para defenderlo; además, tuvo que salirse de la escuela por-
que reprobó el año y permanecía mucho tiempo en la calle con
los amigos, hasta el momento en que probó la droga y le causó
problemas legales, con la familia, a su salud y demás”. Este tipo de
recuentos de una persona en recuperación puede dar idea a los
padres de lo que no deben hacer con sus hijos para evitar que
se droguen.
E
n los tratamientos se intenta que el paciente rompa con una
actitud de autodestrucción y se habilite para reincorporarse
a las actividades de tipo laboral, social y familiar. Sin embargo, al
enfrentarse a situaciones altamente estresantes, al sentirse sin apo-
yo o presionados por los “amigos y/o compañeros”, muchos pa-
cientes pueden reiniciar el consumo.
Las recaídas, cuando el paciente vuelve a usar drogas du-
rante el tratamiento o al término del mismo, en muchos ca-
sos son esperables, pues el paciente está en un proceso de
cambio en el que debe aprender a comprometerse con él
mismo, relacionarse con amigos que no usen drogas y con-
vencerse de que la sustancia lo daña tanto a él como a su
familia. Es importante que las personas cercanas a los pa-
cientes lo ayuden a mantenerse dentro del cambio, evitando
situaciones, personas y conductas que puedan llevarlo a una
recaída. Para ello se recomienda:
95. ¿Por qué alguien que ha recibido tratamiento vuel-
ve a consumir drogas?
195
Ayudar al paciente a pensar en lo que puede perder si no cam-
bia su conducta (familia, relación con los hijos, trabajo, escuela,
etcétera).
Ubicar las situaciones que lo ponen en riesgo de usar dro-
gas.
Evitar situaciones y lugares donde los amigos o conocidos con-
sumen sustancias.
Involucrar a los amigos y los familiares en el proceso de reha-
bilitación.
Propiciar un ambiente en el que el adicto se sienta apoyado y
en confianza.
P
orque existe una serie de situaciones, como el tiempo que se
lleva usando alcohol, tabaco u otras drogas; la frecuencia,
cantidad y tipo de sustancia; así como condiciones personales
(edad, sexo, etcétera) que generan diversos cambios en el orga-
nismo, como la dependencia física y/o psicológica, es decir, un
fuerte deseo de seguir usando drogas, ya sea para obtener efectos
placenteros momentáneos, reducir y/o eliminar el malestar que
provoca dejar las sustancias.
Las adicciones son una enfermedad en la cual se requiere que el
consumidor de drogas, alcohol y/o tabaco se dé cuenta de los pro-
blemas a su salud física y mental que le están ocasionando. La gen-
te no siempre se encuentra preparada para iniciar un cambio, por
lo que debe, primero, estar consciente de que tiene un problema
con las drogas y, después, decidirse a dejarlas y mantener esta con-
ducta.
Debe recordarse que cuando se tiene un uso prolongado de
varias sustancias se presenta el síndrome de abstinencia, un cua-
96. ¿Por qué existen personas que intentan dejar de con-
sumir alcohol u otras drogas y no pueden hacerlo?
196
dro clínico con síntomas que “obligan” al paciente a recurrir nue-
vamente a las drogas.
El proceso de tratamiento implica que el paciente reapren-
da cómo vivir sin drogas, se relacione con su familia y amigos, y
sea una persona productiva.
E
stá probado que entre más temprano se acuda a tratamiento
mayores son las probabilidades de rehabilitación. Encuestas
realizadas en la república mexicana y especialmente en Centros de
Integración Juvenil, con pacientes que acuden a solicitar tratamien-
to por primera vez, indican que el inicio en el uso de drogas a eda-
des tempranas lleva a un consumo más problemático, inclusive se
asocia al uso de un mayor número de sustancias. Las complicacio-
nes provocadas por la mezcla de diferentes drogas hacen más difí-
cil el tratamiento.
La edad en que se inicia el consumo de drogas se encuentra
ubicada entre los 10 y los 18 años; sin embargo, se acude a solici-
tar tratamiento, en promedio, después de los 4 o 6 años de haber
comenzado a consumir.
Es importante resaltar que entre más temprano se acuda a
recibir un proceso de rehabilitación, menores serán los daños
a la salud provocados por el abuso de drogas. Por ejemplo: el
consumo de alcohol ocasiona daños al hígado; con el tiempo
se presentan cuadros como sangrados del tubo digestivo por
varices esofágicas, daño pancreático y mental, cirrosis y muer-
te. El consumo de tabaco ocasiona problemas pulmonares, cán-
cer y enfisema, entre otros daños. Si se toman en conside-
ración estas enfermedades o padecimientos se puede entender
que entre más pronto se dé la atención de las adicciones, me-
97. ¿Quién tiene más probabilidades de rehabilitarse,
un niño, un joven o un adulto?
197
nores serán los daños asociados, existiendo una mayor proba-
bilidad de curación.
Si bien las estadísticas reportan que el mayor número de
consumidores son varones, ocho por cada dos mujeres, la pro-
porción de mujeres que consumen alcohol y tabaco está au-
mentando y algunos especialistas suponen que el hecho de
ser mujer no les permite admitir este problema debido a la
menor tolerancia social, pues existe un registro menor de ca-
sos al que se presenta en realidad.
El consumo de drogas es un problema que si se inicia en
la infancia y juventud puede disminuir conforme se es adul-
to; pero es durante la etapa adulta cuando se incrementa el
uso de otro tipo de sustancias, como pueden ser medicamen-
tos (tranquilizantes, sedantes antidepresivos, etcétera), alco-
hol y tabaco.
198
DÓNDE SOLICITAR AYUDA
A
Centros de Integración Juvenil. Esta institución cuenta con
más de 80 unidades operativas ubicadas a lo largo y ancho
del territorio nacional. Para saber cuál es la más cercana a su do-
micilio en la Ciudad de México llame al 52-12-12-12 y en Guadala-
jara al 38-33-33-31. Si se encuentra en cualquier otro punto del
país, utilice la página web de CIJ: http//.www.cij.gob.mx, ahí podrá
obtener más información.
También hay otras instituciones que ofrecen diversas opcio-
nes de tratamiento y prevención del consumo de drogas. La
mayoría aborda el consumo como un problema de salud y desa-
rrolla enfoques basados en el mejoramiento de ésta y la pre-
vención de los daños desencadenados por el uso, abuso y depen-
dencia de las drogas. Por ello, te sugerimos que investigues las
instancias que se dedican a atender el problema y la forma como
trabaja cada una.
Al respecto, en el servicio telefónico arriba mencionado
puedes obtener información acerca de algunas de estas ins-
tituciones.
C
uando se sabe que en algún vecindario, unidad habitacional,
barrio o colonia hay venta de drogas, es necesario actuar dis-
99. ¿Qué debo hacer si tengo conocimiento de la venta
de drogas en mi vecindario?
98. ¿Dónde o a quién puedo recurrir para conocer más
sobre la prevención y el tratamiento de problemas re-
lacionados con el consumo de drogas?
199
cretamente y denunciar esa situación a los siguientes números
telefónicos:
53-46-01-00 y 53-46-26-11, en la Ciudad de México y zona me-
tropolitana.
01 800-00-252-00 en el resto de la república, sin costo alguno.
Asimismo, es importante contar con la dirección o los teléfonos
correspondientes a la Procuraduría General de la República, para
reportar de manera anónima estos hechos.
E
s muy fácil. Basta tener la intención de participar activamen-
te en las acciones que para este efecto se realicen en la escuela,
trabajo, colonia, o colaborar directamente en alguna institución es-
pecializada, como Centros de Integración Juvenil. También es posi-
ble organizar campañas propias de prevención en la casa o con los
amigos. La idea es sensibilizar a otras personas sobre la importancia
de no consumir drogas y fortalecer un estilo de vida saludable.
Para participar como voluntario se requiere interés, disposi-
ción y deseo de ayudar. Igualmente es necesario integrarse a un
programa de actividades establecido o a una red de personas que
llevan a cabo acciones de forma organizada. Es indispensable la
planeación que en corto tiempo apuntale, fortalezca y dé conti-
nuidad a las redes sociales existentes, cuyos objetivos finales sean
contra las adicciones y en favor de la salud.
El voluntario necesita reflexionar, tomar decisiones, sensibi-
lizarse sobre la gravedad de los problemas y desarrollar métodos,
recursos y materiales, con el fin de conocer la realidad social que
se desea transformar. Mediante la participación voluntaria se pre-
100. ¿Cómo puedo participar como voluntario en la pre-
vención de drogas?
200
tende impulsar el establecimiento de comunidades saludables
que rechacen las drogas y se asuman como protectores de su
propia salud y de la de los integrantes de su comunidad; así como
estar en posibilidades de detectar oportunamente a personas con
problemas de adicciones.
El trabajo voluntario favorece la participación social en ac-
ciones relacionadas con la prevención de la drogadicción y la
promoción de estilos de vida saludables. Dentro de los objeti-
vos que se persiguen se encuentran:
Informar a la sociedad, y más concretamente a los jóvenes,
acerca de lo relacionado con el consumo de drogas, sus conse-
cuencias y, sobre todo, las alternativas de prevención.
Promocionar valores, actitudes y estilos de vida alternativos
para controlar el consumo de drogas entre la población.
En cuanto al desarrollo de actividades específicas:
Culturales y recreativas: concursos de cuentos, canciones, poe-
sía coral, talleres de música, dibujo, teatro, lectura, danza, vi-
sitas a museos, etcétera. Asimismo, campañas de limpieza, sa-
neamiento ambiental, reforestación, y conferencias sobre
sexualidad, planificación familiar, especialmente alcoholismo,
tabaquismo y drogadicción.
Deportivas: torneos de futbol, basquetbol, artes marciales, et-
cétera.
De apoyo educativo: talleres de alfabetización, regularización
y hábitos de estudio, entre otros.
Eventos comunitarios: foros sobre la mujer, prevención de las
adicciones, feria de la salud, temas juveniles, etcétera.
Acciones desarrolladas por una institución en proyectos de
prevención, capacitación e investigación.
Promoción y difusión en medios masivos de comunicación, re-
vistas, colocación de carteles, etcétera.
201
GLOSARIO
Acupuntura. Tratamiento médico de origen chino que consiste
en insertar agujas en determinadas partes del organismo lo-
calizadas en las líneas de fuerza vitales.
Alucinógeno (o psicodisléptico). Sustancia capaz de provocar al-
teraciones de la percepción, como delirios y alucinaciones.
Algunos alucinógenos son la psilocibina y la mescalina; ade-
más, su origen puede ser natural o elaborados de forma sin-
tética en laboratorios clandestinos, por ejemplo el LSD 25 y
la feniciclidina.
Analgésico. Sustancia que disminuye de forma importante la sen-
sación de dolor; también reduce otras sensaciones desagra-
dables, como hambre, cansancio, ansiedad, etcétera.
Apatía. Actitud con la que una persona muestra pocas ganas de
participar en la realización de actividades, ya sean laborales,
deportivas o recreativas.
Apego escol ar. Se refiere a la permanencia, la asistencia cons-
tante y el gusto que tiene un estudiante por la escuela; parti-
cipa en diversas actividades escolares y extraescolares basa-
das en las reglas y las normas establecidas por la institución
educativa.
Codependencia. Este concepto se utiliza para hacer referencia al
impacto emocional que la drogadicción (familia, pareja,
amistades, etcétera) de un individuo tiene en el entorno.
Estas personas ven alterada su conducta, actitudes y senti-
mientos, de un modo que puede producir reacciones como
ansiedad, depresión, conducta permisiva, entre otras.
203
Comunicación asertiva. Habilidad que utilizan las personas
para expresar sus deseos, defender sus derechos per-
sonales y manifestar sus necesidades respetando a los
demás.
Comunicación. Acto por el cual un individuo intercambia infor-
mación con otro.
Conducta anti soci al . Acciones de los individuos que atentan
contra la integridad personal y/o el orden socialmente acep-
tado.
Dependenci a. Las personas le dan mayor importancia al uso
de drogas que a otras actividades anteriormente conside-
radas importantes, cuando estaban ajenas al uso de sus-
tancias.
Dependenci a fí si ca. Estado caracterizado por la necesidad que
tiene el cuerpo de seguir experimentando los efectos de al-
guna sustancia cuando se suspende el uso de la misma.
Dependencia psicológica. Compulsión por usar de forma frecuen-
te drogas para experimentar sensaciones agradables (placer,
euforia) y evitar o disminuir el malestar que provoca no con-
sumirlas.
Depresores. Son las sustancias que suprimen, inhiben o decre-
mentan la función del sistema nervioso central, es decir, cau-
san un deterioro de las funciones psicológicas y motoras.
Drogadicción o farmacodependencia. Es la relación establecida
entre un individuo y una sustancia tóxica que puede provo-
car cambios en el organismo, afectando la salud individual,
las relaciones con la familia, con los amigos, en la escuela, en
204
el trabajo, etcétera. La relación entre la droga y el usuario
por lo regular es voluntaria y autoadministrada, y puede pro-
vocar un deseo irresistible de seguir usando una o varias sus-
tancias.
Drogas ilegales. Son las sustancias que no están reguladas o per-
mitidas; su consumo, venta y distribución es un delito fede-
ral, por ejemplo la mariguana, la cocaína, etcétera.
Drogas legales. Son las sustancias cuyo consumo, venta y distri-
bución están permitidos por la ley; las de mayor consumo
son el tabaco y el alcohol.
Educación para la salud. Estrategia educativa orientada a favore-
cer un estilo de vida saludable mediante la promoción de
actitudes y hábitos responsables con la salud propia y la del
entorno.
Estimulantes. Son las sustancias que alteran el funcionamiento del
sistema nervioso central, provocando exaltación y aceleracio-
nes constantes, aumento en la frecuencia cardiaca, etcétera.
Estrés. Es la respuesta del organismo ante la presencia de situa-
ciones extremas que trastornan el estado de ánimo, por ejem-
plo: enojo, ansiedad e irritabilidad, entre otras.
Euforia. Se refiere a la sensación de alegría intensa que presenta
una persona, la cual se caracteriza por la disposición para rea-
lizar diversas actividades.
Éxtasis. Es una droga que se produce por la síntesis de diferen-
tes compuestos químicos, es decir, no tiene componentes
naturales. El éxtasis estimula el sistema nervioso central y
provoca alteraciones en la percepción.
205
Factor de ri esgo. Son las situaciones, vivencias o experiencias
individuales, familiares y escolares que hacen que una per-
sona se encuentre en mayor riesgo de iniciar el consumo de
drogas.
Factor de protecci ón. Son las situaciones y experiencias indi-
viduales, familiares y escolares que disminuyen la proba-
bilidad de consumir drogas.
Fi esta Rave. Es una fiesta en la que se reúnen en su mayoría
adolescentes y jóvenes para bailar, por periodos prolon-
gados, música electrónica (en algunos casos duran varios días).
Además, suele haber tráfico y consumo de drogas entre los
asistentes.
Fumador pasivo. Es la persona que se ve obligada a inhalar el humo
procedente de los cigarros de quienes fuman a su alrededor.
Grupo de autoayuda. Son los grupos compuestos por personas
afectadas por un mismo problema, quienes se unen para
buscar soluciones al respecto y elaborar la reacción emocio-
nal que les genera.
Habi l i dades soci al es. Se refiere a la capacidad para actuar y
comportarse de manera correcta y positiva en la relación
con los amigos, los conocidos, los padres de familia, los
maestros, etcétera. Las habilidades sociales permiten a una
persona expresar de forma adecuada, directa y afectiva lo
que siente, piensa, cree y desea; de esta manera se siente
seguro y tranquilo respecto a lo que hace frente a relaciones
personales o problemas que se viven a diario.
Hiperactividad. Es un trastorno de la conducta que se caracteri-
za por altos grados de impulsividad, falta de atención y mo-
206
vilidad constante; en muchas ocasiones la hiperactividad
puede desencadenar diversas problemáticas e incrementar
el riesgo de usar drogas.
Nicotina. Alcaloide del tabaco que en pequeñas dosis produce una
ligera euforia, disminuye el apetito, la fatiga y es, incluso, un
excitante psíquico; además, en dosis elevadas puede conver-
tirse en un potente veneno capaz de provocar una intoxica-
ción grave, tabaquismo o nicotinismo.
Opiáceos. Son aquellas sustancias derivadas del opio; pueden
ser naturales, como la morfina, o producidas por síntesis quí-
mica, como la heroína. Estas drogas se utilizan para dismi-
nuir o suprimir el dolor (analgésicos), por lo que generan
dependencia física y psicológica. Además, producen la des-
aparición de todas las necesidades primarias de las personas
(comer, dormir, etcétera).
Percepción de riesgo. Nivel de conciencia que tiene un sujeto acerca
de las situaciones que promueven el consumo y el grado de
peligrosidad que puede representar para él y su comunidad.
Presión de grupo. Influencia positiva o negativa que ejerce el gru-
po de referencia sobre el comportamiento de un sujeto, sea
intencional o no.
Si da. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida es
una enfermedad contagiosa y mortal producida por el vi-
rus de inmunodeficiencia humana, conocido como VIH.
Este virus ataca al sistema inmunológico del cuerpo hu-
mano, dejándolo sin defensas naturales, lo que facilita
la aparición de diversas enfermedades que, al ser cada vez
de mayor gravedad, pueden conducir a la muerte. El sida
se transmite por contacto sexual, transfusión sanguínea (de-
207
bido al riesgo de intercambiar jeringas para drogarse) o en
el proceso de gestación de los bebés, si la madre es porta-
dora del virus.
Síndrome de abstinencia. Es un conjunto de síntomas psíquicos
y físicos que aparecen al interrumpir o disminuir de forma
abrupta el consumo de una droga de la que se depende físi-
camente.
Taquicardia. Se refiere al aumento repentino y anormal del ritmo
cardiaco.
Tolerancia. Adaptación del organismo a la administración habi-
tual de ciertas sustancias. Como consecuencia de esta reac-
ción defensiva, se hace necesario aumentar la dosis para ex-
perimentar los mismos efectos.
208
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