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Conocer a Dios
En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso
Conocer a Dios
Sayyed Muytaba Musawi Lari
Biblioteca Islámica Ahlul Bait (P)
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Sayyed Muytaba Musawi
Título original: Conocer a Dios
Autor: Sayyed Muytaba Musawi Lari
Traducción: Shamsuddin Elia
Editor de la versión impresa: Foundation of Islamic Cultural Pro-
pagation in the World
Publicación de la 1º edición: Agosto de 2002
Publicación de la presente reedición: J unio de 2010
Edición:
Biblioteca Islámica Ahlul Bait (P)
www.biab.org
correo@biab.org
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Conocer a Dios
Capítulo 1
Conocer a Dios: Perfeccionamiento de la fe del
hombre y de su convicción
Las creencias humanas así como el conocimiento del hombre,
la ciencia y la tecnología progresan con el correr de los siglos. La
religión antecede a la historia y siempre ha comprometido el afecto
y la atención particulares de la humanidad. La lengua, la escritura
y los medios de subsistencia han progresado paralelamente con el
crecimiento espiritual y mental del hombre. Sufren altibajos como
en la condición humana. Las religiones se multiplicaron, las deida-
des proliferaron. Algunas eran representadas como seres imagina-
rios, algunas como animales, luego algunas como seres humanos;
y así paso a paso ascendieron hacia lo metafísico, lo espiritual, y lo
trascendente, a la realidad última de la Unidad.
El conocimiento y la religión tenían similares orígenes mo-
destos. Se pone en tela de juicio si el camino del hombre hacia la
espiritualidad fue más arduo que su camino hacia la ciencia y la
moralidad. Las entidades tangibles son más fáciles de aceptar que
las ideas; el mundo visto es más fácil de asir que el no visto. Se
requieren condiciones para que las mentes asciendan a las alturas
que hacen falta para el conocimiento del Divino. El sol, el más
obvio de los objetos, brilla sobre todo. Sin embargo el análisis de
su composición y conformación se ha llevado a cabo sólo después
de la creación y el abandono de innumerables hipótesis. A pesar de
la luz solar, la verdad detrás de las hipótesis permanecieron en la
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Sayyed Muytaba Musawi
oscuridad. Esta oscuridad no se debió a la depravación o depresión
del pensamiento. La ciencia y el conocimiento eran igualmente
deca dentes y tuvieron que atravesar las mismas eras de mito y
supersti ción como las filosofías y creencias de nuestros antepasados.
Los mitos y las leyendas dieron a las tribus salvajes sus credos
y desarrollaron su moralidad. Lentamente el conocimiento y la ex-
periencia alcanzaron un nivel capaz de asir la unidad y el sentido
de orden de la creación y la perfección matemática de las relacio nes
entre fenómenos naturales. De éstos, el hombre dedujo que todo
obedecía a la voluntad de un único Creador, Un Otro Totalmente
diferente a cualquier objeto visible. El dedujo que cada efecto po see
su causa propia separada, y presenta una creación independien te
para cada fenómeno. Continuaron más allá. En etapas anteriores
imaginaron que dichas creaciones, o creadores, tenían forma o as-
pecto de animales. Las especulaciones avanzaron del hombre hacia
los espíritus y finalmente al Único.
Investigaciones realizadas por todas las regiones y eras de-
muestran que este progreso es una expresión de la esencia de la
naturaleza del hombre tanto como lo es la lengua, el pensamiento
y las costumbres.
La facultad que distingue al hombre del resto de los animales
es su mente. Un infante recién nacido manifiesta este poder mental.
A medida que su cuerpo crece, de la misma manera lo hacen sus
músculos mentales. Se desarrollan como observación, reflexión,
comparación, deducción, imaginación, prognosis y cognición. Así
como lo físico la mente también debe moverse y ejercitarse. Y
así como la comunidad física del estado político y mundial deben
avan zar mediante el esfuerzo unificado, así también debe hacerlo
la co munidad mental, intelectual, ética, filosófica y científica de la
hu manidad merced al esfuerzo mutuo.
Durante los milenios de la existencia humana, el hombre ha
desarrollado un depósito de ideas, profundizado, ampliado e inten-
sificado siglo tras siglo. Finalmente este depósito se enriqueció y
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abasteció tanto que se generó la fe y la convicción. Esto constituyó
un gran avance para el hombre así como le fue cada descubrimien-
to. Hizo nacer una nueva era en la historia y le dio un sentido a la
existencia en la búsqueda de valores no reconocidos anteriormen te.
A pesar de la aceptación de la ciencia, sobre la base de inves-
tigaciones históricas de que el sentido religioso es una de las cuali-
dades más antiguas del ser humano, se sostienen ideas diferentes
en cuanto a sus orígenes y cómo surgió. Algunas sostienen que la
humanidad se sentía oprimida por su debilidad e impotencia con
respecto a las fuerzas de la naturaleza y de las criaturas vivientes y
por lo tanto se volcó a la religión.
Pero la debilidad no puede explicar la religión. La fuente de
fe no es la debilidad. Los creyentes más firmes no son débiles y
frági les. Los santos y profetas que pusieron a la humanidad en el
cami no hacia la fe y la seguridad eran personas de mayor resolución,
voluntad, fuerza y fe religiosa que ninguna otra. ¿Qué poder pudo
haber armado a estas nobles personalidades en su lucha santa con tra
la rebelión, la maldad y la corrupción?. ¿Podría la esperanza en la
ganancia material o en el éxito político darles fuerza para resistir la
amargura de la tragedia, la persecución y la oposición?. ¡Nunca!.
Por lo tanto no es el sentimiento de debilidad lo que fortalece
la fe. Los pioneros que condujeron a la humanidad hacia el camino
de la religión no lo podrían haber llevado a cabo desde la debilidad,
inferioridad e impotencia.
Cuanto más el hombre ase la gloria del mundo y penetra en los
secretos del universo, con mayor fuerza crece su fe.
La religión no es una enfermedad. No existe persona más sana
que aquella que va en busca de la realidad, tanto del mundo como
la de su interior. La enfermedad hace que el hombre olvide todas
las otras realidades excepto su propio dolor y sufrimiento.
La fe y la convicción son temas demasiado largos como para
desarrollarlos dentro de la esfera de un tratado. Es un dominio vas-
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to. Su exploración debe alcanzar a todos lados. Como en el estudio
de cada cualidad en la naturaleza humana, ningún tratado puede
abarcar toda la esfera de sus causas y efectos.
El depósito rico en tesoros de fe y convicción no puede inven-
tariarse en ningún tratado; no más de lo que puede cualquiera de
los movimientos más profundos en el corazón humano. Ninguna
definición puede abarcar alguna de ellos. Por ejemplo ‘amor’ es
más que ‘afecto por otro’, ‘atracción por la belleza’, ‘altruismo’ o
incluso una combinación de los tres. ¿Qué tratado puede indagar las
profundidades de la realidad de lo que el amor es en su totali dad?.
¿Luego, cuánto menos puede explicar el universo de existen cia y
la realidad de su totalidad?.
La ciencia y el arte de la Medicina progresaron de la su perstición
y magia hasta convertirse en un oficio útil. La Química se transformó
de la alquimia y fantasía a la ciencia moderna. Inevi tablemente, la
investigación comienza con hipótesis erróneas y mediante ensayos
busca y encuentra la verdad.
Varias personas dicen “las religiones han sido erróneas”. Es
verdad, pero ese no es un argumento adecuado -a pesar del uso
dado por enemigos de Dios- a fin de refutar la existencia de Dios.
Los errores no son más que los tropiezos de la humanidad en su
búsqueda de la verdad.
Bertrand Russell dice que la religión está fundada en el miedo
humano; miedo a lo desconocido, a la muerte, la destrucción, los
misterios
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. No da razones para sustentar su argumento así como no
puede responder a la pregunta: ¿Si el miedo fuera el único motivo
que impulsa al hombre a dirigirse hacia el Creador, acaso eso prue-
ba que no existe un Creador?. ¿Incluso si fuera en búsqueda de un
refugio por miedo que el hombre descubriera a Dios; invalida esto
su realidad?. ¿Invalidaría la realidad de cualquier otra verdad que
el hombre debiera descubrir bajo el impulso del temor?. Si fuera el
temor al relampagueo que llevase al hombre a descubrir los secre tos
1 “¿Por qué no soy un cristiano?”, pág. 37
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de la electricidad, es entonces la electricidad menos real por ello?.
Es verdad que la fe en una Providencia omnisciente y omnipo-
tente es muy manifiesta en momentos difíciles. Esa es una cues tión.
Otra totalmente diferente es si el primer impulso del hombre hacia la
búsqueda de algún refugio provino del miedo. Ambos interrogantes
deben ser tratados por separado.
La búsqueda de Dios es de la esencia
El hombre nace con un número de suposiciones axiomáticas.
Son instintivas. No surgieron por una instrucción externa aunque
ésta pudo haberlas incrementado más tarde. Esto es verdad tanto
para personas instruidas como para aquellas incultas. Por ejemplo
el axioma, ‘la totalidad es mayor que la parte’ no requiere de una
instrucción en particular para aclararlo. La erudición, la ciencia y la
filosofía son resultados secundarios de la aplicación de éste y otros
axiomas similares Sólo cuando el hombre olvida sus precogniciones
axiomáticas es cuando comienza a dudar sobre ver dades básicas.
Algunas escuelas filosóficas niegan el sentido inna to de la fe. La
fe en Dios es uno de los sentidos innatos en el hom bre. Esto es
comprensible si una persona vacía la mente de todos los prejuicios
religiosos o antireligiosos y luego abre los ojos para contemplar el
universo de la creación.
El se encuentra de repente contenido dentro de una esfera de
seres en movimiento. Comenzó de buen o mal grado desde un pun to
que no eligió y se mueve de buen o mal grado hacia un destino que
tampoco eligió. Sin su propio permiso o comprensión, forma una
parte del orden universal de una procesión de entidades. La obser-
vación lo lleva a deducir de la multiplicidad una conexión entre el
orden del universo y el mismo. Siente que detrás de las escenas del
mundo de la existencia reina allí un poder invisible que controla el
curso de curso de todas las entidades de acuerdo a una voluntad con
orden y precisión. El mismo, una partícula infinitésima en la vasta
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multiplicidad, posee conocimiento, poder y voluntad. De allí que
deduzcas que un conocimiento, un poder y una volun tad -aunque
de una dimensión distinta e invisible en su totalidad-hace, preserva,
rota y finalmente muda cada ser viviente sin permi so o acuerdo.
El hecho de que éste sea un axioma innato de la mente se con-
firma a través de la observación del hombre que nada se crea sin
un creador, nada se hace sin un hacedor. Incluso el infante recién
naci do, fresco de la matriz, que nunca antes oyó un sonido o vio un
movimiento, instintívamente se vuelve hacia la fuente del sonido o
del movimiento. De la misma forma, el diario vivir y la ciencia ex-
perimental suponen que existe una causa para cada efecto obser vado.
El principio de causalidad no admite ninguna excepción. To das
las ciencias -Geología, Física, Química, Genética, Economía y el
resto- observan fenómenos a fin de determinar sus causas, facto res
operativos, interrelaciones e interacciones. De la misma mane ra
que la Matemática, la más exacta de todas las ciencias, formula
teoremas, alega su prueba y saca las consecuencias bajo la forma
de ecuaciones, interrelaciones, reglas, diferenciales e integrales. Un
científico que arbitrariamente reemplaza un más por un menos en
una ecuación o introduce un número intruso, confirma su incompe-
tencia e ignorancia. En realidad, todo el progreso humano se debió
a la investigación de causas ocultas de efectos observados y a la
adaptación de estas leyes naturales para el uso del hombre.
Si pudiésemos encontrar una instancia en la naturaleza de
crea ción espontánea, tendríamos entonces el derecho de establecer
una hipótesis sobre la posibilidad de un fenómeno similar en otros
cam pos. Sin embargo la ley sostiene y la ciencia experimental
com prueba, que: ‘Nunca se destruye la materia o energía; ningu-
na ma teria o energía nueva emerge’. Nos damos cuenta de que
en reali dad ningún registro autónomo contrario a las leyes de la
naturaleza es posible para cualquier material o elemento natural.
Todos nues tros experimentos, nuestras percepciones e inferencias
fortalecen la conclusión de que no existe efecto sin causa. Por lo
tanto es evidente que cualquiera que piensa de otra manera abruma
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leyes científicas, principios primarios, deducciones de la razón y
orde nanzas del Creador.
La facultad humana de la certeza innata sobre algunos axio mas
se corresponde con el instinto en el animal. El instinto, despo jado
de las limitaciones de su origen, puede penetrar las barreras del
sentido e investigar lo infinitésimo y lo infinito, lo desconocido y
lo invisible. Esta conciencia límbica de los axiomas es semejante
al sentido de orden de la naturaleza y opuesto a las divergencias,
humanas, siempre y cuando permanezca libre de las afectaciones
frívolas expuestas por filósofos o científicos presuntuosos, o las
pontificaciones de los piadosos. La aceptación de los axiomas debe
guiar la razón, y al desechar cada consideración material, debe ad-
herirse a la verdad, lo absoluto y lo real.
Este discernimiento innato no es la prerrogativa de cualquier
raza o cultura. No conoce fronteras. No reconoce un Este o un
Oes te. Existen ciertas leyes límbicas en cada ser humano que no
están implantadas por sistemas o creencias o educación o ambiente
so cial, sino que son innatas. Una de ellas es el amor de la madre
hacia el hijo.
Sin embargo los factores culturales y ambientales se encuen-
tran entre influencias tardías que tuercen la conciencia innata de
las verdades axiomáticas, algunas veces minándolas, otras veces
apun talándolas. Las personas que permanecen firmes en el molde
en el que fueron creados, fieles a ellos mismos, libres de costumbres
lo cales o convenciones burguesas, conservan su conocimiento innato
no coloreado por motes populares o por modas, pueden oír la voz
interior más claramente y así distinguir lo bueno de lo malo en las
acciones, lo verdadero de lo falso en las creencias. Así el ateísmo que
descarrila la verdadera naturaleza humana es menos visto en tales
personalidades integradas. Si le dice a tal persona: “El Uni verso es
una aglomeración meramente casual, una conjunción ac cidental”;
incluso justificar la afirmación con elocuencia, con ar gumentos
aparentemente lógicos, con filosofía; nada de esto va a movilizar
a esa persona. La voz interior con sus certezas instinti vas, innatas
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límbicas les ruega que rechacen todas estas opiniones. El daimon
que condujo a Sócrates era el nombre por el cual él lla mó lo que
el Islam llama fitrat, ese sentido innato con el que el hombre nace.
Pero la llamada ‘ciencia’ teje una telaraña de tales conceptos
humanos que entrampan a sus cautivos en la duda y el escepticis mo.
Los delirios arrogantes del conocimiento limitado ponen dia-
positivas de cristal, de varios colores frente a la lente del ojo de la
razón y la certeza interior. Aquellos que hacen alarde de este tipo de
aprendizaje humano pintan el universo de los colores de sus propios
lentes de ‘ciencia’, ‘conocimiento’, ‘arte’ y ‘habilidad’. Luego exa-
minan su retrato como la realidad misma. No pueden distinguir las
lentes de la razón de los cristales coloreados de anhe lante fantasía.
Con esto no se intenta decir que una personal al perfeccionar
su inteligencia pueda mantenerse tan firmemente que es inmune a
todas las influencias desviadoras. Sino que se intenta expresar que
un hombre no debería estar esclavizado por el conocimiento huma no
limitado y por delirios de destreza tecnológica. Mas bien, debe ría
considerar cada nueva pieza de aprendizaje y de ciencia como un
peldaño en la escalera ascendente del esfuerzo humano. Al apo yar
su pie con firmeza en cada escalón, se eleva hacia aspectos más en-
cumbrados y se libera de la inmovilidad estática del encarcela miento
dentro de las cuatro paredes de la fraseología y la opinión actual.
En Persa utilizamos la palabra árabe fitrat para denominar este
círculo interior o guía, innato en cada individuo. El argumento de
Bertrand Russell, que sostiene que el temor es la sementera de la
religión, niega el hecho de que la fitrat socorre al hombre en mo-
mentos de peligro. Sin embargo, Bertrand Russell, pone el carro
delante del caballo. No es el temor lo que genera la religión; es
la religión que socorre al temor. Cuando una persona está bajo
pre sión a causa de problemas y dificultades; cuando todos los fac-
tores materiales fallan; cuando cada posibilidad en la vida ha sido
agota da; cuando el mar de preocupaciones es tan avasallador que
se afron ta la muerte; la voz interior del fitrat conduce al sufriente a
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un refugio no material. Al asirse al Único cuyo poder supremo está
por encima de todos los poderes, la persona deprimida encuentra a
ese Ser benéfico capaz de hacer mucho más de lo que le pedimos o
pensamos. Al tomar la mano humana, El salva del peligro mortal,
el riesgo mortífero. La experiencia estimula a la persona a volverse
con todo su ser, con corazón y alma, a esta misma Providencia en
cada tiempo de necesidad o de acción de gracias.
Sí, efectivamente, es el estado consciente de los riesgos de estar
solo en el mundo lo que enciende la luz interior de una perso na y
despierta la conciencia, conduciendo hacia la fe en el Señor.
La luz interior irradia una especie de poder y fuerza en su cé-
lula ermitaña en el corazón humano. Incluso los materialistas; in-
diferentes en sus días de gloria, prominencia y dominación, y cie gos
al ilimitado poder de Dios, una vez enfrentados con la dificul tad,
la derrota y el desastre; volvieron inmediatamente a la Deidad, que
negaron mientras habitaban las tiendas de la maldad y se des viaban
del camino correcto. En su inquietud, con el corazón y el alma,
buscan el origen de todo el ser, la fuente de todo el poder.
Así el ateísmo y el politeísmo, en todas sus formas, desde la
idolatría cruda y el animismo descarnado hacia el progresismo mate-
rialista, todos resultan de la negligencia de la fitrat. Es en es tas áreas
que se necesita la luz de la guía divina, el murmullo de la dirección,
es requerida a fin de prestar fuerza y esclarecimiento a la fitrat y a
la razón para preservarlos del error y rescatarlos del estan camiento
en los fantasmas del temor. El llamado de los profetas acompaña a
esta inquietud interior que es el anhelo de la fitrat por Dios.
Las primeras personas que escucharon el llamado de los pro-
fetas fueron personas con un corazón iluminado y un fitrat vivien te.
En oposición a los profetas había personas ensoberbecidas por su
propia vanidad, por su conocimiento jactancioso y ufanada inte-
ligencia, confiados en su propia riqueza o posición. Como dijo un
científico, “También en la ética existe la ley de la oferta y la deman-
da”. Si la demanda de la religión no fuera una parte integral del ser
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más íntimo de los humanos, la oferta efectuada por los profetas no
sería solicitada. Observamos que la oferta de los profetas no queda
sin patrocinio por medio de los clientes. En realidad disfruta de la
usanza de innumerables adherentes. Esto demuestra que el deseo
de fe proviene de la esencia de la humanidad. Más aún, bajo las
enseñanzas de los profetas se incluye el culto al Único. Su mundo
no volvió a ellos vacío.
La idolatría; el culto al sol, a la luna, a las estrellas o a otras
imágenes, aunque formas primitivas, crudas y rudimentarias de las
aspiraciones ascendentes del hombre, son también evidencia en su
propia forma distorsionada de la necesidad del corazón por tener
una deidad, algo a que adorar. Estas etapas tempranas eran como
las etapas tempranas de la ciencia cuando trataba con hipótesis
mágicas y frutos no probados de la imaginación; sin embargo as-
cienden hacia el Único que es Esencia de Ser, el Origen de Toda
Criatura. Eran espejismos permitidos por Dios para llevar el cora zón
hacia las corrientes serenas de la Gracia refrescante del Único, el
Otro totalmente. No importa cuán erróneo y externo, apelaban al
ser más íntimo del hombre donde habitaba la inquietud innata que
sólo encuentra descanso en el monoteísmo puro.
En el siglo pasado -el siglo XIV de la era musulmana que
fina lizó en el año 1979 DC- la experiencia religiosa fue tema de
escru tinio para los eruditos. Se llevaron a cabo descubrimientos
que, por su importancia, aún son puntos subjuntivos y debatibles
para la investigación y la discusión, para considerar y seleccionar.
Aún así ponen resultados valiosos y provechosos a nuestro alcance.
Los estudios efectuados sobre religión comparada, historia de la
reli gión, asistidos por la Sociología, Arqueología, Paleontología,
An tropología, Psicología y otros, vierten el instinto y sentimiento
reli giosos en un crisol nuevo, donde los diferentes componentes se
separan a fin de analizar sus elementos.
Freud fue el pionero de la exploración de la conciencia y sub-
consciencia humanas y de otros elementos de desempeño mental
y emocional.
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Lo siguieron Adier y Jung. Ellos penetraron en las profundi dades
íntimas de la estructura mental y emocional humana. Investi garon un
mundo totalmente nuevo en el que encontraron capacida des, tipos de
percepción, discernimiento, cognición, motivación, fantasía oculta
(algunos como consecuencia de la herencia folklórica), elección y
toma de decisiones. Todo esto parecía pri mario, innato y límbico.
Entre dichas facultades no desarrolladas secundariamente por la
razón, situaron al sentido religioso. Lo abrie ron como un dominio
para continuar con la investigación científi ca, buscando la clave al
enigma.
Estos nuevos avances científicos convencieron a los sabios de
cada escuela que el sentido religioso proviene de la esencia de la
humanidad; innato, límbico, primitivo, básico. Sin él, el ser huma-
no no es humano. No es intercambiable con ningún otro elemento.
Lo es de la esencia de la convicción natural y del discernimiento
intelectual. Su fuente yace en las profundidades del espíritu. Hace
que la persona tenga conciencia de ella misma. Lo informa de su
propia existencia.
Entre otros sentidos innatos en la misma categoría se pueden
mencionar:
(1) VERDAD. El impulso a buscar tesoros escondidos, exac-
titud y probidad; el sentido que condujo los pensamientos del hombre
desde el primera día que apareció por primera vez en la Tierra para
estudiar e investigar los innumerables proble mas de los desconocido
y lo oscuro. Es esto lo que le dio vida a la ciencia y a la industria.
Las dificultades y penurias que obstruyeron el paso de investigadores
científicos, inventores y descubridores para penetrar en el velo de la
oscuridad que cu bre los secretos escondidos del mundo, sólo fueron
enfrenta dos porque este instinto los urgía a conquistar exitósamente
territorios inexplorados del conocimiento.
(2) BONDAD. El sentimiento de bondad es la morada de las
virtudes, los deberes, la revelación divina, la rectitud, la justi cia y
la filantropía. Este instinto innato impulsa al hombre a desear una
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disposición pura. Rechaza y aborrece la impureza.
(3) BELLEZA. El sentido de la belleza inspira gusto, aprecia-
ción, arte y embellecimiento. A estos tres debemos agregar:
(4) SENTIDO RELIGIOSO. El instinto por lo sobrenatural, lo
sagrado, algo a qué adorar; comparte el fundamento e inde pendencia
de los otros tres.
El concepto de Dios responde a necesidades humanas de todo
tipo. Algunas de estas necesidades son las de la razón, otras no.
La razón busca a Dios por el camino del orden y el pensamiento.
Instinto (el sentido religioso) busca a Dios por el camino del
amor. Busca una relación con él.
La prueba de la existencia de Dios, como la que fue ofrecida
por los sistemas filosóficos de Descartes y Santo Tomás de Aquino,
apelan a la razón humana. La ciencia y filosofía modernas acepta-
rán como prueba sólo a aquellas capaces de ser probadas mediante
experimentación.
Místicos, como Pascal, responden al sentido religioso por los
canales de los impulsos innatos y los testimonios interiores. Pascal
escribe:
“De la existencia de Dios, el corazón del hombre tiene
pruebas que su mente no comprende”
2
.
Will Durant escribe:
“La religión es un asunto natural nacida directamente
de nuestras necesidades instintivas y de nuestros sen-
timientos”.
El Dr. Alexis Carrel escribió:
“El sentido místico es el instinto básico que se agita en lo
más profundo de nosotros. El hombre, así como necesita
agua, así necesita a Dios”.
2 “Surgimiento de la Sabiduría en Europa”. Vol. 2, pág. 18
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En 1920, El Dr. Rudolf Otto afirmó que los elementos de la
razón son paralelos a los elementos de la fitrat. Ambos agregó, son
compañeros que se ayudan mutuamente.
Todos los atributos de Dios (como ser la Omnipotencia, la San-
tidad, la Soberanía) deben entenderse como entidades separadas.
Así la ‘Santidad’ es un concepto independiente. No es el resultado
de otra idea. No debe reconocerse igual que a cualquier otro con-
cepto del ser humano, ya sea un concepto de la razón o del instinto.
Vivimos en lo que denominamos ‘la era espacial’. Agregamos
la cuarto dimensión del espacio exterior a las tres dimensiones te-
rrestres de longitud, ancho y profundidad. Entonces esta era tam bién
agrega a los tres conceptos básicos de ‘Verdad’, ‘Bondad’ y ‘Belle-
za’; ‘Santidad’, la cuarta dimensión del alma humana. Es posible
que esta cuarta dimensión sea el cimiento de las otras tres. El hecho
de que en cada era una minoridad propagó ideas materia listas no
invalida de ninguna manera la exigencia del sentido reli gioso como
límbico. El ateísmo materialista es una especialidad de una minori-
dad pequeña, aunque vocal. Son una excepción a la re gla encarnada
en la vasta mayoría de la humanidad. Las opiniones metafísicas son
naturales y existen excepciones a cada regla.
En la historia, la primera escuela escéptica de pensamiento
surgió cerca del final del siglo VII AC Sus protagonistas fueron
Tales (622-560 AC); Heráclito (530-470 AC) y su contemporáneo
cercano. Demócrito. Uno de los más famosos era Epicurio, a me-
diados del siglo IV AC.
Sin embargo, incluso estos pensadores no pueden imputarse
con opiniones totalmente materialistas. En su Historia de la Filoso-
fía, un científico erudito escribe que Tales sostenía que los cambios
materiales son el resultado de impulsos espirituales; que Demócrito
no era un materialista sino que estaba convencido de la existencia
de espíritu.
Fue en el siglo XVII después de Cristo que el materialismo
comenzó a progresar entre los pensadores. A pesar de ello, aún hay
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veredictos contradictorios. Por ejemplo, J ean J acques Rousseau es
apodado como un materialista por algunos escritores y por otros
como un hombre temeroso de Dios. Es verdad que criticó a la Igle-
sia. A lo mejor esto se debe a que sus adversarios lo acusaron de
materialismo.
El escritor egipcio, Farid Uaydi, en su libro, “Da’eret-i’
l Mu’aref”, escribe que Rousseau dijo:
“A medida que observo he chos que demuestran fuerzas
naturales trabajando, y escrutinio la forma en que una
causa influencia otra, un resultado reacciona con poder
transformador sobre otro, me doy clara cuenta de que la
Causa Prima debe ser benéfica y benévola. Me he conven-
cido de que Su Voluntad puso la existencia en movimiento
e hizo surgir la vida de cosas muertas. Usted me pregunta
dónde está El. Yo le respondo: en el firmamento que El hizo
girar, en las estrellas que derraman su luz sobre nosotros,
en mí, en ese cordero que pasta, en ese pájaro que vuela,
en esa piedra que yace en el suelo, en la hoja de ese árbol
que el viento sopla de aquí para allá -por todas partes- en
todo. ¿Acaso estas ideas no emanan de la razón?. ¿De
dónde proviene el orden que observamos?. ¿Por acciden-
te?. ¿Una aglomeración accidental?. Dejemos que otros
actúen según su vo luntad. Por mi parte, no puedo observar
este orden soberano sin inferir que fue establecido por
una Sabiduría Superior. ¿Cómo pudo un accidente ciego
crear estos fenómenos coordinados, de funcio namiento
sutil?. ¿Cómo pudo una maravilla irracional crear lo que
es inteligente e inteligible?”.
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Capítulo 2
Dios y el razonamiento de las ciencias
experimentales
El hombre moderno tiende a refugiarse en el razonamiento de
las ciencias experimentales sin detenerse a considerar sus límites y
fronteras. Esta actitud de la mente es una de las más engañosas más
destructivas cuando se tiene en cuenta a Dios. Cuanto más trabaja
la mente humana en un tema particular y crece con mayor fuerza en
el dominio de un tema, más tiende a olvidar otros temas y alejarlos
de su esfera de acción. En consecuencia los hombres tienden a con-
siderar los asuntos divinos como secundarios y fuera del radio de las
investigaciones de la ciencia. La tendencia es a utilizar los mis mos
lentes para estudiar cada tipo de fenómeno, no importa cuán diverso
sea. Debido a que los especialistas de las ciencia ex perimentales
consagran toda la fuerza de su pensamiento para su propio tema en
particular, el resto de los intereses carece de impor tancia. La falta
conocimiento y distancia de lo intangible impide que conciban
cualquier cosa más allá del mundo natural, donde pueden realizar
pruebas y experimentos, siempre con elementos materiales. Sus
instrumentos son los pesos y las medidas de los materiales. Por lo
tanto sólo aceptan aquellas formas de conocimien to humano que
dan lugar a la cuantificación. Las ciencias, consa gradas a describir y
explicar acontecimientos objetivos, investigan las relaciones dentro
del mundo de los fenómenos desde lo infinita mente largo hasta los
cuerpos más pequeños. Pero la relación entre Dios y ese mundo está
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fuera de su radio de alcance. Las mediciones de lo físico no pueden
producir información sobre lo metafísico. No se puede poner a Dios
en una diapositiva microscópica para la observación en el laborato-
rio!. El Creador del universo material, del continuo espacio-tiempo,
trasciende la materia, el espacio y el tiempo. Medidas de lo tangible
a las cuales El no puede ser reduci do.
Sabemos que existe una relación entre tomar cierta droga y la
alteración del metabolismo o de la salud. Pregúntele a un doctor
cómo funciona una droga y él responderá en términos acorde a vues-
tro grado de comprensión antes que en términos técnicos oscuros.
Decir “Dios es la respuesta” a un problema médico en particular,
no es una respuesta científica, sino la de un lego. Los problemas
médicos requieren respuestas médicas. Cada ciencia debe utilizar
su propio vocabulario técnico en su propio universo de discurso. La
divinidad posee su propio universo de discurso. La divinidad posee
su propio y su propia terminología. Los especialistas se limitan a una
ciencia . La independencia de tales estudios científi cos parciales de
aquel estudio más amplio de la idea de Dios dejó en el subconsciente
de muchos un escepticismo sobre lo divino porque no reconoce que
su trabajo se ha limitado deliberadamente a una pequeña porción
de realidad y sólo a eso.
Más aún, toda las ciencias experimentales conducen a resulta-
dos materiales, que pueden aplicarse a la vida diaria. Estas parecen
reales e inmediatos a las personas que las utilizan. Por lo tanto
aquellas personas titubean y son escépticas sobre ideas mayores cuya
aplicación a detalles diarios no es tan inmediatamente obvia. Cada
ciencia ha establecido una firme pared limitadora alrededor de su
territorio. Su eficacia dentro de esas paredes naturalmente aumenta
nuestra confianza y seguridad en su trabajo. Nuestra pers pectiva del
mundo tiende a tomar color desde las actitudes de la mente que las
ciencias han inyectado en nuestras conciencias e inconsciencias,
para su propio provecho y por lo tanto para la dis minución de otras
influencias.
A menos que un hombre posea una fe firme y estable perma-
- 19 -
Conocer a Dios
necerá como un extraño a las formas de aquellos que conocen a Dios.
Su escepticismo crece. Considero aceptable cualquier cosa en la vida
que coincida con un pensamiento y lectura científicos. Descuenta
cualquier cosa que sus ciencias no puedan probar -o in cluso tratar
de probar- para él. Así la base del pensamiento religio so no es ni
cultivado ni cuidado. Considero que no merece atención cualquier
problema que no pueda ser tomado por separado de toda religión,
ser juzgado por u apariencia externa y examinado por medio del
experimento. Una vez que se acostumbró al idioma científico, con
sus fórmulas y ecuaciones, ve a los temas religiosos como poco
importantes y ordinarios.
El error es grande. La ciencia puede comenzar a expresar sus
observaciones con fórmulas abstrusas y complicadas. Pero una
vez que son llevadas a la vid a, también se convierten en simples
y ordinarias.
La ciencia médica puede emplear un cuidado meticuloso al
examinar un caso complejo y poner a trabajar un vasto conocimiento
técnico expresado en términos oscuros. Pero cuando llega el mo-
mento de decirle a la persona enferma que es lo que anda mal y
que es lo que debe hacerse, debe simplificarse lo suficiente. “Tome
este medicamento. Evite X en su dieta. Descanse mucho por varios
días”. El doctor conocedor no le explica al paciente las fórmulas
funda mentales o las drogas que lo afecten. Solamente establece los
ele mentos básicos del tratamiento.
Nuevamente, cualquier persona, hoy en día, puede utilizar el
teléfono o la radio. Han comenzado a ser parte de la vida cotidiana.
Las reglas para aprovechar lo mejor de ellos se explican el usuario
en un idioma simple, común y de todos los días. Se omite toda la
complicada terminología de tecnicismos. El lugar apropiado para
ese tipo de idioma son los centros científicos e industriales que in-
ventan y construyen los instrumentos, o en los libros y bibliote cas
dedicada al tema.
Por lo tanto injusto e ilógico que la ciencia considere las afir-
- 20 -
Sayyed Muytaba Musawi
maciones religiosas como simples y fuera de la esfera meramente
porque no están expresadas en fórmulas abstrusas o terminología
científica. Es en realidad la gloria de la religión que sus principios
y preceptos puedan expresarse con palabras simples a fin de que la
gente pueda comprenderlas.
Aún más, si los preceptos y los principios de la religión se en-
contraran dentro del radio de la investigación humana, verifica ción
y experimentación, no habría necesidad de apóstoles o profe tas. La
podríamos haber construido nosotros mismos tal como un científico
y un manufacturador construyen juntos una máquina.
Hasta el momento el hombre no ha podido expresar que ha in-
vestigado y dominado todos los secretos de esta tierra o que co noce
todo lo que hay para conocer. El hombre aún está evolucio nando.
Con frecuencia debe corregir sus errores y aún posee mucha igno-
rancia que debe transformar en conocimiento.
Ahora examinemos las fronteras del dominio científico y los
problemas sobre los que las ciencias tienen derecho a opinar. ¿Se
determinó dentro de límites definidos, la extensión de sus activida-
des y el reino de sus investigaciones?.
El tema que las ciencias experimentales deben estudiar es el
mundo material, solo fenómenos materiales. Los instrumentos
cien tíficos y sus medidas para alcanzar sus objetivos, consisten en
ob servación, hipótesis, experimentación con control y verificación.
Estudian sobre el mundo y sus objetos, desde el más grande hasta
el infinitésimo. De ahí que se los juzgue por ser objetivos e imper-
sonales. Si sus hallazgos concuerdan con el mundo exterior, son
aceptados; si no son rechazados. El examen prueba la conformidad
de un hallazgo con el mundo que lo rodea.
¿Qué investigación científica tiene derecho a penetrar el reino
de la fe y la creencia?. En qué punto establecen las ciencias experi-
mentales contacto con Dios?.
En realidad, las ciencias experimentales no tienen nada que ver
con la fe de una persona o la falta de esta fe. Puesto que la esfera de
- 21 -
Conocer a Dios
las ciencias naturales es un fenómeno natural, no pueden expresar
una opinión sobre Dios, ya sea negativa o positiva. Toda las escuelas
religiosas, por lo menos de Los Pueblos del Libro, nos enseñan que
Dios no es una sustancia corpórea. Los cinco sentidos no pueden
percibirlo. No está contenido en el continuo espacio tem poral.
Su esencia es todo, suficiente y autosuficiente. No necesita nada
fuera de El. En todos los libros de los científicos experimenta les, no
encontrará que un experimento pueda examinar a Dios o a alguno
de sus atributos, ya que Dios no es un fenómeno de la natu raleza.
Ningún experimento puede llevarse a cabo para examinar una hipó-
tesis sobre El. Si un científico experimental pronuncia todo tipo de
negaciones sobre Dios, sobre la base de su investigación, se ha salido
de la línea, incluso de las reglas de su propia ciencia. Se muestra
ignorante de los temas y de la esfera de su ocupación. Las ciencias
incluso no tienen un ABC sobre el conocimiento de Dios. Por lo
tanto es totalmente ilógico que una persona que se ha hundi do en
el océano de las ciencias experimentales comience a negar a Dios.
George Lister en su libro “Introducción a los Principios Filo-
sóficos” escribe:
“Imaginar algo que no ocupa ni el espacio ni el tiempo y
es inmune a la alteración y al cambio es imposible”.
Tal afirmación obviamente refleja una mentalidad que rota en
la naturaleza y lo tangible. Tal mentalidad está destinada a conside-
rar cualquier cosa fuera de su esfera de acción como imposible. Lo
máximo que un científico natural, honesto, puede decir es: “Lo me-
tafísico está fuera de mi universo de discurso; por lo tanto no opino
sobre él. No lo afirmo ni niego”. No se anima a comprome terse con
algo más allá de esto. Una persona que se limita a ese reino en el
mundo del ser que permite experimentos tangibles no puede negar
de que puedan existir realidades fuera de la esfera de su trabajo. Si
realmente lo niega debe reconocer que es meramente una expresión
de su propia elección, no el fruto de la investigación, examen, y
verificación mediante el experimento científico.
- 22 -
Sayyed Muytaba Musawi
Para aquellos temerosos de Dios, el tipo de dios que un cientí fico
natural podría desear -es decir, uno que establezca su existen cia a
identidad desde el punto de vista de las causas y efectos natu rales-
ése no es Dios en absoluto.
La aceptación de la existencia de lo no visible
involucra a otras realidades aparte de Dios
El Dios único, Que los profetas y santos nos han hecho cono cer,
es absoluto, imperceptible, eterno, trascendente y omnipresen te sin
embargo en ningún lugar. No es imperceptible sólo ante los ojos
sino también a todos los órganos de los sentidos.
La mente humana naturalmente encuentra que no es fácil abri-
gar el concepto del Ser más allá de todo sentido, materia, expresión
material, verificación científica o simple observación. Las perso nas
tienden a descartar levemente todo aquello que encuentran di fícil
de concebir.
Los ateístas y humanistas preguntan, “Si Dios existe, ¿por qué
no se muestra?”.
Las ciencias, cuando no pueden encontrar una verdad o expre sar
un hecho en las fórmulas y medidas propias de su reino; no pueden
negar su existencia o probar su no existencia, por lo menos hasta
que se pueda observar un examen que demuestre su imposibi lidad
e infactibilidad; deben ponerlo pro tempore en su bandeja de los
problemas que aguardan una solución.
¿Acaso todas las cosas que aceptamos, de cuya existencia es-
tamos convencidos, deben nuestro reconocimiento a nuestra propia
existencia o conocimiento o percepción de las mismas?. El hecho
de que El no pueda ser sentido físicamente y sus cualidades no
puedan ser discernidas corpóreamente. ¿Son una prueba de la no
existencia de Dios?. Todos los materialistas saben que muchas de
las enseñanzas que sostenemos firmemente, derivan o infieren su
- 23 -
Conocer a Dios
compulsión del juicio y los hechos que no son perceptibles me diante
el sentido ni son conocidos. En el estado del ser, existen innume-
rables objetos invisibles. Los avances de la ciencia moder na y del
conocimiento han descubierto un sinnúmero de tales he cho, desde
distancias infinitas hasta los quarts infinitesimales.
Un problema que preocupa a los científicos, hoy en día, es la
transformación de la masa en energía y viceversa. Todos los cuer pos
visibles se transfieren energía con un cambio en su propio as pecto,
como sucede cuando se quema madera. Hay una transferen cia de
energía. Pero esta energía, que es el punto de rotación para la vasta
mayoría de acciones y consecuencias en el orden del univer so,
¿cómo podemos evaluarlo mediante la observación o el tacto?.
La electricidad juega una parte muy importante en todas las
construcciones de la ciencia como la cultura y el diario vivir. Pero
acaso algún físico -o alguna otra persona en este asunto- en experi-
mentos o en el trabajo diario con aparatos eléctricos ha visto algu-
na vez la electricidad?. ¿Acaso ha sentido o percibido, de alguna
manera, el peso, la textura o la conducción de la electricidad?. Sa-
bemos que la electricidad funciona cuando prendemos una lámpara
u observamos efectos de algún tipo de examen.
Hasta el trabajo de Isaac Newton, nadie sabía nada sobre la
atracción mutua entre los cuerpos que Newton expresó en sus ecua-
ciones de gravitación. La gravitación no se puede ver, no hace ruido,
no se puede sentir, gustar u oler. Pero desde Newton, las leyes de
la gravedad han sido parte de los conceptos básicos con los cuales
la ciencia realiza sus cálculos. Todas nuestras industrias nuevas lo
utilizan. Sin embargo el mismo Newton nunca vio la fuerza que
con tanta habilidad él cuantificó. Lo que llamó su atención fue la
observación de la caída fortuita de una manzana desde un árbol.
Los físicos utilizan en gran medida la espectroscopia. Reco-
nocen que los colores del espectro van desde el rojo en la parte
inferior hasta el violeta en la parte superior. Pero también recono cen
que existen innumerables colores tanto por debajo del rojo como
- 24 -
Sayyed Muytaba Musawi
por encima del violeta, todos imperceptibles para nosotros. Nos
dicen que el color varía con la longitud de la onda y las longitudes
de la onda son ondas de luz. La luz del sol o la luz de cualquiera
otra fuente, está compuesta de una combinación de todos los colo-
res en un único rayo y en particular el blanco es la impresión que la
mezcla, generalmente, causa en nuestra vista. Cuando estos rayos
golpean un objeto, ese objeto absorbe una proporción de los rayos
y refleja el resto. Los rayos que observamos son los reflejados y a
través de ellos observamos el objeto.
Más aún los colores cambian y difieren en proporción a la
intensidad o no intensidad de la onda. Si la fuerza de la longitud
de la onda alcanza 457.000 millones por segundo, la luz tiende a
la banda roja y a los 727.000 millones, a la banda violeta, mientras
existen incontables colores, sombras y saturaciones de color y tin tes,
ambos por encima por debajo de estas cifras que van más allá de la
percepción humana. El aire que nos rodea posee un peso espe cífico
extraordinario. La presión constante que ejerce sobre nues tros cuer-
pos es de 16.000 kg. Debido a que las presiones fuera y dentro de
nuestro cuerpo son iguales, nos sentimos descompensados. Antes de
los días de Galileo Galilei (1564-1642) y Blaise Pascal (1623-1662)
este hecho científico era desconocido. Tampoco se podría haber re-
conocido a través de la percepción. Algunos fenó menos observados,
como la variación en la presión del aire a dis tintas altitudes, llevó
a los pensadores a observar una hipótesis del peso del aire y luego
llevar a cabo experimentos para examinarlo y probarlo
3
. Inclusive
3 Nuestro Imam Zain al Abidín as Sayyid en la Letanía número 55, Vol. 2 de sus
trabajos no obstante anunciaba el concepto en las antífonas de la sección:
“Bendito y Excelente Tu eres. Nuestro Creador y Preservador, Tu co-
noces el peso de los cielos.
Bendito y Excelente Tu eres. Nuestro Creador y Preservador, Tu conoces
el peso de los mundos.
Bendito y Excelente Tu eres. Nuestro Creador y Preservador, Tu conoces
el peso del sol y de la luna.
Bendito y Excelente Tu eres. Nuestro Creador y Preservador, Tu conoces
el peso de la oscuridad y de la luz.
Bendito y Excelente Tu eres. Nuestro Creador y Preservador, Tu conoces
el peso del aire y de la sombra”.
- 25 -
Conocer a Dios
las cualidades naturales que los científicos de ducen sobre la base
de sus experimentos que los sentidos pueden asir y las inferencias
que el raciocinio infiere de ahí en más, no pueden ser directamente
percibidas. Las ondas radiofónicas están en movimiento en todas
direcciones, por todos lados, todo el tiem po, sin embargo no se pue-
den observar. Ningún lugar está libre de las fuerzas de la atracción
gravitacional, sin embargo la fuerza no es material ni pueden sus
partículas medirse.
La labor y el triunfo de la ciencia es estudiar los efectos de las
fuerzas invisibles y la formulación de sus leyes internas de su ser
y de su funcionamiento.
La Geología rastrea la formación de los estratos en la corteza
terrestre. Con absoluta certeza nos informa del orden de su forma ción
través de millones de anos y a partir de sus estratificaciones clinales
y anticlinales, sus pliegues y salientes; nos dicen cómo los océanos
comenzaron a existir, cómo se difundieron, cómo se for maron las
cadenas montañosas, cómo los planos continentales se han movido
hasta sus posiciones actuales. Sin embargo ninguna persona de las
que ahora viven estuvo ahí para testificar alguno de estos eventos
que con tanta confianza nos transmiten y les creemos sin haberlo
visto nosotros mismos.
Los conceptos metafísicos como la belleza o el amor, el odio y
la enemistad el conocimiento poseen una forma de existencia que
no puede percibirse, ni puede determinarse su naturaleza, ni fijar
sus límites. Sin embargo los reconocemos como realidades. Un
hombre es consciente del conocimiento y de lo que conoce de sus
percepciones sobre verdades que no pueden ser captadas por los
sentidos. El hombre también es consciente de él mismo respecto de
su persona, a pesar de que ningún otro ser humano puede observar
ese ser mismo. Es sólo la observación de acciones lo que nos per-
mite deducir que una voluntad personal los inspira.
¿Acaso la intangibilidad de estos factores y la inescrutabilidad
de sus cualidades necesariamente implican una negación de su
- 26 -
Sayyed Muytaba Musawi
exis tencia?. Los ateístas imaginan que le existencia de Dios debe
com prometer su espacio y tiempo corpóreo. Piensan que a menos
que El posea un conjunto de extremidades como las de ellos, su
exis tencia no puede ser aceptada. Pero éstos son conceptos de
idólatras que construyen templos con imágenes. Como el ojo de
su mente y su razón es ciego, concluyen que si un Dios existe, esa
deidad debe disfrutar de la misma clase de existencia que la de ellos,
siempre dentro de un orden visual. Más aún, como sienten que sus
per cepciones más certeras y precisas son aquéllas de los sentidos, se
limitan a ellas olvidando que los problemas de la ciencia y la filo sofía
no pueden ser resueltos sólo por la percepción de los senti dos. Tal
concepto sólo puede ser engañoso. La percepción de los sentidos
sólo no puede abarcar toda la gama de realidades y hechos en la
forma en que se nos presenta. El mismo ojo que es nuestro medio
para lograr la certeza sobre algunas realidades, es bastante incapaz
de poner de manifiesto otras realidades.
Los libros de psicología nos han revelado muchas cosas sobre
el tema de los errores de la percepción de los sentidos y han llama-
do nuestra atención hacia una variada serie de errores que realiza
el ojo. Nos muestra, en un calidoscopio, fotos en movimiento con
ondas de belleza y varios cambios, ninguno de los cuales posee una
realidad independiente sino que son la causa de errores propios de
la vista. De la misma forma, les películas cinematográficas no nos
presentarían una imagen continua sino fuera porque el ojo no pue-
de distinguir los innumerables marcos separados, los unos de los
otros, sino que los vea como una imagen continua en movimiento.
La falibilidad del sentido táctil se prueba fácilmente por me dio
de un experimento muy simple: Tome tres jarras grandes. Llene la
primera con agua casi hirviendo. Llene la segunda con agua a tem-
peratura ambiente. Llene la tercera con agua casi helada.
Introduzca una mano en la caliente y la otra en el agua helada;
déjelas ahí por un tiempo. Saque ambas manos a la vez e introdúz-
calas simultáneamente en la segunda jarra, que contiene agua a
tem peratura ambiente.
- 27 -
Conocer a Dios
Para su asombro, su experiencia posee dos sentimientos con-
tradictorios a la vez. La mano sacada del agua caliente le informa
a su mente que el agua a temperatura ambiente está fría. La mano
sacada del agua fría le informa que la segunda jarra contiene agua
caliente cuando en realidad posee una sola temperatura -que es
medía- ni muy caliente ni muy fría.
La lógica, también, contradice la información que las manos
le transmitieron a la mente. El agua en una jarra solamente puede
tener una temperatura. El veredicto de sus manos está condiciona do
por la situación previa. Su mente las contradice y afirma lo opues to.
De esta forma la mente debe ejercitar el control cuando evalúa
el veredicto de los sentidos. ¿Qué otras pautas existen?.
Por lo tanto los cinco sentidos no tienen un valor realista ni
objetivo, por más grande que sea el uso práctico que se les dé.
Las personas que confían solamente en los sentidos para su
información nunca tendrán éxito para solucionar los problemas de
existencia o el misterio del la creación. Camile Flamarion en el libro
“Secretos de la Muerte”, escribe:
“La humanidad pasa su vida en la ignorancia y el des-
conocimiento, sin darse cuenta de que la composición
física humana no puede guiar a una persona a realidades
o que los cinco sentidos lo engañan a cada momento. Los
únicos instrumentos que pueden conducir al hombre a las
rea lidades o a la realidad son la razón, el pensamiento y
la preci sión”.
La ciencias y el razonamiento modernos nos aportan pruebas
fehacientes que existen tales materias, como moléculas, átomos y
fuerzas que son invisibles e imperceptibles a cualquiera de los cin co
sentidos. Esta afirmación abre el universo que nos rodea a la posi-
bilidad que existe algo más allá de nuestros sentidos. No pode mos
negar la existencia de cosas que no hemos sentido. El hecho de que
los sentidos hayan fracasado por no percibir su existencia, no es una
- 28 -
Sayyed Muytaba Musawi
prueba científica de que no están ahí. Nuestros sentidos ex ternos no
tienen el poder de percibir todo lo que existe; en realidad, algunas
veces nos desilusionan y nos muestran lo contrario a la verdad. No
debemos imaginar que toda la verdad de la existencia está restringi-
da a lo que nuestros sentidos pueden percibir. Real mente debemos
afirmar lo opuesto y reconocer la posibilidad de que existe materia
que nunca podemos sentir. Así como, antes del descubrimiento de
las bacterias, nunca nadie imaginó que millones de millones existían
dentro y alrededor de nuestros cuerpos o que la vida de todos es la
escena de batallas entre bacterias.
Por lo tanto concluimos que nuestro sentido externo no posee
el poder de revelarnos la realidad y la verdad y que sólo la razón
y el pensamiento los que pueden enterarnos con exactitud, con la
verdad precisa de la composición del universo en el que vivimos.
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Conocer a Dios
Capítulo 3
Factores de la difusión del Materialismo
Creemos que no existe un llamado para estudiar la tendencia
religiosa del hombre. Sostenemos que el hombre por naturaleza es
propenso a la religión. La naturaleza humana, en lo que a mente y
espíritu se refiere, posee una atracción innata hacia la reverencia a
Dios y a la Unidad.
Por otro lado, el materialismo se opone a la tendencia innata
de la naturaleza humana. En vez de perder tiempo y esfuerzo pre-
guntando: ¿Cómo desarrolló el hombre el sentido religioso?, la cien-
cia debería investigar cómo alguna vez alguien llegó a desarrollar
una tendencia materialista.
Los materialistas claman que sus creencias provienen directa-
mente de avances científicos y filosóficos de los siglos XVIII y
XIX después de Cristo. Se olvidan de que cada época, desde la
antigüedad más remota ha arrojado puntos de vista materialistas;
en todas las clases, letradas e incultas, culturizadas y salvajes, cri-
teriosas y disparatadas. En la época actual que se jacta de ser ‘la era
científica’, algunas personas en todos los estratos de la socie dad,
eruditos o no, sostienen ideas metafísicas y están convencidas de
la existencia de Dios. En el caso en que las exigencias materia listas
fueran correctas, deberíamos encontrar que cuanto más eru dito más
ateo se es. La realidad demuestra lo contrario. Algunos de los sabios
más importantes son las personas mas devotas.
- 30 -
Sayyed Muytaba Musawi
“¡La ciencia ha llegado!. ¡Dios está muerto!” exclamaron.
¡Simplista, no científico!. ¡Una afirmación sin base!. Contiene la
mitad de la verdad, que en nuestra edad, los secretos desconocidos
de la naturaleza y de los hechos del universo han surgido a la luz.
También contiene la falsa premisa: “La fe en Dios nació del casa-
miento entre la ignorancia y el miedo a lo desconocido”.
En realidad, hoy en día, encontramos que los iluminados hom-
bre de fe dan la bienvenida a los descubrimientos de los hechos de
la naturaleza e incrementan su fe de ahí en más. La maravilla por los
trabajos del Creador produce veneración. Cuanto más se cono ce de
las complejidades de la creación y su funcionamiento, mayor es la
reverencia hacia el Creador. El conocimiento de las maravi llas de la
cadena de causalidad aumenta la admiración hacia la Causa Prima.
Fue sólo ayer cuando el hombre expandió su horizonte de ob-
servación y medición, más allá de él. Hasta el momento la humani-
dad no tenía noción de la complejidad de los trabajos de la creación
a su alrededor. Hoy en día los descubrimientos se siguen unos a
otros; es decir que 10 millones de miles de millones de (10
15
) célu las
componen cada cuerpo humano. Estos descubrimientos revelan el
esplendor de la creación hasta un punto inimaginado por cual quier
era anterior.
¿Acaso el reconocimiento de estas causas, factores, hechos y
fenómenos de la naturaleza no conducen inevitablemente al reco-
nocimiento de la Causa Prima cuya Palabra comenzó la cadena de
reacción de creación continua?.
¿Dónde está la lógica que dama que la creencia en Dios está con-
finada a personas que no son conscientes del proceso de la crea ción?.
¿Debería el científico, que conoce las causas naturales y los factores
determinantes de cada paso de la creación hacia la perfec ción, de la
evolución de la humanidad, de la precisión diminuta y la exactitud
que gobierna cada cambio en la naturaleza que nos rodea, llegar a
creer que estas leyes maravillosas e interacciones increí bles han de
alguna manera emergido fortuitamente de materia ininteligente?.
- 31 -
Conocer a Dios
¿Acaso han sus descubrimientos y discernimientos meramente lle-
vado a un estado de pensamiento que sólo ve conco mitancia ciega
y conjunciones accidentales en los fenómenos inter actuantes?.
Un estudio detenido demuestra que el surgimiento del mate-
rialismo en Europa se debió a ciertos hechos históricos. Entre éstos
se deben tener en cuenta errores cometidos por las autoridades
ecle siásticas:
(1) Al comienzo del Renacimiento las autoridades eclesiásti-
cas demostraron una severidad indebida contra los partidarios
del ‘nuevo aprendizaje’. Esto fue porque junto con sus doctrinas
pura mente religiosas, la lglesia heredó de sus filósofos de etapas
ante riores, tanto la helénica como la no helénica, varios puntos de
vista sobre el mundo y juzgo herético cuestionar estos puntos de
vista de la misma forma que lo era negar dogmas religiosos. Pero
el ‘nuevo aprendizaje’ expuso la falsedad de teorías cosmogónicas
previas. Los científicos que descubrieron los hechos y los expresa-
ron en fórmulas que la Iglesia declaró como heréticas, se volcaron
hastia dos hacia la Iglesia y descartaron no solamente los puntos de
vista secundarios sino también la misma Fe. A fin de controlar esta
cre ciente revuelta, la Iglesia presionó aún más. En los corazones de
los excomulgados nació el deseo de venganza. Esta pasión ilógica,
que no busca establecer una verdad objetiva sino simplemente una
venganza, llevó a los eruditos a ‘tirar al bebé junto con el agua de
su baño’; no meramente las instituciones que decían representar a
Dios, sino también Dios. Uno cosa es buscar venganza hacia un
grupo de gente con exigencias eclesiásticas y otra cosa es rebelarse
contra la religión en el verdadero sentido de la palabra. Ellos no
llegaron a comprender esta dicotomía. Sin embargo es obvio que
la venganza no es una reacción racional o científica. La emoción
no tiene cabida en la búsqueda de lo intelectual.
(2) La lglesia utilizó imágenes antropológicas y materialistas
para describir a Dios y las empleó para enseñarles a los niños, tanto
en sus hogares como en las instituciones. Pero a medida que cre cían
los jóvenes se daban cuenta en el transcurso de sus estudios que tales
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Sayyed Muytaba Musawi
imágenes eran ineptas, no científico y falsas. Desafor tunadamente
las enseñanzas capciosas de las Iglesias Occidentales utilizaron a
esta juventud para que se desviara hacia el materialis mo. No pu-
dieron comprender que se podían encontrar conceptos racionales,
verdaderamente objetivos concernientes con el interro gante sobre la
existencia de Dios. Como consecuencia la Iglesia falló seriamente
en su enfoque antropológico, para su pérdida y la de la humanidad.
Walter Oscar Lundberg, fisiólogo y bioquímico en América,
escribe:
“Existen numerosas razones que explican por qué los cien-
tíficos son escépticos acerca de Dios y en particular: (1º)
interven ciones políticas o consideraciones sociológicas o
nacionalistas, por medio de las cuales el Estado o alguna
institución dama prio ridad sobre todas las lealtades. (2º)
El pensamiento humano en cada generación está rodeado
por los obstáculos de las preconcepciones, tanto espiritua-
les como físicas, de tal forma que el pensamiento nunca
está verdaderamente libre, según la elección de cada per-
sona, Sino que está hasta cierto punto condicionado por
las circunstancias, el ambiente y el espíritu de la época. Y
(3º) el uso que la Iglesia realizó de conceptos antropoló-
gicos y materialistas en la educación de los niños citaba
el texto: ‘Dios hizo al hombre a su propia Imagen’. Pero
a medida que crecían, estos jóvenes rechazaban pensar en
un Dios con aspecto humano, como ilógico y no científico.
Incapaces de reconciliar sus creen cias de la niñez con el
método científico, terminan por abandonar la idea de Dios
totalmente. En vez de repensar qué es lo que quie ren decir
con el término a la luz de sus investigaciones científicas
y de llevarla a otro plano racional paralelo con su mayor
aprendiza je, meramente descartan toda sus enseñanzas
anteriores”
4
.
4 “La Evidencia de Dios en un Universo en Expansión”, pag. 60. Una colección
de artículos por cuarenta de los científicos principales del mundo, editado por
J ohn Clover Monsma.
- 33 -
Conocer a Dios
Se podría denominar al cuarto factor, el llamado al ascetismo
y a una vida célibe. En la naturaleza humana existen ciertos instin-
tos implantados por Dios. No están allí sin sentido. Su objetivo es
inherente a la creación. El hombre no debe permitirse ser su escla vo
cegado, pero tampoco debe cerrar sus ojos a su existencia, negán-
dola. Ningún instinto natural puede ser totalmente ignorado. Tam-
poco existe alguna justificación para imponer la castidad a todos.
El deber del hombre es reconocer, guiar y gobernar sus instintos en
un ejercicio equilibrado y equitativo. Condenar los instintos natu-
rales en nombre de la religión y de Dios, santificar el monacato y
el celibato, despreciar el matrimonio, cuando la supervivencia de
la humanidad depende de la fundación de familias; llamar a todo
el sexo, sucio e irreligioso, santificar la pobreza y la indigencia y
pro clamar que un hombre debería buscar la felicidad del alma y del
espíritu en el próximo mundo mientras renuncia a esto, es cometer
un error trágico y caer en las herejías más serias. La función de la
religión es reconocer los instintos; mejorar, guiar y gobernarlos;
no negarlos u olvidarlos. La naturaleza del hombre es tal que los
ins tintos espirituales y físicos deben mantenerse en un equilibrio
per fecto. Ambos son esenciales para la naturaleza humana. No deben
pelearse por la superioridad. Equitativamente deben hacer que la
vida en la tierra sea una existencia natural, lógica, feliz y armonio-
sa. No existe una dicotomía entre la felicidad en este mundo y la
felici dad en el próximo. Los predicadores cristianos que declararon
que el hombre debe elegir entre los placeres del mundo y el éxtasis
celestial, se equivocaron seriamente y promovieron la revuelta que
siguió a sus enseñanzas. J ustificadamente, varios se alzaron en
re beldía contra las doctrinas que les prometían con el tiempo ‘un
pastel en el Cielo’, mientras los urgían a que se dejaran explotar
y tratar como cosas, para el progreso de la clase, que estaba muy
lejos de renunciar a los placeres terrenales por la búsqueda de las
bendiciones celestiales. La doctrina falsa que negaba los instintos
promovió el materialismo y llevó la religión a la bancarrota. ¿Pero
cuál es la verdad?. Es eso que algunos llaman placeres -el juego,
la embriaguez, la fornicación y cosas similares- que conducen a la
- 34 -
Sayyed Muytaba Musawi
miseria terrenal y a la oscuridad. Las religiones desaprueban tales
excesos, por esa misma razón que destruyen la felicidad terrenal.
Hacen que la vida aquí sea miserable no sólo para aquellos que lo
hacen, sino también para los que lo rodean. Es mentira decir que
los hombres deben elegir entre la alegría del aquí y la alegría del
más allá. La vida eterna comienza aquí. Es la calidad de la vida lo
que contiene las alegrías naturales de la Tierra y las alegrías natu-
rales del cielo.
La ley (shari’a) del Islam posee cinco categorías éticas de las
acciones humanas. La primera y más elevada de éstas es ‘obligato-
ria’. Esto significa deberes que todos tienen que llevar a cabo. En tre
éstos están, naturalmente, ‘el culto’ y ‘las buenas acciones’ y ‘una
conducta decente’. Estas son obligatorias por propio derecho. Su
objetivo no es producir felicidad aquí en la Tierra; pero su resul tado
es la felicidad aquí en la Tierra. Este es el fruto que producen. Están
hechos para ellos mismos y por la búsqueda de Dios porque son la
máxima expresión de la naturaleza humana como Dios la creó. No
están hechas a fin de disfrutar de los buenos frutos que concibe. El
culto educa y edifica al ser humano. Actúa como una fuerza limpia-
dora que erradica lo corrupción, la suciedad y refuer za la verdadera
humanidad del hombre. Esta es la razón por la cual no hay conflicto
entre cuestiones morales y cuestiones de la vida práctica ya que los
principios éticos son las pautas para una vida exitosa.
Puede ser que estas enseñanzas ilógicas y doctrinas engañosas
hayan llevado a los pensadores como Bertrand Russell a oponerse
a Dios. Considerando la piedad una causa de la felicidad, Russell
escribe:
“Las doctrinas de la Iglesia ubican al hombre entre dos
normas de infelicidad, una de las cuales, él está destina-
do a sopor tar. Ya sea que deliberadamente renuncia a lo
que este mundo pue da brindarle en favor de los futuros
placeres o bien debe rechazar los placeres del otro mundo
o revolcarse en los bosques de Lucullan de este mundo”.
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Conocer a Dios
Russell está totalmente equivocado. La verdadera religión no
enseña que el hombre está condenado a cargar con una u otra de las
dos normas alternativas de la infelicidad. La gracia y el poder de
Dios son ilimitados. El tesoro de Su dádiva es inagotable. El desea
que todos Sus servidores gocen al máximo, tanto de este mundo
como del que vendrá.
La permisividad y la indulgencia desenfrenadas conducen al
materialismo, que es también su origen. Es la idea lo que determina
la conducta, la idea de piedad eleva el espíritu del hombre a un reino
de pureza y crecimiento, a un aire límpido y un vida sana.
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Sayyed Muytaba Musawi
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Conocer a Dios
Índice
Capítulo 1 ................................................................................... 3
Conocer a Dios: Perfeccionamiento de la fe del hombre y de
su convicción .......................................................................... 3
La búsqueda de Dios es de la esencia .................................. 7
Capítulo 2 ................................................................................. 17
Dios y el razonamiento de las ciencias experimentales ....... 17
La aceptación de la existencia de lo no visible involucra a
otras realidades aparte de Dios ........................................... 22
Capítulo 3 ................................................................................. 29
Factores de la difusión del Materialismo .............................. 29
Biblioteca Islámica Ahlul Bait (P)
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Conocer a Dios

Sayyed Muyt aba Musawi Lari