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Título de la ponencia

:
Antropología de las Organizaciones: reflejo y acción de múltiples realidades

Presenta:
Mtra. Rosario Castro Córdova


Mesa de discusión:

Cultura en las Organizaciones


Instituciones de procedencia:
Docente de la Universidad de Valle de México, Campus San Rafael.
Academia de Ciencias de la Comunicación
Teléfono: 5628 6300
Estudiante del Doctorado en Estudios Organizacionales Unidad. UAM-A

Correos electrónicos:
charocordova@yahoo.com
charocordova@gmail.com

Antropología de las Organizaciones: reflejo y acción de múltiples realidades


Presenta:
Mtra. Rosario Castro Córdova
Estudiante de Doctorado en Estudios Organizacionales. UAM-A
Docente UVM

Resumen
La presente ponencia aborda el tema de las organizaciones como formas simbólicas, donde se
construyen múltiples realidades, mismas que pueden conocerse a través de lo que Chanlat (1994)
denomina Antropología de las organizaciones. Perspectiva que revela muchos aspectos de la vida
organizacional ignorados predominantemente en las teorías racionales de la organización,
debido a que un análisis organizacional sólo pensado en categorías racionales puede perderse
en simplificaciones de la complejidad y la diversidad, en formas mecanicistas y reduccinistas de
ver a las organizaciones.

Introducción

‘Ese objeto’
1
difuso
2
llamado…
Máquina, Organismo, Cárcel, Cerebro, Cultura (Morgan; 1998) Espejo, muro, constructo,
concatenación de rituales. Ese objeto difuso llamado Organización, que es un objeto
tangible, medible, pero al mismo tiempo es un constructo; la enunciación que se hace
sobre ella. La organización existe a través de una estructura formal, pero también a través
de la mirada, el habla y el actuar de sus integrantes.
La organización trasciende las propuestas definitorias del management tradicional. La
organización puede ser, precisamente la antítesis del orden, un sistema flojamente
acoplado (Weick:1976). Un teatro o un escenario donde se proyectan distintos roles
(Gofman:1953). Un campo de juegos donde no hay regla bien definidas (March:1994).
Donde se rompen las reglas, porque los actores organizacionales tienen su propio margen
de maniobra (Crozier:1990). En base a las anteriores premisas y a muchos otros aspectos

1
Parafraseando a Luis Buñeuel en su Film: Ese objeto llamado deseo

2
Motaño (2001) citado por Gaméz y Navarro, 2007:33) “Es un objeto difuso, con fronteras sociales que no corresponden con las
físicas y la legales. La organización no es únicamente la fuerza del entorno tanto como lo es del deseo estratégico. Es un objeto
multideterminado, cruzado por la lógicas de acción contradictorios, completo por su naturaleza diversa y dinámico por su incesante
cambio, es un objeto a la vez cultural político, económico e histórico, muy distante a la visión ortodoxa que lo define como
transparente, monolítica, ordenada y racional en pos de la eficiencia”
que podríamos mencionar, la organización se define como un objeto, un tanto inasible, al
que no podemos palpar en el sentido estricto, un objeto al que no es posible estudiar,
desde un mirada ligera o superflua, sino que en contraste, requiere de múltiples lecturas
de lecturas sobre lecturas de interpretaciones a la manera de Geertz (1987).
Sin embargo, durante muchas décadas las organizaciones, desde la propia teoría de la
organización fueron vistas como entes homogéneos, racionales, bajo una perspectiva
reduccionista que dejaba de lado, la propia complejidad de los seres humanos y de las
colectividades sociales. En este contexto, la presente ponencia intenta invitar a la
reflexión, acerca de las organizaciones como formas simbólicas, como grupos sociales
heterogéneos donde se construyen múltiples realidades, por medio de lo que Chanlat
(1994) denomina Antropología de las organizaciones.
Para tal efecto, en primer término haremos una breve retrospectiva en la evolución de las
organizaciones haciendo un contraste entre los postulados de la modernidad y la
postmodernidad y sus influencias la investigación en la teoría de la organización y los
estudios organizacionales. Posteriormente hablaremos rápidamente de construcción
social y la importancia que juega la interpretación del lenguaje dentro de esta perspectiva
teórico- metodológica. Finalmente abordamos el tema de la antropología de las
organizaciones que percibe a las mismas como formas simbólicas.
Modernidad y sociedad Organizacional
Tras la implementación del capitalismo industrial, según Michael Reed (1999) ciertas
regiones del mundo, como Inglaterra y Estados Unidos, fueron drásticamente
transformadas. Es entonces, cuando inicia el crecimiento de la sociedad industrial, lo cual
en términos discursivos fue entendido como el predominio de la racionalidad (ibid). La
metanarrativa, explica este investigador se centró en torno a la garantía de ofrecer un
progreso material y social, que sólo podría darse a partir del desarrollo de la tecnología, la
industrialización de las sociedades, la supervisión, el control, la eficiencia, la
productividad etc. En este contexto, la modernidad se convierte en sinónimo de progreso
y bienestar, en base a los cuales se orienta el desarrollo del hombre y surge como
consecuencia la necesidad de una sociedad organizada. En este contexto sería Frederick
Taylor quien daría lugar al inicio de la Teoría de la Organización a partir de la
Organización Científica del trabajo.
En aquella época, explica Reed (1999) existía una gran presión para encontrar un
modelo organizacional, debido a los roles que la sociedad moderna imponía, tenía que
concebirse entonces deliberadamente, una organización planeada, que jugara su nuevo
rol en el mundo.
Antes de la modernidad según Barba (2000:14)
“previa a la empresa moderna dominaba la empresa tradicional que, en términos generales, era sólo una
unidad operativa, dirigida por una sola persona o un grupo reducido de personas desde una oficina,
ocupada de una sola función económica, comerciando con una sola línea de productos…El mercado y los
precios orientaban las actividades de las empresas tradicionales y eran dirigidas personalmente por su
propietarios”

En contraste explica el autor, la empresa moderna es por naturaleza multiunitaria y es
dirigida por un conjunto de mandos directivos y medios (ibid). Es decir, habría que
organizar a los antiguos artesanos o campesinos en las nacientes organizaciones
industriales. En este contexto comenta Reed (1999) se dio la creencia de que las
modernas sociedades deberían ser dominadas por la “lógica de la organización”,
promoviendo a su vez el principio de la organización social, en la cual la racionalidad se
materializaba en funciones técnicas extremadamente estructuradas. Mismas que pueden
ser entendidas como entidades socioeconómicas, basadas en el ejercicio de la autoridad
y el comportamiento individual, grupal y de clases (ibid). Con lo cual se logra de acuerdo a
Saint Simon una nueva estructura de poder basada en la experiencia técnica y contribuye
al mismo tiempo al funcionamiento de la nueva sociedad (Reed:1999). Así comienza la
era de la organización que demanda una profesionalización jerárquica, subordinación y
autoridad, estricto control, eficiencia y mayor productividad. Bajo tales supuestos se
mencionaba renglones atrás, nació la Organización Científica del Trabajo, modelo que la
historia se encargaría de probar y aún cuando gracias a la OCT se dio el mayor aumento
de la productividad que se haya tenido hasta aquella época, que se convertiría a su vez
en una de las principales causas que llevaría a Estados Unidos a convertirse en la
primera potencia en el orbe, aquella promesa de “ganador, ganador” jamás se cumplió. Y
no tardaron en presentarse las primeras protestas huelgas y boicots de los mismos
trabajadores (Durant:1979).
A este respecto el autor explica que un modelo basado sólo en criterios económicos del
rendimiento y de la productividad, terminaría por destruir sus propios resultados. Dado
que, según denuncia, la mecanización extrema del trabajo, desposeyó al trabajador de su
saber profesional y la redujo a ser sólo un apéndice de la máquina. Un sujeto convertido
en objeto, un sujeto que por tanto, dentro de su propia naturaleza no puede ser sometido
a una estandarización de tiempos y movimientos, porque cada organismo responde a sus
propias características físicas y psicológicas. De tal forma, que el hombre, en tanto
opuesto de la máquina como ser autónomo, termina mostrando un gran desgaste en
términos de sus propias necesidades y satisfacciones. En este sentido el Duran (1979)
señala:
“El hombre tiene la necesidad, para realizarse, expresarse y de crear; la actividad
robotizada a la que reduce el taylorismo es una atrofia cerebral”(pp.64)
Por tanto, en gran contraste con el “amor prometido”, con el progreso generalizado para
las masas industriales, se dio en realidad, una promesa incumplida de bienestar social:
“La entrada de los niños de ‘ojos vivos’ y manos ágiles puede constituir una segunda línea
de ataque. Complementaria de la primera, pues la máquina permite ampliamente esta
bicoca: el consumo productivo de los niños, rompiendo una línea débil de la resistencia
obrera… Los delicados y flexibles dedos de los niños son más convenientes que las de
los hombres…” (Coriat:2000:18)

A este respecto, el autor denuncia que con la entrada de las máquinas, se dio una
explotación desmedida de los trabajadores. En pocas palabras, escribe Coriat,(2000:17)
la máquina no sólo posee la virtud económica de hacer el trabajo más productivo, sino
que sobre todo puede ser un instrumento de regularización y sometimiento de los
trabajadores. Sometimiento para el que no cabían grandes debates en la sociedades de
aquella época, sólo dentro de algunos sectores, porque se creía, dentro de los grupos de
poder, que era justamente mediante el avance de la tecnología y el desarrollo industrial,
que se produciría el progreso de las sociedades modernas. Donde el obrero comenzaría a
ser considerado como uno de los puntales del crecimiento modermo, convirtiéndose en un
engrane más de la máquina. (ibid).
Serían precisamente los teóricos de la Relaciones Humanas, quienes intentarían
contrarrestar la extrema mecanización del taylorismo. Esfuerzo que sin embargo,
guardaría, bajo lo propuesta de un nuevo discurso dentro del propio discurso de la
modernidad, los mismos propósitos funcionalistas del Taylorismo y en Fordismo.
Modelos organizacionales que fueron impulsados, como se ha mencionado, en tanto
modelos racionales orientados hacia el logro medios-fines.
Sin embargo, dentro de ese mismo contexto, el término racionalidad parece excluirse del
discurso de la teoría de las Relaciones Humanas, para ser suplantado por términos como
individuo, grupo, relaciones humanas etc. El ser económico del Taylorismo se transforma
en un ser social en la Teoría de la Relaciones Humanas y se descubre según señalan
Roethlisberger y Dickson (1966) la importancia que las relaciones informales tienen para
el desarrollo de los mismo objetivos organizacionales. Es cuando se habla por primera
vez dentro de la teoría de la organización, de la importancia de la vida que los individuos
tienen fuera de la fábrica. Como seres que además pertenecen a otros grupos y que
tienen una serie de necesidades de carácter psicológico. Se habla también por primera
vez de la Organización como un organismo que tiene que considerar todas esas
influencias externas que llegan a la organización por medio de sus miembros. Influencias
que deben de ser consideradas para mantener el equilibrio (Piere:1986). Equilibrio que
debe ser logrado según las propuestas de los teóricos de las Relaciones Humanas a partir
del reconocimiento del ser humano, como tal, como hombres o mujeres que tienen la
necesidad de ser reconocidos dentro del propio proceso productivo. Donde el trabajo no
se puede limitar a la mecanización o robotización sino que tiene que ser ante todo, un
entorno agradable en donde los grupos se sientan satisfechos y motivados para realizar
su trabajo. (Mayo:1972)
Sin embargo, como denuncian muchos autores, de nueva cuenta la pretendía
satisfacción o bienestar del trabajador, seria una mínima parte, de lo que en realidad se
convertiría en una nueva forma de dominación (Gillespie:1993). De esta manera la
racionalidad instrumental seguiría presente, bajo una nueva modalidad discursiva, “lo
humano” dentro de las organizaciones industriales. Lo mismo que en las otras corrientes
de la teoría de la organización, como la burocracia, la escuela del comportamiento, la
contingencia, la racionalidad se convierte en sinónimo de progreso y bienestar. De esta
manera las actividades se centran tal como en el meta discurso de la modernidad, en la
racionalidad y la eficiencia; En la objetivación de los procesos y en la negación de
cualquier expresión de la subjetividad humana. Elementos que procedían a su vez de la
inteligibilidad del discurso científico de la época, el positivismo.

Influencias del empirismo lógico
Al respecto Gergen y Tojo (1996) señalan que el crecimiento industrial se dio a partir de
la gran influencia que la ciencia y la tecnología ejerció durante la modernidad. Dicho
interés sólo podía leerse en términos del empirismo lógico. De esta manera para los
positivistas el trabajo científico consiste en verificar, medir, observar. Como en la práctica
de laboratorio, como en una suerte de laboratorio social, donde no hay siempre
manipulación de variables, pero si su estimación. Lo anterior bajo las premisas de una
realidad concreta, de un mundo objetivo, de circunstancias captables empíricamente
(Reed: 1996; Alvensson y Detz; 1996, Barba y Solis:1997, Gergen:1996). De tal manera
que se percibe a los entornos organizacionales como estructuras formales orientadas al
logro de metas y objetivos definidos. Dentro de este contexto, los científicos
organizacionales trabajaban a través del aislamiento de las variables y la estandarización
de las mediciones. Se pone énfasis en una rigurosa observación y en la ortodoxia
metodológica, con un interés pragmático pensado en la eficiencia y el control (ibid). Lo
que en realidad representa una mirada reduccionista de lo que representa lo humano al
interior de las organizaciones. A este respecto Turner (1990) menciona que los intentos
por tratar a las organizaciones como “máquinas de autoridad” o como ensamblajes
cibernéticos han sido de utilidad práctica, pero en su opinión, la aplicación de estas
metáforas a la investigación pudiera llegar a sus límites porque hay otros rasgos
organizacionales que no han sido adecuadamente contemplados en estudios
cuantitativos y al respecto señala:
“La organización es una creación humana, por lo tanto, todos los aspectos de la vida humana pueden ser
potencialmente tratados para analizar sus actividades (…) Sí las acciones y las relaciones humanas son
más que comunicación, comando y control, eso también son las organizaciones” ( Turner:1990:3)
Es decir, la complejidad de los fenómenos sociales no puede limitarse a índices
numéricos. Tal parece que se requiere de un nuevo tipo de observador, donde el interés
se centre en un tipo de análisis complementario que tenga en consideración, la
peculiaridad de los actores. Un observador que transcienda el discurso de la racionalidad
para explorar las muchas realidades que pueden ser reveladas a partir de la investigación
científica.
“El triunfo del positivismo y del cientificismo a lo largo del siglo XIX hizo soñar a los teóricos en
la necesaria transferencia del prototipo de las ciencias exactas a los campos de las ciencias
humanas, las cuales prisioneras de su propia técnica, se convirtieron cada vez más en ciencias y
fueron cada vez menos humanas” (Barba y Solís: 1997:15)
J usto a partir de cuestionamientos como el anterior, a partir de la década de los 60’sy
70’s del siglo XX, la universalidad del método científico, centrado en el empirismo lógico
y racionalismo crítico, comenzó a ser cuestionados bajo el argumento que las realidades
humanas obedecen a una lógica muy distinta al de la ciencias exactas. De tal manera que
se comienza a poner en tela de juicio la validez y pertinencia de la experimentación en
ciencias sociales, que a partir de resultados numéricos, de procesos hipotético-
deductivos, ofrecen generalizaciones teóricas sobre hechos sociales. Surge así un nuevo
el paradigma en la postmodernidad, el paradigma del construccionismo

DE LA MEDICIÓN DEL OBJETO A LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL
En palabras de Gergen y Tojo (1996) a lo largo de muchas ramas de la ciencia y las
humanidades una nueva sensibilidad comenzaría a emerger lentamente. (8) Dentro de
grupos académicos críticos, que buscaban desmembrar las principales prácticas y
supuestos de la modernidad. Para explorar más profundamente la forma en como se tejen
las redes sociales, buscando formas alternativas al empirismo y positivismo lógico. Esta
nueva forma de mirar desde el lente del posmodernismo sería el contruccionismo social.
Es decir, ante la racionalidad individual de la modernidad, en opinión de Gergen y Tojo
(1996), las voces posmodernas se volvieron escépticas. Dado que dicha racionalidad no
responde a un progreso generalizado de los individuos sino que más bien se establece
como una forma de control, como una forma de hacer más eficiente a las organizaciones.
Como el meta discurso de la razón, donde el ejercicio de la racionalidad es en palabras de
los autores, un ejercicio de lenguaje, un lenguaje de poder y dominación. En este
contexto, hablar de racionalidad es hablar de las convenciones de una cultura (ibid:9)
Donde la racionalidad no es necesariamente individual, pero si culturalmente una acción
coordinada.
Como se anotaba renglones atrás, en la modernidad la ciencia se pensaba en términos
positivistas, en el campo de las ciencias sociales, en sofisticados métodos estadísticos,
observaciones del comportamiento organizacional etc. Como fiel reproducción de las
ciencias duras, se tenían que encontrar evidencias empíricas medibles, en contraste a
partir de las influencias de la postmodernidad se pasaría de la cuantificación a la
descripción y la interpretación de datos sobre la interacción social.
Como explica Gergen y Tojo (1996) Se comienza a estudiar mucho más allá de la
estructura, del aislamiento de las variables, para poder extender la mirada y explorar la
vida organizacional. El eje teórico en torno al cual gira la perspectiva del posmodernismo
es la construcción social de la realidad, que busca describir como se viven los procesos
socioculturales, donde operan y se producen varias pinturas de la “realidad”. Es decir,
donde el interés científico se centra en la vida cotidiana de los actores organizacionales.
En opinión de estos autores a través del posmodernismo se atiende a una nueva
emergencia desde distintos ámbitos académicos incluyendo las ciencias organizacionales.
Lo cual puede tomarse al mismo tiempo como un proceso emancipatorio, que libera a la
ciencia de la “cuantificación” “objetivación” y rigidez de la investigación positivista. Es
donde se abre la posibilidad hacia nuevas inteligibilidades, esta nueva postura de la
ciencia, invitando a formulaciones alternativas (ibid).
Así bajo las influencias del pensamiento posmoderno se favorece la visión construcionista
en la investigación científica, que procede desde varios enclaves epistemológicos, ya no
desde un único método científico bajo la aplicación de metodologías cualitativas. Es decir,
se cambia la concepción de las organizaciones, de estructuras mecánicas racionales, de
procesadores de información a sistemas simbólicos ( Smircich:1983). En otras palabras,
se habla ahora de procesos socioculturales que operan para construir diversas realidades,
como una forma en que la ciencia se involucra directamente con la vida cotidiana. La
construcción social explican los autores se establece como una propuesta para varias
ciencias, que buscan explorar los aspectos simbólicos de los colectividades sociales, que
busca conocer como es que se forjan o se toman por grandes los significados y como los
significados a su vez pueden convertirse en acciones (Gergen y Tojo; 1996).
Para Berguer y Luckman ( 2001) la realidad se construye en sociedad, bajo esa relación
intersubjetiva que los individuos van desarrollando de acuerdo a lo que otros expresan de
sus propios entornos, así la realidad se construye a partir de la representación colectiva,
de tal manera que podemos encontrar realidades concretas y diversas de acuerdo a los
contexto particulares en los que están inmensos los individuos.
La vida cultural se resuelve a través de los significados que se asignan a varias acciones,
eventos u objetos; el discurso es quizá el medio más importante a través del cual los
significados son formados, por tanto se analiza a las organizaciones como formas
discursivas. Se trasciende el hecho de tomar al lenguaje como representación, desde la
tradición moderna, para entenderlo como una forma de acción. Tal como plantean
Gergen y Tojo (1996) el lenguaje no es un espejo, el lenguaje, no es sólo como las cosas
son o lo que aparentan ser, desde la “realidad” puramente “objetiva” de la modernidad. El
lenguaje es en cambio, una profunda red de significaciones, en donde una palabra puede
significar un sin fin de otras palabras. En opinión del segundo Wittgestein las palabras
adquieren el significado según el uso que se les de, en otras palabras todo “texto”
requiere de la interpretación del contexto en el que fue construido y los papel que juegan
los actores involucrados en los “juegos del lenguaje” (Watson: 1997). Es decir, el lenguaje
no sólo se emplea como una manera de expresar la naturaleza del mundo, es decir, lo
que es observable, el lenguaje se utiliza para construir e interpretar en mundo en redes
sociales específicas. Dentro de estas metodologías cualitativas, el lenguaje sirve para
describir a los seres humanos dentro de su propia naturaleza, como seres lingüísticos que
se crean a si mismos y a su propio entorno a través de su lenguaje. “ los seres humanos
existen en virtud de su construcción lingüística y discursiva” (Cabruna et al:2000:61).En
torno al tema Gergen (1996:70) nos cuestiona:
¿Qué quiere decir afirmar que el lenguaje construye el mundo? Las palabras son, al fin y al cabo, algo
pasivo y vacío simplemente sonido o marcas sin consecuencia. Con todo las palabras están activas en la
medida que las emplean las personas al relacionarse, en la medida en que son un poder garantizado en el
intercambio humano. Requerimos de la existencia de una relación entre el lector y el autor para que
hablemos de la construcción textual de lo social”

Así el autor explica, que los términos y las formas por medio de las cuales conseguimos la
comprensión del mundo y de nosotros mismos son artefactos sociales, productos de
intercambios situados histórica y culturalmente y que se dan entre personas que
comparten significados o lenguajes (Ibid:73). De esta forma continua el autor, las
descripciones y las explicaciones ni se derivan del mundo como es, ni son el resultado de
las propensiones genéticas o estructurales internas de los individuos. Más bien, en su
opinión, son el resultado de la interacción social. Por tanto, las palabras adquieren un
significado sólo en el contexto de las relaciones actualmente vigentes, las palabras son
inherentemente interindividuales (ibid).
Dentro de esta perspectiva el lenguaje no esta dirigido por los objetos, sino por estructura
subyacentes. De tal manera que la realidad no corresponde al objeto mismo, sino a la
visión que los individuos tengan sobre el objeto.(Gergen:1996). Así mediante el lenguaje
se realiza la recopilación de la información que determinados grupos tienen sobre sus
mundos, sobre sus propias realidades y significaciones. “Toda narración esta dominada
en primer caso, por tradiciones retórica textuales y por procesos sociales en el último. No
existe ninguna descripción verdadera de la de naturaleza de las cosas” (Gergen:1996:68)
En el sentido estricto, no hay acción humana que sea ajena al lenguaje, porque las
acciones humanas se expresan mediante símbolos. A este respecto, Gergen y Tojo
(1996) expresan que, por medio de la ciencia organizacional, como ellos la nombran, es
como se generan recursos de significado. La cultura, la sociología, la antropología
adquieren entonces importantes distinciones para el estudio de las organizaciones, que
buscan comprenderlas más que como entidades productoras de bienes y servicios, como
comunidades expresivas (Morgan: 2001) donde se crean significados que nos hablan de
una manera más profunda de la naturaleza humana de las organizaciones.

Antropología de las Organizaciones
Actualmente muchos autores se cuestionan el papel que juega el capitalismo, que bajo
premisas como el individualismo, el consumismo etc., han tergiversado la propia
naturaleza de los seres humanos reduciéndolos o objetos que buscan consumir otros
objetos. El ser humano esta obstinado ahora en “venderse” al mejor postor a partir de lo
que sabe hacer, el individuo adecuado en el lugar adecuado recalca Aktouf (1999). En
procesos de estructuración, eficiencia, eficacia, control. El hombre entonces convertido
en número, engrane, sustancia o tornillo, a partir de la aplicación de las metáforas
mecánica y orgánica en el estudio de las organizaciones. Pero la pregunta en este
sentido, tal como lo manifiestan Chanlat, Bédart y Dufour es sí la cientificidad de la mirada
del managemet fue la más adecuada para acercarse a este objeto-sujeto de estudio, las
comunidades organizadas. Lo que en términos más estrictos se refieren a individuos,
grupos de individuos, conflictos, sentimientos etc y no sólo a estructuras, procesos y
materias primas y al respecto Dofour (1995) señala citando a Baneh Hoffman:
“el riesgo de tratar a los hombres como partículas elementales usando los mismos modos de
cálculo, que son inadecuados para el ser humano. ¿Cuáles son los riesgos de estos “efectos
extraordinarios”? Son pura y simplemente las del totalitarismo económico” (ibid:49)

En torno al tema, el autor explica, que saliendo del ámbito de su ciencia, los nuevos
profetas, como el los llama, quieren explicar todas las actividades humanas tan sólo por
la racionalidad económica, y reducirlas a ellas. Es decir, no se trata al ser humano como
tal, sino que se reduce a criterios de eficiencia.
En opinión de estos autores sus implicaciones humanas en los estudios organizanales,
durante la mayor parte del siglo pasado fueron apenas tratados por la teoría de la
organización dentro del propio discurso de la modernidad.
Pero ¿hasta que punto se puede seguir sosteniendo esta discursividad, que limita al ser
humano a términos económicos, de eficiencia y eficicacia. ¿Es el ser humano únicamente
movido por números?
El ser humano en cambio es “el animal que habla” (Chanlat y Bédart), un ser de palabras.
Un ser que se construye a si mismo a partir de lo que los otros dijeron de él y lo que el
mismo ha definido sobre su “yo” (Chanlat:1994). Por tanto es un ser que se construye en
el lenguaje, y a partir de su lenguaje podemos acceder a otro universo infinitamente
complejo, como es su naturaleza, psicosocial. Un ser que ciertamente tiene intereses
económicos, pero que no puede ser reducido a matices únicamente funcionalistas como
fue observado en las primeras décadas de la Teoría de la organización.
Porque más que hombre máquina, u hombre como integrante de un organinismo vivo, la
organizaciones son en realidad sociedades en miniatura, como se explicaba renglones
atrás, son comunidades expresivas. En base a tales preceptos algunos teóricos del la
corriente crítica de los estudios organizacionales como Chanlat,J ean Fracois (1994)
Renée Bédart (2000) y Alan Chanlat motivan a los investigadores a depositar una mirada
mucho más profunda en el análisis organizacional, una mirada no más reduccionista, sino
inquisitiva en la misma complejidad que representa la actividad humana organizada. Una
mirada que trascienda, el ver a los hombres como máquinas o seres vivos. Una mirada
que vea además a los seres humano dentro de su propia naturaleza. A este respecto
Chanlat (1998) propone la antropología de las organizaciones como una respuesta a la
visión parcializada de los enfoques funcionalistas que partían fundamentalmente de la
economía y más tarde por una sociología de corte cuantitativo. Un enfoque mucho más
cercano a la propia naturaleza de las organizaciones es aproximarse al propio ser
humano en el interior de las mismas. Una propuesta multidisciplinaría, que sin dejar de
lado aspectos “objetivos”, materiales profundice también en aspectos subjetivos del
comportamiento organizacional. En otras palabras, la propuesta consiste en considerar a
todas aquellas ciencias, tantas como sea necesario para poder describir y explicar al
hombre como un ser viviente, sociable y al mismo tiempo como un ser simbólico. Un ser
que más que a partir del saber o la práctica organizacional parte o debería partir de un
sentido. Esfuerzo que requiere, sin duda, como recalca este autor, de una apertura
multidisciplinaria, para concentrase, en características fundamentales del humano, que
fueron profundamente ignoradas por el managment tradicional.
En este sentido, Trize y Beyer (1993) expresan que en las décadas finales del siglo XX
la perspectiva cultural revela muchos aspectos de la vida organizacional ignorados
predominantemente en las teorías racionales de la organización, debido a que un análisis
organizacional sólo pensado en categorías racionales puede perderse en simplificaciones
de la complejidad y la diversidad, a partir de las metáforas, orgánica y mecánica. En
cambio la investigación cultural intenta acercarse a realidades más amplias. “En efecto se
trata de abarcar más de las complejidades y el desorden de la vida real, incluyendo los
aspectos no racionales” (1993:xiii-xiv) (T de A).
3

Pero es hasta en la década de los 70 cuando la metáfora orgánica, comienza a
debilitarse: el mismo Von Bertanlanfty, como señala Harmon y Mayer (2001), reconoce
las limitaciones de esta materia para la comprensión exacta del mundo social. En torno a
este debate pronto surgirían nuevas propuestas. En este sentido Allaire y Firsirotu (1992)
explican que la metáfora cultural, surgió como una necesidad de ampliar la perspectiva,
hacia mayores alcances en relación a las metáforas precedentes, que relacionaban a la
organización con una máquina o un organismo, partiendo de una nueva analogía que
consiste en comparar a las organizaciones con sociedades en miniatura:
“ La metáfora que dice que las organizaciones son pequeñas sociedades, sistemas sociales
dotados de procesos de socialización, así como de normas y estructuras sociales, ha resultado útil


a buen número de autores. Es precisamente dentro de este contexto amplio donde tiene sentido
el concepto de cultura organizacional. Si las organizaciones son sociedades en miniatura
entonces deben tener característica culturales” (ibid:4)

A partir de esta visión que estudia a las organizaciones como culturas, agregan estos
autores, hoy es corriente atribuir a las organizaciones características culturales, donde se
engendran valores, creencias y significados etc, pero ”... se corre el peligro – recalcan - de
transformar un concepto complejo y difícil pero germinativo, en un concepto superficial y
sin mayor sentido” (ibid).
Aktouf (1994) coincide con la opinión anterior, y señala que justo a partir de lo 80s
cuando modelos como el de la cultura corporativa y la calidad total comienza a despertar
el interés de los manager en todo el mundo rápidamente se comienzan a importar estos
modelos, entonces se comienza ha hablar de la creación de valores, mitos rituales etc. Lo
que es visto desde una visión mucho más profunda, más que una investigación de la
naturaleza humana, como una manipulación de la cultura. Es decir, las posturas de
culturas fuertes o culturas corporativas son más bien otro tipo de dominación, denominado
control simbólico.
Entonces no basta reconocer la naturaleza simbólica del individuo, si esta aproximación
no es contemplada desde la visión científica de las organizaciones. Lo que implica al
mismo tiempo, cambiar la perspectiva de cultura como variable de la organización, por la
perspectiva de cultura como metáfora de la organización.
Hechos que se originaron explica Aktouf (1994) de la misma evolución del management
tradicional, pero insiste el autor en trascender esa visión utilitarista que se le da a la
cultura corporativa, por una transformación que se debe dar desde el paradigma
humanista radical al interior de las organizaciones. Paradigma que al mismo tiempo,
busca contrarrestas, esa postura únicamente economisista de la que hablan los autores
ahora estudiados.
Hasta cuando, se pregunta Omar Aktof (1994) el mismo capitalismo podrá sostenerse a si
mismo, en su lógica de ganador-perdedor, la propuesta de este autor se inclina en cambio
por voltear la mirada hacia la naturaleza humana. Hacia tratar de obtener quizá una nueva
definición del ser humana. No solamente economicista, financiara productivista. Sino una
organización que contempla en cambio muchas otras variables o elementos a considerar
dentro del análisis. Una definición que trascienda la concepción industrial del hombre. El
cambio de paradigma obliga a que se hagan gran variedad de preguntas, sobre la propia
discursividad de lo humano dentro de las organizaciones: ¿Quién es el ser humano al
interior de las organizaciones? ¿Qué representa la complejidad de un ser biosicosocial?
¿Qué representa el ser humano dentro su propia naturaleza fisiológica, psicológica,
social, cultural etc.? ¿Cómo es que puede acercarse a un objeto- sujeto tan complejo,
cómo lo es el propio ser humano?
Conclusiones
Estas últimas preguntas y muchas más centradas en lo humano, ponen en tela de juicio
muchas de las posturas que fueron consideradas o son consideradas fundamentares por
la visión tradicional del management. De tal forma que la teoría de la Organización
contribuyó en gran medida a ese meta discurso de la modernidad, a partir de un lente
ortodoxo que procedía justamente de la analogía o traspolación de las ciencias duras a
las ciencias sociales. Pero que es lo que revelan las ciencias duras de las ciencias
humanas. ¿Se puede en un mismo crisol meter a seres humanos y a otras sustancias
inertes?
¿Cómo se describe la vida en las organizaciones? Esta pregunta se responde por si
misma a partir de estudios centrados en la antropología de la organizaciones, que parte
del lenguaje para explicar lo humano. El lenguaje que le habla al ser humano de si mismo,
del otro, del grupo, de la organización, de la sociedad y las sociedades en las que esta
inmerso. El lenguaje desde esta perspectiva, será el “crisol” que nos permitirá explorar en
la verdadera naturaleza humana de las organizaciones que tiene como eje fundamental,
el proceso de significación en la que el hombre esta inserto. Lo que es al mismo tiempo
un proceso de comunicación de múltiples sentidos, comunicación verbal, no verbal, la
utilización de artefactos, rituales etc. Es decir, una serie de elementos que nos permiten
encontrar significados compartidos que se construyen el las colectividades
organizacionales.
Aktouf, reitera que una nueva concepción del hombre tendría que elaborase muy lejos de
la definición de hombre industrial. Nosotros queremos rescatar el significado del lugar de
trabajo, expresa el autor, el verdadero significado que se crea en la vida organizacional.
Así el lado humano de las organizaciones, implica acercarse a estas formas de percibir,
representar y de simbolizar. Dicho en otros términos, jamás podremos entender a las
organizaciones en su totalidad si no consideramos su cultura o conjunto de subculturas
organizacionales. En efecto, las múltiples realidades que han quedado al descubierto a
partir de las pretensiones postmodernas y sus implicaciones en la teoría de la
organización, han puesto en tela de juicio, como escribe Montaño: “...las bases
epistemológicas y metodológicas del discurso científico convencional, enfatizando en los
aspectos no racionales de la acción colectiva organizada” (1994:68). Es decir la
perspectiva se amplia más allá de las visiones racionales y objetivas de la organización,
hacia aspectos subjetivos, e incluso mágicos como apunta Morgan, que revelan la
dimensión cultural de las organizaciones.
Como se ha explicado, la aproximación simbólica nos puede llevar por interesantes
senderos, que describen muchas otras posibilidades dentro del estudio de las
organizaciones. Ya no existe un único camino para su entendimiento, sino múltiples
vericuetos por recorrer. Desde la perspectiva posmoderna, los individuos tienen,
metafóricamente hablando, la oportunidad de pintar libremente con el color de su
elección. En el caso de las organizaciones de manera similar, estas tienden a definir sus
propias tonalidades. Es decir, emergen desde sus propias culturas o subculturas y en
base a diversas racionalidades y experiencias subjetivas que también son parte
fundamental para que se desarrolle la actividad organizacional.
De esta forma los estudios en nuestro campo, que parten de la metáfora de
Organizaciones como Culturas, muestran el lado social de las organizaciones,
ampliamente ignorado por el análisis positivista. Y aunque no podemos caracterizar a la
organización sólo por el uso de sus símbolos, el reconocimiento de los elementos
cualitativos o experiencias subjetivas que existen paralelamente a aspectos racionales,
nos pueden dar como resultado una visión más completa de los entornos
organizacionales. Ello se explica porque la observación etnográfica tiende a revelarnos
varias facetas del comportamiento humano, es decir, busca situar al hombre dentro de su
propia naturaleza.
Sin embargo, la tarea interpretativa no parecer ser sencilla, el camino no esta claro en
este sentido, no hay un acuerdo teórico metodológico definido para todos los casos. El
estudio de lo simbólico plantea muchas abstracciones, como la metaforización de
conceptos o la misma interpretación de los símbolos. Sin duda se trata de un camino
basto por recorrer, no libre de complicaciones, dado que las investigaciones no está libres
de la subjetividad del investigador (Roliwson y Procter:1999). La realidad organizacional
puede ser leída de manera distinta por varios observadores.
Sin embargo, vale la pena correr el riesgo, entre la ambigüedad y la fragmentación que
prevalece en las organizaciones contemporáneas (Barba 2002), ya que una mayor
aproximación a las interpretaciones de lo simbólico implican, como hemos reiterado, un
mayor acercamiento a la complejidad organizacional. Donde ya no sólo importa la manera
en cómo se hacen las cosas, además es necesario analizar cómo es el entorno en estas
se realizan.
Las organizaciones son construidas socialmente. En otras palabras las organizaciones
existen no sólo en su planeación formal y objetivista, existen también a través de los
significados que los actores les otorgan. Por lo que el estudio cultural no se puede
concretar a criterios gerenciales de culturas unitarias o culturas “fuertes”. En contraste
nosotros planteamos el estudio de la organización como culturas o pequeñas sociedades
donde se contempla a la organización dentro de un nivel más amplio, es decir sitúa a la
misma dentro de un macronivel cultural, que es al mismo tiempo un conjunto de
supculturas (Hact:1997)
De ahí se desprende la capacidad holística de la antropología de las organizaciones
para trascender algunas tendencias unilaterales de los estudios funcionales, para buscar,
dentro de la medida de lo posible, una pintura más completa de ese “código de muchos
colores” (Smirich:1983).
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